Buenos días, espero que estén pasando un excelente fin de semana.

Les recuerdo que los personajes de Candy Candy, no me pertenecen, la historia es completamente mía y NO es para menores de edad.

GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.

DESTINO

CAPÍTULO 38

Anthony se congeló en las escaleras, escuchar de los labios de aquella mujer que tanto daño le había hecho, que la única mujer que había amado estaba con vida, lo hacía sentir una impotencia y una gran furia en su cuerpo.

-¿Qué es lo que estás diciendo? – Preguntó Anthony intentando controlarse, Elroy ya no era la misma mujer fuerte y arrogante de antes, su aspecto había desmejorado bastante y ahora simplemente lucía como una anciana elegante, incluso su voz fuerte y dominante había envejecido.

-La verdad, hijo. – Le dijo acercándose a él con precaución, sabía que Anthony tenía un temperamento fuerte, pero también sabía que estaba sufriendo y ella, ya no quería que sufriera.

-¿¡La verdad!? – Gritó Anthony de pronto, sin embargo la matriarca no se sobresaltó, sabía y esperaba su reacción y lo comprendía. - ¿Cuál verdad, según usted? – Preguntó de nuevo Anthony mientras bajaba de las escaleras y se acercaba a ella amenazante. – Candy murió hace cinco años, tengo grabado en mi memoria la fecha y el momento exacto de cuando sucedió y es algo que jamás podré sacar de mi mente, ¿Y sabe por qué? – Preguntaba con esa rabia que poco a poco iba incrementando en su voz. Elroy asintió como si realmente comprendiera el dolor de su nieto. - ¡Porque además de amarla, ella estaba esperando un hijo mío! ¡Un hijo o hija que jamás conocí! – Decía el rubio sin poder contener las lágrimas que se acumulaban en sus ojos azules. Elroy lo miró y también lloró de arrepentimiento.

-Es un niño… - Dijo Elroy ante la sorpresa de Anthony, quien la miró confundido una vez más.

-¿Qué está diciendo? – Preguntó Anthony con sorpresa e incredulidad.

-Candy no murió aquel día… - Dijo Elroy segura de revelar toda la verdad hasta donde ella sabía. – Candy estuvo un tiempo en el hospital, sin embargo el médico que la atendió consideró que por seguridad de ella misma, era mejor decir que había muerto. – Dijo Elroy una vez más, sabía que con lo que diría haría enojar más a Anthony y probablemente la odiaría por todo lo que le restaba de vida, sin embargo ella necesitaba limpiar esa consciencia cansada que tenía.

-¿Con qué derecho consideró eso necesario? – Preguntó Anthony aún sin creer lo que escuchaba.

-Porque sabía que yo quería quedarme con su hijo… - Dijo Elroy con los ojos humedecidos por el llanto y la culpa.

-¿Usted…? – Dijo Anthony mirándola con rabia. – Siempre ha sido usted la causante de mis desgracias… - Dijo con la mandíbula trabaja por el dolor y el coraje. - ¿Dónde está ella? – Preguntó Anthony imaginando que ella debía saber.

-No lo sé… - Respondió la vieja con pena. Anthony la miró fijamente, buscando en sus ojos la verdad a sus palabras. – Candy salió a buscarte el día que te embarcaste, Stear y Archie la buscaron para decirle que estabas con vida…

-¿Stear y Archie? – Preguntó Anthony confundido. - ¿En qué momento se enteraron de que estaba con vida? – Preguntó una vez más sin poder comprender todo al mismo tiempo.

-Quisieron darle sus condolencias a las hermanas de Candy. – Dijo considerando que la joven enfermera era una real Britter. – Ahí se enteraron de todo, pero tú habías salido del hospital junto a William y no supieron de ti. – Dijo explicando lo que le había contado William después.

Anthony hacía memoria de aquellos días y efectivamente él había salido con su tío Albert un día antes de irse de Nueva York, se había ido sin despedirse de Archie o Stear, ni siquiera de aquella mujer que hoy, después de cinco años le revelaba que su mujer vivía al igual que su hijo.

-Stear y Archie te buscaron por todas partes, hasta que George dio contigo en la lista de pasajeros que se enlistaban para la guerra. – Dijo Elroy con una angustia como si el rubio no estuviera ahí.

-Sí, estuve de alguna manera relacionado con la guerra. – Confesó Anthony, quien había ayudado a los aliados por medio de los barcos que había heredado de su padre.

-Stear fue por Candy, la llevó hasta el muelle pero ya era demasiado tarde, ella gritó con fuerza tu nombre pero el barco había zarpado, se puso mal cuando llegó de vuelta al departamento y Tom la llevó hasta el hospital. – Dijo Elroy, llamando a Tom con bastante familiaridad. – Permaneció ahí algunas semanas hasta que nació su hijo… tú hijo… - Le dijo a Anthony con ganas de abrazarlo, necesitaba un abrazo y el perdón de él.

-¿Entonces, qué pasó? – Preguntó Anthony desesperado, observando a la tía abuela quien lo miraba con ansiedad y paciencia. Anthony la veía sin comprender el motivo por el cual no sabían más de ella.

-En ese tiempo yo estaba obsesionada con demostrar que hubiera sido un error que te casaras con ella. – Dijo con la mirada puesta en el suelo. – Pedí que la cuidaran hasta que llegara a término el bebé y después me avisaran… - Dijo con pena, Anthony la miró adivinando sus intenciones. – No me avisaron… y ella desapareció… - Dijo Elroy segura de que Candy había huido al orfanato donde se había criado, el motivo era que no sabía dónde era exactamente ese lugar y duró años buscando en cada uno de los orfanatos de la zona sin éxito alguno.

-Quería arrebatarle a nuestro hijo… - Dijo Anthony seguro que así era. Elroy guardó silencio aceptando su culpa.

-Quería criarlo igual que los críe a ustedes… - Decía justificando sus acciones. – Pero reconozco que me equivoqué… - Decía con pena. Anthony la miró sin creer en su arrepentimiento.

-¿Por qué no me avisaron antes? ¡Tantos años, tanto dolor y sufrimiento! – Decía Anthony furioso.

