Han pasado 84 años. *inserte meme de la anciana de Titanic*
¡He vuelto de entre los muertos! Y vengo con la grata noticia de que esta historia está… ¡TOTALMENTE TERMINADA! Con todo y epílogo muchachos c:
Desde hace unas cuántas semanas decidí volver a leer los fics que tengo guardados como favoritos porque recordar es vivir. El problema es que me he topado con historias realmente buenas, ¡pero no están terminadas! No saben cómo me frustré. Realmente molesta que los autores dejen olvidadas sus historias dejándonos a los lectores en la incertidumbre.
¡Pero yo no soy así! Prefiero terminar de escribir una historia en su totalidad antes de empezar a publicar, porque es muy común tener bloqueos mentales y me puedo autosabotear si me comprometo a entregar un capítulo en alguna fecha específica.
Además, así puedo releer mis historias y corregir lo que se tenga que corregir antes de publicarlas. Al final de cada cap les estaré poniendo la fecha de la próxima actualización para que estén al pendiente.
Sin más, ¡súbale, hay lugares!
Ranma no me pertenece, hago esta historia con el único fin de entretener y sin ánimo de lucro.
—¡Demonios!
Tachaba de nuevo con singular energía lo que sea que estuviera escribiendo en la libreta. No entendía ni jota de las palabras que decían ahí en ese molesto libro de inglés. ¿Verbo to be? ¿Cómo rayos se conjugaba en pasado el verbo eat? Y ni hablar del I want to play soccer.
Volteó a ver con resentimiento a un lado de su escritorio el otro libro que tenía que estudiar. Biología. ¿Qué era lo que tenía que estudiar? ¿El procesamiento de las proteínas? Ni siquiera sabía qué alimentos tienen proteínas, menos iba a saber cómo se procesaban esas cosas. Él sólo quería entrenar.
¿Para qué le iban a servir esas cosas si él se iba a dedicar a las artes marciales? Una vez que se gradúen y pudiera llevar el dojo junto a Akane, sí ella quería… Akane. Ladeó la cabeza al momento de pensar en ella. Esa niña boba se había puesto terriblemente hermosa. Se notaba en esos últimos dos años que la muchacha había crecido, y vaya que lo había notado. Puso cara bobalicona.
Estaba unos centímetros más alta, su cabello un poco más largo hasta los hombros, con el ejercicio constante su cuerpo había cambiado, ahora ya no tenía nada que pedirle a la empalagosa de Shampoo. Y Ranma así como era de mirón no había perdido detalle de éstos cambios. Casi casi podría adivinar cuántos centímetros le había crecido cada cosa. Sus pechos. Sus caderas… ¡Por Kami esas caderas! Salivó. Cerró la boca antes de que el hilillo de baba resbalara por su comisura.
Lo que más le ponía energúmeno era que él no era el único en darse cuenta de éstos cambios, a donde fuera que caminaran siempre había babosos volteándola a ver. Y él, celoso y posesivo como era, sólo bastaba dedicarles esas miradas enfriadoras de infiernos marca Saotome para que alejaran de sus perversas mentes cualquier pensamiento lascivo hacia su prometida.
Pero la muy boba jamás se daba cuenta, entonces él tenía que poner el doble de esfuerzo para espantarle a los buitres que sólo buscaban carne fresca. Es que ella era tan… tan…
—Tonta. — masculló.
Siempre regalando sonrisas por aquí y por allá. Palabras dulces y amables a cualquiera que llegara a hablarle bonito.
—Sólo estoy siendo amable, no soy grosera como tú.
Le había dicho una vez en una pelea. ¡Es que eso era lo que más lo encabritaba! Que fuera tan amable y educada con todo el mundo. ¡Eso la hacía aún más hermosa a los ojos de otros! ¿Por qué no podía decirles "largo animal" para que perdieran todo el encanto hacia ella? ¡Maldita sea su educación y buenos valores!
Regresó su vista a los endemoniados libros que estaban desperdigados en su escritorio. Chasqueó la lengua. Ya estaban en el último año de la preparatoria por lo que se aproximaban los exámenes finales. Había recibido la "dulce" advertencia de su madre de que debía de graduarse junto con Akane y que se pusiera a estudiar. Cosa que llevaba intentando desde hace dos horas sin éxito.
