Capítulo 4: "Un pequeño muchacho inteligente."
Carlos De Vil apartó la vista del artefacto que estaba armando y le disparó a la chica nueva una tímida sonrisa. "Estará bien. Tanto Mal como Briana sólo quieren estar solas." dijo. "Ellas no son tan difíciles como parecen. Sólo hablan de grandes jugadas."
"¿De verdad? ¿Y tú?" preguntó la princesa de cabello azul.
"Yo no tengo una jugada. A menos que consideres el conseguir una paliza y o ser empujado en medio de una jugada, entonces podría decir que sí." respondió Carlos con un encogimiento de hombros. "Pero en realidad no es tan entretenido, a menos que seas el que dé los golpes y los empujones. "
Con eso volvió su atención hacia el lío de cables en frente de él. Era el más pequeño y el más joven de toda la clase, pero más inteligente que la mayoría de ellos.
Carlos era un estudiante de IA: «Inclinación Avanzada (a la MALDAD)»
Era de esperarse, ya que la infame Cruella era su madre.
Su madre era tan notoria, incluso tenía su propia canción. Él la tarareaba en voz baja algunas veces.
(¡Era muy pegadiza!) A veces lo hacía sólo para ponerla histérica. Por otra parte, no era tan difícil ponerla así. Los médico-brujos decían que Cruella estaba llena de pura furia metabólica. Carlos pensaba que era algo así como una Dieta de Rabia: sin carne al vapor, simplemente terror; sin tocino, solo rugido; sin pie de pera, solo cólera.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por su nueva compañera de asiento amigable.
"Soy Evie... ¿Cuál es tu nombre?." preguntó ella.
"Hola, Evie, soy Carlos De Vil." dijo él. "Nos conocimos una vez hace tiempo, en tu fiesta de cumpleaños." la había reconocido desde el minuto en que la había visto pasar. Ella casi no había cambiado, excepto que ahora era más alta.
"Oh, lo siento. No recuerdo mucho de la fiesta." dijo la chica, cambiando a una expresión entristecida. "Excepto cómo terminó."
"Sí." Carlos asintió. "De todos modos, también soy tu vecino. Yo vivo en la misma calle en Hell Hall."
"¿De verdad?" Evie torció sus ojos hacia él. "Pero pensé que nadie vivía allí, excepto esa vieja anciana loca y su-"
"¡No lo digas!" le espetó Carlos.
"¿Perro?" dijo ella al mismo tiempo.
Carlos se estremeció. "Nosotros, no tenemos perros." dijo débilmente, sintiendo que su frente comenzaba a sudar de solo pensar en lo que ella había dicho. Su madre le había dicho que los perros eran viciosos animales de carga, los animales más peligrosos y aterradores de la tierra.
"Pero ella siempre está llamando a alguien su mascota." Evie frunció el ceño. "Pensé que eras un p-"
"¡Te lo dije, no lo digas!" advirtió Carlos. "Esa palabra es un disparador para mí."
Evie alzó sus manos. "Está bien, está bien." luego ella le guiñó un ojo. "Pero, ¿cómo encajas en la jaula por la noche?"
Carlos sólo se miró.
* * * *
Su primera clase era «Egoísmo 101» o «Ego» para abreviar, impartido por la Madre Gothel, que se tomaba demasiados autorretratos con una vieja cámara Polaroid.
Las fotos cubrían toda el aula: Madre Gothel haciendo una cara de pato, Madre Gothel con de ojos soñolientos como diciendo «Así desperté»
Madre Gothel en una pose de «serpiente» Pero la auténtica Madre Gothel no se encontraba.
Ella siempre se retrasaba por lo menos media hora, y cuando por fin llegaba, se molestaba en fastidiar a aquellos que llegaban más tarde que ella.
"¿Acaso yo les he enseñado a estar a la moda y llegar fastidiosamente tarde cada clase?" preguntaba a los que llegaban justo después de ella, dejando escapar un suspiro de exasperación y colapsando dramáticamente en su silla, con una mano abanicando sus ojos.
