Capítulo 2: "Un astuto ladrón."
Briana vivía encima de una tienda, Jay, hijo de Jafar, vivía literalmente dentro de una, dormía en una alfombra gastada debajo de un gastado estante de televisores antiguos con discos manuales, radios que no funcionaban, y teléfonos con largos cables unidos a ellos.
Su padre había sido el ex gran visir de Agrabah, temido y respetado por todos, pero eso había sido hacia mucho tiempo, y ahora el malvado mago era el dueño de una tienda de desperdicios y Jay, su único hijo y heredero, era también su único proveedor. Si el destino de Jay había sido alguna vez convertirse en un gran príncipe, sólo su padre lo recordaba.
"¡Deberías estar sentado sobre un elefante, guiando un desfile, saludando a tus súbditos!" gritó Jafar aquella mañana mientras Jay se prepara para la escuela, colocándose un gorro rojo sobre su largo cabello oscuro.
La elección de su atuendo habitual era púrpura y chaleco de cuero amarillo y jeans oscuros. Flexionó sus trabajados músculos mientras se ponía sus guantes negros con púas.
"¡Lo que digas! Padre." dijo Jay guiñándole un ojo con una sonrisa pícara. "Trataré de robar un elefante, si encuentro alguno."
Jay era un príncipe, por si las dudas. El príncipe de los ladrones, un estafador y un farsante, cuyas mentiras eran tan hermosas como sus oscuros ojos.
Caminó a través de las estrechas calles empedradas, esquivando un coche manejado por la tripulación del temerario profesor Ratigan. Se aprovechó de aquellos temerosos pasajeros escondiéndose bajo los pesados tendederos llenos de los andrajosos atuendos y las chorreantes capas para robar una billetera o dos.
Úrsula lo echó lejos de tienda de pescados y papas fritas, pero antes de eso se las había arreglado para tomar un puñado de grasientas papas fritas, y se tomó un momento para admirar una colección de jarras de plástico de todos los tamaños y formas ofrecida por otra tienda al frente, preguntándose si podría encajar en uno de sus bolsillos.
Cada pieza de basura en Auradon se reciclaba y reutilizaba en la isla, desde bañeras hasta manijas, así como los propios cachivaches de los anteriormente mágicos villanos.
Una tienda anunciaba «ESCOBAS USADAS QUE NO VUELAN MÁS PERO LIMPIAN MUY BIEN» y bolas de cristal que solo eran buenas solo como peceras hoy en día.
Mientras los vendedores colocaban fruta podrida y verduras estropeadas en las maltrechas tiendas de campaña, Jay robó una manzana magullada y le dio un mordisco, sus bolsillos iban repletos de tesoros robados. Saludó alegremente a un coro de brujas de nariz ganchuda reunidas en un balcón que eran las nietas de Madame Mim, que, a pesar de encontrarse muy lejos de sus pegajosos dedos, se desmayaron ante su saludo.
Los secuaces de Maléfica, grandes hombres jabalí vestidos con cuero y con familiares gorras estilo aviador puestas hacia abajo sobre sus ojos, resoplababan un hola casi ininteligible mientras pasaban a sus labores. Jay tomó hábilmente sus gorras sin que lo notaran y las escondió hacia la parte trasera de sus pantalones, planeando vendérselas de nuevo al día siguiente, como lo hacía cada semana.
Pero se resistió a la tentación de hacerlo. Simplemente no había tiempo para hacer todo en un día.
Buscando algo para quitar el sabor amargo de la manzana, Jay vio una cara familiar tomando un sorbo de un vaso de papel con el logotipo Slop Shop.
Perfecto.
"¡¿Por el nombre de Lucifer?!" gritó Briana mientras su copa desaparecía de sus dedos. Ella vaciló un segundo antes de darse cuenta de lo que pasaba. "Devuélvemelo, Jay." dijo, con las manos en las caderas, caminando hacia su dirección.
Él rió. Le gustaba verla enojada. "Obligame."
"¡Jay!" gruñó Briana. "¿Qué debería hacerte? ¿Un moretón? ¿Sacarte sangre? ¿Implorar? Y la elección del ladrón es..."
"Bien, caramba" dijo Jay mientras salía de entre las sombras. "Mmm, barro caliente batido, mi favorito." con ello le devolvió la taza con una sensación nostálgica.
Briana tomó un sorbo e hizo una mueca. "En realidad, es repugnante, te lo puedes quedar. Te ves hambriento."
"¿De verdad?" Jay la miró animado. "Gracias, Briana. Me estaba muriendo de hambre."
