El ambiente era hermoso y tranquilo, tanto como podía hacer una carretera con un gran camino de luz iluminando el camino como si el suelo estuviera cubierto de focos led.

-En realidad es algo útil-

Luego de dos días de viaje, Subaru ya estaba aburrido de tener que quedarse quieto así que hizo lo más sabio que se le ocurrió.

Probar sus transformaciones.

Luego de una pequeña charla con Otto, mientras no rompa nada, este no le vio problema y luego de muchas vueltas sucedió.

Se había transformado en un hombre lobo clérigo, de nuevo.

Subaru no tardó en utilizar su habilidad guía.

Y ahora iban de camino a su destino.

–Claro, quitando el hecho de que no tengo la menor idea de dónde vamos–

–Vamos a nuestro destino, la diosa nunca nos mentiría–

–Mientras no nos mate, puede decirme lo que quiera–

–Cualquiera puede decirte lo que sea y tendría razón–

–¡¿Sabes?! ¡En teoría soy tu jefe!—Otto miro con enojo a Subaru, mientras sus manos aún seguía sosteniendo las riendas del corcel.

–El mejor jefe de todos–le dijo Subaru con una sonrisa y alzando los brazos al aire como una V en un gesto demasiado exagerado.

Otto refunfuño.

Ahora seguían el camino marcado por una diosa, Otto sabía que iban hacia el centro, hacia el sur, más en específico hacia la capital.

Entre todo el camino desde el norte hacia la capital y el sur, donde tendrían que seguir viajando no sabía lo que les esperaba, pero Otto no le vio problema, no es que se sienta cómodo viajando más al norte luego de todo ese embrollo, solo quería algo de seguridad.

No es que las palabras de su amigo cambia formas fuese un seguro muy creíble pero era mucho mejor que nada.

-¿Alguna vez esta diosa de la luna te ha fallado?-Otto no quería decir que Subaru era

-No-

-¿Le rezas desde hace mucho?-

-No, en realidad, no conocía la religión de la luna azul desde hace unos días-

Otto lo miró alarmado.

-¿Y entonces por qué estamos viajando con algo del que ni siquiera estamos seguros de que de verdad nos lleve a alguna parte?-

-Porque, ¿por qué no?-Respondió con una pregunta y una calma que hizo que el comerciante se preguntase si era estúpido.

Puede que sea estúpido, pero Otto era aún más estúpido por hacerle caso.

Otto volvió su vista al frente, con el ceño y los labios fruncidos, la respuesta estaba muchas veces lejos de ser satisfactoria o concisa, confiar en su guardia fue de hecho la peor de las elecciones.

Pero tampoco es que tuviera otra elección, no había problemas de momento.

Hasta que pisen una trampa o caigan en un foso o se encuentren con otra bestia demoníaca, lo que ocurra primero, después de todo Otto también tenía algo de aventurero en su corazón.

Ese lado de su corazón debió de ser callado, con tal, la maldita cosa en realidad lo metió en más problemas de lo que pudo imaginar.

Y ahí iba otra vez, contra su mejor razonamiento, iba en contra de las probabilidades.

Subaru tenía una manera de persuadir a Otto con palabras relajadas y una sonrisa amiga, el maldito actuaba como si el mundo no pudiera golpearlo, a diferencia de Otto que sentía que cualquier cosa que le lanzaba el mundo podría romperlo.

-¿A dónde crees que vamos?-le preguntó Subaru de repente.

Otto lo miro de manera acusadora, debería de haber sido él quien estuviera seguro de donde se iban, si Subaru captó el mensaje de la mirada, no lo demostró, cretino, mirando a Otto con calma casi burlesca.

-Cerca del pueblo Carek-dijo Otto-el invierno se acerca y las personas están deseosas de aceite para la cocina, leña y calor en general-

-Una oportunidad de negocios-

-Si-

Subaru pensó en su situación.

-Debes de tener un buen puñado de historias-fue lo único que se le ocurrió decir.

Otto sopeso en sus palabras, con la vista en la carretera y la mente yendo lejos, tan lejos como el pasado.

Una sonrisa se formó en sus labios con las muchas aventuras, claro hubo tragedias, pero con Frufroo las cosas siempre iban hacia buenos caminos.

