Capitulo 18 Las Bestias Salvajes

Palacio Imperial - 10:35 am (Jardines del Palacio Real)

Bajo la tenue luz del sol que iluminaba los vastos y meticulosamente cuidados jardines del palacio, dos figuras avanzaban por los pasillos de cerámica blanca. El sonido rítmico de los tacones de una mujer se mezclaba con el paso firme y pesado de un hombre corpulento. Aquellos pasos no eran meros ecos del silencio claro, sino el preludio de una conversación cargada de intenciones ocultas.

La General Esdeath, vestida con su uniforme militar impecable, caminaba con la postura de quien controla todo a su alrededor. Su mirada glacial y su expresión impasible contrastaban con la tranquilidad del entorno. A su lado, el Primer Ministro Honest, un hombre de rostro redondeado y barba descuidada, trataba de igualar su ritmo, aunque era evidente que estaba inquieto.

"Entonces, Primer Ministro, ¿Qué ha decidido con respecto a mi petición?. Preguntó Esdeath con un tono sereno, pero lleno de autoridad.

Honest fingió una sonrisa, aunque el sudor frío que recorría su frente lo delataba. "Ah, sí, General Esdeath. Su... petición de encontrar al compañero perfecto para usted, ¿No es así?. Admito que me tomó por sorpresa. No esperaba que alguien como usted, tan... enfocada en el combate, deseara algo tan mundano como el amor".

Esdeath dejó escapar una leve risa. No era burlona ni cruel, sino curiosamente comprensiva, una rareza para alguien de su naturaleza. "Entiendo su sorpresa, Primer Ministro. Hasta hace poco, yo misma creía que mi única pasión era la guerra. Pero incluso el guerrero más fuerte tiene instintos que no puede ignorar. Esto no es más que otro desafío que deseo conquistar".

Honest asintió, aunque en su mente no dejaba de cuestionarse qué clase de "amor" podría desear una mujer como Esdeath. "Es cierto, General. Como humanos, todos enfrentamos deseos y necesidades. Aunque, en su caso... ". Sonrió nerviosamente, ese concepto podría tener un significado muy diferente al del resto.

Esdeath lo miró de reojo, sonriendo con un toque de diversión sádica. "Quizás sea cierto. Pero hasta que encuentre a esa persona que despierte este nuevo anhelo, enfocaré mi energía en cazar y aplastar a Night Raid. Después de todo, mis deseos y los del Imperio siempre van de la mano".

"Eso me tranquiliza, General Esdeath". Honest respondió con cierto alivio. "De hecho, tengo un par de misiones que requieren su,... particular,...talento".

Estaré encantada de encargarme de ellas. Pero antes necesito algo de usted". Respondió ella con firmeza. Su tono cambió. Ya no era calmado ni casual; ahora era helado, cargado de una crueldad que haría temblar a cualquiera.

Honest tragó saliva, sus ojos entrecerrados por la incertidumbre. "¿Y qué necesita, General Esdeath?".

Ella detuvo su marcha por un momento y giró ligeramente el rostro hacia él, clavando sus ojos como dagas en los ojos del Primer Ministro. Esto hizo que sintiera un escalofrío recorrer su espalda.

"Necesito los informes y acceso a los soldados que investigaron el terremoto de hace unas noches. Además, quiero "hablar" con ellos. Personalmente". Su última palabra fue pronunciada con una frialdad que parecía congelar el aire a su alrededor.

La palabra "hablar" quedó suspendida en el aire como una amenaza velada. Honest tragó saliva, intentando ocultar su incomodidad.

"¿El terremoto?". Repitió, antes de recordar el evento reciente. La preocupación se filtró en su voz. "Oh… ya entiendo. ¡Por supuesto!. Se refiere al evento sumamente inusual, que sacudió la capital hace unos días".

Esdeath asintió, y la sombra de una sonrisa sádica cruzó su rostro.

"Exactamente. Quiero todos los detalles. Informes, testimonios, cualquier evidencia… y una explicación clara. Un fenómeno así no ocurre sin razón".

Honest frunció el ceño y acarició su barba en un gesto pensativo. El hacía ésto, intentando ganar tiempo mientras ordenaba sus pensamientos. "La verdad, fue un incidente extraño, eso es seguro. Los informes iniciales indican que se originó sin previo aviso y causó daños considerables en toda la capital. Incluso el emperador se alarmó tanto que llamó a todas las unidades disponibles para proteger el palacio. Hasta El Gran General Budo, estaba visiblemente preocupado, algo que rara vez ocurre. Esa noche, sin duda, fue todo un caos".

Esdeath lo escuchó en silencio, evaluando cada palabra con cuidado. Cuanto más hablaba Honest, más se confirmaban sus sospechas.

La general más fuerte del imperio, entrecerró los ojos, intrigada por el detalle acerca de Budo. Era difícil imaginar a alguien como Budo, un hombre cuya sola presencia inspiraba respeto y autoridad, perdiendo la calma. Ese hecho confirmaba lo que ya sospechaba. Aquel terremoto no era un evento natural.

"Me aseguraré de que tenga todo lo que necesita, General Esdeath". Continuó Honest, aunque su voz ahora temblaba levemente. "Pero le advierto, General, incluso nuestros mejores expertos no tienen respuestas claras sobre lo que ocurrió esa noche. Lo único que pudieron decir con total sinceridad, es que, algo… hubiera despertado, esa noche".

Esdeath dejó escapar una carcajada breve, afilada como una cuchilla.

"Si algo despertó, entonces me aseguraré de encontrarlo. Y cuando lo haga, no descansaré hasta someterlo,... y romperlo. Nadie desafía la fuerza del Imperio y vive para contarlo. ¡Nadie!".

La determinación en sus palabras era palpable, y Honest no pudo decir nada. Solo asintió rápidamente, más por temor que por lealtad.

Mientras continuaban su caminata por los pasillos rodeados de flores y fuentes, Esdeath apretó los puños con fuerza por la ansiedad que ella estaba sintiendo a continuación. Para ella, el terremoto no había sido una simple casualidad. Algo, o alguien, había desafiado el equilibrio de poder del Imperio, y no descansaría hasta descubrir qué o quién era el responsable. En el fondo, una chispa de emoción se encendió en su helado corazón. Si aquello que había provocado el terremoto era lo suficientemente fuerte como para alterar el orden imperial, entonces tal vez… sólo tal vez, había encontrado una razón más para emocionarse. No importaba cuál fuera el costo. El Imperio siempre sería suyo.

"Quienquiera que sea...". Pensó para sí misma, con un brillo siniestro en los ojos, será mío. "El Imperio pertenece a los fuertes, y yo soy la fuerza que lo gobierna. Nadie, ni nada, puede cambiar eso".

El mundo pertenece a los fuertes. Y los fuertes, responden solo a ella. Y nadie, más. A nadie.


Base de Night Raid - 10:50 a.m. (Campos de entrenamiento)

Los amplios y extensos campos de entrenamiento de Night Raid resonaban con el sonido de la madera chocando una y otra vez. Cada impacto era el resultado del intenso combate entre dos jóvenes guerreros, sus cuerpos en constante movimiento mientras se enfrentaban con espadas de práctica. Tatsumi y Akame llevaban horas entrenando, tal como lo habían hecho en los últimos días.

Ambos tenían un propósito claro. Volverse más fuertes. ¿Por qué?. Bueno, porque Tatsumi había hecho una promesa. Juró que todos sobrevivirían y que juntos serían testigos del nacimiento de un nuevo imperio cuando el conflicto contra el actual Imperio llegara a su fin. Para ello, debía fortalecerse. Sabía que los desafíos venideros serían más duros que nunca y que debía estar preparado para afrontarlos.

Pero no era su única motivación. También había hecho una promesa a Onyx, su Teigu. Tatsumi creía que si se volvía lo suficientemente fuerte, quizá podría encontrar una manera de cambiar el imperio sin recurrir a los "métodos letales" que sus compañeros de Night Raid solían usar. Y desde el fondo de su corazón, anhelaba un camino diferente.

En el combate, Tatsumi atacaba con determinación, mientras Akame bloqueaba sus golpes con precisión. Era una dinámica inusual, ya que normalmente Akame era la que atacaba y Tatsumi quien defendía. Sin embargo, en esta ocasión, la asesina de cabello oscuro había insistido en que él tomara la ofensiva. Al principio, Tatsumi dudó, pero finalmente aceptó, comprendiendo que debía aprender a atacar con la misma eficacia con la que se defendía.

Con cada golpe, sus movimientos se volvían más fluidos, más certeros. Akame notó la mejora en su técnica. Sin embargo, decidió cambiar la dinámica. Justo cuando Tatsumi estaba por lanzar otro golpe, ella atacó primero. Su espada de madera se dirigió velozmente hacia el pecho del castaño.

Tatsumi reaccionó apenas a tiempo, cruzando su arma en el camino del golpe. El impacto fue fuerte, lo suficientemente poderoso como para hacerlo retroceder varios metros. Mientras era impulsado hacia atrás, dio varias volteretas, frenando la inercia con su espada y clavando una mano en el suelo para estabilizarse. Finalmente, se detuvo, con una rodilla en la tierra y una sonrisa en el rostro.

"Buen ataque". Comentó, respirando agitado.

"Tus ataques también han mejorado". Respondió Akame con su característica calma, bajando ligeramente su espada.

"Sigamos". Dijo Tatsumi, levantándose con determinación.

"Creo que deberíamos descansar un poco. Hemos estado entrenando por bastante tiempo". Sugirió Akame, bajando aún más su arma.

Tatsumi, sin embargo, sonrió con más confianza, apretando con más fuerza el mango de su espada.

"Vamos, Akame. Solo un poco más. Recuerda, tenemos una promesa que cumplir". Dijo antes de lanzarse nuevamente al ataque. "Imagina que estamos en una batalla real".

Pero justo cuando estaba a mitad de camino, un puño apareció repentinamente en su trayectoria. Su instinto reaccionó antes que su mente lo haga. En el último segundo, se deslizó por debajo del ataque, esquivándolo por poco. Mientras se arrastraba sobre el suelo, giró sobre sí mismo y usó su espada para frenar el deslizamiento. Alzó la vista y vio a Bulat, con su puño aún extendido en el aire.

El guerrero de la armadura verde tenía una expresión de sorpresa, pero también de orgullo.

"Hermano, ¿Qué estás haciendo?". Preguntó Tatsumi, aún recuperándose del shock por la repentina intervención.

Bulat sonrió, cruzándose de brazos.

"Solo quería ver si estabas mejorando. Y vaya que lo estás". Dijo con un tono de aprobación. "Pero aún te falta mucho, recuerda que en un combate siempre puede haber ataques por sorpresa".

Tatsumi soltó una risa nerviosa mientras Akame observaba la escena en silencio. Sin duda, el camino hacia el poder era arduo, pero cada día estaban más cerca de su meta.

Akame se acercó, hablando mientras lo hacía. "Bulat tiene razón, Tatsumi. Tu progreso es evidente, pero la batalla es impredecible. Debes estar preparado para cualquier eventualidad inesperada que aparezca".

Tatsumi suspiró y se rascó la parte de atrás de la cabeza mientras se ponía de pie. "Bueno... gracias, supongo."

Bulat, con los brazos cruzados y una sonrisa en el rostro, los observó detenidamente. "Por lo que he visto estos días, ambos han estado entrenando con mucha determinación". Su mirada se volvió más inquisitiva. "¿Puedo saber qué los motiva a esforzarse tanto?".

Tatsumi dudó. No estaba seguro de si debía compartir el verdadero motivo de su entrenamiento con Bulat. Sin embargo, sintió una mano en su hombro. Al girarse, encontró la tranquila y firme mirada de Akame, quien asintió con suavidad, animándolo a hablar.

Respirando hondo, Tatsumi disipó sus dudas y habló con determinación. "Entrenamos para volvernos más fuertes. Quiero volverme más fuerte, para evitar que más personas mueran."

Bulat frunció el ceño, sin comprender del todo. "¿Evitar que más personas mueran?".

"¡Sí¡". Tatsumi afirmó con convicción. "Le prometí a Akame y a un amigo mío, que no permitiré que ninguno de nosotros tenga que sacrificarse en la lucha contra el Imperio. No voy a dejar que ninguno de los nuestros caiga. Juntos, viviremos para ver el nacimiento de un nuevo imperio justo y ordenado".

Las palabras de Tatsumi resonaron con fuerza en el aire. Bulat lo observó en silencio, su expresión transformándose en una seriedad impenetrable. Parecía meditar profundamente sobre lo que acababa de escuchar, casi como si estuviera evaluando cada una de sus palabras.

Akame, en cambio, le dedicó una sonrisa serena, una mezcla de felicidad y confianza. Tatsumi la miró, al notar su expresión, se la devolvió con la misma intensidad y las mismas emociones.

De pronto, un golpe leve pero firme aterrizó en la parte de atrás de su cabeza. "¡Oye!". El castaño exclamó, llevándose una mano a la zona afectada.

Bulat ría con entusiasmo, su actitud seria desapareciendo en un instante. "Has aprendido mucho en este tiempo, Tatsumi. Estás madurando muy rápido. Pero si realmente quieres volverte más fuerte, tendrás que entrenar conmigo."

Bulat se quitó la chaqueta negra y desenvainó una lanza que había mantenido oculta. "Pero te advierto algo". Dijo con una sonrisa desafiante. "No voy a ser suave contigo".

Tatsumi, tras recuperarse del golpe, lo miró con determinación. "¡Sí, Estoy listo!".

Sin previo aviso, Bulat se lanzó al ataque. "¡Prepárate, Tatsumi!".

Los ojos de Tatsumi se abrieron con sorpresa. No esperaba que la pelea comenzara tan abruptamente. Apenas tuvo tiempo de reaccionar, esquivando por muy poco el ataque de la lanza al dar un rápido salto hacia atrás. El impacto del arma contra el suelo levantó polvo en el campo de entrenamiento.

"¡Vamos, Tatsumi!". Exclamó Bulat con una sonrisa juguetona. "¿Qué pasa?. Pensé que estabas listo".

El joven castaño frunció el ceño, ahora completamente enfocado. Sujetó con firmeza su espada de madera y se preparó para el siguiente movimiento.

Bulat no le dio respiro. Se abalanzó sobre él nuevamente, su lanza buscando una apertura. Tatsumi reaccionó con rapidez y bloqueó el golpe, el impacto resonando en todo el lugar. La fuerza del ataque de Bulat casi le hizo soltar su arma, pero logró mantenerse firme.

"El simple ánimo no es suficiente para sobrevivir, Tatsumi". Dijo Bulat, ejerciendo más presión en el forcejeo.

Los brazos de Tatsumi temblaban por el esfuerzo, pero no retrocedió. Miró a Bulat a los ojos con determinación y un poco de enojó. "¡Y atacar por sorpresa tampoco es lo más honorable!".

Con un grito, canalizó toda su fuerza en un contraataque y logró empujar a Bulat varios metros atrás. El guerrero de la armadura verde clavó su lanza en el suelo para frenar el retroceso y se quedó inmóvil por un momento.

Entonces, sonrió. "Nada mal, Tatsumi. Tienes una gran fuerza. Sigamos". Habló mientras apuntaba su lanza hacía el jóven.

El joven respiró hondo. Aunque estaba molesto por el ataque sorpresa, no podía permitir que sus emociones nublaran su juicio. Cerró los ojos un instante y, tras exhalar lentamente, volvió a abrirlos con una calma renovada. "Bien. Ya estoy listo".

Ambos se observaron fijamente, midiendo al otro. Uno con una mirada llena de determinación y serenidad. El otro, con confianza y un destello de aprobación.

Con un rugido de batalla, corrieron uno hacia el otro, armas en alto y listos para atacarse entre sí. Los impactos de sus armas resonaban con fuerza, llenando el campo de entrenamiento con el sonido del metal y la madera chocando con ferocidad.

Desde la distancia, Akame observaba la escena con una leve sonrisa. Era un momento significativo. No solo por el crecimiento de Tatsumi, sino por el vínculo de camaradería que se fortalecía en cada choque de armas.

Sin embargo, ellos no eran los únicos que presenciaban el entrenamiento.

Desde la sombra de un muro, una figura observaba en silencio. Su expresión era fría, su mirada penetrante. Con un cigarro entre los labios, dejaba escapar lentas bocanadas de humo gris.

"Los consejos de Bulat son brutales, pero efectivos...". Musitó para sí mismo, apenas un susurro perdido en el viento. "Con el tiempo, lo entenderás, Tatsumi. Porque si no lo haces...".

La persona dio una última calada a su cigarro antes de tirarlo al suelo y aplastarlo con la punta de su zapato.

"No podrás sobrevivir,... ante las próximas batallas. Y,... muchos menos,... a la batalla que se avecina contra el imperio".

Con una última mirada hacia el campo de entrenamiento, la figura se giró y desapareció en las sombras, preparando sus próximos movimientos.


Palacio Imperial - 11:15 am (Jardines del Palacio Real)

Los jardines del palacio imperial, exuberantes y llenos de una belleza inalcanzable para la gente común, eran testigos de la presencia de una de las figuras más temidas del Imperio: la general Esdeath. De pie con las manos entrelazadas detrás de su espalda, su mirada glacial se posaba en sus subordinados más letales. Pero no eran simples soldados. Sino sus tres bestias, los guerreros más sanguinarios y despiadados de su ejército.

Ante ella, arrodillados en absoluta sumisión, estaban los tres guerreros. El primero, un hombre mayor, alto y de porte imponente, con el cabello gris atado en una larga cola de caballo y un bigote que acentuaba su expresión severa. Sus ojos azules reflejaban una devoción incuestionable por su ama, su postura impecable era la de alguien que vivía y moría por la obediencia.

El segundo era una montaña de músculos, de cabello rubio y alborotado, con ojos blancos y sin pupilas. Llevaba un tocado que asemejaba cuernos, dándole un aire de bestia indomable. Su uniforme negro apenas podía contener su imponente físico.

El tercero, de apariencia más joven y felina, tenía cabello rubio y ojos dorados con pupilas rasgadas. Sus dientes afilados y la cola demoníaca que sobresalía de su uniforme le daban un aire salvaje y peligroso. A diferencia de los otros, vestía pantalones cortos, mostrando una confianza y ligereza inquietantes.

Todos ellos inclinaban la cabeza, aguardando las órdenes de su líder, la mujer que podía congelar el mundo con solo su voluntad, la despiadada general Esdeath.

"Mis fieles guerreros". Pronunció con voz serena, pero cargada de autoridad. "Tengo una misión para ustedes".

El hombre de bigote fue el primero en responder, su voz resonó con firmeza. "Estamos a sus órdenes, Lady Esdeath".

"Somos sus más leales siervos. No hay tarea que no podamos cumplir por usted". Agregó el joven de mirada felina, con un tono casi juguetón, pero con una sombra de ferocidad en sus palabras.

"Nuestra lealtad es absoluta. No hay misión que no ejecutemos con determinación y honor". Sentenció el mole rubio, su voz profunda como un trueno en la distancia.

Las palabras dichas por los tres llevaban diferentes matices, pero en todas se podía percibir la misma emoción subyacente. La devoción absoluta e inquebrantable hacia la reina de hielo.

Esdeath dejó escapar una leve risa, sus labios se curvaron en una sonrisa de satisfacción. Disfrutaba de la adoración que le profesaban, del control absoluto que ejercía sobre sus guerreros. Sus ojos brillaron con un destello perverso mientras avanzaba un paso, observándolos con intensidad.

"Excelente". Susurró, su voz era un dulce veneno. "Porque esta misión será especial".

Su sonrisa se tornó a una oscura, afilada como una cuchilla, mientras la sombra de un nuevo plan siniestro comenzaba a gestarse en su mente.


Afueras de la región de la capital imperial - 13:25 pm (Aldea desconocida)

En una aldea perdida en las afueras de la capital, sus habitantes luchaban contra una miseria desgarradora. Abrigados con ropas raídas y maltrechas, intentaban soportar el frío despiadado que dominaba la región. En cada rincón se encontraban cuerpos inertes, algunos dormidos, otros... simplemente muertos. La escasez de comida y agua era evidente en sus rostros cadavéricos y cuerpos esqueléticos. Apenas unas cuantas fogatas titilantes brindaban un mínimo consuelo, una tenue esperanza de calor en medio del implacable invierno.

Desde la ventana de un carruaje lujosamente custodiado por soldados armados con espadas, lanzas y escudos, dos figuras observaban en silencio la decadencia del pueblo. Uno de ellos era un hombre mayor, calvo, con un gran bigote y una pequeña barba. Portaba una corona y un abrigo de invierno sobre un uniforme militar de aspecto distinguido, y en sus manos descansaba un bastón. A su lado, una joven de largos cabellos dorados y ojos azul zafiro lo acompañaba. Vestía un abrigo de invierno en tonos rosa, blanco y turquesa, y a su lado reposaba una lanza.

"Otra aldea sumida en la ruina...". Murmuró el anciano con disgusto y pesar. "Se supone que la grandeza de una nación se refleja en su gente, pero aquí solo hay desesperación y muerte".

La joven desvió la mirada, conmovida por la escena. "Tienes razón, padre. Estas personas necesitan ayuda de inmediato".

El hombre asintió con gravedad. "Aún no es momento de retirarme. No puedo abandonar mi cargo de ministro mientras estas atrocidades continúan. Volveré a la capital".

La joven sonrió con orgullo ante la resolución de su padre. "Admiro tu determinación, padre. Eres valiente al decidir volver a ese nido de serpientes".

El ministro Chouri apretó los labios con firmeza. "No descansaré hasta ver caer al primer ministro Honest, por todo el mal y daño que hizo. Lo enfrentaré con todo lo que tengo".

La joven tomó su lanza con determinación. "Y yo te protegeré, padre".

Chouri la observó con orgullo. "Oh, mi querida hija, Spear... Te has convertido en una mujer fuerte e increíble." Luego, con un tono de burla, agregó en un susurro. "Si tan solo encontraras pareja, estaría más tranquilo".

Spear se sonrojó al escucharlo. "¡Papá!. ¡Eso no es importante ahora!". Exclamó, desviando la mirada avergonzada.

El anciano soltó una risa divertida, pero su alegría se vio interrumpida cuando el carruaje se detuvo bruscamente.

"¿Qué sucede?". Preguntó Chouri, frunciendo el ceño.

Uno de los guardias se acercó rápidamente. "Ministro Chouri, hay bandidos bloqueando el camino".

"¿Qué?". Exclamó el ministro con preocupación.

Spear se levantó de su asiento y miró por la ventana. Tres figuras se interponían en el sendero, inmóviles pero amenazantes. Su corazón se aceleró. "No puede ser...".

Chouri suspiró con exasperación. "Más bandidos... Esta sociedad ha caído en la más profunda decadencia."

"No te preocupes, padre. Me encargaré de ellos". Spear salió del carruaje, empuñando su lanza con firmeza, seguida de los guardias.

Los soldados formaron una línea defensiva ante los desconocidos, listos para el combate. Spear levantó su lanza y dio la orden con voz firme. "Manténganse alerta. Estos individuos no son simples ladrones".

Los tres extraños comenzaron a avanzar lentamente. La tensión en el aire se volvió palpable cuando desenvainaron sus armas.

Uno de los hombres con un bigote y de cabello gris habló. "Daidara, encárgate de los soldados."

Otro de ellos, un hombre musculoso de larga cabellera rubia, sonrió de forma salvaje. El titán de la hacha asintió, desenfundando su enorme arma de doble filo. "Será un placer".

Spear, sintiendo la amenaza latente, corrió al frente con su lanza lista, seguida de los guardias que la respaldaban. Con un grito de guerra, se lanzó al combate. "¡Ataquen!".

Pero Daidara no se inmutó. Blandió su hacha con un movimiento brutal, partiéndolos a todos en un instante. El filo de su arma destrozó sin piedad carne y acero por igual.

Spear apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando su lanza fue partida en dos. Un dolor lacerante recorrió su cuerpo; miró hacia abajo y vio la herida profunda en su cintura, la sangre brotando sin control.

Cayó de rodillas al suelo, jadeante, su mirada nublada por el dolor y la incredulidad. Sus compañeros, despedazados a su alrededor, eran ahora solo cuerpos sin vida.

Daidara observó su obra con una gran sonrisa. "Hermoso espectáculo, ¿No crees?". Preguntó a la jóven, con una sonrisa sadica.

Spear no respondió, solo lo miró con horror. De pronto, una risa infantil resonó cerca de ella. Un joven de apariencia felina, con ojos dorados y dientes afilados, se arrodilló junto a ella con una expresión juguetona. "No lo hiciste tan mal, señorita. No muchos sobreviven un ataque de Daidara".

Spear lo miró con horror, sintiendo una amenaza aún más aterradora que la fuerza bruta del guerrero.

Nyau sacó un pequeño cuchillo y lo acercó a su rostro con deleite. "Pero creo que hubieras preferido morir en ese ataque... Porque ahora, lo que te espera será mucho peor".

Spear sintió su aliento helado, su mirada desbordante de sadismo. No era un niño, era una bestia disfrazada de humano. Mientras el filo de la daga se hundía lentamente en su piel, solo un pensamiento cruzó su mente antes de que la oscuridad la envolviera.

"¿Quiénes son estas bestias...?".

