Buen día, espero que estén pasando un lindo domingo.

Muchas gracias por continuar con la lectura. Les recuerdo que NO es para menores de edad o para personas sensibles al tema adulto.

GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.

DESTINO

CAPÍTULO 44

La mañana llegó antes de lo previsto, la pareja de rubios que continuaban abrazados en cama respiraba tranquilamente por primera vez en años. El sonido de la puerta despertó a los amantes, quienes abrieron los ojos con pesar.

-¡Mamá! ¡Papá! ¿Están ahí? – Preguntaba Alexander quien corriendo se arrojaba sobre la cama en busca de sus progenitores, más específicamente en su padre, quien era quien temía se volviera a ir de su lado.

-¡Hola campeón! – Le dijo Anthony con una sonrisa adormilada, frotando su rostro para espabilarse, mientras Alexander lo veía con una linda sonrisa mañanera.

-¡Papá! – Dijo el pequeño aliviado de ver a su padre dormido junto a su madre.

-Buenos días… - Dijo Candy para llamar la atención de su hijo, quien por la emoción de tener a su padre ahí se había olvidado un poco de la rubia.

-Buenos días mamá… - Le dijo dando un beso en su mejilla a manera de disculpa. Candy lo atrapó y lo subió a la cama para hacerle cosquillas a manera de castigo. - ¡No mamá! – Decía Alexander inundando con su risa la habitación. - ¡Papá! – Gritaba en busca de la ayuda de su padre.

Anthony tomó a Candy por la cintura y con un ágil movimiento comenzó a hacerle cosquillas también, la rubia pronto comenzó a reír intentando zafarse de aquel ataque contra ella.

-¡Son dos contra una! ¡No es justo! – Decía entre carcajadas, pues tenía también a Alexander del lado de su padre, sin embargo en pocos segundos el pequeño de rizos alborotados hizo lo mismo con su padre, demostrando que no le era fácil atacar a uno o a otro.

Las risas se escuchaban en el dormitorio de Candy, mientras una Annie sonriente se preparaba para salir una vez más, el ruido de la cocina fue el motivo por el cual Candy se levantó de la cama.

-¿Vas a salir Annie? – Preguntó la rubia a sabiendas que era domingo.

-Debo terminar… - Dijo Annie con la impaciencia en su rostro. Candy la observó por unos segundos.

-¿Por qué no le pides a Marie que te ayude? – Preguntó Candy segura que Marie era alguien que había aprendido con los años a su lado.

-Ella me ayuda mucho. – Dijo Annie segura de ello. – Pero estos diseños son especiales y debo asegurarme que estén excelentes. – Dijo justificando el motivo por el cual debía seguir trabajando.

-Annie… - Dijo Candy acercándose a ella, no la veía bien y no era solo el cansancio de la casa de modas. - ¿Qué sucede? – Preguntó la rubia dispuesta a ayudarla. Annie la miró y sonrió con timidez.

-No es nada Candy… - Dijo Annie intentando no llorar, sabía que la rubia había amanecido de muy buen humor y ella no quería estropear lo que ahora tenía.

-¿Hablaste con Wilberth? – Preguntó Candy suponiendo que tal vez ese era el problema con su hermana. Annie negó con una sonrisa rota, en ese momento no pudo más y una lágrima cayó de sus lindos ojos. – Annie…

-No pasa nada Candy… - Dijo Annie interrumpiendo a la rubia, quien deseaba consolarla en esos momentos. – Él está molesto simplemente… - Dijo intentando justificar su estado de ánimo, sin embargo en el fondo ella sabía que estaba así por el regreso de Archie y era algo que la molestaba profundamente porque lo creía superado.

-Pero ¿Qué pasó? ¿Quieres hablar de ello? – Preguntó Candy insistiendo en lo que Annie tenía.

-Se molestó porque… - Dijo Annie con pena, le avergonzaba hablar con Candy de esos temas a pesar de que ya alguna vez lo habían hecho. – Yo no quiero estar con él… - Dijo Annie con timidez, esperando que con esas palabras Candy comprendiera a lo que se refería. Candy tardó unos segundos en comprender lo que decía y abrió los ojos sorprendida.

-¿Él te está obligando? – Preguntó Candy con molestia, sabía bien que Annie era incapaz de estar con alguien antes del matrimonio, no después de la experiencia que Cassie y ella habían pasado y de la relación tan frustrante con Archie..

-No tanto así… - Dijo Annie con timidez. – Pero se molestó porque no accedí… - Dijo una vez más.

-Pues me va a oír… - Dijo Candy molesta, estaba segura de poner en su lugar a Wilberth en cuanto lo viera.

-¡No Candy! – Dijo Annie con el rostro enrojecido por la pena. - ¡Él no sabe que te hablé de ello! – Dijo Annie impaciente, creía que Candy lo retaría en cuanto lo volvería a ver. Candy sonrió resignada a no intervenir por lo pronto.

-Nadie debe obligarte Annie… - Le dijo Candy comprendiendo que por el momento no intervendría. Annie sonrió aliviada. El sonido de un claxon se escuchó de pronto.

-Es el auto de sitio. – Dijo Annie de pronto, dejando su café a un lado de la barra de la cocina.

-¿Desayunaste? – Preguntó Candy antes de que saliera del departamento.

-¡Sí! – Gritó Annie en respuesta, para después cerrar la puerta.

Candy se quedó en la cocina muy pensativa, no le gustaba que Wilberth estuviera presionando a su hermana, si bien ella y Cassie habían decidido entregarse a sus parejas antes del matrimonio, no quería decir que Annie pensaba hacer lo mismo. La rubia se sintió culpable porque tal vez el que ella haya sido madre soltera le envió el mensaje incorrecto a aquel chico.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony a la pecosa, quien por pensar en lo que sucedía a su hermana no se había dado cuenta que el rubio había entrado a la cocina, sorprendiéndola por la espalda mientras la abrazaba y la acercaba a su cuerpo.

-¿Y Alexander? – Preguntó Candy preocupada al sentir las manos de Anthony acariciar libremente sus senos.

-Está en el baño. – Explicó Anthony mientras continuaba con sus caricias. Candy se relajó y se recostó en el pecho de Anthony, mientras poco a poco las caricias del rubio la estimulaban impaciente. Las caderas de Candy comenzaron a moverse en círculos contra la pelvis de Anthony, la cual reaccionaba de inmediato buscando continuar con la noche anterior.

