Capítulo 13: Conciencia espacial

Ahí, en el centro de la arena donde el encuentro entre campeones había concluido, Link y Zelda finalmente se encontraron frente a frente. Él la observaba en silencio, expectante, mientras ella luchaba con sus pensamientos. Quería decirle tantas cosas: lo increíble que había sido su pelea, lo impresionante de su fuerza, y cuánto admiraba su determinación. Pero las palabras parecían no encontrar el camino. El silencio comenzaba a volverse incómodo, y Zelda sintió que debía hacer algo.

Antes de que Link pudiera decir nada, Zelda dio un paso adelante, cerró la distancia entre ambos y lo abrazó con fuerza.

Felicidades, Link, —dijo, su voz cargada de emoción.

El abrazo fue inesperado, pero para ambos resultó natural. Zelda sintió el calor de Link, su respiración todavía agitada por el combate, y una calma extraña la envolvió. Ese gesto, espontáneo y genuino, parecía ser la única manera de expresar lo que sentía: emoción, admiración, seguridad… y algo más profundo que no podía poner en palabras.

Por su parte, Link sintió cómo el mundo se detenía. Podría haber usado su habilidad "Procesamiento Paralelo" para extender ese instante, hacerlo eterno, pero no quiso. Prefirió vivirlo como era, sin alterar lo genuino del momento. Mientras Zelda lo abrazaba, sus corazones comenzaron a latir al unísono, fuertes y acelerados. Por unos segundos, nada más existió: ni el desierto, ni la multitud, ni siquiera la arena bajo sus pies. Solo ellos dos, compartiendo un momento que ninguno de los dos quería terminar.

El abrazo duró apenas unos segundos, pero para ambos se sintió eterno. Sin embargo, el momento fue interrumpido por la inconfundible voz de Urbosa.

Bueno, bueno, ¿acaso esto es una celebración o una confesión?

Zelda dio un respingo y retrocedió, completamente sonrojada. Link bajó la mirada, intentando ocultar su leve sonrisa. Urbosa, con los brazos cruzados y una sonrisa llena de picardía, los observaba con la expresión de alguien que acababa de interrumpir algo muy interesante.

Princesa, debo decir que tienes un talento para sorprendernos. Y tú, Link, tal vez deberías ser un poco más audaz. ¿O vas a dejar que sea Zelda quien tome la iniciativa?

¡Urbosa! —exclamó Zelda, llevando las manos a su rostro para ocultar su sonrojo.

¿Qué? Solo digo lo que todas estamos pensando, —respondió Urbosa, divertida. Luego su tono cambió, volviéndose más serio mientras se dirigía a Link—. Por cierto, héroe, ¿estás bien después de esa pelea?

Link levantó la mirada, sorprendido por la pregunta. —¿Yo? Estaba por preguntar eso mismo. Ese golpe… aunque no utilice "Corte vacío" fue muy fuerte. ¿Estás bien, Urbosa?

Ella dejó escapar una risa ligera y negó con la cabeza. — Estoy bien gracias a "Tierra del Ocaso". Mis estadísticas estaban potenciadas al máximo, y eso fue lo que me permitió resistir el impacto.

Luego, con un destello de curiosidad en los ojos, continuó. —Aunque debo decir que sentí que supuse que te estabas conteniendo, Link. Aún así, me pregunto… ¿qué fue esa habilidad que usaste? No es algo que haya visto antes.

Link desvió la mirada, visiblemente incómodo. —No lo sé. Surgió en el momento… creo que obtuve una nueva habilidad por nivel.

Ocultaba la verdad. No quería explicar que "Energía Pura" era solo una subhabilidad derivada de su habilidad principal, "Alma del Héroe Eterno." Tampoco quería mencionar que había cumplido tres condiciones específicas para liberarla, siendo la última de ellas amar y querer proteger a alguien con todas sus fuerzas. Ese sentimiento, claro y poderoso, era algo que no estaba listo para compartir.

Urbosa lo observó con una mezcla de curiosidad y comprensión. Después de un momento, asintió. —Entiendo. No pediré más detalles. Es mejor que una técnica tan poderosa permanezca en secreto. Si nuestros enemigos se enteraran de su alcance, podrías convertirte en su principal objetivo.

Link asintió, agradecido por su discreción. Urbosa, con su sonrisa habitual, agregó: —Bueno, creo que por ahora es suficiente. Han tenido un día largo. Será mejor que descansen… después de un buen baño, claro. El desierto no perdona, y esa arena no se va sola.

La mención del baño hizo que Zelda levantara ligeramente la cabeza. —Sí… un baño suena perfecto. Ha sido un día agotador.

Urbosa rió y se giró hacia las Gerudo cercanas. —Asegúrense de que nuestros invitados tengan todo lo que necesiten. Y asegúrense de que el agua esté caliente. No queremos que la princesa se resfríe, ¿verdad?

Zelda rodó los ojos, todavía con las mejillas sonrojadas, y siguió a las guerreras que la guiaban hacia las termas privadas. Link, mientras tanto, se despidió con una leve inclinación de cabeza antes de dirigirse hacia su propio baño.

La noche avanzó tranquila, con cada uno disfrutando de un momento de relajación en la calma posterior al combate. Las estrellas brillaban sobre el desierto, marcando el fin de un día lleno de emociones y preparando el escenario para lo que vendría.


El sol apenas había comenzado a asomarse sobre el horizonte cuando Link salió silenciosamente del palacio Gerudo. Zelda aún descansaba, y él aprovechó la oportunidad para dirigirse a la joyería local. La encargada, una Gerudo con manos hábiles y una sonrisa orgullosa, ya lo esperaba con el encargo terminado.

Aquí tienes chico, —dijo la joyera, colocando un delicado collar en el mostrador. El zafiro púrpura que Link había conseguido el día anterior brillaba intensamente, engarzado con precisión en una fina cadena de plata adornada con detalles intrincados—. Me esforcé para que este diseño resaltara la belleza natural de la piedra. Espero que cumpla tus expectativas.

Link tomó el collar con cuidado, estudiándolo bajo la tenue luz matutina. Era más hermoso de lo que había imaginado, y por un instante, su mente viajó. Visualizó cómo se vería el zafiro sobre la piel de Zelda, cómo el tono púrpura complementaría perfectamente su mirada y su porte. Sin quererlo, recordó el momento en el que la vio usando su ropa tradicional Gerudo, con esa tela morada translúcida que apenas ocultaba su figura. Si bien aquel encuentro había sido un accidente, ahora agradecía haberlo vivido. Era un recuerdo que, sin duda, permanecería grabado en su mente.

Es perfecto, —murmuró, guardando el collar en su alforja mágica—. Gracias por tu esfuerzo.

La joyera sonrió, complacida. —No es nada. Es un honor crear algo para una persona tan especial. Ahora ve y dale buen uso.

Link asintió, aunque la mención de "persona especial" lo hizo sentir un leve calor en las mejillas. Agradeció una vez más antes de salir de la tienda y regresar al palacio. Mientras caminaba, no pudo evitar notar lo llena que estaba ya su alforja mágica, un regalo de Makore, su amigo Kolog. Aunque era increíblemente útil, no era infinita, y cada vez era más evidente que pronto tendría que reorganizar su contenido.

De vuelta en el palacio, Link se dirigió al vestíbulo y esperó pacientemente a que Zelda estuviera lista. Cuando ella finalmente salió de su habitación, llevaba de nuevo su túnica de aventurera. El estilo Gerudo que había lucido la noche anterior quedó atrás, pero su presencia seguía igual de impactante. Link la observó por un instante antes de esbozar una sonrisa burlona.

Es más fácil verte con esa ropa, —comentó, su tono ligero.

Zelda levantó una ceja, fingiendo indignación. —¿Y eso qué significa? ¿Acaso no me quedaba bien la ropa Gerudo?

Link, sin titubear, respondió con sinceridad desconcertante: —No es eso. La ropa Gerudo es muy reveladora, y tú la haces lucir aún más linda.

Zelda se quedó congelada por un segundo, sus mejillas volviéndose de un rojo intenso. Una parte de ella quería salir corriendo, mientras otra sentía la tentación de darle un golpe a Link por decir algo tan atrevido de manera tan casual. Sin embargo, decidió que no iba a perder en este juego.

Ya veo… Gracias por el cumplido, supongo, —dijo, cruzando los brazos y alzando la barbilla con fingida tranquilidad.