El grito de desesperación del ministro Chouri resonó dentro del carruaje, su voz temblorosa cargada de horror y angustia. "¡SPEAR!". Sus ojos, nublados por el pánico, contemplaron la escena a través de la ventana. Los cuerpos despedazados de sus guardias, el suelo empapado de sangre y, en medio de todo, su hija arrodillada, vulnerable, indefensa.

La desesperación lo impulsó a actuar. Saldría del carruaje sin importar el peligro. "¡NO TOQUES A MI HIJA!". Rugió, su voz cargada de furia y miedo, lanzándose hacia el joven de aspecto felino que estaba junto a ella.

Pero su intento de rescate fue truncado en un instante. Un golpe brutal impactó su pecho con una fuerza descomunal. Un crujido aterrador se hizo eco en su interior. Sintiendo un dolor abrasador, cayó pesadamente al suelo, un hilo espeso de sangre escapando de sus labios. Apenas pudo levantar la cabeza para ver a su agresor.

Un hombre de apariencia imponente se alzaba ante él. Vestido con el mismo uniforme que los otros, pero con una presencia más firme, serena y letal. Su porte transmitía un aire de profesionalismo y frialdad que los otros no poseían.

Chouri reunió sus fuerzas para hablar. "Ustedes... son soldados de la capital". Murmuró con dificultad, el sabor del hierro impregnando su boca.

El hombre del bigote le dedicó una reverencia. "Así es, ministro Chouri. Y permítame decirle que siempre he admirado su trabajo. Usted ha sido un hombre justo y noble". Su voz sonaba genuinamente respetuosa, lo que solo aumentó la confusión del anciano.

El ministro Chouri, pareció aún más confundido. Si lo respetaban tanto, ¿Por qué lo atacaban?. "Si creen eso... ¿Por qué nos hacen esto?". Preguntó con incredulidad y dolor.

Liver enderezó la postura, su expresión era serena e inquebrantable. "Porque son órdenes directas de mi Ama".

"Tu... Ama...". Susurró Chouri.

Antes de que pudiera procesar aquellas palabras, una sombra cruzó su visión. En un instante, la fría y afilada hoja de Liver segó su vida. Su cabeza fue cercenada limpiamente, separándose de su cuerpo en una fracción de segundo. La sangre brotó en un torrente, tiñendo el suelo de rojo.

El cuerpo del ministro cayó pesadamente, mientras su cabeza rodaba unos metros hasta detenerse junto al cuerpo mutilado de su hija. Su visión borrosa captó fugazmente la expresión de terror y dolor en el rostro de Spear. Sus débiles susurros de súplica y agonía fueron lo último que escuchó antes de que la oscuridad lo envolviera por completo. Su último pensamiento fue un lamento mudo, pero que apenas se escuchó. "Lo siento, hija...".

Daidara carcajeó con regocijo mientras limpiaba el filo de su hacha con la manga de su uniforme. "¡Liver!. ¡Hoy batí mi récord!. ¡Acabé con quince de ellos, en un solo ataque!. ¡Jajaja!. ¡Esto es fantástico!. ¡Cuánto más experiencia tenga, me haré mucho más fuerte en cada pelea!".

Liver, imperturbable, le lanzó una mirada de reojo. "No pierdas el tiempo con tonterías y comienza a esparcir los volantes".

Daidara chasqueó la lengua con fastidio, tomando un fajo de papeles con desgano. "El Primer Ministro podría usar formas más fáciles de eliminar a sus enemigos. Podría simplemente haberlos incriminado como siempre hace". Dijo algo fastidiado por hacer ésto.

"Sabes, que esa táctica no funcionaria con los funcionarios que son respaldados por el ejército del Gran General Budo". Explicó Liver mientras colocaba con meticulosidad algunos panfletos sobre los cuerpos esparcidos.

"¡Oigan, chicos!. ¡Miren lo que tengo!". Nyau corrió hacia ellos, sosteniendo algo con ambas manos. "¡Ta-da!". Con una sonrisa infantil, levantó el rostro cercenado de Spear, del que todavía goteaba sangre. "¡Es hermosa!. ¡Voy a agregarla a mi colección!".

Daidara apartó la vista con disgusto. "Maldita sea, Nyau. Tus pasatiempos son cada vez más repulsivos".

Liver, en cambio, lo observó con frialdad. "Espero que al menos le hayas ahorrado el sufrimiento a esa pobre chica".

Nyau se encogió de hombros, jugueteando con el rostro desollado. "¡No fue necesario!. Murió del susto mientras le terminaba de cortar la cara". Dijo con una risita traviesa mientras guardaba la piel con sumo cuidado en su chaqueta.

Liver negó con la cabeza. "De cualquier modo, la misión está cumplida. Regresaremos de inmediato". Se volvió hacia los otros dos. "Como recompensa por el trabajo bien hecho, cocinaré algo especial para nosotros".

Nyau sintió un escalofrío. "N-No, gracias... estoy bien". Murmuró, retrocediendo sutilmente.

Daidara, en cambio, exclamó horrorizado. "¡Ni hablar!. ¡Tu comida es un veneno!. ¡Incluso la General Esdeath se desmayó la última vez que probó tu comida!". Habló mientras recordaba el instante en que su General probó aquel platillo infame y su reacción de absoluto rechazo. "¡De hecho, ella misma te prohibió cocinar cerca de ella!".

Liver no parecía afectado. "Tranquilos, esta vez perfeccioné la receta. Le agregué un toque especial con sangre y vísceras de una anguila venenosa".

Daidara lo miró con una expresión de puro asco. "¡No voy a comer esa porquería!. ¡Prefiero carne cruda o incluso carne humana antes que eso!". Exclamó, estremeciéndose ante la idea.

Mientras ellos se alejaban de la horrible escena que habían realizado, el viento levantó uno de los volantes esparcidos sobre los cadáveres. Cayó boca arriba, revelando su mensaje.

En letras grandes, bajo la inconfundible firma y el logo de Night Raid, se leía lo siguiente.

"Castigo divino propinado por Night Raid. Nadie escapará de la justicia de los asesinos".


Base de Night Raid - 14:55 PM (Sala de Reuniones)

La atmósfera dentro de la guarida de Night Raid era tensa. Una reunión de emergencia había sido convocada por Najenda, su líder, y la urgencia en su voz al llamarlos no había pasado desapercibida para nadie. Sentada en su usual posición de mando, con un cigarro entre los labios y una expresión grave en su rostro, observaba a sus subordinados con una mirada firme, pero que ocultaba una preocupación latente. Todos estaban presentes, de pie en silencio, esperando sus palabras. Sin embargo, entre ellos, uno en particular parecía más inquieto que los demás, Tatsumi.

Vestido con una camisa blanca, pantalones negros y botas a juego, Tatsumi permanecía de pie con Onyx asegurada en su espalda. No era ajeno a las reuniones estratégicas, pero esta vez algo era diferente. Desde el momento en que Najenda los llamó, percibió una leve pero inconfundible nota de inquietud en su voz, una emoción que raramente permitía que se filtrara en su tono profesional. Y eso solo significaba dos cosas. O estaban a punto de recibir información de vital importancia, o una mala noticia estaba por golpearles con fuerza.

Najenda exhaló una bocanada de humo, observando a cada uno de sus compañeros mientras organizaba sus pensamientos. Sabía que debía ser clara y concisa. Cualquier titubeo solo aumentaría la tensión en la sala.

"Los reuní aquí porque tengo algo importante que comunicarles". Comenzó con seriedad. Su tono frío y calculador hizo que todos se pusieran en alerta. "Esdeath ha terminado su campaña de conquista en el Norte. Ha regresado a la capital".

El silencio cayó como un manto sobre la sala. Un escalofrío recorrió a todos los presentes. La tensión era casi palpable. Sus expresiones no cambiaron de inmediato, pero había algo en sus ojos. Una mezcla de miedo y angustia que trataban de ocultar tras una fachada de profesionalismo. Tatsumi, sin embargo, no reflejaba ninguna de esas emociones. Lo único que sentía era,... confusión.

"¿Quién es Esdeath?". Se preguntó mentalmente. Al mismo tiempo que estaba desconcertado por la reacción de sus compañeros al escuchar ése nombre.

Dentro de su mente, la voz de Onyx resonó con la misma duda. "No lo sé, Portador. Pero quien sea, es evidente que su nombre infunde un terror profundo en tus compañeros".

"¿En serio crees eso?". Habló Tatsumi en su mente.

"Lamentablemente no podría confirmar éso. Ya que, no conozco quien podría ser esa persona. Pero le puedo decir, Portador. Que los corazones de los demás presentes comenzaron a latir con más fuerza en cuanto escucharon su nombre". Respondió Onyx con tono neutral, pero cargado de certeza.

Tatsumi dirigió la mirada a sus compañeros y lo que vio lo dejó sorprendido. Por primera vez, percibió miedo en ellos. Leone, quien siempre tenía una actitud desenfadada, mantenía los puños cerrados con fuerza, apretando la mandíbula. Lubbock, normalmente relajado y bromista, tenía una expresión seria e inquieta. Sheele, quien estaba en una silla de ruedas, por las heridas que había recibido en la batalla contra Seryu, parecía incómoda. Mientras que Mine, con su brazo todavía herida y vendado, miraba a Najenda con tensión. Bulat tenía una mirada aún más sería y fría en su rostro, de la que ya antes ponía. Sin embargo, lo que realmente lo impactó fue ver a Akame. Siempre estoica, impasible ante el peligro... y aun así, había algo en su mirada que denotaba inquietud. No era pánico, pero sí una aprensión evidente.

Si alguien como Akame mostraba miedo. Entonces, quien fuera esa tal Esdeath, debía ser una amenaza más allá de cualquier otra que hayan enfrentado.

Najenda retiró el cigarro de su boca, dejando escapar una densa nube de humo que se disipó en la tenue luz de la sala de reuniones. Con su mirada severa, se giró hacia Leone y le habló con firmeza.

"Leone, escucha con atención. Quiero que vayas a la capital y vigiles de cerca a Esdeath. Pero hazlo con precaución y mucho cuidado. No subestimes a esa mujer".

La rubia relajó sus puños, dejando de apretarlos con fuerza, y volvió a su actitud despreocupada habitual. Una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro mientras respondía con tono ligero. "A la orden, jefa. Siempre quise ver en persona a la gran general Esdeath. He escuchado muchas historias sobre ella, pero nunca tuve el placer de conocerla cara a cara". Su sarcasmo fue evidente al pronunciar el título de la general.

Najenda clavó su mirada en ella, endureciendo el tono de su voz. "No te equivoques, Leone. Esa mujer es la persona más despiadada y cruel que ha existido. Es un monstruo disfrazado de soldado, una sádica que se regocija en la masacre y la destrucción. No hagas nada impulsivo". Su expresión era más que seria; era una advertencia cargada de preocupación genuina. "Te lo digo por tu bien".

Leone se encogió de hombros y sonrió con desparpajo. "Lo sé, lo sé. No se preocupe, tendré cuidado". Pero en su mente, sus pensamientos eran distintos. "Así que la temida general Esdeath... Se dice que es tan vil y ruin como el Primer Ministro, quizás hasta peor. Si la elimino, sería casi como cortar la cabeza de la serpiente... No puedo esperar para encontrarme con ella".

El resto del equipo escuchaba la conversación con atención, pero mientras todos procesaban la información, Tatsumi permanecía inmóvil, aturdido. Las palabras que Najenda dijo de, "sádica" y "adoradora de matanzas", retumbaban en su cabeza, provocándole una incomodidad y un temor que no podía ignorar.

"¿Una persona así... realmente existe?". Pensó para sí mismo. Luego, su mente buscó una segunda opinión. "Onyx, ¿No crees que la jefa está exagerando?".

"No, Portador". Respondió la Teigu en su mente con tono grave. "Puedo sentir el latido de su corazón y el de los demás. No hay falsedad en sus palabras. Cada uno aquí teme a Esdeath, y no es por rumores infundados solamente".

La confirmación de Onyx solo hizo que el castaño se sintiera aún más intranquilo. Su respiración se volvió pesada hasta que una voz lo sacó de su ensimismamiento.

"¿Estás bien, Tatsumi?". Preguntó Najenda, con una ceja arqueada al notar su reacción.

Tatsumi parpadeó varias veces y rápidamente se recompuso. "S-Sí. Solo estaba pensando en otra cosa". Intentó sonar despreocupado, pero su nerviosismo era evidente.

Najenda lo observó un instante más antes de volver a centrarse en la reunión. Tatsumi exhaló un suspiro, tratando de recuperar la calma. "No es momento para esto. Tengo que concentrarme en mis promesas, en proteger a mis compañeros. Debo seguir adelante". Se forzó a adoptar una expresión tranquila, enterrando su miedo y dudas en lo más profundo de su ser. Pero Onyx, quien notó esté cambio brusco y obligatorio, que su usuario aplicaba en él mismo. Sintió que éso, no era muy...natural. Aunque él Teigu decidió no decir nada sobre éso, sintió algo preocupante dentro de su portador. Algo que, si no se controlaba bien, podría volverse con él tiempo muy,... peligroso.

Najenda encendió otro cigarro y continuó. "Escuchen, la razón principal de esta reunión no es solo para informar el regreso de Esdeath. He obtenido información que confirma que varios ministros y altos funcionarios han sido asesinados en los últimos días. Sospecho que la presencia de Esdeath está vinculada a estos crímenes."

El ambiente se tornó aún más pesado.

"En total, han sido eliminados cuatro políticos importantes junto con sesenta y uno de sus guardias de élite. Todos murieron de forma brutal y despiadada." La voz de Najenda se tornó más grave.

La calma de Tatsumi se desvaneció, reemplazada por una ira fría y controlada. Al escuchar éso. La crueldad de ése tipo de asesinatos lo enfurecía,... y mucho.

"Y eso no es todo". La peliplatina sacó de sus ropas un afiche y lo mostró a todos. En él estaba el emblema de Night Raid y una firma falsificada. "Han esparcido estos volantes con nuestro logo en las escenas del crimen".

Todos examinaron el volante, la sorpresa grabada en su rostro. Sobre todo en Tatsumi. Bulat se inclinó para verlo mejor y frunció el ceño. "Nos están inculpando de estos asesinatos".

"Malditos bastardos". Gruñó Mine, frustrada. "El Imperio quiere que nos vean como monstruos para que el pueblo nos odien más".

Sheele, sentada en su silla de ruedas, ladeó la cabeza, pensativa. "Pero no tiene sentido. Nunca dejamos rastros, ni proclamamos nuestros actos. ¿Por qué lo harían así?".

Najenda se cruzó de brazos. "Es simple, Sheele. Todas las víctimas eran soldados de élite. El pueblo creerá que solo un grupo con habilidades extraordinarias pudo haberlo hecho. Y Night Raid encaja perfectamente en esa descripción".

"O sea, los asesinos eligieron intencionalmente objetivos de alto nivel para asegurarse de que nos culpen". Resumió Mine, con un tono amargo.

"Exactamente". Afirmó Akame, captando el plan del imperio.

Najenda asintió. "Según nuestros informes, los responsables fueron usuarios de Teigu. No cabe duda de que son los subordinados de Esdeath".

"Pero... ¿Cuál es su verdadero objetivo?". Preguntó Sheele, todavía confundida.

Bulat frunció el ceño. "Es una trampa. Quieren obligarnos a actuar, hacer que nos expongamos para enfrentarnos y eliminarnos".

"¡Exacto!". Najenda soltó un suspiro, apagando su cigarro. "Lo peor de todo es que las víctimas eran ministros que querían cambiar el Imperio desde dentro. Eran una esperanza para una nueva era. Y ahora están muertos. No podemos seguir permitiendo esto". Miró a cada uno de los presentes. "Necesito escuchar sus opiniones. ¿Qué dicen?".

Los miembros de Night Raid comenzaron a dar sus opiniones. Algunos sugerían ignorar la provocación, otros querían actuar antes de que más personas inocentes fueran asesinadas. La discusión se tornó intensa, pero en medio del intercambio de ideas, hubo alguien que no dijo una sola palabra.

Tatsumi permanecía en silencio, con la mirada fija en la hoja que sostenía Najenda. Algo dentro de él hervía. Su respiración era lenta, pesada. Dio un paso adelante y con un movimiento firme tomó la hoja de la mano robótica de su líder. Najenda lo observó con atención, analizando cada uno de sus gestos.

"¿Qué opinas tú, Tatsumi?". Preguntó finalmente, su voz firme pero curiosa.

Tatsumi no respondió de inmediato. Su mirada recorrió el documento, examinando cada trazo, cada letra, cada símbolo. Era una burda imitación de Night Raid. No, era algo peor. Una distorsión oscura y grotesca de lo que realmente representaban.

Su agarre sobre el papel se tensó. Lo arrugó inconscientemente mientras una tormenta de pensamientos nublaba su mente. La frase "asesinato brutal y despiadado", resonaba una y otra vez en su cabeza, como un eco sin fin. La ira comenzaba a filtrarse por sus expresiones, su cuerpo se ponía rígido. Onyx sintió el cambio y decidió intervenir.

"Portador, ¿Se encontra bien?". Preguntó en su mente, con un tono de preocupación.

Tatsumi susurró, casi gruñendo, una sola palabra salió de su boca. "Somos... diferentes".

Las palabras tomaron por sorpresa a Onyx y a los demás miembros de Night Raid. No comprendían de inmediato lo que quería decir. Pero antes de que alguien preguntara, Tatsumi continuó, su voz cargada de una intensidad inusual.

"Nosotros matamos, sí... pero lo hacemos para cambiar el Imperio, para ayudar a las personas". Su tono era serio, su mirada ardía con una furia contenida. "Eliminamos a aquellos que corrompen este mundo, pero lo hacemos con rapidez y sin crueldad innecesaria. Estos bastardos... lo hacen por placer. ¡No somos iguales!". Exclamó con furia en su voz.

El peso de sus palabras cayó sobre todos los presentes. El ambiente se tornó aún más denso.

Tatsumi siguió hablando. "Aunque no entiendo mucho sobre política...". Su voz ahora era más grave, casi temblorosa por la rabia. "Me da asco y... ¡Rabia!. ¡Que usen nuestro nombre para justificar sus malditos asesinatos!".

Su último grito reverberó en la habitación. Nadie lo había visto así antes. Su furia cruda e incontrolable dejó a todos sin palabras. Najenda observó con detenimiento, midiendo cada reacción. Onyx, por su parte, sintió una preocupación profunda. Había algo en la forma en la que Tatsumi hablaba... algo que no había sentido en él antes. Algo, poderoso, y... peligroso.

Tatsumi giró su rostro hacia Najenda, con la ira brillando en sus ojos. "¿Querías saber mi opinión, jefa?. Pues, aquí la tienes". Alzó la hoja arrugada frente a todos, y sin dudarlo un segundo más, la rasgó en pedazos con ambas manos, dejándolos caer como cenizas al suelo. "¡Debemos detenerlos y llevarlos ante la justicia, sin importar lo que tengamos que hacer!. ¡No podemos permitir que más inocentes sufran!. ¡Vamos a acabar con esto, aunque sea lo último que hagamos!".

El silencio en la sala fue abrumador. Najenda lo miró por varios segundos, procesando la escena. Finalmente, una sonrisa apenas perceptible se dibujó en su rostro.

"Me gusta tu opinión". Respondió con aprobación. "Esta decidido, nosotros vamos a actuar. Así que, prepárense". Najenda anunció a restó del equipo.

Tatsumi esbozó una sonrisa, pero había algo diferente en ella. Algo que antes no tenía. O no mostraba mucho. Y era... Seguridad, y... Poder.

Los demás miembros de Night Raid intercambiaron miradas. Había algo en Tatsumi que había cambiado en ese momento. Algo en su voz, en su postura. No era el chico ingenuo que había llegado a ellos semanas atrás. Era,... diferente.

Bulat fue el primero en romper el silencio. "Bien dicho, Tatsumi." Su voz resonaba con orgullo genuino.

"Así se habla, Tatsumi". Agregó Sheele con una cálida sonrisa.

Akame asintió. "Estoy de acuerdo contigo".

Leone lo miró con una ceja levantada y una sonrisa divertida. "Vaya, Tatsumi. De repente te volviste todo seguro de ti mismo... y bastante imponente". Dijo con un matiz coqueto en su tono.

Lubbock y Mine no dijeron nada, pero sus miradas reflejaban su acuerdo. Lubbock sonrió levemente, mientras Mine desvió la vista de forma discreta, como si no quisiera admitirlo abiertamente.

Tatsumi aún sentía los restos de papel en sus manos. Observó los trozos rotos en el suelo. Su determinación se había solidificado.

Onyx, en el interior de la espada, también lo sentía. La Teigu sintió una mezcla de orgullo y una inquietud persistente. Y aunque reconocía que ese fuego en su portador lo hacía más fuerte, y seguro... También había notado que algo cambió. Algo que había cambiado dentro de Tatsumi. Algo,... que prometía tanto fuerza,... como peligro.


Base de Night Raid - 15:00 pm (Habitación de Tatsumi)

Tatsumi se encontraba en su habitación, preparándose para la misión que le había sido asignada junto a Bulat. Najenda había sido clara en la reunión. Cinco funcionarios estaban en peligro, probablemente serían los próximos objetivos del enemigo. Sin embargo, tras analizar sus movimientos, lograron reducir la lista a solo dos posibles blancos. Por ello, Najenda organizó dos grupos: Akame y Lubbock protegerían a uno, mientras que Tatsumi y Bulat resguardarían al otro. Para sorpresa del castaño, su objetivo se encontraba a bordo de un lujoso barco de pasajeros anclado en el Gran Canal, llamado "Barco Dragón".

Rebuscando entre su ropa, Tatsumi buscaba algo adecuado para la ocasión. La misión requería que se mezclaran entre los pasajeros, por lo que necesitaba vestir de manera elegante. Después de dudar y seleccionar diferentes tipos de ropa durante unos minutos, finalmente optó por un atuendo sofisticado. Una camisa negra con una corbata blanca larga, un terno blanco perfectamente ajustado, pantalones a juego y zapatos de vestir negros.

Observándose en un espejo de cuerpo completo, giró un poco, asegurándose de que la ropa le quedara bien. "Creo que me veo bien, ¿no?". Dijo, algo inseguro. "¿Tú que opinas, Onyx?".

"Yo creó que ve excelente, Portador". Comentó Onyx con su tono sereno. La Teigu descansaba sobre la cómoda junto a la cama, observando a su usuario con interés.

"No sé... Tal vez debería elegir algo más... no sé, elegante". Respondió Tatsumi, ajustándose la corbata con duda.

"No lo recomiendo hacer éso, Portador. Sus compañeros ya están listos para partir y usted está tardando demasiado en decidirse. Además, debo insistir. En que, se ve bien".

Tatsumi suspiró y asintió. "De acuerdo, confiaré en tu juicio."

Con su atuendo resuelto, se aseguró de que Onyx estuviera bien colocada. La Teigu, con su característica habilidad de modificar su tamaño, se encogió junto a su funda lo suficiente como para quedar oculta bajo el traje de Tatsumi. Esta peculiaridad habilidad, la descubrieron ambos, en una de sus recientes misiones, y había demostrado ser muy útil e invaluable. Ya que, con esta capacidad, Tatsumi podía ocultarla con facilidad y desenvainarla en un instante en caso de peligro.

El castaño también tomó su máscara, aquella que había adquirido semanas atrás y que se había vuelto una pieza clave en sus misiones. Aunque la llevaba oculta bajo su ropa, siempre estaba preparado para usarla si la situación lo requería. Cuando sus compañeros le preguntaban por qué insistía tanto en llevarla, él solo les respondía que era, "Por precaución".

Ahora completamente listo, Tatsumi caminó hasta la puerta de su habitación con una sonrisa determinada.

"Muy bien, aquí vamos. Es hora de proteger a los inocentes".

"Yo estaré a su lado como siempre, Portador". Respondió Onyx.

Mientras salía, una duda cruzó por su mente. "Me pregunto qué tan grande será ese Barco Dragón". Se preguntó con curiosidad.

"No debe ser tan enorme". Respondió Onyx en un intento de calmar la curiosidad de su usuario.

Tatsumi esbozó una leve sonrisa. "Sí, seguro que no es tan grande". Dij con confianza.

Pero, por alguna razón, una parte de él sospechaba que estaba a punto de enfrentarse a algo más grande de lo que imaginaba. Aunque tendría que verlo primero, antes de estar seguro.

Y así, con la determinación brillando en su mirada, Tatsumi dejó su habitación para unirse a Bulat en una misión que podría cambiarlo todo.


Muelle de la Capital Imperial - 16:30 pm. (Gran Canal)

Tatsumi permanecía inmóvil, con la mirada fija en la colosal embarcación que tenía frente a él. El "Barco Dragón", tal como lo habían llamado, se alzaba majestuoso sobre el agua, como si fuera un castillo flotante. Su estructura era imponente, con lujosos acabados dorados y dragones tallados en madera recorriendo los bordes del casco. No solo era un barco, sino un símbolo de riqueza y poder que contrastaba drásticamente con la miseria que azotaba a la capital.

En sus ojos se reflejaba una mezcla de asombro y confusión. ¿Cómo era posible que existiera algo tan grande?. ¿Cómo lograba mantenerse a flote semejante estructura?. Intentaba comprenderlo, pero su mente no lograba asimilar la magnitud del barco.

