MÁGICO


Era pasada la medianoche cuando Elsa lo llamó, pero él no había sido capaz de conciliar el sueño así que tomó la llamada de manera inmediata, algo que pareció sorprenderla debido a la hora, la rubia hizo un comentario al respecto, pero el pelirrojo ignoró sus palabras y le preguntó directamente si tenía nuevas noticias, en el instante en que ella le informó que tal parecía que uno de los aliados a la república era en verdad un infiltrado que simpatizaba con los separatistas le pidió que volviera a Arendelle.

Elsa le dijo que si bien su barco no había resultado afectado en el ataque, el gobernante de Alemania había ordenado que el muelle se cerrara, ningún navío sería recibido en las costas del país ni permitirían que ninguno partiera del territorio hasta que se descubriera al culpable.

Hans por su parte sugirió hacer uso de la magia, los trolls habían preparado un hechizo que le crearía un portal que le permitiría a Elsa y Ostein salir de Berlín inmediatamente, él creía que lo mejor era que ellos volvieran a Arendelle, en realidad, tan sólo quería asegurarse de que ella estuviera a salvo.

—No — el pelirrojo no entendía el porqué Elsa se negaba a aceptar su ayuda, usualmente no ponía en duda la inteligencia de la Reina de Arendelle, pero en ese momento estaba bastante tentado a considerarla una tonta e ir por ella sin importar que Elsa no estuviera de acuerdo.

—Dijiste que si la situación empeoraba permitirías que yo te trajera de vuelta a Arendelle — le recordó con el propósito de hacerla entrar en razón — Y a como yo lo veo, las cosas empeoraron y estás en peligro.

—Creeme que desearía salir de aquí justo ahora.

—Entonces iré por ti en este momento.

—No insistas Hans — tenía que evitar que él actuara impulsivamente — Intenta pensar antes de tomar una decisión, no es conveniente que me vaya de aquí por lo pronto.

—¡Hay un maldito separatista allí Elsa! — exclamó molesto — ¡¿Estás loca acaso?! — preguntó elevando aún más la voz — Es peligroso y no dejaré que te quedes allí, si es necesario te traeré a la fuerza, porque lo único que me importa es tu seguridad.

—Si me marcho creerán que yo estoy detrás del ataque, o que Arendelle está involucrado de alguna manera — dijo ella — el verdadero culpable podría aprovecharse de ello para poner a todos en contra de mi reino y entonces nos enfrentaremos a una guerra que no podríamos ganar.

—Te estás adelantando a los hechos, ¡Siempre haces eso! — él no estaba dispuesto a ceder — Cualquiera en tu lugar si tuviera la oportunidad de abandonar Berlín lo haría sin pensarlo, lo importante ahora es garantizar tu seguridad.

—Entiende Hans, debo pensar en el bien de Arendelle, de mi familia — comentó ella — piensa en nuestro hijo.

—¿Y qué hay de tí, dime? — Elsa suspiró con pesadez — O si insistes en que piense en nuestro hijo, bien, Andy quedará destrozado si algo malo le pasa a su madre.

—No intentes convertirme en la villana Hans.

—Y estoy seguro de que Andy jamás me perdonaría si yo no hubiese hecho todo lo posible para proteger a su mamá — siguió hablando sin importarle la opinión de la rubia — No puedes seguir con esta locura, porque es una locura y una estupidez — afirmó — le diré a Andy lo que está ocurriendo y él estará de acuerdo en que vaya por ti aún así te tenga que obligar.

—Se te da bastante bien obligarme a hacer algo que no quiero, ¿Verdad? — escupió sus palabras de manera mordaz, afectando a él tan pronto como las pronunció.

—Eres mi amiga, la madre de mi hijo y mi Reina — algo que era cierto puesto a que llevaba muchos años viviendo en Arendelle — y lo que menos deseo es volver a herirte de alguna manera, sabes que te aprecio y me preocupo por tu bienestar, pero si para cuidarte tengo que obligarte a hacer algo, lo haré — dijo con firmeza — aunque eso haga de vuelvas a odiarme.

—Lo sé, yo… — cerró los ojos y suspiró — lamento lo que dije, es decir…sé que tus intenciones son buenas y que podrías tener razón en que mi decisión de quedarme aquí es probablemente la mayor idiotez que se me ha ocurrido.

—¿Entonces? — le cuestionó — ¿Por qué insistes en seguir con esto?

