DESAYUNO EN LA TERRAZA


Elsa se removió en la cama, envolviendose a sí misma aún más entre las sábanas tomó un gran respiro antes de abrir los ojos, encontrándose con los orbes verdes del pelirrojo observándola.

—¿Cuánto tiempo llevas allí? — preguntó somnolienta mientras que con su mano derecha se tallaba los ojos. Aún no despertaba lo suficiente como para reaccionar de forma más agresiva.

—Recién entré — esa era la verdad, había estado ingresando a la habitación cada tanto para verificar que ella se encontrara con bien — me preguntaba si aún dormías — sus palabras consiguieron desconcertarla y entonces cayó en cuenta de que el entorno estaba oscuro, incluso demasiado para deberse al simple hecho de que la luz estaba apagada.

—¿Qué hora es? — preguntó haciendo las cobijas a un lado y con ayuda de sus brazos se arrastró para incorporarse, sentándose y apoyando la espalda contra el cabecero de la cama.

—Pronto serán las diez de la noche — respondió.

—¿Me dejaste dormir todo el día? — estaba sorprendida de las muchas horas que había permanecido en cama — ¿Acaso ...acaso pusiste algo en el té? — indagó queriendo averiguar el porqué de su prolongado descanso.

—No me atrevería a hacer algo tan bajo — dijo — confieso que creí que no lograría convencerte de descansar, pero no te administraría una droga o medicamento sin tu consentimiento — agregó — ni aunque la idea fuera demasiado tentadora, ya que conociendote, tiendes a poner tus necesidades en último lugar y pasas demasiado tiempo trabajando.

—Bueno, Arendelle no se dirige solo — dijo ella — pero admito que si tienes un poco de razón, me haría bien tomarme un descanso con mayor frecuencia — aceptó que era una realidad, ya no estaba en sus veintes y la falta de sueño ya le pasaba factura cada tanto.

—Sí, me parece que el hecho de que dormiste todo el día es muestra de que estabas agotada — Elsa rodó los ojos, aquel comentario se sentía como un regaño y no tenía cabeza para ello — ¿Te sientes mejor? ¿Tienes hambre? ¿Aún tienes sueño? — empezó a hacerle varias preguntas sin darle oportunidad de responder alguna.

—Sí, creo que me siento mejor — dijo ella — y lo cierto es que no tengo hambre, aún así no sé si deba comer algo — dudó un poco, era demasiado tarde como para pedir que le prepararan algo, más no sabía qué tan conveniente sería ignorar el hecho de que habían pasado muchas horas desde que ingirió su último alimento — y…¿Me juzgarías demasiado si te dijera que podría seguir durmiendo? — rió al hacer la pregunta.

—Para nada, además no creo que debido a la hora puedas hacer alguna otra cosa — sonrió el pelirrojo — tampoco creo que alguien requiera de tu presencia en ninguna reunión o solicite alguna audiencia contigo.

—¿Hablaste con Andy? — preguntó Elsa, él negó con la cabeza — Pensé que le comentarías del asunto de la bomba lo más pronto posible, además, si Andy no recibe noticias nuestras por mucho tiempo vendrá a buscarnos y llevarnos a rastras de regreso a Arendelle.

—Quería hablar contigo antes — dijo — Hable con Liv esta tarde, y pedí que no dijera nada a Helena o Andy, ya que pensé que tu y yo debíamos acordar qué es lo que le diremos a nuestro hijo.

Elsa asintió con la cabeza, antes de moverse hacia un lado en la cama dejando un considerable espacio junto a ella y con un par de leves golpes en el colchón le indicó que podía tomar asiento a su lado, algo que lo tomó desprevenido y por un minuto dudó si se trataba de alguna clase de prueba, pero finalmente caminó lentamente hasta la cama y se sentó al borde.

