Buenas aquí les dejo una adaptación de un libro que me gusto, los personajes de inuyasha no me pertenecen si no a "Rumiko" ni la historia ni los personajes del libro sino a "Shelby" espero que les guste

Asesino de brujas

Libro 1

La bruja blanca

(poco a poco, el pájaro construye su nido)

Cap.18

La Vie Ephemere

Kag

Había una multitud haciendo cola en el exterior del Soleil et Lune. Los aristócratas conversaban cerca de las taquillas mientras sus esposas intercambiaban saludos con sonrisas empalagosas. Los carruajes modernos iban y venían. Los acomodadores intentaban llevar a los espectadores a sus asientos, pero ese era el verdadero entretenimiento de la noche. Ese era el motivo por el que los ricos y los influyentes iban al teatro… para acicalarse y hacer política en una danza social compleja. Siempre me había parecido similar al ritual de apareamiento de un pavo real.

Mi esposo y yo sin duda estábamos preparados para la ocasión. Mi vestido y mis pantalones manchados de sangre habían desaparecido. Cuando el volvió a nuestro cuarto unas horas atrás con un vestido de fiesta nuevo, estallando de orgullo y expectativas, no fui capaz de rechazarlo. De color dorado reluciente, el vestido tenía un corse ajustado y mangas estrechas bordadas con flores metálicas y diminutas, resplandecían bajo la luz menguante del sol y se convertían suavemente en un sendero de seda champan. Incluso había quitado con magia algunas de mis magulladuras en la enfermería. El maquillaje había cubierto el resto. Mi esposo llevaba su mejor chaqueta. Aunque aún era del azul de los Chasseurs, una filigrana dorada decorabas el cuello y los puños de la prenda. Resistí las ganas de sonreír al imaginar la imagen que dábamos mientras subíamos los escalones del teatro. Él había combinado nuestros atuendos. Debería haber estado horrorizada, pero su mano firme sobre la mía, no pude sentir otra cosa que no fuera entusiasmo.

Sin embargo, yo había insistido en llevar puesta la capucha de mi capa. Y en usar una cinta de encaje bonita para ocultar mi cicatriz. Si mi esposo lo había notado, había sido lo bastante inteligente como para no hacer ningún comentario.

Quizás no fuera tan malo.

La multitud se dispersaba a medida que entrabamos en el vestíbulo. Dudaba de que alguien nos recordara, pero las personas tendían a estar incomodas o ser respetuosas cerca de los Chasseurs. Nadie fastidiaba una fiesta como un Chasseurs. En especial si era tan moralista como mi esposo. Me guio hasta mi asiento. Por primera vez, no me molesto sentir su mano en mi espalda. De hecho, era… agradable. Cálida. Fuerte. Hasta que intento quitarme la capa. Cuando le arrebate la tela de un tirón, negándome a separarme de la prenda, el frunció el ceño y tosió ante la incomodidad subsiguiente.

-Nunca te lo pregunte… ¿Te gusto el libro?

El caballero sentado junto a mi tomo mi mano antes de que pudiera responder.

-Enchaté, mademoiselle -canturreo y beso mis dedos.

No pude evitar la risita que escapo de mis labios. Era apuesto de modo aceitoso, tenía el cabello oscuro y grasiento y un bigote delgado.

Mi esposo se tiño de rojo.

-Le agradecería que apartara su mano de mi esposa, Monsieur.

El hombre abrió los ojos de par en par y miro mi dedo carente de anillo. Me reí más. Había decidido usar el anillo de Midoriko en mi mano derecha, solo para molestar a mi esposo.

- ¿Su esposa? -Soltó mi mano como si fuera una araña venenosa-. Creí que los Chasseurs no practicaban el matrimonio.

-Este sí. -Se puso de pie y giro la cara hacia mi-. Intercambiemos sitios.

-No era mi intención ofenderlo, Monsieur, claro. -el hombre grasiento que miro arrepentido mientras me apartaba de el-. Aunque sin duda es un hombre afortunado. Mi esposo echaba chispas por los ojos, lo cual efectivamente silencio al hombre durante el resto de la noche. Las luces se apagaron y por fin retire mi capa.

-Eres un poco territorial, ¿no? -susurre, sonriendo de nuevo. Era tan bruto. Un bruto en cierto modo adorable y pretencioso.

Él no me miraba.

-La obra está empezando.