-Anthony… - Gimió Candy con deseo y Anthony la giró rápidamente para colocarla sobre la barra de la cocina.

La besó con verdadera pasión, mientras sus manos acariciaban sus glúteos y la rubia daba acceso para entrar en su boca. El ruido de la puerta del baño fue el balde de agua que necesitaban para detenerse.

-¿Papá? – Llamó Alexander al no encontrar a su padre en la habitación.

-En la cocina, amor… - Le dijo Candy a su hijo, mientras Anthony la volvía a poner en el piso, guiñándole un ojo en señal de promesa de continuar con aquel breve momento. Candy se sonrojó al comprender las intenciones del rubio.

-Mamá tengo hambre. – Le dijo Alexander a su mamá, quien le sonrió dispuesta a preparar el desayuno.

-Te ayudo. – Le dijo Anthony, como siempre dispuesto a cooperar con la rubia para atender a su pequeño ciclón. Candy sonrió con travesura, sabía bien que cuando ellos cocinaban siempre había algo que los hacía demorarse.


En la habitación del hospital Albert también había despertado temprano, se sentía inquieto por estar bajo observación, no le gustaba estar sin hacer nada, sentía que era una pérdida de tiempo y sabía bien que había perdido mucho tiempo desde su desaparición.

-¿Cómo está la tía abuela? – Preguntó a Archie, quien estaba muy callado desde el día de ayer.

-La veo desmejorada… - Dijo Archie después de pensar unos segundos en su respuesta. – Pero todavía está fuerte. – Dijo una vez más. Albert suspiró, sabía que su enfermedad podría haberse acelerado ante la angustia de no tenerlo cerca.

-Tengo que verla. – Dijo Albert removiéndose entre las sábanas.

-Así es, pero tienes que esperar a que te den de alta. – Le dijo Archie volviendo a cubrirlo. Albert hizo una mueca y rodó los ojos fastidiado, pero al mismo tiempo deseando ver una vez más a la doctora Kelly. – Y hoy es domingo. – Le dijo una vez más el de melena castaña para que no se impacientara.

-Pero me siento bien. – Dijo Albert seguro de ello.

-Eso decimos todos, estoy bien, me siento bien, pero cuando menos lo esperas ¡Zas! Ahí estás de nuevo con el mismo mal que te aqueja desde años atrás… - Dijo de pronto Archie, causando interés en Albert, quien lo miró confundido.

-¿Estamos hablando de mí? – Preguntó Albert con diversión. Archie lo miró y sonrió avergonzado.

-Lo siento tío… - Dijo con una sonrisa pensativa de medio lado.

-¿Qué sucede Archie? – Preguntó Albert interesado en saber lo que sucedía con su sobrino. Archie lo miró y respiró profundamente, sabía que no podía hablar con Anthony o con Stear acerca de lo que sentía, ya que muchas veces lo habían retado por terco y orgulloso.

-No es nada tío… es solo que… - Dijo dudando un poco de decir lo que estaba pensando.

-¿Es solo que…? – Preguntó Albert animándolo a continuar. Archie lo miró sin saber qué decir, se sentía confundido.

-Ayer… - Albert lo miró animándolo a continuar. – Vi a Annie… - Dijo con pena, le causaba pena confesar que haber visto a Annie el día anterior lo había dejado un tanto descolocado.

-Ah sí, Candy comentó que había venido a dejar a Alexander. – Dijo Albert haciéndose un poco el desentendido, él sabía perfectamente de lo sucedido en el pasado con aquella pareja. – ¿Y qué con eso? ¿Te molestó volver a verla? – Preguntó una vez más. Archie lo miró apenado.

-No es eso… al contrario… - Dijo Archie abriendo sus sentimientos por primera vez a su tío, quien en el pasado había intentado ayudarlo pero él se había negado. – Es solo que… - Decía indeciso. Albert esperaba que continuara hablando, ya que después de haber conocido a Annie, no podía comprender cómo era que su sobrino se hubiera mantenido alejado tanto tiempo de ella.

-Ella es especial… - Dijo Albert seguro de ello, él mismo había estado a punto de sucumbir a Annie y a Candy cuando no tenía sus recuerdos, pero eso era algo que no ventilaría. Archie lo miró fijamente como intuyendo algo que había en los ojos de su tío. - ¿A qué le temes…? – Preguntó una vez más. Archie lo miró avergonzado.

-Al rechazo… - Dijo Archie seguro que temía que Annie lo rechazara.

-Podría ser, es lo más seguro. – Dijo Albert seguro de que así podría ser, él sabía de la relación que Annie tenía con Wilberth desde hacía tiempo. Archie lo miró un tanto angustiado.

-Es solo que… no sé… al verla tan hermosa, tan segura de sí misma, tan confiada en su belleza… - Dijo Archie recordando la actitud de la pequeña tímida que él recordaba. – Ya no es la joven que conocí hace cinco años atrás. - Albert suspiró, él jamás la conoció en ese tiempo.

-Cuando conocí a Annie ya era una mujer independiente, segura de sí misma y de lo que esperaba, iniciaba su relación con Wilberth y…

-¿Wilberth? – Preguntó una vez más Archie, Albert no sabía que él creía a Tom su pareja. - ¿Quién es ese tal Wilberh? – Preguntó una vez más impaciente por saber. – La última vez que la vi tenía en su departamento a un chico de aspecto country. – Dijo con cierta nostalgia e incomodidad en su voz.

-¿Tom? – Preguntó Albert seguro que era el único chico con ese aspecto que recordaba. – Tom es hermano de Candy y Annie, padrino de Alexander. – Dijo Albert para informar a su sobrino.

-¿Hermano? – Preguntó Archie confundido.

-Bueno, se criaron los tres en el hogar de Ponny, solo que a Tom lo adoptó un vaquero de nombre Steve Stevens… - Dijo Albert seguro que ese nombre lo haría identificar quien era.

-¿El prometido de Elisa? – Preguntó Archie al darse cuenta que Tom Stevens era el joven al que ellos llevaban su cuentas personales pero a quien jamás había visto. – ¿Por qué nadie me lo dijo? – Preguntó ofendido nuevamente.

-Lo ignoro. – Dijo Albert sin saber realmente el motivo por el cual jamás había visto al prometido de Elisa, o porqué nadie le había aclarado que Tom solo era el hermano de Annie.

-¿Y Wilberth? – Preguntó Archie con recelo en su voz, sabía que Alexander había comentado que ese era el nombre del joven con el que su tía salía.

