Capítulo 21 Formas y Métodos De Expresión
En un lugar desconocido, lejos de la base de Night Raid, un joven de cabello castaño permanecía inmóvil. Su silueta se recortaba contra la vasta inmensidad de un bosque oscuro que se extendía hasta donde la vista alcanzaba. Su mirada seria escudriñaba al entorno con meticulosidad, como si tratara de memorizar cada detalle.
A su alrededor, la naturaleza permanecía en un inquietante silencio. Pequeños estanques de agua reflejaban la luna llena con una nitidez sorprendente, como si el cielo nocturno estuviera pintado sobre la superficie líquida. El resplandor plateado iluminaba tenuemente el lugar, revelando la altura a la que se encontraba. Era evidente que el joven se hallaba en un punto elevado, una montaña tal vez, desde donde dominaba la inmensidad del bosque.
La noche era fría y profunda. No había antorchas, ni fogatas, ni estrellas que adornaran el cielo. Solo la gran luna, majestuosa y solitaria, proyectaba su luz blanquecina sobre el mundo. Para cualquiera, esa visión bastaría para sentirse diminuto, insignificante... pero para él, la luna era algo más.
El castaño alzó la vista, contemplándola en todo su esplendor. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
"Una noche perfecta…". Susurró para sí mismo, dejando que el aire frío acariciara su rostro.
No solo por la belleza de la escena, sino porque aquella luz nocturna resultaba útil. Con su brillo, podía observar con claridad todo lo que le rodeaba. Pero más importante aún, le permitiría ver con precisión cada movimiento que estaba a punto de ejecutar.
Entonces, sintió algo acercarse. No había hecho algún sonido. No había hecho ningún movimiento.. Era casi... como si fuera una sombra.
Su instinto se activó de inmediato, y sin mostrar ni una pizca de inquietud, giró su cabeza con calma. Ante él, flotando en el aire como si tuviera voluntad propia, apareció una espada de diseño único y extraño.
El joven no mostró sorpresa. Extendió su mano sin dudar y la tomó por el mango. En cuanto sus dedos hicieron contacto con la empuñadura, una sensación familiar recorrió todo su cuerpo, una energía que lo invadió por completo. Pero no era algo nuevo para él. Después de todo, él ya sabía que era está sensación. Era un vínculo.
Apretó ligeramente el mango y dijo con tranquilidad. "Estoy listo".
Y sin decir otra palabra más, llevó la espada a la funda que descansaba en su espalda. El sonido metálico al encajar en su sitio le resultó reconfortante, como si con ese simple gesto se preparara para lo que estaba por venir.
Y entonces, hizo algo que no acostumbraba hacer. Comenzó a estirar su cuerpo.
Lentamente, con movimientos precisos, flexionó los brazos, giró los hombros, movió el cuello en círculos y estiró las piernas. No eran gestos exagerados, pero sí calculados. Cuando sintió que su cuerpo estaba lo suficientemente flexible, caminó hacia adelante con pasos firmes.
Sin embargo, no avanzó demasiado antes de detenerse en seco.
Y al hacerlo bajó la mirada. Pero en lugar de encontrar suelo bajo sus pies, vio el final del camino. Un borde abrupto, un precipicio que descendía en una caída libre de al menos unos 4500 metros de altura. Muy abajo, apenas distinguibles bajo la tenue luz lunar, se extendían praderas cubiertas de césped y algunas flores dispersas.
Para asegurarse de su cálculo con respecto a su altura, se inclinó ligeramente y recogió una pequeña piedra que estaba cerca. La sostuvo un momento en su palma antes de soltarla.
El objeto cayó. Pasaron unos segundos antes de que impactara contra el suelo.
"Hmph...". Soltó el joven con un susurro.
El sonido que produjo la roca al chocar contra la tierra fue más fuerte de lo esperado. Incluso siendo tan pequeña, el eco de su caída dejó claro lo peligroso que sería un aterrizaje descuidado. Pero en vez de inquietarse, el castaño sonrió levemente. Se incorporó, enderezando su postura. Sus ojos volvieron a dirigirse al bosque que se extendía más allá. Entonces, con la misma calma con la que había analizado la situación, comenzó a caminar hacia atrás. Se alejaba del borde con pasos calculados, hasta que llegó al centro del área donde se encontraba. Y, de pronto, comenzó a silbar.