Esta vez fue Link quien quedó sin palabras, incapaz de continuar. Lo único que pudo hacer fue soltar una ligera risa y apartarse, diciendo por encima del hombro: —Te esperaré para desayunar antes de partir.

Zelda lo vio alejarse, notando cómo él también parecía ligeramente avergonzado. Una sonrisa divertida asomó en sus labios mientras suspiraba, intentando calmar el rubor en su rostro antes de seguirlo al comedor.

Cuando llegó, encontró a Link ya sentado junto a Urbosa, quien la recibió con una sonrisa amplia y un brillo pícaro en los ojos.

¡Ah, princesa! Justo a tiempo. Link y yo estábamos hablando de lo rápido que debes haber corrido para bajar tan pronto. Seguro el hambre te motivó.

Zelda rodó los ojos, aunque su sonrisa persistía. —¿Hambre? No sé de qué hablas. Solo quiero estar lista para nuestro viaje.

Ambos tomaron asiento y comenzaron a disfrutar del desayuno, una variedad de frutas y pan fresco acompañados de té especiado. La conversación fue ligera, pero cada tanto Urbosa no perdía oportunidad de lanzar algún comentario astuto que hacía que Zelda y Link compartieran miradas cómplices y sonrojos. Finalmente, cuando el sol ya estaba en lo alto, la hora de partir llegó.


El sol comenzaba a ascender en el cielo del desierto cuando Urbosa acompañó a Link y Zelda a las afueras de la ciudadela Gerudo, por la puerta principal. La líder Gerudo caminaba con ellos, disfrutando de sus últimos momentos juntos antes de su partida.

¿Están seguros de que no quieren que les preste un transporte? —preguntó Urbosa, señalando a unos sellos de arena que descansaban bajo la sombra cercana—. Atraviesan el desierto con facilidad, y no tendrán que preocuparse por el calor.

Link negó con un gesto tranquilo. —No será necesario. Usaremos el módulo de teletransportación que Prunia instaló en la tableta Sheikah. No tendremos que cruzar el desierto otra vez.

Zelda, curiosa, lo miró. —¿Eso también lo tenías planeado, Link?

Link asintió, aunque con la misma calma de siempre. —Estuve pensando anoche en cuál sería la mejor ruta. Independientemente de si vamos hacia Eldin o Lanayru, debemos pasar cerca del castillo. Así que el teletransporte es la mejor opción.

Zelda cruzó los brazos y asintió lentamente, procesando su razonamiento. —Tiene sentido. Además, sería una oportunidad para prepararnos mejor. Admito que no fuimos tan organizados al salir para esta primera parte del viaje.

Exacto, —respondió Link, ajustando la alforja mágica en su cintura. —Mi alforja ya está casi llena. Necesitamos distribuir mejor lo que llevamos.

Urbosa observó el intercambio con una sonrisa de orgullo. —Nada mal, héroe. Parece que no solo eres fuerte, sino también un estratega. Será útil cuando los tiempos difíciles lleguen… porque lo harán.

Link inclinó la cabeza en agradecimiento, pero no respondió. En cambio, se acercó un poco más a las dunas, lo suficiente para que la ciudad no los viera en acción. —Será mejor que nos alejemos un poco. No quiero que los rumores de que la princesa "desapareció" se propaguen por el reino.

Zelda rió suavemente. —Siempre tan cauteloso, Link.

Antes de seguir a Link, Zelda se volvió hacia Urbosa una última vez. —Cuídate, Urbosa. Espero que la próxima vez que nos veamos, todo esté más tranquilo.

Urbosa cruzó los brazos y asintió con una sonrisa. —Y yo espero que hayas perfeccionado tu poder, princesa. Sigue entrenando en las fuentes. Cada paso que des nos acerca más a la salvación de Hyrule.

Ambas se abrazaron con fuerza, un gesto que contenía la admiración y el respeto mutuo. —Y tú, Urbosa, sigue perfeccionando tu maestría sobre la bestia divina.

Urbosa soltó una carcajada. —No tienes que preocuparte por eso. Ya sabes que soy la mejor.

Ambas rieron y se separaron. Zelda caminó hacia Link, quien la esperaba a unos metros de distancia. Sin decir una palabra, Link extendió una mano hacia su cintura y la tomó con suavidad, atrayéndola más cerca. Zelda lo miró, sorprendida al principio, pero entendió que era parte del proceso para el teletransporte. Sin embargo, no podía ignorar lo fácil que Link parecía manejar ese tipo de contacto.

Desde la distancia, Urbosa observó el gesto y arqueó una ceja con sorpresa. Pensó que era una acción valiente, quizás atrevida, pero supuso que era necesaria para que el teletransporte funcionara correctamente.

Link sacó la tableta Sheikah, y Zelda presionó la pantalla con precisión. En ese instante, una luz azul envolvió a ambos. Urbosa vio cómo desaparecían del desierto en un destello de energía, dejando el aire ligeramente vibrante.

Por un momento, la líder Gerudo se quedó sola, observando el lugar donde habían estado. Luego, soltó una risa ligera, divertida por sus propios pensamientos.

¿Realmente era necesaria tanta cercanía? —murmuró para sí misma. Luego añadió, con una sonrisa traviesa—: La próxima vez que vea a Prunia, le preguntaré.

Con un último vistazo al horizonte, Urbosa dio media vuelta y regresó a la ciudadela, su risa resonando suavemente entre las dunas del caluroso desierto.


El laboratorio de Prunia estaba tan bullicioso como siempre, lleno de actividad frenética y el zumbido constante de herramientas y máquinas. Investigadores corrían de un lado a otro, cargando partes de guardianes destruidos, objetos desconocidos de tecnología antigua y nuevos prototipos que prometían avances significativos para la defensa de Hyrule. Rotver, un genio en armas ancestrales, trabajaba incansablemente en sus diseños para fortalecer el ejército, mientras que Prunia enfocaba su talento en desarrollar escudos de proyección. Estos escudos, inspirados en la habilidad de Daruk, no eran tan resistentes como el original, pero podían soportar al menos un golpe fatal, lo que los hacía increíblemente útiles en combate.

En medio de la rutina, el punto de teletransporte del laboratorio comenzó a brillar intensamente, llamando la atención de todos. Dos siluetas azules se materializaban lentamente en el aire, volviéndose más nítidas con cada segundo. Cuando la luz finalmente se disipó, Link y Zelda aparecieron, ambos intactos y en buen estado.

Prunia, quien había estado sentada trabajando en su escritorio, saltó de su silla al verlos y corrió hacia ellos con una energía contagiosa.

¡Lo lograron! ¡Funcionó perfectamente! —exclamó mientras los envolvía a ambos en un abrazo simultáneo, que los hizo balancearse hacia atrás por la fuerza del impacto.

Link y Zelda, sorprendidos por el gesto, se miraron brevemente antes de devolverle el abrazo con una ligera sonrisa. Había algo reconfortante en la efusividad de Prunia, una sensación de "volver a casa" que ambos apreciaron tras su paso por el caluroso desierto.

Los demás miembros del laboratorio también se acercaron para saludarlos, emocionados por ver en acción el módulo de teletransporte que tanto habían ayudado a diseñar. Después de los saludos y algunos comentarios rápidos, Prunia los llevó a una sala privada para hablar con mayor tranquilidad.

¡Bueno, cuéntenme todo! ¿Cómo les ha ido hasta ahora? —preguntó Prunia, casi saltando en su silla con entusiasmo.

Zelda tomó la iniciativa. —Solo hemos visitado una de las fuentes hasta ahora, la Fuente del Valor. Además, solo han pasado tres días desde que partimos.

Prunia parpadeó, sorprendida, y luego dejó caer los hombros. —¿Tres días? ¿Solo tres días? Hice toda una escena de reencuentro como si no los hubiera visto en años… —Su expresión cambió a una mezcla de humor y ligera vergüenza—. Supongo que exageré un poco, ¿eh? Jajaja.

Zelda rió suavemente, y luego continuó relatando algunos detalles de su viaje, desde los eventos en la ciudad Gerudo hasta las tensiones y aprendizajes que ambos habían vivido. Cuando terminó, Link tomó la palabra.

Decidimos regresar al castillo para prepararnos mejor antes de continuar. Nos faltan dos regiones, y para cruzar el Monte Lanayru necesitaremos ropa adecuada para el invierno. También debemos conseguir provisiones y reorganizar nuestras cosas. Mi alforja mágica está casi llena.

