A Hermione le dolía todo el cuerpo.

Fue lo primero que pensó cuando recobró el conocimiento.

Le dolían y sentía los párpados muy, muy pesados.

Cuando Hermione tenía ocho años, le habían colocado tubos en los oídos para aliviar sus frecuentes infecciones. Al parecer, el procedimiento solo había durado diez minutos, pero Hermione no recordaba nada más allá de la somnolencia extrema que sintió cuando la anestesia la sumergió y la sensación de estar vadeando arenas movedizas mientras luchaba por despertarse después.

Sintió como si reviviera aquella experiencia. Quería que sus miembros se movieran, que sus párpados se levantaran, pero todo le resultaba imposiblemente pesado.

No estaba muerta. Eso al menos lo sabía.

Lo último que recordaba era acunar la mejilla de Draco con la mano y desear estar unos segundos más con él. Mientras se preguntaba si estaría bien, luchó aún más contra el sueño.

—Oye, oye estás bien, estoy aquí. Estás a salvo, Hermione. —La voz tranquilizadora de Ginny sonaba lejana. Hermione intentó preguntar si todos estaban a salvo, si Draco estaba a salvo, pero la pesadez ganó, y Hermione se deslizó en el olvido una vez más.

La siguiente vez que Hermione se despertó, alguien le estaba frotando círculos en la mano. También podría jurar que quienquiera que fuese estaba tarareando. La melodía le resultaba familiar, pero no podía ubicarla.

Quiso preguntar qué canción era o mostrar su agradecimiento por lo bien que le sentaban los círculos en la mano, pero enseguida se dio cuenta de que volvía a hundirse en las profundas fosas del agotamiento.

Mientras se hundía, recordó dónde había oído la canción. La habían tocado en el Baile de Yule. Justo antes de que ella saliera furiosa con Ron, sonó un vals para los estudiantes que se quedaron hasta tarde. Hermione había ido a buscar a Viktor pero no lo había encontrado. En su búsqueda, sus ojos captaron nada menos que los de Draco Malfoy, que giraba lentamente en la pista de baile con Pansy Parkinson. Hermione odió que le hubiera parecido guapo. Estaba a punto de darse la vuelta, segura de que una mueca de desprecio iba en su dirección, pero no llegó.

Había sido algo peculiar.

Se miraron fijamente durante los últimos instantes del vals. Hermione lo había olvidado hasta ahora, cuando la voz tarareó débilmente la misma melodía.

Y entonces todo volvió a quedar en silencio.

La tercera vez que se despertó, Hermione pudo oír la voz de Ron.

—No me gustas. No estoy seguro de que alguna vez me gustes, pero la arreglaste. La arreglaste cuando ni siquiera me di cuenta de que estaba rota. —Fue una confesión tan honesta y desnuda que no estaba segura de haber escuchado correctamente.

Se hizo el silencio, una breve pausa que pareció eterna para Hermione, que sabía que la oscuridad no estaba lejos.

—Yo no la arreglé. Para empezar, nunca estuvo rota. Solo le di la atención y el tiempo que necesitaba para darse cuenta de que, aunque estuviera rota, yo la aceptaba. —La preciosa voz de Draco era tranquila. Ella quería aferrarse a cada sílaba, quería saltar y gritar: "¡Estoy aquí! ¡Estoy bien!"

No hablaron más después de aquello y Hermione volvió a sumergirse.

Cuando Hermione recobró el sentido, supo que esta vez era diferente. Seguía exhausta, pero no era el mismo agotamiento que había sentido en sus fugaces momentos de lucidez.

Se incorporó rápidamente, temerosa de que, si no mantenía la consciencia, volvería a quedarse dormida durante quién sabía cuánto tiempo.

Los sanadores la habían examinado y le habían explicado que había estado tres días en coma inducido mágicamente para curar una maldición oscura especialmente desagradable que la había golpeado en la espalda. Ella había intentado hacer un millón de preguntas, pero ellos insistían en que alguien llegaría en breve para hablar con ella. Cuando preguntó por Draco, un sanador más joven se limitó a esbozar una sonrisa de complicidad antes de darle a Hermione una poción asquerosa para que se la tomara.

Si no le iban a contestar a nada, se negó a quedarse en la pequeña habitación. Necesitaba salir, necesitaba respirar aire fresco después de haber estado dormida durante tres días. Así fue como Hermione se encontró sentada en el banco, jugando con el extremo de su trenza. Se preguntó si Ginny se la habría hecho mientras dormía.

Vio movimiento por el rabillo del ojo y se volvió para ver a Ron sentado a su lado. Si Hermione era sincera consigo misma, echaba de menos el consuelo familiar que le proporcionaba su presencia.

—Me alegro de verte despierta, Hermione. Siento que estuvieras sola. Todos estábamos de acuerdo en que queríamos a alguien contigo cuando despertaras, pero algunas cosas se interpusieron.

—Ron, ¿por qué no funcionamos? —Las palabras salieron suavemente de su boca. A menudo se lo había preguntado y había tenido demasiado miedo de preguntar, pero una experiencia cercana a la muerte hizo que pareciera importante preguntar.

No dijo nada durante un rato mientras Hermione miraba al frente, disfrutando de la luz del sol contra su tierna piel.

—Durante mucho tiempo, habría dicho que no era el momento adecuado. Después de la Batalla, todo estaba aún tan crudo y abierto. Teníamos mucho que superar antes de estar preparados para empezar algo. Cuando empezamos a vernos casualmente, pensé que tal vez pasaría, pero estábamos en dos sitios distintos. Ahora reconozco que necesitabas mi ayuda de una forma que yo no necesitaba, así que no lo vi. Lo siento, Hermione, de verdad. Pero ahora que lo pienso, podríamos haberlo conseguido en cualquier momento. Pero no lo hicimos. Estábamos cómodos estando en la cúspide. Yo creía que eso significaba que estábamos esperando para empezar una relación, ya que sabíamos que acabaríamos juntos para siempre, pero ninguno de los dos sintió realmente el impulso de hacerlo. Supongo que lo que intento decir es que no funcionamos porque quizá en el fondo sabíamos que no lo haríamos, así que ni siquiera lo intentamos.

Hermione digirió cada palabra cuidadosamente.

—Eso es muy perspicaz, Ron. ¿Cómo te volviste tan inteligente?

—Tenía una amiga que me hacía estudiar mucho mientras crecía.

Sonrió a sus rodillas.

Había echado de menos a ese Ron, su amigo que le daba respuestas sorprendentemente profundas y la hacía sentir segura.

—Probablemente deberíamos volver dentro. Imagino que habrá un grupo de búsqueda si los otros no te ven pronto.

La ayudó a ponerse en pie sobre sus aún débiles piernas, y lentamente se dirigieron a su habitación del hospital. Cuando llegaron, un borrón rojo corrió hacia ella y la envolvió en un abrazo feroz.

—Ginny, déjala respirar. Se ha despertado hace un rato.

—Lo siento, lo siento. —Ginny retrocedió, pero continuó cogiendo la mano de Hermione—. Me alegro mucho de que estés bien. —Usó su mano libre para limpiarse rápidamente los ojos.

