Muy buen día hermosas! Espero que estén teniendo un magnífico jueves.
Gracias por continuar con la actualización, espero que este capítulo sea de su agrado. Les recuerdo que la historia NO es para menores de edad o para personas sensibles al tema adulto, es sin fines de lucro, simplemente por diversión.
GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.
DESTINO
CAPÍTULO 7
Habían pasado unos días cuando Anthony regresó al hospital para una revisión. Se había contenido bastante para no importunar a la rubia, no quería que ella creyera que la estaba acosando y mucho menos demostrar a Stear que realmente se había enamorado, le parecía imposible que tan solo hubiese bastado unos momentos para sentir esa impaciencia por volver a ver a alguien, sin embargo se había contenido de hacerlo porque sabía que era verdad lo que su primo sentenciaba.
-Buen día joven Ardlay. – Saludó Katherine con una linda sonrisa a Anthony, ella lo había recordado muy bien de días antes, sobre todo porque lo asociaba con el guapo chico de anteojos que había llegado con él esa mañana. - ¿Viene usted solo? – Preguntó la joven con cierta audacia, estirando su cuello para buscar con la mirada al guapo inventor. Anthony sonrió al recordar que Stear se sentía hostigado por la joven.
-Hoy si señorita…, siento decirle que mis primos tenían asuntos que atender. – Respondió el rubio con tranquilidad. Katherine sonrió cuando escuchó que mencionaba a sus primos, a ella le interesaba solo uno, sin embargo no quería ser muy obvia con sus intenciones.
-¿Asuntos con sus prometidas? – Preguntó delatándose sin darse cuenta. Anthony comprendió que había hablado sin pensar al ver que sus mejillas se pusieron de color rojo.
-Asuntos de trabajo. – Respondió Anthony sin atreverse a descubrir a Stear, sabía que si tenían la oportunidad de volver a verse él se encargaría de hacerlo sin dudarlo. Katherine volvió a sonreír.
-¿Cómo se ha sentido? – Preguntó la joven recepcionista una vez que recordó que Anthony iba por atención médica.
-De maravilla, solo vengo a revisión. – Respondió Anthony con su maravillosa sonrisa.
-¿Quiere que le diga a Candy que lo revise? – Preguntó con travesura, ella recordaba perfectamente que Anthony se había mostrado muy interesado en la enfermera. El rostro de Anthony no pudo no evidenciar la felicidad que sentía en ese momento por volver a verla, su emoción era evidente y su sonrisa lo delataba, sin embargo no quería que Candy creyera que él era igual de exigente que Neal y que exigía que ella lo atendiera.
-No quiero que deje sus deberes solo por atenderme a mí. – Dijo Anthony ignorando que la jefa de enfermeras Ruth, le daba las peores tareas a la enfermera.
-No creo que se moleste, además el otro día me preguntó si había usted venido a revisión. – Dijo Katherine acercándose a Anthony un poco más. La sonrisa de Anthony se ensanchó en su rostro al escuchar aquellas palabras, sus ojos brillaron con intensidad y Katherine comprobó lo que había sospechado.
-¿De verdad? – Preguntó Anthony con emoción, cual niño pequeño que se ilusiona cuando le prometen algo. Katherine asintió con sinceridad y ella misma se dirigió nuevamente hasta el lugar en el que sabía estaría Candy trabajando.
Anthony pasó al consultorio en el que lo habían recibido la última vez, esto por instrucciones de la misma Katherine, quien sabía que los pacientes de apellido importante tenían un lugar especial para atenderlos.
Se sentó en el mismo lugar de la última vez y con la emoción de un chiquillo observó el lugar, en ese momento le parecía el lugar más hermoso del mundo. Sonrió con ilusión al recordar que Katherine le había dicho que Candy había preguntado por él.
-Tranquilo Anthony, ella es muy profesional, tal vez preguntó porque está preocupada por la evolución de tu brazo. – Se dijo él mismo para poner sus pies sobre la tierra, no quería ilusionarse de esa manera tan repentina que le estaba dictando su corazón.
Katherine de nueva cuenta fue a buscar a Candy hasta la bodega, sabía bien que la rubia solía estar encerrada en ese lugar haciendo inventario casi a diario solo por indicaciones de Ruth.
-Candy… - Dijo en voz baja, como cuidándose que nadie más se diera cuenta que llamaba a la pecosa. Candy miró hacia un lado y hacia otro preguntándose de quién se estaría cuidando.
-¿Qué sucede, Katherine? – Preguntó Candy acercándose con cautela a la joven recepcionista.
-Alguien vino a verte. – Dijo Katherine sin poder contener la emoción que sentía por hacerla de mensajera de aquella pareja que ella había visto tener atracción entre sí.