— ¿Te sientes bien? — preguntó a la vez que palpaba su rostro con su mano para asegurarse de que no tuviera fiebre — Si quieres ver a un médico…

—Me siento bien, no hace falta que entres en pánico sólo te pedí que te sentaras para poder hablar contigo y no quería que estuvieras incómodo permaneciendo de pie — le dio una explicación para que él no terminase llegando a la conclusión de que ella estaba delirando o perdiendo la cordura — En fin, sobre Andy…imagino que me dirás que tenemos que decirle toda la verdad, no podemos ocultarle que todo ha empeorado aquí.

—Imaginas bien — admitió — me conoces lo suficiente para saber cual es mi opinión, pero yo también te conozco y sé que preferirías omitir ciertos detalles, así que lo mejor sería llegar a un común acuerdo, entiendo que has decidido no mencionarle la presencia de Hyrule en la república.

—¿Estás en desacuerdo?

—No, lo cierto es que he visto como Andy ha reaccionado en el pasado cuando alguien menciona a Aksel o algo que le recuerde a ese hombre — habían pasado varios años desde la última vez que el recuerdo del Conde había perturbado la mente de su hijo y deseaba evitarle un disgusto — coincido en que es algo de lo que sería mejor decirle en persona, una vez que todo esté solucionado y regresemos a Arendelle.

—Me preocupa que se entere por alguien más — dijo ella — es decir, cuando tomé la decisión de ocultarlo se suponía que no estaría aquí en Berlín demasiado tiempo, solo sería una reunión diplomática, quizá pasaría una semana más aquí después de cumplir con mis deberes, pero no imaginaba que habría un ataque…¡De nuevo!

—¿Dices entonces que deberíamos decirle que ahora Hyrule forma parte de la república?

—Sí, desearía no tener que hacerlo, pero no sé quién está detrás de todo esto ni que planea con exactitud y eso es aterrador — Elsa se abrazó a sí misma, sus ojos se cristalizaron a causa de las lágrimas y apartó la mirada intentando que él no notara aquello — me preocupa que alguien planee decírselo con el fin de alterarlo — le aterraba que alguien quisiera dañarlo de tal manera.

Hans se acercó un poco más a ella y colocó una de sus manos sobre su brazo, acariciándolo levemente, Elsa no hizo algún intento por alejarse, ni se mostró incómoda ante tal gesto.

—Tenemos que poner al tanto de todo a Andy — volvió a hablar la rubia — aún no estoy segura de querer mencionarle las intenciones de Hyrule de aliarse con nuestro reino.

—Entonces es verdad — ella asintió con la cabeza — Ostein me comentó algo al respecto.

—No pienso llegar a ningún acuerdo con ellos, no te preocupes — confirmó lo dicho por su asistente — podría concederle una audiencia al Presidente — la expresión en su rostro le dejó en claro que su decisión no fue de su agrado — quiero terminar con ese asunto lo más pronto posible, tengo la impresión de que el señor Neumann o algún otro seguirá insistiendo hasta que yo acceda a reunirme con su gobernante.

—Podrías dejarle en claro al Senador que no te interesa tener relación alguna con Hyrule.

—No conozco al Presidente ni a ninguna otra de las personas con un cargo político en ese país — lo miró a los ojos — no sé cómo reaccionarían ante una negativa, no quiero que Hyrule vuelva a declararnos la guerra — tenía miedo, él podía notarlo en su mirada y en el leve temblor de su cuerpo — sólo…por el momento no quiero agobiar a Andy con eso, además no es lo más relevante por ahora.

—Concuerdo, le diremos únicamente lo relacionado a éste último ataque — ambos estuvieron de acuerdo en ello — ¿Lo llamaremos en la mañana?

—O podríamos hablar con él ahora — sugirió la Reina — conozco a Andy, no estará durmiendo a esta hora y por la mañana seguro tendrá cientos de pendientes.