Ron ayudó a Hermione a subir de nuevo a la cama del hospital mientras Harry se sentaba al final.

—Hermione, ¿qué pasó con lo de "si te hieren, Desaparece inmediatamente"?

—Estaba intentando pensar sobre la marcha. ¿Cómo fue todo, de todos modos?

—Ginny se Apareció de vuelta. Fue brillante. Utilizó el ojo adivino, que aún estaba en el despacho de Harry, y rastreó a Draco utilizando la cantidad de esencia que le quedaba. Fue una suerte que hubiera suficiente. Volvió a la carga y Aturdió a los Carroñeros. Nos aseguramos de atarlos a todos.

—Eso es asombroso. ¿Todos los demás estaban a salvo?

—Dawson estaba bastante golpeado, pero está al final del pasillo, recuperándose.

Hermione no dejaba de mirar hacia la puerta. Sabía que Draco estaba a salvo, lo había oído junto a su cama, pero no sabía dónde estaba.

—Está terminando unas preguntas en el Ministerio. Estoy seguro de que volverá en cualquier momento, —ofreció Harry, respondiendo a su pregunta silenciosa.

—Oh, Dios, el Ministerio, —balbuceó Hermione.

—Está bien. Todos escuchamos a Higgs confesar los asesinatos y pudimos desarmarlos lo suficientemente rápido como para que no pudiera usar un amuleto de memoria para alterar nada. Y tan pronto como volvimos, Bones hizo una declaración oficial y ofreció sus recuerdos también. Robards se puso furioso y la mandó al banquillo durante al menos un año, —dijo Harry.

—¿Eso es todo? Inculpó a un hombre de asesinato.

—Malfoy pidió que quitáramos Azkaban de la mesa. Dijo que no lo quería sobre su conciencia. Estará a prueba mucho tiempo y es muy probable que Robards la despida.

—Entonces... ¿se retiran los cargos?

Harry asintió, cogiéndole la mano para estrechársela con suavidad.

—Se retiran los cargos. Codsworth está detenido. Resulta que había estado trabajando con Mortífagos de bajo rango que estaban enfadados por la guerra y buscaban un nuevo líder. Y las iniciativas de Codsworth para mantener a los nacidos de muggles fuera del Ministerio no estaban saliendo como él quería, y decidió tomar cartas en el asunto. Lo que no esperaba era que sus lacayos se pusieran rebeldes y persiguieran a Malfoy. Al parecer, consideraron que merecía un castigo por mancillar el linaje de los Sagrados Veintiocho.

—Me decepciona no haber estado allí para ver cómo Codsworth se daba cuenta de que había perdido, —se lamentó Hermione.

—No te preocupes. Podrás ser testigo en su juicio.

—¡Granger!

Hermione giró la cabeza hacia la puerta con tanta fuerza que se mareó. Resoplando y apoyándose en el marco de la puerta, Draco se quedó de pie, mirándola solo a ella.

Llevaba su túnica impecable de siempre. Todavía tenía moratones en la cara en distintas fases de curación. Su marido siempre estaba magullado y maltrecho.

—Esa es nuestra señal para salir de aquí. —Ginny sonrió y le dio a Hermione un rápido beso en la mejilla antes de arrastrar a su marido y a su hermano, prometiendo visitarlos pronto. Hermione se limitó a asentir; sus ojos seguían fijos en el hombre del marco de la puerta.

Y entonces se quedaron solos.

Dios, había tantas cosas que quería decirle. Había pensado en lo que le diría cuando por fin estuvieran en la misma habitación, pero su mente se quedó en blanco mientras lo miraba fijamente. Real, seguro, allí.

—Hola.

De repente, se apartó del marco de la puerta y prácticamente corrió a su lado. Sus manos tocaron su pelo, sus mejillas, acunaron sus hombros, se deslizaron por sus brazos, mientras evaluaba cada parte que no estaba oculta por la almidonada ropa de hospital. Las lágrimas brotaban de las comisuras de sus ojos y sus labios temblaban. Se disculpó una y otra vez, en estallidos suaves y entrecortados.

Hermione finalmente le alcanzó las muñecas y le quitó las manos de donde ahora sostenían sus mejillas. Sollozó con más fuerza mientras miraba sus palmas vacías.

—Te quiero, pero si vuelves a hacer algo así, joder, acabaré contigo.

Él asintió profusamente, con las manos temblorosas bajo su contacto.

De repente, Hermione se dio cuenta de que ella tenía todas las cartas. Si decidía alejarse de él, él se lo permitiría. Si ella le decía que saliera de su habitación, él se iría. También se dio cuenta de que su futuro no estaba ligado porque se hubiera casado con él para salvarle la vida, sino porque ella lo elegiría. Ella lo elegiría a él.

Después de que se arrastrara durante un buen rato.

—Tengo preguntas, y vas a responder a todas y cada una de ellas con nada más que la verdad. ¿Me explico?

Él asintió de nuevo, su mano buscando desesperadamente tocarla. Ella le soltó las muñecas, y él buscó inmediatamente sus manos antes de dudar. Ella lo sujetó con manos firmes. Exhaló lentamente antes de sentarse en el borde de la cama.

—¿Por qué me desperté en casa sola y descubrí que te habías ido, que te habías entregado?

—Me desperté y te vi dormir durante mucho tiempo. No sé si lo sabes, pero a veces hablas en sueños. No frases completas, solo una palabra aquí o allá. A veces intentaba mantenerme despierto para ver si decías algo. Sentía como una ventana a tu cabeza. Así que ahí estaba yo, viéndote dormir y tú hablabas.

—¿Qué decía?

—"No te vayas". Estaba claro como el agua. Cuando lo dijiste se te quebró un poco la voz y me tendiste la mano. Y se me rompió el corazón. Me levanté unos minutos después y me entregué.

—Eso fue increíblemente egoísta.

—Lo sé. Sabía cuánto duele despertarse solo y aun así lo hice. Lo siento.

—Me dijiste cosas horribles.

Se frotó los labios temblorosos antes de hablar.

—Codsworth amenazó con encarcelarte si no te mantenía alejada. Era lo bastante listo como para saber que podías desentrañarlo todo.

—Dijiste todas esas cosas sin siquiera Ocluir. Me llamaste Sangre sucia.

Gimió antes de morderse el labio, con los ojos cerrados como si le hubieran golpeado, pero aun así asintió.

—Así es. Lo siento mucho.

No ofreció ninguna excusa, no intentó quitarse ninguna culpa de encima, simplemente aceptó sus malas acciones. Y al final, ninguna palabra podría excusar lo que había dicho. Se necesitaría tiempo para sanar.

—¿Sabías que tu madre y Theo planeaban acercarse a mí para que me casara contigo?

Sacudió rápidamente la cabeza.

—No. Me enteré de la Ley de Matrimonio en la Horca en el momento en que me propusiste matrimonio.

—Hiciste que Ron me enseñara el recuerdo de Cora Jones. ¿Por qué?

Se estremeció con fuerza antes de tragar saliva.

—Lo hice. Esperaba que si me vieras así te rendirías conmigo.

—Lo consideré.

