Sistema Tala, controlado por la Alianza.
Fecha: 10 de Febrero.
La biblioteca, dentro del libro.
Camino por un pasillo que se extiende más allá de la vista, infinito en tamaño, con estantes colosales a ambos lados que se alzan como murallas de conocimiento. Libros de todos los tamaños y edades descansan en sus nichos, algunos cubiertos de polvo ancestral, otros reluciendo como si hubieran sido escritos ayer. El aire está cargado con el aroma de papel viejo y tinta seca, un testimonio silencioso de incontables historias, saberes y secretos olvidados.
Mis pasos resuenan en la inmensidad, un eco perdido en la infinitud del laberinto. En mis manos sostengo un libro, su encuadernación gastada por el tiempo, su peso tan real como la sensación de que cada volumen aquí encierra algo más que palabras.
No hay principio ni final en este pasillo. Solo libros que contienen sus respectivos mundos.
Tengo unos libros en especifico que puedo invocar después de guardarlos en especifico. El primero, de tapas negras y letras rojas que parecen arder, vibra con una furia silenciosa. Sus páginas encierran un universo donde el Infierno ha declarado la guerra al Cielo, y las huestes demoníacas se alzan en batalla contra los ejércitos divinos. Un conflicto eterno, donde las trompetas angélicas se mezclan con el fragor de las llamas infernales.
El segundo libro, cubierto de escarcha y con una textura gélida al tacto, contiene la historia de un mundo condenado. En su interior, la humanidad yace extinta bajo un yugo de hielo implacable, atrapada en un invierno sin fin. No hay salvación, solo ruinas congeladas y sombras atrapadas en la nieve, testimonios de una especie que luchó contra la tormenta y perdió.
El tercero es diferente. Su cubierta es de un metal bruñido, marcado con una imagen de un casco de John 117. Al sostenerlo, siento su energía latente, como si en su interior aún vibrara el eco de disparos, explosiones y órdenes gritadas en el fragor de la batalla. Es un universo donde la humanidad no solo sobrevive, sino que lucha. Donde la guerra contra los alienígenas, la traición de los insurrectos y la sombra de antiguas civilizaciones perdidas se entrelazan en una saga de gloria y sacrificio.
Es desconcertante ver lo que en esencia es el universo Halo "original", con la diferencia de que John es mujer y Cortana "hombre" considerando su avatar, como sea. Durante un tiempo visite ese mundo, sacando armas pequeñas, en una ocasión intente llevarme una nave de guerra solo para probar, lo hice pero nunca la saque al mundo real.
Y como veo la cosa nunca la sacare. Si lo hago los Covenant del súper carguero me matan y eso me lleva a algo, pensamientos.
Ahora veo y comparo, quizá por curiosidad o por reflexión. El universo en el que estoy dista mucho del Halo original y la versión que tengo en el libro en mis manos. No hay profetas que ordenen genocidios, ni ejércitos de fanáticos marchando hacia su muerte en nombre de dioses falsos. Aunque aun me falta comprobar si el Flood esta contenido o no en las instalaciones de los Forerruners y ver si los profetas siguen por ahí siendo unos idiotas o por si el contrario mejoraron como especie.
En cambio, lo que veo es… paz en general con dos miembros del inexistente Covenant.
Los Sangheili, guerreros por naturaleza, caminan con tranquilidad y firmeza que esperaría de una raza guerrera, pero sin la arrogancia y el miedo que infunden de los cruzados religiosos que esperarías de los juegos. Sus armaduras siguen brillando pero también llevan trajes civiles, ya no están marcadas por la sangre de conquistas salvo por su derrota contra los Profetas que están en sus libros de historia. A su lado, los Unggoy, los pequeños siervos del Covenant original, se desplazan sin miedo, sin la carga de ser carne de cañón descartable.
