Días después del combate contra las mabestias...

El viento frío de la noche recorría los pasillos de la mansión Roswaal. Afuera, la luna brillaba con una intensidad espectral, iluminando el vasto bosque que rodeaba la propiedad. La tranquilidad del lugar contrastaba con la mente inquieta de Tony Montana, quien dormía en su habitación, ajeno a la oscuridad que estaba a punto de envolverlo.

Mientras descansaba en la enorme cama de la habitación que le habían asignado, su respiración era pausada, pero su mente no estaba en calma. De repente, el mundo a su alrededor comenzó a desvanecerse en sombras.

Tony se encontró en un lugar completamente oscuro. No había suelo bajo sus pies ni un horizonte al cual aferrarse, solo un vacío interminable que lo rodeaba. Sentía un frío profundo, uno que calaba en su piel como cuchillas invisibles.

No entendía cómo había llegado allí, pero había algo más que lo inquietaba: no estaba solo.

A unos metros de distancia, en medio de aquella negrura, una figura femenina se alzaba con una presencia etérea. Su silueta estaba cubierta por un velo negro, ocultando su rostro por completo. A pesar de no poder verla con claridad, Tony sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Entonces, la mujer habló.

-Debes protegerlo.

Su voz era suave pero inquietante, cargada de un eco distante que parecía resonar en la eternidad de ese lugar. Tony frunció el ceño y dio un paso adelante, intentando comprender lo que estaba sucediendo.

-¿Quién carajo eres tú? -preguntó, con el tono firme y desafiante que siempre usaba cuando alguien intentaba jugar con él.

Pero la mujer no respondió. En su lugar, repitió las mismas palabras, con un tono más apremiante.

-Debes protegerlo.

El corazón de Tony latió con más fuerza. Intentó moverse, pero su cuerpo se sentía pesado. La oscuridad alrededor comenzó a moverse como si tuviera vida propia, girando en remolinos que amenazaban con envolverlo.

-Deja de hablar en acertijos, ¡respóndeme! -gruñó, avanzando un paso más.

-Debes protegerlo.

La voz de la mujer ahora era más cercana, casi como un susurro en su oído. De repente, la oscuridad se cerró sobre él y sintió un fuerte tirón en su pecho, como si su alma estuviera siendo arrancada de su cuerpo.

Y entonces... despertó.

El Despertar y la Inquietud

Tony abrió los ojos de golpe, incorporándose bruscamente en su cama. Su cuerpo estaba cubierto de sudor frío, y su respiración era agitada. Miró alrededor de la habitación con los músculos tensos, esperando ver a alguien allí. Pero no había nadie.

La mansión estaba en silencio, solo el sonido lejano del viento nocturno se filtraba a través de las ventanas. Se pasó una mano por el rostro, sintiendo cómo su pulso poco a poco se normalizaba.

-¿Qué carajo fue eso? -murmuró para sí mismo.

No era la primera vez que tenía pesadillas, pero esto había sido diferente. No era solo un sueño... se sintió real.

Y lo más extraño de todo era lo que aquella mujer había dicho.

"Debes protegerlo."

¿A quién se refería?

Un pensamiento cruzó su mente, y su expresión se endureció.

"¿Subaru?"

No tenía sentido. Ese chico ya se había metido en suficientes problemas por sí solo, pero... algo en su interior le decía que no debía ignorar ese sueño.

Trató de sacárselo de la cabeza, pero la inquietud no desapareció. Algo dentro de él había cambiado, como si una sombra desconocida hubiera comenzado a acecharlo.

A la mañana siguiente, Tony intentó seguir con su rutina. Se levantó, se vistió con su traje característico y bajó al comedor para desayunar. Rem le sirvió café, y él lo bebió en silencio mientras los demás hablaban.

Pero entonces, algo extraño sucedió.

Por un instante, el ambiente a su alrededor pareció cambiar. El comedor de la mansión se desvaneció, y en su lugar, vio un destello de la misma oscuridad que en su sueño.

Y en medio de ella... la silueta de la mujer del velo negro.

Tony parpadeó, y la visión desapareció tan rápido como había llegado. Se quedó inmóvil por un momento, con la taza de café en la mano.

-¿Tony-Kun? -preguntó Rem, notando su expresión.

Tony desvió la mirada y dejó la taza sobre la mesa.

-Nada, chica. Solo me distraje un momento -respondió con calma, ocultando su inquietud.

Pero la verdad era que la visión lo había perturbado más de lo que quería admitir.

Y lo peor... es que no sería la última.

El sol apenas comenzaba a iluminar la mansión Roswaal cuando Tony Montana se puso su chaqueta blanca y se ajustó los guantes negros. Aunque no era un hombre acostumbrado a trabajar como sirviente, se había acostumbrado a la rutina en ese lugar. En su mundo, él mandaba; aquí, tenía que jugar otro papel.

Caminó por los pasillos de la mansión con su paso firme y seguro, su presencia imponente contrastando con la elegancia del entorno. Su primera tarea del día era asistir en el desayuno, así que se dirigió al comedor, donde Rem y Ram ya estaban preparando la mesa.

-Oh, hola T-Tony-Kun... -saludó Rem con una sonrisa dulce, inclinando ligeramente la cabeza con un sonrojo en su cara.

-Hola, chica -respondió Tony, con su característico tono relajado.

Ram apenas le dirigió una mirada antes de seguir con su trabajo.

-Rem, no te esfuerces tanto en ser amable con Montana. Si se acostumbra, pensará que somos blandas.

-Oh, hermana, no seas tan dura. Después de todo, Tony-Kun trabaja muy duro... -respondió Rem con dulzura mientras se acercaba a Tony, entregándole un paño para que limpiara la vajilla.

Cuando lo hizo, sus dedos rozaron ligeramente los de él. Fue un gesto sutil, pero suficiente para que Tony notara que Rem lo miraba con una expresión más cálida de lo normal.

Tony arqueó una ceja, pero no dijo nada. No era un hombre tonto; había visto muchas veces esa mirada en los ojos de las mujeres que lo rodeaban en su vida anterior.

"Interesante..." pensó mientras tomaba el paño y comenzaba su tarea.

Mientras realizaba sus labores, su mente no dejaba de divagar.

"Debes protegerlo."

Esas palabras seguían retumbando en su cabeza. No importaba cuánto intentara distraerse con el trabajo o con las interacciones con los demás, la imagen de aquella mujer cubierta por el velo negro seguía persiguiéndolo.

