Na: Estoy un tanto enojada por los problemas de la página. Hoy 13/01/2025 actualicé un capítulo. Si siguen problemas soy capaz de repetirlo para solucionar algunos problemas.
REVENGE
~Capítulo 42~
Nene se encontraba en su oficina ordenando sus cosas. Sí, haría lo que jamás esperó hacer: Renunciar a la empresa.
—Tú no eres capaz de renunciar.— Yamato le habló a Nene.
—¿Por qué dices eso?— Preguntó la castaña—¿No eras tú quién decía que, no debía trabajar en la empresa porque no era mi lugar?
—No dije que no era tu lugar, simplemente dije que todavía no era el tiempo.—Declaró el rubio— Y con esta actitud que estás tomando me queda bien en claro que tengo razón.
Nene frunció el ceño enojadísima ante esto.
—¿Y tu actitud? ¿No es la misma? Al usar tu poder para alejar a un hombre de mi.
Yamato se cruzó de brazos.
—Aun no entiendo ¿por qué te ensañaste tanto con Kiriha?
—Acaso ¿no es obvio?—Preguntó Yamato— ¡Eres mi hija! No soporto la idea de verte con un hombre.
—No intentes justificar tu actitud de padre celoso, porque no te va el papel, recuerda que aceptas la relación de Izumi con Kouji.—Declaró la castaña.
—Al principio no la aceptaba.—Respondió el rubio.
—Pero luego cambiaste de opinión.—Comentó Nene— ¿Por qué no te abres a la posibilidad de que también puedes aceptar mi relación con Kiriha?
—Él es un mujeriego, no tiene buen antecedente, no te tomará enserio. Solo está buscando resurgir de la pobreza en la cual quedó luego de perder a sus padres.—Explicó Yamato.
Y no quería que eso fuera así. Temía porque Kiriha quisiera recuperar los negocios de su padre, lo cual conllevaba recuperar los negocios ilegales que Kentaro Aonuma tenía con Hiroaki. Pero antes que eso...No quería ver a su hija Nene vinculándose con un hombre...¿Tanto le costaba a Nene entender lo difícil que era ver a su princesa relacionándose con un hombre?
Sí, había aceptado la situación de Izumi, pero era totalmente diferente...Kouji se ganó su confianza en otros aspectos, le tenía aprecio como como un hijo...Pero mientras Kiriha no le demostrara que quería a Nene entonces le sería difícil aceptarlo.
—Bueno, tú te admiras de mi, pero estás mezclando cosas personales y tu trabajo. Estás renunciando por un hombre.
—¡No estoy renunciando simplemente por un hombre!— Exclamó Nene— Tengo varias razones para hacerlo. Esta es simplemente una más.
—¿Varias razones?
La castaña asintió: —Me cansé de dar mucho por esta empresa.—Habló— Sin recibir nada a cambio. Desde que llegué me tienes trabajando como una empleada más.
—Te dije que necesitas empezar desde cero.
—¿Desde cero?— Preguntó Nene— Soy tu hija, no debería comenzar desde cero, merezco tener desafíos pero tú no me lo permites. ¡No es justo!
—Nene, ya te dije que, llegando el tiempo podrás hacer más.
La castaña movió su cabeza— Bueno, yo no tengo tiempo para eso.
—Yéndote de la empresa tampoco lograrás algo mejor. También tendrás que empezar desde cero.—Comentó Yamato.
—Bueno, puede ser que tenga que empezar desde cero, pero tampoco estaré restringida a vivir bajo tus parámetros.—Respondió Nene luego de cerrar su maletín y tomarlo para dirigirse hacia la puerta.
El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados. La brisa fresca acariciaba el rostro de Tomoko mientras se encontraba en el jardín frente a su casa, acompañando a Kouji hacia su auto. La mujer lucía una sonrisa tranquila, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de preocupación y orgullo.
—Mamá, prométeme que te cuidarás —pidió Kouji mientras colocaba su bolso en el asiento del copiloto. Su mirada era firme, pero el tono de su voz dejaba entrever una sincera preocupación.
Tomoko lo miró con ternura y asintió lentamente. —Claro que lo haré, Kouji. No te preocupes por mí, tú enfócate en lo que tienes que hacer.
Kouji se detuvo un momento antes de cerrar la puerta del auto y la miró fijamente. —Lo digo en serio, mamá. Ya sabes cómo están las cosas. Si pasa algo…
Tomoko levantó una mano para detenerlo. —Nada va a pasar, hijo. Soy más fuerte de lo que crees.
Kouji suspiró, todavía inseguro, pero finalmente le dedicó una sonrisa cálida. Dio un paso hacia ella y la abrazó con fuerza, como si quisiera transmitirle su fortaleza.
—Te quiero, mamá —murmuró antes de separarse.
—Yo también te quiero, Kouji —respondió Tomoko, acariciando suavemente su mejilla.
Kouji asintió, cerró la puerta de su auto y encendió el motor. Bajó la ventanilla y le dedicó una última mirada. —Nos vemos pronto. Llámame si necesitas algo.
—Lo haré —prometió Tomoko, despidiéndose con la mano mientras el auto se alejaba lentamente por la calle.
Se quedó allí, observando cómo el vehículo desaparecía en la distancia. Su sonrisa permanecía en su rostro, aunque había un leve matiz de nostalgia en sus ojos. Amaba a su hijo más que a nada en el mundo, y aunque sabía que él podía cuidarse, siempre estaba esa pequeña inquietud que no la dejaba del todo tranquila.
De pronto, un sonido suave rompió la calma: pasos acercándose desde detrás de ella. Tomoko se giró rápidamente, con el ceño fruncido y alerta, pero al reconocer la figura que se aproximaba, su expresión cambió a una de sorpresa.
—¿Takeru? —pronunció, su tono una mezcla de incredulidad y cautela— ¿Qué haces aquí?
El joven rubio se detuvo frente a ella, su postura rígida y su mirada seria. Era evidente que había llegado con un propósito claro y que no estaba dispuesto a perder el tiempo.
—Necesito hablar con usted, Tomoko —dijo Takeru, su tono firme y decidido.
La tarde estaba cayendo cuando Kouji conducía su auto por las tranquilas calles de la ciudad. El sol teñía el horizonte con tonos naranjas y dorados, mientras el motor de su vehículo rugía suavemente en el trayecto hacia su hogar. La música que sonaba en la radio apenas captaba su atención; su mente estaba inmersa en pensamientos que lo mantenían distraído. Había sido un día largo, y todo lo que quería era llegar a casa, cenar algo sencillo y descansar.
Al acercarse a su residencia, Kouji sacó el control remoto del portón eléctrico y lo presionó, activando el mecanismo con un leve zumbido. Observó cómo las hojas del portón comenzaban a abrirse lentamente, pero justo antes de que pudiera avanzar, un auto verde se estacionó junto a él de manera abrupta. El chirrido de los frenos lo hizo fruncir el ceño.
—¿Qué demonios...? —murmuró, entrecerrando los ojos para identificar al conductor.
La puerta del auto se abrió, y de él descendió una joven rubia de ojos verdes que hizo que el corazón de Kouji diera un vuelco. Era Izumi, su novia. Su expresión era intensa, cargada de emociones que él no podía descifrar de inmediato.
Kouji rápidamente apagó el motor, abrió la puerta de su auto y salió, cerrando de un portazo tras de sí. Caminó hacia ella con el ceño fruncido, aún procesando su repentina aparición.
—¿Izumi? ¿Qué haces aquí? —preguntó, su tono oscilando entre la sorpresa y la preocupación.
Izumi no respondió de inmediato. En lugar de eso, avanzó hacia él con pasos firmes, sosteniendo su celular en una mano. Su postura y mirada lo hicieron sentir una punzada de incomodidad.
—Necesito hablar contigo —declaró, su voz firme, casi temblorosa.
Kouji cruzó los brazos, tratando de mantener la calma a pesar del nudo que comenzaba a formarse en su estómago.
—¿De qué quieres hablar? —inquirió, haciendo una mueca que denotaba su creciente inquietud.
Izumi lo miró directamente a los ojos, y de repente, su voz se elevó en un grito cargado de rabia y dolor.
—¡Sé la verdad, Kouji!
El impacto de sus palabras lo dejó helado. Kouji parpadeó, buscando algún indicio de lo que ella estaba insinuando, pero su mente estaba en blanco.
—¿De qué estás hablando? —respondió, su tono ahora defensivo.
Izumi levantó su celular y se lo mostró con brusquedad. La pantalla brilló ante él, revelando una imagen que no necesitaba explicación. Era una foto de una mujer mayor, con una mirada que Kouji conocía demasiado bien. Su madre.
—¡Sé que me mentiste con la verdad de tu madre! —gritó Izumi, su voz quebrándose al final, pero no lo suficiente como para ocultar la furia que sentía.
—¿La verdad de mi madre?
Izumi asintió. Su mirada fija en Kouji era dura y dolida, una mezcla de enojo y decepción que jamás había sentido antes. Kouji, de pie frente a ella, intentaba acercarse, pero la distancia entre ellos parecía insalvable.
—¿Qué verdad?
—¡Que esta mujer es tu madre!
—No sé quien es.
—Tienes esta imagen en frente y ¿prefieres mentir?— La chica rodó los ojos— Me dijiste que, tu madre, una mujer de negocios, demasiado ocupada en ella, que vivía en otro país, en realidad era una pobre mujer que vive en la comuna de Adachi.
—No sé de qué hablas.—Kouji intentó sonar normal.
—¡No mientas, Kouji! ¡Sé la verdad!— Exclamó Izumi— ¡Sé que, esa tal Tomoko Kimura, es tu madre!
¿Qué?
Kouji se sorprendió ante esto.
—Lo descubrí y Takeru me lo confirmó.—La rubia se adelantó a explicar al ver la impresión en el rostro de su novio— Así que ¡No lo niegues!
¡Rayos!
Pensó Kouji ante esto. Lo que no debía ocurrir ¡ocurrió!
—No puedo creerlo, Kouji —dijo, con la voz quebrada y un tono de amargura que resonó en la habitación—. ¿Todo este tiempo? ¿Todo este maldito tiempo me mentiste? ¡Me hiciste creer que tu madre vivía rodeada de lujos, que no tenía ninguna preocupación en la vida!
El oji-azul apretó los dientes.
—Izumi, por favor, déjame explicarte. No era mi intención… yo solo quería que tuvieras una imagen distinta de mí. No quería que pensaras que… que soy… —balbuceó, buscando las palabras adecuadas, pero ninguna parecía suficiente.
No sabía como reparar esto, porque jamás pensó en que saliera a luz, mejor dicho, no de esta forma. Mucho menos con Izumi, se suponía que su relación con ella debía ser "perfecta"
—¿Que eres qué? —interrumpió Izumi, su voz llena de rabia y tristeza—. ¿Que eres un mentiroso? ¿Un cobarde que no pudo decirme la verdad? Kouji, confié en ti, pensé que éramos honestos el uno con el otro. Pero primero me enteró de tu adicción a las drogas ¡Y ahora me entero de que toda esta historia de lujo y perfección es una mentira!
Kouji se mordió el labio inferior, la culpa lo devoraba al ver que todo lo construido se desmoronaba; él mismo no sabía por qué había mantenido esa mentira por tanto tiempo. Aunque, quizás, en el fondo, quería que estaba verdad saliera a la luz.
—Izumi, escúchame… —comenzó, intentando mantener la calma—. Lo hice porque no quería que te preocuparas. Mi madre… ella está enferma y...No es de nuestra clase...No te hubiese gustado saber de ella. Yo… yo solo quería que tuvieras una visión de mí que no estuviera empañada por esa realidad. Pensé que sería más fácil para los dos.
Izumi lo miró con los ojos empañados de lágrimas, sacudiendo la cabeza en una mezcla de incredulidad y dolor.
—¿Más fácil? ¿Para quién? —preguntó, sin poder creer lo que escuchaba—. Porque para mí no es fácil, Kouji. No es fácil descubrir que la persona a la que quiero me mintió de esta manera, que prefirió inventar una farsa en lugar de confiar en mí y decirme la verdad.
—No es así, Izumi… —murmuró Kouji, desesperado, tratando de acercarse, pero ella volvió a retroceder.
—No, Kouji. No puedo seguir escuchándote. Como siempre, me haces a un lado de tu vida, te encargas solo en proteger tu orgullo, tu imagen perfecta —dijo, alzando la voz—. Y ¿sabes? Esa imagen perfecta nunca me importó. Quería estar contigo, conocerte tal como eres, con tus luces y tus sombras. Pero parece que nunca confié en el verdadero Kouji. Créeme es difícil todo esto para mí.
¿Difícil para ella?
Kouji frunció el ceño.
¡Difícil para ella!
Difícil fue para él tener que ocultar esta verdad durante tanto tiempo solo porque Izumi Ishida, la hija perfecta de Yamato Ishida ¡se encaprichó con él! Y quiso tenerlo de novio, provocando que Kousei y Satomi prácticamente lo obligaran a estar con ella ¡Dejando atrás todo lo que le importaba!
—Izumi, por favor, no seas exagerada.—Declaró— Difícil para ti ¡lo dudo! Para el único que ha sido difícil es para mí.
¿Qué?
La rubia lo observó incrédula.
Acaso ¿estaba minimizando sus sentimientos?
—¡Claro que es difícil! Me engañaste.
—Lo hice por una razón.—Declaró Kouji— ¡Y si tanto dices que me quieres lo olvidarás!
¿Olvidar? ¿Cómo olvidaría esto? ¿Qué clase de persona era Kouji?
Izumi frunció el ceño: —¡Te odio Kouji!— Fue lo único que dijo antes de voltear e irse.
Kouji simplemente se mantuvo en su lugar y apretó su puño. Bajó la mirada. Siempre supo que esta relación no daría para más. Porque él no la amaba.
La tarde en la oficina de Yamato se extendía pesada, como si las sombras del día se hubieran fundido con el ambiente tenso que él mismo había creado. Sentado en su sillón de cuero, con el rostro marcado por la preocupación, sus pensamientos giraban como un torbellino. Sus hijas, Nene y Kiriha, le daban más de un dolor de cabeza últimamente. No entendía por qué actuaban de manera tan impulsiva. ¿Acaso había fallado como padre?
Levantó la copa de whisky que descansaba sobre su escritorio, observando el líquido dorado brillar bajo la luz cálida de la lámpara. No podía evitar sentir que todo estaba cayendo a pedazos, y ni siquiera la bebida podía mitigar la sensación de fracaso que lo embargaba. Un sorbo más, y luego otro. Nada parecía calmar esa sensación de impotencia.
En medio de su meditación, un sonido suave de la puerta lo sacó de su trance. —Adelante—, dijo sin alzar la mirada, esperando que fuera alguien más de los empleados con algún reporte urgente.
La puerta se abrió con suavidad, y Haruna apareció en el umbral, llevando un par de carpetas bajo el brazo. Con una expresión seria y algo reservada, dijo: —Permiso, Yamato.
Él la miró de reojo antes de sentarse completamente en su sillón, la tristeza marcada en su rostro. —¿Qué ocurre, Haruna?— preguntó, su voz algo apagada por el peso de su propio ánimo.
Haruna se acercó un par de pasos, colocando las carpetas sobre la mesa con suavidad. —Quería revisar algunos detalles del proyecto en el que estaba trabajando con Kiriha y Nene, pero no los encuentro en sus oficinas.
Yamato suspiró y se recostó un poco en su silla, mirando las carpetas frente a él, como si no tuviera ganas de tocar nada en ese momento. —No será posible que sigas trabajando en ese proyecto. Ya no estarán en la empresa.
Haruna levantó una ceja, sorprendida por la respuesta. —¿Qué dices? ¿Por qué?— preguntó, cruzando los brazos con una expresión de desconcierto.
Yamato bajó la mirada, como si las palabras le costaran más de lo que quería admitir. Tomó otro trago de whisky, saboreando el amargo líquido, antes de responder. —Tuve... unos problemas con Kiriha. Tuve que despedirlo, y Nene... decidió renunciar.
Haruna se quedó en silencio por un momento, sorprendida por la revelación. —¿Renunció?— repitió, su voz un susurro bajo. —¿Por qué?
Yamato dejó la copa sobre la mesa con cuidado y suspiró profundamente, como si cada palabra fuera un peso que debía liberar de su pecho. —Porque estaba enojada conmigo—, murmuró, con un dejo de tristeza y frustración en su voz. —Me siento como si no hubiera hecho lo correcto por ellas. Como si no fuera un buen padre...
Haruna lo miró, sus ojos suavizándose al ver la expresión de desánimo en su rostro. Sabía que Yamato, aunque a veces parecía invulnerable, también llevaba cargas difíciles. Pero este peso parecía ser demasiado grande para él, y por un momento, todo el poder y la frialdad de su imagen se desmoronaron ante ella.
La habitación estaba impregnada de un silencio incómodo, interrumpido únicamente por el suave tintineo de la porcelana mientras Tomoko vertía el té en una taza. El aroma cálido del jazmín llenaba el aire, pero parecía que ni siquiera ese reconfortante olor lograba aliviar la tensión que flotaba entre ellos.
Takeru permanecía sentado en la pequeña mesa redonda, con los codos apoyados sobre sus rodillas y las manos entrelazadas. Su mirada estaba fija en el suelo, perdida en un punto indefinido, mientras sus labios permanecían sellados. No había dicho una sola palabra desde que entraron en la casa.