-¡Lo intentamos! ¡Stear, Archie, incluso yo y el mismo William escribimos una y otra vez, cartas, telegramas, todo para encontrarte! En las mansiones no había noticias tuyas, en ninguna de ellas. – Dijo Elroy defendiendo su posición.- ¡De no ser por la señora Simmons, que dijo que te había visto en el puerto de Southampton, George no hubiera sabido a dónde enviar el telegrama informándote de la desaparición de William! – Dijo con impaciencia.

Anthony guardó silencio por un momento, era verdad que él se había escondido, no quería saber nada de los Ardlay, él mismo había renunciado hacía mucho tiempo a la familia, sin embargo no podía pasar por alto la desaparición de Albert, que era el único familiar directo que le quedaba.

-Sé dónde buscarla… - Dijo Anthony de pronto. Elroy lo miraba con la esperanza de que la encontrara y poder por fin conocer a ese niño que había sido su obsesión por mucho tiempo, antes de que el tiempo llegara para ella. – Un niño… - Dijo con los ojos llenos de lágrimas, sintiendo una emoción muy grande en su pecho, deseando que la corazonada de la tía abuela fuera cierta y que ella estuviera en el hogar de Ponny.

-¿A dónde vas? – Preguntó Elroy al ver que su nieto regresaba a la salida.

-Voy a buscarla. – Dijo Anthony sin importarle el tiempo que tenía sin dormir.

-Pero hijo, ya es muy tarde. – Dijo Elroy esperando que comprendiera. – Mañana vas a buscarla. – Dijo nuevamente. – Además puse el anuncio de tu llegada en varias ciudades del país para ver si ella ve la noticia y se acerca a buscarte. – Dijo revelando el motivo por el cual había hecho el anuncio público.

-Ya han pasado cinco años, no conozco a mi hijo y no voy a esperar más tiempo sin ellos. – Dijo Anthony sin escuchar a la matriarca, dirigiéndose hasta su vehículo y emprendiendo su viaje hasta Lakewood.

Lo único que Elroy pudo hacer es darle la bendición y rogar porque él si tuviera la suerte que ella no había tenido en todo ese tiempo.


Candy se levantaba una vez más, mientras veía cómo su hijo dormía nuevamente hasta tarde. Sonrió al ver que se parecía mucho a ella en ese aspecto.

-Por lo menos algo más, aparte de las pecas y el cabello tienes mío... – Dijo Candy con una sonrisa.

-¿Ya te vas? – Preguntó Annie cuando la vio salir muy temprano.

-Sí Annie, ¿Qué haces despierta tan temprano? – Preguntó Candy con travesura, sabía bien que Annie se despertaba un poco más tarde.

-Tengo que terminar un vestido, una de mis mejores clientas anunció que vendrá a la ciudad para llevarse unos cuantos cambios, además traerá a una clienta nueva. – Dijo Annie emocionada.

-Trabajas demasiado, Annie. – Dijo Candy segura que su hermana se la pasaba trabajando.

-Mira quien lo dice, por lo menos yo tengo un novio con quien distraerme por las tardes, pero tú… - Dijo Annie mirándola fijamente, con ternura, sabía que su hermana solo vivía para su hijo y su trabajo en el hospital.

-Sabes que yo no tengo interés en nadie… - Dijo Candy pensando en Anthony, porque a pesar que por insistencia de Annie y Wilberth había salido a una cita con un joven, al tratarlo y ver que solo buscaba diversión, la había obligado a mantenerse alejada de los hombres en el sentido romántico.

-¿Irás a verlo? – Preguntó Annie con emoción.

-¿A quién? – Preguntó Candy con interés.

-¡Hay Candy! – Dijo Annie rodando los ojos. – ¡A Anthony! Dicen que ya llegó. – Dijo una vez más a la rubia.

-¿Ya llegó? – Preguntó Candy con el corazón acelerado. Annie asintió con emoción mientras la rubia se sentaba porque de pronto sus piernas estaban débiles. – Pero… dicen que viene a casarse… - Dijo Candy con el corazón a mil por hora, sintiendo de pronto el ánimo hasta por los suelos.

-¿Cómo crees? – Preguntó Annie sin poder creer lo que decía la rubia. – Anthony te adoraba, no creo que quiera casarse. – Dijo intentando darle ánimo a la joven enfermera.

-Pero ha pasado mucho tiempo… él cree que estoy muerta… - Decía Candy con todo el dolor que podría seguir sintiendo en su corazón.

-Pero tú no te has fijado en nadie más… - Dijo Annie segura que Anthony igual.

-Pero yo tengo a mi hijo… él es guapo, está soltero… debe tener muchas mujeres hermosas detrás de él… - Dijo una vez más con el mismo ánimo decaído.

Annie se levantó y la tomó por el rostro con ternura, la miró fijamente y le sonrió con ánimo.

-Pero tú eres la mamá más hermosa del mundo. – Le dijo Annie con su linda sonrisa. – Y estoy segura que en cuanto sepa la verdad dejará todo atrás sin importarle nada, si es verdad que vino a casarse. – Dijo una vez más sin bajar el ánimo que intentaba darle. Candy sonrió y después admiró su reloj de pulsera, el mismo que él le había obsequiado.

-¡Ya es muy tarde! – Dijo levantándose de pronto para salir una vez más con poco tiempo para llegar al hospital, no quería que la supervisora la retara por llegar tarde. – Te encargo a Alexander. – Le dijo dirigiéndose a la puerta ante la sonrisa de Annie, quien la miraba divertida porque no era extraño que saliera corriendo como siempre.

Annie se acercó a la puerta para despedirla y de pronto llegó Albert, quien salía de su departamento para ver a su vecina de enfrente correr nuevamente hasta su trabajo.

-¿Otra vez se le hizo tarde? – Preguntó Albert con diversión. Annie asintió riendo junto con él.

Albert giró su rostro mirando fijamente la figura de la rubia, lanzando un suspiro que no fue desapercibido por Annie.

-Ya sabes que Candy solo tiene ojos para el padre de su hijo. – Dijo Annie creyendo identificar esa mirada.

-Lo sé, por eso me abstengo de decirle algo… - Dijo Albert con cierta frustración en su voz. – Pero tú no tienes compromiso… - Le dijo mirándola a los ojos fijamente, aquella mirada que le dirigía Albert a Annie la puso nerviosa.

-No juegues, Albert… - Le dijo Annie sintiéndose intimidada, por un momento le pareció ver esa mirada que Archie le dedicó alguna vez cuando eran novios. – Además yo tengo novio… - Le dijo entrando al departamento seguida de Albert.