-Sí, algo-dijo Otto.

A Subaru le alegro haber hecho sonreír a Otto, incluso por momentos, había alejado cualquier mal pensamiento que tuvieran en su cabeza.

Y es que, pese a todo, Subaru no estaba tan tranquilo, deseaba que sus poderes fueran más poderosas, algo mucho mayor para protegerlos.

Ya no se sentía tan bien como al comienzo de su viaje, creyó que esto sería algo mucho más como el señor de los anillos, debió de dejar de fantasear tanto.

Se sentía muy irónico viéndose como un hombre lobo clérigo, en un carruaje impulsado por un dragón de tierra.

Si, demasiado irónico.

A lo lejos de un día soleado pero fresco, con la hierba a un lado del camino y los arboles como custodios mudos, vieron civilización.

-Eh, mira, casas-

-Ya estamos cerca del pueblo, al final, nos llevó directo al pueblo-

-¿Estás seguro de que no van a dispararme tan pronto me vean?-le pregunto, medio en broma, medio en serio.

-No, los kobolds no son repudiados, pasaron más de cuarenta años desde la última guerra civil demihumana y muchas generaciones crecieron sin tener rencor de los no humanos-

Ahora, eso era una historia que a Subaru le parecía interesante.

-¿Guerra demihumana?-

Otto suspiro por dentro, pero al menos entendió que no a todos les parecería un tema interesante las historias del pasado.

-Una guerra civil, provocada por el perjuicio de las personas a los demihumanos, años de tensión exploraron y se empezó una guerra porque los demihumanos sintieron que nunca habría un cambio a menos que sea por la fuerza, pero todo término de la misma forma que empezó, con violencia exagerada e innecesaria-

-¿Y…quien gano?-

-Los humanos, el lado perdedor aparte de recibir un castigo por parte de los supervivientes, recibió el perjuicio de al menos una generación-

-¿Solo una?-a Subaru le costaba imaginar que el enojo y el resentimiento solo durase una generación.

-Los hijos que vinieron después de la guerra solo supo de las consecuencias gracias a sus padres o abuelos, el gobierno tampoco fue tan duro, esto solo me hace pensar que el reino sabía que no podía darse el lujo de una segunda guerra civil y trato de mantener una imagen fuerte mientras trataba de no enojar a los restos de la población demihumana-explico Otto.

-Así que…¿estoy bien?-

-Mientras no haya un viejo loco con traumas de la guerra, si-le aseguro, aunque su tono cambio con sus siguientes palabras-pero si es que hay alguno, saldremos corriendo, aun viejos conservan algo de su fuerza de las guerras anteriores-

Subaru asintió, esperaba que no fuese un gran problema, la verdad es que podían huir, si es que pasaba algo, esperaba que no tuvieran más dragones de tierra como Frufroo entonces la persecución que les seguiría sería por lo menos terrible.

Pensó en que podría deshacer su transformación, pero entonces les dejaría en desventaja con su débil forma humana base, no la humana de las transformaciones que lo hacía incluso más fuerte.

Y si lo peor pasaba, podría ayudar a Otto con una cura divina.

Eso le recordó el libro que tenía, guardado en un espacio invisible, de la nada, saco un libro.

Era una biblia a Ela, la diosa de la luna, Subaru no era religioso de ninguna forma, pero ver el libro era como ver una vieja amiga en un lugar donde estuvo toda su vida.

Toco el cuero negro con un símbolo de hierro pegado en medio de una media luna, lo abrió y lo miro, no había elegido una página en particular.

En la noche oscura, aun cuando las penumbras y sombras envuelven al mundo, la gran diosa Ela guía y protege a los habitantes que en noches impías o desafortunadas vagan en busca de hacer su vida, aun en los días donde sale la luz y su gran ojo vigía se aleja, aun así nunca deja de guiar y proteger.

Argote Leminas 17ª alabanzas

Subaru estaba más impresionado de que su poder pudiera crear cosas a partir de una historia falsa, tenía incienso de caña blanca de un lugar que no existía, con objetos religiosos que estaban relacionados con la luna, también otras túnicas y algo parecido a una muñequera con piedras demasiado blancas y lustradas, las piedras minadas en montañas y lugares muy altos de los cuales les daba la luz de luna de manera directa.

