Ahí estaba yo, libre de clases y sentada al borde del lago negro. Enfrascada en la lectura de la novela "Cenizas al viento" de Kathleen Woodiwiss, leía mientras escuchaba música de Queen en un walkman Sony.
No era buena haciendo amigos... Los pocos que tuve, los perdí hace años. No comprendían lo que era tener unos padres divorciados. Esas familias perfectas parecían tenerme lástima. Así que pasé a ser una chica solitaria desde mi segundo año. Varios dicen que estoy loca... Yo lo negaría y lucharía, pero ¿qué sentido tendría? Además, siendo premio anual, de vez en cuando me veía obligada a interactuar con los chicos de grados menores por lo que no estaba tan solitaria.
Una vez que acabé de leer los libros de la biblioteca, seguía con otros que mi padre me enviaba. Tras el divorcio, dejó el consultorio dental para empezar a trabajar en una editorial; así que algunas veces como pago recibía libros que él jamás leería, pero yo sí.
Es difícil decir si me gustaba o no la soledad. Los únicos novios que he tenido hasta ahora eran los chicos de mis libros, o algún cantante hermoso del que compraba montones de carteles que terminaban pegados en las paredes mi habitación muggle.
Esperaba con fervor acabar el año escolar para hacer mi vida. Podría empezar a trabajar rápido debido a mis excelentes notas. No volvería jamás a la casa de mi madre.
Sentí un golpe en el muslo y saqué la mirada del libro. Al observar, era un minino negro de ojos verdes— ¿Te perdiste? — El gato maulló en respuesta.
Le ofrecí mis galletas Walkers. Al instante tomó forma humana: era Pansy Parkinson.
— Qué galletas más deliciosas, Granger. ¿Tienes más?
Solo atiné a buscar dentro de mi mochila otro sobre de galletas y se lo ofrecí. Ella agradeció y se retiró. Continúe con mi lectura. Resultaba imposible concentrarse en mi libro después de lo que la Slytherin hizo. Debido a que no podía pensar en nada más que mis galletas perdidas, guardé mi libro y caminé en otra dirección.
Era mejor ir a visitar a Hagrid, seguro estaba solo. Iba concentrada en la música de mis audífonos, esta vez "Radio Ga Ga" de Queen. Soy consciente de que debía estar caminando como si bailase, por eso era un tanto extraña. Entonces ocurrió el segundo evento raro en mi día.
Blaise Zabini tropezó conmigo y el impacto me hizo caer. En lugar de pasar sin notarme, me ayudó a levantar.
— ¿Estás bien? — Preguntó.
Asentí con la cabeza, había leído sus labios, pues no lo escuchaba por la música en mis oídos. En cuanto llegué a la cabaña, ésta se incendiaba y Hagrid estaba tratando de hacer magia para apagarla.
— Hermione, llegas en un mal momento. ¿Te importaría...?
No tuvo que decir más, me retiré los audífonos y saqué la varita de mi mochila.
— Aguamenti... ¿Qué pasó?
— Estaba cocinando y cuando me di cuenta el fuego estaba sobre el techo.
— Creo que puedo ayudarte a repararlo — dije
— Serás de gran ayuda por supuesto.
Así que mientras ayudaba olvidé a los dos Slytherin. De hecho, olvidé todo. Hagrid era mi mejor amigo, casi un padre desde que ingresé a Hogwarts... Mi gran apoyo.
Al regresar a la hora de la cena, terminé relegada en una esquina de la mesa de mi casa, Ravenclaw. No hubo ningún anuncio. En realidad, no presté atención, ya que estuve concentrada en la lectura.
— Hermione — Alguien me llamó.
Alcé la cabeza para ver, era Nott.
— No te quedes, ya todos se fueron a la cama.
Entonces observé alrededor, los únicos que quedaban eran Parkinson, Zabini, Malfoy y él.
— ¡Merlín! — Sentía mis mejillas arder. — Pasó otra vez. Gracias por decirme.
Me apresuré a guardar mi novela, diablos.
— Buenas noches, Granger— Malfoy me dirigió la palabra en cuanto estuve a punto de atravesar la puerta del gran comedor.
Giré sobre mis talones. — Buenas noches a todos.
Prácticamente me escabullí hasta llegar a la sala común de Ravenclaw. Al llegar, la única que quedaba era Luna Lovegood.
— Hola — Saludó tan suave. — ¿otra vez te quedaste?
Luna era prima de Draco Malfoy, puedo decir que era una conocida, no amiga. Aún no.
Asentí, no hablaba mucho. Entonces vi mis cosas regadas en la sala común. — ¿Qué pasó?
— Lisa Turpin tiró tus pertenencias porque se enteró que otra vez la superaste con las notas. — Luna observó también el desastre — Terry y yo estuvimos cuidándolas.
