Capítulo 3. Entre la felicidad y los sueños (1ª parte).

Con la única iluminación de la lumbre, Tomoyo, sentada en el suelo junto a la chimenea de su despacho ojeaba la revista "Clow Novels", donde estaba publicado el capítulo cuatro de su novela serial "Al final de la actuación". Con desprecio por sí misma, arrancó una de las hojas mientras que Kaho la veía por el resquicio de la puerta.

Entonces, todavía no me había dado cuenta.

Pero a una página le siguieron varias más.

Estaba tan convencida de que podría darle la vuelta cuando quisiera…

Tras haber echado las páginas al fuego, volvió a su mesa, centrando su mirada en el folio con la dedicatoria a Hanayashi escrita por Sakura y cuyo papel evidenciaba la frustración que sintió Tomoyo cuando Eriol le propuso utilizarlo.

Intenté recular antes de que la "bola de nieve" se hiciera demasiado grande.

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Dos semanas antes…

–Al final me han ofrecido el trabajo de asistente. –explicaba Sakura por teléfono a Yukito.

–¿Qué? Supongo que lo habrás rechazado, ¿no? –dijo Yukito mientras salía del trabajo.

–No pensé que me lo fueran a ofrecer y me pilló demasiado desprevenida. –dijo Sakura sentándose en el suelo con las piernas bajo el calor del kotatsu mientras dejaba una taza de té caliente encima.

–¿Pero rechazaste la oferta?

–No. –dijo Sakura.

–¿Qué?¿Por qué? –preguntó Yukito, ya que eso no se correspondía con lo que habían acordado.

–Lo siento. Pero le diré que no puedo aceptarlo. –intentó enmendar la castaña.

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De las pocas personas que conocían la verdad se encontraba Kaho Mitzuki. Era una mujer con una dilatada experiencia y de sobra sabía del gran bloqueo creativo de su jefa. Dada su preocupación, decidió hablar con ella.

–Tomoyo. Si tanto te molesta que Sakura escribiera aquella dedicatoria a Hanayashi, puedo hablar con ella. Incluso podríamos despedirla. –dijo Kaho.

–Ya hablaré yo con ella. –dijo Tomoyo.

–Entendido. –dijo Kaho.

Fue en ese momento que llegó la aludida.

–Buenos días. –saludó Sakura mientras se quitaba la bufanda.

–Buenos días. –saludó Kaho.

–Sakura. –dijo Tomoyo.

–¿Sí?

–Escribe. –ordenó Tomoyo.

–¿Qué?

–Mi serial para "Clow Novels". Escribe el resto del argumento. –dijo Tomoyo dirigiendo la vista a la estantería donde se encontraban las publicaciones literarias donde se estaba publicando su novela por entregas, junto con las de otros autores.

A pesar de su experiencia y de conocer bien a Tomoyo, Kaho no vio venir aquella petición. Quizás no conociera tan bien a Tomoyo, después de todo.

–¿El argumento? –preguntó Sakura, que tampoco esperaba que la primera tarea al llegar a su lugar de trabajo fuera escribir.

–Sí, ya sabes. Un esbozo de la trama. –dijo Tomoyo.

–De acuerdo, pero quería decirle… –pero Tomoyo interrumpió a Sakura.

–Puedes escribir como quieras. –dijo Tomoyo, que se levantó para subir las escaleras sin escuchar lo que la castaña le tenía que decir.

–Kaho, ¿qué crees que ha querido decir con lo de "escribir el resto del argumento"? –preguntó Sakura.

–Ojalá lo supiera. –dijo Kaho antes de volverse a su mesa.

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–La película del libro de Tomoyo Daidouji ha sido confirmada oficialmente. –dijo Clow Reed a Eriol mientras bajaban por las majestuosas escaleras que albergaba el edificio de la compañía. –Es sólo por ti y por Tomoyo que sigue adelante, siendo un libro que todavía no está terminado. ¿Lo entiendes, no?

–Sí. –asintió Eriol. Claro que lo entendía. Estaba hablando de que era una inversión arriesgada.