La sinfonía empezó a sonar y hombres y mujeres aparecieron en el escenario. De inmediato, reconocí a Nariz Ganchuda y reí ante el recuerdo de cómo había humillado al arzobispo frente a sus admiradores complacientes. Ingenioso. Y haber hecho aquel encantamiento justo en las narices de mi esposo y del arzobispo…

Nariz Ganchuda era una Dame blanche temeraria. Aunque solo tenía un papel secundario en el coro, observe con entusiasmo como bailaba con los actores que hacían de Emilie y Alexandre. Pero mi entusiasmo disminuyo a medida que avanzaba la canción. Había algo familiar en el modo en que ella se movía, algo que no había notado antes. La incomodidad se asentó mientras ella giraba y bailaba hasta desaparecer detrás del telón.

Cuando la segunda canción comenzó, mi esposo se acercó a mí, su respiración me hizo cosquillas en la piel del cuello,

-Bankotsu me ha dicho que esta mañana me buscabas.

-Es grosero hablar durante el espectáculo.

Entrecerró los ojos, decidido.

- ¿Qué querías?

Preste atención al escenario. Nariz Ganchuda acababa de reaparecer, su cabello rubio sedoso ondeaba sobre sus hombros. El movimiento despertó un recuerdo, pero cuando intente aferrarlo desapareció de nuevo, como el agua entre mis dedos.

- ¿Kag? -Toco mi mano con vacilación. La suya era cálida, enorme y llena de callos y no pude alejarme de ella.

-Un cuchillo -admití, sin quitar jamás los ojos del escenario. El dio un grito ahogado.

- ¿Qué?

-Quería un cuchillo.

-No hablas en serio.

Lo mire

-Hablo completamente en serio. Ayer viste a madame Izayoi.

Necesito protección.

Sujeto mi mano con más fuerza.

-No te tocara. -El hombre aceitoso tosió a propósito, pero lo ignoramos-. No le permitirán volver a entrar en la torre de los Chasseurs. El arzobispo ha dado su palabra.

Fruncí el ceño.

- ¿Se supone que eso hará que me sienta mejor?

Endureció su expresión y apretó con fuerza la mandíbula.

-Debería. El arzobispo es un hombre poderoso y ha jurado protegerte.

-Su palabra no significa nada para mí.

- ¿Y mi palabra? Yo también he jurado protegerte.

En realidad, era gracioso su compromiso por proteger a una bruja.

Se pondría furioso si supiera la verdad.

Alce una ceja, irónica.

- ¿Al igual que yo he jurado obedecerte?

Ahora, el hombre aceitoso no era el único que me fulminaba abiertamente con la mirada. Me acomode en el asiento sacudiendo con arrogancia mi cabello. Él era demasiado puritano para discutir frente a una audiencia.

-Esta conversación no ha terminado -susurro, pero también apoyo la espalda en su asiento y miro malhumorado a los actores. Para mi sorpresa y satisfacción, mantuvo mi mano debajo de la suya. Después de unos largos minutos, deslizo casualmente su pulgar sobre mis dedos. Me retorcí. El me ignoro, con la vista fija en el escenario mientras el espectáculo proseguía. Su pulgar continúo dibujando pequeños diseños en el dorso de mi mano, rodeando mis nudillos, recorriendo la punta de mis uñas.

Hice un esfuerzo por centrar la atención en la obra. Un cosquilleo delicioso se expandió por mi piel con cada roce de su pulgar… hasta que despacio, gradualmente, su tacto subió y sus dedos rozaron las venas de mi muñeca, el interior de mi codo. Acaricio la cicatriz que tenía allí y me estremecí. Aprete el cuerpo contra el asiento e intente centrar mi atención en la obra. Mi capa se deslizo de mis hombros. El primer acto termino demasiado pronto y comenzó el intervalo. Ambos permanecimos sentados, tocándonos en silencio, prácticamente sin respirar, mientras la audiencia daba vueltas a nuestro alrededor. Cuando las velas se apagaron de nuevo, lo mire mientras el calor subía desde mi estomago hasta mis mejillas.

-Inuyasha -susurre.

El me devolvió la mirada, también ruborizado, con una expresión idéntica a la mía. Me acerque más y pose los ojos en sus labios separado. Asomo la lengua para humedecerlos y sentí una contracción en el estómago.

- ¿Sí?