-¿Quién? – Preguntó Candy con cierta duda en su voz, no tenía ni la menor idea de quién podría estar buscándola, hasta que de pronto su mente la llevó a recordar al joven Ardlay. - ¿El joven Ardlay? – Preguntó Candy con cierto fastidio en su voz, ya estaba cansada de que el moreno fuese a buscarla una y otra vez pretextando cualquier cosa para que ella lo atendiera. – Dile a Ruth que lo atienda. – Dijo Candy decidida a darle la espalda a la joven para continuar con su trabajo.
-¡No Candy! – Dijo Katherine al comprender que la rubia había confundido al Ardlay moreno con el Ardlay rubio. – Ese no… - Dijo de nuevo la joven cubriendo su boca al darse cuenta que había levantado de más la voz. – Es el otro joven Ardlay… el rubio… - Agregó nuevamente para que Candy saliera de su confusión.
Candy de inmediato se detuvo en su intento de huida, su corazón galopó presuroso al escuchar aquella revelación, sus piernas se sintieron como gelatina al comenzar a temblar por la emoción de volver a ver al joven rubio que la había prendado días antes.
-¿De verdad? – Preguntó Candy con un murmullo, parecía que se lo preguntaba más a ella misma que a la misma Katherine, quien asentía feliz de lo que había dicho.
-Te está esperando en el consultorio. – Dijo de nuevo cerrando la puerta con tranquilidad, segura de que Candy no dudaría en ir a atenderlo.
Candy de inmediato peinó sus rizos que estaban secos y alborotados, se alisó la falda y aunque trató de minimizar el sonrojo de su rostro le fue imposible hacerlo. Sentía que su corazón latía demasiado aprisa, sus piernas no le respondían como era debido y ella misma se criticó por tener todos esos sentimientos que la atropellaban de golpe.
-Tranquila Candy… él solo viene a revisión. – Se decía Candy intentando caminar tranquilamente, pasando los pasillos hasta llegar al que le correspondía al consultorio en el que sabía la esperaba el joven rubio de ojos azules y mirada angelical. – Además, tenía muchos días sin venir… no era cierto que tenía tanto interés en saber mi nombre… - Se decía una vez más intentando minimizar la emoción que tenía en su pecho.
La rubia por fin llegó a la puerta del consultorio y antes de entrar acomodó su cofia y sacudió su uniforme una vez más, tomó la perilla de la puerta y suspirando para tener el control de su cuerpo abrió la puerta no sin antes anunciarse.
-Con su permiso joven Ardlay. – Dijo Candy con el nerviosismo en todo su cuerpo, reprochándose internamente por sentirse tan afectada por su presencia. – Muy buenos días. – Dijo una vez más girando su cuerpo para encontrarse de frente con aquel atractivo y buen mozo joven.
-Muy buenos días señorita White. – Dijo Anthony poniéndose de pie de inmediato ante la presencia de la joven enfermera. Candy se quedó por un momento sin aliento al ver el rostro de aquel joven, lo recortaba guapo, pero en esos momentos parecía que el recuerdo de su mente se quedaba corto con el joven que tenía frente a ella.
Anthony se acercó a ella con elegancia y tomando su mano le besó el dorso con una sutil venia, costumbre que tenía cuando estaba frente a una dama. Candy se sonrojó nuevamente al sentir que sus labios cálidos y suaves volvían a detenerse en su mano y al sentir una explosión en su pecho por inercia sacó su mano de la mano de Anthony y la escondió detrás de su espalda, abochornada por haberlo hecho.
-Lo siento… - Dijo Candy nerviosa al ver el rostro confundido de Anthony. – Tengo feas manos… - Agregó con timidez. Anthony sonrió y se acercó más a ella buscando esta vez la mano que no había besado para hacer lo mismo.
-Para mí son encantadoras… - Le dijo Anthony con suavidad, mirando a los ojos a la rubia mientras ella lo veía con los ojos bien abiertos, sorprendida por las palabras que utilizaba, jamás en toda su vida alguien le había dicho que sus manos eran encantadoras, ni mucho menos se las habían besado en tantas ocasiones.
-Gracias… - Le dijo Candy sin dejar de mirarlo a los ojos, ambos se habían quedado mirando como en una especie de burbuja, descifrando cada uno las emociones que tenían atrapadas en su pecho, emociones que eran desconocidas para ambos pero que de un modo u otro comenzaban a identificar. - ¿Cómo ha estado? – Preguntó Candy de pronto, adentrándose en el consultorio para poder revisarlo. Anthony sonrió por la reacción de la pecosa, podía advertir que la ponía nerviosa, pero no de una por manera incómoda, sino por el contrario de una manera que lo hacía sentir el aliento de continuar adelante con su intención de conocerla.
