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CAPÍTULO 52
SACRIFICIOS

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La hostilidad de la noche anterior seguía presente entre ellos mientras comían en silencio evitando mirarse uno al otro. El desayuno había transcurrido sin palabras, al punto de que Sasuke podía escuchar perfectamente las manijas del reloj haciendo su constante sonido uniforme; era un tanto irritante, y sobre todo, incómodo.

A diferencia de los días anteriores, esta vez ninguno parecía querer hacer el esfuerzo por lograr un consenso. Al contrario, después del cruce de palabras de la noche anterior cada uno creía estar en lo correcto. Su discusión no los iba a quebrar ni hacer que se dejaran de hablar de manera permanente, pero al menos en ese momento pretender que nada les molestaba hubiese sido forzar demasiado las cosas. El silencio era la forma en que Sasuke y Naruto se decían uno al otro que estaban molestos.

La puerta de la casa se abrió y ambos levantaron el rostro para ver a Jiraiya entrar. Vestía un largo abrigo marrón, guantes de lana y una bufanda color ladrillo. Su nariz estaba roja al igual que sus mejillas, evidenciando el frío de la mañana. Entre sus manos había algunas bolsas de papel marrón, repletas de todo tipo de comestibles para suplir los gustos de todos los presentes, incluyendo tomates y ramen instantáneo. Naruto lo agradeció con una sonrisa, ya que hacía días que no comía un buen cup ramen priorizando una dieta más balanceada en el hogar, mientras que Sasuke no mostró expresión alguna, volviendo a prestar atención a su comida.

―Konoha está cubierta de nieve. Deberían verlo ―dijo Jiraiya para luego soltar una risa estruendosa que llenó la casa de una intangible alegría, al menos momentánea―. Las personas están con sus palas en la calle intentando despejar las entradas de las casas. Hay niños haciendo muñecos y otros lanzándose bolas de nieve ―dijo alegremente mientras se sentaba, sacando un cup ramen de una de las bolsas y poniéndole agua desde el hervidor eléctrico que había encima de la mesa―. ¿Y bien? ¿No me vas a pedir ramen, Naruto? Traje de tu preferido. Y también de ese jugo de naranja que bebe Sasuke. Y los tomates ―el rubio sonrió a medias y asintió en silencio, estirando su mano. No obstante, no hubo más reacción que esa, lo cual extrañ{o a Jiraiya―. ¿Sucede algo?

―No ―respondieron casi al unísono, haciendo que Jiraiya suspirara.

―¿Qué sucedió ahora? ¿Naruto olvidó tirar la cadena del baño? ―no hubo una respuesta―. ¿Sasuke quebró otro plato mientras los intentaba lavar? ―el Uchiha negó con el rostro―. Vaya que difíciles son. Prefiero sus constantes peleas que este silencio ―dijo Jiraiya mientras sus palillos revolvían el contenido de la sopa de miso del ramen instantáneo en su respectivo envase plástico. Naruto lo imitó poniendo agua hervida en su propio ramen―. ¿Ha pasado algo de lo cual no esté enterado?

Naruto subió la mirada hasta Sasuke y éste lo observó de vuelta en silencio. Ninguno respondió. El ambiente se volvió tan tenso por la falta de palabras que Naruto no pudo evitar sino cambiar el tema antes de ahogarse en la mirada oscura del Uchiha.

―¿Cuándo nos vamos a entrenar a ese lugar que nos mencionó? ―preguntó con una sonrisa forzada mientras miraba su ramen instantáneo―. Estoy listo para partir, Ero-sennin ―su tono sonó algo más entusiasta, desapareciendo la mueca de disgusto de su rostro―. Ahora que Kakashi sensei está lejos en una misión y Hinata parece enfocada en sus asuntos del clan, creo que es un día perfecto para ir a entrenar y...

―Han surgido algunos asuntos. Les daré un par de días para que se preparen para nuestro viaje mientras recopilo información para...

―¡Entrenar es más importante que espiar chicas en los baños termales! ―reclamó Naruto.

―No, idiota. Esta vez sí debo investigar algunos asuntos de urgencia ―dijo con seriedad.

―¿Y por eso debemos esperar un par de días más? ¡Vamos! ¡Usted dijo que iríamos hoy! Está actuando bastante raro desde que vino la abuela Tsunade a beber todo ese sake ―dijo Naruto con perspicacia―. ¿Nos va a decir qué está pasando o debemos preguntarle a alguien más?

―Sería más sencillo si tan sólo nos dijeran ―concordó Sasuke―. Nos evitarían tener que averiguarlo por nuestra cuenta.

―¿Qué es lo que quieren saber? ―preguntó Jiraiya después de suspirar.

―Todos los jonin de la aldea están ausentes en distintas misiones, mientras que nosotros estamos confinados aquí. ¿Qué es lo que está sucediendo en la frontera? ¿Akatsuki ha vuelto a atacar alguna aldea? ―preguntó Sasuke sin darle vueltas al asunto.

No obstante, esta vez fue Jiraiya quien se quedó en silencio. Sasuke tuvo la impresión de que fuese lo que fuese que estaba callando era algo que los involucraba de algún modo.

―Lo hablaremos esta noche. En la cena. ¿Está bien? Intenten preparar sus cosas y concluir sus asuntos antes de que viajemos ―tanto Sasuke como Naruto lucieron de inmediato desanimados, pero no estaban de humor para insistir. Al parecer, tampoco Jiraiya deseaba tocar el asunto en ese preciso momento―. De cualquier modo, hay cosas más importantes en que debemos enfocarnos, como el entramiento que comenzaremos. Kakashi me lo encargó antes de marcharse y Tsunade está de acuerdo en que ambos deben concentrarse en eso ahora. Intentaremos un nuevo tipo de técnicas. Por eso, hagan las paces pronto ―Naruto estuvo a punto de reclamar diciendo que nada sucedía entre ellos, pero Jiraiya no se lo permitió―. Necesitan colaborar uno con el otro para poder avanzar juntos.

La mirada entre ambos amigos se volvió a cruzar. Naruto tuvo la impresión de que Sasuke cedería en su enojo y le hablaría, pero en vez de eso se puso de pie retirando su plato y taza de la mesa, dejando a su amigo observando hacia la nada en la misma dirección en que se había sentado.

Ensimismado y un tanto indiferente, Sasuke lavó los platos sucios que habían dejado en el lavadero. Venía haciéndolo desde que perdió una apuesta con Naruto jugando cartas. Aunque constantemente se quejaba por tener que hacerlo, esta vez no hubo una sola protesta por el desastre que había en la cocina, la cantidad de platos sucios o la basura que había que llevar hasta el basurero en la calle. Cuando cerró la llave de agua se secó las manos y tomó la bolsa de basura, su abrigo y salió de la casa.

Naruto no dijo palabra de despedida ni le preguntó dónde iba, sólo suspiró un tanto abnegado sabiendo que Sasuke necesitaba un tiempo por su cuenta para aclarar sus ideas. Él también lo requería.

Jiraiya lo observó y luego rio nasalmente, evidenciando lo divertido que se le hacía la situación entre ambos.

―¿Quieres hablar sobre lo que sucede? ―le preguntó mientras le daba un sorbo a la sopa, llevando el contenedor plástico del ramen a sus labios.

―Nada sucede ―respondió Naruto sorbiendo los fideos, imitándolo.

―Sasuke luce molesto.

―Sasuke es un idiota ―Jiraiya no respondió, sabiendo que Naruto por su cuenta iba a decirle qué era lo que estaba ocurriendo entre ellos―. Discutimos porque hizo sentir mal a Hinata.

―Oh, con que era eso.

Naruto frunció el ceño hacia Jiraiya al notar que le restaba importancia a la situación. Irritado, tuvo la impresión de que su maestro entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo con Sasuke para que actuara de la manera en que lo hacía y al no poder verlo él mismo, eso acrecentaba su molestia. Tenían un problema y deseaba solucionarlo, pero no podía hacerlo si ni si quiera entendía por qué Sasuke trataba de esa manera a las personas a su alrededor. A veces se sentía orgulloso de ver a su amigo actuando con amabilidad con personas como Sakura o Ino, mostrando que podía ser tolerante y amigable si se lo proponía. En otras, quedaba completamente perplejo al notar que era más cruel que nunca con Hinata y hería sus sentimientos sin que le importara lo que eso causaba en ella.

A veces le frustraba no poder entender a Sasuke ni poder empatizar con sus sentimientos. Bajó los hombros un tanto derrotado, pues a pesar de que debía ser una de las personas que mejor entendía a Sasuke en toda la aldea, su compleja manera de actuar lo dejaba perplejo.

―A veces, no entiendo a Sasuke. Puedo llegar a comprender por qué es hostil y desagradable con los demás, pero ¿Por qué tiene que tratar a Hinata de ese modo? ―le preguntó a Jiraiya buscando en él la respuesta que le había quitado el sueño la noche anterior―. Ella se esfuerza mucho en ser amable con nosotros y con cada persona que conoce. Viene hasta acá y se preocupa de que comamos, de que nuestra ropa esté limpia y sin agujeros, nos ayuda a entrenar y sana nuestras heridas. Ella es tan gentil y genial. No merece que nadie la trate mal, y especialmente, no merece que Sasuke la trate así.

―Más que una amiga, suena como si estuvieses hablando de Hinata como si fuese la madre de ambos ―dijo Jiraiya soltando un bufido―. Deberían poder cuidarse por sí mismos y no depender de ella para ese tipo de cosas. A veces parte de crecer es caminar tu propio sendero. Y Hinata de seguro tiene un camino que recorrer sin tener que estar haciendo de niñera de ustedes dos. Hinata se está convirtiendo en una mujer.