En varias ocasiones, mientras limpiaba los cubiertos o ayudaba a ordenar las habitaciones, sintió como si la sombra de la mujer apareciera en los rincones de la mansión. A veces era solo un reflejo en los vidrios de las ventanas, otras veces la veía al final de un pasillo, mirándolo en silencio antes de desvanecerse en el aire.

-... ¿Tony-Kun?

La voz de Rem lo sacó de su trance.

-¿Hm? -respondió, girando la cabeza hacia ella.

Rem lo miró con una expresión preocupada.

-Últimamente parece distraído... ¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo? Puede decírmelo.

Tony guardó silencio por un momento. No era alguien que soliera compartir sus preocupaciones con otros, y mucho menos con alguien que apenas conocía. Pero algo en la mirada de Rem le hizo sentir que no podía simplemente ignorarla.

-Solo tengo muchas cosas en la cabeza, Chica. Nada de qué preocuparse -dijo, forzando una leve sonrisa.

Rem no pareció convencida, pero asintió con suavidad.

-Si necesita algo... estaré aquí.

Tony asintió y volvió a su trabajo, pero dentro de él, la inquietud crecía.

Al finalizar sus labores, Tony decidió que era momento de hacer algo útil con su tiempo. Si este mundo le había dado una segunda oportunidad, no iba a desperdiciarla. Necesitaba volverse más fuerte.

Por eso, fue a buscar a Emilia y Puck.

Los encontró en el jardín trasero de la mansión, donde Emilia estaba practicando su magia de hielo. La joven semielfa movía sus manos con gracia, creando pequeñas esferas de nieve que flotaban a su alrededor antes de desvanecerse.

Puck, en su forma pequeña, flotaba sobre su hombro, supervisando el entrenamiento.

-Vaya, vaya, si no es el mayordomo más rudo de la mansión -dijo Puck con su tono juguetón al ver a Tony acercarse.

-Escucha bola de pelos, necesito que me ayudes a mejorar más con la magia.

-Esta bien, supongo que tengo un tiempo libre para eso ¿verdad Lía?-Preguntó Puck a su querida hija.

-Oh, si claro. Solo no se excedan demasiado ¿esta bien?-Decía Emilia con una sonrisa.

-Tranquila, no nos pasaremos de la raya jeje-Puck con una risita contestaba.

-Bueno, vamos a ello entonces gato. Te espero allá.-Tony señalaba un lugar apartado en el jardín para entrenar.

Luego de unos minutos...

El calor residual de las llamas aún flotaba en el aire cuando Tony apagó el fuego en su mano, sintiendo el peso del agotamiento recorrer su cuerpo. Aunque había logrado mantener el hechizo activo por más tiempo, todavía gastaba demasiada energía en cada intento.

Puck flotaba frente a él con una expresión pensativa, observándolo con curiosidad.

-Estás mejorando, Tony, pero sigues usando demasiada fuerza desde el principio. La magia no es solo poder, sino control.

Tony chasqueó la lengua y se pasó una mano por la cara, sintiendo el sudor acumulado en su frente.

-Sí, sí... ya lo entendí, bola de pelos. Pero no soy un maldito mago. No estoy acostumbrado a medir cada gota de energía que uso.

Puck sonrió con diversión.

-Bueno, si sigues quemando tu maná a este ritmo, acabarás en el suelo antes de poder lanzar un segundo ataque.

Tony soltó una risa seca y se cruzó de brazos.

-Entonces dime cómo diablos hago para no drenarme en segundos.

Puck giró en el aire antes de asentir.

-Piensa en la magia como un flujo constante, no como una explosión. No necesitas usar todo tu poder de una vez. Prueba mantener una pequeña llama encendida sin dejar que se apague ni que se vuelva incontrolable.

Tony suspiró, pero asintió. Extendió su mano y dejó que una llama roja naciera en su palma. Esta vez trató de no aumentar su tamaño, solo mantenerla estable.

Los primeros segundos fueron fáciles, pero luego sintió cómo su energía comenzaba a drenarse de nuevo.

-Tsk...

La llama creció levemente sin que él lo quisiera, ardiendo con más intensidad.

-¡Relájate! -dijo Puck-. No pelees contra la magia, fluye con ella.

Tony respiró hondo y trató de concentrarse. Poco a poco, la llama se estabilizó. Se mantuvo en su tamaño original, bailando suavemente sobre su palma sin absorber más energía de la necesaria.

Puck sonrió.

-¡Eso es!

Tony la mantuvo unos segundos más antes de cerrarla con un movimiento firme. Exhaló con pesadez, sintiendo aún el agotamiento, pero esta vez no era tan extremo como antes.

Puck lo miró con aprobación.

-Vas por buen camino, Tony. Solo necesitas seguir practicando hasta que lo hagas de forma natural.

Tony asintió, mirando su mano.

-Sí... lo haré.

Pero en el fondo, mientras la oscuridad del atardecer caía sobre el claro, su mente seguía inquieta.

Las visiones de la mujer con el velo negro aún lo acechaban, y una sensación de peligro latente se mantenía en su pecho.

Sin embargo, por ahora, tenía que concentrarse en lo que estaba frente a él.

Y en cómo sobrevivir en este maldito mundo.

...

El viento fresco de la noche soplaba suavemente a través del claro, pero el ambiente entre Tony y Puck estaba cargado de tensión. Tras haber practicado su control de energía, Tony sintió que era hora de probar su progreso en una situación más realista. Y qué mejor manera que enfrentarse al espíritu del fuego en un duelo amistoso.

-Está bien, bola de pelos -dijo Tony, sacudiendo sus hombros-. Vamos a ver qué tan bien he aprendido.

Puck flotó con una sonrisa traviesa.

-¡Me gusta tu entusiasmo! Pero recuerda, no voy a contenerme demasiado.

Tony dejó escapar una risa seca y chasqueó los dedos, invocando una pequeña llama en su palma.

-Perfecto. Lo necesito.

Puck dio una vuelta en el aire antes de alejarse un poco, tomando cierta distancia.

-Reglas simples: nada de ataques letales, y el primero en admitir la derrota pierde.

-He jugado con peores reglas -dijo Tony, tomando postura.

El espíritu no dijo nada más. En un instante, la temperatura a su alrededor cambió bruscamente. Una ráfaga de frío se extendió desde el pequeño gato flotante, formando cristales de hielo en la hierba bajo sus pies.