Dentro de su mente, Onyx también permanecía en silencio, procesando la misma pregunta. Era una de las pocas veces en que la Teigu no tenía una respuesta inmediata. Pasaron varios minutos, tal vez una hora, observando cada detalle de la embarcación, pero ni Tatsumi ni Onyx encontraron palabras adecuadas para describir lo que veían.

Hasta que, finalmente, una única palabra resonó al unísono en sus mentes.

"¡ES ENORMEEEEEE!".

Ambos gritaron en su mente al mismo tiempo, como si su asombro no pudiera contenerse por más tiempo.

Tatsumi respiró hondo, intentando recuperar la compostura. No podía darse el lujo de parecer un niño impresionado. No en medio de una misión. Miró de reojo a la gente que paseaba cerca del muelle, asegurándose de que nadie lo hubiera escuchado, y luego aclaró su garganta con disimulo.

"Bueno,… esto es interesante". Habló, intentando sonar serio, aunque su expresión aún reflejaba sorpresa.

Desde las sombras, Bulat los observaba con diversión. Su armadura, Incursio, activando su carta de triunfo, lo mantenía invisible, lo que le permitía disfrutar del espectáculo sin ser descubierto.

"Ja, se nota que todavía tienes mucho que ver en la capital, Tatsumi". Pensó Bulat, reprimiendo una carcajada.

El entusiasmo ingenuo de Tatsumi era una de las cosas que lo hacían destacar en Night Raid, pero también era algo que debía pulir. En una misión como esta, donde debían infiltrarse y proteger a su objetivo sin levantar sospechas, cualquier error podía costarles la vida.

Bulat se cruzó de brazos y habló con tono burlón, sin desactivar su camuflaje.

"¿Estas impresionado, Tatsumi?".

El castaño se tensó y miró a su alrededor, buscando la fuente de la voz.

"¿Eh?. ¿Quién…?".

"Aquí, muchacho". Bulat se rio entre dientes antes de desactivar un poco la invisibilidad, apareciendo de la nada junto a Tatsumi.

El joven se volteó a su lado con asombro.

"¡Oh, Bulat, eres tú!. Menos mal". Dijo algo aliviado.

El hombre de cabello negro en forma de copete, soltó una carcajada y le dio un golpe amistoso en la espalda.

"Relájate, muchacho. Pero dime, ¿Qué opinas del "Barco Dragón"?".

Tatsumi desvió la mirada hacia la enorme embarcación y dejó escapar un suspiro.

"No voy a mentir… Esto es más grande de lo que esperaba. Pensé que sería un barco lujoso, pero esto es básicamente un palacio flotante".

"Exacto". Bulat asintió, cruzándose de brazos. "Y si la información de Najenda es correcta, nuestro objetivo está a bordo en este momento. Así que, será mejor que dejemos de quedarnos con la boca abierta y empecemos a trabajar".

Tatsumi asintió con determinación.

"Sí, tienes razón. Es hora de ponernos serios".

Dentro de su mente, Onyx susurró con ironía.

"Pues eso será difícil, Portador". Habló el Teigu…. "Después de todo, hace unos momento usted dejo en claro, lo impactado que estaba".

Tatsumi agachó un poco la cabeza, algo avergonzado, para después comenzar a caminar junto a Bulat hacia la pasarela de embarque.

Y así, la misión había comenzado.


En Algún Otro Lugar - 16:30 pm. (Aldea Desconocida)

La nieve caía con suavidad sobre la aldea, cubriendo los tejados y las calles con un manto blanco e inmaculado. El aire era frío, y cada respiración se transformaba en vapor en cuanto tocaba el ambiente gélido. Entre las sombras de los árboles, dos figuras se mantenían ocultas, observando atentamente la escena que se desarrollaba ante ellos.

Akame y Lubbock permanecían apostados en las gruesas ramas de un árbol, con la vista fija en la pequeña comunidad que se extendía ante ellos. Desde su posición privilegiada, podían ver cómo una carreta, escoltada por varios soldados, se detenía en el centro de la aldea. Los aldeanos, con rostros marcados por el hambre y el cansancio, se reunieron rápidamente alrededor del vehículo, esperando con incertidumbre lo que vendría después.

Ambos asesinos estaban en máxima alerta, listos para reaccionar ante cualquier movimiento hostil. Pero lo que ocurrió después los dejó perplejos.

En lugar de maltratar o someter a los aldeanos, los soldados comenzaron a bajar enormes sacos de provisiones. Arroz, verduras, carne seca y otros suministros. Luego, de manera organizada, comenzaron a repartir la comida entre los aldeanos.

Lubbock arqueó una ceja, completamente desconcertado. "¿Provisiones de arroz?". Susurró, sin poder creer lo que veía. "Pensé que estos soldados serían unos bastardos, pero parece que son... ¿Buenas personas?".

Akame asintió lentamente, observando cómo los rostros de los aldeanos se iluminaban al recibir la comida.

"Sí... esto les ayudará a mantenerse vivos un poco más". Habló en voz baja.

Justo en ese momento, su estómago gruñó de forma audible, rompiendo la seriedad del momento.

Lubbock giró la cabeza y la miró con una mezcla de sorpresa y diversión.

"¿En serio?. ¿Tienes hambre, ahora?".

Akame llevo una de sus manos hacía su estómago, y respondió sin inmutarse.

"No comí lo suficiente antes de venir".

Lubbock suspiró y metió la mano en su abrigo verde, sacando una barra de dulce.

"Toma, come esto. Prefiero que te concentres en la misión y no en tu hambre".

Akame miró la barra por un momento, como si estuviera evaluando su calidad nutricional. Luego, sin previo aviso, mordió de un solo movimiento,... junto con los dedos de Lubbock.

"¡AAAAAH!. ¡Akame, mi mano no es comida!". Exclamó el peliverde, tratando de zafarse.

La asesina mascó despreocupadamente antes de soltar la mano de su compañero, limpiándose la boca con tranquilidad.

"Lo siento, tenía mucha hambre".

Lubbock miró su mano babeada con asco.

"Sí, ya veo eso… Genial, ahora tengo saliva de Akame en mi guante". Pensó el peliverde mientras se limpiaba la baba de su mano.

El momento incómodo pasó rápidamente cuando volvieron a enfocarse en la aldea. Desde su posición, podían ver claramente al hombre que debían proteger. Un funcionario del imperio, un ministro menor, que se encontraba entre los aldeanos.

Pasaron varios minutos. No había disturbios. No había gritos. No había peleas. Solo paz.

Lubbock revisó los finos hilos de su Teigu, "Cross Tail", que tenía desplegados a lo largo del perímetro. Si alguien intentaba acercarse de manera hostil, sus cables lo detectarían de inmediato.

"Nada". Dijo en voz baja, exhalando un suspiro. "Parece que nos equivocamos de lugar".

Akame, sin apartar la vista de la aldea, posó su mano en la empuñadura de, Murasame.

"No podemos bajar la guardia".

"Sí, lo sé…". Lubbock se acomodó mejor en la rama donde estaba sentado. "Pero si nos toca estar aquí, al menos que valga la pena. Debemos proteger a este tipo y a estas personas, pase lo que pase".

El silencio se instaló entre ellos. La nieve seguía cayendo lentamente, cubriendo el bosque con su manto blanco.

De repente, Akame desvió la mirada hacia el cielo.

Por un momento, se perdió en la inmensidad de las nubes grises que cubrían el horizonte. Sus pensamientos se alejaron del presente y viajaron hacia otro lugar, hacia otros compañeros que, en ese mismo instante, también estaban en peligro.

"Tatsumi… Bulat…".

"Si el enemigo los encontraba... si caían en su trampa…".

Apretó los labios con fuerza y cerró los ojos por un instante.

"Por favor… ¡Regresen con vida!".

Su agarre en Murasame se tensó.

No importaba lo que pasara. No importaba si esta misión parecía tranquila. El peligro podía acechar en cualquier momento, y cuando llegara, ella estaría lista para cortar cualquier amenaza antes de que pudiera dañar a los suyos.

Por ahora, solo podía esperar... y rezar porque sus amigos también sobrevivieran a su propia batalla.


Gran Canal - 17:00 pm. (Barco Dragón)

El "Barco Dragón", una colosal embarcación diseñada para el lujo y la seguridad de la élite del Imperio, se alejaba lentamente del puerto, surcando las aguas del Gran Canal con una majestuosidad imponente. Su estructura de varios niveles y sus detalles ornamentales hacían honor a su nombre. Una bestia de madera y acero que dominaba el mar con su presencia.

Entre los numerosos pasajeros, ocultos entre la multitud de nobles, mercaderes y soldados, dos figuras compartían un mismo objetivo. Proteger al funcionario que viajaba a bordo.

Bulat, invisible gracias a, Incursio, recorría los pasillos y puntos estratégicos de la nave sin ser detectado. Como desertor del ejército imperial, ser visto significaría una orden de ejecución inmediata. Por ello, no tenía más opción que permanecer oculto en todo momento.

Tatsumi, en cambio, tenía la libertad de moverse sin restricciones. Su identidad estaba cubierta por una historia falsa creada por Najenda. Ahora era el hijo de un próspero comerciante con negocios en tabernas, licorerías y sastrerías de la capital. Sin madre, sin hermanos, solo un joven noble cuya vida de privilegios encajaba perfectamente con la indiferencia de la aristocracia.

El castaño, aunque incómodo con el engaño, había aceptado su papel. Sabía que era necesario para cumplir su misión.

Ahora mismo, estaba en la cubierta del barco, rodeado de la brisa marina y el sonido de las olas. Acababa de despedirse de un grupo de jóvenes damas bien vestidas, con quienes había compartido una conversación ligera y cordial.

A medida que se alejaban, susurros quedaron flotando en el aire.

"Es muy lindo, ¿no crees?".

"Sí, y además, tiene un encanto natural…".

Tatsumi sonrió con cierto nerviosismo al escuchar sus comentarios, pero no se detuvo en ellos. En su mente, tenía asuntos más importantes en los que pensar.

Dirigió su mirada hacia el mar, observando la inmensidad del agua que se extendía hasta el horizonte. El vaivén de las olas y la brisa salada le generaban una extraña sensación de calma.

"Esto es realmente relajante… ¿No crees, amigo?". Dijo en voz baja, con los ojos entrecerrados.

"Sí… la brisa es refrescante. Casi podría dormirme aquí mismo". Respondió Onyx, su Teigu, desde la conciencia de Tatsumi.

El castaño esbozó una leve sonrisa, pero su expresión cambió en cuanto giró la cabeza hacia la cubierta principal. Allí, el funcionario que debían proteger estaba en medio de una conversación con un grupo de nobles, y rodeado de guardias armados.

"No podemos confiarnos". Dijo Tatsumi con seriedad. "Aunque tenga una escolta bien armada, el enemigo no es cualquier adversario… poseen Teigus. Y si atacan, será muy desastroso y letal.

Onyx emitió un sonido similar a un bufido.

"Admiro tu dedicación, Portador. Me llena de orgullo ver que tomas esto tan en serio… pero no te preocupes tanto. Estoy vigilando. Si esos asesinos aparecen, lo sabré antes de que puedan hacer su primer movimiento".

Tatsumi arqueó una ceja. "¿Puedes detectarlos?".

"¡Claro!, mientras lleven un Teigu consigo, podré detectarlos. Después de todo, las Teigus, tienen una energía única que puedo ver y sentir… y como esos, impostores, poseen uno. Podré fácilmente identificarlos".

De pronto, el tono de Onyx se volvió más áspero, cargado de enojo. Pero no era solo el hecho de que los enemigos eran letales y despiadados. Sino que, lo que realmente enfurecía al Teigu era que usaban su poder, para matar indiscriminadamente a inocentes, manchando el propósito original de las Teigus, creadas por el Primer Emperador y el investigador. Y éso, le hacía a Onyx, querer gritar de ira.

Tatsumi, de cierto modo, entendía bien ese sentimiento. Él también odiaba la idea de que su grupo, Night Raid, fuera confundido por asesinos despiadados y malvados.

"Aun así, seguiré alerta". Afirmó, apoyándose en el borde del barco.

"Esa es la actitud, Tatsumi". La voz de Bulat llegó de repente.

El castaño no se sobresaltó, pero sí giró ligeramente la cabeza hacia donde provenía el sonido. Sabía que Bulat estaba usando, Incursio, para permanecer invisible.

"Hola, hermano". Respondió con un tono tranquilo.

Se aseguró de hablar lo suficientemente bajo para que nadie más pudiera escucharlos.

Bulat se cruzó de brazos (aunque Tatsumi no podía verlo, lo intuía por el sonido del metal de la armadura).

"Me gusta verte tan concentrado… pero recuerda, el enemigo es impredecible. Puede atacar en cualquier momento".

Tatsumi asintió, mirando de nuevo hacia la cubierta principal. "Lo sé. Por eso no bajaré la guardia".

El silencio se instaló por unos segundos.

Sin embargo, Tatsumi sintió algo extraño. Una mirada. Una mirada que era de cierta persona parada a su lado. Aunque Bulat estaba invisible, el castaño podía sentir claramente que su mentor lo estaba observando fijamente.

El aire a su alrededor se volvió un poco más denso.

"¿Pasa algo, hermano?". Preguntó Tatsumi con una leve incomodidad por la mirada que sentía.

Bulat tardó un momento antes de responder. "Tatsumi… ¿Con quién hablabas hace un momento?".

La pregunta lo golpeó como un rayo.

El castaño se quedó en blanco. ¿Bulat lo había escuchado hablando con Onyx?. Un ligero sudor frío recorrió su frente. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?. ¿Cuánto había oído?

Tatsumi intentó pensar en una respuesta rápida. Pero, nada se le ocurría.

Los segundos pasaron. Luego se convirtieron en un minuto entero de silencio.

Bulat seguía allí. No se movía. No insistía. Solo, esperaba.

Onyx rompió la tensión en la mente de Tatsumi. "Portador, creo que debería decirle algo. Posiblemente se cansé de esperar".

"Oh, Onyx. Claro, es fácil decirlo. Pero, ¿Cómo quieres que le explique que tengo un Teigu en forma de espada y que pueda hablar en mi cabeza, sin que me vea como un loco?". Pensó, dudoso y nervioso.

"Mmm… buen punto. Si le dices la verdad de golpe, probablemente no te crea".

Tatsumi tragó saliva. Tenía que pensar rápido. El silencio entre él y Bulat se hacía más pesado.

Si no encontraba una excusa convincente pronto… su casi mentor empezaría a sospechar aún más.

Y lo último que necesitaba en ese momento, en, medio de una misión crítica, era que Bulat lo viera como alguien que ocultaba secretos. Eso no sería bueno, y menos ahora.

Tatsumi sintió la tensión en el aire mientras Bulat lo observaba en silencio. No podía verlo debido a Incursio, pero el peso de su mirada era inconfundible.

Finalmente, Bulat desvió la vista hacia el funcionario al que estaban protegiendo.

"Veo que no quieres decírmelo… ". Dijo con tono tranquilo mientras se apoyaba en la barandilla del barco, dejando que la brisa marina golpeara suavemente su armadura invisible. "Tranquilo, no voy a obligarte"

Tatsumi relajó un poco los hombros.

"Gracias…". Murmuró, girándose también hacia la cubierta para observar al funcionario.

El silencio entre ambos duró solo unos segundos antes de que Bulat volviera a hablar, esta vez con un tono más pensativo.

"Sabes, Tatsumi… he notado algo curioso en ti. A veces te veo hablar solo, o decir algunas palabras cuando no hay nadie cerca".

El castaño sintió un escalofrío. No respondió de inmediato, limitándose a observar al funcionario mientras su mente trabajaba a toda velocidad.

"Escuchá, no es que me moleste ni nada". Continuó Bulat con un tono despreocupado. "Pero entre nosotros, algunos han empezado a pensar que quizás estás un poco…".

Se detuvo un momento, como si buscara la palabra correcta, y luego dejó escapar una leve risa.

"Bueno… que estás algo loco".

Tatsumi no pudo evitar soltar una pequeña carcajada. No por burla, sino porque comprendía perfectamente por qué pensaban eso de él.

Desde que conoció a Onyx, nadie en Night Raid, a excepción de Akame, había creído en la existencia de su Teigu consciente. Para los demás, parecía que simplemente hablaba solo.

Bulat sonrió levemente bajo su casco al escuchar su risa. "Pero tranquilo, yo no creo eso… al menos, no del todo".

Tatsumi lo miró de reojo. "¿Ah, no?".

Bulat se encogió de hombros. "Bueno, sí me pareció raro al principio". Admitió con sinceridad. "Pero decidí preguntarle a Akame sobre éso".

Tatsumi abrió los ojos con sorpresa. "¿Le preguntaste a Akame?".

El guerrero de la armadura verde asintió. "Sí. Quería saber qué pensaba ella al respecto… y su respuesta me sorprendió mucho".

El castaño esperó expectante, lo que Bulat decir.

"Akame me dijo que tú tienes una razón muy especial para hacer eso. No me dijo cuál… pero ella dijo que, con el tiempo, nos lo contarías".

Tatsumi sintió un leve nudo en la garganta. Bajó la mirada con una sonrisa melancólica. "Sí… se los diría… si tan solo me creyeran". Pensó el castaño.

Bulat lo observó con atención. A pesar de que el casco cubría su rostro, su postura y su tono de voz reflejaban empatía.

"Mira, Tatsumi". Dijo con suavidad. "No importa cuál sea la razón… quiero que sepas que nosotros te creemos".

Tatsumi sintió una punzada en el pecho. Quería creer en esas palabras. De verdad quería hacerlo. Pero… ¿Cómo podía estar seguro?. Cuando intentó explicarles la existencia de Onyx, nadie le creyó. Si no confiaban en él cuando les habló de su Teigu, ¿Cómo esperar que confiaran en que él pudiera decirles sobre el poder que Onyx tenía?.

Bulat lo miró de reojo y captó la tristeza en su expresión. Y la forma en como lo expresaba en su rostro, le decía todo. No confiaba en sus palabras.

El portador de Incursio suspiró. No podía obligarlo a abrirse… pero podía hacer algo más. "Tatsumi… ¿Qué te parece si te cuento cómo terminé uniéndome a Night Raid?"

Tatsumi lo miró con asombro. ¿Bulat iba a contarle su historia?. Hasta ahora, el castaño solo conocía los pasados de Mine, Sheele y Leone. Pero aún quedaban muchas historias sin conocer… como la de Akame, Lubbock, Bulat… y Najenda.

Saber más sobre sus compañeros siempre le había intrigado, pero nunca había querido forzarlos a hablar de su pasado.

Ahora, Bulat estaba ofreciéndole la oportunidad de conocerlo mejor. Tatsumi dudó por un momento… pero finalmente, asintió con una sonrisa genuina.

"Sí, me encantaría oír tu historia, hermano".

Bulat sonrió también. Aunque su casco ocultaba su expresión, Tatsumi pudo sentir el calor en su tono de voz.

"Bien… escucha con atención".

El castaño se apoyó en la baranda del barco, listo para escuchar la historia de su casi mentor.

El barco continuaba su lento avance por el canal, el sonido del agua golpeando el casco resonaba suavemente en el ambiente. Bulat se acomodó mejor en la barandilla antes de comenzar a hablar, su voz tranquila pero cargada de un peso que no era fácil de ignorar.

"Verás… yo me uní al ejército imperial cuando era muy joven. En ese entonces, aún creía en la justicia del Imperio. Pensaba que con esfuerzo y determinación, podría hacer una diferencia en este mundo".

Tatsumi lo escuchaba con atención, cada palabra del portador de Incursio, llevaba consigo un peso que el joven aún no comprendía del todo.

"Con el tiempo, fui ascendiendo en las filas, ganando fuerza, experiencia… respeto. Eventualmente, obtuve mi Teigu, Incursio". Bulat extendió un brazo, admirando la reluciente armadura que lo cubría. "Incursio se convirtió en mi compañero de batalla. Gracias a él, pude sobrevivir en incontables enfrentamientos en el frente sur, luchando contra las tribus rebeldes. Pero…". Su voz bajó de tono, volviéndose más sombría. "A pesar de todo mi esfuerzo, no pude salvar al general Liver".

Tatsumi sintió la tristeza en su voz y frunció el ceño. "¿El general Liver…?". Repitió en voz baja.

Bulat asintió, mirando al horizonte con melancolía. "Mi mentor… mi héroe. Fue el hombre que me enseñó lo que significaba ser un soldado de verdad. Un líder justo, honorable… y fuerte".

La nostalgia en sus palabras era evidente. Tatsumi sintió un leve escalofrío, como si estuviera viendo una faceta de Bulat que nunca antes había mostrado.

"Liver se negó a participar en los sobornos que exigía el ministro Honest. Creía que podía cambiar el Imperio desde adentro, que podía, limpiar la corrupción, con su propio esfuerzo".

Bulat hizo una pausa, tomando aire antes de continuar. "Fue un error".

Tatsumi lo miró con seriedad. "¿Qué pasó con él…?".

"Lo acusaron falsamente de traición y lo arrestaron. Lo convirtieron en un criminal a los ojos del Imperio".

Tatsumi apretó los puños. "Pero si era un hombre honorable… ¡No pudieron probar nada en su contra, ¿Verdad?!".

Bulat soltó una leve risa, aunque sin rastro de felicidad. "Las pruebas no importan cuando el enemigo es el que dicta las reglas. Liver intentó defenderse, pero los oficiales del Imperio ya nos habían condenado. Sus propios hombres… nuestros propios compañeros… nos dieron la espalda".

Tatsumi bajó la mirada, sintiendo una punzada de rabia e impotencia.

"Ese mismo día en que se llevaron al general Liver… hice algo que jamás me perdonaré".

El silencio que siguió fue denso. Bulat cerró los ojos, como si tratara de ahogar el recuerdo. "Huí".

Tatsumi lo miró sorprendido. "¿Qué…?".

"Cuando vinieron por mí… cuando me señalaron como traidor junto a Liver…" . Su voz tembló apenas. "No luché. No intenté defenderme".

Se giró, mirando a Tatsumi con dureza.

"Tomé a Incursio,… y... huí como un cobarde".

El castaño sintió un nudo en la garganta. Nunca había imaginado que Bulat, siempre tan fuerte y valiente, había tenido un momento de desesperación como ese.

"No podía hacer nada… o al menos, eso pensé en aquel entonces. Solo corrí sin mirar atrás… dejando atrás al hombre que me enseñó todo lo que sabía".

El silencio entre ambos se alargó. Tatsumi tragó saliva, intentando encontrar las palabras adecuadas. "Bulat…".

El guerrero de armadura verde respiró hondo y luego sonrió, aunque su tono seguía siendo melancólico. "Tranquilo, Tatsumi. Fue hace mucho tiempo… ya no importa".

Tatsumi apretó los puños, sintiendo la tristeza en su voz. "Aún así… lo siento".

Bulat no respondió de inmediato, solo miró el cielo estrellado.

Después de un rato, Tatsumi levantó la cabeza y lo miró fijamente. "Bulat… ¿Tú crees que el general Liver siga con vida?".

El hombre de la armadura verde, permaneció en silencio unos segundos antes de responder. "No lo sé… Pero incluso si sigue vivo, ya "no sería el mismo hombre que conocí"".

Tatsumi frunció el ceño, confundido. "¿A qué te refieres?".

Bulat bajó la mirada, su voz ahora era apenas un susurro. "Verás… el Imperio tiene formas de… romper a la gente".

Tatsumi se sintió aún más confundido. "¿Qué quieres decir?".

Bulat abrió la boca para responder, pero en ese momento, Incursio, comenzó a parpadear con una luz tenue y alarmante.

"Tsk… parece que la invisibilidad está fallando". Dijo en voz baja. "Tengo que quitarme la armadura un momento".

Tatsumi asintió y miró alrededor. "Podrías descansar en aquella zona. Está oscuro y lo suficientemente apartado, nadie podrá verte".

Bulat siguió su mirada y asintió. "Buena idea. Gracias, Tatsumi. Después seguimos hablando".

"No hay problema, yo me quedaré vigilando".

Bulat le dio una palmada en el hombro antes de dirigirse a la zona indicada. Tatsumi lo observó alejarse por unos segundos… pero su mente seguía atormentada por lo último que había dicho. "El Imperio tiene formas de romper a la gente…".

"¿Qué habrá querido decir?". Murmuró.

Dentro de su cabeza, Onyx permaneció en silencio por unos instantes antes de hablar. "No lo sé, Portador… pero dudo que sea algo demasiado importante".

Tatsumi frunció el ceño. "Tal vez…".

Antes de que pudiera seguir pensando en ello, vio al funcionario moverse hacia los camarotes. "Rayos, mejor dejo de pensar en eso. No debo perderlo de vista".

El castaño corrió tras él, mientras en su mente Onyx hablaba nuevamente. "Tranquilo, Portador. Si detecto a los impostores, te avisaré".

Pero mientras Tatsumi se concentraba en su misión, Onyx guardó silencio.

En realidad, el Teigusabía a qué se refería Bulat. Sabía exactamente de qué estaba hablando. Sabía de "lo que le hacían a los prisioneros en la capital". Y lo odiaba con cada fibra de su ser. Más que los asesinos, más que la corrupción, más que la decadencia del Imperio. Porque, en su existencia, había pocas cosas peores que la muerte.