Prunia asintió enérgicamente. —¡Buena idea! Aunque… no puedo creer que no se prepararan bien desde el principio. Link, ¿tú no eras un viajero experimentado?

Link bajó ligeramente la cabeza, disculpándose. —No, realmente no lo soy.

Prunia levantó una ceja, incrédula. —¿Ah, no? Entonces, ¿cómo sobreviviste cinco años solo en los bosques después de la tragedia de Hatelia?

Link, con una calma característica, respondió: —No estaba solo. Los Kolog me ayudaron.

¿Los qué? ¿Kolog? —preguntó Prunia, inclinándose hacia adelante—. ¿Qué es eso?

Con su habitual brevedad, Link explicó quiénes eran los Kolog, cómo vivían en los bosques y cómo lo habían ayudado a superar esos años de aislamiento, contó muchas cosas de los Kolog incluyendo lo último que había sabido de ellos, la vez en la que makore le entregó la alforja mágica. Prunia lo escuchó con atención, aunque sus ojos reflejaban más interés en los aspectos prácticos que en la mitología.

Increíble, —murmuró finalmente—. Aunque no me sorprende que haya más misterios en este mundo. Aún así, no puedo distraerme demasiado con esto. Tengo que enfocarme en tecnología… pero, espera… ¿dijiste "alforja mágica"?

Link asintió y sacó su alforja, colocándola sobre la mesa. Prunia se inclinó hacia adelante, observándola como si fuera el descubrimiento más fascinante que había visto en años.

¿Cómo es posible? Esta bolsa parece pequeña, pero almacena mucho más de lo que aparenta. ¿Es tecnología de los Kolog?

Sí, —respondió Link—. Es algo que ellos hicieron. No sé cómo funciona exactamente, pero ha sido increíblemente útil.

Prunia examinó la alforja con un brillo emocionado en los ojos. —¡Esto es extraordinario! Quizás debería estudiarla… aunque, claro, no sin tu permiso, Link.

Link negó suavemente. —Es mejor que no. Necesito usarla en el viaje.

Prunia suspiró, resignada pero aún fascinada por el objeto. —Bueno, está bien. Pero algún día, ¡quiero saber más sobre esos Kolog y su magia!

Zelda sonrió ante el entusiasmo de Prunia. Era reconfortante ver que incluso en medio de tantos desafíos, las personas como ella encontraban alegría en su trabajo y curiosidad infinita por el mundo.

Zelda terminó de relatar la historia, incluyendo cómo Urbosa manejaba la bestia divina y los detalles de la pelea entre Link y Urbosa. Ella habló con entusiasmo, añadiendo expresiones vivas que resaltaban cada momento, mientras que Link, siempre conciso, solo intervenía con comentarios puntuales cuando era necesario. Aunque el relato había sido en su mayoría suyo, las aportaciones de Link ayudaban a completar los detalles.

Cuando Zelda terminó, miró a Link con una sonrisa. —Bien, creo que es momento de irnos a alistar. Además, quiero pasar a ver a Impa antes de continuar nuestro viaje.

Link asintió, pero antes de que pudieran salir, él levantó una mano. —Está bien, pero antes quiero hacer algo más.

Zelda miro confundida. —¿Algo más? ¿Qué cosa?

Prunia, quien había estado observando todo, se ajustó sus lentes con un gesto que claramente decía: Sé exactamente a lo que te refieres. Link le lanzó una mirada que, sin palabras, parecía decir: Lo sabes, ¿verdad?

Zelda miró la interacción entre ambos, completamente perdida. —¿Qué están tramando ustedes dos?

Sin responder directamente, Prunia y Link comenzaron a caminar hacia una esquina del laboratorio donde descansaba la máquina que detectaba niveles y habilidades. Zelda, movida por la curiosidad, los siguió, y entonces comprendió lo que estaba pasando. Link quería revisar su estado actual tras entrenar con Urbosa. Además, probablemente quería confirmar los detalles de su nueva habilidad, aquella que había mostrado por primera vez durante la pelea.

Zelda cruzó los brazos, mirando a Link con un toque de diversión en los ojos. —Así que esta era la "otra razón" por la que querías venir aquí, ¿verdad?

Link, con su típica tranquilidad, asintió. —Quiero ver cómo estoy después del entrenamiento. Y tal vez… entender mejor esa habilidad.

Prunia, que ya estaba activando la máquina, comentó con entusiasmo: —¡Esto será interesante! La última vez que usaste esta máquina, tus números ya eran absurdos. Veamos si logras romperla esta vez.

Link no dijo nada, pero un leve destello de humor cruzó su mirada. Se colocó frente a la máquina mientras Prunia ajustaba los controles. La pantalla comenzó a brillar, mostrando números y detalles que Prunia rápidamente imprimió en un papel.

Cuando lo tuvo listo, Prunia lo levantó triunfalmente. —¡Aquí está! El resumen de tu estado actual. Veamos…

Prunia entregó el papel a Zelda, quien lo leyó en voz alta:

Datos de Link (nivel 900, con Túnica de Campeón y Espada Maestra):

Ataque: 12,330

Defensa: 5,060

Stamina: 4,140

Magia: 4,140

Velocidad: 12,330

Total de estadísticas: 38,000

Al ver las estadísticas en el papel, Link, Zelda y Prunia quedaron atónitos. Las características de Link prácticamente se habían duplicado en menos de 200 niveles, algo que era inaudito para cualquier guerrero. Aunque Prunia sabía que el crecimiento de las estadísticas no era lineal, tampoco era tan drásticamente exponencial como el de Link. No parecía seguir ningún patrón lógico.

Zelda, después de leer en voz alta las estadísticas, llegó a la sección de habilidades. Ahí, sus ojos se abrieron con sorpresa al leer el mensaje que apareció en el reporte:

Conflicto de habilidades, no fue posible obtener los datos.

Zelda y Prunia se miraron, alarmadas, antes de girarse hacia Link.

¿Qué significa eso? —preguntó Zelda, su tono lleno de preocupación.

Link frunció el ceño, su expresión se volvió más seria. —Desde la pelea con Urbosa, sentí que subí de nivel. Supongo que fue cuando llegué al nivel 800. Pero durante esa batalla… liberé una habilidad que había estado oculta todo este tiempo.

Prunia, recordando algo, lo interrumpió. —Es cierto. La primera vez que te conocí, eras un niño con una habilidad ya impresionante, "Pensamiento Acelerado". Pero recuerdo que nunca pudimos ver completamente tus habilidades y tu tenias 2. Había algo que estaba bloqueado… ¿Es esa habilidad?

Link asintió. —Sí. Cumplí los requisitos para liberarla. Esa habilidad me ayudó a enfrentarme a Urbosa y ganar. Además, tiene un efecto secundario: acelera mi experiencia en combate. Como Urbosa era una adversaria muy fuerte, recibí suficiente experiencia para alcanzar el nivel 900.

Zelda y Prunia lo escuchaban con atención, pero algo en el tono de Link las inquietó.

Sin embargo, —continuó Link, con el ceño fruncido—, desde ayer he sentido algo extraño. Mis habilidades… se sienten diferentes, como si algo en mi interior estuviera en conflicto.

Zelda lo miró fijamente. —¿Qué sientes exactamente?

Link inhaló profundamente antes de responder. —Es difícil de explicar. Algo en mí me dice que puedo fusionar habilidades para obtener algo mejor. Pero hay un precio. Para hacerlo, tendría que sacrificar "Maestro de Guerra". Las habilidades que se combinarían serían "Procesamiento Paralelo", "Corte Vacío", y un elemento espacial que siento dentro de mí.

Prunia, siempre curiosa, preguntó con seriedad: —¿Todo esto lo ves en tu mente? ¿Como un tipo de conocimiento interno?

Sí, —respondió Link—. Así es como funciona. Las habilidades que consigo aparecen en mi mente como un conocimiento general. Pero en este caso es diferente. Es confuso porque no sé exactamente qué voy a ganar ni si vale la pena perder una habilidad tan importante.

Zelda y Prunia intercambiaron una mirada. Ellas, al no especializarse en el combate, tenían dificultades para comprender completamente el proceso. Aun así, Zelda intentó tranquilizarlo.

Supongo que si tu cuerpo te pide que fusiones habilidades y sacrifiques una, es por algo bueno, —dijo Zelda con calma—. No creo que la diosa haya dejado un fallo tan grande en la Gracia Divina, y menos en la del Héroe Elegido.

