edgaralejadrodiaz11: muchas gracias por tu comentario, me alegra que te este gustando la historia, saludos
Capitulo 10: Debilidad Y Muchas Preguntas
Al día siguiente, Hideki comenzó a despertar lentamente. Su cuerpo aún estaba débil, y cada músculo dolía como si hubiese sido aplastado por una fuerza implacable. Al abrir los ojos, las luces suaves del Club del Ocultismo lo rodeaban, y el sonido de voces en susurros llegó a sus oídos.
Parpadeó varias veces antes de enfocarse en lo que había a su alrededor. No reconocía el lugar, pero la sensación de seguridad lo calmó, al menos momentáneamente. Al intentar moverse, el dolor en su cuerpo lo detuvo, haciéndolo soltar un leve gemido.
Fue entonces cuando se dio cuenta de las vendas que cubrían su torso y brazos, algunas alrededor de sus piernas. Cada respiración le recordaba las heridas que había sufrido, y el vendaje apretado le daba la sensación de estar aún más restringido.
Koneko, que estaba sentada cerca, notó el movimiento y se acercó rápidamente, sus ojos llenos de preocupación.
—"Hideki-senpai, por fin te despertaste..." —su voz, a pesar de ser usualmente tranquila y monocorde, esta vez llevaba un matiz claro de alivio.
Hideki, con dificultad, giró su cabeza hacia Koneko, la reconoció y se sentó con la ayuda de ella. Aunque su mente estaba todavía nublada, logró esbozar una sonrisa débil.
—"Koneko..." —murmuró Hideki, su voz áspera por el esfuerzo—. "¿Qué... qué pasó?"
Koneko se inclinó hacia él, sus ojos reflejando una mezcla de seriedad y calidez.
—"Te enfrentaste a un demonio renegado. Estabas gravemente herido, pero logramos traerte aquí a tiempo. Ahora estás a salvo."
Las palabras de Koneko se sentían lejanas, como un eco en su mente. Hideki trató de asimilar lo que decía. Recordaba la lucha: la brutalidad del demonio, el peso de sus golpes, y cómo, en el último instante, su cuerpo había actuado más allá de sus límites. Después de eso, todo era un borrón, una mezcla de dolor y oscuridad.
Antes de que pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió lentamente. Rias entró con elegancia, seguida por Akeno. Ambas lo miraron, sus expresiones combinando curiosidad, preocupación y algo que él no lograba descifrar del todo: respeto.
—"Así que al fin despiertas," —dijo Rias con una sonrisa tranquila y voz serena—. "Has causado una gran impresión, Hideki Saito."
Él alzó la mirada hacia ella, todavía sintiéndose aturdido. La autoridad que irradiaba Rias era innegable, y aunque su tono no era hostil, Hideki no podía evitar sentirse alerta.
—"Nosotros te salvamos," —intervino Koneko al notar su confusión—. "Estabas al borde de la muerte, pero lo lograste."
Hideki cerró los ojos por un momento, intentando ordenar sus pensamientos. Las piezas no encajaban del todo.
—"No sé cómo llegué aquí... ni cómo sigo con vida," —murmuró, esforzándose por mantener la calma mientras las imágenes de la pelea inundaban su mente. Entonces, algo hizo clic—. "Espera... dijiste demonio."
El aire en la habitación cambió al instante. Hideki abrió los ojos de golpe, un destello de alarma brillando en ellos mientras su mente unía los puntos. Recordó el aura del demonio renegado: oscura, sofocante, inconfundible. Pero lo que lo inquietaba más era la similitud con lo que ahora sentía en el ambiente... con las personas frente a él.
Su ki se intensificó repentinamente, envolviéndolo como una llama voraz. Antes de que alguien pudiera reaccionar, Hideki estaba de pie, su postura defensiva ignorando por completo las heridas que todavía marcaban su cuerpo.
—"Ustedes también son demonios," —afirmó con cautela, su voz tensa y sus ojos atentos a cualquier movimiento. Como un animal acorralado, estaba preparado para atacar o huir al menor indicio de hostilidad—. "¿Tú también eres un demonio, Koneko?"
Esa última pregunta escapó de sus labios con un matiz distinto, casi dolido. Era una realidad que había estado ignorando, una verdad que no quería enfrentar. Su postura vaciló por un breve instante mientras miraba a Koneko, buscando una respuesta en sus ojos.
Koneko no apartó la mirada, aunque en sus ojos se percibía una sombra de culpa mezclada con determinación. Dio un paso al frente, quedando entre Hideki y las otras dos chicas.
—"Sí," —respondió con franqueza, su tono calmado pero firme—. "Soy un demonio, Hideki-senpai."
Hideki la observó en silencio, sus pensamientos girando como un remolino. ¿Podía confiar en ella después de esto? ¿Podía confiar en las otras dos chicas que ahora lo miraban con calma, como si esperaran su reacción?
Rias intervino, su voz serena pero cargada de autoridad.
—"Saito-kun, sé que esto es difícil de aceptar, pero no todos los demonios son como el renegado al que enfrentaste. Nosotros no somos tus enemigos."
Hideki desvió su mirada hacia Rias, su rostro endurecido por una mezcla de desconfianza y confusión.
—"Entonces, ¿qué quieren de mí?" —preguntó, su voz cargada de sospecha—. "¿Por qué me salvaron? No tiene sentido."
Rias dio un paso adelante con una elegancia natural, cruzando los brazos mientras lo observaba directamente a los ojos.
—"Eso," —dijo con una pequeña sonrisa—, "es algo que debes agradecerle a Koneko-chan. Ella fue quien te salvo la vida."
