Capítulo 39 Información.

Cuando vayan mal las cosas

como a veces suelen ir,

cuando ofrezca tu caminosolo cuestas que subir,

cuando tengas poco haberpero mucho que pagar,

y precises sonreíraun teniendo que llorar,

cuando ya el dolor te agobiey no puedas ya sufrir,descansar acaso debes

¡pero nunca desistir!

Rudyard Kipling

Azucena.

Llegar a la villa fue una torre de emociones me llenaron de abrazos y me agobiaron preguntándome muchas cosas pero solo respondí lo básico sin dar detalles y aunque me prestaron la habitación de cierta persona (Ezio) me sentía agobiada por todo, hace menos de unos meses mi vida corría peligro por un imbécil obsesionado pero ahora estaba lejos de Florencia sentada en una cama que no es mía sin pensar que puedo hacer.

-¿Puedo pasar?- estaba tan distraída en mis pensamientos que no escuche los toquidos de la puerta.

-Si- al decirlo Federico entro con un plato en su mano por lo que veía era comida -¿Qué sucede Zusu? –

-Nada-

-Sabes prendí algo nuevo estos dos años viendo a muchos soldados entrenar sobre todo en cada una de sus expresiones cuando ocultaban algo, la mayoría por fracturas- ya me lo imaginaba tan observador como siempre y aunque fueron solo dos años no basto para poder despistarlo.

-¡No sé qué me sucede bien...!- era hostil y el hecho de que no sabía que hacer me enfurecía mas de lo que imaginaba.

-¿Estas segura que no sabes que sucede?- Federico tomo mi mano apretándola brindándome apoyo algo que necesitaba.

-No sé qué pensar...pase dos años sobreviviendo a veces me olvidaba de ustedes y pensaba que todos habían olvidado mi presencia y...ahhh - ya ni sabía que había en mi mente de solo tratar de sacar un poco de los pensamientos de ahí me daban un dolor enorme de cabeza y volví a poner mis manos en mi cabeza e inclinándome en mis rodillas dolía enserio que dolía.

-Hay mi pobre hermanita no sé qué demonios habitan en tu cabeza pero si no los dejas salir no podrás avanzar- las palabras que me dio me dieron a pensar mucho y solo fueron pocas.

-¿Prometes no decirle a nadie?-

-Lo prometo sabes que puedes decirme todo- en su mirada estaba esa confianza que casi había olvidado.

Me acomode mejor en la cama y invitandolo a que se sentara junto a mi le comencé a contar todo lo que me paso desde que ellos se fueron, de mi creación de bar, mis problemas con los guardias por culpa de Juanna de Pazzi y mi trabajo como cortesana contándole como ese hombre me ataco y muchos más, le conté el problema con Franscesco y el Monje Manffei y su obsesión con querer matarnos sobre todo a mi, le comente como conseguí otra aprendiz también le conté los pequeños problemas que tuve con el Zorro y su entrenamiento que me dio le conté que desde que me torturaron no podía dormir sin despertar gritando que me dejaran y el hecho de que ese padre me ataco no ayudo tampoco, le comente incluso como fue mi encuentro con Ezio y mi despedida de Florencia.

-No le digas a nadie por favor no podre con ellos- estaba recargada en él, el siempre fue mi apoyo y aquí estaba abrazándome dándome consuelo aliviando un poco mi dolor.

-No puedo creer todo lo que viviste en tan poco tiempo y no estuvo bien lo que hizo Ezio pero el paso por cosas parecidas –

-¿Cosas?-

-Si pero eso es algo que deben platicar los dos...por ahora lo mejor es acercarse de nuevo despacio con todos-

-¿Lo crees?-

-Si, todos pasamos por algo asi que lo mejor es que empieces con cuidado no te encierres sabes que eso no ayuda y cuando te sientas lista podrás decirnos todo- son reconfortantes sus palabras como un curita en una herida, como aquella brisa en la montaña al amanecer esto era un alivio a mi atormentado corazón.

-No lo había pensado asi pero...¿Cómo me acercó?- no por nada pasaron dos años es cierto están juntos pero no significa que no hayan cambiado.

-Eso es algo que debes aprender tu sola- me dijo golpeando mi nariz y dándome una sonrisa.

-Muchas Gracias Federico te extrañaba y extrañaba tus consejos- le dije mientras me levantaba de nuevo esta charla fue muy buena para mi alma.

