LA REUNIÓN


Empezaba a oscurecer cuando creyó prudente regresar a los aposentos de su reino, era mejor no arriesgarse a que alguien malinterpretara el verla caminar por los pasillos del recinto a altas horas de la noche, ni le ayudaría que iniciaran algún nuevo rumor que arruinara (aún más) su reputación. Además, le haría bien descansar lo suficiente antes de la hora en la que se llevaría a cabo la reunión, no le convenía encontrarse cansada o distraída en tan importante momento.

Estaba a punto de introducir la llave en el cerrojo cuando escuchó una puerta abrirse a sus espaldas.

—Majestad — ¿Acaso había estado esperando a que ella regresara?

Elsa se giró para poder mirar directamente al Senador, no sabía que planeaba aquel hombre ni se fiaba de él, pero alzó la mirada para aparentar que se encontraba tranquila a pesar de que en el fondo estaba nerviosa de encontrarse a solas con él, si tenía algo de suerte podría golpear ligeramente la puerta de sus aposentos y Ostein lograría escucharla de encontrarse en la oficina.

—Buenas tardes, Senador Neumann — saludó ella con voz neutral.

—Puede llamarme Emmerich si así lo prefiere — se acercó un poco a ella, mientras que Elsa hizo su mayor esfuerzo para no retroceder y permanecer firme en su lugar — Esperaba tener oportunidad de hablar con usted antes de mañana.

Elsa agradeció que él no esperara que ella le dijera que podía referirse a ella por su nombre dejando de lado su título. Le resultaría raro permitir que alguien en que ella no confiaba lo hiciera.

—Lo escucho.

—Quería disculparme por el comportamiento de Zackary, si bien él no representa a mi nación y puede que no sea mi responsabilidad justificar su comportamiento — habló él —, le aseguro que no es una mala persona, y no creo que sus intenciones hayan sido molestarla u ofenderla de algún modo, simplemente está tomando decisiones que yo considero equivocadas.

Elsa alzó una de sus cejas sin entender a que podría estarse refiriendo.

—Arriesgándome a ser indiscreto y quizá un mal amigo, — aclaró su garganta — sin embargo tengo el presentimiento de que el comportamiento de Zackary la ha desconcertado y preferiría darle una explicación antes de que surjan malentendidos.

—Está bien — murmuró ella. Aunque quizá ya era algo tarde para prevenir que ella se imaginara algo negativo o desconfiara tanto del Príncipe como de él.

—Su hermano; el Rey Leighton, consideró que era momento de que él desempeñara un papel más activo en la política de su reino —dijo Emmerich — y a Zack realmente nunca le ha interesado hacerlo, así que está convencido de que su hermano lo está castigando al nombrarlo el representante de Wyvernhold ante el congreso de la república así que sus intenciones son…

—¿Arruinarlo y hacer que su hermano se arrepienta de haberle encomendado la tarea en primer lugar? — concluyó Elsa.

—Le dije que él estaba tomando decisiones equivocadas — intentó aligerar el ambiente al soltar una pequeña risa —. He intentado hacerle ver que su comportamiento podría traerle consecuencias desagradables a su reino y a él mismo, pero es demasiado testarudo.

—Es bueno saber que hay una explicación del porqué ha sido…—pensó por un momento el cómo describir el comportamiento de aquel hombre — inusual — hubo un toque de duda en su voz al pronunciar aquella palabra.

Quizá se distrajo demasiado, pero cuando volvió a ser consciente de su entorno se percató de la cercanía que existía entre el Senador y ella, ¿Cuando había sido que se redujo tanto la distancia entre ambos?

No sabía si acaso ella en algún momento empezó a alejarse de la puerta a sus espaldas, o si Emmerich había sido quien caminó hacía ella, pero de pronto ya no estaban tan alejados como al inicio de su conversación. Volvió a ponerse alerta, sin embargo no iba a demostrar vulnerabilidad apartándose de manera repentina.

—Y lo que mencioné antes era cierto, — dijo él volviendo a captar la atención de la mujer — desearía que nuestra primera interacción hubiese sido distinta, realmente vine a Berlín con las mejores intenciones y si bien, fue una sorpresa enterarme de que usted estaba aquí — Elsa bajó levemente la mirada — si esperaba tener oportunidad de conversar con la representante de Arendelle y quizá conseguir que se me concediera una audiencia con usted.

