Debió haber previsto que este día era demasiado tranquilo y bueno como para ser verdad. Debió haber presentido que las cosas no iban a ir bien desde el momento en que las cosas que su clase y escuela murmuraba o hablaba eran extrañas.
Definitivamente, debió presentir que la llegada de Lila Rossi lo cambiaría todo tal cual lo conoció.
Y si bien quiso confrontarla y detener sus mentiras, Félix la detuvo antes de siquiera intentarlo.
Lo único bueno que salió de ese día fue poder sentarse juntos en clase, algo que no llegaba a suceder y como se dio hoy la ocasión, aprovechó.
De ahí, las cosas simplemente salieron mal.
Si bien estaba incómoda con todos sus compañeros de clase que no paraban de hablar sobre las mentiras que Rossi dijo, las cosas se salieron de control cuando Lila mostró interés en Adrien.
Y no sólo eso, sino que ella robó un libro que hablaba sobre los Miraculous que Adrien y había sacado de la caja fuerte de la oficina de su padre (con ayuda de Plagg) o eso fue lo que le contó después de enfrentarse a Volpina.
Akuma que causó Félix tras humillar a Lila frente a Adrien.
— ¿Por qué hiciste eso, Félix?
— ¿Qué cosa? ¿Humillar a Lila? Simple, le quiso mentir a mi primo aparte de que robó esto — levantó el libro, agitándolo levemente —. Fue una suerte que lo haya tirado a la basura.
— Sí... Por cierto — jugó unos segundos con sus dedos, tratando de formular otra pregunta que quería hacer —... ¿Cómo supiste que esa ilusión de Adrien que ella tenía...?
— No lo sabía — respondió sincero, mirando al cielo. Frunciendo el ceño ligeramente al recordar ese momento, ese preciso momento dónde fue puesto a prueba por Volpina —... pero tenía que comprobar si era el verdadero o no — resopló, escondiendo su mano libre en el bolsillo de su pantalón, haciéndola puño —. Tenía miedo pero yo le iba a dar el gusto de mostrárselo a esa desgraciada — rió, tranquilizándose.
Marinette nunca iba a olvidar ese momento. Ese tenso momento dónde Volpina amenazó con tirar la ilusión de Adrien y cómo Félix, sonriendo le había respondido tan asiduo: «Adelante, tíralo».
Mientras se sostenían la mirada, dónde ninguno quiso ceder ante el otro. Instante que ella aprovechó para emboscar a Volpina y ser ahora ella la que la sometiera; atándola temporalmente contra el barandal de la parte más alta de la Torre Eiffel.
Y al hacer eso, se descubrió que era una mera ilusión. Algo que tranquilizó a Félix o eso fue lo que notó cuando le dio alcance y destrozó el colgante de cola de zorro con molestia.
Marinette le sonrió de lado, contagiándose de su humor —. Pero ya ves que al final salió todo bien. Y aunque hubiese sido el verdadero Adrien...
— Si hubiera sido realmente mi primo, le rompía los huesos — respondió con una sonrisa forzada Félix —, uno por uno.
— Félix, no — le reprendió la pelinegra, tirando ligeramente de su mejilla con el entrecejo fruncido, sacándole un quejido —. Recuerda que los Akumas también son ciudadanos.
— ¿...De verdad me dices eso hasta ahora? — replicó, cuando su mejilla fue libre, mirándola con un incredulidad y risa.
— Sé que sueles usar la violencia cuando nos enfrentamos a los Akumas pero no está bien tomar venganza.
— Siempre tan correcta, señorita Dupain-Cheng.
— Oh, creí que ibas a darme un apodo.
— ¿Mmm?
— Es que todavía recuerdo cómo me ponías apodos al principio... y me dio un poco de, eh, nostalgia.
— ¿Y para qué quieres un apodo?
— Es que si yo te digo "gatito"...
— Ugh, por favor no lo digas.
Marinette rió —. Entonces, ¿Cómo te digo?
— ¿Por mi nombre, tal vez?
