EN MIL PEDAZOS
Estaba oscuro, la noche había llegado un par de horas atrás, pero ella era incapaz de conciliar el sueño. Continuaba dando vueltas en la cama con los ojos cerrados intentando obligarse a dormir, pero sus esfuerzos eran en vano. La Reina se incorporó, sentándose en la cama finalmente resignándose a que esa noche no lograría descansar.
Hizo las sábanas a un lado, abandonó la cómoda cama, se acercó a una silla dónde horas antes había dejado su bata y se la colocó antes de salir de la recámara con cuidado de no hacer ruido. Miraba a su alrededor intentando reconocer el lugar, se encontraba tan lejos de casa y nada allí se sentía familiar. Las habitaciones que le habían asignado a su nación en el congreso eran bellas, pero tan enormes que se sentía tan sola y vulnerable. Horas atrás habían intentado asesinarla a ella; junto a los representantes de otros reinos aliados a la república.
Se abrazó a sí misma, casi como si intentara protegerse de una sensación helada (claro que ella era incapaz de sentir frío). Estaba temblando y empezaba a sentir que se le dificultaba respirar, nuevamente miró a su alrededor intentando identificar su destino en medio de la oscuridad y sonrió cuando logró identificar la puerta que buscaba.
Temiendo que la persona detrás ya se encontrara sumida en un sueño profundo, se acercó a la puerta y alzó la mano despacio, antes de golpear. Pasaron unos segundos de completo silencio.
—Debe estar dormido — pensó. Derrotada, se disponía a regresar a la cama, dió media vuelta, ya había dado un par de pasos cuando el sonido de la puerta abriéndose la hizo detenerse y girar rápidamente.
—¿Elsa? — La voz adormilada del hombre pronunció su nombre. La escasa luz que lograba filtrarse a través de las ventanas le permitía notar que el hombre se encontraba con el cabello alborotado y no traía puesta su camisa — ¿Ocurre algo?
—¿Crees que podamos pasar la noche juntos? — Titubeó un poco al momento de formular la pregunta. Él dio un paso adelante, acortando peligrosamente la distancia entre ambos.
—Pensé que ya no haríamos esto —dijo él.
—Lo sé — asintió —, pero tengo miedo — admitió mirándolo a los ojos. El hombre la rodeó con sus brazos de manera protectora.
Elsa sintió sus mejillas arder al sentir su cuerpo chocando con el torso desnudo del pelirrojo, habían pasado varios meses desde la última vez que estuvieron así de cerca, pero sin duda él seguía teniendo el poder de sonrojarla y provocar que su corazón se acelerara.
—Ya no hay peligro Elsa, no tienes nada que temer — le dijo al oído —, y en caso de que alguien intentara lastimarte, yo voy a protegerte, siempre —prometió.
La rubia le sonrió y lo abrazó de vuelta. Notó como él inclinaba su rostro acercándose poco a poco al de ella, Elsa sabía que lo correcto sería desviar la mirada, esquivar el inminente beso que se avecinaba, recordarle a ese hombre que no podían ser nada más que amigos, pero no quería evitarlo, en realidad, sentía el impulso de ponerse de puntillas, tomarlo por la nuca y besarlo de una vez por todas.
Sintió las manos de su amado tomarla por la cintura, ella colocó sus manos sobre el pecho de su enamorado y entonces, él la besó, sus besos siempre eran apasionados, era como si él estuviese sediento y los labios de ella fueran el agua que tanto necesitaba tener, ambos se necesitaban.
Elsa correspondía sus besos, intentando seguirle el ritmo. Sentía que el aire comenzaba a hacerle falta, pero no deseaba que aquel beso se detuviera. Sin parar de besarla la condujo al interior de la alcoba, y tan pronto como escuchó el sonido de la puerta cerrándose, sintió como las manos de su amado abandonaron su cintura, subiendo poco a poco hasta lograr alcanzar su objetivo: sus pechos.