Pretendió olvidar el asunto sobre una posible alianza entre Hyrule y su reino, permaneció sin decir nada, aguardando a que él prosiguiera.

—Entiendo si su opinión respecto a mí o a Hyrule no sea la mejor, pero quisiera intentar cambiar eso. — ella estaba intrigada al respecto — Si usted me lo permite, me gustaría que pudiéramos conocernos un poco, podríamos conversar en algún momento.

—Me parece que lo estamos haciendo ya —comentó sin detenerse a pensar antes de decirlo en voz alta; algo que no era normal en ella.

—Es verdad. — rió — ¿Qué opinaría sobre tomar un paseo por la ciudad juntos?

—¿Un paseo, ahora? — miró a su alrededor confundida.

—No, es decir, anochecerá muy pronto — titubeó —, pero quizá mañana después de la reunión o cuando usted lo prefiera, escuché que no conoce la ciudad y yo podría darle un recorrido por algunos sitios emblemáticos y algunos cuantos sitios poco conocidos por los turistas.

—Su invitación es muy amable, lo pensaré — no sabía muy bien si debía negarse de inmediato o esperar a encontrar una excusa válida para rehusarse a aceptar a tomar un paseo junto a él, lo cierto es que no entendía de dónde había escuchado que ella no conocía la ciudad.

Es decir, era prácticamente verdad.

¿Había estado antes en Berlín? Sí.

¿Visitó algún lugar fuera del edificio en el que justo se encontraban en ese instante? No.

—Sé que pasó gran parte de su vida encerrada, así que no ha podido…

—Preferiría no hablar del tema — lo interrumpió, hablando con un tono firme a pesar de que era arriesgarse demasiado a ser considerada una persona grosera o descortés, pero ciertamente no le apetecía volver a pensar en el tema de su encierro —. Es muy tarde, tal y cómo usted lo dijo y mañana es un día importante — dijo — buenas noches, Señor Neumann.

No escuchó que él se despidiera o dijera algo más, quizá sí lo hizo pero ella estaba tan enfocada en alejarse de él que no fue capaz de oír nada más, simplemente se alejó de él, abrió la puerta y entró a su oficina cerrando la puerta tras de sí de inmediato.

Recargó su espalda contra la pared, cerró los ojos y se obligó a inhalar y exhalar unas cuantas veces para calmarse y aclarar su mente. Cuando abrió los ojos se percató de que Ostein no estaba allí; algo que agradeció ya que no estaba de humor como para escuchar alguno de sus chistes poco apropiados, era algo temprano como para que el muchacho estuviera durmiendo, pero eligió creer que simplemente estaba en su habitación leyendo o utilizando su comunicador mágico para hablar con sus amigos, porque más le valía a ese jóven no haber salido a beber o en búsqueda de diversiones nocturnas que provocarían un escándalo si era descubierto con las manos en la masa.

Por alguna razón sus ojos se percataron de una pequeña bolsa de papel sobre el escritorio, caminó despacio hacia el mueble sin despegar la mirada de la bolsa, había una pequeña nota al lado, Ostein había comprado un par de chocolates para ella, puesto a que Elsa no se había tomado (aún) el tiempo para ir ella misma a comprar golosinas y claro, no era un secreto que la Reina de Arendelle amaba los chocolates; fue un lindo detalle.


Una vez en su habitación se retiró el amuleto e instantáneamente su cabello regresó a ser rubio platinado, se sentó sobre la cama y sacó su comunicador mágico de uno de los cajones del buró para llamar a Andy.

—Mamá — su hijo no demoró en responder su llamada, la rubia dedujo que él estaba igual de preocupado por ella que el resto — ¿Cómo está todo?

—Yo iba a hacerte esa misma pregunta. — sonrió Elsa — Aquí ha estado todo bien, tranquilo y sin ningún imprevisto — sabía que si mencionaba el nombre de cierto país podría detonar algo en Anders, era mejor ocultar esa información al menos hasta que pudiera decírselo en persona.

—¿El Senador de Hyrule no ha dado problemas? — Ella cerró los ojos y en sus pensamientos maldijo a Ostein por habérselo dicho a Andy.

—No. — probablemente era una enorme mentira, pero no deseaba alterarlo o preocuparlo aún más — Sinceramente me tomó por sorpresa enterarme que ese país se integraría a la república, pero hasta el momento no ha habido problemas.

