¡Hola hermosas! ¿Cómo están? Espero que estén muy bien. Muchas gracias por tener la paciencia de esperar el siguiente capítulo.

Les recuerdo que la historia NO es para menores de edad, que los personajes no me pertenecen pero la historia es completamente de mi autoría, lo hago sin fines de lucro, solo es por diversión.

GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.

DESTINO

CAPÍTULO 13

Anthony se quedó pensativo después de que Terry había soltado la puerta del ascensor, cuando escuchó el grito que el actor soltó casi de inmediato, sonrió de lado con cierta pena por haber coincidido de nuevo con aquel joven con el que estaba seguro que podría haber llegado a ser su amigo, sin embargo la intervención de Elisa había tenido mucho que ver entre lo que había sucedido con ellos.

-¿Por qué tenía que ser así? – Se preguntó frustrado, pero esta vez era diferente, él si estaba interesado en Candy, muy interesado, tanto así que ya se la había imaginado vestida de novia a su lado, tal vez era demasiado pronto para saberlo, pero su corazón y su alma estaban seguros que ella era la indicada, él sabía que era ella lo que había estado buscado desde que comenzó a interesarse en las mujeres, era Candy la que lo hacía sentirse pleno, completo, era la que lo hacía sentir feliz todo el tiempo sin necesidad de estar todo el tiempo a su lado, era un sentimiento que venía de más allá de lo que su mente pudiera comprender, él la conocía de antes estaba seguro, su conexión y complicidad estaba a viva voz en el ambiente. – Ahora es diferente Terry, estoy enamorado de Candy y por ningún motivo me alejaré de ella… - Se dijo una vez más el rubio, recordando que en el pasado Elisa había sido la que los puso en contra cuando el único problema que había entre ellos era el encuentro en el barco y el ruido que hacía este en su habitación y no le permitía dormir.

Elisa era una joven coqueta y envidiosa, en el Colegio quería ser la que sobresalía ante todas las chicas que ahí estudiaban. Había jóvenes de todo tipo, todas pertenecientes a familias poderosas e influyentes de todo el mundo. Cuando Anthony y sus primos llegaron, jamás pensaron que levantarían todo tipo de acoso entre las chicas más audaces, quienes se arriesgaban a tener un severo castigo al estar espiándolos desde sus habitaciones con binoculares.

Elisa se encargó de esparcir el rumor que ellos estaban comprometidos sin que él lo supiera, hasta que conoció a Terry, quien la había rescatado de una trampa hecha por su propio hermano, en ese momento Terry había tenido interés en esa chica que además de hermosa era orgullosa, captando la atención del joven inglés. Elisa pronto permitió que se le acercara para que la conociera y se encontraba con él ocasionalmente a las afueras del Colegio, pero advirtiendo siempre que era una joven felizmente comprometida con Anthony Brower Ardlay.

Para Terry el sentirse rechazado no era opción, porque siempre que se interesaba en una dama obtenía toda su atención y creía que Elisa no sería la excepción a la regla, ambos eran de los estudiantes que sobresalían por su número de pretendientes y era una especie de juego entre ellos, sin embargo Anthony no podía saber qué era lo que hablaban entre ellos, que pronto el rebelde comenzó a buscar enfrentamientos hasta demostrar que no lo toleraba siquiera de vecino, eso aunado a que Archie era su archienemigo y siendo su primo se sumaba a la contienda.

El ascensor llegó hasta el primer piso y Anthony sonrió enamorado, recordando a la hermosa rubia que había salido esa noche con él, dejando atrás los recuerdos amargos que tenía con Terry y que deseaba no se repitieran con Candy, porque él no estaba dispuesto a ceder, por el contrario con Elisa, él siempre le había aclarado que no era su prometida y Terry no le había creído tachándolo de poco caballero por negar su compromiso que la joven había asegurado.

Anthony miró su reloj de bolsillo y pudo apreciar que ya era demasiado tarde, así que cuando llegó a la mansión subió directamente hasta su habitación y se cambió de ropa para irse directamente hasta las caballerizas y montar cubierto con su capa, tenía ganas de pensar, tenía ganas de imaginar su vida futura al lado de Candy, porque así era él, siempre estaba planeando cómo sería su vida, era su mente educada para los negocios lo que lo hacía ser así, precavido para todo.

El caballo caminaba lentamente, moviendo la hojarasca que había en el fondo del gran bosque que le pertenecía a la familia, con más de 40,000 acres de extensión podía recorrer gran parte del camino, sin embargo a pesar de estar vigilada como lo estaba en Lakewood y Chicago, en Nueva York el peligro que acechaba aquellos campos era más frecuente.

La mansión estaba ubicada en una colina cerca del lago Hudson, lo cual permitía una maravillosa vista que al mismo tiempo aumentaba el frío de la madrugada, sin embargo aquel paseo era muy necesario para Anthony, quería disfrutar a solas algo que no ocurría desde su accidente, quería pensar en aquellos ojos tan hermosos que fácilmente identificaría entre lo intenso del verde bosque que recorría.