Y una de ellas…. eran esas cámaras. Cámaras las cuales, Onyx no le contó a su Portador. Para Onyx, no creía que su Portador estuviera preparado para conocer la verdad. Para saber sobre,… las cámaras de tortura.


Capital Imperial - 17:30 pm. (Parque Central de la Capital)

El Parque Central de la capital, que alguna vez fue un símbolo de esplendor y belleza, yacía ahora en ruinas. Caminos adoquinados que antes estaban firmes y bien construidos, ahora estaban agrietados y erosionados, con baches profundos marcando la superficie como cicatrices de una guerra silenciosa. Las antiguas bancas, donde en el pasado se sentaban nobles y ciudadanos para disfrutar de la tranquilidad del lugar, estaban rotas, algunas volcadas y otras reducidas a escombros.

Pero lo más impactante era el enorme reloj, la joya del parque, que en su época de gloria dominaba el paisaje con su majestuosa estructura. Ahora, sus engranajes estaban desperdigados entre los escombros, sus manecillas rotas y su gran torre derrumbada como si hubiera sido aplastada por una fuerza titánica.

El aire en el parque tenía un dejo de desolación y abandono, pero en medio de todo ese caos, una figura avanzaba con paso relajado, como si estuviera dando un simple paseo.

Una mujer de uniforme militar blanco y negro caminaba entre las ruinas. En su cintura descansaba un elegante estoque dentro de su funda, y sobre su cabeza, una gorra impecable portaba el símbolo que más llamaba la atención en su vestimenta. Una Cruz Negra, grabada tanto en su gorra como en su cinturón.

Su piel era pálida, perfecta como la nieve recién caída, pero lo que más resaltaba en ella era la marca de un, tatuaje en forma de "Y", de color rojo sangre, justo en el centro de su pecho.

Era Esdeath. La general más temida del Imperio.

Cada paso que daba sobre los escombros resonaba con autoridad. Sin mostrar preocupación ni desprecio por la destrucción a su alrededor, Esdeath observaba el escenario con una expresión de... fascinación.

Había algo en ese desastre que le resultaba casi hipnótico. La forma en que las grietas serpenteaban por el suelo, los escombros apilados sin orden, el aura de devastación impregnada en cada rincón... No era natural.

Ella lo sabía.

Se detuvo cerca de lo que quedaba del antiguo reloj. Bajó la mirada y se agachó, apoyando una mano en el suelo agrietado. La textura áspera de la piedra rota le decía lo que los informes del ministro Honest ya le habían confirmado. Esto No Fue Causado Por Un Simple Terremoto.

Con su otra mano, Esdeath sostuvo un pequeño helado, el cual lamió con calma. Un postre que había comprado de camino hasta aquí... después de castigar al dueño del puesto por intentar sobornarla.

Por supuesto, ella no aceptaba sobornos.

No porque tuviera un sentido de justicia, sino porque despreciaba la debilidad.

Y ahora, mientras el dulce sabor del helado se deslizaba por su lengua, seguía analizando la escena con detenimiento.

Un suspiro escapó de sus labios.

"Ésto no fue la natural...". Murmuró, como si hablara consigo misma. "Fue alguien. Alguien causó esto". Dijo confirmando sus sospechas.

Se puso de pie y caminó hasta una de las pocas bancas que aún permanecían en pie. Se sentó con elegancia, cruzando una pierna sobre la otra, y dirigió su mirada al cielo teñido de tonos anaranjados.

El tiempo seguía avanzando.

El mundo cambiaba.

Pero la verdadera naturaleza de las personas no lo hacía.

Lentamente, llevó el helado a sus labios y siguió comiendo con tranquilidad.

Desde la copa de un árbol cercano, oculta entre las hojas verdes, una mujer observaba la escena con una expresión de puro desprecio.

Leone.

Su mandíbula estaba tensa, sus puños apretados. Su instinto asesino ardía en su interior, pero el miedo mantenía sus músculos paralizados.

"Maldita sea…". Pensó con rabia, mientras intentaba calmar su respiración. "Está sentada ahí tan tranquila… Como si fuera una trampa. ¡Como si supiera ella quisiera que yo la atacará!".

Apoyó la cabeza contra la rama y cerró los ojos un instante, tratando de ordenar sus pensamientos.

"Carajo… pensaba atacarla de inmediato, pero… ahora que estoy en esta forma… puedo ver el aura que emana".

Volvió a abrir los ojos y la observó con atención. A su alrededor, una energía azul oscura, casi negra, la envolvía como una sombra amenazante.

El aura de Esdeath. El aura,... de la misma muerte.

Leone sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"¡Santos dioses… los rumores sobre ella eran ciertos…!".

Sus labios se curvaron en una mueca de frustración.

"¡O incluso peores!".

La rubia había pensado que sería una presa fácil. Que podría atacarla rápido y desaparecer antes de que reaccionara. Pero ahora, dándose cuenta del peligro que representaba esa mujer, sabía que, atacar sería una sentencia de muerte.

Las palabras de Najenda resonaron en su cabeza.

"No hagas nada estúpido."

Y por primera vez en mucho tiempo, Leone siguió su instinto.

"Tsk… esto apesta, pero no puedo arriesgarme".

Volvió a mirar a Esdeath una última vez.

"Además… ella esta en el mismo lugar donde Tatsumi y yo escapamos aquella noche".

Su expresión se endureció. "Tengo que informar esto a la jefa".

Con un movimiento ágil y silencioso, Leone desapareció entre las sombras del parque.

Desde su lugar en la banca, Esdeath levantó la mirada hacia el árbol donde Leone había estado oculta.

Una leve sonrisa cruzó sus labios. "Vaya… parece que se fue".

Su tono era de ligera decepción. "Qué lástima".

Dio una última lamida a su helado antes de que una expresión más cruel apareciera en su rostro.

"Y yo que quería probar algunos de mis nuevos métodos de tortura…". Suspiró y bajó la mirada al helado casi terminado. "Aunque, debo admitir… que esto está bastante bueno".

La dulzura del helado era suave, placentera. Pero sabía que ésto, no sería nada comparado con el placer que sentiría cuando encontrara al responsable de este desastre.

Una sonrisa sádica se dibujó en su rostro. "Cuando termine con mi investigación… comeré tantos como pueda".

Su voz se volvió un susurro lleno de anticipación. "Y después… . Soltó una leve risa, que pronto creció hasta convertirse en una carcajada oscura y llena de emoción. "La verdadera diversión comenzará".


Gran Canal - 17:30 pm. (Barco Dragón)

Dentro del majestuoso "Barco Dragón", el ambiente era vibrante. La enorme embarcación navegaba con elegancia por el Gran Canal, su estructura de madera refinada crujiendo suavemente con cada ola. En su interior, un lujoso camarote principal albergaba un gran bufet, donde los pasajeros charlaban y reían mientras disfrutaban de los exquisitos manjares dispuestos en largas mesas de roble pulido. El aire estaba impregnado del aroma a carnes asadas, especias exóticas y pan recién horneado.

Entre los comensales, un joven de cabello castaño y mirada serena se encontraba degustando un plato de carne con ensalada, acompañado por un vaso de jugo de frutas. Tatsumi nunca había sido un fanático del alcohol, así que prefería mantenerse al margen de las bebidas más fuertes que circulaban entre algunos de los pasajeros. Tomó un trozo de carne con su tenedor, lo llevó a la boca y masticó lentamente. El sabor era bueno, aunque para él, no había nada que superara la comida casera de su aldea natal.

"Sabe muy bien". Murmuró con una leve sonrisa.

Desde lo profundo de su mente, una voz familiar resonó con calma.

"Se ve que es delicioso, Portador". Comentó Onyx, el Teigu que habitaba en su espada.

Tatsumi rodó los ojos con una sonrisa traviesa. "Dices eso, pero ni siquiera lo has probado".

"Portador, ya se lo he dicho antes. Soy una Teigu. No necesito, ni puedo comer". Replicó Onyx con un tono de paciencia.

El joven dio un sorbo a su jugo antes de responder con picardía. "Aunque digas eso, no creo que sea del todo cierto, amigo".

Onyx sonó intrigado. "¿A qué se refiere, Portador?".

Tatsumi dejó su plato sobre la mesa, aunque aún sostenía su vaso. "Verás, siempre dices que eres una Teigu, y eso está claro. Pero... no eres una Teigu normal, amigo".

"Aún no entiendo, Portador". Dijo Onyx aún sin entender.

El castaño dejó su vaso y tomó una manzana de una de las bandejas y la giró entre sus dedos. "Mirá, hasta donde sé y pude conocer, la mayoría de las Teigus son armas sin conciencia propia, aunque ahí algunas que si las tienen, no son tantas. Pero la mayoría son herramientas de combate, y lucha. Pero tú...". Hizo una pausa, eligiendo sus palabras con cuidado. "Tú hablas, piensas, sientes. Puedes expresarte. Puedes transformarte. Incluso, puedes dormir... Y si puedes hacer todo eso, entonces... ¿Qué te impide intentar probar la comida?".

Onyx se quedó en silencio.

Durante un instante, dentro de la gema incrustada en la espada, una duda resonó en su conciencia. Durante su tiempo en este mundo actual, había aceptado su existencia como un arma viviente, una herramienta creada con un solo propósito. Proteger a su portador y proteger al imperio. Había ignorado cualquier impulso que lo alejara de ese cometido. Pero ahora, tras tanto tiempo con Tatsumi, tras haber encontrado un nuevo sentido a su existencia, esa curiosidad enterrada comenzaba a resurgir. Cada vez, más grande y fuerte.

Sin embargo, también había algo más. Algo, dentro de él, que le advertía que esto era un error.

"Las Teigus son armas para servir y proteger. Nada más".

Esas palabras, aquellas palabras, grabadas en lo más profundo de su ser, intentaban detenerlo. Pero... ¿Por qué?. ¿Por qué seguir aferrándose a un pasado que ya no definía su existencia?. ¿Porque debería hacerle caso?. ¿Que lo obligaba hacerlo de todos modos?.

"Onyx, ¿Sigues ahí?". Preguntó Tatsumi, sacándolo de su ensimismamiento.

El Teigu suspiró. "Lo siento, Portador. Estaba pensando... ¿Aún quiere que lo intente?".

Tatsumi sonrió con entusiasmo. "Claro, pero solo si tú quieres".

Onyx observó el gran bufet a través de la visión compartida con Tatsumi. Pese a los incontables platillos disponibles, su atención se centró en la manzana roja que el joven sujetaba. Aunque era simple, era un alimento perfecto para empezar.

"Esta bien, Lo haré. Probaré la manzana que tiene usted en la mano".

Tatsumi arqueó una ceja, sorprendido por su elección, pero asintió con respeto. "Bien, entonces pruébala".

"Lo haré, pero antes. Podría estirar la manzana un poco hacia el frente". Indicó Onyx, con un leve matiz de incertidumbre en su voz.

Tatsumi obedeció, extendiendo su mano con la fruta hacia adelante.

Onyx se preparo para hacerlo. La verdad era la primera vez que iba hacer ésto. Y no sabría, si iba a funcionar. Desde su escondite bajo la ropa de su portador, la espada comenzó a emitir un suave brillo. Un tentáculo de energía clara emergió de la gema incrustada en la empuñadura y salió serpenteó lentamente por la manga de Tatsumi. El joven observó el movimiento con fascinación, sin poder evitar sorprenderse a pesar de haber visto antes esta capacidad.

Y por suerte para ambos, nadie estaba prestando atención a lo que estaba ocurriendo en este momento.

El tentáculo tocó la manzana con la punta y, en cuanto la fruta hizo contacto con la energía, comenzó a ser absorbida. La piel roja de la manzana se disolvía en pequeñas partículas de luz, fusionándose con la esencia de Onyx.

El Teigu sintió algo inesperado.

Un destello de sabor recorrió su conciencia. Un dulzor fresco, una leve acidez... algo que nunca antes había experimentado. Era,... increíble.

Tatsumi observó expectante. "¿Y bien? ¿Cómo sabe?".

Onyx tardó en responder. Y cuando lo hizo, su voz sonó diferente. Era más... humana. "Es... ¿Así se siente probar algo?". Preguntó, más hacía si mismo, que a su usuario.

Tatsumi sonrió de lado. "¡Exacto!. ¿Te gustó?".

El Teigu guardó silencio por un momento. Luego, respondió con algo que Tatsumi nunca había escuchado de él.

"Sí... creo que me gustó. ¡Me gustó, y... mucho!". Respondió como si fuera un niño probando su primer dulce en su vida.

Por primera vez en su existencia, Onyx había hecho algo que no estaba ligado a su propósito como arma.

Había probado algo nuevo. Había experimentado un fragmento de humanidad. Y en lo más profundo de su ser, supo que quería descubrir más. Quería, experimentar más sobre ésto. Y otras cosas.

Mientras la conversación entre Tatsumi y Onyx continuaba, un sonido inesperado comenzó a manifestarse en el aire. Una melodía envolvente, interpretada por lo que parecía ser una flauta, el sonido se esparció suavemente por todo el barco. Su tono era relajante, casi hipnótico, como si su propósito fuera calmar a cualquiera que la escuchara.

Tatsumi dejó de comer y frunció el ceño, extrañado por la música que, hasta ese momento, no lo había notado. "¿Música?. No recuerdo haber oído sobre algún espectáculo musical en el barco". Comentó, con un dejo de sospecha en su voz.

Onyx, en cambio, pareció encantado por la melodía. "Es hermosa... Este tipo de música tiene un toque de elegancia. Me agrada mucho".

El castaño esbozó una leve sonrisa ante la reacción de su compañero. "Sí, recuerdo que cuando llegamos al Imperio por primera vez, escuchamos a una banda callejera tocar, pero dijiste que preferías escuchó, algo más... 'refinado'". Hizo un gesto con los dedos al decir la palabra 'refinado', imitando la manera en que Onyx solía enfatizar ciertas palabras.

"Exactamente. Y esta melodía en particular...". La voz del Teigu se tornó pensativa, como si algo dentro de él se removiera. "Me resulta extrañamente familiar...".

"Bueno, entonces disfrútala, amigo". Tatsumi tomó un racimo de uvas de una bandeja y comenzó a comerlas con tranquilidad. "Yo estaré bien mientras vigilo al funciona...". El castaño se detuvo abruptamente, sus palabras quedaron en el aire. Sus ojos se abrieron de par en par ante la escena que se desplegaba frente a él.

El funcionario al que debía proteger yacía en el suelo. Pero no solo él. Todos los guardias, los sirvientes, los invitados... todos estaban tirados, inmóviles.

"¿Pero qué demonios...?". Exclamó, su corazón acelerándose de inmediato. Soltó las uvas y corrió hacia el funcionario, agachándose rápidamente para revisarlo. Con manos temblorosas, buscó heridas o cualquier signo de violencia, pero para su alivio, no encontró nada. "No tiene heridas... Está respirando...". Habló, sintiendo un leve alivio. Pero la preocupación no desapareció. "Entonces, ¿Qué pasó aquí?".

La voz de Onyx resonó en su mente, con una seriedad que no dejaba lugar a dudas. "Portador, si todos están inconscientes, pero no hay signos de lucha. Entonces puedo decir que algo está pasando. Lo puedo sentirlo... Esto no fue coincidencia. La música... fue la causante de ésto".

Tatsumi apretó los dientes, el rompecabezas encajando en su mente con aterradora claridad. "La música... Las personas desmayadas... Onyx, esto solo puede significar una cosa". Dijo el castaño seriamente. "Si la música hizo ésto, eso significa que es...".

"Un Teigu". Onyx terminó la frase de su usuario, con una voz llena de gravedad.

Los ojos de Tatsumi se afilaron, su cuerpo tensándose con instinto de combate. Si un Teigu estaba involucrado en ésto, eso solo significaba una cosa. "¡Los impostores estaban aquí desde el principio!".

Sin perder más tiempo, Tatsumi se puso de pie y alzó la mirada con furia y determinación. Sus músculos se prepararon para el inminente enfrentamiento. Si los enemigos creían que lo atraparían con la guardia baja, estaban muy equivocados.

El combate estaba por comenzar. Y él, iba pelear.


Gran Canal - 17:45 pm. (Camarotes de los invitados del Barco Dragón)

En una habitación iluminada por la luz tenue del atardecer, dos figuras se encontraban sentadas cómodamente junto a una ventana con vista al interminable espejo de agua. La mansión flotante avanzaba con calma por el canal, dejando atrás las imponentes murallas de la Capital, ahora apenas visibles en el horizonte.

Uno de los hombres, de cabello blanco y bigote bien cuidado, observaba con serenidad el exterior mientras tamborileaba con los dedos sobre la mesa de caoba. Frente a él, un joven de aspecto felino sostenía entre sus manos una flauta ornamentada con detalles dorados. Sus dedos se movían con precisión, guiando el flujo hipnótico de la música que impregnaba el ambiente con una calma casi irreal.

"Tu tono sigue siendo tan suave y tranquilizador como siempre". Comentó Liver, con una leve sonrisa de aprobación. "Realmente le sienta bien a este largo viaje".

Nyau dejó de tocar por un instante y abrió los ojos con una sonrisa infantil, aunque su mirada escondía un tinte perverso. "Bueno, me enorgullece que lo aprecies, Liver". Dijo con una voz melodiosa y traviesa. "Pero no es solo para relajarnos... ya debería haber hecho efecto en todos los invitados".

Liver entrecerró los ojos y se inclinó ligeramente hacia la ventana. Las luces de la ciudad habían desaparecido por completo, y ahora el barco estaba en mar abierto, lejos de cualquier posible interferencia. "Hmmm... parece que tu tiempo fue calculado a la perfección". Reconoció con un tono satisfecho.

Nyau sonrió con una fingida modestia y dejó la flauta sobre la mesa. "He tocado mi Teigu durante bastante tiempo. A estas alturas, todos en el barco deberían estar profundamente inconscientes". Afirmó con confianza, recostándose en el asiento con un aire triunfal.

Liver, sin embargo, no compartió del todo su entusiasmo. Cruzó los brazos y cerró los ojos con seriedad. "No bajes la guardia tan rápido". Advirtió. "Aún existe la posibilidad de que alguien haya resistido la melodía. No todos los invitados pudieron haber escuchado tu 'hermosa sinfonía' ".

Nyau soltó una risita mientras jugaba con un mechón de su cabello. "Oh, vamos, no seas tan paranoico, Liver. Todo está bajo control". Aseguró con confianza. "De hecho... solo para estar completamente seguros, creo que debería tocar otra vez".

Sus dedos volvieron a posar sobre la flauta, y con una inhalación profunda, reanudó su interpretación. Pero esta vez, la melodía era distinta. Más profunda. Más pesada.

Era como un eco lejano que se filtraba por cada rincón del barco, arrastrando consigo una sensación densa, opresiva, como si la misma realidad se volviera más lenta. No era solo un sonido, era una fuerza invisible que se filtraba en la piel, envolvía los sentidos y se deslizaba como veneno en la mente de cualquiera que la escuchara.

Liver observó en silencio, sintiendo el leve cosquilleo de la melancólica melodía en su propia consciencia. "Interesante...". Murmuró para sí mismo. "Esta vez se siente... aún más potente".

Nyau sonrió con malicia, manteniendo su atención en la flauta. "Así nos aseguramos de que nadie quede en pie". Dijo con una dulzura casi inquietante. "Incluso si hay alguien con resistencia, esta versión debería ser suficiente para arrastrarlos también al sueño".

La melodía continuó, extendiéndose como una brisa fantasmal por los pasillos y camarotes del Barco Dragón. Y mientras lo hacía, el destino de aquellos que aún permanecían conscientes, comenzaba a sellarse.


Gran Canal - 17:45 pm (Cubierta del Barco Dragón)

Tatsumi caminaba con paso firme por la cubierta del enorme barco, sus ojos esmeralda escaneaban el entorno con una mezcla de seriedad y enojo. Su postura reflejaba tensión y determinación, listo para cualquier peligro que pudiera acechar en las sombras. Había dejado atrás la sala del buffet, donde todas las personas, incluidos los guardias y el funcionario al que debía proteger, yacían inconscientes. Pero antes de salir, se aseguró de ocultarlos en un lugar seguro y prácticamente imposible de encontrar. Al menos, si algo le sucedía, todos los demás estarían a salvo.

Pero a pesar de su preparación, una incógnita lo atormentaba.

"¿Dónde pueden estar...?". Murmuró, su mirada escudriñando la cubierta. "Onyx, ¿Puedes detectar algo?".

Su Teigu, Onyx, respondió en su mente con un tono de frustración. "Me temo que no, Portador. La música que sigue resonando es tan fuerte y profunda que se ha esparcido por todo el barco. No solo afectó a los pasajeros, sino que también me afecta a mí. Interfiere con mi capacidad de detección".

Tatsumi apretó los dientes, molesto no con Onyx, sino con el incesante sonido de la flauta que aún podía escucharse, incluso en la cubierta al aire libre.

"Debe ser un Teigu increíblemente poderoso para que su efecto se mantenga incluso aquí afuera...". Murmuró, tapándose los oídos en un intento desesperado por mitigar la melodía.

De repente, la música se detuvo. Un escalofrío recorrió la espalda de Tatsumi cuando una voz resonó tras él.

"Vaya, parece que alguien ha logrado resistirse a la música".

El castaño giró en un instante, adoptando una postura defensiva. Ante él, se erguía un hombre alto y corpulento de cabello rubio alborotado y barba desaliñada. Sus ojos eran completamente blancos, sin pupilas, y en su cabeza llevaba un tocado que asemejaba cuernos, dándole una apariencia bestial. Vestía un uniforme negro y blanco: camisa blanca, chaqueta negra con una cadena decorativa en el hombro, pantalones oscuros y pesadas botas de combate. Pero lo que más llamó la atención de Tatsumi fue la enorme hacha que descansaba en su espalda y la distintiva cruz negra en su cuello y uniforme.

El joven castaño entrecerró los ojos, su mente atando cabos al instante. "Tu debes ser uno de los impostores que usa nuestro nombre para cometer asesinatos despreciables".

El hombre sonrió, divertido por la acusación. "Oh, así que ¿Tú eres uno de esos, "héroes", de Night Raid?. Mucho gusto. Me llamo Daidara".

Con una mueca burlona, sacó de su abrigo una espada envainada y la arrojó hacia Tatsumi. "Toma".

El castaño atrapó el arma con una mezcla de confusión y desconfianza. El la estuvo observándola con seriedad. "¿Qué es esto?".

"Un arma, obviamente." Daidara respondió con un tono despreocupado. Luego, con un movimiento fluido, desenvainó su colosal hacha y la sostuvo con ambas manos. "Quiero pelear contigo antes de matarte. Será un buen entrenamiento para hacerme más fuerte y ganar más experiencia. ¿Listo?".

Tatsumi lo observó por un instante antes de negar con la cabeza. Sin vacilar, dejó caer la espada al suelo y alzó la vista con determinación. "No tengo intenciones de pelear contigo".

Daidara parpadeó sorprendido, luego su expresión se torció en una mezcla de decepción y fastidio. "Oh, vamos, no seas así." Se cruzó de brazos, resoplando. "Encima me tomé la molestia de quitarle esa espada a uno de los guardias desmayados." Lo miró fijamente, como si tratara de leerlo. "No me digas que no sientes ni un poco de emoción al pensar en pelear".

"Para nada." Tatsumi respondió con frialdad. "¿Qué le pasa a este tipo?". Pensó.

Onyx intervino en su mente. "No lo sé, Portador, pero percibo en este hombre… una necesidad enfermiza de pelear contra alguien fuerte. Es como si este hombre tuviera una compulsión insaciable por el combate. No solo un simple deseo, sino más bien, sería casi una obsesión". Dijo Onyx, su voz incómoda.

Tatsumi frunció el ceño. "Este tipo me da mala espina." Pensó, retrocediendo con cautela.

"A mí también". Coincidió Onyx. "No confíes en él, Portador. Parece muy, peligroso".

"Lo tendré en cuenta". Respondió Tatsumi mentalmente, alejándose del rubio.

Daidara notó su movimiento y golpeó la madera del barco con su hacha, clavándola en la cubierta. "¿De verdad vas a huir en lugar de pelear?". Su tono era ahora una mezcla de burla e irritación. "¡Vamos, pelea conmigo!".

Pero Tatsumi no mordió el anzuelo. Seguía alejándose, con la intención de evitar un enfrentamiento innecesario.

Daidara chasqueó la lengua. "Tsk... Qué fastidio." Su expresión cambió de repente. Una idea le llegó a su mente. Una idea tan, macabra y oscura, que sus ojos, antes llenos de diversión, adquirieron una frialdad aterradora. Su tono se volvió oscuro y cruel.

"Escucha, chico...". Dijo con una calma escalofriante. "Si no peleas conmigo... mataré a cada persona en este barco."

Tatsumi se detuvo en seco. Su corazón latió con fuerza. Lentamente, alzó la cabeza, su mirada ahora oculta bajo su flequillo. "¿Qué dijiste...?".

Daidara sonrió, satisfecho con la reacción. "Lo escuchaste bien. Si no peleas, masacraré a todos. Y créeme, lo haré sin pensarlo dos veces."

Tatsumi cerró los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. "Onyx... ¿Está diciendo la verdad?".

Onyx tardó unos segundos antes de responder, su tono cargado de furia contenida. "No está mintiendo, Portador. He leído su mente. Este hombre es una bestia sin alma. He visto como ha asesinado a innumerables inocente antes. Y creó, que no dudaría en hacer otra vez y aquí".

