Capítulo 9: montaña contra marea

Luego de la sorprendente demostración de poder de Link en el laboratorio de Prunia, el ambiente se llenó de admiración y respeto por parte de las tres chicas presentes: Prunia, Impa y Zelda. La mirada de asombro de Zelda se entremezclaba con una chispa de emoción, mientras Prunia parecía a punto de saltar de la emoción por los nuevos límites de poder que acababan de presenciar. Impa, siempre tranquila y serena, apenas dejó ver una sonrisa aprobatoria.

El día continuaba, y Prunia, siempre enérgica y llena de ideas, retomó su trabajo con la misma determinación que la caracterizaba. Había detalles técnicos que aún debía afinar antes de entregar las Bestias Divinas a los Campeones recientemente nombrados. Mientras ajustaba los últimos cálculos y revisaba esquemas complicados, notó que Zelda, Link e Impa se preparaban para salir del laboratorio.

Antes de que los rubios pudieran atravesar la puerta, la voz energética de Prunia los detuvo. "¡Link! ¡Zelda! Antes de que tengan que emprender su viaje por todo Hyrule, vengan a verme. Tengo algo que mostrarles, algo importante," gritó con entusiasmo, su voz resonando en el aire. Con la misma energía con la que había hablado, se despidió rápidamente con un gesto apresurado de la mano.

Link y Zelda se miraron y asintieron al unísono, comprendiendo que las sorpresas de Prunia siempre eran dignas de atención. Salieron del laboratorio, el eco de las palabras de Prunia aún resonando en sus mentes.

Una vez afuera, Impa rompió el silencio con su tono práctico y directo. "Princesa, antes de seguir, debes ir a la sastrería. Están terminando la túnica de aventurera que ordenamos, hecha con la tela especial que Prunia ha creado. Será útil para tu viaje."

Zelda asintió. Aunque siempre había preferido los estudios y las investigaciones sobre la antigua tecnología Sheikah, sabía que esta misión requería más que conocimiento: necesitaba estar preparada para la acción. Mientras caminaban, su mirada se desvió hacia Link, quien caminaba a su lado en silencio. Los pensamientos de Zelda vagaban entre el asombro por la fuerza de Link y la creciente responsabilidad que ambos enfrentaban.

Al escuchar el comentario de Impa, Link supo que el asunto de la túnica no era algo que le concerniera, así que, sin decir palabra, optó por seguir su propio camino. Desvió su paso, apartándose ligeramente del grupo. Pero justo cuando se alejaba, Zelda, instintivamente, dejó escapar un suave susurro, casi imperceptible. "Link…"

El sonido era tan débil que cualquier otra persona no lo habría notado, pero los años de entrenamiento de Link con los Kologs le habían enseñado a sentir incluso las vibraciones más sutiles en el aire. Se detuvo en seco, girando la cabeza hacia ella con una expresión tranquila, pero curiosa. "¿Qué pasa, Zelda?" Su voz, serena como siempre, pareció resonar en el aire como si hubiera escuchado el susurro claramente.

Zelda, sorprendida de que Link hubiera captado sus palabras, se sonrojó levemente y vaciló un segundo. "Nada, nada… solo… nos vemos al rato," dijo rápidamente, intentando disimular su desconcierto. Luego, esbozó una sonrisa suave, aunque algo tímida, mientras sus pensamientos aún giraban en torno a la habilidad de Link para percibir incluso lo más sutil.

Link, como siempre, mantuvo su serenidad. Con una leve inclinación de cabeza, respondió con una sonrisa casi imperceptible. "Nos vemos al rato," dijo con calma.

Con esa breve despedida, cada uno tomó su propio camino. Zelda siguió a Impa hacia la sastrería, sus pensamientos aún ocupados por la figura de Link y todo lo que había sucedido ese día. Mientras tanto, Link se desvanecía entre las sombras del castillo, sumergido en sus propias reflexiones, sabiendo que nuevas pruebas y aventuras los aguardaban.

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Tres horas después, la arena de entrenamiento estaba cargada de tensión mientras dos imponentes figuras se preparaban para un enfrentamiento épico. Daruk, el guerrero Goron, y Mipha, la princesa Zora, se encontraban frente a frente, ambos campeones mostrando una mezcla de respeto y determinación. Alrededor, los otros campeones observaban en silencio, conscientes de la magnitud de la batalla que estaba por comenzar.

Daruk, con su risa retumbante y su imponente presencia, era el primero en hablar. —¡Vamos, Mipha!— gritó, su maza gigante descansando sobre su hombro. —Quiero ver el verdadero poder de la princesa Zora. ¡Pruébame que estás lista para lo que viene!

Mipha, pequeña en comparación con el gigante Goron, mantenía una postura elegante y serena, pero había una fuerza oculta en sus ojos que no debía subestimarse. Sabía que Daruk no era un oponente fácil; su "Escudo de Daruk", una habilidad definitiva, era casi impenetrable. Pero Mipha no estaba intimidada. Ella también tenía un as bajo la manga, una habilidad que podía marcar la diferencia.

Haré lo mejor que pueda, Daruk,— respondió Mipha, su tono suave pero cargado de determinación.

El aire vibraba con la expectativa cuando Mipha activó su habilidad definitiva: "Plegaria de Mipha". Esta habilidad, que había evolucionado desde su capacidad de curación, ya no se limitaba a sanar heridas superficiales. La "Plegaria de Mipha" le permitía invocar la ayuda de los antiguos espíritus del agua para realizar una curación milagrosa, capaz de restaurar incluso extremidades perdidas y sanar heridas mortales en cuestión de segundos. Pero lo que hacía verdaderamente formidable a esta habilidad era su poder antes de cada batalla.

Antes de cualquier combate, Mipha podía recitar una plegaria, pidiendo a la diosa del agua protecciones especiales sin limite. Estas protecciones eran variadas y podían ser invocadas para blindar su cuerpo contra golpes directos, ataques mágicos o incluso elementos específicos como el fuego o la electricidad. Sin embargo, la Plegaria tenía limitaciones importantes: las protecciones duraban solo una hora y la bendición una vez acabada no podía volver a ser invocada durante el resto del día. Además, aunque Mipha podía pedir "protección contra golpes directos", si un ataque supera su defensa, el daño se aplicaba, haciendo que la protección no fuera absoluta.

Este equilibrio entre poder y limitación la había convertido en una guerrera cautelosa y calculadora, capaz de ganar batallas largas y difíciles al protegerse en los momentos clave y curarse cuando todo parecía perdido. Mientras Mipha recitaba su plegaria en voz baja, una luz azulada envolvía su cuerpo, y su magia se alineaba con las protecciones invocadas. Sabía que no podría sobrepasar el escudo de Daruk con fuerza bruta, pero su estrategia se basaba en agotar las defensas del Goron, obligándolo a gastar su resistencia hasta encontrar una apertura.

El combate comenzó.

Daruk activó su "Escudo de Daruk", y de inmediato, una barrera invisible pero palpable rodeó su cuerpo. Esta habilidad, que había crecido con él desde sus días como guerrero joven, había evolucionado en tres etapas: comenzó como una habilidad única, luego se transformó en una habilidad verdadera, y ahora, como habilidad definitiva, multiplicaba su defensa por diez, haciéndolo prácticamente invulnerable a cualquier ataque directo. La defensa natural de Daruk, como Goron, ya era impresionante, pero con esta habilidad se volvía prácticamente impenetrable.

Mipha no perdió el tiempo. Activó su "Tifón de Mareas", una habilidad que le permitía redistribuir sus estadísticas como las olas del mar además de darle un aumento en sus estadísticas, adaptándose a cada situación. En ese momento, decidió incrementar su velocidad al máximo, sacrificando parte de su defensa para moverse con una velocidad tan rápida que sus movimientos parecían un borrón ante los ojos de los demás campeones.

