ADVERTENCIA
Emmerich Jasper Neumann no era un hombre que se permitía bajar la guardia, ni siquiera mientras dormía, había servido durante la guerra que logró que Hyrule recuperara su independencia y libertad, perdió a muchos amigos a lo largo del tiempo en que los separatistas ocuparon el territorio y durante las batallas, su oído se había entrenado para reconocer el sonido de las balas, así como identificar de qué arma provenían, incluso el sonido que provocan otros tipos de armas, así que en cuanto escuchó el ruido que interrumpió su descanso, supo que se trataba de una bomba de menor impacto.
El sonido provino de un lugar que se encontraba a una corta distancia de su habitación, quizá al final del pasillo, aguardó a escuchar algo más que le diera una pista de que había ocurrido y cuáles habían sido las consecuencias que trajo consigo. Exclamaciones de sorpresa, pero no identificó ninguno de dolor o miedo, así que asumía que nadie resultó herido, aún así, aguardó un poco antes de salir de sus aposentos, creyendo que sería muy riesgoso salir y arriesgarse a ser aplastado por una estampida humana, ya que seguramente todos querrían dirigirse a toda prisa al lugar del impacto.
Una vez que no escuchó pasos frente a su puerta, salió y caminó hacía donde el sonido de varias conversaciones llevándose a cabo lo guiaban, pero para su sorpresa, cuando llegó al sitio, el tema de conversación no era el estallido de una bomba, sino la presencia de un hombre pelirrojo.
—¿Desde cuándo se encuentra en Berlín? — preguntó Lord MacGuffin; representante de DunBroch, con la mirada fija en el hombre de cabello rojo.
—Llegué hace un par de horas — su respuesta no lo ponía en una posición favorable, y Hans lo sabía, sin duda el destino no estaba a su favor en esa ocasión.
— Príncipe Hans ¿Cómo es que logró entrar? — le cuestionó el supremo Canciller, se había ordenado aumentar la seguridad, y duplicado a los guardias que vigilaban cada una de las entradas, se dió la instrucción de que nadie entraría ni saldría del recinto hasta que la investigación rindiera frutos.
—Esa bruja debió traerlo aquí con sus poderes infernales — murmuró un hombre, él fue incapaz de identificar a la persona, puesto a que se camufló con éxito entre los presentes y seguramente era demasiado cobarde como para adjudicarse aquellas palabras.
A sus 42 años aún había cosas que lo sorprendían, años atrás había sido tan ingenuo como para pensar que la única magia que existía en el mundo eran los poderes de la Reina de las Nieves, pero cuando el Rey Dark recurrió a la magia negra para declararle la guerra a Arendelle, recibió un golpe de realidad: la magia podría estar en cualquier parte y no sólo se limitaba a la capacidad de modificar drásticamente el clima.
Mentiría si dijera que no le tenía cierto temor a la magia, era algo desconocido, sabía que era capaz de dañar o destruir si caía en manos de las personas incorrectas, y vaya que el mundo estaba plagado de personas mal intensionadas, pero intentaba tener la mente abierta y la Reina Elsa parecía ser bondadosa, después de todo, poseía el poder suficiente para apoderarse de cuantas naciones ella deseara y jamás había hecho mal uso de sus poderes.
En realidad, ahora que lo pensaba, creía que muy pocas veces la Reina había hecho uso de su poder, y desconocía los alcances de la magia de la Reina Elsa, es decir, había creado muñecos de nieve con vida, congelado corazones y ocasionado una nevada en medio del verano, así que no descartaba por completo que ella hubiese encontrado la manera de traer a Berlín al Príncipe Hans, aunque no podía comprender que ganaba ella al hacerlo.
—Le aseguro que yo no tuve nada que ver con esto — dijo el pelirrojo, sabiendo que ahora la opinión popular lo acusaba de ser el atacante — Ha sido sólo una desafortunada coincidencia.
