BERLÍN


Usualmente el viaje en carruaje no le parecía tan incómodo como lo estaba haciendo en esa ocasión, se removía con discreción en su asiento intentando encontrar una manera en la que no el permanecer sentada el resto del viaje no le resultara tan molesto, pero sospechaba que fracasaría en ello. Desconocía cuánto tiempo llevaban allí, tampoco tenía conocimiento sobre cuánto les tomaría llegar hasta el congreso, pero a Elsa le parecía que había transcurrido una eternidad y no conseguía ver su lugar de destino por la ventana, no pudo evitar preguntarse si la última vez que había ido a Berlín les había tomado tanto tiempo llegar desde el muelle al congreso de la república; seguramente sí.

Pero aquella ocasión el trayecto no le habría significado una tortura, posiblemente porqué quien la acompañó aquella vez fue…Hans. Sacudió ligeramente la cabeza, desvió su mirada hasta su acompañante, Ostein parecía estar leyendo un libro o intentando hacer eso, pero Elsa dudaba mucho que estuviera consiguiendo prestar atención a mencionada actividad tomando en cuenta lo mucho que se movía el carruaje; algo que sin duda volvía a la lectura una actividad con mayor grado de dificultad.

La Reina estaba convencida de que el muchacho podría estar pretendiendo leer mientras la observaba y analizaba de reojo, esperando que ella hiciera algo que delatara que en efecto, ocultaba algo, entonces usaría su comunicador mágico para informar de inmediato a Andy.

Elsa era un caos, sintiéndose conmovida al saber que su hijo tenía grandes amigos que se preocupaban por él, por su familia, pero al mismo tiempo le enojaba el saber que a pesar de que Ostein Espanaes trabajaba para ella por el momento, él no respetaría del todo la confidencialidad que requería el trabajar para una Reina, así que tendría que cuidar cada uno de sus movimientos y palabras, y odiaba eso.

Agradecía el cariño que sus amigos le tenían, y normalmente era agradable saberse amada y apreciada, pero a veces desearía que respetaran o comprendieran que no siempre que guardaba secretos o se aislaba un poco significaba que algo horrible le estaba pasando, y sin importar que habían pasado muchos años desde que dejó de tener que permanecer encerrada en su habitación, no le era fácil hablar de sus sentimientos con alguien más.

Su comunicador mágico sonó captando su atención y sacándola de sus pensamientos, esa mañana ya había hablado con Andy, pero revisó quien intentaba contactarla en caso de que hubiera algún problema en Arendelle, sin embargo al ver que se trataba de Hans decidió ignorar la llamada; como siempre.

Sabía que evitar conversar con él no ayudaba a convencer a todos de que ella no tenía ningún problema, pero desde el sueño que tuvo noches atrás no se sentía preparada para escuchar su voz o verlo, prefería tomarse un tiempo antes de volver a hablar con él. Necesitaba poner sus emociones en órden primero.

—Me haría un enorme favor si respondiera al menos una de sus llamadas —escuchó la voz de Ostein. Él permaneció con la mirada en las páginas del libro (Elsa estaba segura de que él no había dado vuelta a la página ni una vez desde que subieron al carruaje) —. Le aseguro que no tarda en llamar a mi comunicador.

—Si tanto te molesta que te pregunten acerca de mí, probablemente no debiste acceder a ser su espía — le echó en cara la Reina —. Insisto en que soy adulta, y si de verdad yo tuviera un enorme y horrible problema, ya se los hubiera dicho, pero estoy bien.

—Claro, porque la Reina Elsa de Arendelle es conocida por hablar de sus problemas y no esconder secretos a sus seres queridos — hizo uso del sarcasmo —. Sé que para usted es algo difícil hacerlo, y no tiene muchos amigos…y uno de sus amigos es su ex; lo cual es bastante raro — Elsa soltó una pequeña carcajada ante ese comentario, admitía que si era demasiado raro —, pero el punto al que quiero llegar, es que tiene personas con quienes hablar sobre cómo se siente, los problemas siempre parecen menos horribles después de que se los cuentas a alguien y si usted gusta, yo podría escucharla sin problema.

—Buen intento — Elsa se cruzó de brazos.

—Tenía que intentarlo — Cerró el libro sin preocuparse en lo más mínimo en marcar la página que estaba leyendo y lo colocó a su lado —, pero enserio, ya digale a alguien que es lo que le está ocurriendo o quien terminará perdiendo la cordura seré yo.

—No está ocurriendo nada — permaneció firme en ello, pero la mirada de Ostein dejaba en claro que no le creía en lo absoluto —, y por favor, no quiero sentirme vigilada durante toda nuestra estadía en Berlín, debes parar de informarles a Andy y a Hans sobre todo lo que hago — hizo una pausa —. Además, necesito que estés concentrado en el trabajo, esta experiencia te ayudará a prepararte para el futuro y comprobar si la política es realmente la carrera que deseas perseguir, ¿Puedo contar con que te enfocarás en el trabajo o debo enviarte de vuelta a Arendelle en el primer barco?

