Garras de hipogrifo
Cuando entraron en el Gran Comedor para desayunar al día siguiente, lo primero que vieron fue a Draco Malfoy, que entretenía a un grupo de gente de Slytherin con una historia muy divertida. Al pasar por su lado, Draco hizo una parodia de desmayo, que se ganó una mirada de asco por parte de Ron y Hermione.
-¡Eh, Potter! -gritó Pansy Parkinson- ¡Que vienen los dementores, Potter! ¡Uuuuuhhh!
Iba a continuar, pero un golpe en el costado, por parte de Tracey Davis, le hizo parar.
Areagon y Eragon acababan de entrar en el Gran Comedor, ambos portaban sus arcos y sus carcaj en la mano, sus espadas colgaban de la cadera izquierda, sus jubones negros hacían resaltar el escudo del Reino Unificado, bordado en hilo de plata, y llevaban botas altas de montar, hechas de piel de dragón.
-¿A qué hora os habéis levantado? -preguntó Harry.
-Con el amanecer -le contestó Eragon, mientras dejaban el arco, el carcaj y la espada, apoyadas entre la mesa y el banco para que nadie tropezara.
-¿Ya os estaban molestando Malfoy y los suyos? -preguntó Areagon, lanzando una mirada nada amigable a la mesa de Slytherin.
-¿Qué habéis estado haciendo? -les preguntó Hermione.
-Desayunar -dijo Areagon- dos horas de tiro con arco a caballo…
-Desayunar otra vez, -siguió Eragon, recordando qué tenían después- clase de espada larga, luego vamos a Cuidado de Criaturas Mágicas con vosotros después del almuerzo…
George se sentó de pronto al lado de Harry.
-Horarios de tercero… -le echó un vistazo rápido a Harry- oye, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?
-Malfoy -le respondió Ron- lleva riéndose de Harry desde lo del dementor…
-Ese imbécil… -dijo Fred, que se había sentado al lado de Areagon- en el tren no estaba tan gallito, por poco no se mea encima en nuestro compartimento.
-Eh, Areagon… -dijo Eragon mientras sacaba una flecha del carcaj, dándole un vistazo a Draco, que volvía a fingir que se desmayaba- un galeón, y le atravieso el tenedor que tiene en la mano, a ver si sigue fingiendo.
Pero una mano rápida le sujetó la muñeca.
-Por muchas ganas que tengáis -les reprimió Erunion- comportaos como escuderos de la Guardia de la Noche…
-Sólo bromeábamos, Erunion -dijo Areagon con fingida inocencia.
-Ya, claro… -dijo Erunion, les esbozó una ligera sonrisa, y se retiró a la mesa de los profesores, negando con la cabeza.
A Harry, Ron y Hermione les gustó salir del castillo a la hora del almuerzo. El cielo era de un gris piedra, y la hierba estaba húmeda bajo sus pies cuando se pusieron en camino hacia su primera clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.
A la llegada de los alumnos de Gryffindor, ya estaban allí los alumnos de Slytherin, que volvían a reírse a carcajadas de algún comentario de Malfoy. Pero no duró mucho, pues Hagrid los esperaba impaciente para empezar su primera clase.
-¡Venga, daos prisa! -gritó apremiándoles para que se acercaran más alumnos- ¡Hoy tengo algo especial para vosotros! ¡Una gran lección! ¿Ya estáis todos? ¡Bien, entonces seguidme!
Hagrid les condujo hasta un prado, cerca del Bosque Prohibido, donde sólo había un cercado, vacío.
-¡Acercaos todos a la verja! -gritó- ¡Aseguraros de tener una buena visión! Lo primero que tenéis que hacer, es abrir los libros.
-¿De qué modo? -dijo la voz fría y arrastrada de Draco Malfoy.
-Acariciándole el lomo -dijo Areagon, con tono impasible, haciendo que dieran un respingo. Eragon y él estaban sentados con la espalda apoyada en dos árboles que había cerca del claro, nadie de Slytherin se había percatado de que ya estaban allí antes de que ninguno de ellos llegara.
-¿Cómo? -volvió a repetir Malfoy, que se había vuelto hacía él.
-Coges tu manita y le acaricias el lomo -repitió Eragon- a eso se le llama acariciar.
Draco dió unos pasos hacia Eragon, pero retrocedió inmediatamente, dos cabezas similares a las de un águila, habían aparecido detrás de los árboles, y lo miraban con intensidad.
-¿Q-qué diablos es eso? -preguntó Zabini, de Slytherin, al ver a Stormwings y a Lairë salir de detrás de los árboles.
-Eso, señor Zabini, son grifos -dijo Hagrid, parecía encantado- y esto, son hipogrifos -añadió Hagrid volviéndose a las criaturas que tenían detrás- ¿¡A que son hermosos!?