Con una agilidad que sorprendió a muchos, Mipha comenzó a atacar desde diferentes ángulos. Ráfagas de agua cortante surgieron de sus manos, envolviéndose en una danza fluida mientras golpeaba una y otra vez el escudo de Daruk. Cada golpe era desviado sin esfuerzo por la barrera del Goron, pero Mipha no estaba atacando solo para dañar; sabía que debía desgastar las defensas de Daruk poco a poco. Era bien sabido que la debilidad de todo guerrero era quedarse sin resistencia, una estadística a la cual no muchos prestaban atención. Sin embargo, el mal manejo de esta podía ser crucial en las batallas: si un usuario dejaba que su resistencia bajara a menos del 10% de su máximo, el cuerpo, por seguridad, entraba en un estado de "Inhibición de Mente", bloqueando el uso de magia o habilidades, además de reducir significativamente la velocidad, defensa y ataque. Para un guerrero, perder mucha resistencia significaba la derrota. Por eso los mejores magos del reino se enfocaban en entrenar tanto magia como resistencia, para lanzar la mayor cantidad de hechizos antes de alcanzar su límite.

—¡Vas a tener que hacerlo mejor que eso, princesa!— rugió Daruk, su risa resonando en la arena.

Mipha no se dejó intimidar. Con un rápido movimiento, invocó su habilidad única "Torrente Explosivo", haciendo que el agua a su alrededor se concentrara en densas esferas antes de explotar en una serie de ráfagas poderosas que impactaron en todas direcciones. Aunque Daruk resistía, las explosiones comenzaban a hacer mella en su resistencia, obligándolo a concentrarse en mantener su escudo.

Los ataques continuaron. Mipha se movía como una corriente incesante, atacando desde todos los ángulos posibles. Los golpes de agua rebotaban en el escudo de Daruk, que comenzaba a mostrar los primeros signos de debilitamiento. Aun así, el guerrero Goron mantenía su postura firme, alimentando su escudo con cada segundo que pasaba, gracias a "Firme como la montaña".

Después de varios minutos de intercambio, la respiración de ambos guerreros se hizo más pesada. La barrera de Daruk, aunque aún en pie, mostraba signos de agotamiento. Las explosiones de agua de Mipha habían logrado desgastar una parte significativa de su resistencia, y aunque Daruk seguía riendo y resistiendo, sabía que el momento para su contraataque había llegado.

Con una mirada desafiante, Daruk levantó su maza y, por primera vez en todo el combate, dejó caer su escudo. El aura protectora desapareció, y la arena se quedó en silencio por un momento.

—Ahora es mi turno, Mipha,— dijo Daruk, su sonrisa más ancha que nunca, mientras el suelo bajo sus pies temblaba por la energía que comenzaba a concentrar en su cuerpo. El escudo había desaparecido, pero Daruk no era un guerrero que solo dependiera de la defensa. El contraataque del Goron estaba por comenzar, y todos en la arena sabían que sería devastador.

Mientras la batalla proseguía, Mipha mantenía su mente concentrada en la lucha, con sus estadísticas fluctuando constantemente gracias a su habilidad definitiva "Tifón de Mareas". Cada uno de sus movimientos estaba calculado: había repartido la mayor parte de sus puntos en ataque, magia y velocidad, lo que le permitía moverse como un rayo por la arena y lanzar poderosos ataques de agua explosiva. Además, su cuerpo estaba protegido por más de 40 protecciones mágicas, que había invocado al inicio del combate con su "Plegaria de Mipha". Entre ellas, destacaban protecciones contra explosiones, fuego, golpes contundentes, puñetazos, mazazos, ataques sorpresa, y otros estados alterados como quemaduras y envenenamientos. Sumado a esto, su habilidad de regeneración continua le daba un flujo constante de energía.

A pesar de sus múltiples protecciones, Mipha sabía que estaba luchando contra una bestia casi imparable. Daruk seguía siendo un muro de defensa con su escudo, y aunque la princesa Zora era capaz de esquivar sus ataques, sabía que cada golpe de Daruk era como una avalancha de rocas. Pero algo cambió en el aire cuando vio cómo Daruk dejaba caer su escudo y su energía comenzaba a concentrarse de manera alarmante.

Daruk, con una mirada que revelaba la magnitud de su próxima jugada, activó su habilidad única "Cambio Táctico", una técnica devastadora que le permitía intercambiar su defensa por su ataque. En un instante, los números cambiaron de forma drástica. La defensa titánica de Daruk, que rondaba los 6,150 puntos, se convirtió en su ataque, mientras su habilidad "Escudo de Daruk", al multiplicar su defensa por 10, elevaba su fuerza ofensiva a un nivel monstruoso: 61,500 puntos de ataque. Era una cantidad de poder casi inhumana, una aberración de fuerza bruta que ningún guerrero podría resistir si recibía uno de sus golpes.

Sin embargo, Daruk carecía de velocidad. Su habilidad "Escudo de Daruk" tenía dos efectos adicionales; uno de ellos era aumentar su velocidad al 20% de su defensa máxima cuando el escudo estaba activo, convirtiéndolo en un tanque sorprendentemente rápido pese a su limitada velocidad base. No obstante, al activar "Cambio de Marcha", su defensa se intercambiaba por su ataque, lo que reducía considerablemente su velocidad, pues su defensa ya no era la impenetrable barrera que era en su modo defensivo. Con solo 426 puntos de velocidad, sus movimientos se volvieron lentos y pesados en comparación con la agilidad de Mipha. Ella lo sabía, y al percibir la inmensa fuerza que emanaba ahora de su oponente, un escalofrío recorrió su espalda. Bastaría un solo golpe de Daruk para dejarla fuera de combate, sin importar cuántas protecciones o habilidades tuviera activadas en ese momento.

"Esquivar es mi opción más segura", pensó Mipha, tomando una decisión rápida. Su habilidad "Tifón de Mareas" le permitía ajustar sus estadísticas a voluntad, dándoles un aumento inmediato al activarse. Pero la habilidad tenía un secreto que hacía de Mipha una guerrera letal: podía reducir una o más de sus características a 0 si lo deseaba, dirigiendo todos sus puntos a una sola estadística. Aunque reducir la resistencia a 0 podía ser peligroso, ya que la dejaría en estado de "Inhibición de Mente" y completamente indefensa, Mipha contaba con dos protecciones clave: "protección contra Inhibición de Mente" y "protección contra Golpes de Gracia". La primera evitaba que, aun con su resistencia en 0, cayera en el estado de "Inhibición de Mente", y la segunda la protegía de un golpe mortal, aunque solo una vez por combate. Si necesitaba usar esta última, significaba que su defensa estaba en 0, una estrategia que solo alguien como Mipha podía atreverse a realizar sin caer inconsciente.

Ambos guerreros comenzaron el nuevo round, con Mipha moviéndose rápidamente por el campo de batalla, cambiando sus estadísticas casi instintivamente. Cada vez que Daruk lanzaba un ataque, Mipha redistribuía sus puntos en velocidad para esquivarlo, pero en cuanto encontraba una oportunidad para atacar, redirigía sus puntos a ataque y lanzaba ráfagas de ataques con su lanza.

Daruk, por su parte, se mantenía firme, cambiando continuamente entre su ataque y defensa gracias a "Cambio Táctico". Sabía que si Mipha lograba golpearlo ahora, su defensa no estaría al nivel de antes, lo que lo dejaba vulnerable. Sin embargo, cada vez que veía una apertura, intentaba aprovechar su monstruosa fuerza para lanzar un ataque devastador. Sus golpes hacían temblar la arena, pero su velocidad era su mayor limitante. Aunque Mipha lograba esquivar la mayoría de sus ataques, cada embestida del Goron hacía que la princesa Zora sintiera la inmensa presión del combate.

El duelo entre ambos campeones se convirtió en una danza mortal. Mipha intercambiaba su velocidad y ataque a la velocidad de la luz, cada movimiento calculado con precisión, sabiendo que su única esperanza era agotar a Daruk antes de que su resistencia se viera completamente agotada. Mientras tanto, Daruk utilizaba cada instante para intentar dar el golpe definitivo, intercambiando entre ataque y defensa en un juego peligroso de poder.