¿Cómo le hacía la boba de Akane para sacar siempre buenas notas? Desde que la conoce siempre había sido de las mejores alumnas del instituto. Se peleaba el primer lugar con otra chica de otra clase, a veces era Akane el primer lugar, otras era esa chica. Era como una batalla silenciosa entre ellas, porque en ocasiones se había dado cuenta de las miradas furtivas que se lanzaban las chicas como diciéndose "ahora fuiste tú, la próxima yo ganaré". Y conociendo lo competitiva que era Akane, al siguiente periodo de exámenes recuperaba su primer lugar.
Eso era lo que le gustaba de ella, que no dejaba de luchar por obtener lo que quería. No se rendía y siempre buscaba superarse para ser la mejor, así como él en las artes. Ese último año Akane había decidido entrar al grupo de voluntarios de estudio, donde los mejores alumnos del Furinkan ayudan a otros estudiantes a mejorar sus calificaciones para entrar a la universidad. A final de cuentas estaban en el último año y todos estaban preocupados por entrar a la uni.
Akane por su parte ya había recibido cartas de invitación de las mejores universidades de todo Japón. Pero Ranma estaba seguro de que su prometida elegiría la Todai.
—¿Y qué carrera vas a elegir? Yo con la beca de deportes elegiré Educación Física. No me alcanza para más. — comentó Ranma no muy contento de seguir estudiando, pero Akane lo había convencido para mejorar su currículum y su posterior situación laboral a futuro.
—Leyes.
—¿Leyes? ¿Quieres ser abogada?
—Sip.
—Pe-pero yo pensé que elegirías algo relacionado con deportes… ya sabes… para llevar el dojo ju-juntos…
—No Ranma, tú sabes que mi cerebro da para más. Por eso elegí leyes. Además tú eres la persona perfecta para llevar el dojo.
Ranma la había mirado fijamente mientras caminaban de regreso a casa después de haber esperado a Akane a que terminara su sesión de estudio con los otros estudiantes. Nunca se lo había pedido, pero Ranma siempre la esperaba a que terminara para regresar juntos. Akane tampoco había reclamado su espera, simplemente la aceptó y agradeció en silencio que la esperara.
Ésos últimos días se había dado cuenta del constante estado depresivo en el que se encontraba ella. Había dejado de entrenar alegando que estaba en el último año de la preparatoria y tenía que cuidar sus calificaciones, seguía saliendo a correr todas las mañanas para no perder condición física pero el dojo ya casi no lo pisaba.
Eso último que había dicho no le había gustado en absoluto, lo había dicho en un tono más resignado que convencido. Verla tan desanimada… Ranma se bajó de la reja del canal sobre la cual estaba caminando y se colocó delante de ella.
—Espera, a ti te pasa otra cosa. — la tomó de sus delgados hombros.
Akane lo miró patidifusa por la repentina aparición de su prometido frente a ella. Pestañeó varias veces para espabilarse y luego enarcó una ceja.
—¿Qué me podría estar pasando?
—Te he visto, has estado desanimada y ya casi no entrenas. ¿Te pasa algo? — preguntó con genuina preocupación.
Akane desvió la vista sonrojada de saber que Ranma la había observado y se había dado cuenta de su estado. Pero sabía que no le podía ocultar nada a él. Aunque no se notara sabía que su prometido era bastante observador, no por nada cuando aprendía una nueva técnica la repetía casi a la perfección a la primera. Eso era lo que admiraba de él. Era demasiado bueno en las artes. En cambio ella…
Akane suspiró, a final de cuentas él era su amigo y no le podía ocultar nada. Ese último par de años su relación había mejorado, de forma implícita sabían que se importaban y se cuidaban entre sí. No había confesión aún, pero había algunos detalles y de cierta forma sabían que se gustaban. No eran buenos con las palabras así que preferían hacerlo con detalles.
Un roce de manos, dedos entrelazados por debajo de la mesa del comedor, un dulce, un chocolate, incluso Ranma una vez se atrevió a dejarle una flor en su habitación. No le había dicho que había sido él, pero ella lo sabía por el constante sonrojo en las mejillas de su prometido, cosa que le pareció adorable.
Y una vez, una noche en el tejado se habían dado su primer beso, tímido, corto, inocente, casi de niños de primaria. No se había vuelto a repetir pero era algo que guardaban con celo sólo para ellos. Avanzaban a paso de tortuga, pero esos avances por muy pequeños que parezcan, eran saltos gigantes para ellos.