Volvió a estremecerse.

—Es lo peor que he hecho en mi vida. Lo entendería completamente si lo hubieras hecho.

—Parecías tan odioso. Se la diste a Greyback y luego la mataste como si nada.

De su garganta salió un suave quejido mientras bajaba la cabeza. Sus hombros temblaron.

—Tenía mucho miedo. No quería que me hicieran daño ni que mi madre pagara por mis fracasos. No quería que Cora fuera cortada en pedazos. Así que usé el Cruciatus. Concentré toda mi ira por la guerra en ese hechizo en particular y la torturé. Cuando llegó Greyback, no había forma de escapar. Bellatrix no la dejaría vivir y preguntarme si podía entregar a Cora a Greyback fue una prueba. Y en ese momento, me elegí a mí mismo. Cuando salieron, me enojé de que ella existiera. Ella representaba todo lo que me faltaba. Era valiente y tenía esos grandes ojos marrones y de repente me di cuenta de quién era yo en el mundo. No era bueno, ni fuerte, ni inteligente. Siempre sería un monstruo escondido entre las paredes de una bonita mansión. Odiaba esa casa, odiaba a mi familia, odiaba la jaula en la que había nacido. Estaba atrapado. Pero ella no tenía por qué estarlo. Se acabó un momento después.

—Entonces, ¿todo ese odio en tu cara?

—Fue por mí. Por ser un cobarde y ceder a convertirme en un monstruo.

—No vuelvas a intentar manipularme así. Si alguna vez usas a mis amigos contra mí de esa manera, esto se acaba.

—Te lo prometo. Lo siento mucho, lo prometo. —Le apretó las manos suavemente.

—¿Por qué estás todo magullado todavía?

Se rio débilmente, con los ojos aún vidriosos.

—Intentaron curarme cuando dormías. No les dejé.

—¿Por qué?

—No quería que se centraran en nada más que en ti. Tampoco me parecía justo estar bien cuando era tan obvio que tú no lo estabas.

—Debe haber sido incómodo.

—Creí que te estaba viendo morir, incapaz incluso de abrazarte. Nada puede compararse a esa clase de dolor.

Hermione se ablandó al oír esas palabras. Le apretó las manos con suavidad.

—Eso debe haber sido muy aterrador.

La miró fijamente. Al sostenerle la mirada, toda la compostura que había logrado reunir se vino abajo. Sus hombros se hundieron y empezó a sollozar.

Fue entonces cuando Hermione sintió que la emoción que no había dejado que la tocara por miedo a no escapar nunca, la alcanzaba. Envolvió a Draco con sus brazos mientras le agarraba la túnica con las manos. Sus lágrimas se acumularon contra su cuello, y ella sintió que las suyas mojaban los finos mechones rubios bajo su mejilla.

—Lo siento más de lo que nunca sabrás, Hermione. Y pensé que morirías antes de tener la oportunidad de darte la disculpa que mereces. No para absolver mi propia conciencia, sino porque no mereces que te traten como si no importaras. Tú importas. Siento mucho todos los momentos de mi vida en los que te hice sentir que no eras todo lo que eres. Cuando estaba en Azkaban, echaba de menos el sol. Podía soportar la oscuridad durante la guerra porque sabía que, pasara lo que pasara, en unas horas la luz de la mañana acabaría con ella, pero en aquella celda no había final. La oscuridad nunca me había parecido tan oscura. Y entonces viniste a buscarme. Eres mi sol, Hermione. Tu luz es la que me despierta cada día y tus pensamientos son los que me acompañan a dormir cada noche. Me contento con estar cerca de ti, con disfrutar de tu calor. Orbito a tu alrededor. No te quiero porque seas inteligente o porque hayas salvado el mundo o porque hayas salvado mi mundo. Podría estarte agradecido sin necesitarte nunca como te necesito. Te amo porque la idea de no estar cerca de ti suena exactamente como imaginé que habría sido el Beso. Andaría por ahí sin mi alma. Y pasaré todo el tiempo que haga falta para volver a ganarme tu confianza y demostrarte que importas, no por lo que has hecho, sino por lo que eres.

Hermione lo abrazó aún más fuerte mientras él le susurraba las palabras en la piel del cuello. Permanecieron así un rato hasta que él se apartó.

—Debes estar agotada. Necesitas descansar. Recuéstate.

—Me da miedo que te hayas ido cuando me despierte.

—No me voy a ninguna parte. No hay otro sitio en el que preferiría estar. Estoy aquí. Estaré aquí si me quieres.

Quería decirle que lo quería, para siempre, pero él había empezado a frotarle la mano con círculos relajantes. Estaba cálida por el contacto de su cuerpo con el de ella y pronto se sintió arrastrada de nuevo al sueño profundo. Esta vez no tenía miedo. Sabía que habría tiempo para contárselo todo más tarde.

Hermione se despertó a la mañana siguiente, con Draco a su alrededor y sus dedos enredados en su bata de hospital. Una sanadora entró en la habitación para comprobar las constantes vitales de Hermione. Le dirigió una mirada de desaprobación y Hermione le devolvió el gesto enarcando una ceja. Una vez hubo terminado, cerró la puerta en silencio, dedicándole a Hermione una pequeña sonrisa.

Hermione no se movió hasta que Draco empezó a removerse treinta minutos después. Parpadeó un par de veces antes de sentarse y volverse hacia Hermione. Sus manos recorrieron una vez más su cara, su cuello, sus hombros, sus brazos.

—Estoy bien. Hoy me siento mucho mejor.

Sus palabras apenas parecieron registrarse mientras él continuaba tocando cada centímetro de ella antes de que ella le agarrara las manos.

—Estoy bien, Draco. Te prometo que estoy bien.

Parecía haber salido del trance en el que se encontraba. Sus moratones parecían haber empeorado y se habían convertido en manchas verdes y marrones.

—Quiero que te cures los moratones.

Se llevó la mano al labio aún partido.

—Estoy bien. No quiero molestar a los sanadores.

—Tonterías. Soy perfectamente capaz de curarte ahora mismo.

—No deberías esforzarte. Son solo unos rasguños.

—Draco, estás medio lleno de moratones y tu labio parece que va a empezar a sangrar en cualquier momento. Me siento bien. Pásame mi varita.

—Estoy realmente bie...

—Me dijiste que yo importaba. Bueno, tú también importas. Eres importante.

No se movió de inmediato, pero pronto cogió su varita de la mesita de noche.

La primera vez que Hermione había curado a Draco, él miró fijamente a la pared. Ahora no apartaba la vista de ella ni una sola vez cuando lo curaba. Ella se movía con delicadeza, con precisión para no dejar cicatrices. Él la miró, con sus ojos plateados ardiendo intensamente. Se inclinó hacia ella, apoyando la mejilla en sus manos.

—Me he dado cuenta de algo. —Su voz era tan suave que Hermione tardó un momento en responder.

—¿De qué? —Ella siguió trabajando.

