22. fin de semestre.

-eres un idiota! Se nos hizo tarde - resopló Anna mientras andaba con paso apurado por la explanada de la universidad. Yo iba unos pasos detrás de ella, corriendo para alcanzarla. ¿Por qué diablos podía correr con tacones? Eso no es normal.

- te dije que conocía un atajo, pero no quisiste hacerme caso.

-¡NI LOCA VOY A CRUZAR EL CEMENTERIO ! - me grita, deteniéndose apenas una fracción de segundo para darle un efecto pavoroso a sus palabras.

Giramos en una esquina y yo sentía que derrapaba con estos estúpidos zapatos. Los odio. Desde la mañana que me había puesto esta ropa tan incomoda no había dejado de sentirme fuera de lugar, no soy una persona que use pantalones sastre, corbata y mucho menos un saco. En la preparatoria siempre anduve sin usar el uniforme correctamente porque era demasiado tedioso para mí. Ella en cambio, tenía la gracia de un ángel. Sus zapatillas hacían un ruido de clic con cada paso.

- no es tan malo. Manta y yo lo usábamos todo el tiempo cuando estábamos en la preparatoria. Es un buen atajo. - le dije, resoplando detrás de ella. ¿Cómo hacia para ser tan ágil con esa falda ajustada? Admito que ir detrás de ella tenía sus ventajas, como esa vista que me regalaba ahora que iba unos cuantos escalones delante de mí. Dios, no sé qué gusto demente tenía por las faldas que se le pegaban al cuerpo, pero de verdad esperaba que nunca dejara de usarlas.

-¡Siempre supe que eras bastante raro! ¡Pero el cementerio! ¡¿Quién en su sano juicio perturba a los muertos solo para alcanzar el tren?!

- Si me hubieras hecho caso, ya estaríamos en el salón de clases.

Alcanzamos la puerta principal del edificio al que nos dirigíamos. Ella se detuvo un momento, con la mano en la puerta y me dio una de su miradas asesinas. Respiraba agitada, manteniendo la postura derecha, estuve seguro de que estaba decidiendo si matarme en ese momento o hacerlo después de terminar la presentación. Me quedé frente a ella, observándola de pies a cabeza.

-relájate - le dije al fin, tratando de calmarla, puse una mano sobre la suya - ya verás como todo saldrá bien.

Al escuchar esas palabras, tomó aire profundamente y relajó sus hombros, pero la tensión no desapareció de su rostro.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?

- ¡no lo estoy! ¡Solo puedo confiar en eso!

- eres un tonto - me dijo

Se dio media vuelta y empujo la puerta para abrirla, pero fui capaz de reconocer en su rostro un atisbo de alivio. Al entrar al aula, fue evidente que éramos los últimos en llegar. Silva se encontraba sentado detrás del escritorio y nos dirigió una sonrisa demasiado alegre para mi gusto. A lo largo del semestre, había asociado su expresión alegre con malas noticias para todos nosotros.

- Que bueno que se presentan queridos muchachos – nos dijo con una sonrisa que hizo que e me erizaran los cabellos de la nuca. Silva nunca hablaba de ese modo para decir cosas agradables – ya que están aquí de pie, supongo que no pueden esperar para presentarse.

Ahí estaba. Nos haría pasar primero para fastidiarnos. Pero antes de que protestará para defendernos, Anna se había detenido frente a su escritorio, irguiéndose cuan alta era y dejando su bolso sobre los papeles del profesor. Silva abrió mucho los ojos, incrédulo por la actitud intemperita de Anna.

- Por supuesto – le contestó – no puedo esperar para mostrar los resultados de la investigación. Estoy segura de que no encontrará ninguna clase de defecto en los resultados que presentaremos.

Algo en la voz de Anna sonaba peligrosa, como si estuviera dando una amenaza de muerte disfrazada de buenos deseos. Silva quedó de piedra todavía con el aspecto falsamente amigable en la cara. El salón completo se quedó en silencio. En el fondo del aula, pude ver a Horo-Horo haciéndome señas de que podía darme por muerto.

- Yoh – dijo Anna, y chasqueo los dedos – ¿Todo está listo?

- Sí Anna – le contesté, poniéndome rígido. Por instinto me puse muy derecho y me llevé la mano a la frente como saludando a un militar. Ella asintió complacida y sacó unos cuadernos y su laptop. Era momento de ponernos a trabajar.