Su respiración se volvió entrecortada, mientras una placentera sensación la recorría conforme el hombre acariciaba sus senos por encima a la tela de su ropa de dormir, las manos del Príncipe se pasaban por sus pechos de manera dulce, pero posesiva al mismo tiempo.
Los labios de su amado se separaron de los suyos, desconcertando a Elsa por un segundo, pero él comenzó a depositar tiernos besos en su mejilla, hasta que llegó al lóbulo de su oreja; el cúal besó y mordió con delicadeza. Estremeciendo a la mujer.
—Dime si quieres que me detenga —susurró el hombre al oído de la Reina. La rubia asintió con la cabeza incapaz de pronunciar alguna palabra.
Los labios del hombre se posaron sobre su cuello, mientras que las manos del pelirrojo intentaban encontrar el listón de su bata para desatar la prenda. La rubia estaba temblando, mientras que hacía su mayor esfuerzo para conservar la cordura, una de sus manos empezó a jugar con la pelirroja cabellera de su enamorado, mientras que con su mano libre se dispuso a ayudarlo en la tarea de deshacer el nudo de su bata.
Cuando finalmente lo logró, la prenda no tardó demasiado en caer el suelo revelando su delgado camisón, usualmente utilizaba camisones de manga larga y sin escote, sin embargo aquella noche había elegido uno muy diferente.
Los ojos verdes de Hans se quedaron fijos en el escote de la prenda que permitía ver el inicio de los pechos de la Reina, Elsa estaba convencida de que él llevaría sus labios a ese lugar inmediatamente, pero en lugar de eso, acarició sus hombros desnudos, jugueteó con los tirantes del camisón y volvió a besar su mejilla.
Ella lo miró a los ojos antes de separarse de él. La rubia extendió sus manos para acariciar los musculosos brazos del hombre, recorriendolos hasta tomarlo por las manos, comenzó a caminar hacía atrás mientras reía con un dulzura y tenía una mirada traviesa en su rostro, Hans se dejó guiar por ella hasta al borde de la cama, dónde él la tomó en brazos.
Ella entrelazó sus brazos alrededor de su cuello, él tenía la mirada fija en sus labios los cuales ella mantenía entreabiertos, invitándolo a probarlos nuevamente; y así lo hizo.
Aún seguía besándola cuando la recostó en la cama y se colocó sobre ella, una de sus manos volvió a posarse sobre uno de los senos de la mujer, sus labios comenzaron a besar su clavícula y paseando por la piel expuesta, acercándose a los bordes de la tela del camisón. Mientras que su mano libre jalaba poco a poco la falda, buscando el fin de esta para poder escabullirse debajo de la tela.
Una vez logrado su objetivo, ella sintió su mano recorrer uno de sus muslos, su abdomen, hasta conseguir palmar directamente el pecho que hasta entonces se encontraba libre, sus dedos se apoderaron del pezón, provocando que la mujer soltara un quejido.
—¿Te hice daño? —preguntó con genuina preocupación, ella negó con la cabeza y lo incitó a continuar.
Capturó sus labios una vez más, mientras que seguía dedicándole sus atenciones a los pechos de su amada. Ella se perdió por un momento en el placer, que ni siquiera fue consciente de en qué momento él le retiró el camisón por completo. Cuando volvió en sí se sintió apenada, jamás había estado desnuda frente a ningún hombre, pensó en cubrirse con sus manos, pero Hans fue más rápido.
La boca del pelirrojo probó uno de los senos de la Reina, deleitándose con el sabor y aroma de su piel, su mano libre se deslizaba con suavidad y ternura por su torso desnudo, en ese punto, Elsa únicamente conseguía balbucear o pronunciar palabras sin sentido, mientras gemía más y más conforme las atenciones de su amante se iban intensificando.
La mano del pelirrojo llegó hasta su trasero, apretando uno de sus glúteos.
