PRÍNCIPE HANS DE LAS ISLAS DEL SUR
El sonido que emitía el comunicador mágico parecía que jamás se detendría, a menos que ella decidiera responder la llamada de una vez por todas, pero antes tenía que asegurarse de que el Príncipe Zackary no se fuera con una mala impresión.
—Quizá debería pasar, para que podamos conversar tranquilamente — sugirió ella invitándolo a entrar a su oficina, era mejor abstenerse de tocar ciertos temas en el pasillo ya que existía el riesgo de que alguien más pudiera escucharlos.
El Príncipe de Wyvernhold se mostró dudoso, pasó varios segundos pensando en su respuesta a tal invitación, ella notó en la mirada del hombre cierto miedo, quizá su cerebro ya había formulado una teoría en dónde ella lo convertiría en una estatua de hielo tan pronto como él pusiera un pie dentro de esa habitación.
—Prometo explicarle todo — Elsa volvió a hablar, intentando evitar que el hombre entrara en pánico — y responderé todas sus preguntas, o al menos las que me sea posible contestar.
El sonido del comunicador continuaba, haciéndola preguntarse si acaso Hans Westergard no se rendiría e intentaría contactar a Ostein.
—¿Trae consigo más de un objeto mágico? — preguntó una vez más Zackary.
—Sólo dos, y le prometo que no son peligrosos — respondió ella — Entiendo que desconfíe de mí, pero por favor, es mejor que aclaremos todas sus dudas ahora.
—¿Por qué esa cosa no se detiene? — cuestionó empezando a encontrar irritante el sonido del comunicador — ¿Qué es esa cosa? — preguntó.
—Es más sencillo mostrárselo que explicarlo.
—¿Qué hace esa cosa? — insistió en querer obtener una respuesta antes de decidir si cruzar o no la puerta.
—Es…para hablar con alguien aunque esa persona esté lejos — respondió, aunque era probable que esa explicación la hiciera sonar como una loca — Puedo mostrarle, solo entre, por favor.
El Príncipe aún tenía sus reservas y temor, pero su necesidad de obtener una respuesta a todas sus dudas era mayor que el miedo, así que asintió con la cabeza; algo que logró tranquilizar un poco a la Reina de Arendelle, al menos él estaba dispuesto a escucharla (aunque eso no garantizaba que él fuera a creer y confiar en ella)
Ella se hizo a un lado para permitirle el paso y Zackary aceptó la invitación, caminó con intención de que sus pasos fueran firmes, aunque su rostro delataba sus verdaderos sentimientos, una vez dentro ella cerró la puerta; algo que sobresaltó al castaño.
—¿Príncipe Zackary? — saludó Ostein extrañado ante la presencia del mencionado, sumado al sonido del comunicador mágico de Elsa; una combinación que no le parecía agradable.
Los dos adultos no prestaron demasiada atención al asistente de la Reina, en lugar de eso la Reina le mostró su comunicador al hombre.
—¿Pero…qué? — murmuró el muchacho, pensaba ponerse de pie e impedir que Elsa cometiera una locura, sin embargo la Reina fue más rápida al contestar la llamada y de repente, la voz del Príncipe de las Islas del Sur se hizo escuchar.
—Hola Hans — lo saludó ella.
—¿Qué demonios? — La voz del Príncipe de Wyvernhold captó la atención del pelirrojo, quien después de haber enfocado su vista en el castaño, devolvió la mirada a la madre de su hijo, confundido y aguardando por una explicación que consideraba más que necesaria.
—Te explico después —dijo Elsa — Hans, él es el Príncipe Zackary de Wyvernhold, Príncipe Zackary, él es el Príncipe Hans de Las Islas del Sur — los presentó con evidente incomodidad.
—¿Por qué estamos teniendo esta conversación? — quiso saber el pelirrojo sin apartar la mirada de Elsa.
—Él de verdad…ésta conversación es real — titubeó Zackary nervioso — ¿Y cómo es que…?
—Te llamo en un minuto, Hans — dijo antes de cerrar el comunicador para enfocarse en tranquilizar al hombre — No sé exactamente cómo es que funciona, es magia y…
—¿Cómo es que lo obtuvo? ¿Usted lo hizo?
—No, mi magia se limita a la nieve y el hielo — respondió — y en realidad el comunicador fue un obsequio, y sólo puedo contactar a personas que también tengan uno — explicó superficialmente.
—Entonces el Príncipe Hans también tiene uno — ella asintió en respuesta — ¿Desde cuándo ha estado comunicándose con él?
