Desde pequeño, su actitud alegre pero reservada lo hizo más afín con ciertas áreas; entre ellas la lectura y el arte, aún era demasiado tímido como para atreverse a plasmar en papel algún acontecimiento propio, por eso se encontraba en una encrucijada.

Meneando con insistencia su lápiz entre sus dedos, el profesor de club de lectura le pidió hacer una pequeña narración del mejor día de su vida.

Tarea que hacía su rostro calentar y lo sumergía en una situación complicada.

No por los detalles, podía fácilmente extenderse todo lo posible describiendo con lujo de detalles las emociones que lo embargaron ese día.

Y es que, aunque su memoria generalmente era buena memorizando muchas cosas, más ese día prestó especial cuidado a todo, para jamás olvidar ni un solo detalle.

Senjurō cierra los ojos, dando una inhalación profunda, casi podía sentir el mismo dulzón aire inundar sus pulmones.

Era su primer día en la academia Kimetsu, decir que estaba emocionado era poco, por fin podría ver con sus propios ojos el lugar donde su hermano mayor estudio por tantos años y ahora, junto a su madre, laboraba como profesor.

La hermosa primavera inundaba el ambiente, dándole mayor belleza a sus recuerdos.

De todas las estaciones, la primavera era su favorita, no hacía tanto calor como en el verano, ni tanto frío como en el invierno, tenía la temperatura ideal, que combinaba con sus alegres y suaves colores, predominando el rosa de los árboles de Sakura.

La nieve, que en su momento cubrió todo el paisaje, se derretía lentamente, dejando que las plantas retoñaran, recuperando sus hojas perdidas y las flores salían de sus capullos.

La suave brisa primaveral es ligera, guiando los pétalos de Sakura en una danza rosa y delicada, llenando sus pulmones con el olor a cerezo, haciéndolo agradecer internamente por no ser alérgico al cambio de estación.

Por la hora, el sol apenas salía por el horizonte, dándole un matiz rosa al cielo azulino, las nubes eran las suficientes como para no irrumpir de manera brusca el espectáculo del alba.

Fue en ese primer día de primavera que lo vió, el cliché de que su cabello se removía delicadamente con el viento mientras los pétalos de Sakura danzaban a su alrededor, creando un ambiente perfecto, no se cumplió.

En vez de eso, tuvo un encuentro más impactante.

Fue como si un ángel cayera del cielo... Literalmente...

Pues fue el ruido de algo estrellándose contra el suelo lo que llamó su atención.

Sus ojos rojizos con el borde dorado se encuentran con una figura arrodillada en el pasto verdes, el flequillo azabache se encuentra descuidadamente sobre su rostro que parecía porcelana, mientras la otra parte de su cabello cae en forma de cascada sobre su hombro.

El desconocido alza el rostro, dejando que detrás de aquellos mechones azabaches brillen de forma llamativa dos gemas lapislázuli.

La sorpresa inunda las facciones de Senjurō, un malestar se instala en su estómago, a su vez siente como si un calor subiera a sus mejillas.

Los rayos del sol comienzan a filtrarse por el horizonte, dándole al desconocido un manto de luces que lo arropa haciéndolo ver más celestial.

Hermoso, angelical, místico, etéreo son las expresiones que pasan por su mente al momento de describirlo.

—¡Tomioka! _La voz de su hermano lo saca de su letargo, y le recuerda que debe respirar— ¡¿Qué haces ahí?! _Con su voz vivaz, Kyōjurō camina hasta el ángel... Tomioka... Así se llama su bello ángel.

—Me caí _Su voz es suave, como si fuera un susurro, tan pequeña que le sorprende ver como su hermano es capaz de escucharla.

—Eso puedo notar _Pero lo hace, la respuesta que acompaña la risa de Kyōjurō es la prueba de que pesé a las dificultades de audición que tiene, puede escuchar esa voz— ¡Fue como si un ave cayera del cielo! ¡¿No te parece Sen?! ¡¿Qué hacías allá arriba?!

—Rengoku, no hay forma que parezca un ave, soy más grande que las aves promedio. Solo estaba ayudando a este cuervo a llegar a su nido _Giyū les mostró el cuervo que yacía en sus brazos, ganándose un asentimiento del profesor de historia, mientras Senjuro se sentía derretir por la amabilidad de su crush, los ojos lapislázuli lo estudiaron tan brevemente que no hubo forma de chocar miradas— Rengoku, ese chico se parece mucho a ti, ¿Están relacionados?

Senjuro parpadeó un par de veces, ¿Eso era una especie de broma?

Su hermano mayor y él eran como dos gotas de agua, incluso su padre y todos sus antepasados tenían los mismos rasgos; ojos rubí con el borde bañado en oro, cabello rubio con las puntas rojas, tono de piel tostado, en lo único que distaban era en personalidad.