-A él si lo conoces. – Dijo Albert seguro de que era un gran conocido de Archie. El elegante dudó un poco, ya que al único Wilberth que conocía no le era de su agrado que saliera con Annie.

-¿Wilberth Simmons? – Preguntó Archie confundido, sabía bien que aquel joven jamás se tomaba en serio a una dama. Albert asintió con la misma desconfianza de Archie. - ¡Pero él jamás toma en serio a ninguna dama! – Dijo sorprendido por su descubrimiento.

-Pues ya tiene tres años saliendo con Annie. – Dijo Albert sin decir las impresiones que tenía del chico.

-¿Tres años? – Preguntó Archie con pesar, le dolía saber que Annie tuviera una relación tan larga cuando él no había podido pasar más de seis meses con una novia, es más, cuando él ni siquiera había vuelto a ponerse de novio desde hacía alrededor de dos años. - ¿Están comprometidos? – Preguntó con un nudo en su estómago.

-Hasta donde sé, ella no ha querido formalizar para no dejar sola a Candy… pero ahora que Anthony regresó… - Dijo Albert mirando a su sobrino con interés, quien estaba con la respiración un tanto agitada.

-Ellos se comprometerán… - Dijo Archie con ese temor que había sentido la primera vez que la había visto junto a Tom.

-Es lo más probable. – Dijo Albert no muy convencido, porque él estaba casi seguro que Wilberth ocultaba algo, porque había muchas formas de sus actitudes que no le gustaban, pero las había olvidado por culpa de su atentado.

-Su familia siempre fue muy interesada. – Dijo Archie recordando a la familia de su antiguo amigo. Albert asintió, él mismo lo sabía muy bien.

-Annie sigue teniendo el apoyo de los Britter. – Dijo Albert seguro de que así era. – Solo que ella prefiere continuar con su propio esfuerzo, lo mismo que Candy. – Dijo el rubio sin dejar de observar a Archie.

Archie guardó silencio, prefirió callarse a continuar con esa plática que únicamente lo lastimaba y lo que menos quería era remover heridas del pasado. Se había equivocado con respecto a Candy y se había equivocado con respecto a Annie, y con esta última se había lamentado mucho tiempo por haberla alejado de su vida, pero ya no era tiempo de volver atrás, mucho menos cuando ella había reiniciado su vida y ahora era feliz y próxima a comprometerse, no era justo para él y mucho menos para ella.


Annie por su parte continuaba en su taller intentando concentrarse en lo que estaba haciendo, pero un descuido la llevó a pincharse el dedo con la aguja, obligándola a dejar el vestido de novia que bordaba para evitar mancharle con su sangre.

-¡Hay Annie! ¿Qué te sucede? – Se preguntaba ella misma reclamándose por su descuido. – Tienes que concentrarte. – Se decía una vez más dándose ánimo.

-¿Estás bien? – Preguntó Marie, quien había ido a echarle una mano.

-Estoy bien… - Dijo Annie con una sonrisa mientras se ponía una gasa en su dedo.

-No es lo que dice la expresión de tu rostro. – Le dijo Marie con una sonrisa tierna. Annie la miró fijamente y decidió tomar un descanso mientras la sangre dejaba de salir.

-Anthony volvió… - Dijo de pronto la pelinegra y Marie sonrió con emoción.

-¡Por fin! – Dijo feliz por saber que Candy tenía a su lado nuevamente al padre de su hijo. Annie asintió con la misma felicidad. – Pero eso no es lo que te tiene así… - Dijo Marie segura de que Annie tenía algo más.

-No… - Dijo Annie segura de que podría confiar en Marie.

-¿Quieres hablar? – Preguntó la joven, quien se había vuelto una amiga más que una colaboradora. Annie la miró sin saber por dónde comenzar.

-No sé qué hacer… -Dijo a punto de las lágrimas. Marie la miró con ternura. – Wilberth insistía en que debemos comprometernos. – Dijo Annie con cierta desazón en su voz.

-¿De verdad? – Preguntó Marie confundida, ya que ella tampoco sentía buena vibra en aquel chico, al igual que no la sentía con la bendita hermana de él. Annie asintió con pena.

-Pero además insiste en… - Dijo Annie con vergüenza, Marie comprendió de inmediato.

-Quiere la prueba de amor… - Dijo Marie con molestia. Annie asintió sorprendida y con el rostro totalmente rojo por la pena. – Vaya, que novedad… -Dijo la joven familiarizada con el asunto. – La mayoría de los hombres son iguales, te cortejan, te regalan flores y cuando aceptas ¡Zas! Lo único que quieren es llevarte a la cama. – Dijo con los dientes apretados. – Si no aceptas te chantajean con que no los quieres, que no son suficiente para ti, hasta que te hacen caer tontamente porque quieres demostrar cuanto significan para ti. – Dijo una vez más ante el asombro de Annie.

-Marie… ¿Tú…? - Preguntó con cierta timidez la ojiazul. Marie suspiró con resignación mirando a su jefa.

Marie era una joven mayor que Annie, pero de cuerpo hermoso y rostro dulce, sin embargo a pesar de ser bella jamás se había casado o por lo menos tenido una pareja desde que trabajaba con Annie, acababa de conocer a un chico, pero solo estaban saliendo.

-Hace unos años tuve un novio. – Dijo Marie con cierta pena porque era algo que jamás había revelado a nadie. – Yo era una chica inocente, sin familia, que vivía sola. – Recordaba con tristeza. – Me enamoré perdidamente y él de mí… bueno al menos eso me dijo. – Dijo Marie con nostalgia. – Se enlistó en la guerra y me convenció de entregarme a él antes de que se fuera, yo acepté porque lo amaba tanto que creí que se casaría conmigo al volver. – Decía con cierta ironía en su voz. – A los pocos meses lo vi con otra mujer muy sonriente… - Dijo mirando a Annie.

-¿Había regresado de la guerra? – Preguntó Annie con inocencia.

-Jamás fue a la guerra… - Dijo Marie segura de ello. – Ese fue el pretexto para convencerme y yo tontamente le creí. – Dijo con un profundo suspiro. – Por eso en cuanto me hablaste para venir a Chicago no lo pensé dos veces… - Dijo con una sonrisa de agradecimiento. Annie le sonrió agradecida.

-Lo siento, jamás me imaginé que tú… - Dijo Annie apenada, sin saber qué decir. Marie le sonrió con ternura.