-Lo sé, por eso tampoco te digo nada… - Le dijo Albert con cierta diversión. Annie lo miró fijamente, era como si estuviese jugando con ella y eso la hizo sonreír.

-¡Eres malo! – Le dijo Annie más relajada y Albert le sonrió con una sonrisa encantadora.

-¿Qué sucede? – Preguntó Albert al ver que la joven se quedaba sin aliento cuando lo vio sonreír.

-Nada… - Dijo Annie avergonzada al ver que Albert se había dado cuenta de aquella reacción.

-No dime… - Dijo Albert acercándose peligrosamente a la joven. Annie lo miró fijamente con sus bellos ojos azules bien abiertos.

-Es que por un segundo… - Dijo Annie nerviosa, sin poder dejar de mirar aquellos ojos tan expresivos que tenía su vecino. – Me recordaste a mi novio… - Dijo la joven con un hilo de voz.

-¿A Whilbert? – Preguntó Albert un tanto ofendido, había algo en aquel muchacho que él no podía descifrar.

-¡Quiero decir a mi ex novio! – Dijo corrigiendo lo que había dicho. Albert sonrió con provocación, con aquella sonrisa tan sensual que poseía y que había logrado poner nerviosa a Annie.

-Un ex novio… - Dijo Albert sentándose en el comedor. – Parece que aún sigue moviendo fibras en tú corazón. – Dijo divertido. Annie se puso de todos colores al ver la sonrisa de Albert, definitivamente tenía algo que le recordaba a Archie, o era que con el regreso de Anthony el recuerdo por aquel mal amor en su vida se hacía presente aunque quisiera evitarlo.

-¡No juegues! – Le decía Annie con pena, sobre todo porque sabía que Candy le había confesado que lo había ayudado no solo porque era una buena samaritana y lo conocían de dos años atrás, sino porque dijo que le recordaba mucho a Anthony, y era verdad, se parecía a Anthony, ella misma había visto el parecido, sin embargo con esa actitud tan coqueta le había recordado también a Archie.

-No juego Annie, digo la verdad cuando digo que si no tuviera mis recuerdos perdidos sería muy feliz si tú o Candy me aceptaran. – Dijo con los ojos puestos en la pelinegra, quien lo miraba sorprendida por sus palabras.

-Candy es mucho más hermosa. – Dijo Annie sintiéndose aún un poco inferior a su hermana. Albert se acercó a ella y mirándola fijamente a los ojos, acarició su rostro con ternura.

-Tú belleza es infinita Annie… - Le dijo Albert haciéndola estremecer. Annie cerró los ojos y pudo sentir sobre su mejilla el cálido beso del rubio, quien se había atrevido a besar con un simple roce la piel de la joven diseñadora.

-Tía Annie… - Dijo Alexander con los ojos aún entrecerrados.

-¡Alexander! – Dijo Annie con nerviosismo, alejándose de Albert como si este mismo la quemara. Albert suspiró intentando calmar la ansiedad de su cuerpo y se giró con una sonrisa en sus labios para saludar al pequeño Alexander, por el cual sentía una conexión muy especial.

-Hola campeón. – Dijo Albert acercándose a ambos. Annie sostenía a Alexander en brazos. – ¿Te gustó mi obsequio? – Preguntó refiriéndose al balero que había llevado la noche anterior.

-Candy no pudo dárselo. – Dijo Annie con el rostro aún enrojecido. Albert sonrió con ternura al ver el gesto apenado de la joven. - ¿Tienes hambre, Alexander? – Preguntó Annie para salir de su pena.

-No te preocupes, yo me encargo del desayuno. – Dijo Albert con la confianza que tenía a sus vecinas, dirigiéndose hasta la cocina para hacer un rápido desayuno para los tres. Annie asintió agradecida por su ofrecimiento.

-¡Sí! – Gritó Alexander, demostrando que le gustaba que Albert les cocinara.

-Bien, mientras tanto, métete a bañar para que estés listo temprano. – Dijo Annie con una linda sonrisa a su madrina Annie.

-Sí tía… - Dijo Alexander con cierto desgano, se acababa de levantar y ya tenía que bañarse para comenzar su día.

Alexander era un niño ocurrente y lleno de carisma, las personas que lo conocían quedaban encantados con su picardía y ocurrencias, era un niño positivo que siempre veía el lado bueno de las cosas y luchaba por la justicia y la igualdad entre las personas que conocía.

-Annie, no quiero que te sientas incómoda por mi admiración hacia ti… - Dijo Albert al ver que Annie permanecía muy callada. Annie sonrió apenada, era verdad que se había sentido halagada por el beso que recibió de Albert, era un hombre elegante, maduro y de nobles sentimientos, solo que aquel beso no había movido nada en su interior.

-No es eso… - Dijo Annie sin saber cómo manejar el asunto.

-Es solo que no te sientes atraída por mí… - Dijo Albert un tanto decepcionado. Annie lo miró con los ojos húmedos.

-No es eso… es que yo… - Decía apenada. Albert le sonrió y se acercó a ella abrazándola con ternura.

-Annie, no tienes qué decir más, yo comprendo que un hombre como yo sin futuro no tiene nada que ofrecerte a ti, que eres una diseñadora con un futuro maravilloso por delante. – Le decía sin soltar sus negros cabellos. Annie comenzó a llorar profundamente. - ¿Qué pasa pequeña? – Preguntó Albert mirándola a los ojos fijamente. Annie lo miró nuevamente y pudo ver a Archie de nuevo en esos ojos.

-Es que si Archie me hubiera hablado así… - Dijo con un tierno y adorable puchero.

-Ese Archie es un tonto que no supo valorarte. – Le dijo Albert seguro de ello.

Albert se había sentido muy atraído por Candy cuando la conoció de nuevo, incluso había pensado en que si tuviera un nombre qué ofrecerle podría dárselo a su hijo, sin embargo el poco interés que la rubia había mostrado en él y la mención constante del padre de su hijo lo había hecho desistir de sus intenciones, sin embargo Annie era una chica hermosa, trabajadora, inteligente y tierna que a pesar de tener una relación formal con Wilberth no sentía que ella fuera muy feliz con él, y tampoco sentía que Wilberth tuviera una real intención de amor y compromiso con ella, sin embargo al besarla había sentido que había algo malo en aquel acto e intentó rectificar, aunque al volver a ver esos ojos tan tristes y marchitos lo hacía querer repetir aquella experiencia tan deliciosa que había sido besar tan cerca de sus labios.