—Durante mucho tiempo pensé que era una persona intrínsecamente mala. Miraba a los miembros de mi familia y pensaba que estaba en mi constitución. Pero entonces me enfrenté a perder mi vida o perderte a ti, y la decisión fue fácil. Entonces vi cómo Susan Bones, una Hufflepuff a la que apenas recordaba, era atacada justo delante de mí y, sin siquiera pensarlo, intenté sacarla de la línea de fuego por instinto. Incluso cuando estábamos en aquella asquerosa casa, allí estaba aquel Auror sangrando en el suelo por una mano astillada. Se estaban divirtiendo pegándole. El antiguo yo habría estado agradecido de que no me prestaran atención, pero en vez de eso, les dije que me pegaran a mí. El Draco de hace cinco años nunca habría hecho eso. Y entonces me di cuenta de que ya no soy él. Cometí errores que me acompañarán el resto de mi vida, pero ya no soy él. Y que Draco no era intrínsecamente malo. Era un niño que tomó malas decisiones entre las terribles opciones que le dio la vida. Puede que nunca sea valiente como tú, o tan abnegado como Potter, pero no soy una mala persona. Estoy creciendo y cambiando, y puedo ser mejor persona si elijo serlo. Lo viste en mí antes de que yo lo viera en mí mismo. Pero al final, no pudiste creerlo por mí. Necesitaba tomar esa decisión por mí mismo. Me está gustando, sabes. Tomar mis propias decisiones.

Hermione sintió que se le apretaba el corazón mientras bajaba la varita. Le dedicó una suave sonrisa.

—No eres una mala persona, Draco, —susurró.

—Lo sé. Tardaré algún tiempo en creérmelo del todo, pero estoy en ello.

Se inclinó hacia delante y la rodeó con los brazos, estrechándola contra sí. Sintió unos besos ligeros como plumas que le salpicaban la sien y la frente.

Se sentía segura.

Hermione salió de San Mungo más tarde ese mismo día, equipada con un arsenal de pociones que tuvo que tomar durante un mes, y preciosos ramos de flores de amigos, incluso un precioso arreglo de margaritas de los señores Weasley.

Hannah había venido a visitarla, para su alegría. Cuando le preguntó si podía hacer algo para ayudarla, Hermione acabó pidiéndole los datos de un Sanador Mental. Hannah había mencionado a menudo que un sanador mental podía ser útil para mucha gente, pero ella nunca había preguntado. De algún modo, se había sentido como si se rindiera, como si estuviera admitiendo que no lo estaba llevando tan bien como los demás.

Pero no lo estaba.

Era una lección difícil de aprender para Hermione, pero no era justo compartir su vida con alguien cuando ella no había vivido plenamente la suya. Ella no era una isla, separada del resto del mundo. Tenía amigos, compañeros de trabajo, una familia.

Hannah se limitó a sonreír amablemente y le dio a Hermione una pequeña tarjeta de visita que se metió en el bolsillo.

Fue extraño volver a casa. Todo estaba exactamente donde Hermione lo había dejado, pero se sentía diferente. Más cálido, tal vez incluso un poco más luminoso. Crookshanks empezó inmediatamente a zigzaguear alrededor de las piernas de Hermione antes de que Draco lo levantara, insistiendo en que la bestia era un peligro para tropezar, pero ella no se perdió la forma en que lo rascaba cariñosamente bajo la barbilla. Draco le dijo que había visitado al gato cuando uno de los otros había estado con ella en San Mungo.

Hermione hizo una mueca mientras se llevaba la mano a su pelo trenzado. Se preguntó qué tan horrible sería el enredo, ya que no sabía cuándo Ginny lo había hecho.

—¿Necesitas ayuda con el pelo?

Hermione no se esperaba la pregunta mientras jugueteaba con la goma.

—Oh, está bien. Puede ser bastante rebelde y difícil de manejar.

—Siéntate, Granger. —Le acercó una silla a la cocina. El sol se había puesto y la oscuridad rodeaba la casa.

Draco deslizó la goma del pelo desde el extremo de la trenza. Con dedos ágiles, empezó a desenredar suavemente los gruesos mechones. Cuando por fin tuvo el pelo libre, le masajeó suavemente el cuero cabelludo, liberando la tensión que ella desconocía.

—Un momento. —Se fue y regresó rápidamente, sosteniendo un cepillo.

—Oh, no...

Hermione se interrumpió rápidamente cuando Draco empezó a cepillarle el pelo con cuidado. Se quedó mirando sus figuras en el cristal. La oscuridad de la campiña inglesa permitía que su reflejo les devolviera el brillo.

—Vaya. Creí que sería un desastre.

—Lo cepillé mientras dormías.

—¿Qué? —susurró; no estaba segura de haber oído bien.

—Ginny me enseñó a cepillarlo sin hacerte daño y luego a trenzarlo. Es más difícil de lo que uno esperaría. Las mujeres son realmente el más inteligente de los sexos.

—¿Por qué te enseñó?

—Porque yo se lo pedí. Te había pasado la mano por el pelo y se me engancharon los dedos. Los Sanadores estaban tan ocupados con tu cuidado ese primer día que no quise molestarlos. Así que le pedí a Ginny que me enseñara. Al principio me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza, pero accedió. Te cepillé y trencé el pelo todos los días mientras dormías. No podía hacer que te curaras más rápido y despertaras, pero podía hacer esto.

Ella se quedó mirando su reflejo mientras él empezaba a separar el pelo en cuidadosas secciones. Sus largos dedos, lentos pero firmes, empezaron a entrelazar los mechones.

Una nube pasó por el cielo y las estrellas asomaron en el firmamento. Iluminaban el espacio sobre el reflejo de Draco, como un precioso cuadro. Hermione observó cómo su marido le trenzaba el pelo del que se había burlado durante toda su infancia, enmarcado por las estrellas. Casi no se dio cuenta a medida que la vista se volvía más borrosa, hasta que sintió que las lágrimas salpicaban suavemente sus manos cruzadas sobre el regazo.

Draco le sujetó el pelo una vez más con la goma y se lo arregló cuidadosamente con suavidad. Cuando terminó, miró su reflejo y se sobresaltó al ver a Hermione llorando antes de que se convirtiera en una sonrisa comprensiva. Le llevó una mano a la mejilla y le sostuvo la mirada.

Hermione se sintió rota en ese momento, solo que esta vez la idea no la aterrorizaba. La compartió de buen grado y lo invitó a presenciarla.

Y él lo hizo.

Draco le sujetó la mejilla y, con su tacto, le aseguró que estaba allí, que la apoyaba, que la quería y que no necesitaba que cargara con el peso del mundo sobre sus hombros.

Él no esperaba nada y lo aceptaba todo.

—¿Cómo va todo con el Ministerio? —preguntó Andrómeda mientras tomaba un sorbo de una preciosa taza de té.

Hermione dejó su taza.

—Todavía un poco caótico. Alderton, Towler y Kettleburn fueron destituidos del Wizengamot por soborno. Towler también fue despedido de su trabajo en la Oficina de Patentes por discriminación. Resulta que Codsworth llevaba una contabilidad meticulosa de los que estaban a su favor, lo que no ayudó a su caso. Así que habrá puestos vacantes que los demás miembros votarán pronto. Incluso hay algunos nacidos de muggles en la candidatura. También votarán por un nuevo Jefe de Magos, lo que será interesante. Susan fue despedida del Departamento de Seguridad Mágica. Robards también está siendo investigado, y quería asegurarse de tomar una posición firme contra sus acciones ilegales.