-Los hombres de ahora solo buscan divertirse, se entretienen engañando a las jóvenes inocentes que como nosotras no tenemos familia y después se casan con alguna que no tenga experiencia. – Dijo Marie volviendo a los diseños. Annie miró sorprendida. – Cassie tuvo suerte con su marido. – Dijo recordando la historia de Cassie. – Candy también aunque por culpa de otros estuvo lejos del padre de su hijo. – Dijo realmente feliz de que Candy estuviera de nuevo al lado de Anthony.

-¿Crees que Wilberth...? – Preguntó Annie con incomodidad, ya que su novio había insistido muchas veces en que le diera un adelanto de su noche de amor.

-Yo no confío en nadie, Annie… - Le dijo Marie con una sonrisa rota. – Mucho menos en alguien que te insiste cuando tú no quieres. – Agregó segura de que Annie estaba siendo presionada para entregarse a él.

-Yo no pensaba hacerlo… - Dijo Annie intranquila. – Lo que sucede es que… - Marie la miró fijamente una vez más. – Ayer volví a ver a Archie… - Dijo cerrando los ojos con fuerza por temor a que la reprendiera de nuevo.

-¿¡En serio!? ¿Cómo está el elegante? – Preguntó con cierta sonrisa en su voz.

-Más guapo que nunca… - Dijo Annie sin pensar, lanzando un fuerte suspiro que provocó que Marie riera a carcajadas.

-¡Ahora lo entiendo! – Dijo divertida la joven. – Tú problema no es darle la prueba de amor a Wilberth, tu problema es que Archie regresó y ya no quieres a Wilberth. – Dijo con total desfachatez.

-¿¡Cómo se te ocurre!? – Preguntó Annie totalmente escandalizada de lo que Marie decía. – Wilberth es mi novio desde hace tres años… además… además…. ¡Archie jamás me quiso! – Dijo molesta al recordar el rechazo de Archie, poniéndose nuevamente a bordar con mayor entusiasmo que antes.

-Tal vez… - Dijo Marie con una sonrisa tierna mirando a Annie. – Pero te aseguro que he visto más miradas de amor en tus ojos en el poco tiempo que estuviste con Archie, que en los tres años que llevas con Wilberth… - Dijo una vez más la joven para después guardar silencio y seguir con su trabajo.

Annie observó trabajar a Marie, sintiendo que su corazón latía acelerado, pero decidió guardar silencio porque lo que sentía en su corazón era algo que ella debía seguir manteniendo en secreto. ¿Y qué si seguía enamorada de Archie? ¿Y qué si seguía creyendo que era guapísimo? ¿De qué le valía reconocer todo eso si lo más importante era el rechazo que él había tenido sobre ella? Una sonrisa rota apareció en su rostro, una sonrisa que obligó a desaparecer una vez más, porque ella no se dejaría vencer por los sentimientos, no permitiría que el amor que tenía por Archie volviera a surgir simplemente por unas cuantas miradas que había sorprendido sobre ella.


Anthony y Candy salían de la mano de Alexander, habían decidido pasear un momento con su hijo antes de ir al hospital y visitar a Albert para ver como seguía. Alexander jugaba junto a su padre mientras Candy los observaba reír y corretear, porque su hijo desde la llegada de Anthony no lo soltaba ni a sol ni a sombra, estaba tan feliz al lado de su padre que le era imposible apartarse de él.

-¡Papá! – Gritaba Alexander feliz cuando Anthony giraba con él dando vueltas en el aire. Anthony miró hacia donde estaba su mujer y le guiñó un ojo coqueto. Candy se ruborizó con aquel gesto inocente y sutil.

-Bien, creo que es hora de irnos. – Dijo Anthony ayudando a acomodar el gorro y los guantes en las manos de su pequeño. Alexander lo miraba fascinado y con orgullo.

-Sí… - Decía obediente, algo que jamás había conseguido Candy a la primera.

-¿Qué sucedió? – Preguntó Candy al ver que sus dos hombres se acercaban a ella tranquilamente.

-Papá dice que ya es hora de irnos. - Dijo Alexander por respuesta. Anthony llegó junto a ella y la abrazó por los hombros.

-¿Y aceptaste así de fácil? – Preguntó Candy haciéndose la ofendida. Alexander comenzó a reír con picardía.

-¡Mamá! Hay que ir con el tío Albert. – Dijo Alexander corriendo hasta donde estaba el vehículo.

-Es un niño muy obediente. – Dijo Anthony besando la mejilla de la rubia.

-¿Obediente? – Preguntó Candy no muy convencida, porque sabía que con ella debía haber algún trato de por medio. – Será solo contigo porque yo necesito hacer un trato y…

El beso de Anthony llegó a los labios de Candy, callando de pronto sus palabras y sus quejas, para dejarse llevar por la boca que tan sensualmente la obligaba a guardar silencio. Los brazos de Candy cayeron a sus costados y sus ojos se cerraban abandonándose completamente a su caricia, mientras el rubio la sostenía por la cintura y la acercaba a él al sentir que sus piernas se aflojaban. Anthony terminó de besarla y miró a todos lados antes de volver a atacar su boca.

-Vamos… - Le dijo guiñando un ojo una vez que la había dejado de besar.

-Vamos… - Dijo Candy con su expresión completamente sumisa, dejándose guiar por aquel bello hombre que la besaba y lograba su voluntad. - ¡Eres malo! ¡No sé cómo le haces! – Dijo Candy una vez que se dio cuenta de lo que había hecho. Anthony comenzó a reír y la besó rápidamente.

-Es un don. – Dijo Anthony con una sonrisa encantadora.

-¡Papá, yo conduzco! – Gritó Alexander a su padre, quien al ver que el tremendo pecoso estaba en el volante sonrió con ternura, pero al ver que el chico traía la llave del auto se le paró el corazón.

-¡Alexander, no! – Gritó Anthony al ver que el niño buscaba la manera de encender el vehículo.

Candy y él corrieron de inmediato hasta el automóvil intentando que el pequeño desistiera de su interés en encender el vehículo, en ese momento Anthony deseó que volvieran a encenderse con la manivela.

-¿Dónde va? – Preguntó Alexander con un lindo rostro al ver que su padre y su madre llegaban realmente asustados con la intención del pequeño. Anthony sonrió con ternura a su hijo y tomó la llave para indicarle dónde iba.