La melodía que entonaba era animada y pegadiza. No un simple silbido sin sentido, sino una melodía fluida, como si la hubiera practicado incontables veces. Sus labios se movían con precisión, demostrando que no era algo improvisado.
Pero entonces, abruptamente, dejó de silbar. El aire pareció volverse más denso. Su expresión se tornó seria. Bajó ligeramente la cabeza, permaneció en silencio por unos segundos, y entonces…
Su cuerpo comenzó a temblar. Pero no de miedo. No de frío. No de inquietud.
Sino, de una energía incontrolable que recorría sus venas. Sus puños se apretaron con fuerza, sus ojos se llenaron de una voluntad inquebrantable, y su rostro adoptó una expresión de absoluta determinación.
Sin previo aviso, comenzó a correr. Pero no en dirección al bosque, ni a un sendero seguro… Corría directo hacia el borde del precipicio. Cada paso que daba aumentaba su velocidad. Cada paso lo acercaba más al vacío. Y cuando estuvo a solo un par de metros del borde, tomó aire y gritó con fuerza. "¡Aquí voy!".
Y entonces… saltó.
Su cuerpo se elevó en el aire, desafiando la gravedad. Durante unos instantes, estuvo suspendido en el cielo, dando un par de volteretas en el aire. Pero la caída no tardó en llegar. El viento golpeó su rostro con intensidad. La luna iluminó su silueta mientras descendía a toda velocidad. Sus ojos se abrieron, contemplando el suelo acercarse rápidamente.
Pero su mente… .En su mente solo había calma. Porque en ese preciso momento, mientras caía desde la cima de la montaña, comenzó a recordar. Recordar cómo había llegado allí. Y, sobre todo… ¿Por qué estaba a punto de hacer lo que iba hacer aquí?.
Base de Night Raid - 21:00 PM. (Habitación de Tatsumi)
La habitación estaba sumida en un profundo silencio. Solo el leve crujir de la madera y el distante ulular del viento que entraba por la ventana, rompían la quietud de la noche. Tatsumi estaba sentado en su cama, con la mirada fija en un punto indeterminado del suelo, perdido en sus pensamientos. Su expresión reflejaba preocupación y tristeza, una inquietud que lo consumía desde el momento en que despertó, apenas unos minutos atrás.
Se había dormido temprano, pero eso no impidió que se despertara en plena noche. En otras circunstancias, no le habría molestado, pero esta vez algo era diferente. Había una presencia ausente, un vacío que lo inquietaba profundamente.
A su lado, reposando sobre la cama, se encontraba Onyx, su Teigu. La espada plateada, de diseño elegante y letal, estaba envuelta en un inquietante silencio. No había emitido ni un solo sonido, ni un susurro en su mente, ni una vibración en su hoja. Desde que la reunión con Night Raid terminó, Onyx había permanecido completamente callado.
Y eso no era normal.
Tatsumi apretó los dientes, su preocupación creciendo con cada segundo que pasaba. Siempre había sentido un vínculo especial con Onyx, una conexión única que le permitía comunicarse con el Teigu de una manera que ningún otro guerrero podía con su arma imperial. Pero ahora, ese vínculo parecía haber sido cortado sin previo aviso. Durante la noche, incluso cuando durmió junto a la espada, esperó al menos una señal de vida. Alguna palabra, algún mensaje, un simple eco en su mente… pero no hubo nada. Solo silencio.
El castaño bajó la mirada y, en ese instante, lo notó. Su corazón dio un vuelco.
La gema de Onyx había cambiado de color. A negro. Pero eso no fue lo que más lo alarmó.
Sino, lo que había en la gema. Y lo que había era... una grieta. Una rotura. Una fractura, enorme que atravesaba toda la gema con una fisura profunda, como si algo dentro de la espada estuviera… ¿Que?. ¿Roto?. ¿Dañado?. ¿Herido?.