—Hans — gimió ella, sintiendo cómo el hombre encontraba de hacer a un lado la tela de su ropa interior. La mano del Príncipe poco a poco fue moviéndose hacía su muslo, y de allí fue aventurandose hacía el interior de este, acercándose peligrosamente a la zona íntima de Elsa.
Se dijo a sí misma que debía impedir que la tocara de esa manera, que debía tomar su mano y apartarla de allí, pero su cuerpo no le respondía. Una de sus manos se encontraba enredada entre los cabellos de su amado motivándolo a seguir prendado de sus pechos. Su otra mano se encargaba de acariciar la espalda del pelirrojo.
La lengua de Hans rodeaba la areola, mientras que su mano traviesa consiguió acariciar su intimidad por encima de la tela, ella arqueó la espalda tan pronto como un cosquilleo recorrió todo su cuerpo. Sintió a Hans sonreír antes de alejar su rostro de sus senos y volver a unir sus labios con los de ella.
La estrechó contra su cuerpo y sus cuerpos desnudos se tocaron directamente. Él hizo a un lado la ropa interior a ella y su pulgar tocó aquel botón oculto entre sus piernas.
—Oh Dios, Hans — dijo en medio de los besos que le daba el pelirrojo. Sus dedos expertos continuaron explorando su intimidad, sin dejar de acariciar su clítoris, uno de sus dedos se introdujo en ella, haciéndola soltar un pequeño grito de sorpresa.
—Estas tan húmeda, preciosa — le dijo al oído — ¿Estás así por mí?, ¿Deseas esto tanto cómo yo lo hago? — Le preguntó.
—S…si — respondió con dificultad. Recibió un beso más en la mejilla antes de que el hundiera su rostro en su cuello y aspirara su aroma, embriagándose con su perfume y el aroma a sudor que ella desprendía, volvió a mordisquear el lóbulo de su oreja sin dejar de penetrarla con su dedo.
—Oh, Elsa — gimió Hans —. Te dije que de estar despierta, me hubieras suplicado por más — aquellas crueles palabras la aterraron de inmediato.
—¡No! — Gritó Elsa levantándose de golpe de la cama.
Despertó sintiéndose alterada y agitada, estaba temblando y tardó unos minutos en recordar dónde estaba, se encontraba en un barco rumbo a Alemania, llevaba un par de días en altamar y si el viento los favorecía, estaría arribando a Berlín en una semana o incluso menos.
—Hans está muy lejos de aquí — se recordó con el fin de lograr tranquilizarse.
Después fue consciente del hecho de que gritó y permaneció unos minutos en silencio aguardando si alguien tocaba a la puerta de su camarote, esperaba no haber despertado a nadie y genuinamente deseaba que el único sonido que hubiera salido de sus labios mientras dormía era ese último "no".
Estaba confundida, no entendía porque soñó eso, hacía tiempo que no tenía pesadillas con lo ocurrido en los calabozos y Hans no era protagonista de sus sueños normalmente, además, nunca había tenido un momento tan íntimo con él (no de manera consciente), así que no conseguía entender de dónde venía ese escandaloso sueño que sin duda jamás le contaría a nadie, estaba dispuesta a llevarse a la tumba el hecho de que había tenido esa clase de sueño.
Pasó un rato y nadie llamó a su puerta, eso la calmó un poco, no deseaba dar ninguna clase de explicación del motivo de su grito.
—Seguramente las olas del mar son más ruidosas que yo — pensó, antes de volver a recostarse en la cama, permaneció con la mirada fija en el techo — Fue sólo un sueño — dijo en voz baja, necesitaba escuchar que eso en realidad jamás pasó — Sólo era una pesadilla — dijo sintiendo un nudo en la garganta.
Sin poder impedirlo, empezó a sollozar y por más que trató de contenerse, estalló en llanto y las lágrimas escaparon de sus ojos sin que pudiera detenerlas, estaba cansada, harta de seguir siendo atemorizada por el pasado y detestaba que el recuerdo de lo que sintió por Hans decidiera aparecer de pronto.
