21. Pequeños Imprevistos
Se inclinó y me besó. Un beso al que, en contra de lo que mi buen juicio y lo que mi conciencia me gritaban, correspondí. Sus labios eran ardientes y suaves, invitadores. Cerré los ojos al mismo tiempo que le correspondía. En cuestión de segundos, sentí como la tentasión de la que frecuentemente era víctima cuando se trataba de pasar tiempo con el mayor de los Asakura, se iba instalando dentro de mí, creciendo en intensidad, recorriéndome como un cosquilleo que era imposible de ignorar. El sabor de su boca fue mi perdición.
No podía pensar claramente al sentir sus manos sosteniendome fuertemente de la cadera, su aroma nublaba mi pensamiento lógico y coherente. La punta de su lengua recorrió mis labios, buscando un permiso que yo no le otorgaba. Por unos fugaces segundos, traté de poner distancia fisica entre los dos, para tener tiempo suficiente para ponerlo en su lugar y recordarle que yo no iba a caer en sus redes. O por lo menos, esa fue mi intención cuando levanté las manos rozando su pecho con mis palmas. Pretendía empujarlo lejos de mí, cuando fui presa de mis bajos instintos, al recorrer los músculos que estaban ahí, ocultos por la tela y escuchar como jadeaba entre los besos. Termine por rodear su cuello con mis brazos para acercarlo a mí. Me pusé de puntitas para poder alcanzarlo.
Era irresistible. Una atracción magnética.
La mano con la que había sostenido mi nuca se deslizó por mi pecho, bajo hasta la cadera y apretó mi muslo, justo al borde de la falda. Allí donde me había recorrido, percibia un rastro calido, como si la temperatura de mi cuerpo se hubiera elebado ahi donde sus dedos habían transitado. Esa mano, avanzó por debajo de la tela plisada de la falda, encontrando mis piernas. Con la rapidez que solo la experiencia y la fuerza fisica podrían permitir, acomodó su brazo debajo de mis nalgas, me sujetó con fuerza y me levantó. La fria pared contra la que apoyo mi espalda, hizo que un escalofrió me recorriera de pies a cabeza. Se acomodó entre mis piernas, pegando su cuerpo al mío. Sus brazos rodeandome, su pecho contra el mio, su cabello me hacía cosquillas en las mejillas, y su cadera entre mis piernas, rozando mi intimidad. ¡Cielos!
Apenas podía pensar con claridad ¡Estaba tan cerca!
Y yo a su merced…
En la posición en que estaba, la tela de la falda dejó mis muslos al descubierto. Hao no perdía el tiempo, y acarició la piel expuesta sin dejar de besarme cada vez con más intensidad, como si quisiera robarme el aliento. Mi respuesta tampoco se hizo esperar. El sonido de mi corazon retumbando dentro de mis oidos era intenso, mi pecho subia y bajaba rapidamente tratando de seguirle el ritmo, y el cosquilleo en mi centro se convertía en húmedad.
En cuestión de segundos, su boca dejo la mía y vago por mis mejillas, mi cuello y llego hasta los hombros, prodigando besos y pasando su lengua. Me perdí como de electricidad que recorria mi cuerpo, inmersa en la sensación, encantada por los trazos que sus manos dejaban al explorar mi cuerpo. Hao acomodó una mano en mi nalga y apretó. La satisfacción que sentí recorrió mi cuerpo. Deje escapar un suspiró junto a su oído.
El gruñó, complacido con mi respuesta. Una de sus manos, fue a acariciar mi costado, palpando mi cintura y mi abdomen, deteniéndose justo debajo de mi busto. Con la yema de los dedos recorrio el encaje del sostén. Pero, contrarió a lo que creía que sucedería a continuación, no avanzaron un solo milimetro más. Él se enderezó, buscando mi rostro, y en sus ojos adivine que existia una pequeña batalla interna. Supé que estaba considerando si debía o no continuar. Me miró detenidamente, sin decir nada, con su rostro cerca del mío. En sus ojos castaños fulguraba una única pregunta: ¿puedo?
Estudie atentamente su cara, tratando de apaciguar mi corazón que latía con fuerza. Hao esperaba una respuesta.