—Harry mencionó lo decepcionado que estaba por no darse cuenta de lo que ella tramaba.

Hermione suspiró.

—Era una buena Auror. Sabía cómo cubrir sus huellas. Harry tiene un instinto asombroso, sinceramente, podría llegar a ser jefe del departamento, pero no es un lector de mentes.

—Las personas de las que se espera que sean grandes toda su vida llevan esa carga consigo durante mucho tiempo. Los tres tenéis eso en común: tú, Harry y Draco.

—Que los chicos no te oigan decir que crees que tienen algo en común.

—Si pudieran sacar sus propias cabezas de sus culos, creo que se darían cuenta rápidamente de lo buenos amigos que podrían ser.

Hermione se atragantó con el té ante la grosería de la mujer.

Andrómeda sonrió a Hermione antes de transformarse en algo más pensativo.

—¿Cómo lo llevas, querida?

Hermione hizo una pausa antes de contestar. Sabía lo que habría dicho antes, que estaba bien, que todo estaba absolutamente bien, pero de algún modo sabía que Andrómeda no quería falsas seguridades.

—Aún es duro. Solo ha pasado una semana desde... todo. Todavía me despierto aterrorizada de que Draco se haya ido, de que el Ministerio irrumpa en nuestra casa y se lo lleve. Creo que haber dormido cuando todo eso se estaba gestando hace que lo sienta de alguna manera sin resolver. Pero me reuní con un Sanador Mental el otro día. Fue bien, creo. Voy a seguir adelante, de todos modos.

Andrómeda sonrió.

—Me alegro por ti, Hermione. Al crecer en una familia de Sangre pura, no se hablaba de eso. Se consideraba un tabú admitir cualquier cosa que pudiera considerarse un defecto. Pienso en toda la gente que podría haberse beneficiado de cualquier tipo de ayuda, pero que nunca la pediría debido a las expectativas de la sociedad. Quizá Draco no habría tardado cinco años en darse cuenta de que era algo más que el hijo de su madre y su padre. Tal vez Narcissa podría haberse dado cuenta de que era algo más que un producto de lo que el mundo esperaba que fuera. —La sonrisa de la mujer se apagó.

—Creo que Narcissa hizo su elección sobre quién quiere ser.

Andrómeda sacudió suavemente la cabeza.

—No estés tan segura. Sé que es fácil considerarla solo una fanática en una gran mansión, y no te equivocarías por ello. Pero ella luchó contra eso, a su manera.

—¿Diciéndole a Tom que Harry estaba muerto quieres decir?

—Esa fue una forma, pero ha habido otras. ¿Te has preguntado alguna vez de dónde sacó el Ala de Licantropía el resto de su financiación?

—¿Estás sugiriendo que Narcissa Malfoy financió un ala del hospital dedicada a las criaturas?

—No hay mucha gente con los fondos disponibles para hacer una donación tan grande. También me envió una carta preguntándome por la salud y el bienestar de Teddy, justo antes de que se hiciera la donación anónima.

—No sabía que estabais en contacto.

—Oh, no lo estamos. Nunca respondió a mi carta. Pero le envié el anuncio de su nacimiento cuando nació, igual que hice con Nymphadora. Después de todo, es mi hermana.

Hermione se sentó, aturdida por la nueva información.

—No estoy segura de que Draco la quiera en su vida. No estoy segura de quererla en mi vida.

—Eso es completamente comprensible. Un solo acto no la absuelve de sus malas acciones. Solo espero que, si alguna vez acude a Draco, verdaderamente arrepentida de sus actos, él no la aleje por miedo a que ella sea una representación de sus propios errores pasados. Me gustaría pensar que todos somos capaces de cambiar. Yo acabé cambiando. Draco también. Tuvimos la suerte de que alguien nos demostrara que se pueden tener defectos y seguir siendo aceptados. Cissa no tuvo el mismo lujo.

Hermione dejó que las palabras de Andrómeda calaran mientras veía a Draco perseguir a Teddy por la ventana. El pequeño había llorado cuando por fin pudo ver a su primo. La propia Hermione se había atragantado cuando vio a Draco morderse el labio para ocultar el temblor mientras abrazaba a Teddy. Se habían ido a volar en la escoba de juguete de Teddy.

Mientras veía reír a los primos, tuvo que recordarse a sí misma que Draco era libre. Seguía sin poder tener una varita, seguían teniendo que vivir juntos y seguían estando legalmente obligados a permanecer casados durante cinco años, pero los cargos habían sido retirados. Le habían dado una advertencia para que no se metiera en peleas, pero, a fin de cuentas, era un delito muggle, nada más que una alteración del orden público.

No estaba del todo bien. Tenía momentos en los que estaba asustado, en los que todo seguía siendo tan abrumador, pero, con el tiempo, podría estarlo.

El Flu de la sala de estar estalló en llamas mientras Hermione levantaba la vista. Salió Theo.

—Lo siento por esto. Le dije al chico que podía venir porque me lo suplicó, bastante patéticamente. Pero le dejé muy claro que una palabra tuya, y la invitación sería rescindida.

Theo la miró, con ojos esperanzados.

Hermione suspiró.

—Supongo que puede quedarse.

Theo soltó visiblemente el aliento que había estado conteniendo antes de caminar lentamente hacia la pequeña mesa en la que se sentaban.

—Voy a ir a ver a esos dos de afuera. Llámame si necesitas algo. Y tú... —señaló a Theo—, no presiones. Solo te perdonará si quiere y está preparada.

Theo asintió con diligencia antes de sentarse en la silla que Andrómeda había dejado libre. Se miraron fijamente mientras la mujer cerraba la puerta tras de sí.

—Pareces bastante cómodo con Andrómeda.

—No. Solo la he visto una vez, cuando vine a ayudar a Draco a enseñarle a Teddy algunos movimientos de vuelo. La bruja dobló una esquina y yo casi me salgo de la piel pensando que era Bellatrix. Acabé enterándome de lo del Ala de Licantropía y decidí donar. Estaba dejando mi donación cuando mencionó que vendrías. No mentía cuando me llamó patético. Le rogué que me dejara visitarte también. Draco ha estado rechazando hábilmente mis peticiones. Sinceramente, estoy seguro de que no se alegrará de que esté aquí ahora. Es muy protector, ese marido tuyo.

Hermione murmuró antes de dar un sorbo a su té.

—Si tienes algo que decir, deberías decirlo.

—Cierto. Sí. Bueno, quería decirte que estoy muy feliz de que estés bien. Vi cómo te golpearon y... y no podía creerlo. Eres la persona más fuerte que conozco. Weasley, Potter y yo estábamos ahí parados. Estaba tan asustado cuando Higgs te golpeó, pero tomaste una decisión y fuiste por ella. Joder, Potter y Weasley son muy buenos Aurores y hasta ellos se congelaron.

—¿Estás aquí para sugerirme un cambio en mi carrera?

