La primera persona en descubrir su identidad o mejor dicho, a la que le revela su identidad, es a su primo.

No tanto porque él quisiera hacerlo, sino más bien porque una noche en la que regresaba de patrullar con su compañera. Al momento de ingresar a su cuarto, habiendo cerrado la ventana con el mayor sigilo posible, la luz de la lámpara de la mesita de noche se encendió lo cual lo alarmó.

Por lo que volteando a ver al intruso que se había colado en su habitación, se encontró con Adrien. Sentado al borde de su cama, de brazos cruzados y con una mirada que pedía respuestas.

No se dejó intimidar, sino que le sostuvo la mirada. Dejando relucir la molestia que estaba sintiendo y conteniendo en estos momentos.

— ¿Qué haces en mi habitación, Adrien? — su transformación todavía no acababa, aunque eso era lo de menos. Pues si primo no le respondió y eso lo molestó más —. Te hice una pregunta.

Adrien suspiró, cerrando momentáneamente los ojos sin quitar su ceño fruncido.

— Quería hablar contigo porque últimamente no pasamos mucho tiempo porque: O pasas más tiempo con Marinette o simplemente no tienes tiempo y te vas a quién sabe dónde — abrió los ojos a la vez que apartaba el rostro y soltaba una risa seca, molesto —... Pero ahora ya sé por qué parece que nunca tienes tiempo...

Graham contó hasta diez, mentalmente mientras cerraba los ojos, serenándose. Al mismo tiempo que su transformación se desvanecía y un agotado Plagg se acostaba en su cabeza.

Félix entonces suspiró, apretándose el puente de la nariz. Abriendo los ojos para mirar a Adrien paulatinamente.

— Discúlpame, ¿Está bien? Yo no te estaba ignorando ni dejando de lado a propósito... Solamente estaba socializando como tú querías y también, estaba ocupado siendo Chat Noir — se dirigió al mini refrigerador que había instalado en su habitación, sacando un trozo de queso Camembert para dárselo a Plagg quien al oler el fétido aroma del lácteo lo tomó y empezó a devorar sentado en la mesita de noche —. Además, pensé que estarías bien estando con Nino y los otros chicos y... que no te sentirías solo.

— Nino no es Félix y Félix no es Nino, y lo mismo sucede con los demás — replicó Adrien, tranquilizándose pues estar enojado por mucho tiempo no era lo suyo —. Y sé que te dije que socializaras más pero... No quiero que me dejes a un lado.

Félix tomó asiento a su lado y con una mano puesta en su nuca, hizo que Adrien apoyase su frente en la suya. En un gesto afectuoso que era íntimo y exclusivo de Félix para sus seres queridos.

Gesto que le hizo cerrar los ojos y hallar el confort que necesitaba.

— Eres una de las personas más importantes para mí, Adrien... Eres de los pocos que me conocen y me aceptan tal cual soy y por las que daría mi vida sin dudarlo. Lo sabes mejor que nadie — frunció levemente su ceño, con los ojos cerrados, sincerándose —. Mientras tú, mi mamá y Marinette estén bien, el mundo puede irse al carajo y nada más importaría.

— No te olvides de Chloé.

— Mmm, sí y no. Porque ella se lleva más contigo que conmigo — Félix retiró suavemente su mano de su nuca y se alejó abriendo los ojos, dejándose caer de espaldas al colchón seguido por su primo. Mirando ambos el techo de la habitación —. Aparte de que se volvió más irritante que antes.

— ¿Irritante?

— Sí... Ella era un irritante tolerable pero ahora es un irritante insoportable — suspiró lastimero —. Y es ella la que crea una gran parte de los Akumas y eso, me da más trabajo.

— Bueno... Eso es cierto pero... Digamos que ya está más tranquila — aseguró Adrien, sonriendo un poco.

— ¿Tranquila...Chloé Bourgeois?

— Sí.

— ¿Hablamos de la misma Chloé Bourgeois?

— Sí Félix, hablamos de la misma Chloé Bourgeois — entornó los ojos, suspirando —. ¿Qué otra Chloé Bourgeois conoces?