–Es un proyecto muy grande de dos billones de yenes. Así que todo el mundo espera resultados. Ya no hay marcha atrás.

–Puedo manejar la presión. –dijo Eriol con aire de suficiencia.

–Tengo un partido de golf con el productor de la película. Quiero que me acompañes. –dijo Clow.

–¿De verdad? –preguntó Eriol. Clow asintió.

Contento por el ofrecimiento, Eriol se dirigió a su departamento con una sonrisa.

–Eriol. –lo llamó Yamazaki nada más verlo entrar.

–¿Qué pasa?¿Alguna emergencia? –preguntó Eriol mientras Yamazaki lo seguía hasta su mesa.

–Lo cierto es que sí. –admitió Yamazaki.

–¿Qué ha pasado? –preguntó Eriol al ver el semblante serio del moreno.

–Tomoyo se ha saltado la fecha de su serial para la editorial Keiyo.

–¿Estás seguro de eso? –preguntó el de gafas.

–Sí. Me lo ha dicho Sato, su editor en Keiyo. –explicó Yamazaki.

–Justo ahora… –musitó Eriol para sí con preocupación. La alegría que le había proporcionado la invitación de Clow Reed se había esfumado demasiado pronto.

–Tomoyo jamás se había saltado una fecha de entrega. No creo que le vuelva a pasar, pero deberíamos prepararnos para lo peor. –dijo Yamazaki viendo el semblante preocupado de Eriol. Tras hablar con él, Yamazaki se dirigió en voz alta hacia Shaoran, que estaba en su mesa. –¡Shaoran, busca algo para cubrir el hueco de Tomoyo!

–¿Con tan poca antelación? –preguntó Shaoran.

–¿No conoces a algún autor? Así por fin podrás publicar algo que tú quieres. –dijo Yamazaki enfadándose por momentos. –Las revistas de novelas serializadas pierden mucho dinero incluso cuando se agotan. ¿Por qué crees que las editoriales sólo publican una? Es para que los escritores hagan dinero cuando les pagamos. ¡Estas publicaciones sólo existen para establecer lazos con los autores que quieren publicar con nosotros!

–Lo sé. Los sufro de cerca. Justo esta mañana, he venido de jugar toda la noche al mahjong. –dijo Shaoran, que sentía que esos "lazos", en lugar de sufrirlos, lo ahogaban. Y Yamazaki no parecía ayudar, porque le hacía sentir que era su culpa el hecho de que Tomoyo no hubiera cumplido el plazo.

–Ya me encargo yo. –se ofreció Meiling apiadándose de Shaoran, que parecía agotado y era evidente que necesitaba que le dieran una tregua.

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Dicho y hecho, Meiling comenzó a trabajar en la solución para cubrir el probable hueco que dejaría Tomoyo en "Clow Novels". En seguida, pensó en Spinnel Sun, por lo que lo citó en una cafetería.

–Esta es la revista. –dijo Meiling mostrándole una publicación anterior tras haberlo puesto en antecedentes. –En ocasiones, tenemos que adaptar la cantidad de páginas. Te he citado para pedirte que escribas alguna historia corta para publicarla.

–¿Yo?¿En una revista donde escriben tantos grandes autores? –preguntó Spinnel, que de sobra conocía esa revista.

–¿No quieres?

–No es eso…–dijo Spinnel.

–No puedo prometerte una fecha de cuándo se publicaría tu trabajo. Ni si quiera podemos pagarte hasta que se publique, pero creo firmemente que es una gran oportunidad para un escritor novel como tú. –intentó convencer Meiling.

Spinnel estiró las manos para coger la revista de la mesa, momento que aprovechó Meiling para tomarle de las manos y mirarlo a los ojos, a pesar del sobresalto del tímido escritor.

–Trabaja duro. –dijo Meiling.

–Sí. –dijo él rápidamente, totalmente seducido por la belleza amazona de Meiling.