—Desde que nos dieron la noticia sobre el ataque en el muelle — era casi verdad, ya que Hans había sido la persona a quien intentó evitar desde su llegada a Berlín — quería mantener al tanto a mi familia, hacerles saber lo que sucedió y que me encontraba bien — algo que le parecía lógico y cualquiera que tuviera la oportunidad de hacerlo la tomaría sin pensar — no quería arriesgarme a que el responsable del ataque les diera noticias falsas a mi hermana y a mi hijo, aprovechándose del hecho de que no podemos salir de aquí.
—Es verdad — intervino Ostein a pesar de que nadie parecía notar su presencia.
—¿Él la estaba llamando para saber si había más noticias? — se sintió demasiado tentada a responder que sí, sin dar más explicaciones y era bastante probable que el Príncipe se diera por satisfecho, mas Elsa era consciente de que si lo dejaba salir de aquella habitación sin informarle sobre las intenciones de Hans de aparecerse en Berlín, se arriesgaba a arruinar de manera definitiva la percepción que el Príncipe Zackary tuviera sobre ella.
—Sí — tomó un respiro antes de continuar — pero además — hizo una pequeña pausa — él va a venir a Berlín, lo cierto es que intenté convencerlo de que desistiera de sus planes, pero muy pocas veces he logrado hacerlo entrar en razón.
—¿Venir a Berlín? — conforme la conversación iba avanzando, más confundido se sentía él — Ni siquiera le permitirán adentrarse demasiado en aguas nacionales, ahora que el muelle se encuentra cerrado.
—Se lo dije y es por eso que — hizo otra pausa una vez más.
—¿Utilizará algún método mágico para venir? — ella respondió afirmativamente — Escuche Majestad, sé que usted no pidió mi opinión al respecto, pero le sugiero que impida que el Príncipe Hans se presente aquí.
—¡Ja! Buena suerte con eso — rió Ostein, esta vez sí logrando captar la atención tanto del Príncipe como de la Reina — ¿Qué? — preguntó dirigiéndose a Elsa — Los dos sabemos que es imposible hacerlo cambiar de idea.
—Alteza, créame que yo también comparto la misma opinión — Era bastante malo tener que admitir que como Reina no había logrado que Hans la obedeciera y accediera a quedarse en Arendelle — si supiera de alguna manera para impedirlo, lo haría sin dudarlo — le aseguró — Será cuestión de tiempo para que todos aquí empiecen a desconfiar los unos de los otros, si no se descubre quién es el infiltrado pronto, eso sumado a que no soy precisamente la persona favorita de varios de los miembros del congreso, el que Hans aparezca aquí por arte de magia podría provocar que muchos me apunten como la culpable del ataque.
—Sí, me temo que esa será la opinión popular — Elsa bajó la mirada y asintió un par de veces desanimada — ¿Se lo comentó al Príncipe Hans?
—Lo hice —respondió en voz baja — Podría hacer un último intento por convencerlo de permanecer en Arendelle, aunque tal y cómo mi asistente ya lo mencionó, lo más probable es que yo no tenga éxito.
—Quiero confiar en usted.
—Gracias, entiendo que sea difícil hacerlo justo ahora.
Zackary sonrió levemente, en su mirada aún se notaba que existía cierta desconfianza, pero al menos Elsa tenía la tranquilidad de que él le otorgaría el beneficio de la duda por el momento, quizá a partir de ese momento la mantendría vigilada, pero al menos se abstendría de acusarla públicamente.
No se equivocó al pensar que no lograría algo al pedirle a Hans que se quedara en Arendelle, ya que el pelirrojo volvió a dejarle en claro que la única manera en que él desistiría de ir a Berlín sería si ella cruzaba el portal y regresaba a casa, y sin más, Hans siguió las instrucciones de los trolls haciendo aparecer el portal para de una vez por todas, llegar a su destino.
Entonces era todo, Hans estaba en Berlín. Ya había oscurecido y parecía que la mayoría de las personas dormían, los únicos ruidos que lograban escucharse era el viento golpeando la ventana y los pasos de los guardias que cada tanto recorrían el pasillo; la seguridad se había aumentado y más guardias habían sido enviados al lugar, por eso mismo, tenía intenciones de ser silenciosa, sin embargo antes de que pudiera decir algo, el pelirrojo corrió a abrazarla.