Hans se acomodó en la cama, apoyando su espalda en la cabecera; imitando la postura de ella, se acomodó a su lado y sacó su comunicador mágico, la miró para preguntarle si estaba lista y una vez que ella respondió de manera positiva, llamó a su hijo.


Los días transcurrieron con normalidad, sin ningún altercado o alguna noticia, había pasado todo ese tiempo confinada en sus aposentos ya que Hans se encontraba bastante comprometido en no dejarla salir para exponerse al peligro, y Ostein parecía estar completamente de acuerdo con él, así que ambos se tomaban muy enserio la tarea de mantenerla bajo vigilancia, lo cual, aunque agradecía, empezaba a resultar molesto.

Afortunadamente aquel par quedó agotado después de haber pasado los días anteriores despertando desde temprano y yéndose a la cama hasta muy altas horas de la noche con el objetivo de no perderla de vista. Así que aquel día Elsa despertó muy temprano, el sol recién iba saliendo y había completo silencio.

Se vistió y con cuidado de no hacer ruido salió de su recámara, caminó de puntillas intentando no alertar a Hans o a Ostein, se sentía como una chiquilla haciendo una travesura y al mismo tiempo pensaba que era ridículo que siendo la Reina no pudiera simplemente decidir si se quedaba en aquellas habitaciones o si salía a recorrer el lugar, así que esa mañana al menos haría lo que quisiera y le apetecía salir de su habitación.

Solicitó que le sirvieran el desayuno en una terraza con vista hacia los jardínes, cuando tomó asiento en una de las mesas, algunos de los presentes se retiraron casi de inmediato y las pocas personas que permanecieron la miraban cada tanto; creyendo que ella no se percataba de ello.

—Reina Elsa — dijo el Príncipe Zackary tomando asiento en la misma mesa sin antes consultarle si ella estaba de acuerdo — empezaba a creer que usted jamás volvería a salir de sus aposentos, de hecho, Emmerich y yo estábamos hablando sobre la posibilidad de que usted había regresado a Arendelle.

—Bueno, aquí estoy — alzó levemente la mirada.

—Eso veo y me da mucho gusto que así sea — el Príncipe le sonrió — ¿El Príncipe Hans también continúa en Berlín? — ella respondió afirmativamente — Veo que su…él — corrigió sus palabras rápidamente provocando que ella soltara una pequeña carcajada y negara con la cabeza notablemente divertida.

—¿Mi ex? — rió la Reina, él solo se encogió de hombros un poco avergonzado — Si lo que insinúa es que el Príncipe Hans es demasiado necio y testarudo, no voy a intentar hacerlo cambiar de opinión — dijo divertida — él es de hecho, muy necio.

—Sigue insistiendo en quedarse aquí y velar por su seguridad — la Reina asintió con la cabeza — bueno, debo admitir que lo consideraría un completo imbécil si accedía tan fácilmente a regresar de dónde vino — aquella declaración del Príncipe sorprendió a la mujer — solo un idiota la dejaría aquí a su suerte sabiendo que hay un loco por aquí estallando bombas.

—Bueno, tienes un punto — aceptó esa realidad — sé que él está haciendo lo que considera mejor para mí, aprecio mucho su amistad, pero a veces…exagera un poco — no encontró una mejor manera de decirlo — vine aquí sin decirle a él o a mi asistente que tomaría el desayuno en la terraza, así que posiblemente entren en pánico una vez que se den cuenta de que no estoy en mi recamara.

—¿Cuáles son las probabilidades de que pongan todo el lugar de cabeza mientras la localizan? — hizo la pregunta con un pequeño toque de malicia en su voz; nada peligroso, simplemente con el propósito de obtener un poco de diversión.

—Son bastante altas, no voy a mentirle — rió nuevamente y pensó que en toda su estadía en Berlín no había reído tanto como esa mañana — podría evitar un drama innecesario si regresara en la brevedad posible, pero no deseo hacerlo.