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Sakura se había dedicado todo el día a leer y releer los capítulos que ya estaban publicados de "Al final de la actuación" y a buscar documentación que le sirviera de inspiración. Por lo que al llegar a su apartamento, y rodeada de las revistas donde estaban publicados los tres capítulos de la novela serial de su jefa, comenzó a escribir la línea argumental del capítulo cuatro, tal y como ella le había pedido.

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–He leído el argumento del capítulo cuatro. –dijo Tomoyo mientras ambas iban en el caro coche de la morena.

–¿Y? –preguntó Sakura deseosa de saber la opinión experta de Tomoyo.

–Si tuviera que halagarte, diría que está libre de errores. Pero quiero que me aclares algunas cosas. ¿Por qué Natsumi le escribe a Ryosuke? –preguntó Tomoyo.

–Para reunirlos. –respondió Sakura.

–¿Crees que Natsumi le escribiría en una situación así?

–Pues…

–No distorsiones las personalidades de los personajes sólo para que avance la historia. –aconsejó Tomoyo.

–De acuerdo. –dijo Sakura.

–Reescribe la trama para mañana. –dijo Tomoyo sin apartar la vista de la carretera.

–Tomoyo.

–¿Qué?

–Es que…–titubeó Sakura, que no sabía si era el momento adecuado de decirle que dejaba el trabajo.

–Adelante. Dime lo que se te pasa por la cabeza. –dijo Tomoyo.

–No es nada. Bueno, sólo quería darte las gracias por conducir. Si supiera el camino lo haría yo misma. –dijo Sakura, evitando el tema de su permanencia en el empleo, y haciendo ver que conducir sería su tarea, como asistente que era.

–No me gusta que los demás cojan el volante. Ni en el trabajo, ni en la vida. –dijo Tomoyo a una Sakura que no acababa de comprender aquel comentario.

Cuando por fin llegaron, subieron por las escaleras mecánicas del edificio. Allí, apoyado en la pared junto al cartel de un salón nupcial, las esperaba Eriol.

–Buenos días. –saludó Eriol.

–Buenos días. –saludó Tomoyo. –Te presento a mi nueva asistente, Sakura Kinomoto. Sakura, este es mi editor, Eriol Hiragizawa.

–Encantada. –dijo Sakura.

–Es quien escribió la propuesta de dedicatoria de Hanayashi. Es muy ambiciosa. –añadió Tomoyo sin dejar de sonreír.

–Entonces no es como los asistentes que has tenido hasta ahora. –dijo Eriol. –Vamos.

Los tres entraron a una tienda de vestidos de novia en la que habían concertado la cita y que estaba junto al salón nupcial y a un estudio fotográfico para novios.

–Es un honor ayudarles para la documentación de la película. –dijo la encargada cuando le explicaron el motivo de su presencia en aquel lugar.

–Bien, la idea es que la protagonista sea una wedding planner y le agradeceríamos que nos describiera en qué consiste realmente su trabajo y cómo se organiza todo. –explicó Eriol.

–Bien, si quieren, vamos dando un paseo por las instalaciones: en cuanto al vestido, está la opción de alquiler. Estos vestidos están hechos a medida para nuestras clientas. La mayoría escoge vestidos con cola larga. –decía la encargada.

Sakura se quedó embobada en uno de los vestidos, y su sonrisa y mirada soñadora no pasó desapercibida para Tomoyo.

Entonces, la encargada sacó uno de los trajes y Sakura lo fotografió mientras que Eriol y Tomoyo siguieron caminando viendo el lugar.

–¿Cómo va la novela serial? –preguntó Eriol.

–Primero tengo que terminar el serial para la editorial Shoreisha. –dijo Tomoyo con un cuaderno de campo en la mano.

–Ya tenemos el visto bueno para la película. No quiero que los jefes escuchen cosas negativas sobre ti. –le advirtió Eriol.

–¿Tan grave es que no haya cumplido con una fecha? –preguntó Tomoyo.

–¿Estás bien? –preguntó él, consciente del problema que tenía Tomoyo.

–Por supuesto.

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Debido al apremio exigido por su jefa, Sakura se vio obligada a llevarse su ordenador portátil a la lavandería para aprovechar el momento de la colada para escribir.