Tony sintió el escalofrío recorrer su espalda, pero no se dejó intimidar. Con un movimiento rápido, extendió su mano y lanzó una bola de fuego directa hacia Puck.

El espíritu esquivó con facilidad, girando en el aire.

-No tan rápido.

Con un simple movimiento de su diminuta patita, una corriente de aire helado se disparó hacia Tony.

El cubano reaccionó instintivamente, encendiendo una llama en su otra mano y formando una barrera de fuego para contrarrestar el ataque. El hielo y el fuego chocaron, generando vapor a su alrededor.

Puck sonrió con diversión.

-¡Nada mal!

Tony no respondió, sino que aprovechó la distracción para moverse. Con pasos rápidos, rodeó el vapor y lanzó otra ráfaga de fuego, esta vez en forma de un arco ascendente.

Puck, sin embargo, no era fácil de sorprender. Con un simple giro, generó un escudo de hielo que absorbió las llamas.

-Vas a necesitar algo mejor que eso -bromeó el espíritu.

Tony chasqueó la lengua, pero no se detuvo. Volvió a conjurar fuego, pero esta vez lo concentró en una línea delgada en su mano, como si estuviera sosteniendo un cuchillo hecho de llamas.

Puck alzó una ceja.

-¿Oh? ¿Y qué piensas hacer con eso?

Tony no respondió. Simplemente se lanzó hacia adelante.

Puck levantó una barrera de hielo, pero Tony ya había anticipado ese movimiento. En lugar de atacar directamente, deslizó su fuego alrededor del hielo, derritiéndolo lo suficiente para atravesarlo con rapidez.

Por un instante, Puck quedó expuesto.

Tony sonrió.

-Te tengo.

Pero antes de que pudiera lanzar su ataque final, Puck desapareció en una ráfaga de nieve y reapareció justo a su lado.

-¡Ups! Casi me atrapas.

Tony abrió los ojos con sorpresa, pero antes de reaccionar, sintió una ráfaga de aire frío golpearlo directamente en el pecho, empujándolo hacia atrás.

Cayó de espaldas contra el suelo, resoplando con frustración.

Puck flotó sobre él, con una expresión de satisfacción.

-¡Buen intento, Tony! Estuviste cerca.

Tony se quedó en el suelo por un momento, recuperando el aliento. Luego, soltó una risa baja.

-Maldición... supongo que todavía me falta camino.

Puck aterrizó en su pecho y sonrió.

-Tal vez. Pero admito que me hiciste sudar un poco... si es que los espíritus sudaran.

Tony negó con la cabeza y se incorporó lentamente.

-Tienes razón, bola de pelos. Pero esto no ha terminado. La próxima vez, te ganaré.

Puck rió con entusiasmo.

-¡Eso quiero ver!

Tony se sacudió el polvo de la ropa y miró sus manos. El control de su magia aún no era perfecto, pero había progresado mucho más de lo que esperaba.

Pero más allá del entrenamiento, algo en su interior seguía inquietándolo.

Porque entre el vapor del combate, por un instante, creyó haber visto aquella silueta oscura de nuevo.

La mujer con el velo negro.

Tony apretó los dientes y apartó la sensación.

No era momento para pensar en eso.

Por ahora, solo le quedaba seguir entrenando.

Y prepararse para lo que fuera que estuviera por venir.

El viento comenzaba a calmarse tras el agotador duelo. Tony se quedó de pie, respirando de manera regular pero aún ligeramente acelerada. Aunque el entrenamiento con Puck le había dejado un agotamiento notable, el cubano no se sentía derrotado. Había aprendido algo nuevo, y eso era suficiente para mantener su motivación.

De repente, una voz familiar llegó desde el borde del claro.

-¡Eh, chicos! ¡Buen trabajo!

Tony y Puck se giraron al mismo tiempo, sorprendidos por la aparición de Emilia y Subaru. La joven semielfa sonreía cálidamente, mientras que Subaru parecía más entusiasta, aunque ligeramente agitado.

-¡Ustedes dos! ¡Ese fue un buen espectáculo! -dijo Subaru, acercándose con su característica sonrisa-. Estaba mirando desde lejos, y parece que realmente se han esforzado en ese duelo.

Emilia asintió con una sonrisa más suave.

-Sí, realmente fue impresionante ver cómo ambos manejaron el combate. Tanto Puck con su maestría y Tony, con un mejor control sobre el fuego que antes.

Tony se encogió de hombros, restando importancia a su actuación.

-Solo fue un pequeño duelo, nada del otro mundo.

Emilia rió suavemente.

-Aún así, se nota el progreso. Toma Tony, come esto.

De repente, Emilia sacó de su mochila la fruta que te regenera el mana, con una cáscara brillante que parecía reflejar la luz del sol de manera peculiar.

Tony miró la fruta con interés. Su apariencia era inusual, pero la promesa de recuperar energía rápidamente era más que atractiva.

-Gracias, Emilia -dijo, tomando la fruta y dándole un pequeño mordisco. El sabor era dulce y refrescante, pero lo más impactante fue cómo comenzó a sentirse más ligero, como si toda la fatiga de su cuerpo desapareciera en segundos.

Tony exhaló con una sonrisa satisfecha.

-Esto sí que funciona... Gracias.

Puck flotaba cerca de él, observando con una ligera mueca.

-No te acostumbres demasiado a comer esas frutas. Son muy exóticas.

Tony le lanzó una mirada de reojo y sonrió.

-Tranquilo, ya me la terminé.

Emilia rió, luego se giró hacia el grupo.

-Bueno, ya que han terminado su entrenamiento, ¿les gustaría venir a la mansión? ¡Rem y Ram están preparando la comida, y podría ser un buen momento para relajarse un poco!

Tony sintió un leve cosquilleo en el estómago al escuchar sobre la comida. No era un hombre de demasiados lujos, pero la comida en la mansión siempre había sido un alivio, especialmente tras una jornada de entrenamiento.

-Eso suena bien -dijo, ya comenzando a caminar hacia la mansión.

Subaru se adelantó un poco y le dio un golpe amistoso en el hombro a Tony.

-Seguro que Rem estará encantada de verte, Tony. ¡Está como loca de que llegues!

Tony frunció el ceño ligeramente, pero no dijo nada. Sabía que Subaru no estaba completamente en lo cierto, aunque la atmósfera en la mansión había cambiado desde su llegada. Rem, en particular, lo trataba con una amabilidad que superaba lo que Tony había experimentado en otros lugares.