Era todo tan extraño, sabía que una parte de su cerebro decía que eso no era algo que él había tocado o usado en su vida, pero algo dentro de él lo miraba con nostalgia, como si hubiese sido algo que le traía recuerdos de su niñez.

Tal vez para complementar toda la actuación, el poder le daba algo así como recuerdos falsos, ¿Quién sabe?

Cuando tuviera tiempo y no estuviera en peligro mortal, claro.

-¿Y ese libro?-

De repente Otto lo miro, su mirada era profunda y en su rostro estaba una expresión tana agria como haber tomado leche cortada hasta el fondo.

Subaru no sabía que le pasaba a Otto.

-Solo es un libro-le aseguro.

-¡Pues escóndelo!-

-¿Uh?-

Subaru se sobresaltó por el repentino grito de Otto, era una mezcla de ira y miedo mortal.

-¡Bien!-grito Subaru, un poco molesto y el pequeño libro desapareció.

-Bueno, creo que te debo una explicación-

-¡Luego de ser regañado sin ningún tipo de aviso!-se quejó Subaru.

-Si-Otto de repente se replanteo que tal vez fue demasiado duro, pero el contexto lo merecía-um, ¿no te das cuenta de que ese libro se parece a lo que llevaría un seguidor del culto a la bruja?-

-No sé lo que es el culto de la bruja-

A Otto se le olvidó que Subaru era inculto incluso en temas generales, la verdad es que su situación era mucho más precaria y preocupante que la suya.

-Seguidores de la bruja de la envidia, son terroristas y criminales buscados a lo largo y ancho del mundo, sus evangelios son de color negro como el tuyo-

Subaru hizo una mueca, era en realidad fácil de confundirlo, eran dos grupos de que adoraban a una entidad, con un libro que los identificaban, Subaru guardo su libro en su mochila.

No estaba a gusto, pero lo comprendía.

Ambos llegaron a la entrada, el bullicio se escuchó para Subaru mucho antes, era fascinante la diferencia física que había entre las razas, experimentarlo por sí mismo en realidad lo hacía un poco adicto, como un nuevo personaje desbloqueado.

Se obligó a centrarse, no era juego.

Entraron al pueblo, no era para nada como una ciudad, no como aquella energía bulliciosa que hacían las muchas miles de personas reunidas en un punto, yendo y viniendo de aquí para allá, pero tenían sus puntos.

La tierra estaba pavimentada, no como la villa anterior, supuso que una villa no tenía la misma importancia que un pueblo, la villa era más pequeña, eso significaba menos capital, no es que entendiera mucho de la economía de un país.

Había muchas personas en la calle, muchas anunciando sus productos, frutas, ropas, algunos vendedores de artículos mágicos e incluso restaurantes.

Ver a tanta gente de un momento a otro incómodo a Subaru, supuso que estar encerrado durante un tiempo, estar solo en un nuevo mundo y luego solo estar en compañía de Otto y atacado varias veces por hombres y bestias.

No hizo muchos milagros para sus habilidades sociales la verdad.

Otto en cambio no le hizo ningún caso, era normal que tiendas, restaurantes y otros servicios estuvieran a la vista para los viajeros cansados, desde mercenarios y otros caballeros que estuvieron de viaje durante varios días.

Era la forma depredadora de los comerciantes, no podía culparlos, Otto haría lo mismo, mientras no dañase a nadie, él estaba de acuerdo, si una oportunidad se te presentaba, no ibas a darte la vuelta, eso solo haría que te hundieras muy pronto.

Algún día, cuando haya forjado su fortuna en base a sus esfuerzos, ¿Quién sabe?, tal vez la llegada de Subaru en su vida fuese solo una señal de que las cosas mejorarían.

O que sus días se volverían mucho más extraños de los que podía imaginar.

-No me dan descanso-

-Vamos, no pongas esa cara, vamos a explorar esta ciudad, tal vez haya algo bueno aquí-

-Te recuerdo que soy un comerciante, necesito quedarme al menos unas semanas y tratar de vender todo lo que pueda, eso también te beneficia considerando que pago tus alimentos y estadía-

Aunque trataba de ser serio, el compañerismo que habían compartido hace poco hizo que Subaru no pudiera verlo del todo como un jefe, para desgracia de Otto.