-Aquí… - Le dijo Anthony. – Pero aún estás muy pequeño para aprender. – Dijo con ternura y cuidado, observando sus grandes ojos azules emocionados mientras lo veía explicarle con tanto amor y ternura. Anthony se conmovió por la manera en la que lo observaba y lo besó en la frente con todo el amor y la ternura que había guardado en su pecho solo para él.

-Alexander, debes tener más cuidado. – Dijo Candy reprendiéndolo una vez que llegó hasta ellos.

-Lo siento mamá. – Dijo el pequeño apenado por la travesura del tremendo niño.

-No pasó nada princesa. – Dijo Anthony para tranquilizar a Candy. – Le he prometido que cuando sea más grande lo enseñaré a conducir. – Dijo seguro de cumplir con su promesa.

-¡Mi mamá es tú princesa! – Dijo Alexander con emoción, aplaudiendo mientras veía a sus padres felices. Anthony sonrió ante la inocencia de su hijo, había ocasiones en las que olvidaba que era tan solo un niño de cinco años, como en ese momento, que demostraba que era aún pequeño a pesar de su madurez.

-Ella es mi reina hijo. – Le dijo Anthony tomándolo en brazos para después llevar a Candy hasta el otro lado del vehículo. Alexander aplaudía, le gustaba ver el cuidado que Anthony mostraba por ellos, era como si una parte de él estuviera comenzando a disfrutar ser niño al no sentirse tan solo ahora por cuidar de su mamá. – Y tú eres mi príncipe. – Dijo besando la mejilla pecosa de Alexander.

-¡Soy un príncipe! – Gritó Alexander con todo el poder de sus pulmones, causando la risa de Candy y Anthony. – Mamá, papá me prometió que me enseñaría a conducir. – Dijo una vez dentro del auto, para Alexander era fantástico estar al frente de un automóvil ya que cuando se había subido a uno era en la parte trasera únicamente.

-¡Pero es muy difícil! – Dijo Candy sorprendida con la promesa de Anthony.

-Ahora no tanto. – Dijo Anthony mientras la ayudaba a subir al coche y se llevaba a su remolino hasta el asiento del conductor. – Ahora es más sencillo, si quieres te enseño a conducir. – Le dijo con una sonrisa sincera. Candy lo miró sorprendida, sin embargo algo en su interior se emocionaba al pensar que podría conducir por Chicago y llegar así antes a su trabajo.

Llegaron hasta el hospital donde un adormilado Archie platicaba con Albert y este parecía haberlo estado aconsejando.

-Buenas tardes. – Saludó Anthony con una sonrisa, mientras bajaba a Alexander quien se daba vuelo dejándose consentir por su padre.

-Buenas tardes. – Saludaron Archie, Stear y Albert. – Veo que te quedó muy bien mi ropa. – Dijo Albert con cierta burla al ver a Anthony vestido como él. Anthony rió divertido por sus palabras.

-¡Tío Albert! – Gritó Alexander una vez que se vio libre.

-¡Alexander, no! – Dijo Candy cuando vio las intenciones de su vástago.

-Déjalo Candy, la verdad es que me siento muy bien. – Dijo Albert recibiendo entre sus brazos al pequeño Alexander, quien sonreía con triunfo. Anthony sonrió al ver el cariño con el que su tío recibía a su hijo.

-¿Y a nosotros no nos vas a saludar? – Preguntó Archie al ver que su pequeño sobrino los había ignorado.

-Hola… - Dijo con cierta pena, bajándose de la cama para ir a saludar a Stear y Archie.

-Hola jovencito, tengo dos niños en casa que quieren conocerte. – Dijo Stear insistiendo en que Anthony debía llevar a su hijo a la mansión.

-¿Dos? – Preguntó con emoción, la verdad es que le gustaría conocer a sus otros dos primos. Stear asintió. – Solo tengo una prima, pero casi no la veo. – Dijo recordando a Julieta, la hija se Cassie y Terry.

-Pronto vendrá. – Dijo Candy segura que Cassie vendría a la boda de Tom. – Julieta, la hija de Cassie. – Dijo a Anthony al ver que él preguntaba con la mirada.

-¿Es la única niña que no es aburrida? – Preguntó Anthony a su hijo, recordando una charla entre hombres que habían sostenido. Alexander de inmediato se puso de todos colores y esto provocó una risa entre los presentes.

-¡Papá! – Gritó cubriendo su rostro mientras los rizos de su cabello se agitaban por el movimiento de su cabeza, que negaba una y otra vez.

-Vaya, así que mi sobrino es todo un galán. – Dijo Archie sintiéndose orgulloso de su sobrino. – Si quieres puedo darte algunos consejos. – Dijo el joven elegante con cierta travesura en su voz.

-¡No! – Gritó Anthony, Stear y Candy al mismo tiempo, mientras Albert comenzaba a reír por su reacción.

-Mejor dejémoslo así. – Dijo Anthony mirando a su hijo, quien miraba a todos sin comprender las reacciones que mostraban.

-Alexander aprenderá de su papá. – Dijo Candy con tranquilidad, mirando a Anthony, quien entrelazó su mano con la de ella y la acercó para besar su mejilla.

-Papá quiere mucho a mamá. – Dijo Alexander a Albert con orgullo. Albert sonrió y asintió feliz de ver que su sobrino era exactamente lo que él deseaba como padre de Alexander.

-Tu papá es un gran hombre. – Le dijo Albert a Alexander, quedando entre ellos dos solo esa plática.

-Lo dicen como si yo fuera una mala persona. – Dijo Archie un tanto ofendido por los comentarios de los demás.

-No eres mala persona hermano… solo un poquito inmaduro… - Dijo Stear haciendo la seña con su índice y su pulgar.

-Vamos Stear, eso era antes. – Dijo Archie seguro de que su inmadurez había quedado atrás. – Ahora soy un hombre de negocios en busca de una joven que quiera convertirse en mi esposa. – Dijo tranquilamente, sin embargo por su mente no pudo evitar que la sonrisa de Annie se cruzara como un destello.

-Me alegra escuchar eso. – Dijo Albert mirando a Archie orgulloso.

-También faltas tú… - Dijo Anthony a su tío, quien de inmediato se tornó rojo por la insinuación.

-Creo que el tío ya comenzó su cortejo. – Dijo Archie con un poco de travesura.

-La doctora Kelly… - Dijo Candy con una voz traviesa.

-Exacto… - Dijo Archie con travesura.