Theo se sonrojó.

—No, perdona. Me estoy saliendo del tema. Te debo una disculpa apropiada. Sé que antes dijiste que no era el momento, pero luego, cuando te hirieron, pensé que no habría momento. Hermione, lo siento mucho. Lo que hice fue censurable. Estaba tan concentrado en salvar a Draco que no me importó a quién tenía que usar para liberarlo. Narcissa había estado registrando la biblioteca de la mansión buscando algo que pudiera salvarlo. Entonces encontró la Ley del Matrimonio en la Horca. Busqué entre todas las brujas disponibles que se me ocurrieron y luego vi un artículo sobre ti en el periódico. Estabas luchando por tierras protegidas para los centauros. Todos saben que los centauros rechazan notoriamente la ayuda del Mundo Mágico, pero a ti no te importaba. Viste un grupo que necesitaba protección y te metiste de lleno. Y luego fui a visitar a Draco, y ahí estabas, ya intentando protegerlo. Lo siento. Debería haberte dicho toda la verdad. Te quité la capacidad de tomar una decisión con pleno conocimiento de causa y luego me hice llamar tu amigo. No me he encontrado con mucha gente dispuesta a hacer eso. Las brujas Sangre pura son criadas para ser muchas cosas, pero el desinterés desenfrenado no suele ser enseñado por tutores. Eso es lo que vine a decir. Puedo entender si no quieres seguir siendo mi amiga.

Theo se encogió de hombros mientras le dedicaba una sonrisa triste.

Hermione buscó sus ojos y encontró la poca sinceridad que le reflejaba.

—Ha sido una disculpa bastante buena, —refunfuñó.

—Gracias. Practiqué con Tippi unas cuantas veces. Es muy elocuente.

—Si acepto que seamos amigos, tienes que prometerme que no me mentirás más.

—Una petición completamente justa.

—Si lo haces, me aseguraré de que el Departamento de Seguridad Mágica allane todas las propiedades que hayan pertenecido a un Nott.

—Creo plenamente que lo harías.

Extendió la mano, con la intención de estrecharla, pero cuando Theo la agarró, se levantó y tiró suavemente de ella antes de enredarla en un fuerte abrazo.

—Te he echado de menos, —murmuró en su pelo.

—Yo también te he echado de menos, Theo. —Hermione le devolvió el abrazo.

Hermione se sintió más tranquila de lo que había previsto. Había esperado ira y repugnancia, pero cuando vio a Augustus Codsworth entrar en la sala encadenado y con un mono que le resultaba familiar, se sintió tranquila.

Se sentó en una silla solitaria en el centro de la sala, mientras las filas de asientos elevados se llenaban de miembros del Wizengamot y testigos.

Las pruebas estaban en su contra. Una confesión de Susan Bones, recuerdos creíbles de Dawson, Harry y Ron, y confesiones bajo Veritaserum de los Carroñeros. Se habían acercado a Codsworth, recordando su lealtad a la Supremacía de Sangre pura durante la guerra, aunque él mismo no había sido un Mortífago. El Wizengamot se turnó para hablar, hacer preguntas y presentar pruebas.

Y llegó el momento de las declaraciones de los testigos.

Draco apretó la mano de Hermione antes de que se levantara.

—Me llamo Hermione Malfoy. Como muchos de vosotros sabéis, fui miembro del Ejército de Dumbedore y actualmente soy empleada del Ministerio. Muchos también saben que soy nacida de muggles. Llegué al Mundo Mágico desconociendo su moneda, su idioma y sus costumbres. Había pasado toda mi vida sin saber que era bruja y, sin embargo, en cuanto pisé el Callejón Diagon, sentí que volvía a casa. Mi magia siempre había estado ahí. La magia sabía quién era antes de que recibiera una carta o empuñara una varita. Como todos vosotros, está en mis huesos y en mi alma. Está en mi sangre. Entonces ocurrió una guerra. Me dijeron que no importaba si la magia me había elegido, que la Gran Bretaña Mágica no lo había hecho. Voldemort y sus seguidores afirmaron que yo no merecía mi magia, que era indigna de ella. Los nacidos de muggles eran perseguidos, cazados y obligados a registrarse por el delito de existir. Así que elegí luchar frente a la tiranía. Luché por esta comunidad. Sangré por esta comunidad, aunque esa misma sangre me hacía indigna de ella en cierto modo. Arriesgué mi vida por esta comunidad. Augustus Codsworth no luchó por otra cosa que no fuera mantener dividido al Mundo Mágico. Abusó del poder que le dio este consejo, se burló de sus leyes y condenó a un hombre inocente a una vida de prisión. Intentó continuar el mismo abuso por el que yo sacrifiqué mi infancia para detenerlo. Como miembros del Wizengamot, tenéis la responsabilidad de permitir que las mismas creencias que destruyeron familias, acabaron con vidas y casi rompieron esta comunidad sigan enconándose, o podéis elegir formar parte de una nueva era en el Mundo Mágico. La historia recordará qué bando eligió Augustus Codsworth. La decisión que tomen hoy sobre si debe ser un hombre libre, decidirá cómo los recordarán a ustedes.

Hermione se sentó y Draco le cogió las manos en cuanto estuvo sentada. Las manos le temblaban y él empezó a frotarlas en círculos sobre la piel húmeda. Había decidido no hablar públicamente en el juicio, puesto que ya había hecho su declaración personal. Cuando Hermione le preguntó por qué, él se limitó a decir que el Wizengamot no necesitaba oír a un Sangre pura hablar de injusticias, pero prometió estar a su lado.

El Wizengamot anunció que harían un receso para deliberar y que su sentencia se anunciaría más tarde ese mismo día. Vio cómo los Aurores conducían a Codsworth de vuelta a los calabozos del Ministerio.

Cuando salieron de la sala, Hermione encontró rápidamente a Harry.

—Necesito hablar con Codsworth.

La miró boquiabierto.

—Tienes que estar de broma. —Se volvió hacia Draco—. Dime que está de broma.

Draco se encogió de hombros.

—Aunque es muy ingeniosa, no creo que sea una broma.

—Hermione, Robards ya está de los nervios por su investigación. Podría tener mi cabeza.

—Menos mal que sé que guardas tu Capa de Invisibilidad en tu despacho y que eres el Elegido.

Harry la miró un momento antes de suspirar profundamente.

—No te preocupes, Potter. Si te despiden del Departamento de Seguridad Mágica, podemos pagar tu sueldo. He estado buscando personal y Granger no quiere ni oír hablar de un elfo doméstico.

Hermione dio un codazo cariñoso a su marido, que emitió un uf dramático antes de seguir a Harry a su despacho.

Pronto volvió a seguir a Harry al amparo de la Capa de Invisibilidad. Cuando llegaron a las celdas de la cárcel, Harry se ofreció a darle un descanso al Auror de guardia, lo que el hombre aceptó de buen grado, prometiendo volver en diez minutos. Cuando se hubo ido, Hermione se quitó la capa de un tirón.

—Si necesitas algo, estoy aquí mismo.

Hermione asintió a Harry antes de dirigirse lentamente a la única celda ocupada.