Antes de que Ostein tuviera oportunidad de responder, el comunicador del muchacho comenzó a sonar y antes de que pudieran comprobar quien era la persona que trataba de contactarlo, ambos sabían que se trataba de Hans.

El muchacho sostuvo entre sus manos el comunicador y ella notaba que encontraba debatiéndose entre responder la llamada o ignorarla, si aceptaba la llamada, no habría manera en la que el Príncipe de Las Islas del Sur no notara la presencia de la mujer y Elsa había dejado muy claro que no deseaba hablar con el pelirrojo.

La Reina alzó su mano y golpeó el techo del carruaje y éste no demoró en detenerse.

—Iré a caminar un poco y tomar aire fresco — habló en voz baja, como si necesitara darle una explicación. Salió del carruaje y empezó a caminar sin alejarse demasiado.

Elsa llevó su mano izquierda al amuleto que mantenía sus poderes apagados y ocultos, empezando a jugar un poco con el objeto mágico, su mirada se paseó por todo su alrededor e intentó concentrarse en admirar el bello paisaje que la rodeaba, estaba tan lejos de casa por primera vez en mucho tiempo.

Respiró hondo y se dijo a ella misma que debía intentar disfrutar del viaje, tenía que tomarse un tiempo para recorrer y conocer Berlín, la última vez que estuvo allí no tuvo oportunidad de pasear o recorrer algo que no fuera el interior del Congreso de la República, y si bien el motivo de su visita era un asunto político, dispondría de tiempo libre que podría utilizar para conocer el lugar. Suspiró con tristeza, años atrás imaginó que en cuanto ya no estuviera encerrada viajaría a cientos de lugares y podría ver con sus propios ojos todos aquellos bellos paisajes que por años sólo se permitió ver en pinturas o ilustraciones en algunos libros, pero en lugar de eso, se quedó en Arendelle y permitió que sus temores la mantuvieran en el castillo la mayor parte del tiempo (podía culpar en parte a sus responsabilidades como gobernante).

Hubo un tiempo en el cuál había empezado a salir del reino, con Hans, y al inicio él sí la llevó a conocer edificios históricos, museos, bellos paisajes, pero después, conforme la "relación" escaló, parecía que prefería pasar tiempo con ella en la alcoba y ahora viéndolo en retrospectiva, a ella le parecía algo triste, pero no podía lamentarse, después de todo, ella accedió a ello y jamás se quejó, estaba segura de que el Príncipe hubiese continuado llevándola a conocer nuevos lugares si ella le hubiera dicho que eso es lo que deseaba.

Escuchó pasos a sus espaldas, su mano se aferró al amuleto, dispuesta a arrancarlo de su cuello en caso de que necesitara utilizar sus poderes, aunque lo dudaba mucho, porque no se había apartado demasiado del carruaje.

—Entonces si hay un problema con Hans — dijo Ostein antes de colocarse al lado de la Reina —, porque es obvio que hay algo que le molesta tanto como para no querer hablarle — siguió hablando —, sólo dígame si estoy en medio de una pelea de pareja.

—Hans y yo no somos una pareja —le recordó la Reina.

—¿El problema es que no son una pareja? — La mujer entrecerró sus ojos para dejar en evidencia su molestía — Pero si está peleada con él ¿O me equivoco?

—No hemos discutido, ¿De acuerdo? — Alzó un poco la voz, antes de volver a respirar hondo para recordarse que debía mantener la calma — Me encargaré de llamarlo después de que nos instalemos ¿Ok?

—Él se preocupa mucho por usted.

—Lo sé — ella miró al horizonte —, es una buena persona y un gran amigo, no creas que no valoro eso.

—Entonces… ¿Lo ignora por qué lo quiere mucho? — Bromeó el joven.

De cierta manera, Ostein estaba en lo correcto, en ese momento las emociones de Elsa estaban a punto de convertirse en un caos y necesitaba poner en órden sus pensamientos antes de hablar con Hans, no quería ni debía traer a flote heridas que se suponía estaban prácticamente sanadas, ni deseaba reclamarle algo de por lo que Hans ya se había disculpado en más de una ocasión.

—Sólo he estado distraída y he tenido muchas cosas en la cabeza, pero te aseguro que no tengo un problema con él, o alguna otra persona —dijo ella intentando tranquilizarlo —. Y aunque así fuera y tuviera problemas de "pareja" con Hans, no sería justo para ti estar en medio de eso — Ya se encargaría ella de poner ciertas cosas en claro con el Príncipe en cuanto se sintiera lo más lista posible para hablar con él.