Tatsumi bajó la cabeza. Su cabello cubrió sus ojos mientras su mente procesaba lo que acababa de escuchar. No podía comprender cómo alguien podía ser tan vil. No, no era humano. Solo una criatura desprovista de corazón o humanidad podría actuar con tal crueldad.

Y eso... lo enfurecía. Y mucho.

Un ardor creció en su pecho, una ira contenida que pocas veces dejaba salir. Pero esta vez, no la reprimiría.

Daidara sonrió al ver su silencio. "¿Entonces, qué dices?". Levantó su hacha con ambas manos, preparándose para atacar. "¿Pelearas o no?".

El sonido de las olas golpeando el casco del barco llenó el silencio. Luego, una voz firme rompió el momento.

"¿Qué si peleo...?". Tatsumi murmuró, alzando la mirada. Sus ojos esmeralda brillaban con una determinación feroz.

Levantó un dedo y apuntó directamente a Daidara. "Voy a pelear. Y cuando termine contigo... ¡Me aseguraré de que nunca más lastimes a otra persona inocente en esta tierra!". Gritó su voz llena de enojó e ira incontrolable.

Daidara se quedó momentáneamente en silencio, sorprendido por la intensidad en la voz del joven. Luego, una amplia y salvaje sonrisa se dibujó en su rostro.

"¡Eso es!". Rugió, alzando su hacha con emoción. "¡Vamos, toma la espada y dame una pelea digna!".

Tatsumi dió una suspiró, giró sus hombros suavemente, haciendo crujir sus articulaciones, antes de inclinar la cabeza de un lado a otro para destensar su cuello. Nunca había sido de los que calentaban antes de una pelea, pero esta vez, algo en su interior le decía que debía hacerlo. Una sensación instintiva le advertía que este combate no sería como los anteriores.

Daidara, impaciente, observó sus movimientos y frunció el ceño con fastidio. "Oye, ¿Qué demonios haces?". Gruñó con impaciencia. "¡Toma la espada y pelea de una vez!".

Tatsumi detuvo sus movimientos y bajó la mirada por un instante antes de alzarla con determinación. Su expresión era firme, inquebrantable. Luego, extendió su brazo derecho y relajó la muñeca con un leve giro. "No hace falta". Respondió con calma y seguridad. "Ya tengo un arma".

Daidara parpadeó confundido por un momento, pero su desconcierto no duró mucho. Apenas el castaño terminó de hablar, de la manga de su ropa emergió una hoja plateada con un mango marrón adornado por una gema blanca. La espada reflejaba la luz tenue del atardecer, emitiendo un destello frío y sereno.

"Onyx". Pensó Tatsumi con fuerza mientras levantaba su arma y la apuntaba directamente hacia Daidara. Sus ojos verdes centelleaban con un fuego contenido. "¿Estás listo?". Su voz era un desafío, pero también una advertencia.

Por un breve instante, Daidara lo observó con una expresión de sorpresa. No esperaba que el joven tuviera un arma oculta, pero en cuanto procesó la situación, su semblante cambió a pura euforia. Su mueca se transformó en una sonrisa amplia y desagradable, su cuerpo vibraba de anticipación. "¡Eso es!". Exclamó emocionado, elevando su enorme hacha con ambas manos. "¡Vamos, muchacho!. ¡Dame una buena pelea!".

Tatsumi inhaló profundamente y ajustó su postura. Giró su muñeca, colocando la espada en posición de ataque, y flexionó las rodillas, listo para lanzarse al combate. Su mirada se clavó en Daidara como la de un depredador evaluando a su presa. Por un instante, todo quedó en silencio...

Y entonces, se impulsó con fuerza, corriendo a toda velocidad hacia su enemigo, con Onyx brillando en su mano como una extensión de su propia voluntad.

Tatsumi corrió con determinación hacia Daidara, dejando escapar un grito de guerra mientras alzaba su espada, Onyx, con firmeza. Cada paso hacía crujir la madera de la cubierta del barco, reflejando la tensión creciente en el ambiente.

Daidara, lejos de sentirse intimidado, sonrió con entusiasmo al ver la valentía del joven. Sus ojos brillaban con emoción mientras apretaba el mango de su gigantesca hacha. "Eso es, ven a mí, chico. Si lograste resistir la música del Teigu de Nyau, entonces demuestra que eres fuerte. Y será un placer destrozarte con mis propias manos".

Con una carcajada atronadora, Daidara movió su hacha con ambas manos, dirigiéndola con fuerza hacia el castaño.

El impacto fue brutal. La espada de Tatsumi, Onyx, se encontró con la imponente hacha de doble filo, Belvaac, en un choque que hizo retumbar la cubierta. Las chispas volaron mientras ambas armas luchaban por imponerse, y el sonido del metal resonó por todo el barco. Ambos combatientes ejercían una presión descomunal sobre sus armas, al punto que la madera bajo sus pies crujía y amenazaba con quebrarse.

Durante unos instantes, los dos quedaron trabados en un forcejeo silencioso, sus miradas chocando con la misma intensidad que sus armas. Tatsumi mantenía una expresión de seriedad y furia, sus ojos llenos de determinación. En cambio, Daidara mostraba una amplia sonrisa de satisfacción, disfrutando cada segundo del enfrentamiento.

"¡Vamos, chico, muestra más fuerza!". Rugió Daidara, aumentando la presión sobre su hacha.

Tatsumi apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sintió cómo la fuerza del rubio se intensificaba y, en el último segundo, dio un poderoso salto hacia atrás. Justo en ese instante, el suelo donde había estado parado fue destrozado por el feroz golpe de la hacha de Daidara, dejando un enorme agujero en la madera.

Al aterrizar unos metros más atrás, Tatsumi miró con asombro la destrucción que había causado un solo ataque de su enemigo. Si no hubiera esquivado a tiempo, ese golpe podría haberlo partido en dos.

"Eso estuvo demasiado cerca...". Pensó, tragando saliva.

"Tenga cuidado, Portador. El arma de ese hombre es el Teigu, Hacha de Doble Filo: Belvaac. Su capacidad ofensiva es monstruosa. Puede realizar ataques devastadores con una fuerza descomunal". Advirtió Onyx con tono serio.

"Genial…". Murmuró Tatsumi con una sonrisa tensa. Sus ojos se dirigieron hacia el hacha de Daidara, analizándola con detenimiento.

La gigantesca arma tenía dos hojas curvas de un color gris metálico imponente, unidas por un mango dorado con detalles beige en forma de cuerda entrelazada. La estructura del mango daba la sensación de un agarre robusto y seguro, mientras que las hojas alargadas y afiladas dejaban claro que era un arma diseñada para la destrucción.

"Oye Onyx, ¿Hay algo más que esa hacha pueda hacer?". Preguntó Tatsumi en su mente, sin apartar la vista de su oponente.

"En efecto, Portador. Además de su fuerza bruta, Belvaac también puede...". Onyx estaba a punto de explicar cuando la voz de Daidara interrumpió bruscamente.

"¡Ahora es mi turno, chico!". Rugió el rubio, agarrando su hacha con ambas manos. De pronto, un brillo azulado recorrió la estructura del arma, y en un instante, la gigantesca hacha se dividió en dos hachas más pequeñas, una en cada mano.

Tatsumi entrecerró los ojos, sintiendo que algo no iba bien.

"¡PRUEBA ESTO!". Gritó Daidara con una sonrisa feroz, lanzando una de sus hachas con increíble velocidad.

Tatsumi apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sus reflejos lo llevaron a moverse a un lado, esquivando el proyectil en el último segundo. La hacha pasó rozándolo, cortando ligeramente su capa mientras seguía girando con fuerza.

"¡Uf, eso estuvo cerca!". Pensó Tatsumi, tratando de recuperar el equilibrio. Sin embargo, mientras observaba a Daidara con seriedad, sintió un escalofrío recorrer su espalda.

"¡Portador, cuidado!. ¡Viene de regreso!". Alertó Onyx con urgencia.

"¡¿Qué?!". Exclamó Tatsumi en su mente mientras giraba la cabeza rápidamente.

El hacha, que había pasado de largo, ahora volvía hacia él con mayor velocidad y potencia. Apenas pudo moverse a tiempo, pero no lo suficiente para evitarlo completamente. La hoja cortó su costado, desgarrando tanto su ropa como un poco de su piel. Un hilo de sangre brotó de la herida mientras el arma seguía su curso, hasta regresar a la mano de Daidara como si tuviera vida propia.

Tatsumi dejó escapar un pequeño jadeo de dolor, su otra mano instintivamente presionando la herida en su cintura. Sus dedos se mancharon con su propia sangre mientras alzaba la vista hacia su enemigo, una mezcla de sorpresa y seriedad reflejada en sus ojos.

Daidara lo miró con diversión, sosteniendo sus dos hachas con orgullo. "Nada mal, chico. Eres rápido. Pocos pueden esquivar a Belvaac dos veces seguidas".

Tatsumi respiró hondo, obligándose a ignorar el dolor. "Esa Teigu… es impresionante". Admitió en voz baja. Sin embargo, lejos de sentirse intimidado, su mirada se volvió aún más firme. "Pero no creas que eso será suficiente para derrotarme".

Daidara sonrió aún más, con una expresión de pura euforia grabada en su rostro. "¡Eso espero, chico!. ¡Porque apenas estamos calentando!".

Con un movimiento rápido y preciso, lanzó una de sus hachas nuevamente hacia Tatsumi. El joven espadachín, esta vez más preparado, logró reaccionar a tiempo y esquivar el proyectil mortal. La hoja afilada pasó a solo unos centímetros de su rostro, cortando una leve brisa en su mejilla. Tatsumi giró la cabeza brevemente, observando cómo el hacha volaba a la distancia... solo para ver que comenzaba a regresar con una velocidad y fuerza aún mayores.

"Va a volver, tengo que moverme ahora". Pensó mientras sus ojos se enfocaban nuevamente en Daidara, quien lo miraba con una sonrisa de pura satisfacción.

"Onyx, ¿Estás listo para actuar?". Preguntó Tatsumi en su mente mientras sus pies se afirmaban sobre la cubierta del barco.

"Sí, Portador. Ya sé lo que va a hacer y estoy preparado". Respondió Onyx con confianza, su energía vibrando en la mano del joven guerrero.

"Perfecto".

Tatsumi afianzó su agarre en la empuñadura de su espada, dejando de lado el dolor en su cintura. Sosteniendo su arma con ambas manos, se lanzó en una carrera directa hacia Daidara. Su mirada era férrea, su determinación absoluta. "¡Voy a acabar con esto ahora!". Gritó con una intensidad que resonó en la cubierta del barco.

Daidara lo vio venir y, lejos de mostrar temor, su expresión se torció en una mueca de puro gozo. "¡Eso es, chico!. ¡Dame un buen espectáculo!".

Tatsumi siguió avanzando, con el hacha regresando rápidamente por su espalda. Su plan era arriesgado, pero estaba seguro de que funcionaría. Confiaba en Onyx, en su vínculo, en su habilidad para ejecutar este movimiento a la perfección.

"Ahora, Onyx...". Pensó con determinación.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de ejecutar su estrategia, algo inesperado ocurrió. Una sombra borrosa irrumpió en su campo de visión y, antes de que pudiera reaccionar, un poderoso golpe lo impactó de lleno, lanzándolo por los aires. Fue tan rápido que ni él, ni Onyx pudieron anticiparlo. El castaño chocó contra la cubierta del barco, rodando unos metros antes de detenerse con un gruñido de dolor.

Aún aturdido, trató de incorporarse rápidamente, con la respiración agitada y la mente llena de preguntas. ¿Qué demonios había pasado?. Fue entonces cuando escuchó una voz fuerte y firme que le resultó completamente familiar.

"¡¿Eres idiota o qué?!".

Tatsumi parpadeó, alzando la vista, y se encontró con la figura inconfundible de Bulat, quien lo miraba con una expresión de exasperación mezclada con preocupación.

"¿Bulat?". Dijo el castaño aún sin entender.

Daidara frunció el ceño, claramente desconcertado. Con ambas hachas en mano, miró a Bulat con una mezcla de confusión y molestia. "¿Pero quién diablos eres tú?". Preguntó, sin comprender cómo alguien más había logrado resistir la música de Nyau.

Mientras tanto, Bulat, con los brazos cruzados y una expresión severa, se inclinó levemente hacia Tatsumi, quien seguía en el suelo, sobándose la mejilla adolorida. Sin previo aviso, su voz resonó con enojo. "¡No puedo creer que estuvieras a punto de hacer eso!. ¡Tu oponente ya estaba preparado!. Si hubieras seguido con tu ataque, él te habría derrotado sin problema. ¡Piensa antes de actuar, maldita sea!".

Tatsumi parpadeó, todavía sorprendido por la repentina aparición de Bulat. "Bulat, ¿Cuándo llegaste...?". Pensó mientras sentía el escozor en su mejilla.

"No lo sé, Portador". Respondió Onyx con un tono visiblemente molesto. "¡Pero me irrita que haya interrumpido nuestro ataque!. Y me enfurece aún más, que te haya golpeado de esa manera".

Tatsumi suspiró, intentando calmar a su Teigu. "Tranquilo, amigo. Seguramente lo hizo para protegerme".

Pero antes de que pudiera seguir con su pensamiento, la voz grave de Daidara los interrumpió. "Oigan, ustedes". Ambos guerreros voltearon a mirarlo. El hombre de las enormes hachas frunció el ceño, observándolos con curiosidad. "¿Cómo es que siguen tan llenos de energía?. La música de Nyau debería haberlos dejado a todos sin fuerzas".

Bulat soltó una risa y se señaló la pierna vendada con un ademán despreocupado. "Oh, eso. La verdad, no fue gran cosa. Digamos que mi sangre caliente no se deja dominar tan fácilmente. Por cierto, mucho gusto, mi nombre es Bulat, de Night Raid. Pero también puedes llamarme cariño". Dijo Bulat, señalándose a sí mismo.

Daidara afiló la mirada y se percató de la venda manchada de sangre. "Ya veo... ¡Te heriste a propósito para anular el efecto de la música!". Asintiendo con una sonrisa arrogante, se señaló a sí mismo con el pulgar. "Nada mal, pero eso no cambiará nada. Soy Daidara, uno de los guerreros de las Tres Bestias, fieles a la mujer más poderosa del Imperio, Lady Esdeath".

Tatsumi, hasta ahora en silencio, sintió un escalofrío al escuchar aquel nombre. "¿General Esdeath...?. Así que ella es parte del Imperio... Ahora entiendo por qué en Night Raid la consideran un enemigo". Su expresión se tornó pensativa. "Pero... aún no entiendo... ¿Por qué le temen tanto...?".

Mientras su portador cavilaba, Onyx aprovechó el momento de tregua para sanar sus heridas de forma discreta. Poco a poco, los cortes en la cintura y la mejilla de Tatsumi desaparecieron sin dejar rastro. Tatsumi sintió un alivio repentino y susurró mentalmente. "Onyx, ya no siento dolor. ¿Me curaste?".

"Sí, Portador. Intuyo que lo que viene será difícil. Debemos estar al máximo de nuestras fuerzas". Respondió el Teigu con seriedad.

"Gracias". Tatsumi se puso de pie, recuperado y listo para lo que viniera.

En ese instante, Bulat habló sin apartar la vista de Daidara. "Tatsumi". Su tono era firme, casi didáctico. "Presta atención a lo que sucederá a continuación. Aprende bien lo que vas a ver".

Tatsumi asintió sin dudar. "Lo haré".

Bulat sonrió. Luego, flexionó las piernas y posó una mano sobre la cubierta del barco. Tomó una respiración profunda y luego dejó escapar un poderoso grito que resonó en todo el barco.

"¡INCURSIOOOOOOOOO!".

El suelo a su alrededor se iluminó con un círculo rojo. Del símbolo emergió la silueta de una majestuosa armadura blanca, envuelta en una energía imponente. Un rugido ensordecedor se propagó por la cubierta, como si una fiera salvaje despertara de su letargo. La armadura se desvaneció en un destello y, en un parpadeo, Bulat quedó totalmente cubierto por la imponente Incursio, con una enorme lanza en su mano.

Daidara sonrió con entusiasmo al ver la transformación. "¡Perfecto!. Siento que esta pelea será realmente emocionante". Exclamó y sin perder un segundo, corrió hacia Bulat con ambas hachas listas para el combate.

Tatsumi, quien apenas se estaba recuperando de la demostración de poder, sintió un escalofrío repentino.

"Portador". La voz de Onyx irrumpió en su mente, cargada de alerta. "Detecto la presencia de dos enemigos más... Están a punto de aparecer".

"¿Qué?". Tatsumi apenas pudo reaccionar cuando, de repente, dos figuras aparecieron junto a Daidara. Uno de ellos, un joven con rasgos felinos y una cola que se movía con agilidad; el otro, un hombre mayor con una expresión calculadora y mirada afilada.

Tatsumi sintió un nudo en el estómago. "¡Tres contra uno! Bulat no podrá con todos, debo ayudarlo...". Pero antes de que pudiera dar un paso, se quedó atónito al ver a Bulat actuar con una velocidad abrumadora.

El guerrero de Night Raid desapareció en un parpadeo y, antes de que sus oponentes pudieran reaccionar, su puño impactó con brutalidad en el estómago del joven felino, lanzándolo contra unas cajas, rompiéndolas en mil pedazos. Luego, con un giro rápido, golpeó el pecho del hombre mayor, quien apenas logró bloquear el impacto antes de ser lanzado contra una pared. Finalmente, giró su mirada hacia Daidara y, sin dudarlo, alzó su lanza para lanzar un golpe demoledor.

Sin embargo, Daidara reaccionó a tiempo y cruzó sus hachas para bloquear el ataque. Lamentablemente, la fuerza del impacto fue tal que el suelo bajo sus pies se hizo trizas, y el hombre rubio desapareció en el hoyo que él mismo había provocado.

Tatsumi observó todo en silencio, asombrado. "¡Increíble!". Dijo impresionado al ver lo que Bulat había hecho. "¡Bloqueó y contraatacó a los tres en menos de unos segundos!".

"Sí, es impresionante, Portador... pero eso no me hará olvidar el golpe que le dio a usted". Onyx habló con evidente fastidio en su mente.

Tatsumi soltó una risa un tanto incómoda al escuchar la queja de su Teigu. De pronto, la voz de Bulat resonó nuevamente, atrayendo su atención.

"Tatsumi, a esto me refería. Siempre debes estar alerta a tu entorno. Un descuido y podrías haber muerto. ¿Entendido?". Bulat habló con seriedad, su postura firme, como la de un verdadero guerrero experimentado.

El castaño salió de sus pensamientos y respondió con determinación mientras se acercaba a él. "Sí, lo recordaré".

Sus ojos se desviaron hacia los tres enemigos todavía en el suelo, heridos por el ataque de Bulat. "Wow... eres increíble, hermano". Comentó con asombro.

Bulat soltó una risa orgullosa y flexionó los brazos. "Si, por algo, en mi tiempo en el ejército imperial, me llamaban 'Bulat, el Asesino de 100 hombres'".

De pronto, el brillo en los ojos de Tatsumi se apagó de golpe. Sus labios se torcieron en una mueca de incomodidad y disgusto. Era como si el respeto y la admiración que sentía por Bulat se hubieran desvanecido en un instante. "Qué... buen apodo". Dijo con una voz carente de entusiasmo.

Bulat notó de inmediato la expresión de Tatsumi. Frunció el ceño bajo su casco y estaba a punto de preguntarle qué le pasaba, cuando de repente, una voz extraña interrumpió el momento.

"En realidad, joven, fueron 128 hombres asesinados".

Los dos asesinos de Night Raid se giraron de inmediato en dirección a la voz. De entre las sombras de los camarotes, un hombre, uno de los impostores de Night Raid, caminaba hacia ellos con pasos firmes y tranquilos, como si el golpe que recibió antes no le hubiera afectado en absoluto.

"Hiciste un trabajo espléndido enfrentándote a las fuerzas especiales de Lady Esdeath. No cabe duda de que eres tú". Habló con tono sereno y calculador mientras su silueta se hacía más visible. "Esa Teigu, esa fuerza... No me equivoqué. Eres tú, Bulat".

Los ojos de Bulat se abrieron con sorpresa. Al enfocar mejor el rostro del hombre, su expresión se transformó en una mezcla de incredulidad y conmoción.

"No puede ser...". Susurró para sí mismo.

Tatsumi miró la escena con confusión. Algo en la actitud de Bulat le hizo sentir que esta situación era diferente a cualquier otra. "¿Quién eres tú?". Preguntó con desconfianza.

Pero la respuesta no vino del desconocido. Sino fue de Bulat quien habló, su voz cargada de asombro. "Tú eres... el General Liver".

Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus ojos se abrieron de par en par mientras su mente procesaba lo que acababa de escuchar. "¿El es el general de la historia de Bulat?". Pensó con incredulidad.

Un fuerte viento recorrió la cubierta del barco, trayendo consigo un aire helado, como si el ambiente mismo reflejara la tensión del reencuentro. Una sensación ominosa se apoderó del campo de batalla.

Liver esbozó una leve sonrisa mientras cerraba los ojos y llevaba una mano hacia el accesorio con forma de cruz que colgaba de su cuello. Sus dedos acariciaron la oscura joya con una reverencia casi religiosa.

"Así es, Bulat. Soy yo… Pero ya no soy un general". Su voz era calmada, serena, casi nostálgica. Sus ojos se abrieron de golpe, clavando una mirada intensa en su antiguo subordinado. "Cuando Lady Esdeath me rescató, me convertí en su fiel servidor. Y debo admitir…". Una sutil sonrisa se dibujó en su rostro. "No me arrepiento de nada de lo que hecho, desde que me uní a ella".

Tatsumi, todavía asimilando lo que estaba ocurriendo, miró al hombre con incredulidad. Saber que estaba ante el antiguo mentor de Bulat le dejó atónito. Pero al dirigir la mirada a su compañero, notó algo inquietante. Debajo del casco de Incursio, la expresión de Bulat había cambiado. El asombro y la sorpresa se habían desvanecido por completo. En su lugar, había una frialdad absoluta, una mirada vacía, sin rastro de emociones.

Bulat giró su lanza con soltura, haciendo un movimiento casi elegante con una sola mano, antes de apuntarla directamente hacia Liver.

"Si hubiéramos estado en el mismo bando, habría bebido contigo para celebrar este reencuentro". Su tono no tenía ni un dejo de alegría ni de tristeza, solo determinación. "Pero ahora eres mi enemigo. Y como tal, debo matarte".

Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda. Miró a Bulat con sorpresa, esperando haber escuchado mal. Pero no era así. Su postura, su voz, su expresión… Todo indicaba que estaba completamente decidido. Ni una pizca de duda, ni un intento por buscar otra salida. Tatsumi tragó saliva. Nunca había visto esa faceta de Bulat. Y éso lo asustaba, y molestaba,... y mucho.

Liver, en cambio, sonrió con cierta satisfacción. "Eso esperaba escuchar. Yo también tengo una misión que cumplir". Lentamente, comenzó a quitarse uno de sus guantes, revelando un anillo de plata con la forma de una cabeza de dragón. Una piedra azul resplandecía en el centro de la joya, irradiando una energía imponente. "Y para ello, haré uso del poder que me ha otorgado mi señora".

En ese instante, el barco entero comenzó a sacudirse violentamente. Tatsumi casi pierde el equilibrio mientras miraba atónito a su alrededor. De los barriles y tanques de agua que había en la cubierta, el líquido comenzó a salir de manera abrupta, como si estuviera siendo succionado por una fuerza invisible. El agua se elevaba, fluyendo con precisión y reuniéndose alrededor de Liver hasta formar una barrera cristalina y pulsante.

"¡¿Qué está pasando?!". Exclamó Tatsumi, tratando de recuperar el equilibrio mientras la embarcación seguía sacudiéndose.

"Es su Teigu. Black Marine: Posesión del Dragón de Agua". La voz de Onyx resonó en su mente. "Es el causante de este fenómeno".

"¿Q-qué y que hace exactamente?". Preguntó Tatsumi, con la respiración agitada.

Antes de que Onyx pudiera responder, Liver lo hizo en su lugar.

"Black Marine, está hecho del órgano de una bestia peligrosa capaz de controlar el agua y cualquier líquido". Explicó con calma, mientras movía sus manos y el agua a su alrededor giraba en respuesta. "Y como su portador, también poseo esa habilidad". Una sonrisa confiada surcó su rostro. "La diferencia es que yo tengo la ventaja aquí. ¡Estamos en medio del océano!".

Tatsumi sintió que un nudo se formaba en su estómago. Estaban en una terrible desventaja. El enemigo controlaba el elemento que los rodeaba. Escapar no era una opción, y combatirlo en su propio terreno era suicida.

Pero Bulat no mostraba ni una pizca de preocupación. En cambio, soltó una leve carcajada.

"Así que controlas el agua". Dijo con un tono divertido. "Eso es bastante apropiado para un siervo de la ama del hielo". Habló con sarcasmo.

El rostro de Liver se torció con indignación. "¡La maestra Esdeath es mucho más que eso!. ¡Ella crea hielo de la nada!. ¡Es una diosa!. ¡Inigualable!. ¡Poderosa!. ¡Asombrosa!".