-¡Candy! – Gritó con fuerza desde lo alto de la colina, se sentía lleno de energía, de vigor, lleno de vida y quería vivir, quería anunciar al mundo entero que estaba enamorado y que no temía estarlo, quería gritar su nombre en medio de la mañana y escuchar de nuevo el eco que le regalaba aquella colina donde su propia voz retumbaba de regreso. - ¡Me gustas Candy! ¡Me gustas! – Gritó enamorado, con el corazón acelerado y sin una pizca de pena de ser escuchado por los empleados que sabía estaban de pie listos para comenzar su ruta de vigilancia.

Enfiló su caballo de regreso a la mansión, al mismo paso lento con el que había paseado, la mañana estaba muy cerca y sabía que al llegar hasta la puerta de aquella maravillosa mansión de más de 250 habitaciones el sol ya estaría saludándolo.

-Buenos días Mathew. – Saludó con una sonrisa al jardinero que comenzaba a quitar las flores marchitas que aún quedaban en los jardines aquella maravillosa mañana. El buen hombre lo saludó con una sonrisa al ver que el joven Ardlay lucía más radiante que nunca.

-¡Buenos días señorito! – Saludó con respeto. Anthony sonrió por su manera de llamarlo, aquel hombre lo conocía desde que había nacido.

Se dirigió hasta el invernadero, decidiendo caminar por fuera de la mansión hasta llegar ahí, así con sus botas de montar, con la capa que lo cubría y con el lodo que se formaba por la humedad del ambiente, el frío no cesaba, en esa parte era más intenso que en el centro de la ciudad. Se encerró una vez más dejando su capa a un lado al estar en un lugar más cálido y acogedor, se acercó hacia sus experimentos y sonrió con emoción cuando observó que uno de los esquejes que había plantado comenzaba a brotar.

-Excelente, ahora vamos a ver cuál de todos eres. – Dijo con una gran sonrisa, mientras acercaba a los otros a la luz del naciente sol que comenzaba a iluminar el lugar.

Una vez que terminó su labor y se aseguró que los demás esquejes que había plantado estuvieran bien, se deshizo de sus guantes y regresó hacia donde había dejado su capa para así colocársela y salir de inmediato hasta su habitación y darse un baño.

-Buenos días Anthony. – Lo saludó Stear con una taza de café en la mano.

-Buenos días Stear. – Saludó Anthony sin la intención de detenerse.

-¿A dónde vas tan apurado? – Preguntó el mayor dejando su taza de café por un lado para salir casi corriendo detrás de él.

-Tengo algo que hacer. – Dijo Anthony con una sonrisa.

-¿En sábado? – Preguntó Stear, quien seguía en pijama, no tenía ganas de salir a ningún lado ese día, quería pasar todo el día en casa antes de que su prometida llegara de Inglaterra. - ¿Quién trabaja los sábados? – Preguntaba el inventor sin dejar de caminar detrás de él.

-La servidumbre. – Respondió Archie con el mismo poco ánimo que tenía su hermano. Stear lo miró y comenzó a reír.

-¿Qué pasa contigo Archie? – Preguntó sorprendido al ver que su hermano ni siquiera se había acicalado el cabello y aún continuaba en su ropa de dormir.

-Es muy temprano Stear. – Respondió Archie con molestia por ser objeto de burla de su hermano y su primo, quien también había comenzado a reír de buena gana.

-Bueno, ¿A dónde vas Anthony? – Preguntó Stear al ver que su primo seguía su camino rumbo a su habitación.

-Tengo que salir. – Volvió a decir con una sonrisa traviesa, abriendo la puerta de su habitación y cerrándola diciendo adiós con los dedos de una manera infantil.

-¿¡A dónde!? – Fue el grito que exclamó Stear cuando no obtuvo respuesta.

-Por favor Stear, no grites. – Dijo Archie tomando su cabeza, claramente no se sentía bien.

-¿Acaso has bebido, Archie? – Preguntó Stear al ver que su hermano tenía mala cara.

-Solo un poco. – Dijo el elegante por respuesta. Stear lo miró confundido sin saber el motivo que lo había hecho tomarse unas copas.

-No entiendo el motivo, no festejamos nada. – Dijo Stear abriendo la puerta de la habitación de Anthony sin ser invitado. Archie lo siguió y ambos se sentaron dentro dispuestos a enterarse hacia dónde iba Anthony.

-Simplemente tuve ganas. – Dijo Archie sin más explicación. - ¿Para qué quieres saber a dónde va Anthony? – Preguntó mirando a su hermano mientras se sentaba desparramado en el sofá.

-Simple curiosidad, además no sé a qué hora llegó después de su cita. – Dijo el mayor con una sonrisa que revelaba emoción.

-¿Cita? – Preguntó Archie con interés, deseando en el fondo que aquella cita fuese con cualquier otra chica que no tuviera pecas y ojos verdes. Stear asintió con una sonrisa traviesa. Archie miró a su hermano con intriga, preguntando con sus ojos color miel que le revelara la identidad de dicha joven.