Aquí, los Unggoy no son esclavos, ni tropas de choque ridículas. No llevan explosivos pegados a las manos para hacer ataques suicidas forzados, ni huyen aterrorizados del conflicto. Caminan erguidos, con ojos brillantes y risas guturales, conversando entre ellos como cualquier ser libre. Algunos llevan herramientas en lugar de armas, trabajando junto a los Sangheili en lo que parecen ser construcciones o proyectos comunes. Otros simplemente disfrutan del día, descansando en plazas alienígenas donde fuentes de agua azulada reflejan un cielo sin naves de guerra.
Esto seria un mundo imposible para ellos en el Halo original, una aberración para los profetas originales. Y sin embargo, es real.
Un universo Halo sin guerra, sin profetas manipuladores, sin exterminios y sacrificios sin sentido o necesidad. Aquí, los Unggoy y los Sangheili han construido algo nuevo, algo que desafía la crudeza de la galaxia. Una alianza de verdad, no una tiranía disfrazada de fe.
Pero las preguntas siguen arremolinándose en mi mente ahora que he tenido un mes para pensar. El Proyecto Spartan-II… En mi realidad, o más bien la del juego que conocía, fue una apuesta desesperada que, por pura coincidencia, terminó siendo la clave para la supervivencia de la humanidad. Diseñados para sofocar rebeliones coloniales, los Spartans se convirtieron en la única línea de defensa contra una amenaza imparable, una especie de milagro tecnológico y biológico que llegó justo a tiempo para enfrentar al Covenant.
Pero aquí no hay Covenant.
Sin una guerra de exterminio contra enemigos muy superiores en número y tecnología, los Spartans son otra cosa. Su existencia, su propósito, su sacrificio, todo se siente tan… falto de una justificación.
Intento racionalizarlo. En una galaxia sin el Covenant, la civilización humana sigue siendo un imperio con múltiples problemas que parece tener una tendencia a lo autoritario con innumerables conflictos internos, y ONI no ayuda mucho en varias partes. Las colonias siguen teniendo sus quejas, la guerra de independencia sigue siendo una posibilidad… pero incluso en el peor de los casos, ¿realmente se necesitaban supersoldados capaces de voltear tanques con las manos desnudas para sofocar insurrecciones humanas?
No es que los ODST sean incompetentes. Claro, tendrían más bajas en un conflicto contra rebeldes endurecidos, pero siguen siendo soldados de élite, lo mejor de lo mejor. Si los Spartans de esta línea temporal son como los que recuerdo, estamos hablando de algo más allá de lo necesario para cualquier combate humano.
Pueden esquivar balas con reflejos que rozan lo absurdo.
Pueden moverse a velocidades que dejan en vergüenza a los caballos.
Pueden destrozar muros de concreto con solo estrellarse contra ellos.
Pueden levantar vehículos blindados como si fueran de juguete.
Y, además, son más inteligentes que la mayoría de los soldados experimentados.
Todo eso… para apagar rebeliones de colonos humanos.
El sacrificio es difícil de ignorar. Niños robados de sus familias, mutilados y reconstruidos en la búsqueda de la máquina de guerra perfecta, entrenados desde la infancia para ser algo más que humanos. Y ahora no hay una guerra que justifique su existencia.
Pienso en Halsey. En su mirada fría, calculadora, fascinada. En las pocas veces que la escuché murmurar en su oficina cuando pensaba que nadie más estaba allí. "El siguiente paso en la evolución humana", había dicho una vez, como si los Spartans fueran más que soldados, como si fueran un proyecto a largo plazo para algo más grande.
Sin el Covenant, sin una guerra intergaláctica para consumirlos, ¿qué será de ellos?
La guerra tiene un modo cruel de dar propósito a los que fueron creados para ella. Y sin ella, ¿qué queda?
La idea me deja un mal sabor de boca. No porque prefiera la guerra, sino porque la incertidumbre me da algunos temores nuevos. Una vez que hayan acabado con los líderes insurgentes que se atrevan a pelear… ¿qué sigue?
Los pensamientos giran en mi mente mientras sostengo el libro en mis manos. Sin la guerra, sin el Covenant, sin la necesidad desesperada de héroes imposibles, ¿qué queda para los Spartans?