Ráfagas de agua explosiva estallaban en torno a Daruk, pero sus ataques titánicos mantenían a Mipha en constante movimiento. La princesa Zora, a pesar de su agilidad y capacidad para esquivar, comenzaba a sentir el agotamiento. Su magia estaba mermando, y cada movimiento le costaba más esfuerzo. Aunque seguía siendo rápida, su energía comenzaba a agotarse a un ritmo acelerado.

Finalmente, después de un intercambio de ataques que parecía no tener fin, Mipha cayó de rodillas, respirando con dificultad. Su magia estaba casi agotada, y su cuerpo, a pesar de sus protecciones, estaba empezando a fallar. Sabía que no podría continuar mucho más tiempo.

Daruk, por su parte, gracias a su habilidad "Firme como la montaña", aún mantenía un nivel considerable de resistencia. Aunque él también había sentido el desgaste del combate, su regeneración continua le había permitido seguir de pie con fuerza.

Mirando a Mipha, Daruk dejó escapar una risa profunda, no de burla, sino de respeto. —Eres increíble, Mipha,— dijo, su voz resonando con un tono de admiración. —Pero parece que hemos llegado al final.

La princesa Zora, aunque agotada, sonrió. Ambos sabían que el combate había sido feroz, y aunque ninguno de los dos había logrado una victoria clara, el respeto mutuo que compartían era evidente.

Ha sido un honor, Daruk,— respondió Mipha con voz entrecortada, pero llena de orgullo. Ambos se miraron por un momento antes de que Daruk, con una sonrisa gigante, extendiera su mano hacia Mipha para ayudarla a levantarse.

¡Lo dejamos en empate!— exclamó Daruk, levantando a Mipha con facilidad.

La multitud de soldados que habían observado el combate en silencio, estalló en aplausos. Aunque no hubo un ganador claro, ambos guerreros habían demostrado una habilidad y poder excepcionales. La batalla entre Daruk y Mipha quedaría grabada en las memorias de todos los presentes, y el respeto entre los campeones no hizo más que crecer.

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La tarde avanzaba, y cuando el combate entre Mipha y Daruk llegó a su final, el reloj marcaba cerca de las dos de la tarde. Ambos campeones, exhaustos pero llenos de satisfacción, se dirigieron hacia unas mesas cercanas para recuperar el aliento. El sol brillaba intensamente sobre la arena de entrenamiento, pero el aire fresco ayudaba a que la fatiga no se sintiera tan abrumadora.

Cuando se sentaron, Link se acercó aplaudiendo con entusiasmo.

¡La batalla fue increíble!— exclamó, sus ojos llenos de admiración. —Son increíbles, muchachos. No puedo creer lo fuertes que se han vuelto.— La admiración en la voz de Link era evidente, y su sonrisa sincera mostraba cuánto respetaba el esfuerzo y la habilidad de sus compañeros.

Mipha sonrió con timidez, mientras que Daruk, aún recuperándose, soltó una risa profunda.

¡Hahaha, sabía que te gustaría!— dijo, dándole una palmada en la espalda a Link con su habitual energía, lo que casi lo hizo tambalear.

Link sabía que tanto Daruk como Mipha no solo eran prodigios naturales, sino verdaderos genios del combate. Los cuatro campeones en su totalidad habían alcanzado un nivel de poder y habilidad que superaba con creces a cualquier otro guerrero. Cada uno de ellos había desarrollado habilidades definitivas que podían cambiar el rumbo de cualquier batalla a su favor. "Cambio Táctico" de Daruk y "Tifón de Mareas" de Mipha habían demostrado que podían adaptarse a cualquier situación, tocando terrenos estratégicos que muchos guerreros ni siquiera podrían imaginar.

Link, observando a sus amigos, no pudo evitar pensar en la tragedia que había ocurrido en la Aldea Hatelia hace cinco años. "Si soldados como ellos hubieran existido en aquel entonces...", pensó, su expresión tornándose seria por un instante, mientras las memorias de ese día volvían a su mente. Quizás las cosas habrían sido diferentes. Quizás la tragedia se habría evitado.

El silencio de sus pensamientos fue interrumpido por la voz jovial de Daruk.

¡Oye, Link! No te olvides del duelo que me prometiste.— Daruk lo miraba con una mezcla de desafío y diversión en los ojos.

Link, algo nervioso, se rascó la nuca.

¿Duelo? Hmm... No lo recuerdo bien...— bromeó, intentando desviar la conversación, pero Daruk no se lo creyó ni por un segundo. Con una risa fuerte, Daruk lo miró fijamente.

¡Vamos, hermano!— dijo Daruk con entusiasmo. —Sabes que lo prometiste. Aunque...— añadió, adoptando un tono más pensativo. —Acabo de terminar una pelea intensa, y necesito recuperar mi energía. Mi habilidad me permitirá recuperarme en una hora, así que solo déjame descansar un poco y lo tenemos.

Antes de que Link pudiera responder, Mipha intervino con una sonrisa suave pero llena de emoción.

Estoy emocionada de ver el duelo entre ambos,— dijo con un brillo en los ojos. —Quiero ver lo fuerte que te has vuelto, Link.

Link se puso visiblemente tímido ante las palabras de Mipha, y su rostro enrojeció ligeramente. Sabía que su fuerza había crecido, pero ser el centro de atención, especialmente con Mipha mostrándose tan interesada, lo incomodaba un poco. Sin embargo, también sintió una pequeña chispa de orgullo al escucharla.

Ahora que lo pienso, no vimos tu estado completo hace unas horas con Prunia,— añadió Daruk, mirando a Link con curiosidad. —Vamos, cuéntanos un poco.

Link recordó las palabras de Prunia más temprano ese día, cuando le había advertido que no mostrara su verdadero estado a los otros campeones, pues temía que pudieran desmotivarse al ver su nivel. Pero después de presenciar el increíble combate entre Mipha y Daruk, y confiando plenamente en ellos, decidió que no había motivo para ocultarlo.

Mi poder ronda los 20,000 puntos,— comentó Link de manera casual, como si no fuera gran cosa. Pero tan pronto como esas palabras salieron de su boca, Mipha y Daruk se quedaron congelados, sus ojos abiertos de par en par.

¿Casi 20,000...?— susurró Mipha, claramente asombrada.

¡Por las barbas de Din!— exclamó Daruk, con una mezcla de asombro y emoción. —Eso es... es... ¡impresionante, hermano!

Ambos campeones, más que asombrados, ahora estaban más decididos que nunca a ver a Link en acción. El simple hecho de que su poder estuviera a ese nivel despertó una nueva chispa de competitividad en Daruk.

¡Esto es increíble!— exclamó Daruk, golpeando la mesa con tal fuerza que la hizo temblar. —¡Mipha, por favor! ¿Hay algo que puedas hacer para ayudarme a recuperarme más rápido? ¡Tengo que pelear contra Link ya!

El tono de Daruk era tan cómico y desesperado que Mipha no pudo evitar reírse, una risa suave y musical que hizo que el ambiente se relajara un poco.

Haré lo que pueda, Daruk,— respondió Mipha entre risas, sus ojos brillando con diversión.

Link, aún algo sonrojado por la atención, sonrió. Sabía que el duelo con Daruk sería difícil, pero había algo en la idea que lo emocionaba. Ver la determinación de sus amigos y saber que confiaban en él lo motivaba aún más. Además, después de haber observado a los campeones en acción, estaba seguro de que el combate sería tan impresionante como el que acababa de presenciar.

De acuerdo,— dijo Link, mirando a Daruk. —Te daré ese duelo... pero solo cuando estés listo.

Daruk asintió con energía.

¡Oh, estaré listo, hermano, y entonces veremos qué tan fuerte te has vuelto!