-Anthony es quien debe de decirte quien fue la afortunada. – Dijo Stear sin revelar la identidad de la dama en cuestión. Archie lo miró en desacuerdo.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony, quien salía a medio vestir del baño.

-Nada, solo que Stear no me quiere decir con quién saliste anoche. – Dijo Archie demostrando al rubio que se sentía excluido.

-Salí con Candy. – Dijo Anthony con una amplia sonrisa en su rostro, una sonrisa que no dejaba lugar a dudas que le había ido muy bien con ella.

-¿Con Candy? – Preguntó Archie revelando que le causaba cierta incomodidad su revelación.

-Esa sonrisa quiere decir que nos fue bien. – Dijo Stear acercándose a su primo. Anthony sonrió una vez más y sus mejillas se tiñeron del rojo al recordar los castos besos compartidos al final de la velada.

-Nos fue maravillosamente bien. – Respondió Anthony sin poder dejar de sonreír.

-¿¡De verdad!? – Preguntaba el inventor con emoción. - ¡Eso es todo! ¡Así se hace galán! – Dijo una vez más Stear al confirmarle Anthony que efectivamente le había ido muy bien con la rubia.

-¿Y ya le dijiste que estamos próximos a irnos? – Preguntó Archie con seriedad. La sonrisa de Anthony se desvaneció al igual que la expresión de felicidad de Stear.

-Todavía falta un poco más de un mes. – Respondió Anthony con tranquilidad. – Además solo es por motivo de las fiestas. – Dijo agregando que su ausencia solo duraría lo que durara la navidad y la llegada del año nuevo, a lo mucho un par de semanas.

-¿Crees que la tía abuela permita que regreses? – Preguntó una vez más Archie. Anthony guardó silencio y terminó de vestirse.

-La tía abuela tiene que entender que es necesario que esté aquí, además el acuerdo era un año para nuestro entretenimiento. – Dijo Anthony mirando a Archie fijamente. Archie lo miró y sonrió asintiendo.

-Tienes razón Anthony, además puedes contar con nuestro apoyo para volver lo antes posible. – Le dijo Archie palmeando su hombro. Anthony sonrió al ver en los ojos de su primo nuevamente sus buenos deseos.

-Pero lo que yo quiero saber… ¿¡Es a dónde vas!? – Dijo Stear una vez más, estaba impaciente y lleno de curiosidad por saber hacia dónde se dirigía su primo.

-Ya te lo dije… tengo algo qué hacer. – Dijo Anthony sin detenerse.

-¿¡Pero qué es!? – Decía Stear como niño pequeño. Anthony se detuvo antes de abrir la puerta y giró su rostro hacia donde se habían quedado los Cornwell, quienes lo miraban con una sonrisa.

-Ya Anthony, dile o no lo aguantaré el resto del día. – Dijo Archie seguro de que Stear se la llevaría preguntándose a dónde había ido Anthony sin invitarlos.

-Voy a buscar un ramo de rosas. – Dijo Anthony sin dejar de sonreír.

-¿Rosas? – Preguntó Stear confundido. - ¿En pleno invierno? – Preguntó de nuevo.

-Hay una florería cerca de la casa de moda de Annie. – Dijo Archie seguro que ahí podría encontrar lo que estaba buscando. – Tal vez ahí tengan rosas. – Dijo con una sonrisa, seguro que en ese lugar encontraría lo que quería.

-Gracias. – Dijo Anthony agradeciendo a Archie el dato que le daba. Archie sonrió sincero, demostrando que a pesar de que sentía cierto ardor en su interior apoyaba y respetaba los sentimientos de su primo y Candy, sobre todo después de que Candy le hubiese aclarado que estaba verdaderamente interesada en el rubio y que lo hiciera sentir terriblemente culpable.

Anthony salió de inmediato de la mansión, su rumbo ya era fijo, sabía hacía dónde dirigirse así que tomó uno de los automóviles y se dirigió hasta la avenida donde se ubicaban las empresas Ardlay, dispuesto a buscar la florería que Archie le había recomendado. Estaba seguro de haberla visto antes, pero la verdad era que no le había puesto atención alguna.

Llegó hasta el lugar que le había indicado su primo y aún permanecía cerrado, un suspiro de frustración salió de su boca, giró su rostro a todos lados para poner atención en cada uno de los puestos que había en esa avenida y hasta ese momento cayó en cuenta de la hora. Miró su reloj de bolsillo y echó su cabeza hacia atrás cuando comprendió que al ser sábado todos abrirían después de las nueve.

-Eso te pasa por desesperado. – Lo reprendió su voz interior, aquella que le decía minutos atrás que se apurara a buscar el ramo más hermoso para Candy. Anthony frunció el ceño al recordar sus pensamientos al salir de la mansión. Observó una vez más su reloj y giró su rostro para ver que poco a poco comenzaba a fluir el paso de la gente, cada uno de los pequeños locales que había comenzaban a abrir sus puertas, le llamó la atención cuando el par de compañeras que vivían con Candy se bajaban de un elegante coche para dirigirse hasta la puerta de su pequeño negocio. Anthony estiró su cuello en busca de Candy, sin embargo solo eran Annie y Cassie las que habían llegado.