-yo igual linda y a lo que vine nos acompañas a cenar creo que tu comida ya esta mas que fría- oh cierto el plato...uy

-Claro vamos –

Terminamos la charla y por fin Sali del cuarto y aunque agradecía que me lo prestaran se sentia un poco incomodo más que Ezio no apareció de nuevo ahí, se que lo herí pero sus palabras tampoco me ayudaron en mis heridas internas que no supe que tenía hasta ese día que llego.

Pase la cena con todos tranquila y sin casi hablar de hecho casi no comí ya tenía tiempo que hacía esto pero no entraba nada en mi estómago, me despedí fingiendo estar aun muy cansada agradecí que nadie me preguntara si lo estaba solo recibí despedidas y un dulce sueños de todos.

La tarde paso sin más problemas me dedique a ver que había en el cuarto a pesar de que estaba sucio había pocas cosas pero no queria estar aquí siempre a esta hora estaba afuera entrenando asi que decidí salir y subir al techo a mirar todo lo que había en esta hermosa villa. Las estrellas eran las mismas que en Florencia, pero por alguna razón se sentia diferente por primera vez no me sentia en casa.

-¡Hey linda!- estaba tan sumergida en mis pensamientos que una voz me asusto. -tranquila solo soy yo Alfredo- dijo despejándome de mis miedos que sentia.

-No es bueno espantar a una dama asi ¿no crees? - le dije volviendo a sentarme en mi sitio mirando de nuevo al cielo.

-Si no te lo decía hubieras huido al instante ¿o me equivoco?- me reí por su comentario no estaba equivocado.

-Me conoces muy bien- le dije invitándolo a tomar asiento junto a mi.

-No es para tanto...¿Entonces que sucede hoy?- su pregunta me extraño no entendía a lo que se refería

-¿No entiendo?-

-¿Realmente quieres quedarte?- su pregunta me dejo algo confundida

-¡Por supuesto que si! ...¿por que lo preguntas?- no entendía su pregunta ni un poco.

-No has salido de ese cuarto, no has organizado tus cosa, no te he escuchado cantar ni un poco y que decir de tus medicinas ya estarías buscando nuevas plantas- me dejo completamente sorprendida cree nuevos hábitos estos dos años y los memorizo los mas importantes y el que no haya hecho ninguno en estos momentos fue algo inesperado que me respondiera

-yo...yo...-

-Vez lo dudas...regresemos al bar con las chicas- ¿Lo dudaba? En parte era cierto pero no...me prepare dos años para defender la causa para defender a personas como mis hermanas que sufrían las bajezas de esos malditos.

-No...debo estar aquí y si quieres puedes irte...estaré bien te escribiré, no me gustaría que te involucres en este problema ...tu mereces una vida tranquila- le dije mas animada de lo que estaba debía engañarlo.

-No me engañes- demonios – No iré a ningún lado hice una promesa a Madam y hasta no verte feliz no me iré- su determinación si que era intensa no pude evitarlo y me rei por su ingenuidad pero apreciaba este momento.

.

.

El dia de mi llegada y el segundo se pasaron rápido mas que nada descansando y sacando mi equipaje acomodándolo pero ahora aquí a mi tercer dia daría el primer paso y con quien empezaría mi victima seria Petruccio que a pesar de crecer mucho no me intimidaría, sabia cual era su cuarto cerca de la habitación principal a dos puertas, di pasos no tan seguros y al estar al frente a esa puerta me congele mis nervios comenzaron a notarse mas y mas mis manos comenzaron a sudar a mas no poder.

-Vamos toca- me trate de dar animos pero solo alce la mano y me acobarde antes de tocar estuve asi un buen rato pero al final solo soy una cobarde.

-Asi no lograras nada...entra ya- estaba tan concentrada en mis pensamientos que no note a Ezio acercarse.

-No...espera- antes de decirle algo abrió la puerta y me aventó dentro cerrándola de nueva

-Suerte- escuche por ultimo viendo la puerta sin ganas de voltearme.

-¿Hermana? ¿Estas bien?- Petruccio se hacer a mi yo seguía viendo la puerta sinceramente no quería voltear "se valiente Azucena"

-Petruccio ...solo viene a ver que hacías – le dije al darme la vuelta viéndolo con una mirada nerviosa mirando todo menos a el pero...-¡Wou...todo es medicina!- mire a todos los lados estaban varios estantes llenos de frascos con medicinas, vi cajones con dibujos de las plantas, un librero, varios instrumentos para ellas, todo era algo maravilloso.