—Ten cuidado —le pidió su hijo.

—Lo tendré, lo prometo. — dijo ella — Ni siquiera he hablado demasiado con él, y después de la reunión de mañana es posible que no tenga que conversar con él nuevamente — espero que con aquellas palabras su hijo pudiera quedarse tranquilo.

—Quizá deberías regresar a casa en cuanto termine la reunión. — sugirió el Príncipe de Arendelle — Sé que planeabas pasar unos días más en Berlín, pero si alguien de Hyrule está allí no es seguro.

—Aksel ya no está, Andy — debía recordárselo constantemente a Andy y a ella misma.

—De eso no estamos seguros.

—Él ya no está — repitió Elsa — y ya no representa ningún peligro para nosotros, han pasado muchos años desde que cayó a aquel acantilado, de haber sobrevivido creo que ya habría vuelto ¿No crees? — intentó usar la lógica.

Por la mirada de Andy, ella sabía que su hijo no estaba del todo convencido y quizá jamás terminaría de creer que en efecto, Aksel ya estaba fuera de sus vidas de manera definitiva y nunca podría volver a lastimarlos de ninguna manera.

—Hyrule ya no es gobernado por un Rey, la vez que Ostein y yo estuvimos allí las personas con las que hablamos no parecían estar de acuerdo con las ideas que el Rey Dark solía tener. — siguió hablando al darse cuenta de que Andy no lo haría.

—No creo que debamos confiar en ese hombre o en nadie de ese país.

—Andy, tendré cuidado. — volvió a decirle con voz suave y suspiró — Creéme, tampoco me es fácil olvidar lo que sucedió, y desde lo de Aksel, sabes que me cuesta aún más confiar en las personas, así que te aseguro que seré precavida — agregó — Todo estará bien y estaré en casa pronto.

—¿Qué tan pronto? — La Reina soltó una risa y negó con la cabeza — Te extraño mucho — admitió.

—Espero no sea un truco para convencerme de volver lo antes posible a Arendelle. — bromeó la mujer — Yo también te extraño muchísimo. — sonrió — Dime, ¿Cómo están las cosas en Arendelle?

—No he provocado una guerra si es lo que preguntas — respondió con intención de ser gracioso — Todo ha marchado bien hasta ahora, tuve una aburrida reunión con el Consejo Real, mucho papeleo, audiencias, más papeleo — soltó una risa — Kai me ha estado ayudando bastante, e insisto en que cada vez entiendo menos cómo lograr hacerlo tú — Elsa sonrió.

—Es cuestión de práctica, incluso tú has ido mejorando con el tiempo y no hay nadie en quien confíe más para dejar a cargo de Arendelle. — dijo su madre — Serás un gran Rey algún día.

—No quiero hablar de eso. —a pesar de ya no ser un niño, la idea de perder a su mamá le parecía tan dolorosa y aunque era algo inevitable, prefería no pensar en un futuro en dónde ella ya no estuviera — Sólo diré que, nadie podría ser mejor que tú, la Reina Elsa de Arendelle sin duda dejó unos estándares muy altos.

—Estoy segura de que cuando llegue el momento, harás un grandioso trabajo. — fue lo último que añadió respecto al tema — Estoy muy orgullosa de ti ¿Lo sabías?

—Me lo dices varias veces.

—Quiero asegurarme de que jamás lo olvides.

—Papá está aquí — lo mencionó de pronto Andy.

—Oh —por un segundo no supo qué decir — me alegra saber que puedas pasar tiempo con tu papá — habló finalmente — ¿Liv y Helena también se encuentran en el castillo?

—No, sólo papá — respondió — ¿Él y tú…?

—No hemos vuelto a pelear y discutir como cuando eras pequeño si es lo que preguntas —dijo ella — no te preocupes, las cosas no volverán a ser cómo en ese entonces — en ese momento deseó poder estar en Arendelle y abrazarlo — Sé que el que tu padre y yo no nos llevábamos muy bien en ese entonces no fue lindo para ti y lo lamento.

—No fue tu culpa — aunque no lo decía en voz alta, el jóven tenía la corazonada de que su padre era por completo el culpable de lo que fuera que hubiera sucedido entre ellos dos, su madre era la persona más buena que él conocía y si ella solía odiar tanto a su padre, debía haber una excelente razón para ella — Sólo me pregunto si tú estás bien, si…¿Papá fue la razón por la que te fuiste?