Se bajó decidido a saludarlas y de paso preguntar qué tipo de flores eran las que Candy prefería, él tenía predilección por las rosas, todo tipo de rosas, sin embargo las de colores claros eran sus favoritas, pero también sabía que dependía mucho del color para enviar un mensaje a la joven que pretendía.

Caminó hasta el local de moda que tenía Annie con la ayuda de los Britter y tocó el cristal de la puerta para no asustar a las jóvenes que recién habían abierto.

-¿Anthony? – Preguntó Cassie confundida al ver que el pretendiente de Candy estaba afuera de la casa de modas.

-Buenos días. – Saludó Anthony con una sonrisa radiante. Cassie le sonrió feliz al ver la expresión que revelaba que aquel joven había pasado una linda velada al lado de la rubia.

-¿Qué sucede? – Preguntó Annie, creyendo por un momento que algo sucedía con Candy.

-¡Tú, nos tienes qué decir! – Dijo Cassie tomándolo por sorpresa de la muñeca para adentrarlo al interior del local y sentarlo en uno de los sillones exclusivos para las clientas. Annie miraba sorprendida a Cassie por el entusiasmo que despertaba por la pareja que formaba Candy y Anthony. – Candy llegó tan tarde que estábamos dormidas y hoy en la mañana se levantó deprisa para irse a trabajar y no nos platicó nada… - Decía la joven rubia de ojos azules mientras se colocaba frente a Anthony para escuchar la historia que pedía le contara. Annie lo miraba avergonzada por la actitud de la rubia. Anthony se mordió el labio sin saber qué decir o qué no decir de la velada que había compartido con la pecosa.

-Anoche nos fue muy bien… - Dijo Anthony con una linda sonrisa, evidenciando que ese "muy bien" no era suficiente para describir la maravillosa noche que compartieron.

-¿Pero ya son novios? – Preguntó Cassie con impaciencia.

-¡Cassie! - Dijo Annie totalmente avergonzada, reprendiendo a Cassie por su atrevimiento cuando ellas aún no conocían del todo a Anthony. Anthony sonrió ante el interrogatorio al que era sometido gracias a que había decidido ir a preguntarles por las flores favoritas de Candy.

-¿¡Qué!? – Dijo la joven como si no comprendiera que estaba siendo imprudente. - ¡Quiero saber! – Dijo una vez más. – Y Candy salió tarde al hospital como siempre y no tuvo tiempo de decirnos mucho. - Agregó impaciente una vez más.

-¿Candy trabajó hoy? – Preguntó Anthony con cierta culpabilidad en su pecho, porque creía que la rubia al igual que él no trabajaría, sin embargo al haber llegado por primera vez un sábado por la mañana a aquella avenida, pudo comprender que solo las empresas grandes y los bancos no trabajaban.

-Candy trabaja diario. – Dijo Annie con un timbre de voz tímido, con una sonrisa sutil y apenada, típico en la ojiazul. – Los domingos es su único día de descanso. – Agregó para que Anthony estuviera más informado del horario de su hermana.

-¿Entonces no son novios? – Preguntó Cassie con insistencia. Annie la miró con dureza por su atrevimiento, porque a pesar de que sabía cuál era su verdadero interés, le parecía que no era correcto.

-Lo que sucede es que Candy se levantó muy feliz esta mañana. – Dijo Annie sin querer decir más de la cuenta.

-Más de lo normal. – Dijo Cassie una vez más. Anthony sonrió ilusionado.

-¿Y ella no les habló de mí? – Preguntó Anthony con la esperanza de que la rubia hubiera dicho algo que lo hiciera sentir mejor esa mañana.

-Solo sonrió y suspiró profundamente diciendo que era la mujer más feliz del mundo. – Dijo Cassie sin dejar de observar a Anthony, estudiando la reacción de sus palabras. Anthony sonrió y un brillo muy especial apareció en sus ojos, era el mismo brillo que Cassie había descubierto en Candy esa mañana. – Y sus ojos brillaban tanto como brillan los tuyos en este momento. – Dijo la rubia con travesura. Annie quería morirse de vergüenza y Anthony sentía que su corazón latía más fuerte que nunca.

-¿Qué es lo que te trae por aquí, Anthony? – Preguntó Annie sin querer parecer mal educada. Anthony volvió a sonreír recordando el motivo por el cual había entrado.

-Quería ver si me ayudaban a elegir un ramo de flores para Candy. – Dijo con una expresión de total ilusión por el detalle que quería tener con la joven enfermera. – No sé qué tipo de flores le gustan… el color… - Decía un tanto nervioso por no saber muchas cosas de la rubia, sin embargo tenía toda la intención de despejar esas dudas que surgían de pronto en su interior.