Tomoko observó al joven rubio de reojo mientras terminaba de llenar la segunda taza. Había algo en su postura, en la rigidez de sus hombros y la sombra en sus ojos, que la inquietaba profundamente. Era un lado de Takeru que rara vez veía, y aunque quería respetar su espacio, la incertidumbre comenzaba a carcomerla.
—Aquí tienes, Takeru —dijo suavemente, colocando la taza frente a él con cuidado.
Takeru levantó la cabeza apenas lo suficiente para mirar la taza, pero no hizo ningún movimiento para tomarla.
Tomoko se enderezó, frotándose las manos nerviosamente antes de tomar asiento frente a él. Su propio té permaneció intacto mientras lo miraba con atención.
El silencio se alargó, volviéndose más pesado con cada segundo que pasaba. Finalmente, incapaz de soportarlo más, Tomoko suspiró y rompió la quietud.
—Takeru… —comenzó, su tono cauteloso pero firme— ¿Por qué necesitas hablar conmigo?
El joven alzó la vista, sus ojos azules encontrando los de ella. Había algo en su mirada que la desconcertó: una mezcla de duda, dolor y determinación.
—Quiero respuestas, Tomoko —dijo finalmente, su voz baja pero cargada de emoción contenida.
Tomoko inclinó ligeramente la cabeza, tratando de descifrar sus palabras. —¿Respuestas? ¿Sobre qué?
Takeru respiró hondo, como si estuviera reuniendo el valor para continuar. Sus manos se tensaron sobre la mesa.
—Sobre mi madre.—Respondió.
Esto sorprendió a la Kimura.
—Hace un tiempo he estado investigando algo que...—Takeru suspiró— Necesito saber.
—¿Qué es eso?
El rubio hizo una mueca, lo mejor sería comenzar desde el inicio.
—Verás, hace un tiempo escuché a mi padre y mi hermano hablar de una persona.—Relató— De una mujer.
Tomoko lo miró fijamente, tratando de ocultar el temblor en sus manos al tiempo que se sentaba más erguida en su silla.
—¿Qué mujer? —preguntó con un tono más firme de lo que esperaba, pero en su interior sentía que el aire se le escapaba.
Takeru entrecerró los ojos, estudiando cada uno de los gestos de Tomoko, como si intentara descifrar lo que escondía tras su compostura cuidadosamente construida.
—Mimi Tachikawa. —Su voz no titubeó, aunque el nombre resonó en la habitación como un eco que rompía un frágil cristal.
El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez no duró tanto. Tomoko se levantó rápidamente, cruzando los brazos frente a su pecho mientras caminaba hacia la ventana. Desde allí, evitó mirarlo a los ojos.
—¿La conoces?
Esta preguntó sorprendió a la mujer.
—¿Conocerla?
Takeru asintió.
—¿E?—balbuceo—No sé de quién hablas, Takeru —respondió, con una firmeza que no logró enmascarar del todo su nerviosismo.
El joven dejó escapar un suspiro cargado de frustración.
—No mientas, Tomoko. Sé que sabes quién es. —Su tono se volvió más exigente.
Fue así como depositó una carpeta en su mesa.
—Encontré en la bodega de mi familia estos artículos que hablaban de ella... y de ti. Decía que Mimi Tachikawa fue acusada de matar a mi madre. Decía que tú estabas intentando demostrar su inocencia.
Tomoko giró hacia él de inmediato, su expresión tensa y su mirada endurecida.
—Ese artículo está equivocado. —Cruzó los brazos con fuerza, intentando mantener su fachada de seguridad—. No deberías creer todo lo que lees en los periódicos, Takeru.
—¿Entonces no la conoces? —insistió él, sin dejarse intimidar.
—No. —Tomoko negó rotundamente, sus palabras casi cortantes—. Nunca conocí a nadie llamada Mimi Tachikawa. Y no sé por qué ese artículo mencionaría mi nombre.
Takeru se levantó de su asiento, sus ojos ahora llenos de una mezcla de furia y desesperación.
—¡Deja de mentirme! —exclamó—. Si no conoces a Mimi Tachikawa, ¿por qué tu nombre aparece en el artículo? ¿Por qué te vi junto a ella en esas fotografías?
El rostro de Tomoko palideció, pero rápidamente intentó recuperar la compostura.
—Esos... son malentendidos. —Dio un paso hacia él, intentando calmarlo—. No puedes creer en todo lo que ves o lees. A veces la prensa inventa cosas, conecta nombres y hechos que no tienen relación...
—¡No me trates como a un niño! —la interrumpió él—. Mi madre murió, y nadie me dijo nada. Mi padre, mi hermano… todos han mantenido este secreto durante años. ¿Qué es lo que intentan ocultar? ¿Quién demonios es Mimi Tachikawa?
Tomoko cerró los ojos por un momento, como si estuviera luchando consigo misma. Cuando los abrió, sus pupilas reflejaban un temor profundo.
—Takeru, si ellos nada te han dicho es por algo.—Comentó— Y yo… no puedo decirte nada. —Su voz apenas fue un susurro, pero las palabras cayeron como un peso insoportable.
—¿Por qué no? —preguntó él, su tono ahora más bajo, casi rogando—. ¿Qué estás protegiendo? ¿A quién estás protegiendo?
Tomoko no respondió. En cambio, se limitó a mirarlo, sus labios apretados y su postura rígida. Después de un largo momento, suspiró y desvió la mirada.
—Es mejor que olvides esto, Takeru. Por tu propio bien.
Takeru hizo una mueca ante esto.
¿Por qué nadie le quería decir la verdad?
—Soy un desastre como padre.—Declaró el rubio— No logro corregir a mis hijas, ni hacerles ver que buscó su bienestar, apenas pueden me recriminan lo que he hecho mal y eso demuestra que...—Suspiró— He hecho pésimo mi papel de padre.
Haruna observó a Yamato, por alguna razón, su pecho se apretaba al escuchar eso. Lo cual no tenía sentido. Ella quería que Yamato sufriera, pero verlo de ese modo, después de lo que ocurrió anoche provocaba que...se sintiera triste.
Haruna permaneció en silencio, observando a Yamato mientras sus palabras flotaban en el aire. Había algo en su tono, algo que no había anticipado. La culpa, la frustración, la sensación de no ser suficiente como padre... Todo eso se reflejaba en su rostro, en su postura. Un hombre tan fuerte, tan imponente, ahora parecía tan vulnerable ante ella.
Se quedó unos segundos allí, incapaz de responder de inmediato. De alguna manera, sus sentimientos eran contradictorios. Por un lado, su mente le decía que debía disfrutar de su sufrimiento, que debía alimentar su resentimiento hacia él por todo lo que había hecho. Pero, por otro lado, escuchar a Yamato tan abatido... algo en su interior comenzaba a desmoronarse.
Finalmente, dejó las carpetas sobre el escritorio y se acercó un paso más a él, dudando por un momento. No era fácil para ella mostrar compasión, no era algo que estuviera acostumbrada a hacer, pero algo en su interior la impulsaba. Quiso ignorar ese impulso, pero no pudo.
—Yamato...— comenzó, su voz suave pero firme. —No eres un desastre como padre. No lo eres. Has hecho lo que creíste que era lo mejor para ellas, incluso cuando las decisiones fueron difíciles. Nadie tiene todas las respuestas, y no siempre se puede complacer a todos, especialmente a los hijos.
Yamato alzó la vista, sorprendido por sus palabras. No esperaba consuelo de ella, y mucho menos en ese momento. —Pero mis hijas no lo ven así. Siempre me critican, y...— dejó la frase inconclusa, la amargura en su tono evidente.
Haruna se acercó un poco más, observándolo con seriedad. —Porque a veces, como padres, no solo se trata de lo que hagas, sino de cómo lo hagas. Y ellas... ellas son jóvenes, impulsivas. Quieren resultados rápidos, y no entienden que algunas cosas llevan tiempo. Les duelen las decisiones que tomas porque no las entienden, pero eso no significa que estés fallando como padre. Solo significa que estás siendo humano.
Yamato cerró los ojos, procesando las palabras de Haruna. Algo en su interior se aligeró, pero la culpa seguía allí, presente. —Entonces... ¿crees que... que aún puedo arreglar esto?— murmuró con incertidumbre.
Haruna, aunque en su mente sentía que debía mantenerse distante, dio un paso más hacia él. No podía dejar que su sufrimiento continuara sin al menos intentar darle algo de consuelo, aunque fuera pequeño.
—Aún tienes tiempo, Yamato. No todo está perdido. A veces, los errores son lo que nos enseña a ser mejores... como padres, como personas. No te dejes consumir por el peso de tus decisiones pasadas. Lo importante es lo que elijas hacer ahora.
—Es... difícil, Haruna—dijo en un tono bajo, casi como si no quisiera admitirlo. —Es difícil aceptar que Nene esté con Kiriha. No solo por lo que ha decidido, sino porque... Nene es la persona que más me recuerda a Mimi.
Haruna se quedó quieta, sorprendida por la confusión que se reflejaba en su rostro. No había esperado que Yamato compartiera algo tan profundo, algo tan personal.
—Mimi...—Repitió su nombre— ¿Ese es el nombre de...de su madre...biológica?—Inevitablemente balbuceo.
Yamato asintió.
—Nene se parece tanto a ella—continuó Yamato, su voz quebrándose ligeramente. —Sus gestos, su cabello, las facciones de su rostro, hasta su manera de hablar ¡tienen el mismo tin de voz!
Mimi se mordió el labio inferior ante esto. Koushiro se lo había comentado.
—Cada vez que la miro, es como si viera a Mimi de nuevo. Y eso me hace... me hace querer protegerla, aún más que a mis otras hijas, quizás. Es como si estuviera dejando ir una parte de ella, una parte de Mimi.
Mimi lo observó en silencio, tratando de comprender la magnitud de lo que él estaba diciendo. Nunca había considerado el profundo vínculo que Yamato sentía hacia Nene, solo porque le recordase a ella.
—¿Sabes? Nene cuando era niña quería ser cantante.
—¿Cantante?
Yamato asintió: —Como su madre, sin saberlo, quería seguir su mismo sueño.—Suspiró— Pero yo le arruiné ese sueño. Nene era parecida a ella como actuaba, pero me dolía tanto eso que, permití que mi padre y Toshiko la convirtieran en alguien totalmente diferente a su madre, y por eso se convirtió en la persona que es ahora. Llevada a su idea y sin emociones. Es como si, yo hubiese modificado su esencia, lo cual nos lleva a como es hoy.—Nuevamente suspiró— Pero siempre me recordará a Mimi.
—¿Te duele dejarla ir?— preguntó Haruna, suavizando su tono, como si esas palabras pudieran aliviar su carga.
Yamato asintió lentamente, sin apartar la mirada del escritorio. —Lo más difícil es que, al ver a Nene, me recuerdo a mí mismo cuando... cuando estaba con Mimi. Todo lo que hice por ella, por nuestra familia. Pero ahora... ahora no sé si tomé las decisiones correctas. Y Nene... ella es tan parecida a su madre que no puedo evitar sentir que, al perderla, estoy perdiendo también una parte de lo que tuve con Mimi.
Haruna dio un paso hacia él, su mirada reflejaba una comprensión que rara vez mostraba. —Yamato...—dijo suavemente. —Lo que sientes es comprensible. Es difícil dejar ir a alguien que te recuerda tanto a lo que has perdido, pero a veces, lo que ellos necesitan no es que los protejas tanto, sino que les des la libertad de tomar sus propias decisiones.
Yamato la miró entonces, por primera vez en mucho tiempo, con una expresión que mostraba más aceptación que dolor. —Tal vez... tal vez tienes razón. Pero dejar ir a Nene es... es más complicado de lo que parece.
Mimi depositó su mano sobre la mano del rubio.
—Tranquilo, Yamato, tranquilo.—Declaró— Yo sé que en algún momento se dará cuenta que tú la amas y que intentas hacer lo mejor por ella.
—Eso espero.
—No lo esperes ¡así será!— Exclamó la castaña— Eres una persona increíble y buena.
—No me considero bueno.
—¿Por qué no?— Preguntó Mimi— Ayer quedó demostrado que lo eres.
—¿Tú crees?
—¡Pues claro!— Musitó la oji-miel— Ayer me ayudaste y te quedaste conmigo. No cualquiera hubiese hecho eso por mi bienestar. Es una muestra de lo buena persona que eres.
Yamato la miró, desconcertado. —No me considero bueno —respondió, dejando escapar un suspiro que mostraba todo el peso de sus pensamientos.
Haruna lo miró con intensidad. No podía permitir que se siguiera hundiendo en esa sensación de fracaso. —¿Por qué no? —preguntó, con un tono suave pero que mostraba un toque de firmeza. —Ayer quedó demostrado que lo eres.
Yamato la miró, confundido. —¿Tú crees?
Haruna asintió con convicción. —¡Pues claro! —Musitó, bajando la voz para que las palabras llegaran a él con mayor cercanía. —Ayer me ayudaste y te quedaste conmigo. No cualquiera hubiese hecho eso por mi bienestar. Es una muestra de lo buena persona que eres.
Sus palabras parecieron calar en él, aunque un atisbo de duda seguía rondando en sus ojos. Pero, al escucharla con tanta sinceridad, Yamato sintió algo que no había experimentado últimamente: una leve chispa de esperanza.
Haruna lo observó en silencio por un momento. La intensidad de su mirada era inquebrantable, como si estuviera tratando de transmitírselo todo en ese instante. No podía cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero sí podía ayudarle a recordar su propio valor.
—Tienes más de lo que crees, Yamato. No te subestimes. Tienes el poder de cambiar las cosas... para ti y para quienes te rodean. Y aunque el camino sea difícil, no estás solo.
Mimi esperó sonar lo suficientemente convincente con sus palabras. Se suponía que debía generarle confianza a Yamato ¿no? Pero ¿por qué le dolía tanto decir estas palabras? ¿Por qué se sentía culpable al recordar que debía "fingir" frente a él?
Yamato pasó su mirada por los ojos de la mujer. Sus ojos eran iguales a los ojos de Mimi. Y su forma tan comprensiva de ser también era similar.
—Dime ¿cómo lo haces?
—¿Hacer qué?—Preguntó la oji-miel.
—Estar siempre para mí cuando lo necesito.—Respondió Yamato.
La oji-miel se mordió el labio inferior: —Supongo que...—Musitó— Es el destino que me trajo.
—Justo a tiempo.—El rubio tomó entre sus manos las manos de Mimi.
La castaña intentó sonreír, no obstante, no le fue posible. Se sentía culpable.
¿Qué juego estaba jugando?
El ambiente relajado en la plaza era perfecto tras el ensayo al aire libre de la Fire Band. Los cuatro integrantes respiraban profundamente, disfrutando del aire fresco que contrastaba con el encierro del garaje donde solían practicar. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, bañando el lugar con una luz dorada.
—Fue buen ensayo.—Declaró Ken.
—Si ¡necesitamos aire fresco para ensayar!— Exclamó Daisuke extendiendo sus brazos mientras disfrutaba del aire fresco.
—El garaje es cómodo, pero llega a ser sofocante.—Comentó Takuya.
—Deberíamos ensayar más seguido aquí.—Musitó Tomoki.
—Sin duda.— Habló el Motomiya.
Mientras comentaban sobre lo bien que había ido el ensayo, un coche negro que tenía un letrero brillante "Taxi" se estacionó cerca de ellos. Junpei, su representante, salió del auto con una sonrisa radiante y una carpeta en la mano.
Su andar seguro y su energía contagiosa llamaron la atención del grupo de inmediato.
—¡Chicos! —exclamó Junpei mientras se acercaba, ondeando la carpeta en el aire. —¡Tengo grandes noticias!
—¿Qué pasa, Junpei? —preguntó Takuya, con una mezcla de curiosidad y entusiasmo.
—¿Nos conseguiste algo? —intervino Daisuke, siempre emocionado por cualquier novedad.
Junpei asintió con una sonrisa amplia mientras se colocaba frente a ellos.
—Así es. Les conseguí una presentación... —pausó dramáticamente para captar completamente su atención.
Ken levantó una ceja, intrigado. —¿De qué tipo de presentación hablamos?
Junpei sonrió aún más, disfrutando del momento. —Es un evento de caridad. Una fundación contra el cáncer está organizando una gala para recaudar fondos, y quieren que la Fire Band sea el acto principal.
Los ojos de Tomoki se abrieron de par en par, y un murmullo emocionado recorrió al grupo.
—¡Eso es increíble! —exclamó Daisuke, golpeando amistosamente el hombro de Ken.
Ken, aunque más reservado, sonrió levemente. —Es una buena causa, y también una gran oportunidad para nosotros.
—¡Por supuesto que lo es! —continuó Junpei, agitando la carpeta. —Es un evento importante, asistirán empresarios, artistas y personas influyentes. Si lo hacemos bien, esto podría abrirnos muchas puertas.—Habló— Quizás, no es pagado, pero considero que será de mucha ayuda para que ustedes se hagan más conocidos.
—No te preocupes por la paga.—Comentó Takuya.
El hecho que fuese para una Fundación que ayudaba a personas con cáncer lo hacia querer participar. Después de todo, Hikari y él tuvieron que soportar la perdida de Yuuko, hace poco tiempo por esta enfermedad.