Tatsumi se enderezó de golpe, tomando la espada con ambas manos. Un escalofrío recorrió su espalda mientras analizaba la fractura con detenimiento.
"Onyx… ". Susurró, esperando una respuesta.
Pero nada.
Frunció el ceño y trató de conectar su mente con la del Teigu. ¡Forzó la comunicación!. Llamó su nombre una y otra vez, incluso elevando la voz. Pero la espada no reaccionó. Ni un brillo, ni una vibración… solo un abismo de silencio.
Un sentimiento de frustración comenzó a invadirlo. ¿Qué demonios estaba pasando? Onyx nunca había actuado así. Siempre había sido animado, a veces algo oscuro, pero jamás había guardado silencio por tanto tiempo. Y ahora, con esa grieta en su gema… Tatsumi tragó saliva, sintiendo un peso en el pecho.
Algo estaba muy mal.
El joven llevó sus manos a la cabeza, revolviendo su cabello en un gesto de desesperación. Sus pensamientos comenzaron a repasar los eventos del día. Hoy había sido un día importante. Night Raid finalmente conoció a Onyx.
Era un momento que Tatsumi esperaba con ansiedad, pues significaba que ya no tenía que ocultar su Teigu a sus compañeros. Y, en general, la presentación había salido bien. Aunque, claro, hubo momentos... tensos.
Onyx, en su habitual actitud, pero poco usual, mostró su dramatismo. Al lanzar una onda expansiva para demostrar su poder, lo que no dejó la mejor impresión. Especialmente con Mine, con quien tuvo un intercambio algo... áspero. Tatsumi pensó que, tal vez, la francotiradora lo había provocado sin querer… y de cierta forma, sintió que se lo merecía un poco.
Sin embargo, lo verdaderamente extraño fue el final de la reunión.
Más precisamente. Fue, cuando su jefa, Najenda, preguntó sobre el origen de Onyx y ¿Por qué nadie en el Imperio parecía conocer su existencia?, el Teigu al escuchar eso. Se quedó en silencio. Pero no solo no respondió. Sino que, se "cerró", de forma abrupta y brusca. Su energía, que normalmente era intensa y casi imponente, se replegó y volvió a él, de forma tan inesperada.
Tatsumi no entendió por qué esa pregunta generó una reacción tan fuerte en Onyx. Era como si el Teigu, "se negara a responder". Como si escuchar sobre éso, fuera algo que… le doliera de verdad.
No había querido presionarlo en ese momento. Pero ahora, viendo la grieta en su gema y su inexplicable silencio, se sentía "culpable" de no haber preguntado antes.
Un profundo suspiro escapó de sus labios. A pesar de la aparente aceptación de Night Raid con respecto a Onyx, aún quedaban demasiadas preguntas sin respuesta. Y no pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a surgir. Tatsumi sabía que no sería mañana, ni pasado mañana, pero "eventualmente", tendrían que hablar sobre Onyx. Y si la espada seguía sin hablar… Entonces, él tendría que responder por su cuenta.
Justo cuando su mente estaba sumida en ese pensamiento, algo ocurrió.
Un brillo. Y Tatsumi, abrió los ojos con sorpresa.
La gema de Onyx comenzó a emitir un resplandor tenue. El brillo se intensificó y, poco a poco, la grieta empezó a desvanecerse. La oscuridad que envolvía la gema comenzó a disiparse, como si nunca hubiera estado ahí. Era como si la espada estuviera… sanándose.
Tatsumi contuvo la respiración, sus ojos fijos en el fenómeno que se desarrollaba ante él. Y entonces, lo escuchó.
"Portador...". La voz de Onyx resonó en su mente, débil, como un susurro entre las sombras.
Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda. Su corazón se aceleró al escuchar de nuevo aquella voz tan familiar, tan importante para él. Sin dudarlo, tomó la espada entre sus manos y la acercó más a su pecho, como si temiera que desapareciera si no lo hacía.
"Onyx...". Murmuró, con el mismo tono suave con el que su Teigu le había hablado.