No hubo un primer contacto sangriento con una nave alienígena hostil. No hubo un Pelican destrozado en mitad del espacio, ni una primera baja que marcara con crudeza la fragilidad de incluso los supersoldados. No hubo ese golpe de realidad que les enseñara que la guerra no es solo victorias, sino también pérdida y sacrificio de forma mas personal.
Sin el Covenant aplastando mundo tras mundo, la percepción pública sobre los Spartans nunca tendrá la oportunidad de cambiar como yo conocía. Cuando la humanidad vio lo que podían hacer contra un enemigo que parecía invencible, los soldados comunes —los marines, los ODST— aprendieron a respetarlos, bueno, mas los soldados y civiles, los ODST en general los tenían como rivales. Ya no eran solo "los enormes soldados invencibles", sino camaradas en una guerra de supervivencia. La brutalidad de la guerra moldeó la relación entre los Spartans, civiles y los soldados normales, les enseñó por segunda vez que no eran imparables, sino soldados como ellos.
Pero aquí… aquí nunca se revelaran de esa forma.
Me pone nervioso. Sin la guerra para atarlos, para desgastarlos, para recordarles que son humanos en última instancia, ¿qué los detiene de verse como algo más?
La ONI los diseñó como herramientas de control. Como un seguro para mantener a las colonias en línea. Pero con el tiempo, la guerra les dio algo que la ONI no pudo prever: independencia. El conflicto contra el Covenant forzó a la UNSC a reconocer su valor, a sacarlos de las sombras y darles una identidad más allá de ser simples activos estratégicos en post de mejorar el estado moral de la humanidad en una guerra perdida.
Aquí, sin el Covenant, sin una amenaza externa mayor, sus números pueden crecer sin control. Y si se ven a sí mismos como más fuertes, más rápidos, más inteligentes… si empiezan a pensar que ellos deberían estar a cargo…
El pensamiento me da una curiosidad nerviosa.
No porque odie a los Spartans. En mi mundo, eran necesarios dentro del Halo original. Se convirtieron en leyendas no solo por lo que podían hacer, sino porque la guerra los hizo indispensables. Pero en un mundo sin guerra, sin un enemigo superior que los mantenga a raya, sin la presión de la supervivencia que los obliga a trabajar con la humanidad en lugar de sobre ella…
¿Quién les dice que no son algo más?
¿Y qué pasará cuando se lo crean?
Oh quizá estoy divagando demasiado para mi gusto. Mejor vuelvo al mundo real, hay una despedida que tengo que hacer antes de que tenga que partir.
Próxima parada.
El mundo natal de los Elites.
Fragata Orión.
Halsey sostenía su taza de café con ambas manos, como si el calor que emanaba pudiera disipar la creciente ansiedad que la invadía. Cada sorbo lento y calculado era un pequeño refugio, un intento deliberado de encontrar calma en medio de un viaje que, la hacía sentir atrapada. El amargo sabor le recordaba que aún estaba despierta, que aún podía pensar con claridad.
Habían utilizado el criosueño para acortar la travesía, una maravilla de la ciencia que debía haber facilitado todo. Sin embargo, para Halsey, cada segundo perdido en ese estado artificial era un segundo robado, una eternidad que la separaba aún más de todo lo que había dejado atrás en cuanto a pruebas con sus Spartan y experimentos. Todo gracias a la gracia que hizo su hijo de robar una jodida nave espacial.
Y no era la única que lo sentía. Podía percibirlo en la tripulación, en sus gestos tensos y miradas perdidas, en los silencios más prolongados de lo normal. Había algo en el espacio profundo que siempre despertaba esa inquietud en las personas, esa sensación de vacío que no podía ser ignorada. Incluso sus Spartans, los soldados perfectos, entrenados para resistir cualquier cosa, parecían no ser inmunes. Aunque no mostraban emociones de forma evidente, Halsey estaba convencida de que, en el fondo de su esencia humana, también llevaban ese peso, esa frustración, ese interminable sentimiento de que el tiempo se les escurría entre los dedos. Y no es para menos.