—¿Cuándo es el evento? —preguntó.
—El próximo sábado por la tarde —respondió Junpei, hojeando la carpeta para confirmar.
—¿Tan pronto?— Cuestionó Daisuke.
Jp asintió: —Verán, la pareja de mi primo está a cargo y, tenían planificado una serie de actividades que no se podrán hacer. Entonces, fui yo quien le ofreció nuestra banda. Es pronto, pero ustedes ensayan todos los días, así que están preparados.
Tomoki asintió rápidamente, ya emocionado por el reto. —Tienes razón.
—Y además... —añadió Junpei, inclinándose ligeramente hacia ellos con una sonrisa cómplice. —El evento se transmitirá en vivo en redes sociales y plataformas de streaming. ¡Será nuestra oportunidad para brillar frente a un público más amplio!
Takuya intercambió miradas con los demás, y un aire de determinación se instaló entre ellos.
—Entonces, no podemos fallar —dijo con firmeza. —Esto no solo es por nosotros, sino también por la causa.
—Exacto —dijo Junpei, orgulloso del entusiasmo de los chicos. —Cuento con ustedes para dar lo mejor de sí. Yo me encargaré de los detalles técnicos y logísticos, pero ustedes enfoquen toda su energía en la música.
Daisuke levantó un puño en señal de victoria. —¡Vamos a darles un show que nunca olvidarán!
—Eso espero, Daisuke —bromeó Ken, sacudiendo la cabeza, aunque con una pequeña sonrisa.
—¡Fire Band en acción! —gritó Tomoki, levantando ambas manos.
Junpei rió mientras observaba la energía renovada del grupo. Sabía que podían hacerlo, y el evento era el escenario perfecto para demostrarlo. Mientras se despedía y regresaba a su auto, los chicos comenzaron a planear qué canciones tocarían, cada uno más emocionado que el otro.
De repente un auto verde se estacionó cerca de ellos, todos dirigieron su mirada hacia él. Takuya al ver aquel vehículo lo reconoció al instante, era el de Izumi.
Se sorprendió al verlo. Sin embargo, se sorprendió más cuando, la puerta se abrió y una chica rubia descendió.
—¿Esa no es Izumi?— Preguntó Tomoki.
Takuya asintió.
—¿Qué hace ella aquí?— Cuestionó Daisuke.
—Espero que no traiga problemas.—Murmuró Ken.
La joven simplemente caminó hacia ellos con pasos apresurados, a medida que se acercaba Takuya pudo divisar su rostro que, estaba completamente triste. Sus ojos estaban lloroso y lágrima tras lágrima brotaban de ellos.
—Takuya.
—Izumi ¿qué?
Takuya no pudo terminar de preguntar porque Izumi se lanzó hacia sus brazos.
—Tenías razón...—Comentó— Tenías razón.
El moreno quedó desconcertado ante esta situación, literalmente no sabía que decir, porque ni siquiera sabía la razón del comportamiento de Izumi. Fue así como se resignó simplemente a corresponder el abrazo.
—¿Por qué no le dijiste la verdad, madrina? —preguntó Ryo, su tono tenso, pero bajo, como si temiera que alguien pudiera escucharlos.
Tomoko suspiró profundamente, sus hombros encorvándose ligeramente. Pasó una mano por su cabello, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Takeru me tomó desprevenida —respondió finalmente, su voz reflejando un cansancio que parecía haber acumulado durante años—. No esperaba que viniera... y mucho menos que me encarara de esa forma.
Ryo la miró con incredulidad, dando un paso hacia ella. Sus manos se cerraron en puños a los costados de su cuerpo.
—¡Eso no es una excusa, Tomoko! —exclamó, alzando un poco la voz—. ¡Debiste decirle la verdad! Tal vez esto nos podría ayudar a todos.
Tomoko levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de él. Había una mezcla de culpa y determinación en su mirada.
—Lo pensé, Ryo —dijo con firmeza—. Pero no quise arriesgarme. Si Yamato o Hiroaki se enteran de que fui yo quien le contó la verdad a Takeru... —Su voz se quebró ligeramente, pero continuó—. ¡Tendríamos problemas! No solo yo, también tú y cualquiera que esté relacionado con esto.
Ryo apretó los dientes y se mordió el labio inferior, desviando la mirada hacia el suelo. Sabía que Tomoko tenía razón, pero eso no hacía que la situación fuera más fácil de aceptar. Después de unos segundos de silencio, volvió a mirarla, con una mezcla de frustración y desesperación en sus ojos.
—¿Y vamos a dejar que esta mentira continúe? —preguntó, su tono ahora más bajo, pero cargado de reproche.
Tomoko se movió ligeramente en su asiento, enderezándose. Su expresión se endureció, reflejando una determinación renovada.
—Negar la verdad simplemente fue un paso —respondió, su voz más firme.
Ryo frunció el ceño, inclinándose ligeramente hacia ella, intentando descifrar sus palabras.
—¿Un paso? —repitió, desconcertado.
Tomoko asintió lentamente, sus labios apretados formando una delgada línea.
—Sí, un paso —afirmó—. Tengo un plan.
La revelación dejó a Ryo atónito por un momento. Se enderezó, cruzándose de brazos mientras la miraba fijamente.
—¿Un plan? ¿Qué clase de plan? —preguntó, su tono ahora más escéptico que frustrado.
Tomoko lo observó con seriedad, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—Si algo he aprendido luego de todo lo que sucedió es que ser defensor público de la verdad no es algo bueno.—Comentó— Si quieres que algo funcione, como lo que Mimi hizo con Satomi, debes hacerlo en las sombras.
Fue así como sacó su móvil y tecleo un número.
Su celular emitió unos sonidos y a los pocos minutos una persona respondió del otro lado.
—¿Hola?
—¡Tenías razón!— Exclamó Izumi— Desde el primer minuto tuviste razón, cuando dijiste que a Kouji lo habías visto en Adachi, que su madre vivía aquí.
El moreno hizo una mueca.
—Pero yo no lo creí.—Declaró la rubia.
—No tenías formas de no hacerlo, yo era simplemente era un aparecido, era razonable que no me creyeras.—Comentó Takuya.
—Pero ¡con más razón! debí dudar que algo pasaba. No ibas a acusar a Kouji de algo sin conocerlo.—Comentó la rubia.
Takuya hizo una mueca, esperaba que Izumi supiera la verdad de Kouji, pero jamás divisó el día o la hora en que esto ocurriera. La llegada de Izumi lo tomó desprevenido.
—No decidí insistir porque...—El moreno suspiró— No creí que fuera correcto, Izumi, después de todo, yo tampoco buscó sabotear tu relación con Kouji.—Bajó la mirada— Y aunque te lo dijera, estaba seguro que...
—No te creería.—Izumi completó.
El moreno asintió con pesar.
La rubia suspiró:— ¡No puedo creer que haya sido tan ciega!— Exclamó— Le creí todo a Kouji. Nunca dudé de él. Primero su adicción a las drogas, luego me esconde la verdad de su madre...—Bajó la mirada— Y eso es solo un agregado a la forma en como me trata.
—Disculpa, pero yo jamás he estado de acuerdo con su actitud.
Izumi lo miró, sus ojos destellando una mezcla de frustración y tristeza. Dudó por un momento, pero luego suspiró profundamente, como si soltar lo que llevaba dentro fuera una liberación necesaria.
—Me trata con desprecio. — musitó con su voz temblorosa—. A veces siento que no soy más que una carga para él. ¡Incluso me hace sentir culpable de todo lo que le pasa!
—Tú no eres culpable de su adicción Izumi. Tampoco eres responsable de su mentira.
—Él me hace sentir así.—Musitó la rubia—Nunca me escucha realmente, siempre está ocupado con sus problemas o justificando sus errores, como si yo tuviera que aceptarlo todo sin quejarme.—Declaró—Y si intento quejarme, siempre termino siendo la "dramática". Según él, exagero o no entiendo lo que está pasando. Y ahora, todo esto... —Hizo un gesto amplio con las manos, señalando su frustración.
Takuya apretó los labios, conteniéndose. Había tanto que quería decir, pero sabía que no era el momento para alimentar el resentimiento de Izumi contra Kouji. Aun así, no pudo evitar fruncir el ceño.
—Izumi... —comenzó, escogiendo sus palabras con cuidado— Disculpa que te lo diga, pero verdaderamente no entiendo cómo lo has soportado tanto tiempo.
La rubia dejó escapar una risa amarga.
—No tienes que soportar nada que te haga sentir así. —Dijo con suavidad—. Nadie debería hacerte sentir menos, mucho menos alguien que dice quererte.
—Quererme...—Musitó la rubia.
Algunas veces dudaba del cariño de Kouji...Él era muy frío...y distante.
Takuya cruzó los brazos y apoyó su espalda contra la pared cercana, su expresión se tornó más seria mientras observaba a Izumi.
—Mira, Izumi, no quiero meterme donde no me llaman, pero… creo que es hora de que te pongas a pensar en ti misma. —Su voz era firme pero no agresiva, intentando dar un consejo—. Kouji no es el chico para ti.
Izumi parpadeó, sorprendida por la franqueza de Takuya. —¿Enserio lo crees?
—¿Y tú no?—musitó el moreno— Enserio ¿crees que tus sentimientos y tus problemas son menos importantes que los de él? Porque te aseguro que no lo son.
La rubia apretó los labios, pero no respondió. Sus ojos se desviaron hacia el suelo, como si buscara algo allí que le ayudara a justificar su relación con Kouji. Pero nada había. Porque en el fondo sabía que Takuya tenía razón.
—Izumi, escucha —continuó Takuya, su tono más suave ahora—. Yo sé que es difícil para ti, porque es tu novio, pero una relación no debería ser una batalla constante en la cual no se te respete o valore.
—Lo sé.—Musitó la rubia— Pero me es difícil pensar en dejarlo, Takuya —musitó con un susurro, sus ojos aún fijos en el suelo—. Todos creen que somos perfectos juntos. Mis padres, mis amigos… siempre nos han visto como "la pareja ideal". Si lo dejo, voy a decepcionarlos.
Takuya frunció el ceño, incrédulo ante sus palabras. —Izumi ¡olvida a los demás! ¿Acaso no te importa que esa relación te esté destrozando?
—Por supuesto que me importa—Alzó la mirada. Sus ojos reflejaban una mezcla de frustración y dolor—. Pero no quiero que todos piensen que fracasé, que no fui suficiente para mantenerlo… que no soy lo suficientemente buena.
Takuya negó con la cabeza, su expresión ahora más suave pero no menos seria. —Izumi, nadie tiene derecho a juzgarte por eso. Una relación no es un espectáculo para los demás, es algo entre dos personas, y si no te hace feliz, no tienes por qué seguir.
—¿Y qué pasa si nunca encuentro algo mejor? —preguntó ella en un hilo de voz, sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas—. Kouji es mi primer novio. ¿Qué pasa si esta es mi única oportunidad de ser feliz?
Takuya se acercó, colocando una mano en su hombro. Su voz se volvió más cálida, casi como un susurro. —Izumi, el hecho de que sea tu primer novio no significa que tenga que ser el único. Y si esa relación perfecta que todos ven es solo una fachada que te lastima, entonces no es verdadera. Tú mereces algo real, algo que no te haga sentir menos ni que te obligue a cargar con las expectativas de otros.
Izumi tragó saliva, sintiendo el nudo en su garganta hacerse más grande. Las palabras de Takuya resonaban en su mente, chocando con todos sus miedos y dudas. Sabía que tenía razón, pero también sabía lo difícil que sería enfrentarse a todos y admitir que su relación ideal no era más que una ilusión.
—Mereces algo mucho mejor, eres demasiado hermosa y buena persona como para seguir soportando a un inepto como él.— Declaró el moreno— Y molesta mucho ver como sufres. Porque habemos muchos chicos que daríamos lo que fuera por tener una oportunidad para hacerte feliz.—Acarició su cabello— No sabes como moriría porque me vieses como lo miras a él.
Izumi se mordió el labio inferior al escuchar estas palabras.
—Takuya, yo...—
—No digas nada.—El moreno se apresuró— Solo quiero que, veas, analices y pienses. Eres una chica increíble, muy buena, todos resaltan lo talentosa que eres. Tienes un futuro prometedor.—Declaró— Dime ¿enserio quieres continuar sufriendo por un chico como Kouji?
Izumi bajó la mirada.
Takuya tenía razón
—Takuya, gracias… de verdad. No sé si estoy lista para todo esto, pero tus palabras significan mucho para mí. —Su voz estaba cargada de sinceridad, algo que no siempre le salía fácil.
Takuya asintió, satisfecho de que al menos algo de lo que dijo hubiera llegado a ella.
—Eso es todo lo que quería, Izumi. Que te des cuenta de lo valiosa que eres. Y si alguna vez necesitas a alguien que te recuerde eso… aquí estaré.
Las palabras quedaron flotando en el aire, cargadas de una promesa que Izumi no sabía si estaba lista para aceptar. Pero en ese momento, por primera vez en mucho tiempo, sintió una pequeña chispa de esperanza.
La habitación estaba impregnada del suave aroma a lavanda, mientras Damar trabajaba con delicadeza sobre las uñas de Akari. El pincel se movía con precisión, dejando trazos brillantes y perfectamente simétricos en cada dedo. Akari observaba fascinada, sin apartar la mirada de las manos de Damar.
—¡Es increíble, Damar! —dijo Akari, sonriendo con admiración—. Eres realmente talentosa.
Damar levantó la vista brevemente y le devolvió la sonrisa. —Gracias, Akari. Me alegra que te guste cómo están quedando.
—No es que me guste, ¡me encanta! —exclamó Akari entusiasmada, moviendo ligeramente las manos para admirar el brillo en sus uñas recién pintadas—. Además, gracias por ser tan paciente conmigo.
Damar dejó escapar una leve risa, continuando con los últimos detalles. —No tienes nada que agradecer, en serio.
Akari hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior con algo de nerviosismo antes de continuar. —Aun así, quiero disculparme por haber cancelado nuestra cita ayer. Sé que fue muy imprevisto, pero mi padre y yo tuvimos que viajar a una ciudad vecina. Fue un asunto familiar urgente.
Damar alzó la mirada nuevamente, con una expresión comprensiva. —No te preocupes por eso, Akari. Lo importante es que me avisaste con tiempo, y pude reorganizar mi agenda.
Akari suspiró aliviada, inclinándose un poco hacia adelante. —Gracias por entender... y por venir hoy hasta aquí. Eres un verdadero encanto, Damar.
Antes de que Damar pudiera responder, un ruido proveniente de la puerta principal las interrumpió. Ambas giraron la cabeza hacia el pasillo al escuchar el eco de unos pasos que se acercaban.
Apenas pasaron unos segundos antes de que una mujer de cabello castaño y ojos color miel entrara en la habitación. Su presencia llenó el espacio con una mezcla de elegancia y calidez.
—¡Madrina! —exclamó Akari emocionada, levantándose del asiento con cuidado de no arruinar su manicure recién hecha.
Mimi sonrió al ver a su ahijada y extendió los brazos, recibiendo su abrazo con afecto. —Akari, querida, ¿cómo estás?
—Bien...—Respondió la pelirroja— ¡Mira mi nuevo diseño de las uñas!— Exclamó alzando su mano.
Mimi tomó la mano de la adolescente—¡Wow! Están bellísimas.
Damar por su lado comenzó a ordenar sus cosas.
—Sí ¡y todo es gracias a mi estilista personal!— Exclamó Akari antes de dirigirse hacia Damar— Querida, déjame presentarte.
La chica se sorprendió ante esto, pero volteo hacia la recién llegada.
—Madrina, te presento a Damar Takahashi.—Musitó la pelirroja— Ella es la chica que te comenté que ¡ha dejado mis uñas maravillosas!
Mimi pasó su mirada por la joven chica que aparentaba tener al rededor de 18 años, su piel era pálida, sus ojos grandes color café-grisáceos, su cabello era entre castaño claro y rubio oscuro que llevaba largo, suelto con bucles, además, utilizaba un lindo vestido color lila, una chaqueta de mezclilla y unas zapatillas también de mezclilla.
—Damar, te presento a mi madrina, Haruna.—Akari le habló a la joven.
Damar también pasó su mirada por la mujer de cabello castaño con tonos claros, ojos color miel, que vestía una blusa ajustada color roja con escote en V, dándole un toque de sensualidad, pero no vulgar a su ropa, junto a una falda negra ajustada y tacones altos.
Damar se sintió admirada al ver a la elegante mujer con tan buen gusto en su ropa y en la maquillaje que llevaba.
—Así que ¿tú eres la joven que le dejó la uñas increíbles a Akari?— Preguntó Mimi.
La chica asintió: —Sí.— Alzó la mirada—Bueno, eso creo.— Sonrió.
Mimi frunció el ceño al sentir el contacto visual con la joven y al ver su sonrisa. Por alguna razón, sintió las mismas ganas de sonreír.
—Madrina, Damar vino a hacerme las uñas.—Habló la pelirroja— Y como, habíamos hablado, pensaba en pedirle que te las hiciera a ti.—Comentó— Sé que has estado ocupada y ya que no puedes al estilista pensaba que podría ayudarte en eso.