—No quiero arriesgarme a que el culpable no pague las consecuencias, sabes que si salgo huyendo ahora sacarán conclusiones equivocadas — respondió ella —. Tomé mi decisión de permanecer en Berlín, al menos por ahora — no cambió su decisión — pero le preguntaré a Ostein si él desea volver a casa, no sería correcto retenerlo aquí conmigo sabiendo que es peligroso.

—Admites que es peligroso.

—No soy tonta y tampoco soy la persona más optimista del reino — dijo ella —, sé que este lugar no es seguro y aunque parte de mí se arrepiente por completo de haber venido, otra parte de mí en serio agradece que Liv no haya sido quien estuviera en aquí.

—Bien, avisame sobre la decisión de Ostein lo antes posible — no quiso decir nada sobre si estaba de acuerdo en que agradecía que Liv estuviera en Arendelle, porque lo cierto es que tampoco le agradaba la idea de que fuera Elsa quien se encontraba en riesgo — preguntaré a los trolls si el portar serviría para que él y yo intercambiaramos lugares.

—¿Qué? — ella se desconcertó enormemente.

—No pienso permitir que te quedes sola allá y yo podría protegerte en caso de ser necesario.

—Tu presencia no ayudaría a evitar que crean que yo soy la infiltrada aquí — dijo ella — sin mencionar que dirán cosas horribles sobre mí, ya que las personas están convencidas de que tú y yo somos más que amigos.

—No me importa lo que esos imbéciles crean.

—Para ti es fácil decirlo — murmuró la Reina, aunque su tono de voz no fue lo suficientemente bajo como para evitar que él la escuchara.

—Elsa, sé que querías estar alejada de mí un tiempo — dijo — pero insisto en que nadie aquí en Arendelle se quedará tranquilo sabiendo que estás desprotegida, porque asumo que sigues utilizando ese amuleto tuyo que bloquea tus poderes.

—No podemos estar los dos aquí, si algo nos sucede, Andy…

—Prometo que me aseguraré de que al menos tú puedas regresar sana y salva a Arendelle — conseguiría una pócima más, la tendría junto a él para poder enviarla a casa en caso de ser necesario — pero en dado caso de que ninguno de los dos pueda volver, sabes que Liv quiere mucho a Andy y cuidará de él, al igual que lo harán tu hermana y Kristoff.

—Creo que no voy a poder evitar que lo hagas, ¿Cierto?

—Ambos somos muy difíciles de convencer, creo que ya tendrías que haberte dado cuenta.


Al parecer Ostein era igual de testarudo que Hans y ella misma, la Reina le informó acerca de lo que planeaba hacer y le ofreció la posibilidad de cruzar el portal que lo llevaría de vuelta a Arendelle, el no era el representante del reino y no tenía porqué permanecer en una ciudad dónde ella no podía garantizar su seguridad, pero el jóven dijo estar seguro de desear permanecer en Berlín, cumpliendo su deber como ayudante de la Reina.

—Me parece que será difícil explicar la presencia del Príncipe Hans aquí — dijo Ostein.

—Raras veces he logrado convencerlo de desistir de sus planes — era agotador lidiar con el pelirrojo y si bien ahora tenían una relación cordial, seguían chocando en ciertos aspectos e imaginaba que una vez que él apareciera en Berlín, no demorarían demasiado en tener alguna diferencia que los llevaría a una discusión — Tan sólo espero que los demás miembros del congreso no piensen que tenemos malas intenciones, lo cierto es que la mayoría siente rechazo hacía la magia y piensan que solamente puede ser utilizada de forma negativa.

—Será difícil convencer a todos de que el Príncipe Hans no llevaba todo este tiempo en la ciudad — Elsa asintió, estando de acuerdo con las palabras de su asistente, algunos desconfiarían terriblemente de él, pensando que quizá Hans fue quien destruyó aquellos barcos — pero me imagino que a él le importaba más su seguridad que lo que todos puedan llegar a pensar

—Así es, tienes razón en ambas cosas — comentó ella — estoy segura de que habrá muchas preguntas, quizá varios problemas de suma importancia — mencionó con un tono de voz que no dejaba en claro cómo se sentía al respecto — pero lo cierto es que, por el momento ni siquiera tengo energía suficiente como para preocuparme al respecto.


Andy sin duda heredó la testarudez de sus dos padres, pero afortunadamente para Elsa, Hans y ella lograron convencerlo de quedarse en Arendelle, quizá no lo hubieran conseguido si no hubiesen decidido hablar con él juntos. Era difícil de creer, pero en ocasiones Hans y ella podían ser un buen equipo.