- Perfecto. Empecemos. – Dijo como una sentencia.


La clase terminó. Todos los compañeros tenían la misma cara, como si les hubiesen chupado el alma. Había sido un semestre difícil con una materia complicada por lo aburrida que podía llegar a ser. Pero al fin éramos libres. Podíamos salir de vacaciones de verano de una buena vez. Me estiré en mi asiento.

A mi lado estaba Anna, quien se puso de pie y guardo los cuadernos en su bolso. Trate de descifrar que era lo que estaba penando. Se veía tensa, incluso más estresada que en día anteriores mientras estuvimos encerrados en la biblioteca y su habitación. Yo creía que al hacer la presentación se relajaría y podría tranquilizarse, pero no era así. Aunque ganamos una buena calificación, parecía que no podía sacudirse la tensión de sus hombros. Me pregunté que podría hacer por ella.

- Bueno – dijo con seriedad – ha sido un placer el haber compartido clase contigo.

- ¿De veras?

- No, fue un gran dolor de cabeza hacer que te interesara la materia – respondió secamente – pero fue interesante estar contigo.

- Ja, Ja, Ja, Puedo decir lo mismo – le dije. Me puse de pie y me afloje la corbata, harto de usarla. – Fue toda una cruzada aprender a llevarnos bien.

Anna sonrió, bajando la vista al piso, tratando de ocultar su rostro. Instintivamente puse mi mano en su mentón e hice que levantará la cara. Que sonriera era un evento tan raro como un eclipse de sol, y me gustaba demasiado su sonrisa como para perdérmela.

- Nos vemos en casa – dijo y me golpeo en la mano para quitarla. Se colgó el bolso al hombro y me dio la espalda.

-Espera. ¿No crees que merecemos celebrar? – Se detuvo en seco y me miro por encima del hombro – Fuimos el equipo que obtuvo mejor calificación del grupo; yo diría que esto amerita una hamburguesas.

Me dedico una larga mirada, en la que yo me perdí.

- Creo que paso – respondió.

Olvidé todos los argumentos que tres segundos antes estaba planeando decir para convencerla. Me lamente un poco, un hamburguesa sonaba genial y llevar a Anna sonaba fantástico. Otro día será, me consolé a mí mismo. Le dije que lo entendía, abrí la puerta para ella y emprendimos el camino. Ya que me había rechazado, pensé en ir a la casa de Horo-Horo como me había invitado, quizás quedarme ahí hasta tarde. Le llamaría a Okasa para explicarle que no me esperaran a cenar.

Salimos del edificio y nos acercamos hasta una parte arboleada del campus. Ninguno de los dos decía nada, era como si de pronto nos hubiéramos quedado sin temas de conversación. No era un secreto que Anna era bastante esquiva y por lo tanto no hablaba mucho, era difícil conocerla. Trate de pensar en algo sobre qué hablar, si mucho éxito.

Cómo han cambiado las cosas, primero quería deshacerme de ella lo más pronto posible para dejar de tener que desperdiciar mi esfuerzo en cosas tan aburridas y tediosas, que probablemente no utilizaría jamás. Administrar la pensión no necesitaba investigación documental hasta donde yo sabía. Pero ahora veía el último día de clase con melancolía. El siguiente semestre no tendríamos ninguna clase en común, cada quien haría su horario y solamente coincidiríamos dentro de la pensión. No era precisamente eso lo que yo quería.

Mientras caminábamos, sentí que alguien se acercaba a nosotros. Miré por encima del hombro sólo para encontrarme con mi gemelo que saludaba a la distancia. ¿Como hacía para encontrarme siempre? Generalmente quería huir, dejar de sentirse parte de la dupla que formamos hasta la secundaria, y yo estaba bien con eso, respetaba su espacio lo mejor que podía, pero a veces, casi creía que él podía sentir cuando yo no quería verlo, para hacer acto de presencia. Siempre igual, no importaba el lugar, el momento o lo que estuviera haciendo. No pude evitar poner los ojos en blanco cuando lo vi haciéndome señas de que me detuviera. Me resigné a que no dejaría de fastidiarme hasta que no hiciera lo que quería, así que me paré y para mi sorpresa, Anna también se detuvo.

- ¿Interrumpo algo? – preguntó con su mejor sonrisa.

- No realmente.