Emmerich le creía, por más extraño que fuera, ya que nunca antes había visto a ese hombre, pero sería realmente estúpido revelar que se encontraba en Berlín justo después de estallar una bomba. Las personas a su alrededor no parecían compartir su misma lógica, en definitiva Arendelle estaba en la mira y eso no significaba nada bueno para la Reina Elsa.
Miró a su alrededor, no había rastro alguno de la rubia y al parecer tampoco del jóven asistente que había traído consigo, en realidad, cayó en cuenta de que su amigo tampoco estaba allí.
— ¿Zackary? — preguntó, aunque no en un tono de voz lo suficientemente alto como para resaltar entre las voces de todos los demás. El pelinegro empezó a preocuparse, creyendo que quizá la bomba era un distractor para que nadie se percatara de la ausencia del Príncipe.
Quería asegurarse de que su amigo no había sido una víctima del infiltrado, así que corrió en dirección al pasillo dónde se ubicaban los aposentos de Wyvernhold, corría lo más rápido que sus piernas se lo permitían mientras rogaba a Dios que él estuviera a salvo, al llegar a su destino, la puerta se encontraba cerrada y esperaba que eso fuera una buena señal y que nadie hubiese irrumpido en el lugar.
— ¡Zack! — gritó mientras golpeaba la puerta repetidas veces. No había respuesta y eso lo preocupó.
Su corazón latía con fuerza, su respiración se agitó y estaba desesperado, necesitaba verlo, verificar que estuviera bien. Continuó golpeando la puerta y gritando su nombre sin resultados, estaba al borde del pánico, se apartó por un momento y se preparó para forzar la puerta de una patada; tan sólo necesitó hacer tal acción un par de veces y la puerta cedió finalmente.
Estaba oscuro adentro, buscó el interruptor para iluminar su entorno. Todo parecía en órden.
—¡Zack! ¡¿Estás aquí?! — Exclamó, no hubo respuesta. A toda prisa se dirigió a la recámara, la primera puerta que abrió fue la incorrecta, era la habitación que no estaba siendo ocupada, así que rápidamente se dirigió a la puerta restante y allí estaba él, inerte sobre la cama — ¡Zackary Aldridge no me hagas esto! — gritó aproximándose a la cama, lo tomó por los hombros y lo agitó.
—¡¿Qué mierda?! — gritó Zackary asustado al haber sido despertado de aquella manera — ¡¿Pero qué te sucede?! — reclamó al Senador de Hyrule.
—¡Idiota, casi me matas de un susto! — gritó Emmerich — ¡Te creí muerto!
—¿No son las cuatro de la mañana o algo así? —lo cierto es que no tenía manera de comprobar la hora en ese instante — la gente acostumbra dormir a esta hora normalmente — se encontraba mal humorado debido a su descanso interrumpido.
—¿Cómo es posible que no te hayas despertado? — preguntó incrédulo — ¡Estalló una bomba, maldita sea!
—¿Estamos muertos, eso es lo que intentas decirme? — Aún estaba adormilado y no conseguía digerir correctamente toda la información, mucho menos poner en órden sus pensamientos, en ese punto, aún sentía que quizá estaba teniendo un sueño muy vivido.
—¿Te estás escuchando, acaso? — Creyendo que su amigo estaba bromeando en un momento tan serio como aquel tan sólo lo enfurecia, ni siquiera podía alegrarse de que Zack se encontrara bien, ahora tan sólo quería abofetear a ese hombre — Hubo un ataque, explotó una bomba que despertó a todos, menos a ti, lo cual es preocupante.
—Si…tengo el sueño un poco pesado — Se revolvió el cabello con su mano derecha, sonriendo avergonzado.
—¡¿Un poco?! — exclamó incrédulo — ¡Una maldita bomba explotó a unos cuantos pasillos de aquí y tú no te despertaste! — repitió lo que había ocurrido para que él entendiera que era una locura — ¡Podrías estar muerto ahora mismo!