Su hijo al igual que Hans, no estaba de acuerdo con que ella se quedara en Berlín, incluso llegó a proponerle que él estaba dispuesto a tomar su lugar, diciendo que en caso de ser necesario defenderse de un atacante, él tenía poderes más fuertes y sabía utilizarlos mejor que ella, pero obviamente ni Elsa ni Hans lo permitirían.

El hecho de que él fuera el heredero al trono y además en ese momento era quién estaba a cargo de Arendelle pasaba a segundo plano para Elsa, sin importar la edad de Anders, él era su hijo, y seguía viéndolo como su pequeñito adorado, y tan sólo quería protegerlo, no soportaría si algo malo le ocurriera.

Hans había partido al valle de rocas para solicitar un hechizo extra para llevar consigo a Berlín, y quizá alguna otra pócima que pudiera serles de utilidad dadas las circunstancias a las que se enfrentaban, mientras tanto, Andy y Elsa seguían hablando por medio del comunicador mágico.

—No serías una mala persona por abandonar Berlín — dijo el Príncipe de Arendelle — ¿Lo sabes, mamá?

—Sí, creéme que yo lo sé — respondió su madre — y entiendo la preocupación que sienten tú y tu padre, también me asusta — confesó la rubia — sé que no soy la única aquí que se siente intranquila sabiendo que hay un infiltrado entre nosotros y si nos retienen aquí por mucho tiempo es posible que el miedo se apodere de varias personas.

—Ten mucho cuidado — le suplicó Andy — Entiendo que tienes razones válidas para permanecer en Berlín — dijo — pero en ocasiones como ésta de verdad odio que jamás seas capaz de ponerte a ti misma primero, desearía que al menos esta vez te permitieras ser egoísta.

—Lo hago por el bien de Arendelle y por el tuyo — aunque a ella también le gustaría ponerse como prioridad algunas veces — quizá más por el tuyo que por el resto de Arendelle — intentó ser un poco graciosa aunque no surtió demasiado efecto — tendré cuidado y te aseguro que tu padre hará su mayor esfuerzo para protegerme; tanto que no me dejará tranquila ni un segundo.

—Él nos quiere mucho — dudó un poco al decirlo, temiendo que esas palabras incomodaran a su madre, pero ella no pareció verse afectada de ninguna manera — Quizá no seamos una familia como las demás, pero se preocupa por nosotros — continuó hablando, aun intentando ser cuidadoso en la elección de sus palabras, a sabiendas de que era un tema sensible para ella — lo que intento decir, es… — se detuvo un momento para pensarlo —...el que ustedes dos no estén juntos no significa que no seas importante para él, así que no te sientas mal por recibir su ayuda.

—No necesitas decirlo, ya lo sabía — ella sonrió levemente — ¿Liv y Helena ya están al tanto?

—Sí, por la tarde papá fue a la villa para decirles en persona — respondió Andy — Ya imaginarás que Helena estaba más que dispuesta para ir a Berlín a combatir separatistas — la rubia soltó una pequeña carcajada mientras negó con la cabeza.

—Esa niña no cambia — dijo ella — Aún recuerdo cuando Liv estaba convencida de que se trataba de solo una etapa y Helena perdería el interés por las espadas al crecer — algo que aún a los doce años de la niña aún no pasaba y dudaba que más adelante las cosas cambiaran — Por favor dime que no vendrá a Berlín.

—No te preocupes, Liv no pensaba permitir que la sabionda pusiera un pie fuera de Arendelle — dijo, aunque Helena Westergard no era precisamente conocida por ser obediente — y papá terminó de convencerla diciendo que el mundo mágico la necesitaba aquí en Arendelle.

—Sí, en definitiva no quiero escuchar a Oppker reclamarme por robarme a un miembro más del equipo — bromeó ella.

—No eres la única persona a la que le ha reclamado el dejar desprotegido al mundo mágico — mencionó Andy — Siendo total y completamente honesto, antes de decidir asistir a la academia nunca me había puesto a pensar el cómo podría equilibrar todas mis responsabilidades — admitió con algo de pena — es casi vergonzoso admitirlo — rió — pero vaya que no se me ocurrió que sería prácticamente imposible encargarme de todo ahora que ya no soy un niño o un pre adolescente.

—Está bien no poder con todo Andy, quizá tengas poderes mágicos pero sigues siendo una persona, y no siempre puedes hacerte cargo de todo — dijo — y eso está bien.

—Siempre me dió la impresión de que tú eras capaz de hacer mil cosas al mismo tiempo — sonrió Andy con cierta nostalgia al recordar momentos clave de su niñez — y eras asombrosa en todo lo que hacías; aún lo eres.