"Hola, Portador...". La voz de Onyx sonó distante, diferente a otras veces. Cargada de algo que Tatsumi no supo identificar de inmediato. ¿Era Dolor?. ¿ Era Miedo?. ¿O Era Tristeza?. El no lo sabia, con exactitud.
El solo sintió como un alivio inundó su corazón. Sentía que el peso sobre sus hombros se aligeraba, como si por fin pudiera respirar con normalidad. Pero no todo desapareció… No del todo. Aún había una sombra de inquietud persistiendo en su pecho, una duda que debía resolver. Una pregunta, simple pero crucial. "Onyx... ¿Qué te pasó?".
Por un instante, solo hubo silencio. Luego, la espada en sus manos tembló, moviéndose ligeramente de un lado a otro. Un movimiento sutil, casi imperceptible, pero que Tatsumi sintió con claridad.
Era una reacción… casi humana.
El castaño frunció el ceño. Nunca había visto a Onyx comportarse así. Algo dentro de él le decía que su compañero estaba… ¿Asustado?. O. ¿Perturbado?.
"Onyx… dime, ¿Qué ocurre?". Su tono fue más suave, casi suplicante.
"No quiero… hablar de eso…". La voz de Onyx sonó apagada, apenas un murmullo en la mente de Tatsumi.
El joven tragó saliva. Esa respuesta solo avivó su preocupación. Nunca había escuchado a su Teigu hablar de esa forma. Nunca lo había sentido tan… vulnerable. Excepto... aquella vez.
"Pero Onyx… tú…". El castaño habló. Insistió en tratar de hablar con él, con una voz llena de una ternura mezclada con la urgencia. Pero antes de que pudiera profundizar, un grito resonó en la habitación.
"¡NO QUIERO HABLAR DE ESO, ¿OK?! ". El gritó resonó en su mente con una intensidad abrumadora, como un trueno en medio de la tormenta. Pero no fue solo un grito de enojo… fue un grito de desesperación.
Tatsumi abrió los ojos con sorpresa. Su cuerpo se tensó, sus manos se aferraron con fuerza al mango de la espada. Por un momento, sintió que la energía de Onyx se desbordaba, como si algo dentro de la Teigu estuviera a punto de romperse… o explotar.
Y luego… Silencio. Uno profundo. Uno pesado. Uno que llenó la habitación con una sensación de vacío absoluto.
Tatsumi no dijo nada más. No porque no quisiera… sino porque no deseaba forzar a su compañero a hablar. Apenas sintió aquel grito desgarrador de su Teigu, supo con certeza que lo que fuera que Onyx había recordado en la sala de reuniones, debía haber sido algo profundamente fuerte, algo que había quedado sellado en las sombras de su memoria. Y lo más importante... algo... aguardando el momento justo... para salir a la luz.
El silencio se extendió por la habitación, denso y cargado de incertidumbre. Tatsumi sujetaba con fuerza la empuñadura de Onyx, sintiendo la frialdad de su Teigu en sus manos. Sabía que algo iba mal, pero no quería presionar a su compañero para que hablara. El grito que había escuchado antes le había dejado claro que lo que Onyx sintió o recordó en la reunión fue algo fuerte... o peor aún, algo perturbador.
Finalmente, la voz de Onyx rompió el silencio, aunque ahora más calmada. "Lo siento, Portador". Dijo con un tono que mezclaba calma y arrepentimiento. "Lamento haberle gritado".
Tatsumi suspiró levemente y afianzó su agarre. "No te preocupes, amigo". Respondió con suavidad. "Si no quieres hablar, no te obligaré".
A pesar de su curiosidad y el deseo de querer preguntar, el joven sabía que no era el momento adecuado para forzar respuestas. Onyx necesitaba tiempo, y él estaba dispuesto a dárselo.
"Gracias". Respondió la Teigu en voz baja, apreciando la paciencia de su usuario.
Se quedaron así por un largo rato, en un silencio que no era incómodo, sino cargado de entendimiento mutuo. Tatsumi podía sentir la tensión de Onyx disiparse poco a poco. Entonces, la voz del Teigu volvió a sonar, aunque con cierto titubeo.