Al llegar a la mansión, las puertas se abrieron antes de que pudieran tocarlas. Rem y Ram estaban allí, esperando en la entrada. Rem, con su mirada tranquila y serena, parecía especialmente feliz de ver a Tony.

-¡Bienvenidos de vuelta! -dijo Rem, con su habitual tono suave-. Espero que el entrenamiento haya ido bien.

Tony asintió, pero antes de que pudiera hablar, Rem se acercó rápidamente, sin ocultar el brillo de admiración en sus ojos.

-Es bueno verte, Tony. Debes estar cansado después de todo eso, ¿quieres descansar un poco antes de comer?

Tony se sintió ligeramente incómodo, pero su tono era agradecido.

-No, estoy bien. Estoy más que listo para la comida.

Rem sonrió cálidamente, tomando nota de su respuesta antes de guiarlo hacia el comedor. Ram, por su parte, simplemente observaba con su usual expresión un tanto distante, aunque no sin cierto interés.

-El señor Roswall no nos acompañará en la cena, tiene asuntos pendientes en la capital asi que me dijo que les avise.-dijo Ram, con un tono que no dejaba lugar a dudas.

Tony se sintió mejor al saber que ese payaso no estaría allí.

Una vez dentro, el aroma a comida recién hecha llenaba el aire. Las mesas estaban dispuestas de manera ordenada, y las luces suaves daban una sensación de calidez en el ambiente. Tony se sentó en la mesa, mirando cómo Rem y Ram servían la comida con destreza.

Mientras los demás se sentaban, Tony no pudo evitar notar la sensación de calma que lo envolvía. A pesar de su naturaleza violenta y su pasado lleno de caos, por alguna razón, en ese lugar sentía que podía relajarse, aunque fuera por un rato.

Y mientras el silencio caía sobre la mesa, la inquietante sensación de la mujer con el velo negro seguía acechando su mente, aunque por un momento, pudo olvidarla.

Al menos hasta que el futuro lo alcanzara nuevamente.

La comida en la mansión transcurría en un ambiente cálido y relajado. El sonido de los cubiertos contra los platos se mezclaba con las suaves conversaciones entre los presentes. Rem y Ram servían con destreza, asegurándose de que todos estuvieran bien atendidos, mientras que Subaru disfrutaba de su comida con el apetito habitual. Puck, como siempre, flotaba cerca, curioseando y comentando sobre lo delicioso que estaba todo.

Tony, sin embargo, se mantenía un poco más en silencio de lo habitual, disfrutando del sabor de la comida, pero con la mente aún distraída por las imágenes de la mujer con el velo negro. A pesar de que había intentado desconectar durante el entrenamiento y la comida, no podía dejar de sentir esa presión invisible en su pecho.

Fue entonces cuando Rem, al darse cuenta de su silencioso comportamiento, se acercó un poco más. Su mirada era curiosa, pero suave, sin presionar demasiado.

-Tony, te noto un poco callado -dijo con su tono suave y sereno-. Normalmente, no eres tan callado. ¿Qué pasa?

Tony levantó la mirada y la encontró observándolo con preocupación. Aún no estaba completamente cómodo con la cercanía de los demás, pero algo en la forma en que Rem lo trataba, con esa atención tan genuina, le hizo sentir un poco más relajado.

-Solo estoy pensativo -respondió de manera evasiva, tomando un sorbo de su bebida-. Nada importante.

Rem lo miró un momento más, como si quisiera indagar más, pero en lugar de insistir, simplemente sonrió.

-Entiendo. Pero si alguna vez te apetece hablar, aquí estamos.

El ambiente se volvió más tranquilo por unos momentos, hasta que Rem, con un tono algo más ligero, agregó:

-Por cierto, Tony, he estado pensando. Sabemos poco de ti... ¿te gustaría contarnos alguna anécdota de tu pasado? Algo que te haya marcado cuando eras más joven.

Tony, al principio, se quedó en silencio, con una mueca apenas perceptible. No le gustaba hablar de su pasado. Había demasiados recuerdos oscuros, demasiadas historias que preferiría olvidar. Pero a la vez, una parte de él sentía curiosidad por ver cómo reaccionaban a su historia. Además, no podía negar que su conexión con Rem y los demás estaba comenzando a sentirse más natural.

Respiró hondo y pensó por un momento. Luego, con una sonrisa melancólica, comenzó a hablar.

-Bueno, si insistes... No soy un santo, ya te lo adelanto. De joven, era un verdadero rebelde. Nací en un pueblo donde todo era controlado por... digamos, fuerzas que no eran precisamente las más amigables.

Rem lo observaba con interés, aunque no parecía sorprendida por sus palabras.

-¿Fuerzas controladoras? -preguntó Rem, con la inocencia de quien aún no conoce completamente el lado oscuro de un gobierno opresivo.

Tony asintió lentamente, pensando cuidadosamente en cómo contar su historia sin revelar demasiado.

-Sí, algo así. En mi pueblo había una dictadura. No podías hacer mucho sin que alguien estuviera mirando. La gente tenía miedo de hablar, de salir a la calle, de hacer cualquier cosa que pudiera hacer que los "jefes" te pusieran un ojo encima. La vida era un tipo de cárcel.

Subaru, al oír esto, dejó de comer por un segundo, claramente interesado.

-Eso suena horrible... ¿y qué hiciste tú en ese caso?

Tony se encogió de hombros, sin perder su tono relajado.

-Yo... me metía en líos. Era joven, ¿sabes? Quería hacer todo lo que me prohibían. Los jóvenes son así, no saben medir las consecuencias. Había momentos en que me metía en enfrentamientos con los que pensaban que podían controlarnos, con esos tipos que se creían los dueños de todo.

Rem lo miraba atentamente, como si tratara de comprender mejor sus palabras.

-¿Y te metías en problemas por eso?

-Más de los que te puedas imaginar -dijo Tony con una risa amarga-. Pero eso era parte del trato. Los que no se sometían, los que luchaban por algo más, éramos los que más sufríamos, aunque nunca lo admitirían. Pero al final, algunos de nosotros logramos encontrar una forma de hacer las cosas a nuestra manera. No todo se trata de pelear a la fuerza. A veces se trataba de... de buscar otras maneras de resistir.

Puck, que había estado flotando en silencio cerca de la mesa, no pudo evitar intervenir.