Hideki giró su mirada hacia Koneko, quien permanecía inmóvil, pero su expresión era más suave, casi vulnerable. Por un instante, el torbellino en su mente se detuvo. Había muchas preguntas sin responder, muchas dudas que todavía lo carcomían, pero en ese momento, una emoción logró imponerse sobre todas las demás: gratitud.
—"Koneko..." —murmuró, con una mirada que reflejaba tanto agradecimiento como desconcierto—. "Gracias."- su postura se relajo, y empezó a comprender mejor la situación, si ellos fuesen demonios como el de anoche ya estaría muerto. La adrenalina de su cuerpo se esfumo lentamente y se sentó en la cama, ahora sintiendo el dolor de sus heridas.
Koneko asintió levemente, sin apartar la mirada. Aunque no dijo nada, sus ojos hablaban por ella.
—"Si puedo preguntar, ¿qué es un demonio renegado?" —inquirió Hideki, con curiosidad evidente en su tono.
Rias asintió ligeramente antes de responder, su voz tranquila y didáctica.
—"Por supuesto," —comenzó—. "Un demonio renegado es un demonio que ha traicionado o se ha rebelado contra su Rey. Por lo general, esto sucede por dos razones: buscan obtener más poder de manera independiente o sienten que sus Reyes no los tratan adecuadamente. Sin embargo, al abandonar la protección y el control de su Rey, su poder demoníaco se descontrola. Esto provoca transformaciones grotescas, como la apariencia del demonio que enfrentaste ayer."
Hideki asintió lentamente mientras escuchaba, pero su confusión no desapareció por completo. Aunque agradecía la explicación, había detalles que no entendía del todo.
¿Qué significaba exactamente "Rey"?
¿Acaso cada demonio tenía su propio Rey?
Según recordaba de lo que Kaori le había explicado, el Rey Demonio Lucifer era quien gobernaba el inframundo. ¿Entonces había más de un Rey Demonio, aparte de los cuatro principales?
Entre más pensaba, más preguntas surgían en su mente, y la sensación de que le faltaba demasiada información sobre los demonios no hacía más que crecer.
Rias interrumpió sus pensamientos.
-"Se que tienes muchas preguntas Saito-kun, con el tiempo te podremos explicar todo, ¿esta de acuerdo?"- pregunto la hermosa pelirroja y Hideki asintió en repuesta puesto que la chica le transmitía confianza y tampoco detectaba mentiras en sus palabras.
Rias intercambió una mirada con Akeno antes de responder, su tono se volvió más serio.
—"Es sorprendente que hayas sobrevivido, Hideki. Para ser un humano, has demostrado una fortaleza impresionante. Pero ahora que estás aquí, hay muchas preguntas que necesitamos hacerte. ¿Cómo es que conoces el ki? ¿Y qué te llevó a enfrentarte solo a un demonio tan peligroso?"
Hideki guardó silencio por un momento, intentando reorganizar los fragmentos de lo que había sucedido. Recordaba su entrenamiento con Kaori y cómo le había permitido acceder a nuevas habilidades. Sin embargo, sabía que no estaba preparado para lo que había enfrentado. Su necesidad de actuar, su desesperación ante las desapariciones, lo había empujado a tomar riesgos que ahora parecían imprudentes.
—"No podía quedarme sin hacer nada," —dijo finalmente, con más firmeza en su voz—. "Sabía que las desapariciones estaban conectadas con algo sobrenatural, así que empecé a investigar. No podía permitir que más personas siguieran desapareciendo."
Rias lo escuchó con atención, su expresión reflejando una mezcla de comprensión y seriedad. Akeno, a su lado, mantenía una postura relajada pero alerta, siempre observando, siempre evaluando.
—"Es admirable que hayas querido ayudar," —dijo Rias, su tono suave pero firme—, "pero enfrentarte a un demonio de ese nivel sin la preparación adecuada es un acto imprudente, incluso para alguien con tus habilidades." Aunque Rias no conocía todos los detalles de las capacidades de Hideki, ella había presenciado como logro acorralar a un demonio renegado siendo solo un humano, lo que hablaba mucho de su potencial.
Hideki bajó la mirada, consciente de que sus acciones habían sido impulsadas más por desesperación que por un plan bien pensado. Sabía que Rias tenía razón.
—"Lo sé," —admitió con un suspiro—. "Pero... ¿qué más podía hacer? No podía simplemente ignorar lo que estaba sucediendo."
Rias asintió lentamente, como si comprendiera perfectamente ese impulso. Tras un breve silencio, Akeno intervino, su tono calmado pero intrigante.
—"Es interesante que conozcas el Ki," —comentó Akeno, una sonrisa enigmática en sus labios—. "Eso no es algo común entre los humanos. ¿Quién te lo enseñó?"
Hideki vaciló. Miró de reojo a Koneko, la única persona en la sala con la que tenía un vínculo real. Ella era su amiga, pero no podía simplemente soltar esa información a la ligera. Apretando los dientes, intentó mantener la compostura.
—"De nadie... lo he aprendido por mi cuenta," —mintió con el máximo esfuerzo, aunque sabía que mentir nunca había sido su fuerte. Sin embargo, el dolor de sus heridas y su postura debilitada ayudaron a que su respuesta sonara creíble, o al menos eso creía.
Rias lo observó detenidamente por un momento, claramente no convencida por su respuesta, pero también consciente de que presionarlo ahora no era la mejor opción. Akeno, por su parte, mantenía su sonrisa enigmática, como si estuviera disfrutando del pequeño misterio que representaba Hideki.
—"Muy bien," —dijo Rias finalmente, dejando pasar la mentira por el momento—, "no te forzaré a decir más de lo que quieras. Sin embargo, lo que has hecho no es algo que debamos tomar a la ligera. Aprender a usar Ki requiere un nivel de control que no cualquiera puede desarrollar por sí solo, y aunque no quieras decirnos cómo lo lograste, está claro que tienes un talento inusual."