- Eres patético. – bajó la voz para que Anna no pudiera escucharlo – Desperdiciaste todo un semestre, hermanito. Pensé que no quería perder.

Apreté los dientes. A veces Hao simplemente me colmaba la paciencia. Pero no era el lugar ni el momento para discutir sobre "ese" tema. Por el rabillo del ojo, alcance a ver a Anna que se acercaba a donde estábamos mi hermano y yo.

-¿Qué quieres, Hao? - le contesté rápidamente.

- ¿Es que un hermano mayor no puede procurar a su hermano menor en un día importante? - respondió Hao, inclinándose un poco. Le dirigió una sonrisa radiante a Anna, y luego se volvió para verme directo a la cara. La universidad estaba quedándose sola, la mayoría de los edificios se veían vacíos y el espacio de aparcamiento tenia pocos vehículos.

- si vienes a pedirme dinero prestado, ya me lo gaste. – Le respondí de mala gana.

- No seas absurdo. Vengo por la llave dela casa.

- ¿para que la necesitas?

- ¡para adquirir la habilidad de leer la mente, idiota! ¿Para qué diablos crees que sirve la llave de la casa ? - me respondió, malhumorado. - solo dámela.

- ¡bien! ¡Bien! ¡De acuerdo! ¡Que humor! Si no te conociera bien diría que alguien te rechazó durante el fin de semana - le dije.

Hao dejó los ojos en blanco y me dijo que eso era imposible. Mentía, claro, pero Hao era la clase de persona que siempre oculta sus verdaderos sentimientos, y aunque es un experto en ello, yo puedo leerlo como un libro abierto. Eche un vistazo rápido a Anna, que permanecía lo suficientemente cerca como para escuchar nuestra conversación, permanecía callada aunque sus mejillas adquirieron un tinte rosado cuando mencione que a mi hermano lo habían rechazado.

Así que era eso lo que Hao había estado tratando de ocultarme durante estos días. No era difícil sumar dos más dos. Y tampoco me había resultado difícil prever que de mi fin de semana en casa de los Oyamada, representaba el momento justo para hacer algún avance con Anna. Y sabía que él había tomado la oportunidad. Lo que desconocía era el resultado.

El sábado pasado los había visto llegar juntos de la tienda, y esperé a que me presumiera que estaba tan cerca de la victoria, pero no acudió ni esa ni ninguna de las noches posteriores. No había dicho nada, y eso nunca era una buena señal. Ahora estaba seguro de que la razón de su silencio era su intento de ocultar su fracaso, Hao había tratado de hacer una movida con Anna, y ella lo había puesto en su lugar.

Le pase la llave y él no se movió, se acercó a Anna y le saludo como un viejo amigo.

- Te ves muy bien Anna ¿Todo bien? ¿Lograste terminar la presentación de la que me hablaste?

- Por supuesto, excelente. ¿Dudas de que haya podido salir bien?

- Claro que no, pero dado que te ves un poco tensa - le dijo. Anna parecía que iba a degollarlo en cualquier momento. – Creí que a lo mejor necesitabas algo para relajarte.

- Gracias, pero Yoh ya se va a encargar de eso.

Al escuchar mi nombre, levanté la cabeza, trate de seguir la conversación. ¿Me perdí de algo? La expresión burlona de Hao desapareció de su faz, apretó los labios en una fina línea, mientras que Anna adoptaba una actitud altanera y orgullosa.

- Y exactamente ¿qué va a hacer para ayudarte con eso? – pregunto Hao, arrastrando las palabras.

-No es de tu incumbencia – contestó, encogiéndose de hombros. Me tomó de la mano y hecho a andar sin esperar respuesta de ninguno de los dos. – Vámonos Yoh

- Ah! Si, claro. – atiné a decir torpemente.

Hao hizo una mueca por una fracción de segundo, pero luego nos despidió agitando una mano perezosa y se dio la vuelta. Después de avanzar unos cuantos pasos, trate de preguntarle qué era lo que pretendía, pues me tenía bastante confundido.

-Dijiste que me invitabas a comer unas hamburguesas, ¿no? Lo reconsideré, y creo que tengo bastante hambre… A menos que hayas cambiado de opinión.

