Nota: Tras casi un año, volví con un nuevo capítulo... Veré si puedo escribir próximamente otro.
Félix sólo tiene quince años cuando por primera vez, se involucra de manera romántica con una chica de (casi) su misma edad y, a la que se atreve a llamar su primera amiga.
Y aunque su primera interacción fue del modo menos agradable y romántico, fue el desarrollo de esta que concibió su relación actual.
Y si a Félix le preguntaran si esperaba un desenlace como este, la respuesta sería No.
Casi podía asegurar que lo mismo respondería Marinette si le hiciesen la misma pregunta. Podía incluso visualizar la confusión en su mirada que en cuestión de unos minutos se tornaría reflexiva para después volverse una sonrisa cohibida junto con su respuesta.
Y la sola imagen le provocaba una sonrisa de satisfacción.
¿Podía él decir que su relación había llegado a tal punto en que tenía la certeza de conocerla y predecir la mayoría de veces sus reacciones y sus respuestas?
No lo sabía, pero estaba seguro que la respuesta también podría ser un Sí.
De cualquier manera, él sólo era un adolescente enamorado y experimentando su primera relación de pareja.
Y de cierta forma, él quería compartir esto con una de sus personas más importantes aparte de su mamá; su primo, Adrien, quien en estos momentos estaba leyendo uno de los tomos que su reciente amiga, Kagami, le había prestado de su manga favorito.
Manga que por supuesto, no estaba en francés. Tal vez su primo había decidido estudiar también japonés y no sólo limitarse a ver anime y leer manga traducido (aunque estuviese haciendo exactamente esto último).
Félix lo miró de reojo y paulatinamente dirigió su vista hacia su primo; pensando con cautela si decirle sobre su reciente noviazgo con Marinette o reservarse esta noticia para más adelante. Aunque si pensaba en ocultarle esto para decírselo después, sabría que su primo se sentiría herido. Cosa que no quería que sucediera, como esa noche cuando se enteró de su identidad como Chat Noir.
Adrien nunca le contaría a alguien más lo que él, le había confiado. Y, si ya estaba enterado de su alter ego como superhéroe de París, no debería pasar algo grave si le contaba que Marinette y él ya eran pareja… ¿verdad?
Se mordió ligeramente la lengua, queriendo despejar esa incertidumbre y al mismo tiempo, mantener a raya su emoción ante este nuevo suceso en su vida.
Probablemente, si Adrien se enterase de eso último, se reiría de él.
– Adrien… tengo algo que contarte – comenzó diciendo, obteniendo inmediatamente la atención de su primo sobre él. Un poco nervioso, desvió la mirada hacia los libros en los estantes del cuarto –. Es… importante para mí y, quería que fueses el primero en saberlo.
Félix no lo miró, no enseguida luego de eso. Pero estaba casi seguro, que Adrien se estaba haciendo una idea de lo que le diría; porque Adrien no era tonto, sólo ingenuo.
– Te escucho, Félix.
Soltó el aire que en ese instante, estaba conteniendo y, tras golpetear con la uña la superficie del escritorio, Félix volvió su mirada hacia su expectante primo, sentado en el borde de la cama con el manga asentado a un lado suyo.
– Estoy saliendo con Marinette… somos pareja, oficialmente.
El corto silencio que le siguió tras su confesión, se sintió como una eternidad para Félix. No obstante, la sorpresa inicial de Adrien se transformó en irradiante emoción; la misma expresión que Adrien hacía con sus animes de romance escolar.
– ¿…Quieres decir que soy cuñado, ahora?
– Uh, ¿sí?
– ¿Y cómo fue la declaración? ¿Quién se confesó a quién? ¡Estoy casi seguro de que fue Mari quien dio el primer paso!
Sus mejillas comenzaron a arder, y para ocultar su vergüenza (y huir de la situación), se levantó deprisa de la silla del escritorio y se dirigió a las escaleras que conducían la biblioteca privada de su primo; mientras era seguido por este de cerca.
– ¡Félix, no huyas!
– Estás haciendo de esto un alboroto–
– Bueno, es que… es la primera vez que mi reservado primo tiene una novia, ¡y por supuesto que me emociona saberlo!
Graham arqueó una ceja en su dirección, escéptico, mientras tomaba un libro del estante.
– Tú sólo eres un romántico empedernido.
Adrien rió ligeramente, observándolo abrir el libro que había tomado al azar para no mirarlo directamente.
– Es cierto pero no es sólo eso, Félix… a mí, de verdad me alegra mucho saber que finalmente encontraste a ese alguien especial e irremplazable para ti – desvió la vista a la ventana, con una mirada melancólica –. Porque tú mereces ser feliz.
– ¿…Y quién te dice que no lo soy?
Sabía a qué se refería, pero no era un tema del que le gustase hablar mucho o mencionarlo siquiera. Aún le dolía recordar algunas cosas del pasado, de su niñez.
– Soy feliz de tenerlos a ustedes tres en mi vida, Adrien.
Adrien sonrió ligeramente, mirando a su primo un instante antes de recargar su cabeza en su hombro.
– Lo sé pero lo que te digo es verdad. Mereces ser feliz y amado por quien eres, Félix… no eres un monstruo como sueles pensar a veces de ti mismo.
Su primo Adrien era honesto, demasiado, incluso más de lo que él se permitía serlo consigo mismo y a solas. Y aunque no le gustase mostrarse totalmente vulnerable ante sus personas importantes, tal vez no estaba mal recibir palabras de apoyo sincero de quienes… lo querían.
Era un poco difícil admitir que a veces, necesitaba ayuda o alguna palabra de aliento para no echarse para atrás y seguir adelante. Pero trataría de cambiar eso.
Trataría arduamente.
Suspiró ligeramente, apoyando su cabeza sobre la de Adrien, cerrando los ojos y sonriendo levemente.
– Está bien, lo aceptaré por esta vez.
Adrien sonrió también, cerrando sus ojos por ese breve instante de comodidad entre ambos. Apartándose para mirarlo con una sonrisa renovada y llena de entusiasmo.
– Entonces… ¿estoy en lo correcto? Sobre que fue Mari quien se confesó primero.
–… Así fue.
– De hecho, puedo imaginármelo incluso si no me lo cuentas todo.
Félix bufó divertido, rodando los ojos con burla mientras sonreía de lado.
– Definitivamente, eres un romántico empedernido.
Entretanto, Plagg observó a ambos primos desde la distancia, a punto de darle otro mordisco al pedazo de queso que estaba disfrutando en la mesa ratona frente al televisor, sonriendo tenuemente ante el agradable ambiente.
Esperaba que estos días para su portador, durasen tanto como fuera posible.