Pero mi mente estaba abrumada, por los deliciosos estimulos que ese estúpido y oportunista estudiante de leyes probocaba. Odie el saber que entre los dos existía esa atracción física que prometía mucho y me sentía tentada a conocer. Si, era verdad que me gustaba, que era guapo y que siempre que podía me lo comía con la mirada (¿Quien se puede resistir cuando se pasa media vida sin camisa por la casa?), no podía negar que tenía ese que-se-yo, encanto y carima. Y por eso mismo yo trataba de mantener mi distancia.
¿Pero ahora? No había distancia, ni determinación, ni intención alguna por alejarlo. lo único que me quedaba por hacer era aferrarme a sus hombros para no caer, apretando su cadera con mis piernas y tratar de ignorar el hecho de que yo no era la única que estaba excitada.
Dudé un momento, que para mí fue eterno, pero que no debió durar más de un par de segundos. Deje que las malas decisiones me llevarán a un error mas: Temblorosa, asentí con la cabeza apenas unos centímetros hacia arriba y hacia abajo. Los ojos de Hao brillaron triunfales.
Un ruido a la distancia nos obligó a mirar hacia el costado. Alguien se acercaba. Acto seguido el pánico fue patente en la cara de ambos. Hao titubeó y me abrazó fuertemente, el sonido de pasos se fue haciendo más fuerte. Por fin mi mente volvió a la claridad y le empujé para pedirle que me soltará, él lo entendió de inmediato y sin dejar de abrazarme por la cintura, dejo tocará el piso. Literal y figurativamente.
"¿Que estás haciendo, Anna?" Me recriminé a mí misma "Ponlo en su lugar por el atrevimiento"
Pero me temblaban las manos, muy para mi disgusto y vergüenza, apreté el puño varias veces con la intención de controlarlo y poder recuperar mí temple. Me escurrí de entre sus brazos, tratando de poner distancia física, para dejar de sentir ese magnetismo que parecía llevarme hasta él y que podía percibir como estática en mi piel erizando los vellos de los brazos. Acomodé mi ropa, ajusté mi falda y chequé que mi sostén estuviera en su lugar. Hao, por su parte, apoyó la frente en la pared, justo en el espacio donde yo había estado solo un momento atrás.
- Jóvenes- se escuchó una voz rasposa de un hombre mayor detrás de nosotros, proveniente del pasillo de servicio. – Buenas tardes.
Y efectivamente, era un hombre que debía rondar los 40 o 45 años, delgado y utilizando un uniforme azul de policía de seguridad, con una lamparita colgada del cinturón y un teaser a la mano. De la solapa de la camisa pendía un micrófono que servía como radio, que emitió un bip y al que contesto murmurando. Tragué saliva. Nos habían descubierto ¿Qué rayos estaba ocurriendo?
Ninguno de los dos respondimos y nos quedamos paralizados, Hao cerca de mí. Su manó se entrelazo con la mía y me jaló para que quedara detrás de él. ¿Estaba cubriéndome? ¿Era su forma de cuidarme?
- ¿Están conscientes de que esto se trata de un lugar público? – Continuo el hombre, parándose frente a nosotros y cruzándose de brazos de la forma más seria que podía. Me recordaba a un prefecto de secundaria, que estaba apunto de llevarte a la oficina del director y llamar a tus padres. En mi breve experiencia, lo mejor era seguir la corriente y fingir ser dócil para evitar agraviar a la persona que ostentaba ese rol de poder; al menos hasta averiguar que tan apegado estaba a ese poder. Quizás lo mejor sería fingir arrepentimiento y vergüenza (aunque esa si la sentía de verdad) para salir indemnes. Yo podía hacer eso.
- Oficial – comenzó a decir Hao, adelantándose a hablar antes de que pudiera hacer yo nada al respecto.
Su carisma innato no le iba a servir de nada en esta situación. No era una chica a la que intentaba seducir, era un guardia que podía tomarse la molestia de llevarnos a una oficina y levantar cargos si es que se le antojaba poner algún pretexto. Él hombre levantó la mano con su palma extendida, dándole a tender a Hao que no necesitaba respuesta alguna. Sin duda, él manejó este tipo de situaciones cientos de veces y no iba a perder tiempo con dos jóvenes que tenían las hormonas a tope.
- Necesito que me acompañen – sonaba hastiado.
- ¿Ocurre algo?