El ambiente se llenó de camaradería y emoción mientras los tres campeones descansaban y compartían momentos de risa y respeto mutuo. La batalla entre Daruk y Link prometía ser legendaria, y tanto Mipha como Daruk esperaban ansiosos ver de lo que el héroe de Hyrule era capaz.

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La sastrería estaba llena de la suave actividad de las costureras, cuyos dedos se movían con precisión sobre las telas, cosiendo los últimos detalles de la nueva prenda de la princesa. El lugar desprendía un delicado aroma a lavanda y telas recién cortadas, mientras la luz cálida que se colaba por las amplias ventanas iluminaba la figura de Zelda. Ella permanecía en el centro de la sala, observándose en un gran espejo que abarcaba casi toda la pared.

La túnica que llevaba puesta era majestuosa y, al mismo tiempo, práctica, pensada para los desafíos que enfrentarían durante el viaje. Hecha de una tela azul profundo que parecía brillar suavemente bajo la luz del sol, la prenda estaba adornada con bordes dorados finamente detallados en las mangas y el cuello. La túnica se ajustaba elegantemente a su figura, dándole un aire de realeza, pero también la libertad de moverse con agilidad. El símbolo de la Familia Real de Hyrule estaba bordado en el pecho, destacando en un tono dorado brillante.

Impa, que había estado observando desde un rincón, dio unos pasos adelante con una sonrisa leve pero sincera. "Te queda hermosa, princesa," comentó en voz baja, mientras su mirada recorría la figura de Zelda con aprobación.

Las costureras, que trabajaban con diligencia en los últimos detalles, asintieron con entusiasmo. "Es un honor haber trabajado en esta prenda, Su Alteza," dijo una de ellas, y las demás sonrieron de acuerdo.

Zelda, siempre modesta, no pudo evitar sonrojarse ante tantos halagos. Sus mejillas se tiñeron de un suave tono rosado mientras desviaba la mirada hacia el suelo. "Gracias… de verdad, han hecho un trabajo maravilloso," respondió con una sonrisa tímida, acariciando suavemente los bordes de la túnica, admirando el esmero puesto en cada detalle.

En ese momento, la puerta de la sastrería se abrió con un suave crujido, y la imponente figura de Urbosa llenó el umbral. La matriarca Gerudo caminó con una gracia autoritaria, sus pasos resonando en el suelo de mármol mientras su cabello rojizo destellaba con la luz que entraba por las ventanas. Sus ojos se iluminaron al ver a Zelda, y una amplia sonrisa se formó en su rostro.

"Zelda, querida, estás absolutamente deslumbrante," exclamó Urbosa con su voz fuerte y melodiosa, acercándose a la princesa. "Si te ven con esa túnica, los enemigos de Hyrule no sabrán si huir o caer rendidos ante tu belleza."

Zelda, ya sonrojada por los cumplidos de Impa y las costureras, bajó la mirada con más intensidad, claramente apenada. "Por favor, Urbosa, no digas esas cosas…", murmuró, intentando esconder la vergüenza tras una sonrisa nerviosa.

Urbosa soltó una risa cálida, como si la incomodidad de Zelda le resultara enternecedora. "¿Qué? ¿Acaso no puedo admirar a la futura reina de Hyrule?" dijo, guiñando un ojo a las costureras, quienes intercambiaron miradas y sonrisas, conscientes de la broma.

"¡No es eso…!" Zelda balbuceó, llevando una mano a su rostro, intentando ocultar el evidente rubor que invadía sus mejillas.

Urbosa rió aún más fuerte antes de volverse hacia Impa. Con un cambio repentino en su tono, su voz se volvió seria. "Impa, me gustaría hablar en privado con la princesa un momento, si no te molesta." Su mirada, aunque firme, estaba llena de respeto hacia la Sheikah.

Impa, siempre pragmática, asintió con calma. "Por supuesto, Urbosa. Princesa, nos veremos más tarde." Después de una ligera inclinación de cabeza, Impa salió de la habitación, dejando a Zelda y Urbosa solas.

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El sonido de los pasos de las dos mujeres resonaba suavemente en los amplios pasillos del castillo, donde la luz del sol danzaba entre las sombras, proyectando patrones dorados en el suelo de piedra pulida. Los tapices que adornaban las paredes mostraban historias antiguas del reino, mientras el viento acariciaba las cortinas pesadas que colgaban de las ventanas.

Zelda caminaba en silencio junto a Urbosa, sintiendo una ligera inquietud ante la inminente conversación. Fue Urbosa quien finalmente rompió el silencio, con su tono desenfadado y familiar.

"Así que, ¿quieres hablar sobre lo que sucedió esta mañana en la sala de entrenamiento?" dijo Urbosa, sonriendo con picardía mientras miraba de reojo a Zelda.

Zelda se detuvo bruscamente, sintiendo el calor subir por su cuello hasta sus mejillas. "¿Qué... qué quieres decir?" respondió, tratando de parecer serena, pero su voz traicionaba su nerviosismo.

Urbosa soltó una carcajada suave y la miró con una ceja levantada. "Vamos, Zelda, no intentes ocultarlo. Te vi encima de Link cuando entrenaban. Si no te conociera bien, pensaría que había algo más allí."

Zelda casi tropezó con sus propios pies, su rostro volviéndose de un rojo intenso. "¡No fue nada de eso! ¡Fue un accidente!" exclamó, agitando las manos, desesperada por aclarar la situación.

Pero Urbosa, disfrutando del momento, solo sacudió la cabeza con una sonrisa amplia. "Oh, claro, claro… un 'accidente'. Seguro," bromeó, poniendo énfasis en la palabra con una mirada traviesa.

Zelda suspiró profundamente, cubriéndose la cara con las manos por un momento antes de intentar recobrar la compostura. "Sabes que no fue nada de eso. Por favor, no hagas esto más incómodo. Link es solo mi amigo … creo" Sus palabras eran casi una súplica.

Urbosa se rió con su risa característica, pero luego su tono cambió, volviéndose más serio. "Está bien, está bien, dejaré de molestarte… por ahora. Pero en realidad quería preguntarte algo importante, Zelda. ¿Has sentido algún cambio en tu magia sagrada? ¿Algo… diferente?"

Zelda, ya más calmada, dejó escapar un pequeño suspiro de frustración. "No… no he sentido nada," admitió, su voz apenas un susurro. "Por más que lo intente, parece que la magia sagrada no responde a mí." Se detuvo en seco, su mirada cayendo al suelo, avergonzada por lo que consideraba su propio fracaso.

Urbosa se detuvo junto a ella, apoyando ambas manos en los hombros de Zelda con firmeza, pero con un toque de calidez. "Escucha, pequeña princesa," dijo suavemente, "no te preocupes por eso. La diosa Hylia tiene un plan para ti. Tal vez las cosas sean diferentes ahora que el héroe te acompañará en este viaje. A veces, el destino nos empuja cuando menos lo esperamos."

Zelda levantó la vista, buscando consuelo en los ojos de Urbosa. Asintió lentamente, tratando de aceptar las palabras de aliento. "Sí… quizás tengas razón," murmuró, intentando reunir algo de ánimo.

Urbosa, notando que el ánimo de la princesa comenzaba a mejorar, volvió a su tono juguetón. "Bueno, ahora que vas a viajar a solas con el héroe… tal vez no sea solo tu poder lo que despierte."

Zelda se quedó paralizada por un segundo antes de que el significado de las palabras de Urbosa cayera sobre ella. Su rostro enrojeció violentamente, y, sin poder contenerse, comenzó a golpear a Urbosa en el brazo con pequeñas palmadas. "¡Urbosa! ¡No digas esas cosas!" protestó, aunque sus golpes eran más una muestra de su vergüenza que de verdadera ira.

Urbosa reía sin parar, disfrutando de la reacción de Zelda. "¡Está bien, está bien! Solo bromeo, querida." Pero sus ojos seguían brillando con diversión.

