Narcissa Black entró al Ministerio sin hacer sonar sus zapatos de tacón, con una caja que tenía fotografías, cartas y botellas de recuerdos, la cabeza en alto y una capa Black adornada por un broche que indicaba que ya era también parte de la familia Malfoy, aunque la boda sería durante el Yule.

Al Wizengamot no le importaba demasiado un grupo de estudiantes. Si fuese así, Dumbledore no habría sido director en primer lugar.

Pero les tenía que importar una demanda de alguien que llevaba los apellidos Black y Malfoy como tarjeta de presentación. Les gustase o no.


El día en que el Ministro en persona visitó Hogwarts, James se estaba relajando en el borde de la bañera tamaño piscina del baño de Prefectos y oía a Sirius tararear metido entre las burbujas.

—¿Por qué moony no ha venido más a este baño? —Escuchó después—. ¿Por qué no he venido yo con moony? Tengo tantas ideas sobre-

—Sirius, no, por favor —pidió James con la más profunda desesperación. Era callarlo o considerar ahogarlo para no tener que oír los detalles de lo que quería hacer porque ya reconocía ese tono suyo.

Sirius hizo un sonidito de burla y apoyó la cabeza en el borde opuesto de la bañera con los ojos cerrados.

Él de verdad pensó que se quedaría callado hasta que comenzó de nuevo:

—Ah, no has visto a moony cuando-

—¡Sirius! —James le dio una patada al agua para salpicarle—. Perro malo, perro malo-

Sirius se comenzó a reír y movió un brazo sin cuidado para intentar salpicarlo también, en vano.

Alrededor de la bañera era un desastre con el agua salpicada cuando James escuchó una vocecita aguda detrás de él.

—¡Hola, James…! ¿Cómo estás? ¿Disfrutando el baño? ¿No tienes los lentes? Eres tan lindo cuando no tienes tus lentes…

James suspiró y recogió una toalla para ponérsela alrededor.

—Hola, Myrtle.

—¡Llegó tu novia! —anunció Sirius, escondiéndose entre las burbujas.

La fantasma se sentó al lado de James. O lo más similar a eso que podía hacer flotando.

James distinguía un contorno traslúcido en medio del vapor del baño.

—¿Recuerdas que la primera vez que vine te dije que nada de visitas si yo no estoy vestido?

—Él está visitando —Myrtle hizo un gesto que él no pudo identificar pero supuso que apuntaba a Sirius por el tono de queja.

—Yo llevo años viéndole absolutamente to-

James agitó una mano hacia donde oía su voz y le frunció el ceño.

—Sirius está ahogándose con las burbujas, no cuenta, es un perro.

—¿Es porque lloro mucho? ¿Es por las colitas? ¿Es porque soy fea…?

—Yo no dije-

Myrtle lo interrumpió con un fuerte chillido y la figura desapareció del poco campo de visión de James. Pensó que se había ido hasta que escuchó la voz detrás de él de nuevo.

—De todas formas —Ella volvió a sentarse—, no estoy visitándote. Vine a avisarte…creo que se van a llevar a Dumbledore —Ella soltó una risita— y eso será un desaaaaaastreeeee…

—¿Cómo que se van a llevar a Dumbledore…?

—¡Lo que escuchaste! —Myrtle siguió riéndose, apoyando la cabeza espectral en el hombro de James—. Vino el Ministro. Todo el mundo está hablando. Lo sabrías si no estuvieses aquí encerrado en un baño con otro chico.

James se levantó para ir por su ropa y le agradeció mientras se vestía. Myrtle dio algunas vueltas más alrededor de él hasta que Sirius se acercó para recoger su propia ropa y empezó a sacudir la mano en su esencia espectral para espantarla, lo que la hizo gritar fuerte e irse levitando después de decirle a Sirius que era un grosero.