Prunia asintió, apoyando las palabras de Zelda. —Tiene sentido. Si estás destinado a hacer esto, quizá sacrifiques una habilidad para ganar algo mucho más poderoso.

Link reflexionó en silencio por un momento antes de asentir lentamente. —Puede que tengan razón. Además, de todas las habilidades que tengo, "Maestro de Guerra" es probablemente la que menos uso. La experiencia en combate podría compensarla. Si "Procesamiento Paralelo" evoluciona, puede ser incluso mejor.

Zelda y Prunia asintieron, mostrándole su apoyo. Con determinación, Link cerró los ojos y comenzó a concentrarse, enfocándose en el proceso interno de fusión.

Link cerró los ojos, dejando que su mente se adentrara en la profundidad de su propio ser. Dentro de él, las habilidades no eran esferas, sino corrientes de energía que fluían en un vasto océano oscuro. Cada habilidad era un río único, brillando con colores diferentes que se entrelazaban y separaban según su propia naturaleza. "Procesamiento Paralelo" fluía con un tono plateado, rápido y constante, mientras que "Corte Vacío" era un torrente oscuro y afilado que parecía cortar las mismas corrientes que tocaba. En contraste, "Maestro de Guerra" era un río dorado, sólido y seguro, pero con un flujo menos intenso.

De pronto, algo cambió. El río plateado y el oscuro comenzaron a converger, fluyendo juntos con un propósito. Ambos se volvieron hacia el río dorado, su fuerza combinada erosionándolo poco a poco. "Maestro de Guerra" resistió por un instante, pero su corriente no pudo competir con la intensidad de los otros dos. Su luz se apagó mientras era absorbido, su energía alimentando la unión de las otras dos corrientes.

Lo que emergió fue un nuevo río, más ancho y poderoso que cualquier otro. Su brillo era una mezcla de tonos plateados y oscuros, con destellos de oro que mostraban los restos de "Maestro de Guerra". Esta nueva corriente, fuerte y vibrante, parecía dominar todo a su paso.

Sin embargo, la nueva habilidad no se detuvo. Giró su atención hacia la más profunda de todas las corrientes: "Alma del Héroe Eterno". Este río era vasto, pero tranquilo, con un brillo que parecía provenir del mismísimo corazón de Link. La nueva habilidad intentó absorberla, su fuerza arremolinándose contra las orillas de este gran río. Pero algo extraordinario ocurrió: "Alma del Héroe Eterno" no se dejó consumir. En lugar de debilitarse, comenzó a crecer, su caudal aumentó hasta igualar la fuerza de la habilidad fusionada. Ambas corrientes colisionaron por un momento, pero en lugar de destruirse, encontraron un equilibrio.

El océano dentro de Link quedó en calma nuevamente, con dos grandes corrientes fluyendo en perfecta armonía: una representando la unión de "Procesamiento Paralelo" y "Corte Vacío", la nueva corriente llamada "Conciencia Dimensional", y la otra, "Alma del Héroe Eterno", permaneciendo intacta y más fuerte. Link sintió cómo el balance se estabilizaba dentro de él, marcando el final del proceso.


Link abrió lentamente los ojos y se encontró en una camilla, rodeado por las paredes familiares de la enfermería del castillo. Sentía el cuerpo pesado, pero estaba consciente. Al voltear la cabeza, vio a Zelda, dormida en una silla al lado de la cama. Su cabello estaba ligeramente despeinado, y su expresión, incluso dormida, mostraba agotamiento.

Cuando Zelda sintió que Link se movía, abrió los ojos de golpe. Al verlo despierto, dejó caer todo rastro de compostura y se lanzó sobre él en un abrazo desesperado.

¡Por fin despertaste! —exclamó, con lágrimas comenzando a brotar de sus ojos.

Link, confundido, preguntó con voz rasposa: —¿Qué pasó?

Zelda lo soltó ligeramente, aunque aún sostenía sus hombros. —Te desmayaste cuando comenzaste a fusionar tus habilidades. Han pasado dos días completos desde entonces. Estaba tan preocupada…

Al escuchar esto, los ojos de Link se abrieron con sorpresa. Su mente comenzó a procesar todo lo que Zelda debía haber sentido durante su ausencia. Sin pensarlo dos veces, la abrazó con fuerza, intentando calmarla.

Lo siento, Zelda. Estoy bien ahora, —murmuró, sintiendo cómo ella se relajaba poco a poco en sus brazos.

Por unos instantes, no hubo necesidad de más palabras. La conexión entre ellos era suficiente para calmar cualquier temor.

Al cabo de un tiempo, Zelda y Link se separaron. La distancia entre ambos creció lentamente, como si ninguno de los dos quisiera romper el momento. Sin embargo, ambos sabían que era necesario. Zelda respiró hondo, buscando recuperar la compostura, y miró a Link con una mezcla de ternura y preocupación.

¿Tienes hambre? —preguntó, intentando aliviar la tensión con una sonrisa leve.

Link asintió en silencio, su mirada aún fija en ella.

Voy a buscar algo de comer. Quédate aquí y descansa, —añadió Zelda, dándole una última mirada antes de darse la vuelta y dirigirse hacia la puerta.

Mientras Zelda comenzaba a alejarse, el tiempo, de repente, se ralentizó. No fue un efecto natural. Link lo sintió como si su percepción misma hubiera cambiado, como si el mundo entero se moviera a un ritmo diferente al suyo. Instintivamente, entendió que había activado algo. Conciencia Espacial.

Esta nueva habilidad era claramente una evolución de "Procesamiento Paralelo," pero mucho más poderosa. No solo le permitía moverse en un tiempo prácticamente detenido, sino que algo más había cambiado. Link recordó la visión que tuvo al fusionar sus habilidades: los dos ríos de energía dentro de él, cada uno fluyendo con igual fuerza. Aquella experiencia ahora se manifestaba en algo tangible, algo que no solo le daba control, sino también una comprensión más profunda del mundo que lo rodeaba.

Con el tiempo prácticamente congelado, Link observó a Zelda. Apenas se había movido, un pie todavía suspendido en el aire al dar un paso hacia adelante. El contraste entre su inmovilidad y la claridad de su propia percepción era abrumador. Pero entonces algo nuevo ocurrió: información sobre Zelda comenzó a fluir por su mente como un torrente de datos.

"Nombre: Zelda Hyrule. Raza: Hyliana. Edad: 17 años." Estas palabras danzaban en su mente, pero no se detenían ahí. Había algo más, algo oculto. Su atención fue atraída hacia un punto particular en la energía de Zelda, algo que parecía bloqueado.

"Habilidad Suprema: Reencarnación Divina (bloqueada). Estado: 1/3 sellos rotos."

El significado de aquellas palabras golpeó a Link como un rayo. Zelda no podía ganar experiencia ni aumentar su poder porque su habilidad más importante estaba sellada. "Mientras la habilidad esté sellada, el usuario no podrá recibir experiencia para incrementar su Gracia Divina." Esto explicaba tantas cosas: por qué Zelda nunca había sido entrenada como guerrera, por qué parecía más débil en comparación con otros elegidos. Lo más impactante era el hecho de que un sello ya había sido roto, probablemente gracias a la visita reciente a la fuente de Farone.

Así que todavía hay esperanza… —murmuró para sí mismo en el vacío del tiempo detenido.

Link volvió a observar a Zelda, pero ahora no con la mirada de un guerrero, sino de alguien que entendía su lucha interna. Aquella chica que había asumido tantas responsabilidades llevaba dentro un poder latente, uno que había permanecido dormido por razones ajenas a su voluntad. Link sabía que ella debió haberse sentido frustrada al no poder progresar, pero la idea de que un sello ya estuviera roto le daba esperanza. Tal vez, solo tal vez, podría ayudarla a liberarse completamente.

Desvió su atención por un momento hacia el entorno. Ahora, con esta habilidad, podía analizar no solo personas, sino objetos. Cada mueble en la habitación comenzó a desglosarse en su mente: los materiales, las técnicas de construcción, incluso posibles maneras de utilizarlos como armas improvisadas. Era un nivel de percepción y análisis que superaba cualquier cosa que "Maestro de Guerra" le hubiera ofrecido. Esto no era simplemente una habilidad de combate; era algo que iba más allá de lo humano.

Con un esfuerzo consciente, Link permitió que el tiempo regresara a su flujo normal. Zelda finalmente movió el pie, continuando su paso hacia la puerta, completamente ajena a lo que acababa de suceder. Para ella, no había pasado nada, pero para Link, aquel instante había sido eterno.