No pude evitar ponerme contento, envalentonado por su cambio de opinión, entrelace los dedos con ella y eche a andar, siguiendo un camino que pasaba entre dos edificios, siguiendo hasta la entrada del campus. Al llegar a la puerta tome la ruta más corta el local cuya fachada delataba que llevaba un par de décadas funcionando. Probablemente sobrevivió todos estos años gracias a ser económico y con muy buen sabor. La clientela universitaria también ayudaba.

Nos sentamos en un booth, y ordenamos una hamburguesa sencilla cada quien, la mía con papas fritas extras, además de unos refrescos. Mientras llegaba la comida, Anna habló un poco más de lo normal. Opinó sobre lo extravagante que era Silva y que no lo extrañaría. Se alegraba mucho de por fin dejar atrás todo el estrés de los exámenes y esa estúpida presentación.

-estuviste genial - le dije – Creo que fue una buena presentación, Silva no tuvo argumentos.

- Tampoco iba a darle oportunidad de quejarse por el trabajo.

- Creo que escogimos unos artículos muy confiables para…

- la verdad Yoh, no quiero hablar todos esos documentos que leímos en por lo menos dos semanas - me dijo, la mirada parecía exhausta, guarde silencio de inmediato- preferiría hablar de otras cosas

-¿cómo qué?

- no importa. Solo, no hablemos de documentos o materias.

-¿Tienes planes para el verano?

-Solamente ir a casa con mi madre - Respondió encogiéndose de hombros

- ¿Algún lugar donde te gustaría vacacionar?

- No realmente. La verdad, creo que me gustaría mucho ir a algún lugar a vacacionar, el que sea, pero estuve tan atareada con las clases que no tuve tiempo de preocuparme por eso hasta ahora.

- Eres muy estudiosa - le dije, apoyando la cabeza en ambas manos - Cualquiera con esa clase de dedicación se merece unas vacaciones.

- Quizás en invierno, quizás a Kioto- Me contestó - ¿Tu saldrás a vacacionar?

- No lo sé, depende de las finanzas.

- No sé si te has ganado el derecho de vacacionar - dijo en un obvio intento de hacer que me quejará- Estuviste holgazaneando en gran parte de las clases.

- ¡Oye! ¡no es verdad! hice este trabajo con mucho esfuerzo, no falté y llegaba a tiempo!

- No hay mucha diferencia entre faltar y quedarse dormido toda la clase. Si piensas que no note que hasta babeabas el cuaderno, estas muy equivocado.

- ¡Le dije a Horo-Horo que me despertará!

- Él también se quedaba dormido.

Me reí avergonzado, sin saber que decir para defenderme en ese caso. No pensé que Anna se diera cuenta de que hacía o dejaba de hacer en el resto de las clases, si bien, era cierto que solamente trabajábamos juntos cuando se trataba de Investigación Documental, el resto del horario de clase, por ser un horario otorgado por la universidad, teníamos que pasarlo en las mismas clases. Pero nunca interactuábamos en esas ocasiones, ella se sentaba con otras chicas, al frente de clase, o me ignoraba campalmente. Yo casi siempre, terminaba compartiendo lugar con Horo-Horo o Chocolove.

Un muchacho alto y musculoso, con el cabello cortado a rapo se acercó con el pedido que habíamos ordenado en la caja. Me fije que en su playera estaba un gafete que decía "Hola, mi nombre es Space Shot y estoy en entrenamiento". Al ver su rostro, supe que era un apodo. El joven nos deseó buen provecho y se alejó.

-¿Es que no te importan las clases? - me preguntó.

Era una pregunta común. No era la primera persona en hacerla. Manta, me pregunto eso por lo menos dos veces a la semana mientras cursábamos la preparatoria. Y no era de extrañar, muchas personas esperaban que yo sobresaliera en la escuela igual que Hao. Pero no era así. Entre los dos, yo era el que siempre tenía notas regulares, mis trabajos eran promedio y buena suerte en los exámenes escritos. Okasa me pedía que me concentrará cuando veía que mis calificaciones siempre estaban rondando los 80 puntos; los abuelos Yohmei y Kino siempre terminaban por darme regaños largos sobre cómo estaba desperdiciando la oportunidad que ellos no tuvieron de estudiar, la abuela se ponía histórica y me decía como la guerra le había arrebatado la vista y lo único que le quedo fue ser acogida por un templo y convertirse en una Itako. A veces suspiraba sobre como soñaba con ser enfermera cuando era joven. No puedo decir que todos sus regaños no surtieron efecto, porque había logrado entrar en la universidad, aunque solo con media beca.