"Portador... ¿Podría pedirle algo?". Preguntó con cautela.
Tatsumi ladeó ligeramente la cabeza. "Claro amigo, ¿Qué necesitas?". Dijo con una sonrisa que transmitía una señal como si dijera que estaba dispuesto a escuchar.
"Podríamos salir un momento". Dijo el Teigu.
El castaño se sorprendió por ésto y miró hacia la ventana. "¿Salir?. ¿Ahora?". Repitió con incredulidad.
"Sí". Respondió Onyx.
Tatsumi se quedó pensativo, observando el cielo nocturno a través del cristal de su ventana. "¿Salir a dónde?". Preguntó mientras volvía a mirar a su compañero entre sus manos, queriendo saber más sobre ésa petición.
Hubo una pausa, antes de hablar. "Pues... afuera". Respondió Onyx, sin mucha seguridad en sus palabras.
El joven arqueó una ceja. "¿Afuera?". Repitió, antes de volver a mirar por la ventana. Su mente trataba de descifrar a qué se refería su Teigu. "¿Quieres ir al Imperio?".
"No". Respondió Onyx con firmeza, sin dudarlo ni un segundo.
Esa respuesta dejó a Tatsumi aún más confundido. Si no era el Imperio. Entonces, ¿A dónde quería ir Onyx?. Aparte de la base de Night Raid y la capital imperial, no tenían otro lugar a donde ir. Y de repente, sus ojos se desviaron instintivamente hacia el exterior de su ventana, la cuál daba una vista directa hacia el bosque que rodeaba la base. El bosque, oscuro, extenso, insondable. La luna llena iluminaba parte del follaje, pero la mayoría del bosque seguía sumido en las sombras. Por un instante, parecía que tenía la respuesta a la petición de Onyx, frente a él. Pero, lo descartó casi de inmediato.
"No puede ser". Pensó para sí mismo, meneando la cabeza. "No creo que quiera ir allí".
Pero entonces, la Teigu leyó sus pensamientos, y respondió con una voz certeza que resonó en su mente. "De hecho, Portador… sí quiero ir al bosque".
Los ojos del joven se abrieron un poco más. "Espera… ¿Hablas en serio?. Preguntó, girando la cabeza para mirar la espada entre sus manos. "¿De verdad quieres que vayamos al bosque… ahora?".
"Sí". La respuesta de Onyx fue firme, sin titubeos.
El tono decidido de su compañero lo dejó sin palabras por un instante. "Pero… ¿Por qué?". Insistió Tatsumi, sintiendo que debía obtener al menos una razón para hacer éso.
Sin embargo, la respuesta de Onyx no fue la que esperaba. "Cuando salgamos, lo entenderá".
Tatsumi frunció el ceño. No le gustaban las respuestas ambiguas, y Onyx lo sabía. Pero lo que más le molestaba no era la falta de explicación, sino la sensación de que su compañero estaba esquivando el tema a propósito. Normalmente, nunca se negaría a cumplir un favor que Onyx le pidiera. Su Teigu rara vez solicitaba algo, y cuando lo hacía, Tatsumi siempre estaba dispuesto a ayudarlo. Pero esta vez… algo era diferente. El joven no podía evitar sentir que esta repentina necesidad de Onyx de salir en mitad de la noche tenía que estar relacionada con lo que sucedió en la reunión. Había visto la forma en que su compañero reaccionó a las preguntas de Najenda. Había sentido la tensión, el miedo en su voz y en sus reacciones. Y si su instinto era correcto, entonces… ¿Por qué no se lo decía?. ¿Por qué evitar el tema?.
La incertidumbre lo llenó de muchas dudas. Pero antes de que pudiera decidir qué hacer, la voz de Onyx sonó de nuevo, más baja, más suave… y con un matiz que nunca antes había escuchado en él.
"Por favor, Portador…". La espada habló despacio, cada palabra impregnada de un peso casi suplicante. "Solo salgamos un momento. Y le prometo… que después de eso, le diré por qué quiero hacerlo".