-Tal vez… - Dijo Annie no muy convencida, porque sabía por las clientas que tenía y que eran las que siempre le informaban lo que sucedía en la alta sociedad, que el chico Cornwell era uno de los jóvenes más asediados en la gran manzana.

Albert acarició sus cabellos y resistió su impulso por besarla, pero en su interior sentía que algo lo frenaba, era como si su interior le gritara que estaba mal lo que estaba haciendo y a pesar de querer negar aquel llamado, había algo más fuerte que le impedía dejarse llevar y callar su consciencia.

-Hoy tengo que trabajar un poco más temprano. – Dijo Annie limpiando sus lágrimas. Albert la miró de cerca y sonrió enternecido con su hermoso rostro.

-No te preocupes, yo cuidaré a Alexander. – Le dijo seguro que él ayudaría a las jóvenes que lo habían ayudado, integrándolo de una u otra forma a la familia.

-Gracias… - Le dijo Annie con pena, sabía que eran demasiadas veces las que él se había hecho cargo de Alexander.

Mientras Albert se quedaba con Alexander mostrándole cómo se usaba el balero, Annie salía del departamento en dirección de su casa de modas. Aquel negocio que había abierto en una de las calles más importantes de Chicago, después de haber pasado un tiempo en el hogar de Ponny, era la posesión más valiosa para la joven diseñadora, en ese lugar había ocurrido la magia, por primera vez en la historia una diseñadora local tenía más renombre que las casas europeas y Annie era la causante de tal éxito.

-Muy buenos días Marie. – Saludó a la persona que le había ayudado en Nueva York, aquella joven había decidido ir a trabajar con ella en cuanto la contactó sin importarle cambiar de ciudad.

-Buenos días, Annie. – La saludó con una sonrisa. Marie ya no era la chica de la limpieza, ahora era la encargada de llevar la agenda tan apretada de la diseñadora "Annie Britter".

-¿No ha llegado la señora O'Brian? – Preguntó Annie buscando con sus ojos a la clienta que había hecho cita desde el mes pasado.

-No, solo está tú cuñada… - Dijo Marie bajando la voz y rodeando los ojos.

-Gracias… - Agradeció Annie sin agradecer, la verdad era que recibir a la hermana de Wilberth no le agradaba del todo. – Buenos días Samantha… - Saludó con una sonrisa a la joven señora, quien era hermana mayor de Wilberth.

-Buenos días, Annie querida. – Dijo la mujer saludando de beso en ambas mejillas a la ojiazul. – Disculpa que te visite sin cita, pero fíjate que estoy invitada a una importantísima boda y necesito que me ayudes con el vestido. – Dijo la mujer con verdadero interés. Annie sonrió por compromiso, sabía que las únicas visitas de aquella mujer eran simplemente porque ocupaba un vestido y un descuento, que si bien no ocupaba se sentía con obligación de hacerlo.

-No te preocupes, tengo algunos modelos que tal vez te puedan servir… - Dijo Annie haciendo un gesto a Marie para que le mostrara los últimos diseños que había creado.

-No, no, no, Annie querida, lo que yo quiero es algo reciente. – Dijo como indicando que aquellos vestidos tal vez alguna de las clientas ya tendrían vistos. – Algo que nadie haya visto, algo nuevo e innovador… - Decía ante la molestia de Annie.

-Claro que sí… ¿Cuándo es la boda? – Preguntó Annie para hacer tiempo en su agenda.

-Dentro de tres meses. – Indicó la joven con indiferencia, como si el tiempo fuera mucho.

-Déjame ver qué puedo hacer, tengo muchos pendientes para dentro de tres meses. – Dijo Annie pensando en programarse, porque también ella tenía la boda de su hermano y debía terminar los vestidos de Candy, Cassie, Julieta y de ella misma. Samantha la miró un tanto ofendida por su casi negativa.

-Muy bien, entonces vengo dentro de dos meses. – Dijo como dando un ultimátum de que el tiempo corría.

-Yo te aviso. – Le dijo la joven un tanto cansada de que siempre llegara a última hora. Samantha la observó un tanto ofendida pero no dijo nada.

-Esa mujer siempre es un problema. – Dijo Marie, quien era de la misma edad que Samantha Simmons ahora Donovan. – Recuerdo que hace tiempo se decía que se comprometería con la cabeza principal de los Ardlay… - Comentó Marie con inocencia, ella no sabía que aquel chico que Annie había amado en su tierna juventud era un Ardlay.

-¿De verdad? – Preguntó Annie con curiosidad. Marie asintió.

-William Ardlay. – Dijo Marie con un suspiro. – ¡Un hombre de ensueño! ¡Alto, rubio, ojos azules! Todo un sueño. – Dijo la joven con el rostro enrojecido.

-¿Lo conociste Marie? – Preguntó Annie curiosa. Marie negó a la pregunta de Annie.

-La verdad es que no… solo repito lo que decían las jóvenes que lo conocían. – Dijo con gracia. Annie comenzó a reír por la charla de su ahora amiga.

La campanilla de la recepción sonó indicando la llegada de las personas que Annie esperaba.

-¡Patty querida! – Dijo Annie con una gran sonrisa, ahí en la sala de recepción se encontraba Patricia Cornwell, O'Brian para Annie.

Patty había mantenido su nombre de soltera frente a Annie, desde que Stear la había enviado en Nueva York para que le diseñara su vestido de novia. El inventor con todo el temor de que Annie se negara a ayudarla, le había dado instrucciones precisas de jamás revelar el nombre de su futuro marido, explicando solo a medias el motivo de aquella petición, así que Patty respetando la petición de su marido tampoco reveló que Annie era la misma chica que había sido su diseñadora los últimos dos años, por respeto a el bochorno que sentía su marido acerca de lo que había hecho su hermano.

-Hola querida… - Saludó Patricia con una sonrisa sincera.

Junto a Patty, estaba una joven de cabellos rojizos en bucles recogidos, una joven que miraba todo a su alrededor, escudriñando todo con detenimiento, como si estuviera juzgando el lujo que había en aquella prestigiosa casa de modas.

-¿Cómo has estado? – Preguntó Annie con una sonrisa a su ya antigua conocida.