—Hans está preocupado por mí, lo sé — dijo —, creo que he preocupado a mucha gente y quizá les deba más de una explicación al respecto — Elsa desvió la mirada, volteando su rostro hacia la izquierda y por unos cuantos segundos sus ojos se pasearon por la habitación —, no me siento del todo lista para hablar por ahora y creo que sería mejor hablar en persona, si te parece bien.

—Está bien, comprendo — decidió no insistir.

—Andy, —dijo — te aseguro que tu papá no fue el motivo por el cuál me fui, en realidad había muchas cosas en mi mente y creí que me haría bien salir de Arendelle por unos días — esperó con eso lograr disipar cualquier pensamiento negativo que Andy pudiera tener hacía Hans en ese momento.

—Ok. — él no sabía si creer en las palabras de su madre — Bueno, sea lo que sea, espero que estés mejor y todo salga bien en la reunión — le deseó Andy — y nada de firmar alianzas con Hyrule — le advirtió, Elsa no pudo evitar reír.

—No te preocupes, no planeo hacerlo — era la verdad, no se fiaba del Senador Neumann y prefería mantener su distancia — el hecho de que nuestras naciones formen parte de la república no significa que tengamos que formar alguna alianza o firmar algún tratado comercial. — aquello era un alivio — y no olvides que Liv es la Senadora de Arendelle, así que en realidad, ni tú ni yo tendremos que tratar directamente con ellos la mayor parte del tiempo, no hay razón alguna para alarmarse.

La conversación terminó con Andy diciéndole que en caso de que el Senador de Hyrule o alguna otra persona le diera problemas, él iría a Berlín inmediatamente para darles una lección y protegerla, para después ambos desearse las buenas noches.


Elsa había despertado temprano como de costumbre, había solicitado que les llevaran el desayuno a la oficina y mientras Ostein y ella comían, Elsa no perdió la oportunidad de reclamarle por haberle mencionado a Andy el asunto de Hyrule, así cómo también le repitió que la había acompañado para trabajar como su asistente, no para vigilarla y ser el espía personal de Hans y Andy.

Cuando ambos salieron de la habitación para encaminarse rumbo al salón dónde se llevaría a cabo la reunión, tuvieron la mala suerte de coincidir con el Senador de Hyrule ya que él salió de su oficina al mismo tiempo.

—Majestad — Emmerich fue quien habló primero — buenos días, espero que haya pasado una buena noche.

—Buen día señor Neumann — correspondió el saludo. Ostein permaneció en silencio observando, aceptando el hecho de que estaba siendo completamente ignorado.

—Me alegra verla, esperaba poder decirle algo antes de que iniciara la reunión, —parecía algo nervioso — quería disculparme, otra vez — parecía que aquello estaba por convertirse en una costumbre — lamento si anoche dije algo ofensivo o grosero.

El asistente abrió sus ojos como platos — ¿Anoche? — pensó Ostein.

—Fue imprudente de mi parte el mencionar un tema que claramente no es de mi incumbencia — Elsa apreciaba esa disculpa, aunque parte de ella se decía que en realidad solo había exagerado y posiblemente debería ofrecerle una disculpa a él por haberlo preocupado. — No pienso volver a cometer ese error.

—No se preocupe, estoy segura de que no tenía ninguna mala intención. —dijo — Quizá deberíamos darnos prisa para no hacer esperar a los demás.

—Claro, tiene razón. — dijo Emmerich — Después de usted — se hizo a un lado; tan sólo un poco para dejarle el camino libre, Elsa apenas había dado un par de pasos cuando la voz de Ostein la detuvo.

—¡Espere, he olvidado algo! — exclamó el asistente de la Reina de Arendelle antes de volver a abrir la puerta de la oficina e ingresar a la habitación.

—Adelantece usted, yo me aseguraré de que todo esté en órden — dijo Elsa, el comportamiento de Ostein le pareció inusual así que era mejor verificar que no hubiera algún tipo de problema, así que antes de que Emmerich pudiese sugerir esperarla, ella fue tras Otsein y cerró la puerta de la oficina — ¿Sucede algo?