El corazón de Tatsumi latió un poco más fuerte. Ese tono. Esa forma de hablar. Onyx nunca pedía nada. Nunca. Y ahora, por primera vez, lo estaba haciendo con algo que sonaba casi… desesperado. Tatsumi sintió una punzada de culpa por haber dudado. Onyx siempre había estado ahí para él, protegiéndolo, luchando a su lado sin cuestionarlo. ¿Quién era él para negarle algo ahora?.
Soltó un suspiró, rindiéndose. "Está bien, Onyx… salgamos".
Con ésa decisión tomada, se levantó de la cama, sujetó la espada con firmeza y la aseguró en la funda de su espalda.
"Gracias por entender, Portador". La gratitud en la voz de Onyx era inconfundible.
Tatsumi sonrió levemente. "Pero recuerda". Advirtió mientras se acercaba a la ventana y la abría con cuidado. "No nos tardaremos mucho, ¿Entendido?. No quiero que los demás se preocupen si notan que no estoy. Solo será un momento".
"Sí… lo entiendo". El tono de Onyx sonó más optimista ahora.
Tatsumi asintió y, sin dudarlo más, se impulsó fuera de la ventana. El aire frío de la noche golpeó su rostro mientras descendía, aterrizando con agilidad sobre el césped húmedo. Se enderezó rápidamente y, asegurándose de no hacer ruido, comenzó a correr en dirección al bosque.
Cada paso era ligero, medido. No podía permitirse alertar a los demás miembros de Night Raid. No quería responder preguntas incómodas. La base quedó atrás, mientras se adentraba en la inmensidad de la arboleda. Las sombras de los árboles bailaban bajo la luz pálida de la luna, proyectando figuras retorcidas en el suelo. La brisa nocturna soplaba con un susurro bajo, como si el propio bosque estuviera hablando en su idioma secreto.
Y mientras corría, su mente intentaba darle sentido a todo esto. ¿Por qué Onyx quería venir aquí?. ¿Qué había en este bosque que lo llamaba con tanta urgencia?. Tenía ésas y muchas más preguntas en su mente.
Pero en el fondo, Tatsumi ya tenía una sospecha. Esto no era una simple petición. No era un simple deseo de salir. Esto tenía que ver con lo que pasó en la reunión. Con ese miedo que sintió en la voz de Onyx. Y si eso era cierto… entonces lo que estaban a punto de hacer no sería algo normal. Mientras seguía avanzando entre los árboles, sintió un nudo de emociones en su pecho. Ansiedad. Incertidumbre. Y una pizca… muy pequeña, pero innegable… de curiosidad. Lo que fuera que lo esperaba en ese bosque, lo cambiaría todo. Tatsumi solo esperaba estar listo para enfrentarlo.
Tatsumi estaba a segundos de aterrizar de cara contra el suelo. El viento silbaba en sus oídos mientras la gravedad lo arrastraba sin piedad. En medio de su caída con fuerza hacía el suelo, su mente trabajaba a toda velocidad, preguntándose, ¿Cómo habían llegado a esta situación?.
Todo comenzó cuando dejó la base de Night Raid y se adentró en el extenso, oscuro y silencioso bosque. Corría con rapidez, aunque no demasiado. Solo lo suficiente para alejarse sin llamar demasiado la atención. A pesar de su esfuerzo por moverse sigilosamente, de vez en cuando el crujido de alguna rama traicionera resonaba bajo sus pies, haciéndolo fruncir el ceño.
A medida que se adentraba en la espesura, esperaba que Onyx le indicara cuándo detenerse. Sin embargo, el Teigu permaneció en completo silencio, como si estuviera esperando algo.
Tatsumi sintió una ligera incomodidad en su pecho. ¿Cuánto más tenía que correr?. Pero entonces, algo extraño ocurrió.
El terreno bajo sus pies cambió. Al principio, la diferencia fue sutil, casi imperceptible. Pero poco a poco, empezó a sentir como si estuviera ascendiendo. Sus pisadas eran más pesadas, sus músculos trabajaban más. El joven notó que los árboles comenzaban a volverse menos densos a su alrededor. El quiso detenerse.