-¡Vaya! ¿Y cómo lo hiciste? ¿Usaste magia?

Tony lo miró con una ligera sonrisa.

-No, no tenía acceso a la magia en ese entonces. Solo... sabía cómo moverme entre las sombras. Cómo hacer que las cosas pasaran sin que nadie lo notara. Era más como un juego del gato y el ratón, si lo quieres ver así. Pero siempre había consecuencias. Siempre había algo que quedaba marcado, algo que no podías borrar.

Rem lo observaba con una mezcla de fascinación y simpatía.

-Eso suena... complicado. Me imagino que no debió ser fácil.

Tony asintió, con la mirada distante.

-No lo fue. Pero eso es lo que hace que seas quien eres, ¿no? Las cosas difíciles son las que te enseñan. Aunque... a veces desearía no haber aprendido tantas lecciones.

El silencio se hizo un poco más denso mientras todos digerían las palabras de Tony. Había algo en su tono que hacía difícil no imaginar lo que había vivido, aunque las piezas del rompecabezas no estuvieran completas.

Finalmente, Subaru rompió el silencio.

-¡Vaya, eso sí que es una historia! No sé si hubiera sido capaz de soportar todo eso.

Tony se encogió de hombros, deshaciéndose de la tensión en el ambiente.

-Supongo que todos tenemos nuestras propias batallas. Lo importante es sobrevivir a ellas.

Rem, con una sonrisa suave, asintió.

-Eso es lo que me gusta de ti, Tony. Aunque no lo digas, sabes cómo seguir adelante a pesar de todo.

Tony la miró y asintió, apreciando la sinceridad en sus palabras. Sin decir más, continuaron comiendo, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero la atmósfera entre ellos se había suavizado.

Tony, por un raro momento, no sintió tanto peso sobre sus hombros. No estaba completamente libre de las sombras de su pasado, pero por lo menos en ese instante, en esa mansión, podía descansar un poco.

Después de la comida, Tony se levantó de la mesa, estirando los brazos con una ligera mueca. Sentía una sensación de bienestar que no había experimentado en mucho tiempo, como si el peso de sus pensamientos se hubiera aliviado un poco. No era suficiente para borrar todo lo que lo aquejaba, pero al menos por esa tarde, estaba en paz.

-Voy a darme una ducha -dijo, dirigiéndose hacia la puerta.

Emilia le sonrió, asintiendo.

-Tómate tu tiempo, Tony.

Con un gesto de agradecimiento, Tony salió hacia el pasillo. Mientras caminaba por la mansión, su mente ya comenzaba a enfocarse en la quietud de una ducha, en el breve descanso que se le ofrecía. Pero al llegar frente a la puerta del baño, algo extraño ocurrió.

Al abrirla, no encontró el baño, como esperaba. En su lugar, ante él se extendía una enorme sala llena de estanterías, con libros apilados hasta el techo. No era cualquier biblioteca, sino una que emanaba una atmósfera peculiar, como si tuviera vida propia.

Tony dio un paso atrás, confundido. Miró de nuevo la puerta. Se había asegurado de que era la correcta, pero al parecer había algo más en juego. Frunció el ceño y dio otro paso hacia adelante, curioso.

Entonces, desde el fondo de la biblioteca, una voz conocida lo hizo detenerse.

-¡¿Qué estás haciendo aquí?!

Era Beatrice. La pequeña biblioteca estaba tan llena de libros que Tony apenas la había notado entre ellos, pero ahí estaba, con su mirada furiosa, como siempre.

-¿Qué? -respondió Tony, dándose la vuelta-. Yo... creí que esta era la puerta del baño.

Beatrice se cruzó de brazos, levantando una ceja, visiblemente molesta por la interrupción.

-¡Qué tonto! ¡Esta es mi biblioteca! ¡No es lugar para que andes curioseando!

Tony no pudo evitar sonreír ante su tono severo. Aunque la pequeña hechicera parecía tener la misma actitud de siempre, había algo gracioso en la forma en que trataba de intimidarlo.

-¿En serio? -dijo Tony, sin inmutarse-. No parece que seas tan dueña de todo esto. Es solo una biblioteca, ¿no?

Beatrice se acercó un paso más, su rostro rojo de indignación.

-¡Claro que es mía! Y no te permito que te metas aquí sin que te diga nada. ¡Ya basta de esas miradas curiosas supongo!

Tony la observó por un momento, notando lo pequeña que era, a pesar de la intensidad de su carácter. La diferencia de tamaño y actitud entre ellos dos era evidente. Para él, Beatrice no pasaba de ser una niña traviesa, con poderes que claramente no entendía, pero que a su modo, trataba de imponer respeto.

-¿Sabes qué? -Tony dijo con una sonrisa burlona-. No eres más que una niña con un montón de libros. ¿Qué vas a hacer, lanzarme un hechizo si no me largo?

Beatrice lo fulminó con la mirada, pero en el fondo, Tony sabía que no lo haría. O eso espera. A pesar de sus amenazas y su actitud de superioridad, había algo en ella que no terminaba de coincidir con su comportamiento agresivo.

-¡No soy una niña! -protestó Beatrice, frunciendo el ceño-. ¡Soy un gran espiritu supongo! ¡Y no voy a permitir que me traten como tal!

Tony se rió, pero sin burlarse por completo. No era como si la estuviera menospreciando; simplemente no podía tomarla completamente en serio. Beatrice podía ser poderosa, sí, pero su comportamiento le recordaba a la actitud desafiante de una niña pequeña que se siente fuera de lugar en un mundo más grande.

-Está bien, está bien -dijo Tony, levantando las manos en señal de rendición-. No tengo problemas con tu biblioteca. Solo quería usar el baño.

Beatrice lo miró de manera desafiante por unos segundos, antes de suspirar pesadamente.

-Si lo que querías era usar el baño, entonces vete por allá -dijo, señalando la puerta.

Tony arqueó una ceja, sorprendido por la brusquedad de su respuesta.

-¿Y esa es la salida del baño?

Beatrice asintió con firmeza.

-Sí, tonto. ¿Qué esperabas? No iba a dejar que anduvieras vagando por mis cosas supongo.

Tony no pudo evitar sonreír ante su descaro. Era una especie de desafío constante, como si quisiera que él la respetara de alguna manera, pero sin tener que demostrarlo. En cierto modo, le parecía entrañable, aunque no lo admitiría nunca.

-Está bien, pequeña "espíritu"-dijo con tono juguetón-. Gracias por la indicación.