—¡Elsa, gracias a Dios! — exclamó mientras la estrechaba con fuerza entre sus brazos sin importarle nada más — Estás bien — la rubia se tensó, había alcanzado a colocar sus manos sobre el pecho del pelirrojo, algo que ponía cierta distancia entre sus cuerpos — ¡Dios, estás bien! — repitió antes de depositar un beso en su mejilla, algo que la incómodo.
Sí, lo estoy — murmuró removiendose entre sus brazos para conseguir liberarse de su agarre, en cuanto él se percató de sus intenciones la soltó — gracias — susurró apartándose un poco de él.
—Sí yo también estoy bien, gracias por preguntar — habló Ostein haciendo notar su presencia — ¿No hay un abrazo para mí, acaso? — rió el muchacho.
—Claro que me alegro de verte muchacho — dijo el pelirrojo acercándose a darle un par de palmadas en la espalda.
—Entonces no hay abrazo — comentó el pelinegro — asumo que tampoco recibiré un beso en la mejilla.
—Ostein — la Reina dijo su nombre con cierto tono de voz que utilizó a modo de advertencia.
—¿Qué? — fingió desconcierto — Este hombre ni siquiera notó mi presencia y usted pretende que le haga un espacio en mi habitación — aparentó sentirse ofendido.
—No seas dramático Ostein — habló Elsa — Será mejor que vayas a la cama, es muy tarde ya.
—Quieren tener un momento a solas, comprendo — guiño el ojo para hacerla enfadar; algo que consiguió — Pasen una bonita noche — dijo de manera sugerente antes de encaminarse hacía su recamara.
—¿Dejas que te hable así? — preguntó Hans una vez que estuvieron solos.
—Bueno, tratándose de Ostein sé que no lo dice en serio — respondió ella — y no, no creas que me da igual, creéme que le llamo la atención cuando lo hace — dijo — además, llevaba mucho tiempo sin hacer sus molestas bromas, así que supongo que es su manera de lidiar con la situación.
—Eso no lo justifica.
—Sé que no — suspiró ella — pero todos reaccionamos diferente a cada situación, él es apenas un muchacho y todo esto lo sobrepasa.
—Casi tiene la edad que tú tenías cuando asumiste el trono de Arendelle —mencionó Hans.
—Sí, y congelé todo un reino el mismo día en que fui coronada — le recordó ella — Es un buen muchacho, y ha sido un excelente asistente, también sé, que cuando todo se solucione, él me pedirá perdón por su actitud.
—No estoy de acuerdo en que sigas consintiendo esa actitud.
—Bueno, no pedí tu opinión — dijo ella — así como tampoco pedí que vinieras a Berlín — no tardó en reprocharle por ello.
—¿Es enserio? — preguntó él — ¿Te molesta más el que yo esté aquí que escuchar los comentarios inapropiados de ese chico? — soltó un bufido, incrédulo de lo que escuchaba — Me preocupo por ti, sabes que haría cualquier cosa por protegerte.
—Sólo complicarás las cosas, aún puedes volver a Arendelle y nadie se enteraría de que estuviste aquí.
—¿Quieres que vuelva a Arendelle? — ella ya sabía hacía dónde iba la conversación — ¡De acuerdo! Pero no pienso irme sin ti.
—Las personas desconfían de mi magia y esto no ayuda.
—Dices que el que yo haya utilizado la magia para venir aquí causará pánico, pero eso no impidió que le mostraras tu comunicador a un desconocido ¿O sí?
—No quería mostrar mi comunicador a nadie — elevó un poco el volumen de su voz — pero el Príncipe Zackary había venido a disculparse y justo cuando…
— ¿Disculparse? — la interrumpió — ¿Por qué tenía que disculparse?
—Eso no es relevante — intentó olvidarse de ese detalle para retomar la conversación previa.
— ¿Ese hombre te hizo algo? — insistió el pelirrojo — Elsa si ese imbécil se atrevió a…
— ¡No fue nada, de acuerdo! — gritó la Reina — Sólo se refirió a tí como mi ex en la reunión, eso fue todo — dijo — como dije, fue algo sin importancia — ambos permanecieron en silencio por un minuto — Me llamaste justo cuando estaba conversando con él, era evidente que estaba desconfiando de mí y consideré que lo mejor era darle una explicación para evitar que fuera a comentar sus sospechas con alguien más.
— ¿Ahora dices que fue mi culpa?
—Fue una desafortunada coincidencia — dijo — tan sólo quiero que entiendas que esto puede complicar aún más todo. Sé que tus intenciones son buenas, pero…
—No vas a convencerme de dejarte aquí a tu suerte — quería dejar muy en claro eso — No me interesan los rumores que puedan inventar al respecto ni todas esas estúpidas habladurías, para mi lo único importante es, asegurarme de que tu estés a salvo, tu me importas más que el que dirán.