Días antes ella estaba muy bien, era feliz y no había ocurrido nada que la perturbara, pero de la nada, a su mente regresó el recuerdo de ese "romance" y aunque en un inicio solo se repitió una frase inocente que ella dijo.
—No podré enamorarme de alguien más…—se giró en la cama y hundió su rostro en la almohada, pero que tonta había sido la Elsa que dijo esas palabras, como si fuera posible que su subconsciente le fuera a permitir olvidar el cómo Hans la lastimó.
Y ahora tan sólo se detestaba por haberse dejado enamorar por Hans, a pesar de lo que él le había hecho y se sentía tan culpable por haber disfrutado de sus besos y caricias, la sensación que en un momento le resultaba agradable, ahora sólo le provocaba náuseas y culpa; mucha culpa. Había pasado años intentando reconstruir su vida, ser feliz a pesar de su dolor y sobreponerse, pero siempre que pensaba que lo había logrado, sus recuerdos se encargaban de volver y destrozarla.
Estaba rota, rota en mil pedazos que posiblemente jamás sería capaz de reunir y volver a unir.
Su comunicador mágico no paraba de sonar, faltaba un par de días para su llegada a Berlín y todos los días Andy se comunicaba con ella para preguntarle cómo se sentía, cómo iba el viaje o inventaba cualquier excusa sólo para hablar con ella, y ella simplemente fingía no saber qué su hijo también se comunicaba con Ostein para descubrir si ella omitía algo.
Esa mañana ya había recibido la llamada de Andy, en ella además de insistir en saber si algo le pasaba, también le contó acerca de cómo iban las cosas en Arendelle, le notificó sobre la más reciente reunión con el consejo y pidió un par de consejos sobre la administración del reino (algo que Elsa sabía que su hijo no necesitaba ya que estaba bien preparado, pero respondió con tal de extender la llamada con él).
Hans también hacía el intento de comunicarse con ella, pero Elsa siempre ignoraba sus llamadas; sabía que negarse a responderle fomentaba la idea de que tenía algo en contra de él, pero desde aquella pesadilla no se sentía preparada para verlo o escuchar su voz. Llevaba consigo el amuleto que mantenía ocultos sus poderes, así que su cabello era castaño y lo más importante, sus poderes no podían ser utilizados ya fuera de manera voluntaria o no.
El sonido de su comunicador mágico volvió a hacerse presente y al parecer en esta ocasión no se trataba de Hans ni de Andy, sino de cierto molesto troll de roca; algo extraño tomando en cuenta que los trolls no acostumbraban a contactarla directamente; mucho menos ahora que Andy ya no era un niño pequeño.
—Oppker — dijo ella con un tono de voz algo cortante en cuanto abrió el comunicador — ¿Qué pasa?
—Veo que a alguien la pone de mal humor viajar en barco — el troll lanzó aquel comentario en un tono de burla — ¿A dónde se dirige su Majestad?
—¿No puedes averiguarlo con tu magia? — preguntó ella.
—No pienso desperdiciar valiosos ingredientes para descubrirlo —respondió Oppker.
—Berlín — dijo la rubia sin dar mayores explicaciones —. No entiendo el repentino interés por mi viaje, no es normal en ti.
—No puedes marcharte y dejar al elegido a cargo de un reino, ¡Es el elegido! — reclamó el troll.
—Te tengo noticias, "El Elegido" es el heredero al trono y tiene una responsabilidad que cumplir con Arendelle — le recordó la Reina —. No pienso disculparme por dejarlo a cargo del reino en mi ausencia.
—Tengo entendido que enloqueciste en una fiesta, una extraña costumbre tuya — habló el troll, consiguiendo que la Reina entrecerrara los ojos con evidente enojo —, si quieres escapar de tus problemas como acostumbras, es tu problema, pero no tienes derecho a…
—Soy la Reina de Arendelle y la madre de "El Elegido", claro que tengo derecho —lo interrumpió.