—Ok, tengo el sueño muy pesado — corrigió lo anteriormente dicho, aceptando que quizá sí tenía un problema — pero ¿Qué dijiste? ¿Una bomba, aquí? — preguntó una vez que su mente empezaba a procesar la información de manera correcta — ¿Se sabe quién fue el responsable? ¿Hubo alguna pérdida humana?
—No, aparentemente sólo fue el infiltrado recordándonos que él existe y confirmando que está entre nosotros — respondió el Senador — la bomba fue colocada en una habitación vacía y era demasiado pequeña como para dañar gravemente la estructura, como dije, se trató de sólo un aviso.
—Imagino que hay todo un caos.
—Sí, pero no por el motivo que tu crees — comentó Emmerich, desconcertando al otro hombre, ya que no podría comprender como otra cosa podría ser más impactante que el hecho de que una bomba explotó a pocos metros de cada una de sus habitaciones — El Príncipe Hans de Las Islas del Sur está aquí — notó que su amigo no se sorprendió — ¡¿Lo sabías?!
—Sí, bueno, sabía que iba a venir — respondió el Príncipe — fui a hablar con la Reina de Arendelle para disculparme y en ese momento, se activó un artilugio mágico que ella traía consigo — relató lo sucedido — yo…la verdad es que sí pensé que era algo sospechoso y ella se percató de ello, así que decidió mostrarme de que se trataba todo y esa una cosa que le permitía comunicarse con el Príncipe Hans, me aseguró que no era nada peligroso ni que tenía intenciones de darle un mal uso a ese objeto, simplemente lo utilizaba para avisar que ella se encontraba a salvo — dijo — y luego fue que me comentó de los planes del Príncipe Hans de venir a Berlín, utilizando algún método mágico que yo desconozco.
—Esa fue una pésima idea — opinó —¿No le dijiste a la Reina que eso empeoraría la impresión que tienen todos sobre ella? — él había creído que Elsa de Arendelle era una mujer sensata e inteligente, así que no podía entender porqué había consentido que el padre de su hijo apareciera en Berlín en medio de todo lo que estaba aconteciendo.
—Ella también sabía que era una terrible idea que sin duda generaría desconfianza de la mayoría, y además entorpecería la investigación para descubrir al responsable — respondió Zackary —, mas ella me comentó que el Príncipe Hans se encontraba decidido y no estaba dispuesto a escucharla, él le comentó que la única forma en la que lograría convencerlo de permanecer en Arendelle sería si ella regresaba de inmediato.
—Imagino que ella asumió que las cosas serían peor para su reino si decidía huir de Berlín. — Zackary asintió con la cabeza — Me impresiona que él se preocupe tanto por ella, es decir, sé que tienen un hijo juntos, pero ¿Desde cuando alguien desea tanto cuidar de su ex?
—No eres el único que lo encuentra extraño, es decir, por algo hay tantos rumores sobre ellos — dijo Zackary — hay quienes aseguran que aún tienen encuentros íntimos, pero claro, nadie tiene prueba alguna de que eso sea verdad, además del hecho de que son muy cercanos.
—Es posible que decidieran tener una relación amistosa por el bien de su hijo.
—Bueno, el chico ya es mayor — comentó Zack como si debido a que el hijo de la Reina ya no era un chiquillo, no era necesario que sus padres convivieran demasiado —. Es posible que sólo sean amigos, y no haya nada sexual de por medio — dijo — pero no hay manera de saberlo, y lo cierto es que no nos afecta ni beneficia el conocer la verdad.
—Coincido — dijo Emmerich — pero ahora que él está aquí, ella estará en boca de todos por aquí, algunos la acusarán de ser la separatista infiltrada, mientras que otros murmurarán sobre los motivos que motivaron al Príncipe Hans a venir a protegerla — eso era cierto, se avecinaba un tiempo difícil para la rubia — y me preocupa el como ella pueda reaccionar, es decir, ¿Notaste el cómo le afectó el simple hecho de que mencionaras que el Príncipe Hans es su ex?
—¿Cómo está ella ahora?