Cuando Zelda salió de la habitación, Link se quedó solo, mirando al techo mientras reflexionaba sobre lo que había descubierto. No tenía intención de contarle a Zelda lo que había visto, al menos no todavía. Ella ya llevaba suficiente peso sobre sus hombros. Sin embargo, en su interior, una decisión se formaba con claridad. Haría todo lo que estuviera a su alcance para ayudarla a romper esos sellos y liberar su "Reencarnación Divina." No importaba el tiempo que le tomara ni los desafíos que enfrentara.

Con ese pensamiento grabado en su mente, Link cerró los ojos, dejando que el silencio de la habitación lo envolviera. Aunque la calma reinaba en ese momento, sabía que el verdadero desafío estaba por venir. La misión de salvar Hyrule acababa de tomar un nuevo significado, uno que unía no solo sus destinos, sino también sus corazones.


Zelda regresó al cuarto con una bandeja repleta de comida. Había frutas frescas, pan recién horneado, un cuenco de sopa caliente y un poco de carne asada. La fragancia llenó el cuarto y despertó inmediatamente el hambre voraz de Link, quien se incorporó en la cama al verla entrar.

¡Espero que esto sea suficiente! —dijo Zelda con una sonrisa, colocando la bandeja sobre la mesa junto a la cama.

Link asintió con entusiasmo y no perdió tiempo en devorar el contenido. Tomó un pedazo de pan, lo mojó en la sopa y lo engulló rápidamente, seguido de grandes bocados de carne. Zelda no pudo evitar reír mientras lo observaba.

¿Siempre comes así cuando tienes hambre o solo después de dos días inconsciente? —bromeó, llevándose una mano a la boca para contener su risa.

Link, con un pedazo de pan aún en la boca, levantó la mirada hacia ella y sonrió ligeramente, haciendo un gesto de encogerse de hombros. Zelda negó con la cabeza, divertida, mientras lo veía terminar toda la comida en un tiempo récord.

Debí traer más comida, parece que no fue suficiente, —dijo, con una sonrisa cálida que mostraba su alivio de verlo bien.

Link se limpió con el dorso de la mano y se levantó de la cama, sintiéndose mucho mejor tras comer. Zelda tomó la bandeja vacía y se dispuso a llevarla fuera, pero Link la detuvo con un gesto.

Déjala, alguien del servicio la recogerá. Vamos al laboratorio de Prunia. —Su voz era tranquila pero decidida, y Zelda asintió sin dudar.

Ambos salieron del cuarto y caminaron juntos hacia el laboratorio. La forma en que se movían no pasó desapercibida para los guardias del castillo. Era inusual que un caballero caminara al lado de la realeza; la tradición dictaba que debía hacerlo unos pasos atrás. Sin embargo, ni Link ni Zelda parecían preocuparse por estas normas. Instintivamente, sus pasos se sincronizaban, y la distancia entre ellos era apenas inexistente.

Tras un rato, llegaron al laboratorio de Prunia.

¡Link! ¡Zelda! ¡Por fin están aquí! —exclamó, acercándose rápidamente a Link. Comenzó a girar a su alrededor, inspeccionándolo con cuidado. —¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Tienes algún golpe? ¡Por favor dime que todo está en orden!

Link, algo abrumado por la avalancha de preguntas, respondió con calma: —Estoy bien, Prunia. De verdad.

Prunia, sin embargo, no se detuvo. Lo abrazó con fuerza, dejando salir toda la preocupación que había estado acumulando.

¡No nos vuelvas a preocupar así nunca más! —dijo, su voz cargada de emoción.

Link sintió el calor de aquel gesto y, aunque no estaba acostumbrado a este tipo de muestras de afecto, lo aceptó con una leve sonrisa. Sabía cuánto significaba para Prunia. Ella había sido amiga cercana de sus padres y, en cierto sentido, era como una hermana mayor para él. Con ternura, palmeó su cabeza como para tranquilizarla.

Todo está bien, —murmuró.

Prunia se soltó lentamente, recuperando su postura habitual, aunque todavía mostraba un leve sonrojo en sus mejillas por la intensidad de su abrazo. Zelda, quien había presenciado todo, sonrió con ternura al ver el vínculo que Link tenía con alguien en quien claramente confiaba.

Es bueno ver que tienes personas que se preocupan por ti, — penso Zelda, mirando a Link con admiración.

Prunia, finalmente recuperada, se cruzó de brazos y miró a ambos con curiosidad.

Bueno, ahora sí, cuéntenme qué pasó. Algo me dice que lo que sea que hayan vivido fue extraordinario.

Link intercambió una mirada con Zelda antes de responder. —Creo que será mejor que lo veas por ti misma.

Dicho esto, se acercó a la máquina de estadísticas de Prunia. La científica no se mostró sorprendida; ya sabía que lo que estaba a punto de ver sería extraordinario, pero su emoción era evidente. Activó los controles, lista para registrar todo.

Adelante, Link. Estoy lista para ver qué locura has hecho esta vez, —dijo con una sonrisa, mientras la pantalla comenzaba a brillar.

Datos de Link (Nivel 900, con Túnica de Campeón y Espada Maestra)

Ataque: 14,085
Defensa: 5,775
Stamina: 4,725
Magia: 4,725
Velocidad: 14,085
Total de estadísticas: 43,395

Habilidades1. Habilidad Definitiva - Alma del Héroe Eterno (Neutro):

Pasivo:
Esta habilidad otorga al usuario una ganancia de experiencia significativamente acelerada, optimizando y amplificando su crecimiento en el entrenamiento más allá de los límites normales. Los multiplicadores de potenciación aumentan con el nivel máximo del usuario.

Activo - Energía Pura:
Para activar esta forma, el usuario debe cumplir tres condiciones:

Poseer un arma de grado divino.

Ser de la categoría "Alto."

Tener un vínculo emocional protector y amoroso muy fuerte.

Al activarse, Energía Pura multiplica todas las estadísticas del usuario por un factor que varía entre x2 y x25.

Duración: El tiempo máximo de uso depende del multiplicador. Con un factor de x2, la habilidad puede mantenerse por varios minutos, mientras que un multiplicador de x25 solo dura unos segundos antes de apagarse automáticamente.

Enfriamiento: También depende del multiplicador. Un uso con x2 tiene un enfriamiento de apenas 10 minutos, mientras que el uso con x25 puede necesitar hasta 24 horas para ser reutilizado.

Durante este estado, todas las estadísticas potenciadas se consideran estadísticas base, lo que permite que otras habilidades las amplifiquen aún más. Además, el efecto incluye una barrera protectora temporal que reduce el daño recibido en un 50%, independientemente del nivel del ataque enemigo.

Ráfaga - El Golpe del Héroe:
Concentra toda su magia y energía en un único ataque definitivo, multiplicado por el factor máximo de Energía Pura. Este golpe, conocido como El Golpe del Héroe, desintegra todo a su paso, ignorando defensas, barreras e incluso habilidades de alto nivel.

Restricciones: Después de usarlo, todas las estadísticas del usuario (ataque, magia, velocidad) se reducen a 100 puntos durante 10 minutos, y la habilidad entra en un enfriamiento de 24 horas.

Efecto Adicional:
Si el vínculo emocional del usuario con su objetivo protector es extremadamente fuerte, el tiempo de enfriamiento y las penalizaciones de Energía Pura pueden reducirse en un 50%. Sin embargo, esto depende de circunstancias emocionales y no puede ser controlado deliberadamente.

2. Habilidad Suprema - Conciencia Espacial (Espacio):

Alteración Espacial:
El usuario puede ralentizar el movimiento de todo. Esto incluye enemigos, proyectiles, ataques mágicos y cualquier otro fenómeno físico. Dentro de este espacio alterado, el mundo parece moverse a una fracción de su velocidad habitual, mientras que el usuario se mueve libremente con una ventaja abrumadora.

Velocidad Potenciada:
Mientras Alteración Espacial está activa,la velocidad del usuario se ve aumentada en un multiplicador de x50.

Elemento Arcaico - Espacio:
Link puede imbuir sus ataques con el elemento arcaico "Espacio," lo que les permite atravesar cualquier defensa o barrera, ignorando completamente las armaduras y habilidades protectoras de sus enemigos. Las armas no divinas sufren daños graves al ser usadas en este estado, mientras que las armas de clase divina, son inmunes al desgaste.