Mientras Zelda aún daba suaves golpes a Urbosa, el sonido de pasos apresurados y voces emocionadas llenó el pasillo. Varios guardias pasaron corriendo junto a ellas, con rostros llenos de entusiasmo. Urbosa, siempre alerta, levantó una mano para detener a uno de ellos.

Los soldados se detuvieron de inmediato, haciendo un saludo militar rígido al ver a la matriarca Gerudo y a la princesa de Hyrule. "¡Señora Urbosa, Princesa Zelda!" exclamaron, con las voces tensas por la emoción.

"¿Qué sucede? ¿Por qué tanto alboroto?" preguntó Urbosa, con una curiosidad palpable.

Uno de los soldados, apenas conteniendo su emoción, respondió rápidamente. "El campeón Goron está a punto de enfrentarse al campeón Hyliano. ¡Todo el castillo está hablando de ello!"

Zelda y Urbosa se miraron al mismo tiempo, entendiendo la magnitud de lo que ocurría. Urbosa, con una sonrisa traviesa, inclinó ligeramente la cabeza hacia Zelda. "Vamos a ver a tu chico, princesa."

"¡No es mi chico!" replicó Zelda rápidamente, pero su protesta cayó en oídos sordos mientras Urbosa ya avanzaba por el pasillo, con la sonrisa más amplia en su rostro. Zelda, aunque avergonzada, no tuvo más remedio que seguirla, apurando el paso hacia la arena de entrenamiento.

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La atmósfera en la arena de entrenamiento era tensa, como si el aire mismo estuviera reteniendo la respiración. Los espectadores, soldados y campeones por igual, observaban en un silencio sepulcral mientras Link y Daruk se preparaban para el combate. Ambos estaban envueltos en un aura dorada que irradiaba un poder palpable, creando un contraste fascinante entre la serenidad de Link y la fuerza bruta de Daruk.

El suelo de piedra bajo sus pies parecía vibrar con anticipación, y aunque no se había dado aún el primer golpe, la intensidad en el ambiente era suficiente para hacer que incluso los más experimentados entre los espectadores sudaran por la tensión. El campo de batalla, reforzado con la magia de los Goron, parecía un escenario más pequeño frente a la magnitud del poder que ambos campeones exhibían.

Sin previo aviso, Link se lanzó hacia adelante con una velocidad asombrosa, su silueta casi borrosa en el aire. Con la Espada Maestra en alto, la luz de su aura dorada se fusionó con el resplandor azul de la hoja legendaria, creando una imagen majestuosa y aterradora a la vez. Daruk, por su parte, permaneció firme, y en el último segundo activó su Escudo de Daruk, envolviéndose en una barrera de energía indestructible.

El choque fue brutal. La Espada Maestra, una hoja que no había encontrado oposición en ningún otro combate, se detuvo en seco al golpear el escudo. Sin embargo, Daruk sintió la presión titánica detrás del golpe. Aunque su escudo había neutralizado el ataque, sabía que sin él, el combate habría terminado en ese preciso momento.

Al impactar, una onda expansiva de poder recorrió toda la arena, haciendo que los soldados que observaban desde las gradas temblaran. Algunos cayeron de rodillas, incapaces de soportar la presión. Las piedras bajo sus pies se agrietaron, y el polvo y los escombros salieron despedidos hacia los bordes de la sala. Solo Mipha, observando el combate de cerca, permaneció impasible, con sus ojos fijos en los movimientos de ambos combatientes, sus manos entrelazadas, como si ya estuviera lista para intervenir si fuese necesario.

Link siguió atacando, cada movimiento una explosión de velocidad y precisión. La Espada Maestra cortaba el aire, buscando cualquier apertura en la defensa de Daruk, pero el escudo del campeón Goron resistía cada embestida. Aunque Daruk era conocido por su poder ofensivo y defensivo, en ese momento solo podía concentrarse en defenderse ante los ataques implacables de Link.

Fue en medio de ese feroz intercambio cuando Urbosa y Zelda llegaron a la arena. La presencia de poder en el aire fue casi abrumadora para Zelda. Cada onda expansiva que generaban los ataques sacudía su cuerpo, haciéndola tambalearse ligeramente. El poder desplegado por Link y Daruk superaba por mucho lo que ella podía soportar con sus habilidades actuales, que no superaban las de un ciudadano promedio.

Urbosa, al notar la incomodidad de la princesa, miró a Mipha, quien no apartaba la vista del combate. "Mipha, ayúdala," pidió con firmeza, sabiendo que solo la princesa Zora podía aliviar la tensión que afectaba a Zelda.

Sin dudarlo, Mipha extendió sus manos y cerró los ojos, invocando su "Plegaria de Mipha". Un resplandor suave y azul comenzó a envolver a Zelda, cubriéndola en una burbuja protectora. La presión que antes le causaba dolor de cabeza ahora desapareció. Zelda dejó de sentir las violentas ondas que retumbaban en la arena, y en su lugar, una cálida y reconfortante protección la envolvía. Un aura dorada cubría también a la princesa, y al ver que tenía una similar a la de Link y Daruk, no pudo evitar volverse hacia Mipha con curiosidad.

"¿Porqué Link y Daruk emiten el mismo brillo que yo en estos momentos? ¿Es obra tuya, MIpha?" preguntó Zelda, mientras observaba los destellos dorados que rodeaban a los combatientes.

Mipha, con la misma calma que siempre la caracterizaba, respondió sin apartar los ojos de la batalla. "Mi habilidad definitiva me permite otorgar protecciones sin límite, princesa. Puedo bendecir a tantas personas como sea necesario, pero hay una restricción. Aunque puedo bendecir a cualquiera, solo puedo otorgar una protección por persona, y su efecto dura solo una hora. Después de eso, no puedo otorgar otra bendición hasta el día siguiente."

Zelda observó a Mipha con admiración, comprendiendo la magnitud de su habilidad. "Eso significa que podrías bendecir a un ejército entero si fuese necesario," murmuró, impresionada.

Mipha asintió suavemente, pero aclaró: "Así es, pero mientras esté otorgando esas bendiciones, no puedo usarlas en mí misma. Mi habilidad se resume en esto: puedo proteger a un número ilimitado de personas, pero si lo hago, yo misma quedaré vulnerable. Pero si por el contrario yo me protejo con bendiciones ilimitadas en mi misma, no puedo proteger a nadie" Sus palabras eran simples, pero el peso de lo que implicaban era enorme.

Zelda asintió, entendiendo por completo el sacrificio que implicaba la habilidad de Mipha. Era un poder inmenso, pero requería de una enorme responsabilidad.

Urbosa, siempre curiosa y pragmática, intervino en la conversación. "Entonces, ¿qué les diste a Daruk y Link para este combate?" preguntó, su mirada fija en los guerreros.

Mipha sonrió ligeramente, como si ya hubiese anticipado esa pregunta. "Ambos decidieron pelear sin contenciones. Ninguno quería que el otro se retuviera. Así que les otorgué la Protección del Primer Golpe." Hizo una pausa antes de continuar. "Esa bendición neutraliza el primer golpe que reciban, sin importar si es un ataque mortal. Ahora, ambos están peleando a matar. El primer golpe que atraviese su aura dorada decidirá el combate. El primero que pierda su protección, pierde el duelo."

Las palabras de Mipha hicieron que tanto Zelda como Urbosa observaran el combate con una nueva perspectiva. Ambos combatientes no solo estaban exhibiendo su poder; estaban en un duelo de vida o muerte, aunque protegido por la bendición de Mipha.

Link continuaba atacando con una velocidad que pocos podían seguir con la mirada, sus movimientos fluían como el viento, mientras que Daruk, con su escudo brillante, resistía cada embate, esperando el momento justo para contraatacar.

Urbosa, con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia Zelda. "Parece que tu héroe está dando todo de sí, princesa." Zelda, aún sobrecogida por la intensidad del combate y con sus mejillas aún ligeramente sonrojadas, no pudo evitar lanzar una mirada seria a Urbosa.

"Es un combate muy reñido," respondió Zelda, intentando ocultar cualquier rastro de nerviosismo.

