EXTRAÑO
Ostein finalizó su paseo, regresó al edificio del Congreso, caminando de manera despreocupada mientras degustaba una barra de chocolate que compró previamente, confiando en que nadie estaría interesado en conversar con él, después de todo él no poseía un título o cargo importante, sólo era un muchacho normal, sin embargo su error fue pensar que nadie se molestaría en averiguar qué hacía él allí ni creer que le darían importancia al hecho de que él era el asistente de la Reina de Arendelle.
Unos cuantos pares de personas se acercaron a él en cuanto puso un pie dentro del recinto, haciéndole preguntas con respecto a la situación de Arendelle, si tenía conocimiento sobre ciertas alianzas o futuros planes de la Reina, algunos le preguntaban directamente si la Reina de las Nieves había estado a punto de congelar a alguno de los socios mercantiles de su nación o si él la consideraba capaz de mantener sus poderes controlados por los próximos años, otros cuantos le ofrecían dinero a cambio de que consiguiera que la Reina accediera a firmar algún acuerdo comercial.
—Estoy seguro de que la Reina Elsa estará más que dispuesta a conversar con ustedes — empezaba a agobiarse y tan sólo deseaba poder refugiarse en la oficina o en su recámara —. Son bienvenidos a solicitar una audiencia con su Majestad — aprovechó la primera oportunidad que tuvo para escabullirse y apresurar el paso, a sabiendas que ninguna de esas personas perdería la compostura como para ir tras de él.
Su mirada estaba fija al frente, enfocado en no tomar el camino erróneo hasta los aposentos asignados a Arendelle, de pronto notó como su respiración se agitaba y de manera involuntaria apretó aún más la barra de chocolate que sostenía con su mano.
—¿Acaso estoy hiperventilando? — pensó el muchacho sin detenerse.
Estaba tan comprometido en ignorar a todo y todos en su camino, tanto que no se percató en qué momento alguien lo tomó del brazo hasta que sintió como era jalado hasta un rincón apartado y antes de que pudiera siquiera gritar debido a la sorpresa, su captor le cubrió la boca con una de sus manos.
—¿Acaso deje caer mi chocolate? — Definitivamente, Ostein tendría que reconsiderar el órden de sus prioridades, pero en el momento en que fue consciente de que sus ambas manos se encontraban extendidas no pudo evitar pensar en su bocadillo y cuál había sido su destino.
La mano de su captor se apartó de su boca, y aunque no había nada que le impidiera decir algo o gritar por ayuda, tan sólo fue capaz de entreabrir los labios y lucir completamente confundido al reconocer al hombre que lo arrastró hasta allí.
—¿Príncipe Zamuel de… Willoughby? — preguntó Ostein intentando hacer memoria del nombre de aquel sujeto raro que había entrado en la oficina esa mañana.
—¡Sí! — respondió — ¡Es decir, no! — corrigió al caer en cuenta del error — Príncipe Zackary de Wyvernhold, y tú eres el asistente de la Reina Elsa ¿Correcto?
—Escuche, si quiere hablar con ella puede ir directamente con ella — dijo Ostein —. Juro que no va a convertirlo en hielo sólido ni lanzará una maldición sobre su reino si se le acerca — rodó los ojos irritado.
—Pensarás que es inusual, pero…
—Ya creo que usted es raro —admitió sin importarle si ofendía al Príncipe o no — y entre nos, le aconsejaría que dejara de actuar de esa manera o ella no creerá conveniente llegar a alguna clase de acuerdo con su reino.
—¡Asombroso! — Ostein no encontró lógica en la reacción del Príncipe Zackary, pero tomó la decisión de no comentar nada al respecto, asumiendo que la simple explicación era que el tipo no estaba del todo bien de sus facultades mentales.
Y el Príncipe de Wyvernhold se retiró del lugar sin decir nada más.
—Está loco —murmuró el muchacho antes de acomodarse la camisa y mirar a su alrededor en búsqueda de la pequeña bolsa con sus compras y de la barra de chocolate la cual probablemente tendría que desechar (o si nadie lo veía levantarla del suelo podría comerla sin problema).