Tras escribir un rato, se levantó y fue paseando por el cuarto de lavadoras intentando buscar algo que pudiera servirle a Tomoyo. Cuando por fin encontró algo de inspiración, comenzó a escribir, sin hacer caso al sonido que indicaba que el lavado de ropa ya se había completado.

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–¿Por qué has hecho que Ryosuke le mienta a Natsumi al final? –preguntó Tomoyo al leer el nuevo hilo argumental presentado por la castaña.

–Quería que pareciera que sólo está mintiendo para salir de una situación incómoda, cuando en realidad está escondiendo un secreto todavía más grande. –respondió Sakura.

–¿Por qué?

–Quería vincularlo con la promesa que hicieron cinco años antes. –explicó Sakura.

–Entonces aclara el por qué mintió. –ordenó Tomoyo.

–De acuerdo. –dijo Sakura.

–¿Por qué has elegido este punto para hablar de la promesa? –preguntó Tomoyo.

–Pues…–comenzó a decir Sakura, que se quedó pensando unos segundos que se hicieron un poco largos. –Eso debería ir después.

–Estoy de acuerdo. Reescríbelo. –dijo Tomoyo.

–Sí.

–Por cierto, ¿tienes planes para esta noche? –preguntó Tomoyo.

–¿Qué?

–Vamos a celebrar una cena de bienvenida. –dijo Tomoyo. –Kaho, haz una reserva en el Bistro Feriae, por favor.

–De acuerdo. –dijo Kaho.

–Disculpa. –dijo Sakura, que ante la perspectiva de la cena de bienvenida no podía seguir postergando la noticia de que no continuaría como asistente.

–¿Ocurre algo? –preguntó Tomoyo, que ya tenía un pie en la escalera.

–Es que no puedo seguir trabajando como asistente. –dijo Sakura.

–¿A qué viene eso ahora? –preguntó Kaho.

–Es que vuelvo a Tomoeda para casarme.

–Vaya. –dijo Tomoyo. –Muy bien.

–Lo siento muchísimo. Pero seguiré trabajando hasta que encontréis a un nuevo asistente. –dijo Sakura.

–Reescribe el argumento inmediatamente. –ordenó Tomoyo, que no parecía haberle afectado lo más mínimo lo que acababa de decir. –Tienes de plazo hasta mañana.

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–Me parece un poco molesto que decida dejar el trabajo tan pronto, aunque pensándolo bien, creo que es lo mejor. Le diré a Shaoran que se esmere en encontrar un asistente más apropiado. –dijo Kaho mientras le servía el té a su jefa en su despacho.

–No será necesario. –dijo Tomoyo poniéndose las gafas antes de ponerse a escribir en el ordenador. Kaho le preguntó con la mirada, pero la escritora hizo caso omiso a las dudas de su secretaria, que salió del despacho intrigada por la actitud que estaba teniendo su jefa recientemente.

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Por su parte, Sakura, sentada en el kotatsu frente a su ordenador portátil le contaba las novedades a su prometido por teléfono.

–Ya he avisado a mi jefa de que dejo el puesto, pero todavía no puedo volver. Al menos hasta que encuentren a otra persona. –explicó Sakura.

–Lo entiendo. Oye, tengo que ir a Tokio a finales de la semana que viene por trabajo. Podríamos aprovechar para salir y comer algo rico por ahí. –propuso Yukito. Pero Sakura, a pesar de estar con el teléfono en la oreja, tecleaba con una sola mano y no dijo nada. –Sakura, ¿estás ahí?

–Perdona, ¿qué decías? –preguntó Sakura, que se había concentrado demasiado en la escritura.

–¿Has escuchado algo de lo que te he dicho? –preguntó Yukito.

–Perdona, es que estoy reescribiendo un argumento. –se excusó Sakura.

–¿Un argumento?

–Sí, Tomoyo me ha pedido que lo revise, pero creo que no lo estoy haciendo demasiado bien. –dijo Sakura. –¿Qué me decías antes?