Beatrice frunció el ceño, pero no dijo nada más. En su interior, aunque no lo mostraba, Tony podía notar que había algo más allá de su actitud severa, algo que quizás no quería que los demás descubrieran.

Al salir de la biblioteca y dirigirse hacia el verdadero baño, Tony se quedó pensando en el extraño encuentro. Beatrice era un enigma, una niña con más poder del que su apariencia sugería. Sin embargo, no podía dejar de tratarla con la misma indiferencia con la que trataba a muchas personas, un tanto distante, pero sin maldad. Quizás, solo quizás, entendía que bajo esa fachada de arrogancia y poder, había algo más vulnerable.

Sin embargo, por el momento, prefirió dejar esos pensamientos a un lado. Tenía otras cosas en las que pensar, como la mujer del velo negro que seguía rondando su mente.

Luego de darse un baño el se dirigió hacia su cuarto para descansar.

Tony cerró la puerta tras de sí, sin embargo, antes de dar un paso hacia el interior de su habitación, algo extraño ocurrió. La misma sensación inquietante lo envolvió, como una sombra que nunca se disipaba. Miró hacia el centro de la habitación, donde la luz apenas iluminaba el espacio, y ahí estaba ella: la mujer del velo negro.

La figura de Satella, aquella presencia misteriosa que lo había acechado en sus sueños, apareció de nuevo. La silueta de la mujer estaba difusa, su rostro oculto tras el velo, pero su voz era clara, resonando en la habitación de una manera escalofriante.

-"Protégerlo..."

Tony sintió que la presión en su pecho aumentaba. ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué sentía que sus palabras lo atravesaban? Había intentado dejar de pensar en ella, había intentado concentrarse en las cosas cotidianas, como la comida o su entrenamiento con Puck. Pero su presencia no lo dejaba en paz.

Antes de que pudiera procesar más, el sonido de un golpe seco y el dolor inmediato lo sorprendieron. Algo pesado lo impactó con una fuerza brutal. La patada lo atravesó, empujándolo hacia la pared con tal violencia que el impacto lo dejó sin aliento. El dolor lo recorrió de inmediato, y con dificultad, logró levantar la cabeza.

El lugar ya no era el mismo. La luz de la habitación había desaparecido por completo, y en su lugar, una figura se alzaba ante él. Tony entrecerró los ojos, sintiendo que su cuerpo no respondía como debía. No podía creer lo que veía.

-"¿Te acuerdas de mí?" -dijo la mujer con una sonrisa fría, sus ojos brillando con una malicia que no podía disimular.

Era Elsa Granhiert. La asesina que lo había matado tan pronto como llegó a este mundo, dejándolo frente a un destino que solo podía evitar gracias al poder del retorno por muerte. Esa mujer que lo había derrotado sin esfuerzo, que había dejado su orgullo y dignidad hechos pedazos en el suelo. Elsa, la cazadora que parecía disfrutar cada momento de su sufrimiento.

Tony apretó los dientes con furia al verla, su cuerpo adolorido aún luchando por reaccionar. El recuerdo de su derrota estaba fresco, y cada palabra que Elsa había dicho en el pasado lo enfurecía aún más.

-"Vas a pagarlo..." -murmuró entre dientes, levantándose con esfuerzo, sacando lentamente la pistola de su cintura.

Elsa lo observaba con una sonrisa burlona, disfrutando claramente de la tormenta interna que él estaba experimentando.

-"¿De verdad crees que puedes hacer algo contra mí? ¿Sin Reinhard salvándote la vida?" -se burló ella, dejando que sus palabras calaran profundamente en la mente de Tony.

Tony apretó con más fuerza el mango de la pistola. Las palabras de Elsa, la humillación que había sufrido, todo lo que había enfrentado antes, lo envolvía. En su mundo, las cosas no se resolvían con magia ni con milagros, sino con acción, con la fuerza de voluntad y determinación. Y aunque Elsa le recordaba constantemente su derrota, había algo en él que se negaba a ser vencido de nuevo.

-"Reinhard... ¿Creer que solo dependía de el te hace sentir tan segura?" -dijo Tony, levantándose lentamente. Cada paso era un desafío para su cuerpo adolorido, pero su determinación lo mantenía en pie.

Elsa se echó a reír.

-"Oh, lo siento. ¿Creíste que podrías ganar sin ayuda? ¡Eres un tonto! Sin Reinhard, no habrías durado ni un segundo contra mí."

El veneno en sus palabras calaba hondo, pero Tony no permitió que su rabia lo cegara. Su respiración se calmó mientras se enfocaba en el objetivo: Elsa. No podía permitir que su furia lo controlara, pero tampoco podía dejar que se saliera con la suya.

Con un movimiento rápido, Tony apuntó con la pistola, su mirada fija en Elsa. No necesitaba palabras para expresar lo que sentía.

Elsa, al ver su determinación, soltó una sonrisa de desafío.

-"¿Qué vas a hacer, eh? ¿Dispararme?" -su tono era mordaz, llena de desdén.

Tony, con el pulso aún firme, no respondió. En su mente solo había una cosa: acción. A pesar de que Elsa era poderosa, él no iba a rendirse. No ante la humillación, no ante ella.

Entonces, con una explosión de energía, disparó. La bala voló con velocidad, pero Elsa, con un movimiento ágil, esquivó la bala sin esfuerzo, riendo con desprecio.

-"¿De verdad pensaste que eso me haría daño?" -dijo, su tono cargado de burla.

Tony no se dio por vencido. Con cada palabra que ella decía, su ira crecía. Sabía que la lucha con Elsa no sería fácil, que no podía ganarle con magia o trucos, pero su mente estaba puesta en un solo objetivo: eliminar esa sensación de impotencia.

Con la pistola aún en la mano, se lanzó al ataque, preparado para dar lo mejor de sí mismo, incluso si eso significaba arriesgarlo todo.

Elsa, por otro lado, disfrutaba de la pelea, consciente de su superioridad, pero sin dejar de lado su vigilancia. Esta vez, Tony no iba a ser un simple espectador.

La tensión en la habitación era palpable. El aire vibraba con cada respiración entrecortada. Tony, con la pistola en mano, estaba dispuesto a enfrentar a Elsa hasta el final. Cada fibra de su ser le exigía vengar la humillación que le había causado. A su alrededor, la habitación parecía volverse más densa, como si el mismo espacio se retorciera con la violencia que estaba por desatarse.