Repulsión Espacial:
Permite manipular el espacio para repeler ataques antes de que lo alcancen, desviando proyectiles, ataques físicos y energías mágicas. En el modo pasivo, esta repulsión funciona en tiempo real como un escudo constante que también puede proteger a aliados.

Análisis Espacial:
Analiza automáticamente todo lo que entra en su dominio. Esto incluye información detallada sobre enemigos, objetos y fenómenos, como nombres, composición y puntos débiles.

Almacenamiento Dimensional:
El usuario puede acceder a una dimensión alternativa creada por Conciencia Espacial, donde puede almacenar objetos de cualquier tipo. Esta dimensión es exclusiva para él y está completamente fuera del alcance de otras personas o habilidades, salvo que él lo permita.

Capacidad: La dimensión no tiene un límite de almacenamiento.

Acceso Rápido: El usuario puede acceder a esta dimensión en cualquier momento, tanto dentro como fuera del combate, y extraer o guardar objetos instantáneamente sin interrumpir sus acciones.

Protección Absoluta: Los objetos almacenados en esta dimensión están completamente protegidos de daños, descomposición o robo, ya que el espacio está aislado de todas las leyes físicas y mágicas del mundo real.

Extensión Pasiva del Dominio:
Sin ralentizar el movimiento, Link puede activar un estado pasivo que extiende su influencia hasta 500 metros, manteniendo los beneficios de análisis, almacenamiento y repulsión en tiempo real.

Pacto: Verdadera Espada Maestra (Clase Divina):

La Espada Maestra, ahora en su forma verdadera, sigue siendo una espada destructora del mal, completamente vinculada al alma de Link, volviéndose pesada e imposible de usar por cualquiera que no sea él. La espada puede teletransportarse a la mano de su dueño con un simple pensamiento, permitiéndole conocer su ubicación en todo momento.

En su forma potenciada, la Verdadera Espada Maestra también ha ganado la capacidad de absorber los elementos que utilice Link en combate, imbuyendo estos en la hoja y amplificando los ataques con las propiedades del elemento correspondiente.


Prunia tomó los datos de las estadísticas de Link que acababan de salir de la máquina. Su mirada, acostumbrada a ver números extraordinarios, se detuvo por completo en el papel. Leyó una línea. Luego otra. Su expresión cambió rápidamente de concentración a un estado de absoluta incredulidad. Sin decir palabra, dejó caer la página de sus manos y salió caminando rígidamente hacia el baño del laboratorio.

Zelda, sorprendida por el extraño comportamiento de Prunia, se inclinó y recogió la página del suelo. Era raro que Prunia no leyera los resultados en voz alta, como acostumbraba. La princesa tomó el papel y comenzó a leer. Sus ojos se abrieron más con cada línea que pasaba. Cuando llegó al final, soltó el papel como si quemara, llevándose ambas manos al rostro. Sin decir nada más, salió corriendo tras Prunia hacia el baño.

Link, observando todo desde unos pasos atrás, alzó una ceja, extrañado. No era normal que ambas reaccionaran de manera tan exagerada. Esperó unos segundos, pero de repente el silencio del laboratorio fue interrumpido por un fuerte grito que venía desde el baño, seguido de otro. El sonido era tan intenso que todos los presentes en el laboratorio se quedaron congelados, mirando hacia la puerta cerrada.

Por su parte, Link no pudo evitar reírse un poco. Se acercó al papel que ahora yacía en el suelo nuevamente y lo recogió con cuidado. Comenzó a leer. Al llegar a las palabras clave, entendió exactamente por qué Prunia y Zelda habían reaccionado de esa manera.

Habilidad Suprema - Conciencia Espacial (Espacio).
Ser de la categoría "Alto."

Link exhaló profundamente mientras procesaba esas dos frases. Las habilidades supremas eran consideradas un mito, algo que solo existía en viejas historias y leyendas, y ahora él tenía una. El elemento Espacio se consideraba perdido desde hacía eras, pero de alguna manera él lo controlaba como si hubiera nacido para ello. Y lo más impactante de todo: el rasgo de "Alto." Los Alto Hylianos habían desaparecido hace siglos, y nadie creía que quedara uno vivo. Pero allí estaba él.

Link recordó las palabras de Makore antes de que dejara el bosque: "No eres un Hyliano común." Al parecer, Makore sabía más de lo que había revelado. El nerviosismo comenzó a instalarse en el héroe mientras miraba el papel una vez más. No solo sus habilidades, sino también la evolución de la Espada Maestra y las estadísticas absurdamente altas que mostraban los resultados. Link comprendió a la perfección por qué las dos chicas habían reaccionado de esa manera.

En el baño del laboratorio, Prunia estaba sentada junto a la puerta, encogida sobre sí misma. Se mordía las uñas mientras murmuraba repetidamente las mismas palabras:
Habilidad suprema. Elemento espacio. Alto Hyliano.
No podía creerlo. Ni siquiera creía que esas cosas existieran. Era como si de repente todo lo que había descartado como leyendas o imposibilidades estuviera allí, frente a ella, en la forma de Link. Su mente estaba al borde de una crisis, tratando de procesar lo que aquello significaba para el mundo, para Hyrule… para la historia.

Mientras tanto, Zelda estaba encerrada en uno de los cubículos. Sentada en la tapa del inodoro, sostenía su rostro con ambas manos, cubriendo por completo su expresión. Su corazón latía tan rápido que pensó que podría desmayarse. Las palabras que había leído seguían repitiéndose en su cabeza, pero no era ni la habilidad suprema ni el elemento espacio lo que más la perturbaba.

"Tener un vínculo emocional protector y amoroso muy fuerte."

Esa frase, una de las condiciones para activar Alma del Héroe Eterno, resonaba en su mente una y otra vez. Zelda intentó convencer a su corazón de que no significaba lo que parecía, pero cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que todos los hechos apuntaban a lo mismo. Link había cumplido esa condición, y eso significaba que…

"No, no puede ser," pensó, agitando la cabeza con fuerza. Pero sus manos seguían cubriendo su rostro, que ahora estaba completamente rojo. Su mente trataba de desatar los cabos que su corazón estaba atando desesperadamente. Por más que intentaba desviar sus pensamientos, la palabra "amoroso" seguía brillando como un faro en su mente.

Zelda dejó escapar un pequeño suspiro tembloroso. Su corazón estaba a punto de explotar, mientras su mente luchaba por mantenerse a flote en medio de aquella tormenta de emociones.

En el laboratorio, Link terminó de leer el papel por completo y dejó escapar un leve suspiro. Miró hacia la puerta del baño y negó con la cabeza, sonriendo ligeramente. Comprendía perfectamente la magnitud de lo que ambas estaban procesando. Tal vez incluso necesitaban más tiempo para asimilarlo que él mismo. Decidió esperar pacientemente a que regresaran, dejando que encontraran sus propias respuestas mientras él intentaba calmar los pensamientos que también comenzaban a acumularse en su mente.


En un pequeño comedor apartado dentro del castillo, donde una mesa sencilla estaba preparada para cuatro personas. Link, Zelda, Prunia e Impa ocupaban los asientos, con platos llenos de comida humeante frente a ellos. La luz cálida de las velas iluminaba el ambiente, creando una atmósfera tranquila y cómoda… al menos en apariencia.

Impa todavía parecía algo pálida tras lo sucedido en el laboratorio. Después de leer la hoja de estado de Link, no solo había soltado un alarido que resonó por todo el castillo, sino que también tuvo que salir corriendo al baño, donde su reacción culminó en náuseas y vómitos. Ahora, con una taza de té en la mano, trataba de mantener la compostura, aunque sus manos temblaban ligeramente.

Supongo que después de leer algo así, cualquier persona razonable reaccionaría igual, —comentó Zelda mientras movía distraídamente una cuchara en su sopa. Aunque intentaba sonar tranquila, el leve rubor en sus mejillas mostraba que aún no estaba del todo cómoda con lo que había leído. Sus pensamientos seguían enredándose en ciertas palabras específicas.

Prunia, por su parte, se había recuperado mejor que Impa. Sentada junto a Link, con una energía que contrastaba con la calma del lugar, observaba a su amigo de la infancia como si fuera una especie de fenómeno a estudiar.

Entonces, Link, —comenzó Prunia con una sonrisa traviesa mientras jugaba con un pedazo de pan—, ¿qué más puedes hacer con esa habilidad tuya? Porque ya vimos las estadísticas, y honestamente me cuesta creer que todo eso sea real.