-Yo…

En la periférica de mi visión, nariz ganchuda giro en una pirueta y su cabello voló de modo salvaje. Algo tomo forma en mi memoria con aquel movimiento. La celebración de un solsticio. El cabello rubio trenzado con flores. El poste con cintas.

Mierda.

Yuka. Su nombre era Yuka y la había visto antes… durante mi infancia en Chateau le Blanc. Era evidente que ella no me había reconocido con mi rostro recién golpeado, pero si me veía de nuevo, si por algún motivo me recordaba…

El calor de mi estomago se convirtió en hielo.

Tenía que salir de allí.

- ¿Kagome? -La a voz de inuyasha sonaba lejana, como si llamara desde el final de un túnel y no desde el asiento a mi lado-. ¿Estas bien?

Respire hondo, obligando a mi corazón a tranquilizarse. Sin duda él podía oírlo. Resonaba como un trueno por todo mi cuerpo, condenándome con cada latido traicionero. Detuvo su mano en mi muñeca. Mierda. Aparte la mía y retorcí los dedos en mi regazo.

-Estoy bien.

Apoyo la espalda en su asiento, la confusión y el dolor aparecieron brevemente en su rostro. Maldije de nuevo en silencio.

En cuanto la última canción termino, me puse de pie de un salto y me cubrí con la capa. Me asegure de que la capucha escondiera mi cabello y rostro.

- ¿Listo?

Inuyasha me miro perplejo a nuestro alrededor. El resto de la audiencia permanecía sentada. Algunos sin aliento, otros llorando por la muerte trágica de Emilie y Alexandre. Mientras cerraban el telón. El aplauso aún no había comenzado.

- ¿Algo va mal?

- ¡No! -La palabra broto demasiado rápido para ser convincente. Me aclare la garganta, dibuje una sonrisa forzada y lo intente otra vez-. Solo estoy cansada.

No espere su respuesta. Tirando de su mano, lo llevé por los pasillos, pasando frente los espectadores que por fin se ponían de pie y aplaudían, hasta el vestíbulo… donde me detuve en seco. Los actores y las actrices ya habían formado una hilera junto a las puertas. Antes de que pudiera cambiar de rumbo, la mirada de Yuka encontró a inuyasha. Ella frunció el ceño antes de mirar mi silueta encapuchada a su lado, entrecerrando los ojos mientras espiaba debajo de mi capa. El reconocimiento ilumino su rostro. Tire de la mano de inuyasha, desesperada por huir, pero él no se movió mientras Yuka avanzaba decidida hacia nosotros.

- ¿Cómo estás? -Los ojos de Yuka eran amables y sinceros mientras apartaba mi capucha para evaluar mis heridas. Clavada en mi sitio, fui incapaz de detenerla. Sonrió-. Parece que te estas curando bien.

Trague el nudo en mi garganta.

-Estoy bien, gracias. Estoy perfectamente.

- ¿De verdad? -Alzo una ceja incrédula y endureció su mirada amable al ver a inuyasha, quien parecía aún menos contento de verla que ella a él. Curvo los labios-. ¿Y cómo estas tu? ¿Aun te escondes detrás de esa chaqueta azul?

Era muy valiente para provocar a un Chasseur en público. Los espectadores rieron nerviosos y con desaprobación a nuestro alrededor. Inuyasha frunció el ceño y puso con firmeza su mano sobre mis dedos tembloroso.

-Vamos, kag.

Me estremecí ante la palabra, mi corazón dio un vuelco miserablemente, pero el daño ya estaba hecho.

- ¿Kag? -Yuka tenso el cuerpo e inclino la cabeza a un lado, abriendo los ojos de par en par despacio mientras evaluaba de nuevo mi rostro-. ¿Cómo… Kagome?

- ¡Ha sido un placer volver a verte! -Antes de que ella respondiera, arrastre a inuyasha a la salida. El me siguió sin resistencia, aunque sentía sus preguntas en mi nuca.

Nos abrimos paso entre la multitud de afuera del teatro. El avanzo adelante. No sé si fue su altura inmensa o su chaqueta azul, pero algo hizo que las personas se apartaran inclinando sus sombreros. Nuestro carruaje esperaba a varias manzanas de la cola, bloqueada por los espectadores que socializaban, así que lo lleve en dirección opuesta, apartándome del teatro lo más rápido que me permitía el vestido.

Cuando por fin no alejamos de la multitud, me llevo por una calle lateral vacía.

- ¿Qué ha sido eso?

Me reí con nerviosismo, rebotando sobre mis talones. Debíamos continuar avanzando.