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Cuando por fin parecía que Tomoyo había encontrado un rato de inspiración que estaba intentando aprovechar al máximo, el sonido de su teléfono dio al traste con el ritmo que había conseguido aplicar a las pulsaciones en su nuevo ordenador, rompiendo así su inspiración. Con un suspiro que expresaba molestia por la interrupción, respondió al condenado aparato.

–¿Diga?

–Hola, soy Maruyama, de la residencia. –dijo la mujer.

–¿Le ha ocurrido algo a mi madre? –preguntó Tomoyo.

–Ha desaparecido. –informó Maruyama.

–¿Cómo que ha desaparecido? Voy enseguida. –dijo Tomoyo.

Sin perder ni un segundo, Tomoyo se montó en su coche y comenzó a conducir. Aunque no era tarde, ya había oscurecido. No llevaba ni cinco minutos conduciendo cuando su teléfono volvió a sonar, por lo que se apartó a un lado de la carretera y contestó.

–Soy Maruyama de nuevo. Hemos encontrado a su madre. –informó la trabajadora de la residencia.

–Gracias. –dijo Tomoyo más aliviada. A pesar de todo, la morena decidió continuar su camino para ver a su progenitora.

–¡Dejadme ir! ¡Quiero volver a casa! –exclamaba Sonomi mientras dos celadores intentaban calmarla.

–Es tarde. Quizás mañana. –intentó convencer una celadora.

Tomoyo, que esperaba en la habitación de su madre se levantó al verlos aparecer entre forcejeos.

–Tomoyo no puede hacer nada sin mí. Así que es mejor que me dejen marcharme a mi casa. –dijo Sonomi ante la mirada de su hija.

–Es casi la hora de cenar, Sonomi. Vamos a cenar, ¿vale? –siguió intentándolo la celadora.

–¡Le he dicho que me deje marchar! –insistió Sonomi.

–Mamá. –intervino Tomoyo por fin. –Esa casa ya no está.

–¿Qué? –preguntó Sonomi, dejando de forcejear por fin para mirar a aquella elegante mujer.

–Que esa casa ya no existe. –dijo Tomoyo.

–Métete en tus asuntos. Sólo eres una extraña. –dijo Sonomi para volver al forcejeo con los empleados de la residencia e insistiendo que la dejaran volver a casa.

No fue hasta muy tarde que por fin consiguieron calmar a Sonomi, que parecía que por fin se había olvidado del deseo de volver a casa, por lo que su hija decidió pasar con ella la noche.

A la mañana siguiente, Tomoyo bajó a una zona común para llamar a Kaho e informarle del motivo por el que no estaba en la casa de trabajo mientras miraba a su madre desayunar.

–Estoy con mi madre en la residencia. Parece no estar muy bien. –explicó Tomoyo.

–Entiendo. Hasta luego. –dijo Kaho antes de colgar.

–¿Está bien Tomoyo? –preguntó Sakura desde su mesa.

–Probablemente no vuelva en unos días. Está cuidando de su madre. –explicó Kaho. –Se le va a pasar la fecha de entrega para la editorial Shoreisha. Y como tarde mucho también la de Clow.

–Si hay algo que yo pueda hacer…–se ofreció Sakura.

–Por supuesto que no. –interrumpió Kaho con una severa mirada que hablaba por sí sola. ¿Cómo se atrevía siquiera a insinuar nada?

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Ya en su apartamento, Sakura se puso a trabajar en la segunda revisión del argumento del capítulo cuatro de "Al final de la actuación". Las palabras comenzaron a fluir y fue tal el grado de concentración que acabó escribiendo un argumento de lo más detallado, sin notar que había amanecido.

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Eriol esperaba a Clow Reed en el campo de golf mientras daba algún golpe cuando vio a Yoshiyuki Terada, otro de los editores más veteranos de la editorial Clow, además de ser el responsable del departamento de diseño.

–¿Qué haces aquí? –preguntó Eriol.

–No me digas que no sabías que me habían invitado. –dijo Terada.

–No, no lo sabía. –dijo Eriol sonriendo. Parecía que iba a tener cierta competencia por el puesto al que aspiraba, pero Terada no le asustaba, a pesar de su buen swing jugando al golf.