―Supongo ―dijo Naruto bajando la mirada hacia su comida―. No lo había pensado de ese modo. Ella está muy enfocada en los asuntos de su clan y... ―una sonrisa forzada apareció en él―... creo que hasta le gusta un chico.

―¿Le gusta un chico? ―preguntó Jiraiya perspicaz, creyendo que quizás Naruto finalmente se había dado cuenta de algo que era evidente para todos los que los rodeaban―. ¿Te ha hablado algo de ello?

―Se lo pregunté y dijo que era algo así como un secreto ―la sonrisa forzada desapareció suavemente y dejó de comer―. Debe ser un tipo muy genial, ¿No? Digo, para que Hinata...

―Nunca entenderé demasiado el gusto de las chicas lindas. Parecen enamorarse de idiotas y mentecatos ―suspiró observando a Naruto de reojo, para luego sonreír―. Pero de vez en cuando, también se enamoran de tipos geniales.

―Sí, debe ser un tipo genial ―dijo Naruto con desagrado, pero forzándose a ocultar su molestia.

Usualmente, el joven Uzumaki se mostraba extremadamente seguro en que era atractivo y muy genial con sus coetáneos. Era parte de su coraza, de esa personalidad extrovertida que exageraba su carisma y autoconfianza para ocultar lo inseguro que se sentía por ser distinto a todos ellos.

No obstante, él sabía que las chicas lindas y populares como Sakura o Ino no lo notaban y que sus miradas se dirigían más bien a tipos geniales como Sasuke o Neji. Saber que nunca le había agradado demasiado a las chicas de su edad le hacía preguntarse si era tan desagradable para los demás sólo por el Kyuubi o si había algo malo en él. De hecho, si lo pensaba muy seriamente, la única chica que siempre había sido amable con él era... Hinata. Y ella gustaba de ese tipo genial, y por algún motivo, pensarlo hacía que algo doliera en su pecho y que su estómago se apretara.

―Shikamaru dice que las mujeres son problemáticas, y quizás tiene razón ―dijo con ligereza, sonriendo, intentando ignorar esa molestia que estaba experimentando―. Usted y Kakashi sensei son hombres solteros ... ―pasó saliva pensando en que su vida como adulto giraría en leer las horribles novelas de Ero sennin en el futuro―... E Iruka sensei nunca se casó... ―el rostro de Naruto se comenzó a poner pálido pensando en que terminaría sus días como Iruka. Empezaba a ver un cierto patrón.

―Descuida. Ya llegará el momento para que pienses en eso. Debes concentrarte en entrenar y cumplir tu sueño de convertirte en Hokage, ¿No?

―No es un sueño. Es una meta ―sonrió, tomando las palabras de Sasuke. Y al pensar en Sasuke, nuevamente sintió algo apretarse en su estómago.

―Hoy pareces con bastantes cosas en mente ―le dijo Jiraiya al notar inquietud reflejarse en los gestos de Naruto―. No te preocupes por lo que dije antes. Estoy seguro de que cuidar de ustedes hace muy feliz a Hinata. No creo que Sasuke se disculpe con ella, pero de cualquier modo ella lo perdonará y todo estará bien.

―Es que no está bien. Algo no está bien. La forma en que viene actuando Sasuke es como si... ―los hombros de Naruto se tensaron―. Él le habla como si...

―¿Cómo si qué? ―preguntó Jiraiya cuando Naruto quedó en silencio. Los ojos del Uzumaki se encontraron con los de Jiraiya, manifestando lo preocupado que estaba.

―Como si estuviese muy, muy enojado con ella ―dijo quietamente, sintiendo que su estómago se recogía al tener esa sensación.

―Y quizás lo está.

―¿Qué motivos tendría para estar enojado con ella? ―preguntó extrañado ante la respuesta de su maestro, quien subió los hombros evidenciando que no sabía―. Yo... yo no lo comprendo. Y además, tampoco entiendo por qué Hinata actúa tan raro últimamente, por qué vino llorando hasta acá en medio de la noche y por qué me abrazó de esa manera en que temblaba. Creo que ese idiota que le gusta la está haciendo sufrir ―la idea de que a Hinata le gustara ese tipo de pronto paso de preocuparlo a fastidiarlo―. Tampoco entiendo a Sasuke. A veces se esfuerza en ser amable y otras veces es tan, tan cruel. En ocasiones es amable con Ino y hasta con Sakura-chan, y luego es un idiota con ellas. Sasuke y Hinata me confunden ―suspiró para luego sorber la sopa del ramen―. Todo está cambiando entre nosotros. Y no es como si eso sea malo. Es sólo que, no me gusta. Porque yo sigo siendo el mismo mientras que ellos...

―¿Crecen? ―Naruto miró hacia un costado sin decir nada más―. Naruto, tú y Sasuke son casi hombres. Parte de que nuestro cuerpo cambie y crezca, es que nuestros sentimientos y deseos también lo hagan.

―¡Pero yo no he cambiado! No entiendo la mitad de lo que pasa a mi alrededor. Hay cosas que parecen tan obvias para Sasuke y Hinata, aunque tengan perspectivas distintas de ello, mientras que para mí son perplejas. Es como si siguiese mirando el mundo como un niño idiota en vez de un adulto.

―Pero no eres un niño, también has crecido y madurado a tu manera, Naruto ―cuando lo escuchó, sintió que el pecho se le apretaba―. Ya no persigues como un idiota a la pobre Sakura-chan, ni te alimentas exclusivamente de ramen, incluso aprendiste a lavar el inodoro con cloro. El Naruto que conocí deseaba vencer a Sasuke y mostrar lo genial que era frente a toda la Aldea mientras no dejaba de chillar que un día sería Hokage. El joven hombre que tengo delante desea volverse Hokage para proteger el sueño de otro amigo ―recordar a Gaara hizo que Naruto experimentara un extraño dolor ―. Quizás ahora no entiendas muy bien tus sentimientos o la manera en que éstos seguirán cambiando en los próximos años. Pero no eres el mismo niño que conocí. Tus experiencias te han cambiado, te han hecho crecer. ¿Por qué te extraña que algo así también le haya sucedido a Sasuke, e incluso a Hinata?

Naruto no respondió, pero la respuesta era clara.

Por mucho que él deseara permanecer unido y cercano con sus amigos, sin cambios radicales en esa idílica imagen que tenía de su niñez junto a ellos, veía que Sasuke se alejaba en su propio rumbo y que por mucho que él y Hinata intentaran aferrarse a su compañero de equipo impidiendo que lo hiciese, había cosas que Sasuke debía hacer que no lo los involucraba.

Para empeorar las cosas, últimamente sentía que lo mismo ocurría con Hinata. Sabía que siempre serían amigos, que los lazos que habían formado entre ellos no podían romperse fácilmente; pero al mismo tiempo, había una sensación en él de angustia y desconcierto desde el día anterior cuando notó que nevaba. Como si algo la estuviese alejando de ellos.

Presentía que algo se avecinaba para romper la armonía que había en el equipo Siete y no comprendía del todo qué era. Pero no le gustaba. No le gustaba para nada. De hecho, lo hacía desear ver a Hinata y asegurarse de que estaba allí, que sus manos aún podían alcanzarla y sus ojos verla sonreír.

―Creo que tiene razón ―dijo, pensando en la sonrisa de la joven Hyūga, pasando saliva―. Ya no soy un niño.

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Jiraiya no se había equivocado, la mañana lucía especial ese día. Donde quiera que posara la mirada se encontraba con una escena que podría haber hecho sonreír a cualquiera; niños lanzándose bolas de nieve, personas tirando sal en las entradas de las casas para evitar que el hielo se volviese resbaladizo, adolescentes haciendo figuras con la nieve y shinobis realizando filas en las tiendas para comprar sus bebestibles calientes favoritos. Incluso Ichiraku estaba lleno de gente buscando un buen bol de ramen que les entibiara el cuerpo. La respiración de las personas salía en forma de vapor de sus bocas y en más de una ocasión escuchó a alguien quejarse del frío con una gran y alegre sonrisa.

Todos esos detalles habrían puesto de buen humor a cualquiera, no obstante, Sasuke llevaba en su rostro una expresión abstraída y agobiada, evidenciando que no estaba de buen ánimo. De por sí era suficientemente desalentador tener discusiones con Hinata, pero además con Naruto, parecía demasiado. Un Sasuke de doce años se habría dicho a sí mismo que nada de eso le importaba y habría ignorado la sensación de molestia en su estómago, pero la persona en que se había convertido esos últimos tres años no era ajena a los problemas que se creaban entre él y sus amigos.

Que patético ―pensó al observar con algo de nostalgia hacia Ichiraku, imaginándose a él y Naruto comiendo allí cuando eran niños, sucios y exhaustos después de un entrenamiento. Suspiró para luego negar con el rostro y seguir su camino.

Para volver las cosas un poco peor, aún estaba preocupado por Sakura Haruno y aquella situación en que torpemente se había metido con ella. ¿En qué momento de su vida se había vuelto alguien a quien le importase ―de todas las personas que pudieron haberle importado― Sakura Haruno? ¿En qué estaba pensando cuando le envío flores? ¿Y por qué entre todos los resultados posibles por su acto de agradecimiento le había causado una severa reacción alérgica? Parecía que el universo le decía que nada bueno podía resultar de preocuparse de alguien más o ser amable, tal como se lo había dicho a Hinata.