-He tenido un poco de molestia. – Dijo Anthony mintiendo un poco, la verdad era que con los medicamentos recetados y con el cuidado que había tenido no había sentido molestia alguna, pero sentía que si se decía esta mentira blanca a la joven enfermera ella pondría más empeño en su recuperación.
-¿De verdad? – Preguntó Candy preocupada, algo que alentó Anthony. – Déjeme revisarlo. – Le dijo tomándolo del brazo sano para llevarlo una vez más a la camilla que había en el consultorio.
Anthony se dejó llevar por la joven enfermera, seguro que si ella lo llevaba directo a la sala de operaciones no le importaría con tal de estar cerca de ella. El joven admiraba a Candy mientras esta retiraba con cautela el vendaje que se había puesto el día anterior con la ayuda de Stear y Archie.
-¿Quién le puso el vendaje? – Preguntó Candy con cierta gracia en su rostro, segura de que la persona que le había ayudado no sabía nada de cuidados de la salud.
-La verdad es que mis primos me ayudaron a colocarlo. – Dijo Anthony con pena, ruborizándose al momento de aceptar quien era la persona que lo había estado ayudando. El rostro de Candy cambió a uno un poco más serio al pensar en el otro Ardlay que se la pasaba molestando.
-¿El chico moreno? – Preguntó Candy confundida, porque creía que era una persona lo suficientemente egocéntrica para ayudar a alguien aunque fuese su pariente. Anthony la miró confundido porque no pensó en Neal en ese momento.
-¿Moreno? – Preguntó recordando de pronto a su primo Neal. - ¡Ah! ¿Se refiere a Neal? – Preguntó Anthony para estar seguro si ella se refería al inútil de Neal.
-Desconozco su nombre. – Respondió Candy con cierta incomodidad en su voz. – Es un chico moreno que se presentó como un Ardlay y siempre que viene pide que lo atienda. – Dijo la rubia sin pensarlo, quejándose sin querer hacerlo de alguien que sabía era familiar del joven que atendía en esos momentos. Anthony se quejó por un segundo cuando Candy terminó de retirar el vendaje. – Lo siento… - Dijo Candy avergonzada por haber imprimido un poco más de fuerza de la necesaria, todo por el mal sabor que le dejaba el recuerdo de Neal. - ¿Se encuentra bien? – Preguntó la pecosa con el rostro encendido, podía ver una vez más el brazo de Anthony totalmente al descubierto.
-Estoy bien, no se preocupe. – Dijo Anthony intentando disimular el dolor que sentía al tener el brazo libre. – Creo que a quien usted se refiere es a Neal Leagan. – Dijo Anthony retomando la plática del moreno. – Él ni siquiera es un Ardlay. – Dijo una vez más el rubio. Candy abrió los ojos sorprendida por lo que decía Anthony.
-¿No es un Ardlay? – Preguntó Candy confundida porque así se había presentado él cuando llegó por primera vez herido, bueno eso era lo que ella había escuchado decir a Ruth y a Katherine, pero no había puesto atención al nombre con el que firmaba.
-Directamente no… - Dijo Anthony con tranquilidad. Candy lo miró esperando que continuara lo que tuviera que decir. – Desafortunadamente es parte de la familia. – Dijo dejando a Candy con duda. - ¿Le ha faltado al respeto? – Preguntó sintiéndose repentinamente furioso al creer que el odioso de su primo faltaba al respeto a la rubia frente a él.
-No es eso… - Dijo Candy sin querer denunciar al moreno ante Anthony, de todas formas no estaba segura cómo era la relación entre ellos dos. – Es una persona difícil de tratar, unas veces es amable y otras se porta con soberbia y una vez… - Dijo la rubia pero se detuvo arrepentida de lo que iba a revelar.
-¿Una vez qué…? – Preguntó Anthony interesado en el relato de la pecosa, quien se había callado porque creía que a Anthony no le interesaría el comportamiento de su primo.
-Una vez lo hice llorar… - Dijo Candy cambiando de pronto lo que iba a decir, ya que por poco descubría que Neal había intentado forzarla a salir con él o se despediría de su trabajo.
Anthony comenzó a reír de buena manera al escuchar lo que Candy decía, para él no era raro escuchar que Neal había llorado, él y sus primos en más de una ocasión lo habían hecho llorar después de que se habían vengado de alguna mala broma que les había provocado.
-Neal siempre ha sido una persona difícil. – Dijo Anthony simplemente, sin buscar hablar más de aquel joven que él no toleraba. – Él y su familia son… especiales… - Dijo el rubio con incomodidad al recordar a la caprichosa Elisa.