-¡Lo que usted diga, jefe!-dijo Subaru con la palma abierta de su mano derecha mirando abajo y apoyada contra su sien-¡por favor, cuide de mí!-

-¡Eres tú el que tiene que cuidar de mí!-le reprendió Otto.

-Es una expresión, tarado-dijo Subaru con una sonrisa bravucona.

Otto chasqueo la lengua.

-Molestando a tu jefe y esperas que te pase dinero-murmuró molesto.

Pero no dijo nada, tal vez Otto no era un jefe respetable después de todo, tal vez el camino del comerciante era algo que tendría que trabajar.

«Y yo creyendo que ya era un profesional en el mundo de los negocios». Era un trago amargo, pero al menos era joven, más joven de lo que muchos de los comerciantes y ya estaba bien posicionado, tenía experiencia y un camino a seguir.

Y muchas historias que contar para su desgracia.

-Ya estas poniendo esa expresión otra vez-le dijo Subaru.

-¿Cuál expresión?-

-Esa expresión de que comiste un limón agrio-

-Ah-suspiro Otto-solo recuerdo el pasado-

Subaru le sonrió a su jefe, tal vez este viaje podría alegrarlo un poco.

Pensó en Otto, en su increíble mala suerte, pensó en la gran bestia acabando con su vida.

Subaru se maldijo en secreto, fue todo un desastre y el hecho de que pudiera pasar de nuevo hacía que la ciudad, aunque incómodo, se sentía un poco más seguro.

-Las mabestias no pueden llegar aquí, ¿verdad?-

-No con la barrera de protección puesta-

-Me pregunto de qué estarán hechas esas gemas que componen las barreras-

-Lo siento, aunque no soy un mago experto, sé que tiene que ver con un encantamiento en su interior y magia de luz, también se supone que puedes crear otra barrera para personas o incluso objetos con el encantamiento correcto, otras barreras servirían para hacer que una persona detecte a los intrusos u objetos, no todas las barreras son para repeler, pero estas barreras son las más solicitadas porque estas bestias están por todo el mundo y no perdonan a nadie-

Subaru se maravilló por ello, era un campo de fuerza con una configuración sobre cómo comportarse.

Eso era fascinante, a los científicos de su mundo al menos les encantaría estudiarlo, junto a la gran fauna que lo componía en realidad.

Le encantaría saber cómo diablos funcionaba esa copia de la quimera, se alegraba que fuese solo un león raro y no algo sacado de God of War, si fuese el caso entonces terminaría matando a Subaru mucho más de lo que le gustase experimentar.

Siguieron caminando con cuidado, vio a otros dragones de tierra, tirando de aquí para allá carruajes, en algunos casos varias veces más grande que la que estaba siendo utilizada por Subaru y Otto, eran una maravilla.

-¿Cuánto peso puede cargar un dragón de tierra?-

-Varias toneladas, en realidad-le aseguro Otto.

-¡Son increíbles!-

-La verdad es que lo son-Otto sonrió un poco.

Frufroo no hizo ningún comentario, pero asintió para sus adentros, era una verdad que su raza era increíble y ella mucho más.

-Lo primero es buscar una posada-empezó Otto-luego iremos de calle en calle ofreciendo los productos que tengo a la venta, luego, dependiendo de qué tan bien nos vaya nos quedaremos o tomaremos el rumbo que lo que sea que fuese nos guie-su cara se transformó en un ceño-en realidad, bien y podríamos trazar un mapa gracias al camino que estamos siguiendo-

Subaru se animó, la última vez el hechizo había desaparecido cuando se transformó, ahora quería mantener su forma tanto como podía, al final, era uno de sus hechizos no destinados al combate.

En realidad, ahora que lo pensaba, ¿el hechizo no venía como un pacto con un dios?, al final, ¿era el mejor camino que le podía tocar?, si era así, ¿era solo para él o también afectaba a Otto?, ¿siquiera era el mejor para él y no para la deidad?, ¿cómo lo sabía?

La respuesta más corta es que no lo sabía, si Subaru hubiese sido más creyente tal vez lo aceptaría sin más, pero como no, no confiaba del todo en las intenciones de algo llamado dios.