La adulta alzó las cejas sorprendida. La verdad es que sí, Akari le había dicho de su manicurista y ella al ver los lindos diseños había aceptado, pero jamás acordaron una fecha o algún día, ya que siempre estaba ocupada con la empresa o con los temas de la familia Ishida.
Aunque ahora...
Mimi dirigió su mirada a sus uñas, las cuales luego del incidente de ayer quedaron ¡horribles! Se mordió el labio inferior, ayer por intentar zafarse dos de sus uñas se quebraron y una estaba trizada.
Hizo una mueca.
Tal vez, no le haría mal aceptar esto.
—Mmm...no me haría mal una sesión de manicure...—Comentó la oji-miel— ¡Claro! Solo si puedes.— Le habló Damar.
—¡Claro!— Respondió la joven y dirigió su mirada a su reloj de pulsera— Tengo bastante tiempo.—Comentó— Si usted quiere, con mucho gusto la atenderé. Ofrezco mis servicios a todo aquel que quiera.
Mimi sonrió, por algunos minutos se vio a sí misma cuando era adolescente y luego de la muerte de su madre tuvo que trabajar para sobrevivir con Ryo.
—¡Genial!— Exclamó Akari.
Mimi sonrió: —¿Cuál dijo Akari que era tu nombre?
—Damar...—Respondió la chica— Damar Takahashi.—Extendió su mano— Mucho gusto.
La adulta observó este gesto y decidió corresponder al gesto.
Fue así como ambas tomaron sus manos, sin embargo, al hacer esto algo llamó la atención de Mimi lo que provocó que bajara la mirada. No obstante, algo más llamó mucho su atención, tenía las manos muy suaves y...
Sus uñas estaban perfectamente cuidadas
La mansión estaba en completo silencio, solo interrumpido por el sonido suave de las campanadas del reloj en el gran salón. En la sala de estar, Toshiko se encontraba de pie, con el rostro rígido y la mirada fija en su hija, Sora, quien estaba sentada frente a ella, pero lo suficientemente distante como para que el aire entre ellas se cargara de tensión.
—¿De verdad creíste que esto sería una buena idea? —preguntó Toshiko, su voz fría y cortante, como si cada palabra fuera una daga dirigida al corazón de su hija.
Sora, que hasta hacía pocos momentos había estado tranquila, levantó la mirada hacia su madre con los ojos llenos de determinación.
—Es mi derecho, madre. Yo soy la más capacitada para asumir el puesto de presidenta del club familiar —respondió con firmeza, pero sin ocultar el cansancio que se reflejaba en su rostro.
Toshiko dio un paso hacia adelante, acercándose a Sora con una mirada fulminante.
—¿Tu derecho? ¿Capacitada? —repitió Toshiko, soltando una risa amarga. —Sabes muy bien que este puesto ha sido mío durante años. El club no es solo una cuestión de organización; es una institución, un pilar de nuestra familia. Y tú, Sora, no puedes simplemente llegar y arrebatarme todo lo que he construido.
Sora apretó los labios y se levantó de la silla, enfrentando a su madre. El tono de Toshiko había aumentado en intensidad, pero Sora no estaba dispuesta a dar marcha atrás.
—No te estoy quitando nada, madre. Lo que estoy haciendo es pedir una oportunidad para cambiar las cosas, para darle una nueva dirección al club. El mundo está cambiando, y el club debe adaptarse también. Tú ya no puedes seguir aferrándote al pasado.
Toshiko arrugó la frente, su rostro se tornó más severo.
—¡No se trata de adaptarse, Sora! Se trata de mantener lo que hemos logrado, de mantener nuestra posición en la sociedad. Tú crees que todo puede cambiar con solo una idea, pero lo que estás haciendo es destruir años de tradición, años de trabajo duro. Todo lo que yo he construido.
—¡Es lo que necesitamos! —exclamó Sora, alzando la voz sin querer, sorprendida por la rabia que comenzaba a aflorar en su interior—. Este club ya no representa lo que debería. El cambio es necesario. La familia ha estado controlando el club como si fuera una extensión de su propia vida, pero ahora necesitamos alguien que entienda las verdaderas necesidades de las mujeres de nuestra sociedad. Alguien que no se quede anclada en viejas costumbres. Yo puedo hacerlo. Y quiero hacerlo.
Toshiko se acercó un paso más, sus ojos chisporroteaban de furia. La brecha entre madre e hija nunca había sido tan palpable como en ese momento.
—Lo que estás diciendo es una completa tontería, Sora. Eres joven, inexperta, y no tienes ni idea de lo que implica llevar el club. Yo no te permitiré que destruyas todo lo que hemos logrado solo porque tienes una visión idealista del futuro.
—¡No me importa lo que me digas!— Sora tomó asiento en su sofá— Vete.
—No me eches de tu casa como si fuera un perro...¡Debes escucharme!...Sora...— Toshiko quiso seguir hablando pero el sonido de la puerta de la mansión se abrió con suavidad, y el sonido de unos pasos rápidos reverberó por el pasillo. Sora y Toshiko se quedaron en silencio, pero al notar la figura que entraba en la sala, ambas se volvieron hacia la puerta.
Izumi apareció en el umbral, su rostro serio y su postura rígida, como si estuviera cargando con un peso invisible. A pesar de la atmósfera tensa que había entre madre e hija, Sora y Toshiko la saludaron con una sonrisa cortés.
—Izumi, qué bien que llegaste —dijo Sora, tratando de suavizar el ambiente, pero algo en su voz no sonaba tan cálido como de costumbre.
—Hola, Izumi —agregó Toshiko, pero con una expresión que denotaba un ligero desdén. La mujer mayor observó a la joven con detenimiento, notando su falta de entusiasmo.
Izumi se limitó a hacer un gesto vago con la mano, sin decir palabra. Su rostro, pálido y distante, no reflejaba la alegría de una bienvenida, sino más bien la preocupación y el cansancio de una lucha interna.
Toshiko, sintiendo la tensión en el aire, no tardó en romper el silencio.
—¿Sabes que tu madre me retó por el puesto de la presidencia del club? —preguntó Toshiko, su tono provocador, como si quisiera sacar una reacción de Izumi.
Izumi no respondió de inmediato. Sus ojos se desviaron hacia el suelo, como si las palabras de Toshiko no la afectaran lo suficiente como para contestar. La tensión en la sala aumentó aún más, con Sora observando a su hija, notando que algo no estaba bien.
Toshiko, al no obtener respuesta, insistió: —Deberías hablar con tu madre sobre esto. No es merecedora de ese puesto. Después de todo, ella no tiene la capacidad para llevar algo tan importante. No sabes cómo me molesta que quiera quitarme lo que he trabajado durante tantos años.
Izumi, aún sin decir palabra, dio unos pasos hacia el sofá y se sentó, derrotada. Sora, notando el semblante de su hija, frunció el ceño y se acercó a ella. Se sentó junto a ella, preocupada, intentando captar cualquier signo de lo que pudiera estar ocurriendo.
Toshiko, con la mirada fija en su hija, alzó la voz nuevamente, pero esta vez de una manera más directa:
—Oye, ¿me escucharás? —le dijo Toshiko a Izumi, su tono endureciéndose, sin poder ocultar su frustración—. ¿Por qué no respondes?
Izumi finalmente alzó la mirada, pero solo para desviar sus ojos hacia la ventana, como si la vista fuera más importante que lo que estaba pasando dentro de esa sala.
—Lo siento —murmuró finalmente, con una voz apagada—, pero no estoy de ánimo para hablar.
La preocupación de Sora aumentó, y observó el rostro triste de su hija con una creciente inquietud. Algo no estaba bien. Sabía que Izumi no era de mostrar sus emociones con facilidad, pero aquello era distinto. Algo estaba ocurriendo dentro de ella, algo que ni siquiera su madre podía ignorar.
—¿Qué te pasa, Izumi? —preguntó Sora, su voz llena de suavidad y una preocupación que no podía ocultar. Puso una mano sobre el brazo de su hija, buscando un contacto que la ayudara a entender.
Izumi cerró los ojos por un instante, y cuando los abrió nuevamente, la tristeza era evidente en su rostro. Bajó la cabeza, sin poder esconder el dolor que llevaba dentro. Sora pudo ver cómo sus labios temblaban, pero Izumi hizo lo posible por mantener la compostura.
Sora, incapaz de contener más su ansiedad, insistió: —¿Qué sucede, hija? Sabes que puedes contarme lo que sea.
Izumi no pudo mantener el control por más tiempo. Un par de lágrimas cayeron de sus ojos, seguidas por otras, hasta que sus sollozos comenzaron a ser evidentes. Su cuerpo se sacudió ligeramente, como si todo el peso de su sufrimiento estuviera por derraparse de una vez por todas.
Sora la tomó de la mano, moviéndose rápidamente para abrazarla, pero sin saber exactamente qué hacer o cómo consolarla. La veía luchar con sus propios sentimientos, y su corazón se llenó de impotencia al ver a su hija desmoronarse así.
—Izumi, ¿qué pasa? —preguntó Sora, entre susurros, mientras la abrazaba con ternura.
Izumi, entre sollozos, apenas pudo articular las palabras. El dolor que llevaba dentro no podía ocultarse más, y finalmente, con pesar, lo dijo:
—Mi relación... —hizo una pausa, como si cada palabra le costara más que la anterior—. Está en colapso, mamá. No puedo más... No sé qué hacer.
Sora sintió como si una daga le atravesara el corazón. El sonido de las palabras de su hija resonó en su mente, y por un instante, todo a su alrededor desapareció. Con el rostro lleno de angustia, abrazó a Izumi con más fuerza, dándole todo su apoyo, aunque no sabía cómo ayudarla.
Toshiko, observando la escena, se quedó en silencio. La confrontación sobre el club familiar había quedado en segundo plano frente al dolor evidente de Izumi. Aunque nunca había sido madre de ternura, una sombra de preocupación cruzó su rostro. A pesar de la frialdad de su exterior, Toshiko sabía que las relaciones familiares, incluso la suya, eran frágiles y complejas. Y, de alguna manera, todo en su mundo comenzaba a tambalear.
Mimi observó atentamente cómo la chica frente a ella limaba con precisión sus uñas. Los movimientos de sus manos eran cuidadosos, casi artísticos, y parecía completamente concentrada en su trabajo.
La joven tenía un estilo simple, pero glamuroso, combinaba todo perfectamente, pero lo que más destacaba de ella su largo y claro cabello que estaba ¡perfectamente cuidado!, sus ondas hermoseaban su cabello que actualmente recogió en una coleta alta que dejaba al descubierto un rostro de facciones delicadas. Llevaba unos pendientes plateados pequeños en forma de estrella brillaban a la luz del lugar.
Mimi sonrió con curiosidad, fijándose en las uñas de Damar, que destacaban con un diseño simple con brillos, pero que relucía lo bien cuidadas que estaba.
—Me gusta cómo llevas tus uñas —comentó Mimi, inclinándose ligeramente hacia adelante para apreciarlas mejor.
No eran colores fuertes, eran suaves, pero llamativos.
Damar levantó la vista, sonriendo con calidez. —¡Gracias! Me encanta cómo luce usted sus pestañas.
Mimi dejó escapar una risa suave, claramente halagada. —Gracias.
—¿Puedo preguntar algo? —dijo Damar con un toque de curiosidad en su voz mientras continuaba limando las uñas de Mimi.
—Por supuesto —respondió la oji-miel, arqueando una ceja con interés.
—¿Son naturales? ¿O se hace lifting? —preguntó la adolescente, con una sonrisa ligera y amistosa en los labios.
—Naturales —contestó Mimi con un aire de satisfacción.
Damar asintió, claramente impresionada, mientras volvía a centrarse en su trabajo. Cada movimiento era meticuloso, y de vez en cuando apartaba el cabello de su rostro con un gesto rápido de la mano. Sus ojos, de un tono marrón oscuro, brillaban con una mezcla de concentración y orgullo por lo que hacía.
Mimi aprovechó ese momento para observarla más detenidamente. Había algo en la forma en que Damar se desenvolvía, una mezcla de confianza y frescura juvenil que resultaba cautivadora. Su piel, tersa y ligeramente bronceada, tenía un resplandor natural que contrastaba con el rojo sutil de sus labios.
—Tiene unas manos muy delicadas —comentó la joven, mientras trabajaba con cuidado—. Se nota que tiene mucho cuidado con ellas, aunque diga que las descuida.
Mimi soltó una pequeña risa. —Bueno, quizás no estén tan mal como pienso, pero definitivamente no les dedico el tiempo que me gustaría.
—Me imagino, una empresaria como usted debe tener mil cosas que hacer.—Musitó Damar— Para ser exitosa hay que arriesgar, incluso la belleza de las manos.
—Demasiado.—Musitó la castaña.
Quizás, no solo veía el tema de su dinero, sino también el de su venganza, pero fuese lo que fuese debía dejar de lado su belleza.
—No tengo tiempo de ir al salón de belleza.
Lo cual era irónico, cuando era pequeña ella soñaba con tener dinero y poder darse lujos de ir a la peluquería, al estilista, o al salón de belleza. Sí, algo totalmente vanidoso, pero siempre quiso. No obstante, ahora que tenía el dinero, no tenía tiempo.
—Lo cual es una pena.—Musitó Mimi— Extraño aquello. Pero tengo mil cosas en la cabeza.
—Bueno, quizás, no tenga tiempo. Pero si necesita algo no dude en llamarme.—Declaró la adolescente— Hago manicure, lifting, tiño el cabello, hago alisado permanente, maquillo, entre otras cosas.
—Lo tendré en consideración...—Declaró la oji-miel—Y dime ¿tú te dedicas a esto o es un pequeño emprendimiento?
—Es un pequeño emprendimiento.—Respondió Damar— Desde pequeña me llama la atención todo esto y actualmente hago manicure, lifting, entre otras cosas a domicilio, básicamente soy como una estilista que va casa.
—¿Te gusta?
La adolescente asintió: —Sí...—Respondió— Pero no me dedicaría esto toda mi vida.
—¿No?
La chica movió su cabeza.
—¿Y qué te gustaría hacer?
—La verdad es que no estoy segura.—Contestó la adolescente— Todavía lo estoy pensando. Pero mientras pienso junto dinero para la Universidad.
Mimi movió la cabeza en señal de aprobación.
Kiriha miró a Nene con seriedad, su ceño ligeramente fruncido mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Era difícil creer que Nene, tan firme y determinada, hubiera tomado una decisión tan drástica como renunciar a la empresa de su familia.
—¿Renunciaste a la empresa de tu familia? —preguntó, incrédulo.
Nene asintió lentamente, evitando su mirada. —Sí.
Kiriha dio un paso hacia ella, claramente consternado. —¿Por qué? ¿Por qué harías algo así?
Nene respiró hondo, como si intentara mantener la calma. —Porque encontré que fue injusto que te echaran por mi culpa —respondió, con un tono que revelaba la mezcla de frustración y tristeza que sentía.
Kiriha negó con la cabeza, tratando de entenderla. —Nene, no... No puedes hacer esto. No puedes dejarlo todo por algo que ni siquiera fue tu culpa. Mi salida de la empresa no es razón suficiente para que renuncies.
Nene alzó la mirada, sus ojos brillaban con determinación, pero también con una tristeza latente. —No soporto estar ahí, Kiriha. Ya no lo soporto.
—¿Por qué? —insistió, acercándose más a ella, intentando encontrar la raíz de su dolor. —Es tu familia, Nene. Esa empresa es el legado por el que tu padre ha luchado toda su vida. Es parte de ti, de tu historia. No tienes que abandonarlo por mí.
—¡No lo entiendes! —exclamó Nene, su voz rompiéndose mientras finalmente lo miraba directamente. —Cada vez que entro a esa oficina, cada vez que hablo con mi padre, siento que estoy luchando contra una pared. Siento que mi voz no importa, que mis esfuerzos no importan. Y ahora, después de lo que pasó contigo, simplemente no puedo más.
Kiriha la observó, notando el dolor que había estado cargando sola. Dio un paso más, intentando calmarla. —Nene, lo que pasó conmigo fue una decisión de tu padre, no tuya. No puedes cargar con eso. No puedes dejar todo lo que has construido, lo que has logrado, por algo que no está en tus manos.
Nene dejó escapar una risa amarga. —¿Construido? ¿Logrado? ¿De verdad crees que algo de lo que hice ahí importa? Al final, todo lo que hago se mide en comparación con lo que él espera de mí. Y siempre, siempre, salgo perdiendo.
Kiriha la miró con preocupación, sabiendo que había más detrás de sus palabras de lo que estaba diciendo. —Entonces lucha por cambiarlo, Nene. Lucha por lo que crees, por lo que quieres. Pero no renuncies. No te rindas. Esa empresa es más que tu padre. Es parte de tu familia, es parte de ti.
Nene negó con la cabeza, su mirada llena de dolor. —No puedo, Kiriha. No puedo seguir en un lugar que me hace sentir tan pequeña, tan insignificante. Tal vez tú no lo entiendas, pero necesito alejarme. Necesito encontrar quién soy fuera de esa empresa.
Kiriha suspiró, sin querer presionarla más, pero con el deseo de hacerla reflexionar. —Nene, solo quiero que sepas algo. No importa qué decisión tomes, siempre estaré contigo. Pero no te dejes vencer por el dolor. Si dejas la empresa, que sea porque realmente es lo que quieres, no porque sientas que no tienes otra opción.
