ARENDELLE
Había tanto silencio que Elsa juraba poder escuchar el sonido provocado por el movimiento del péndulo y las manecillas del reloj que se encontraba en la oficina a pesar de que la habitación dónde ella se había instalado estaba un poco más alejada de mencionado lugar. Estaba acostada en la cama, con la mirada fija en el techo sin poder conciliar el sueño, en realidad no tenía nada en mente que pudiera mantenerla despierta, no estaba pensando en nada; ya había intentado contar hasta el número 300 de 3 en 3, mencionar el nombre de cada objeto que veía a su alrededor e incluso inventar alguna canción sin sentido para lograr quedarse dormida, pero por algún motivo ni siquiera se sentía cansada.
Sin embargo, debía encontrar la manera de conseguir quedarse dormida o no se encontraría agotada cuando el sol saliera, no podía darse el lujo de quedarse dormida hasta tarde o de distraerse a mitad de una conversación importante ¡Y Dios proteja a Arendelle si su cuerpo la traicionaba y bostezaba mientras alguien poderoso e influyente hablara!
La Reina de Arendelle se giró en la cama, cerró los ojos y jaló las sábanas para cubrirse aún más, permaneció unos minutos así; presionando con fuerza sus párpados, pero era en vano. El sonido de las manecillas iba a volverla loca, aventó a un lado las cobijas con un poco de brusquedad, suspiró con pesadez antes de ponerse de pie y tomar su bata, quizá caminar un poco le ayudaría.
Era muy entrada la noche y confiaba en que Ostein estuviera profundamente dormido, ató su bata y con cuidado de no hacer ni un sólo ruido salió de su alcoba, caminó despacio hasta llegar a la puerta que comunicaba el área de los dormitorios con la oficina, entró y cerró la puerta tras de sí.
En la oficina había un pequeño librero con libros de diversos temas y géneros literarios, si bien había algunos tomos y manuales relacionados con el senado y la república, había unas cuantas novelas o libros de arquitectura, ciencias, etcétera. Se disponía a elegir alguna lectura, aprovechando que si bien estaba oscuro, el lugar contaba con energía eléctrica así que podría encender la luz sin problema, pero de pronto el silencio absoluto de la noche fue interrumpido por ruidos que provenían desde el otro lado de la puerta principal.
Risas, pasos y golpes contra las paredes, la mujer miró atentamente la puerta que conducía al pasillo, fuera de las habitaciones designadas para su reino, los pasos se iban acercando cada vez más y la curiosidad invadió a la Reina de Arendelle.
Casi de manera inconsciente, Elsa fue dando pequeños pasos hacía la puerta e intentaba poder escuchar claramente lo que decían las voces que provenían desde el pasillo, sin embargo parecían ser balbuceos y frases sin sentido.
—¡Cuidado! — Escuchó a una voz claramente masculina gritar, seguido de risas y algunas palabras que ella fue incapaz de entender.
Elsa abrió un poco la puerta, apenas lo suficiente para lograr ver la puerta frente a ella, del otro lado del corredor. No tardó en ver a dos personas, no había alguna luz lo suficientemente cerca como para permitirle identificar alguna característica física de aquellas personas, además de que ambos parecían ser altos.
—Zackary Aldridge, por favor coopera conmigo — dijo uno de ellos ayudando al otro a recargarse en la pared junto al marco de la puerta, era claro que su acompañante no podía mantenerse de pie por cuenta propia.
Mientras el otro hombre intentaba abrir la puerta; parecía que no conseguía introducir la llave en el cerrojo, Elsa asumió que ambos se encontraban bajo la influencia del alcohol. Finalmente consiguió su objetivo, después de todo si llegaron a la puerta correcta; el representante de Hyrule había llegado.
— ¡Ho…ola, vecina! — La voz del hombre que intentaba apoyarse en la pared la hizo apartarse de la puerta abruptamente y cerrarla sin detenerse a pensar que debía hacerlo con sigilo.
Esperaba que aquellos hombres estuviesen lo suficientemente ebrios como para recordarlo, pero vaya, que a Elsa no le dió una buena impresión que el que posiblemente era el Senador de Hyrule llegase al congreso a tan altas horas de la noche en estado de ebriedad, realmente esperaba que no hubiera problemas, pero tenía el presentimiento de que no le resultaría sencillo lidiar con aquellas personas.
En Arendelle Andy se encontraba aún en la oficina a pesar de que era muy tarde ya, cualquiera podría pensar que el trabajo le impedía salir de allí, pero él había completado los deberes del día horas atrás, y ahora se preguntaba si acaso su madre acostumbraba a quedarse tiempo extra en la oficina sólo para estar tranquila y que nadie la molestara.
Esa tarde su padre había llegado al castillo con la excusa de que deseaba pasar tiempo con él antes de que el verano acabase y él tuviese que regresar a la academia, y aunque el Príncipe de Arendelle creía que en parte, eso era verdad, sospechaba que quería estar cerca en caso de que él tuviera noticias de su madre.
Andy había llamado a su madre cada mañana desde que zarpó del puerto de Arendelle, y sin importar las veces que ella le asegurara que todo estaba en órden, él no lograba convencerse de que eso fuera cierto, no quería pensar que ella le estaba mintiendo, pero no podía deshacerse de un mal presentimiento.
Tan sólo quería que su mamá estuviera bien.
Su padre admitió que estuvo intentando comunicarse con ella durante varios días; sin tener éxito, hasta que la noche previa a la que Hans decidiera aparecer en el castillo de Arendelle, Elsa lo había llamado a su comunicador tan sólo para pedirle que no intentara contactarla nuevamente.
