CONVERSACIONES
Antes de lograr llegar a su habitación creía haber decidido que Andy sería al primero a quien contactaría para informarle acerca de lo ocurrido, después llamaría a Anna y si tenía intenciones de cumplir la promesa que le hizo a Ostein minutos atrás, dejaría la llamada a Hans al último, pero una vez a solas sus planes cambiaron por completo.
Se retiró el amuleto, tomó el comunicador mágico y se sentó al borde de la cama, entonces se dispuso a llamar al padre de su hijo, quien respondió inmediatamente.
—¡Elsa! —exclamó sorprendido, pero parecía aliviado y quizá un poco feliz de verla — ¿Cómo estás? ¿Todo salió bien en la reunión?
—Andy me comentó que estabas en el castillo — decidió ignorar sus preguntas en ese instante.
—S-sí —titubeó al responder, pensando que quizá ella se molestaría — Estoy aquí, pensé en pasar tiempo con Andy — ella asintió levemente un par de veces con la cabeza —¿Está todo bien?
—No, en realidad no está bien— respondió la rubia —, me alegra que estés con Andy. — dijo — Planeaba hablar con él primero, pero pensé que sería mejor ponerte al tanto a ti antes.
—Elsa me estás preocupando. — habló el pelirrojo — ¿Pasó algo en Berlín? — ella asintió una vez más.
—No sé cuánto tarde en llegar la noticia a Arendelle, pero…— se detuvo un segundo antes de soltar la noticia — …Hans, hubo un ataque en el muelle, aún están investigando para saber que pasó con exactitud y descubrir quién está detrás de todo esto.
—¿Un ataque? ¿Estás bien? — se alarmó inmediatamente —¿Necesitas que vaya por ustedes?
—No, lo cierto es que por el momento parece que nos mantendrán encerrados en el edificio, al menos mientras se aseguran de que sea seguro salir. — respondió ella — No se sabe con certeza cuál era la intención detrás del ataque y…
—Eso no importa, debes salir de Berlín de inmediato no es seguro — la interrumpió — ¿Tu barco resultó afectado en el ataque? — preguntó.
—Lo cierto es que no tengo idea, imagino que nos informarán de todos los daños tan pronto como avance la investigación.
—Bien, eso da igual, viajaré a Berlín lo antes posible y te sacaré de allí,
—No — lo detuvo — escucha, el ataque sucedió en el muelle, es posible que ni siquiera te permitan acercarte, — quiso ser realista — aún así, gracias por preocuparte y prometo mantenerte informado de la situación.
—Iré a hablar con los trolls, antes nos han ayudado con pociones y hechizos para viajar de un lugar a otro rápidamente — dijo Hans insistiendo en traerla de vuelta a Arendelle cuanto antes.
—Bien, creo que podría ser muy útil — accedió — si las cosas empeoran por aquí te lo diré y no me opondré a que vengas por mí, pero por ahora creo que lo más prudente sería esperar a tener más noticias.
—Te conozco lo suficiente para saber que por el momento nada de lo que diga te hará cambiar de opinión — se rindió el pelirrojo —, pero te pido que me mantengas al tanto, si es posible llamame todos los días para saber que te encuentras bien.
—Lo haré. — aceptó, era una situación delicada que no podía tomarse a la ligera — Prometo comunicarme todos los días y en cuanto reciba más información respecto a lo ocurrido, te llamaré, pero — hizo una pausa — el motivo por el cual decidí avisarte primero a tí, es porque necesito que cuides de Andy.
—Soy su padre, ni siquiera tienes que pedirmelo.
—Él es igual de testarudo que tú, y necesito que evites que tome alguna decisión impulsiva — continuó la Reina — hablaré con él en un momento, pero es posible que se altere demasiado y no me escuche si le pido que se quede en Arendelle. — eso sin duda era algo seguro, adoraba a su hijo y sabía que Andy haría cualquier cosa por protegerla, pero no deseaba que él se pusiera en riesgo — Necesito que estés con él y evites que haga alguna locura.
—Elsa…
—Yo estaré bien — no había manera de estar segura de eso, pero tenía que aparentar no tener ni la menor duda al respecto — Esto se solucionará pronto y volveré a casa en cuanto eso pase.