Observándola, pude ver en sus ojos que me preguntaba sinceramente, que no era una de las tantas veces en que, movida por la rabia, me reclamaba todo lo que podía sobre mi pobre desempeño académico. Y, por una vez, fui sincero al responder.

- No - le contesté mirándola directo a los ojos.

Aun y cuando fue sorprendida por mi tono de voz seco y mi respuesta demasiado directa, ella me sostuvo la mirada. Se llevó una papa frita a la boca y con un gesto de la mano me indicó que esperaba a que yo elaborará más mi respuesta. Era extraño, se veía interesada en lo que pudiera decir. Un extraño sentimiento afloro en mi pecho, pero no me detuve a averiguar cómo se llamaba.

- La verdad es que nunca quise estar en esta escuela o llegar hasta aquí - le confesé - Los estudios no son los míos, y menos aquellos que se relacionan con cosas tan inútiles como hotelería, estadística integral y diferencial, ingresos y egresos, administración, o estúpida investigación documental.

- ¿Porque estás aquí entonces?

Me encogí de hombros. Consideré dejarlo así, no quería agobiarla con mis ideas. Casi siempre hacía eso, me guardaba para mi mismo esos pensamientos, mis sentimientos. Ni siquiera con Hao los compartía en voz alta (aunque el podía adivinarlos la mayor parte del tiempo) pero de mi boca brotaron todas las palabras que pensaba, sin filtro, con la extraña confianza de que podía contarle esas cosas.

-Creo que no pude decirle a Okasa que solamente quiero llevar una vida tranquila y sin preocupaciones. Creería que solo quiero ser un vago. – Me reí bobamente, casi como si me estuviera disculpando por decirle esto con tanta franqueza - Así que, si debía estudiar, por lo menos escogería algo que me permitiera retribuirle algo a mi madre, a la familia, por ende, termine aquí. Siendo honesto, no puedo creer que tu dejaras tu pueblo y vinieras hasta acá para estudiar algo tan aburrido, ji.

- Esto es solo un escalón más en lo que quiero lograr en la vida, así que las materias aburridas puedo soportarlas – Se comió otra papita mientras ojeaba el lugar desinteresada, ella le restaba importancia a lo que decía, pero yo no le perdía la pista - no voy a mentir diciendo que todo es fantástico y que estoy enamorada de mi carrera, pero si me resulta divertida.

- ¿Incluso la clase de Silva?- La incredulidad corroyendo mis palabras, pues sabía que tanto odiaba a Silva en ese momento del día.

- ¡En especial la clase de Silva! ¡Fue muy divertido hacerte sufrir investigando! - confesó dando un sorbo a su refresco. - Nunca había visto a alguien ponerse de color púrpura tratando de entender un párrafo luego de leerlo 3 veces.

- Ja, Ja - puse los ojos en blanco - En fin, al menos estudiando esto podría ayudarle a Okasa con el negocio.

Le di una buena mordida a esa hamburguesa, estaba deliciosa. No había probado una con tanto sabor, el queso derretido hizo una hebra mientras lo comía. Ella hizo lo mismo y la escuche musitar "mmmh" mientras la probaba. Me volteo a ver con los ojos brillantes. La dicha broto dentro de mí. Contento continue comiendo.

- Ahora tengo una duda más - inquirió Anna, limpiándose las comisuras de la boca con una servilleta

- Claro, pregunta

- Entonces, estas estudiando esto para poder apoyar a tu madre, lo que me dice que no estás aquí por convicción. así que ¿Cual hubiera sido tu elección?

Me quede callado, sopesando un momento. Trate de recordar lo sueños de aquel tiempo, de cuando era niño y me permitía a mí mismo imaginar todo lo que podría ser de grande. Recordé un día que discutiendo con el abuelo Yohmei me gane una tunda por decirle que todo lo que deseaba era Escuchar música y relajarme viviendo cómodamente. Si lo volvía a pensar, creo que la respuesta no había cambiado mucho.

- Música - respondí sin titubear - Creo que me dedicaría a la música.

Solamente Manta, mi mejor amigo, se había tomado el tiempo de escucharme así. Tolero mi incesante perorata sobre artísticas, música, ritmos y sensaciones que producían. Y me aceptó como era, aunque, me confesó que entendió parcialmente todo lo que le dije. Con el tiempo él fue aprendiendo más sobre esto, para hablar conmigo. Pero, no era algo tan interesante para él.