Estaba sentado en un sucio catre. Sus manos encadenadas estaban libres ahora.

—Hola, Codsworth.

El hombre levantó la cabeza y miró a Hermione.

—Por supuesto que estás aquí. Usando tu pequeña conexión privada con el Departamento de Seguridad Mágica, ¿verdad?

—Deberías saberlo, con tu largo historial de abuso de conexiones. Aunque diría que mi delito es bastante menos criminal, ya que estoy fuera de la celda.

—No actúe como si tuviera reparos en quebrantar las leyes, Srta. Granger.

—Tienes razón. Aunque me gustan las reglas, casi no hay leyes que no esté dispuesta a romper por la razón correcta. Ahí es donde diferimos. Tú rompes leyes para oprimir a la gente. Yo rompo leyes para liberarlas.

—Puedes llorar sobre la opresión todo lo que quieras, pero el Mundo Mágico apenas está recogiendo los pedazos después de las guerras. No está preparado para cambios radicales. Hemos sobrevivido tanto tiempo gracias a nuestras costumbres, tradiciones y leyes. Los muggles no entienden nada de eso.

—Aunque el Mundo Mágico es diferente del Mundo Muggle, hay muchas similitudes. Siempre habrá quienes puedan ver el potencial que puede aportar el cambio y quienes siempre estarán ciegos ante él. No voy a malgastar mi aliento intentando convencerte de que dar la bienvenida a los hijos de muggles fortalecerá esta comunidad. Veo que ya has tomado tu decisión.

—Entonces, ¿por qué está aquí, Srta. Granger?

—Es Malfoy. A pesar de tus mejores esfuerzos, sigue siendo Malfoy. Y estoy aquí porque quería que vieras claramente mi cara. A mí. Una nacida de muggles y una mujer, y la razón de tu caída. Una vez te dije que me gustaban las promesas, pero no estoy aquí para hacer una promesa. Esto es una amenaza. Si alguna vez vuelves a por mi marido, no hay hechizo, ni protección, ni muro que pueda protegerte de mí. Pero creo que eso pronto será un punto discutible.

—Ni siquiera tienes derecho a sostener una varita. Deberías haber tomado tu Orden de Merlín y haber desaparecido en las sombras, donde pertenecen los de tu clase. Siempre serás una asquerosa Sangre sucia. —Estaba apretado contra los barrotes de la celda y le escupía mientras le gruñía.

Hermione miró el reloj de su muñeca. Habían pasado sus diez minutos. Volvió a mirar a Codsworth, que tenía la cara enrojecida por la ira.

—Y tú perteneces a Azkaban. Aunque no estoy segura de cuánto tiempo estarás allí. Aunque moralmente no estoy de acuerdo, el Beso sigue siendo legal. Si tan solo hubieras anulado esa ley en lugar de la que podría haberte salvado. No estás casado. Podrías haber usado el Matrimonio en la Horca. Probablemente fue mejor que no lo hicieras. Tiemblo por la mujer que podría haber estado atada a alguien como tú.

Miró a Harry, que le hacía señas para que se diera prisa.

—Ha sido una charla encantadora, Codsworth. Dejaré este pasillo ahora y me olvidaré de ti. Disfruta de Azkaban.

Dio la espalda al hombre, que se agitaba contra los barrotes. Se cubrió rápidamente con la Capa y Harry pasó a su lado y se disculpó por el estado de agitación de Codsworth, antes de alejarse rápidamente.

Cuando volvió al despacho de Harry, encontró a Draco paseándose. Cuando oyó abrirse la puerta, empezó a buscarla a ciegas hasta que sus manos atraparon la capa. Se la quitó de un tirón antes de abrazarla.

—Sé que te vi pisotear el pie de un Hombre Lobo y hacer un agujero en una pared para llegar a mí, pero no lo disfruté.

—Estoy bien, —tranquilizó, echándose hacia atrás—. Solo tenía algunas cosas que aclarar con Codsworth.

—Sí, fue aterrador. Recuérdame que no me meta con ella, —murmuró Harry.

Draco le sonrió, con un brillo juguetón en los ojos.

—Mi mujer es jodidamente despiadada.

Hermione se ruborizó bajo su mirada.

—Oh... no. No hagáis eso en mi despacho, por favor.

Draco puso los ojos en blanco sin dejar de mirar a Hermione.

—Van a estar deliberando un rato más. ¿Quieres quedarte aquí hasta que den el veredicto?

Hermione negó con la cabeza.

—No. Me gustaría irme a casa ya. No necesito estar aquí para eso. Sea lo que sea, lo manejaremos juntos.

Se inclinó hacia delante y la besó en la frente antes de que entraran en el Flu.

Hermione se estremeció cuando Draco la besó por el cuello, con los dedos masajeando suavemente la base de la cabeza. Entre besos con la boca abierta, su lengua se deslizaba por su piel en lánguidos lametones.

—Eres tan deliciosa.

Hermione se retorció cuando él habló contra su clavícula, su exploración condujo a sus pechos. Su boca rodeó su pezón, haciéndola jadear bruscamente. Draco empezó a chupar y lamer con desenfreno, mientras la mano derecha le recorría el costado. El pulgar izquierdo se deslizó por el lateral de su boca, rozando con la piel callosa el pico en forma de guijarro. Luego le llevó el pulgar húmedo al otro pezón, frotando lentamente mientras seguía chupando.

Hermione gimió ante la sensación, con los muslos apretándose el uno contra el otro. Mientras ella se retorcía, Draco se apartó y le dedicó una sonrisa ladina. Tenía los labios rojos de ficción y brillantes.

—Draco, por favor... —La voz de Hermione estaba sin aliento.

Se inclinó hacia delante y le dio un suave beso en la boca.

—Te voy a devorar.

Ella vio cómo él le sostenía la mirada, bajando lentamente por su cuerpo. Se quedó sin aliento cuando él se detuvo un momento justo donde ella más lo necesitaba. Con una última sonrisa, separó sus pliegues y la besó profundamente.

De verdad la estaba devorando.

Hermione gimió cuando la lengua de él rodeó su clítoris antes de presionarlo firmemente. Las manos de él se clavaron en las caderas de ella, que se levantaron por sí solas y la inmovilizaron.

La cabeza de ella se movía de un lado a otro contra la almohada mientras la lengua de él penetraba en su interior antes de enroscarse. Draco, que siempre aprendía rápido, seguía cada jadeo y cada suspiro, buscando su liberación.

—Espera, espera, para.

Se echó hacia atrás, con las mejillas sonrojadas y la barbilla húmeda. Llevaba el pelo alborotado, como prueba de que ella tiraba de él.

Tragó saliva con fuerza, intentando que sus muslos dejaran de temblar.

—Quiero probar algo.

—Lo que sea.

Su respuesta inmediata, ronca e intensa, hizo que el calor floreciera en su pecho.

Él se echó hacia atrás cuando ella se movió rápidamente, frunciendo el ceño cuando lo tumbó boca arriba. Rápidamente, Hermione le puso la rodilla en la cara y se sentó a horcajadas sobre su cabeza, dándole la espalda.