Link, quien estaba cortando un trozo de carne con una calma característica, levantó la vista y respondió con sencillez:
Puedo analizar cualquier cosa en detalle. Si tienes dudas sobre algo, solo pregúntame.

Prunia alzó una ceja, interesada.
¿Cualquier cosa? —preguntó mientras sacaba un objeto pequeño de su bolsillo: una antigua llave de bronce con grabados desgastados. —¿Y qué puedes decirme de esto?

Link apenas necesitó mirarla. En cuestión de segundos, su mente procesó toda la información disponible.
Es una llave ceremonial de hace 120 años, fabricada con una aleación específica de cobre y estaño. Los grabados representan las cuatro estaciones y simbolizan ciclos de renovación. Por su diseño, probablemente fue utilizada en rituales Sheikah.

Prunia se quedó boquiabierta.
Eso… eso es correcto, —murmuró. —¿Cómo demonios lo sabes con solo mirarla?

Link dio un pequeño encogimiento de hombros mientras continuaba comiendo.
Es parte de mi habilidad. Analizo todo lo que está a mi alrededor, consciente o inconscientemente.

Zelda no pudo evitar reír suavemente.
Es increíble, Link. Pero creo que va a ser difícil sorprenderte con algo ahora.

Mientras tanto, Impa, que había estado en silencio mientras tomaba pequeños sorbos de su té, levantó una mano.
¿Y sobre cosas más grandes? —preguntó con interés. —¿Qué dijiste antes sobre guardar cosas en una dimensión?

Link se rascó la cabeza, visiblemente un poco incómodo.
Todavía no entiendo del todo cómo funciona, —confesó. —Creo que puedo guardar cosas, pero apenas estoy descubriendo los límites.

¿Puedes mostrarnos? —insistió Prunia, con los ojos brillando de curiosidad científica.

Link extendió una mano hacia un pedazo de pan en la mesa. Cerró los ojos y, después de unos segundos de concentración, el pan desapareció, dejando a todos en silencio. Prunia abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo, el pan reapareció de golpe frente a Link, cayendo torpemente al plato.

Aún no lo domino, —admitió Link con una pequeña sonrisa avergonzada mientras recogía el pan—, pero creo que podría guardar cosas ahí dentro eventualmente. Tal vez necesite practicar más.

Prunia entrecerró los ojos, evaluándolo.
Al menos parece útil. Aunque no sé si confío en que mi comida no desaparezca si estás cerca.

Impa dejó escapar una risa suave mientras Zelda intentaba contener una carcajada, pero fracasó.

Prunia, emocionada por experimentar, sacó un montón de papeles de su bolsa y comenzó a lanzárselos a Link.
¿Y qué tal esto? ¿Qué pasa si intento distraerte?

Los papeles no llegaron ni a tocarlo. Cada uno rebotó en el aire como si hubiera chocado contra una barrera invisible. Prunia entrecerró los ojos y lanzó otro con más fuerza, pero el resultado fue el mismo.
Esto es absurdo, —gruñó, cruzando los brazos mientras los papeles caían al suelo. —Ni siquiera intentas esquivar, y aun así nada puede tocarte.

Es mi habilidad de repulsión, —dijo Link tranquilamente mientras recogía los papeles caídos y los apilaba ordenadamente. —Desvía cualquier ataque o contacto no deseado dentro de mi área de influencia. Lo siento, pero no puedes ganarme en esto, Prunia.

Impa dejó escapar una carcajada suave, algo que rara vez hacía.
Debo admitir que esto es impresionante, aunque un poco aterrador. Tenerte como aliado es un alivio. Si estuvieras en el otro lado…

Zelda, que había estado observando todo con una sonrisa tranquila, se inclinó ligeramente hacia Link.
Creo que todos estamos de acuerdo en que eres el héroe más impresionante que Hyrule ha tenido. Pero, ¿cómo te sientes con todo esto? Debe ser… abrumador.

Link se detuvo un momento, dejando su tenedor en el plato. Miró a Zelda, luego a las otras dos.
Es mucho, —admitió con sinceridad. —Nunca pensé que llegaría a este nivel, ni que tendría estas habilidades. Pero si puedo usarlas para protegerlas a ustedes y a Hyrule, entonces vale la pena.

La respuesta, aunque sencilla, dejó un ambiente de calidez en la mesa. Zelda sonrió, Prunia dejó de refunfuñar, e Impa pareció relajarse por primera vez en toda la noche. La conversación continuó entre risas y bromas, un momento de calma en medio del torbellino de eventos que estaban por venir.


Link y Zelda caminaban por los pasillos silenciosos del castillo, dirigiéndose a la ala de visitantes. Las sombras de las antorchas danzaban en las paredes de piedra, y el eco de sus pasos era el único sonido que rompía la calma de la noche. Ambos estaban tranquilos, pero no del todo. Era su última noche allí después de tres días en el castillo, una estancia no planeada que había surgido por el desmayo de Link y las posteriores pruebas en el laboratorio. Sabían que no podían quedarse más tiempo sin que el rey se enterara, algo que seguramente provocaría un regaño a Zelda.

Al llegar a la puerta del cuarto de Zelda, Link se detuvo y se giró hacia ella.
Bueno, creo que es hora de despedirnos, —dijo con una leve sonrisa, intentando mantener un tono ligero.

Zelda, sin embargo, no respondió inmediatamente. Su mirada bajó, sus dedos jugueteaban con el borde de su vestido, y su postura parecía más tensa de lo habitual. Había algo en su forma de mover los pies ligeramente y de evitar el contacto visual que hizo que Link se detuviera. Lo había notado: Zelda no quería que él se fuera.

¿Te gustaría que pasara un rato contigo? —preguntó Link con suavidad, intentando no presionarla. —Podemos hablar un poco más, si quieres.

Zelda levantó la mirada de inmediato, y su rostro se iluminó con una sonrisa cálida. Era como si estuviera agradecida de que Link hubiera entendido su silenciosa petición.
Claro, —dijo con un entusiasmo apenas contenido. —Gracias, Link.

Cuando ambos entraron, el cuarto no era particularmente ostentoso. Una cama amplia, un escritorio con una lámpara de aceite, y unas cuantas decoraciones sencillas adornaban el espacio. Sin embargo, en los dos días que Zelda había pasado allí, el ambiente del lugar ya se sentía como el de una princesa. Había un aire delicado y elegante, reflejo de su presencia, que envolvía todo el espacio.

Zelda caminó hacia la cama y se sentó en el borde, sus manos descansando en su regazo. Miró hacia la lámpara, como si buscara algo en la luz cálida que proyectaba sombras suaves en las paredes. En ese instante, recordó la primera noche en la que había hablado con Link en el cuarto que le asignaron al llegar al castillo. Apenas poco más de 1 semana había pasado desde aquel día, pero sentía que habían vivido tanto juntos desde entonces. Pensar que en tan poco tiempo ese chico había conquistado su corazón era sorprendente, pero lo aceptaba sin reparos.

Aquella tarde, mientras reflexionaba en el baño después de leer las estadísticas de Link, Zelda había tomado una decisión. Aunque estaba segura de sus sentimientos, no planeaba confesarlos hasta que la amenaza del cataclismo estuviera resuelta. No sería justo para ninguno de los dos cargar con eso en un momento tan crucial. Pero si Link decidía dar el primer paso… bueno, no estaba segura de cómo reaccionaría, pero sabía que sería difícil decirle que no.

Por otro lado, Link también pensaba en aquella primera noche. Recordó cómo Zelda se había sentado en la cama, y él, nervioso, había tomado una silla frente a ella. La conversación había sido tímida, pero significativa, culminando en un abrazo incómodo pero sincero y una foto en la tableta Sheikah donde ambos aparecían visiblemente nerviosos. Esa noche fue el inicio de algo que, aunque no lo comprendía del todo, ahora valoraba profundamente.

Esta vez, sin embargo, Link decidió no buscar la silla que estaba algo apartada. En su lugar, se sentó junto a Zelda en la cama, manteniendo una distancia respetuosa, pero cercana.

La conversación comenzó de manera trivial: anécdotas sobre el castillo, pequeñas bromas sobre Prunia y sus experimentos, y comentarios sobre la comida que habían disfrutado esa noche. Pero pronto, Zelda, aún sorprendida por las habilidades de Link, llevó el tema hacia sus nuevas capacidades.

Todavía no puedo creer que puedas repeler cosas sin siquiera intentarlo, —comentó con una sonrisa, sus ojos brillando con curiosidad.