Probablemente sintiendo que perdían el tiempo al perseguir a un niño, un mocoso que jugo muy por encima de su liga.
Y muy equivocada no estaba.
Daisy-023 se encontraba en su rincón habitual de la fragata, ajustando piezas de su armadura MJOLNIR mientras dejaba que sus pensamientos flotaran, algo que odiaba con intensidad. A diferencia de las máquinas que los pocos que los conocían fuera de la Doctora creían que eran, los Spartans seguían siendo humanos, y ella lo sentía con más fuerza que nunca en misiones como esta. La paciencia con otro que no fuera uno de sus hermanos no era precisamente su fuerte, y este viaje en particular estaba exprimiendo cada gota de autocontrol que podía reunir aunque el resto de la tripulación común no lo notara.
"Maldita sea, esto es una pérdida de tiempo", pensó, su mandíbula apretada mientras sus dedos tamborileaban contra el metal frío de su casco. La idea de que estaban persiguiendo a un mocoso, uno que aparentemente había decidido que robar una nave espacial era una buena idea, hacía que su sangre hirviera "levemente" según sus estándares. "Si ese niño nos pone en peligro, yo misma lo arrastraré de vuelta a la Tierra por el cuello. O por los pelos. Lo que sea que agarre primero."
Miró hacia el puente, donde Halsey estaba con su taza de café, pareciendo tranquila, como siempre. Pero Daisy no se dejaba engañar. La doctora podía actuar como si estuviera por encima de todo, pero Daisy sabía que sentía la presión tanto como cualquiera, tal vez incluso más. A su manera, Halsey era tan humana como ellos, aunque lo escondiera detrás de ese intelecto frío y calculador.
"Claro, Halsey. Manda a los Spartans tras un niño en vez de hacer lo que realmente importa: proteger la humanidad. Porque, claro, esto es lo mejor que podríamos estar haciendo." Daisy "bufó" con amargura para si misma.
Incluso si sabia que además del chico, había una nave con información y tecnología muy sensible en juego.
Intentó recordar la última vez que había tenido algo de tranquilidad. Años atrás, tal vez. Ralph-103 apareció en su mente por un instante, y la leve punzada de nostalgia fue suficiente para que soltara un suspiro y sacudiera la cabeza. "No hay tiempo para eso ahora", se recordó a sí misma. Su mano se posó brevemente en la pequeña cadena que colgaba dentro de su armadura, el osito de peluche. Era un ancla, un recordatorio de todo lo que habían perdido y lo que aún luchaban por proteger. Incluso ahora, con cada fibra de su ser frustrada por esta misión, sabía que no podía darse el lujo de fallar.
"Esto no es sobre mí. Es sobre el equipo. Sobre la misión." Pensó, Daisy era obstinada, sí, pero también sabía cuándo dejar de lado su propio enojo por el bien del grupo. Aunque eso no significaba que no fuera a desahogar su frustración en el campo de batalla, donde realmente importaba.
Mientras ajustaba su rifle de asalto, su mirada se dirigió a John-117, que estaba de pie al otro lado de la sala, aparentemente imperturbable como siempre. Claro, el no decía mucho, pero Daisy sabía que incluso él debía estar preguntándose qué demonios hacían en medio de esta situación. "Bueno, al menos John no intentará detenerme si le doy un par de cachetadas al niño cuando lo encontremos", pensó con una sonrisa torcida. "Probablemente me deje hacerlo solo para mantener la paz en la nave."
El leve zumbido de la nave cambiando de rumbo la sacó de sus pensamientos, y una voz en los altavoces anunció:
Estamos aproximándonos al sistema desconocido. Prepararse para contacto.
Daisy se puso de pie, colocando su casco con un movimiento firme. "Vamos a ver en qué nos metimos esta vez", murmuró. "Y si ese crío nos metió en problemas, más le vale correr rápido."