-¡Oigan! ¡Ella es muy profesional! – Dijo Albert intentando defenderse.

-Tan profesional, que vino en domingo por la mañana a ver cómo había amanecido su paciente favorito. – Dijo Archie nuevamente, descubriendo ante todos el interés de la joven doctora.

-Cuando uno es irresistible… - Dijo Albert siguiendo el juego a sus comentarios.

-¿Qué es irresistible? – Preguntó Alexander, quien por un momento había estado muy al pendiente de la plática de sus tíos y padres.

-Te hablan… - Dijo Anthony a su tío para que él fuera el indicado a explicarle, ya que había sido el que había hablado. Albert carraspeó un poco antes de responder.

-Bueno… irresistible es… cuando no te puedes resistir… - Dijo con una sonrisa nerviosa. Alexander lo observó aún confundido. – Sí bueno es… Es cuando una persona tiene mucho encanto y no puedes…

-¿Recuerdas el día que pedimos un postre de chocolate? – Preguntó Anthony ante el nerviosismo de su tío por explicar el sencillo término que había utilizado. Alexander asintió observando a su padre con detenimiento.

Anthony lo tomó entre sus brazos y lo sentó en sus piernas para obtener toda su atención. Candy y los demás observaban aquel bello gesto que tenía Anthony con su hijo.

-¿Recuerdas que no podías dejar de verlo? – Preguntó una vez más ante la curiosidad de Candy, quien imaginó que hablaba de los días en los que su remolino se había hecho pasar por Mark.

-Se veía muy rico. – Dijo Alexander saboreando el recuerdo de aquel dulce postre. Anthony asintió con una sonrisa.

-Eso es porque para ti era irresistible. – Le dijo acariciando sus rizos. Alexander abrió sus ojos captando lo que su papá quería decirle. – Y no podías resistirte a probarlo. – Dijo nuevamente Anthony.

-¡Ya entendí! ¡Así como mi tío Archie no pudo resistirse a ver a mi tía Annie! – Dijo de pronto Alexander, causando que Archie se ahogara con su repentino comentario y los demás comenzaran a reír por la astucia del pequeño.

-¡Oye! – Dijo Archie sintiéndose nuevamente al descubierto.

-Creo que es algo que no se le olvidará muy fácil. – Dijo Candy mientras miraba a su hijo.

-¿Y dices que no lo reconociste de inmediato? – Preguntó Stear con travesura, seguía sin creer que Anthony no hubiera encontrado el parecido tan fuerte que existía entre ellos y no solo en su bello rostro, sino que las ocurrencias de Alexander eran muy similares a las de Anthony cuando era un chiquillo. Anthony sonrió y miró con orgullo a su hijo, quien lo miraba con admiración.

La risa colectiva se hizo presente en aquel cuarto de hospital en el que los Ardlay reían felices por primera vez en mucho tiempo. Mientras Alexander no podía dejar de admirar a su padre, sentía un orgullo muy especial de verlo ahí junto a él y a su madre.

Stear fue el que se quedaría esta vez con Albert, después de deliberarlo un poco y de que Alexander hiciera un puchero porque no quería separarse de su padre.

-¿Quieres que te lleve a la mansión? – Preguntó Anthony a Archie, quien había llegado un día antes con Stear.

-¿No sería incómodo para ti? – Preguntó Archie reconociendo la situación. Candy y Alexander iban con él y no quería que se sintiera incómodo. Anthony observó a Candy y ella le sonrió estando de acuerdo en acompañarlo.

-De todas formas necesito tomar algo de mi ropa. – Dijo Anthony resignado a que debía tomar algo de ropa para continuar en el departamento de la rubia.

-Tío… ¿Tú también tienes hijos? – Preguntó Alexander una vez que viajaba en la parte trasera junto a Archie.

-No Alexander, aún no estoy casado. – Respondió de manera tranquila el elegante joven.

-¿No tienes novia? – Preguntó Alexander provocando que Archie se sintiera un tanto incómodo por el escrutinio de aquel pequeño.

-¿Y tú tienes novia? – Preguntó Archie con la intención de recordarle a la pequeña Julieta, quien le había ocasionado cierto rubor al pecoso.

-Pero yo soy un niño… en cambio tú ya estás viejo… - Le dijo Alexander rebatiendo su comentario de manera un tanto sutil e inocente, sin embargo Anthony y Candy que escuchaban la plática entre los dos pasajeros de atrás no podían evitar observarse con simpatía y reprimir la risa que les provocaba los comentarios de su hijo.

-No todos los adultos se casan… - Dijo Archie pensativo, observando de pronto el camino como si buscara en él una respuesta a su soldad.

-Mi tía Annie tampoco se quiere casar… - Dijo Alexander de pronto. Candy escuchó aquella observación de su remolino y de inmediato preguntó.

-¿Por qué dices eso, Alexander? – Preguntó antes de que Archie pudiera cuestionar al chico.

-Porque ella me dijo que no sabía si quería casarse con Wilberth cuando yo le pregunté… - Respondió Alexander con toda la transparencia que un niño de cinco años podría tener.

Candy guardó silencio, lo mismo que Archie, quien al escuchar lo que decía su sobrino con respecto a Annie sintió que su pecho se sentía un poco más relajado y menos oprimido. Anthony observó a Candy y pudo ver en su rostro que se encontraba un tanto desconcertada. Anthony tomó su mano y la besó con delicadeza.

Llegaron a la mansión y a Anthony no le pareció adecuado que Candy y su hijo permanecieran esperando en el auto, así que ayudó a la rubia a bajar y tomó a Alexander de la mano.

-¿Quién vive en esta casa tan grande? – Preguntó Alexander sorprendido por el tamaño de aquella mansión, jamás había visto un lugar tan grande como aquel, porque incluso la casa de su abuelo Jonathan no era tan grande y elegante como esa.

-La tía abuela. – Respondió Archie con una sonrisa traviesa.

-¿Ella sola? – Preguntó Alexander pareciéndole imposible que una sola persona viviera en ese lugar tan grande.

-Ella se lo buscó… - Pensó Anthony mientras sonreía a su hijo. – No sola, vive con algunas personas que le ayudan a mantenerla en orden. – Dijo una vez más a su hijo. Alexander no podía dejar de admirar la belleza de aquel lugar.

-Es muy hermosa… - Dijo el pequeño con inocencia. - ¿Verdad mami? – Preguntó con alegría a su madre, quien le asintió con una sonrisa, sin embargo la pecosa se sentía algo intimidada de estar ahí.