Ese idiota no iba a ser capaz de poner en marcha su acto, sea cual sea. Estaba destinado a fracasar. Sobre todo porque ese hombre frente a nosotros solo quería terminar con la tarea que le asignaron.
- Bueno… - El hombre se posicionó detrás de nosotros, con señas nos indicó que debíamos comenzar a caminar, frente a él de preferencia. Pero Hao permaneció estático y lo miró desafiante. El guardia puso los ojos en blanco, era claro que no le pagaban lo suficiente para esto. – Verás, muchacho, el lugar apropiado para lo que estaban haciendo, no es este… y el establecimiento se reserva el derecho de admisión, así que… naturalmente… - Hizo un ademan con las manos, indicándonos que nos estaban corriendo.
- ¿Qué se supone que estábamos haciendo? – desafió Hao. Quería estrangularlo, no era el momento para portarse arrogante o de tratar de impresionar. Podía jugar al abogado otro día – Usted no estaba…
El guardia saco la lampara del cinturón y señalo un lugar en el techo donde estaba instalada una cámara de seguridad que apuntaba directamente hacia donde estábamos parados.
- Chico, tenemos evidencias y testigos. – dijo, cansado, el guardia.
Hao se supo descubierto, pero mantuvo su acto. ¡Quise desollarlo vivo! Una bofetada no era suficiente para ponerlo en su lugar.
- ¿Y se supone que cometimos alguna infracción?
- A decir verdad – dijo el guardia y saco un pequeño librito de un bolsillo – si lo que quieres es que te lea cargos…
- ¿Cargos? ¿De que esta hablando?
- De los cargos por los que estas preguntando. – anunció el guardia, puso los ojos en blanco y comenzó a buscar en las páginas. – esos que van a hacer de tu vida un poco más complicada.
Hao abrió mucho los ojos y yo rogué a Kami-sama que un huego en la tierra se hiciera presente y una mano ominosa se lo llevara directo al infierno por mil años. Me cubrí el rostro con una mano, tratando de contar hasta diez mientras respiraba hondo. Hao era un estúpido, no me quedaba la menor duda.
- Bueno, veamos – comenzó a decir el guardia lánguidamente.
De la nada, Hao me tomó por la muñeca, me dijo al oído "corre" y echo emprendió una loca carrera para llegar hasta la puerta principal del edificio, conmigo detrás tratando de seguirle el paso, más que nada para evitar que caer. Serpenteamos entre los otros clientes de la plaza comercial, bajamos las escaleras eléctricas brincando de dos en dos, y nos perdimos entre la multitud que se congregaba ante la puerta de una tiendita que estaba regalando cupones.
En ningún momento miramos hacia atrás o nos detuvimos. No fuera a ser que en esa pausa perdiéramos la ventaja que teníamos. Llegamos a la puerta, sin que nadie nos persiguiera, y Hao me llevó casi a rastras hasta la siguiente cuadra. Me solté de su agarre y él continuo caminando unos metros antes de darse cuenta de lo que había hecho. Me planté en el piso, con los puños firmemente apretados. ¿Cómo rayos hacía para sacarme de mis cabales? Debía ser un don el hecho de hacerme pasar una montaña rusa de emociones en menos de 10 minutos. Ignorando mi semblante, él se acercó a mí.
-bueno, eso no lo vi venir - dijo con voz neutra, estaba mirando alrededor de la calle. Se rascó una mejilla inocentemente.
- estaría seriamente preocupada por tus facultades mentales si el que un guardia de seguridad nos corriera fuera aparte de tus planes para una cita.
Borró su sonrisa.
-¿es que nunca has vivido al límite? - dijo, entre cerrando los ojos, con ese maldito semblante engreído.
- mis aventuras no involucran terminar con antecedentes penales - le gruñí - y si así fuera, serían por cosas que de verdad valieran mi tiempo o con personas que me resulten interesantes, como mínimo.
Al mirar a Hao a la cara esperaba ver que el comentario le hubiera herido en lo más profundo, es decir, y que su orgullo hubiera quedado magullado de manera irreprimible. Pero esto no sucedió. Me miraba con satisfacción.
- Si esos besos son para las personas que no te interesan; ahora estoy realmente motivado por capturar tu atención. – Se inclinó, petulante, para verme directo a los ojos, dejando su rostro cerca del mío.