—No la ví entre la multitud, posiblemente el Príncipe Hans le pidió que se quedara a salvo en sus aposentos mientras el averiguaba qué ocurrió. — contestó — y quizá fue lo mejor, las personas están demasiado intraquilas y asustadas, eso lleva a la gente a cometer toda clase de locuras.
—Como por ejemplo irrumpir en habitaciones y agitar con furia a personas que tan sólo intentan dormir — se burló Zackary antes de soltar un suspiro — Sin duda ahora las cosas empeorarán y todos desconfiarán el uno en el otro.
—El infiltrado planea que nos eliminemos entre nosotros, eso debilitará a la república y le dará una enorme ventaja al ejército separatista — dedujo las intenciones del enemigo — quizá la Reina Elsa será su primera víctima, tiene poderes mágicos y tiene lógica que deseen sacarla del camino lo más pronto posible.
—Podrías tener razón — dijo Zackary — es muy probable que el infiltrado la está vigilando muy de cerca, debió de saber que el Príncipe Hans llegaría esta noche y por eso es que ocasionó este disturbio, sabiendo que esta terrible coincidencia la volvería una sospechosa.
—Definitivamente hay que asegurarnos de descubrir al verdadero culpable cuanto antes, o esto se convertirá en una verdadera masacre.
A pesar de que el sol aún no salía, se convocó a una reunión de emergencia dónde se pasó lista para asegurarse de que todos se encontraran con bien. La gran mayoría se encontraba vistiendo ropa de dormir, a excepción de unos pocos, como era el caso de la Reina Elsa quien posiblemente tomó la decisión de cambiar su vestimenta al considerar que quizá necesitaría salir de sus aposentos debido a lo recién ocurrido.
—Quizá el propósito del atacante si era volarnos en mil pedazos pero su bomba no causó el daño que esperaba — teorizó el Conde OHiggins; representante del reino de Faylen, reavivando e incrementando el pánico entre los presentes — pero no tardará en volver a intentarlo.
—Es cierto, es primordial que se descubra quien es el maldito separatista que se oculta entre nosotros — habló el Senador de Caelmor; una pequeña nación ubicada al norte de Corona — ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada mientras llevan a cabo una investigación que parece no ir a ningún lado! — exclamó molesto.
—O quizá sólo se trate de un truco para generar desconfianza entre nosotros — propuso Emmerich para apaciguar a la gente — la persona que colocó la bomba sabía lo que hacía, todo fue perfectamente calculado.
—Se supone que se incrementó la seguridad en este edificio, ¿Acaso ninguno de los miembros de la guardia vió a nadie ingresar en esa habitación? — cuestionó Lord MacGuffin con indignación — Si alguien pudo colocar una bomba frente a las narices de tantos soldados, ¿Cómo podrían garantizar nuestra seguridad?
—Entiendo que las intenciones de mantenernos aquí para no dejar ir al infiltrado libre de consecuencias, pero es inaudito que nos impidan regresar a casa — opinó el señor Torgersen — Sé que Nordhaven, al igual que varias de las naciones aliadas a la república no tolerarán que sus representantes sean retenidos en Berlín mucho tiempo.
—Correcto — el Conde OHiggins estuvo de acuerdo con el hombre — Además, aquí hay miembros de la realeza y nobleza importantes, no será conveniente para sus reinos que ellos se encuentren fuera por un tiempo prolongado, dejaría a sus naciones desprotegidas.
—Y los separatistas no perderían la oportunidad de apoderarse de más territorios — agregó el Senador de Caelmor — Si, en definitiva tenemos que llegar al fondo de esto cuanto antes.
—Sugiero que comencemos por mencionar a las personas que no acudieron al lugar del impacto — habló nuevamente Harald Torgersen con veneno en sus palabras — Piensenlo, el perpetrador se mantendría lo más alejado del lugar de los hechos para evitar ser relacionado con el crimen.
—Caballeros — habló el Canciller Conrad de Austria — y dama — agregó al recordar la presencia de Elsa — es importante mantener la calma, estamos dándole al infiltrado justo lo que quiere, que nos ataquemos entre nosotros.