-Ya quedó listo. – Dijo Candy una vez que terminó de vendar el brazo del rubio. Anthony se sorprendió por la rapidez con la que había hecho su trabajo, pareciéndole tan solo unos minutos los que había estado con ella, sin embargo al checar el reloj que había en el consultorio pudo percatarse que el tiempo volaba cuando estaba junto a ella.
-¿Tan pronto? – Preguntó Anthony con sorpresa, quería estar un poco más de tiempo con ella y conocerla tan solo un poco más.
-Es rápido. – Dijo Candy con el rostro encendido, le gustaba ver la manera en la que Anthony la admiraba.
-Pues usted lo hace ver muy sencillo. – Dijo Anthony mirando su brazo perfectamente vendado e inmovilizado. – Pero le puedo asegurar que mis primos y yo tardamos horas para que quede como lo vio hace rato. – Dijo el rubio con burla, mientras Candy reía de buena gana al recordar el desastre que tenía cuando había llegado.
-Le dije que podía venir al hospital para que se le hiciera correctamente el vendaje. – Dijo Candy al rubio, quien le sonrió avergonzado por no haber vuelto.
-No quise importunarla. – Le confesó con una maravillosa sonrisa. Candy nuevamente se quedó sin habla al ver la manera en la que Anthony le sonreía.
-Es mi trabajo. – Dijo Candy sin querer decir eso, porque ella sabía que aunque no fuese su trabajo ella lo haría de todas formas.
-Lo sé. – Dijo Anthony un poco desanimado, no le gustaba que lo atendiera a él de la misma manera que atendía a Neal o a los demás pacientes. Candy sintió una opresión en el pecho al ver que su dulce rostro había cambiado repentinamente.
-Deberá volver en dos días para volver a vendarlo. – Dijo Candy de inmediato, quería quitar de su rostro aquel gesto de desilusión que había dejado su comentario anterior. Anthony volvió a sonreír al escuchar que ella misma le estaba poniendo una cita. – ¿Puede venir a la misma hora? – Preguntó Candy con el aire abandonándola de sus pulmones, aquella mirada tan intensa que tenía Anthony la hacía quedar sin aliento.
-A la misma hora. – Dijo Anthony cambiando su semblante desanimado por uno más alegre. Aquel simple cambio logró en Candy una alegría indescriptible, una alegría que ella quería ver siempre en su rostro. Anthony también sonrió al ver que ella sonreía nuevamente, pudo ver en su rostro que no le era indiferente su presencia. – Solo que tengo una queja… - Dijo Anthony para sorpresa de la rubia, ya que el joven estaba una vez más en la puerta de la entrada, se había girado repentinamente y lo tenía muy cerca de ella.
-¿Qué queja…? – Preguntó Candy con una voz casi sin aliento.
-Dos días se me hace mucho tiempo para volver a verla... – Dijo Anthony mientras tomaba su mano y la llevaba a sus labios para volver a besarla, solo que esta vez el beso fue más lento, más prolongado, permaneciendo más tiempo del necesario en su dorso mientras miraba sus ojos. – La espero hoy a las seis de la tarde en el café que está en la esquina de su casa. – Le dijo Anthony antes de soltar su mano y girar su cuerpo para salir de ahí antes de que ella se negara, guiñándole un ojo de manera coqueta, aquel coqueteo de su parte hizo que Candy no pudiera ni asimilar lo que le había dicho, quedándose de pie mirándolo alejarse sin poder pensar en lo sucedido.
-Hoy… - Dijo Candy para sí misma, con el corazón acelerado y la emoción a flor de piel. - ¿Hoy? ¿¡Pero cómo sabe que en la esquina del edificio hay un café!? – Se preguntaba Candy desconcertada. - ¡Espere! – Le gritó después de que había salido de trance, sin embargo Anthony ya estaba en la salida del hospital, girándose de inmediato al escuchar el grito de la rubia, pero no para saber qué era eso por lo que le pedía esperar, porque imaginaba que sería una negativa de su parte y no estaba dispuesto a escucharla rechazarlo, por el contrario prefería mil veces que lo dejara plantado y hacerse la ilusión que no había podido reunirse con él a escuchar el tajante no, que esperaba saliera de sus labios. Se inclinó como un caballero y le lanzó un beso al aire. Candy se quedó de piedra frente a la recepción.
-¿Qué pasó Candy? – Preguntó Katherine con emoción al ver que la joven pecosa estaba llamando al joven Ardlay.
-Me invitó a tomar un café… - Respondió Candy más por inercia que por querer ventilar su vida con la recepcionista.
-¿¡En verdad!? – Dijo Katherine emocionada, intentando ocultar aquella emoción que sentía por la joven enfermera para no ser reprendida por Ruth o por el doctor que estaba de guardia en esos momentos. Candy miró a Katherine confundida.