—Vamos al parque. — terminó por decir Akane.
El atardecer ya estaba sobre sus cabezas, las calles se habían pintado de tonos naranjas y el aire empezaba a volverse más fresco. Akane había meditado algunos segundos si decirle o no a su prometido lo que le pasaba, de cierta manera sentía una gran presión en el pecho y necesitaba sacarlo de alguna manera. Se sentaron en los columpios y Ranma esperó pacientemente a que empezara a hablar.
—Ah… — ella suspiró —Cómo empiezo. — se preguntó a sí misma pero Ranma la escuchó, se llevó sus delgados dedos a la frente sobándose para quitar un dolor inexistente. Sabía que se iba a desatar el huracán cuando abriera la boca. —He decidido dejar las artes. — dijo sin voltear a verlo.
—¡¿QUÉ?! — Ranma se levantó de golpe del columpio. —¡Pero cómo…!
Akane lo interrumpió con un gesto de las manos para que se calmara y le señaló con la vista el columpio para que se volviera a sentar. Sin dejar de mirarla con el ceño fruncido, se volvió a sentar. Para Ranma las artes marciales eran su más grande pasión, y si era algo que compartiría con ella se volvía aún mejor. Pero definitivamente esto no se lo esperaba.
—Ya es bastante difícil decirlo, Ranma. Por favor déjame terminar. — Ranma sólo quería gritarle si se había vuelto loca. —Antes de que llegaras aquí con tu padre, yo era la más fuerte en cuanto a artes marciales se refiere y me sentía orgullosa por eso, las artes eran mi pasión.
"¿Eran?"
Pensó Ranma nada contento, Akane no despegaba la vista de sus manos que estaban sobre su regazo, se retorcía los dedos nerviosa y su voz sonaba apagada, unas octavas más grave.
—Pero… —instó Ranma a que continuara.
—Pero junto a ti llegaron una bandada de locos expertos en artes marciales, mostrando cientos de técnicas y una fuerza sobrenatural que yo jamás había visto. Me vi superada en segundos con una facilidad impresionante y eso… me deprimió.
—Pe-pero tú también eres fuerte… — dijo Ranma recordando las veces que lo mandaba a volar con inusitada facilidad.
—No es lo mismo Ranma, tengo fuerza bruta, no técnica. Decidí entrenar aún más para tratar de alcanzarlos pero no tenía maestro. Tú… no querías entrenarme y mi papá dejó de hacerlo en cuanto llegaste dando por hecho que tú serías quien llevara el dojo, no yo.
Ranma se sintió mal. Recordó las veces en que ella le pedía entrenarla y él solamente se burlaba de lo lenta y torpe que era, sin darse cuenta del daño que le estaba haciendo. Se levantó del columpio y se puso de cuclillas frente a ella tomando sus manos.
—Akane, lo siento, no sabía…
Ella negó con una sonrisa triste.
—No tenías por qué saberlo, no te estoy reclamando ni nada, sólo… enterarme de que mi papá nunca confió en mí para llevar el dojo es… doloroso… —La voz de Akane se quebró y un par de lágrimas se escaparon de sus ojos. Se soltó del agarre de su prometido llevándose sus manos a la cara y rió sin ganas. —Perdón… soy una llorona.
Ranma la miraba acongojado, el tema era más delicado de lo que pensaba. Pero una duda se instaló en su cabeza.
—¿Cómo supiste lo del dojo?
Un poco más calmada, Akane respondió.
—Un día sin querer escuché a mi papá y al tuyo hablando sobre eso… y mi papá dijo que quien representaría a dojo serías tú, darías clases e irías a torneos y yo llevaría la parte administrativa. Las cuentas… porque yo no era tan buena como Shampoo o Ukyo.
Ranma arrugó el ceño.
"Esos malditos viejos."
—¿Por qué no me lo dijiste?
—No era el plan decirte.
—¿Qué no confías en mí? — preguntó ofendido.
—Sí pero…
—Pero…
—No… no quería que te burlaras de mí o me vieras con pena.
—Akane no… — Ranma se sintió una sabandija. Una a una llegaron a su cabeza las veces en que la comparó con ellas, diciéndole que era torpe, lenta, que no podría ser como ellas… era una basura, un gusano. La levantó del columpio y la atrajo a sus brazos, apretándola desde la espalda y la cabeza. —Lo siento, perdón, perdón, soy un imbécil.