Terry salió de su habitación en pijama al escuchar la charla
— ¡Se puso como una furia! Fue divertido, hasta que decidió que tú no dormirías en tu cama. ¿Quién diría que cambiaría tanto?
— Creo que es hora de usar por primera vez la torre de premios anuales— Dije con resignación, debido a que ese privilegio no es algo que deseara. — Gracias por proteger mis cosas.
Dicho eso llené todas mis pertenencias en mi baúl para trasladarlas a la torre.
Caminé lento por la sala común de la torre, apenas adivinando donde debía de pisar porque todo estaba a lóbrego, la chimenea estaba apagada, trataba de no hacer ruido alguno para no alertar de mi presencia al otro premio anual. Con la varita dirigía mi baúl así que no podía iluminar nada. Entonces tropecé con algo o alguien, es decir, caí sobre el pecho de alguien, gracias a la caída, no pude seguir usando la magia en mi baúl, por lo que escuché un golpe seco y luego un quejido.
— Creo que maté a alguien— Gemí asustada.
— Creo que lo noqueaste — Esa era la voz de Nott... ¿me encontraba sobre su pecho? — Pobre Draco.
Entonces se hizo la luz, era Pansy quien encendía las velas y candelabros.
— ¡Santa Madre de Merlín! ¡Lo siento! — Exclamé cuando vi a al desmayado mago. Me senté rápidamente y alcé el baúl con la magia.
Pansy se acercó a Draco para despertarlo.
— Has logrado lo que nadie en años — echó a reír Zabini.
— Lo siento, me echaron de mi cama en Ravenclaw... este es el único lugar que tengo para dormir — Me sentí avergonzada.
— ¡Hermione! — Escuché un grito en la entrada de la torre. Me asusté y lamentablemente el baúl volvió a caer sobre él.
Esta vez volví a alzar mi equipaje y lo alejé de Malfoy. — Lo siento, perdón.
— Hermione, olvidaste tus libros — era la suave voz de Luna.
Me puse en pie, y fui a abrirle. La dejé pasar, vio a su primo inconsciente y a los otros chicos regados en el piso. Blaise se doblaba de la risa, mientras Pansy daba bofetadas al rubio.
Theodore miraba fijamente a Luna. Era esa clase de embelesamiento que narraban mis novelas románticas.
— Golpeé accidentalmente a tu primo con mi baúl dos veces— Expliqué.
Ella asintió, dejó escapar una suave risita. — ¿Puedo ayudarte a ordenar tus cosas? Dejemos a los Slytherin con su campamento improvisado.
Entonces fue cuando noté que, en los sillones había una tienda de campaña. En la chimenea un par de malvaviscos a medio comer. Asentía su propuesta
— De acuerdo, vamos.
Dicho eso ambas nos excusamos y luego nos retiramos.
Mi habitación estaba llena de polvo y varias telarañas. Con varios Fregotego terminamos la limpieza. Mientras limpiábamos nos contamos las vicisitudes de nuestras vidas, me enteré que ella perdió a su mamá. Que creían que estaba loca (como yo), pero no le aburría que la molestaran porque le daba variedad a su vida.
Yo le conté lo que sucedió con mis padres, que Lisa fue mi primera amiga junto a Terry, pero se acabó cuando sucedió el divorcio. Primero consideraba que eso era de mal gusto, y el segundo empezó a juntarse con chicos y se acabó el trío.
Reímos cuando recordamos lo que le hice a Malfoy; me sentí menos avergonzada.
— Ha sido un gusto ayudarte y saber más de ti. — Me dijo y se paró de mi cama. — Creo que es hora de que me vaya. — Miré el reloj de mi mesilla marcaba la una de la mañana.
— No puedo dejar que te vayas, podrían sorprenderte y castigarte. — Negué con la cabeza— Con un accio podrías convocar tus cosas y quedarte aquí.
— No debería...
Volví a negar con la cabeza — Si Malfoy puede hacer su campamento, nosotras podemos estar aquí.
Mientras ella convocaba sus pertenencias, yo me dedicaba convertir algunas cosas en una cama, almohadas y sábanas. Por suerte mi habitación era lo suficiente extensa, usé un hechizo de amplificación para darnos un poco más de espacio.
— No entiendo por qué te evitan — Soltó Luna cuando ya tenía sus pertenencias. — Eres una buena chica.
— Soy rara: todo el día leyendo, con música en los oídos. Padres separados... la mayoría de magos son viudos, los divorcios no son aceptados por los magos conservadores. — Expliqué.
— Sigo sin entender. Bueno, ellos pierden una gran amistad contigo. — Luna sonrió de manera dulce.
Sí, ella era esa clase de personas reconfortantes que te dan deseos de abrazarlas como a un osito de felpa.