Durante la siguiente media hora o algo así, estudiaron Retratos del Mal, comparando las semejanzas de los villanos más famosos de la historia, muchos de los cuales vivían en la isla y algunos de los cuales eran sus padres. La clase de ese día tocaba presentar a Cruella De Vil.
Por supuesto.
Carlos sabía el retrato de memoria, independientemente de si él estaba mirándola.
Su madre. Allí estaba ella con todas sus galas, con su pelo alto y su largo coche rojo, sus ojos salvajes y sus pieles volando en el viento... Estremeciendose de nuevo volvió a juguetear con su máquina.
La clase terminó, y los estudiantes comenzaron a presentar fuera del aula.
Evie preguntó a Carlos sobre la siguiente clase, y parecía feliz de descubrir que ambos tenían con Lady Tremaine para Planes Malignos.
"Esa es otra clase
avanzada, realmente debes tener una muy alta." le dijo. Sólo aquellos que superaban las variables de los diagramas malvados se les permitían tomar ese curso. "Este es el camino." dijo, haciendo un gesto hacia las escaleras. Pero antes de que pudieran llegar demasiado lejos, una voz fría, intervino en su conversación.
"¿Qué no es Carlos de Vil?" dijo detrás de ellos.
Carlos reconocía esa voz en cualquier lugar. Era la segunda voz más aterradora en la isla. Cuando se volvió, Mal estaba de pie justo detrás de él, junto a Jay y Briana. Automáticamente revisó sus bolsillos para asegurarse de que nada había desaparecido.
"Hey, Mal." dijo, tratando de parecer indiferente. Mal nunca hablaba con nadie, excepto para asustarlos o para quejarse de que estaban en su camino. "¿Qué pasa?"
"Tu madre estará lejos en el Spa este fin de semana, ¿verdad?" preguntó Mal, codeando a Briana, mientras Jay reía.
Carlos asintió. El Spa, que en realidad era un poco de vapor caliente que escapaba de las rocas del sótano en ruinas de lo que había sido un edificio adecuado, era un lugar de relajación para Cruella, el único recordatorio de su lujoso pasado.
¿Hasta qué punto los De Vil habían caído, al igual que el resto de la Isla?
"S-sí." dijo Carlos con incertidumbre, sin saber si esa era la respuesta correcta a pesar de que era la verdad.
"Respuesta correcta." dijo Mal dándole unas palmaditas en la cabeza. "No puedo dar exactamente una fiesta en mi casa sin que mi madre empiece a gritar a todo el mundo, por no hablar del tema de hacer volar la vajilla."
Carlos suspiró. Al igual que el resto de la Isla, sabía que no había nada que Maléfica odiara más que ver a la gente divirtiéndose.
"Y no podemos tenerla en la casa de Jay porque su padre siempre trata de hipnotizar a todos para que sean sus siervos." continuó Mal.
"Totalmente." coincidió Jay.
"Tampoco la haremos en mi casa." intervino Briana con una expresión aburrida. "Ya sabemos que las fiestas sacan lo peor de mi madre."
Carlos asintió de nuevo, aunque no estaba seguro de lo que se trataba. "Excelente. Perfecto. Fiesta en su casa. Esta noche."
¿Fiesta? ¿En su casa? ¿Escuchó bien?
"Espera, ¿qué? ¿Esta noche?" él palideció. "¡No puedo tener una fiesta! Quiero decir, ya saben deben entender, a mi mamá no lo hace gracia cuando llegan tantas personas, y, um, tengo mucho trabajo que hacer, tengo que esponjar sus pieles, planchar su ropa interior, quiero decir-"
Mal no le hizo caso. "Corre la noticia... Hell Hall tendrá una infernal fiesta." la idea parecía emocionarla. "Corre la voz. Aúllen a la luz de la luna, o lo que sea que los cachorros hacen."
"Guau." ladró Jay con una risa.
Carlos miró a los tres, olvidándose de sí mismo.
"¿Hay una fiesta?" preguntó Evie tímidamente.
Carlos había olvidado que estaba de pie junto a él, y él saltó ante el sonido de su voz.
"¿No escuchaste?" le gruñó Mal a pesar de que era obvio que Evie no podía evitar no escuchar, estando de pie junto a ellos. Antes de Evie pudiera protestar, Mal suspiró. "Por supuesto que habrá una fiesta. La fiesta del año. Una verdadera bomba, ¿no oíste?"