-Muy bien, mira ella es mi prima Elisa… - Dijo Patty presentando a su prima política.

-Mucho gusto… - Mencionó Elisa, observando a Annie de arriba hacia abajo. Annie sonrió con orgullo, le parecía que la conocía de algún lado.

-Pronto se casará y me gustaría si pudieras hacerle su vestido de novia. – Dijo Patty emocionada porque la mismísima Elisa Leagan le había dicho que le había encantado su vestido de novia y que quería su misma diseñadora.

-Por supuesto ¿Para cuándo es la boda? – Preguntó Annie con amabilidad. Elisa giró su rostro sin responder.

-Para dentro de tres meses. - Mencionó Patricia, quien parecía más emocionada con la boda que la misma novia. Annie abrió los labios sorprendida, pensando que tal vez era la boda a la que la hermana de Wilberth estaba invitada.

-Es poco tiempo. – Dijo Annie con cierta presión.

-¡Lo sé, Annie! – Dijo Patty tomando sus manos con preocupación. – Pero recuerdo que tú misma hiciste magia con mi vestido en muy poco tiempo. – Dijo emocionada recordando el resultado de su hermoso vestido.

-En aquella época no tenía mucho trabajo. – Recordó la ojiazul con cierta melancolía, además de que el vestido que había utilizado Patricia era en secreto el vestido que había estado confeccionando para ella misma, movida por la falsa ilusión de casarse con Archie algún día.

-Por favor… - Dijo Patty insistente.

-Muy bien… lo haré… - Dijo Annie dispuesta a dejar de lado los pedidos nuevos que llegaran por ese tiempo. Miró a Marie y esta asintió, procediendo a tomar las medidas de la pretenciosa señorita Elisa. – Aquí tengo tu pedido. – Dijo Annie para mostrar a Patty los vestidos que había solicitado meses atrás.

-¡Son hermosos! – Dijo Patty emocionada con toda la ropa que había elegido para su nuevo guardarropa de verano.

Annie comenzó a mostrar ideas a la ostentosa señorita Leagan, mientras Patty miraba feliz de haber logrado que les ayudara a realizar el diseño para su próxima boda con el joven Stevens.


Anthony había llegado a Lakewood casi al amanecer, sus ojos ardían del sueño y del cansancio, pero las ganas de volver a ver a su pecosa eran mayores, sobre todo por las ganas que tenía de conocer a su bebé, que ahora sabía era un niño de unos cinco años.

-¡Anthony! – Saludó Stear sorprendido por su llegada.

-¡Stear! – Dijo Anthony dando un fuerte abrazo a su primo. Tenían más de cinco años de no verse. Aquel abrazo fue uno que curaba todas las heridas acumuladas con el tiempo.

-¿Te enteraste? – Preguntó Stear con impaciencia, quería saber si alguien le había dicho no de la ausencia del tío William, porque era evidente que por eso había regresado, sino que quería saber si alguien le había avisado de lo sucedido con Candy.

-Por eso estoy aquí primo. – Reconoció Anthony que ese era el motivo de su visita. Stear sonrió a su franqueza. - ¿Has sabido algo de ella? – Preguntó impaciente. Stear negó frustrado.

-La tía abuela la buscó por algún tiempo, sin embargo jamás la encontró, yo he tenido la intención de buscarla por medio de Annie, pero la verdad que no me atrevo a presentarme ante ella. – Dijo Stear como si él hubiese tenido la culpa del comportamiento de su hermano.

-¿Dónde está ella? – Preguntó Anthony.

-En Chicago… - Respondió Stear simplemente. Anthony asintió, sería muy probable si Candy estuviera en contacto con ella.

-Voy a ir al hogar de Ponny, seguramente ellos sabrán de ella. – Dijo seguro que la señorita Ponny o la hermana María lo ayudarían.

Stear estuvo de acuerdo con las intenciones de Anthony, quien lo animaba a quedarse un momento para que descansara, convenciéndolo que era mejor no manejar hasta que por lo menos durmiera unas horas.

-¿Y tú esposa? – Preguntó Anthony al ver que la mansión lucía solitaria.

-Durmió en la mansión Leagan. – Respondió el inventor, recordando a Anthony que Patty había sido amiga de Elisa en el pasado. – Saldrían desde ayer muy temprano rumbo a Chicago para ver lo del vestido de novia de Elisa. – Explicó una vez más el de anteojos.

-¿Elisa se va a casar? – Preguntó Anthony con cierto alivio y felicidad en su pecho.

-¿No sabías? – Preguntó Stear divertido. Anthony negó.

-No… pero me alegro por ella… - Dijo con una sonrisa. - ¿Quién es el afortunado? – Preguntó con cierta ironía en su voz.

-¿Recuerdas a Tom Stevens? – Preguntó Stear mirando a Anthony, quien asentía a su recuerdo.

-Él también podría saber dónde se encuentra Candy. – Dijo Anthony desesperado.

-Lo sé, pero desafortunadamente no confía en mí, mucho menos en Archie, dijo que solamente diría dónde se encuentra cuando tú vinieras personalmente a preguntarle. – Dijo Stear con cierto desaliento en su voz.

-¿Y qué esperamos? – Preguntó Anthony impaciente.

-Tendrás que esperar que regrese de Nueva York. – Dijo Stear quien sabía que el novio de su prima estaba de viaje en la gran manzana. Anthony negó frustrado. – Anda, ahora duerme un poco, más tarde te acompaño aprovechando que los niños se fueron con Patty. – Dijo animándolo otra vez a dormir.

-Hijos… tengo un hijo Stear… - Dijo Anthony con la voz quebrada por la emoción y el dolor por no conocerlo. Stear sonrió con melancolía al ponerse en su lugar, él adoraba a sus dos hijos y no podía pensar un segundo en no haber estado presente en su vida desde un inicio.

-Tienes un hijo Anthony… y te aseguro que es el sentimiento más profundo que puedes experimentar en tu día a día. – Dijo Stear palmeando su espalda.

-¿Cuántos hijos tienes? – Preguntó Anthony un tanto apenado por no haber preguntado antes.

-Tengo dos hijos… - Dijo Stear con orgullo, pensando en sus dos retoños.