—Bien, intentaré mantener controlado al chico — Hans sabía que sería una tarea complicada — pero si paso más de 24 horas sin saber de ti…
—Vendrás por mí, entendido — dedujo lo que él diría — Tenemos un trato, supongo.
—Es un trato — afirmó el Príncipe sureño — ¿Y en cuanto a la reunión todo bien?
—Quedó algo inconclusa debido a la noticia — respondió — antes de eso, bueno…— suspiró y bajó la mirada.
—¿Elsa, qué ocurre? — Ella se mostró desanimada y sin volver a elevar la mirada, sus ojos se pasearon por diversos puntos invisibles del suelo.
—Sólo estoy cansada, mucho — no fue consciente del momento en que su voz empezó a entrecortarse y pronto necesitó parpadear varias veces para retener las lágrimas — No sé porque de repente me afecta más el tema de…— calló por un segundo — lo nuestro, o bueno, lo que todos creen que pasó.
—¿Alguien te ofendió de alguna manera? ¿Te hicieron algo? — la voz del pelirrojo se tornó un tanto agresiva, odiaba que ella fuera víctima de todas esas habladurías, rumores y burlas, cuando en realidad él era el único culpable.
—Sólo fue un comentario sin importancia y quizá él ni siquiera pretendía ser grosero, no lo sé — dijo — es decir, cómo dije, fue un comentario sin importancia.
—¿Quieres decirme cuál fue ese comentario? — Hans de verdad quería insistir hasta que ella le confesara cuales fueron aquellas desagradables palabras y quién fue el infeliz que se atrevió a pronunciarlas frente a ella, deseaba hacer pagar a ese sujeto y que le pidiera mil doscientas disculpas a la rubia, pero tenía que controlarse y darle su espacio, no quería atormentarla ni hacerla sentir presionada.
—De verdad fue algo irrelevante; una tontería — forzó una carcajada —ni siquiera sé porque me afectó tanto — era claro que había escuchado peores cosas a lo largo de los años —, supongo que han sido unos días agotadores y fui muy tonta al pensar que aquí no tendría que preocuparme porque alguien trajera el tema a colación.
—Sí te fuiste de Arendelle por lo que ambos escuchamos mientras bailabamos ¿Cierto?
—¡Por última vez, no! — exclamó exasperada — Si fue algo horrible, cruel y doloroso de escuchar, pero ni siquiera fue la razón por la cuál me sentía mal ese día — admitió — creo que tan sólo tuve una especie de crisis porque cumpliré 39 — decirlo en voz alta se escuchaba incluso más ridículo que en su cabeza.
Hans no sabía qué decirle, quería preguntarle más al respecto, darle su apoyo o al menos poder pensar en las palabras correctas para reconfortar a su amiga, quería entenderla mejor, aunque claro, Elsa de Arendelle en muy raras y escasas ocasiones hablaba del cómo se sentía.
—Quería intentar algo nuevo, eso creo — volvió a hablar Elsa, a sabiendas de que el pelirrojo no diría nada — pensar en mi vida, en las decisiones que he tomado y tan sólo necesitaba alejarme un poco, estar sola para descubrir qué es lo que quiero hacer — sonrió con ironía — pensé que aquí a pesar del asunto de trabajo, tendría tiempo para despejar mi mente, divertirme un poco, pero tal parece que no podré hacerlo ya que a alguien se le ocurrió atacar Berlín…otra vez, así que ya no importa si hablo sobre esto o no.
—Els…
—Quizá si debí aceptar la oferta de tu madre y pasar una corta temporada en Las Islas del Sur — negó con la cabeza —, pero bueno, ya no interesa — Elsa se veía desanimada, ni siquiera poseía la energía necesaria para ocultarlo — En cuanto sepa algo más te llamó ¿De acuerdo? — ni siquiera esperó a que él dijera algo, simplemente cerró su comunicador y dió por finalizado el tema.
Respiró hondo unas cuantas veces y se aseguró de eliminar cualquier rastro del llanto, ahora tendría que llamar a Andy para informarle sobre lo ocurrido, más le valía mostrarse fuerte; siempre tenía que hacerlo.