—No soy perfecta, también he cometido muchos errores — dijo ella — y con el paso del tiempo, la práctica y la experiencia, lograrás encontrar el mejor equilibrio para ti, aunque te seré sincera, probablemente habrá un par de cosas que tendrás que dejar de lado, pero confío en que tomarás las mejores decisiones.

—Me parece difícil de creer — aquello era cierto, si bien, ahora que no era un chiquillo tenía más conocimientos sobre cómo gobernar un reino y sabía manejar mejor sus emociones y sus poderes, tenía la suficiente confianza en sí mismo como para quedarse a cargo de Arendelle por un par de semanas, pero estaría perdido si pasara más tiempo que ese —, aún no estoy listo, ni sé muy bien cómo podría cumplir con todos mis deberes, así que por favor…tienes que regresar a casa.

—Ya verás que volveremos a estar juntos en casa — prometió Elsa — y te daré un enorme abrazo, te daré muchos, muchos besos, sin importarme que eso te haga sentir avergonzado frente a tus amigos — rió.

—No puedo esperar.


En Berlín, Elsa y Ostein permanecían en los aposentos de Arendelle, Ostein se encontraba en el sofá de la oficina leyendo una novela escrita en francés titulada Le Comte de Montecristo, desconocía que tanto era capaz de concentrarse en la lectura, pero la Reina se abstenía de emitir algún sonido o intentar iniciar una conversación con él, así que se limitaba a permanecer de pie junto a la ventana intentando concentrarse en el panorama.

Aunque quizá muchos lo dudaran, la verdad es que Elsa no disfrutaba de estar encerrada, y cuando alguna circunstancia externa a ella la forzaba a permanecer dentro de una habitación empezaba a sentirse agobiada y en casos extremos, se le complicaba respirar con normalidad. Ciertamente podría salir de la habitación y deambular por los pasillos, pero deseaba apartarse de toda la conmoción que existía cruzando la puerta.

Era difícil que las aguas se apaciguaran, una vez que llegó el informe del capitán de la guardia sobre el ataque del muelle las cosas habían empeorado, en un inicio las personas se sintieron seguras estando en el edificio; creyendo que el peligro se encontraba en las afueras del país, pero ahora, teniendo conocimiento de que había un traidor entre ellos nadie podía bajar la guardia, temiendo ser víctimas de un nuevo ataque.

—¿El Príncipe Hans demorará mucho en llegar? — la voz de su asistente la tomó por sorpresa, ya que creyó que él seguiría al menos pretendiendo que leía por un poco más.

—Se encargaría de un par de cosas en Arendelle antes de venir —respondió la rubia desanimada — pero no debería tardar mucho en comunicarse, dejó muy en claro que quería estar aquí lo más pronto posible.

—Si no estuviera seguro de lo mucho que el Príncipe Hans ama a la Princesa Liv, creería que él sigue enamorado de usted — Elsa puso los ojos en blanco — está impaciente por volver a verla y viene a su rescate como su Príncipe de cuento de hadas — dijo el muchacho mientras hacía movimientos de manos exagerados a manera de burla.

—Veo que ni siquiera ante el peligro dejas de lado tus bromas de mal gusto — la Reina se cruzó de brazos — El hecho de que se preocupe por mi bienestar no significa que esté perdidamente enamorado de mí o algo por el estilo.

—No, claro que no — usó el sarcasmo para poner a prueba la paciencia de la Reina — Y dígame — hizo una pausa que le indicó a Elsa que debía prepararse para escuchar un comentario que rozara en lo escandaloso — ¿En qué habitación se instalará? — Si bien los aposentos asignados a su reino eran de gran tamaño, al tratarse de habitaciones destinadas para cumplir tareas de ámbito político y no vacacional, contaban con tan sólo dos recámaras a su disposición — ¿Le haré un cupo en mi recámara o prefiere que duerma en la suya?

—¡Te estás pasando de la raya! — Exclamó ella apuntando con su dedo índice para dejarle en claro que ella no estaba jugando — Obviamente tendrás que compartir la recámara o si te molesta, ambos podrían discutir quien duerme en la recámara y quien en el sofá de la oficina — no quería ser quien se preocupara por eso, ya sería problema de ellos.

—Solo estaba jugando, no era enserio.

—Pensé que ya había dejado claro que no me agradan esa clase de bromas — canturreó, haciendo su mayor esfuerzo para no tener una reacción agresiva — En general, te agradecería que dejarás de mencionar mi vida privada.