— Aburrido... — se quejó, haciendo un puchero. Se llevó una mano al mentón, meditando por un segundo algún apodo para su mejor amigo. Sonriendo al dar con uno —, ¿Y qué piensas de Fél?
— Muy simple, pero mejor que "gatito" — Marinette lo miró de reojo con una sonrisa, insistente. Haciéndolo suspirar, al mismo tiempo que le devolvía la mirada —... ¿De verdad esto es necesario? — el silencio de Marinette fue un rotundo Sí —... Que molesta eres, ¿Ya te lo dije?
— Posiblemente, tal vez.
—... ¿No te puedo decir sólo Mari?
— Así me dicen mis amigas a veces, así que no.
— Como te gusta complicar las cosas... ¿Mar?
— Es simple, pero así está bien — sonrió risueña.
— Eres una rarita, Mar.
— Y tú muy serio, Fél.
Félix sonrió al igual que Marinette, sumiéndose ambos en un silencio lleno de complicidad en lo que quedaba del trayecto a dónde el Guardián de los Miraculous estaba. O eso Tikki les había dicho tras su pelea con Volpina, y que Félix haya confirmado el bienestar de su primo además de pedirle que lo cubriera con alguna excusa.
Volvió a suspirar, enseriando su rostro al darse cuenta de lo poco que quedaba para llegar al establecimiento.
No debería estar aquí, y tampoco debería estar yendo a ver al Guardián de los Miraculous.
El que debería estar aquí y yendo a verlo era Adrien junto a Marinette. Porque ellos habían sido los elegidos para ser los portadores de los Miraculous principales y los héroes de París.
No él, quién le usurpó el deber de Chat Noir a su primo. Quién le robó el Miraculous ese día.
Hubo lapsos dónde se preguntó el qué hubiera pasado si Adrien hubiera visto el Miraculous y aceptado el deber de ser el héroe y protector de Francia, París.
¿Cómo se vería Adrien siendo Chat Noir? ¿Tendría el mismo nombre de Chat Noir? ¿Él y Marinette serían buen equipo? ¿Conocerían sus identidades? ¿Serían amigos cercanos?
Tal vez Adrien sería menos salvaje que él, y podría usar las habilidades que la esgrima le enseñó.
Sería más compasivo tal vez.
Sería un héroe y no un antihéroe, como le apodaban.
Tal vez las cosas hubieran tomado otro curso, otro camino, si él no hubiera estado aquí en primer lugar; pero fue por capricho suyo que está aquí en Francia, y fue un verdadero milagro que su tío le permitiera quedarse con ellos en su mansión.
Sabiendo que chocaban en ocasiones por sus formas de ser de cada uno.
Si no fuera por eso, entonces Adrien posiblemente nunca hubiera ido a la escuela y... tampoco hubiera conocido a Marinette.
La miró de soslayo, furtivo.
¿Qué iba a pensar Marinette de él si se enteraba de la verdad? Si se enteraba que él no iba a ser Chat Noir y que robó el Miraculous del gato.
El temor junto al desánimo lo hicieron tragar saliva, nervioso.
Si ella se enteraba de la verdad, probablemente iba a perderla. Perder todos esos buenos momentos que pasó a su lado.
Perdería una amistad.
Perdería una mejor amiga.
Perdería a una persona importante para él.
Pero tal vez era justo, porque estaría pagando las consecuencias de sus actos.
Se lo merecía.
— Marinette — tomó su mano, deteniéndose y de paso a ella también. Tomó aire, antes de sonreír tembloroso —, eres importante para mí, ¿Sabes?
Marinette parpadeó, saliendo de su estupor, sonriendo —. Sí... lo sé.
—... Lo que pueda pasar en unos instantes, yo... te pido que por favor, me perdones algún día.
— Félix... ¿A qué...?
— Pronto lo sabrás.
Fue lo último que le dijo, antes de entrar al local de masajes con una sonrisa resignada.
Sin soltar su mano en ningún momento.
Porque presentía que, podría ser la última vez que pudiera tener a Marinette tan cerca.
Como un preludio del final.