Debo arreglar eso ―pensó nuevamente, recordando las lágrimas en los ojos de Sakura y la manera en que lo había mirado la noche anterior. Definitivamente no deseaba ser el culpable del sufrimiento de alguien más, no necesariamente porque Sakura le importase más que cualquier otra persona, sino porque se sentía en deuda con ella y nunca habría querido dañarla después de lo que había hecho por Hinata―. Quizás debería preocuparme más de entrenar que de los sentimientos de una chica.

Caminando con las manos metidas dentro de los bolsillos de inmediato sacó ese pensamiento de su mente. En ese momento no estaba de humor para entrenar.

Ya que cada vez que entrenaba inevitablemente su rutina lo llevaba por las familiares calles que le recordaban a ella, pues durante todos esos años se había acostumbrado a pasar por el recinto Hyūga y esperarla. Cuando el sol ni si quiera había salido del todo, él caminaba en la misma dirección esperando encontrar a su compañera para comenzar el día juntos. Al comienzo acompañado por Naruto, luego, tan sólo él y ella.

Esos días parecen tan lejanos ahora ―pensó con nostalgia.

Suspiró, observando el vapor que se formaba cuando su respiración salía de su boca. Extrañaba esas mañanas frías en que ella le daba cualquier cosa que hubiese sacado de la cocina para que lograran desayunar mientras caminaban hasta el área de entrenamiento. Extrañaba su sonrisa mientras sus ojos sólo lo veían a él al saludarlo. Extrañaba la manera en que su cabello corto le rozaba las mejillas con el viento y como éstas se sonrojaban al ver que lo irritaba porque se había demorado un poco más de la cuenta en salir. Extrañaba la manera en que las palabras se le atoraban en la punta de la lengua y su nerviosismo la hacía susurrar en vez de hablar fuerte y claro al disculparse por su atraso. Aun más, y entre todas las cosas, extrañaba sólo caminar con ella en silencio. Sí, a veces extrañaba que fuesen sólo él, ella y el silencio.

Detuvo su andar un momento cuando la sensación de nostalgia se le hizo demasiado abrumadora e imaginó que esa pequeña niña estaba ahí junto a él, estirando en su dirección una patata dulce recién salida del horno. Sonrió suave y bajó el rostro cerrando los ojos, casi pudiendo percibir el dulzor en la punta de la nariz.

El tiempo podía ser bastante cruel. Si hubiese sabido que esos días pasados iban a ser quizás de los más felices de su vida, los habría valorado mucho más. De verdad hubiese querido saber entonces lo afortunado que era de tener a esa niña que se preocupaba de que tuviese ropa abrigada, que se alimentara y que siguiera sus metas acompañándolo en cada paso que daba con su abnegada sonrisa sin importar lo cruel que él fuese con ella; definitivamente había sido muy afortunado de tener esos días junto a Hinata Hyūga.

Naruto tenía razón. ¿Por qué carajos querría cambiarla? Así como ella era, con ese corazón que desbordaba amor para todos los que la rodeaban, con su confianza ciega en las personas que podían lastimarla, con su persistencia en caerse y levantarse, que le había dado incluso a alguien tan roto y lleno de odio como él un lugar para caminar a su lado... así como era, Hinata era la mejor persona que conocía, ¿Por qué tenía que ser tan egoísta para desear que esa persona desapareciera para volverse alguien desconfiada, fría y reservada? ¿Por qué deseaba cambiar algo que se le hacía puro y hermoso, como un ocaso, para convertirla en una noche sin estrellas? ¿Acaso quería que Hinata se pareciera más a él? ¿Acaso todo eso era una forma para que nadie más pudiese acercársele? ¿Estaba realmente intentando protegerla del mundo o simplemente deseaba que el mundo no viese esa luz suave y confortable que había alrededor de Hinata?

Era un maldito egoísta.

Sólo quiero protegerte ―pensó mientras la imagen mental de esa niña desaparecía junto a él―. Pero si lo hago, no serás la misma. ¿Verdad?

Mientras se hacía todas esas preguntas subió nuevamente su mirada hacia el edificio que no deseaba observar y que por algún motivo terminó frente a él. El antiguo y clausurado edificio de la policía de Konoha seguía ahí, como un monumento a todo lo que nunca tendría en su vida y que hubiese dado todo por recuperar. Observó el gran emblema del clan Uchiha, decolorándose por el paso del tiempo, y pensó en su padre. No era usual en él hacerlo pues el dolor que lo embargaba le dificultaba incluso respirar. ¿En qué momento se había desviado tanto de su camino para vengar lo ocurrido con el clan Uchiha?

―¿Sasuke-kun? ―la femenina voz de Ino Yamanaka lo hizo salir de sus pensamientos, volteando sobre el hombro para observarla.

Estaba vestida con un suéter morado que le llegaba casi a las rodillas, calzas negras apretadas y una bufanda lila; un gorro blanco le cubría la cabeza y su cabellera suelta le caía por los hombros como una cascada de risos dorados. El frío había vuelto sus mejillas un tanto sonrojadas y parecía extrañada de verlo. Incluso con ropa holgada y de invierno, las curvas de Ino eran pronunciadas en maneras que antes habría ignorado y que ahora le parecían molestas por ser tan obvias.

―¿Estás bien? ―le preguntó ella al no recibir una respuesta de su parte.

Sasuke la observó irritado y le preguntó lo único que hubiese deseado saber de ella en ese momento.

―¿Por qué no me dijiste que las flores que le envié a Sakura podían enfermarla? ―pronunció de manera fría, aunque sin llegar a ser demasiado obvio―. ¿A qué juegas, Ino?

―¿Qué? ―preguntó la joven, confundida. Su reacción pareció genuina. Sasuke estudió sus gestos sin responder―. ¿Te refieres a las orquídeas que compraste ayer? Mi padre dijo que las había enviado a...

―Me hiciste gastar una fortuna en ellas y la enfermaron ―interrumpió, sin dejar que le hiciese perder el tiempo―. ¿Por qué?

―¿Enfermaron a Sakura? ―preguntó Ino frunciendo el ceño.

―Estuvo anoche en mi casa y me devolvió las flores. Le causaron alergia. ¿Te parece gracioso enfermar a tu amiga? ―Ino frunció las cejas, extrañada de la manera en que era abordada por Sasuke, pero éste no se detuvo―. ¿Por qué harías algo así? ¿Sólo porque mostré interés en ella mandándole flores? ¿Lo hiciste para demostrarme que eso te molesta o algo así?

―¿De qué hablas? ¿Crees que enfermaría a mi mejor amiga por celos? Por favor ―dijo Ino rodando los ojos, con una expresión de haber tenido suficiente de esa conversación y el ego femenino herido―. No es como si me importara lo que haces, Sasuke Uchiha. Decenas de shinobis envían flores todos los días. Y muchas veces soy yo la que las recibe. No eres el único chico en la aldea.

―Esas orquídeas enfermaron a Sakura.

―Ella es la persona que mejor conoce de plantas medicinales en todo Konoha, sabe perfectamente bien que no debe tocar orquídeas reales de Sunagakure ni estar en contacto con ellas demasiado tiempo. Si se enfermó por estar soñando despierta y suspirando toda la tarde con tus orquídeas, es culpa de ella.

Ino bufó y siguió su camino, pero Sasuke no había terminado de hablar con ella. Por algún motivo se sentía molesto con su actitud y la manera en que lo estaba usando para algún tipo de juego entre ella y Sakura. Por ese motivo dio pasos rápidos en su dirección intentando impedir que se marchara.

―¿Q-Qué haces? ―le preguntó Ino molesta, al notar que la mano de Sasuke rodeaba su muñeca.

―Naruto y Hinata se pusieron a estornudar sólo con estar cerca de esas flores. Me dijeron lo peligrosas que pueden llegar a ser y que son la base para algunos venenos. Pueden enfermar a las personas y aun así me permitiste mandarle esas flores a Sakura. ¿Puedes imaginar lo que le hizo a ella y su familia tenerlas toda la tarde en su casa? ―Ino lució sorprendida al escucharlo―. No eres estúpida. Sabías perfectamente bien lo que pasaría y aun así...

―¿Estornudar por tres varas? ―preguntó Ino subiendo una ceja.

―Sakura me devolvió casi una docena de orquídeas anoche ―dijo Sasuke irritado.

―¿Una docena? Pero si sólo compraste tres ―entonces Ino pareció entender ―. Espera. ¿Le enviaron una docena de orquídeas a Sakura? Debe haber sido un error o... ―su rostro palideció.

―Pues, no me lo expliques a mí, Ino. Díselo a ella. Y de paso dile que no tuve nada que ver con tus estúpidos juegos.

―No fue un juego, fue un error ―sus mejillas se sonrojaron un poco.

―Me parece que sólo buscas molestarme, los dioses saben por qué.

―No es así ―se defendió Ino con el ceño fruncido.

―¿Entonces? ¿Por qué le enviaste una docena de esas flores a Sakura?

―Y-Yo... bueno, la florería de mi padre no suele cobrar tanto por el reparto ―admitió bajando el rostro―. Te cobré de más ayer ¿Está bien? Seguramente cuando mi padre vio el recibo pensó que habías comprado más de lo que anoté.

―¿Me cobraste de más? ―Sasuke frunció el ceño sin entender―. ¿Por qué?

―Eso no importa ―dijo Ino restándole importancia mientras subía sus hombros―. Seguramente mi padre vio la boleta y pensó que Sakura había ordenado una docena para algún proyecto médico.

―¿Pero por qué harías algo así? ―preguntó Sasuke sin entender lo que estaba pasando. Ino no respondió―. Desde hace un par de días te comportas muy extraño conmigo. ¿Te he hecho algo para que...?