Trate de ignorarlo, desviando la mirada, consciente (para mi desgracia) del rubor que coloreo mis mejillas.
- No se de que estas hablando.
Sonrió de medio lado, esa sonrisa torcida que hacia que se derritiera poco a poco el hielo con el que trataba de apagar el incendio que él podía provocar. Fuego que ahora sabía que era peligroso y no debía de avivar de ningún modo. Ahora sabía que mi lado lógico podía flaquear al sentir el calor de Hao y esa atracción tan irrefrenable.
- Eres una pésima mentirosa.
Me di la media vuelta sin darle ninguna respuesta real a lo que a nada de lo que dijo. Comencé a andar, él iba detrás de mí. El cielo comenzó a verse nublado y apuré el paso. En cuestión de un par de minutos me alcanzó y caminó en silencio junto a mí. Yo seguía indignada, sin querer hablar, y parecía que lo entendía perfectamente pues no trato de romper el silencio. Llegamos al a estación de tren y abordamos.
Todo el camino me fui rumiando lo evento del día. Reprochándome el desliz en que caí al dejar que Hao llegara tan lejos, al no haber podido alejarlo desde el momento en que me besó, y peor aún, cuando volvió a hacerlo yo le seguí la corriente.
"¿Y cómo no?" Dijo la voz en el fondo de mi cabeza, aquella que ignoraba de tanto en tanto. Si ese beso era justo lo que necesitabas. Has estado estresada y cansada, y enfrentémoslo. Ocho meses de abstinencia, ufff, son demasiado.
Espanté la idea de mi mente, sin poder lograrlo del todo. Si, la relación con ese novio que tenía en el Aomori acabó ocho meses atrás y era la misma cantidad de tiempo la que llevaba desde la última vez que... Pero eso nunca me estorbo de esta manera. Podía mantener a raya todo y separar las cosas, ser pragmática y en orden mis prioridades.
Trate de juntar toda la rabia que tenía dentro de mí, y prepare mi poderosa izquierda con la que siempre pude ahuyentar a todo aquel imprudente que llegara a creer que podía jugar conmigo o tomarse libertades. Me enfoque en mirar por la ventana del tren para distraerme.
Pero no podía dejar de repasar en mi mente la forma en que me tocó, la sensación de calor que su cuerpo transmitía ni la forma en que me había besado. Casi sentía que me flaqueaban las rodillas nuevamente al pensarlo. Y es que, era inútil negarlo. La verdad es que Hao me atraía, era guapo e inteligente, mordaz y sarcástico y tenía esa maldita confianza en si mismo que le daba un aire de seguridad y poder que no pida definir realmente. Además de ser condenadamente sexy. En mas de una ocasión lo había visto andar sin camisa por la pensión, y la musculatura que lucía no podía ser ignorada. Ese día, usando esos pantalones que le quedaban a la cadera, la playera negra ajustada y los guantes de motociclista que llevaba, no pude evitar comérmelo con la mirada.
Odiaba que Hao me moviera el tapete de esa forma. Mi autocontrol, del que generalmente estaba bastante orgullosa, había quedado por los suelos. Y él aprovechó, el momento en cuanto este se presentó.
- Kyoyama ¿Vienes? – me llamó, indicándome que estábamos arribando nuestro destino.
- Voy – le respondí.
Salimos de la estación de Funbari y regresamos por la misma calle que habíamos tomado en la ida. Mientras andábamos unas cuantas gotas de agua comenzaron a mojarnos, estaba llegando una lluvia imprevista, que al principio parecía ligera pero pronto se fue transformando en un aguacero capaz de dejarnos ensopados. No llevaba paraguas pues el reporte del clima no dijo nada sobre lluvias vespertinas, y por tratarse de una calle residencial, fue imposible encontrar una tienda donde comprar un paraguas o algún zaguán donde resguardarnos del agua. El cabello se me empezó a humedecer.
- Por aquí – me indicó, señalando un pequeño espacio entre dos edificios, algo similar a un pasillo de servicio.
- Estas loco – le dije. Si creía que nos apretujaríamos entre esos dos muros, estaba muy equivocado. Prefería morir bajo la lluvia que arriesgarme a quedar pecho a pecho en lo que escampaba.