Cal-141 estaba sentada en silencio en el rincón opuesto al de Daisy, con la espalda recta y sus manos apoyadas sobre el casco que descansaba en su regazo. Su semblante era estoico, casi como una estatua esculpida para representar la calma y el control. Pero por dentro, su mente era un torbellino, como siempre lo era cuando no estaba en el campo de batalla y pasaba un tiempo demasiado prolongado sin un entrenamiento de alta intensidad o una misión importante mucho mas convencional. Aunque no lo mostrara, estaba reflexionando profundamente sobre lo que les esperaba al llegar al sistema desconocido.
El hecho de estar tras la pista de un niño que había robado una nave no dejaba de parecerle surrealista. En su lógica fría y estructurada, todo apuntaba a que el chico lo había hecho por alguna mezcla de imprudencia juvenil y necesidad desesperada de llamar la atención. ¿Un grito de ayuda, tal vez?
No era tan inusual en los humanos más jóvenes, sobre todo en un entorno que los presionaba hasta el límite sin tener el nivel que tenia ella y sus hermanos en armas del programa.
"Lo más probable es que este niño no sea más que un producto de la falta de atención de la Docta Halsey, y no la puedo culpar, tenia cosas mucho mas importantes que hacer" pensó, su mirada fija en el casco como si pudiera encontrar respuestas en el reflejo de la visera polarizada. "Si la doctora Halsey logra ponerle las manos encima, tal vez pueda moldearlo en algo útil para la UNSC, algo que no termine siendo un desperdicio de potencial."
Cal creía firmemente en el propósito de los Spartans: proteger a la humanidad, incluso de sí misma, empujarla por el "buen" camino. Y si este chico podía ser corregido, si podía encontrar un propósito más allá de su estupidez momentánea, entonces todo este esfuerzo teóricamente seria mas provechoso que solo recuperar la nave experimental, además claro de evitar que su estupidez ponga en peligro a la UNSC. Pero eso no significaba que pensara que debían de ser indulgente, si estuviera en la posición de la doctora. Un acto como este no podía quedar sin consecuencias, no si querían enseñarle algo.
"Corrección…" pensó, asintiendo levemente para sí misma. "Es lo que piensa la doctora y lo que necesita. Halsey probablemente ya tiene un plan en mente. Ella siempre lo tiene."
Levantó la mirada hacia el puente, donde la doctora Halsey aún sostenía su taza de café como si fuera su única fuente de estabilidad en medio de toda esta locura. Por un momento, Cal sintió una ligera punzada de simpatía hacia ella. Ser la arquitecta detrás de los Spartans debía ser un peso insoportable, pero Halsey nunca dejaba que se notara. Tal vez porque no podía permitírselo o porque no quería.
Sus pensamientos se desviaron hacia sus compañeros. Daisy estaba claramente inquieta, "moviéndose" de un lado a otro como una bomba de tiempo esperando estallar para estándares de los Spartan, aunque si una persona normal lo viera no lo notaria. Jorge, en cambio, parecía tan sólido y tranquilo como siempre, casi como un ancla para el equipo. Y luego estaba John, cuya presencia constante era casi un alivio en sí misma. Todos ellos compartían un vínculo que iba más allá de las palabras, un entendimiento tácito de su misión y propósito.
El anuncio de que estaban aproximándose al sistema rompió su cadena de pensamientos, y Cal se puso de pie con una fluidez calculada. Colocó el casco sobre su cabeza y ajustó los sellos con movimientos precisos. Antes de unirse al resto del equipo, lanzó una última mirada hacia el vacío a través de una de las pequeñas ventanas de la fragata.
Jorge, por su parte, estaba revisando su armamento, su enorme tamaño destacándose entre los demás Spartans. Su semblante serio no dejaba espacio a dudas: estaba enfocado en lo que venía, pero algo en sus ojos delataba una preocupación subyacente. Para él, todo esto era más que una simple misión; representaba un problema para lo que fue creado.