Con furia, lanzó una serie de ataques de agua a toda velocidad. "¡Barrage de agua!".

Bulat no se movió ni un centímetro. Estaba listo para contraatacar, pero el castaño no. "¡Tatsumi, muévete!". Gritó en el último segundo.

Tatsumi reaccionó rápido y saltó hacia un lado. "¡No puede ser!". Dijo al ver la velocidad de los proyectiles líquidos.

Bulat giró su lanza con precisión, bloqueando cada impacto sin problemas. Pero uno de los ataques cambió de dirección de último momento y se dirigió directo a Tatsumi, quien estaba en el aire, vulnerable.

Los ojos de Liver brillaron con frialdad. "Esto acaba aquí". Dijo con seguridad. Ya que el ataque, tenía tanta fuerza que atravesaría el pecho de Tatsumi sin problemas.

Pero cuando el proyectil estuvo a punto de perforar el pecho de Tatsumi, algo extraño ocurrió. De pronto, el agua comenzó a temblar y perder fuerza. Su velocidad se redujo drásticamente hasta que, al impactar contra el chico, no fue más que un chorro de agua común.

Liver frunció el ceño con sorpresa. "¿Qué demonios...?".

Tatsumi aterrizó y, al sentir la humedad en su espalda, se tocó la zona afectada. "¿Agua?". Murmuró extrañado. Luego soltó un suspiro de alivio. "Bueno, al menos no estoy herido".

Liver lo miró con incredulidad, pero rápidamente sacudió su cabeza. Se enfocó de nuevo en su verdadero objetivo. "Me encargaré de él después... Primero, debo matar a Bulat".

El agua que lo rodeaba comenzó a moverse de nuevo, esta vez tomando una forma más definida, mucho más letal.

Y mientras éstos peleaban, Nyua comenzó a levantarse de las cajas rotas donde había caído y destruído.

Nyau gimió adolorido mientras se incorporaba lentamente de entre los restos de las cajas rotas donde había aterrizado. Se llevó una mano a la cabeza, sintiendo el dolor punzante provocado por el golpe que Bulat le había dado momentos atrás.

"Maldición... ese tipo tiene una fuerza descomunal. Creo que podría estar al nivel de Lady Esdeath". Murmuró con un tono de molestia, mientras escupía al suelo.

Cuando finalmente logró ponerse en pie, alzó la vista hacia la cubierta del barco y observó la batalla que se desarrollaba. Una sonrisa oscura y ladina apareció en su rostro al ver a Liver desatar el poder de su Teigu.

"Oh, sí... esto es perfecto". Dijo, relamiéndose los labios. "Liver finalmente ha utilizado su Teigu, y estando en medio del océano, estos idiotas no tienen escapatoria. Van a morir aquí".

Tomando su flauta entre sus manos, se preparó para soplarla y desatar su habilidad. "Pero para estar seguros, mejor le daré una pequeña ayuda".

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de tocar su Teigu, una voz resonó detrás de él.

"¡No tan rápido!".

Nyau giró bruscamente, apenas logrando ver una silueta lanzándose sobre él con una espada de aspecto inusual en la mano. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando el filo del arma descendió en su dirección. Instintivamente, levantó su flauta para bloquear el ataque, y el sonido del impacto metálico resonó en el aire.

Tatsumi aterrizó con firmeza frente a su enemigo, empujando con fuerza su espada contra la flauta de Nyau. Aunque el chico felino había logrado defenderse a duras penas, sus brazos temblaban ligeramente por la presión.

"¿Pero qué demonios crees que estás haciendo?". Gruñó Nyau, su expresión tornándose en una mezcla de enojo y confusión.

Tatsumi sonrió con confianza. "No voy a permitir que interfieras en esa pelea. Tu oponente aquí, soy yo".

Los ojos de Nyau brillaron con furia al escuchar eso. "Serás un maldito idiota. ¡Acabas de firmar tu sentencia de muerte!".

Con un grito de rabia, Nyau empujó con fuerza a Tatsumi, obligándolo a retroceder unos metros. Pero el castaño apenas necesitó recuperar el equilibrio antes de adoptar una postura desafiante.

"Ven, gatito, gatito". Provocó Tatsumi con burla.

La burla funcionó mejor de lo que esperaba. Nyau frunció el ceño, con los colmillos expuestos y las pupilas contraídas por la ira. "¡Bien, como quieras morir, te concederé ese deseo!". Sin dudarlo, se lanzó hacia Tatsumi, sosteniendo su flauta como si fuera una daga.

Tatsumi también avanzó. El choque entre ambos fue inmediato y violento. La espada de Tatsumi y la flauta de Nyau se encontraron en un aluvión de golpes rápidos y precisos. Tatsumi atacaba con firmeza y cálculo, mientras que Nyau lo hacía con una agresividad feroz y casi bestial.

El intercambio de golpes se prolongó por varios segundos. Nyau, buscando una apertura, realizó un ágil salto por encima de Tatsumi, girando en el aire para propinarle una patada descendente. Sin embargo, Tatsumi reaccionó a tiempo, girando su cuerpo y colocando la hoja de su espada en la trayectoria del ataque. En lugar de impactarlo, Nyau golpeó con fuerza el metal frío.

"Tch...". Chasqueó la lengua con frustración mientras intentaba atacar con la punta afilada de su flauta. Pero nuevamente, el castaño bloqueó su intento con la espada.

Al aterrizar, Nyau no perdió tiempo y volvió a arremeter. Tatsumi le respondió con igual intensidad. El sonido de sus armas chocando llenó la cubierta del barco, ahora con mayor rapidez y violencia.

Mientras continuaban peleando, ambos intercambiaron miradas y palabras.

"Eres demasiado lento". Comentó Tatsumi con una sonrisa. "Akame es mucho más rápida".

Nyau se enfureció aún más. "¡No me compares con esa asesina de pacotilla!".

Con una explosión de energía, ambos lanzaron ataques simultáneos. La colisión fue tan fuerte que los dos fueron repelidos en direcciones opuestas. Tatsumi realizó una voltereta hacia atrás antes de aterrizar con firmeza. Nyau, por otro lado, clavó sus afiladas uñas en la madera del suelo para detener su deslizamiento, dejando profundas marcas.

Ambos respiraban pesadamente mientras se observaban con intensidad.

"Maldición... si ese maldito no me hubiera golpeado antes, ya habría matado a este idiota". Pensó Nyau, sintiendo cómo el dolor punzante del golpe de Bulat aún afectaba sus movimientos.

Tatsumi, en cambio, se mantenía en calma. "Incluso herido, aún puede moverse de esta forma... este chico no es normal". Reflexionó.

"Estoy de acuerdo, portador". Resonó la voz de Onyx en su mente. "Este chico es un verdadero animal. No solo por su apariencia, sino también por lo que ha hecho".

Tatsumi entrecerró los ojos. "Déjame adivinar... ha cometido asesinatos despiadados como el resto de sus compañeros".

"Sí, pero hay algo peor". Continuó Onyx con un tono de asco y enojo. "Este 'chico', Tiene la costumbre de arrancarle el rostro a sus víctimas. Ya sean que estén muertas o estén agonizando".

Ante ésas palabras, las pupilas de Tatsumi se dilataron. Sintió una oleada de oscuridad envolviendo su mente, un sentimiento de ira pura que nunca antes había experimentado. Su expresión cambió drásticamente, su sonrisa desapareció y su mirada se tornó fría y asesina.

"Son las Tres Bestias, ¿no?". Murmuró, recordando la advertencia de Najenda sobre los impostores. "Si los comparo con Ogro o Zank... estos tipos son incluso peores".

La espada de Tatsumi tembló ligeramente en su mano mientras una ira incontrolable ardía en su interior. Sus labios se separaron y su voz resonó con un odio puro y absoluto.

"Estos tipos...". Susurró con un tono amenazante. "¡Estos tipos merecen ser detenidos, sin mostrarles alguna piedad posible!".

Con un grito de furia, Tatsumi empuñó su espada con firmeza y la dirigió hacia Nyau, quien se quedó congelado por un instante al ver el cambio en su oponente, pero luego volvió a su típica actitud.

Mientras Tatsumi y Nyau se mantenían en un tenso enfrentamiento, ambos respirando con pesadez tras su feroz intercambio de golpes, un fuerte estruendo rompió la tensión del combate. Desde el interior de un enorme agujero en la cubierta, una figura imponente emergió, sacudiéndose los escombros de su cuerpo. Era Daidara, su ropa hecha jirones y con múltiples rasguños en la piel, evidencia del brutal ataque que había recibido momentos antes.

"¡Maldita sea!". Gruñó el guerrero de cabellos rubios mientras se ponía de pie con sus hachas en mano. "¡Ese golpe fue mucho más fuerte de lo que esperaba!".

Alzó la vista, observando la batalla a su alrededor. Su mirada recorrió el campo de pelea hasta detenerse en la impactante escena de Liver montado sobre un dragón formado de agua, combatiendo ferozmente contra un guerrero de armadura blanca y una lanza imponente. Bulat, su oponente, destruía con facilidad las feroces bestias acuáticas que Liver conjuraba, cada impacto resonando con brutal intensidad sobre la cubierta del barco.

Luego, giró su atención hacia el otro lado y vio a Nyau en combate con Tatsumi. El joven castaño sostenía su extraña espada, con una expresión de ira contenida que contrastaba con la burla arrogante en el rostro del chico gato.

Daidara frunció el ceño.

"¡Oigan, no es justo!". Exclamó con indignación. "¡Se supone que yo pelearía con los asesinos de Night Raid!".

Pero su queja quedó completamente ignorada. Ni Liver, ni Nyau, le prestaron atención, ambos estaban demasiados concentrados en sus respectivas peleas.

"¡Oigan, no me ignoren!". Gritó nuevamente, pero el estruendo del combate ahogó su voz.

Irritado, Daidara chasqueó la lengua y desvió su atención en busca de una nueva oportunidad. Sus ojos se clavaron en Bulat, cuyo control en la batalla contra Liver le resultó inquietante. Aunque anhelaba probar su fuerza contra enemigos formidables, una sensación de peligro le recorrió la espalda.

"No, gracias. No quiero morir todavía". Murmuró para sí mismo, recordando el impacto devastador del golpe que había recibido momentos atrás.

Giró la cabeza y vio a Nyau y Tatsumi, quienes parecían intercambiar palabras en lugar de ataques. Una sonrisa perversa se dibujó en su rostro al darse cuenta de que tenía la oportunidad perfecta.

"Bien, si no puedo pelear, al menos puedo matar". Se dijo con un brillo asesino en los ojos.

Sin pensarlo más, alzó una de sus enormes hachas y la lanzó con toda la fuerza de su brazo, apuntando a Tatsumi con una precisión mortal. El arma surcó el aire con una velocidad aterradora, girando sobre sí misma en un letal torbellino de acero.

Nyau, aún con una sonrisa burlona en su rostro, notó el proyectil acercándose a toda velocidad.

"Hehe…". Soltó una risa entre dientes. "Esto es perfecto.

Aprovechando la distracción de Tatsumi, Nyau adoptó una postura confiada, colocando su flauta frente a su enemigo con total seguridad.

"Estás muerto". Susurró con una sonrisa llena de satisfacción.

Tatsumi frunció el ceño, desconcertado por la repentina confianza del chico gato. Algo en su tono le resultó inquietante.

Cuando el hacha estuvo lo suficientemente cerca, Nyau exclamó con un tono de cruel diversión. "¡Muere, escoria de Night Raid!".

El castaño, todavía confundido, sintió cómo algo cortaba el aire a toda velocidad. Bajó la mirada instintivamente, esperando ver una herida en su cuerpo… pero no había nada. Ni un solo rasguño. Incluso su ropa, que momentos antes había sido reparada por Onyx, seguía intacta.

"¿Qué…?". Parpadeó desconcertado. "¿Pero, juré escuchar un corte?". Se preguntó así mismo.

Pero su respuesta llegó en forma de un desgarrador grito de agonía.

"¡AAAAAGH!".

Nyau cayó al suelo, sujetándose desesperadamente la pierna con ambas manos. La sangre brotaba sin control de su rodilla, donde un profundo corte había casi seccionado su extremidad. Sus uñas se clavaron en su propia carne mientras gemidos de puro dolor escapaban de su boca.

Tatsumi observó la escena con incredulidad, su mente tratando de procesar lo ocurrido. Desvió la vista hacia el hacha, que aún giraba en el aire con rastros de sangre en su hoja, antes de volver a la mano de Daidara.

El gigantesco guerrero rubio también estaba atónito. "Espera… ¿Qué?". Dijo confundido por ésto.

Nyau, todavía retorciéndose en el suelo, alzó la mirada con furia hacia su compañero. "¡Daidara, imbécil!". Bramó entre jadeos de dolor. "¡Se suponía que debías matarlo a él, no a mí!".

Daidara parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada despreocupada. "¡JAJAJAJAJA!. ¡Vaya, eso fue inesperado!". Exclamó mientras giraba su hacha entre los dedos. "Pero oye, al menos le di a alguien, ¿No?".

"¡Cierra la maldita boca!". Gruñó Nyau, su expresión desfigurada por el dolor y la rabia.

Tatsumi, aún con la espada en mano, observó la escena en silencio. Su respiración, antes pesada por la furia, se tornó más estable y controlada. Finalmente, comprendía la situación en su totalidad. Daidara había intentado asesinarlo mientras estaba distraído y vulnerable. Y por poco, lo lograban.

"Estuve a punto de morir...". Pensó, aún sorprendido por la cercanía de la muerte.

"Así es, Portador. Pero por suerte, pude evitarlo". Respondió Onyx con firmeza en su mente.

Tatsumi frunció el ceño. "¿A qué te refieres, Onyx?".

"Manipulé la trayectoria y la velocidad del hacha cuando se acercó a nosotros". Explicó la Teigu con naturalidad.

El castaño se quedó atónito. "¿Puedes hacer eso?". Preguntó con incredulidad.

"Sí, Portador. Pero solo cuando el objeto está dentro de mi rango de influencia". Aclaró Onyx.

Tatsumi asintió, ahora comprendiendo mejor el vínculo con su Teigu. "Gracias, amigo. Me salvaste la vida".

"No hay de qué, Portador". Respondió Onyx, devolviendo el gesto de gratitud.

Tatsumi alzó la mirada y evaluó la situación. Nyau yacía en el suelo, gimiendo de dolor, con su pierna casi partida en dos. Daidara, en cambio, parecía furioso y listo para volver a atacar. No podía permitir que la pelea se prolongara más. Sabía que, mientras más durara, más posibilidades tenía de caer en otra trampa. Y aunque Onyx podía ayudarlo, no podía confiar en que su Teigu, lo salvará en cada momento. Eso sería un error fatal. Necesitaba terminar esto... ahora.

Cerró los ojos por un instante y clavó su espada en el suelo, buscando un momento de claridad. Debía tomar una decisión.

Había combatido contra las Tres Bestias, y después de todo lo que había presenciado, entendía que estos hombres eran monstruos disfrazados de soldados. No se trataba solo de vencerlos. Debía asegurarse de que no volvieran a lastimar a nadie más. Y la única manera de lograrlo era... matandolos.

Sintió un peso en su pecho. La idea de acabar con una vida todavía lo atormentaba. Pero su mente le repetía que era la única opción. Había visto de lo que eran capaces. Si los dejaba con vida, seguirían destruyendo inocentes. Y él no podía permitirlo.

Abrió los ojos, con su resolución firme. Su mirada era de puro acero.

"Tres Bestias... han cometido incontables atrocidades y han manchado el nombre de Night Raid con sus crímenes". Declaró con voz fuerte y decidida. "No voy a permitir que sigan adelante. Ahora, esto termina aquí".

Daidara alzó una ceja y luego soltó una carcajada estruendosa. "¡Ja!. ¿Tú nos matarás?". Se burló. " Si no has sido capaz de acabar con ninguno de nosotros hasta ahora. No me hagas reír".

El gigante rubio giró sus hachas en sus manos, afilando su mirada. "Mejor deja de hablar y muere de una vez. Tenemos órdenes de erradicar a los asesinos de Night Raid... y voy a cumplirlas".

Tatsumi no respondió. Simplemente tomó su espada y adoptó su postura de combate. Su plan estaba claro en su mente. Y Onyx, quien podía leer sus pensamientos a través del enlace, estaba completamente de acuerdo. Sería un movimiento arriesgado, pero si funcionaba... acabaría con esta batalla de una vez por todas.

Sin más vacilaciones, Tatsumi se lanzó al ataque.

Daidara mostró una sonrisa feroz. "¡Eso es, ven a mí!". Rugió, lanzando sus hachas con toda la fuerza que tenía.

Las armas volaron a través del aire con una velocidad letal. Giraban como torbellinos de muerte, listas para partir al castaño en dos. Daidara había puesto toda su fuerza en ese lanzamiento. Estaba tan seguro de que Tatsumi no podría esquivarlas.

Desde lo alto, Bulat observaba la pelea mientras combatía contra Liver. La armadura de Incursio estaba dañada; una parte del casco había sido destruida, revelando su rostro herido. A pesar de su cansancio, el asesino de los cien hombres continuaba enfrentando a su ex general con determinación.

Mientras destruía otra criatura de agua con su lanza, desvió la mirada un segundo para ver a Tatsumi. Lo que vio hizo que sus ojos se abrieran de par en par.

Daidara estaba vivo. Y no solo eso, sino que ahora luchaba contra Tatsumi, mientras Nyau yacía en el suelo, gravemente herido. Pero lo que más le alarmó fue el hecho de que Tatsumi estaba corriendo de frente hacia Daidara, de manera expuesta y sin una estrategia aparente. Y peor aún, las hachas estaban ya en pleno vuelo, listas para destrozarlo.

"¿Qué demonios está haciendo?". Se dijo Bulat con frustración. "¡Le dije que nunca ataque así!. ¿Por qué no me escuchó?".

Preocupado por su protegido, intentó moverse para acudir en su ayuda. Pero apenas logró reaccionar cuando una fuerza brutal lo golpeó en el pecho, enviándolo hacia el cielo con un grito de dolor.

Liver había visto su distracción y no perdió la oportunidad de aprovecharla. Con un movimiento de sus manos, conjuró una gigantesca oleada de agua que golpeó a Bulat de lleno, lanzándolo aún más alto. No tenía intención de darle respiro. Esta era la oportunidad perfecta para acabar con él, y no la desaprovecharía.

Mientras tanto, en el suelo, Tatsumi mantuvo la vista en las hachas que se acercaban a él a una velocidad aterradora. Pero no se detuvo. En su mente, la voz de Onyx resonó con confianza.

"Ahora, Portador".

En el último segundo, justo antes de que las hachas lo alcanzaran, Tatsumi movió su espada con una precisión milimétrica y ejecutó su plan.

Con un grito decidido, Tatsumi tomó su espada y la lanzó con todas sus fuerzas hacia un lado del barco. El filo plateado cortó el aire con un silbido agudo antes de desaparecer más allá de la borda, perdiéndose en la inmensidad del océano.

El movimiento fue tan repentino, tan inesperado y aparentemente tan absurdo que, por un instante, reinó el silencio. Luego, una carcajada profunda y burlona rompió la tensión.

"¿¡Qué demonios acabo de ver!?". Daidara estalló en risas, llevándose una mano a la frente, incrédulo. "¿En serio?. ¿Acaso quieres morir más rápido?". Se cruzó de brazos, aún riéndose con sorna.

Nyau, quien aún se retorcía en el suelo, sujetando su pierna herida, también empezó a reír entre jadeos de dolor. "¡Este chico es un idiota!. ¡¿Cómo piensa ganar si se deshace de su propia arma?!. ¡Esto es demasiado bueno!"

Pero entonces, sus risas murieron de golpe.

Los ojos de Nyau se abrieron de par en par cuando vio lo imposible. Las hachas de Daidara, que iban directo a cortar a Tatsumi en pedazos, cambiaron bruscamente de trayectoria. Como si una fuerza invisible las jalara, las armas giraron en el aire y salieron disparadas en la misma dirección en la que Tatsumi había arrojado su espada.

"¿Qué...?". Murmuró Nyau, con la voz temblorosa.

Daidara también quedó boquiabierto, su postura de superioridad desmoronándose al instante. "¡¿Qué demonios fue eso?!". Rugió, sin entender cómo sus hachas lo habían traicionado.

Mientras tanto, una sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro de Tatsumi. Su plan estaba funcionando.

Desde el momento en que Onyx le reveló su habilidad para manipular las hachas, el castaño había ideado un contraataque. Si lograba desarmar a Daidara, tendría una ventaja enorme en combate. Y ahora, gracias a Onyx, las armas del gigante rubio estaban fuera del campo de batalla.

Pero no había tiempo para celebrar. Ahora venía la parte crucial.

Con sus enemigos aún aturdidos por lo sucedido, Tatsumi no perdió el tiempo. Flexionó las piernas y salió disparado hacia Daidara, cubriendo la distancia entre ellos en un parpadeo. Su determinación ardía con más intensidad que nunca.

Daidara apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que un puño le impactara de lleno en la mandíbula. El golpe fue tan fuerte que su cabeza giró bruscamente hacia un lado, escupiendo saliva y un poco de sangre. Pero no fue el único.

Tatsumi no se detuvo. Golpe tras golpe, el castaño descargó su furia en una ráfaga de puñetazos brutales, cada uno con más fuerza que el anterior. Sus nudillos se hundieron en la carne del rubio con una ferocidad despiadada.

Daidara intentó reaccionar, pero el dolor y la sorpresa lo hicieron torpe. Retrocedió tambaleándose, tratando de alzar los brazos para defenderse, pero Tatsumi no le dio tregua.

"¡Bastardo!". Rugió el rubio, sintiendo su rostro arder por los impactos.

Pero Tatsumi no respondió. Solo siguió golpeando con una mirada firme, decidido a terminar con esto de una vez por todas.

El castaño siguió golpeando con todo su poder, sintiendo la carne y los huesos de Daidara ceder bajo sus puños. Cada golpe lo hacía retroceder, obligándolo a acercarse, sin darse cuenta, al agujero en el suelo del barco de donde había salido antes.

"Solo un poco más...". Pensó Tatsumi, con los dientes apretados, sin bajar la intensidad de sus ataques.

Pero entonces, justo cuando iba a lanzar un golpe directo al estómago del rubio, una mano enorme atrapó su puño en el aire con una fuerza brutal. Los ojos de Tatsumi se abrieron con sorpresa. Daidara, con el rostro cubierto de moretones y sangre escurriendo por la comisura de su boca, lo miraba con una mezcla de rabia y sadismo.

"Buen intento...". Gruñó el guerrero, con una sonrisa feroz. "Pero no me vas a derribar con esos golpes tan débiles".

Con su otra mano, atrapó también el otro brazo de Tatsumi, inmovilizándolo por completo.

Tatsumi forcejeó, intentando liberarse, pero era inútil. La fuerza de Daidara superaba con creces la suya.

"Ahora verás lo que es la verdadera fuerza de una bestia". La voz del rubio era un gruñido lleno de furia.

Entonces, empezó a apretar.

Tatsumi sintió cómo sus huesos crujían bajo la presión. Un dolor intenso recorrió sus manos y subió por sus brazos. Si no hacía algo, sus huesos se romperían.

Sus ojos esmeralda buscaron desesperadamente una salida, una oportunidad, cualquier cosa que pudiera usar a su favor. Y entonces lo vio. El hoyo. El mismo hoyo de donde había salido Daidara estaba justo detrás de él. Solo necesitaba empujarlo un poco más y todo terminaría.

Tatsumi sonrió.

Esa sonrisa hizo que Daidara frunciera el ceño. "¿De qué te ríes, mocoso?".

Tatsumi alzó la vista y, con un tono burlón, respondió. "Porque caíste. Literalmente, claro".

Daidara parpadeó, confundido. "¿Caí...?". Pero antes de que pudiera entender a qué se refería, una patada brutal impactó su mentón.

El golpe fue tan fuerte que su cabeza se echó hacia atrás y su cuerpo entero perdió el equilibrio. La fuerza del impacto lo mandó directo hacia atrás, cayendo de lleno en el hoyo.

Nyau, aún en el suelo, observó la escena con los ojos desorbitados.

"¡Imposible...!". Murmuró, sin poder creerlo.

Tatsumi, sin perder tiempo, dio un salto ágil sobre el agujero y aterrizó en el otro extremo de éste. Se giró rápidamente y gritó con todas sus fuerzas. "¡AHORA, ONYX!".

Aunque a simple vista no había nadie. En realidad, sí lo había.

Onyx, todavía arrojada y suspendido en el aire fuera del barco, reaccionó al instante. Su hoja brilló con un destello metálico y, en ese mismo momento, las hachas de Daidara, que hasta entonces habían estado persiguiéndola, cambiaron su trayectoria y volvieron a su dueño.

Tatsumi, de pie, respiró hondo mientras veía cómo las armas giraban en el aire, viniendo directamente hacia él. Todo dependía de que Daidara hiciera exactamente lo que esperaba. Y no tardó en hacerlo.

Dentro del agujero, Daidara gruñó con furia, su cuerpo adolorido tras la caída. Trozos de madera y escombros estaban esparcidos a su alrededor.

Con una expresión de puro odio, el guerrero rubio apretó los dientes y se puso de pie, mirando hacia arriba.

"¡Maldito mocoso tramposo...!". Rugió. "¡Voy a despedazarte!".