Briana por su parte miró a la chica de cabello azul de arriba abajo y sacudió la cabeza con tristeza. "Por supuesto que no escuchó, Mal." con eso hizo una mueca, mirando a Carlos con complicidad. "Todo el mundo va a estar allí."
"¿Todo el mundo?" Carlos miró confundido. "Pero sólo me dijo que tienen..." rápidamente captó el mensaje. "Sí, todo el mundo."
Evie sonrió. "Suena impresionante... No he estado en una fiesta en mucho, mucho tiempo."
Mal levantó una ceja. "¡Oh! Lo siento. Se trata de una fiesta muy exclusiva."
"Lo que significa que no hay invitación para ti." dijo Briana con una expresión de fingida tristeza.
"Ya la oíste." dijo Mal.
Con esas palabras de despedida, Mal caminó delante de ellos por el salón con Briana y Jay siguiendo sus pasos de cerca.
"Lo siento." murmuró Carlos hacía Evie. "Supongo que me equivoqué, Mal y Briana no sólo hablan de una gran jugada."
"Sí yo también." dijo Evie tristemente. "La fiesta suena algo divertido."
"¿Quieres ver lo que estoy haciendo?" preguntó Carlos tratando de cambiar el tema mientras se acomodaban en sus asientos. Sacó de su mochila una caja de color negro, con cables y una antena que sobresalía de un lado, el mismo artilugio que
había estado armando anteriormente. "Lo hice a partir de las cosas de un viejo mago."
"Claro." Evie sonrió. "Oye, ¿es un núcleo de poder? Parece que estás haciendo una batería, ¿verdad?"
Carlos asintió, impresionado. "Sí."
"¿Qué hace?" preguntó Evie con interés.
"¿Puedes guardar un secreto?" preguntó Carlos susurrando.
Evie asintió. "Claro, los guardo de mi mamá todo el tiempo."
"Estoy tratando de hacer un agujero en la barrera." soltó Carlos.
"¿En serio? ¿Puedes hacer eso?" Evie abrió los ojos con sorpresa. "Pensé que eso era imposible."
"Bueno, pensé que tal vez podría tratar de obtener alguna señal con ésta antena." asintió Carlos. "En realidad es una vieja varita, y creo que si capto la frecuencia correcta, podríamos ser capaces de traer un poco del mundo exterior en la isla, y podemos ver algo distinto que aquel peludo viejo Rey Bestia diciéndonos que debemos ser buenos, o ese canal de ventas."
"En cierto modo me gusta el canal Auradon." dijo Evie. "Sobre todo cuando presentan al Príncipe de la Semana. Son tan encantadores."
Carlos soltó un bufido.
Ella quitó la mirada del chico y la puso sobre la batería. "¿Frecuencia? ¿Pero cómo?"
"No estoy seguro, pero creo que si puedo atravesar la barrera, seríamos capaces de recoger ondas de radio que de Auradon, ya sabes, señales de Internet y conexión wi-fi. No estoy exactamente seguro de lo que signifique frecuencia, pero creo que eso es lo que obtienen todos esos canales y esas cosas."
Evie suspiró de nuevo. "Lo que daría por ir a Auradon. He oído que todo es tan hermoso allí."
"Um, supongo. Deben encantarte todo ese tipo de cosas." dijo Carlos.
Él no se preocupa por los príncipes o por los lagos encantados o el canto de los animales o los enanos alegres. Lo que le importaba era descubrir más del mundo virtual, un mundo virtual seguro, en donde él había oído que incluso podría encontrar personas con las que se podía jugar videojuegos, lo que sonaba como algo muy divertido, ya que nunca tuvo a nadie con quien jugar... Tenía que haber algo más en la vida que doblegarse a los chicos populares, organizar sus abrigos de piel de su madre, y esconderse de sus rabietas.
Tenía que haber.
Aunque en ese momento no era sólo su madre la que tenía que soportar. Si Mal era así de mala, que parecía que lo era, en las próximas horas, de alguna manera tenía que encontrar la manera de hacer la mejor fiesta del año.