—Veo que está dispuesta a ocasionar más disturbios por aquí, Majestad — bromeó Zackary — No pensé que diría esto, pero creo que usted me agrada.

—No sé cómo debería tomar eso, si le soy sincera — dijo manteniendo un tono de voz alegre — yo…aún no tengo una opinión concreta sobre usted, me temo.

—Ouch — se llevó una mano al pecho fingiendo sentirse sumamente dolido por las palabras de la Reina — Y yo que pensaba que usted no era una persona cruel, pero veo que no le importó herir mis sentimientos.

—Tal parece que usted tiene algo en común con…mi ex — si, probablemente ella seguiría recordándole aquel incidente por un tiempo — ambos pueden llegar a ser demasiado dramáticos.

—Empieza a escucharse como el mayor de mis hermanos — dijo Zackary — Leighton aprovecha cada oportunidad que tiene para llamarme exagerado o dramático — guardó silencio por un segundo — claro, a veces también me dice que soy un dolor de cabeza y me comporto como uno más de sus hijos, sacándole canas verdes.

—Algo me han comentado al respecto.

—Fue Emmerich ¿Cierto? — dedujo rápidamente el hombre, ella no aceptó ni negó nada — Bueno, ¿Qué más da?

—Tengo más de una fuente de información, creo — dijo ella — alguien me comentó que usted no está interesado en que se forme una alianza o acuerdo entre Wyvernhold y Arendelle — el Príncipe se llevó una mano a la cabeza empezando a revolver sus cabellos con nerviosismo.

—No es nada personal — intentó justificarse aún mostrándose nervioso — y-yo, es decir, seguramente Emmerich ya le contó toda la historia de cómo es que terminé aquí.

—Si mal no lo recuerdo, el otro día usted mismo mencionó que prefirió ser nombrado representante de su reino ante la república, con tal de no contraer nupcias — le recordó aquel detalle que compartió en una previa conversación.

—¿Piensa recriminarme por mi renuencia al matrimonio, Majestad? — preguntó Zack.

—Pienso que soy la persona menos indicada para hacer tal cosa — contestó ella, la expresión del Príncipe le fue imposible de interpretar con exactitud — Entonces, ¿Su hermano lo envió aquí como castigo? — consideró prudente evitar el tema del matrimonio.

— Lo cierto es que no — dijo él — Pienso que el asunto del matrimonio era el castigo, la verdad nuestros padres; que en paz descansen, jamás arreglaron algún matrimonio para ninguno de mis hermanos — comentó — y Leighton tampoco se había atrevido a siquiera sugerirlo, sin embargo ya todos mis hermanos formaron sus propias familias a excepción de mí.

—Sospecho que esa no es la única razón.

—No tomó muy enserio mi papel como miembro de la familia Real — admitió — No me involucro demasiado en la política, ni poseo algún rango militar como mis hermanos Percival y Ambrose, ni me interesé en la economía como mi hermano Edmund, así que si bien, todos ellos me consideran un caso perdido, Lighton aún tiene la esperanza de que en algún momento yo sentaré cabeza — inclinó un poco la cabeza — así que asumo que el prácticamente amenazarme con arreglarme un matrimonio fue su manera de darme un pequeño empujón para finalmente conseguir que yo desempeñara un papel importante para Wyvernhold.

—Bueno, puede que si realmente intenta ser un buen representante, descubra que si le gusta o interesa conservar el puesto.

—Lo cierto es que preferiría mantenerme lejos de otro ataque terrorista, y evitar que me priven de la libertad, pero gracias por el consejo — hizo una mueca graciosa al decirlo — ¿Me dirá usted que se encuentra disfrutando de la experiencia?

—Personalmente creo que me abstendré de regresar a Berlín, he estado aquí dos veces y en ambas ocasiones ha habido un ataque, así que la próxima vez me abstendré de venir en representación de mi reino — intentó que aquello se percibiera como una broma.