- ¿A caso tocas un instrumento?

- Un amigo en la estación de trenes de Izumo me enseño algunos acordes en la guitarra, pero la verdad es que no. - Me reí un poco, nervioso. Nunca le había contado esto a nadie, lo mantenía como un secreto personal. Desconocía si Hao se llegó a enterar de ese día o no. - No se tocar instrumentos ni cantar, pero, la industria musical va más allá de solo presentarse en conciertos. Cuando estaba en la preparatoria, Manta me dijo eso. Me explicó que hay técnicos en sonido, la producción, la composición… - No podía dejar de hablar, se sentía bien el hablar de esto en voz alta. - Dedicarse a la música puede ser tan versátil como ese arte mismo, todo es cuestión de creatividad y no tener límites personales.

Anna me veía con intensidad, sorbiendo tranquilamente del refresco, parecía estarme escuchando con atención. Mi corazón sintió un vuelco.

- Para ti, la música es como la libertad - puntualizó la rubia.

Un extraño sentimiento se acomodó dentro de mí, asentándose en el fondo de mi estómago, creciendo por mi pecho, floreciendo en mis mejillas, pero no supe darle un nombre. Un único pensamiento quedo asentado en mi mente: Anna me entendía. Solamente asentí con la cabeza y continuamos comiendo en silencio.

Sonó una alarma dentro del bolso de Anna, ella metió la mano dentro solo para encontrar su teléfono celular sonando incesantemente.

-Es hora de irnos, o no alcanzaremos el tren - dijo, sonando amargada nuevamente.

- Claro - le dije y me levanté del asiento.

Ella acomodó sus cosas y me siguió. Le tomé de la mano nuevamente, esperando a que me contestará dándome una bofetada con la izquierda que me mandara a volar, pero esta no llegó, solamente se soltó y me dirigió una mirada significativa.


El camino de regreso fue más largo de lo que anticipábamos, al salir de la estación nos quedamos esperando el autobús que nos llevaría directamente a la pensión, pero este nunca paso. Ya estaba oscuro cuando decidimos que simplemente no llegaría nunca, y que lo mejor era caminar. Era una caminata larga. Observaba de reojo a Anna, que cargaba su bolso apesadumbrada, la notaba cansada. Volvió a mi esa idea de que necesitaba que la animarán, o quizás, era mi necesidad por extender el momento hasta donde me fuera posible.

- Hey Anna, ¿tienes prisa por llegar? – Le dije, distraídamente, fingiendo indiferencia.

- No realmente. Este era el último día de clases del semestre

- entonces, Te gustaría acompañarme. Hay algo que quiero mostrarte, y que creo que te puede gustar.

Me sorprendió el poder decir eso fácilmente, sin que me temblara la voz, sentía mi corazón latiendo fuertemente, casi sofocándome. ¿Qué diablos me estaba ocurriendo?

-qué cosa?

- Tan solo vamos. Te mostrare.

Ella se encogió de hombros y aceptó. Le indique la desviación, y luego de cuatro manzanas llegamos al a puerta del cementerio de Funbari Hill. Me gustaba mucho ese lugar, callado, tranquilo y de alguna manera, parecía ajeno a todo lo que pudiera ocurrir, como si fuera una burbuja que tiempo.

- Oh no! Estás loco! De ninguna manera entraré ahí - me dijo y se cruzo de brazos, determinada.

- Vamos, solo entremos. Lo que te quiero mostrar está ahí dentro.

-Ya te dije que no voy a ir ahí a perturbar a los muertos.

-¿es que acaso crees en los fantasmas?

-¡me estás llamando cobarde!

- te estoy llamando necia - aclaré - solo sígueme, sé que no te arrepentirás. Además, la pandilla Bansho ya se desintegró.

Anna arqueó la ceja, sin entender muy bien que le estaba diciendo, cuestionando en silencio mi sanidad mental. Yo la ignoré e hice amago de cargarla para poder ayudarle a subir la reja que estaba cerrada con candado. A regañadientes ella me dejó hacerlo. Su cuerpo era muy ligero, y mentiría si dijera que no intente ver debajo de su falda cuando cruzaba. La oscuridad era patente, no había un solo farol en el lugar, pero yo lo conocía de memoria y podía saber dónde dar vuelta sin tropezar. Llegamos al pequeño recinto en lo alto de una colina, cruzamos el puente de las almas perdidas, o eso decía la piedra frente al viejo puente de madera y la lleve hasta la única timba solitaria debajo de un gran árbol.