—Bueno, no hay muchas cosas divertidas que hacer por aquí ahora que nos obligan a permanecer encerrados en este lugar — Ella lo miró con severidad — Intentaré buscar algo más en lo que entretenerme — prometió volviendo a tomar el libro entre sus manos — No más bromas ni comentarios sobre su vida personal, entendido.

Elsa sabía que no pasaría mucho antes de que él decidiera olvidar esa promesa y volviera a lanzar algún comentario relacionado con su supuesto romance del pasado, pero antes de que pudiera mostrar algún tipo de reacción por el comentario del pelinegro, golpearon a la puerta.

La rubia caminó hacia la puerta, sin importarle demasiado la ausencia del amuleto.

—Yo no abriría si fuera usted — dijo Ostein — Podría ser el separatista infiltrado.

—No juegues con eso — le advirtió antes de quitar el seguro a la puerta; el cual habían decidido poner a manera de precaución. Elsa abrió la puerta y no se sorprendió demasiado al encontrarse con el Príncipe Zackary, después de todo el Senador de Hyrule le dijo que le ordenó al Príncipe disculparse con ella.

—Reina Elsa — la mirada del hombre se enfocó en su cabello de manera inmediata, seguramente estaba confundido por los repentinos cambios del color de su cabellera.

—Hola, Príncipe Zackary — saludó ella, pero el castaño seguía dedicando toda su atención a la cabellera de la Reina de Arendelle — Tengo un amuleto que hace que cambie de color a castaño, para parecer un poco más…normal — dijo, creyendo conveniente dar una explicación al respecto lo más pronto posible — sé que muchas personas no confían del todo en mi magia y pensé que…sé que suena como una tonteria.

—No, no suena así. —dijo el hombre — Y gracias por decirmelo, realmente llegué a pensar que estaba tan ebrio que mi vista me había fallado, ahora veo que no fue así, que alivio — comentó — Bien, la verdad es que quería ofrecerle una disculpa.

—No es necesario — lo que le había dicho al Senador era cierto, no tenía ánimos como para escuchar una disculpa falsa — escuche, sé que el señor Neumann se lo pidió, pero está bien, no estoy molesta y no tiene que pedirme perdón si no lo desea.

—Deseo hacerlo — aseguró — Emmerich no me da órdenes, aunque él esté convencido de que sí — rió el hombre — y le aseguró que una vez que yo entrara en razón, habría sentido remordimiento de mis palabras, sin importar si Emmerich hablaba conmigo o no.

—Ustedes dos parecen ser muy unidos — mencionó la mujer.

—Un poco, sí —dijo él — y aunque sea doloroso de admitir, él tiende a tener la atención la mayor parte del tiempo, esta vez no ha sido la excepción. — hizo una pausa — Estaba y sigo molesto con mi hermano por haberme enviado aquí, lo cierto es que representar a mi reino ante la república no estaba en mis planes ni en mis deseos — inclinó ligeramente su cabeza hacia la derecha —, pero nada de eso es su culpa y no debí haberla puesto en tan incómoda situación.

—Descuide, no fue nada de gran importancia — insistió ella —, y creo que debido al cómo han resultado las cosas — dijo refiriéndose al ataque — creo que hay temas de los cuáles debemos preocuparnos más por el momento, de verdad, no estoy molesta con usted — sonrió con el objetivo de transmitir amabilidad — siendo sincera, sé que antes de que usted se refiriera al Príncipe Hans como mi ex, varios en esa reunión ya lo habían pensado solamente que ninguno se atrevería a decirmelo de frente, no soy tonta, sé que muchas personas dicen toda clase de cosas acerca de mí.

—¿No le molesta?

—Intento que no me afecte.

—Es bueno saberlo — dijo — pero aún así, me disculpo por mi comportamiento sé que fue incorrecto, inmaduro y poco profesional, prometo no volver a hacerlo.

—Gracias.

En ese preciso instante el sonido de su comunicador mágico interrumpió la conversación, los ojos del Príncipe giraron en todas direcciones intentando descubrir qué era ese sonido y de dónde venía, mientras que ella se había tensado, internamente maldiciendo a Hans (quien seguramente era la persona que estaba intentando comunicarse con ella).

—¿Qué es…? — en ese momento Zackary pareció percatarse del nerviosismo de la Reina — ¿Usted…es algún otro objeto mágico? —la voz del Príncipe estaba cargada de desconfianza y Elsa supo que ahora ella se había vuelto una sospechosa.