"Si este chico ha hecho algo que ponga en peligro a la humanidad..." Jorge dejó el pensamiento incompleto, su mirada endureciéndose. No era un hombre de palabras innecesarias, pero cuando hablaba, sus compañeros lo escuchaban. Su conexión con Halsey era más personal que la de la mayoría, y eso hacía que esta misión tuviera un significado más profundo para él. No solo estaba recuperando una nave y un niño imprudente; estaba persiguiendo al hijo biológico de su creadora y, de alguna manera, a una figura casi materna para él.
Eso lo dejo con sentimientos encontrados.
"Jorge, ¿crees que el chico realmente entiende en qué se metió?" preguntó Daisy, rompiendo el silencio mientras ajustaba su rifle. Su tono era más sarcástico que curioso, pero había un matiz de genuino interés en su pregunta.
"No lo sé, Daisy," respondió Jorge después de una pausa, sin levantar la vista de su arma. "Pero si no lo entiende ahora, lo hará cuando todo esto termine. Lo haremos entender."
John, que había permanecido en silencio hasta ese momento, finalmente habló, su voz tranquila pero firme. "Nuestra misión es clara. Recuperamos la nave, aseguramos al chico de ser posible y volvemos. Nada más importa."
Su tono no admitía discusión, y aunque Daisy parecía lista para soltar otro comentario sarcástico, optó por guardar silencio, asintiendo brevemente. Cal observó la interacción desde su posición, notando cómo las palabras de John parecían tener un efecto estabilizador en el equipo. Era algo que siempre había admirado de él; su capacidad para mantener el foco del equipo, incluso en situaciones tan desconcertantes como esta.
El puente de mando emitió un leve pitido, indicando que la nave estaba saliendo del FTL. Halsey dejó su taza de café sobre una consola, su rostro sereno mientras sus ojos analizaban los datos que comenzaban a aparecer en las pantallas frente a ella.
"Equipo Spartan, prepárense," anunció el piloto por los altavoces. "Estamos a punto de entrar en el sistema. Detectamos señales de actividad, pero aún no podemos confirmar la ubicación exacta de la nave robada."
Fue entonces cuando la IA de la nave comenzó a emitir una serie de advertencias con un tono casi frenético, como si aquello que había detectado desafiara toda lógica.
"Esto no puede ser posible... de ninguna manera" dijo el piloto, sus manos temblaban ligeramente sobre los controles.
Tanto los Spartan como la Doctora Halsey, junto con el resto de la tripulación, se miraron desconcertados. Las luces en la sala de mando parpadearon un par de veces, reflejando la tensión que comenzaba a inundar el espacio.
"¿Qué ocurre?" preguntó la doctora con su característico tono firme, aunque había un matiz de urgencia que no podía ocultar.
El piloto hizo una pausa, como si estuviera buscando las palabras adecuadas, y finalmente exhaló con incredulidad:
"Son transmisiones... cientos de miles, tal vez millones. Todas hablan en varios idiomas desconocidos, salvo uno que... que sí es humano. Parece ser el idioma predominante."
Hubo un silencio cargado. Incluso los Spartan, entrenados para mantenerse imperturbables, intercambiaron miradas rápidas entre ellos.
"¿Cómo dices?" la voz de la doctora estaba ahora teñida de una mezcla de escepticismo y sorpresa. "¿Qué idioma?"
El piloto giró lentamente la cabeza hacia ella, su expresión una mezcla de desconcierto y resignación.
"Es español."
La revelación cayó como una bomba. La palabra resonó en la sala de mando, amplificada por el asombro colectivo. Por alguna razón, todos habían asumido que si se trataba de un idioma humano, sería inglés. Pero no era el caso.
"¿Estás seguro?" preguntó Cal, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
El piloto asintió, mientras las transmisiones comenzaban a reproducirse a través de los altavoces. Una cacofonía de voces hablaba en un idioma fluido, cálido y familiar para algunos, pero completamente inesperado en aquel rincón del universo.
"Totalmente seguro. Es español. Y es mayoritario en más del 40% de las transmisiones."
La sala quedó sumida en un silencio sepulcral, salvo por el eco lejano de las transmisiones que aún continuaban. Por primera vez en mucho tiempo, ni siquiera la Doctora Halsey tenía una respuesta inmediata. ¿Cómo era posible que un idioma humano como el español dominara en aquel lugar desconocido del cosmos? La pregunta no era solo científica; era casi existencial.