—Por mi parte, yo creo que deberíamos empezar por enfocarnos en quienes no se presentaron en el lugar, tal y cómo sugirió el Conde OHiggins — opinó Lord MacGuffin — es un buen punto de partida — subió y bajó uno de sus hombros — me parece que el Príncipe Zackary de Wyvernhold y la Reina Elsa de Arendelle jamás aparecieron sino hasta que se les convocó directamente para asistir a esta reunión.
—Me quedé dormido — confesó Zackary, obteniendo a cambio una mirada de Emmerich que parecía decirle: mejor no hables.
—Claro, no olvidemos que el señor Emmerich Neumann demoró más que los demás en llegar — les recordó el representante de Caelmor — Algo bastante sospechoso, en mi opinión.
—No debemos sacar conclusiones apresuradas — intervino finalmente Elsa intentando evitar una desgracia — entiendo que las circunstancias son desalentadoras y es comprensible que todos estemos preocupados por salvaguardar nuestras vidas y el bienestar de nuestras naciones, pero es bastante peligroso apresurarnos a adjudicarle la culpa a alguien sin tener pruebas concretas — dijo — y como ya se nos informó, ninguno de los guardias vió a nadie acercarse al lugar dónde estalló la bomba.
—Así cómo nadie vió llegar al Príncipe Hans, ¿Cierto, Majestad? — era evidente que Torgersen ya había elegido a una culpable y no existía poder humano que le hiciera cambiar de opinión.
—La Reina Elsa no tiene nada que ver con el cómo llegué a Berlín — intervinó rápidamente el pelirrojo — en realidad, ella se oponía a que yo viniera, y sé que sigue sin aprobar el que yo me encuentre en Berlín.
—Vaya, así que la Reina de Arendelle es incapaz de conseguir que su antiguo amante obedezca sus órdenes — escupió Torgersen, estaba tan molesto que ni siquiera le importó faltarle el respeto de frente — ¿Así espera gobernar un reino entero? — se burló — Bueno, ¿Qué se podía esperar de una mujer?
—¡No le permito que le falte el respeto de esa manera! — Gritó el pelirrojo.
—Señor Torgersen, agradecería que nos enfoquemos en lo importante, y mi vida privada no es relevante en este momento — habló ella aparentando fortaleza — Sé que muchas personas no confían del todo en mí, que tienen sus opiniones sobre mi forma de gobernar y mis poderes, pero le aseguro que siempre he buscado el bien común, estoy comprometida con la república y deseo tanto cómo ustedes que se descubra al responsable.
—No podemos simplemente culpar a la Reina Elsa — habló el Canciller Valorum — es una situación delicada que requiere que investiguemos apropiadamente, no sería correcto ni conveniente ir eliminandono uno a uno, eso le daría una ventaja importante a nuestros enemigos.
—Exacto — habló el Canciller de Austria — Eso es justo lo que los separatistas esperan lograr con esto, que no podamos confiar los unos en los otros y que nos destruyamos entre nosotros — dijo — Quizá no importe mucho mi opinión en el asunto, pero conozco a la Reina Elsa y a su familia desde hace ya algunos años, es una mujer de buen corazón y una gobernante intachable, su reinado ha beneficiado sumamente a Arendelle, además, lleva ya un tiempo siendo nuestra aliada, jamás ha habido una queja sobre su desempeño como miembro de la república.
—La mayoría aquí lleva años siendo parte de la causa — apuntó OHiggins.
—Bueno, hay unas cuantas naciones que se han integrado recientemente — dijo el representante de Caelmor — ¿Olvidan que Hyrule hasta hace poco era territorio separatista?
—No eran nuestros aliados, simplemente ocupaban nuestro territorio y a los habitantes nos tenían viviendo en la miseria — habló Emmerich — Ninguna persona en Hyrule pensaría siquiera aliarse con ellos.