—Se suponía que durante el verano podría enfocarse en ser el protector del mundo mágico, ya es demasiado que lo hayas enviado a una escuela fuera de Arendelle…
—Escuela que él mismo eligió, debo aclarar — lo interrumpió una vez más —, yo fui la primera en oponerse y Dios sabe que intenté hacerlo desistir, pero Andy realmente deseaba estar en esa escuela, tanto que recurrió a pedirle a Hans que me intentara convencer de dejarlo estudiar en esa academia, así que si deseas reclamarle a alguien, llamalos a ellos.
—Bien, diviértete en Berlín, pero si el mundo mágico colapsa será tu culpa —intentó chantajearla o hacerla sentir culpable.
—El mundo ha estado bien por milenios sin Andy, además, Helena y los otros chicos se han encargado a la perfección de proteger la magia — dijo ella.
— ¡Y hablando de eso! — Exclamó Oppker — ¡Te llevas a un integrante del equipo contigo! ¿Cuál es tu excusa con Ostein?
— Trabaja para mí — Elsa rodó los ojos, empezando a arrepentirse de no haber ignorado la llamada del troll —, y bien, si es todo lo que tenías que decirme, debo irme.
—¡Elsa, hablo muy…! — Ella cerró el comunicador sin permitirle finalizar la oración.
La Reina cerró los ojos con fuerza y llevó la palma de una de sus manos a su frente, se suponía que este asunto de salir de Arendelle la ayudaría a calmar su mente, pero tal parecía que era imposible dejar todas sus preocupaciones en casa y liberarse de ellas incluso estando a kilómetros de su hogar.
Un pensamiento intrusivo le ordenó que arrojara el comunicador al océano, pero se dijo a sí misma que eso sólo serviría para confirmarle a todos que en efecto, había perdido la cabeza y necesitaba ser vigilada todo el tiempo.
—El viejo troll seguro estará furioso — escuchó la voz de Ostein a sus espaldas — ¿Mal día? — La Reina se giró a verlo con una ceja alzada.
—No, simplemente Oppker es muy irritante — respondió —. Justo ahora tengo mejores cosas en las que concentrarme, no tengo tiempo de pensar en un berrinche de un viejo troll.
—Vaya, si es un mal día — comentó con un toque de ironía —. Sin importar las veces que no niegues, sé que algo te pasa, escondes algo…
—Todos tenemos secretos, Ostein, y eso no es nada malo — dijo la mujer —, pero cuando se trata de mí guardando un secreto, todos actúan como si fuera el fin del mundo.
—¡Entonces si hay un secreto! — Exclamó el joven victorioso — ¡Lo sabía! — Dio un salto en forma de celebración — En efecto, no hay nada raro en tener secretos, pero siempre es bueno tener amigos con quienes compartirlos — agregó —, tu no tienes muchos de esos y uno de tus pocos amigos es tu ex, lo cual, es bastante raro.
Elsa soltó una pequeña risa.
—Si, es raro — estuvo de acuerdo la Reina —, pero dime, señorito anti secretos, ¿Tus amigos saben sobre tus planes de estudiar ciencias políticas?
—Touché.
Ambos sonrieron divertidos, entonces el muchacho se sentó junto a ella y ambos disfrutaron de la vista sin decir nada, solo haciéndose compañía en silencio. Berlín estaba muy cerca y Elsa esperaba que una vez allí, su mente se mantendría lo suficientemente ocupada como para no recordar.
Nota de autor:
¡Hola! Bueno, escribo esta nota solo para mencionar algo, la verdad no estoy segura de si necesitaba aclarar esto, pero por si acaso, mientras yo estoy escribiendo este fic, la historia de "La Princesa Hechicera" va en el capítulo 74, y esta historia se desarrolla un año después de dónde se encuentra actualmente el fic de Madame Purple, pero, yo no tengo ni la menor idea del rumbo que tomará su historia ni cuales son sus planes para cada uno de los personajes, así que no crean que algo de lo que fue escrito aquí es "canon" en el universo de madame purple. Solo es un fanfic del fanfic jaja