-¿Te gusta hermana?- me pregunto acercándose a mi

-Me encanta...¿Me explicas que tienes aquí?- y como algo bueno las plantas y medicinas nos ayudaron a comunicarnos descubrí que Petruccio siguió estudiando y aunque estuvo un tiempo enfermo gracias a las medicinas que le di lo volvieron a levantar, esa noticia me alegro y me animo a ayudarlo en lo que hacía, descubrí que estaba preparando cosas para dentro de un mes no me quiso dar mas explicaciones según el no eran importantes, pasar la tarde hablando con el me dio a entender que a pesar de seguir con su vida no todo era igual, el se dedicó a estudiar en todo lo que pudiera mientras Ezio entrenaba todo casi normal a excepción de que no se queria ir a España si no que acepto la misión de su padre un cambio muy diferente.

La tarde la pase con tranquilidad hablando con Petruccio también descubrí que Claudia empezó a gestionar los gastos y toda la administración de la villa por cuenta propia jamás fue obligada prefirió ella administrarla que papá incluso mamá le ayuda en cosas que no entiende, también descubrí que Petruccio esta tratando la herida de Federico mas que nada cosas experimentales con fármacos para el dolor creo que le ayudaría con eso el solo se centra en las plantas es hora de introducir los hongos a sus experiencias.

-¡¿Hongos?!- si estaba sorprendido pero quien no al decirle esas cosas cuando se sabía que no debían tocarlos.

-Asi es...pero solo los que he probado y probare en el futuro- una advertencia por que asi como en el mundo moderno los hongos son demasiados y en la mayoría no se sabe que hace o puede ser medicinal o muy venenoso sea cual sea su interior debemos tener cuidado con él.

-Esta bien confió en ti le diré a los hombres del tío que recojan hongos que vean-

-¿Se pueden utilizar a si a sus mercenarios?- le pregunte sorprendida por ello

-Como les ayudo en sus heridas me ofrecen sus servicios-

-Ohh...eso no me lo imaginaba pero hay hongos que pueden hacer daño con solo tocarlos si les pides eso que usen guantes o una trapo grueso- le indique muy seria por ello no podía arriesgarlos asi.

-Esta bien les diremos eso- y asi nuestra conversación continuo pero en un punto de las charlas nos quedamos en silencio y como estaba muy cómoda en un pequeño sofá de su cuarto me quede dormida, la comodidad en la que estaba era un espacio seguro pero como otras veces ese espacio se vio invadido por horrores desde las muertes de los que mas quiero hasta las palabras hirientes de los mismos pero esta vez estoy de nuevo en aquella cárcel sintiendo el dolor de cada latigazo el sonido siendo roto por el movimiento y terminando en mi espalda era estremecedor solo que aquí estoy gritando mas fuerte y cuando caí en esa sucia celda me volvieron a jalar de las cadenas para observar el rostro d mi verdugo pero como siempre esa persona es papá con esa mirada enojada y los demás de la celda son mi familia y amigos...

-¡AHHHH! – Grite alzándome de donde estaba acostada no reconocí el lugar de inmediato pero al mirar alrededor estaba en el cuarto de Petruccio en su cama y el viéndome

-¡¿Qué sucedió?!- su mirada lo decía todo estaba preocupado y asustado de mi.

-Nada... una fea pesadilla – senti mis manos temblar y senti sudor frio en mi cuerpo estas malditas pesadillas me mataran por el desvelo que me provocan.

-¿Qué soñaste?- Petruccio se acerco a mi, su cabello estaba despeinado y su ropa a pesar de ser la misma con la que lo vi se veía que apenas había despertado por mis gritos estaba en ...¿su cama? ¿Cómo llegue aquí?

-No me acuerdo... ¿cómo llegue a tu cama?- estaba viendo a todos lados y aunque el sea algo mayor no creo que me haya traído hasta aquí.

-Fui yo...¿estas segura que no recuerdas la pesadilla?- el me mira con preocupación y yo lo mire incrédula si que creo demasiado en tan poco tiempo.

-No, no me acuerdo amm debo irme perdona que te despertara – siendo sincera no creo volver a dormir .