—Sólo me parece interesante el cómo después de años bajo su régimen, milagrosamente lograron derrotar a un ejército tan fuerte como el separatista y resurgieron como una nación fortalecida — las palabras del hombre dieron pie a más y nuevos murmullos.
—¿Nadie va a hablar sobre el hecho de que el Príncipe de Wyvernhold dijo que no apareció hasta ahora porque estaba dormido? — preguntó Ostein incrédulo de que todos pasaron por alto aquella excusa.
—¡Es verdad! — se defendió Zackary.
—El sonido de una maldita bomba no lo despertó, ¿Tiene idea de lo ridículo que suena eso? — dijo el asistente de la Reina.
— ¡Ostein! — le llamó la atención la Reina — Como dije, no hay que apresurarnos a sacar ninguna conclusión.
—El Príncipe de Wyvernhold dice la verdad — Emmerich creyó importante mencionar en ese momento que él podía corroborar la historia de su amigo — Al no verlo en el lugar del suceso, pensé lo peor y fui en su búsqueda para asegurarme de que se encontrara a salvo — relató lo sucedido — toqué a su puerta en reiteradas ocasiones sin obtener respuesta, así que tuve que abrirla a la fuerza, fui a su recamara y allí estaba, profundamente dormido y ajeno a todo lo que ocurrió.
—Bien, confiemos en lo que dice otro de nuestros sospechosos — se burló Torgersen — ¿Y qué más señor Neumann, acaso usted sabía que el Príncipe Hans nos honraría con su visita justamente hoy? Digo, solo falta que usted también desee encubrir a esa hechicera.
—No, él no lo sabía — fue el turno de Zackary de defender a su amigo —, pero yo sí — admitió sorprendiendo a los presentes — por la tarde me reuní con la Reina Elsa y en medio de nuestra conversación mencionó que el Príncipe Hans planeaba arribar a Berlín lo más pronto posible, contra los deseos de su Majestad — dijo Zack —, le sugerí que hiciera un último intento de hacerlo entrar en razón y que comprendiera que era una mala idea que viniera, ella prometió hablar con él nuevamente, pero al parecer el Príncipe es demasiado necio.
—La bruja, su amante, el ex separatista y el Príncipe inútil — canturreó Torgersen — vaya grupo de ejemplares.
—Nadie acusará a nadie sin tener manera de demostrar su implicación en el crimen — intervinó el Supremo Canciller estableciendo órden en la sala — les aseguro sus excelencias, que estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para que la investigación tenga éxito lo más pronto posible , pero para que las cosas se faciliten un poco necesitamos de su cooperación.
—¿Cooperación, dice? — habló Lord MacGuffin — Ni siquiera se nos permite discutir las teorías aquí presentadas, aún cuando los tres señalados no han dado una justificación convincente del porqué deberíamos descartarles como sospechosos.
—Le juro que cada teoría recibirá la atención necesaria, así como también se llevará a cabo el proceso de investigación correspondiente — habló con firmeza el Canciller Valorum — les pido no interfieran ni entorpezcan las investigaciones.
Elsa sintió que había estado aguantando la respiración todo ese tiempo, y no fue hasta que volvieron a sus aposentos que se permitió respirar hondo y exhalar con fuerza, dejándose caer en el sofá de la oficina. El sol ya había salido, lo que indicaba que la reunión había durado al menos un par de horas, estaba agotada y sentía unos enormes deseos de llorar.
—Yo creía que se necesitaba ser una persona muy inteligente y estudiada para convertirse en el representante de una nación ante la república, pero al parecer me equivoqué — escuchó a Ostein comentar, pero ella no se giró a mirarlo — la mayoria son unos completos imbéciles.
Elsa comenzó a temblar, su respiración se tornó irregular y apretó los labios para no dejar escapar ningún sollozo, a pesar de que sabía que no podría contenerlos por mucho tiempo. Hans se percató del estado de la Reina, así que se encargó de enviar a Ostein fuera de la habitación, ya fuera que prefiriera ir a la biblioteca, al patio o al comedor principal a desayunar, el muchacho no protestó y acató la órden inmediatamente.