Como estudiantes de último año, tenían horas libres extras con las que no contaban el año anterior por clases a las que no entraron o de las que ya tenían lo necesario, así que tenían media mañana deambulando por ahí cuando se metieron al baño de Prefectos. A esa hora era cambio de clase y Sirius fue el que se dio cuenta porque James caminaba detrás de él todavía limpiando sus lentes.

Se toparon con una multitud en el vestíbulo. Ya no sólo estudiantes de séptimo en horas libres, quienes estaban saliendo de su clase también se acercaban y más de la mitad del personal docente estaba allí.

El Ministro hablaba en voz baja con Dumbledore en la entrada. McGonagall era la única lo bastante cerca para escuchar y no paraba de ver con horror hacia un lado y luego seriamente a sus estudiantes.

James empezó a tantear los bolsillos del uniforme hasta encontrar la medalla de Delegado. La levantó y empezó a avanzar dándole empujones a la gente diciendo "soy el Delegado, permiso, soy el Delegado, tengo que pasar". Era un buen primer uso.

Lily había pensado en lo mismo y atravesó la multitud con su medalla hasta que se encontraron en la parte delantera y McGonagall notó sus presencias. Ella se acercó deprisa, les puso una mano en los hombros y les llevó hacia un lado del corredor.

—Necesitamos que den instrucciones a Prefectos y Prefectas para que empiecen a sacar a toda esta gente de acá…

—¿Qué está pasando, profesora? —James le puso la mirada más suplicante que tenía para ablandarla y que contestara.

McGonagall suspiró y meneó la cabeza.

—No es de su incumbencia, señor Potter-

—Van a hacernos preguntas —recordó Lily—. Deberíamos- al menos tener una respuesta para darles.

La profesora lo pensó durante unos segundos.

—Díganles…que Dumbledore estará ausente durante un tiempo, que el Ministro le ha pedido algo y que no hay motivos para preocuparse. Si necesitan algo más, yo estaré en la oficina de Dumbledore como directora adjunta.

Lily asintió y jaló a James de regreso con el resto de estudiantes.

—¿Lo consiguió? —murmuró James.

—Reg sonaba seguro sobre que lo conseguiría…

James se emocionó y le ofreció los cinco como siempre hacía con Sirius. Ella rodó los ojos con una sonrisita y chocó la palma con la suya.

—Ahora ponte a trabajar por esa medalla, Potter.

Lily encontró a dos Prefectos y comenzó a darles órdenes sobre qué grupo guiar, la formación y a dónde llevarles.

Él no tenía idea de qué hacer. Le sonaba como debía sonarle el Quidditch a alguien que no lo conocía.


Severus esperó a que Mulciber le dijese que los hechizos sobre la puerta y la escalera estaban listos. Un Prefecto había enviado a los grupos más jóvenes de Slytherin a sus dormitorios, diciéndoles que quien saliese de ahí durante las próximas horas haría enojar al Calamar del lago que siempre veían a través de los ventanales.

Estudiantes de cuarto, quinto, sexto y séptimo ocuparon los muebles de la Sala Común de Slytherin. Severus se había tirado sobre el sofá junto a la chimenea y no contaba con que en cuanto Regulus se sentase con él y Alessa Zabini, que se había colado dentro del castillo, se sentase en el reposabrazos al lado de Severus inevitablemente el resto de Slytherin también lo iba a estar mirando a él.

—¿Qué significa esto? —preguntó un estudiante de quinto año—. ¿Es posible que el Señor se haya enterado…?

—Si se hubiese enterado de algo, no tendría caso atentar contra Dumbledore —argumentó Regulus—. Él le teme. Que Dumbledore no esté es una ventaja para él, pero él no hubiese sido capaz de echarlo por su cuenta, así que cálmense.