―No quiero hablar de eso ¿Sí? ―le dijo evitando mirarlo a los ojos.

―Pues lo vamos a hablar.

―No es necesario que lo hagamos.

―Tu cambio de actitud hacia mí no me interesa en particular, pero si va a ser un motivo de conflictos cuando se trate de nuestro servicio activo como shinobis entonces...

―Ya dije que lo siento y... y te devolveré el dinero.

―No me importa eso ―mintió, la verdad sí le importaba y esperaba que Ino se lo devolviera o tendría que pedirle prestado a Naruto.

―¿Entonces podemos dejarlo así y ya?

―No ―la respuesta fue casi refleja, como si se negara a perder en esa discusión―. ¿Por qué estás enojada conmigo? ¿Qué es lo que sucede para que actúes de esa forma?

―¿Acaso no es obvio? ―preguntó Ino con un hilo de voz subiendo su mirada y observándolo con algo bastante marcado en sus ojos. Había un cierto dolor en ellos que Sasuke no pudo ignorar―. Pensé que tú entre todas las personas ya lo entendías. No me hagas decirlo.

Sasuke aflojó su agarre y permaneció quieto.

La manera patética y triste en que la voz de Ino había llegado hasta él resonó con un cierto dolor que también llevaba en su interior. No era como si deseara empatizar con ella de todas las personas, pero comprendió que quizás lo venía tratando mal para equiparar las cosas.

Como lo que él constantemente hacía con Hinata durante los tres últimos años sin poder evitarlo.

La verdad, Sasuke no se había comportado muy bien con Ino mientras crecían y además, constantemente la ignoraba. No obstante, la joven seguía ahí intentando llamar su atención y el único calificativo que venía a su mente cuando pensaba en ella era "molesta". Esa chica le había dado regalos por años, le había escrito cartas, se había colgado de su brazo e intentado que ambos se acercaran de alguna manera desde que estaban en la Academia. Incluso planificó para que celebrara su cumpleaños en alguna ocasión. En cambio, él usualmente ni si quiera le devolvía el saludo si pasaba junto a ella por la calle, su amabilidad hacia él pasaba desapercibida y muy pocas veces se había mostrado agradecido de su preocupación. Y aunque odiaba lo entremetida que era, siempre había estado ahí esperando que la mirara a los ojos como lo estaba haciendo en ese momento. Sólo a ella. Sin nadie más de por medio.

Nunca había comprendido los sentimientos de Ino, ni de dónde éstos habían nacido, pero eran tan claros como si se lo hubiese estado gritando. Cuando eran niños podía ignorarlos y calificarlos de irritantes, pero en ese momento, sólo le causaban frustración. Pues por mucho que estuviesen ahí, justo frente a él, no podía devolverlos. No había en él lo que ella estaba buscando.

Así como no había dentro de Hinata lo que él buscaba para sí mismo.

Y podía entender perfectamente ese dolor.

―Creo que no he sido una muy buena persona contigo ―Ino lució sorprendida de la manera en que el tono de Sasuke cambiaba y sus labios se despegaron como si quisiera decir algo, pero no pudo. Sasuke evitó sus ojos ―. No es personal.

Eso sería lo más cercano que Ino Yamanaka obtendría a una disculpa. No sólo por tratarla mal, ignorarla y no importarle demasiado lo que ocurría con ella, sino, por no poder retornar sus sentimientos. Él sabía lo mal que se sentía desear a alguien y que esta persona no prestase atención en lo absoluto a ello. Esconder ese tipo de sensaciones para que no se reflejaran en el rostro podía ser muy molesto y sobre todo, algo que causaba un constante dolor que se debía sobrellevar día a día.

―¿Podrías aclarar las cosas con Sakura? ―le preguntó Sasuke―. Tampoco es algo personal hacia ella.

―Lo haré ―dijo Ino observando como Sasuke Uchiha se alejaba en una dirección que ella identificaba de inmediato.

Su corazón se apretó al notar que tomaba lascalles del recinto del Clan Hyūga.

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Hinata permaneció en silencio durante el desayuno con el resto de su familia moviendo la comida de un lado a otro con sus palillos. Se había cepillado el cabello más de la cuenta esa mañana, y también puesto perfume en sus muñecas. Nadie le había preguntado por qué se había vestido distinto, remplazando su ropa holgada por algo más femenino, ni el motivo para que hubiese decidido usar un abrigo en cuya solapa estaba bordado el emblema del clan Hyūga. Tampoco se percataron de su nerviosismo o la manera en que su mente divagaba mientras sus ojos se perdían en la mesa. Ese tipo de cosas parecían usuales en ella cuando divagaba soñando despierta con Naruto Uzumaki o cuando la presencia de su padre la ponía ansiosa, para cualquiera, podría haber sido común verle así.

Como de costumbre en ese hogar, cada uno parecía concentrado en sus propios asuntos y el aspecto de Hinata pasó desapercibido. No obstante, si hubiesen prestado un poco de atención a los detalles se habrían percatado que las señales estaban ahí; la joven se había preocupado particularmente de verse presentable esa mañana y sus ojos de ensueño delataban su nerviosismo. La manera en que constantemente movía su cabello detrás de la oreja denotaba que si bien estaba tranquila, había un cierto aire de impaciencia en ella que no podía disimular del todo.

Bajó la mirada hacia su plato de avena y su mente la llevó con sutileza hacia la conversación de la noche anterior, en recordar cómo lucía ese joven hombre que se le había aparecido en medio de la nieve, el timbre de su varonil voz y la manera en que la había hecho sentir con su proximidad. Un escalofrío le recorrió el estómago mientras recordaba su sonrisa, su masculina presencia y la melancolía de sus palabras. Sus mejillas se tornaron pálidas al pensar en él, sabiendo que había algo que la ataba a ese extraño, que ni ella ni nadie podía explicar de manera racional.

Debemos decirle a Otou-sama sobre lo que está ocurriendo.

El decreto celestial impide que me acerque a tu clan, Hinata. Si llegara a hacerlo, es para hacer ejecutar la voluntad de Hamura sobre los descendientes del Sabio de los Seis caminos.

Toneri-san, Otou-sama puede...

Hinata. Por ahora, no le dirás a nadie de mi presencia aquí.

Suspiró al recordar la manera en que Toneri le había ordenado guardar silencio. Ni si quiera estaba segura del motivo por el cual había permanecida callada, cuando parecía haber tanto en juego. Supuso que en primer lugar, y sobre todas las cosas, se debía a que tenía miles de preguntas para Toneri y deseaba volver a verlo pronto para aclararlas. Y en segundo lugar, y quizás ese era el motivo por el cual el apetito se le escapaba, había sentido una extraña sensación en su estómago que la hizo paralizar cuando él tomó su mano y de inmediato había aparecido en sus recuerdos la imagen de un enorme bosque lleno de luciérnagas que flotaban a su alrededor mientras ella corría entre las sombras.

El tacto con su mano se había sentido como un presagio de que estaba ligada a ese joven desde mucho antes que ambos nacieran y deseaba poder explicárselo a sí misma viéndolo una vez más para aclarar las dudas que habían surgido con tan sólo estar cerca de él.

―¿Hinata? ―subió el rostro y se encontró con su abuelo observándola con seriedad mientras su padre volvía a insistir en llamarla―. ¿Comprendiste lo que acabo de decir?

―Disculpe, ¿Qué? ―preguntó ella extrañada.

―Estarás presente en la próxima reunión del consejo de la Aldea, al ser mi heredera ―dijo Hiashi Hyūga lentamente y con un tono severo―. Pareces distraída esta mañana. Diría que hasta cansada. ¿No estás durmiendo apropiadamente?

―Lo lamento. He estado esforzándome bastante en el entrenamiento encomendado por Ojii-sama ―mintió, pues no había tocado la roca toda esa noche y estaba evitando si quiera ver al abuelo, pues estaba segura que él se daría cuenta que ocultaba algo―. Haré lo que me pide, Otou-sama.

Neji fijó su mirada en ella y entrecerró los ojos, suspicaz. Hinata lo notó y volvió a bajar el rostro. La joven estaba segura que su primo la leía como un libro abierto e incluso sin que se lo dijera podía escuchar su tono de reproche. Y se sentía un tanto culpable por ello. Por ese motivo debía escaparse de su abrumadora presencia antes de que percataran inequívocamente que estaba ocultando algo.

―Debo reunirme con mi equipo ―dijo haciendo una reverencia con el rostro, para luego ponerse de pie―. Espero que todos tengan un buen día.

―Tan pronto Tsunade-sama esté disponible para una audiencia le pediré que se te de la baja del Equipo Siete, como ya discutimos antes ―dijo su padre sin mirarla, enfocado en su té―. Espero que no haya quejas al respecto. Es lo que acordamos.

―Lo sé ―dijo Hinata sintiendo algo que se apretaba en su pecho al escucharlo―. Cumpliré mi deber.

―Y sobre el sello de Hanabi, debe hacerse...

―Debo irme ―lo interrumpió sin desear adentrarse en ese asunto que tanto dolor le causaba.

Sus pasos la dirigieron hacia la puerta sin enfocarse en Neji, cuya mirada estaba fija en ella, ni en la tristeza en los ojos de su hermana. Estaba tan enfocada en evitar a ambos que ni si quiera notó que debajo de la mesa, Hanabi apretaba la tela de su hermoso kimono en frustración.