Una vez solos, el pelirrojo se sentó junto a ella y tomó una de las manos de la rubia entre las suyas. Elsa bajó la mirada y en ese momento una lágrima cayó directo a su regazo, a esa le siguieron varias lágrimas más que pronto se transformaron en un llanto incontenible, llevó su mano libre a su pecho, era como si estuviese atravesando por un enorme dolor físico, aunque Hans sabía que se trataba de una herida emocional que jamás terminaría por cerrar.
—¿Quieres volver a casa? — preguntó el pelirrojo, Elsa asintió con la cabeza inmediatamente.
—S-si — consiguió pronunciar ella, de verdad era lo que más deseaba en ese momento, estar en casa, rodeada de su familia y enserio necesitaba un abrazo de su hijo — pe-pe-pero — titubeó y fue incapaz de decir algo más, solo emitió un par de balbuceos antes de que el llanto incrementara.
—Sé que me dirás que no es el mejor momento para regresar a Arendelle, también sé que tienes razón en eso — habló el pelirrojo apretando ligeramente más la mano de la mujer — pero es evidente que hay algo mal desde antes de que partieras de Arendelle, hay algo más que no me has dicho y no estas obligada a contármelo si no lo deseas, pero Elsa, se que viniste en búsqueda de tranquilidad y es algo que no has obtenido ni lograrás encontrar en Berlín — dijo Hans —más allá de si el separatista infiltrado intenta hacerte daño, me preocupa más que todos esos idiotas te agredan verbalmente de la manera en que hicieron en la reunión, no tienes porqué estar soportando eso Elsa, puedes volver a tu reino, con tu hermana, sobrinas y Andy — mencionó a las personas más allegadas a ella — yo me quedaré aquí junto a Ostein y ya verás que ambos solucionaremos este problema.
—N-no puedo — no era correcto huir, aunque la idea de escapar del problema era tan tentadora — yo sólo quiero que todo esto termine ya — murmuró entre sollozos.
—¿Quieres un té? Podría ayudar a tranquilizarte — propuso Hans, ella asintió en respuesta — pediré que traigan la tetera y unas cuantas galletas — se disponía a llamar a la servidumbre para solicitar aquellos alimentos, cuando tocaron a la puerta.
Miró a Elsa removerse en su asiento, buscando tomar una mejor postura y con sus manos intentó borrar cualquier evidencia de su llanto, él le extendió su pañuelo y ella dudosa lo aceptó.
Los golpes en la puerta se repitieron, esta vez un poco más insistentes, la Reina de Arendelle se tomó un minuto para cerrar los ojos y tomar aire, debía aparentar estar tranquila y serena.
—Adelante — dijo ella, inmediatamente la puerta fue abierta y frente a la entrada se encontraban Emmerich y Zackary, Elsa los saludó de manera cordial.
—Hola, tal parece que esta será la primera reunión formal entre nosotros, los principales sospechosos — habló el Príncipe de Wyvernhold de manera alegre, era un poco inquietante que estuviera de tan buen humor tomando en cuenta que acababa de ser catalogado como uno de los principales sospechosos — ¿Y no nos acompaña su asistente quien amablemente me nominó como el posible responsable? — bromeó el Príncipe.
—Dios ¿Acaso no puedes tomarte algo en serio, ni siquiera en momentos como este? — habló Emmerich.
—¿Disculpen? — Hans se hizo notar, esperando una apropiada presentación ya que a pesar de haberlos visto durante la reunión, lo cierto es que no tenía idea de quienes eran con exactitud.
—Oh, cierto — el Príncipe pareció darse cuenta del mismo detalle — No nos han presentado formalmente — comprobó que en efecto pensaron lo mismo — Príncipe Zackary Aldridge de Wyvernhold — se presentó.
—Emmerich J. Neumann — habló el pelinegro — Senador de Hyrule.
— ¿J? — no pasó por alto la mención de cierto reino, pero no consideró que sería bueno indagar al respecto tomando en cuenta que Elsa se encontraba en un estado vulnerable.