Nene lo miró, sus ojos llenos de emociones contradictorias. Por un momento, parecía que iba a responder, pero finalmente optó por quedarse en silencio. Las palabras de Kiriha habían sembrado una semilla de duda, aunque el peso de su decisión aún recaía sobre ella.
—...y luego descubrí hace un tiempo que, Kouji tiene una adicción a las drogas.— Izumi terminó de relatar parte de lo sucesos acontecidos con su novio.
—¿Qué?— Preguntó Toshiko, fingiendo sorpresa. Sí, fingiendo, porque Kousei ya se lo había comentado.
—¿Una adicción?—Cuestionó Sora.
Izumi asintió: —Nene lo descubrió y me lo dijo. Yo enfrenté a Kouji y sin miedo, sin importarle nada, me lo confirmó.
—¡Vaya!— Musitó la pelirroja— No esperaba algo así.
Toshiko hizo una mueca— ¿Y sólo por eso tu relación está en colapso?
La rubia observó a su "abuela"— Acaso ¿no es poco?
—Di-digo...si es grave...pero un problemas personal de él no debería influenciar en su relación.
La oji-verde bajó la mirada—Eso no es todo.
—¿No?
Izumi negó: —Hoy me enteré que...—Suspiró— Él me mintió con la verdad de su madre.
¿Qué?
Sora y Toshiko se sorprendieron al escuchar esto.
—Su madre es una mujer humilde, de bajos recursos que, vive aquí en Adachi.—Respondió Izumi— Se llama Tomoko Kimura.
La mención del nombre de esa mujer fue un verdadero impacto tanto para Sora como para Toshiko. Jamás, nunca, se hubiesen esperado que Izumi supiera de la existencia de esa mujer.
—¿E-estás segura de eso?—preguntó la castaña.
Izumi asintió: —¡Sí! Lo vi con mis propios ojos, escuché como hablaban, como le decía mamá. Y aun así fue capaz de negármelo.—Habló—¡Aun mostrándole una foto! Me quiso negar la verdad.
Sora acarició el cabello de su hija.
—Kouji me mintió...—Musitó la rubia— Durante toda nuestra relación me ha mentido.—Se lamentó.
—No lo culpes. Para él también debió ser difícil.
—¿Difícil?— Preguntó Izumi.
Toshiko asintió: —Quizás, le causaba vergüenza hablar de eso.
—¿Vergüenza?— Repitió Izumi—¿Cómo, rayos, puede avergonzarse de su madre? Independiente de la condición social ¡es su madre!— Exclamó— Y se supone que soy su novia ¡debería confiar en mi para contarme algo como eso!—Habló— Más encima, cuando lo enfrenté con prueba en mano ¡me lo negó!
Sora hizo una mueca ante esto.
—Lo más irónico es que no le importó como me sentía, lo difícil que estaba siendo para mi procesar la noticia. Dijo que no tenía importa y que esta exagerando.
—¿Enserio?— Preguntó la pelirroja.
Izumi asintió: —Me trató fríamente...—Murmuró— Como siempre.—Finalizó.
Sora se mordió el labio inferior ante esto y depositó su mano sobre el hombro de su hija. Sabía que, cuando esta verdad saliera a la verdad la reacción tanto de Izumi como la de Kouji no serían las mejores, Kouji era como Yamato, pero mucho más frío, mientras que la rubia era sensible.
—¿Y qué planeas hacer?
—No lo sé.—Respondió la rubia— Han ocurrido muchas cosas entre Kouji y yo. Cada vez me decepciono más de él.—Habló— Alguna veces me dan ganas de no seguir con él.
—¡Perdón!—Exclamó Toshiko—No me digas que piensas en terminar tu relación.
Izumi observó a su "abuela"— Lo he pensando...—
—Pero ¡que idiotez!— Interrumpió la castaña—No puedes decepcionar a esta familia terminando con Kouji.
—Él me mintió, con algo grave, y no solo una vez, me ha mentido varias veces.—Habló la rubia.
—¿Y qué?—preguntó Toshiko—Es una mentirita piadosa. Nada más puedes perdonarlo.
Izumi movió la cabeza: —Pero él no es amoroso conmigo.
—¿Qué importa si es amoroso o no?— Musitó Toshiko—No puedes separarte de él.
—¿Por qué no?— Preguntó Sora.
—Porque Kouji es el chico perfecto para Izumi, es un chico de nuestra clase, inteligente, con quien ha estado dos años de su vida...—Explicó la mayor—¡Piensa en lo que conllevaría separarte de él! Izumi, tenemos alianzas económicas y sociales, que ustedes estén juntos significa asegurarnos negocios con la familia Minamoto.—Habló— Además ¡¿qué pensarán los demás?!—exclamó— Ustedes ya son una pareja pública, todos creen que son la mejor pareja, y ven a Kouji siendo el vicepresidente de la empresa Ishida. Una separación sería una total decepción.
Izumi escuchó las palabras de Toshiko como si fueran agujas clavándose en su pecho. Su mirada se apagó lentamente mientras procesaba cada una de las afirmaciones de su abuela. "Las alianzas económicas", "la familia Minamoto", "lo que pensarán los demás". Cada palabra reforzaba una realidad que la sofocaba más y más.
—Pero... — Izumi musitó en un susurro, apenas audible, mientras miraba a Toshiko con los ojos llenos de lágrimas contenidas.
Toshiko frunció el ceño y exhaló con exasperación.
—¡Sin peros!— La regañó—No puedes ser egoísta. Entiendo que hayas tenido una discusión con Kouji, como en toda relación hay problemas, pero hay cosas más grandes en juego que tus sentimientos personales.
Izumi cerró los ojos por un momento, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Cuando volvió a abrirlos, sus ojos verdes brillaban con una mezcla de dolor y determinación.
—¿Y si yo no quiero vivir en ese mundo? —preguntó, su voz temblorosa pero firme.
Toshiko iba a responder, pero Izumi se levantó de golpe, empujando ligeramente la silla hacia atrás.
—Izumi... —murmuró Sora, preocupada.
—No puedo más —declaró Izumi, mirando a ambas mujeres con la garganta apretada—. No puedo seguir fingiendo que todo está bien, que puedo ignorar cómo me siento solo porque es lo que esperan de mí.
Sin esperar respuesta, Izumi se giró y salió del lugar con pasos apresurados. El sonido de sus tacones resonaba en el suelo, pero no podía detenerse. Cada paso la alejaba de ese ambiente que la asfixiaba y que parecía negarle el derecho a ser ella misma.
Sora observó a su hija marcharse con el corazón encogido, sintiendo la punzada de culpa por no haber intervenido antes. Cuando el sonido de los pasos de Izumi se desvaneció, volvió su mirada hacia su madre.
—¡Madre!—exclamó con voz severa—. ¿Qué demonios te pasa?
Toshiko, impasible, bebió un sorbo de té antes de responder.
—Hablo con sentido común, Sora. Alguien tiene que hacerlo.
—¡No! —replicó Sora, su tono cargado de indignación—. No es sentido común, es insensibilidad. Izumi es una joven que necesita apoyo, no que le recordemos constantemente las expectativas de esta familia.
Toshiko dejó la taza en la mesa con un golpe sutil, pero su expresión permaneció estoica.
—¿Y qué sugieres? ¿Que dejemos que arruine su vida y la de todos nosotros por sus caprichos?—Comentó— Quizás, no sea mi nieta, pero no dejaré que nos deje en ridículo.
—¡Ella no está arruinando nada! —gritó Sora, perdiendo momentáneamente la compostura—. Está intentando ser feliz en un mundo que tú misma le has complicado con tus expectativas absurdas.
Toshiko alzó una ceja, visiblemente irritada— ¿Yo?— Lanzó una carcajada irónica— Yamato y tú también han tenido que ver en esto.
La pelirroja movió la cabeza— Claro que no.
—Claro que sí.—Respondió la castaña severamente—O dime ¿por qué Yamato solo ha aceptado a Kouji como yerno?
Sora negó con la cabeza, sus ojos brillando con una mezcla de rabia y tristeza.
—¿Sabes qué? Me estresa hablar contigo.— Musitó antes de levantarse de su lugar y caminar en dirección en la cual salió su hija.
—¿Ryo?— Musitó Damar— ¿Qué haces aquí?
—Damar...—El oji-azul pronunció su nombre— ¿Qué haces aquí?
Mimi alzó una ceja: —¿Se conocen?
La joven asintió—Sí, nos conocemos.
Ryo asintió.
Mimi observó sorprendida a su hermano y luego a la chica.
—Somos amigos hace un tiempo.— Respondió Damar cruzándose brazos.
¡Un minuto! Pensó Mimi. Ryo hace un tiempo le había comentado que unos amigos regresarían a la ciudad. ¿Era ella?
—Me sorprende verte.
—A mi también, de todos los lados de la ciudad, no esperaba verte aquí.—Comentó la hermana de Taiki— ¡Por favor! No me digas que te involucraste en problemas.—Llevó una mano a su frente.
—¿En problemas?— Ryo lanzó una carcajada— Yo jamás me involucro en problemas.
—¡Ja!—Damar lanzó una carcajada irónica— Eso no te lo crees ni tú...—Musitó mientras guardaba sus cosas.
Mimi evitó reír ante este comentario, ya que era verdad, Ryo tenía una facilidad para involucrarse en problemas. Desde pequeño era así.
—Estoy aquí porque la señora Haruna Anderson es conocida de mi madrina.—Respondió el Akiyama— Y me pidió que viniese a dejarle algo.
—¿Conocida?—Preguntó Damar mientras acomodaba su chaqueta.
Ryo asintió: —No sabía que ya la conocías.
—Recién la conocí.—Respondió la castaña— Vine a hacerles las uñas a su ahijada y de paso la atendí a ella.
—¿A Akari?
—Así que, también la conoces ¿e?— Murmuró Damar— ¿De qué me sorprendo? Si conoces a todos.—Termino de cerrar su maleta.
Mimi pasó su mirada por Ryo, le alegraba verlo, pero ¿qué estaba haciendo ahí?
—Bueno, creo que llegó el momento de irme.—Musitó la joven sacando a Mimi de sus pensamientos.
La oji-miel volteo hacia ella— Le pediré a Akari que me entregue tus datos y te depositaré.
Damar asintió: —Está bien.—Respondió— Espero que le gusten sus nuevas uñas, y ya sabe, si me necesita puede llamarme.
—Lo haré.
—Adiós,.—Musitó la adolescente antes de dirigirse hacia la puerta.
—¡Que tengas buena tarde!— Exclamó Mimi.
—¡Igualmente!—Damar sonrió y salió del lugar.
—¡Que chica más amigable!— Musitó la oji-miel observando a la joven con emoción.
Ryo asintió: —¿Sabes? Me recuerda mucho a ti.
Mimi alzó una ceja y dirigió su mirada hacia el oji-azul— ¿Enserio?
—Sí, es alegre como tú, pretenciosa, le gusta vestir bien, lucir linda, es graciosa, apasionada. Pero sobretodo, canta increíble. Así como tú.
—Todos tus amigos cantan increíble.—Declaró la oji-miel.
—Bueno, eso es verdad...—Ryo llevó una mano a su cabeza— Pero, en verdad lo digo ¡canta increíble! Como tú.
Mimi alzó las cejas— Ojalá escucharla algún día.—Comentó— Ojalá cante tan bien como su talento para hacer las uñas.—Alzó su mano—¡Está bellísima su manicure!
—¿Te gustó su servicio?
—¡Me encantó! Además, la atención diez de diez.—Musitó Mimi— Es super simpática.
—Sí, siempre ha sido así.
—Si es tu amiga ¿por qué no te fijaste en alguien como ella?— Preguntó Mimi antes de lanzar una almohada del sofá contra su hermano— En vez de fijar en Rika.
Ryo recibió este comentario como un golpe.
—Porque Damar me recuerda a ti.—Declaró— Sería estar con mi hermana, o algo así, y sería muy raro.
Mimi alzó sus cejas— Bueno, entonces, si querías alguien diferente a mi ¿por qué no te fijaste en Hikari, la hermana de Taichi? Ella es diferente a mi y te hubiese ahorrado problemas con los Ishida.
—¡Mimi!— El oji-azul regañó a su hermana— No vine a hablar contigo sobre mi vida amorosa.— Habló— Mira que, no creo que seas la persona más indicada.
La oji-miel tuvo intención de enojarse, pero...decidió callar al darse cuenta que...su hermano tenía razón.
—Tienes razón.—Declaró— Mejor cambiemos de tema.—Se cruzó de brazos— Dime ¿por qué estás aquí?
—Vine a hablar contigo.—Respondió Ryo— Ocurrió algo importante.
—¿Importante?
El Akiyama asintió.
—¿Qué sucedió?—Preguntó Mimi.
—Takeru está en pasos de descubrir la verdad.
Sora salió de su casa en dirección al jardín en donde Izumi se encontraba sentada en una silla mirando hacia el horizonte, evidentemente triste.
—Hija...—Se acercó a ella.
Izumi dirigió su mirada hacia Sora: —Madre.
—Querida...—Sora tomó asiento a su lado.
—Disculpa, no debí haberme ido de esa manera.—La rubia se apresuró a decir.
Sabía que era de mala educación dejar hablando solo a sus mayores.
—No te disculpes.—Respondió la pelirroja— No tienes que disculparte, al contrario, creo que tuviste toda la razón para retirarte del lugar...—Comentó— Lamentablemente mi madre no estaba siendo de mucha ayuda con sus palabras.—Rodó los ojos.
Sí, no lo estaba siendo. Solo estaba logrando que, se sintiera más culpable.
—Pero no vine a hablar de mi madre.—Habló Sora— Vine a ver cómo estás.
Izumi suspiró.
—Sigo mal.
—No es para menos.—Comentó la pelirroja— La situación que estás viviendo con Kouji, tu novio, no es la mejor.
Izumi asintió: —Hace tiempo no venimos bien. Él viene celándome hace tiempo con Takuya. Viene culpandome de nuestros problemas...—hizo una pausa, jugando nerviosa con sus manos. —Lo cual es un problema, porque Takuya me hace sentir bien, todo lo contrario a Kouji. Él nunca me hace sentir bien. Todo es mi culpa, siempre. Sus celos, sus problemas... Incluso cuando intenta hacerme sentir culpable, me convence de que tiene razón.
Sora la observó con un nudo en el pecho. Podía ver el dolor reflejado en los ojos de su hija.
—Hija, si no te sientes bien en la relación entonces deberías reconsiderar estar con él o no.
—¿Por qué dices eso?
—Porque es la verdad.—Declaró la pelirroja— Quizás, mi madre te dijo que, es tu obligación estar con Kouji por "el qué dirán" Pero eso no es lo más importante.—Habló— No deberías estar con alguien que no te valora o que te haga sentir menos.
Izumi apretó los labios y la miró directamente, sus ojos ahora ardiendo de frustración.
—En una relación lo más importante es el respeto.—Habló Sora— Y el bienestar de ambos. Si él no prioriza eso significa que no está funcionando.
—Pero llevamos dos años, cuando pienso en terminar con él pienso en que dos años pueden irse a la basura.
—Lo entiendo, Izumi, pero eres joven, aun puedes enamorarte.—Declaró la pelirroja— Quizás, ahora sufres con eso. Pero desde pequeña debes saber que, lo más importante al buscar una pareja es que, te respete.
—Tú me hablas de respeto —espetó—, y perdonaste a mi padre luego de lo que te hizo.
Sora hizo una mueca ante esas palabras, como si le hubieran dado una bofetada. Bajó la mirada, sus manos temblando levemente mientras trataba de responder.
—S-sí... —admitió con la voz rota. —Tienes razón. No puedo hablarte de bienestar cuando yo les he enseñado a tus hermanas y a ti todo menos quererse a sí mismas.
Izumi permaneció en silencio, sorprendida por la confesión de su madre.
—Y créeme, me arrepiento de eso.—Sora suspiró— Porque a mi nunca me enseñaron que era lo principal en una relación.—Comentó—Pero, Izumi... —continuó, respirando hondo para recomponerse—, quiero que tú seas mejor que yo. No quiero que sigas en un lugar que te haga daño solo por miedo al "qué dirán". Yo lo hice, y fue un error que me costó mucho.
Izumi sintió que algo en su pecho se quebraba. Su madre, siempre tan fuerte en su mente, ahora estaba mostrándole un lado vulnerable, uno que nunca antes había visto.
—Mamá... —susurró.
Sora se levantó del sillón y caminó hasta ella, arrodillándose a su lado y tomando sus manos con ternura.
—Hija, sé que es difícil, pero tienes que pensar en ti. Si esta relación te está haciendo daño, es porque no está bien. Y si decides alejarte, no estás decepcionando a nadie. Al contrario, estarás siendo valiente, Izumi.
—¿Y todas las ilusiones que me hice?
—Las ilusiones son parte de toda relación. Pero tampoco te obligan a estar con esa persona que no te hace sentir bien.—Declaró Sora— Por favor, hija, tu eres joven, todavía puedes pensar las cosas, piensa ti ¡Eso es lo que importa!
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Izumi. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien la entendía.
—Gracias, mamá —susurró con la voz entrecortada, abrazándola con fuerza.