Unos minutos más tarde, llegaron Clow y el presidente de la productora que aspiraba a llevar al cine la novela de Tomoyo o cualquier otra que se vendiera razonablemente bien.

Tras el primer golpe con el que el cineasta inauguró el partido, le siguieron los aplausos de los otros tres hombres.

–La serie del "Detective Mikuriya Koichiro" ha vendido la friolera de seiscientas mil copias, según he oído. –comenzó a decir el productor tras el primer golpe.

–Sí. Los viejos títulos también han comenzado a venderse de nuevo. En total hemos vendido unos tres millones y medio de copias. –dijo Terada mirando al productor.

La literatura siempre era una gran fuente de inspiración para el cine, por lo que el hecho de que esas historias se vendieran tan bien ampliaba las posibilidades de que un productor tan respetado y consolidado como aquel comprara los derechos para realizar la versión cinematográfica.

–Es curioso, porque no es muy común que una nueva historia de un autor desconocido se venda tan bien. Es un caso realmente excepcional. –dijo Clow Reed, refiriéndose a la historia editada por Terada. –Bueno, me toca.

–Cuento contigo para que sigas colaborando con mi productora de la misma manera en que Eriol lo ha hecho con Tomoyo Daidouji. –dijo el cineasta a Terada mientras Clow se dirigía a golpear la pelota.

–Cuente con ello. Hablando de Daidouji. He oído que no ha cumplido la fecha de la editorial Shoreisha. –comentó Terada. Eriol sabía que era un dardo hacia él, que era su editor.

–¿Es eso cierto? –preguntó Clow, que olvidó que tenía que golpear la pelota al escuchar aquello.

–Creo que la fecha cumple mañana. –dijo Eriol intentando salir del paso.

–En realidad, Shoreisha ya se ha pronunciado al respecto. Tú eres su editor en Clow. Daba por hecho que lo sabías. –dijo Terada desbaratando la excusa de Eriol.

–Lo confirmaré. –dijo Eriol.

–De acuerdo. –dijo Clow, volviendo a ponerse en posición de golpeo.

–Vaya, parece que Clow va a por el birdie. –dijo el cineasta, sin percatarse de que el aludido se había quedado preocupado con la noticia de Tomoyo, puesto que con aquella, Tomoyo ya había incumplido los plazos dos veces en un lapso de tiempo muy reducido.

Tras varios golpes y cuando tuvo oportunidad, Clow decidió golpear la pelota de manera que fuera a parar a una arboleda para poder ir a buscarla. Con la excusa de ayudarle, Eriol fue tras él para poder hablar a solas, ya que conociéndose como se conocían, sabía que hizo aquello para que lo siguiera para hablar con él.

–Al igual que en el golf, en las empresas hay personas que esperan impacientes un error del que consideran un líder. –dijo Clow, que había captado perfectamente que Terada dijera que Tomoyo se había saltado un plazo para desprestigiar a Eriol. –Así que, si pretendes ser el miembro más joven del consejo de administración no puedes permitirte ni un desliz.

–Lo sé. –reconoció Eriol.

–Tomoyo Daidouji es tu mejor baza. Si ella falla, tú también fallas. Asegúrate de que la tienes bajo control. –ordenó Clow.

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Al día siguiente, aunque con aspecto algo cansado, Tomoyo por fin hizo acto de presencia en la casa de trabajo. Al escuchar la puerta, Kaho y Sakura se levantaron de sus respectivos lugares para ir a recibirla.

–¿Está bien tu madre? –preguntó Kaho.

–Sí. –respondió Tomoyo sin entrar en detalles.

–El editor jefe Yoshino, de Shoreisha te envía sus mejores deseos. –informó Kaho, que aludió motivos familiares para excusar a su jefa del incumplimiento de la fecha de entrega.

–¿De verdad? –dijo ella comenzando a subir la escalera.