Pero Urbosa, siempre dispuesta a molestarla, simplemente sonrió con picardía antes de volver su atención al campo de batalla, donde el destino del duelo estaba a punto de definirse.

Daruk sabía que su habilidad definitiva, el Escudo de Daruk, lo protegía de todos los ataques de Link, pero su verdadera preocupación era cómo contrarrestar a alguien tan increíblemente rápido. Había peleado contra Mipha, que era veloz, sobre todo cuando usaba su habilidad "Tifón de Mareas" para redistribuir sus estadísticas en ataque y velocidad, pero lo que sentía frente a Link era diferente. Si bien mipha era más rápida al usar su habilidad sabía por pura experiencia que la velocidad de link era más eficaz, Mipha depende de la distribución de sus características y su potenciación al usar su habilidad, no sabia cual era el número exacto pero estaba seguro que si mipha lo deseara sería el doble de veloz que link, sin embargo ella no estaba acostumbrada a esta velocidad, en cambio el chico sí poseer una habilidad que aumentará sus características tenía un control total sobre su cuerpo y velocidad, siendo asi que su velocidad estaba tan optimizada que no solo se reducía a correr, la forma en la que esquivaba, en las fintas que hacía, daban a entender que Link se movía con completa conciencia de su siguiente paso. Este simple detalle era abrumador. Cada vez que Link se movía, era como si desapareciera y reapareciera en un parpadeo, algo que Daruk nunca había experimentado en batalla.

Mientras los golpes de Link caían como una tormenta implacable sobre el Escudo de Daruk, el guerrero Goron sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: miedo. Recordó el combate reciente de Link contra el Centaleón Dorado, una criatura que había ignorado por completo a los generales de Hyrule y se había lanzado directamente hacia Link, consciente de la amenaza que representaba. Ahora, Daruk entendía ese terror, porque lo estaba viviendo en carne propia.

Sumido en sus pensamientos, Daruk sintió cómo el escudo que lo protegía comenzaba a agrietarse bajo los ataques de Link. Aunque su habilidad Firme como la montaña reforzaba su resistencia, sabía que no podría mantener el escudo por siempre. Y lo peor de todo era que Link no mostraba signos de agotamiento. Su velocidad y fuerza parecían inagotables. Si dejaba caer su escudo para atacar, Link aprovecharía ese instante de vulnerabilidad y lanzaría un golpe letal. La única razón por la que seguía en pie era gracias a la protección que Mipha había otorgado al principio del combate, una protección que sabía que solo funcionaría una vez.

El sudor corría por la frente de Daruk mientras buscaba una solución. Su habilidad Cambio Táctico le permitía alternar entre ataque y defensa de forma rápida, pero sabía que en el momento en que dejara de defenderse, Link lo golpearía. Y si fallaba su ataque, sería el fin del combate. El tiempo corría en su contra.

Finalmente, decidió que la mejor defensa era un ataque sorpresivo. Optó por una de sus técnicas especiales. Con un rugido, Daruk se convirtió en una bola de roca y comenzó a girar. Link, anticipando el movimiento, saltó hacia atrás con agilidad, pero una sonrisa apareció en su rostro. El Hyliano sabía que Daruk aún tenía más que ofrecer.

Daruk continuó ganando velocidad mientras rodaba por la arena, rodeando a Link. A pesar de su tamaño y naturaleza robusta, en esta forma, los Goron podían alcanzar velocidades sorprendentes. Aunque aún cubierto por su escudo, Daruk planeaba su próximo movimiento cuidadosamente: su plan era embestir a Link, y en el momento exacto del impacto, usar su habilidad Cambio Táctico para convertir su ataque en defensa. Si fallaba, volvería a su estado defensivo en un instante, evitando cualquier daño. Era un plan meticuloso y calculado, el único que tenía para enfrentar a alguien tan rápido.

Desde el borde de la arena, los observadores contuvieron la respiración al ver a Daruk ganar velocidad. El plan parecía infalible para el guerrero Goron, pero el verdadero reto sería si lograría ejecutarlo antes de que la velocidad de Link lo superara. La tensión aumentaba mientras el gigantesco cuerpo de Daruk rodaba en círculos alrededor de Link, quien, con su serenidad habitual, mantenía sus ojos fijos en el movimiento de su oponente, buscando el momento perfecto para contraatacar.

Daruk cargó con toda su fuerza, rodando como un cometa de roca imparable hacia Link. El campeón Goron estaba confiado en su estrategia, pero justo cuando estaba a punto de impactar, Link activó su habilidad "Procesamiento Paralelo", y el tiempo pareció desacelerarse casi hasta detenerse. El gigante Goron, que momentos antes era una masa rodante de pura potencia, ahora parecía moverse en cámara lenta, como si su embestida fuera un simple eco lejano.

En este estado, Link pudo observar con precisión milimétrica cómo la habilidad "Cambio Táctico" de Daruk invertía su defensa en ataque. El escudo que había protegido al guerrero Goron se desactivaba, dejando su cuerpo vulnerable por un instante fugaz. Fue todo lo que Link necesitó. Con un movimiento certero, alzó la Espada Maestra para lanzar un tajo que dejaría fuera de combate a Daruk, o lo haría de no ser por la bendición de Mipha.

Justo cuando la hoja estaba a punto de conectar, una chispa de energía envolvió a Daruk y el escudo de su habilidad volvió a activarse de manera inesperada. La espada de Link fue repelida con fuerza, enviando una vibración a lo largo de su brazo. Link retrocedió unos pasos, con una expresión de sorpresa en el rostro. Sabía que Daruk no había reaccionado a su velocidad. ¿Cómo entonces había logrado defenderse?

El tiempo volvió a fluir con normalidad, y Daruk, aún en su forma de bola, se alejó rodando antes de detenerse y levantarse con su característico buen humor. "Oye muchacho," gritó Daruk, riendo, "me acabas de dar un golpe que pudo haberme derrotado... ¡y ni siquiera me di cuenta! Jajajaja."

Link, relajando su postura, lo miró con confusión. "Sí, pero tu escudo te defendió," respondió, aún procesando lo sucedido.

Daruk asintió y explicó, "Es una de las 2 acciones pasivas de mi habilidad Escudo de Daruk. Yo lo activo, sí, pero cada día tengo tres escudos de 'emergencia', como me gusta llamarlos. Cuando recibo un ataque sorpresa, el escudo se activa automáticamente, sin importar lo que esté haciendo."

Link quedó impresionado. Ahora entendía por qué su golpe había sido bloqueado. Sin embargo, también llegó a una conclusión: para ganar, necesitaría acertar tres golpes más. Pero antes de que pudiera prepararse para continuar el combate, Daruk levantó la mano, deteniéndolo.

"Ya basta, chico," dijo Daruk con su voz ronca pero amistosa. "Esta es una victoria aplastante para ti. No puedo alcanzarte con esa velocidad. Aunque lo intentara, no hay forma de que gane. No tiene sentido seguir peleando. Pero te propongo un trato: dame tu golpe más fuerte. Si rompes mi escudo de un solo golpe, la victoria es tuya. Si no, podemos llamarlo una victoria para mí."

Daruk rió con su característica carcajada profunda, resonando en toda la arena, mientras los soldados y espectadores aplaudían emocionados. Mipha, Urbosa y Zelda observaban desde las gradas, expectantes de la respuesta de Link.

Link, sonriendo ante el desafío, aceptó el trato. Sabía que Daruk no hablaba a la ligera, y la idea de romper su escudo de un solo golpe era casi imposible. Daruk le pidió que no se contuviera, recordándole que la bendición de Mipha lo protegería de cualquier daño, incluso si el golpe era letal.

Daruk se preparó, activando su Escudo de Daruk al máximo nivel. Más de 60,000 puntos de defensa protegían su cuerpo, creando una barrera casi impenetrable. Para un golpe normal, romperlo de un solo impacto sería imposible. Pero Link no planeaba dar un golpe común.