-Te acompaño- me dijo ayudándome a salir de la cama, salimos de su cuarto notando que ya estaba muy oscuro las antorchas y velas estaban encendidas y se escuchaban pasos a lo lejos las guardias estaban como siempre, seguimos por el pasillo hasta llegar a la habitación le agradecí y me quede viendo como se alejaba de nuevo y cuando ya no lo vi decidí caminar por el sitio hasta cansarme y regresar antes a la habitación.

La mañana siguiente pase admirando cada una de las esquinas de la mansión sobre todo lo que lo rodeaba descubrí que a pesar de la maleza que había alrededor de la casa encontré varias plantas muy curiosas no sabia si Petruccio conocía de su existencias pero no importa decidí cuidar de ellas, incluso comencé a traspasar unas cerca del muro que no me di cuenta que el sol ya estaba muy arriba.

-Flor ¿Te nos unes al desayuno? - una voz suave me detuvo en mi faena al mirar de quien se trataba senti un vacío en mi interior casi no hablaba con ella.

-Claro me lavo y voy- le dije desviando mi mirada de ella y sacudiendo mi ropa llena de tierra.

-Yo te ayudo...sígueme- más que una petición fue una orden y para no escapar tomo mi mano, haa la sentia tan suave a mi tacto, la mía tenia cayos y estaban muy maltratadas y con ampollas nada lo que mamá me enseño de niña una dama debe cuidar su herramienta mas utilizada las manos de una dama junto con la belleza de solo recordar esas lecciones sentia que le falle, no cuide de mi y no sé cómo responder.

-Puedo hacerlo yo sola no...no te preocupes- pero al decirle eso senti su agarre mas fuerte y comenzó a llevarme más rápido a dentro de la casa ¿Cómo puede ser tan fuerte?

-No me preocupo linda es algo normal en madres- su respuesta fue un golpe de calidez en mi corazón, muchas de mis pesadillas siempre me muestran a mama dejándome con las encargadas del orfanato diciendo muchas cosas, otras donde me entregan con esos malditos templarios pero sentir esto era un golpe de alegría a mi corazón, un poco de calidez que me deje llevar sin mirar mas que nuestras manos unidas hasta que senti como comenzaron a desvestirme.

-¡¿Qué ...Que hacen?!- mire a quien tenia enfrente y una de ellas era Claudia y una chica que no conocía de cabello negro y unos preciosos ojos avellana su piel blanca la hacían ver hermosa nada como yo.

-Nada solo un baño entre mujeres- respondio Claudia quitándome de golpe los pantalones sucios que traía y que no me había cambiado desde que estaba en Florencia

-¿No se suponía que me iba a lavar solo las manos?- pregunte tratando de alejarme lo mas que pude pero mama ya estaba detrás mio impidiendo que me fuera mas lejos

-Esto también es lavarse- y sin que pudiera decir nada mas me quitaron los zapatos, el pantalón, las camisas y dejando mi pelo suelto prácticamente me quede desnuda delante de ellas.

-Bien a lavarte- y comenzaron a mojarme y comenzar a tallar mi cuerpo en un punto mientras mojaban mi pelo poco a poco vi que se quedaron quietas por un buen rato ¿Que les sucedía?

-¿Sucede algo?- le pregunte esperando una respuesta mis ojos estaban cerrados por el jabón que estaba cayendo de mi pelo.

-A nada solo que esta muy sucio tu cabello y...-

-Y nada linda ya casi terminamos- A ninguna le creí lo que dijo pero no preste atención decidí que me dejaría consentir por ellas, incluso el que desenredaran mi pelo con jabón aun en el, luego senti el agua caer por mi cuerpo quitando todo y pronto senti las mantas donde me secaban aunque en mi espalda senti como temblaron sus manos ...Oh cierto mi espalda.

-Tienes un cabello muy bonito linda- dijo de pronto la chica comenzando a peinarme despacio con un peine, pero mi pelo no lo he cepillado desde, ¿Meses? No recuerdo pero ser peinada con lentitud era placentero.

-Ah...Gracias- deje que siguieran con lo que estaban haciendo pero la verdad solo quiero seguir cultivando y traspasando mis plantas, hace dos años que no lo hacía y había olvidado lo relajante que se suponía que era pero estoy aquí a merced de ellas vistiéndome quien sabe cómo.

-Listo hemos terminado ahora si a comer- dijo de pronto mamá alejándose de todas.