"Oye, Onyx… creó que debemos detenernos". Él comenzó a decir, pero la voz de su compañero lo interrumpió.
"Aún no, Portador. Siga adelante". La firmeza en su tono lo hizo dudar por un instante.
"¿Estás seguro?. Esto se siente como si estuviéramos…".
"No se preocupe, solo siga corriendo". Insistió Onyx, sin darle oportunidad de terminar su frase.
Tatsumi todavía confundido, decidió obedecer. Aceleró el paso, sintiendo cómo la vegetación desaparecía poco a poco a su alrededor. Y entonces, de un momento a otro, dejó de haber árboles. El bosque denso que había acompañado su carrera hasta ahora quedó atrás, dando paso a un paisaje completamente distinto.
"Pare aquí". La voz de Onyx sonó finalmente.
Tatsumi frenó de golpe, respirando agitado mientras tomaba un momento para observar su entorno. No había ni un solo árbol. Ni arbustos, ni rastros de vegetación verde.
A su alrededor solo había rocas, piedras de distintos tamaños y formaciones puntiagudas que se elevaban como garras del suelo. El lugar tenía un aire seco y desolado, completamente opuesto al bosque de donde venían.
El joven caminó con cautela, explorando el terreno. Su mente trataba de encontrarle sentido a lo que veía. ¿Por qué Onyx lo había traído aquí?. Pero entonces, en un descuido, casi da un paso en falso. Sintió el vacío bajo sus pies justo a tiempo. Se tambaleó y, por puro reflejo, se echó hacia atrás con el corazón latiéndole en la garganta. "¡Rayos…!". Exclamó, recuperando el equilibrio.
Su mirada bajó y lo que vio le dejó sin aliento. No había un simple agujero. Había un precipicio. Un risco enorme que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Tatsumi tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. "¿En qué momento...?". Susurró, apenas creyendo lo que veía.
Había corrido sin darse cuenta por la ladera de una enorme montaña.
"Oye, Onyx…". Llamó, aún tratando de procesarlo. "¿Tú sabías de esto?".
"Sí".
Tatsumi parpadeó. "¿Y por qué no me lo dijiste?".
"Era una sorpresa".
El joven sintió como su confusión, se convirtió en una duda, mezclada con cierto grado de molestia. "¿Una sorpresa?. ¿Qué parte de escalar una montaña sin saberlo entra en la definición de "sorpresa"?". Preguntó el tratando de sonar enojado.
Pero Onyx no respondió.
El castaño al no recibir respuesta. Suspiró con frustración, apartó la vista y volvió a observar el panorama entero. Tratando de ver que había aquí. Le tomó unos segundos, pero sus ojos captaron algo. Y fue entonces, cuando finalmente entendió.
Desde esa altura, podía ver el bosque entero. Toda la vasta extensión de árboles oscuros rodeando la base de Night Raid, la sombra imponente de la capital en la distancia y, más allá, la silueta de las enormes montañas que se alzaban como gigantes dormidos contra el horizonte. Y sobre todo eso, brillando con una majestuosidad indescriptible, estaba la luna. Una luna llena, enorme, perfecta. Sin una sola nube que la cubriera, su luz bañaba el paisaje con un resplandor plateado que hacía que todo se sintiera… mágico.
Por un momento, Tatsumi se quedó en silencio. Todo el enojo, la confusión y la frustración desaparecieron. En su lugar, solo quedó asombro.
"Vaya… ". Habló, sin poder evitar sonreír. "Esto es… increíble".
Onyx salió flotando de su funda y se posicionó a su lado. "Lo sé". Respondió el Teigu, con un tono que sonaba a… ¿Satisfacción?.
Tatsumi exhaló, dejando que el viento fresco de la altura acariciara su rostro. "Así que este era el motivo, ¿Eh?". Dijo finalmente comprendió el porque estaban aquí.
"Sí". Onyx dijo.
El joven sacudió la cabeza con una sonrisa. "Sabes… por un momento pensé que me habías traído aquí porque íbamos a hacer algo más... 'duro'".