Hideki se mantuvo en silencio, agradeciendo que no lo presionaran más. Sentía que no era el momento de revelar todo, especialmente no con tantas preguntas en su cabeza sobre su propio futuro en este nuevo mundo.
Akeno dio un paso al frente, con una sonrisa juguetona en los labios mientras sus ojos oscuros recorrían con detalle el cuerpo vendado de Hideki.
—"Ara ara, Saito-kun," —murmuró en un tono seductor ahora llamandolo por su nombre, cosa que Koneko noto; inclinándose ligeramente hacia él, lo justo para acortar la distancia entre ambos—. "Tienes una suerte increíble de haber sobrevivido a un encuentro tan peligroso." Su voz era suave, pero cargada de insinuación, mientras sus dedos jugueteaban tocaban su pectoral bien trabajado—. "Pocos humanos, si acaso, pueden enfrentarse a un demonio renegado... y vivir para contarlo."
Hizo una pausa, sus ojos brillando con curiosidad e interés mientras lo miraba fijamente, como si viera algo más profundo en él.
—"Eso te hace... muy especial," —añadió, permitiendo que sus palabras flotaran en el aire, dejándolas caer con una mezcla de admiración y un toque de provocación.
Akeno se inclinó aún más cerca de Hideki, su sonrisa coqueta permanecía intacta mientras continuaba observándolo con una mezcla de admiración y seducción. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, un suave pero notable "hmph" interrumpió el momento.
Koneko, que había estado observando la escena en silencio, frunció el ceño, claramente molesta por la cercanía de Akeno con Hideki. Con los brazos cruzados y las orejas levemente moviéndose, su expresión fría se acentuó aún más, mostrando una pizca de irritación.
—"No deberías estar molestando a Hideki-senpai," —murmuró Koneko en un tono bajo pero claramente audible, su mirada fija en Akeno mientras daba un paso adelante, colocándose más cerca de Hideki, como si intentara protegerlo de las insinuaciones de la sacerdotisa del rayo.
Akeno, lejos de sentirse intimidada, simplemente sonrió con más diversión, mientras se enderezaba lentamente, lanzándole una mirada juguetona a Koneko.
—"Oh, Koneko-chan, solo estaba siendo amable. No tienes por qué ponerte tan celosa," —comentó Akeno en un tono juguetón, inclinándose ligeramente hacia Hideki mientras su voz adquiría un matiz más dulce. Sus ojos brillaban con un toque travieso, claramente disfrutando de la situación.
Koneko, con su usual semblante serio, no se dejó intimidar. Mantuvo su mirada fija en Akeno, pero una leve rigidez en sus hombros delataba su incomodidad. —"No estoy celosa," —respondió en tono seco, aunque la ligera tensión en su voz traicionaba sus verdaderos sentimientos.
Hideki, atrapado en medio de la interacción, sintió cómo el calor subía rápidamente a su rostro. —"E-Eh..." —balbuceó, mirando de un lado a otro sin saber qué hacer. La forma en que Akeno se había acercado, combinada con su tono coqueto, lo descolocaba completamente. Su mente se llenaba de pensamientos confusos mientras trataba de entender si había algún significado oculto en lo que ella hacía o si solo estaba jugando con él.
Akeno, sin perder oportunidad, notó el rubor en las mejillas de Hideki y se inclinó un poco más, sus ojos fijos en los suyos. —"Vaya, Saito-kun... parece que te pones nervioso muy fácilmente. ¿Será porque te hago sentir especial?" —preguntó, su tono suave y provocador.
—"¡N-no es eso!" —se apresuró a responder Hideki, llevándose la mano detrás de la cabeza mientras intentaba disimular su vergüenza. Sentía que su corazón latía a mil por hora, y, por un instante, desvió la mirada al suelo, como si eso pudiera ayudar a calmarse.
Rias observaba la escena con un suspiro, ya acostumbrada a las travesuras de Akeno. Sabía que su reina disfrutaba molestando a Koneko, pero también notaba que Akeno había desarrollado un curioso interés en Hideki, algo que no podía ignorar. Aunque le preocupaba el estado del chico, decidió intervenir para que la situación no se le escapara de las manos.
—"Por ahora, lo más importante es que te concentres en recuperarte, Hideki Saito," —dijo Rias en un tono más suave, pero firme. Se acercó a él, interponiéndose sutilmente entre Akeno y Hideki, dándole al chico un respiro. —"Las respuestas vendrán después. No estás solo en esto. Si vas a seguir involucrado en lo que ocurre en Kuoh, necesitarás nuestra ayuda... y, quizás, nosotros también podamos beneficiarnos de tus habilidades."
Akeno, con una sonrisa que aún conservaba un dejo de travesura, se volvió hacia Rias. —"De todas maneras, Hideki, no olvides que aquí siempre hay alguien dispuesto a ayudarte," —añadió con un guiño.
Hideki, aún algo avergonzado y con la cara completamente roja, asintió lentamente, sin estar del todo seguro de lo que Rias implicaba. Lo único que tenía claro era que no entendía a Akeno, ni cómo lidiar con ese tipo de situaciones. Lo único que quería en ese momento era que la conversación se desviara hacia algo más tranquilo, para poder recuperar la compostura.
Koneko se acercó un poco más a la cama donde estaba Hideki, mirándolo con una mezcla de preocupación y algo que parecía desaprobación.
—"No te lances al peligro sin pensar," —dijo en su tono característico, directo pero con un matiz suave—. "No puedes proteger a nadie si mueres."
Hideki esbozó una pequeña sonrisa ante la franqueza de Koneko. Sabía que tenía razón, y esa simple advertencia lo hizo sentir una calidez inesperada. No estaba solo, y aunque el camino por delante sería difícil, tenía personas a su alrededor que, de alguna forma, se preocupaban por él.