-Claro- me sentia perdida con todo esto me deje llevar por Claudia que tomo mi mano guiándome al comedor donde la comida ya se estaba sirviendo todo era tan ameno tan tranquilo, como si no pasarana pero en este ambiente tan extraño ya para mi me senti como si no perteneciera, como si en sitio la única pieza sobrante fuera yo, incluso en mis respuestas eran automáticas no me sentia ...viva.

-¿Y como te fue con la búsqueda? – Pregunto mi padre a Mario.

-Aun no sabemos nada de ellos- ¿Ellos? Por la atención que puso de pronto Ezio supongo que son los aliados de Jacobo de Pazzi yo sabia a donde fueron ¿debería decirles?

-Esto esta tomando mas tiempo de lo que debía, si seguimos asi podrían reagruparse y atacarnos como hicieron en San Gimignano- dijo Mario enojado golpeando la mesa si que estaba enojado.

-Podríamos reclutar mas gente para apoyo- Federico se unió a la charla, no se que papel cumple ahora pero al parecer cuenta como estratega aunque aún muy novato.

-¿Crees que reclutando más gente podríamos tener mas seguridad? Ezio- papá le pregunto como si lo estuviera probando.

-No lo creo, creo que lo mas importante ahora es acabar con sus aliados – una respuesta acertada en mi opinión, pero no se de ello

-Muy bien, la situación esta asi...Federico busca reclutas junto a tu tío y Ezio cuando tengamos la ubicación de los aliados iras por ellos- verlo dar ordenes y todos aceptarlas es algo impresionante.

-Bene basta del trabajo...a comer todos- pero mamá deteniendo toda charla sobre su trabajo fue detenida y comenzaron a comer el silencio fue agradable y solo escuchando el ruido de los cubiertos podía pensar, al parecer les tomaría mas tiempo descubrir donde están pero yo ya tenia esa información debía dársela.

-¿Qué sucede florecilla? No es de tu agrado la comida- me preguntaron de pronto sacándome de mis pensamientos Mamá me veía preocupada, demonios mi costumbre de casi nunca comer

-Ah si, solo que ...que...comí hace rato y no tengo tanta hambre- no se si me creyeron pero al menos ya no volvieron a preguntar y aunque deje la comida mas de la mitad nadie pregunto y siguieron con sus actividades.

Mientras estaba en mi dilema de si debía decirles se me hizo de noche en la habitación, no dudaría mas tome las notas que me dio Madam Paola y me dirigí a la oficina de Mario, tenía que pasar por donde estaba la maqueta de la ciudad y wou que era impresionante en ella mostraba los edificios que ya se habían restaurado.

-¡Impresionante ¿No lo crees?!- Claudia estaba en ese escritorio solo que otras veces que la vi en el juego esta vez se veía un poco mas contenta de lo que es.

-Si lo es ¿Tu lo estas administrando? – aunque ya sabía la respuesta finjamos que no.

-Por supuesto pero aun falta mucho pero se que llevare esta villa a lo mas alto- si que se veía animada y entusiasmada -¿Quieres ir a dar un paseo? Pronto terminare lo del día de hoy- una respuesta generosa pero

-Me encantaría, pero debo hablar algo con Mario y Papá- esto era importante – mañana si- le dije apaciguando su mirada triste no había pasado mucho tiempo con ella pero después se lo compensaré.

-Esta bien – me despedí de ella y seguí mi camino a la oficina al entrar lo vi un poco oscuro iluminado por las velas y antorchas era razonable ya es casi de noche ah como quisiera explorar todo el lugar sin que me hagan preguntas pero no podía.

-Aaa... ¿Hola?- mire en todas las direcciones peor no veía a nadie asi que decidí ver un poco el lugar y entonces lo vi, la pared donde estaban las paginas del códice, no llevaban ni la mitad era fascinante estaba por tocar la pared pero...

-¡¿Qué haces aquí muchacha?!- un grito me saco de mi observación para ver que de la cripta estaba Mario algo enojado

-Yo...yo solo buscaba... a papá- debo decir que me ponía nerviosa, el era alguien agradable con su familia y al parecer que llegara una extraña que posiblemente solo escucho que traicionó a su familia no ayudaba mucho.