Flexionó las piernas y dio un poderoso salto, saliendo disparado del agujero con toda su fuerza. Y justo cuando emergió... Listo para seguir peleando. Alguien gritó.

"¡Cuidado!". Gritó Tatsumi.

Daidara apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que sintiera como algo atravesará su cuerpo.

El sonido de carne siendo cortada y huesos quebrándose resonó en el aire. Los ojos de Daidara se abrieron con horror. Un dolor indescriptible lo consumió. Bajó la mirada y vio la escena más aterradora de su vida. Sus propias hachas lo habían partido en tres. Sus piernas estaban separadas de su torso. Sus brazos, cortados. Junto con algunas partes de su pecho. La sangre brotó a borbotones de las heridas abiertas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras la sensación de la vida escapándose de él, lo golpeaba con una brutalidad innegable.

No podía hacer nada.

Él, un guerrero invencible, una de las bestia mas salvajes y poderosas había sido vencido.

Daidara cayó al suelo, su cuerpo tocando la fría madera, mientras su mente se sumía en la oscuridad. Las incontables batallas, las victorias, su orgullo como guerrero... todo se esfumaba en ese instante.

Con su último aliento, alzó la vista y observó a Tatsumi. Para su sorpresa, el castaño había apartado la mirada. Él no lo estaba viendo. No quería hacerlo.

Daidara soltó una risa ahogada, sintiendo un extraño respeto por el joven que lo había derrotado. "Fue...". Murmuró con dificultad, la sangre llenando su boca. "Una... buena... pelea".

Con sus últimas palabras apenas susurradas al viento, el cuerpo mutilado de Daidara cayó pesadamente sobre la cubierta del barco. Las partes de su cuerpo quedaron esparcidas, su sangre escurriendo por la madera mojada, tiñéndola de rojo.

Su historia terminaba ahí.

Las enormes hachas gemelas, ahora sin su dueño, dejaron de girar en el aire. Su conexión con Daidara había desaparecido con su último aliento. Con un sonido metálico, cayeron pesadamente a la cubierta, rodando hasta detenerse cerca de los pies de Tatsumi.

El joven castaño no se movió. Por un instante, el mundo a su alrededor se sintió borroso. El sonido del mar golpeando el casco del barco, el crujido de la madera bajo sus pies, incluso la respiración entrecortada de Nyau... Todo se desvaneció en un silencio sofocante.

No disfrutaba la muerte. No quería haber hecho esto. Pero él no le dejó opción.

Apretó los puños con fuerza, sus uñas clavándose en su propia piel. ¿De verdad no había otra opción?.

Su mirada se posó en el cuerpo sin vida de Daidara. Había matado antes, sí, pero esta vez era diferente. Esta vez, él mismo había tomado la decisión de hacerlo. No era un impulso, ni una reacción desesperada en medio del combate. Había planeado esta muerte. Y ahora, esa decisión lo perseguiría el resto de su vida.

Un leve temblor recorrió su cuerpo. Trató de ahogar el remordimiento, de acallar esa pequeña voz dentro de él que susurraba dudas. ¿Realmente no había otra forma?. ¿Si lo hubieran capturado...?. ¿Si lo hubieran detenido sin matarlo...?.

Pero no. Daidara nunca se habría detenido. Si le hubieran perdonado la vida, solo habría vuelto a matar. Era un monstruo al que el mundo no podía permitirse dejar con vida. Tatsumi inhaló hondo, tratando de convencerse de ello.

Detrás de él, Nyau seguía inmóvil. El chico de aspecto felino estaba boquiabierto, sus pupilas temblorosas. Su mente se negaba a procesar lo que acababa de ver. "Da-Daidara... había muerto". ¡Daidara!. Nadie... nadie lo había derrotado antes. Había enfrentado a incontables enemigos, despedazado a decenas de guerreros con sus hachas, cortado cuerpos como si fueran hojas de papel. Y ahora estaba muerto.

A manos de un simple muchacho.

Nyau tragó saliva con dificultad. El sudor frío resbalaba por su frente mientras su mente se agitaba con una sola pregunta. "¿Quién diablos es este chico?".

Tatsumi exhaló, aún atrapado en sus pensamientos, y no notó cómo Onyx, su Teigu, regresó a él por su cuenta. La espada aterrizó con un golpe seco sobre la madera, clavándose en la cubierta a su lado, como si comprendiera que su portador necesitaba su presencia.

Pero ni siquiera él se dio cuenta.

Su mente estaba nublada por el peso de la batalla, por la culpa, por la certeza de que había cruzado una línea de la que ya no podría regresar.

Se obligó a cerrar los ojos un instante. "Debo concentrarme".

Por mucho que el peso de esta muerte lo atormentara, no podía permitirse dudar. La batalla aún no había terminado.

Todavía quedaban dos enemigos más. Dos. Y de pronto, sus ojos se abrieron con horror. Solo había peleado contra dos de las Tres Bestias. El otro... estaba peleando con. "¡Bulat!". El nombre escapó de sus labios como un grito ahogado mientras se giraba bruscamente, con el corazón golpeándole el pecho. Y lo que vio lo dejó helado.

Con Liver, este alzó su mano con el anillo Teigu, Black Marine, apuntando hacia el cielo. Con un movimiento calculado, invocó torrentes de agua que se arremolinaban con un estruendo atronador. Los proyectiles acuáticos impactaban sin descanso contra la armadura de Bulat, cada ráfaga golpeaba con una fuerza arrolladora, provocando que las placas metálicas comenzaran a resquebrajarse y caer, dejando expuesto el cuerpo del guerrero.

Una sonrisa cruel apareció en el rostro de Liver al ver la vulnerabilidad de su antiguo camarada.

"¡Conquista Divina de los Dragones de Agua!". Rugió Liver con voz firme, alzando ambas manos.

Las corrientes se unieron, moldeándose en la forma de majestuosos dragones de agua, cuyos rugidos se confundían con el estruendo del océano. Con un rugido ensordecedor, se lanzaron contra Bulat en un ataque implacable. El sonido del impacto reverberó en el barco, seguido de un alarido de dolor. Las olas se alzaron con la fuerza de los golpes, y los testigos de la batalla apartaron la vista, incapaces de soportar la crudeza de la escena.

Cuando finalmente se atrevieron a mirar de nuevo, Bulat había desaparecido.

Tatsumi sintió cómo el pánico se apoderaba de su pecho. Sus ojos esmeralda recorrieron frenéticamente el área. "¡Bulat!". Exclamó con desesperación.

Liver, confiado, bajó los brazos y observó con satisfacción el resultado de su ataque. "Lo he terminado". Murmuró con una sonrisa de victoria. Sin embargo, su seguridad se desmoronó en cuestión de segundos.

De repente, una voz resonó en el aire. "Nunca digas eso hasta que hayas acabado con tu enemigo".

Liver apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Bulat emergió entre la bruma de agua, su armadura destrozada y su rostro cubierto de heridas. Con un grito de guerra, el guerrero lanzó un ataque fulminante con su lanza. Liver, sorprendido, levantó apresuradamente un escudo de agua en un intento de bloquear el ataque. Aunque la lanza logró perforar la barrera líquida, Liver se apartó con un salto ágil, esquivando por poco el golpe mortal.

Bulat aterrizó pesadamente sobre la cubierta del barco. Su respiración era agitada, pero su mirada permanecía firme. La armadura de Incursio se disipaba a su alrededor, su casco destruido revelaba su rostro cubierto de heridas y su cabello, antes perfectamente estilizado, ahora caía en mechones desordenados.

Ambos guerreros se miraron fijamente, evaluándose mutuamente. A pesar del daño sufrido, compartieron una sonrisa de mutuo respeto.

"No hay duda, Bulat". Dijo Liver, acomodándose la ropa empapada. "Eres mucho más fuerte de lo que recordaba".

Bulat sonrió levemente antes de su expresión volverse más seria. "No soy el mismo de antes, Liver... al igual que veo que tú tampoco lo eres".

Antes de que Liver pudiera responder, la voz de Tatsumi irrumpió en la conversación.

"¡Bulat!". El joven castaño observó con alivio a su compañero, asegurándose de que aún seguía en pie. "¿Estás bien?".

Bulat se giró hacia Tatsumi y sus ojos se posaron en la escena que había dejado atrás. Vio a Nyau gravemente herido, a Daidara partido en tres y, en medio de todo, a Tatsumi intacto. Su sorpresa fue evidente. Él mismo hace unos momentos había visto cómo el joven se dirigía a lo que parecía ser una trampa mortal, y ahora lo encontraba victorioso. Y lo más asombroso. Todo lo había logrado sin una Teigu. Un sentimiento de orgullo y asombro recorrió el cuerpo del guerrero.

Sonriendo, asintió hacia su compañero. "Bien hecho, Tatsumi. Lograstes sobrevivir sin nisiquiera portar una Teigu".

Tatsumi agradeció las palabras, pero sabía que Bulat aún no comprendía del todo lo que había ocurrido con los impostores de Night Raid. Tampoco sabía la verdadera naturaleza detrás de todo ésto. Y tampoco, sabía como el castaño se sentía realmente cuando hizo todo ésto.

Liver también notó la escena con cierto desconcierto, pero su confianza no se desmoronó. Sus ojos se posaron en Bulat con una expresión calculadora.

"Hmm... parece que la armadura desaparece después de sufrir cierto daño". Murmuró con satisfacción, al ver como la armadura se desvanecía por completo. "Eso significa que la victoria será nuestra".

Bulat también sintió cómo Incursio se desvanecía de su cuerpo, pero no mostró signos de preocupación. En cambio, miró a su antiguo camarada con una media sonrisa.

"No te hagas el fuerte, Liver". Dijo con calma. "Te está sangrando la oreja".

Liver frunció el ceño y, al tocarse el rostro, notó el hilo de sangre que recorría su mejilla. Sus ojos se entrecerraron.

"Todos esos ataques poderosos han dañado tu cuerpo", continuó Bulat, cruzando los brazos. "No estás en condiciones de usar más tu Teigu".

Liver suspiró, su sonrisa se suavizó con resignación. "Veo que me has pillado...". Dijo con una leve risa. "Y yo que pensaba usar esto como una ventaja para negociar". Con un movimiento lento pero seguro, extendió la mano hacia Bulat. "Dime, viejo amigo... ¿No te gustaría unirte a las fuerzas de Lady Esdeath?".

Bulat ni siquiera titubeó. "No, gracias", respondió sin dudarlo. "No quiero volver a trabajar para el Imperio".

Liver negó con la cabeza. "No sería para el Imperio, sino para Lady Esdeath". Con un gesto, acarició el adorno en forma de cruz en su cuello. "Ella me salvó en el pasado. Bajo su mando, podrías hacer lo que quisieras y nadie podría detenerte". Sus ojos brillaban con intensidad oscura. "¡Incluso esos políticos corruptos que tanto odias caerían a tus pies!".

Bulat bajó la mirada, reflexionando por un instante. Luego, con un gesto tranquilo, sacó un peine de su uniforme y comenzó a acomodar su cabello, restaurando su característico copete en forma de corazón.

"Rechazo la oferta". Dijo con frialdad. "Puedo entender por qué te uniste a ella después de todo lo que pasaste... y quizá tu posición actual sea tentadora". Guardó el peine y fijó la mirada en su viejo amigo. "Pero yo solo tengo la intención de servir al pueblo. El ejército de Esdeath sigue sirviendo al ministro... y no deseo trabajar para alguien tan repugnante".

Liver frunció el ceño. "Tch... Un aliado del pueblo, ¿eh?. Eso no es algo que un asesino debería decir".

Bulat sonrió con calma. "Por eso lo digo con modestia". Luego, con seriedad, concluyó. "Lo siento, Liver, pero no me uniré a ti".

Liver suspiró con una expresión de decepción y luego giró la mirada hacia Tatsumi. Sus ojos se afilaron. "Y tú, joven... ¿No quieres unirte a Lady Esdeath?".

Tatsumi se quedó en silencio. Su expresión reflejaba una profunda contemplación mientras la oferta de Liver flotaba en el aire. La invitación de unirse a Esdeath no era cualquier cosa. Casi, podía sentirse tentadora. Pero su respuesta era clara.

"Me niego". dijo con firmeza, aunque sin rastro de hostilidad en su voz. "Seguiré por mi propio camino".

Liver suspiró, como si ya esperara esa respuesta. "Es una lástima. Hubieras sido un gran soldado bajo el mando de Lady Esdeath".

Tatsumi no respondió, solo lo miró con determinación. Pero mientras el castaño hablaba, Nyau, quien había estado recuperándose del shock por la muerte de Daidara, empezó a moverse con sigilo. Su mano se deslizó lentamente hacia su flauta, y una sonrisa perversa se dibujó en su rostro.

"Aún heridos, todavía tenemos una carta de triunfo...". Pensó, sintiendo la madera fría del instrumento en sus dedos. Solo necesitaba el momento adecuado.

Liver volvió su mirada a Bulat. "Parece que ninguno de los dos cambiará de opinión...". Dijo con tranquilidad, antes de mostrar una leve sonrisa. "Y ya que ninguno de nosotros puede usar nuestros Teigus... resolveremos esto de la manera tradicional".

Bulat lo miró con seriedad y asintió. "De acuerdo".

Entonces, en un movimiento inesperado, Liver sacó un pequeño tubo metálico con un líquido verde brillante. Antes de que Bulat pudiera reaccionar, lo llevó hasta su cuello y se lo inyectó sin dudar.

Los ojos de Bulat se abrieron de golpe. "¿¡Qué estás haciendo!?".

Liver sonrió mientras una serie de venas se marcaban con intensidad en su piel. Su cuerpo comenzó a temblar por unos segundos antes de estabilizarse. "Solo me estoy dando... un poco más de "motivación"". Respondió con voz más grave, llena de energía desbordante.

Un escalofrío recorrió la espalda de Tatsumi. Algo no estaba bien. "Bulat, espera, ¡No pelees con él!". Exclamó alarmado. "Siento que algo malo va a pasar".

Pero Bulat simplemente sonrió. "Tranquilo, Tatsumi. Estoy listo para lo que sea".

Sin apartar la vista de Liver, el asesino de 100 hombres llevó la mano a su hombro derecho, donde estaba grabada una pequeña inscripción. Presionó con firmeza y un fuerte silbido resonó en el aire. En un instante, la parte trasera de su armadura se abrió, liberando una espada que salió disparada hasta su mano.

Tatsumi la observó con asombro. Era una espada larga y delgada, con una hoja de metal oscuro, casi negra. La empuñadura estaba adornada con un diseño mecánico complejo, y en su centro, una gema roja resplandecía con un fulgor inquietante, atravesada por una cruz negra. Al final del mango, una corta cadena oscilaba con cada movimiento de Bulat.

Una sensación extraña recorrió el cuerpo de Tatsumi al ver esa arma. Era como si pudiera sentir el poder que emanaba de ella. Un poder que no solo se percibía, sino que parecía rugir dentro del acero mismo... casi bestial.

Bulat apretó con firmeza la empuñadura. "¡Vamos, Liver!". Rugió, lanzándose al ataque.

"¡Con gusto!". Gritó Liver, esbozando una sonrisa salvaje mientras desenvainaba su propia espada.

Ambos corrieron el uno hacia el otro con furia. Cuando sus espadas chocaron, una poderosa onda de choque sacudió el aire. Cada golpe resonaba con una fuerza devastadora, desatando ráfagas de viento que hicieron retroceder a Tatsumi y a Nyau.

Liver, fortalecido por la droga, se movía con una velocidad y fuerza impresionantes. Sus cortes eran certeros, rápidos y mortales. Sin embargo, Bulat no se quedaba atrás. Su destreza con la espada era superior, y pronto comenzó a hacer retroceder a Liver con ataques cada vez más feroces.

El sonido del acero resonaba en el aire con un ritmo implacable. Chispas volaban cada vez que las hojas colisionaban.

Entonces, en un descuido de Liver, Bulat vio su oportunidad.

Con un movimiento preciso y brutal, lanzó una estocada dirigida al estómago de su oponente. Liver trató de bloquear el golpe, pero su espada no resistió la presión. Un fuerte crujido llenó el aire cuando el acero se partió, y en el siguiente segundo, el filo de la espada de Bulat se hundió en su abdomen.

Liver retrocedió tambaleante, con los ojos abiertos de par en par. Una gran cantidad de sangre brotó de su boca y de la profunda herida en su torso.

Tatsumi sintió un alivio momentáneo... hasta que vio la sonrisa en el rostro de Liver.

Un escalofrío recorrió su espalda. "¡Bulat, aléjate!". Gritó con desesperación.

Pero ya era demasiado tarde.

Liver entrecerró los ojos con una mirada maliciosa mientras juntaba sus manos y las dirigía hacia Bulat. "¡Hoja de Sangre!". En ese instante, la sangre derramada de su cuerpo se endureció y tomó la forma de afiladas cuchillas carmesí. En un abrir y cerrar de ojos, decenas de proyectiles mortales se lanzaron hacia Bulat como si fueran balas.

Bulat apenas tuvo tiempo de reaccionar. "¡Lo sabía!". Pensó con furia, alzando su espada.

Con una destreza asombrosa, logró bloquear y desviar la mayoría de los proyectiles. Su espada danzaba con velocidad impresionante, cortando y repeliendo cada cuchilla de sangre. Sin embargo, no pudo esquivarlas todas.

Algunas se clavaron en sus brazos y en su pecho.

Un gruñido de dolor escapó de sus labios cuando cayó de rodillas, usando su espada para sostenerse en pie.

"¡Bulat!". Gritó Tatsumi, corriendo hacia él sin dudarlo.

"No te preocupes... no es... fatal". Dijo Bulat entre jadeos, tratando de esbozar una sonrisa. Incluso con el dolor que sentía, mantuvo la cabeza en alto.

Liver, ahora en el suelo, dejó escapar una risa débil. "Hiciste bien en reaccionar tan rápido... pensé que con eso te mataría".

Bulat se apoyó en Tatsumi, aún con fuerzas para responder. "Desde el principio... cuando vi tu sangre salir de la herida... recordé que podías manipular cualquier líquido...". Miró el charco de sangre en el suelo y sonrió con ironía. "Sabía que algo como esto podría pasar".

Liver tosió y su respiración se volvió más entrecortada. "Heh... supongo que eso es lo que me gusta de pelear contigo, Bulat... siempre estás preparado".

Bulat suspiró cansado y agotado por todo el combate que tuvo.

Tatsumi ayudó a Bulat a levantarse con cuidado, sosteniéndolo por el hombro.

"Vamos, hermano. Todo ha terminado". Una sonrisa de alivio se dibujó en su rostro, sintiendo que al fin podrían irse de aquel lugar.

Pero entonces, una voz rasposa interrumpió la calma.

"Bulat... escucha... debes saber... la razón por la que me uní al ejército de Lady Esdeath...". Tatsumi y Bulat dirigieron su atención a Liver, quien, aún tendido en el suelo, miraba fijamente hacia el cielo nocturno. Su voz tenía un tono melancólico, como si estuviera confesando su última verdad. "Ella fue a mi celda... me visitó cuando nadie más lo hizo. Me ofreció una oportunidad de redimirme... de salvarme... de servir a su lado. Y yo... aunque dudé al principio... finalmente acepté". Liver esbozó una leve sonrisa, pero su expresión era más de nostalgia que de orgullo. "Pero no lo hice por lo que podía ofrecerme. No por poder, ni por una segunda oportunidad... Sino porque...". Su voz se suavizó, volviéndose casi reverente. "...Porque la adoraba... ¡eso es todo!". Sus dedos temblorosos se aferraron con devoción a la cruz que colgaba de su cuello. "Ella era una diosa para mí, mi Lady Esdeath".

Bulat lo miró con una expresión de comprensión y tristeza. Podía ver que Liver hablaba con una fe ciega, con una devoción que traspasaba toda lógica. No era solo lealtad... era adoración.

Tatsumi, en cambio, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. La forma en que Liver hablaba de Esdeath, como si fuera una divinidad... Como si realmente lo fuera.

Un sentimiento desconocido nació en su interior. Curiosidad. Hasta ahora, solo había visto y oído a Esdeath como una temible general enemiga. Pero... la forma en que Liver la describía despertó en él algo inquietante... ¿Era realmente solo una despiadada asesina?. ¿O había algo más en ella?.

Pero antes de que pudiera seguir procesando esos pensamientos, Liver se enderezó y, con una sonrisa retorcida, señaló a Bulat. "Y por eso…". Su tono cambió por completo. "¡Por la pura voluntad de alguien que sirve a Lady Esdeath... te quitaré la vida, Bulat!".

Los ojos de Tatsumi se abrieron con horror cuando Bulat de repente se inclinó hacia adelante y vomitó un torrente de sangre.

"¡Bulat!". Gritó, corriendo a sostenerlo.

Bulat respiraba con dificultad, su mano temblorosa presionando su abdomen.

"Esa inyección de antes…". Jadeó, con su cuerpo convulsionándose por el esfuerzo. "No era solo una droga para fortalecer… también era un veneno, ¿Verdad?".

Liver asintió débilmente. "Sí…". Rió con una satisfacción enfermiza. "Un veneno mortal que inyecté directamente en mi sangre... y que ahora está en la tuya. Como no tienes tolerancia a él… no sobrevivirás mucho tiempo". Su risa se volvió más débil, hasta que su cuerpo finalmente se desplomó sobre la cubierta, inmóvil. "Nos veremos... en la otra vida...". Susurró con su último aliento.

Bulat respiró pesadamente, su visión comenzando a nublarse. Escupió más sangre, pero aún así esbozó una sonrisa sarcástica. "Je... Eso es lo que hacía mi antiguo superior...". Dijo, con la voz temblorosa. "Ya que un empate entre dos portadores de Teigu es...". Pero no pudo terminar la frase. Otro espasmo lo sacudió y más sangre brotó de su boca.

"¡Tenemos que ayudarte rápido!". Exclamó Tatsumi, desesperado, comenzando a levantarse para buscar ayuda.

"No… aún no, Tatsumi…". Bulat lo detuvo con una mano temblorosa, señalando hacia adelante. "La pelea… aún no ha terminado".

"¿De qué hablas?". Preguntó confundido Tatsumi, pero entonces lo escuchó.

El sonido de una flauta.

Levantó la vista y vio a Nyau. Cojeaba, su cuerpo aún herido y su rodilla cubierta de sangre, pero con una sonrisa siniestra en su rostro. Su flauta aún sonaba, y con cada nota, la atmósfera se volvía más tensa.

"Pensaron que Liver era nuestra carta de triunfo…". Murmuró con una risa cruel. "Pues se equivocaron".

Los ojos de Tatsumi se abrieron cuando Nyau comenzó a cambiar. Su cuerpo se expandió, sus músculos se hincharon hasta alcanzar el tamaño de Bulat. Las heridas en su piel desaparecieron, y en su lugar, una nueva fuerza emergió.

"Mi Teigu no solo afecta a las personas…". Dijo con voz más grave, flexionando los brazos. "También me permite transformarme y aumentar mi fuerza".

Tatsumi miró la grotesca transformación con una mezcla de asombro y horror. "No puede ser…". Susurró.

Instintivamente, bajó a Bulat con cuidado sobre la cubierta y se colocó en posición de combate. Pero entonces se dio cuenta de algo. Onyx no estaba con él. Con una rápida mirada, buscó desesperadamente su Teigu… hasta que lo encontró. Estaba cerca del cadáver destrozado de Daidara, al borde del agujero en la cubierta.

Demasiado lejos.

"No…". Murmuró con impotencia.

Nyau estiró su nuevo cuerpo, haciendo crujir su cuello con un sonido escalofriante. "Hace mucho tiempo que no usaba esta transformación…". Su sonrisa se ensanchó. "¿Quién iba a pensar que la usaría para acabar contigo, niño?".

Tatsumi tragó saliva y levantó los puños. Sin Onyx, estaba indefenso. Tendría que pelear a puño limpio. Y eso lo hacía sentirse un poco intimidado. Pero entonces… un pensamiento cruzó su mente.

"No. No estoy indefenso". Tatsumi miró sus propias manos, sus músculos tensos, la adrenalina fluyendo por su cuerpo. Había logrado pelear a Daidara sin usar mucho a Onyx. Sonrió levemente, su respiración calmándose.

"Supongo que tendré que resolver esto a la antigua…". Dijo, adoptando una postura de combate.

Nyau rió. "¿De verdad piensas que tienes oportunidad contra mí sin un arma o Teigu?".

Tatsumi respiró hondo y afianzó su posición. "No sé si tengo oportunidad…". Exhaló lentamente, sintiendo el calor de la batalla recorrer sus venas. "Pero lo intentaré".

"Tatsumi". Una voz débil se escuchó detrás del joven. El castaño se giró rápidamente al escuchar la voz débil de Bulat. Sus ojos se abrieron de par en par al ver que su camarada le tendía una espada. Pero no era cualquier espada... era la llave de Incursio. Su Teigu.

"Te la confío". Dijo Bulat con una sonrisa agotada.

"¿Qué?". Tatsumi preguntó en estado de shock.

"Tómala... es la llave de Incursio. La armadura responderá a quien posea la espada".

Tatsumi preguntó aún dudando. "¿Quieres que use tu Teigu?".