- En serio, Anna. – Sus ojos fijos en los míos. El cabello estaba comenzando a mojársele y se le empezaba a pegar a las mejillas. – ¿Desconfías de mí?
"No, desconfió de mi buen juicio" pensé para misma. Últimamente mis decisiones no habían sido las mas prudentes. Y dado que lo seguí hasta donde me indicaba, ciertamente, no estaban mejorando.
Me tomó de la mano y me dirigí por el pequeño pasillo. Efectivamente, era estrecho y húmedo y se notaba que era un espacio para poder dar mantenimiento a las casas, pero era más extenso de lo que parecía, y a medida que avanzábamos este iba ganando amplitud. Hao siguió caminando hasta que llegamos al final del camino que desembocaba en una especie de patio intimo con forma de medialuna y a resguardo de cualquier transeúnte. En el centro un árbol frondoso, repleto de hojas que resplandecían por la lluvia y cuyas ramas cubrían el lugar casi en su totalidad. Frente a este, estaba un rellano con techumbre de la tejas de terracota, una banca de madera y algunas cajas con material para reciclar. Era el patio de alguno de los edificios colindantes.
Hao se sentó en la banquita, cerrando los ojos y dejando descansar los brazos en sus rodillas. El cabello húmedo brillaba en la luz tenue del sol que las nubes permitían que pasaran.
- ¿Pensaste que te llevaba a un pasillo para continuar donde lo habíamos dejado? – dijo mirándome por el rabillo del ojo. Rayos, como odiaba que podía adivinar lo que estaba pensando. Al sentirme descubierta, acepte los hechos y fui honesta.
- Creía que buscarías sacar provecho de la situación como usualmente haces
- Que bien me conoces. Se nota que tienes un don para reconocer las intenciones de las personas. – se rio con sarcasmo, me indicó con la mano que me sentara juntó a él y eso hice – Me gustas, Anna. Pero, no es mi estilo hacer nada bajo la lluvia.
Otra vez ese comentario. Otra vez diciéndome que le gusto. Lo decía tan seguido que comenzaba a creer que se trataba de una muletilla que utilizaba como parte de su rutina para conquistar a alguna chica. Y dado que mi autocontrol hoy parecía descompuesto, decidí ignorar el filtro con el que generalmente trataba de evitar problemas inútiles que mis comentarios honestos causaban. Algo me daba la sensación de que podía hablar con libertad.
- Seguro eso dices porque es parte de tu "rutina de conquista" – solté de pronto, tan altanera como pude.
- No tengo tal cosa como una rutina – respondió, impasible, y se acomodó el cabello hacia un costado. – No se de donde sacas eso.
- Bueno – me recliné en el respaldo de la banca y me crucé de piernas. – tienes cierta fama, Hao. Jun te ha visto entrar a casa con muchas chicas distintas. Y ciertamente, no puedo confiar en que no le dices eso a todas las chicas que te quieres llevar a la cama.
Me imitó, reclinándose y descansando ambos brazos en el respaldo de la banca. Uno de los brazo terminó detrás de mí y sospeché que intentaría abrazarme, pero no fue así. Nos quedamos en silencio un breve momento, observando como las gotas de lluvia resbalaban por entre las hojas del árbol y se formaba un charco en todo el patio.
- Entonces – preguntó, inclinando la cabeza hacia atrás para poder observarme mejor – ¿te molesta que me he acostado con otras chicas?
- Ja, Ja, muy gracioso.
En la última hora, mis deseos de desollarlo vivo extinguieron en su totalidad cualquier chispa que en el centro comercial se hubiera encendido. Era tan arrogante que quería borrarle esa sonrisa a puño limpio.
- Podemos intentarlo, ¿sabes? - dijo tranquilamente.
- Intentar que, exactamente
- Tu sabes… Intentarlo… - la insinuación llegó certera como una flecha.
- Tu sentido del humor está seriamente averiado – le dije, ofuscada.
- Vamos, no es mala idea. Solamente una vez, sacar esa espina. – comenzó a decir, su voz era persuasiva, lo mismo que su mirada. Lo decía enserio, sin un atisbo de broma o sarcasmo. – Podemos intentarlo. Si es bueno para ambos, podemos ser Fuck Buddies o amigos con beneficios como quieras llamarle. Y si no te gusta, no se volverá a repetir jamás, y nunca lo mencionaré. Será nuestro secreto.