-Aquí no esta ...asi que ¡Lárgate!- al decirme eso no dude ni un poco en darme la vuelta y salir de ahí pero en lugar de poder irme tranquila me tope de lleno con alguien incluso me dolió la nariz

-Vamos Hermano no la trates asi es de confiar- le dijo mientras me daba la vuelta para verlo, debo decir que me daba miedo...un poco.

-¡Ha!- se mofo acercándose a nosotros – Hasta que lo demuestre- me dijo muy cerca, sus facciones demostraban la experiencia que tenía y los sufrimientos que pudo pasar.

-Hay hermano...pero dejando eso de lado ¿Estabas buscándome florecilla? – mire a los dos uno con una leve sonrisa y el otro con una mirada fruncida.

-Tengo algo que pueda ay...- antes de continuar alguien entro corriendo a la oficina como si nada.

-¡Señor Mario! – aquella joven que nos recibió solo la había visto un parde veces pero siempre me evitaba

-¡Oh Marcelina, que gusto verte ¿Qué se te ofrece?!- vaya cambio de actitud, bueno uno no es monedita de oro para caerle bien a todos o eso dice el dicho asi que supongo que es cierto.

-Messer Ezio dijo que ya estaba listo para entrenar- su sonrisa amable y esa actitud de niña bueno me recordaba a una de las tácticas que usaban las chicas para engatusar a los hombres y llevarlos al burel o peor aun haciendo que cumplan todas sus peticiones.

-¡Que maravilla! Te dejo Giovanni tengo cosas mas importantes que hacer ...que escuchar tonterías- eso fue muy hostil si no lo conociera le hubiera contestado muy a la defensiva.

-Con su permiso – dijo la chica dándole una sonrisa agradable a papá y a mí una mirada ¿Burlona? Ag creo que lo estoy pensando mucho.

-Disculpa a mi hermano Zu, él es amigable en el fondo, te lo aseguro- me dijo tratando de tranquilizarme, la verdad es entendible su actitud me extrañaría si no fuera de ese modo.

-No me molesta creo que es razonable- le dije como si nada caminando a la mesa donde el tomo asiento y me invito a sentarme frente de él.

-Supongo que si...y ¿Qué ibas a decirnos? ¿Qué era tan importante?- su mirada de una suave cambio a una seria, cualquiera lo haría.

-A cierto, tengo información de donde están esos malditos- vi como su reacción cambio a una de sorpresa -Tengo la ubicación de adonde irán esos malditos seguidores de Jaccobo de Pazzi

Bernardo Bandini pronto llegara a San Giminano junto con muchos guardias.

Stefano da Bagnone escuchamos que planeaba refugiarse a una Abadía o una iglesia igual cerca de San Giminano

Antonio Naffei el se resguarda en San Giminano

Arzobispo Francesco Salviati, se fue a refugiar a una de sus villas que tiene en la toscana – le solte la sopa enseñándole las notas que hicieron las chicas en Florencia.

-¿Cómo puedes estar segura de esta información?- una pregunta valida después de que no había nada de nada.

-Nuestra información es verdadera, los hombres son fáciles de manipular y un hombre con hambre y necesidades o incluso borracho se puede conseguir toda la información-

-¿Cómo?- preguntaba el método,

-Las cortesanas son convincentes y mi bar lograba algo de privacidad quien imaginaria que unas simples mujeres puedan difundir tal información- le dije seria mostrando las notas que hicimos y el como la usábamos incluso notas que hizo mi maestro el Zorro cuando necesitábamos atacar aliados que se unían apenas.

Vi como ojeo toda la libreta leyendo las notas hasta las que daban las localizaciones que dieron esos guardias a los que iba a cuidar, se mantuvo en silencio un buen rato hasta que por fin cerro la libreta y me miro.

-Esto que tienes anotado...vale mucho-

-Espero que les ayude- le dije sonriendo la verdad hace años que comenzaba a olvidar varios detalles de juego y eso me estaba preocupando y aunque los anote siento que me faltaban detalles importantes que podrían definir el destino de los demás. Sobre todo las localizaciones de varios de ellos por ese detalle comencé a reunir la información.

-Lo se y lo hará muchas gracias hija mía, ahora ve a descansar- me dijo tranquilo guardando la libreta en el cajón.

-De nada y también descansa no es bueno que te sobre esfuerces – le dije y volví a la habitación feliz de que al fin mandaran a Ezio a ese sitio pero y claro también lo acompañaré por que ese padre y arzobispo me deben muchas, solo que no imagine lo que me dirían al día siguiente.