—Dicen que tu familia tiene algo que ver, Black —indicó una chica de sexto—. Si ahora estamos en riesgo-

—Mi familia no tiene sucesor en la rama principal porque hemos estado ocupados con el luto —Regulus se aseguró de hablar con mucha suavidad en su papel de hijo dolido y lo hizo tan bien que una de las amigas de la chica la reprendió por ser insensible y recordarle eso—. No es como que Dumbledore sea el único fuerte en Hogwarts —siguió Regulus—. McGonagall es una bruja capaz de batirse a duelo con Dumbledore y es de conocimiento general que el profesor Grindelwald ha empatado la mayoría de sus duelos con el director.

—Aunque digas eso, ¿cómo sabemos que estaremos a salvo? Todo el mundo aquí puede correr riesgo si Prince abre la boca-

Alessa interrumpió las protestas entrechocando las palmas. Todas las miradas cayeron en ella y la vieron inclinarse sobre Severus y preguntarle en voz baja si tenía ganas de hablarles él.

Severus sacudió la cabeza de inmediato, por lo que ella asintió con una sonrisita dulce, se enderezó y su expresión cambió a una tan fría que algunas personas retrocedieron.

—El refugio en Italia está listo para recibir a quien haga falta y a cualquier miembro de su familia que quieran llevar por su seguridad —les explicó—. Hemos preparado otro espacio en Londres para quienes no puedan ir tan lejos, estamos tomando medidas para el ocultamiento del rastro de familiares que lleven su marca y hay al menos ocho elfos domésticos que pueden ayudar a transportarse rápidamente a quienes no tengan edad para una Aparición. Hay casas secundarias que nos abrirán las puertas como destino de escala si hace falta y apoyo de un miembro del personal docente que no revelaremos si no es necesario. He venido al castillo para darles tranquilidad porque reconozco que nadie aquí quiere pensar en lo peor, no para escuchar sus lloriqueos ni cómo insinúan que mi amigo va a delatarles como si no fuese él parte de la organización de esto y uno de los que más corre peligro si se descubre.

Nadie tenía nada para responderle a la bruja. Ella esperó, luego asintió y relajó la postura.

—Necesitan tranquilizarse —indicó Regulus en voz baja—. Tomemos medidas extras, medidas pequeñas. Usen sólo los baños de la Sala Común si pueden, vayan siempre al menos en parejas, muévanse en grupos de un salón al otro, presten atención a estudiantes de primero, no pongan nada comprometedor en sus cartas a sus familias. Somos la Casa más discreta, no deberían perder la compostura así cuando no ha pasado absolutamente nada que nos afecte todavía.

—Por lo que el Señor sabe —añadió Alessa—, Slytherin es su mayor apoyo. Y dejaremos que siga creyendo eso.

Luego ella se inclinó hacia adelante.

—Porque saben lo que haré si alguien se atreve a delatar al resto, ¿verdad?

Severus le tocó el brazo y le dijo que no hacía falta amenazar. Ya todas las personas en la sala estaban encogidas en sus asientos y sosteniendo los brazos de la gente más cerca a su posición.

—Miren —Severus les habló en tono hastiado después de ver a Mulciber haciéndole una seña pedir que lo hiciese—, Dumbledore no veía por nuestra Casa de todas formas. Nuestros planes siguen en marcha y estamos haciendo lo que hace falta para comprobar la seguridad antes de dar la dirección del refugio a sus familiares, ¿entendido? No entren en pánico porque las serpientes en pánico solamente muerden y no piensan, que es lo que están intentando hacer justo ahora.

Mulciber y Rosier parecían pensar que cuando Severus les daba indicaciones o les contaba sobre el proceso, el resto se calmaba. Él no se lo creía hasta que notó posturas más relajadas, hombros que caían y ligeros cambios en las expresiones.

Una vez que la reunión terminó y regresaron a sus respectivos cuartos, Severus acompañó a Alessa afuera. Salieron a las mazmorras, vigilaron que no hubiese nadie cerca y la bruja se convirtió en una gata parda que saltó a los brazos de Severus.