Una vez que tomó la bolsa de papel se aseguró que el contenido estuviera intacto y reanudó su camino hasta las habitaciones, una vez dentro se sintió en completa libertad para comerse lo que quedaba de su barra de chocolate de un sólo bocado.
—Hola Elsa — saludó a la Reina, quien se encontraba sentada en el sofá leyendo un libro — ¿Estuviste aquí todo el día?
—No — respondió — pensé en recorrer el edificio, hablar con algunas personas y pasar tiempo en el jardín, pero…nuestro vecino y su amigo…
—Son raros — terminó la oración por ella.
—Creo que no quería decirlo de esa manera, pero sí — estuvo de acuerdo con él —. Nos cruzamos en los jardínes y fue un momento algo incómodo y extraño — hizo una pausa —, además, conocí al Senador de Hyrule y mencionó tener intenciones de que exista una alianza entre su país y Arendelle — soltó la información, sintiendo que era algo que necesitaba decir en voz alta.
—¿Una alianza? ¿Hyrule y Arendelle? — alzó una de sus cejas desconcertado — ¿Matrimonial?
—¡¿Qué?! ¡No, por supuesto que no! — exclamó la mujer— eso espero. — murmuró — La historia entre nuestras naciones ha sido algo…mala, y si bien, aseguran que ya no comparten la misma manera de pensar del antiguo gobernante, no sería prudente que propusieran una alianza de ese estilo, además, tenemos distintas formas de gobierno.
—Claro, olvidaba el hecho de que ellos optaron por la democracia — comentó el jóven —. Se suponía que no habría problemas.
—Así era, pero tal parece que las cosas siempre son impredecibles — dijo ella —. Esperemos que las cosas no se pongan tensas o de lo contrario, habrá que adelantar nuestro regreso a Arendelle.
—Desconozco si el Senador de Hyrule sea igual de extraño — habló el asistente de la Reina —, pero el Príncipe de Waterpolo…
—Wyvernhold — corrigió Elsa.
—Como sea, — le restó importancia a la correcta pronunciación del nombre de aquel reino — ese sujeto es muy extraño, es claro que se trae algo entre manos y eso es preocupante.
— ¿Crees que ellos dos estén trabajando juntos?
—No quiero llegar a conclusiones apresuradas.
—Quizá yo podría averiguar qué se traen entre manos — insinuó poder espiar al par de extranjeros.
—Ya te pedí que no causaras problemas — le recordó la Reina — y tampoco quiero que te expongas a algún peligro, así que por favor, sólo mantente lo más alejado que puedas de ellos, yo intentaré hacer lo mismo.
Si era honesta consigo misma, hubiese preferido permanecer encerrada en sus aposentos el resto de su estancia en Berlín, limitándose a salir tan sólo para asistir a la reunión que se llevaría a cabo al día siguiente.
Si, sus planes iniciales eran distraerse un poco y recorrer el lugar, pero ahora genuinamente le preocupaba la presencia de aquellos dos hombres, en un inicio creyó estar siendo demasiado paranoica, quizá el Príncipe Zackary había actuado de manera tan extraña aquella mañana porque se sentía avergonzado de que ella lo hubiese visto en tan mal estado por la noche, pero desde que se había cruzado con el Senador Neumann y el Príncipe en el jardín no podía quitarse un mal presentimiento de encima.
La noticia de que Hyrule se había unido a la república sin duda la tomó por sorpresa y revivió ciertos recuerdos que creía superados, pero se repitió muchas veces que no había razón por la cual alterarse, ahora no estaba tan segura de eso.
Sospechaba que un tema a tratar durante la reunión sería la integración de Hyrule, y al hecho de que el Príncipe Zackary será el nuevo representante de Wyvernhold ante el congreso, por lo cual sería aún más difícil evitar dirigirles la palabra o convivir con ellos en general.