—Ni siquiera me los imagino peleando a ustedes dos — Elsa alzó una ceja, estaba claro que sí que podía imaginarlo ya fuera porque Andy en algún momento le comentó que Hans y ella no podían verse ni en pintura cuando él era pequeño, o simplemente llegaba a la conclusión por mera lógica: tenían un hijo, pero no estaban casados ni eran pareja, cualquiera asumiría que habrían tenido cientos de peleas y discusiones.

—No vas a conseguir que te dé información personal ni te voy a contar la historia de mi vida, Ostein — asumió que ese era del plan de su acompañante —. Será mejor que volvamos al carruaje, para que podamos llegar al Congreso lo más pronto posible y descansar un poco para reponernos del viaje.

—Y usted pueda hablar con su ex para que deje de insistir en intentar contactarla todo el tiempo.

—No presiones — se quejó —, y agradecería que no te refirieras a Hans como mi ex, es raro.


Una vez que llegaron al imponente edificio que pertenecía al congreso, Ostein quedó maravillado; algo que logró conmover a la Reina y le impresionaba de un edificio construido por humanos sin magia fue lo que provocó tal reacción en un joven que había presenciado cientos de lugares mágicos, pero sin duda, le pareció algo tierno (algo con lo que usualmente alguien no relacionaría con Ostein Espanaes).

El Supremo Canciller les dió la bienvenida, incluso se ofreció a darles un recorrido por las instalaciones, ya que, a pesar de que la Reina de Arendelle ya conocía el lugar, para el hombre tampoco pasó desapercibida la emoción en los ojos del joven Espanaes, el ayudante de la Reina seguía sin creer que se encontraba en ese imponente e importante lugar, y probablemente no lo admitiría frente a sus amigos.

El vago y despreocupado adolescente que él solía ser jamás pensó que un día estaría genuinamente interesado en estudiar y prepararse para dedicarse a la política, siendo que en ese entonces pensó que no tenía necesidad alguna de esforzarse puesto a que heredaría el negocio de sus tíos y tendría la vida resuelta, comodidades aseguradas de por vida, pero vaya que la Reina Elsa había sido una gran influencia para él y trabajando como su asistente descubrió que le gustaba ese ámbito laboral, había encontrado su pasión, algo que realmente le importaba y eso era aterrador.

Le había hecho prometer a Elsa que no le diría a Andy sobre los planes que él tenía con respecto a sus estudios o su futuro en general, prefería mantener aquello en secreto de sus amigos por el momento y seguir pretendiendo ser el joven despreocupado que sólo dejaba que la vida fluyera, aunque el hecho de que continuara trabajando en el castillo podría ser sospechoso para sus amigos. Entrar a una buena universidad era algo difícil; aún más para alguien que no era de la realeza, incluso con el apoyo de la Reina de Arendelle, tendría que impresionar al comité de admisión y esforzarse el doble para sobresalir en el examen. Temía fracasar y tener que decirles a sus amigos que no lo había conseguido, por lo tanto, decidió que se los diría cuando lograra entrar a la universidad (sí es que lo conseguía).

Pero en realidad, estando allí en el congreso de la república, deseó poder trabajar allí algún día y estaba dispuesto a esforzarse por conseguirlo.

—Seguramente desean descansar un poco, fue un viaje largo desde Arendelle — comentó el Canciller —. Los guiaré hasta sus habitaciones para que tengan oportunidad de instalarse antes de la reunión del día de pasado mañana.

Elsa y Ostein lo siguieron por los corredores hasta llegar a la puerta de las habitaciones destinadas para Arendelle, la Reina y su acompañante se percataron que una de las puertas del corredor se encontraba abierta.

—Creo que alguien también llegó el día de hoy —comentó el muchacho sin importarle si el Canciller lo lograba escuchar o no.

—Están preparando las habitaciones, una nueva nación ha decidido unirse a la república — explicó el hombre —, el representante planea arribar el día de hoy a Berlín si es que el viento favorece su viaje.

—¡Genial! — Exclamó Ostein — No seré el único chico nuevo por aquí — bromeó. Elsa tan sólo esperaba que el Canciller no fuese el tipo de persona que encontraba ofensivo el sentido de humor de Ostein — ¿Se puede saber de qué reino estamos hablando?

—No es una monarquía, por lo tanto no se consideran un reino, sino un país — respondió el Canciller — Es gobernado por un Presidente, pero realmente no estaba del todo equivocado muchacho, años atrás solían tener un Rey, sin embargo, esa forma de gobierno dejó de funcionarles — añadió —, se trata de Hyrule, posiblemente hayan escuchado hablar de el lugar.