Akane hizo esfuerzos para separarse de él.
—Precisamente esto era lo que no quería. — había molestia en su voz.
—¿Qué?
—Que empezaras a pedir perdón. Las cosas ya están hechas Ranma, no podemos cambiar nada. Tú llevarás el dojo y yo, bueno, seré abogada.
Akane trató de sonreír pero sólo hizo una mueca extraña que no le gustó nada a Ranma. Akane empezó a caminar fuera del parque en dirección al dojo, Ranma la miró irse unos segundos observando su figura algo encorvada y cómo un halo de tristeza la rodeaba, dejándole un regusto amargo. Empezó a caminar tras ella.
Ranma salió del recuerdo de esa conversación sintiéndose un idiota por no haberse dado cuenta, él decía esas tonterías porque le encantaba verla enojarse, su carita adorable contraída por la furia era de las cosas que más disfrutaba ver, además de verla sonreír, de verla dormir. Diablos, su cabeza estaba llena de Akane.
Habían pasado algunas semanas desde esa conversación que no dejaba de darle vueltas, a pesar de seguir renuente con las artes, de alguna manera ellos se habían acercado aún más después de ese día. Incluso ayer mismo habían vuelto a casa tomados de las manos, sonrojados, sin importarles que alguien más llegara a verlos. Seguía sin haber confesión, pero tal parecía que para ellos no había necesidad de eso, aunque Ranma no estaba muy conforme con eso, necesitaba armarse de valor para expresar en palabras su sentir hacia ella.
De vez en cuando Ranma intentaba que su prometida volviera a tener interés en las artes, invitándola a entrenar con él, diciéndole que podía quedarse a verlo entrenar o cualquier otra cosa, pero Akane con el ceño fruncido y ligera molestia en su voz le dijo:
—Ranma, deja de tratar de ser condescendiente conmigo, te lo conté para desahogarme, no para que trataras de hacerme cambiar de opinión.
Y se fue del dojo.
—Rayos. — se sacudió su flequillo de frustración, cuando esa chica quería de verdad era necia.
En la escuela podía reír y fingir con sus amigas que estaba bien, pero él la conocía perfectamente y sabía que la melancolía se había convertido en una constante en su vida. Tenía que hacer algo para sacarla de ese estado, el problema era qué.
Volvió a instalar sus ojos en sus libros chasqueando la lengua de hartazgo, dejó todo ahí botado, definitivamente no iba a lograr nada ese día, mejor iría al dojo a entrenar y pensar.
—oOo—
—Hey, Sa-o-to-me.
Ranma inmediatamente cerró los ojos con el ceño fruncido. El tonito ridículo que había usado Hiroshi le indicaba que estaba por molestar con algo, aún seguía sin saber por qué se seguía juntando con ese par de idiotas que se llamaban sus amigos si eran los que más lo hacían enojar. Tal vez su pasatiempo era joderlo.
Las clases ese día ya habían terminado así que iban bajando las escaleras hacia la salida. Daisuke atoró una carcajada en su garganta sabiendo qué era lo que iba a decir Hiroshi, pero decidió esperar a estar a unos pasos de la entrada para poder echarse a correr y escapar de la furia Saotome. Ranma de nuevo no dijo nada, pero apretó los puños.
—¿Ya estás estudiando? — Daisuke le pasó un brazo por los hombros a Ranma para abrazarlo. —Ya estamos por graduarnos y los exámenes se van a poner más difíciles.
Ranma resopló.
—Ayer lo intenté, pero no estoy hecho para esto.
—¿Qué? Pero si tienes en la misma casa a la mejor alumna del Furinkan. Dile a Akane que te ayude. — comentó Hiroshi con simpleza.
—No necesito la ayuda de esa boba. — se cruzó de brazos con suficiencia.
Hiroshi y Daisuke se voltearon a ver con pereza en sus rostros. Ya estaban en la explanada, a unos metros de la entrada así que decidieron empezar a molestarlo.
—Pero qué tal para irse tomados de las manos. — picó Hiroshi.
Ranma de inmediato abrió los ojos de golpe sintiendo sus mejillas calientes del sonrojo, ese par de idiotas los habían visto. Hiroshi y Daisuke de inmediato se pusieron frente a Ranma para actuar una absurda escena.