—Su nombre es Jasper — respondió Zackary antes de que su amigo pudiera hacerlo él mismo — detesta ese nombre — rió al revelar aquel dato — imagino que usted es el Príncipe Hans de Las Islas del Sur.
—Es correcto.
—¿Ocurre algo? — preguntó Elsa queriendo saber el motivo de la visita de aquel par de hombres.
—Por si no se percataron de ello, fuimos a las únicas personas a quienes les atribuyeron el asunto de la bomba — Zackary retomó la palabra — somos las tres personas que la gran mayoría de todos los demás representantes quieren fuera, tan sólo necesitaban una razón que justificara que finalmente admitieran en voz alta lo que pensaban.
—No creo que seamos los tres más detestados — dijo Emmerich.
—Ella congeló a su propio reino y convirtió a su hermana en una estatua de hielo, tu país conservó el mismo nombre que tenían cuando eran un reino gobernado por un Rey loco y malvado que al parecer tenía acceso a la magia negra, que gracias a ello estuvo muy cerca de apoderarse de Arendelle, sin mencionar que muchos dudan sobre qué tan cierto es que consiguieron derrotar a los separatistas — mencionó el Príncipe — y creo que no tengo que decirte que yo soy la vergüenza de mi familia, y además sólo acepté venir aquí porque la otra opción que me dió mi querido hermano, fue desposar a la Princesa Gianna, hija del Rey de Nordhaven.
—Así que rechazaste a una de las Princesas del reino al que representa Harald Torgersen, el hombre que estaría más que dispuesto a condenarnos a muerte por traición en este momento — mencionó Emmerich.
—Aunque claro que Torgersen parecía más interesado en convencer a todos de que la Reina Elsa es la responsable — dijo el castaño — y bueno, no la conozco lo suficiente, pero le tengo el respeto suficiente como para saber que ella no sería tan estúpida como para colocar una bomba en este edificio el mismo día en que el Príncipe Hans llegó a Berlín.
—Puede que las intenciones del infiltrado sea que el resto de los representantes se convenza de que alguno de nosotros es de hecho el enemigo — habló la rubia — puede que nos eliminen uno a uno, y cuando terminen con nosotros y se den cuenta de que estaban en un error, empezará una completa masacre.
—Creo que la masacre iniciaría con alguno de nosotros siendo sentenciado injustamente, pero entiendo el punto — habló Zackary.
—Van a destruir a la república desde adentro.
—Debemos descubrir quién está detrás de esto antes de que sea tarde — dijo Elsa.
—Elsa — la voz del pelirrojo la hizo girar su mirada hacía él — tú debes volver a Arendelle, pensé que ya habíamos acordado que si esto se tornaba más peligroso regresarías y hace un momento me dijiste que deseabas ir a casa.
— ¿Irse? — le cuestionó el Senador de Hyrule — No, escuche Majestad, es claro que nuestro enemigo la tiene en la mira, si se va, encontrará la manera de convencer a todos de que escapó al verse descubierta y Arendelle será declarado enemigo de la república, pondría en riesgo a su reino y a sus súbitos.
—No lo escuches Elsa — Hans insistió en querer alejarla del peligro — yo me quedaré aquí en tu representación, Arendelle no estaría escapando del problema.
—Sea quien sea el responsable desea inculparla a usted — dijo Zackary — y ese alguien la tiene bajo vigilancia, creo que es demasiada coincidencia que este ataque haya sucedido justo la noche en que el Príncipe Hans llegaría a Berlín, seguramente fue perfectamente orquestado para que todos sospecharan de usted.
—Pero sólo se lo comenté a usted y a mi asistente, Ostein — dijo ella — y yo confío completamente en él.
—Puede que alguien más haya estado escuchando su conversación — habló Emmerich — lo cierto es que ahora todos estarán atentos a sus movimientos, esperando cualquier indicio de que usted es la traidora, así que haga lo que haga, no les dé motivos para llegar a esa conclusión.