Elsa, por su parte, parecía disfrutar de cada segundo. Su sonrisa burlona nunca desaparecía, y sus ojos brillaban con una mezcla de diversión y desprecio. Estaba completamente en control de la situación, al menos, hasta que Tony apretó el gatillo.

La bala voló hacia Elsa con una velocidad letal, pero ella, como si se moviera a la velocidad de la luz, se desvió con una agilidad que desafió las leyes de la física. En un giro rápido y preciso, sus cuchillas destellaron en el aire, y la bala pasó rozando su costado, sin tocarla.

-"¿Eso es todo lo que tienes?" -se burló Elsa, con un tono frío y calculador, mientras se deslizaba hacia él con una velocidad impresionante.

Tony no retrocedió. Antes de que Elsa pudiera acercarse más, levantó la mano libre y conjuró una llamarada de fuego. Las llamas se alzaron de su cuerpo, iluminando la habitación con una luz anaranjada y cálida. El fuego era su segunda naturaleza, su única respuesta cuando se veía rodeado por su propia ira.

Elsa esquivó el primer chorro de fuego con un salto acrobático, haciendo que las llamas apenas rozaran su costado. Su habilidad para moverse con una rapidez sobrehumana le permitía evitar cualquier ataque directo, pero Tony no dejó de atacarla. Cada bala que disparaba era acompañada de una explosión de fuego, creando una barrera de llamas que rodeaba el espacio entre ellos.

Elsa no dudó. Al contrario, su cuerpo se desplazaba entre las llamas como una sombra, moviéndose con una gracia y rapidez inquietantes. En un instante, ya estaba frente a Tony, sus cuchillas brillando bajo la luz del fuego. Sin previo aviso, hizo un corte horizontal que Tony apenas logró bloquear con su pistola.

La fuerza del impacto hizo que Tony retrocediera, sus pies arrastrándose por el suelo. Elsa aprovechó la oportunidad, atacando de nuevo con una serie de cuchillazos rápidos. Cada uno de esos ataques parecía letal, y aunque Tony intentaba esquivarlos, la velocidad de Elsa era abrumadora.

-"No puedes ganarme, tonto. Reinhard no está aquí para salvarte ahora." -Elsa se burló, disfrutando de su ventaja.

Pero Tony no se dejó desanimar. De repente, con un gruñido de esfuerzo, levantó la pistola hacia Elsa, disparando un tiro directo al centro de su torso. Elsa, sorprendida por su reacción rápida, se desvió a la última fracción de segundo, pero la bala rozó su brazo. El corte, aunque superficial, fue suficiente para que Elsa apretara los dientes, notando que no podía subestimarlo por completo.

-"Bien... parece que te has vuelto un poco más interesante." -Elsa se preparó para otro ataque, pero esta vez, Tony no dio tregua.

Con una feroz determinación, Tony conjuró una explosión de fuego aún mayor. La llamarada estalló en un cono de llamas que envolvió por completo el espacio entre ellos, cubriéndolo todo con una ola de calor. Elsa, atrapada en la explosión, intentó saltar hacia un lado, pero el calor de las llamas la golpeó, quemando ligeramente su piel.

-"¿Te has cansado de jugar, Elsa?" -dijo Tony, su respiración entrecortada pero firme.

Elsa, ahora visiblemente molesta, saltó al techo, alejándose del alcance de las llamas. En su rostro había un destello de furia. Su agilidad y velocidad le daban ventaja, pero no podía negar que Tony había aprendido a defenderse, y eso la hacía más peligrosa de lo que pensaba.

Desde el borde de la habitación, oculto en las sombras, Satella observaba el combate con una mirada indiferente. Su presencia era apenas perceptible, como una sombra desvanecida entre las grietas del espacio. Sus ojos brillaban, pero no mostraban emoción alguna. Aquel duelo, aunque violento, no la conmovía. Estaba observando algo mucho más grande, algo que solo ella podía comprender. El juego entre Tony y Elsa solo era una pieza dentro de un rompecabezas mucho más complejo.

El sonido de los cuchillos cortando el aire y las explosiones de fuego resonaron en la habitación mientras Elsa atacaba nuevamente, lanzándose hacia Tony con un movimiento imposible de seguir. Sus cuchillas brillaban como relámpagos, y su velocidad parecía desafiar las leyes de la física. Tony, sin embargo, no se dejó atrapar. Su pistola disparó una y otra vez, mientras conjuraba una ráfaga de fuego que envolvía su cuerpo en un resplandor brillante.

La habitación estaba llena de caos. Cada rincón parecía envuelto en una lucha sin fin entre la brutalidad del fuego y la agilidad letal de Elsa. Pero Tony no cedió. Se mantenía firme, su voluntad más fuerte que el dolor que sentía en su cuerpo, su determinación aún más ardiente que las llamas que invocaba.

Finalmente, después de varios intercambios rápidos, Tony logró conectar un golpe directo. Desarmó a Elsa momentáneamente, disparando un tiro certero que la hizo retroceder, sorprendida por la precisión de su ataque. Elsa se tambaleó, recuperándose rápidamente, pero ahora, en sus ojos, había algo que no había estado antes: una pizca de respeto.

-"No eres tan malo después de todo, Tony Montana." -Elsa dijo, su tono ligeramente más serio ahora.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Tony, con un rápido movimiento, recargó su pistola y disparó nuevamente.

Elsa no pudo evitar una sonrisa maliciosa mientras evitaba el disparo, pero al mismo tiempo, se retiró hacia las sombras. El duelo había alcanzado un punto crítico, donde la habilidad de ambos contendientes era evidente, pero ninguno quería ceder.

En el borde de la habitación, Satella observaba, como una sombra sin forma, sin alterar el curso del destino. Este enfrentamiento no era solo entre Tony y Elsa. Era solo una prueba. Una prueba más dentro del juego que ella había comenzado.

La habitación se había transformado en un campo de batalla, lleno de la luz titilante de las llamas que Tony había conjurado y el destello de las cuchillas de Elsa. El cuerpo de Tony estaba cubierto de sudor, y el cansancio comenzaba a hacer mella en su resistencia. Sin embargo, su ira seguía ardiendo, empujándolo a continuar luchando. Elsa, por otro lado, permanecía completamente calmada, disfrutando del espectáculo, como si cada golpe que le asestaba fuera una simple rutina.