"No me lo agradezcas, está particularmente horrible mi día." dijo Briana rodando los ojos. "Creo que arrojaron algunos sapos podridos en mi bebida de esta mañana."
"¡Genial! Proteína adicional." dijo Jay tomando la bebida de un sorbo, antes de limpiarse y sonreír. "Gracias, eres una buena amiga."
En realidad él y Briana no eran tan amigos, exactamente, aunque eran socios en el crimen.
Al igual que sus pantalones vaqueros y sus bolsillos, los de Briana, estaban llenos de toda clase de basura, la que habían robado de todas las tiendas de la ciudad. Una aguja de tejer sobresalía de un bolsillo, mientras que el otro contenía lo que parecía un mango de una espada.
"¿Puedo negociar una tetera para esa vieja espada?" preguntó él esperanzado. Todo lo que su padre vendía eran cosas que había robado de otro lugar.
"Claro." dijo Briana tomando la tetera oxidada. "Mira qué más tengo." con eso abrió su bolso para mostrarle un collar. "El collar de Úrsula. Lo robé ésta mañana cuando la vieja bruja del mar me saludó."
"Genial." Jay asintió. "Todo lo que conseguí fue un puñado de papas fritas." ladeando la cabeza miró el collar con desinterés. "Lástima que no puede robar nada más que la voz de una sirena."
"Todavía es valioso." resopló Briana.
"Si tú lo dices." dijo Jay encogiéndose de hombros.
Jay y Briana estaban en una constante competencia por quién era el ladrón más hábil. El ganador sería muy difícil de elegir. Se podría decir que habían unido su amor por deslizar cosas, pero se diría que la unión de cualquier clase era para débiles.
Aún así, se encontraban de camino a la escuela.
"¿Has oído las noticias?" preguntó Jay después de un tiempo.
"¿Qué noticias? No hay nuevas noticias." se burló Briana. Los canales difusos de los anticuados televisores proyectaban solamente dos canales, Auradon News Network, que estaba lleno de propagandas para hacer el bien, y el DSC, Dungeon Shopping Channel, especializada en decoración de guaridas ocultas. "Y más despacio, o vamos a llegar a tiempo."
Ambos se volvieron al camino principal, hacia el desperfecto cementerio, cortando camino por el jardín frente al Dragon Hall. La venerable escuela para el avance de la educación del mal se encontraba en un antiguo mausoleo, una estructura gris descomunal con un techo abovedado y una columnata averiada. Al frente había una inscripción con el lema de la escuela: «EN EL MAL CONFIAMOS»
Dispersos alrededor de los terrenos embrujados, en lugar de las tumbas habituales, había unas con horribles refranes tallados. Recordando a los líderes en esa isla, ya que nunca era un mal momento para recordarle a cada ciudadano de ese lugar que el mal gobernaba.
"De ninguna manera, escuché las noticias. Noticias confiables," insistió Jay con sus pesadas botas de combate pisando fuertemente el árido terreno del cementerio. "Ahí va una, hay una chica nueva en la clase."
"Sí, claro." resopló Briana.
"Te lo digo en serio." dijo Jay evitando por poco tropezar con una lápida inscrita con la frase: «ES MEJOR NUNCA HABER AMADO QUE SER AMADO»
"¿Chica nueva? ¿De dónde, exactamente?" preguntó Briana apuntando a la barrera mágica que cubría la isla y el cielo, oscureciendo las nubes. Nada ni nadie podía entrar o salir, así que nunca había alguien nuevo.
"Nueva para nosotros. Ella ha estado estudiando en un castillo, hasta ahora, por lo que es su primera vez en el calabozo." dijo Jay mientras se acercaban a las puertas de hierro forjado, y a la multitud reunida alrededor de la entrada que se abrían para dejarlos pasar, muchos de sus compañeros sostenían sus mochilas con ira al verlos pasar.
"¿En serio?" Briana se detuvo en seco. "¿Qué quieres decir con «estudiando en un castillo»?" preguntó, entrecerrando los ojos con suspicacia.
"Es una princesa también, o al menos eso oí. Básicamente es el-beso-del-verdadero amorpínchate-el-dedo-con-una-rueca-cuida tu cabellera dorada-encuentra-a-tu-príncipe azul, así de princesa." Jay se sintió mareado de sólo de pensarlo. "¿Creo que podía tomar prestado una
corona de algún lado?"
Su padre siempre estaba hablando de El Botín, el gran tesoro que los liberaría de la isla de alguna manera. Tal vez ella era la princesa indicada.
"¿Una princesa?" dijo Briana seriamente."¡No te creo!"