Harry no pudo estar más de acuerdo, una vez se hubo recuperado del susto al ver criaturas mitad águila, mitad caballo, en el caso de los hipogrifos; y mitad águila, mitad león, en el caso de los grifos.
-Venga -dijo Hagrid frotándose las manos y sonriéndoles-, si queréis acercaros un poco…
Nadie parecía querer acercarse. Sin embargo, Harry, Ron y Hermione, se acercaron con cautela a la cerca.
-Lo primero que debéis saber de los grifos e hipogrifos, es que son orgullosos -dijo Hagrid, siguiendo con su clase, mientras Areagon y Eragon, entraban en el cercado junto a sus grifos- Se molestan con mucha facilidad. Nunca ofendáis a ninguno, porque podría ser lo último que hicierais en vuestra vida.
Malfoy, Crabbe y Goyle no escuchaban y hablaban en voz muy baja, y Harry tuvo la desagradable sensación de que tramaban algo, así que con la mirada, buscó la de Areagon.
-Tenéis que esperar siempre a que el hipogrifo de siempre el primer paso -continuó Hagrid- es educado, ¿os dáis cuenta? Vais hacia él, os inclináis. Si él responde con una reverencia, podréis tocarles.
La mano de Hermione se levantó.
-Sí, ¿Hermione?
-¿Por qué son todos machos? -preguntó directamente, era la única que se había dado cuenta.
-Porque están en época de cuidar a sus crías, y en esta época las hembras son muchísimo más peligrosas que los machos -dijo Eragon, sorprendiendo a algunos y adelantándose a Hagrid- ¿Qué? Lairë y yo llevamos juntos desde los siete años, al igual que Areagon y Stormwings. Mala cosa si un jinete no conoce todos los datos posibles sobre la criatura que monta…
-Yo quiero uno -dijo de pronto Parvati Patil.
-No es un pony estúpido, Parvati… -dijo Areagon.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Hermione.
-Que a los grifos e hipogrifos, no se les puede domesticar -dijo Hagrid- se debe crear un lazo muy estrecho para que hagan exactamente lo que su jinete quiera. Hablando de ello, ¿hay alguien que quiera probar?
Todos retrocedieron dando un salto, asustados por como los hipogrifos movían sus cabezas de rapaz, una cosa era verlos desde una distancia segura, y otra muy diferente, era acercarse a ellos. Como respuesta, la mayoria de la clase se alejo aun mas. Incluso Harry, Ron y Hermione recelaban. Los hipogrifos sacudian sus feroces cabezas y desplegaban sus poderosas alas; parecía que no les gustaba estar atados.
-¿Nadie?- pregunto Hagrid con voz suplicante.
-Yo -se ofrecio Harry.
Detrás de él se oyó un jadeo, y Lavender y Parvati susurraron:
-¡No, Harry, acuerdate de las hojas de te!
Harry no hizo caso y saltó la cerca.
-¡Buen chico, Harry! -grito Hagrid -. Veamos como te llevas con Buckbeak.
Soltó la cadena, separó al hipogrifo gris de sus compañeros y le desprendió el collar de cuero. Los alumnos, al otro lado de la cerca, contenían la respiración. Malfoy entornaba los ojos con malicia.
-Tranquilo ahora, Harry -dijo Hagrid en voz baja -. Primero mirale a los ojos. Procura no
parpadear. Los hipogrifos no confían en ti si parpadeas demasiado ...
A Harry empezaron a irritarle los ojos, pero no los cerró. Buckbeak había vuelto la cabeza
grande y afilada, y miraba a Harry fijamente con unos ojos terrible de color naranja.
-Eso es -dijo Hagrid - eso es, Harry. Ahora inclina la cabeza ...
A Harry no le hacia gracia presentarle la nuca a Buckbeak, pero hizo lo que Hagrid le decía. Se inclinó brevemente y levantó la mirada.
El hipogrifo seguía mirándolo fijamente y con altivez. No se movió.
-Ah -dijo Hagrid, preocupado -. Bien, vete hacia atrás, tranquilo, despacio ...
Pero entonces, ante la sorpresa de Harry, el hipogrifo dobló las arrugadas rodillas delanteras y se inclinó profundamente.
-¡Bien hecho, Harry! -dijo Hagrid, eufórico -. ¡Bien, puedes tocarlo! Dale unas palmadas en
el pico, vamos.
Pensando que habría preferido como premio poder irse, Harry se acercó al hipogrifo lentamente y alargó el brazo. Le dio unas palmadas en el pico y el hipogrifo cerró los ojos para dar a entender que le gustaba.
La clase rompió en aplausos. Todos excepto Malfoy, Crabbe y Goyle, que parecían muy
decepcionados.