—Si, probablemente debería dejar todo en manos de la Senadora de Arendelle en futuras ocasiones — habló siguiéndole la corriente — ¿La Princesa Liv se negó a venir en esta ocasión?

—Ni siquiera le pregunté si estaba disponible para hacer el viaje — admitió — quería salir de Arendelle por unos días, claro que no esperaba que mi estadía en Berlín se extendiera de esta manera.

La conversación fue puesta en pausa debido a la aparición del Canciller Conrad, quien en cuanto vio a la Reina de Arendelle se acercó a ella a saludarla, mostrándose amable como siempre.

—Reina Elsa, me da gusto verla nuevamente — habló el recién llegado — Príncipe Zackary — saludó de igual manera al acompañante de la rubia.

—Buen día Canciller Conrad — dijo ella — igual me alegra verlo — ciertamente era reconfortante coincidir con personas que no le temían o evitaban por tener pésimas opiniones sobre ella.

—Buenos días — Zackary quiso asegurarse de no ser excluido de la conversación ya que le resultaría incómodo limitarse a permanecer en silencio simplemente observando — Tal parece que esta mañana todos tuvimos la misma idea de venir a la terraza.

—Posiblemente más de uno venga aquí para olvidar por un momento que nos encontramos encerrados entre cuatro paredes — sugirió el Canciller de Austria — además, la vista a los jardínes es sin duda preciosa ¿No les parece?

—Por supuesto — respondió Elsa — el paisaje es hermoso y el día de hoy el clima es agradable, perfecto para pasar tiempo al aire libre.

—Aún más después de haber pasado días enteros sin poner un pie fuera de sus aposentos — lanzó aquel comentario sin importarle demasiado el cómo podrían tomarlo — Sinceramente no sé cómo es que logró soportar más de un día encerrada — ella alzó una ceja — claro, olvidé ese detalle — Por algún motivo Elsa estaba completamente segura que él de verdad se olvidó del hecho de que ella pasó más de diez años sin salir de su cuarto.

—Sí, tengo algo de práctica en esa área — comentó ella, desconcertando un poco al Canciller; quien esperaba una reacción distinta de su parte — pero como comenta usted Alteza, permanecer encerrado en un lugar no es sencillo — le preocupaba en sobremanera el que como consecuencia del encierro más de uno perdiera la cordura.

—No podría estar más de acuerdo con usted, Majestad — asintió el Canciller — afortunadamente no ha habido ningún nuevo altercado y todo se encuentra en relativa calma.

—Personalmente eso me parece aún más preocupante y aterrador — dijo Zackary — lo cierto es que el saber que hay una persona entre nosotros que quiere hacernos daño es algo difícil de ignorar y el no saber quien es o cuándo podría atacar nuevamente…

La conversación fue interrumpida por un grito que parecía provenir desde muy cerca, y lamentablemente a Elsa la voz le pareció familiar. Pronto el bullicio incrementó conforme iba captando la atención de varios de los presentes, algunas de las personas que se encontraban en la terraza se acercaron a ver qué ocurría, la Reina Elsa permaneció en su asiento, no queriendo confirmar sus sospechas.

Zackary por su parte, se levantó con lentitud, no queriendo dejar en evidencia que se encontraba deseoso por descubrir que estaba pasando.

— ¿Ese no es…? — escuchó preguntar a un hombre que no se molestó siquiera en identificar.

—...El Príncipe Hans — Zackary fue quien se atrevió a mencionar el nombre del sureño, confirmando así las sospechas de la Reina de Arendelle.

Aunque en serio deseaba permanecer quieta, actuar como si no fuera consciente del escándalo que él inició o incluso escabullirse y ocultarse, dado lo ocurrido en los días anteriores era mejor poner fin a la escena protagonizada por Hans.