—Akane mi amor, vámonos a casa.
—Claro, Ranma mi cielo, ansío llegar a casa para darte de comer.
Usando un tono de voz demasiado agudo, se tomaron de las manos y empezaron a saltar como colegialas a la salida de la preparatoria. Ranma, rojo de vergüenza, coraje, con una decena de pequeñitas venitas a punto de reventarle sobre su frente, subió su puño apretado a la altura de su rostro rodeándolo un aura densa roja brillante.
—Ustedes… par de animales…
—¡Ahhhh!
—¡Corre!
Los dos empezaron a correr llenos de pánico fuera del alcance de Ranma, que realmente sin ningún esfuerzo podría alcanzarlos. Cuando estuvieron a una distancia prudente, se volvieron a tomar de las manos y se volvieron a ir saltando, burlándose aún de la cara de furia y bochorno mezclados.
Ranma tragándose el coraje tuvo que dejarlos ir, su prometida le había dicho que sólo dejaría unos papeles al club de estudio ya que no tendría ningún alumno que apoyar por hoy, así que se irían temprano a casa. Pero mañana con todo gusto los torturaría.
—¿Por qué estás tan rojo?
Ranma respingó, por estar pensando en las formas en las que haría sufrir a su idiota par de amigos no se dio cuenta del momento en que llegó Akane a su lado.
—Po-por nada. ¿Ya te-terminaste? — preguntó sin voltear a verla.
—Sí, pero dime por qué estás tan…
—¡Vámonos! — dijo Ranma empezando a caminar con prisa, siendo seguido por su prometida tratando de darle alcance.
—¡Ranma, espera! ¡De verdad estás muy rojo!
—oOo—
Hiroshi y Daisuke miraban nostálgicos el atardecer, desde su posición se veía como una estampa digna de recordar, lástima que no podían sacarle una fotografía. De pronto, el estómago de ambos empezó a rugir de hambre.
—¿Crees que alguien pueda traernos comida? — dijo un famélico Hiroshi.
—¿Hasta acá? — contestó Daisuke con otra pregunta. —Además ya no hay nadie en la escuela.
—Cierto, pero de verdad tengo mucha hambre.
Los dos se quedaron en silencio, el aire estaba tornándose más frío. Las hojas de los árboles provocaban un leve arrullo al frotarse entre ellas con el viento.
—¿Ya puedes moverte más?
—Olvídalo, es imposible.
—Ya no siento los brazos.
—Ni yo las piernas.
De nuevo se quedaron en silencio.
—Oye, Hiroshi.
—Dime, Daisuke.
—¿Y si nos ponemos a gritar a ver si alguien nos escucha?
—Mmm, podría funcionar.
De nuevo, silencio.
Ambos chicos, atados como capullos desde el cuello hasta los pies en las ramas más altas de uno de los árboles más altos del Furinkan y con su respectivo chichón en la cabeza, lamentaban la situación en la que habían terminado. No volverían a jugarle una bromita a Saotome.
—Al menos valió la pena, ¿no?
—Sí, creo que sí.
Otra vez, silencio.
—Una.
—Dos.
—Tres.
—¡AYUDAAAAAAAAAAAA!
—oOo—
Akane se puso una mano sobre sus ojos en señal de frustración. Llevaba casi una hora tratando de enseñarle la ecuación de una gráfica parábola a su prometido pero simplemente era como tratar de ablandar una roca. Imposible. Casi le daban ganas de llorar.
"Ranma es al estudio como Akane es a la cocina."
Pensó fastidiada.
Ranma también estaba frustrado, por más que intentaba ponerle atención a Akane no podía dejar se distraerse con su cercanía. Le ponía más atención a sus carnosos labios moverse, al batir de sus pestañas, a su piel lozana y blanca que a la explicación que le daba.
—Eres el peor alumno que he tenido. — dijo ella sin más.
—¡Oye! — gritó ofendido.
—Eres increíble Ranma, la verdad. No sé por qué rayos no pones atención.
—¡Tú me distraes, niña boba! — gritó sin pensar.
—¿Eh?
Ranma sólo volteó la cara del otro lado para que Akane no viera su sonrojo, ella entornó los ojos analizando la situación. Fueron varias veces que lo había sorprendido viéndola a ella y no al cuaderno donde estaba escribiendo un ejercicio. Lo había regañado por no prestar atención pero comenzó a pensar que era otra cosa lo que sucedía.
