Nota: Hice todo lo posible por hacer algo lindo y pues, esto estuvo bonito. Pero debemos continuar, sí.


Negarse a lo obvio y evidente, era algo que ya no podía seguir haciendo. Marinette piensa que probablemente, inconscientemente, luego de pasar tiempo a su lado y convivir con él (conocer realmente quién era Félix) su interés en él creciera.

Es decir, sí que lo detestó la primera vez y algunas veces pero conforme fue dándose el tiempo de leerlo, verlo y escucharlo no pudo evitar sentir curiosidad. Pues aunque Félix fuese una persona un tanto difícil de tratar, si prestaba atención podrías descubrir cosas que a simple vista no notabas.

Félix no sería la persona más sociable, amistosa o cariñosa para con todos. Pero el afecto que sentía por quienes consideraba importantes, era invaluable. Era genuino y sincero.

Y en sí, Félix era sólo un chico de su edad. Que no se comportara como tal no quería decir que no pudiera tener momentos en los que pudiera actuar como uno; como cuando bromean entre ellos o se molestan, como buenos amigos.

Y tal vez ella sea joven, sea inexperta y le falte mucho por aprender pero, si algo puede tener en claro (además de derrotar a Hawkmoth) es, que Félix es irremplazable en su vida.

No quiere perderlo, no a él.

No a un gran compañero de batalla, no a su más grande confidente, no a un amigo importante y por supuesto, a la persona que más quiere en estos momentos.

Por lo que, por segunda ocasión, Marinette (y sólo Marinette) decide ser valiente y honesta diciéndole sus sentimientos.

Aunque la incertidumbre quiera tirar su determinación, decide mantenerse firme. Aunque tenga miedo de lo que pueda pasar ahora, quiere creer que también puede salir victoriosa como cada vez que hacen frente a los Akuma.

—... Está vez, me has dejado sin palabras. Tú ganas, Mar — Félix desvía el rostro hacia el otro lado, y para alivio y sorpresa de Marinette no aparta su mano ni la aleja. Su corazón no hace más que latir más ante estos detalles nimios.

— Eso... Pero... Esas no son las palabras que quiero que me digas, Félix — aprieta los labios una milésima de segundo, con las mejillas teñidas en rosa (que no se notan tanto por el antifaz) —. Quiero una respuesta clara... Ya sea un rechazo o... o algo.

— Algo... ¿Exactamente cómo qué?

— L-Lo que sea — se aleja un poco de él, no pudiendo más con los nervios y las emociones que se hacen un torbellino en su interior. Es la primera vez que se enamora y no sabe qué hacer, nadie le ha dicho qué hacer cuando se enamorara —... ¡L-Lo que sea está bien!

Chat Noir se queda en silencio mientras que Ladybug se abraza a sí misma en un intento por calmarse, bajar el rubor en sus mejillas y serenar su corazón desbocado. Cada quien en su mundo y pensamientos.

Dónde París y sus habitantes son ajenos al romance entre sus dos héroes.

(Que son niños pero no tan niños conociendo lo que es el amor, tal vez).

Al menos hasta que Félix acorta esa pequeña distancia y dirige su mirada a la chica de traje pinto.

— Hey... Mari — la chica le escucha (siempre lo ha hecho) —, mírame.

Sus latidos gradualmente crecen más. Marinette piensa por un instante que podría darle un infarto y Félix sería el culpable.

— ¿...Por qué? — se aventura, sin mirarlo aún, recelosa.

— Porque quiero que me mires.

— ¿Y qué si no lo hago?— reta, con un ápice de travesura mientras sus mejillas vuelven a ser rosas al sentir su mirada sobre ella y su presencia tan cerca —. ¿Qué harás?

— Sencillo, haré que me mires.

Se queda quieta ante la sensación de las garras deshacerse de sus listones, que luego peinan su cabello suelto. Y lo hace con una suavidad, un cuidado que simplemente no creía que fuese capaz de dar.

(Félix le parece una caja de Pandora, como la que Miss Bustier les contó la semana pasada).

Finalmente voltea a verlo, con la sorpresa centellando en sus orbes celestes. Hallando calma en sus orbes primavera y algo que puede identificar como cariño, afecto.

— Marinette, dime qué es lo que quieres.

— Qué... quiero — murmuró, entrecerrando los ojos sin apartar la mirada del verde primavera, sonriendo levemente —... eso ya lo sabes.

Él sonrió de la misma manera —. Tal vez sí — ladeó el rostro —... o tal vez no.

Marinette soltó un pequeño bufido y sin borrar su sonrisita, acercó su rostro. Juntando finalmente sus labios con los suyos.

(Si esto era un sueño, no deseaba despertar... al menos, no tan pronto).

Se sentía feliz, emocionada, nerviosa, ansiosa. Sentía la calidez que los labios de Félix le proporcionaban y cierta humedad por estos mismos.

Apenas se separaron, con más ánimos Marinette tomó la iniciativa y le besó. Félix no rechistó y la dejó hacer, descubriendo que los besos no eran desagradables sino todo lo contrario.

Al menos no saben a limón como dicen esos animes de Adrien, pensó divertido mientras aprendía y descubría qué hacer y cómo hacerlo para repetirlo con Marinette queriendo seguirle el paso.

Y como de una fogata apagándose para volverse cenizas, sus besos terminaron en simples besos en la mejilla, nariz, frente y coronilla. Siendo Marinette la que llenara de besos a Félix, porque él no la detenía y ella descubrió que le gustaba hacerlo.

— Marinette — ella se detuvo, mirándolo atentamente a que hablara. Él le sonrió, acariciando su mejilla —... yo también te quiero.

Y los ojos de Marinette brillaron de ilusión.


—... No puedo creer que lo hice — se dijo a sí misma, luego de un largo rato de haber vuelto a casa tras patrullar (porque debían ser responsables, ante todo). Mirando el techo de su habitación.

Tikki comía en silencio las galletas que Marinette siempre dejaba para ella, pensativa y en conflicto.

— Quiero decir... Yo... ¿Yo realmente me declaré a Félix y lo... lo... lo besé? — Tikki la miró de reojo abrazar su almohada, ocultando parcialmente su rostro enrojecido —. Parece un sueño de esos lúcidos, dónde sientes que fue real pero no lo fue... Aunque esto sí fue real y no un sueño... Espera, si Félix y yo nos besamos eso significa que... ¿Qué somos amigos de los que se besan?

—... Mari, no creo que los amigos realmente se besen — respondió, sonriendo a medias con una galleta a medio comer.

— Tienes razón Tikki, los amigos no se besan... Pero... Si no somos sólo amigos, ¿Entonces qué somos?

— Podrías preguntarle cuando vuelvan a verse — sugirió, sin borrar su sonrisa.

— ¡Cierto! Aunque mañana no hay clases, y sólo van a la escuela los que tienen actividades de club...

— ¿No Félix acompaña a Adrien a sus clases de esgrima? Podrías ir.

— Tikki... realmente eres un genio, siempre sabes qué decir — Marinette se sentó en su cama, sonriéndole —. Gracias.

Tikki le sonrió un poco más.

(Mientras ella estuviera aquí, se encargaría de velar por el bienestar y la felicidad de su portadora y amiga).