Por otro lado, ninguno tuvo un camino fijo, así que no iban a verle los dientes a un caballo regalado, era un camino, hacía algún lugar, era más de lo que tendría si llegaba a este mundo sin un solo tipo de ayuda, sería mucho más problemático.

Pero no estaba solo, tenía a Otto y a Ela de su lado.

Se adentraron más al fondo del pueblo, los puestos de servicios y vendedores aún seguían en su máximo, Subaru vio muchos carteles que no entendía para nada, en retrospectiva debió de darse cuenta pronto del problema del lenguaje.

Era una cosa rara, él era una persona promedio en lenguas, pero la escritura de otro mundo era algo salvaje, entre los símbolos extraños, alguna cosa parecida a una letra y en realidad, una letra tirada al azar, parecía que la lingüística de ese mundo era algo que nunca se había visto.

Pero si quería sobrevivir, tendría que aprender y rápido.

-Otto-le llamó.

-Si es para insultarme, no quiero oírlo-

-No sé leer-

Otto escuchó esto y lo miró, ambos con una mirada inexpresiva, aunque para Subaru sacarlo de sus labios al mundo fue todo un asunto de vergüenza para él.

-¿Qué?-

-No sé leer-repitió, sus mejillas estaban sonrojadas de la vergüenza.

Otto lo miró, sin comprender lo que quería decir.

-Quiero un libro, para aprender a leer-

-Ah-

Ahora toda tenia sentida, Subaru le estaba pidiendo un favor, como en realidad vivía más de la bondad de Otto que de unas monedas, porque no iba a pagar a Subaru, esto era más que nada un favor por otro favor.

-Bueno-Otto suspiro-te conseguiré un par de libros infantiles para ayudarte a aprender y un diccionario-

-¡Gracias, jefe!-dijo Subaru, exaltado por haber conseguido algo que lo ayudase, aunque pensó que la parte de decirle que era un libro infantil no era necesario.

No le dio importancia al pequeño golpe a su orgullo que Otto le había proporcionado, darle más confianza de la que ya tenía solo lo haría recibir más golpes.

Aquel camino iluminado los guio hasta un edificio, era grande, de doce pisos, el camino iluminado se había colado debajo de la puerta y luego había salido disparado hacia el camino a la derecha.

-¿Eh?, ¿acaso quiere que nos choquemos contra este edificio?-

-Es un departamento y en realidad parece que podría estar señalándonos que es una buena idea hospedarnos allí-

-¿Tu cuanto crees que tardaremos?-

-No lo sé, solo sé que quiero descansar-le dijo Otto.

Subaru no dijo nada, había sido un tiempo de viaje largo, tanto que hasta Subaru estaba incómodo, quería acostarse en una cama y luego caminar un poco y estirar las piernas.

-¿Y el camino?-

-Lo tendremos que posponer-

Subaru lo miró, esta vez, inseguro, su guía dado por la diosa, aunque no del todo confiable, no había nada más seguro.

-Te lo digo desde ya, cuando me vuelva a transformar, esa guia no volverá hasta que vuelva a ser un clérigo-

Otto entendía lo que significaba, pero le restó importancia, al final, el camino iluminado los había guiado hasta allí, pero sentía que lo mejor era volver a tener las riendas en su viaje.

-Bien, nos la tendremos que apañar, pero creo que hizo un buen trabajo al guiarnos hasta el pueblo-

Subaru tuvo que conformarse, al final Otto tenía la última palabra hasta que Subaru tuviera una manera de ser independiente.

Frunció el ceño inconforme, pero no tuvo más que decir así que asintió, el dragón de tierra dio una carrera hacia adelante, Subaru se recostó contra el suelo de madera.

El ruido de la gente empezaba a exasperar, extrañaba el silencio del bosque.


Subaru tuvo que imaginar que abría un espacio para estacionar el carruaje, como si fuesen un caballo tenía un bozal especial para atarlo a una valla, Otto comentó que no le gustaba, Frufoo era una compañera, pero no podían llevarlo a dentro pese a que Otto había asegurado que se comportaría.