-Sí… pero no pienso ir… - Dijo Candy de inmediato, abochornada porque un paciente la había invitado a salir.
-¿Pero por qué Candy? – Preguntó Katherine desilusionada. - ¿Serás capaz de dejarlo plantado? – Preguntó una vez más la joven. Candy suspiró con preocupación, no quería dejarlo plantado y que pensara que no le interesaba, pero tampoco quería mostrarle interés porque era un joven que pertenecía a una vida que ella estaba muy lejos de pertenecer y temía salir lastimada. – Eso sería cruel, él es todo un caballero. – Decía Katherine para convencerla de que asistiera a la cita que Anthony le había hecho.
-¿Qué está pasando aquí? – Preguntó Ruth de pronto. Candy y Katherine brincaron asustadas al escuchar la odiosa voz de la jefa de enfermeras.
-Nada. – Dijo Katherine casi de inmediato.
-Candy ¿Ya terminaste en el almacén? – Preguntó con desagrado a la rubia.
-Ya terminé Ruth. – Dijo Candy con resignación, sabía que de todas formas algo se le ocurriría para evitar que hiciera algo que no fuera atender a un paciente.
-Bien, entonces encárgate del paciente de la habitación 302. – Dijo para sorpresa de Candy, quien abrió los ojos emocionada y miró a Katherine quien levantaba sus pulgares en señal de ánimo a la rubia.
-¿De verdad, Ruth? – Preguntó Candy sin poder creerlo.
-¿Tienes tiempo no? Eres enfermera. – Le dijo con cierta voz despectiva.
Candy no quiso caer en su provocación y sonriendo agradecida se dirigió hacia la habitación que le había indicado la mal humorada enfermera.
La nueva orden que había recibido le hizo olvidar por un momento que por la tarde tendría una cita con el joven Ardlay, una cita a la cual ella no esperaba acudir porque le parecía que todo podría ser parte de una broma o un juego de tan elegante joven, le parecía imposible que alguien como él, tan elegante y guapo pudiera fijarse en una sencilla joven que trabajaba para pagar sus cuentas.
Candy atendió al paciente del 302 y pronto se dio cuenta del motivo por el cual Ruth le había pedido que lo atendiera, un zapato voló muy cerca de su cabeza estrellándose en la puerta en cuanto esta se cerraba.
-¡Dije que no quiero enfermeras! – Dijo la voz de un pequeño que evidentemente no le gustaba estar en un hospital.
-Buenos días. – Dijo Candy con su característico sentido del humor. El pequeño se sorprendió porque a pesar del recibimiento tan poco amable que había tenido con la enfermera la joven aun así lo saludaba con buen humor y una hermosa sonrisa.
-¡No quiero enfermeras! – Dijo el pequeño con temor de que Candy se le acercara y comenzara a revisarlo para que le pusieran las inyecciones.
-¿Enfermeras? – Preguntó Candy como buscando a una enfermera detrás de ella.
-No le gustan las enfermeras. – Dijo la madre del pequeño, quien salía del cuarto de baño para intentar poner en orden a su pequeño demonio.
-¡Tú eres una enfermera! – Decía el niño mirando a Candy con molestia.
-¿Enfermera yo? – Dijo Candy como si no lo fuera. - ¡De ninguna manera! – Dijo Candy acercándose al pequeño que de pronto había quedado confundido con la respuesta de la rubia. – Yo no soy una enfermera. – Dijo de nuevo la pecosa.
-¿Y por qué estás vestida como una? – Preguntó el niño con curiosidad.
-Porque me estoy escondiendo. – Respondió Candy ante la mirada de asombro del pequeño y de su madre, quien de inmediato quiso protestar pero el guiño que Candy le hacía le impidió hacerlo. Candy caminó como si alguien estuviera detrás de ella y el pequeño se sentó confundido en la cama de la habitación.
-¿De quién te estás escondiendo? – Preguntó el pequeño al ver que Candy llegaba muy cerca de él.
-De una enfermera malvada. – Dijo Candy con travesura. El pequeño abrió los ojos sorprendido.
-¿Una enfermera molesta y gruñona? – Preguntó refiriéndose a Ruth, quien era la que debía tomar las muestras para los estudios que debían hacerle. Candy sonrió traviesa y el pequeño le sonrió de la misma manera, cómplices de la pregunta porque ambos sabían a quién se referían.
-La misma... – Respondió Candy con una sonrisa.
-Ella me quiere picar… - Dijo el niño con inocencia, confiando por alguna razón en la pecosa que había entrado y que a pesar de estar vestida como la antipática enfermera anterior, le había dicho que no era enfermera. - ¿A ti que te quiere hacer? – Preguntó el pequeño interesado en saber lo que Candy le respondería.