Urbosa observaba el combate con una mezcla de admiración y fascinación, la chispa de guerrera brillando en sus ojos mientras seguía cada movimiento de Daruk y Mipha. La ferocidad de la batalla despertaba su curiosidad, especialmente cuando pensaba en el misterioso poder de Link. Había muchas preguntas que deseaba hacer sobre sus habilidades, pero tras oír la propuesta de Daruk, una duda específica nubló sus pensamientos. Sin poder contenerse más, se dirigió a sus compañeras con una pregunta urgente.

Mipha, Zelda, ¿saben si Link tiene alguna habilidad para incrementar sus estadísticas? —preguntó, con la voz cargada de anticipación—. ¿O cómo planea romper el escudo de Daruk de un solo golpe?

Mipha respondió con rapidez, su voz mostrando cierta inquietud:

No he tenido la oportunidad de hablar a fondo con él desde su regreso, así que no sabría decirte —admitió, mirando nuevamente el campo de batalla con el ceño ligeramente fruncido.

Zelda, por su parte, negó con la cabeza, una expresión pensativa en su rostro. Aunque ya había presenciado algunas de las habilidades de Link, no conocía sus efectos en detalle. Solo había escuchado a Purah mencionar algo sobre "Procesamiento Paralelo," una habilidad que parecía estar más ligada a la velocidad y la manipulación del tiempo que a las estadísticas totales.

Al no obtener una respuesta clara, Urbosa sonrió con una mezcla de intriga y expectación. Sus ojos se iluminaron con una chispa desafiante, mientras volvía su mirada al héroe en el campo de batalla.

—Sorpréndeme, héroe —murmuró para sí misma, con una sonrisa llena de admiración y desafío.

El héroe Hyliano se concentró, activando su habilidad Procesamiento Paralelo. El mundo alrededor de él pareció desacelerarse una vez más, pero esta vez no solamente el tiempo lo que se movía más lento, sino que él se movía mucho más rápido de lo que solia hacerlo en este estado. Sus músculos se tensaron, y con un impulso sobrehumano, Link se lanzó hacia Daruk a una velocidad que los ojos de los espectadores no podían seguir. Mientras corría, la Espada Maestra brillaba con un resplandor celestial.

Antes de que el impacto ocurriera, Link susurró: "Corte Vacío."

La hoja de la Espada Maestra se iluminó con una luz blanca cegadora, y al entrar en contacto con el escudo de Daruk, todo el aire a su alrededor pareció desaparecer. El espacio que ocupaba la hoja fue consumido por la habilidad, dejando un vacío en su estela. Al impactar contra el escudo de Daruk, la energía blanca devoró la barrera como si no existiera. El escudo, que se creía indestructible, se rompió sin oponer resistencia alguna.

El golpe no se detuvo ahí. La espada dio de lleno en Daruk, lanzándolo por los aires. El enorme cuerpo del campeón Goron voló por la arena, mientras el aura dorada de la protección de Mipha se desvanecía al absorber el impacto mortal.

El tiempo volvió a la normalidad justo cuando Daruk comenzaba a descender hacia la arena. Al caer, su Escudo de Emergencia se activó automáticamente, salvándolo de una muerte segura por el impacto con el suelo. Daruk se levantó sin dificultades, riendo a carcajadas.

"Oye muchacho, ese ataque pudo haberme matado dos veces," dijo Daruk mientras se acercaba a Link con una amplia sonrisa. "Eres increíble, ¡jajajaja!"

La arena estalló en gritos y aplausos. Los soldados entraron corriendo, rodeando a Link y Daruk, celebrando al joven Hyliano. Daruk, con su energía habitual, levantó a Link como si fuera una pluma, riendo mientras la multitud vitoreaba al héroe. Mipha, Urbosa y Zelda observaban desde la distancia, impresionadas no solo por el poder de Link, sino por la camaradería que compartían los campeones.

Urbosa, tras aplaudir con ese movimiento característico que combinaba suavidad y autoridad, giró hacia Mipha con una sonrisa intrigada y preguntó: "Mipha, tú entrenabas con él cuando era niño, ¿verdad?"

Mipha asintió, con una leve sonrisa en sus labios. "Sí," respondió con calma.

Urbosa continuó, aunque con una ceja levantada en señal de duda: "Pero no era tan fuerte entonces, ¿o sí?"

Mipha negó con la cabeza, pero su expresión se suavizó al recordar esos días. "No," admitió, "pero ya entonces mostraba un potencial enorme. Y ahora estamos viendo el resultado de todo ese esfuerzo."

Urbosa, aún con su mirada fija en Link, cruzó los brazos mientras reflexionaba en voz alta. "Esto no es normal. Según lo que he podido observar, ese chico tiene alguna habilidad que le aumenta la velocidad a niveles anormales. Es como si tuviera mi habilidad 'Pensamiento Acelerado'… pero mucho mejor."

Mipha asintió y explicó: "Esa es una habilidad unica, ¿verdad?"

Urbosa respondió: "Exacto. Te permite ver el flujo del tiempo más lento mientras tú te puedes mover a velocidad normal. Pero para activarla, necesitas esquivar un golpe." La guerrera Gerudo ladeó la cabeza, curiosa.

La princesa Zora se tomó un momento para recordar y luego agregó: "Link obtuvo esa habilidad cuando alcanzó el nivel 100. Fue hace años, cuando me salvó de un Lizalfo que casi me mata. En ese entonces, éramos solo niños, y él ya había conseguido una habilidad única tan rara."

Los ojos de Urbosa se abrieron de par en par, incrédula. Ella misma había obtenido esa habilidad, a la que llamaba "Tiempo Bala", como una habilidad única, y solo tras mucho esfuerzo y enfrentamientos. Urbosa había tenido que llegar al nivel 1000 para mejorarla y obtener su versión superior, "Pensamiento Acelerado". Pero, ¿Link la había conseguido directamente cuando apenas era un niño?

Sin poder ocultar su asombro, Urbosa preguntó: "¿Y ahora en qué ha evolucionado esa habilidad?"

Mipha, aún impresionada por lo que había presenciado en la arena, respondió: "No lo sé. No he visto su estado actual ni las habilidades que tiene ahora. Solo me comento que su poder llega a los 20,000 de estadísticas base y aun no llega a nivel 1000, por lo que aun puede crecer mas"

Antes de que la conversación pudiera continuar, Zelda, que había estado escuchando en silencio, intervino. "Yo le pedí a Prunia que me mostrara los registros de los niveles de Link desde que era niño. Ella lo ha examinado desde que tenía, creo, como ocho años o incluso menos. Y sí, cuando alcanzó el nivel 100 obtuvo 'Pensamiento Acelerado'. Más adelante, esa habilidad evolucionó a la habilidad verdadera 'Procesamiento Acelerado'."

Zelda hizo una pausa, recordando los informes y lo que había visto con sus propios ojos. "Esa habilidad ya era impresionante. Permitía lo mismo, pero podía activarse en más situaciones, pero solo en combate. Pero cuando regresó después de esos cinco años…" Zelda tomó aire, como si aún le costara creer lo que estaba a punto de decir, "…su habilidad evolucionó a la habilidad definitiva 'Procesamiento Paralelo'."

El rostro de Urbosa mostró una mezcla de sorpresa y respeto. La mirada de la guerrera Gerudo reflejaba su incredulidad. "¿Procesamiento Paralelo? ¿Qué hace exactamente?"

Zelda, con su típica precisión en los detalles, explicó: "Es… una habilidad que, honestamente, parece absurda. No se exactamente lo que hace pero estuve hablando con Prunia e Impa ahora luego de ver el estado de Link y efectivamente apenas es nivel 750 y sus estadísticas rondan los 20,000, algo que aun para ustedes los campeones es imposible sin sus habilidades – Zelda hizo una pausa al notar la cara de sorpresa de Urbosa y luego continuó — Según Prunia, por testimonio del propio Link, Procesamiento paralelo no solo incrementa su velocidad por diez o algo así, sino que puede activar el tiempo lento en cualquier momento. No necesita estar en combate ni esquivar un ataque. Simplemente lo activa cuando lo desea."