No podía distraerse más. Dirigirse hacia el Parque Senju era lo que debía hacer en ese momento, no sólo por su promesa, sino porque creía que el futuro del clan Hyūga estaba ligado a ese lejano pariente. Debía llegar hasta él. Aunque estaba mintiendo y guardando silencio frente a sus seres queridos, era necesario mantener el secreto hasta que supiese con seguridad qué era lo que Toneri buscaba y si sus intenciones eran buenas o no.

Curiosamente, a pesar de que Toneri no le había dado motivos para desconfiar de él y que ella creía en la bondad de cada una de las personas a su alrededor, no podía evitar sentir algo de desconfianza y nerviosismo al pensar en el joven Ōtsutsuki. Quizás eso se debía a que cuando le preguntó cómo había burlado la barrera de defensa de Konoha le explicó que había enviado una marioneta en vez de sí mismo, pues en ese momento, no podía presentarse con su verdadero cuerpo frente a ella en Konoha. No obstante, le había prometido que lo haría el día siguiente para poder verse frente a frente de una vez.

Hinata se había sentido inquieta de inmediato al ver dicha habilidad que no podía si quiera comprender. Que pudiese mover una marioneta de esa manera, luciendo casi como una persona real, le parecía realmente escalofriante. Evitar ser detectado al suprimir su chakra, sus habilidades para sanar, poder mostrarle lo que debía hacer con su chakra y hasta hablarle en sueños... todo aquello parecía indicar que Toneri era alguien que no podían darse el lujo de tener como un enemigo. Necesitaba ganarse su confianza para así conocer sus intenciones y evaluar qué tan poderoso era. Y también, qué tan peligroso. Cuando lo comprendiese llevaría dicha información al consejo de su clan para que su padre, el líder de los Hyūga, decidiera qué era lo que deseaba hacer al respecto.

La forma en que puede manifestarse a sí mismo a través de una marioneta que parece una persona real... ¿Sería esa la técnica que Sasori buscaba a través de mis ojos? ―se preguntó mientras salía por la entrada principal de la mansión Hyūga, comprendiendo que si sus ojos podían despertar algo así, sin duda sería un gran beneficio para un maestro titiritero―. ¿Será que Toneri-san conoce sobre el Tenseigan que tanto asustó a la abuela Chiyo? ¿Podrá enseñarme cómo hacer que mi Byakugan se vuelva... el Tenseigan?

Pensar en todo eso sólo logró ponerla aún más nerviosa mientras sus pasos se aceleraban, al igual que su corazón. Pronto averiguaría las respuestas a todo ello, ya quehabía aceptado la propuesta de Toneri de volverse a encontrar.

Toda esa noche había tenido el tiempo suficiente para ordenar las preguntas e ideas que tenía en su cabeza. Se encontrarían en el mismo lugar en que se habían encontrado el día anterior.

Bajó los ojos a sus manos enguantadas mientras caminaba por las calles nevadas, ignorando a los niños que jugaban y a las personas que se quejaban por el frío. Justo en ese lugar en su palma, bajo su guante, Toneri había rozado sus frías manos con las de ella.

Sintió una cierta culpabilidad cuando su estómago se apretó en un escalofrío.

El Abuelo dijo que siempre eran dos... ―pensó, suspirando suave, vapor abandonando sus labios―. ¿Será él la persona con quien mi destino está atado?

Necesitaba verlo nuevamente. La urgencia de encontrarlo la hacía olvidar cualquier otra cosa que noches anteriores no le habían permitido dormir, como la guerra que se había declarado en las fronteras, sus responsabilidades como heredera, el sello de Hanabi, la amenaza de un matrimonio arreglado con un miembro del clan si fracasaba en demostrar su habilidad, el intenso amor que sentía por Naruto Uzumaki o su tambaleante relación con Sasuke Uchiha. Todo aquello estaba relegado a un segundo lugar en ese momento, pues debía ver a Toneri.

Sabía exactamente dónde estaría esperando por ella sin que él le hubiese dicho que así sería. ¿Cómo? No lo entendía del todo. Simplemente lo hacía. Era como si sus ojos no pudiesen enfocarse en nada esa mañana excepto en seguir la dirección en donde su destino la esperaba como una flama en la oscuridad.

Cuando el camino la llevó hasta el parque Senju y notó como el pasto estaba cubierto en nieve activó su byakugan intentando encontrarlo. A pesar de que se concentró en ello, sus ojos no lo encontraron en todo el perímetro.

Toneri-san, ¿Dónde estás? ―pensó poniendo una mano sobre su pecho, intentando mantener su nerviosismo de lado.

Permaneció quieta, en el mismo lugar en donde la noche anterior se habían visto, sabiendo que de una forma u otra honraría su palabra y vendría a su encuentro.

No tuvo que esperar para que así fuese, cuando éste apareció frente a ella como si un velo se hubiese levantado en una burbuja dorada que lo cubría.

―Viniste ―dijo el joven mientras una suave sonrisa se formaba en su rostro.

Hinata asintió, avergonzada de estarse viendo a solas con un joven un poco mayor que ella, que apenas conocía y que no pertenecía a su grupo de amigos cercanos. Por lo general, sólo se sentía igual de nerviosa cuando miraba a Naruto y él la descubría haciéndolo. Se preguntó por qué tenía la sensación de estar engañando a su corazón, y al mismo tiempo, estarlo siguiendo.

Ambos permanecieron en silencio dejando que la brisa fuese el único sonido entre ellos. La joven respiró profundo para luego subir la mirada y encontrarse con los ojos blancos de Toneri sobre ella. Su aspecto era tan real que era difícil creer que estaba frente a una marioneta.

―No logré encontrarlo cuando activé mi byakugan, pero estaba justo aquí ―dijo con timidez.

―¿Eso te sorprende? ―le preguntó curioso, sin entender la reacción de Hinata.

―Nunca nadie pudo esconderse de mí antes ―respondió con honestidad, a lo cual Toneri respondió tan sólo estirando su mano hacia ella.

―Es porque nunca estuviste ante un igual. Tú y yo, somos iguales. Pertenecemos a lo mismo. Nuestras habilidades se complementan y entienden, pues compartimos la misma sangre.

Hinata titubeó observando fijamente su palma extendida. Su corazón latió rápido mientras con dudas subía su propia mano y la depositaba sobre la de Toneri. El permaneció quieto un momento y luego la guio hacia el interior de la esfera dorada, como si atravesara una barrera invisible que distorsionó el espacio cuando caminó a través de ella.

―El byakugan no logra ver a través de esta técnica. Tampoco un ninja sensor podría sentir nuestra presencia. Es una poderosa técnica de barrera.

―¿Es esta una habilidad que el clan Ōtsutsuki ha desarrollado a través del Byakugan? ―preguntó intentando obtener más información sobre las habilidades de Toneri y lo que su byakugan podía lograr. No podía creer que hubiese un jutsu que permitiese esconder a alguien del Byakugan.

―No. Nuestro clan ha perfeccionado los jutsus de barreras a través de los años para así poder enfrentarnos a la rama principal del clan Ōtsutsuki y contrarrestar su byakugan ―dijo el joven, haciendo que ambos aparecieran en un pestañeo cuatro metros sobre el aire, como si estuviesen parados en una superficie sólida. Hinata soltó un suspiro de sorpresa.

―¿Cómo...?

―Esto también es una habilidad de nuestro clan ―respondió antes, mostrándole que levitar no parecía la gran cosa para él. Nunca había visto a alguien que pudiese hacer algo por el estilo, aunque había escuchado que el Kage del país de la Roca contaba con técnicas de ese tipo.

―¿El clan Ōtsutsuki se ha dividido en ramas? ―preguntó Hinata curiosa.

―Sí. Hubo dos grandes ramas dentro de nuestro clan, con distintas ideologías.

―¿Hubo? ―preguntó curiosa, al notar que hablaba en pasado.

―Como te dije anoche, ya no queda nadie más que yo. Soy el último de los Ōtsutsuki de la Luna ―Hinata bajó levemente los párpados al sentir en su propio pecho algo de dolor, como si la tristeza de Toneri se traspasara a ella―. Aunque no el último Ōtsutsuki. Están aquellos que traspasan las dimensiones y esperan La Cosecha. Miembros de alto rango dentro del clan.

―¿A qué se refiere con La cosecha? ―preguntó Hinata ―. Una vez soñé con alguien que hablaba de ello.

―Lo sé. Fui yo ―los ojos de Hinata se agrandaron―. Hace mucho compartimos nuestros sueños. Es por ello que mi presencia te resulta familiar. ¿No?

―Sí, me es muy familiar. Es como...

―Si nos conociéramos desde siempre.

―Sí ―respondió suave, evitando su mirada.

El estómago de Hinata se tensó cuando el joven se acercó hacia ella y por algún motivo se sintió una pequeña e incompleta niña. ¿Cómo era posible que alguien la hiciera creer ser tan insignificante sólo con su presencia? Toneri era un hombre de su linaje ancestral, con una fuerza que ni si quiera comprendía y una confianza que la hacía empequeñecer. Era difícil poder mostrarse frente a él como su igual, pero respiró profundo, intentando estar a la altura de esa ocasión.

―¿Qué es La Cosecha? ―preguntó Hinata.

Toneri se tomó un momento para responderle, como si la respuesta incluso lo asustase a él. Después de todo, no era mucho mayor que Hinata y también estaba pisando un terreno desconocido en el cual no estaba seguro de su rol.