En realidad, no podía darse el lujo de ocultarse detrás de una puerta, si su plan era que las personas a su alrededor confiaran en ella, alejarse de todos no era lo ideal. Elsa seguía sin ser la persona más sociable del mundo y sin lugar a dudas, aún había muchos misterios y rumores absurdos a su alrededor que provocaban que muchas personas tuviesen una mala impresión de ella, necesitaba que eso cambiara, al menos un poco.
Necesitaba ser como una persona normal, a pesar de que no lo era, por mucho que insistiera en utilizar aquel amuleto que cambiaba su color de cabello a castaño, todos seguían refiriéndose a ella como Reina de las nieves (cuando pretendían ser amables al hablar de ella) y sin importar los años que pasaran, parecía que jamás olvidarían lo sucedido.
Era agotador y le irritaba bastante, en ocasiones desearía poder demostrar lo mucho que le molestaba sin arriesgarse a que todos pensaran que iba a perder el control y al menos una persona iba a resultar con el corazón congelado, pero claro, no quería provocar problemas con graves consecuencias para su reino y era mejor sólo callar e intentar que cada vez le afectase menos las opiniones de los demás sobre ella.
—Reina Elsa — saludó el supremo Canciller cuando ambos coincidieron en la biblioteca.
Cada una de las oficinas asignadas a todos los representantes de cada reino contaba con una pequeña selección de libros, pero en el Congreso también había una enorme e impresionante biblioteca, repleta de una gran selección de libros de diversos temas, textos en diversos idiomas y de distintas épocas, sin duda una biblioteca con la que muchas personas soñarían y podía asegurar que muchas otras envidiarían.
—Canciller Valorum — correspondió el gesto.
—¿Cómo ha sido su estadía en Berlín hasta ahora? — preguntó él, parecía ser una duda genuina.
—Ha sido muy buena, gracias por preguntar. —respondió.
—Supe que hoy un poco más temprano visitó los jardínes.
—Sí, son bellísimos — prefirió omitir el hecho de que no tuvo oportunidad de recorrerlos por completo debido al incómodo encuentro con los representantes de Wyvernhold e Hyrule — el diseño de los jardínes es impresionante — agregó.
—Me alegra saber que su tiempo aquí ha sido agradable. — se aclaró la garganta, como si estuviera preparándose para abordar un tema incómodo — Me comentaron que tuvo oportunidad de conversar con el representante de Hyrule, el Senador Emmerich Neumann.
—Así es — contuvo el impulso de hacer una mueca — siendo sincera, fue una conversación breve — espero que aquel comentario impidiera que el Canciller hiciera más preguntas al respecto.
—Aún así, es grato saber que a pesar del pasado que existe entre sus naciones, ambos estén dispuestos a "pasar la página" — él hombre tenía una expresión alegre en el rostro —. Lamento no haberle comentado que Hyrule sería parte de la república a partir de ahora, sé que no fue correcto ocultar esa información.
—No se preocupe, entiendo que haya podido ser algo complicado de explicar por medio de correspondencia — realmente lo que menos deseaba ella era hacer una tormenta en un vaso de agua.
Tenía que aceptar que para las personas que no la conocían personalmente, tenían sus dudas con respecto a cómo deberían tratarla y bueno, había iniciado un invierno a mitad de julio después de una discusión con su hermana, quizá temían que se repitiera la historia en cuanto se enterara de que el reino natal de su ex prometido sería aliado de la república.
—Bien, no la molestaré más, seguramente querrá disfrutar del resto de la tarde — dijo el hombre —, ya hablaremos mañana durante la reunión, por ahora quizá querrá pensar en todo menos política, incluso puede que usted planee salir a conocer la ciudad y yo la estoy reteniendo aquí.
—No, en realidad creo que por ahora no iré a pasear, ya será después de la reunión y ocuparme de cada uno de mis deberes aquí — dijo ella —, pero sin duda tengo planeado recorrer el lugar antes de tener que volver a Arendelle.
—Grandioso, le garantizo que no se arrepentirá de hacerlo —afirmó el hombre — Berlín tiene muchos sitios fantásticos, si lo desea, puedo mencionarle algunos cuantos lugares que seguramente le gustarían.
—Lo tomaré en cuenta, gracias.