—¿Él le faltó el respeto anoche? — preguntó el jóven haciendo especial énfasis en la palabra "anoche", ella puso los ojos en blanco (algo para nada propio de la Reina).

—Ostein no te hagas ideas equivocadas y tampoco quiero bromas al respecto — le advirtió — Ayer por la tarde, cuando estaba empezando a anochecer — mencionó para dejar en claro que no había conversado con aquel hombre a altas horas de la noche — al regresar de la biblioteca me encontré con él, eso es todo.

—Él se disculpó por haberla ofendido.

—Hizo un comentario bastante desatinado referente a mis años de encierro. —explicó ella — Me comentó que su gobernante está interesado en tener una buena relación con Arendelle, habló de la posibilidad de llegar a algún acuerdo comercial — Ostein la observaba expectante, aguardando a escuchar el momento en que la conversación llegó al punto de mencionar los años en que Elsa pasó sin salir de su habitación —, eso lo llevó a mencionar que existe una historia complicada entre nuestras naciones, y sugirió que nos conocieramos para ¿Limar asperezas? ¿Ver si podemos confiar el uno en el otro? No lo sé — suspiró — Propuso que diéramos un recorrido por la ciudad, y fue cuando se le ocurrió decir que seguramente yo no había podido conocer muchos lugares porque pasé muchos años encerrada.

—¿Así que él la invitó a una cita? — sugirió a manera de broma, obteniendo a cambio una mirada severa por parte de ella.

—No, por supuesto que no. —se cruzó de brazos — Es sólo política, intereses económicos, sólo asunto de trabajo — Ostein alzó una de sus cejas e hizo una media sonrisa — ¡No me invitó a una cita, ¿De acuerdo?! — exclamó empezando a irritarse.

—¿Cuántas veces la han invitado a tomar un paseo por alguna ciudad para discutir temas políticos? — tenía una sonrisa burlesca, era claro que tan sólo quería molestarla. Elsa titubeó un poco antes de volver a hablar.

—No es momento de tus bromas y no quiero que vuelvas a sugerir algo así, muy en especial mientras estemos aquí — le dejó en claro — No estoy interesada en escuchar algún otro molesto rumor sobre mí.

— ¿Por qué alguien pensaría que…? — ella lo miró como diciendo "¿En serio necesito decirlo?" — …ok, tiene un punto. — aceptó que la reputación de Elsa no era precisamente la mejor, después de todo, tenía un hijo sin estar casada — Pero admita que es raro que ese hombre crea que deban tomar un paseo juntos para quizá en un futuro usted acceda a firmar un acuerdo comercial con Hyrule.

—Es raro. — en eso no podía estar más de acuerdo — Tal parece que ese hombre es muy raro en general, pero tengo que actuar de manera precavida, no hay que arriesgarnos a que exista otro conflicto entre Hyrule y Arendelle — comentó Elsa — y hablando sobre política, será mejor que nos demos prisa, hay una reunión muy importante en la cual se requiere nuestra presencia — ella sonrió.

—De acuerdo — los dos se acercaron a la puerta.

—Y Ostein — dijo ella con la mano en el picaporte sin girarlo todavía — abstente de comentarle algo a Andy sobre el Senador — no deseaba que alguna broma de mal gusto sobre "citas", "paseos románticos", etcétera, alterara a su hijo.


El Supremo Canciller informó de la integración de Hyrule al Congreso de la República, el Senador Emmerich J. Neumann se presentó ante los presentes y habló un poco sobre su país y lo honrados que se sentían al pertenecer a la república. Antes de dar por iniciada la reunión formalmente, también se anunció que el reino de Wyvernhold tenía un nuevo representante ante el congreso ya que a partir de ese momento, el Príncipe Zackary Aldridge tendría el puesto de Senador de Wyvernhold.

A diferencia del señor Emmerich, las palabras del Príncipe fueron despreocupadas y un poco desatinadas, ahora que Elsa sabía las intenciones del Príncipe de Wyvernhold no se inquietó pensando en toda clase de posibles malas intenciones que pudiera tener ese hombre, ahora sólo le parecía tan inmaduro y patético. Una vez finalizados los anuncios y presentaciones, se empezaron a discutir varios temas de importancia.