—¡¿Pero qué mierda?! — gritó Emmerich una vez que se encontró a solas con Zack, lo había seguido hasta los aposentos de Wyverhold en cuando salieron de la sala de reuniones, no queriendo dejar pasar por alto la situación.
—Lo sé, ¿Un ataque en el muelle justo cuando estamos aquí? — se quejó el Príncipe — ¡Lo que nos faltaba! — se dejó caer en su asiento añadiendo drama a su reacción.
—No me refería al maldito ataque — el cual era algo grave, pero eso no era culpa de su amigo — Lo que le dijiste a la Reina de Arendelle fue demasiado.
—No dije nada malo — aseguró el castaño.
—Mencionar frente a todos el asunto del padre de su hijo fue descortés y la manera en la qué lo hiciste fue algo agresivo — Emmerich estaba molesto y le irritaba aún más el que Zack ni siquiera creía que había actuado de una manera incorrecta.
Zackary soltó un bufido, convencido de que su amigo tan sólo estaba exagerando la situación, ni siquiera había dicho algo ofensivo, tan sólo había dicho que el Príncipe Hans de las Islas del Sur era el ex de la Reina de Arendelle y eso no era ningún secreto.
—Hay personas que la llaman una puta, mujerzuela y cosas de ese estilo por tener un hijo sin estar casada — le recordó Zack — ¿Y dices que yo soy lo peor por haber mencionado quien es su ex novio?
—No es divertido y te aseguro que a ella no le agradó que trajeras el tema a colación — insistió Emmerich — Si tanto creías necesario pedirle que intentara convencer a la familia Real de Las Islas del Sur de unirse a la república, pudiste haberlo hablado en privado con ella, no exponerla de esa manera en público.
—No es para tanto.
—Quiero que te disculpes con ella.
—No eres mi padre ni mi superior, no tengo que obedecerte.
—Escucha, si quieres actuar como un idiota ¡Adelante! — sus palabras fueron firmes y agresivas — Me has dejado en claro que insistes en demostrarle a tu hermano que cometió un error al nombrarte Senador de tu reino, y si quieres seguir adelante con esa estupidez no pienso impedirlo.
—¿Y qué estás haciendo justo ahora? — se burló el menor.
—Si quieres arruinar tu reputación es tu problema, pero no perjudiques a otros — le advirtió Emmerich.
—Sólo estás molesto porque quieres convencerla de hacer negocios con tu país — interpretó el Príncipe — Y creo que pierdes tu tiempo porque dudo mucho que la Reina acceda, sin importar si me disculpo o no.
—Desde un inicio el Presidente de Hyrule supo que sería algo complicado, que siquiera conseguir una audiencia con la Reina Elsa representaría todo un reto — dijo el Senador de Hyrule — es posible que tengas razón y sea una causa perdida, pero sin importar si pienso intentarlo o no — lo apuntó con su dedo índice — No es correcto lo que hiciste y le debes una disculpa.
—Como quieras, pero dudo que ese sea el mayor de tus problemas — se cruzó de brazos — Hyrule le declaró la guerra a Arendelle años atrás, por poco asesinan a la familia Real y sin importar si en ese entonces eran gobernados por un Rey loco, esa es la impresión que ella tiene de tu nación y bueno — hizo un movimiento de manos — casualmente cuando ella viene aquí a Berlín, se entera de que Hyrule se unirá a la república y de repente hay un ataque en el muelle, que extraña y desafortunada coincidencia.
—Te aseguro que Hyrule no está detrás del ataque — aseguró Emmerich, sintiéndose un tanto ofendido por la insinuación de su amigo.
—¿Y no piensas que la Reina de Arendelle podría llegar a esa conclusión?
—Es una mujer inteligente, no afirmará algo de esa clase sin pruebas sólidas — aseguró el pelinegro — Es posible que sea una de sus teorías, pero como dije, mi país no planeó ni ejecutó el ataque, así que, ella no tiene razones para llegar a esa conclusión — claro, tenía sus propias dudas ahora que Zackary había implantado la idea en sus pensamientos —, pienso hablar con ella, y quizá con el tiempo me gane su confianza.
—Suerte con eso — rió el Príncipe — pero bueno, si de verdad crees que mi inútil e insignificante disculpa servirá de algo, lo haré, pero yo que tú no me haría demasiadas esperanzas y creo que preferiría aprovechar que nuestra estadía en Berlín se vió forzosamente extendida para conversar con otros posibles aliados.