―Es el momento en que este mundo terminará; los mares se secarán, la tierra se volverá árida, el fuego cesará de arder, el viento ya no soplará y las nubes se disolverán en el cielo. Incluso los volcanes se extinguirán. La vegetación morirá rápidamente, no se oirán a las avecillas cantar y reinará un absoluto silencio. En ese momento, las personas comenzarán también a perecer. Toda forma de vida y fuerza elemental se volverá tan sólo alimento para ellos ―la joven de inmediato subió el rostro sintiendo sus manos temblar. Pasó saliva. Era como si ya hubiese sabido todo eso y él sólo se lo confirmara.

―Por eso está aquí. Desea impedirlo ―dijo en un hilo de voz―. Y me necesita.

―Lo he visto ocurrir, en mis sueños ―dijo Toneri con algo de tristeza―. Pero también, he visto a alguien de nuestro linaje que tendrá la fuerza de impedirlo. Es nuestro deber impedirlo, juntos.

―Estoy segura que podemos luchar. E-El abuelo dijo que-que el byakugan de nuestro clan está incompleto pero quizás haya una forma de completarlo ―dijo Hinata con algo de desesperación en su voz, intentando buscar una forma para impedir que ocurriera lo que él decía―. Dijo que cuando el byakugan madura, se convierte en algo más, algo extremadamente fuerte. Algo que... algo que nuestros antepasados llamaban...

―¿Saben de eso? ―preguntó Toneri lentamente frunciendo el ceño.

―Dijo que es una leyenda ―respondió rápidamente en un tono de disculpa, evitando observarle a los ojos―. Pero si fuese más que una leyenda, quizás, podamos enfrentar esa amenaza.

―¿También saben sobre el clan Ōtsutsuki?

―No demasiado ―respondió Hinata―. Hay un antiguo pergamino con una especie de árbol de familia de los descendientes de Hamura. Desde ahí nace el clan Hyūga.

―La rama que permaneció en la Luna y nuestros parientes que vinieron a la tierra. El decreto del fundador del clan impide que nos volvamos a encontrar hasta que pasen los años que él estimó pertinente. No deseaba que el poder de nuestro clan sobrecogiera a los que viven en este planeta. Nos terminarían temiendo. Odiando. Los shinobis... ellos usan el chakra para matar y destruir. Al ver que somos más fuertes buscarían una forma de eliminarnos. Es lo que han hecho por cientos de años, en sus interminables guerras entre clanes, y luego, entre países. Destruirán este planeta si continúan por este camino, justo como lo que ocurrió en la luna.

―Yo he soñado mucho con la luna últimamente, con una mujer que llora al ver a uno de sus hijos levitar hacia el firmamento y al otro fundirse con la tierra. También mi hermana menor sueña con ello. El abuelo dice que todos lo hacemos ―Hinata cerró los ojos, intentando recordar ese sueño que se repetía una y otra vez―. A veces me pregunto quién es. El abuelo me enseñó una tablilla de roca en cuya superficie está tallada la imagen de esa mujer. Dijo que la llamaban la Diosa Conejo. ¿Es ella quien guiará La Cosecha en nuestro mundo?

―En tu corazón, ya sabes la respuesta ―Hinata frunció levemente el ceño en sorpresa y duda―. Sueñas con lo que ocurrió y lo que le hicieron. También lo veo, la manera en que la traicionaron y persiguieron, temerosos de su poder ―la joven asintió―. Tú lo has visto. Y tu hermana. Y tu padre. Y es probable que todos los que poseen un byakugan puro, pues es byakugan es algo que ella nos legó, que le pertenecía. Un byakugan puro verá lo que ella vio. Seguramente lo vienes haciendo hace mucho ―Hinata observó a Toneri en silencio, mientras que éste parecía enfocado en el horizonte―. La mujer con quien sueñas, en mi clan, la llamamos Madre.

Hinata comprendió sin palabras a lo que se refería al llamarla "Madre". Una diosa de la cual todos ellos descendían, que les había heredado todo aquello que en ese momento debían proteger.

―Sé lo escalofriante que puede llegar a ser tenerla ahí y que sus ojos muestren dolor y al mismo tiempo odio al vernos. Es nuestra carga y responsabilidad contenerla y evitar que despierte de su largo sueño, pues si sus parientes no terminan con nuestro mundo, el decreto de Hamura nos advierte que posiblemente ella lo haga ―Toneri sonaba algo lejano al decirlo, como si fuese algo que le causase tristeza y agobio. A pesar de sus cortos años llevaba sobre sus hombros una terrible carga impuesta sobre su clan por el mismo Hamura―. Nosotros somos sus descendientes directos, Hinata. Nuestro linaje es puro y fuerte, y debe seguir siéndolo para que podamos proteger este mundo de lo que se avecina.

―La carga de su clan ha sido muy pesada, Toneri-san ―dijo Hinata con sinceridad, deseando poder ayudarlo de alguna forma y aliviarlo en su tristeza―. Podemos compartir esa carga.

―El símbolo de tu clan es el equilibrio ―dijo poniendo la yema de su dedo pulgar sobre el bordado en su abrigo, observando el yin y el yang. Hinata paralizó sin saber qué decir ante ello―. El Byakugan es un arma muy poderosa. Yo soy el último que queda de nuestro clan ancestral en la Luna, del cual alguna vez tu familia fue parte. Y a pesar de estar acostumbrado a la soledad, a veces, es difícil sobrellevarla. Es por eso que... soy muy feliz en este momento ―los ojos del joven se posaron sobre los de Hinata y ella sintió empequeñecer―. Contigo, ya no estoy solo.

―Y-Yo... ―¿Por qué su corazón se sentía tan nervioso con él ahí. Aun con la distancia entre ellos, entendía que no era apropiado. Que había algo en esa proximidad que parecía ponerla en una situación inadecuada. Quizás, hasta peligrosa―. Puedo compartir esa carga con Toneri-san ―dijo con un tono un tanto más firme, retrocediendo levemente, intentando tomar el rol que debía si algún día lideraría a los suyos―. Y el clan Hyūga te recibirá si eso es lo que deseas. Puedes vivir con nosotros, en la tierra.

―Le hablaré a tu padre y le comunicaré mis intenciones contigo, cuando llegue el momento ―Hinata tuvo la extraña sensación de que Toneri estaba nervioso al hablarle sobre ello―. Hinata ¿También lo sientes? Nuestro destino está ligado uno al otro. Nacimos solos, pero siempre...

―Son dos ―Hinata sintió que las cosas empezaban a encajar extrañamente en su interior.

Esos días venía escuchando con más frecuencia sobre la anomalía del destino, de la manera en que siempre, desde el comienzo, los primogénitos del clan nacían de a dos. No obstante, ahí estaba ella sola. Así como Toneri.

¿Era entonces él la persona que debía acompañarla el resto de su vida? ¿Era eso lo que su abuelo le había intentado decir cuando le mencionó que él veía a alguien más que compartía su destino? Si había una amenaza tan grande que podía convertir la tierra en un desierto árido, sin vida alguna, ¿Entonces debía aceptar dicha imposición y cumplir con su deber?

Pensó en Sasuke y Naruto, sabiendo que si tenía que llevar sobre sí una responsabilidad como esa, prefería estar junto a ellos al hacerlo y no con un completo extraño, por mucho que los uniese un lazo de sangre. Y aun así, ¿Por qué sentía que Toneri no era un completo extraño, sino, alguien que conocía desde siempre?

―¿Tienes miedo de nuestro destino? ―preguntó de pronto Toneri, lejano en sus pensamientos.

―Sí ―admitió Hinata, con una creciente angustia.

―No temas. Yo no lo hago ―dijo con calma―. Siempre supe que llegaría este momento.

De pronto dejaron de levitar y se encontró a sí misma en el área cuarenta y siete de entramiento en un parpadeo. Ese era el lugar en donde usualmente practicaba su taijutsu a solas. Los troncos cubiertos por colchonetas estaban allí como un triste recordatorio de su infancia.

Hinata notó como la burbuja dorada desaparecía y el frío de la mañana la golpeó. Se preguntó a sí misma qué estarían haciendo allí, pero no se atrevió a preguntar. Dubitativa, siguió a Toneri y ambos comenzaron a caminar sobre la nieve, uno junto al otro. Estaban un tanto alejados de la aldea, pero había pasado tanto tiempo entrenando allí, que se le hizo bastante cómodo haber llegado hasta ese lugar para seguir conversando con el joven.

De pronto, notó que una figura se encontraba frente a ella; Era Toneri entre los troncos. Su byakugan se activó casi por instinto como si presintiera estar en riesgo, aunque tenía bastante claro que no lo estaba. O al menos, eso quería creer.

La persona frente a ella era un ser humano, con una cantidad de chakra muy superior a cualquiera que hubiese visto antes, quizás con excepción de Naruto. No obstante, lo que realmente la confundió era que el Toneri frente a ella no tenía el byakugan sino que cuencas oculares vacías. La marioneta retrocedió mientras el hombre avanzaba hasta ella.

―Sus ojos...

―Fueron removidos cuando nací ―terminó de decir el verdadero Toneri―. Es el sacrificio que debemos realizar para proteger nuestro mayor tesoro.

Hinata ya no podía seguir conteniendo la pregunta que no la había dejado dormir.

―¿Es ese tesoro... el Tenseigan? ―preguntó yendo al grano, sintiendo algo de temor sólo con esa palabra saliendo de su boca. La reacción de Toneri fue de sorpresa, y al mismo tiempo, un tanto de molestia. Hinata notó que lo había descolocado preguntando algo así.

