Nota: Me tardé, sí. Y también, están en todo su derecho de que no les guste (aunque a mí personalmente sí me gustó mucho). Sorprendentemente, esta versión Marinette me encantó.


Suspiró profundamente, hasta el punto que su garganta dolió y sus pulmones se vaciaron de oxígeno, parpadeando unas tres veces antes de apretarse el puente de la nariz y pasar saliva para aclarar su garganta reseca y nuevamente, suspirar.

Y repetir el mismo proceso unas dos veces más hasta finalmente tomar asiento en la primera planta de la Torre Eiffel al ser el primero en llegar a la patrulla que se hacía en ocasiones.

¿Qué carajos estoy haciendo?

Fue lo primero que se preguntó con frustración, revolviendo sus cabellos (más de lo que ya estaban) hasta simplemente hartarse y mirar a la ciudad con amargura.

Era un reverendo idiota, un incoherente y aunque podría justificarse, únicamente podría hacerlo hasta cierto punto porque lo demás, simplemente no tenía excusa. Es decir, ¿No era que tenía un enorme miedo de perder a Marinette y su relación con ella?

Todavía tiene miedo pero justo en estos momentos es simplemente un cobarde.

No tiene excusa ni pretextos. Ha sido un idiota, la está regando y... aunque la solución sea hablar, su orgullo combinado con su miedo lo tienen atado.

Y él tampoco ha hecho algo para librarse de ello, más que mirar de lejos a Marinette en la escuela cuando ella no le mira —porque es consciente de que lo mira siempre— o mirarla de reojo cuando son Chat Noir y Ladybug, asegurándose de que su mirada no se tope con la suya.

(O probablemente, no pueda mantener la fachada de indiferencia que se desmorona).

Cierra los ojos, sintiendo la brisa nocturna, cuidando de no caerse y tratar de estar al pendiente de su entorno. Sumiéndose los recuerdos de estos últimos días que tal vez, se volvieron semanas.

Y de seguir así, se convertirían en un mes.

Recuerda perfectamente que saliendo del local de masajes, su primo le envió un mensaje. El cual leyó y le dejó una sensación de inquietud y temor, que le obligó a irse de ahí lo más pronto posible para llegar a la mansión.

Dónde Adrien lo esperaba junto a su tío, en el recibidor. Lo que no significaba buenas noticias precisamente.

— Creo que tenemos un acuerdo al respecto, Félix.

Suspiró disimuladamente, intentando calmarse. Manteniéndose lo más impávido y respetuoso que podía, como si de un hijo digno se tratase.

— Lo lamento mucho, tío — bajó la mirada, mostrando sumisión y arrepentimiento para aligerar el enojo de Gabriel, y que notara como aceptaba su error sin rechistar.

La mirada en él se sintió casi eterna, y su silencio le tenía inquieto (aunque no lo demostrara).

—... Asegúrate de no volver a fallar en nuestro acuerdo. Le comentaré sobre esto a Amélie.

Fallar, ¿Eh? Realmente no me sorprende que use esa palabra y sobre todo, que le diga a mi mamá sobre esto.

—... De acuerdo.

A partir de ese día, empezó a regresar con Adrien a la mansión luego de la escuela y también, acompañarlo cuando debía ir a sesiones fotográficas o salir a otros lados (claro que por supuesto, Gorilla también estaba ahí). Está era su justificación para no acercarse a Marinette, y la segunda era, que estaba pensando seriamente sobre qué hacer con el asunto de los Miraculous robados y claro, con su tío también.

Comprobando al ser akumatizado siendo Félix, la identidad de Hawkmoth. Rechazando al Akuma sin dejarse endulzar el oído con sus palabras.

¿Cuántas veces fue víctima de un Akuma? Tres veces.

La primera siendo tomado por sorpresa, y las otras dos, atrapando el Akuma para akumatizarse a propósito. Otras veces simplemente usó Cataclismo y las destruyó, las que estaban a su alcance.

Pero para desviar los Akuma que amenazaban con poseer a Marinette, tuvo que provocarlos. Siendo Félix, siendo Chat Noir (siendo discreto) o usando a su "persona favorita en el mundo": Lila Rossi.