—"Lo tendré en cuenta," —respondió Hideki, haciendo un esfuerzo por mostrar su gratitud—. "Gracias."
Rias hizo un gesto con la mano, como dando por concluida la conversación.
—"Descansa," —le dijo—, "te ayudaremos a que te recuperes por completo, y cuando estés listo, hablaremos de lo que vendrá después. Pero por ahora, Hideki, has demostrado que no eres un simple humano. Hay mucho potencial en ti, y será interesante ver hasta dónde puedes llegar."- Con eso dicho Hideki se volvio a recostar en la cama.
Con esas palabras, Rias se giró para salir de la habitación, seguida de Akeno, quien le lanzó una última sonrisa antes de desaparecer tras la puerta. Koneko, por su parte, se quedó un momento más, observándolo en silencio.
Mientras el silencio llenaba la sala del Club del Ocultismo, Hideki intentó levantarse nuevamente no le gustaba esa sensacion de debilidad que sentia al estar tanto tiempo en la cama, pero el dolor lo atravesó como un rayo. Las vendas que cubrían su cuerpo se tensaron, recordándole las heridas que había sufrido. Se apoyó en los codos, respirando con dificultad, mientras su mente volvía a la pelea. Había dado todo lo que tenía, había usado cada gota de ki que podía reunir, pero aun así... no había sido suficiente. Si no hubiera sido por Koneko y los demás, probablemente estaría muerto.
El entrenamiento con Kaori Nishimiya le había enseñado a controlar el Ki, a canalizarlo de formas que nunca antes habría imaginado posibles. Pero en ese momento, todo ese esfuerzo, toda esa determinación... no había sido suficiente para vencer a ese demonio renegado. Lo había sentido en cada golpe que intercambiaron, como si el monstruo estuviera a varios niveles por encima de él, incluso cuando su cuerpo ya estaba al borde de colapsar.
Hideki se dejó caer de nuevo en la cama, mirando al techo con una mezcla de frustración y agotamiento. El peso de sus pensamientos parecía tan aplastante como el dolor en su cuerpo.
—"¿De qué ha servido todo esto...?" —murmuró para sí mismo, su voz cargada de impotencia.
Koneko, quien había permanecido a su lado, levantó una oreja al escuchar sus palabras. Se inclinó hacia él, mirándolo con preocupación.
—"Senpai, te estás recuperando," —dijo Koneko suavemente— "No te exijas tanto. Estabas solo contra algo muy poderoso."
Hideki giró la cabeza hacia ella, y aunque la apreció, no pudo evitar la sensación de fracaso que lo invadía.
—"Entrené tan duro..." —su voz era un susurro lleno de frustración— "Pensé que podía manejar lo que fuera. Pero ese demonio... me superó por completo. Si no hubiera sido por ustedes, Koneko, estaría muerto ahora mismo."
Koneko lo miró en silencio por un momento, su habitual expresión fría y calmada suavizándose.
—"Tú solo no podías derrotarlo, pero eso no significa que fallaste," —dijo ella con una seguridad que le sorprendió— "Hiciste lo que pudiste. Nos diste tiempo para llegar. Eres fuerte, Hideki-senpai. Pero también debes aprender a no pelear solo."
Las palabras de Koneko lo impactaron más de lo que había anticipado. Hideki no estaba acostumbrado a apoyarse en los demás, especialmente después de todo lo que había vivido en su propio mundo. La idea de confiar en alguien más, de no tener que cargar con todo el peso solo, le resultaba difícil de aceptar. Pero... ¿realmente siempre había estado solo?
Intentó recordar una ocasión en la que hubiera enfrentado un desafío sin ayuda, algún momento en el que hubiera derrotado a un villano por sus propios medios. Pero no encontró ninguno. A lo largo de su vida, sin importar el mundo en el que estuviera, siempre había contado con el apoyo de otros. Y eso... ¿estaba mal?
Siempre había sido consciente de sus limitaciones. Mientras que sus compañeros poseían habilidades extraordinarias, él sabía que muchos de ellos eventualmente serían tan fuertes que podrían enfrentar amenazas sin necesitar a nadie. ¿Pero él? Hideki estaba restringido por sus capacidades físicas, y aunque las compensaba con tecnología avanzada y estrategias ingeniosas, siempre había sentido que debía luchar más duro para estar a la altura.
Se quedó en silencio, dejando que las palabras de Koneko calaran profundamente. Reconocer que siempre había necesitado ayuda no era fácil, pero había algo en su tono, en su mirada, que lo hizo replantearse su perspectiva. Dependencia no era lo mismo que debilidad; era una realidad que había tratado de rechazar.
Mientras reflexionaba, una memoria le llegó a la mente. Recordó las palabras de Vital Strike, el héroe que una vez le había dicho: "No tienes que ser un héroe solitario para lograr grandes cosas; a menudo, los mejores logros son el resultado del trabajo en equipo." Esas palabras resonaban ahora con una claridad renovada. Aceptar que no tenía que hacerlo todo solo no era una derrota, sino una forma diferente de ser fuerte.
Hideki se quedó absorto en sus pensamientos, asimilando la realidad que acababa de descubrir. Nunca antes se había dado cuenta de que siempre había dependido de otros para superar los desafíos más grandes. En su mente, recordaba todas las batallas que había enfrentado, cada victoria y cada derrota, y en cada una de ellas había habido una mano amiga, un aliado, o una forma de apoyo que le había permitido seguir adelante.
A pesar de su entrenamiento exhaustivo y su constante lucha por demostrar que podía ser un héroe por sus propios méritos, se dio cuenta de que nunca había logrado enfrentar los retos más formidables por sí mismo. Siempre había habido alguien más a su lado, ya fuera en el campo de batalla o en la estrategia detrás de escena. La noción de ser completamente autosuficiente había sido una ilusión, un ideal que había buscado alcanzar pero que nunca había logrado en realidad.