-Quiere encerrarme en la bodega de abajo. – Respondió Candy sincera a la pregunta del menor. El niño abrió los ojos asustado al imaginarse que ese lugar era oscuro y muy pequeño, algo que incluso a él que era muy valiente le daría miedo estar ahí.
-¿Por qué? – Preguntó el pequeño intrigado.
-Porque quiere que pique a un niño, así como tú. – Le respondió Candy. – Pero yo no quiero hacerlo y dijo que si no lo hacía me encerraría en la bodega. – Decía Candy con cierto temor en su voz. El niño estaba asombrado por lo que Candy le decía. – Es por eso que me estoy escondiendo. – Dijo de nuevo la rubia.
-¿Y si picas a un niño ya no te encerrará? – Preguntó el pequeño a Candy. La rubia respondió con una sonrisa. - ¿Dónde encontrarás a un niño que quiera que lo piquen? – Preguntó con astucia. Candy sonrió porque se había dado cuenta que el pequeño era muy listo.
-No lo sé. – Respondió Candy mientras miraba hacia el techo y se sobaba la barbilla como pensando dónde encontraría a un pequeño valiente que se dejara picar. – Pero tengo muchos hermanos, tal vez uno de ellos permita que lo haga para que no me encierren. – Dijo Candy un vez más.
-¿Tienes muchos hermanos? – Preguntó el niño emocionado, él era hijo único y su madre lo consentía tanto que hacía todo lo que le venía en gana.
-Muchísimos. – Dijo Candy con emoción, pensando en todos los pequeños que vivían en el hogar de Ponny.
-No te creo. – Dijo el pequeño poniendo en duda las palabras de la rubia. – Mamá dice que nadie tiene muchos hermanos. – Dijo mirando a su madre, quien abría los ojos sorprendida por lo dicho por su hijo.
-Lo que pasa es que yo vivo en un orfanato. – Dijo Candy acomodándose más cerca del pequeño.
-¿Qué es un orfanato? – Preguntó intrigado el pequeño. Candy le sonrió con ternura al ver en los ojos de aquel pequeño la inocencia que tenían sus demás hermanitos.
-Es un lugar en donde viven los niños que no tienen papás. – Respondió Candy con naturalidad, sin embargo el pequeño tenía los ojos inundados de lágrimas, le había conmovido mucho escuchar que había niños como él que no tenían padres. Miró a su mamá e hizo un puchero de dolor al imaginarse sin ella por un momento.
-¿Y ellos se dejarían picar? – Preguntó el pequeño mirando a su mamá y después a la pecosa.
-A ellos no les gustaría verme encerrada. – Dijo Candy con tranquilidad, acariciando los cabellos ensortijados del pequeño revoltoso. – Lo malo que están muy lejos. – Dijo Candy con pesar, el niño pasó saliva con dificultad y mirando a su madre y después dirigiéndose a Candy habló.
-Yo me dejo picar si con ello evito que te encierren. – Le dijo el niño con sinceridad. Candy abrió los ojos sorprendida por la facilidad con la que había domado a tremenda pequeña bestia que había encontrado cuando entró a la habitación.
-¿Harías eso por mí? – Preguntó Candy con una gran sonrisa. El pequeño asintió con la mirada llena de temor. – Eres muy valiente. – Le dijo Candy sin dejar de sonreír, esas palabras hicieron que el niño sonriera feliz al reconocer su valor.
Momentos después Candy preparaba la jeringa para poder obtener las muestras de sangre que necesitaban para los estudios, tenía dos días hospitalizado esperando que dejara que le sacaran sangre, sin embargo no quería que nadie lo tocara porque decía que le dolería mucho, pero cuando Candy hizo su trabajo el pequeño y valiente paciente tenía una sonrisa llena de incredulidad.
-¿Ya? – Preguntó sorprendido porque no había sentido mucho dolor.
-Hemos terminado. – Dijo Candy con una sonrisa.
-¡No me dolió mami! – Dijo el niño emocionado porque no le había dolido cuando Candy le había pinchado para sacar la sangre necesaria.
-Qué bueno mi príncipe. – Dijo la mamá emocionada y aliviada porque después de eso podrían por fin retirarse a su casa. – Muchas gracias. – Le dijo la señora a la rubia, quien simplemente le sonrió y saliendo con cuidado se llevó las muestras de ahí.
Candy sentía una felicidad enorme en su corazón, era la primera vez que atendía a un paciente real, bueno además de Anthony y Neal, pero en ese momento la emoción que sentía por haber ayudado a un pequeño la hacía muy feliz. Recordó a sus hermanos del hogar de Ponny, y todas las veces que había tenido que contarles una historia para que permitieran que ella les hiciera las curaciones, dejándolos tan concentrados que ni siquiera sentían cuando ella los inyectaba.