—Yo no te digo que hacer, imbécil — dijo el hombre.
—¿Y tú a mí sí?
—Si insistes en comportarte como un adolescente inmaduro y problemático, es mi deber moral hacerlo — le miró con superioridad.
Había anochecido y parecía no haber más novedades o avances en la investigación, tampoco había aparecido alguien a tomar el crédito por el ataque, no existía un mensaje de advertencia o algo que dejara en claro cuales eran las intenciones detrás de destruir unos cuantos navíos. Muchos de los presentes (sino que todos) comenzaban a asustarse, pensando que en cualquier momento habría un nuevo ataque, algunos temían que lo que hicieron en el muelle era con el único propósito de mantenerlos encerrados en el Congreso, para entonces atacar el edificio y eliminarlos a todos, otros creían que deseaban mantener alejado a alguno de los representantes de su reino natal por algún motivo desconocido aún, mientras que unos pocos intentaban convencerse de que todo había sido un desafortunado accidente y no existía un peligroso enemigo.
Lo cierto era que, todos parecían negarse a descansar esa noche, no al menos hasta que recibieran alguna actualización en el caso.
—Reina Elsa — la mujer, para su mala suerte ya reconocía la voz del Senador de Hyrule — justo con quien esperaba poder conversar.
—Tal parece que soy la persona con quién usted más desea conversar estos días — soltó a pesar del riesgo a ser percibida como grosera.
—Me parece que usted es una de las personas más interesantes por aquí — sonrió el hombre. Elsa lo analizó con detenimiento, hasta ese entonces no se había tomado el tiempo de mirarle claramente, era un hombre que la superaba por mucho en altura, su piel era ligeramente tostada, tenía ojos color avellana y el cabello negro más oscuro que alguna vez había visto — Y como dije, tengo un especial interés en conocerla.
—Simple política, he de suponer — adivinó la Reina de las Nieves.
—O quizá la política sea una simple excusa para poder conversar con usted. — sugirió con cierta gracia — Tengo la extraña corazonada de que podríamos ser amigos — Elsa alzó una de sus cejas, ese debía ser un triste intento para lograr que ella dejara caer los muros que celosamente mantenía alrededor suyo.
—¿Estamos en una ciudad que acaba de sufrir un ataque y usted piensa en formar una amistad? — no pudo evitar sonreír ante lo tonto que sonaba eso — Quizá usted debería reconsiderar el órden de sus prioridades.
—Algunas amistades se convierten en importantes aliados en una guerra ¿No lo cree así?
—Es mi deber advertirle que Arendelle no es reconocido por sus fuerzas armadas ni por su buen desempeño en el campo de batalla — dijo la Reina — somos un reino pacifico.
—Bueno, nuestra armada demoró años en derrotar a los soldados más débiles del ejército separatista, así que probablemente debería recurrir a algún otro reino en caso de requerir ayuda en ese ámbito — bromeó Emmerich — pero si necesita consejos en cuanto agricultura, ese es uno de los fuertes de Hyrule.
—Lo tomaré en cuenta, señor Neumann. — decidió seguirle el juego al Senador — Y dígame, ¿Hay alguna razón por la cuál deseaba conversar conmigo en esta ocasión? — se decidió a hacer la pregunta de una vez por todas, no deseando darle más vueltas al asunto.
—Me parece que mi principal intención era disculparme en nombre del Príncipe de Wyvernhold — ante la mención del castaño la Reina cambió abruptamente su semblante por uno más serio — Sé que no soy responsable de lo que él haga o diga, pero aún así me siento avergonzado por su actitud.
—¿Teme que las acciones del Príncipe Zackary Aldridge perjudiquen mi opinión hacía usted o su nación? — indagó Elsa.
—Opino que sin importar el aprecio que siento hacía mi amigo, creo que su actitud fue reprobable y le aseguro que le reprendí por ello.
—Acaba de decirme que usted no es responsable por los actos o las palabras del Príncipe.
—Pero mi deber como su amigo es decirle cuando se está comportando como un tonto. — Elsa dejó entrever una sonrisa que casi pasó desapercibida por el hombre — Me disculpo por el amargo momento que él le provocó, él no tenía ningún derecho de hacer de su vida privada un tema de conversación en un asunto político.