-A Candy le gustan las rosas… - Dijo Annie con timidez, ella era la que conocía más a Candy de las dos y era la indicada para informar a Anthony. Los ojos de Anthony se abrieron expresivos con agradecimiento a la joven de ojos azules y cabello oscuro. – Su color favorito es el rojo, siempre se levanta tarde aunque no se haya desvelado, es fiel y muy protectora… - Decía Annie recordando la personalidad de Candy, intentando darle a Anthony alguna información que le ayudara conocerla mejor. – Cuando entrega su corazón… lo entrega para siempre… – Le dijo la joven mirándolo a los ojos fijamente.

Aquel mensaje que Anthony recibía por parte de Annie era claro que le indicaba que Candy era una chica excepcional que no merecía que jugaran con sus sentimientos y en aquellas sutiles palabras Annie le estaba advirtiendo que si no la quería no la hiciera sufrir. Anthony sonrió agradecido por las palabras de la joven.

-Muchas gracias señorita Britter. – Le dijo a Annie profundamente agradecido. – Candy es la primera mujer que despierta en mí un sentimiento tan grande y tan profundo que no cabe en mi pecho. – Dijo sincerándose con ambas jóvenes, quienes lo escuchaban atentas, una con una felicidad que no cabía en su pecho y otra con un alivio tan grande de saber que su hermana del alma estaba en buenas manos. – No deseo ilusionarla simplemente, mi objetivo es conocerla… amarla… compartir con ella mi vida si ella me lo permite… - Dijo con su voz cálida, seguro de lo que decía.

-Candy es una gran chica, Anthony. – Le dijo Annie acercándose a él con súplica. Anthony comprendió su pedido y asintió con un movimiento de cabeza.

-Lo sé… - Dijo el rubio con una sonrisa que reflejaba el amor por la pecosa.

-También le gustan mucho los chocolates. – Dijo Cassie con travesura, a ella también le gustaban los chocolates y no le caería nada mal que le regalara unos cuantos y así aprovechar. Anthony sonrió recordando que ese detalle sí lo sabía.

-Físicamente son muy parecidas. – Dijo Anthony para sorpresa de las jóvenes. – Pero su forma de ser es la opuesta una a la otra. – Dijo nuevamente. Annie sonrió con timidez una vez más y desvió apenada la mirada.

-Debe de ser porque Annie se parece más a mamá… - Dijo Cassie con una sonrisa tierna dirigida a su hermanita menor. Annie sonrió y bajó la cabeza apenada, ella sabía que eso era imposible.

-Bueno, me retiro. – Dijo Anthony seguro que ya podría ir a la florería y elegir el ramo perfecto para su amada pecosa.

-¿Ocupas ayuda? – Preguntó Cassie dispuesta a ayudar a Anthony en todo lo que pudiera hacerlo. Anthony agradeció aquel ofrecimiento y despidiéndose de Annie se dirigió rumbo a la florería acompañado de Cassie, quien sonreía sin poder evitar pensar en el rebelde ojos azules que vivía justo frente a su departamento.


Candy había llegado justo a tiempo a trabajar, así que no obtuvo sanción por parte de la enfermera Ruth, quien siempre estaba al pendiente de la llegada de la rubia. Candy trabajó aquel día muy animada a pesar del cansancio que revelaba su rostro, no había tenido tiempo de descansar mucho y los pacientes otorgados aquel día casualmente todos habían sido difíciles.

La hora de salida por fin había llegado y los pies y la cabeza de Candy parecían estallar, aún no terminaba y ya quería salir corriendo de ahí. Caminó por el largo corredor que la llevaba a la recepción, observó a Katherine y esta le regresó una sonrisa de compasión.

-¿Apenas Candy? – Preguntó al ver que se había pasado más de una hora de su hora de salida.

-Tenía que terminar con un paciente. – Respondió Candy mientras firmaba el término de su hora laboral. – Nos vemos el lunes Katherine. – Dijo la rubia sin mucho ánimo, mientras abría la puerta del hospital una fuerte ráfaga fría de viento la alcanzó alborotando sus rizos y meciendo su abrigo con fuerza. Sujetó su cabello y acomodó su abrigo para ajustarlo bien por el cinturón, sacudió la gruesa tela que lo componía y colocó sus guantes para después introducir sus manos dentro de los bolsillos.

-¡Anthony! – Dijo de pronto cuando sus ojos verdes se cruzaron con la mirada azul de Anthony, quien estaba frente al hospital recargado en un lujoso automóvil.

Anthony la estaba esperando desde hacía más de una hora, conocía el horario de salida y se había sentido muy mal porque la había hecho desvelarse sin saber que tenía que trabajar al día siguiente.

-¿Tienes mucho esperando? – Preguntó Candy con preocupación. Anthony negó negándose a revelar el tiempo que tenía esperando por ella.

-Te esperaría toda la noche. – Le dijo con una sonrisa mientras se acercaba a ella ajustándose la gabardina que lo cubría del frío. – Aunque cayera una fuerte nevada. – Le dijo exagerando su intención. Candy se acercó a él y lo miró profundamente a los ojos, sus mejillas estaban sonrojadas por el frío, pero en el momento que se cruzaron sus ojos, su sonrojo fue por la emoción de volver a tenerlo tan cerca de ella, recordando los besos que habían compartido la noche anterior.