Link rio suavemente, encogiéndose de hombros.
Es útil, pero a veces puede ser un poco… complicado.

Intrigada, Zelda extendió una mano hacia la suya, como para tocarla y comprobar la barrera por sí misma. Sin embargo, antes de que sus dedos pudieran llegar, algo invisible la detuvo. Parecía como si su mano chocara contra una pared de aire, y su expresión cambió. Una leve tristeza cruzó su rostro, como si se sintiera rechazada.

Link notó el cambio de inmediato. Cerró los ojos, concentrándose en ella, y mentalmente ajustó su habilidad. Era algo que no había intentado antes, pero ahora era importante. Enfocándose solo en Zelda, dejó que su mano cruzara la barrera. En segundos, Zelda pudo tocarlo, y sus dedos rozaron la piel cálida de su mano.

Zelda levantó la vista, sorprendida, y sonrió suavemente.
Gracias, —susurró, sintiendo un alivio indescriptible.

Link simplemente asintió, sin decir nada, pero su mente no pudo evitar pensar en lo importante que era ese momento. No podía permitir que Zelda no pudiera acercarse a él; ese pensamiento lo lastimaba, aunque lo mantuvo para sí mismo.

La conversación continuó, con Zelda aún sosteniendo suavemente la mano de Link. El ambiente se llenaba de una calidez que hacía que aquella última noche en el castillo fuera inolvidable, pero ambos sabían que aún tenían más que decirse.

Ninguno de los dos parecía apurado en terminar, disfrutando de aquel momento tranquilo y privado que les permitía conocerse mejor. Mientras hablaban, las manos de ambos permanecían unidas, y Zelda, casi sin darse cuenta, movía suavemente sus dedos sobre la mano de Link, como si ese gesto asegurara que él no se alejaría. El contacto era cálido, y ambos lo encontraban extrañamente reconfortante.

La plática se desvió hacia temas triviales. Zelda, con intención deliberada, evitó volver a tocar el tema de las habilidades de Link. En su lugar, dirigió la conversación hacia preguntas simples pero significativas.

¿Cuál es tu color favorito, Link? —preguntó, su voz suave mientras sus párpados comenzaban a sentirse pesados.

El verde, —respondió él sin dudar, con una pequeña sonrisa. —Siempre me ha gustado. Me recuerda al bosque.

Zelda asintió con una sonrisa ligera.
El mío es el azul, —dijo. —Siempre me ha parecido sereno… como el cielo despejado.

Continuaron así, compartiendo pequeñas piezas de sí mismos. Hablaron sobre sus comidas favoritas, estaciones del año, y hasta pequeños recuerdos de la infancia que atesoraban. Zelda hablaba de cómo disfrutaba los días soleados en los jardines del castillo, mientras que Link contaba historias del bosque, de los pequeños rituales que realizaban los Kologs para celebrar las estaciones.

La conversación continuó hasta que Zelda comenzó a mostrar señales de cansancio. Sus respuestas se volvieron más lentas, y sus ojos parpadeaban con mayor frecuencia. A pesar de sus intentos por mantenerse despierta, sus movimientos se volvían más pausados, y su cuerpo comenzaba a inclinarse hacia un lado.

Por su parte, Link se sentía lleno de energía. Después de haber pasado dos días desmayado, su recuperación, como siempre, había sido rápida y completa. Observó a Zelda con atención, notando cómo su cuerpo finalmente cedía al cansancio.

Con cuidado, retiró su mano de la de Zelda, asegurándose de no despertarla del todo. Luego, la tomó con suavidad por los hombros y la recostó en la cama, ajustando las almohadas para que estuviera cómoda. Zelda murmuró algo inaudible, un pequeño suspiro que casi sonaba como un agradecimiento, y se acomodó entre las mantas mientras su respiración se volvía más lenta y regular.

Link permaneció de pie junto a la cama por un momento, observándola. Había algo en la paz de su rostro dormido que lo tranquilizaba. Sonrió ligeramente, bajó la lámpara de aceite para que la luz fuera más tenue, y se giró para salir del cuarto. Cerró la puerta con cuidado, asegurándose de no hacer ruido, y caminó hacia su propio cuarto en silencio.

La noche estaba tranquila, y mientras recorría los pasillos del ala de visitantes, Link pensó en lo mucho que había cambiado desde aquella primera noche en el castillo. La conexión que había desarrollado con Zelda era profunda y genuina, y aunque aún quedaban muchas cosas por resolver en el futuro, sabía que estos pequeños momentos eran los que realmente importaban.

Al llegar a su cuarto, Link se acostó en la cama, sintiéndose completamente en paz. Cerró los ojos, permitiéndose un momento de descanso, pero en su mente, el recuerdo de aquella conversación y de la calidez de la mano de Zelda aún permanecía vivo.


A la mañana siguiente, el sol entró tímidamente por las ventanas de la habitación de Link, iluminando las paredes con tonos cálidos y anaranjados. Link se desperezó, sintiendo la energía acumulada después de una noche de descanso tranquila. Su primera idea fue salir a correr para estirar las piernas después de días en el castillo, pero sabía que no podía permitírselo. Durante los tres días que habían pasado allí, él y Zelda habían hecho todo lo posible por evitar ser detectados, y aunque muchos los habían visto, Impa se había encargado de manejar la situación, asegurándose de que nada llegara a oídos del rey. Una salida al aire libre llamaría demasiado la atención.

Suspiró y decidió concentrarse en algo más práctico: empacar lo necesario para el viaje. La noche anterior, por la emoción de la conversación con Zelda, no lo había hecho. Se levantó de la cama y comenzó a organizar todo meticulosamente.

Gracias a su nueva habilidad, Conciencia Espacial, la tarea de empacar se había vuelto mucho más sencilla. La alforja que Makore le había regalado ya no era tan esencial como antes, pero Link seguía llevándola consigo, más por apego que por necesidad. Revisó su contenido, retirando objetos innecesarios y dejando solo lo básico: una manta, su cama Korok, comida, agua y ropa para diferentes entornos. Su intención era que, si surgía una emergencia, pudiera dársela a Zelda para que tuviera todo lo indispensable.

Mientras tanto, su espacio infinito dentro de la habilidad permitió a Link almacenar una cantidad sorprendente de objetos. Ingredientes y platos ya preparados llenaban una sección, asegurando que tuvieran provisiones de sobra para el viaje. También había guardado prácticamente el guardarropa de Zelda, con prendas para cualquier tipo de clima, y una cama portátil para ella, en caso de que la necesitaran. Aunque había ofrecido guardar su cama real, Zelda había rechazado la idea, riendo al imaginar lo exagerado que sería llevar algo tan grande. Aun así, Link había insistido en estar preparado para cualquier circunstancia.

El día anterior, con la ayuda de Prunia e Impa, habían reunido el resto de los suministros necesarios. Ambas habían sido fundamentales, guiándolos en la elección de lo que realmente necesitarían. A pesar de su falta de experiencia en largos viajes, Link y Zelda habían terminado el día con todo lo imprescindible gracias a las instrucciones precisas de sus aliadas. Ahora, cualquier cosa que Link necesitara encontrar en el castillo podía ser recolectada en menos de un segundo. Con su habilidad de ralentización, podía buscar y recoger objetos con una precisión y rapidez imposibles para cualquier otra persona.

Con todo listo, Link se puso su túnica, ajustó sus botas y se colocó la alforja ligera sobre el hombro. Miró a su alrededor, satisfecho de que nada quedara pendiente, y salió del cuarto en dirección a la habitación de Zelda.

Cuando llegó, no tuvo tiempo ni de llamar. La puerta se abrió antes de que pudiera levantar la mano, y Zelda apareció frente a él, con una sonrisa tranquila en el rostro. Era como si hubiera sabido que Link ya estaba allí, esperándola.

Buenos días, —dijo Zelda con una voz suave, inclinando un poco la cabeza.

Buenos días, —respondió Link con una ligera sonrisa, devolviendo el gesto.

Ambos intercambiaron una mirada breve pero significativa, como si no necesitaran palabras para entenderse. Con todo listo y decididos a continuar su viaje, comenzaron a caminar juntos por los pasillos silenciosos del castillo. Moviéndose con cuidado para no ser vistos, pero con la tranquilidad de saber que estaban preparados, salieron hacia su próxima aventura, dejando atrás los días en el castillo y llevando consigo las memorias de todo lo que había cambiado en ese corto tiempo.