¿Por qué diablos tenia una mirada tan penetrante? ¿Por qué estaba diciéndome esas cosas tan convincentes? ¿Por qué demonios llevaba 8 meses en abstinencia? ¿Cómo terminé en esta situación? No podía contestar, pero al parecer, Hao interpretó mi silencio como si le estuviera otorgando el permiso para continuar explicándose, tratando de convencerme.
- Quedo claro hace rato, ¿No? – se enderezó, oriento su cuerpo para quedar de frente al mío. Me tomó por sorpresa con esa oferta – dudo haber sido el único que sintió eso. Y francamente me gusto, quisiera llegar hasta el final, y sé que tú también.
Su presencia destilaba cierta aura de poder que me atraía. Poco a poco se había estado acercando a mí, estaba a un par de palmos de mi cuerpo. La mano que mantenía en el respaldo me sujeto suavemente del hombro, su rodilla izquierda discretamente busco un espacio entre las suyas. Sus movimientos felinos eran discretos y me hicieron sentir como si estuviera a punto de devorarme.
Y mi cuerpo despertó al sentir ese magnetismo de nuevo.
Antes de darme cuenta, estaba sopesando su ofrecimiento. Él entendía el juego y se prestaba para ello. Y ahora estaba aquí, diciéndome que podíamos llevarlo más allá. Era tan tentador, sin consecuencias, en secreto. Una forma de aliviar esa tensión física que existía entre los dos.
- ¿Suena bien? – murmuró, a escasos centímetros de mí. Su boca estaba peligrosamente cerca, su aliento y cuerpo me cubrían, creando un contraste entre la frescura en el ambiente que había traído la lluvia y el calor que emanaba de él, candente y embriagador.
Hao acortó la distancia aún más, su mano izquierda había regresado a mi cintura, en el espacio entre la pretina de la falda y el borde del crop top que utilizaba. Sus dedos volvieron a recorrer mi piel, hasta perderse en mi espalda, buscando el cierre de mi brasier.
- ¿Qué dices? – insistió.
Y en ese momento sentí como mi sostén se desabrochó. Sus ojos brillaron.
Algo dentro de mí hizo clic. Mi raciocinio volvió a mí. Recuperé mis cinco sentidos y pude volver a pensar con claridad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué se creía? Ni siquiera había aceptado nada todavía ¿Pensaba que podía hacer lo que quisiera conmigo? ¿Cree que ya me convenció?
- ¡IDIOTA!
Y levante mi pierna izquierda, con toda la fuerza de la que fui capaz, apuntando directamente a su entrepierna con mi rodilla.
El camino a Funbari Hill fue mas silencioso de lo que pensé que sería. De cuando en cuando, Hao me miraba con profundo resentimiento. Y aunque a veces el remordimiento pellizcaba mi consciencia, recordaba que no tenía nada que lamentar. El se lo había buscado.
Dos cuadras ante de llegar, Hao se detuvo junto a una maquina expendedora, me hizo señas de que lo esperará y me preguntó si quería tomar algo. Lo rechacé. El simplemente compro un café expresso en lata y un jugo de naranja con pulpa. Debí verlo con cara de sorpresa porque se excusó:
- Este es para Yoh – levantó la lata de jugo – a ese tarado le encanta.
- Que considerado.
- Siempre lo he sido. Pero hay personas que no pueden creer que a veces los ofrecimientos son de buena voluntad – dijo, dándome una indirecta que no pude ignorar. Aun así , no me disculpe. - Ah y por cierto, toma. Es un regalo para ti.
Me dio el disco de Ringo Awaya en la mano, después de sacarlo de la bolsa de papel en que lo llevaba. Me había olvidado por completo de él, pude verlo nuevamente. La cantante con ese maquillaje cargado que hacia que sus ojos reflejarán sentimientos profundos, igual que sus letras; ese kimono con calaveras que en una entrevista afirmó fue mandado hacer a su gusto y medida, y el cabello sedoso. Me sentí como una adolescente, emocionada de tenerlo en mis manos, lo único que afeaba la portada era esa calcomanía en la esquina inferior derecha donde estaba plasmado el nombre de la tienda donde lo compró "discos Aoki".
- ¨¿Por qué un regalo? – pregunté, insegura sobre sus intenciones.