Elsa no quería admitirlo en voz alta en ese momento, pero aquellas palabras de Hans le irritaban, porque aunque ya se lo había dicho antes, para Hans era tan fácil lograr ignorar y restarle importancia a todos los rumores. Él no era mal visto por tener un hijo fuera del matrimonio, lo cierto era que muchos hombres le aplaudían por haber conseguido acostarse con la Reina de las Nieves y eso le enfermaba, era tan injusto. Pero no quería iniciar otra pelea sobre ese tema, no cuando se suponía que ella misma se había prometido pasar la página, intentar superar su pasado y no dejar que le afectara demasiado.
Una promesa imposible de cumplir, ya que sin importar el tiempo que pasara, tarde o temprano el recuerdo de lo ocurrido siempre volvía, haciéndole daño en todas y cada una de las ocasiones en las cuales atormentaban su mente.
—Estoy de tu lado, Elsa — dijo el pelirrojo — Y no soy tonto, entiendo lo que esta en riesgo, creéme que haré mi mayor esfuerzo para no provocarte más problemas y ayudar a descubrir al verdadero culpable
El pelirrojo dió un paso adelante, acortando la distancia entre ambos; algo que la hizo ponerse alerta.
—Sé que tus deseos eran alejarte de mí por un tiempo, y que en definitiva tenerme aquí no te hace feliz — comentó el pelirrojo — quizá no sirva de nada, pero prometo que en cuanto todo esto se solucione, me iré una temporada de Arendelle — la promesa tomó por sorpresa a Elsa — Les propondré a Liv y Helena que pasemos un tiempo en Baybiron, estoy seguro de que la idea les gustará a ambas.
—Y-yo…— no supo qué decir — Es tarde, y estoy cansada — evitó el tema por lo pronto — será mejor que vayamos a descansar, ya mañana hablaremos con más calma — dio por terminada la conversación — te indicaré cual es la habitación que compartirás con Otsein.
Ostein seguía despierto cuando él entró en la habitación, y si bien el muchacho le tenía cierto respeto por ser un Príncipe y el padre de uno de sus mejores amigos, era claro que no le agradaba demasiado el tener que compartir el cuarto, aunque quizá no se atrevería a confesarlo, temiendo ser enviado a dormir en el sofá de la oficina.
—Pensé que ya estarías durmiendo —dijo Hans.
—Aún es temprano y no estoy cansado — el muchacho era jóven y aún contaba con energías suficientes como para desvelarse sin que la falta de sueño le cobrase factura al día siguiente.
—Bien, así podrás responderme un par de cosas.
—Alteza, si es sobre mis comentarios de hace rato, sólo bromeaba y…
—No me refería a eso — lo interrumpió — aunque te agradecería si dejaras de hablarle así a Elsa, sin importar si son simples bromas, ella no tiene porque estar tolerando ese comportamiento.
—Bien — la manera en que lo dijo le indicó al Príncipe que no se lo tomaba muy enserio, pero en ese momento sus prioridades eran otras — ¿De qué desea hablar entonces?
—Ese sujeto, el Príncipe Zackary — dijo Hans — Elsa mencionó que él le ofreció una disculpa, ¿Podrías decirme qué fue lo que ocurrió?
—¿Ella no se lo dijo? — cuestionó antes de responder, queriendo asegurarse de que no defraudaría la confianza de la Reina al contestar su pregunta.
—Me dijo que fue algo sin importancia, pero conociendo a Elsa, estoy casi seguro de que hay algo que está ocultando — Ostein apretó ligeramente los labios, aún pensando si debería o no relatar lo ocurrido — Ella me dijo que ese Príncipe tan sólo se refirió a mí como el ex de Elsa — Hans entendió que debía revelar lo que la Reina le había contado, de lo contrario, sería muy difícil que el muchacho hablara.
Ostein asintió con la cabeza.
—Sí, eso fue lo que sucedió — dijo el muchacho — Un hombre estaba hablando sobre la importancia de conseguir que naciones reconocidas por su éxito en el campo de batalla, ya que los separatistas han ido fortaleciéndose últimamente — comenzó a narrar lo ocurrido durante la reunión — el supremo Canciller mencionó sus intenciones de llegar a un acuerdo con el Rey Viktor de Las Islas del Sur — hizo una pausa para analizar la mirada del pelirrojo — Fue entonces que el Príncipe Zackary le dijo a la Reina Elsa que ella debería intentar convencer a su ex de hablar con su hermano.