La revelación era desconcertante. Se había aferrado tanto a la idea de ser fuerte y autosuficiente que había ignorado el valor real de la colaboración y el apoyo mutuo. La dependencia de otros, lejos de ser un signo de debilidad, parecía ser una parte fundamental de su propia fortaleza.
Hideki se preguntaba por qué no se había dado cuenta antes. Quizás había estado tan enfocado en superar sus propias limitaciones y en demostrar su valía que había ignorado el hecho simple pero profundo de que incluso los héroes más grandes necesitan ayuda en algún momento. La idea de que siempre había dependido de otros para salir adelante no era una desventaja, sino una verdad que formaba parte de su realidad.
En su corazón, Hideki comenzó a aceptar que no había nada de malo en reconocer que necesitaba ayuda. De hecho, podía ser una fuerza que lo uniera más con quienes le rodeaban. La comprensión de que no tenía que cargar con todo el peso solo le brindó una nueva perspectiva sobre su propio papel y el de sus amigos en su vida.
La aceptación de esta verdad era el primer paso para entender que la verdadera fortaleza no radicaba en la autosuficiencia absoluta, sino en saber cuándo pedir ayuda y en cómo trabajar juntos para superar los desafíos. Y con esa comprensión, Hideki sintió que podría seguir adelante con una renovada confianza y un sentido de conexión más profundo con aquellos que le habían ofrecido su apoyo.
—"No es solo eso..." —después de reflexionar un poco Hideki respondió, su tono más suave— "Es que... sigo siendo solo un humano. Y siento que... por más que entrene, por más que me esfuerce... nunca podré estar al nivel de lo que enfrentamos aquí."
Koneko se acercó un poco más, apoyando su mano en el borde de la cama.
—"Eso no es cierto," —respondió con firmeza— "Eres un humano, sí, pero eso no te hace más débil. Has demostrado que puedes resistir, que puedes luchar. Eres más fuerte de lo que crees, Hideki-senpai."
Hideki la miró, notando la sinceridad en sus palabras. Sabía que había verdad en lo que decía, pero la sensación de debilidad y vulnerabilidad seguía arraigada en él. Había entrenado tanto, había hecho tanto esfuerzo, y aun así sentía que no era suficiente.
—"Gracias, Koneko..." —murmuró finalmente, aunque en el fondo, la duda aún lo consumía— "Pero necesito ser más fuerte. Si no, no podré proteger a nadie."
Koneko lo miró con una expresión decidida, y su voz, aunque suave, estaba cargada de convicción.
—"Lo serás," —dijo— "Y no estarás solo en eso."
Habían pasado varias horas desde que lo dejaron solo, y Hideki se encontraba descansando mientras el Club del Ocultismo continuaba con sus actividades diarias. Aprovechando un momento de calma, decidió llamar a la familia Nishimiya. Aunque no era algo que quisiera hacer, sentía la obligación de informarles sobre lo ocurrido. Con voz tranquila, pero firme, les explicó lo sucedido, asegurándoles que estaba bien y que una amiga lo estaba cuidando. También les mencionó que volvería a casa por la noche, una vez que sus heridas hubieran mejorado.
Al final del día, Rias y los demás regresaron al club con la intención de darle a Hideki una explicación más detallada del mundo en el que, se había involucrado al enfrentarse al demonio renegado.
—"Buenas tardes, Hideki Saito-san. Espero que te sientas mejor" —saludó Rias con su tono habitual, formal y sereno. Mientras entraba a la sala del club junto a los demas.
—"Ah, hola, Gremory-san" —respondió Hideki, sonriendo mientras se acomodaba en la cama, incorporándose para sentarse.
—"No tienes por qué ser tan formal, Saito-kun. Puedes llamarme solo Rias" —le dijo ella con amabilidad en la voz, irradiando confianza y buscando que Hideki se sintiera más a gusto.
Hideki asintió y devolvió el gesto con una sonrisa amigable.
—"En ese caso, Rias-san, pueden llamarme solo Hideki" —añadió, usando el sufijo "san" como muestra de respeto.
—"De acuerdo, Hideki-kun" —Rias aceptó con una sonrisa, manteniendo el ambiente relajado antes de continuar—. "Creo que lo primero que debemos hacer ahora es presentarnos adecuadamente."
Rias hizo una breve pausa, dándole a la introducción un toque de solemnidad antes de continuar.
—"Mi nombre es Rias Gremory, heredera de la familia Gremory, uno de los 72 pilares del inframundo. Y ellos son los miembros de mi clan, como podrás deducir todos somos demonios."- con eso dicho todo en el club sacaron sus alas de demonio, sorprendiendo a Hideki, que aunque ya había deducido que eran demonios porque era capaz de sentir sus presencias por medio del ki.
Tras su presentación, dio paso a sus compañeros para que se presentaran también, cada uno mostrando su respeto hacia Hideki mientras él los observaba con una mezcla de curiosidad e interés.
Kiba fue el primero en dar un paso adelante, ofreciendo a Hideki una sonrisa amable y cortés.
—"Un placer conocerte, Hideki-kun. Mi nombre es Yuuto Kiba" —dijo con una ligera inclinación de cabeza—. "Soy el caballero de Rias-buchou. Espero que podamos llevarnos bien."
Hideki asintió con una sonrisa, apreciando la calma y caballerosidad de Kiba.
—"Hideki-senpai, ya nos conocíamos..." —murmuró Koneko con su tono tranquilo, acercándose un poco a Hideki —. "No me imaginé que algún día descubrirías esta parte de mi vida."
Hideki sonrió al ver a Koneko, entendiendo ahora por qué ella parecía tan reservada.