Hao no contestó. Se pasó la mano por el cabello, esquivó mi mirada. No quería contestar. Lo metí en mi bolso, aceptándolo. Si pudiera leer su mente, esto sería mas sencillo.
Al llegar a la donde iniciaba el terreno de la pensión Hao se giró y me guiño el ojo, galante.
- Piensa en mi oferta. No importa el día o la hora, yo soy materia dispuesta – dijo
- No aprendiste nada
- Solo se que es una buena manera de relajarse y hasta donde se estas tensa por todo esto del fin de semestre.
Me plante frente a él dispuesta a ponerlo en su lugar de una vez y por todas, hasta que…
- ¿Hao? ¿Anna? – una voz familiar, que hizo saltar mi corazón me hizo darme la vuelta.
Ahí, a unos 10 metro de distancia, estaba Yoh y Keiko Asakura, sosteniendo las bolsas de las compras.
El alma se me fue a lo pies, nos habían descubierto. ¿Y si escucharon algo de lo que habíamos estado hablando?, ¿o notaron la forma en que me miraba? Estaba perdida. Era el fin. Los ojos de Hao iban rápidamente de mi cara a la de su madre, y luego a la mía nuevamente.
- ¿Qué están haciendo aquí? Ya es tarde – dijo Keiko Asakura.
- Solo charlábamos – dijo Hao con sencillez. – Nos encontramos cuando volvía de la máquina expendedora. - Mostró las latas de bebidas que compró unos minutos antes – por cierto, te traje uno.
- ¿Qué no habías salido en una cita? – preguntó, mirándolo con recelo. Hao hizo como que no noto nada y le extendió el jugo a Yoh que lo aceptó con agrado.
Mi madre siempre me lo dijo "una madre lo sabe todo sobre sus hijos, incluso lo que creen que es secreto", y viendo como Keiko-san estudiaba al mayor de sus hijo, comprobé como ciertas esa sabia palabras. Como navajas, sus ojos se dirigieron hacia mí, como buscando alguna pista. Hao permanecía inmutable.
- No, Sali a dar la vuelta con Peyote y los muchachos.
- Esos amigos tuyos no me gustan, Hao – amonestó Keiko-san a su hijo – son una panda de… no se ni como llamarles.
- No te preocupes, Kei… Mamá – se corrigió a media frase – Pronto no tendrás que preocuparte por ellos.
Keiko-san suspiró poco convencida.
- Vamos, Anna, querida. Hoy preparare ebi tempura para cenar.
Los Asakura entraron a la pensión haciendo un poco de ruido. En menos de tres minutos Yoh y Hao se perdieron en el pasillo pero los escuche reír un poco y darse empujones. No era difícil imaginar como habrían ido de niños. Me disculpe con Keiko y le dije que primero pasaría a mi habitación antes de bajar a cenar, ella me sonrió cálidamente y se despidió con la mano.
Una vez en mi alcoba, cerré la puerta, me puse mis audífono y con el volumen bajo me acosté a escuchar a Ringo Awaya, con el maldito recuerdo del sabor de Hao en mi boca.
Hola de nuevo.
Esta es la conclusión de la cita. Fue muy divertido escribirla. Debo confesarles que estaba nerviosa de publicar el capitulo pasado, sentía como que había muchas expectativas. Al ver sus comentarios, me dio cierta confianza de que ibamos bien. Esta historia es una comedia romantica. O eso intento que sea, así que despues del romance tambien debe haber momentos de risa. Si lo logré, por favor, hazmelo saber. Siempre revisó los comentarios y si me llega algun DM.
Se hacerca un periodo vacacional, así que trataré de aprovechar este tiempo para avanzar la historia lo mas que pueda, aunque sea escribiendo los borradores para no tardar tanto en actualizar. No prometo nada, todo depende de la vida y sus vueltas.
En el próximo capitulo veremos a Yoh y Anna interactuar, y salir juntos por esa hamburguesa prometida desde el capitulo 12. Mas vale tarde que nunca.
¡Los quiero!
Muchas gracias a todos los que me dejaron un review: TheTsundereWife, Lili, Karla y Guest (que sospecho que es la misma persona, pero la verdad no lo sé). ¡Gracias por el cariño! Sus comentarios me dan muchos animos y me ponen muy contenta.