—No, en definitiva no debía de hacerlo — coincidió ella — pero me gusta pensar que no tenía malas intenciones cuando lo hizo — tal vez estaba siendo ingenua al elegir creer lo mejor de una persona, aunque usualmente ella tendía a hacer todo lo contrario — aún así, gracias por disculparse, lo aprecio — le dedicó una sonrisa dulce — aunque usted no tenga la culpa de nada, es un lindo gesto.
—Espero que ese tonto le pida perdón cuanto antes.
—No sé si él decida hacerlo, pero lo cierto es que preferiría que usted no le obligue a hacerlo — le dijo, ocasionando que el pelinegro se mostrase confundido — si el de verdad desea disculparse, estoy más que dispuesta a otorgarle mi perdón — lo cual era cierto, después de todo, a pesar de que el comentario sí logró afectarla, ni siquiera eran palabras despectivas o groseras — pero escuchar una disculpa que no es sincera, y tener que fingir que creo que esa persona realmente se arrepiente de sus palabras, no está entre las cosas que disfruto hacer.
—Admito que si le exigí que le pida perdón — confesó Emmerich —, pero también debo hacerle saber que él no tiende a obedecerme a mí o a alguna otra persona — añadió — lo cierto es que casi todos los miembros de su familia y el Consejo Real de Wyvernhold lo consideran una causa perdida.
— ¿Usted comparte esa opinión?
—No, así como tampoco el Rey Leighton lo cree — respondió el hombre — pero no importa lo que yo o alguien más opine, el problema de Zackary Aldridge de Wyvernhold es que él mismo se considera una causa perdida.
—¿Por qué lo cree así?
—Él pretende que no le importa ni le interesa desempeñar un papel de importancia en la política, ejército, marina, economía u otra área — dijo —, pero lo cierto es que le aterra tanto no ser lo suficientemente bueno, que ni siquiera lo intenta.
—Eso es algo desafortunado — opinó ella — espero que esta experiencia siendo el representante de su reino le ayude a tener confianza en sí mismo.
—Espero lo mismo, pero ciertamente él está demasiado comprometido con arruinarlo todo — pusó los ojos en blanco —, pero basta de Zackary o el creerá que estoy saboteando su plan maestro. — añadió un toque de sarcasmo a esas últimas dos palabras — Hableme de usted, ¿Algún motivo por el cual haya prescindido de enviar a la Senadora Liv de Baybiron como representante de Arendelle en esta ocasión?
—Bueno, mis intenciones eran disfrutar del tiempo libre que pudiera llegar a permitirme, para descansar un poco y conocer un nuevo lugar, pero tal parece que mis planes fueron arruinados. — respondió ella — No acostumbro salir de Arendelle; o del castillo con frecuencia — casi nunca, de hecho — y pensé que era la oportunidad ideal para hacerlo, pero creo que la próxima vez que desee un tiempo libre, optaré por tomarme unas vacaciones.
—Considero que es una decisión bastante acertada.
—¿Y qué hay de usted? — le cuestionó ella — ¿Usted qué papel desempeña en su país?
—Senador — respondió — vaya la redundancia — rió — en la democracia existe algo llamado cámara de senadores; de la cual yo formo parte al igual que varias personas más — Elsa lo escuchaba con atención, mientras él pensaba en cómo explicarlo, ya que la democracia era una forma de gobierno distinta a la que existía en Arendelle — supongo que lo más cercano a una cámara de senadores es un Consejo Real — esperó no estar haciendo una comparación errónea — lo cual significa que posiblemente usted me odie.
Ella no contuvo la risa que generó aquel comentario.
—Entonces lo admite — apuntó Emmerich — ¿Me odia a mi, a su Consejo Real o a ambos?
—Me reservo mis comentarios. — respondió de manera juguetona — Escuche, esta conversación fue agradable — se aclaró la garganta — y de nuevo, gracias por disculparse y por su amabilidad — agregó — pero seré clara con usted, una alianza entre Hyrule y Arendelle sería algo complicado y no depende solamente de mí.
—Usted es la Reina.