Porque la italiana era rencorosa y era evidente que quería vengarse y hacerle la vida imposible, ya sea provocándolo o armando un escenario para poder humillarlo o meterlo en problemas. Él tomó ventaja de esto, sólo para al final voltearle la jugada y usarla a su favor.

Siendo sus compañeros los sacrificios requeridos.

Fue así como evitó varias veces que Marinette fuese alcanzada por un Akuma. Siendo algo parecido a un guardián entre las sombras, porque ella pareció nunca notarlo o darse cuenta de sus acciones.

Y entre más lo pensaba, más se daba cuenta de lo estúpido que estaba siendo.

— Te atrapé — parpadeó sorprendido, volteando a su derecha sólo para encontrarse con su mirada azulina juguetona y una pequeña sonrisa traviesa en el rostro de Marinette detrás del antifaz moteado. Por un segundo, estuvo a punto de dejarse engullir por su mirada y en el sentimiento de haberla extrañado mucho —, ahora no vas a escaparte, ¿Sí?

Ah...

— Definitivamente... soy patético.

He perdido.

Ladybug apretó ligeramente su mano, dejándole en claro que esta vez no le daría oportunidad de escapar como un cobarde; mientras que él, él se dejaba atrapar para rendirse.

— Disculparme no bastará, ¿Cierto?

— Es bueno que lo sepas — desvió su mirada al frente, sin soltar su mano, con una expresión tranquila —. Adelante, te escucho.

Suspiró, no con cansancio o derrotada. Sino con una pequeña sonrisa repleta de sentimientos encontrados mientras cerraba los ojos.

— Ese día tuve que irme de prisa por mi tío, ya que hicimos un acuerdo donde Adrien asistiría a la escuela si yo lo acompañaba tanto de ida como de regreso. Luego, simplemente me sumí en mis pensamientos sobre qué hacer con este asunto sobre que mi tío es Hawkmoth y al final...

— ¿Al final...?

— Al final... no me atreví a acercarme por orgullo y cobardía.

Marinette se mordió ligeramente el labio inferior, repasando todo lo que Félix le había dicho. Bufando al recordar las pequeñas importantes cosas, que le hicieron molestar esos días —. Me molesté mucho que te hayas alejado así nada más y al final me entristecí, pensando que entonces... las palabras sobre tener tu confianza y ser alguien importante para ti... eran mentira — suspiró, con media sonrisa amarga —. Pero tenía que reprimirlo o de lo contrario, iba a ser víctima de un Akuma.

— Sobre eso... sí hubieron Akumas cerca de ti, pero los desvíe.

— ¿Desviarlos? ¿A qué te refieres con eso?

— Mmm, dejé que me poseyeran o los destruía con Cataclismo o era yo con "ayuda" de Lila en ocasiones, que creábamos un Akuma usando a nuestros queridos compañeros.

—... ¿Cómo es que Lila te...?

— Usaba sus trucos a mi favor... ¿Es eso lo único que vas a preguntar?

— Es que lo demás no me sorprende, digamos que, ya me lo esperaba de ti.

— ¿Y eso no te molesta? ¿De verdad estás bien con ello?

— Está y estuvo mal haber provocado los Akumas y el haber usado a nuestros compañeros como sacrificio pero...

— ¿Pero?

—... No puedo evitar sentirme un poco... un poquitos feliz porque, lo hiciste por mí.

—... Haría cualquier cosa por los que me importan, incluso si es maquiavélico. No estoy interesado en cómo me perciban los demás.

— Lo sé. Pero ¿Sabes? — volteó a verlo, encontrándose con esos esmeraldas que añoró y extraño, sintiendo las mejillas arden y los latidos acelerarse —. Incluso si el mundo se pone en contra tuya... estaré contigo.

No supo qué decir, sólo le habían quedado claro tres cosas a Félix en ese momento: Marinette ya no estaba enojada con él, sus palabras fueron tan sinceras que llegaron a él y... esto era, una confesión.

— Marinette... ¿Te me estás confesando?

Las mejillas enrojecieron más, más y más. Y los nervios incrementaron pero se había dicho días atrás, que debía ser clara y una vez dicho, no sería capaz de retroceder.

(Era todo o nada).

— Sí... Te estoy diciendo que estoy enamorada de ti, Félix Graham de Vanily.