―No puedo responder eso, Hinata. Lo haré algún día, cuando el momento llegue para que nuestros destinos realmente se unan ―Hinata frunció el ceño sin entender demasiado bien a qué se refería con eso―. Sólo deseo pasar este momento contigo, ya que lo he esperado por mucho tiempo. No es mi intención seguir hablando de la posibilidad de un futuro catastrófico o ahondar en temas que llenarán tu corazón de temor ―Hinata comprendió por qué él le hacía esa petición―. Muchas veces te observé aquí.

―Aquí es donde yo...

―Golpeabas ese tronco con tus palmas ―completó Toneri acercándose a ella―. Lo vi. Te veía mientras lo hacías.

―¿Aun sin ojos, podía verme? ―preguntó Hinata con algo de incomodidad.

―Hay una forma de hacerlo. Mi padre me la enseñó ―Toneri sonrió suave al notar el nerviosismo de Hinata al intentar cuestionarlo sobre su falta de ojos―. Cuando era pequeño te veía entrenar aquí.

―¿Cómo? ―preguntó ella curiosa observando que la mano de Toneri se posicionaba cerca de su rostro. Su cuerpo se tensó.

―Te enseñaré ―sin preguntarle y al parecer sin comprender lo incómoda que se sentía Hinata con esa aproximación, el joven posó sus yemas sobre la frente de Hinata―. Cierra los ojos e intenta concentrar tu chakra en ese punto en tu frente. Te mostraré a través de nuestro chakra hacia donde debes guiarlo para concentrar tu visión. Intenta no activar el byakugan mientras lo haces.

Hinata siguió las instrucciones de Toneri aunque decirlo era bastante más fácil que hacerlo. Inevitablemente el deseo de activar el Byakugan se apoderaba de ella y en vez de llevar su chakra hasta el lugar en donde el índice de Toneri estaba empujando su piel, lo llevaba hasta los conductos cercanos a sus ojos.

No obstante, sintió el Chakra de Toneri llenar un punto en medio de su frente que la hizo sentir escalofríos y pronto, aun con los ojos cerrados, el mundo comenzó a hacerse visible para ella de a poco, en colores grises y y sepia, como si fuese una antigua fotografía de luces, sombras y figuras no demasiado definidas.

―¿Puedes ver a tu alrededor? ―preguntó Toneri retirando su mano.

―Sí, de una extraña forma.

―¿Es similar a la manera en que tus ojos ven?

―No. Es mucho más y mucho menos al mismo tiempo. Es como imaginar. Es ver en mi cabeza. Como un recuerdo ―era la mejor manera en que Hinata podía describir lo que estaba experimentando. Hablar de forma tan casual le resultaba difícil después de que Toneri le había augurado el final de la vida en la tierra.

―¿Y cómo es ver... con tu byakugan? ―la cuestionó el joven mientras ambos volvían a caminar uno junto al otro bajo los árboles y la nieve.

―No podría explicarlo ―respondió Hinata, intentando describir dulcemente lo que ella veía para que él supiese lo que era tener ojos―. Los colores son más vividos y todo se ve más claro. Los movimientos son diferentes, más continuos y armoniosos. Los detalles también son mucho más precisos.

―No puedo esperar poder verte con ojos de verdad ―dijo con anhelo mientras Hinata se enfocaba en ese símbolo de la luna amarilla en su ropaje―... con los ojos blancos que... ―entonces, algo pareció cambiar entre ellos y Toneri se detuvo, como si hablar nuevamente le resultara difícil―... que nuestros ancestros nos legaron hace mil años, Hinata.

―¿Puede recuperar sus ojos? ―preguntó ella con algo de sorpresa y una sonrisa se dibujó lentamente en su boca. La idea de contar con dicho poder parecía algo que podría solucionar el problema al que se enfrentarían juntos―. Si así es, si Toneri-san pudiese obtener el poder del que hablaba el abuelo...

―Hinata ―la interrumpió respirando profundo―. Yo tomaré otros ojos.

―¿Otros ojos?

Hinata dudó un momento. La realización de lo que él intentaba decirle llegó hasta ella de golpe, como una bofetada en el rostro que la hizo sentirse inmediatamente en peligro. Sin poder evitarlo comenzó a retroceder lentamente de él, atenta a cualquier movimiento que intentara hacer en su contra.

Las facciones en el rostro de Toneri se volvieron tristes al ver su lejanía.

―¿Piensas que sería capaz de hacerte daño? ―le preguntó con seriedad.

―¿Cuáles ojos tomará?

―No me mires así. Jamás tomaría los tuyos ―levantó el mentón en una muestra de fortaleza―, pero para proteger el legado de Haruma, debo tomar los ojos de alguien más. Y así obtener...

―¿Los ojos de quién? ―lo increpó.

―Hinata...

Y entonces la respuesta fue clara. Todo el motivo para que ese hombre se presentara frente a ella hablando del final del mundo que conocía y las catástrofes que seguirían. Su pecho se hundió. Dentro del clan Hyūga sólo cuatro personas no tenían el sello. Si no tomaba sus ojos, entonces la respuesta era obvia. Hanabi corría peligro.

―No lo permitiré ―dijo volteándose rápidamente intentando alejarse de él y correr de vuelta a Konoha.

No obstante, antes de que pudiese hacerlo se vio acorralada ya que frente a ella aparecieron un sinfín de figuras vestidas de forma similar a Toneri y con el rostro cubierto. El hombre caminó en su dirección mientras ella contemplaba sus opciones en ese momento.

―Escúchame.

―No hay nada que deba escuchar. Si piensa que permitiré que usted...

―Es la única forma de salvar nuestro legado. Es la única forma de poder combatir lo que se avecina.

―No puedo creer eso.

―Tú misma lo dijiste. Si encontrases una forma de volver tu byakugan en el tenseigan, ¿No la tomarías? Obtener un poder así requiere un sacrificio.

―¿Quieres que sacrifique a mi hermana? ―preguntó, su voz se quebró al hacerlo.

―¿No lo has visto en tus sueños? Madre... y los Otros... ellos esperan la cosecha ―Hinata deseaba reclamar, pero había cierto sentido en sus palabras.

Por algún extraño motivo, pensó en Itachi Uchiha y la conversación que habían mantenido en su mundo de ilusiones sobre el precio que un Uchiha debía pagar para obtener aquel dojutsu que Itachi poseía, el Mangekyo Sharingan. Pudo escuchar la voz de Itachi repetirse en su cabeza en medio del viento invernal...

―Nuestro linaje se ha conservado a través del sacrificio de miles de personas que tuvieron que vivir por mil años en oscuridad. ¿Es que acaso el clan Hyūga no está dispuesto a hacer ese mismo sacrificio si significa proteger nuestro mundo y existencia? ―Toneri se paró frente a ella, levantando su mano hasta posarla en el mentón de Hinata―. Soy el único que puede despertar el poder de nuestros antepasados, Hinata. El clan de la luna heredó la habilidad para ello, mientras que el clan de los ojos blancos custodiaba el Byakugan, precisamente, para este momento.

―¿Si obtiene el byakugan del clan Hyūga podrá utilizar... el Tenseigan? ―le preguntó Hinata mirándolo con un reverencial miedo―. ¿Ese poder está más allá de las habilidades que ahora ha utilizado? ―Toneri asintió en silencio―. ¿Son los ojos de mi clan lo que ha venido a buscar? ―Toneri no respondió a su preguntado haciéndola sentir un extraño frío en el estómago―. Si quiere los ojos de alguien con tanta urgencia y con ellos podrá proteger a todos los que amo, y-yo le daré los míos...

―No está en tu destino dármelos ―dijo Toneri rápidamente, frío y distante. Parecía saber qué era lo que deseaba y donde buscarlo.

Hinata tragó pesado percatándose que el abuelo estaba en lo cierto. Ella no tenía idea de por qué los Hyūga venían haciendo las cosas de la forma en que las hacían hasta entonces, pero tenían un motivo para ser así. Por cientos de años, desde que alguno de sus antepasados se había alejado de la familia de Toneri, el Byakugan había sido sellado para destruirse en caso de que un Hyūga llegase a morir o sus ojos fuesen removidos. Esa costumbre de su clan, que había parecido tan barbárica e injusta sellando el destino de cada miembro del clan al del líder, parecía tener un motivo importante detrás que iba más allá de proteger su dojutsu de shinobis de países extranjeros.

Ahora entendía el por qué; El clan de Toneri tenía una monstruosa fuerza y resiliencia, técnicas avanzadas que jamás había visto y estamina que se comparaba con la que poseía Naruto. Si tomaban además un byakugan puro del cuerpo de un Hyūga y lo mezclaban con dicha fuerza descomunal, el poder que podrían llegar a despertar se asemejaba al de un dios y ninguno de ellos podría haberles detenido.

―El Tenseigan es la única arma con que contamos para pelear contra ellos ―el pulgar de Toneri le acarició la mejilla con cuidado haciéndola suspirar entre sorpresa y nerviosismo por su cercanía―. ¿No quieres salvar tu mundo y lo que queda del mío?

―¿Por eso viniste a este lugar? ―le preguntó dejando las formalidades de lado―. ¿Para robar los ojos de mi hermana?

―El byakugan le pertenece a nuestro clan y tiene un propósito para existir. Yo los podré derrotar con esos ojos blancos y puros. Despertaré el Tenseigan, tengo la fuerza para hacerlo. Yo los derrotaré contigo a mi lado y protegeré todo lo que amas. Lo he visto ―dijo Toneri mientras Hinata sentía paralizar―. Yo... yo he visto el día en que ambos entramos en el templo con las galas oscuras. La princesa volverá donde pertenece y la luna se llenará nuevamente de colores, y cuando el momento llegue, ya nada nos podrá volver a separar.