No sabía cómo o porqué, pero para Andy era evidente que lo que le ocurría a su madre estaba directamente relacionado con su padre, y por ello, no podía evitar que aquel rencor que por años ha intentado enterrar en lo más profundo de su ser; saliera a flote.
Hacía su mayor esfuerzo por ignorar aquel negativo sentimiento, pero parte de él tan sólo quería enfrentar a Hans para preguntarle de frente que le había hecho a su madre en el pasado, ¿Qué había sido tan horrible que aún hoy en día, ella evitara hablar del tema?
El heredero a la corona aún tenía muchas dudas con respecto a su origen y con el tiempo aparecían muchas más preguntas en su cabeza, preguntas las cuales jamás recibirían respuesta, ya que si algo había aprendido era que su mamá estaba muy dispuesta a llevarse todos esos secretos a la tumba, además, Andy había herido mucho a su madre en el pasado abrumandola con preguntas y acusaciones.
—Es mejor esperar a que ella misma hable conmigo —se decía el rubio, pero para su mala suerte, no se le caracterizaba por ser paciente y su mente lo traicionaba presentando toda clase de horribles escenarios en su cabeza.
¿Su papá había jugado con los sentimientos de su mamá? ¿Realmente se había enamorado de ella o sólo fingió que lo hizo? ¿Por qué se fue y la abandonó?
Suspiró, recordó cuando era más jóven y empezaba a interesarse en chicas, en ese entonces estaba convencido de que jamás lograría que alguien se enamorara de él, que estaba condenado a sufrir el mismo destino de su madre y nunca se casaría.
—No tienes que vivir mi vida —le había dicho ella —. No porque yo no tenga un esposo significa que tú jamás encontrarás al amor de tu vida, ya verás que algún día conocerás a la chica indicada.
Pero tal parecía que su mamá se equivocó aquella ocasión, ya que al igual que a ella; una persona a la que creyó su amor verdadero, lo abandonó y jamás recibió una explicación del motivo.
Rose se había ido de Arendelle, de un día para otro empezó a comportarse muy distante con él, nunca supo que la hizo cambiar de opinión tan drásticamente, intentó convencerse de que ella tan sólo necesitaba un poco de espacio, pero que en un punto ella hablaría con él, en lugar de eso, solo se marchó para siempre.
Unos golpes en la puerta lo salvaron de sus propios pensamientos, evitando que continuara torturandose a sí mismo recordando el pasado.
—Adelante — su voz delataba que se encontraba ya un poco cansado.
La puerta se abrió lentamente y Birgit asomó su cabeza.
—Estaba convencida de que te habías quedado dormido aquí —bromeó su amiga —. Pero veo que alguien se toma enserio su trabajo como regente, tu madre estaría orgullosa — aseguró —, y pensar que años atrás renegabas de ser el heredero y tener que ayudarle con sus deberes reales.
—Le provoqué muchos problemas a mi madre, gracias por el recordatorio — rió el muchacho —, bueno, tal vez aún le causo varios problemas.
—Es noche, ¿Mucho trabajo? — Birgit cambió de tema adquiriendo un poco de seriedad en su voz.
—No realmente, solamente estaba tomándome un tiempo antes de retirarme a mi habitación —respondió Andy.
—¿Pasa algo Andy? — Preguntó la chica — Sabes que si hay algo en lo que pueda ayudar, cuentas conmigo, somos amigos ¿No?
—Los mejores amigos — ella le sonrió —. Y no es na…—se cayó en corto, cayendo en cuenta que estaba sonando como su madre, vaya que quedaba en evidencia que Elsa de Arendelle fue quien lo crió —. Estoy preocupado por mi mamá, es todo, estaba actuando muy raro antes de irse y no estoy tranquilo sabiendo que está tan lejos y sola.
—Ostein está con ella y sabes que él cuidará de ella en caso de ser necesario — dijo la jóven, se sabía que en el pasado Ostein no era muy responsable, pero el tiempo lo había hecho madurar, además, él le tenía aprecio a la Reina de Arendelle — Y ella no estará en Berlín mucho tiempo, ya verás que cuando menos te des cuenta, ella estará de regreso.
—Eso espero, aunque los días que han parecido me han parecido de lo más largos.
—Posiblemente te ayude el que tu papá haya llegado al castillo —comentó Birgit, Andy hizo una mueca que su amiga notó de inmediato.
—Anders Adgar —dijo sus ambos nombres; lo cual significaba un regaño por parte de su amiga — ¿Acaso tienes algún problema con tu padre?
—No…no lo sé — contestó el Príncipe — Es todo este asunto de mamá, estoy algo confundido y realmente no sé si quiero pasar tiempo con él ahora.
—Andy — Birgit se acercó a su amigo y colocó una de sus manos en su brazo —. Entiendo que la relación de tus padres siempre ha sido un tema…importante para ti y te ha hecho cometer locuras como huir a Londres
—¡Hey! Te recuerdo que tu me seguiste sin pensarlo — fingió sentirse bastante ofendido.
—Lo que quiero decir, es que, sé que te afecta mucho el tema, y no digo que reprimas esos sentimientos, pero…no dejes que el dolor te impida ser feliz — dijo su amiga —, tienes dos padres que te adoran con todo su corazón y sin importar lo que haya pasado entre ellos, te aman.
—Lo sé y también los quiero muchísimo.
—Si quieres saber mi opinión — volvió a hablar la jóven — Deberías hablar con tu papá acerca de cómo te sientes, es mejor hacerlo antes de que termines por explotar.
—No sé si él quiera responder mis preguntas al respecto…
—Nunca sabrás si no lo intentas.