Stear tenía dos hijos de cuatro años al lado de Patricia, habían nacido casi un año después de su matrimonio con la joven. Eran mellizos, el primero de nombre Ángel y el segundo Alan, ambos parecidos entre sí, pero no iguales. Ángel que era el mayor era muy parecido a su madre, con los cabellos color avellana al igual que sus ojos, en cambio Alan que era el menor, tenía los ojos negros al igual que su cabello, un niño muy parecido a su atractivo padre.

Anthony escuchó por un momento la vida de Stear, quien decía que era muy feliz al lado de su esposa, lo cual alegraba al rubio, quien siempre había deseado disfrutar una vida al lado de su esposa e hijos.

-¿Y Archie? – Preguntó Anthony por su primo menor. – Sé que vive en Nueva York. – Dijo Anthony una vez más.

-Archie sigue soltero, creo que después de que vio a Annie ser feliz con Tom quedó sin ganas de volver a enamorarse. – Mencionó Stear creyendo aún a esas alturas que Annie y Tom habían mantenido una relación.

-¿Annie y Tom? – Preguntó Anthony seguro que eso sería hasta cierto punto difícil de creer.

-Ellos siempre estaban juntos. – Dijo Stear recordando las veces en las que había visto a Tom consolando a Annie.

-Ellos son hermanos, Stear. – Dijo Anthony recordando además que en aquella época él estaba enamorado de Cassie.

-¿Hermanos? ¿Cómo así? – Preguntó Stear confundido, sobre todo porque Tom jamás los sacó de la duda.

-Bueno hermanos de sangre no, me refiero a que ellos fueron criados en el hogar de Ponny. – Dijo Anthony explicando más a fondo lo que él sabía de aquella relación que existía entre ellos tres. – Recuerdo que él estaba muy interesado en Cassie. – Explicó nuevamente.

-Cassie estaba muy enamorada de Terry, que por cierto se casaron y tienen una hija. – Dijo Stear nuevamente a Anthony. Anthony se sorprendió con aquella revelación, porque le parecía que Terry jamás dejaría de perseguir a su pecosa. Hasta ese momento agradecía que no se hubiera querido aprovechar de la situación y hubiese querido dar su nombre a su hijo.

-Por lo menos no quiso dar su nombre a mi hijo. – Dijo Anthony con molestia en su voz, sin imaginar que ese había sido el primer impulso del actor.

-No sé cómo sucedió, pero el día que Archie y yo fuimos a buscar a Annie y Cassie para darles nuestras condolencias, ella apareció muy sonriente de la mano de Terry y con un vientre tan prominente como el que tenía Candy. – Dijo para sorpresa de Anthony. Stear levantó los hombros sin saber qué había sucedido.

Anthony guardó silencio por unos minutos, imaginándose a su amada Candy esperando a su hijo, para él hubiera sido la imagen más perfecta que pudiera haber tenido jamás de su pecosa.

-¿Cómo se veía, Stear? – Preguntó con un nudo en su garganta, aguantando sus ganas de llorar visiblemente conmovido por por los duros recuerdos. Stear lo palmeó comprensivo.

-Hermosa Anthony… hermosa… - Le dijo con empatía, sintiendo el dolor de su primo como propio, porque muchas veces se había quejado por no habérsele ocurrido ir en busca de Anthony primero y explicarle lo sucedido a él para que después fuera en busca de la rubia.

Anthony durmió tan solo unas cuantas horas, se levantó poco después y una vez que se había bañado y cambiado, bajó a comer algo y emprender su viaje hasta La Porte. Stear lo acompañó y ambos se ponían al día con todo lo que había sucedido aquellos años.

Anthony contaba a Stear algunas de las aventuras que había enfrentado, algunas eran tristes, otras peligrosas y otras eran simplemente aventuras que no aportaban nada a su vida personal.

-¡Vaya Anthony! – Dijo Stear sorprendido con su relato. – Tú sí has vivido sin ganas de vivir. – Dijo una vez más el inventor, reconociendo que estar tan cerca de aquella guerra que había resultado tan desastrosa, había sido como una sentencia de muerte que no se había ejecutado.

-La verdad no me importaba nada… - Confesó Anthony, quien muchas veces creyó que partir al lado de Candy y su hijo era lo mejor. – Ahora comprendo que no era mi momento. – Dijo Anthony pensativo, comenzando a divisar a lo lejos la colina de Ponny.

El paseo había terminado y pronto Stear se acercó hasta la entrada de aquel sencillo orfanato y a pesar de las modificaciones que había sufrido y de las nuevas actualizaciones que eran posible gracias al donativo mensual que era enviado gracias a él, ese lugar seguía sintiéndose tan cálido y tan familiar como la primera vez que lo había visitado. Incluso junto a la puerta de entrada podía visualizar algunos rosales que por el clima aún no florecían, sin embargo tuvo a bien identificar que se trataban de aquellos que él algún día había obsequiado a su novia y a su hermana.

-¡Joven Ardlay! – Dijo la señorita Ponny sorprendida por la presencia de los jóvenes.

-Señorita Ponny. – Saludó Anthony con una sonrisa llena de esperanza, observado que los años no habían sido buenos con aquella noble mujer. – Un placer volver a verla… le presento a mi primo Alistear Cornwell. – Lo presentó sin mencionar el último apellido, el de más peso en el país.

-Mucho gusto, pero pasen… aquí hace frío. – Dijo la mujer levantándose con un poco de dificultad para apoyarse en el bordón de madera que sostenía en su mano.

Anthony y Stear la ayudaron a ponerse de pie y la acompañaron hasta el interior, donde una docena de niños se acercaban a ellos con curiosidad.

La hermana María, también se acercaba a saludar y a agradecer lo que había hecho por el orfanato, ya que desde que recibían su ayuda mensualmente, habían podido resolver muchos de los problemas a los que se enfrentaban antes en el día a día.

-Joven Ardlay. – Saludó la hermana María para después saludar a Stear.

-Hermana María, un placer conocerla. – Dijo Stear con una linda sonrisa.

-Hermana, inviteles un chocolate con malvaviscos. – Dijo la señorita Ponny, la mención de aquella bebida que se había vuelto su favorita y que tenía años de no consumir, lo llevó en un viaje a su pasado. Un pasado en el que había sido tan feliz y en el que añoraba tanto regresar. - ¿Viene buscando a Candy? – Preguntó la buena mujer. Anthony asintió desesperado, quería saber pronto de ella.