Sora cerró los ojos, acariciando el cabello de su hija. Aunque no podía cambiar su propio pasado, esperaba que su consejo ayudara a Izumi a encontrar su camino hacia una vida más feliz y libre.
~Al día siguiente~
La luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas del comedor, iluminando la mesa perfectamente dispuesta para el desayuno. El ambiente estaba sumido en un incómodo silencio. Yamato estaba sentado a la cabecera, Sora a su lado, y frente a ellos Izumi y Rika, cada una con su atención fija en su plato. Sin embargo, el asiento vacío de Nene no pasó desapercibido para Yamato.
Él dejó su taza de café sobre la mesa y observó el lugar vacío con una ceja ligeramente arqueada. Finalmente, rompió el silencio.
—¿Dónde está Nene? —preguntó, su voz grave y directa.
Layla, la empleada que estaba sirviendo jugo a Sora, se detuvo un momento antes de responder con suavidad. —Salió temprano esta mañana, mi señor.
—¿Temprano? —repitió Yamato, frunciendo el ceño. Su mandíbula se tensó, y el ambiente se cargó de una tensión palpable.
Miró a Sora, quien levantó la vista de su plato y se encogió de hombros ligeramente. —No me dijo nada.
Yamato apretó su puño sobre la mesa, conteniendo su frustración. No era necesario que se lo confirmaran; sabía perfectamente a dónde había ido su hija mayor. Su desobediencia no era algo nuevo, pero cada vez que lo hacía, sentía que un abismo más grande se abría entre ellos.
—Como siempre, desafiando mis decisiones. —murmuró entre dientes, más para sí mismo que para los demás.
Rika, que había estado en silencio todo el tiempo, observaba nerviosa a sus padres. Su mirada se desviaba constantemente entre ellos y su hermana Izumi, quien parecía más interesada en su jugo que en la conversación.
Finalmente, Rika se aclaró la garganta, atrayendo la atención de todos hacia ella.
—Papá... mamá... —dijo en voz baja, pero lo suficientemente firme como para que ambos la escucharan.
Yamato y Sora intercambiaron miradas, sus rostros reflejando una mezcla de preocupación y expectación. Últimamente, las cosas con Rika habían sido complicadas, y temían que otro problema estuviera a punto de surgir.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sora, con un tono más suave que el de Yamato.
Rika tomó aire, claramente nerviosa, y miró primero a su padre, luego a su madre.
—Quiero darles una noticia importante.
El corazón de Sora dio un vuelco, y Yamato entrecerró los ojos, intentando leer la expresión de su hija.
—¿Qué clase de noticia? —preguntó Yamato, con un deje de cautela en su voz.
Rika apretó las manos sobre su regazo, tratando de calmarse antes de hablar. Finalmente, lo soltó todo de un golpe.
—Sé que el último tiempo no ha sido fácil y yo no me he comportado como debería.
Sin embargo, luego de mucho hablar con Damar y con Takeru se dio cuenta que, habían cosas esenciales en la vida que, debía acatar y una de ellas era la decisión que les comunicaría a continuación.
—Pero, creo que tienen razón al decir que los estudios con son importantes en la vida, y decidí que quiero continuar con mis estudios.
El silencio que siguió fue breve, pero intenso. Luego, una sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Sora, quien tomó la mano de su hija con cariño.
—Rika... eso es maravilloso.— Exclamó la pelirroja— Estoy tan feliz de que hayas tomado esa decisión.
Incluso Yamato, que rara vez dejaba ver emociones más allá de su severidad habitual, dejó escapar un suspiro aliviado y asintió lentamente.
—Es una decisión sabia. Estoy orgulloso de ti. —dijo con firmeza, aunque su tono contenía una leve calidez.
Rika sonrió tímidamente, pero pronto alzó una mano para detener la euforia antes de que se desbordara.
—Pero... —dijo, haciendo que ambos padres volvieran a mirarla con atención. —No quiero regresar a la preparatoria.
El ambiente cambió ligeramente, aunque Sora y Yamato no dijeron nada de inmediato.
—¿No?
Rika movió la cabeza: —Verán, he tenido muchos problemas con mis compañeras y compañeros de clase, siempre me han considerado una persona rara, y con todo lo que ocurrió, no creo que me reciban con los brazos abiertos.
—Pero...Rika...Nosotros podemos hablar con los maestros.—Habló Yamato.
—Y agradezco que lo hagan.—Respondió la pelirroja— Pero, conozco a mis compañeros y no quiero tener más problemas. Quiero continuar con mis estudios, porque me di cuenta que es importante estudiar, y como estoy en último año, me gustaría prepararme bien para entrar a la Universidad.
Quería aprovechar las oportunidades que sus padres le daban.
—Entiendo hija.—Comentó Sora— Todo ha sido difícil y entiendo que quieras tener tu espacio.
—Pero si no vas a la preparatoria ¿cómo lo harías?—Preguntó Izumi.
—Prefiero tener una institutriz. —continuó Rika, su voz temblando ligeramente, pero manteniéndose firme. —Quiero aprender a mi propio ritmo y enfocarme en lo que realmente me interesa.
Sora inclinó la cabeza, procesando la solicitud de su hija. Yamato cruzó los brazos, su expresión se volvió más pensativa.
—¿Una institutriz? —repitió Yamato, con su tono habitual de escepticismo.
—Sí, papá. Sé que parece... poco convencional, pero creo que es lo mejor para mí. La preparatoria nunca fue el lugar adecuado. Esto sería diferente, más personal.
Sora le puso una mano en el brazo a Yamato, tratando de calmar cualquier objeción que pudiera surgir.
—Rika, si crees que esto es lo mejor para ti, podemos considerarlo. —dijo Sora, su voz amable y conciliadora.
—Estoy de acuerdo en que lo importante es que continúes estudiando. —añadió Yamato, aunque su tono era más firme. —Si una institutriz es lo que necesitas, entonces haremos los arreglos necesarios.
La sonrisa de alivio en el rostro de Rika fue inmediata.
—Gracias... de verdad, gracias.
Yamato sonrió: —Me alegra que, le tomes peso a tus estudios.
La sala estaba iluminada por una luz cálida y tenue, casi como si se tratara de un ambiente diseñado para acentuar la tensión que llenaba el aire. La reunión en el club estaba a punto de comenzar, y todos los miembros se habían reunido en silencio, observando atentamente. En el centro de la atención estaba Sora, de pie frente a la pantalla, con su postura erguida y segura. Sus ojos, cargados de determinación, miraban a cada uno de los presentes mientras ajustaba su micrófono.
La presentación de su candidatura había comenzado con calma, pero sus palabras estaban impregnadas de un fervor que la hacía destacar entre la multitud. Había hecho su tarea, había preparado cada detalle con precisión, y su visión para el club era clara: un enfoque más moderno, inclusivo y, sobre todo, centrado en los intereses de todos los miembros. Estaba dispuesta a romper con las viejas estructuras y demostrar que podía liderar de manera más efectiva que nadie.
—Mi propuesta para el futuro de este club es clara —comenzó Sora con una sonrisa confiada—. Es hora de modernizar nuestras actividades, de integrar nuevas ideas que atraigan a más personas, que rompan con la rutina y que nos impulsen a ser más innovadores. Quiero que cada miembro del club tenga voz, que podamos organizarnos de manera más eficiente. Mi plan incluye nuevas iniciativas, una revisión completa de las actividades, y un enfoque más dinámico para que el club se convierta en un verdadero referente dentro de la comunidad.
Haruna asentía orgullosa por las palabras de Sora. Pasó su mirada por Toshiko, quien evidentemente no estaba de acuerdo con su hija.
—Mi madre lo está haciendo muy bien.—Izumi le susurró a la castaña.
La oji-miel dirigió su mirada hacia ella y asintió: —Sí, lo está haciendo bastante bien.—Musitó— Pero dime ¿no te molesta que tu madre esté enfrentando a tu abuela?
Izumi suspiró— Hace tiempo que, creo que es necesario darle un nuevo aire al club ¿sabe? Y creo que, mi madre será buena presidenta.
Haruna sonrió ante esto. Aunque, verdaderamente estaba ansiosa por lo que vendría a continuación.
Sus palabras llenaban la sala, y mientras hablaba, Sora podía ver cómo algunos de los miembros se veían impresionados. La joven estaba llevando su visión con seguridad, presentando una imagen fresca y moderna del club, y nadie podía negar que sus propuestas parecían prometedoras.
Sin embargo, al otro lado de la sala, Toshiko, la madre de Sora, permanecía en silencio. Su rostro estaba tenso, sus puños apretados bajo la mesa. Cada palabra de su hija la hacía hervir más por dentro. No podía creer que Sora la desafiara de esta manera, que tuviera el descaro de postularse para la presidencia y presentar ideas que, en su opinión, carecían de profundidad.
A medida que Sora terminaba su discurso, la sala estalló en aplausos. La joven sonrió, con la satisfacción de saber que había dejado una impresión. Miró a Haruna, quien le dedicó una mirada de apoyo y sonrió levemente.
Pero cuando Sora se dio la vuelta, su madre se levantó de inmediato, su presencia imponente llenando el espacio. Todos los ojos se centraron en ella, y un silencio inquietante se apoderó de la sala. Era el turno de Toshiko, y ella no estaba dispuesta a dejar que su hija le quitara el protagonismo tan fácilmente.
Con una postura erguida, Toshiko se acercó al micrófono, su voz seria y controlada.
—Escuchamos las propuestas de mi hija —comenzó, mirando a Sora con una mezcla de incredulidad y desaprobación—. Sin embargo, lo que no podemos olvidar es que la tradición es lo que ha mantenido a este club unido y estable durante tantos años. Mi visión para el futuro sigue la misma línea que ha funcionado. Continuaremos con las actividades que ya conocemos, mejorando algunos detalles, pero sin cambiar lo que ha sido exitoso. Es fundamental que mantengamos el enfoque que nos ha dado los mejores resultados hasta ahora.
Mientras hablaba, Sora no pudo evitar intercambiar una mirada con Haruna, quien levantó una ceja con desdén. Los ojos de Sora se entrecerraron, y su paciencia comenzaba a agotarse. Sabía que las ideas de su madre eran monótonas, una repetición constante de lo que ya se había hecho. No había innovación, no había nada nuevo en sus propuestas.
Sora rodó los ojos, claramente exasperada. Mientras su madre seguía hablando, describiendo detalles que Sora ya había escuchado muchas veces, se permitió desconectar por un momento. Sabía que Toshiko nunca iba a entender que el mundo estaba cambiando, que el club necesitaba un aire fresco y audaz. Pero, de alguna manera, Sora sentía que no podía dejar que su madre se saliera con la suya.
Mimi observó su móvil.
(De: Koushiro)
El plan está listo.
Mimi hizo una mueca y dirigió su mirada hacia Izumi.
—Querida, disculpa, pero no me siento bien.
La rubia dirigió su mirada hacia ella: —¿No?—Preguntó preocupada.
—Me siento un poco mareada, porque no he tomado mi pastilla.— Respondió la castaña.
—¿Necesita algo?
—Sí, por favor, me puedes traer una botella con agua.—Contestó Mimi.
—¡Claro!— Exclamó Izumi antes de levantarse—En el pasillo hay una maquina, iré a comprar un agua.
Mimi sonrió: —Muchas gracias.
Izumi le devolvió la sonrisa y se dispuso a salir del lugar.
Mimi volvió su mirada hacia Toshiko quien hablaba y hablaba.
Fue entonces cuando algo inesperado sucedió. La pantalla detrás de ellas, que hasta ese momento había permanecido apagada, comenzó a parpadear y se encendió con un zumbido bajo. Todos en la sala se quedaron en silencio, mirando la pantalla con curiosidad.
Una voz grave, que resonó con una autoridad inquietante, comenzó a hablar desde los altavoces.
—¡La señora Takenouchi no es tan santa como creen! —dijo la voz, seguida por una serie de imágenes que aparecieron en la pantalla. Todos en la sala se miraron, sorprendidos y confundidos, preguntándose qué estaba pasando— Llamó indecente a Satomi Minamoto, cuando la única indecente es ella.
¿Qué?
Fue en ese entonces cuando un video se comenzó a reproducir de Toshiko y Shuu.
Sora frunció el ceño, sin comprender lo que veía. Pero la sorpresa se convirtió en desconcierto cuando la pantalla mostró otra imagen. Esta vez, la imagen era de Toshiko, su madre, y alguien más. Sora parpadeó, y la expresión de shock en su rostro se intensificó al reconocer al hombre que aparecía en la pantalla.
Era Shuu Kido, un hombre casado, y la escena mostraba a Toshiko besándose con él en lo que parecía un hotel. La siguiente imagen dejó claro lo que ocurría: los dos estaban en un hospital, haciendo actos indecentes y acariciándose de manera inapropiada. El sonido del video aumentó la intensidad del momento, mientras la imagen mostraba a los dos en una postura comprometedora.
La sala quedó completamente en silencio, los miembros del club atónitos ante lo que estaban viendo. Sora miró la pantalla, luego a su madre, y su rostro pasó de la incredulidad al desprecio. Las palabras de la voz en el video retumbaban en su mente: "La señora Takenouchi no es tan santa como creen..."
Toshiko, completamente desbordada, miró la pantalla con los ojos llenos de ira. Su rostro, normalmente impecable, se distorsionó por la furia mientras se volvía hacia la audiencia, intentando recuperar el control de la situación.
Sora, que al principio se sintió sorprendida, ahora no podía evitar sentir una mezcla de repulsión y satisfacción por la revelación. Su madre había estado constantemente juzgando a los demás, pero ahora, ella misma estaba en el centro de un escándalo que no podía ignorar.
—¡Vaya, al parecer Satomi no era la única adultera!— Exclamó una persona en el público.
—Esto no es lo que parece —comenzó Toshiko, con voz temblorosa, pero sus palabras no tuvieron el impacto que esperaba.
Los murmullos en la sala empezaron a crecer.
—¡Shuu Kido es un hombre casado!— Exclamó una de las mujeres.
—Tener una presidenta que hace ese tipo de cosas, no le hará bien a nuestra imagen.—Habló otra mujer.
—N-no...—Balbuceo Toshiko—Esto es un error.
—Parece que tenemos un escándalo de proporciones. ¿Quién iba a decirlo, verdad? —dijo Sora.
Mientras los murmullos continuaban, y las miradas se centraban en Toshiko, la situación se volvía insostenible para ella. La sala se llenó de un aire tenso, como si todo el edificio estuviera a punto de derrumbarse.
La batalla por la presidencia del club ya no era la única cuestión en juego.
La brisa marina era refrescante, llevando consigo el sonido relajante de las olas rompiendo contra la orilla. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. Kiriha y Nene estaban sentados en camas de playa bajo una sombrilla, cada uno con un helado en la mano. Nene saboreaba su helado de fresa mientras Kiriha disfrutaba uno de chocolate, el ambiente cargado de una tranquilidad que ninguno había experimentado en mucho tiempo.
—Extrañaba esto —dijo Nene, rompiendo el silencio. Su mirada estaba fija en el horizonte, donde el sol parecía besar el agua. —Venir a la playa, disfrutar del sonido de las olas... simplemente relajarme.
Kiriha asintió, mirando su propio helado como si lo estuviera considerando detenidamente. —Yo también. Hace mucho tiempo que no me daba estos lujos. Estaba tan ocupado con la empresa que olvidé lo que se sentía desconectar, solo estar... aquí.
Nene lo miró de reojo y sonrió. —Pues ahora que estamos oficialmente desempleados, creo que podríamos aprovechar para hacer más cosas así. ¿Qué opinas? —preguntó mientras daba otra lamida a su helado, disfrutando del dulce sabor.
Kiriha la miró con una mezcla de diversión y curiosidad. —¿Estás segura de eso? ¿De que esto es lo que quieres?
—Lo estoy. —Nene respondió con firmeza, pero su tono era ligero. —Por primera vez en mucho tiempo, siento que tengo el control. Y quiero usarlo para hacer cosas que me hagan feliz, cosas simples como esta... contigo.
Kiriha sonrió suavemente ante sus palabras, aunque su mirada permaneció fija en ella. —¿No te arrepientes? —preguntó, aunque sabía que la respuesta probablemente lo haría sonreír.
Nene rodó los ojos dramáticamente, aunque su expresión estaba lejos de ser seria. —¿Podemos dejar de hablar de eso? —dijo con una ligera risa. —Estamos aquí para disfrutar, no para pensar en lo que dejamos atrás.
Kiriha levantó una mano en señal de rendición. —De acuerdo, de acuerdo. Lo dejo.
Nene se levantó ligeramente y se acercó a la cama de playa de Kiriha, acomodándose junto a él. Dejó su helado en la pequeña mesa entre ellos y apoyó su mano en su pecho, justo donde podía sentir el latido de su corazón.
—Sabes —dijo con una sonrisa juguetona, sus ojos brillando con un destello travieso —me encanta el helado, pero creo que hay formas mejores de probarlo.
Kiriha arqueó una ceja, intrigado. —¿Ah, sí? ¿Y cómo sería eso?
Sin responder, Nene se inclinó hacia él y lamió suavemente la comisura de sus labios, retirando un poco del helado que había quedado allí. Sus ojos se encontraron por un momento, y una sonrisa divertida apareció en el rostro de Kiriha.
—¿Así, entonces? —preguntó con una mezcla de diversión y calidez.