-Listo. – Dijo Candy entrando a la sala de enfermeras.
-¿Ya? – Preguntó Ruth confundida porque ella no había podido controlar al pequeño de la habitación 302. Candy asintió con una sonrisa. - ¿Cómo convenciste a ese pequeño monstruo? – Preguntó la mujer con fastidio.
-Era solo un niño asustado. – Respondió Candy con tranquilidad. Las demás enfermeras sonreían felices de que por fin Candy hubiera hecho el trabajo que Ruth y otras más de ellas no habían podido concretar, mientras la jefa de la cuadrilla la miraba con desconfianza.
Llegó la hora de la salida y con ello llegó el recuerdo de la cita que la estaría esperando, su estómago se contrajo ante el recuerdo y su corazón latió emocionado por imaginarse llegando a aquel elegante lugar que jamás había tenido tiempo de visitar.
Llegó a su departamento y se encerró en su habitación en silencio.
-¿Es Candy? – Preguntó Annie al escuchar que ni siquiera las había saludado. Cassie asintió. - ¿Qué sucede Candy? – Preguntó la ojiazul preocupada por su amiga.
-Nada, solo que tengo que salir y no estoy segura si ir o no. – Dijo Candy intranquila.
-¿A dónde tienes que ir? – Preguntó Annie confundida por la expresión de la rubia.
-A ver a un paciente. – Respondió Candy sin querer delatarse a donde iría.
-¿Y por qué tienes dudas de ir a verlo? – Preguntó Cassie con la misma confusión que Annie.
-Porque pensé que iba a ir al hospital. – Respondió Candy con una risa nerviosa.
-Entonces no vayas y la próxima vez le dices que tiene que ir al hospital. – Dijo Cassie sin preocuparse.
-Tal vez se siente muy mal Candy. – Dijo Annie preocupándose por aquel paciente que tenía Candy.
-Puede ser, pero si es urgente debería ir a emergencias. – Dijo Cassie mirando sus uñas.
-Iré a verlo y si no es grave le diré que mañana lo espero en el hospital. – Dijo Candy intentando no sonar muy ilusionada, pero la verdad era que su estómago bailaba de gozo simplemente por el recuerdo de la sonrisa de aquel atractivo joven.
-Muy bien Candy. – Dijo Annie con una sonrisa, segura de que su hermana era muy profesional.
Candy se dio un baño para quitarse ese aroma a hospital con el que salía cada día de su trabajo, buscó entre todas sus prendas el vestido ideal para aquella cita que no era cita, pero ninguno le gustaba, hasta que se convenció nuevamente que no era una cita y se decidió por elegir el vestido más sencillo que hubiera podido encontrar en su guardarropa. Eligió un vestido color amarillo con una pechera de encaje, un cinto blanco y sus botas color café, se peinó con dos coletas bajas acomodando sus rizos de una manera que se veía delicada y hermosa, jamás había utilizado maquillaje y ese no era el momento de usarlo, el simple rubor que aparecía en su rostro era más que suficiente para dar color a su cara.
-¡Qué hermosa! – Le dijo Annie en cuanto la vio salir de la habitación. Candy se sorprendió porque no se había esmerado en su arreglo.
-Me veo como siempre Annie. – Le dijo Candy a su hermana.
-No lo sé. – Dijo Annie como inspeccionando a su hermana. – Debe de ser el cabello, te hace ver más tierna. – Le dijo con una sonrisa.
-Bien. – Dijo Candy intentando controlar los nervios que sentía. – Vuelvo en un momento. – Dijo tomando su abrigo y el maletín que tenía de primeros auxilios, ni Annie, ni Cassie notaron nada raro con ello.
-Te cuidas. – Dijo Cassie con una sonrisa desde el comedor. Candy asintió y salió del departamento. - ¿No la notas algo rara? – Preguntó la rubia a su amiga.
-¿Rara cómo? – Preguntó Annie sin comprender por qué lo decía.
-¿Será que tiene una cita? – Preguntó intrigada la joven.
¿Candy una cita? – Preguntó Annie segura de que no era así. – No lo creo, además por qué nos lo ocultaría… - Dijo una vez más la joven.
-Tienes razón, además nadie que asistiera a una cita iría con el maletín y peinada así. – Dijo Cassie recordando el peinado de la rubia.
-Creo que se ve linda. – Dijo Annie con sinceridad.
-Linda siempre se ve. – Dijo Cassie con una sonrisa. – Candy es bellísima, solo que ella no se ha dado cuenta de ello. – Dijo nuevamente, mientras su rostro se ensombrecía ante el recuerdo del vecino revoltoso que tenía.