-Bien, Harry -dijo Hagrid -. ¡Creo que el hipogrifo dejaría que lo montaras!
Aquello era más de lo que Harry había esperado. Estaba acostumbrado a la escoba; pero no estaba seguro de que un hipogrifo se le pareciera.
-Súbete ahí, detrás del nacimiento del ala -dijo Hagrid-. Y procura no arrancarle ninguna pluma, porque no le gustaría...
Harry puso el pie sobre el ala de Buckbeak y se subió en el lomo. Buckbeak se levantó. Harry no sabía dónde debía agarrarse: delante de él todo estaba cubierto de plumas. -¡Vamos! -gritó Hagrid, dándole una palmada al hipogrifo en los cuartos traseros.
A cada lado de Harry, sin previo aviso, se abrieron unas alas de más de tres metros de longitud.
Apenas le dio tiempo a agarrarse del cuello del hipogrifo antes de remontar el vuelo. No tenía ningún parecido con una escoba y Harry tuvo muy claro cuál prefería. Muy incómodamente para él, las alas del hipogrifo batían debajo de sus piernas. Sus dedos resbalaban en las brillantes plumas y no se atrevía a asirse con más fuerza. En vez del movimiento suave de su Nimbus 2000, sentía el zarandeo hacia atrás y hacia delante, porque los cuartos traseros del hipogrifo se movían con las alas.
Buckbeak sobrevoló el prado y descendió. Era lo que Harry había temido. Se echó hacia atrás conforme el hipogrifo se inclinaba hacia abajo. Le dio la impresión de que iba a resbalar por el pico.
Luego sintió un fuerte golpe al aterrizar el animal con sus cuatro patas revueltas, y se las arregló para sujetarse y volver a incorporarse.
-¡Muy bien, Harry! -gritó Hagrid, mientras lo vitoreaban todos menos Malfoy, Crabbe y Goyle-. ¡Bueno!, ¿quién más quiere probar?
Envalentonados por el éxito de Harry, los demás saltaron al prado con cautela. Hagrid desató uno por uno los hipogrifos y, al cabo de poco rato, los alumnos hacían timoratas reverencias por todo el prado. Neville retrocedió corriendo en varias ocasiones porque su hipogrifo no parecía querer doblar las rodillas. Ron y Hermione practicaban con el de color castaño, mientras Harry observaba. Malfoy, Crabbe y Goyle habían escogido a Buckbeak. Había inclinado la cabeza ante Malfoy, que le daba palmaditas en el pico con expresión desdeñosa.
-Esto es muy fácil -dijo Malfoy, arrastrando las sílabas y con voz lo bastante alta para que Harry lo oyera-. Tenía que ser fácil, si Potter fue capaz.¿A que no eres peligroso? -le dijo al hipogrifo-. ¿Lo eres, bestia asquerosa?
Entonces, ocurrió, en un abrir y cerrar de ojos, Buckbeak se había levantado sobre sus patas traseras para atacarlo, cuando dos figuras, le embistieron y lo apartaron de él. Eran Stormwings y Lairë, que lo habían hecho retroceder y lo tenían a raya, mientras los tres parecían tener una especie de discusión a base de chillidos y graznidos. Seguía en el suelo de la impresión, cuando dos manos, le agarraron del cuello de la túnica, y lo arrastraron un par de metros para alejarlo lo máximo posible del hipogrifo cabreado, y le ayudaron a levantarse, para su sorpresa, no era nadie de Slytherin, ni Hagrid, que en ese momento corría hacia Buckbeak para ponerle la cadena.
-¿Estás bien? ¿Te ha herido? -le preguntó Areagon, mientras revisaba si tenía algún corte.
-No hací… -pero antes de que terminara de hablar, Areagon le había propinado tal puñetazo en la cara, al grito de "¡IMBÉCIL!" que lo había vuelto a sentar en el suelo, le había roto la nariz, y esta sangraba tan profusamente que en poco tiempo, se había manchado la túnica y el jersey. Crabbe y Goyle crujieron sus nudillos, pero al ver que Malfoy se levantaba tambaleándose, recogieron a su líder y se marcharon hacía el castillo.
-¡Mi padre se enterará de esto! -espetó gritando mientras se marchaba y con la cara chorreando sangre, y algunos de Slytherin, los siguieron.
Areagon se dió la vuelta, sabía que tendría problemas en cuanto volvieran al castillo, sino antes, pero no esperaba ver a Harry, Ron y Hermione con las varitas preparadas, y a parte de los Gryffindor y los Slytherin con la boca abierta. Hagrid terminó de atar al último hipogrifo (no sin esfuerzo), y al ver el denso silencio que se había formado entre los estudiantes, y que a los hipogrifos les iba a costar tiempo poder calmarse, dió por concluida la clase y los envió de vuelta al castillo.