Elsa y Ostein se vieron el uno al otro, sin saber qué decir. Un hombre más apareció para comunicarle un mensaje al Canciller, por lo cuál se disculpó con los recién llegados, argumentando que lo necesitaban en otra parte, y por último, los invitó a sentirse como en casa. Una vez cruzando la puerta y cerrándola tras de sí, el vago comenzó a reír.

—¿Qué es tan gracioso? — Le cuestionó ella.

—Tal parece que en este viaje nos perseguirán los fantasmas de sus exes, Majestad — rió el muchacho — ¡Hyrule! Debe ser un chiste.

—Me parece que hoy en día, Hyrule ya no tiene relación alguna con el Conde de Borchgrevink, el Rey Dark o cualquier miembro de la familia Real que solía gobernar allí —habló ella sin mostrar emoción alguna en el tono de su voz — Es posible que ni siquiera les agrade que continuemos relacionándolos con su pasado.

—¿Borchgrevink?, ¿Ese hubiera sido su apellido? — Ostein hizo un gesto de desagrado al pronunciarlo — Sin duda se salvó de una de las peores desgracias — El comentario hizo reír a la Reina.

—Definitivamente —concordó ella, sin dejar de sonreír.

—¿Qué prefiere? ¿Elsa Borchgrevink o Elsa Westergard? — Elsa se preguntó si acaso el muchacho tenía toda la intención de irritarla en cada oportunidad que se le presentara.

—Ninguno, ambos suenan horrible — Fue sincera, provocando esta vez que Ostein fuera quien soltara una risa sincera —. Genuinamente me gusta mi apellido de soltera, y será muy difícil que alguien me convenza de renunciar a él — bromeó.

—Bueno, esperemos que la nueva administración de Hyrule no nos cause problemas.

—No tendría por qué —dijo la Reina.


Ya empezaba a anochecer cuando Elsa decidió que era momento de enfrentar el problema y llamar a Hans por medio de su comunicador mágico, después de todo, le prometió a Ostein que lo haría y debía pedirle al pelirrojo que dejara de contactar a Ostein para obtener información sobre ella.

Aún estaba vestida con el mismo atuendo con el que bajó del barco, había considerado poco apropiado contactar al pelirrojo mientras vestía ropa de dormir. Tomó aire, lo retuvo unos segundos y lo soltó con pesadez, buscando obtener la valentía suficiente que necesitaba.

Sabía que no podía aplazarlo por mucho más tiempo, y Hans necesitaba una explicación o jamás dejaría de insistir, además, ella merecía tener tranquilidad el resto del tiempo que permaneciera en Berlín; algo que no podría obtener mientras se esforzara por evadir al Príncipe de Las Islas del Sur.

Así que lo hizo.

—Hola Hans — Su semblante se notaba triste.

—¡Elsa! ¡Me tenías tan preocupado! — Exclamó el pelirrojo. Hans parecía estar en los establos, desconocía si allí había estado todo el tiempo o si fue a ese lugar para poder responder su llamada; Elsa no tenía interés alguno en averiguarlo.

—Lamento haber ignorado tus llamadas — en realidad no lo lamentaba —, yo… he tenido muchas cosas en mente y necesitaba alejarme un poco; aún lo necesito — bajó la mirada y hubo una pausa, Hans no habló, esperando a que ella continuara —. No estoy molesta contigo por alguna razón y te aseguro que no me ocurre nada grave, pero quiero un tiempo a solas y agradecería si me lo permitieras, no pretendo ser grosera o mal agradecida, pero…

—No quieres que te contacte — concluyó él, Elsa asintió con la cabeza.

—No deseo hablar contigo sobre lo que ocurrió en el baile, no por el momento al menos —continuó Elsa —, pero no debes preocuparte, y en todo caso, te aseguro que Ostein no dejará de estar al pendiente de mí, sin importar cuantas veces le pida que no lo haga.

—¿Fue algo que hice? — Quiso asegurarse de que el recuerdo de lo ocurrido en los calabozos no era lo que la atormentaba en ese momento.

—Son muchas cosas, y no eres sólo tú — respondió —. Creo que el hecho de que Andy haya crecido y no me necesite tanto como antes provocó que yo…bueno, empezara a recordar muchas cosas, en este momento, tan sólo necesito poner mis pensamientos en órden.

—No sé si estar tan lejos de casa sea lo mejor para ti en este momento.

—Estoy convencida de que lo necesitaba y me hará bien — desvió la mirada —. En fin, sólo te llamé porque le prometí a Ostein que lo haría, pero…por favor, respeta mi decisión y dame algo de espacio, estaré bien.

Él no estaba muy convencido de ello, pero sabía que Elsa no estaría dispuesta a ceder o cambiar de opinión en ese momento, así que tan sólo se resignó a no intentar comunicarse con ella, hasta que Elsa decidiera contactarlo.

Más le valía a Ostein asegurarse de que la madre de su hijo estuviera tranquila, a salvo y fuera de peligro.