Él la llevó hasta uno de los pasajes que salían del castillo para que no la sintiesen Aparecer, le agradeció por haber ido a avisarles que el refugio estaba listo y a ayudar a calmar al resto y regresó a la Sala Común en cuanto la vio marcharse.

Cada vez que había reunión se sentía mucho más agotado que de costumbre y más rápido. Ya estaba cansado esa vez y ni siquiera había anochecido. Fue directamente hacia su cuarto después de responder algunas dudas más de Slytherins que lo encontraron en el camino.

Cuando entró, Mulciber intentó felicitarlo desde su cama por haber "calmado" al resto. Él sólo hizo un ruidito de queja y se paró al lado de su cama cuando vio que había un gato negro sobre la almohada.

Severus decidió que estaba demasiado cansado para esto y se tiró sobre el colchón de todos modos. El gato maulló y se desplazó para ponerse sobre él y empezar a frotar la cabeza en su pecho.

Nadie más que Severus y las "arpías" sabían de la transformación de Zabini, pero tenía la sensación de que Regulus podía percibirla cuando estaba en forma animaga porque luego también frotó la cabeza y el lomo contra el brazo de Severus donde Alessa como gata se apoyó cuando la cargaba.

—Quédate quieto o te echo —le advirtió.

El gato volvió a colocarse sobre su pecho, esta vez de esa manera en que quedaba con las patas delanteras escondidas y unos enormes ojos grises fijos en él.

Severus rodó los ojos, avisó que tomaría una siesta y se puso el antebrazo sobre los ojos. Supuso que Mulciber le cerró el dosel porque escuchó el débil sonido de la tela y todo estuvo más oscuro después.

Se quedó dormido muy rápido. Sólo hubo un momento en que casi despierta porque notó algo extraño. No había peso ligero sobre su pecho, así que asumió que el gato ya no estaba y se giró.

Su cabeza golpeó otra superficie. Una que usaba colonia. Conocía el olor.

Su mente estuvo debatiéndose durante una fracción de segundo si valía la pena dejar el estado de duermevela por eso. Se despertaría por completo si abría los ojos y lo más probable es que luego no pudiese volver a dormir hasta la madrugada.

Decidió que no valía la pena y volvió a dormir profundamente.


Por supuesto que el Wizengamot estaba a favor de Dumbledore a menos que hubiese algo innegable por lo que no hubiese forma alguna de defenderlo, pero todo lo que Narcissa llevaba y el prestigio que venía con su apellido bastaron para la suspensión temporal de sus funciones como director.

La noticia salió del Ministerio y fue el mayor escándalo del mundo mágico británico desde la radio mágica para oír los partidos de Quidditch. Todo el mundo quería saber por qué mientras que el Ministerio sólo respondía que estaban considerando ofrecerle a Dumbledore su merecido retiro.

Narcissa aprovechó un poco la situación, haciendo que Lucius presentase la situación de la salida de Dumbledore del colegio como su trabajo en conjunto con ella. El Señor estaba complacido y Narcissa creía que eso le daría al menos un poco más de seguridad a su prometido durante esas reuniones con él.

Ya que ni Sirius ni Regulus reclamaban la posición de sucesor y Orión Black estaba ausente, la postura pública de la familia recaía sobre Bellatrix y Narcissa. Ella le susurró algunas cosas a su hermana mayor, asegurándole que si la ayudaba a tener apoyo sangrepura en esto el Señor iba a estar tan feliz con ella.

Entre susurros y reuniones, consiguió convencer a jefes de familias que fueron a Slytherin de presionar al Ministerio para que le diesen esa "merecida jubilación" a Dumbledore. Nunca les había convenido que el director fuese un Gryffindor tan poco imparcial. Sólo no tenían idea de por qué ella había comenzado de pronto esa oleada discreta contra el Ministerio. Y no necesitaban saberlo.

Todo iba de acuerdo al plan.

Al menos hasta la primera semana de octubre.