Avergonzada se puso de pie y acercándose al resto de las personas para poder ver dónde se encontraba exactamente Hans, y entonces lo miró: a mitad de los jardínes gritando como si su vida dependiera de ello.

—¡Elsa! — Los ojos verdes del hombre se iluminaron al finalmente verla. Las personas a su alrededor enfocaron sus miradas en ella, y supo que tenía que salir de allí.

Caminó con un poco más de prisa de como lo hacía normalmente, sentía su corazón latir con fuerza dentro de su pecho, estaba bajo demasiadas emociones y la mayoría no eran precisamente positivas. Finalmente llegó al jardín, donde al parecer la multitud impidió que el sureño saliera del lugar, pero quizá la razón por lo cual a ella le daban el paso era el hecho de que le tenían miedo.

Elsa caminó hacia el pelirrojo, con la mirada en alto y el semblante sereno, a pesar de que creía sentir que sus piernas pronto comenzarían a temblar, intentaba dar pasos firmes y no dejar en evidencia que estaba intranquila.

— ¡Elsa! ¡¿Dónde demonios estabas?! — exclamó el pelirrojo molesto, algo que la hizo enfurecer, es decir, ¿Quién se creía él para hablarle de esa manera?

Escuchó murmullos entre los presentes, era demasiado tarde para salir de allí sin causar un escándalo, ya estaban esparciendo toda clase de habladurías sobre ellos; sobre ella.

— Te he estado buscando, me diste un enorme susto ¿Cómo se te ocurre salir sola? — siguió cuestionandola al respecto — Es hora de irnos de aquí — el sureño tuvo el atrevimiento de tomarla por el brazo con fuerza, sorprendiendola a ella y a todos los testigos.

Elsa tiró fuertemente liberándose de su agarre, no dijo nada, pero su mirada era desafiante, sin embargo aquello no hizo que Hans entrara en razón, volviéndola a tomar del brazo con aún más fuerza consiguiendo que ella soltara un quejido por el dolor, pero él estaba tan concentrado en sacarla de allí lo más pronto posible que ni siquiera se dio cuenta de aquello.

—Me estas lastimando — dijo en voz baja no queriendo empeorar las cosas. Ni siquiera se oponía a regresar a sus aposentos, lo cierto es que después de haber protagonizado aquella escena, estaría más que encantada de pasar las siguientes semanas encerrada en su habitación, simplemente no quería que él la sacara de allí a la fuerza, era perfectamente capaz de caminar por su cuenta.

— ¡Es hora de irnos! — repitió sin soltarla, al contrario, Elsa sintió que la mano del pelirrojo se aferraba aún más a su brazo, comprendía que él estuviera alterado debido al temor que debió sentir al despertar y darse cuenta de que ella no estaba allí, pero él no tenía derecho de tratarla de esa manera.

La jaló con fuerza, consiguiendo que ella se tambaleara, el dolor aumentó y podía sentir como las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos, estaba casi segura de que tendría un moretón en el brazo. Hans consiguió que ambos dieran un par de pasos cuando de pronto sintió como algo la empujó con fuerza.

Cuando abrió los ojos se encontraba en el suelo, había demasiado humo y tierra en el aire, era casi como una niebla espesa que no le permitía ver que estaba pasando, le dolía la cabeza; al llevarse su mano izquierda a la frente se percató de que estaba sangrando.

— ¡Elsa! — sintió los brazos de Hans rodeandola y pronto él la pegó a su pecho, sintiendose aliviado de encontrarla con vida — ¿Te encuentras bien? ¿Te hiciste daño?

Una vez que el humo se disipó y pudo ver su entorno, con tristeza se dió cuenta de que los jardínes habían sido completamente destruidos.

—Dime algo Elsa — pidió Hans con voz suplicante temiendo que ella no reaccionara. Elsa cerró los ojos intentando contener en vano las lágrimas, su cuerpo temblaba y antes de que Hans pudiera decir algo más, ella estalló en llanto.