-Lo que pasa es que pocos dragones de tierras son tan cercanos a sus jinetes como lo son aquellos que tienen la bendición divina del lenguaje del alma-

Subaru entendía esto, los demás veían a los dragones de tierra como bestias y montura, Otto lo veía como un gran amigo, eran dos mundos diferentes.

-Oye-le llamó la atención-¿Tu…no te parece extraño todos estos dragones siendo sujetados por lazos?-

Otto lo miró, se quedó unos momentos, pensando en sus palabras y lo que quería transmitir.

-Bueno, no, lo siento como algo apartado, no me emociona, pero es algo que no daña a nadie, los dragones de tierra están hechos para esto y no se esfuerzan más allá de lo que pueden, si el jinete lo alimenta bien y los cuidan-

-¿Y si no?-le preguntó Subaru, no sabía si Otto quería convencerlo de aceptar esa realidad o quería aceptarlo él mismo.

-Los dragones de tierras son una raza orgullosa, hay un límite de cuánto lo puedes patear, ese límite es mucho más bajo que el de la mayoría de animales y puedo decirte que el ataque de un dragón de tierra no es cosa de risa-

Subaru podía entenderlo, era como un auto, en su tiempo, eso dejó de ser un lujo a ser algo necesario, era algo caro y que tendría que tener su mantenimiento constante, si Subaru tuviera un auto, lo cuidaría todo lo posible.

Entraron, eran dos grandes puertas dobles que dejaban expuesta una recepción, la habitación no era nada fuera de lo común, pero Subaru ya estaba un poco más relajado de sentir algo más de civilización.

Tenía cuatro sofás grandes de color blanco, dos en cada lado, uno junto a otro, habia una gran alfombra luego de la entrada.

Había un pasillo que daba a la izquierda, más allá daba a otra habitación.

El lugar estaba con las ventanas abiertas, dando un vistazo hacia el exterior, las ventanas tenían un marco de madera, había plantas de color verde con lunares amarillos, desprendían un olor que eran una combinación entre las bananas y los limones.

Y frente a todos, estaba un mueble en forma de u, era ancho y grande, detrás, una mujer y un hombre, de uniformes blancos y delicados, con un chaleco celeste para el hombre y una especie de chaqueta liviana de color amarillo claro.

El hombre tenía el cabello azul y la mujer morada, ambos estaban leyendo, el hombre dejo de leer para mirarlos, sus ojos eran expectantes y su postura prestaba atención hacía el dúo, la mujer no levantó la cabeza, en cambio, empezó a escribir, ambos estaban sentados, encima del mueble, había un soporte con un cristal de luz, plumas y tintas, una jarra de agua y un vaso.

-¡Oye, esto se parece a una sala de recepción de un gremio de aventureros!-

Otto lo miró, un poco sobresaltado, no sabía cuándo se acostumbraría a los espasmos de emoción que tenía Subaru.

-Ahora, ¿Qué es un gremio de aventureros?-

-En las historias que leí, un gremio de aventureros son un grupo de personas que caza monstruos, persiguen bandidos y protegen lugares o personas o recolectan materiales a cambio de dinero-

-Ah-Otto capto rápido la estructura de aquellas palabras, martilleo con su puño su palma-Es como un grupo de mercenarios, ¿no?-

-Bueno-Subaru intento explicarlo-Si, algo así-pero se rindió, era en espíritu la verdad, gente que busca dinero por medio de encargos-solo que es más organizado y el dinero viene más del pueblo y de ciertos nobles-

-Si, eso suena como un grupo de mercenarios-

-En mi cabeza sonaba mucho más espectacular-se quejó con pesadumbre exagerada

Otto suspiro, le dio un manotazo en el hombro y siguió adelante.

-No podemos meter a Frufroo en los establos del local hasta que nos registremos, vamos a apresurarnos o se enojara con nosotros-

Subaru se abstuvo de comentar que casi parecía que al final del día ella parecía mas jefa que Otto, lo siguió con aprensión, pese a todo lo que había convivido con Otto, no estaba tan acostumbrado a interactuar con las personas.

Se acercaron al mostrador, Otto saco de un bolsillo de su pantalón una pequeña bolsa, tintineaban con el metal de las monedas, Subaru pensó que era genial la primera vez que lo vio, pero convivir con el chocar de los metales entre si un tiempo era más que suficiente para hartarlo, dándose cuenta que la invención del papel moneda fue una gran idea.