Antes de que Bulat pudiera responder, Nyau soltó una carcajada burlona. "¡Jajaja!. Eso sería imposible". Su sonrisa se torció en un gesto de burla. "Incursio ejerce demasiada presión en su usuario. Si te la pones sin ser compatible, podrías morir". Hizo un ademán despreocupado con la mano. "Mejor hazme caso, y peleemos como estamos".

Tatsumi vaciló por un instante.

Pero entonces, sin previo aviso, recibió un débil golpe en el rostro. Uno que no lo hizo moverse tanto. Un poco confundido por el golpe, se volteó hacia atrás y miró a Bulat con incredulidad. "¿Qué haces, hermano?".

Bulat, jadeando y tambaleándose por el veneno, le devolvió una mirada firme. "No dudes más. No dejes que el enemigo te engañe". Su expresión se tornó determinada, pese a su debilidad. "¡Vamos, recuerda todo el entrenamiento que has hecho hasta ahora!"

Nyau chasqueó la lengua, molesto. "Maldita sea... si tan solo ese idiota dejara de dar discursos inspiradores...". Su expresión se volvió cruel. "Las Teigu funcionan por su compatibilidad. Si no eres compatible, morirás". Dijo con suficiencia.

Bulat ignoró a Nyau y miró a Tatsumi. "Cuando eliges una Teigu, la primera impresión es importante... y yo vi cuando usaste a Spectator. Te diste cuenta, ¿Cierto?. Cuando el Teigu saltó de tu frente. Supe que tenías un potencial enorme. Tanto... que ese Teigu no pudo soportarlo y salió de tu cuerpo".

"¿Fui compatible con Spectator?". Tatsumi preguntó, sorprendido.

Bulat asintió. "Sí. Lo vi. Y por eso, sé que podrás ser compatible con Incursio". Sus ojos, pese al dolor, reflejaban convicción. "Por favor, Tatsumi... usa mi Teigu".

El castaño guardó silencio. Sus pensamientos se debatían entre el miedo y la determinación. Pero entonces recordó algo. La promesa. La promesa que le hizo a Akame aquella noche. Proteger a cada miembro de Night Raid. Y también... nunca más iba a dudar de sus compañeros.

Respiró hondo y miró a Bulat con determinación. "Lo haré". Dijo con firmeza, tomando la espada entre sus manos. "Usaré Incursio".

Bulat sonrió. Nyau soltó un bufido y rodó los ojos. "¿De verdad lo harás?. Bien. Sera tu funeral".

Tatsumi ayudó a Bulat a recostarse y observó la espada. "¿Cómo la activo?".

Bulat iba a abrir la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, Nyau los interrumpió con un grito feroz. "¡Antes de que puedas usarla, te mataré yo primero!".

Con un salto brutal, se lanzó sobre ellos.

Tatsumi y Bulat se giraron con los ojos muy abiertos. "¡No puede ser!". Gritó Tatsumi, pero su cuerpo estaba paralizado por la sorpresa. Bulat apretó los dientes, frustrado por su incapacidad de moverse.

Entonces, un brillo plateado cortó el aire.

Fue tan rápido que apenas se pudo ver. La hoja se incrustó en la carne de Nyau con un sonido húmedo y letal. Un grito desgarrador resonó en el barco cuando Nyau se desplomó al suelo, una espada atravesando su estómago.

Tatsumi miró, atónito ésto. Pero luego, su expresión cambió de sorpresa a alegría cuando reconoció la hoja.

"¡Onyx!". Exclamó con felicidad.

La espada habló con una voz firme y poderosa. "¡Portador!. Clave a Incursio en el suelo y diga su nombre para activarla". Su voz resonó con autoridad. "¡Grita Incursio, con todas tus fuerzas y con todo tu corazón!".

Tatsumi sonrió con determinación. "Lo haré".

Dejó a Bulat recostado y tomó la espada de Incursio, preparándose para activarla.

Bulat, quien observaba todo con incredulidad, murmuró con voz baja pero débil. "Esa... espada... habló".

Mientras tanto, Nyau, tendido en el suelo y bañado en su propia sangre, forcejeaba para sacarse la hoja de su cuerpo. "Maldita sea... esto duele...". Gruñó con desesperación. "Debo quitármela... luego... matar a ese mocoso... antes de que active el Teigu...".

Pero cuando levantó la cabeza, lo vio. Tatsumi ya estaba en posición. El castaño alzó la espada de Incursio con firmeza, su mirada ardiendo con determinación.

Nyau sintió un escalofrío recorrerle la espalda. "No...". Susurró con horror.

Ya era demasiado tarde.

Tatsumi inspiró hondo, sus dedos se aferraron con fuerza a la empuñadura de Incursio, y con una determinación inquebrantable, clavó la espada en el suelo. Su mirada, ardiente y decidida, se fijó en Nyau, quien yacía herido y vulnerable frente a él. Pero incluso en ese estado, el castaño no se dejó llevar por la piedad. Su decisión estaba tomada, y con una voz potente, cargada de intensidad, gritó con todas sus fuerzas.

"¡INCURSIOOOOOOO!".

El barco entero se estremeció violentamente, como si un terremoto estuviera desgarrando sus cimientos. El estruendo de la madera crujiente y los metales retumbando llenó el aire. Tatsumi sintió la vibración recorrer su cuerpo, ésto lo llevo a recordar la misma sensación que sintió cuando uso los martillos Richter, por primera vez. Golpeando con una fuerza demoledora. Pero esto era aún más feroz, más primitivo, más colosal.

La espada Incursio comenzó a brillar con un fulgor carmesí, liberando una ola de energía que envolvió el cuerpo de Tatsumi como un torrente de fuego y poder. Entonces, una silueta gigante emergió del suelo, una figura imponente y bestial rodeada de cadenas y envuelta en un aura que parecía deformar el aire a su alrededor. La energía que emanaba de aquella entidad era tan densa que todos a bordo del barco pudieron sentirla.

Bulat, a pesar del dolor y la debilidad, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Nyau, quien apenas había logrado extraerse la espada Onyx de su estómago, sintió cómo un terror primitivo lo invadía. Hasta Onyx, la Teigu consciente, quedó muda ante la descomunal presencia que se manifestaba frente a ellos. El asombro de Onyx fue tan profundo que la espada dejó de resistirse, cayendo al suelo. Nyau, liberado del dolor.

La forma gigantesca de Incursio cruzó sus brazos, y sus cadenas vibraron con un sonido profundo y ominoso. Pero de repente, su estructura comenzó a cambiar. Su cuerpo metálico se deformó con movimientos grotescos, retorciéndose en una mutación antinatural. La transformación era casi espasmódica, y a Nyau al ver esto, le recorrió una sensación de repulsión.

Los ojos de la bestia se abrieron. Dos orbes con pupilas en forma de cruz brillaban con un resplandor demoníaco. La carne surgía de entre los resquicios de la armadura, revelando un pelaje morado oscuro que cubría partes de su cuerpo, mientras que otras aún conservaban su estructura metálica original. Sus dientes afilados destellaban con una expresión casi burlona.

Bulat observó todo aquello con asombro. Nunca había visto a Incursio cambiar así. Y entonces, lo comprendió. "¡La armadura está cambiando de forma... para adaptarse a Tatsumi!". Exclamó con incredulidad y admiración.

Nyau también se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, pero su expresión de fascinación se transformó rápidamente en horror. "¡Es como si la materia prima de la Teigu siguiera con vida!". Habló, con un tono de temor en su voz.

Bulat continuó observando mientras su mente encajaba las piezas del rompecabezas. "Incursio fue creado a partir del cuerpo de un dragón monstruoso llamado Tyrant". Recordó en voz alta. "Esa bestia poseía una vitalidad sin igual. Era un cazador implacable que se adaptaba a cualquier entorno, evolucionando sin cesar para sobrevivir. Y a pesar de haber sido convertido en un Teigu, su esencia sigue viva dentro de la armadura... sigue evolucionando para derrotar a sus enemigos". Sus ojos se iluminaron con orgullo y admiración al mirar a Tatsumi. "¡Tatsumi, tu voluntad está haciendo que Incursio evolucione nuevamente!".

Nyau sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al escuchar esas palabras. Por primera vez, sintió un temor real e inquebrantable hacia un oponente. "¡Este Teigu... es aterrador!". Susurró.

Bulat se quedó observando la transformación, pero de pronto. Vio algo. Algo, que lo hizo sentir, una sensación extraña apareció en su pecho. Al principio creyó que era su propio agotamiento, el veneno, o otra debilidad... Pero cuando miró con más atención, lo vio. En el rostro de la bestia, en medio de su pelaje morado, su carne entre el metal y entre sus dientes afilados vio una... sonrisa. Una mueca antinatural, curvada, llena de dientes afilados. Una sonrisa, que sinceramente le hizo helar la sangre.

Mientras tanto, la transformación continuaba. La bestia de Incursio extendió sus manos y atrapó a Tatsumi en una esfera de energía roja. En su interior, el castaño sintió cómo su cuerpo era envuelto por un poder insondable.

"Lo siento..". Pensó. "Puedo sentir a Incursio... puedo sentir su fuerza fusionándose conmigo...".

Una sonrisa llena de determinación se dibujó en su rostro justo antes de ser engullido por completo en la energía de la Teigu. Entonces, un destello cegador iluminó la escena.

Cuando la luz se disipó, lo que quedó en pie no era ni la bestia ni la esfera de energía, sino un nuevo guerrero. Tatsumi emergió cubierto con la armadura de Incursio. Su figura ahora era la de un caballero letal, con la misma apariencia metálica y elegante que Bulat, pero con diferencias notables. La capa era más larga, y su cuerpo no mostraba una musculatura tan voluminosa, sino una figura más aerodinámica y letal. Pero la verdadera diferencia estaba en su interior.

Y Bulat lo supo al instante. "Tatsumi..". Murmuró con asombro. "¡Ahora eres más fuerte que yo!".

El nuevo portador de Incursio cerró y abrió sus puños, sintiendo la energía fluir a través de él. Era una sensación indescriptible, como si su cuerpo estuviera hecho de puro poder.

Nyau, tambaleándose, intentó ponerse de pie. Su respiración era errática, sus piernas apenas podían sostenerlo, y la sangre que goteaba de la herida en su estómago le dificultaba incluso mantenerse consciente. Sus ojos, antes llenos de arrogancia y burla, ahora reflejaban algo que jamás pensó sentir en una batalla. Terror.

"No... esto... esto no puede ser...". Dijo con un temblor en su voz mientras se sujetaba el abdomen con ambas manos, tratando inútilmente de contener la hemorragia.

Frente a él, Tatsumi alzó la cabeza, su mirada fría y afilada traspasando la visera de su nuevo casco. La energía que lo rodeaba aún vibraba en el aire, densa y aplastante, como si el propio barco estuviera sosteniendo su aliento. Con un solo gesto, el castaño levantó su mano y apuntó a Nyau con un dedo firme, su voz resonó con una severidad que no admitía réplica:

"Ustedes, las Tres Bestias… Son soldados del Imperio. Pero no solo eso… han usado el nombre de Night Raid para justificar sus atrocidades. Han masacrado inocentes, han esparcido el miedo y han cometido crímenes impensables...". Sus dedos se crisparon en un puño de hierro. "No puedo permitir que sigan existiendo". Bajo su casco, la mirada de Tatsumi se volvió más feroz, más decidida. Cada palabra que pronunciaba resonaba en su propio ser, como si estuviera marcando su camino. "¡Prepárate para pagar por todo lo que has hecho!".

Nyau, aún presionado por la magnitud de la presencia de Tatsumi, chasqueó la lengua con desdén. No podía dejarse intimidar, no por este mocoso. Su orgullo le impedía aceptar lo que estaba pasando. "Tch...". Gruñó, mostrando los colmillos como un animal herido pero aún dispuesto a pelear. "¿Desde cuándo te volviste tan engreído?". Sus ojos temblaban de furia y vergüenza. "¡Voy a arrancarte la cabeza con mis propias manos!".

Tatsumi mantuvo su postura, su voz firme y sin titubeos. "No dejaré que lastimes a nadie más".

No hubo más palabras. Ambos guerreros se miraron fijamente, midiendo al otro. Era un duelo donde solo uno quedaría en pie.

Y entonces, el combate comenzó.

Con un rugido feroz, Nyau se impulsó hacia adelante, sus músculos hinchados por el poder de su Teigu. Tatsumi hizo lo mismo, lanzándose al frente con velocidad explosiva. Sus puños se alzaron al unísono, listos para estrellarse con todo el poder que tenían.

¡¡BOOOM!!.

El choque de sus golpes resonó con tal fuerza que la cubierta del barco crujió bajo sus pies. La energía del impacto se expandió en una onda que levantó astillas y polvo a su alrededor. Era la fuerza bruta contra la voluntad inquebrantable. La ferocidad de una bestia contra el despertar de un guerrero.

Los ojos de Nyau se abrieron con sorpresa. ¿Cómo podía este niño igualar su fuerza?. Su transformación debía hacerlo invencible. ¿Por qué este insecto seguía resistiendo?.

Tatsumi, en cambio, sentía algo nuevo dentro de él. El poder de Incursio fluía en su cuerpo, su esencia misma vibrando en cada fibra de su ser. Podía sentirlo, podía controlarlo. Y en ese momento, una idea se formó en su mente. "Si esta armadura está viva… entonces, puedo pedirle más poder".

Cerró los ojos un instante y, con la mente en calma, pidió más fuerza. Y entonces... sucedió.

Un torrente de energía roja brotó de su cuerpo. Un poder abrasador, vibrante, descomunal. Sus músculos se tensaron, su velocidad aumentó, su golpe se volvió letal. Su puño, envuelto en una energía ardiente, se estrelló contra el de Nyau con una fuerza abrumadora.

Nyau sintió algo que nunca había sentido antes en combate. Dolor. Miedo. Muerte inminente. "¿P-Pero qué…?". Éso fue todo lo que alcanzó a decir.

En un instante, el poder de Incursio arrasó su brazo, quemando la carne como si su propio cuerpo fuera incapaz de soportar el impacto. Y antes de que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo...

¡¡BOOOM!!.

Nyau salió despedido como un proyectil, su cuerpo voló varios metros hasta estrellarse brutalmente contra la estructura de los camarotes. La madera estalló en miles de astillas, la pared se derrumbó con el impacto y un cráter oscuro y profundo se formó en el sitio donde su cuerpo colisionó. Y entonces, todo quedó en silencio.

Tatsumi se quedó quieto, su respiración apenas alterada. Su mirada descendió lentamente hasta el suelo. Frente a él, la única prueba de que Nyau alguna vez estuvo allí era un charco de sangre y órganos dispersos. A un lado, su flauta, la Teigu que le había dado su poder, yacía intacta en la cubierta. El castaño se quedó ahí parado. Sin inmutarse. A pesar de haber visto la grotesca muerte de su enemigo. A pesar de tener su mano empapada de sangre ajena. A pesar del temblor en la madera, el hedor a carne quemada y el eco del estallido que aún resonaba en el aire...Tatsumi estaba tranquilo.

No mostraba asco. No mostraba culpa. No mostró ni una sola señal de vacilación o disculpa. Simplemente estaba en calma.

Bulat, quien había estado observando toda la pelea desde su posición, sintió un sensación recorrer su cuerpo. Sus ojos, desorbitados, no podían creer lo que acababa de presenciar.

Tatsumi… lo había destruido con un solo golpe.

Bulat dejó escapar una risa débil, su voz teñida de admiración y asombro. "Es... increíble". Habló con una sonrisa cansada en su rostro. "Incluso siendo su primera vez usando la armadura... Tatsumi logró lanzar un golpe de esa magnitud...". Un gemido de dolor escapó de sus labios mientras sentía cómo el veneno se extendía aún más en su cuerpo, alcanzando sus órganos. "Hasta logró superarme... ahora mismo".

Su visión comenzó a fallar, a nublarse poco a poco mientras observaba a Tatsumi. "Si sigue así... si entrena y se fortalece aún más...". Sus pensamientos eran erráticos, cada palabra más difícil de procesar. "Quizá... incluso... puedas superar a Esdeath...". Una sonrisa nostálgica cruzó su rostro mientras bajaba la cabeza, sintiendo la presencia del veneno en su cerebro. "Me hubiera... gustado... ver eso".

Con las pocas fuerzas que le quedaban, Bulat se acomodó en el suelo y levantó la vista una última vez hacia su protegido. "Me hubiera encantado ver tu futuro... tu potencial... Pero creo que podré conformarme con ver esto...". Su voz se fue apagando mientras sus párpados se volvían pesados. "Sigue adelante... yo velaré por ti...". Y con esas palabras, Bulat cerró los ojos, esperando el frío abrazo de la muerte. Pero aquella oscuridad final nunca llegó.

En su lugar, una presencia cálida se esparció por su cuerpo. Era una sensación extraña, reconfortante, casi familiar. Su instinto le decía que debía preguntar qué estaba ocurriendo, pero una voz interrumpió sus pensamientos.

"Descanse, señor Bulat... Solo descanse".

La voz era profunda, con un tono mecánico, pero oculta en su timbre había algo más... un atisbo de humanidad.

Bulat intentó moverse, preguntar qué estaba pasando, pero su cuerpo no respondió. Estaba paralizado. Sin otra opción, dejó que el sueño lo reclamara, y en sus últimos momentos de consciencia, una idea cruzó su mente.

Esa voz... la había oído antes. Un recuerdo fugaz cruzó por su mente. Tatsumi. Su espada. Onyx.

"Así que,... decías la verdad sobre tu espada, ¿no, Tatsumi...?". Pensó con una leve sonrisa en su rostro. "Sí era una Teigu después de todo...". Y con esa última reflexión, cayó en un profundo sueño.

Tatsumi permanecía de pie, su respiración agitada, su mirada recorriendo el campo de batalla. Buscaba algo.

"Onyx". Susurró. A pesar de estar cubierto por la armadura de Incursio, todavía quería sentir a su compañero cerca. No tardó mucho en encontrarlo. La espada yacía junto a Bulat, su brillo tenue, como si estuviera agotada. Pero al ver la figura inmóvil de su amigo en el suelo, su alivio se convirtió en pánico.

"¡Bulat!". Un grito desesperado rasgó el aire nocturno mientras Tatsumi saltaba hacia él. La fuerza de Incursio impulsó su cuerpo, haciendo que aterrizara en un parpadeo al lado de su mentor. Se arrodilló de inmediato, sacudiendo levemente su cuerpo.

"¡Bulat!. ¡Bulat!. ¿Puedes oírme?". Habló esperando una respuesta. Pero no hubo uno. Los ojos de Bulat estaban cerrados y su expresión era serena, como si simplemente estuviera durmiendo. O... muerto.

El terror se apoderó del joven guerrero.

"No... no, no, no...". Su voz se quebró mientras sentía cómo el pánico lo devoraba. "No te mueras... por favor...". Su mente recordó el veneno, las heridas de Bulat, el sufrimiento en su rostro momentos atrás. Sus manos temblaban mientras las apretaba con fuerza.

"No esto... no otra vez...". Lágrimas calientes rodaron por sus mejillas dentro del casco de la armadura.

Su mirada cayó en sus propias manos, y entonces tuvo una idea. Había pedido poder antes... y se lo habían concedido. Si lo hacía de nuevo, quizá... quizá podría salvarlo.

Cerró los ojos con desesperación, concentrándose en un solo deseo. "Por favor, dame el poder para salvarlo". Pidió dentro de la armadura.

Y una respuesta llegó al instante.

Una energía rojiza y oscura comenzó a arremolinarse en sus manos. Tatsumi observó la energía, su corazón latiendo con renovada esperanza. "Funciona... puedo salvarte, Bulat".

Con cuidado, acercó sus manos al pecho de su mentor, listo para transferirle la energía, pero justo cuando estaba a punto de tocarlo, una voz lo detuvo.

"¡Espere, no lo haga!". La voz de Onyx era firme, pero en su tono había algo inusual. Pánico.

Tatsumi se detuvo en seco. "¿Onyx...?".

"No acerque esa energía a Bulat, Portador".

El castaño frunció el ceño. "¿Pero, por qué?. Debo salvarlo".

"No es necesario, Portador. Ya lo estoy haciendo".

Confundido, Tatsumi miró con más atención a Bulat. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Onyx estaba envuelto en un resplandor, rodeando el cuerpo de su mentor con una luz cálida y protectora. El castaño soltó un suspiro de alivio, su cuerpo relajándose.

"Gracias...". Su voz tembló de gratitud. "Gracias, amigo".

"No hay de qué. No se preocupe, Portador. Yo me encargo de esto. Usted solo relájese. Solo no se ponga así". Onyx habló con suavidad.

Tatsumi asintió, secándose las lágrimas. Al hacerlo, sintió su cuerpo relajarse, y con ello, la energía de Incursio comenzó a disiparse. En una cortina de humo, la armadura desapareció, regresando a su forma de espada y cayendo al suelo con un sonido metálico.

Y entonces, sin la armadura puesta encima de él. El castaño sintió algo caerle. Una gotas. Unas gotas de agua. Era la lluvia.

Una gota de agua fría resbaló por su mejilla. Luego otra. Y otra más. Levantó la vista y vio el cielo oscuro, cubierto de nubes densas. La tormenta había comenzado. Pero incluso bajo la lluvia, Tatsumi no pudo evitar sonreír.

Se permitió un respiro profundo, y con la mirada aún en el cielo, susurró con sinceridad. "Gracias". El castaño dejó que la lluvia cayera sobre él, permitiéndose sentir la realidad de lo que acababa de suceder. Bulat estaba a salvo. Eso era lo único que importaba.

Sin embargo, mientras Tatsumi expresaba su alivio, Onyx estaba inquieto. El Teigu había terminado de eliminar el veneno del cuerpo de Bulat, asegurándose de que su vida ya no corría peligro. Pero su atención se desvió hacia otra cosa.

Incursio.

Sellada en su forma de espada, la Teigu yacía en el suelo, la cadena aún unida a su empuñadura. Y aunque todo parecía estar en calma, Onyx sintió algo extraño en esa Teigu. Una vibración, una presencia. Un sonido apenas perceptible, pero inconfundible.

Era un rugido.

Pero no era un rugido de dolor, ni de furia, ni de tristeza. Sino, más bien. Era uno de... risa.

Una risa profunda, maniaca y divertida. Como si algo dentro de la espada disfrutara de todo lo que había sucedido. Onyx no pudo evitar sentirse incómodo. Algo dentro de Incursio estaba vivo. Y se estaba... riendo. Ése un sonido salvaje, indomable, esa risa gutural, que retumbaba en lo más profundo de la espada.

Y aunque nadie más podía oírlo... Onyx si lo pudo oír con claridad. Y eso... en verdad... lo asustaba... y mucho.


¡Hola a todos!. Bienvenidos a un nuevo capítulo de esta historia. Antes que nada, quiero agradecerles por su paciencia. Me tomé bastante tiempo en escribir este capítulo porque quería asegurarme de que cada detalle estuviera bien trabajado. Lamento la espera, pero tuve varios asuntos pendientes que me mantuvieron ocupado. Aun así, aquí estoy, listo para compartir con ustedes otro emocionante capítulo.

En este capítulo, las Tres Bestias toman un poco el protagonismo. Desde su llegada al Imperio hasta su enfrentamiento contra Night Raid, cada momento ha sido reconstruido con una nueva perspectiva, y por supuesto, sus muertes han tomado un rumbo muy distinto al del manga y el anime. Espero que disfruten estas variaciones y que les resulten interesantes.

Me enfoqué especialmente en la batalla de Tatsumi contra Daidara y Nyau. Fue una de las partes más desafiantes de escribir, pero me esforcé en plasmar cada acción con la mayor intensidad posible. A lo largo del capítulo, verán cómo Tatsumi comienza a entrenar arduamente para cumplir las promesas que le hizo a Akame y a Onyx. Sin embargo, el camino no es fácil. En este capítulo se enfrentó a enemigos mucho más crueles que Zank y Ogro, lo que lo lleva a cambiar un poco su forma de actuar.

Pero aquí surge una pregunta interesante. ¿Este cambio en Tatsumi es una consecuencia natural de sus experiencias o hay una influencia externa de parte de un Teigu?. Y si es así, ¿Qué Teigu está dejando su marca en él? ¿Onyx o Incursio?. Los invito a reflexionar sobre esto y sacar sus propias conclusiones.

Por otro lado, Bulat sigue con vida y jugará un papel crucial en la historia, al igual que Sheele y Mine. Decidí no matar a estos personajes porque tengo planes importantes para ellos en el desarrollo de la trama. Y hablando de personajes clave, Esdeath también tendrá un rol significativo, no solo en la historia en general, sino también en la vida de Tatsumi y Onyx. Su impacto será algo que definitivamente no querrán perderse.

Finalmente, notaron la reacción de Onyx ante Incursio. ¿Qué creen que hará el Teigu número 49 respecto a la bestia capaz de evolucionar y adaptarse? Hay mucho más por descubrir, y los próximos capítulos traerán respuestas y nuevas sorpresas.

Sin nadamás que decir. Los invito a seguir la historia, si aún no lo han hecho, háganlo. Para que no se pierdan nada de lo que está por venir. Se avecinan momentos impactantes y revelaciones importantes. Como siempre, sus opiniones son fundamentales para mí, así que no duden en compartir sus comentarios.

Nos vemos en el próximo capítulo. ¡Cuídense mucho y hasta pronto!.