La Reina de Arendelle notaba que Ostein estaba genuinamente interesado en la conversación que se estaba desarrollando entre las personas allí presentes, a Elsa le alegraba ver cómo aquel muchacho había madurado y a pesar de que aún podía ser un poco molesto e imprudente bromista, ya no era aquel vago despreocupado que no se tomaba nada enserio, ahora era un muchacho estudiado, trabajador, interesado en seguir formándose en la política y tenía mucho potencial para desempeñar un puesto importante en el futuro.

—Cómo es sabido, los separatistas son una amenaza latente — habló Harald Torgersen; Senador de Nordhaven — así como la república ha crecido, ellos tienen cada vez más simpatizantes.

—Correcto —intervino Emmerich — Hyrule, gracias al apoyo de Wyverhold, Alemania, Nordhaven y por supuesto, de la república, logró independizarse al vencer a los separatistas que ocupaban nuestro territorio. —habló el Senador — Pero no por ello hay que subestimarlos, hay varios reinos aliados a los separatistas que son conocidos por su gran desempeño en el campo de batalla.

—Varios reinos ya han sido conquistados por ellos — agregó otro hombre.

—La guerra que le devolvió su libertad a Hyrule no fue lo peor a lo que nos hemos enfrentado, si bien el reino había estado siendo ocupado por ellos, en realidad los separatistas no parecían tener demasiado interés en conservar el territorio bajo su poder — volvió a hablar el señor Torgersen —. En cambio hay otras naciones que no correrían la misma suerte, hay reinos con grandes riquezas y recursos naturales, incluso ahora sabemos que en algunas naciones hay magia que sin duda atraerá el interés de nuestros enemigos — los ojos del hombre se fijaron en la Reina de Arendelle; o al menos eso le pareció a ella — y varias de las naciones que forman parte de la república son pacíficas, por lo tanto no cuentan con mucha experiencia en el campo de batalla.

—Afortunadamente con el tiempo algunos países que cuentan con fuerzas armadas altamente capacitadas para el combate, se han unido a nosotros — les recordó el Supremo Canciller para sembrar un poco de esperanza.

—Aún así, es importante conseguir más aliados que puedan contribuir en caso de que se deba combatir al ejército separatista nuevamente. — dijo el señor Torgersen — Y como se mencionó con anterioridad, los separatistas cada vez son más fuertes y cuentan con más apoyo de diferentes naciones, ya sea que se unan a ellos de manera voluntaria o obligados por ellos, debemos asegurarnos de que reinos y países que sean reconocidos por triunfar en guerras, estén de nuestro lado.

—Hay algunos reinos que han salido victoriosos de varias batallas y guerras a lo largo de los años que aún no se unen a los separatistas o a nosotros, — habló Emmerich — Las Islas del Sur por ejemplo.

Ostein pareció sorprendido, quizá no había caído en cuenta de la falta de un representante de aquel reino ante el congreso, en realidad, junto en ese momento cayó en cuenta de que la única vez en que escuchó al Príncipe Hans mencionar la república fue algo relacionado al hecho de que su esposa era la Senadora de Arendelle.

—Cierto— dijo el Supremo Canciller — Las Islas del Sur serían un aliado muy importante para la república, ya he tenido una audiencia con el Rey Viktor, pero aún no ha tomado una decisión al respecto — les informó.

—Vaya — soltó de pronto el representante de Wyvernhold, captando la atención de todos los presentes — Sería genial que alguien aquí presente pudiera pedirle a su ex novio que convenciera a su hermano de aceptar unirse a nuestra causa ¿No? — Los gritos ahogados inundaron la sala y todas las miradas se enfocaron en la Reina de las Nieves.

—No dijo eso — dijo Ostein en voz baja sin poder creer que ese Príncipe de verdad tuvo el atrevimiento de decir aquello en voz alta.

—¿Qué demonios Zack? — Preguntó Emmerich tomando a su amigo por el brazo de manera brusca — ¿Qué pretendes con esto?

Mientras tanto Elsa permaneció en shock, quizá sí había sido una terrible idea haber ido. Empezaba a sentirse mareada y de pronto fue incapaz de entender lo que decían las personas a su alrededor, tan sólo había ruido inteligible. Quizá la idea de tomar unas vacaciones en Las Islas del Sur no habría sido tan mala.

—Yo…— murmuró Elsa con la mirada fija al frente.

—¿Reina Elsa? — Le susurró su ayudante, preocupado por su bienestar.