—Podría ignorar la opinión del Consejo, sí, pero no sería lo correcto — dijo Elsa — si bien han pasado unos cuantos años desde la guerra, y sé que Hyrule no es la misma nación de aquel entonces — unió sus manos a la altura de su abdomen — no será fácil que el Consejo o los habitantes de mi reino acepten la idea de que Hyrule sea nuestro aliado, la guerra es algo que no ha quedado en el olvido y perjudicó a mucha gente.
—Si hay algo que el Presidente pueda hacer para ayudar a cambiar la percepción que Arendelle tiene de nuestro país…
—Prometo discutirlo con el Consejo una vez que yo vuelva a Arendelle, pero no le garantizo una respuesta positiva — lo interrumpió — y debo advertirle que la opinión más importante para mí es la de mi hijo, y para Anders el asunto de la guerra con Hyrule aún es una herida que no ha cerrado completamente.
Su adorado Andy tenía apenas cinco años cuando Aksel apareció en sus vidas, pretendiendo ser el hombre perfecto, amoroso y estar interesado en convertirse en la mejor figura paterna posible para el Príncipito de Arendelle, cuando en realidad tan sólo deseaba apoderarse de su reino y utilizar los poderes de Elsa para conquistar otros reinos.
Cuando los planes de Aksel quedaron al descubierto y ella intentó enviarlo de vuelta a Hyrule, él estuvo a punto de causarle un enorme daño con tal de obligarla a casarse con él y después de que Andy la rescató de ese horrible hombre, él regresó con un ejército y con magia oscura para obtener lo que deseaba.
El Rey Dark y Aksel estuvieron a punto de conseguirlo, en un punto la balanza se inclinó a favor de Hyrule y enserio ella creyó que habían perdido la guerra, había suplicado porque le perdonaran la vida a su adorado Andy, pero ellos iban a asesinarlo sin importar cuánto les pidiera que no lo hicieran, y claro, para ella tenían planes tan desagradables que le provocaban un enorme malestar tan sólo de recordarlo.
Habían pasado muchos años desde aquel conflicto; sí, pero las personas que lo vivieron seguían con vida, fue un evento traumático para muchos y era comprensible que las personas en Arendelle sintieran un rechazo hacía el país de Hyrule.
—Reina Elsa, si usted le concede una audiencia a nuestro Presidente; el señor Konrad Albrecht — dijo el nombre de su gobernante por primera vez — quizá él logre hacerla cambiar de opinión, un acuerdo comercial entre ambas naciones sería fructífera para ambas partes.
—Es un tema delicado señor Neumann — repitió ella — lo único que puedo prometerle es que es un tema que trataré con el Consejo Real de Arendelle, pero tiene que ser realista, lo más probable es que la mayoría esté en desacuerdo.
—¿Y si dependiera únicamente de usted?
—Honestamente, tengo mis reservas — su primera reacción cuando el Senador de Hyrule le dejó saber sus intenciones, había sido negarse a aceptar relacionarse con ese país, pero sería poco profesional darle el no sin antes valorar la situación con detalle — la guerra también fue algo que me ha afectado incluso hoy en día, no es sencillo ignorar lo que pasó — se entristeció por un momento — pero lo cierto es que en la ocasión en que estuve en Hyrule, las personas fueron amables y me ayudaron en algo importante, así que si dependiera de mí, me tomaría el tiempo necesario para valorarlo y tomar la mejor decisión para mi reino y mis súbditos.
La conversión se vió interrumpida por la llegada del capitán de la guardia, el hombre carraspeó antes de hacer una reverencia respetando el protocolo, mientras todos lo miraban expectantes y deseosos por saber cuál sería la nueva información que traía consigo.
Confirmaron que no se trató de un simple accidente, alguien había destruido deliberadamente los barcos pertenecientes a Wyvernhold, Eldricon, Grimlore e Islewyck, así como también se vieron dañados los navíos de Thornholt y Corona.
Los guardias que vigilaban el muelle y los barcos pertenecientes a Alemania que rodeaban las aguas que pertenecían a sus dominios confirmaron que no había existido un movimiento inusual en el lugar, ningún navío había arribado después de la llegada de los miembros del Congreso, así que existía una nueva teoría que podría ser la más acertada posible: había un infiltrado dentro de la república.