-Nada, de verdad. Solo… -Algo se movió detrás y mi estomago dio un vuelco cuando Yuka apareció entre las sombras.

-No puedo creer que seas tu. -Su voz era un susurro sin aliento y me miraba maravillada-. No te había reconocido antes por las magulladuras. Estas tan… diferente.

Era cierto. Mas allá de mis heridas anteriores, mi pelo estaba más largo y claro que cuando ella me había conocido, mi piel estaba más bronceada y tenía más pecas por haber pasado demasiados días bajo el sol.

- ¿Os conocéis? -pregunto inuyasha, frunciendo el ceño.

-Claro que no -dije de prisa-. Solo… del teatro. Vámonos, inuyasha. -Me gire hacia él y rodeo mi cintura con un brazo reconfortante, colocando su cuerpo en un ángulo levemente inclinado frente a mí. Yuka abrió los ojos en par en par.

- ¡No puedes irte! No ahora que…

-Puede -dijo inuyasha con firmeza. Si bien era evidente que no tenía ni idea de que lo que ocurriría, su deseo de protegerme precia primar por encima de su confusión… y de su aversión hacia Yuka. Tenía la mano suavemente apoyada en mi cintura mientras avanzábamos-. Buenas noches, mademoiselle.

Yuka ni siquiera parpadeo. Apenas movió la muñeca como si ahuyentara una mosca y el letrero de la tienda que colgaba sobre nosotros salió de su bisagras y golpeo a inuyasha en la nuca. El olor a intenso a magia invadió el callejón mientras el caía de rodillas. Trato de aferrar débilmente su Balisarda.

- ¡No! -sujete su chaqueta, intentando ponerlo de pie, protegiéndolo con mi cuerpo, pero Yuka movió los dedos antes de que ninguno pudiera contraatacar.

Cuando el cartel lo aporreo por segunda vez, el salió disparado hacia atrás. Su cabeza golpeo el muro del callejón con un ruido espantoso y se desplomo en el suelo y permaneció quieto.

Un gruñido broto de mi garganta y me interpuse alzando las manos.

-No lo hagas más difícil, Kagome. – se acercó con un brillo fanático en sus ojos, y el pánico ahogo mis pensamientos. Aunque veía el oro bailando en mi periférica visual, no podía centrarme en el patrón… no podía centrarme en nada. Era como si el mundo se hubiera silenciado, esperando.

Excepto que…

Inuyasha se movió de tras de mí.

-No iré contigo. -Retrocedí poco a poco, alzando más alto las manos para atraer su mirada-. Por favor, detente.

- ¿No lo comprendes? Esto es un honor…

Una mancha azul paso a mi lado a toda velocidad.

Yuka no logro a reaccionar con la velocidad suficiente y inuyasha corrió con sus brazos abiertos. Por un instante, pareció un abrazo. Luego inuyasha la giro de modo que la espalda de Yuka quedo contra su pecho, mientras aplastaba sus brazos y manos y apretaba su garganta. Observe horrorizada como ella luchaba contra él. Su rostro se volvía lentamente purpura.

-Ayuda…me… -Se sacudía espantada, sus ojos salvajes buscaban los mío-. Por favor…

No me moví.

Termino en menos de un minuto. Con una sacudida final, el cuerpo de Yuka cayó en los brazos de inuyasha y el, la sujeto con menos fuerza.

-¿Esta… muerta? -susurre.

-No. -inuyasha estaba pálido, sus manos temblaban mientras permitía que Yuka cayera al suelo. Cundo al fin me miro, titubee bajo la ferocidad de su mirada-. ¿Qué quería de ti?

Incapaz de soportar esa mirada, aparte los ojos… lejos de él, de Yuka, de toda la escena digna de una pesadilla… y, en cambio, mire las estrellas. Estaban apagadas esa noche, se negaban a brillar para mí. Acusadoras.

Después de un largo instante, me obligue a responderle. Las lágrimas brillaban sobre mis mejillas.

-Quería matarme.

El me observo un instante más antes de cargar el cuerpo inerte de Yuka sobre su hombro.

- ¿Qué harás con ella? -pregunte, asustada.

-Es una bruja. -Comenzó a caminar por la calle sin ver hacia atrás, ignorando las miradas alarmantes de los transeúntes que pasaban-. Ardera en la tierra y luego en el infierno.

Continuara…

Pd: (18/41)

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