"Esto... esto no tiene sentido" murmuró Halsey, casi para sí misma.
Las transmisiones seguían sonando, llenando la sala con ecos de un mundo que ninguno de ellos había previsto.
Halsey lanzó una avalancha de hipótesis, cada una más improbable que la anterior, mientras trataba de encontrar una explicación lógica a lo que estaban presenciando.
"¿Una colonia fundada ilegalmente por hispanohablantes?" pensó en voz alta.
No. Eso no explicaba los otros idiomas desconocidos que aparecían y resonaban ahora en las pantallas y altavoces de la nave. Las señales eran demasiado numerosas y variadas.
"¿Tal vez... mi hijo?" murmuró, considerando lo impensable. ¿Pudo haber encontrado una especie alienígena y enseñado español?
Inmediatamente desechó la idea. Improbable, ridículo. Incluso si hubiera llegado antes, suponiendo que tuviera una ventaja de una semana gracias al motor experimental coden 7, no había forma de que un idioma humano se convirtiera en predominante en tan poco tiempo. El aprendizaje y la adopción cultural no funcionaban de esa manera, especialmente entre especies completamente distintas.
"¿Y si la humanidad ya visitó este lugar en algún punto de la diáspora de la civilización?" se preguntó, pausando para analizar la posibilidad.
De todas las ideas, esta era la que parecía tener más sentido... al menos por ahora. Era la opción más lógica en medio del caos. Una antigua misión o una expansión desconocida que, de alguna manera, había florecido en este rincón del universo. Pero aun así, el peso de la incertidumbre la inquietaba.
Halsey cerró los ojos por un momento, tratando de ordenar sus pensamientos. Si esa teoría era correcta, lo que estaban viendo no solo era extraordinario, sino que podía cambiar todo lo que sabían sobre el alcance de la humanidad. El problema era que las piezas del rompecabezas aún no encajaban del todo.
Sin embargo, en su mente, una certeza comenzaba a formarse: lo que habían descubierto aquí iba mucho más allá de cualquier explicación convencional.
El puente de la nave estaba en un silencio sepulcral cuando una alarma rompió la tensión.
"Doctora Halsey, estamos recibiendo una transmisión de video" informó el técnico de comunicaciones, con un tono mezcla de sorpresa y nerviosismo.
"¿Video?" repitió Halsey, mientras todos en el puente se giraban hacia las pantallas principales.
"Sí, señora. Está en idioma humano... español, específicamente."
Antes de que alguien pudiera responder, la transmisión comenzó automáticamente en la pantalla principal. La imagen se llenó con lo que parecía ser una sala iluminada por luces cálidas y tenues. En el centro del encuadre había dos figuras que dejaron a todos atónitos.
La primera era una criatura pequeña, de menos de un metro y medio de altura, con piel grisácea y ojos saltones. Llevaba un traje rudimentario con insignias que parecían tener algún significado militar. A su lado estaba una figura mucho más imponente: más de dos metros de altura, con una piel reptiliana de color azul oscuro, mandíbulas divididas y un porte claramente marcial. Su armadura era reluciente, adornada con símbolos desconocidos, pero era evidente que era menos avanzada en general que muchas cosas que podía crear la humanidad.
La criatura pequeña fue la primera en hablar. Su voz era aguda y chillona, aunque claramente emocionada.
"¡Saludos, humanos!" dijo en un español sorprendentemente fluido. "Les damos la bienvenida al espacio de los Unggoy y los Sangheili."
La criatura más alta, el Sangheili, inclinó ligeramente la cabeza en un gesto que parecía de respeto antes de hablar con una voz profunda y resonante:
"Hemos recibido a su explorador, quien cruzó el gran océano para llegar hasta nosotros. Fue valiente, aunque algo imprudente. Nos informó que podrían aparecer pronto, y ahora que están aquí, deseamos darles la bienvenida. Hemos enviado coordenadas para recibirlos."