-Así es, Candy es muy hermosa, solo que de momento no piensa en tener un novio. – Dijo Annie convencida de que Candy no tenía el menor interés en los hombres, no por el momento.
Candy bajó por el ascensor con los nervios en su corazón, el cual latía acelerado, sus manos temblaban y pronto se arrepintió de llevar el maletín junto con ella. Atravesó la calle y desde ahí pudo ver que en la entrada principal de la elegante cafetería un rubio alto y de ojos llamativos la estaba esperando.
-¿Tendrá mucho tiempo esperando? – Se preguntó Candy al ver que se le veía impaciente.
Anthony miraba para todos lados, como si no supiera cuál era el edificio en el que vivía la rubia y realmente no lo sabía, porque la dirección que había dado podría ser la de cualquiera de los edificios que había cerca de ahí. De pronto sus ojos se iluminaron ilusionados al ver que la joven más hermosa que jamás había visto en su vida caminaba como un lindo ángel atravesando la calle, logrando que las carretas que pasaban se detuvieran de inmediato ante el andar femenino y delicado de la hermosa enfermera.
-Hola… - Dijo Candy con una hermosa sonrisa, sus ojos miraron los hermosos ojos azules que la miraban hipnotizados.
-Hola… - Saludó Anthony con una magna sonrisa, agradeciendo al cielo que la rubia no lo hubiera dejado plantado.
Ambos jóvenes se quedaron mirando por largo rato, los dos perdidos en el brillo de su mirada, emocionados por estar frente a frente, decididos a investigar qué era lo que estaba sucediendo en su interior, por qué al estar juntos sus corazones latían de esa manera tan descontrolada, por qué sentían que no eran unos completos desconocidos, sino que su vida estaba ligada de alguna forma que no alcanzaban a comprender, pero Anthony Brower estaba dispuesto a averiguarlo.
Continuará…
Y por hoy terminamos con la cita no cita de la pecosa y Anthony, nuestra pareja principal comienza a conocerse y están muy ansiosos por saber más del otro, solo que Candy no quiere reconocerlo porque tiene miedo de las palabras que un día Tom le dijo.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
Rose1404:
Hola hermosa! Me alegra saber como siempre que están muy bien ambos. Gracias por comentar los nuevos capítulos, lo que sucede es que no podía pasar desapercibido el cumpleaños de Anthony, quien estaría cumpliendo 126 años! wow!
Creo que Candy va con más cuidado que Anthony, no está del todo convencida de que un joven como él se ha fijado en ella, creo que tiene mucho que ver con la manera que ella se visualiza, no se cree tan hermosa como lo es, pero creo que el atractivo y carisma de Anthony pronto la convencerán de lo mucho que puede llegar a ser amada.
Creo que Neal tendrá otras ocupaciones por el momento.
Te mando un fuerte abrazo hermosa!
gidae2016:
Hola hermosa! Me encanta comentar los comentarios de las lectoras, creo que es lo menos que puedo hacer para mostrar mi agradecimiento a su lectura. Es una costumbre que adopté casi desde mis primeras historias y procuro hacerlo.
Espero que este nuevo encuentro entre los rubios no te decepcione, es una cita no cita, dice Candy, sin embargo tú y yo sabemos que no es así jijijiji.
Hermosa, te mando un fuerte abrazo, muchas gracias por leer.
Julie-Andley-00:
Hola hermosa! Creo que el encuentro de los rubios será más constante a partir de este momento, Anthony tiene que borrar esa mala impresión de los Ardlay jajaja.
Esperemos que con esa atención Candy quede convencida que no es un interés pasajero el que Anthony tiene por ella y que sus intenciones no son solo pasar el rato.
Te mando un fuerte abrazo amiga.
Luz Mayely León:
Hola hermosa, ya se me hacía raro que no comentaras, creo que todo el team Colombia tuvo problemas con la lectura del capítulo, me alegra que se haya solucionado.
Te mando un fuerte abrazo.
TeamColombia:
Hola hermosas! Espero que estén muy bien, me alegra que por fin haya quedado lo del problema de la página y espero que hoy no tengan ningún problema en visualizarlo, también he tenido problemas pero es por mi conexión a internet y pronto se ha resuelto.
Les mando un fuerte abrazo y espero que les guste este nuevo capítulo, ya saben que espero sus comentarios.
Guest:
Hola hermosa! me alegra que te esté gustando. Te mando un fuerte abrazo.
Muchas gracias a todas y cada una de las lectoras silenciosas que están al pendiente de cada actualización, espero que les esté gustando. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
GeoMtzR
03/10/2024.