Ambos estaban fijos en sus miradas, compartiendo una dulce sonrisa, demostrando que definitivamente era lo mejor que les había pasado ese día.

-Creo que no está muy lejos de ocurrir. – Dijo Candy observando que el clima comenzaba a cambiar deprisa. Aún era de día, sin embargo la oscuridad que trajeron las nubes les hizo ver que no estaban muy lejos de una primera nevada.

-Vamos. – Le dijo Anthony abrazándola con ternura para protegerla del viento frío que comenzaba a soplar con más fuerza.

Candy entró al lujoso automóvil, observando el interior y el aroma a nuevo que desprendía, tenía mucho tiempo que no se subía a uno completamente nuevo porque el auto de la familia Britter era elegante pero un poco más antiguo.

Anthony se subió de inmediato al lado del conductor y antes de encender el vehículo se frotó las manos para darles un poco de calor y después deshacerse de los guantes. Sus manos estaban frías, había pasado más tiempo del que hubiera querido esperando a Candy.

-¿Estás bien? – Preguntó Candy al ver que sus manos estaban pálidas.

-Estoy bien. – Le dijo Anthony en respuesta, juntando ambas manos para dar un poco de calor con su boca. Candy sonrió, se deshizo de sus guantes y tomó sus manos para darles calor. La mirada de Anthony se encendió de inmediato al ver el tierno gesto que la pecosa tenía con él. Ambos sonrieron, pero el dulce carmín de las mejillas de Candy se encendió de pronto y Anthony la veía realmente hermosa.

Anthony la miraba fijamente sin saber qué decir, su corazón latía acelerado y solo podía observar sus labios moverse con nerviosismo, provocando las ganas de volver a besarla, sin embargo no se atrevía a hacerlo, no quería ofender su honra en aquel espacio tan reducido en el que apenas tuviera movilidad y se sintiera prisionera.

-¿Nos vamos? – Preguntó Candy con timidez, a pesar de la calidez del interior del automóvil poco a poco comenzaba a tornarse frío. Anthony asintió y encendió el auto para llevarla hasta su departamento. - ¿Cómo supiste que trabajaba hoy? – Preguntó Candy con curiosidad, recordando que no había tenido tiempo de aclararle que debía trabajar, aunque sabía bien que si hubiese estado pasando una noche incómoda hubiera sido la excusa perfecta para terminar la velada, lo cual ella no había querido hacer por ningún motivo.

-Digamos que fue casualidad. – Respondió Anthony con travesura, sin querer revelar su fuente. Candy lo miró traviesa y sonrió con una inocente coquetería que dejaba a Anthony sin aliento. - ¿Cómo te fue hoy? – Preguntó el rubio para desviar un poco el tema.

-El día de hoy estuvo muy difícil. – Respondió Candy con un suspiro largo, suspiro que reveló que estaba exhausta. Anthony sintió culpa por haber provocado su desvelo.

-Lo siento… - Le dijo el rubio sincero, demostrando que no había sido su intención hacer que se desvelara. – Te aseguro que no fue mi intención hacer que te desvelaras. – Dijo sincero. Candy lo miró fijamente, sus ojos no podían dejar de admirarlo, era un chico tan transparente, tan tierno y estaba interesado en ella, era algo que parecía simplemente imposible. - ¿Qué sucede? – Preguntó Anthony al ver que la rubia no respondía sino simplemente se le quedaba mirando.

El rostro de Candy estaba encendido, sus ojos brillaban con intensidad mientras su corazón latía a un ritmo acelerado. Sentía que su cabeza daba vueltas y no era el desvelo, sentía la necesidad de acercarse a él y volver a besarlo, quería refugiarse en sus brazos y abandonarse a su cuidado, junto a él se sentía segura, protegida, podía ser débil y sabía que él lo entendería.

-Me la pasé muy bien anoche… - Dijo Candy con cierto nerviosismo en su voz. Anthony la escuchaba con una sonrisa animándola a continuar. – No solo fue tu culpa que nos hayamos desvelado… la verdad es que estaba tan a gusto a tu lado que la noche se me fue rápidamente. – Dijo la rubia sincera, anunciando a Anthony que ella al igual que él sentían que el tiempo pasaba volando cuando estaban juntos, tan era así que el camino hacia el departamento ya había terminado.

-También yo me la pasé muy bien Candy… - Le dijo Anthony una vez que estacionaba el auto frente al edificio. Los primeros copos de nieve cayeron en el cristal del vehículo y los rubios sonrieron emocionados. – Tengo que confesarte que jamás había pasado una noche tan agradable en toda mi vida. – Le dijo nuevamente, tomando una de sus manos para besarla con delicadeza.

Aquel contacto erizó la piel de Candy, la calidez de ese casto beso en su mano provocó un calor que recorrió su brazo y viajó rápidamente hasta el centro de su corazón, provocando que este diera un vuelco casi de inmediato. Candy sonrió tímida y una mirada coqueta lo atravesó, mirada que surtió el mismo efecto que había ocasionado su beso, en el corazón de Anthony.