—Exacto. —Nene respondió, su tono despreocupado, pero el rubor en sus mejillas delataba más.
Kiriha no perdió más tiempo. Se inclinó hacia ella, atrapando sus labios en un beso lento y profundo. Sus manos se deslizaron hacia su cintura mientras ella correspondía con igual intensidad. El dulce sabor del helado aún se percibía entre ellos, pero en ese momento, lo único que importaba era el calor que compartían.
Cuando finalmente se separaron, ambos estaban sonriendo. Kiriha apoyó su frente contra la de Nene, sus ojos brillando con una suavidad que raramente mostraba.
—Creo que este es oficialmente el mejor helado que he comido. —bromeó, y Nene rió suavemente.
—Lo sé. —respondió ella, acomodándose contra su pecho. Ambos se quedaron en silencio, disfrutando de la tranquilidad de la playa y del simple placer de estar juntos.
La cafetería de la universidad estaba más animada de lo habitual, con estudiantes entrando y saliendo, algunos en busca de café para combatir el cansancio y otros simplemente compartiendo un rato con sus compañeros. Sin embargo, Takeru apenas notaba el bullicio a su alrededor. Estaba sentado en una de las mesas más alejadas, con su laptop frente a él. Su postura reflejaba agotamiento, y las ojeras bajo sus ojos azules eran prueba del esfuerzo de una noche sin descanso.
Sus dedos tamborileaban sobre la mesa mientras revisaba por enésima vez las pestañas abiertas en su navegador. Los resultados eran los mismos: nada relevante, nada que lo acercara a las respuestas que buscaba.
Hizo una mueca de frustración y desvió la mirada hacia su teléfono móvil, colocado justo al lado de su taza de café ya fría. La pantalla estaba oscura, sin notificaciones nuevas. Llevaba horas esperando un mensaje de su amigo, el detective Noguchi Ikuto, pero no había recibido nada.
Takeru suspiró profundamente, tratando de calmarse. Sabía que Ikuto estaba trabajando en el caso, pero la impaciencia era difícil de controlar. Apenas hacía un par de horas que habían hablado, y, aun así, sentía como si cada minuto pasara con una lentitud exasperante.
—Tranquilo —murmuró para sí mismo, pasando una mano por su cabello despeinado.
Se obligó a concentrarse nuevamente en la pantalla de su laptop, revisando documentos y datos que ya había visto antes. Sus ojos comenzaban a arder, pero no podía permitirse un descanso todavía. Tenía que encontrar algo.
De repente, un grito femenino resonó en la cafetería.
—¡Hikari!
El nombre lo sacó instantáneamente de su trance. Takeru alzó la mirada, sorprendido, y buscó con la mirada el origen de la voz. Cerca del mostrador, vio a Juri, una de las meseras habituales, abrazando con entusiasmo a alguien.
A ese alguien lo reconoció al instante.
Era Hikari.
Takeru se quedó congelado, incapaz de apartar los ojos de ella. El corazón comenzó a latirle más rápido mientras trataba de procesar lo que estaba viendo. Se suponía que Hikari no trabajaba ese día. O al menos eso creía, ya que ella misma le había dicho que tomaría el día libre.
Takeru pasó su mirada por la chica, quien a diferencia de otras veces, no llevaba esa hermosa sonrisa, al contrario, parecía triste. Pero continuaba viéndose bella.
—¡Hikari! —exclamó Juri, sin poder ocultar la alegría al ver a la joven. Se acercó rápidamente, sin pensarlo dos veces, y la abrazó con fuerza.
Hikari, al principio sorprendida por el gesto, se quedó quieta por un momento. Estaba un poco distante, como si la energía que normalmente la acompañaba en esos momentos no estuviera presente. Sin embargo, intentó forjar una sonrisa, aunque no lo lograba con la misma naturalidad de siempre. Su expresión era suave, pero su mirada decía otra cosa.
—Juri... —dijo Hikari, su voz algo quebrada por el cansancio acumulado y las preocupaciones recientes. Aunque sonrió, había algo que delataba su estado: la falta de brillo en su mirada, ese destello que generalmente la caracterizaba.
Juri se apartó un poco para mirarla, el abrazo aún quedando en el aire entre las dos.
—Me alegra tanto verte de nuevo. —Juri dijo, su tono lleno de calidez, como si realmente hubiera estado esperando este momento. Se apartó un poco para tomar las manos de Hikari entre las suyas—. Es bueno tenerte de vuelta, Hikari.
Hikari asintió, su mirada baja, evitando encontrarse con los ojos de Juri por un breve instante. Sabía que su amiga se había preocupado, lo había notado en los mensajes y en los silencios que compartieron anteriormente. Pero había algo que no podía contarle. Algo que no estaba lista para compartir.
—Gracias… —respondió Hikari en voz baja, el eco de su voz se mezclaba con el bullicio de la cafetería, pero su tono era apenas un susurro, más cargado de melancolía que de alegría. Intentó enderezar su postura, pero algo dentro de ella no lograba sacudirse de la sensación de agotamiento que sentía en lo más profundo.
Juri, notando la desconexión en su amiga, apretó un poco más sus manos y, con una sonrisa tranquila, añadió:
—¿No estás feliz de estar de vuelta? Todos te extrañaron mucho, Hikari.
Hikari levantó la mirada, pero era un movimiento fugaz. No encontraba las palabras adecuadas, así que simplemente dijo lo que su mente alcanzaba a procesar.
—Vine a recuperar los días que tuve que faltar... —dijo, sin poder evitar que una leve tristeza se colara en su tono. Se apartó un poco, tocándose el cabello como si intentara distraerse con algo.
Juri, sorprendida por la respuesta de Hikari, frunció el ceño ligeramente, pero trató de mantener la calma y no presionar. Había algo en su amiga que no se sentía igual, como si un peso invisible se hubiera posado sobre sus hombros. Sin embargo, decidió no insistir por el momento y sonrió con ternura.
—Bueno, lo importante es que estás aquí ahora —dijo Juri, soltando las manos de Hikari y abrazándola nuevamente, esta vez con un gesto más leve, más comprensivo—. Y siempre hay tiempo para ponerte al día, aunque no tengas ganas.
Hikari dejó que el abrazo la rodeara por unos momentos más, sin devolverlo por completo, pero sintiéndose un poco más reconfortada por el gesto. No dijo nada más por un instante, y Juri tampoco la presionó. Sabía que a veces las palabras no eran necesarias.
—Y creo que te gustará trabajar.—Musitó Juri— Porque tu príncipe azul está aquí.
¿Qué?
Pensó Hikari y pasó su mirada por el lugar.
Efectivamente ahí estaba...
¡Oh no!
—Creo que será bueno que vayas a atenderlo.
Hikari hizo una mueca: —Juri, no creo que sea lo mejor.
—¿Por qué no?— Preguntó su amiga.
—¿Por qué?— Cuestionó la chica Katou.
—Porque...—Hikari bajó la mirada —Ya no somos novios.
Juri se sorprendió: —¿Qué?
—Lo que escuchaste.—Respondió la Kanbara— Terminamos.
—¡Que bochorno!— Comentó Layla.
Izumi hizo una mueca, la verdad era que, toda esa situación vivida fue tan ¡estresante! No vio explícitamente las imágenes porque justo salió a comprar el agua, pero cuando volvió todos abucheaban a su abuela. Haruna le explicó lo que sucedió y quedó en shock...Sí, en shock...Se suponía que su abuela era una mujer "intachable" ¿no? Que se atrevió a juzgar a Satomi por un pequeño error. Que la criticaba a ella por pensar en la opción de terminar su relación con Kouji.
Era irónico ¿no? Su abuela le decía que ella no podía decepcionar a su familia y ella...resultó ser peor...
Gracias al cielo no le tocó presenciar toda la situación, Haruna estuvo a su lado y le aconsejó que se fuera a casa. Que decidió irse a su casa, salir de ahí rápido. Pero no constaba en que toda esa información se difundiría tan rápido en las redes sociales, tanto así que, bastó con entrar a la mansión y Layla, su empleada, le preguntó ¿qué ocurrió? Obligándola a responder.
—No quiero hablar de eso Layla. Solo quiero ir a mi habitación y olvidar que este momento ocurrió.
—No te vayas tan pronto, Izumi, antes debo entregarte algo.
—¿Algo?— Preguntó la rubia.
La empleada asintió: —Llegó esto para ti.— Musitó antes de ingresar a la cocina y al regresar traía un gran ramo con flores.
La rubia se sorprendió al ver el ramo—¿Qué es eso?
—Un regalo, al parecer.—Comentó Layla—Es para ti.
—¿Para mi?
—Sí.—Respondió la empleada antes de entregarle el ramo.
Izumi alzó una ceja, observó el ramo de flores que había llegado totalmente confundida.
—¿De quién es?
—Puede verificarlo en la tarjeta que trae.—Contestó la empleada.
¿Tarjeta?
Izumi observó el ramo buscando la dichosa tarjeta que mencionó Layla. Y, efectivamente, traía había una tarjeta entre medio de las flores. Fue así como la tomó y la leyó:
(De: Takuya)
Un regalo para subir tu ánimo.
Observé estas flores y se me hicieron hermosas.
Pero no más que tú.
Izumi se sorprendió al leer esto.
Takuya ¿le envió esto?
La rubia rápidamente sacó de su smartphone y rápidamente buscó el contacto del moreno para llamarlo.
Bip...bip...bip...
Al tercer toque el moreno respondió.
—¿Hola?
—Takuya.—Pronunció su nombre.
—Izumi ¡Hola! ¿Cómo estás?
—Bien...—Respondió la rubia— ¡Acabé de recibir tu regalo!
—Mi regalo.
—Sí. Las flores.
—¡Que bien!—Contestó Takuya—¿Te gustaron?
—¡Sí! Están hermosas...—Respondió la rubia.
—Me alegra que te hayan gustado.—Musitó el moreno— Las compré pensando en ti.
Izumi sonrió al escuchar esto: —Son mis flores favoritas.
—¿Enserio?
La rubia asintió.
—¡Vaya!— Exclamó el moreno—Creo que le di en el clavo.
—Sí.—Respondió Izumi— Y están ¡bellísima!
—Me alegra escuchar eso.—Comentó Takuya— Y espero que, estes de ánimo, porque te llamo para hacerte una invitación.
La rubia alzó una ceja: —¿Invitación?
—Sí.—Contestó el moreno—Necesito verte, es importante.
—¿Importante?—Preguntó Izumi.
—¡Muy importante!— Exclamó Takuya.
—¿Por qué?— Se preocupó la chica— ¿Ocurrió algo?
El ruido habitual de la cafetería era ahora una mezcla de conversaciones y risas. Los estudiantes se desplazaban entre las mesas, algunos apurados, otros relajados, mientras el aroma a café y pastelillos llenaba el aire. Hikari se encontraba al fondo, tras el mostrador, ordenando algunos productos en la bandeja. Sus movimientos eran meticulosos, como si tratara de concentrarse en algo que la distrajera un poco de sus propios pensamientos. El día había sido largo y sus emociones no estaban en su mejor estado.
De repente, una voz fuerte y autoritaria interrumpió su concentración.
—¡Oye! ¡Esto no es lo que pedí!
Hikari se giró sorprendida. Un joven alto, con una complexión musculosa, se acercaba rápidamente hacia ella, con el rostro fruncido de molestia. En sus manos sostenía una caja que parecía haber abierto y revisado, lo que solo aumentaba su evidente disgusto.
—Perdón, debe haber sido un error —respondió Hikari con una sonrisa forzada, tratando de calmar la situación—. Te cambiaré el pedido inmediatamente.
El joven, furioso, levantó la voz aún más.
—¡No pagué por esto! ¡Esto es una broma! ¡No me vas a engañar con esto!
Hikari dio un paso atrás, incómoda por la agresividad del tono. Intentó mantener la calma, pero podía notar cómo sus manos comenzaban a temblar un poco. Sabía que situaciones como esta ocurrían, pero no esperaba que el joven se pusiera tan agresivo.
—Te aseguro que te cambiaré el pedido en un momento, solo dame un segundo —dijo, tratando de mantener la profesionalidad.
El joven no parecía escucharla. Su enfado solo creció, y el volumen de su voz aumentó considerablemente.
—¡No tengo tiempo para esperar a que me cambies el pedido! ¡Lo que quiero es mi dinero de vuelta! —gritó, acercándose más a la barra, lanzando la caja hacia la superficie con un golpe seco que hizo que algunos otros clientes miraran curiosos.
Hikari, sintiendo la presión, intentó mantener la calma, pero la tensión era palpable.
—Lamento mucho la confusión, pero... —intentó responder de nuevo—. No aceptamos devoluciones de dinero, solo cambios de productos.
El joven soltó una carcajada sarcástica, negando con la cabeza.
—¿No aceptan devoluciones? ¡No me importa una mierda eso! ¡Te estoy exigiendo que me devuelvas mi dinero ahora mismo!
Su tono ya no era solo molesto; había algo agresivo y amenazante en su actitud. Hikari sintió un escalofrío recorrer su espalda, y aunque intentaba no mostrarlo, su corazón latía más rápido. La mirada del joven parecía volverse cada vez más desafiante.
En ese momento, Takeru, que se encontraba sentado en una mesa cercana, levantó la vista y observó la escena. Hikari, visiblemente incómoda, intentaba calmar al joven, pero él no hacía más que elevar la voz, gesticulando con furia.
Takeru, con los ojos entrecerrados por la tensión, se levantó de su asiento. Caminó lentamente hacia el joven, que seguía gritando a Hikari.
—¡Cálmate! —dijo Takeru, deteniéndolo al colocar una mano firme sobre el brazo del joven, evitando que este continuara acercándose más.
El joven, sorprendido por la intervención, giró rápidamente su rostro hacia Takeru, sus ojos encendidos de ira.
—¿Y tú qué? —le espetó con desdén—. ¡No te metas! No tengo tiempo para tus mierdas.
Takeru no se dejó intimidar. Su expresión se endureció, su postura firme. Mantuvo la mano en el brazo del joven, sin permitirle moverse.
—Me voy a involucrar mientras no te calmes —dijo Takeru con voz grave, casi como una advertencia.
El joven soltó un resoplido, pero la tensión aumentó aún más en el ambiente. La ira del chico parecía no disminuir, por el contrario, se alimentaba de su frustración.
—¡No te metas! ¡Yo solo quiero mi dinero! —insistió el joven, sacudiendo el brazo para zafarse.
Takeru, visiblemente cansado de la situación, respiró profundamente, y entonces, con un movimiento brusco, sacó su billetera del bolsillo. Sin más palabras, comenzó a sacar algunos billetes y, con un gesto de desprecio, los lanzó hacia el joven.
—Toma tus malditos billetes —dijo Takeru con tono sarcástico y despectivo—. Ahora, deja de molestar y lárgate.
Los billetes cayeron sobre la mesa frente al joven, quien se quedó mirando por un momento los billetes, atónito. La ira en su rostro empezó a apagarse lentamente, pero su orgullo seguía intacto.
El joven miró a Takeru, luego a Hikari, y al final, sin decir nada más, dio un paso atrás. Con una mueca de disgusto, tomó los billetes y, como un niño malcriado, dio media vuelta y se alejó, no sin antes soltar un último gruñido.
Hikari suspiró profundamente, dándose cuenta de que la situación había llegado a su fin. Se sentó en la barra, aún un poco temblorosa por la experiencia, mientras Takeru la observaba con una mirada más suave.
—¿Estás bien? —preguntó Takeru, suavizando su tono.
Hikari pasó su mirada por el rubio y rápidamente bajó su mirada.
Takeru observó cómo el joven se alejaba, su postura erguida pero su actitud algo derrotada después de la intervención. Sus ojos seguían fijos en el punto donde el hombre había estado, mientras el peso de la situación comenzaba a disiparse, pero el ambiente aún estaba cargado de tensión. Hikari, por otro lado, parecía estar luchando contra sus propias emociones.
Ella suspiró profundamente, como si tratara de liberar un poco la presión acumulada en su pecho. Se sentó en la barra con los ojos bajos, evitando el contacto visual con Takeru. El silencio entre ellos se estiró por unos segundos, lo suficiente para que Takeru notara el leve temblor en las manos de la chica mientras ajustaba su bandeja.
—¿Estás bien? —preguntó Takeru suavemente, su tono mucho más cálido que antes, al ver que ella seguía alterada.
Hikari levantó brevemente la mirada, solo para encontrar los ojos de Takeru observándola, pero rápidamente desvió la vista al instante.
—Gracias... —murmuró Hikari, su voz casi inaudible, mientras sus dedos jugaban nerviosamente con un utensilio sobre la bandeja.— Lo siento mucho por todo esto... no quería causarte problemas.
Takeru frunció ligeramente el ceño. No entendía por qué Hikari se sentía culpable.
—No tienes que disculparte, Hikari. No fue nada —dijo él con tono tranquilo, pero al ver la forma en la que ella seguía sin levantar la vista, su expresión se suavizó aún más—. No tienes que preocuparte.
Hikari bajó la cabeza aún más, su rostro oculto por un mechón de cabello. Su voz, aunque llena de arrepentimiento, se oyó clara y un poco apenada.