–Tomoyo, he reescrito la trama. –dijo Sakura pasándole los folios. La morena los tomó y continuó subiendo la escalera hasta llegar a su despacho, donde se sentó suspirando con cansancio. Tras unos segundos en los que intentó hacer acopio de fuerzas, tomó los folios para comenzar a leer lo que Sakura había escrito, pero su teléfono volvió a interrumpirla.

Esta vez, llamaban del instituto de su hijo. Tras contestar, tenía que volver a dejar su trabajo pendiente para mantener una reunión con el tutor de Yue y el director del instituto.

–¿Hay algo fuera de lo normal en casa? –preguntó el director de la institución educativa una vez que Tomoyo llegó al instituto.

–Está tan desafiante como siempre, pero al margen de eso, nada. –dijo Tomoyo. –¿Ha causado algún problema?

–Lo cierto es que en el examen de aptitud del otro día, toda la clase obtuvo un 100% en matemáticas e inglés, lo cual es algo que no ocurre nunca. Por lo que hemos investigado y hemos descubierto que alguien ha filtrado los exámenes enviándolo a toda la clase desde un ordenador de la sala de informática. –explicó el tutor.

–¿Yue ha hecho eso? –preguntó Tomoyo.

–Él lo niega. –dijo el tutor.

–Pero usted cree que ha sido él. –dijo Tomoyo.

–No he dicho eso. Pero mientras que toda la clase ha obtenido un 100%, Yue ha obtenido un 0%. –dijo el tutor.

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Tomoyo esperaba a su hijo en casa sentada en el sofá cuando por fin apareció con su habitual semblante frío y serio.

–Vaya. Ya estás aquí, Tomoyo Daidouji. –dijo Yue con ironía.

–Me ha llamado tu tutor, así que me he reunido con él. –dijo Tomoyo.

–Una historia genial. –dijo Yue.

–"Miradme". "Soy tan inteligente". "Soy el mejor". ¿Acaso no es eso lo que intentas decir? –preguntó Tomoyo interpretando las acciones de su hijo.

–¿Por qué todo el mundo me trata como a un delincuente? –preguntó Yue.

–¿Qué pretendes conseguir?

–¿Tienes alguna prueba de que lo haya hecho yo? –preguntó Yue refiriéndose a la filtración del examen. Pero su madre no dijo nada. –¿Lo ves?

–Sé que haces esto para hacerme daño. –dijo Tomoyo.

–¿Alguna prueba? –volvió a preguntar Yue. Su madre tampoco dijo nada. –¿Lo ves? Ninguna.

–¿Eres consciente de lo que has hecho? –preguntó Tomoyo.

–Nada de esto es culpa mía. Esto es el resultado de la educación que me has dado. –dijo Yue, que se dio la vuelta para subir a su habitación.

–¡Espera! –dijo Tomoyo, pero su hijo no hizo caso.

Tras la fracasada conversación con su hijo y necesitando escapar de allí, se montó en su coche y condujo por la oscuridad de la tarde hacia su casa de trabajo mientras se preguntaba en qué había fracasado con Yue. Entonces recordó una conversación que mantuvo con su madre dentro de un coche parado bajo una intensa lluvia hacía ya dieciocho años y que le recordaba demasiado a lo que acababa de ocurrir con su hijo.

Flashback.

Tomoyo, creo que te he criado para que seas una persona especial. –dijo Sonomi sentada en el asiento del conductor. –Casándote con un hombre que te da de comer. ¿Lo disfrutas?

Pero su hija mantenía la mirada seria y al frente, sin mirar a su madre.

Sólo tienes veintiún años. No te di la vida para que te convirtieras en una mujer aburrida que sólo puede ser protagonista el día de su boda. –dijo Sonomi de manera dura.

¡Soy el resultado de tu educación! –exclamó Tomoyo. –Estoy cansada de estar en el asiento del pasajero.

¿En el asiento del pasajero?

Siempre he estado ahí. Es mi vida, pero siempre eres tú la que conduce. –dijo Tomoyo llorando. Entonces, se soltó el cinturón y se bajó del coche con frustración, sin importarle que la larga melena que llevaba se calara con la intensa lluvia.

Fin del flashback.

Continuará…