—¡¿De verdad crees que nos parecemos?! _Kyōjurō sonrió radiante, volteando a ver a su hermano menor, su sonrisa se ensanchó y un gritó feliz escapó de su boca— ¡Tomioka tienes razón! ¡No lo había notado antes! _Senjurō esta vez dejó escapar una risa, si su hermano hasta ahora no reconocía las similitudes entre ellos, puede que necesitara anteojos— ¡Él es Senjurō! ¡Mi hermano menor! ¡Senjurō él es Tomioka Giyū, será tu profesor de educación física!

Un nudo creció en su garganta, tenía que decir algo, mostrar respeto con su bello ángel, para así dar una buena impresión que cree el interés mutuo.

—Mu... Mucho gustó Tomioka sensei _Tartamudeo, un sonrojó crecía en su rostro, mientras su cuerpo se inclinaba en una leve reverencia— Por favor cuidé de mí.

—Bienvenido Rengoku, sí tienes algún incoveniente puedes venir conmigo, siempre estoy en las canchas _Aquellos ojos lapislázuli se encontraron por fin con los suyos.

Una oleada de calor sacudió su rostro hasta llegar a las orejas y cuello, un bivaque de mariposas comenzó un revoloteo en su estómago, en su garganta creció un nudo impidiendo que las palabras salieran de su boca, era como estar sobre una nube rosa esponjosa.

Que no se despegó de él en todo el día, incluso, al día siguiente, con solo ver a su Crush pasar regañando a un par de alumnos superiores, lo hizo sumergir de nuevo en esa sensación tan agradable y dulce.

Senjurō dejó caer su cabeza sobre la mesa de madera, casi todo en ese día fue perfecto, pero no podía poner nada de eso en su informe, a menos claro que quisiera que su amor quedará expuesto antes de tener oportunidad de declararse.

La campana sonó, salvando por el momento al Rengoku, que a todas prisas comenzó a recoger sus cosas, su madre seguro ya se encontraría en casa, como profesora de caligrafía no tenía tantas horas de trabajo como su hermano, quién seguro estaba siendo detenido por alguno de sus alumnos, por lo que era su oportunidad de intentar entablar una conversación con Tomioka.

Intentó no correr por los pasillos, ni empujar por equivocación a alguien, si lo hacía tendría que detenerse y disculparse, y no quería eso.

Pasado el umbral, lo vió de pie, esperando... Un sonrojó inundó sus mejillas al pensar por un momento que lo estaba esperando a él, eso no era posible, aunque su corazón retumbara con fuerza solo con esa idea.

—Tomioka-sensei _Habló en un tono moderado, el suficiente para llamar su atención, por suerte, con el pasar de las clases que compartían pudo encontrar su voz, si bien se ponía muy nervioso, ahora no se quedaba parado— Quiero agradecerle por el libro que me recomendó _Sacó el libro entregandolo con una pequeña reverencia, su vista fue a sus pies, mientras las mariposas comenzaban a revolotear.

—¿Ya lo terminaste? _Senjurō sintió como su cuerpo se erizaba solo con escuchar esa suave voz, dudando de sus propias palabras, asintió lentamente.

Desde que Kyōjurō le contó a todo los profesores sobre su gusto por la lectura, su Crush le daba cada semana un nuevo libro, al principio fue una vez al mes, pero Senjurō no podía contener su emoción y terminaba leyéndolo los primeros días.

—Ya veo, te traeré otro mañana _Los dedos de Giyū tomaron el libro, rozando la mano de Senjurō...

El Rengoku podía escuchar el retumbar de su propio corazón, haciéndolo preguntar si su Tomioka también podía escucharlo, el sonrojó se volvió un carmín intenso, la nube esponjosa a la que ya estaba acostumbrado lo embriagó, sacándole una tierna sonrisa.

Esto era amor, el lo sabía, aunque nunca lo experimento antes, podía estar seguro que está sensación retumbando en su pecho era el indicativo que estaba enamorado, y le encantaba.

Sí pudiera darle un color a sus sentimientos, sería rosa, tan rosa como la nube que lo envolvía, o tan rosa como las Sakura que cayeron en esa primavera.

Continuará.

De las muchas ideas que tenía para iniciar en este fandom, está es la que más rápido salió, la narración de este capítulo fue más dulce porque me quería centrar en un primer amor, que se siente tan intenso y se cree que será el único.

No todos los capítulos serán llevados con Senjurō como el centro de atención, a medida que vaya avanzando iré metiendo más personajes.

No tengo la pareja principal establecida, lo que sé es que será con Giyū.

Esperó que disfrutarán.

Nos leemos luego.

Angel sin Luz/Blekk-Universe.