―Oye idiota ―la voz de Naruto la hizo sobresaltarse―. ¿Por qué no la sueltas?

―No es muy educado tratar así a una chica―agregó Sasuke, mientras se acercaba hacia ambos caminando casualmente con las manos dentro de los bolsillos.

Toneri soltó a Hinata para voltearse hacia ellos. Sus ojos permanecían cerrados y su postura erguida. A simple vista los tres jóvenes parecían tener la misma edad, aunque Toneri era más alto que ellos.

―Uchiha Sasuke. Uzumaki Naruto ―susurró Toneri.

―¿Quién es este tipo, Hinata? ―le preguntó Sasuke mientras su sharingan se activaba por reflejo.

Los ojos de Hinata se agrandaron cuando notó que Toneri levantaba una mano en dirección a Sasuke. Rápidamente tomó su brazo, empujándolo hacia abajo.

―¿Qué haces? ―le preguntó frunciendo el ceño, evidentemente molesta de lo que parecía estar ocurriendo. Toneri dejó su mano inmóvil y frunció levemente el ceño al verla defender a sus amigos.

¿No deseas verme pelear y demostrarte mi fuerza? ―le preguntó sin mover sus labios, pero ella lo escuchaba en su mente.

Estaba hablándole a través de su chakra. Por un momento no pudo responder, incapaz de entender cómo era posible que él mostrara ese tipo de habilidades para comunicarse con ella. Activó el byakugan y fue como si el chakra de Toneri le indicase cómo responder, de la misma forma que le había enseñado cómo ver sin utilizar sus ojos.

No deseo que ninguno de nosotros pelee ―respondió Hinata―. Es innecesario. Debemos ayudarnos. ¿No es eso lo que deseabas?

―¿Quién es este sujeto? ―preguntó Naruto viendo como ambos interactuaban con el otro, con un claro fastidio―. ¿Qué quiere contigo? ―le preguntó a Hinata.

Tu padre deseaba que vinieras hasta este lugar y vivieras con los Hyūga, ¿No? ―insistió Hinata, haciendo que Toneri bajara el brazo por completo y suspirara―. Anoche dijiste que nuestro mundo llegaría a su final y necesitabas mi ayuda. Dime cómo. Nosotros te ayudaremos.

Naruto entreabrió los ojos en sorpresa al ver que ese sujeto de un momento a otro estaba suspendido en el aire, como si sus pies tocaran algo sólido bajo él. La sorpresa se reflejó en el rostro de Sasuke también al verle ascender. El viento removía su ropaje blanco que caía con gracia por sus mangas y el tenue brillo del sol invernal lo rodeaba como si de un halo se tratara. Ahí, entre los copos de nieve cayendo a su alrededor, la figura de ese distante pariente de los Hyūga reflejaba un aire majestuoso; podría decirse, hasta divino.

Por su parte, silencioso, Toneri se dedicó a mirar a sus distantes parientes. Había soñado con ese momento antes, desde que era un joven, sabiendo que llegaría el día en que los hijos de Hagoromo y Hamura se encontraran en el mismo lugar. Todos ellos estaban conectados por algo que venía tejiéndose por miles de años para desencadenar en ese momento.

―Su nombre es Toneri ―dijo Hinata suavemente, suplicandole a Naruto y Sasuke con la mirada que por favor escucharan antes de actuar―. Es un pariente lejano de mi clan. Nadie sabe que está aquí, excepto yo. Me ha pedido que así sea y he respetado sus deseos.

―Un extranjero con este tipo de habilidades se presenta en la aldea y tú no lo reportas. Ni si quiera a nosotros ―dijo Sasuke, molesto.

―¿Por qué tanto secreto? ―preguntó Naruto extrañado―. ¿No deberían recibirlo en el clan Hyūga, Hinata? Si es un pariente, entonces no debería ser un problema para nadie que esté aquí.

―Porque, no debería estar aquí. Su presencia irrumpiría en el orden de nuestra aldea ―intentó explicar Hinata―. Podrían incluso verlo como un enemigo o intentar hacerse con su poder.

―¿Qué hace aquí? ―preguntó Sasuke.

―Alguien del clan Uchiha ha invocado el Gedō Mazō que custodiaba mi clan―le dijo a Sasuke con seriedad, haciendo que él frunciera el ceño sin entender.

―No queda nadie más que yo con el nombre Uchiha en este lugar. Y yo no me he llevado nada ―respondió Sasuke.

―No hablaba de ti. No tienes el poder para algo así ―al escucharlo, Sasuke apretó el puño―. Pero otro que comparte tu sangre ha logrado despertar el poder de los Seis Caminos.

―¿De qué habla? ―preguntó Naruto a Hinata.

―Ya lo veo. Ahora entiendo a qué viniste. Hablas de la estatua que Akatsuki está utilizando para extraer a los Biju. La que vi dentro de la caverna en donde tenían al Kazekage ―dijo Hinata, recordando el pedido que había recibido la noche anterior.

―¿Itachi se robó tu estatua? ―preguntó Naruto sorprendido―. ¿Qué tiene que ver eso con la forma en que estabas sujetando a Hinata, bastardo? ¿Por qué tienes todas estas marionetas aquí?

Escuchar el nombre de su hermano tensó a Sasuke. ¿Acaso Itachi se había llevado esa estatua hasta Akatsuki para conseguir reunir el poder de los Biju? Era una probabilidad. Nunca habían entendido el motivo para que estuviesen reuniendo los Biju y extrayendo su chakra. La abuela Chiyo había dicho que buscaban crear un arma. Al parecer, ese joven de cabello blanco sabía mucho más que ellos.

―Ya se lo dije a Hinata, el tiempo se agota para recuperar la estatua. Y tal como están ahora, son demasiado débiles para ayudarme ―Toneri no se detuvo a explicarles sobre el decreto celestial de Hamura, ni tampoco sobre las consecuencias que tendría que los descendientes de Hagoromo siguieran utilizando el chakra como un arma. Aun no podía intervenir en todo ello. ―. Pero he visto que en el futuro, lucharemos juntos contra lo que se avecina ―sonrió en dirección a los tres miembros del equipo Siete que no parecían entender la profesía de sus palabras―. Hinata. El momento llegará para que vuelva por ti.

―¿También quieres el Tenseigan, no? ―le preguntó Sasuke sin dilatarlo más, lo cual hizo que el ceño de Toneri se frunciera.

―¿Cómo sabes tú de eso? ―preguntó, pero el Uchiha no respondió. Su sharingan estaba activo, pero parecía no tener efecto alguno sobre Toneri cuyos ojos estaban cerrados.

Naruto no despegó su mirada de la figura que flotaba frente a ellos. Algo en él resonaba con ese chico frente a ellos, pues podía comprender qué era lo que hacía ahí y que precisamente sus intenciones estaban sobre Hinata. Ahora que Sasuke se lo preguntaba tan directamente, podía entender que todo tenía que ver con el byakugan.

Instintivamente se posicionó frente a Hinata y Sasuke. Era extraño, pero sentía algo muy particular en ese momento, una hostilidad que era poco característica en él se anidaba en sus entrañas y la voz del Kyuubi insistía en susurrar cosas sin sentido que intentaba ignorar.

Viene por ella ―escuchó en esa voz rasposa y ronca, algo que lo hizo encresparse. No podía ignorar eso―. Está aquí para llevársela. La quiere de vuelta.

―Supongo que tu clan tiene sus secretos también ―dijo finalmente Toneri al ver su sharingan―. Grandes sacrificios deben hacerse cuando se desea alcanzar el poder suficiente para proteger nuestro legado, ¿No es así también en el clan Uchiha? ―Sasuke frunció el ceño―. Tienen una misión importante que realizar. Deben volverse fuertes si no desean estorbarme ―tanto Sasuke como Naruto gruñeron ante su provocación―. Mi clan no debe inmiscuirse con los asuntos que ocurren en la tierra. Sólo he venido por un motivo ahora ―sonrió en dirección a Hinata.

―¿Entonces qué es lo que quieres con ella? ―le preguntó Sasuke, sus manos afianzadose ligeramente al cuerpo de la joven, apegándola a él―. ¿Su byakugan?

―No olvides lo que hablamos, Hinata-hime. Volveré por ti.

Las palabras de Toneri quedaron resonando entre la brisa invernal y el silencio de los tres miembros del equipo Siete mientras éste desaparecía frente a sus ojos.

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Nota de Sasha

Hola queridos lectores! Como algunos de ustedes habrá recibido en sus notificaciones, he actualizado Team Seven. Lo quería hacer para navidad, pero fue imposible. No me sentía satisfecha con lo que escribía y he re escrito diálogos y párrafos muchas veces para llegar a este capítulo.

Llevo literalmente MESES escribiendo esto. No sólo por la falta de tiempo, sobre todo en las fiestas de Diciembre, sino porque me resulta muy complejo la introducción de Toneri en esta ecuación que he querido formar por años ya, sin meter un poco una personalidad que "Yo" le hubiese dado a Toneri en vez de la que tiene en la novela, el anime de Boruto y la película The Last. Por otra parte, estudiar a Toneri es complejo, pues tiene un set de habilidades muy interesantes que podrían convertirlo en uno de los personajes más fuertes del universo de Naruto, pero al mismo tiempo, no quiero que sea tan aplastante la diferencia de su fuerza con la de los protagonistas en este momento de la línea temporal…

Muchas gracias pro leerme y aunque actualizo poco, y odio eso, sigo con mi intensión de terminar estos fics. De verdad agradezco su lealtad y su cariño, sus mensajes y todos los buenos deseos que me mandan.

Sasha545