-"¿Eso es todo, Tony?" -se burló Elsa, observando cómo Tony retrocedía, su respiración agitada, el sudor resbalando por su frente.

Elsa se movió con una velocidad tan fluida como una sombra. Con un giro rápido, desapareció de la vista de Tony y apareció a su lado, lanzando una serie de cuchillazos que cortaron el aire como un vendaval. Tony apenas pudo reaccionar a tiempo para bloquear el primero con la culata de su pistola, pero el siguiente corte fue directo hacia su costado. La hoja afilada de la cuchilla rasgó su chaqueta y la piel de su abdomen, dejando un rastro de sangre que rápidamente empapó su ropa.

-"¡Maldita sea!" -exclamó Tony, forzándose a mantenerse de pie mientras las llamas que invocaba rodeaban su cuerpo como una cortina de fuego.

El calor de las llamas era insoportable, pero Elsa parecía moverse sin inmutarse. Aprovechó su agilidad sobrehumana para deslizarse por el aire y aparecer detrás de él. En un abrir y cerrar de ojos, Elsa levantó una de sus cuchillas y la hundió hacia el hombro de Tony. La hoja cortó la tela y la carne de su hombro derecho con una precisión letal. Tony gritó, y la sangre brotó de la herida, pero no tenía tiempo de pensar en el dolor. La furia lo mantenía en pie.

-"¿Crees que puedes ganarme?" -preguntó Elsa, casi con diversión, mientras lo observaba luchar por mantenerse erguido. Con un movimiento fluido, giró y lanzó otra cuchilla, esta vez apuntando a su pierna. La cuchilla se clavó en su muslo con un sonido sordo. Tony cayó de rodillas, un grito de dolor saliendo de su garganta.

Elsa se acercó lentamente, disfrutando cada segundo de la agonía de Tony. Con un giro elegante, le dio una patada a su rostro, mandándolo volando hacia atrás, su cabeza golpeando el suelo con un estruendoso sonido. La luz del fuego parpadeó, y Tony apenas pudo reaccionar antes de que Elsa se colocara sobre él, con una risa baja y cruel.

-"Pensé que un hombre como tú sería más resistente." -Elsa señaló con una cuchilla a su rostro, haciendo que Tony mirara la hoja afilada que brillaba en la penumbra de la habitación.

Tony intentó levantarse, pero estaba demasiado débil. Cada movimiento le dolía. Cada vez que trataba de sostenerse, su cuerpo parecía negarse a colaborar, como si todo el sufrimiento que había recibido ya lo hubiera dejado sin fuerzas. Elsa lo observaba con diversión mientras él temblaba, incapaz de levantarse.

Sin darle tiempo a pensar, Elsa levantó una de sus cuchillas y la estrelló contra su abdomen con una brutalidad que casi lo cortó por la mitad. Tony gritó de dolor, su aliento entrecortado por la intensidad del golpe. La sangre brotó de su herida y la habitación giraba a su alrededor mientras la visión se volvía borrosa.

Elsa se inclinó hacia él, sus ojos fríos y despiadados.

-"¿Te arrepientes ahora?" -preguntó con un susurro lleno de burla, mientras Tony luchaba por mantenerse consciente.

Pero antes de que pudiera decir algo, Elsa le dio una patada en el estómago, enviándolo a volar hacia la pared de la habitación. El impacto fue tan fuerte que un gruñido de dolor escapó de sus labios mientras su cuerpo chocaba contra la pared con una fuerza que le rompió algunas costillas. Se deslizaba hacia el suelo, incapaz de soportar el dolor.

Elsa se acercó lentamente a él, sin prisa. Estaba disfrutando de cada segundo, observando cómo el hombre que había desafiado su poder se desmoronaba ante ella.

-"Puedo seguir golpeándote todo el tiempo que quiera, Tony. No hay nadie aquí que te salve."

Con una última mirada de desprecio, Elsa levantó una de sus cuchillas y la bajó con fuerza hacia su rostro. Tony, en un último esfuerzo, intentó bloquearla con lo que quedaba de sus fuerzas, pero no lo logró. La cuchilla le cortó la mejilla y parte de la mandíbula, y una nueva oleada de dolor lo arrastró hacia la oscuridad.

Mientras Elsa se alejaba de su cuerpo inmóvil, una figura comenzó a tomar forma en las sombras. Era Satella, observando el caos desde un rincón distante de la habitación. Su rostro, cubierto por el velo, no mostraba ninguna emoción. Solo sus ojos brillaban, vacíos, como si estuviera disfrutando de un espectáculo que solo ella comprendía.

-"Usa tu autoridad..." -la voz de Satella se repitió en la mente de Tony, resonando en su cabeza como un eco constante, pero esta vez, no había forma de entenderlo.

Elsa, satisfecha con su trabajo, se giró para salir, pero la escena se desvaneció de repente, envolviendo a Tony en una oscuridad total. Un dolor punzante lo atravesó, y antes de que pudiera comprender lo que ocurría, el frío lo envolvió por completo.

...

Tony abrió los ojos de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente, respirando con dificultad. Miró a su alrededor, percatándose de que estaba en su cama, cubierto de sudor frío. Su cuerpo temblaba, y su mente trataba de procesar lo que había vivido, aún sintiendo el dolor de la paliza. Su corazón latía a toda velocidad, y en su cabeza resonaban las palabras de Satella.

-"¿Qué... qué fue eso?" -susurró, mirando sus manos, casi esperando encontrar rastros de sangre, pero no había nada. Estaba en su habitación, en la mansión, todo parecía normal.

El alivio que sintió por estar a salvo se mezcló con la confusión. La pesadilla había sido tan vívida, tan real, que le costaba creer que todo no fuera más que un mal sueño. Pero las palabras de Satella seguían atormentando su mente. ¿Qué significaban? ¿Por qué ella le decía que usara su autoridad?

El sudor frío seguía cubriendo su cuerpo mientras trataba de calmarse. Sabía que algo estaba sucediendo, algo más grande que él mismo.

Pero por ahora, solo podía preguntarse si ese mal sueño era solo una advertencia... o algo más profundo.

Fin de la OVA

Se preguntaran ¿por que esta ova ahora? Pues necesitaba sentar ciertas bases para lo que resta del fic. Como ya saben, la tardanza para el siguiente capitulo depende del apoyo que tenga este mismo. Ya sea votos comentarios, etc. Muchas gracias por ver y los veré pronto.

Así es... Tony tendrá su propia autoridad.