En una tierra muy parecida a la nuestra una guerra por un nuevo elemento que fue descubierto cuando un meteorito cayo en la tierra hace tiempo había devastado el mundo ciudades enteras devastadas la humanidad casi había llevado al borde la extinción, no queda suficiente hombre o mujeres par iniciar una nueva civilización entonces el gobierno decidió hacer algo drástico femizar hombres para convertirlas en mujeres y así hubiera suficientes mujeres en el mundo para poder reproducirse, el proceso solo sería para delincuentes aquellos, y doctor dígame que esto funcionara dijo el presidente del país, sí señor con esta sustancia que extrajimos de contrabando de ese meteorito y lo refinamos hicimos este sustancia que la llamamos suero xx, puedo moldear la genética del ser humano y convertir es gen xy a uno xx, perfecto y así continuo la historia, marcus era un carterista rebelde de 25 años,hasta que fue atrapado con el gobierno y fue forzado a al feminizacion, lo llevaron al laboratorio, y en le administraron el suero,
El primer síntoma fue un calor abrasador que comenzó en su pecho y se extendió por todo su cuerpo como un incendio descontrolado. marcus se llevó una mano a la frente, sintiéndola arder como si tuviera fiebre. Sus piernas temblaron y tuvo que apoyarse en la pared para no caer.
—¿Qué demonios…? —murmuró, pero su voz sonó extraña, como si estuviera a punto de romperse.
De repente, un escalofrío lo sacudió. Su piel se erizó, y una sensación de hormigueo recorrió sus extremidades como una corriente eléctrica. Luego vino el dolor. No un dolor insoportable, sino una presión interna, como si su esqueleto estuviera contrayéndose y expandiéndose al mismo tiempo.
Un crujido sordo resonó dentro de su cuerpo. marcus jadeó, aferrándose al borde de un escritorio mientras su columna se estremecía. Su espalda se arqueó involuntariamente y sintió cómo su postura cambiaba. Sus hombros, antes anchos y firmes, comenzaron a encogerse, estrechándose centímetro a centímetro. Sus brazos se volvieron más delgados, sus manos temblaban mientras las observaba transformarse. Sus dedos, que antes eran gruesos y masculinos, ahora se volvían largos y esbeltos, con uñas más pulidas y estilizadas.
El cambio avanzaba sin piedad. Su caja torácica se comprimió con otro crujido sordo, obligándolo a jadear. Sentía que su propio cuerpo lo traicionaba, moldeándose en algo completamente ajeno. Una presión creciente se instaló en su cintura, haciéndola más delgada, más definida. Luego, una ola de calor descendió hasta sus caderas y, con un tirón repentino, su pelvis se ensanchó.
—Ahh… ¡Dios! —gimió, sintiendo su centro de gravedad cambiar abruptamente.
La tela de sus pantalones crujió al ajustarse a su nueva forma. Se sintió más liviano, pero al mismo tiempo, más curvado. Sus piernas, antes firmes y musculosas, adquirieron una forma más torneada, con muslos más redondeados y pantorrillas estilizadas. Incluso sus pies encogieron levemente, haciéndole perder momentáneamente el equilibrio.
Pero lo peor aún estaba por venir. Un cosquilleo cálido se extendió sobre su pecho. Primero fue apenas un leve tirón, luego una presión que iba en aumento. Ethan bajó la mirada y se quedó sin aliento. Frente a sus ojos, su torso estaba cambiando. La piel se tensó, sus pectorales se suavizaron, y un peso nuevo se formó sobre su pecho.
—No, no, no… esto no puede estar pasando…
Se llevó las manos al cuerpo, sintiendo la curva de dos senos que antes no estaban allí. Su respiración se aceleró, pero su voz… ya no era suya. No tenía el tono grave y rasposo que había tenido toda su vida. Ahora era más suave, más dulce… más femenina.
El pánico lo invadió, pero su transformación no se detuvo.
Una oleada de placer y hormigueo recorrió su piel, haciéndola más tersa, más sensible. Los vellos de sus brazos y piernas desaparecieron lentamente hasta que su piel quedó completamente lisa. Luego, su rostro comenzó a cambiar.
La presión en su mandíbula hizo que sus dientes rechinaran. Sintió sus huesos afinarse, su mentón volverse más delicado, sus pómulos elevarse ligeramente. Sus labios se hincharon, volviéndose más carnosos, y sus pestañas crecieron en cuestión de segundos, dándole a sus ojos una profundidad nueva y cautivadora.
Pero lo más impactante fue su cabello.
El cosquilleo en su cuero cabelludo fue casi placentero, y en cuestión de segundos, mechones largos y sedosos cayeron sobre su rostro, deslizándose hasta sus hombros. Ethan—o quien solía ser—corrió hacia un espejo cercano, y cuando sus ojos se encontraron con el reflejo, el suelo pareció desvanecerse bajo sus pies.
La imagen que le devolvía el espejo no era la suya. Era la de una chica.
Su mirada seguía siendo la misma, el color de sus ojos no había cambiado, pero todo lo demás… cada curva, cada rasgo, cada centímetro de su cuerpo, era completamente femenino.
Se llevó una mano a la boca, atónito por la suavidad de sus labios. Su respiración estaba descontrolada, su mente se negaba a aceptar la realidad. —No puede ser… esto no es real… Pero lo latido de su nuevo corazón, cada sensación en su piel, cada centímetro de su cuerpo… todo confirmaba la verdad.