-¿Quieres pasar? – Preguntó Candy con un poco de impaciencia, quería detener el tiempo cuando estaba con él, pero definitivamente el frío que comenzaba a colarse en el interior del vehículo comenzaba a enfriar sus pies.

-No quisiera molestar. – Respondió Anthony seguro que no quería hacerlo, pero al mismo tiempo quería quedarse con ella un poco más.

-iNo es molestia...! – Dijo Candy con una tímida sonrisa, invitándolo con una mirada coqueta a aceptar su invitación. – Además Cassie y Annie ya deben haber llegado. – Agregó antes de que pudiera pensar que lo invitaba quedarse a solas con ella. Anthony sonrió con dulzura porque no se le había ocurrido por ningún momento que esa fuera su intención, por el contrario su pensamiento estaba en la sorpresa que le había preparado con la ayuda de Annie y Cassie.

Anthony bajó del automóvil para apresurarse a ayudarle a Candy a descender del vehículo, la nieve caía más rápidamente y el aire azotaba con más fuerza.

-Cuidado. – Le advirtió Anthony a Candy cuando bajó y pisó la acera frente al edificio, estaba resbaladiza y de seguro si no había cuidado podría caer. Candy se tomó de la mano de Anthony mayor fuerza y él por inercia la sostuvo de la cintura. Sus labios pronto estuvieron más cerca uno del otro, respirando sus alientos, bebiendo de ese cálido aroma que pronto se volvía helado cuando abandonaba sus labios.

-Gracias… - Dijo Candy agradecida por la delicadeza que tenía con ella, estaba a salvo, sin embargo estar en los brazos de Anthony la hacía sentirse más segura.

-¡Cuidado! – Se escuchó de pronto un grito que hizo que ambos giraran sus rostros para ver de dónde provenía. Cuando ambos desviaron su atención pudieron ver que el aire comenzaba a volar algunos carteles de publicidad.

-Será mejor que entremos. – Dijo Anthony guiando a Candy hasta el interior del edificio, para así asegurarse que ella estaría bien. Candy asintió y lo siguió sin alejarse mucho de él.

Llegaron hasta afuera del departamento y entre risas y miradas cargadas de amor estaban cada vez más cerca de separarse.

-¿De verdad no quieres pasar? – Preguntó Candy una vez más, demostrando que realmente tenía ganas de estar con él. Anthony sonrió coqueto y ella amó su sonrisa una vez más.

-¿No crees que importune a tus amigas? – Preguntó a sabiendas que las dos jóvenes ya habían tenido bastante de él aquel sábado. Candy negó de inmediato con su rostro y los rizos de sus cabellos rebotaron con el mismo entusiasmo que sus ojos demostraban. Anthony sonrió enamorado, definitivamente aquella chica lo había atrapado para siempre. – Solo un rato pecosa… - Le dijo con la mayor ternura que podía tener en su interior para ella, demostrando que definitivamente ella era lo más importante en su vida. – No quiero que vuelvas a desvelarte por mi culpa. – Agregó sin poder decir más ya que Candy lo miraba con sus ojos húmedos, totalmente enternecida por la manera en la que la había llamado, "pecosa" jamás en su vida había escuchado esa palabra tan bella como lo había escuchado de los labios de Anthony. Anthony la miró confundido y Candy sonrió nuevamente.

-Es la primera vez que alguien me llama pecosa con tanta dulzura. – Dijo Candy revelando que le había gustado cómo sonaba en su voz, contrario a como sonaba cuando Tom o el mismo Terry se lo decían para molestarla.

-Pecosa… - Volvió a decir Anthony acercándose a ella peligrosamente, su boca buscó la de ella con suavidad, pero no se atrevió a besarla al sentir que ella se tensó por el movimiento, así que desvió sus labios hacia la punta de su nariz y depositó ahí un tierno beso que aunque provocó que el estómago de Candy se alborotara, también hizo que sintiera una pequeña decepción en su pecho al no concretarse el beso que ella esperaba.

Candy le sonrió una vez más para después sacar sus llaves y abrir la puerta del departamento. Anthony se quedó detrás de ella esperando a que abriera por completo la puerta. El aroma a rosas que invadió de pronto el olfato de Candy hizo que abriera los ojos maravillada, porque en el interior de su departamento había no solo uno sino una docena de ramos de rosas blancas y rojas adornando la sala del departamento.

-¿¡Pero qué es esto!? - Preguntó Candy asombrada, mirando a Anthony un tanto confundida quien sonreía levantando los hombros como si no supiera quién era el responsable de esa locura. - ¿De quién son Annie? – Preguntaba Candy a su hermana al ver que la joven de cabellos negros llegaba al escuchar el ruido de la puerta. - ¿Son de Archie? – Le preguntó olfateando una de las rosas blancas más bonitas que había.

-Son todas tuyas Candy… - Dijo Annie con una sonrisa cómplice mirando a Anthony.

-¿Mías? – Preguntó Candy con cierto nerviosismo, mirando a Anthony quien le sonrió y asintió a su pregunta.