-Sí, regresé de un largo viaje y acabo de enterarme que…

-Lo sabemos. – Dijo la hermana María sin dejarlo que aclarara el motivo de su ausencia. – Candy se encargó de contarnos toda la historia porque no quería que creyéramos que usted la había abandonado. - Explicó la buena mujer.

-¡Jamás! - Dijo Anthony desesperado. – Jamás la hubiera dejado sola, ella es mi vida… mi pasado, mi presente… mi futuro… - Dijo con melancolía, demostrando en su rostro el tormento que habían sido todos esos años lejos de ella.

-Me alegra escuchar eso… - Dijo la señorita Ponny con una sonrisa en sus labios. – Pero lamento decirle que no tenemos noticias de ella. – Dijo para asombro de Anthony, quien la miró confundido.

-Candy tenía miedo de que la abuela de usted le quitara a Alexander. – Dijo la hermana María con sinceridad. Anthony la miró avergonzado. – Ella había prometido que se quedaría con su hijo, que estaba en su derecho y Candy simplemente huyó de aquí al saber que estaba cerca de encontrarla. – Dijo una vez más.

-¿Pero a dónde fue? – Preguntó Anthony poniéndose de pie cada vez más desesperado, le parecía imposible que estando tan cerca de ella no pudiera localizarla.

-Está en Chicago… - Respondió la señorita Ponny. – Es lo único que sabemos. – Dijo la buena mujer. – Cada tanto tiempo envía un telegrama de esta dirección. – Dijo mostrando el último telegrama enviado por la joven. Anthony sonrió con un poco de esperanza, sería capaz de pararse todos los días del mes en aquel lugar tan solo para esperarla.

-Tranquilo Anthony, estás más cerca de ellos. – Dijo Stear con ánimo al rubio. Anthony asintió, sin embargo la ansiedad que sentía en su pecho era tan grande que no se conformaba con estar más cerca, quería estar con ellos ya.

Ambos jóvenes se despidieron del orfanato con rumbo a la mansión de las rosas, donde Anthony continuaba con la preocupación del paradero de Candy, lucía impaciente y Stear sabía que no estaba a gusto.

-¿Quieres ir a Chicago, verdad? – Preguntó observando de lado a su primo. Anthony lo miró sonriendo agradecido por su comprensión. – Entiendo, iré contigo. – Le dijo seguro que iría con él, así se reuniría con su esposa e hijos y podrían regresar todos juntos o por lo menor ayudarle a buscar a la rubia.

-Tengo que encontrarla Stear. – Dijo Anthony olvidando un poco también la búsqueda del patriarca.

Llegaron a Lakewood solo para arreglar sus pertenencias y de inmediato partir rumbo a Chicago, el camino sería cansado, sobre todo para Anthony, quien venía viajando desde que había salido de Southampton, alrededor de diez días.

Llegaron a Chicago ya entrada la madrugada, los dos cansados, sobre todo Anthony, quien sin ánimo de nada se dirigió hasta su habitación dispuesto a tomar un baño y dormir un momento, quería regresar de inmediato a la oficina para organizar ambas búsquedas.


Candy había salido del hospital Santa Juana y había decidido caminar hasta la estación del metro para llegar hasta el centro de la ciudad, en donde sabía se encontraban establecidas las empresas Ardlay.

Llegó con todo el nerviosismo posible en su cuerpo, se sentía nerviosa pero necesitaba hablar con Anthony, tal vez ya no era para que retomaran su relación, pero creía que era necesario que él tuviera conocimiento de su hijo.

-Buenas tardes señorita. – Saludó Candy con una sonrisa amable. La joven en la entrada del imponente edificio le sonrió con la misma amabilidad que la rubia le dedicaba, aquel trato hizo que Candy se relajara un poco más.

-Buenas tardes. – Saludó la joven sin dejar de sonreír.

-Disculpe estoy buscando al joven Anthony Brower Ardlay. – Mencionó Candy sin atreverse a mencionarlo simplemente por su nombre.

-El señor Ardlay no se encuentra. – Respondió la joven dispuesta a tomar el dato de la persona que preguntaba por él. Candy observó el cuaderno de notas que tenía listo y pudo ver que no sería la primera en la lista, sino que había por lo menos unas veinte personas arriba de ella. Eso la desilusionó sonriendo de lado desanimada. – Si gusta dejarle un recado y cuando venga yo se lo entrego. – Agregó la chica dispuesta a anotar un nombre más.

-No se preocupe. – Dijo Candy con una sonrisa triste. - ¿Puede decirme cuándo volverá? – Preguntó una vez más la rubia. – La joven recepcionista negó con una sonrisa apenada.

-Hoy lo estábamos esperando, pero al parecer surgió otro imprevisto. – Dijo la joven mirando a Candy como se decepcionaba por no haberlo encontrado. – Tal vez mañana… - Dijo la joven no muy convencida de ello, creyendo que tal vez tenía algunos otros inconvenientes, ya que ella sabía que desde la desaparición de la cabeza del clan había muchos pendientes por resolver. – Pero si me dice su nombre… señorita…

-Después vuelvo… - Dijo Candy agradeciendo a la joven su amabilidad. La chica le sonrió apenada por haber llegado hasta ahí, pudo ver que por su uniforme de enfermera había tenido que desviarse de su camino.

Candy caminó entre obreros que parecían tenían un desacuerdo, había muchas personas de diferentes nacionalidades discutiendo entre sí, era como si estuvieran en una especie de huelga. Cruzó la calle y evitó pasar entre ellas ya que el silbido de algunos que la habían notado comenzó a escucharse, lo que la hizo sentirse incómoda por los chiflidos para hacerse notar.

La rubia llegó hasta su departamento realmente triste, sentía que todo era mucho más difícil para ella, la gran necesidad de volver a ver a Anthony la estaba ahogando en su pecho y no le permitía respirar con naturalidad.

-¡Candy! ¿Te encuentras bien? – Preguntó Albert al ver que Candy llegaba desanimada.

-¡Albert! – Dijo la chica sorprendida por haberse encontrado con su vecino en el departamento. - ¿Dónde está Annie? – Preguntó observando por todos lados en busca de su hermana.

-¡Mami! – Gritaba Alexander quien salía de la habitación para arrojarse en los brazos de la rubia, quien lo tomaba para llenarlo de besos. Entre risas Alexander abrazaba a su mamá.