—"Koneko-chan, sí que sabes guardar secretos..." —bromeó, lo cual hizo que ella desviara la mirada, mostrando una leve sonrisa.
Justo en ese momento, una voz suave pero notablemente encantadora interrumpió el breve momento entre ellos. La chica de largo cabello negro, ojos violetas y una sonrisa insinuante se acercó con elegancia.
—"Yo soy Akeno Himejima," —dijo, inclinándose levemente hacia él mientras lo miraba intensamente—. "La Reina del clan Gremory. Es un placer conocerte, Hideki-kun... espero que en el futuro podamos trabajar... muy de cerca."
El tono seductor de Akeno hizo que Hideki se tensara ligeramente, aun sorprendido por su confianza, el chico no pudo evitar avergonzarse un poco, no estaba acostumbrado a ese tipo y tono hacia su persona, pues en su mundo nadie lo tomaba en cuenta.
Koneko que noto la reacción de Hideki hacia el tono y palabras de Akeno, mascullo un casi inaudible "Hmph" pues a su parecer todos los hombres caían ante los encantos de hermosa chica de pelo negro.
Luego, un chico de cabello castaño se acercó con entusiasmo, casi como si la formalidad de la situación no pudiera contener su energía.
—"Y yo soy Issei Hyoudou," —interrumpió con un tono relajado y amistoso—. "Supongo que soy el miembro más nuevo, así que cualquier pregunta rara que tengas, ¡seguro que yo también la estoy pensando!"- Issei pareció olvidar por completo que Hideki era uno de los chicos mas populares de la academia y se presento con un tono animado, aparte de eso estaba realmente impresionado por la pelea que había tenido Hideki contra el demonio renegado incluso si no había logrado ganarle.
Hideki soltó una risa ligera ante el comentario de Issei, y con todos los presentes habiendo hecho sus presentaciones, sintió que era su turno.
-"Bueno supongo que es mi turno, jejeje."- Hideki dijo mientras se intentaba poner de pie para presentarse correctamente, con un pequeño gemido de dolor y ayuda de Koneko logro su propósito y dio una pequeña reverencia. -"Un placer conocerlos, soy Hideki Saito, y solo soy un humano normal"- Su voz estaba llena de modestia, y resignación, no importaba el mundo en que estuviera él siempre seria alguien normal en comparación a quien lo rodea.
Los demonios dieron una sonrisa al notar la humildad con la que hablaba Hideki, quien a pesar de haber logrado algo prácticamente imposible para un humano, no se jactaba de ello e incluso se seguía considerando un humano normal cuando ya había pasado esa barrera.
Con las presentaciones terminadas Rias entonces comenzó la explicación de manera directa. Rias expuso de manera superficial la existencia de ángeles y ángeles caídos, así como los detalles básicos sobre la Gran Guerra que había dividido a las tres facciones y también le hablo sobre los poseedores de Sacred Gears, que eran humanos que por azares del destino nacían con estas habilidades. Hideki escuchaba atentamente, procesando la nueva información, consciente de que estaba entrando en un mundo mucho más complejo y peligroso de lo que había imaginado.
Después de la explicación superficial de Rias sobre los ángeles, demonios y la Gran Guerra, Hideki simplemente asintió, aceptando los nuevos datos, pero sin caer en la desesperación que sus palabras podrían haber generado en otra persona. Aunque sabía que no tenía poderes sobrenaturales, la realidad de su situación estaba comenzando a asentarse de manera diferente en su mente. No era su estilo lamentarse ni quedarse atrapado en preguntas sin salida.
Al terminar la reunión, Rias observó a Hideki, intentando leer sus emociones. Sin embargo, la calma en su rostro era casi desconcertante. No había rastro de miedo o de confusión, al menos no en la superficie.
—"Si necesitas algo más, solo dilo," —añadió Rias con un tono suave.
Hideki solo asintió, aunque en su interior, sabía que lo que realmente necesitaba era tiempo. Tiempo para adaptarse y para encontrar una forma de volverse más fuerte en este nuevo y extraño mundo.
De camino hacia la salida del club, Koneko lo alcanzó y caminó a su lado en silencio, una señal de apoyo silencioso que Hideki apreció más de lo que podría admitir. Aunque sus cuerpos estaban llenos de cicatrices de la batalla reciente, había algo reconfortante en la compañía de alguien que había estado ahí, que comprendía los desafíos y las cargas que enfrentaban.
Rias observaba en silencio cómo Hideki se alejaba junto a Koneko. Su semblante mostraba la misma calma habitual, pero en su interior estaba evaluando todo lo que había sucedido. Sabía que Hideki había demostrado una fuerza considerable, a pesar de ser un humano ordinario en este mundo. Sin embargo, su propia naturaleza práctica la obligaba a pensar en el futuro.
Una vez que Koneko dejó a Hideki en su casa, regresó al club del Ocultismo. Se acercó a su ama, con una expresión que mezclaba curiosidad y cierta tensión. El ambiente en la sala era tranquilo, pero cargado de expectación. Fue Kiba quien rompió el silencio.
—"Rias-buchou," —dijo con su habitual tono calmado— "¿Has considerado la posibilidad de reencarnar a Hideki como demonio?"
Las palabras de Kiba provocaron una tensión inmediata en la habitación. Rias sintió cómo el aire se volvía más denso, mientras Issei, claramente inquieto, avanzaba un paso, con la preocupación escrita en su rostro. A pesar de no conocer bien a Hideki, y de que en más de una ocasión le había molestado cómo llamaba la atención de las chicas de la academia, Issei no podía ignorar lo que había presenciado. Ver a Hideki pelear de esa manera le había hecho ganarse su respeto.
Rias exhaló con calma antes de hablar, mirando a cada uno de los presentes.