-Todas tuyas, pecosa… - Le dijo enamorado. Candy lo miró sorprendida, con los ojos llenos de lágrimas, totalmente conmovida por tan hermoso detalle, jamás nadie había tenido un detalle tan hermoso para con ella.

-¿Tú…? – Preguntó Candy con apenas un hilo de voz. Anthony asintió con una sonrisa dulce.

-No había más en la florería. – Dijo con travesura, indicando que había comprado todas las rosas que tenían disponibles en el local. – Ahora lo malo que no podré enviarte otro ramo pronto. – Dijo sin dejar de sonreír.

Candy lo miraba emocionada, sus ojos se habían llenado de lágrimas y de pronto tuvo unas ganas enormes de arrojarse en sus brazos y no dejarlo ir jamás de su vida. Anthony la miraba fijamente, perdido en sus esmeraldas. Se acercó a ella y Candy se abrazó a él con fuerza.

Continuará…

Hermosas, terminamos con el capítulo de hoy, espero que les haya gustado y que lo hayan disfrutado. Anthony ya está muy enamorado y hasta vació una florería para hacer un presente a la rubia, ¿Qué más será capaz de hacer por ella?


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hola hermosas! Espero que estén muy bien como dicen el amor entre los rubios va viento en popa, poco a poco pero algo seguro, ellos están enamorados y cada vez les cuesta estar más tiempo separados. Espero que les haya gustado y sobre todo espero sus comentarios.

Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Rose1404:

Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien, yo estoy bien gracias a Dios, aquí con la actualización.

No te preocupes, tienes un sello que te distingue en tus comentarios y me imaginé que eras tú, de hecho no me di cuenta del cambio de nombre hasta que hice los agradecimientos.

Candy es una chica muy protectora, sobre todo con las personas que le interesan, en este caso Annie y Cassie, así que quiere verlas felices como ella lo es.

En la traducción de aquí, en ese capítulo dice que le gusta Susana, pero que está enamorado de Candy, dos cosas diferentes "gustar y amar" sin embargo se interpreta como que le gusta físicamente.

Hermosa, mil gracias por leer y comentar, te mando un fuerte abrazo.

Luz Mayely León:

Hola hermosa, sé que Terry puede llegar a ser molesto, pero es parte de la historia, sorry por no mandarlo a la luna, te prometo que lo intentaré.

Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, espero que este también sea de tú agrado. Te mando un fuerte abrazo siempre.

Cla1969:

Ciao stupendo! Come stai? Spero molto bene. Sono felice che l'appuntamento ti sia piaciuto, entrambe le bionde sono sincere e non hanno problemi a rivelare il loro passato a quella persona che le fa sospirare. Penso che la questione delle carote sia qualcosa che non riesco a smettere di inserire in ogni storia ahahahah così deliziose che sono ahahahah particolarmente crude. Terry è un personaggio immaturo, penso che l'influenza di Candy nella sua vita sia ciò che lo ha fatto maturare e la conosce a malapena, quindi speriamo che quella stessa influenza bussi alla sua porta, anche se non penso all'amore. Ti mando un grande abbraccio amico, grazie mille per aver letto e commentato.

Luna Andry:

Hola Luna! ¿Cómo estás? Espero que muy bien, como siempre un placer leer tu comentario. Sabes que también adoro esta parejita, sobre todo la manera en la que interactúan. Amé tú comentario! Creo que tienes razón, si veo a Anthony capaz de ir a correr las amonestaciones incluso antes de declararse a la rubia jajajaja.

Terry como villano no me gusta, a pesar de que siempre tiene algo que decir no creo que tenga madera de malo, a pesar de ser tan rebelde e impulsivo es un chico noble que navega con bandera de rebelde, solo Candy lo puede domar.

Así es Archie es el más inquieto de todos y el más explosivo, eso mismo es lo que le genera problemas, creo que tiene que poner sus ideas en orden antes.

Recibo el abrazo con mucho gusto amiga, mil gracias por leer y dejarme tu comentario. Te mando un fuerte abrazo también.

gidae2016:

Hola hermosa! Un gusto leer tú comentario una vez más, me alegra que estés al pendiente de la historia, pero me alegra más que me dejes un comentario.

Creo que las intenciones de Anthony es declararse, esperemos que pronto lo haga antes de que como dices, alguien piense mal de él.

Te mando un fuerte abrazo amiga.

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! Me alegra que estés bien. Gracias por leer y comentar, sé que estás ocupada y por ello aprecio más darme un poco de tu tiempo.

Creo que Anthony no tiene ninguna intención de dejar a la rubia en paz, jijiji y creo que ninguna queremos eso.

Muchas gracias por comentar amiga.

Guest:

Hola hermosa, me extraña mucho tu comentario porque la historia es precisamente de Anthony y Candy como pareja, eres bienvenida a leer, pero te aclaro por si te confundiste al comenzar a leer y esperas que Terry o Albert sean los protagonistas.

Saludos!

Guest2:

Hola amiga, ya voy. Saludos!


Muchas gracias a todas y cada una de las chicas que se dan un tiempo para leer mi historia, muchas gracias por estar aquí. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.


GeoMtzR

17/10/2024.