Urbosa no podía creer lo que oía. Ella, que había entrenado toda su vida para perfeccionar sus habilidades y había alcanzado el dominio de Pensamiento Acelerado después de muchos años, se sentía superada por un joven prodigio. Pero antes de que pudiera expresar más asombro, Zelda continuó, con una leve sonrisa en el rostro.

"Es una habilidad que podría considerarse una trampa para un guerrero," admitió Zelda. "Literalmente lo hace casi invencible. Esta mañana, cuando luchó contra Revali, me preocupé por gusto. Y ahora, viendo esta batalla contra Daruk, lo confirmó de nuevo."

Las palabras de Zelda flotaban en el aire mientras su mirada, sin darse cuenta, se posaba sobre Link. "Pero aun así," añadió, con suavidad, "creo que es una habilidad que él se ha ganado. No conozco a nadie que haya entrenado tanto como él. Y no es por menospreciar a los demás, pero es lo que percibo al verlo."

Urbosa, observando de reojo cómo Zelda hablaba con admiración de Link, no pudo evitar sonreír. El tono de la princesa, la forma en la que lo describía… había más en esas palabras que solo una evaluación objetiva de las habilidades de un guerrero. Sin embargo, Urbosa, siempre pragmática, decidió no decir nada al respecto. En cambio, dejó escapar una pequeña risa y comentó, "Parece que tu héroe ha superado todas nuestras expectativas, princesa."

Zelda, al darse cuenta de lo que había dicho y de la forma en que estaba mirando a Link, se sonrojó levemente. "Es solo que…" trató de corregirse, pero las palabras se desvanecieron mientras miraba hacia otro lado, incómoda.

Después del intenso combate, Daruk, aún riendo a carcajadas, se acercó a Link con su acostumbrado buen humor. Colocó una mano gigantesca en el hombro del Hyliano, casi aplastándolo por el peso, y dijo: "¡Vaya pelea, hermano! Pero creo que ya es hora de descansar. Nos vemos en la cena, y prepárate, porque haremos un concurso de comida. ¡Quiero ver si puedes comer tanto como pelear!"

Con una palmada fuerte en la espalda de Link, que casi lo hizo tambalearse, Daruk se fue riendo hacia los vestuarios, claramente contento por el desafío que había lanzado. Link, aún procesando la invitación, sonrió de forma incómoda, aunque su lenguaje corporal decía lo contrario. Estaba nervioso y su rostro revelaba que la idea de un concurso de comida no era algo que realmente le emocionara. Sin embargo, no pudo rechazar el entusiasmo de Daruk y, a regañadientes, aceptó.

"Será divertido," pensó Link, aunque su expresión decía lo contrario.

Mientras Daruk se alejaba, Mipha fue la primera en acercarse a Link. Con su típica suavidad, se paró frente a él y lo observó con atención. "¿Todo está bien?" le preguntó, notando una ligera incomodidad en su rostro.

Link, que ya había recuperado su compostura, asintió y respondió con su habitual tranquilidad: "Sí, todo bien. Gracias, Mipha."

Ella sonrió, recordando los viejos tiempos. "Me alegra escucharlo. Te ves tan diferente ahora. Recuerdo cuando entrenábamos juntos cuando éramos niños. Cada vez que te herías, yo te curaba... y ahora, mírate, pareces un guerrero indestructible."

Link, sin embargo, negó suavemente con la cabeza, su expresión se volvió más seria. "No soy indestructible, Mipha. Sé que si alguna vez termino herido de verdad, siempre podré volver a ti, porque sé que estarás ahí para mí."

Las palabras de Link hicieron que Mipha sonriera ampliamente, con un brillo en los ojos. Su vínculo con él era especial, y esas palabras no hicieron más que reforzarlo. Sin embargo, para Zelda, quien estaba escuchando la conversación a pocos pasos de distancia, esas palabras fueron como una punzada en el corazón. Un vacío la llenó al darse cuenta de que ella no podía ofrecerle a Link el mismo consuelo o apoyo que Mipha. Sus ojos se desviaron al suelo por un momento, sintiendo la distancia que esa cercanía entre ellos marcaba.

Urbosa, que observaba la escena con atención, notó de inmediato el cambio en la expresión de Zelda. Decidida a intervenir, y también a darles un espacio, sonrió con su usual astucia y se dirigió a Mipha. "Mipha, parece que solo yo no he entrenado hoy. ¿Qué te parece si me acompañas en un entrenamiento ligero?"

Mipha miró a Urbosa con una leve sonrisa, pero negó con la cabeza. "Me encantaría, Urbosa, pero ya luché contra Daruk, y muchas de mis bendiciones de protección más importantes ya las usé. No podría luchar en serio contigo."

Urbosa, siempre pragmática, respondió rápidamente. "No te preocupes, tampoco tengo intención de entrenar hasta morir. Un entrenamiento ligero será suficiente. Además, solo con tu poder base creo que será más interesante que pelear con estos soldados debiluchos."

Mipha rió suavemente, asintiendo. "Está bien, entonces. Un poco de entrenamiento no me hará mal. ¿Nos vamos?"

Urbosa asintió con una sonrisa, y juntas se dirigieron fuera de la arena, dejando a Link y Zelda solos.

Los soldados que habían visto el duelo comenzaron a dispersarse lentamente. Los vítores y los murmullos emocionados se desvanecieron poco a poco, hasta que solo quedaron el silencio y la brisa suave del atardecer, acompañando a Link y Zelda, quienes seguían de pie en la arena, sin saber muy bien qué decir.

Zelda, atrapada en sus pensamientos y sentimientos encontrados, no encontraba las palabras correctas para romper el incómodo silencio. Pero fue Link quien, con una sonrisa nerviosa, decidió hablar primero: "Creo que me excedí un poco, ¿no?"

Zelda levantó la vista, y para su propia sorpresa, una pequeña sonrisa cruzó sus labios. "No, estuviste excelente," dijo con una sinceridad que no esperaba expresar.

Link, al oír esa respuesta, se puso nervioso de inmediato. No había anticipado que Zelda respondiera de esa manera, y sus palabras lo dejaron desconcertado. "Gracias, princesa... digo, gracias, Zelda."

Zelda arqueó una ceja, con una expresión traviesa en su rostro. "Más te vale que te corrigieras."

"Lo siento," murmuró Link, riendo ligeramente. La tensión entre ellos comenzó a disiparse un poco.

Un breve silencio siguió, pero esta vez fue más cómodo. Finalmente, Link tomó aire, como si estuviera pensando en algo que había querido decir desde hacía tiempo. "¿Te gustaría dar un paseo por la ciudadela o algo así?" preguntó, con una mezcla de timidez y emoción. "Desde que regresé al reino, no he visto cómo está todo. Me gustaría conocerlo, y pensé que sería genial tener una guía."

Zelda, al escuchar la propuesta, sintió una leve tristeza. "Pues como guía no te serviré mucho," confesó con una risa nerviosa. "No tengo tantos permisos para salir a la ciudadela, así que no conozco mucho más de lo que tú podrías conocer."

Link, en lugar de desanimarse, sonrió ampliamente. "¡Perfecto! Así podemos conocer juntos. ¿Vienes?"

Mientras decía esto, extendió su mano hacia ella. Zelda lo miró, dudando por un segundo. Podía sentir una punzada en el corazón, pero esa misma sensación la empujaba a decir que sí. El rostro de Link, lleno de alegría, era contagioso, y algo dentro de ella le gritaba que tomara esa mano. Finalmente, con una pequeña sonrisa, Zelda tomó la mano de Link.

"Vamos," dijo Link con entusiasmo, y juntos corrieron hacia la ciudadela, dejando atrás la arena vacía, con solo el eco de sus pasos resonando en el vasto espacio.