—"Es una decisión difícil," —comenzó, con un tono firme pero pensativo— "Hideki ha demostrado ser fuerte, eso está claro. Pero... no creo que esté preparado para un cambio tan drástico. Y además, no estoy segura de que él lo aceptaría."- Rias omitía apropósito el hecho de que a pesar de las increíbles habilidades de Hideki como humano, para ella realmente no habría un beneficio en unirlo a su clan sin una habilidad extraordinaria como lo podría ser un Sacred Gear, además de que a pesar del poco tiempo que hablo con él había entendido un poco su forma de ser.
Issei frunció el ceño, confundido.
—"¿Pero por qué no? Es fuerte, y si lo reencarnas, podría ser incluso más fuerte. Sería una ventaja para nosotros, ¿no?"
Rias sonrió ligeramente ante la impaciencia de Issei.
—"No es tan simple, Issei. Hideki no es el tipo de persona que busca poder por el poder mismo. Lo que más lo define es su determinación como humano. Reencarnarlo sin su consentimiento o sin que él esté listo podría destruir lo que lo hace especial."- Rias le explico a Issei tomando en cuenta lo que había podido entender de la forma de ser de Hideki.
El silencio se hizo más profundo tras las palabras de Rias. Todos en la habitación sabían que la reencarnación en demonio no era algo que se tomara a la ligera. Koneko bajó un poco la mirada, pero sus ojos se mantenían serios, claramente reflexionando sobre lo que Rias había dicho.
—"¿Y si su vida está en peligro otra vez?" —preguntó Issei, finalmente rompiendo el silencio—. "No sé mucho de él, pero... si vuelve a enfrentarse a algo como ese demonio, siendo solo humano, ¿qué posibilidades tiene?"
Rias lo observó, sabiendo que Issei, a pesar de su naturaleza despreocupada, tenía un punto válido. Si Hideki continuaba involucrándose en asuntos sobrenaturales, su vulnerabilidad como humano era un riesgo constante. Aun así, reencarnarlo no era una decisión que pudiera tomarse solo por temor.
—"Es cierto," —respondió Rias, sus ojos fijándose en Issei— "pero el poder no lo es todo. Convertirlo en un demonio cambiaría su vida para siempre. Y no podemos decidir algo así por él, solo porque nos preocupe su seguridad."
Koneko, que hasta ahora había permanecido callada, intervino suavemente:
—"Él quiere ser fuerte por su propio esfuerzo... No creo que acepte ser reencarnado. Prefiere seguir siendo humano."
Rias miró a Koneko, reconociendo la verdad en sus palabras. Hideki era un guerrero que había construido su fortaleza a partir de sus propias limitaciones. Forzar un cambio de naturaleza no solo podría ser un insulto a ese esfuerzo, sino que tal vez lo haría rechazar lo que le ofrecieran.
—"Exactamente," —dijo Rias finalmente— "No voy a hacerle esa oferta... al menos no por ahora. Hideki necesita encontrar su propio camino aquí, y veremos hacia dónde lo lleva. Si alguna vez llega a un punto en que desee tomar esa decisión, entonces hablaremos de ello."
Los tres se quedaron en silencio, considerando las palabras de Rias. Aunque no lo dijeron en voz alta, todos sentían un profundo respeto por Hideki. Sabían que, sin importar qué decisión tomara en el futuro, su determinación y valentía eran cualidades que admiraban, demonio o no.
Finalmente, Rias se puso de pie, rompiendo la tensión en la sala.
—"Ahora, hay mucho trabajo por hacer. Hideki aún no ha visto todo lo que el mundo sobrenatural puede ofrecer, y nosotros tenemos la tarea de asegurarnos de que esté preparado para lo que venga."
Koneko, distraída por algo en la esquina de la sala, desvió la mirada. Un destello de color azul llamó su atención. En un rincón, olvidado por todos, estaba el traje de héroe de Hideki, colgado descuidadamente. Algunas partes estaban visiblemente dañadas, con cortes y rasgaduras que hablaban de la intensa pelea que había enfrentado el día anterior. A pesar del desgaste, el traje parecía mantener su firmeza, como un reflejo de la determinación de su dueño.
Koneko frunció levemente el ceño, preguntándose cuánto más podría soportar ese traje antes de ceder bajo el peso de las batallas que se avecinaban. Se acercó lentamente y, con un toque suave, acarició el material desgastado, notando el esfuerzo y el sacrificio que representaba. Aunque no lo diría en voz alta, admiraba la tenacidad de Hideki. No tenía poderes sobrenaturales, pero su voluntad y coraje eran dignos de cualquier guerrero.
Algo en el aire le decía que, al igual que el traje, Hideki también necesitaba repararse. Koneko se apartó y volvió a su lugar, pensando en las batallas que aún les esperaban y en la inquebrantable determinación del chico sin poderes.
Rias notó el interés de Koneko y se acercó lentamente, cruzando los brazos.
—"Su traje quedó bastante dañado," —comentó Rias— "tendrá que repararlo."
Koneko siguió mirando el traje en silencio, antes de hablar con voz tranquila, casi titubeante, lo que era raro en ella.
—"Rias-buchou... podrías arreglarlo, ¿verdad?" —dijo, evitando mirarla directamente— "No es solo un traje para él. Es lo único que tiene para luchar contra los que son más fuertes."
Rias la miró con curiosidad, sin interrumpirla. Era raro que Koneko hiciera peticiones de este tipo, y menos con esa voz casi tímida.
—"No quiero que lo dejes con algo tan débil," —agregó Koneko, esta vez sonando un poco más seria, pero aún con ese toque de preocupación oculta— "Si lo arreglas... tal vez podrías hacerlo más fuerte. No sé, añadirle algo más. Solo... para que no se lastime tanto."