-Salió a trabajar desde temprano porque tenía una cita. – Dijo Albert con una sonrisa.

-Lo siento… - Dijo Candy dándose cuenta de la hora. – No pensé que era tan tarde. – Dijo de nuevo la joven.

-No te preocupes Candy, aún no comienzo mi turno. – Dijo Albert amablemente. – Si quieres puedo cuidar a Alexander estos días que Annie estará tan ocupada y tú trabajando en el hospital. – Dijo una vez más con amabilidad, estaba tan agradecido con el par de hermanas que con gusto las ayudaba.

-Te prometo que no serán muchos días. – Dijo Candy aceptando la ayuda que Albert le ofrecía.

-Bien, por lo pronto la comida está lista. – Dijo Albert con una sonrisa que hizo que Candy se quedara sin aliento, ya que cuando sonreía de esa forma era inevitable que no recordara a su adorado Anthony.

Alexander y ella se sentaron a la mesa para comer junto con Albert, quien después de terminar se retiró a su departamento. La rubia se quedó pensativa, recostándose en el sillón observando a su hijo quien jugaba con el balero que Albert le había obsequiado.

Continuará…


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hola hermosas! ¿Cómo están? Espero que muy bien y esperando este capítulo, les agradezco mucho sus lindas palabras, siempre dispuestas a darme un punto de vista y hacerme sentir importante.

Espero que les haya gustado el capítulo, ya falta poco para que se encuentren los rubios, ¿Cómo será ese encuentro? ¿Quién dará con quién? ¿Será casualidad o realmente darán con su ubicación? Espero que queden pendientes para el siguiente.

Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos!

Cla1969:

Ciao stupendo! Apprezzo davvero l'interesse da parte tua.

L'identità di Mark verrà fuori in seguito, per il momento non interferisce con lo sviluppo della storia. George è molto discreto e preferisce che Elroy dica la verità. La vecchia Elroy sa davvero molto poco, ha dato la ricerca ad Albert dopo che si è ammalata e lui ha trovato Candy e suo figlio, ma per paura di quello che avrebbe fatto la prozia è rimasta in silenzio, poi la perdita della memoria, che ricordiamo a All'inizio ho detto che ci sono cose che sono destinate ad accadere "sì o sì" ed è per questo che le ho usate nel corso della storia.

Spero che non ti deluda. Archie è a New York e vive una vita folle lol.

Bellissimo, grazie mille per le tue domande, spero che per il momento basti per la tua tranquillità. Ti mando un grande abbraccio!

Saluti bellissima!

ViriG:

Hola hermosa! Mil gracias por comentar, agradezco que el problema de tu app haya quedado resuelto, es más fácil a veces usarla, aunque te confieso que para las actualizaciones yo prefiero la laptop, más cómodo para mí y menos errores ortográficos! creo que eso es un defecto mío, cuando veo que me equivoco en un comentario me molesto por mi descuido jajajaj.

Espero que este capítulo te haya llenado un poquito de alegría, no hay mucho pero ya sabes por dónde va la historia y quienes pronto unirán sus vidas, aún no termino es parte por eso no te he dicho (sin spoilers jijjiji) cómo se acercaron este par de chamacos orgullosos.

Hermosa, espero que te haya gustado el capítulo, yo espero que sí, era la sorpresa que te había dicho tiempo atrás que tenía para ti en esta historia, en verdad lo había dejado de hacer porque en su tiempo tuve muchos comentarios en contra, pero ahora no descarto la idea de hacerlo nuevamente, sobre todo porque me gusta que Elisa se enamore de alguien que considera inferior a ella jajajaja, eso es épico! jajaja.

Amiga, te mando un fuerte abrazo y espero que el pago de tenencia no haya sido muy grande.

Saludos y un fuerte abrazo.

Rose1404:

Hola hermosa! ¿Cómo están? Espero que sigas mucho mejor y lista para continuar con tu vida normal.

No inventes! Ya hice el cambió, Alexander nació el 22 de diciembre de 1915, 107 años antes que Anthony, pero a fin de cuentas comparten ahora cumpleaños jijijijii.

Elroy revela lo que sabe a Anthony y los esfuerzos inútiles que ha hecho, nada sirvió y ella sigue sin saber dónde está Candy, dónde está Alexander, ni dónde está Albert, todos la dejaron, ya que Stear vive en Lakewood junto a su familia, lo mismo Elisa y Archie en Nueva York junto a su gran amigo Terry jajajaja.

Hermosa deseo que tengas un excelente fin de semana, espero que te haya gustado este capítulo.

Saludos!

Mayely León:

Hola! ¿Cómo estás? Espero que muy bien, de hecho si comprendí que creías que me retiraría de fanfiction, no sé por que pensaron varias así, aunque si lo he considerado antes en estos momentos no lo tengo considerado, solo pido tener tiempo para continuar escribiendo, sé que son pocas las escritoras de este bello fandom, además de que no son muchas las que les agrada el tipo de lectura que yo hago.

Hermosa, espero que te haya gustado el capítulo, muchas gracias por tus buenos deseos, te informo que ya me dieron de alta en la clínica, pero aún tengo uno o dos meses para una total recuperación. Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

ViriG:

Y como dijeron los pingüinos de Madagascar "¿Verdad que te engañé!?" jajaja.

gidae2016:

Hola! Jamás me habían amenazado, no sé como tomarlo, mucho menos ahora que no puedo correr y esconderme, creo que seguiré manejando bajo perfil jajaja.

Hermosa, sé que hay muchas dudas con respecto a la historia, pero poco a poco se irán revelando. Mark es un chico que más adelante se revelará su identidad, por el momento no afecta nada a la trama ni en cómo se desarrolla.

Te mando un fuerte abrazo.

Saludos hermosa!

María José M:

Hola hermosa, te mando un fuerte abrazo, espero que te haya gustado el capítulo.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Luna Andry:

Hola hermosa, espero que estés muy bien y concentrada en el próximo capitulo de nuestra adecuada cenicienta jajaja. Te mando un fuerte abrazo.

Usagi de Andrómeda:

Hermosa, espero estés muy bien.

Mía Brower Graham de Andrew:

Hola hermosa, espero que sigas disfrutando de tu luna de miel.


Muchas gracias a las lectoras anónimas por darme ese espacio en su tiempo. Dios las bendiga.


GeoMtzR

11/01/2025