La transmisión terminó abruptamente, dejando la pantalla en negro y el puente en un silencio absoluto.
"¿Qué diablos acabo de ver?" dijo uno de los marines, rompiendo el silencio.
John 117 se cruzó de brazos, su tono tan calmado como siempre, aunque sus palabras reflejaban la gravedad de la situación:
"Dos especies alienígenas hablando español y mencionando a alguien que, al parecer, conocemos."
Cal 141 frunció el ceño mientras se inclinaba hacia Halsey. "¿Explorador? Doctora, ¿es posible que se refieran a... su hijo?"
Halsey, todavía procesando lo que acababa de ver, apretó los labios. Por un momento, pareció intentar mantener la compostura, pero finalmente suspiró, su tono mostrando una preocupación contenida.
"Sí, es probable. Pero si eso es cierto, entonces mi hijo acaba de iniciar el primer contacto con una especie Alien, mas bien dos, es mas peligroso de lo que imaginábamos."
John 117 asintió ligeramente. "Entonces lo primero es asegurarnos de que esta no sea una trampa. Si dos especies alienígenas hablan español y están ofreciendo coordenadas, debemos asumir que han tenido tiempo para estudiar nuestra cultura... o que han sido influenciados directamente."
Daisy 023 soltó una risa seca. "¿Influenciados? Eso es ponerlo suave, John. ¿Cómo demonios llegamos a un punto donde los malditos lagartos espaciales hablan español como si fuera su lengua natal? Esto no es normal ni por asomo."
"Daisy," cortó Jorge con un tono grave, lanzándole una mirada seria, "nada de esto es normal, pero somos Spartans. No estamos aquí para especular. Estamos aquí para adaptarnos, avanzar y cumplir la misión."
Halsey interrumpió antes de que la discusión escalara, su voz cortante. "Basta. Necesitamos respuestas, no debates. Si las coordenadas nos llevan a mi hijo, entonces debemos proceder con extrema cautela. Hay demasiadas incógnitas aquí, y si lo que sospecho es cierto, esto podría ser el evento más importante en la historia reciente de la humanidad."
Cal 141 ajustó su postura, fijando su atención en Halsey. "Doctora, ¿qué pasa si su hijo está detrás de todo esto? Si tomó decisiones imprudentes que ahora comprometen nuestra posición, ¿cómo debemos proceder?"
El rostro de Halsey se endureció, pero sus ojos delataban la duda que no quería expresar. "Si lo está, será mi responsabilidad contener las consecuencias. Pero hasta que no sepamos más, no tiene sentido especular."
Las pantallas principales mostraban un vasto sistema estelar con una estrella azul brillante en el centro y varios planetas orbitando a diferentes distancias. En una de las lunas de un planeta rocoso, las coordenadas enviadas por los alienígenas señalaban un punto de encuentro.
"Estamos a minutos de llegar a las coordenadas," informó el piloto, con una mezcla de tensión y profesionalismo en su voz. "Las lecturas muestran actividad considerable en la superficie... estructuras y algo de movimiento."
"¿Alguna señal de fuerzas hostiles?" preguntó John, siempre enfocado en la seguridad.
"No por ahora, pero hay demasiadas lecturas desconocidas como para estar seguros," respondió el piloto.
"Bien," dijo John, mirando a su equipo. "Spartans, prepárense. Esto puede ser diplomacia... o un combate directo. Manténganse alerta."
Mientras los Spartans comenzaban sus preparativos finales, Jorge ajustó su casco y miró a Halsey por un breve instante. "Doctora, pase lo que pase, sepa que haremos lo necesario para proteger a la humanidad. Incluso si eso significa tomar decisiones difíciles."
Halsey no respondió inmediatamente, pero asintió ligeramente, entendiendo el subtexto de las palabras de Jorge. Si su hijo había cometido un error que comprometía a la humanidad, los Spartans no dudarían en actuar, incluso contra él.
El silencio fue roto nuevamente por la voz del piloto. "Estamos llegando."