-No entiendo porque querías venir aquí - dijo, leyendo la lápida que conmemoraba a un samurái legendario – Es un cementerio. ¿Querías que viera a los fantasmas?

-jaja, no seas ridícula, eso no va a pasar. Las almas van más lejos que el lugar donde descansan los cuerpos. Lo que quería era mostrarte esto - le señalé el cielo.

Anna abrió muchos los ojos, anonadada por la cantidad de estrellas que se podían percibir. No dijo nada, se había quedado sin palabras, y en su lugar dio unos cuantos pasos hasta que quedó cerca de la orilla de la ladera. No sabía si ella acostumbraba a ver las estrellas o la luna en su pueblo natal, pero ver la estrellas en Funbari la había dejado sin palabras, para variar. Tome mis audífonos, los encendí y pue a reproducir una canción que creía que era perfecta para la ocasión. Le puse los audífonos en sus oídos antes de que pudiera protestar y le indique que escuchará. Ella puso ambas manos en el aparato para sostenerlo en su lugar. Ella se sentó y apoyo la espalda en la lápida, yo la imité.

Se veía tan linda. Sus ojos, su cabello, la forma de su boca, su endemoniado carácter, la forma que tenía de ser tierna o cuidar a los demás, ese secretismo con el que actuaba generalmente, su espíritu libre y determinado. Ella era más que una simple cara bonita.

- Creo que entiendo – murmuró, sus ojos brillaban como el ámbar, se quitó los audífonos y se los dejo al cuello – porque querías traerme aquí. Odio admitirlo, pero tenías razón, valía la pena la desviación. Es hermoso.

- Tu eres hermosa – le respondí, sin pensar en lo que estaba diciendo.

Anna me dedico una sonrisa cálida, y mi todo mi ser se vio envuelto en ese sentimiento de dulzura. Era una quietud que acallaba los ecos en mi mente y espantaba todas la incertidumbres. Odiaba admitirlo, pero, ella me había cautivado.

De la nada, ella se inclinó hacia mí, rodeo mis hombros con sus brazos delgados y me besó; la rodee con mis brazos por la cintura y sentí la curvatura de su espalda cuando ella se pegó a mi cuerpo. El aroma floral de su perfume, el calor de su cuerpo, lo suave de su boca. Mis manos ardían por sentir el resto de la ocasión perfecta. Estábamos solos, nadie iría hasta ese lugar, la oscuridad nos rodeaba y ella acariciaba mis hombros. Recorrí su espalda al mismo tiempo que sentía su lengua con la mía, llegue a su cadera, baje mi mano por su muslo hasta llegar al borde de la falda. Mi corazón latía desenfrenado, ensordeciéndome, solamente podía escuchar la respiración de Anna. Ella se separó de mí, terminando el beso. Nos miramos a los ojos. ¡Que curioso! Sus ojos eran mas brillantes que las estrellas de la noche destellaban magníficos. Anna era todo lo que ocupaba mi pensamiento.

Maldición.

Se suponía que todo esto había comenzado con la consigna de conquistarla, pero no fue así. ¿En qué momento ella me había embrujado de esa manera?


HOLA!

Que bueno poder publicar! Disfrute escribir este capitulo, ha sido de las pocas veces en que no he sufrido escribiendo desde el punto de vista de Yoh. Creo que hice un buen trabajo *se da una palmadita a ella misma.

Quizás tarde en actualizar. La verdad es que estas vacaciones he escrito mucho, pero... no esta historia. XD
Esa escena del capitulo anterior, entre Hao y Anna, me inspiró y pues... Terminé por escribir una historia corta muy Lemon, y estoy puliendola... Esperenla para el Kinktober. JAJA... Echenle la culpa a beta por la idea jajaja
Bueno. Gracias por ser pacientes. Los quiero.

Ah! Muchisimas gracias a las personas que dejaron un comentario del capitulo pasado! muchas gracias Denisse y Lili! me pone muy contenta leer los comentarios.
En fin,esta vez la nota será corta.
Nos vemos!