Apenas habían empezado a subir las escaleras, cuando la profesora McGonagall y Brom, aparecieron justo en frente de ellos, estaban muy serios.
-A mi aula, ahora -dijo secamente Brom.
-Pero prof… -empezó a decir Hermione.
-No he pedido que interceda por Areagon, señorita Granger -atajó Brom- Areagon y Eragon, al aula, ahora, y sin discusiones.
Ninguno dijo absolutamente nada, y dejaron solos a Harry, Ron y Hermione, al llegar a la casa que hacía las veces de aula, Brom la abrió, dentro estaba Halbarad escribiendo en un pergamino.
-Sentaos -dijo muy serio, a la vez que Brom tomaba asiento a su lado, y la profesora McGonagall, hacía aparecer una butaca para sentarse en un lateral.
-¿Qué demonios ha pasado, Areagon? -preguntó Brom con seriedad.
Pero alguien aporreó la puerta.
-Profesor Holcombsson, necesito hablar con usted -dijo la voz de Hagrid en la puerta.
Halbarad se levantó, y abrió la puerta, cuando Hagrid entró, le lanzó una mirada de disculpa a Areagon.
-No puede castigar a Areagon, Brom, fue mi culpa por no estar atento… -dijo Hagrid.
-¿Qué quieres decir, Hagrid? -preguntó McGonagall mirándolo por encima de sus gafas.
-Debí estar más atento… -murmulló el enorme profesor- como sabéis, quería empezar bien la clase, trayendo criaturas interesantes, y consideré empezar la clase juntando mis hipogrifos con los grifos de Areagon y Eragon…
-Eso ya lo sabemos, Hagrid -dijo Halbarad- también sabemos que Stormwings y Laïre tuvieron que abalanzarse sobre el hipogrifo Buckbeak para contenerlo… Lo que queremos saber, es porque Areagon, al apartar a Draco Malfoy, le dió un puñetazo en la cara.
-Porque su estupidez, podría haberle matado -contestó Areagon- y no sólo a él, a cualquier otro alumno que hubiese intentado interponerse...
-¿Y consideró que hacer gala de combate muggle era correcto? -le preguntó McGonagall, Areagon no sabía si parecía más enfadada que decepcionada, entonces se dirigió a Brom- es tu alumno, Brom, pero me extrañaría que Lucius Malfoy no vaya a tomar acciones en el Ministerio, tal vez un castigo puede que lo aplaque… Vamos, Hagrid, necesito que vengas a explicarle a Dumbledore qué ocurrió.
Salieron del aula, y hubo un silencio prolongado, en el que nadie hizo el más mínimo ruido.
-¿Eres consciente que he de castigarte porque con tu acción, nos has dejado mal al resto? -dijo Brom muy seriamente, y mirándolo fijamente.
-Pero… -empezó Eragon.
-Nada de "peros", Eragon -le cortó su padre- las órdenes de defender a Malfoy que les disteis a Stormwings y a Laïre, nos hubiesen dejado en muy buen lugar… Pero golpearle… Con razón de que McGonagall esté enfadada.
-No te quitamos la razón de que se puso a él mismo en peligro -dijo Halbarad- pero no debiste golpearle, Areagon, ahora Brom tiene la desagradable tarea de escribir una extensa carta a Lucius Malfoy, y al Ministro de Magia diciéndoles que no estamos contentos con tu comportamiento, que serás debidamente castigado, y que no volverás a hacerlo. Porque igual debería recordarte, primo, que con tu acción, podrías poner en riesgo el resto de la operación, así qué… La próxima vez, aguántate las dichosas ganas de golpearle. ¿Entendido?
-Sí, señor… -dijo Areagon, no sabía quién estaba más enfadado o decepcionado, si Brom, o Halbarad, pero ser el causante, no le sentó nada bien.
-Bien -dijo Brom- obviamente, escribiré a tus padres, y a Morna, Areagon, lo siento, pero deben saberlo. Además, por ello, durante tres semanas serás el encargado de limpiar los establos donde están los caballos, sin magia, y… Para limar asperezas con los Slytherin, ayudarás a Laital a patrullar sus mazmorras, y pobre de ti si alguien de Gryffindor entra en esa zona a molestar, y por alguien, me refiero a ciertos hermanos Weasley. Podéis retiraros, los dos.
Areagon y Eragon se marcharon. Areagon tenía tan poca hambre, que subió directamente a la Sala Común, se dió una ducha, y se fue a la cama. Para cuando los demás llegaron, estaba completamente dormido, después de que Vulcan, le lanzara un hechizo para obligarle a dormir.