Cargar con esa bolsa pesada y ruidosa era engorroso, había más en el carruaje, mientras más grande la veía, más sentía que o se podría robar y perder la mayor parte o se podría extraviar, además de ser tan incómodo como se veía.

Otto también le había dado unas pocas monedas, todo para que no traiga más problemas, Subaru creía que Otto era un hombre muy noble, pese a su constante deseo de ganar tanto dinero como pudiera y que su mala suerte impedía, era un buen hombre.

-Sabes, si me miras así, solo creeré que tienes una pobre opinión sobre mí-

-Nunca, señor Otto-dijo Subaru, su voz era suave y su sonrisa, pícara.

-Eres un maldito-le dijo.

Subaru no sabía si lo decía con toda honestidad o era una simple burla, él lo tomo como ambos, con una sonrisa lo siguió a la recepción.

El hombre los recibió con un gesto, levantando unos papeles.

-Bienvenidos-dijo, con un tono neutro, ni alegre, ni disgustado.

A Subaru le dio un aire de profesionalismo, era eso o en realidad estaba cansado de atender a las personas.

La mujer dio un saludo suave y rápido, levanto la cabeza un momento y luego bajo la cabeza para seguir en lo que fuera que estuviese haciendo.

-Soy Harold Venan, el recepcionista, están en el hotel Gustav, el mejor del pueblo, ¿desean registrarse?-

-Soy Otto Suwen-Saludo el comerciante-Queremos registrarnos para quedarnos aquí unos tres meses, tenemos un dragón de tierra con un carruaje-

-Serían unas doce monedas de plata por tres meses, más otras dos monedas por el dragón de tierra-

Otto pago con gusto, era un poco menos de lo que esperaba, le dieron dos papeles, uno para Otto y otro para Subaru, él extranjero del mundo lo miro unos momentos, incomodo, los jeroglíficos, fuera de todo lo conocido por su mundo, era una maravilla como los humanos de otro mundo llegaron a la misma conclusión que ellos en un mundo sin magia, donde la tinta y el papel era el medio evolucionado de la comunicación, pero como si su lenguaje fuese más parecidos a los egipcios.

-Espérame-atino a decir Otto antes de llenar con paciencia su formulario.

El hombre miró a Subaru, estaba esperando que no se diera cuenta de que en realidad era un analfabeta funcional.

Otto le terminó entregando su formulario, luego agarró el de Subaru y lo terminó entregando.

Y así fueron registrados en el hotel.

Esta vez fue el turno de la mujer, cerró el libro con prisa y se levantó.

-Síganme, por favor-

La joven era educada, Subaru la mira más de cerca, era joven, tanto como él, quiso preguntar por su edad, pero se calló, no quería dar intenciones equivocadas, pero le sorprende que alguien tan joven empiece a trabajar en algo como un hotel, no es mayor que él, pero esperaría un cargo mucho menos profesional.

Suben escaleras arriba, cada paso resuena en un lugar silencioso, no le extraña, por más que fuesen vecinos, el hotel está despertando, pese a que la ciudad ya estaba en movimiento, el hotel en cambio, no.

Por fin llegan a una puerta, Subaru no entiende ni siquiera el número en la puerta, si es que es un número y no una letra o una palabra, ambos se detienen en la tercera puerta luego de doblar a la derecha, Subaru espera recordar el camino.

-Por aquí, señor, Otto-La mujer señala una puerta.

Otto no se tarda en entrar.

Ahora es el turno de Subaru, la mujer sólo tiene que seguir una puerta más adelante, con una sonrisa entrenada se gira hacia Subaru.

-Su habitación, señor-

-Gracias-dijo Subaru.

Y entro a la habitación, se sintió un poco decepcionado, era una habitación común, en realidad no parecía diferente a una habitación de hotel.

Una cama con sabanas blanca, persianas ligeras para taparlo, muebles sin nada en su interior.

Era profesional, nadie diría que alguien viviera aquí

Se acostó por un momento, en ese momento sintió las increíbles ganas de dormir, entre esas sabanas y cama por la que habían pasado tantas personas, encontró una paz en oscuras.