-Buenas noches Hank. – Saludó Archie al mayordomo.

-Joven Cornwell, joven Brower. – Hizo una reverencia ante el saludo de los dos jóvenes caballeros que llegaban.

-Hola. – Dijo Alexander intentando hacerse notar frente aquel hombre tan amable y cortés que saludaba a su papá y su tío.

-Hola jovencito. – Saludó Hank con una sonrisa.

-Soy Alexander… - Dijo extendiendo su mano para saludar al hombre de traje negro y postura recta. Hank sonrió ante la viveza del pequeño, no pudo evitar recordar a su padre cuando era un niño.

-Hola Alexander, yo soy Hank. – Dijo Hank con una sonrisa tierna mientras tomaba la mano del pequeño con educación y total respeto. – Eres igual a tu padre cuando tenía tu edad. – Le dijo con una voz tierna. Alexander se sintió orgulloso por aquella comparación y caminó más derechito que antes.

-¿Oíste mami? – Preguntó a su madre con impaciencia. – El señor Hank dice que soy igualito a mi papá. – Dijo orgulloso por aquella comparación.

-Es verdad mi vida. – Le dijo Candy haciendo un pequeño cariño en los rizos del pequeño.

-Hank ¿Dónde está la tía abuela? – Preguntó Archie, sabía que Anthony no preguntaría por ella.

-Se retiró hace algunas horas a su habitación, se sentía muy cansada el día de hoy. – Respondió Hank con cierta pena en su voz. Archie asintió.

-Iré a verla. – Le dijo a Anthony, quien asintió estando de acuerdo en que debía ir a ver cómo estaba.

-Anthony… - Le dijo Candy con cierta pena en su voz, ella no quería que Elroy falleciera sin conocer a Alexander.

-Amor… ella nos hizo mucho daño… - Dijo Anthony sin poder evitar recordar todo lo que habían sufrido gracias a sus maldades.

-Lo sé… - Le dijo Candy acariciando su rostro, intentando imprimir esa ternura y amor que él le inspiraba. – Pero está sufriendo… - Dijo Candy segura de que junto a Anthony, Alexander no corría ningún peligro.

-¡Anthony! ¡Candy! ¡Vengan por favor! – Dijo Archie, quien había ido a ver a la anciana y regresaba realmente angustiado.

Anthony, Candy y Alexander subieron hasta donde se encontraba Archie, quien los esperaba ansioso.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony impaciente porque Archie les dijera lo que sucedía.

-Es la tía abuela. – Dijo Archie comenzando a caminar hasta su habitación. – Llegué a la habitación y al no responder entré sin su permiso y la encontré no sé si desmayada o… - Calló de pronto para no asustar a Alexander, quien veía a todos sin saber qué hacer.

-Yo me encargo. – Dijo Candy tomando su responsabilidad como la enfermera que era. Anthony no se lo prohibió y permitió que entrara a la habitación de la vieja Elroy. - ¿Señora Elroy? – Preguntó Candy para ver si la mujer le respondía, sin embargo no tuvo respuesta y esta se atrevió a entrar con el permiso de Anthony y Archie.

Candy caminó hasta la cama donde se encontraba una mujer con el rostro pálido y demasiado delgado, no quedaba nada de aquella mujer orgullosa y prejuiciosa que había conocido años atrás. La rubia sintió pena al verla así, por un momento pensó que estaba muerta.

-Señora Ardlay… - Le dijo con la voz conmovida, no podía evitar sentir ese dolor por el prójimo. Candy no obtuvo respuesta alguna, sin embargo después de unos momentos pudo advertir que se encontraba con vida, en ese momento el corazón de Candy latió aliviado.

Candy acomodó a la vieja Elroy en una posición que le permitiera oxigenar mejor y comenzó a revisar sus signos vitales, a pesar de que no respondía su corazón latía con fuerza. Tomó un poco de alcohol y lo pasó por su nariz, sobre su frente y sienes. Un ligero movimiento de manos le advirtió que estaba recuperando el conocimiento.

-¿Señora Ardlay? – Preguntó Candy con cierto temor, esperando que la rechazara, pero lista para seguirla atendiendo.

Elroy abrió los ojos con sorpresa al ver que frente a ella estaba la dulce enfermera que había enamorado a su adorado Anthony.

-¿Candy…? – Preguntó Elroy confundida… - ¿Qué pasó? - Preguntó mirando a su alrededor, no había nadie en la habitación, salvo ella y la enfermera.

-Archie la encontró desmayada. – Respondió Candy con profesionalismo. - ¿Qué sucedió? – Preguntó al ver que podía hablar por sí misma.

-No tomé mis medicamentos… - Dijo Elroy con culpa. – No pude ponerme de pie… - Reconoció avergonzada por su debilidad. Candy sintió que su corazón se estrujaba al darse cuenta que aquella mujer vivía un dolor insoportable.

Candy de inmediato identificó los medicamentos, reconociendo que nadie tenía el cuidado de proporcionárselos a las horas adecuadas para poder aminorar el dolor que era evidente por el sudor de su frente y la respiración agitada que intentaba controlar.

-No se levante. – Le dijo Candy recostándola de nuevo. Elroy la miró con un profundo arrepentimiento en sus ojos.

Candy fue hasta el mueble que tenía todos los medicamentos que debía tomar, las indicaciones que estaban escritas y en ese momento comprendió la enfermedad que la matriarca padecía. La rubia sintió que su corazón se debilitaba ante la gravedad de la situación. Se acercó nuevamente a la mujer y con todo el cuidado y la paciencia que tenía a los niños que atenía, otorgó los comprimidos recetados.

-Gracias… - Dijo Elroy con sinceridad, recostándose nuevamente mientras cerraba los ojos esperando pasara el dolor. – Alexander… - Dijo con dificultad.

-Está afuera con Anthony y Archie… - Explicó Candy ante el cuestionamiento de la mayor. Candy asintió a su mirada de súplica, sabía que estaba pidiendo conocer a su bisnieto.

Candy salió de la habitación y se encontró con la mirada de Anthony y de Archie, este último angustiado de lo que la enfermera pudiera informar.

-Quiere conocer a Alexander. – Dijo Candy suplicando con la mirada a Anthony, quien era el que no quería que Elroy conociera al pequeño. Anthony asintió, pudo ver en Candy que no era nada bueno lo que sucedía en aquella habitación.