Con el paso del tiempo, Akane había aprendido a leer los gestos de su prometido y a hacerles más caso a sus reacciones que a sus palabras, que en algún momento llegó a la conclusión, eran su mecanismo de defensa. Así que en varias ocasiones pasaba de largo sus insultos patéticos y a hacerle más caso a sus acciones.
Con eso en mente, decidió jugar su mano de cartas con destreza, y sabiendo que Ranma era pésimo jugador de cartas, sabía que él perdería estrepitosamente.
—No-no dije nada.
—Ya sé qué es lo que te pasa. — dijo ella muy convencida.
—N-no me pasa nada…
—Lo que pasa es que te gusto y por eso te distraigo.
Ranma casi se desnuca de tan rápido que giró la cabeza para verla, arrepintiéndose al instante ya que el rostro de su bonita prometida estaba cerca, muy cerca del suyo. Podía mirar a placer sus enormes ojos de miel, su suave piel blanca que moría por tocar, y sus labios sonrosados, observó de forma hipnótica cómo ella se pasaba su lengua para mojar sus labios, dejándolos aún más apetitosos de lo que ya eran.
Akane atisbó a ver en la mirada azulada un destello de… ¿deseo?
El corazón del muchacho empezaba a latir desenfrenado. Le punzaban las sienes y sentía que en cualquier momento se le iba a derretir el cerebro. Era demasiada tentación, demasiada para su joven y febril mente.
—¿Có… tú… qué… dón…?
Definitivamente el cerebro ya se le había fundido. Akane había decidido pisar el acelerador a fondo aún a riesgo de que al final del camino chocara contra un muro de hormigón, tenía que poner su mejor cara de poker si quería ganar esa partida. Decidida, y agarrándose los pantalones que le faltaban a su prometido, decidió enseñar una de sus cartas más fuertes, un as.
—Porque tú a mí sí me gustas.
Ranma dejó caer el lápiz que aún sostenía pobremente en su mano. Dentro de su boca abierta bien podrían haber bailado lambada un par de moscas y él ni se hubiera enterado. Sus ojos, brillantes de emoción y muy abiertos por la sorpresa no dejaban de mirar a aquellos ojos miel que tanto le gustaban. Su corazón estaba al borde de la taquicardia, sino es que la estaba experimentando ya.
Sentía que en cualquier momento se iba a desmayar y era lo menos que quería, desmayarse como un cobarde ante tremenda confesión. Tenía que comportarse como un hombre, porque él era Ranma Saotome, no era un cobarde y no le tenía miedo a nada, mucho menos a su fea prometida que se le había confesado. ¿Pero entonces por qué rayos no podía articular palabra?
Akane no lo podía creer, había dejado fuera de combate a su guerrero prometido con unas simples palabras, ella había ganado la partida, había ganado toda la apuesta. Y viendo la condiciones en las que lo había dejado, sabía que era demasiado para su aturdido cerebro, por hoy, la sesión de estudio había terminado. Le sonrió dulcemente, pero la audacia inundaba todo su ser y se atrevió a duplicar la apuesta en un último movimiento.
Lo tomó con delicadeza del rostro y le dejó caer sus esponjosos labios sobre los de su prometido que aún no despertaba del K.O. psicológico. Sólo fue ese único contacto, tan dulce, tan efímero, tan audaz. La casa había perdido con una flor imperial de la osada jugadora.
Ranma ya no se dio cuenta del momento en el que su prometida abandonaba su habitación y lo dejaba con ganas de seguir probando la dulce miel de sus labios. Solamente sintió que su cuerpo se derretía como un helado bajo el sol, dejando debajo de la mesa un charco azul y rojo bendecido por ser receptor del afecto de la chica que él ya amaba en secreto.
Notas de la autora.
¿Eh? *mueve las cejas* Akanita bien atrevida. Si deja que el palurdo de Ranma se mueva mi niña se queda virgen hasta los 50.
No hay mucho qué decir, éste capítulo se escribió casi solo, todas las escenas ya las tenía en la cabeza así que sólo les dí forma.
El próximo capítulo se publicará el 28 de febrero del 2025 en el transcurso de la noche del lado de Latam.
Saludos desde un lugar inhóspito de la Ciudad de México.
Ale Kou 3