Rias arqueó una ceja. Koneko rara vez mostraba interés en las cosas materiales o en lo que otros llevaban, pero esto no era solo por el traje. Había algo más detrás de su petición, una preocupación que Rias no había visto antes.
—"¿Estás preocupada por él?" —preguntó Rias, con una pequeña sonrisa.
Koneko bajó la mirada, algo incómoda.
—"No quiero que termine malherido," —murmuró— "él sigue siendo... un humano."
Rias asintió, comprendiendo la preocupación de su compañera.
—"Entiendo," —dijo Rias suavemente— "Haré que Akeno y yo trabajemos en el traje. Le daremos algunas mejoras mágicas, algo que lo proteja mejor la próxima vez."
Koneko asintió levemente, sin decir nada más, pero había una sensación de alivio en su expresión. Rias la observó por un momento antes de agregar:
—"No te preocupes, Koneko. Nos aseguraremos de que Hideki esté listo para lo que venga. No dejaremos que lo enfrente sin la protección adecuada."
Koneko solo asintió de nuevo, sus ojos volviendo al traje. Aunque no lo dijera en voz alta, no quería ver a Hideki seguir luchando solo, vulnerable. Era un egoísmo silencioso, pero era el tipo de egoísmo que nacía de la preocupación por alguien más.
Cuando Hideki regresó al restaurante Nishimiya, fue recibido por un cálido y tierno abrazo de Kaori, la matriarca de la familia. Ella lo envolvió en un abrazo tan apretado que casi le quitó el aliento, su rostro reflejaba una mezcla de alivio y cariño.
—"¡Oh, Hideki-kun, me alegra tanto verte bien!" —dijo Kaori, su voz cargada de emoción—. "¡No puedo creer que te atreviste a enfrentarte a un demonio renegado sin siquiera decirnos nada!"
Pero tan pronto como el abrazo terminó, Kaori lo soltó bruscamente y le dio un fuerte golpe en la cabeza, dejándolo atónito.
—"¡¿Qué estabas pensando?! ¡Enfrentarte a un demonio renegado sin siquiera avisarnos!" —exclamó Kaori, su tono de regaño se mezclaba con la preocupación—. "¡¿Estás loco o qué?! ¿Cómo se te ocurre hacer algo así sin decirnos nada? ¡Deberías saber que en nuestra casa tenemos una política de 'antes de luchar contra demonios, avísanos primero!'"
Hideki, frotándose la cabeza dolorida, trató de defenderse, pero termino arrodillado frente a la enojada mujer.
—"Lo siento, Kaori-san, fue una situación inesperada... no quería causar problemas."
Kaori lo miró con una mezcla de incredulidad, al tiempo que sacudía la cabeza.
—"¡Problemas! ¡Eso fue una catástrofe! ¿Y tú qué creías? ¿Que ibas a salir de ahí como si nada? ¿Acaso te crees un héroe de manga? ¡Por favor, no vuelvas a hacer algo así sin nuestra ayuda!"
En ese momento, Takeshi, el esposo de Kaori, salió de la cocina con un delantal aún puesto. Al ver a Hideki, su rostro se iluminó con una sonrisa amplia.
—"¡Ah, Hideki-kun, bienvenido de vuelta! Me alegra ver que estás a salvo."
Takeshi se acercó y le dio una palmadita amistosa en la espalda a Hideki, quien trató de no sonreír demasiado ante el regaño de Kaori.
Hiro, el hijo de la familia, también apareció corriendo desde el comedor. Miró a Hideki con una mezcla de admiración y preocupación.
—"¡Hideki-niichan! ¡¿Te has metido en problemas otra vez?!"
Kaori, viendo a Hiro unirse, sacudió la cabeza con una sonrisa exasperada pero cariñosa.
—"Y tú, Hiro, ¿qué haces aquí? ¡Deja que Hideki se acomode primero!"
Takeshi y Hiro se unieron a Kaori alrededor de Hideki, formando un círculo de atención. Kaori miró a Hideki con una expresión más suave al notar la sonrisa que se formaba en su rostro a pesar del regaño.
—"¿Y tú qué? ¿Te estás riendo de mí? ¿Crees que esto es una broma?" —preguntó Kaori, levantándole un poco el mentón con un dedo. Luego le dio un fuerte coscorrón en la frente, causando que Hideki se tambaleara un poco.
Hideki se rió, finalmente dejando escapar una sonrisa completa.
—"No, no es eso. Estoy feliz de que alguien se preocupe por mí. Hace mucho no sentía que alguien se preocupara así por mi."
Kaori lo miró con sorpresa, y luego sus ojos se suavizaron con ternura.
—"Ah, Hideki-kun... no es solo preocupación. Es que en nuestra casa, nos cuidamos unos a otros, incluso cuando nos ponemos un poco testarudos. Pero, por favor, la próxima vez, ¡al menos mándanos un mensaje antes de lanzarte a salvar el mundo!"
Takeshi asintió con una sonrisa comprensiva y le dio una palmadita en el hombro a Hideki.
—"No te preocupes, Hideki-kun. Kaori solo se preocupa mucho, pero también está feliz de verte bien."
Hiro, mirando a Hideki con una sonrisa, agregó.
—"¡Sí, Hideki-niichan! ¡La próxima vez, avísanos antes de meterte en problemas!"
Finalmente, Kaori suspiró y, con un tono más cálido, dijo:
—"En fin, estoy feliz de que estés bien. Pero la próxima vez, por favor, avísanos antes de lanzarte al peligro."
Hideki asintió, tratando de no reír mientras Kaori, Takeshi y Hiro lo guiaban hacia la mesa del restaurante. Aunque el regaño fue serio, la forma en que Kaori y su familia lo hicieron le daba un toque de calidez y familiaridad que le hacía sentir como en casa.
Fin espero les haya gustado