—Entonces ella dijo la verdad — murmuró, extrañado que de hecho si parecía un comentario sin importancia, a comparación de muchas otras cosas desagradables que seguramente ella había escuchado.
—Quizá ella preferiría no comentarle esto, pero — Ostein captó la atención del Príncipe al pronunciar esa frase — ese comentario realmente le afectó a Elsa, no entiendo porqué a decir verdad, pero se quedó paralizada — dijo — justo en ese momento dieron la noticia sobre el ataque, así que logré sacar a la reina de ese lugar sin que nadie más le comentara algo al respecto.
—Hiciste bien, gracias por cuidar de ella Ostein — colocó una de sus manos sobre el hombro del mencionado.
—Es la madre de mi mejor amigo, mi Reina y además, ella se preocupa por mi, creo que se lo debo — dijo — y justo porque me preocupo por ella, es que no se si el que usted haya venido sea buena idea — era claro que Hans se sintió ofendido, es decir, ¿Quién era Ostein Espanaes para decirle si debía o no estar en Berlín? — No sé qué es lo que le esté pasando a la Reina, pero es evidente que está relacionado con usted de alguna manera.
—Lo sé, y créeme que si confiara en alguien más para cuidar de ella no estaría aquí — aseguró — Quería darle su espacio, es por eso que dejé de llamarle después de que ella me lo pidió, pero ahora se encuentra en peligro y no iba a quedarme de brazos cruzados — habló con firmeza — sé que ella no desea tenerme cerca, y entiendo el porqué, así que le he prometido que una vez que regresemos a Arendelle, me iré del reino, al menos por una temporada — aquello tomó por sorpresa al asistente de la Reina — es lo mejor para ella, y pienso cumplir mi promesa una vez que me asegure de que ella estará a salvo — sus palabras fueron lo suficientemente convincentes para Ostein — Elsa me importa y le tengo un gran aprecio, no permitiría que algo malo le pasara.
—Yo tampoco dejaría que alguien le hiciera daño, así que supongo que al menos en una cosa estamos de acuerdo.
Eran altas horas de la madrugada cuando el sonido de un fuerte estruendo despertó a Ostein y a Hans, quienes se incorporaron inmediatamente. El pelirrojo abrió la puerta de la habitación, encontrándose con Elsa.
La rubia traía una elegante bata y tenía los brazos cruzados asegurándose de cubrirse lo más que le fuera posible. El pelirrojo colocó sus manos sobre los brazos de la rubia, quien estaba algo alterada, seguramente aquel ruido la asustó.
—¿Te encuentras bien? — Elsa asintió rápidamente con la cabeza, sin decir nada.
—¿Qué fue ese ruido? — preguntó Ostein a sus espaldas.
—Iré a averiguar — dijo el pelirrojo — quédate aquí, no salgas por ningún motivo ni abras la puerta a nadie — le dió indicaciones a la rubia — cuida de ella, no la dejes sola — dijo, esta vez dirigiéndose al muchacho.
El Príncipe de las Islas del Sur salió de los aposentos, asegurándose de echar el cerrojo a la puerta antes de cerrarla tras de sí. Varías personas habían tenido la misma idea de salir a investigar y en el pasillo ya se había generado un tumulto, todos caminando en la dirección de la que había provenido el sonido, Hans se unió a ellos y el recorrido los guió hasta una puerta que ya se encontraba abierta, la ventana de la oficina estaba abierta y los cristales habían parecido estallar durante el estruendo. La habitación se encontraba desierta, ni existía rastro alguno de que alguna vez hubiese sido utilizada por alguien, posiblemente era alguno de los aposentos que aún no estaban destinados a ningún reino.
La culpable del escándalo y los daños en el lugar había sido una pequeña bomba casera, quien fuera que la hubiese colocado allí no tenía como propósito de herir fatalmente a nadie, era un simple pero preciso recordatorio de que el infiltrado se encontraba en ese lugar, oculto a simple vista entre todas esas importantes personas.
De pronto Hans fue consciente de que la atención de las personas abandonaba los restos de la bomba y se enfocaba en él, varios hombres comenzaron a murmurar entre sí, sin despegar su vista del pelirrojo.
—¿Príncipe Hans? — el supremo Canciller fue quien habló primero — ¿Cómo es que…? — no finalizó aquella pregunta, sus ojos estaban repletos de duda.
—¿Desde cuándo está en Berlín? — cuestionó el representante de DunBroch, mirándole de manera acusadora.