-¿Entonces no estaba…? – Preguntó Archie con el corazón acelerado.

-Se desmayó porque no alcanzó los medicamentos, el dolor es… - Dijo Candy intentando no llorar. Anthony tragó con dificultad al escuchar aquello, a pesar de todo no era un ser sin sentimientos y le dolía saberla enferma y en total sufrimiento.

-Hijo… - Dijo Anthony poniéndose a la altura de su hijo. – En esa habitación está tu abuela. – Le dijo dando ese nombre que Rosemary Brower hubiese portado.

-¿Mi abuela? – Preguntó Alexander, jamás había escuchado hablar de ella. Anthony asintió.

-Ella quiere conocerte. – Dijo una vez más el rubio. Alexander abrió los ojos con emoción, simplemente el tener otra abuela lo hacía feliz.

-Adelante… - Dijo Elroy con dificultad, al escuchar el llamado de la puerta, un pequeño rubio, pecoso y de rizos esponjados caminaba curioso de la mano de Anthony. El rostro de Elroy se iluminó al tener frente a sí a dos de las personas más importantes de su vida.

Continuará…

Hola hermosas, espero que les haya gustado el capítulo, una vez más nos damos cuenta que Anthony a pesar de todo tiene un gran corazón igual que la pecas y está dispuesto a permitir que Elroy conozca a su pequeño ciclón, vamos a ver si realmente se ablandó esa mujer.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hermosas, como siempre un placer leer sus comentarios, espero que la decisión de Anthony sea de su agrado, pueso que es mejor vivir sin resentimientos, aunque a veces es imposible de hacer.

Les mando un fierte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos!

Rose1404:

Hola hermosa! Me alegra saber qie están bien todos.

creo que es difícil como seres humanos pensantes perdonar a alguien que nosnhizo tanto daño, lo mejor es alejarse definitivamente de esa persona y creo que la mayoría lo haríamos, pero no Candy, ella siempre se conmueve con el dolor ajeno y pone como prioridad ese sentimiento, aunque estoy segura que no pondría en peligro a su hijo como ya lo vimos, está dispuesta a darle otra oportunidad a la vieja, esperemos que esta vez no sea para mal.

Muchas gracias por leer amiga, te mando un fuerte a razonpara ti y tus peques.

Saludos!

Luna Andry:

Hola Luna! Cómo ves? No me di cuenta que al seleccionar el capitulo 41, se movió al 42, los comentarios al respecto fueron los que me hicieron dudar de lo que publiqué, peronpara esto ya habían pasado algunas horas.

Definitivamente Candy es una persona novle y de buenos sentimientos y a pesar de todo lo que Elroy le ha hecho, decide ayudarla y permitir que conozca a su hijo, sin embargo sé que no permitirá que se lo quiten o lo ponga en su contra, tampco Anthony, quien creo estará muy pendiente de todo.

Hermasa, muchas gracias por leer y comentar, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

ViriG:

Hola hermosa!

Espero que ya lo molido se te haya oasado, solo es la peimer semana, si continúas siendo constante será sencillo, tú ánimo y aprovecha la juventud jajaja.

Alexander es un chiquillo inquieto, está conociendo el mundo y creo que al estar su papa junto a ellos le permite ser más niño y menos maduro, algo que es normal cuando te sientes cubierto de todos los flancos. Anthony llegó para cuidarlos y él ahora se permite hacer más travesuras de las que ya hacía, como la de escaparse para ir en busca de su padre jajaja.

Candy está dispuesta a perdonar como siempre, pero con cautela, ya vimos que por su hijo fue capaz de huir solonpara protegerlo de la misma mujer por la que ahora aboga. Anthony solo tiene que estar al pendiente de ambos.

Niel en esta ocasión no pude ponerle pareja, definitivamente en lo personal es el personaje que menos tolero y si debe salir de la historia de traicionero y obsesivo (como lo era en realidad) lo hago, aunque en algunas de mis historias lo he redimido y aunque ha mostrado más compasión que Elisa (en la caricatura nada más) ahora si que le tocó bailar con la más fea jijijiji.

Hermosa, ya falta menos para que tu parejita soñada salga a la luz Yei! Espero que puedas soportarlo.

Te mando un fuerte abrazo cómo siempre.

Saludos!

gidae2016:

Hola hermosa, un placer leer tu comentario, espero que estés muy bien.

Candy sabe seguir las recomendaciones de sus madres, quienes la enseñaron a perdonar y está dispuesta a hacerlo por Elroy y por su hijo, quien piensa que debe conocer a su abuela, esperemos que todo salga bien con ellos.

Hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Mayely León:

Hola hermosa, una disculpa por no publicar ayer, vi tu comentario pero no pude escribir los agradecimientos hasta el día de hoy.

Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, espero que este sea de tu agrado.

Te manos un fuerte abrazo.

Saludos!

María José M:

Hola hermosa!! Amé tu comentario!! Definitivamente Albert se convirtió en el piojo de Neil jajaja amé esa comparación de que sintió pasos ennla azotea, tal cual amiga, Albert estaba muy cerca de él y al cobarde lo único que se le ocurrió fue mandarlo desaparecer como lo hizo con Anthony, pero lo bueno que está como Alex Lora"todo le sale mal" jajaja y que bueno para nosotras, ya sabes que en mis historias Anthony siempre tiene que ser feliz, ya ma autora original eligió a su favorito y yo elegí al mío desde los 8 años jijijiji.

Candente el capítulo anterior, hermosa y no es el único, así que debemos sospechar que pronto nuestro pequeño Alexander se convertirá en hermano mayor o será que la cigüeña no llegará pronto? No lo creo.

Todas quieren un Anthony hermosa, un caballero de día y fuego de noche jajaja.

Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! Gracias por leer y comentar, tarde o temprano sale la verdad a la luz y contrario a lo que sucede en la vida real la mayoría de las veces m, aquí los malos se van a pagar, bueno el malo porque a fin de cuentas uno es el que no quita el dedo del renglón.

Hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Usagi de Andromeda:

Hermosa, espero que estés muy bien. Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Silandrew:

Hola hermosa, ¿Cómo va todo? Espero que mucho mejor, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Mía Brower Graham de Andrew:

Hola hermosa, espero sigas con la lectura, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!


Muchas gracias a todas y cada una de las lectoras anónimas, gracias por estar aquí y seguir permitiéndome entrar por un segundo en su espacio personal. Dios las bendiga.


GeoMtzR

26/01/2025.