Félix se encogió de hombros, desinteresado —. Sólo pregunto aunque, tampoco es que me interese mucho.

— No es mala chica, Félix.

— Claro, porque hacer bullying, ser clasista, amenazar a las personas con el poder de su padre, burlarse y decir cosas hirientes aparte de tratar a la única persona que de verdad te quiere como un vil esclavo no es ser mala persona. No, claro que no — burló Félix con desdén, bufando con una sonrisa llena de sarcasmo.

— Por si no lo sabes, las personas pueden cambiar.

— Cambiar no significa borrar las cosas que hiciste en el pasado.

— Pero puedes pedir perdón, redimirte y hacer las cosas bien. Nunca es demasiado tarde, Félix.

— Ya... ¿Y para qué sacaste este tema a colación?

Adrien jugó con sus dedos sin apartar la mirada del techo, pensando.

— Porque ella quiere hablar contigo... y pedirte perdón también — una pequeña sonrisa nació en sus labios —. Te extraña y te quiere.

— Ah.

— Y sé que tú también la extrañas y la quieres.

— Lo dudo.

— ¿...Le darías una oportunidad?

Félix lo pensó a profundidad, mientras miraba al techo.

Él y Chloé eran la escoria de la sociedad, la basura que nadie quería y que muchos repudiaban, las sobras que todos botaban y personas desagradables. Sin embargo, entre ellos había una gran diferencia: Él había decidido ser así y Chloé simplemente no.

Porque conocía bien la situación familiar de Chloé. Su madre era la persona más perniciosa que puedo conocer y a la que había que tratar con pinzas para evitar problemas; sus padres se separaron cuando ella era tan sólo una niña de casi 5 años y lo único que Chloé conservó de recuerdo de su madre, fue un osito de felpa al que llamó Señor Osito —un nombre muy original, nótese el sarcasmo—.

¿Y qué hizo él en ese entonces? Rompió sin querer el peluche cuando quiso jugar con él y Chloé no se lo permitió.

Lo que creó una brecha entre ambos y desde entonces, no se hablaban.

Suspiró.

— Chloé no me debe disculpas, yo soy el que se las debe — respondió luego de salir de sus recuerdos, exhausto —. Pero si ella le debe disculpas a alguien es a todo París entonces.

— Sí, en eso tienes razón — concordó Adrien con una sonrisa apenada.

— Y respondiendo a tu pregunta... Mañana en la escuela, hablaré con ella.

— Gracias Félix.

— Lo hago porque le debo una disculpa, eso es todo... También, guarda el secreto de que yo soy Chat Noir.

— Claro, ¿Por qué debería decirle eso a los demás?

— Es por si acaso...

— Sí, lo entiendo... Félix...

— ¿Mmm?

— Hace rato, dijiste que Marinette también era importante para ti... ¿Ella te gusta?

— Es... una amiga preciada para mí.

— Oh, ¿Entonces la quieres?

— Sí, la quiero... Aunque sea exagerada y rarita, la quiero. Como mi amiga — resaltó la palabra «amiga», sabiendo de antemano que Adrien podía llegar a imaginar cosas que no eran. Influenciado por esos animes de Romance Escolar que le había visto ver; ya sea en su cuarto o cuando la maestra todavía no llegaba, en las mañanas.

Adrien torció la boca ante el énfasis que su primo ponía en la palabra «amiga». Pues había notado la química entre su primo y Marinette que pese a no tener el mejor de los comienzos, creía que hacían una bonita pareja.

— ¿No has siquiera considerado...?

— Adrien, el amor no es como lo pintan tus caricaturas japonesas. Y ya te dije que sólo la quiero como a una amiga y no va a pasar de ahí.

— Pero Félix...

— Buenas noches Adrien, que descanses.

Y la luz de la lámpara fue apagada, marcando el fin de la conversación.


Nota: Quise meter a Chloé también porque fue injusto lo que Astruc le hizo, aunque no sé si les importe mucho pero equis (?). Y respecto a Félix, denle su tiempo xD