Jay no la estaba escuchando. "¡Quiero decir, piensa en el inmenso tesoro que tiene ella! Una princesa con un gran botín, ¿verdad? ¡Espero que sea fácil de conquistar! Mejor aún, que sea fácil de robar. Me vendría bien un blanco fácil."
"Te equivocas." la voz de Briana se volvió ácida. "No hay princesas en la isla, y desde luego no cualquiera se atrevería a dar la cara por aquí..."
Jay frunció el ceño. En el fondo de su mente escuchó un estruendo, tenía un vago recuerdo de una espectracular fiesta de cumpleaños relacionada con una princesa... y algún escándalo que involucraba a Briana y a su madre.
Se sentía mal, había recordado que Briana no había recibido una invitación, pero rápidamente suprimió la emoción desordenada, sin saber de dónde venía. Se suponía que los villanos se deleitaban con la tristeza de los demás, no sentían pena por nadie.
Aunque, cuando eso pasó, Briana se convirtió en una hermana para él, una molesta, una pequeña peste, y todo un dolor de...
«Campanas» Sonando y haciendo eco a través de la isla desde la parte superior de la torre, donde Claudine Frollo estaba tirando de la cuerda y se detuvo junto a la campana indicando el inicio de la jornada escolar de Dragon Hall.
Jay y Briana compartieron una sonrisa. Oficialmente habían llegado tarde. La primera cosa que había salido bien durante toda la mañana.
Pasaron por una casa en ruinas y columnas cubiertas de musgo, dentro de la tumba principal, había mucha actividad del Consejo de Tiranos que estaba poniendo carteles para la Venta Semanal de Pasteles Rancios; los sonidos ensordecedores de la orquesta juvenil practicaban para el concierto de otoño, las brujas del mar se inclinaban sobre sus violines.
Estudiantes asustados se apresuraron a salir del camino mientras Briana y Jay caminaban más allá de los grandes pasillos cubiertos de hiedra muerta hacia las oxidadas puertas dobles que llevaban a los de la clase de tumbas subterráneas. Un pequeño pirata de primer año que corría con el equipo de Harriet Hook se perdió en la confusión, bloqueando su camino.
Briana se detuvo.
El muchacho levantó lentamente la cabeza, usaba un parche en el ojo, estaba temblando. "L-l-l-l-lo siento, B-b-b-Briana."
"Mmm-muévete." dijo Briana con voz alta y burlona. Torciendo sus ojos pateó los libros de texto tirados en el camino.
El muchacho salió corriendo por la primera puerta abierta que vio, dejando caer su falso garfio que sostenía en su mano por la prisa.
Jay mantuvo su silencio, tratando de no meterse en problemas mientras recogía el garfio y lo guardaba dentro de su chaqueta. Pero no pudo dejar de hacerle una pregunta. "¿Por qué no haces una fiesta por la noticia y dejas de estar enojada?"
"¿De qué estás hablando?" preguntó Briana. "Como si la noticia me importase."
Jay no respondió; estaba demasiado ocupado tratando de no congelarse y deseando haber pensado en llevar una chaqueta más abrigada en lugar de un chaleco sin mangas mientras la temperatura bajaba los habituales veinte grados, ya que se aventuraron por las escaleras de mármol frío a la penumbra del húmedo sótano del campus.
Briana se había quedado en silencio por un momento, y Jay asumió que aún estaba meditando sobre lo sucedido diez años atrás, cuando de repente chasqueó los dedos y dijo con un brillo travieso en los ojos: "Tienes toda la razón, Jay. ¡Eres un genio!"
"¿Soy qué? Quiero decir, sí, lo soy." respondió Jay. "Espera, ¿por qué soy un genio?"
"Por lo de hacer una fiesta. Hay mucho que celebrar, después de todo." explicó Briana. "Acabas de decir que había una nueva princesa en la escuela. Así que tendremos que hacer una fiesta."
Jay la miró con ojos desorbitados. "¿Tú vas a qué? Quiero decir, sólo estaba bromeando. Todo el mundo sabe que odias-"
"Las fiestas" asintió Briana. "Pero no ésta... Ya verás. Esta fiesta será todo un real espanto." sonrió. "Especialmente para la chica nueva."
Jay sonrió débilmente, deseando nunca haberlo mencionado. Cuando Briana sonreía así, por lo general había terribles consecuencias.
De nuevo se estremeció. Hubo un escalofrío definitivo en el aire que empezaba a soplar salvajemente, y él fue lo suficientemente inteligente como para preocuparse por el lugar de la fiesta.