—Pero sí, Takeru... siempre soy un problema para ti. Lo sé. —Sus palabras fueron rápidas, como si no quisiera permitir que él la interrumpiera—. Siempre meto la pata y... lo arruino todo.
Takeru la miró en silencio por un momento, la incomodidad se apoderó de su rostro, pero rápidamente se acercó a ella sin decir una palabra. El gesto fue más impulsivo que racional; colocó una mano sobre su hombro, como para darle apoyo, o al menos transmitirle que todo estaba bien. Sin embargo, al hacerlo, Hikari se tensó al instante.
Se sobresaltó tanto que, sin pensarlo, giró rápidamente hacia él. Sus ojos se abrieron de par en par, y Takeru pudo ver una especie de sorpresa y nerviosismo en su rostro.
—¿Qué sucede? —preguntó Takeru, su voz ahora preocupada al notar la reacción de Hikari.
Hikari, al parecer, no esperaba ese gesto de cercanía, y su rostro se sonrojó ligeramente por la sorpresa. Con un movimiento rápido, ella se apartó ligeramente y comenzó a ordenar nuevamente su bandeja, casi como si estuviera tratando de disimular su incomodidad.
—Lo siento... —balbuceó rápidamente—. Lamento mucho lo que pasó, pero... ¡te juro que me lo voy a compensar!
Su tono era rápido, agitado, casi como si quisiera liberarse de la incomodidad que había surgido entre ellos. Takeru la observó, desconcertado por su reacción.
—No es necesario, Hikari —respondió él, aún un poco sorprendido, pero con un toque de amabilidad en su voz—. No tienes que hacer nada, no fue un gran problema.
Hikari no parecía escuchar del todo, pues continuaba organizando las cosas en su bandeja con manos temblorosas. Su rostro estaba marcado por una ligera ansiedad, como si estuviera haciendo todo lo posible para evitar una situación aún más incómoda. Al terminar de ordenar, levantó la bandeja y, sin decir nada más, se giró rápidamente hacia la salida.
Takeru la miró marcharse, algo perplejo. La actitud de Hikari lo había desconcertado por completo. No estaba seguro de qué la había hecho reaccionar de esa manera. Aún se quedaba con la sensación de que algo no estaba bien, pero antes de que pudiera hacer o decir algo más, Hikari ya se había ido.
Con un suspiro, Takeru se quedó parado en el mismo lugar, mirando hacia donde ella había desaparecido. Sin quererlo, se sentó nuevamente en su mesa, el desconcierto apoderándose de él.
—¿Qué está pasando con ella? —murmuró, mirando fijamente al vacío mientras pensaba en Hikari y lo extraño que había sido todo.
El sol comenzaba a descender en el horizonte, bañando la playa en tonos cálidos de naranja y púrpura. Las olas rompían suavemente contra la orilla, creando un fondo sonoro tranquilo mientras Nene y Kiriha estaban sentados en la arena. Ambos se miraban con complicidad, sus risas apagadas mezclándose con el susurro del mar.
Nene, con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia Kiriha, dejando que su cabello cayera sobre su rostro.
—Sabes que no puedes resistirte, ¿verdad? —dijo en tono juguetón mientras rozaba sus labios con los de él.
Kiriha sonrió de lado, ese gesto que siempre derretía a Nene. —¿Y tú sí puedes? —respondió, tomando su barbilla suavemente entre sus dedos.
El beso comenzó como un roce tímido, pero pronto se intensificó. Sus brazos se entrelazaron mientras la brisa del océano los envolvía. Nene sintió cómo la calidez de Kiriha contrarrestaba la frescura de la brisa marina, y en ese instante, el mundo se redujo solo a ellos dos.
De repente, el crujido de pasos sobre la arena rompió el hechizo. Ambos se separaron rápidamente, con Kiriha girándose hacia el sonido. Nene frunció el ceño, sintiendo la intrusión como una bofetada al momento que compartían.
Un hombre pelirrojo apareció frente a ellos. Era alto y delgado, pero su presencia irradiaba una mezcla de confianza y urgencia. Llevaba una camisa ligera, desabrochada en la parte superior, y sus ojos brillaban con intensidad.
—¿Kiriha Aonuma? —preguntó, su voz clara y directa.
Kiriha, aún procesando la interrupción, parpadeó y se puso de pie, instintivamente colocándose entre el hombre y Nene.
—Soy yo. —respondió con cautela, su tono firme.
El pelirrojo sonrió levemente, aunque su expresión denotaba algo más que mera casualidad.
—Sí, lo sé. —dijo, dando un paso más cerca. —Qué bueno es encontrarte. Tengo que hablar contigo.
Takuya estaba recostado en el banco de la plaza, mirando al horizonte con aire tranquilo, aunque su mente no estaba en paz. Había llegado temprano, como siempre, para esperar a Izumi. Habían quedado en verse allí, en esa pequeña plaza, lejos del bullicio de la ciudad, para hablar de ciertos asuntos que no podían discutirse en su día a día habitual. Él la había llamado, y ella, como siempre, había accedido sin dudarlo, aunque Takuya sabía que no sería fácil. Las conversaciones entre ellos nunca lo eran. Sin embargo, el hecho de verla siempre le traía una sensación extraña, una mezcla de nerviosismo y fascinación.
Mientras miraba la gente pasar y escuchaba el murmullo suave de las hojas movidas por el viento, Takuya se quedó perdido en sus pensamientos. A lo lejos, escuchó el sonido de un motor acercándose, pero no le prestó mucha atención. Hasta que, de repente, un coche verde brillante se estacionó a unos metros de él. Takuya alzó la mirada hacia el vehículo, sin razón aparente, y allí, en el asiento del conductor, vio a la figura que había estado esperando: Izumi.
El auto, un elegante modelo de lujo, se detuvo suavemente, y la puerta se abrió con un suave clic. El primer paso que Izumi dio fue como una aparición, su figura esbelta y segura de sí misma emergiendo del coche. Con su cabello rubio, casi dorado, moviéndose suavemente con el viento y sus ojos verdes brillando con una intensidad cautivadora, ella avanzó hacia él. Takuya se quedó allí, observándola, incapaz de evitar que su corazón diera un vuelco, como siempre lo hacía cuando la veía.
Izumi, con su porte elegante, caminó hacia él sin prisa, como si cada paso estuviera meticulosamente planeado, atrayendo la atención de todos los que se encontraban cerca, pero ella no parecía notar nada de eso. Lo único que importaba era que se dirigía hacia él. Takuya la observaba, como si fuera una visión sacada de un sueño, y no pudo evitar sentirse hipnotizado por su belleza. Había algo en su presencia, en su elegancia natural, que lo dejaba sin palabras, y siempre sucedía lo mismo. Cada vez que la veía, sentía como si el mundo a su alrededor desapareciera, y lo único que importara fuera ella.
Finalmente, Izumi llegó hasta él y le sonrió suavemente, con esa sonrisa que tenía el poder de hacer que todo pareciera más cálido, más cercano. La misma sonrisa que Takuya había llegado a conocer tan bien, pero que aún lo desarmaba cada vez.
—Hola Takuya.
—Izumi...—El castaño sonrió— ¡Que bueno que hayas venido!
—No te iba a dejar esperando.—Comentó Izumi— Luego del lindo regalo que me mandaste para subir mi ánimo, mínimamente debía venir.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor.—La rubia tomó asiento en la banca— He pensando algunas cosas.
—¿Hablaste con Kouji?
Izumi hizo una mueca: —Poco.—Respondió— Pero no quiero hablar de eso ¿sí?— Comentó— Este día no ha sido el mejor y el tema con Kouji simplemente es un estorbo.
Takuya tomó asiento a su lado.
—Bueno, entonces, no hablaremos de él.—Respondió— ¡Mejor para mí! ¿Sabes?
—Y bien...—Musitó la rubia— ¿Qué ocurrió Takuya?— Preguntó—¿Por qué me citaste? Dijiste que tenías algo importante que decirme.
El moreno asintió: —Sí, algo muy importante.
—¿Qué es eso tan importante que no pudo esperar a mañana vernos en el trabajo?
—Algo que necesitaba hablar personalmente contigo y que no podía esperar.—Declaró el moreno—Y que necesitaba mirarte a los ojos para decírtelo.
—¿Mirarme a los ojos para decírmelo?
Takuya asintió: —¿Sabes qué tienes unos hermosos ojos?
Izumi lo miró desconcertada, casi como si no supiera cómo reaccionar. Takuya, viendo la expresión en su rostro, no pudo evitar sonreír con una ligera satisfacción. Sabía que a Izumi le costaba aceptar elogios, aunque era evidente que se sentía halagada.
—¿Qué estás diciendo? —dijo ella, algo avergonzada, apartando ligeramente la mirada.
Takuya la observó con más intensidad, como si estuviera decidido a asegurarse de que comprendiera lo que quería decir.
—La verdad. Es solo que... tus ojos —comenzó, su tono suave pero lleno de sinceridad— son impresionantes. Tienen esa mezcla de suavidad y determinación que los hace... irresistibles.
Izumi no pudo evitar ruborizarse aún más al escuchar las palabras de Takuya. Frunció el ceño, avergonzada, mientras se pasaba una mano por el cabello, un gesto que le era tan característico cuando no sabía qué hacer con la situación.
—No creo que sean tan llamativos.
Takuya sonrió divertido, pero también se sintió un poco más cerca de ella en ese momento. Aunque siempre habían tenido una relación algo complicada, con momentos de tensión y distanciamiento, algo en él disfrutaba de esta vulnerabilidad que Izumi rara vez mostraba.
—¿Por qué no? —preguntó él, con una sonrisa amplia—. Son hermosos. Igual que tú.
La rubia se ruborizó aun más ante esto.
—¿Por qué me dices todo esto?
—Porque...—Takuya suspiró— Nunca te he hecho saber que para mí, tú eres una chica bellísima, y no lo solo físicamente.
—¿E?—Balbuceo Izumi sin saber que responder.
El moreno hizo una mueca ante esto. Las cosas no estaban saliendo como él esperaba. Decirle eso acerca de sus ojos no fue lo más apropiado.
Lo mejor sería ir directo al puno.
—¿Sabes? Hoy tomé una decisión muy importante en mi vida y quiero que las sepas, porque se relaciona contigo.
—¿Conmigo?— Preguntó la chica.
El moreno asintió: —Te he visto triste durante este tiempo y no soporto verte así. No soporto ver como sufres por alguien que no vale la pena. Siendo lo hermosa que eres ¡mereces que te respeten! Y yo no estoy dispuesto continuar viendo como te derrumbas. Quiero que sepas que eres hermosa...—Tomó su mano—Y es por eso que, decidí...—Suspiró— Arriesgarme por ti.
—¿Te arriesgarás por mi?— Preguntó la oji-verde.
Takuya asintió: —Eso quiere decir que...—Avanzó un paso y quedó frente a ella— Lucharé por ti.—Comentó— Lucharé por ganarme tu amor.
¿Qué?
Esta declaración sorprendió a Izumi.
—Eres una persona increíble, tan clara como una nota musical y tan genuina como una melodía, eres la única armonía que resuena en mi mente desde la primera vez que nos cruzamos.—Declaró el moreno.
Izumi se ruborizó a más no poder ante este comentario mientras su corazón latía sin parar.
La cafetería seguía llena de la actividad cotidiana, pero Takeru estaba sumido en sus propios pensamientos, caminando lentamente entre las mesas mientras observaba cómo Juri, la mesera, recogía algunas tazas y platos. La joven trabajaba rápidamente, ordenando todo con precisión, pero Takeru notó la tensión que llevaba consigo desde que había dejado de ver a Hikari. Él no podía quitarse el peso que sentía por dentro, esa sensación de desconcierto. Por fin, se acercó a Juri, respirando hondo.
—Juri... necesito hablar contigo —dijo Takeru, con la mirada fija y el tono grave. Ella levantó la vista al instante, sorprendida, y sonrió con amabilidad, aunque había una ligera preocupación en sus ojos.
—¿Qué sucede, Takeru? —preguntó, dejándose llevar por la seriedad en su voz.
—Es sobre Hikari —comenzó Takeru, un nudo en la garganta mientras la miraba fijamente. No sabía cómo empezar, pero ya no podía más con las preguntas sin respuesta que rondaban en su mente—. Necesito saber qué ocurre con ella.
Juri lo miró detenidamente, sorprendida por la petición. No era común que Takeru mostrara tanto interés por algo tan personal, y mucho menos sobre su relación con Hikari. Sin embargo, la duda en sus ojos era clara, y Takeru siguió hablando.
—No entiendo por qué Hikari terminó conmigo de un momento a otro —le explicó, claramente confundido y frustrado—. No puedo entender qué fue lo que pasó, y no sé qué hacer al respecto. ¿Tú sabes algo? ¿Sabes por qué lo hizo?
Juri parpadeó, sorprendida por la sinceridad de Takeru. Ella lo conocía lo suficiente como para saber que no solía abrirse fácilmente con los demás. Su rostro reflejaba una mezcla de preocupación y tristeza, y pensó por un momento antes de responder.
—Recién me enteré —dijo Juri, su tono calmado pero sincero—. Hikari nunca me dijo nada sobre sus razones. Me sorprendió mucho cuando me contó que había terminado lo de ustedes. Pensé que todo iba bien... Hikari parecía feliz contigo, Takeru. Estaba muy a gusto con su relación, me decía lo mucho que te apreciaba.
Takeru sintió como si le dieran un golpe en el pecho al escuchar esas palabras. Era la primera vez que alguien le decía que Hikari se veía feliz con él. La imagen de su amiga sonriendo, confiada, como si todo estuviera bien, se desvanecía lentamente en su mente, reemplazada por el vacío que sentía ahora.
—Lo sé —murmuró, mirando al suelo con tristeza—. Yo también lo estaba. Estaba feliz. Pero ahora no entiendo nada.
Juri lo observó en silencio durante un momento, el peso de las palabras de Takeru colgando en el aire entre ellos. Ella no quería ser imprudente, pero sentía que había algo más que debía hacer para ayudar a su amigo.
—Takeru, si realmente quieres saber lo que está pasando con Hikari... —dijo Juri, deteniéndose para mirar al joven con una mezcla de seriedad y comprensión—. Yo puedo hablar con ella. Somos amigas. Tal vez, si le pregunto, podría decirme la razón de todo esto.
Takeru levantó la mirada hacia Juri, sorprendido por la oferta. No había pensado en hablar directamente con Hikari a través de sus amigos, pero tal vez eso podría ayudarle a entender mejor la situación. Por un momento, sus ojos se encontraron con los de Juri, y él asintió, sintiendo un atisbo de esperanza.
—¿De verdad harías eso? —preguntó, un poco más calmado ahora, aunque aún con la incertidumbre en su voz.
—Por supuesto —respondió Juri con una sonrisa tranquila—. Si eso te ayudará a comprender lo que está pasando, hablaré con ella. No te preocupes, Takeru, te lo prometo.
Takeru suspiró, su mente aún en conflicto. No quería presionar a Hikari, pero el dolor de no entender lo que había sucedido lo estaba consumiendo. Quería respuestas, pero también temía que esas respuestas lo hirieran aún más.
—Gracias, Juri... en serio. Aprecio que hagas esto —dijo, con una leve sonrisa, aunque sus ojos seguían reflejando la preocupación y la confusión que lo atormentaban.
Juri le dio un leve asentimiento, con una sonrisa cálida.
—No te preocupes. Haré lo que pueda para ayudarlos. Hikari es mi amiga y quiero que esté feliz.—Comentó— Pero tú debes respirar hondo. A veces las cosas no son tan simples como parecen.
Takeru asintió de nuevo, agradecido por el apoyo de Juri, aunque no podía dejar de preguntarse si realmente descubrir la verdad sobre Hikari lo ayudaría o si solo haría que el dolor fuera aún más profundo.
—Voy a esperar a que hables con ella. Gracias por hacerlo. —Dijo él, girándose para regresar a su mesa, pero antes de alejarse, lanzó una última mirada hacia Juri, como si todavía esperara tener todas las respuestas de golpe.
Juri lo observó marcharse, sabiendo que las respuestas no serían fáciles de encontrar. La situación entre Hikari y Takeru era complicada, pero tal vez, solo tal vez, hablar con Hikari podría darles a ambos un poco de claridad.
—Permiso, debo continuar con mi trabajo.— Musitó Juri antes de alejarse.
Takeru volvió a su lugar y tomó asiento dirigiendo su mirada a su computador. Fue así como presionó "Ctrl+R" para actualizar la página y frente a él apareció un correo.
"Asunto: MIMI TACHIKAWA"
Tk alzó una ceja y presionó el correo para abrirlo, dentro de él habían una serie de link.
Takeru, sin entender, presionó el primero y lo llevó a una página.
"Mimi Tachikawa, esposa de Yamato Ishida, asesina a Natsuko Ishida"
Junto a ello había un documento bastante largo que Takeru comenzó a leer.
+Este capítulo es como "flojo" Porque los que vienen son más intensos.
Anahi: ¡Hola! Me alegra saber que te está gustando la historia. Sí, hubo un problema con la actualización. Porque quise corregir un capítulo de "La sultana del imperio" y me equivoqué (soy muy distraída jaja) Gracias por el aviso. Ya lo corregí.
miyakoinoe25: ¡Hola! Sí, Izumi finalmente supo la verdad. Ahora nos queda esperar para ver que ocurrirá.