—¿Granger? —Ella sintió que él preguntaba desde debajo de ella. Su voz estaba llena de asombro—. Por favor, dime que puedo tocarte. —Respiró contra ella, mucho más cerca de lo que había estado un momento antes.

—Oh, Dios, por favor. —Ella gimió antes de bajar a su boca que la esperaba.

Si ella pensaba que él había estado voraz antes, se había equivocado. Draco le chupó el clítoris con fuerza, lamiéndoselo con la lengua mientras mantenía la succión. Hermione perdió el equilibrio y se agarró a la cama.

La caída la acercó mucho más al lugar donde su polla descansaba hinchada contra su estómago. Una pequeña mancha húmeda brillaba en su piel donde había goteado semen. Hermione se detuvo un momento mientras Draco empezaba a follarla rítmicamente con la lengua.

Sacudiendo la cabeza para concentrarse, se inclinó hacia delante y le lamió el líquido acumulado. Su polla se sacudió y ella lo sintió dudar.

—Si me la chupas ahora mismo, no creo que dure ni treinta segundos.

Hermione siseó cuando su voz dolorida sopló aire contra su clítoris hinchado.

—Sigue haciendo lo que estás haciendo y me correré contigo.

Él gimió cuando ella empezó a deslizar la lengua por la suave piel de su polla, empezando por la base. Cuando llegó al final, pasó la lengua por la punta, dejando que el pegajoso semen se disolviera en su boca.

Draco emitía sonidos ahogados contra ella, la vibración de sus gritos le chisporroteaba la piel. Chupaba y lamía con fervor, explorando cada parte de ella antes de centrarse en donde más lo necesitaba.

Estaba a punto. Sintió que sus piernas empezaban a temblar mientras chupaba a su alrededor, la sensación de su polla en la boca la estimulaba aún más. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras lo chupaba aún más. Él se sacudió y la punta chocó contra su garganta durante un segundo.

De repente, le dio otra fuerte chupada en el clítoris, y ella estaba explotando. Le metió la lengua una y otra vez mientras ella disfrutaba de cada oleada de placer y trataba de recordarse a sí misma que debía seguir chupando mientras gemía a su alrededor.

—Oh, joder, oh joder, —gimoteó Draco mientras ella seguía trabajando una vez terminado su orgasmo. Ella se balanceó sobre sus rodillas y llevó una mano hacia él, usándola en tándem con su boca—. Por el puto amor de Salazar, me la estás chupando y tu coño está goteando sobre mí y yo... yo...

Hermione tragó rápidamente los chorros de semen que le llegaban a la garganta, con un sabor amargo que le produjo un ligero escalofrío. Lo ignoró mientras seguía lamiéndole hasta que él dejó de penetrarle la boca.

Hermione suspiró cuando sintió que él la movía hacia atrás hasta que quedó acurrucada a su lado. Su piel era pegajosa y cuando él acercó su boca a la de ella, pudo saborear el sabor de ambos en su lengua. Cuando sus corazones dejaron de latir frenéticamente, él se deslizó por la cama y apoyó la cabeza en su estómago. Hermione se quedó mirando las estrellas mientras Draco le recorría las pecas con la punta del dedo.

—Solía mirarte en la Biblioteca, —susurró ella en la oscura habitación. Sintió que el dedo se detenía un instante contra ella.

—Yo también te miraba en la Biblioteca. —Las palabras retumbaron en su costado, su aliento le produjo escalofríos.

—Incluso cuando estabas siendo vil.

—Definitivamente era vil.

—Pero nunca en la Biblioteca. ¿Por qué?

—¿Quieres ahondar en la mente de una mierda de doce años?

—Quiero saber todo lo que hay que saber sobre ti. Todo.

Ella sintió como él aspiraba un suspiro.

—No estoy seguro de poder superar que me quieras de alguna manera. Es... la sensación más increíble.

Ella sonrió ante las estrellas conjuradas y empezó a pasarle los dedos por el pelo.

—Qué bien. La mayoría de la gente se exaspera con todas mis preguntas.

—Nunca. Ver trabajar tu mente es lo más parecido a la magia que he sentido desde que me quitaron la varita.

Sintió que sus mejillas se sonrojaban.

—Los halagos no me distraerán de la pregunta.

—Bien, bien. Realmente no hay mucho que decir. Te observaba porque me fascinabas a regañadientes. Eras exactamente lo contrario de lo que me habían hecho creer sobre los nacidos de muggles. Llegaste al Mundo Mágico y me superaste en todas nuestras lecciones. No importaba que yo hubiera estado rodeado de magia desde mi nacimiento o que me hubiera criado con los mejores tutores que el dinero pudiera comprar. Tu talento natural y tu mente brillante me superaban. Y seguí observándote porque eras bonita de ver.

—Draco.

—Oh, y supongo que dirás que me mirabas por mi encanto ganador de premios.

Se mordió el labio y no dijo nada.

—No lo creo. Tendrás que aceptarlo, Granger. Eres guapísima y te has ganado un marido guapísimo. Es la carga que tendrás que soportar el resto de tu vida.

—¿Es eso lo que quieres? ¿El resto de nuestras vidas? —Quería que sus preguntas sonaran burlonas, pero una vacilante sinceridad resonaba en ellas.

Le acarició el vientre con la boca antes de besarle suavemente la piel.

—Quiero que sea para siempre. Quiero más que para siempre. Soy egoísta. Lo quiero todo. Pasaría todos mis días buscando la forma de alargar nuestras vidas para poder tenerte un momento más. Cambiaría todos los galeones de mi bóveda por tener siquiera un día más contigo a mi lado, leyendo libros y comiendo tostadas. Soy tuyo en todo lo que una persona puede ser. Es curioso. Pensaba que estar totalmente dedicado a una sola persona era lo peor que se podía hacer. Pero esto no me fue forzado, no fue tomado. Es mi elección. Te estoy dando mi vida a ti. Elijas lo que elijas hacer con ella, estaré agradecida de haber sido tuyo alguna vez.

Hermione sintió que las lágrimas le resbalaban por las sienes. Se deslizó por la cama hasta que su cara quedó frente a la de él, ambos acurrucados de lado. Le cogió la cara con las manos.

—Te quiero. Te quiero. Te amo. —Le salpicó la cara con besos salados y sus lágrimas mojaron su piel.

No sabía lo que ocurriría dentro de un año, dentro de cinco años, en el transcurso de toda su vida. Pero sabía que, al menos por hoy, lo estaba eligiendo a él de todas las maneras en que una persona puede elegir a otra.

Estaba eligiendo un después.

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Nota de la autora:

¡VIVA! ¡29! ¡Estamos tan cerca!

De nuevo, ¡gracias por todos los increíbles comentarios y el apoyo! Todo ha sido irreal. Espero publicar 30 el próximo domingo, ¡pero podría ser antes!

¡Muchas gracias a rompeprop y noxhunter, mis chicas beta!

Esto fue escrito mientras mi hija pequeña estaba en una fiesta de pijamas con sus abuelos. Si lo sabes, lo sabes. Proceded con precaución.

No soy dueña de una mierda

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Nota de la traductora:

Buscando como loca los pañuelos*