Onyx permaneció en silencio por unos segundos antes de responder. "No se equivoca en éso, Portador". Habló mientras se volteaba a ambos lados, para "ver", todo el paisaje entero. "A veces, no siempre las cosas deben tratar todo sobre la paz y tranquilidad, Portador".
Tatsumi alzó una ceja, sorprendido por sus palabras. "¿Eso es lo que crees?".
"No. Es lo que sé". Respondió Onyx con seriedad.
El joven se quedó mirándolo un momento antes de soltar una pequeña risa. "Vaya… ¿Desde cuándo te pusiste tan filosófico?".
Onyx no contestó, pero Tatsumi pudo sentir que, si pudiera sonreír, lo haría.
El viento sopló con más fuerza, moviendo las ropas del joven mientras ambos seguían contemplando el paisaje. Después de un rato, Onyx flotó un poco más alto.
"Bien, Portador. Ahora que hemos disfrutado la vista… hay algo más que debemos hacer.
Tatsumi se volteo para mirarlo. "¿Y que vamos hacer ahora?". Preguntó él.
"Antes que nada. Primero, tenemos que bajar".
El castaño miró hacia el precipicio y luego de vuelta a Onyx. "Dime que no estás pensando lo que creo que estás pensando…".
Onyx respondió con calma. "Créame, será la forma más rápida de bajar".
Tatsumi chasqueó la lengua. "Sí, la más rápida… y la más loca". El opinó.
"También será la más divertida". La Teigu agregó.
El joven abrió la boca para protestar, pero se detuvo. Porque sabía, muy, en el fondo de él, sabía que Onyx tenía razón. Y aunque la idea era una locura… No podía negar que una parte de él realmente quería hacerlo. Con una sonrisa desafiante, tomó a Onyx del mango y se preparó para hacerlo. "Bien, estoy listo".
Pero antes del salto, la prudencia se impuso a la audacia. Tatsumi se acercó al borde del precipicio, la inmensidad del vacío bajo sus pies le helaba la sangre. Seleccionó una piedra, una pequeña muestra de las rocas que lo rodeaban, y la lanzó al borde de la montaña. El eco que regresó, un prolongado y resonante "thud", le ofreció una medida del vacío, una confirmación silenciosa de la distancia que lo separaba del suelo. El sonido, aunque inquietante, le trajo un extraño consuelo. Al menos, ya tenía una idea de la profundidad del abismo.
Retrocedió unos pasos, el viento helado rozándole la cara. Para calmar sus nervios, silbó una melodía familiar, una canción alegre y vivaz que contrastaba con la gravedad de la situación. La música, un bálsamo para su alma, lo ayudó a encontrar la calma necesaria antes del salto. Con cada nota, la tensión se disipaba, dejando espacio a la concentración y a la determinación.
Cuando la última nota de la melodía se desvaneció en el viento nocturno, Tatsumi cerró los ojos y tomó aire profundamente. Sus pulmones se llenaron del fresco aroma de la montaña, del perfume del bosque bajo sus pies y de la esencia pura de la noche.
Y entonces, la decisión estaba tomada. Sin dudarlo, se volteo y comenzó a correr. Inclinándose ligeramente hacia adelante… y se lanzó al vacío. No fue una simple caída. Fue un descenso calculado, una danza entre la gravedad y su propio dominio del aire. El viento silbó a su alrededor, abrazándolo con una fuerza que habría hecho flaquear a cualquiera, pero él no titubeó. Su cuerpo giró en el aire con precisión milimétrica, encadenando volteretas y giros en perfecta armonía, como si su caída fuera parte de una coreografía invisible. Sus reflejos agudizados le permitieron ajustar cada movimiento con exactitud, inclinando su peso, flexionando sus músculos y usando la presión del aire a su favor. No era solo un salto; era una declaración de confianza, de control absoluto sobre su destino.
La luna, testigo silenciosa de su osadía, iluminaba su figura con su resplandor plateado. Desde el suelo, alguien podría haber pensado que Tatsumi estaba volando. Pero el suelo se acercaba rápido. Demasiado rápido. Y fue entonces cuando Onyx brilló.
Una intensa luz emanó de su gema, bañando el cuerpo de Tatsumi en un resplandor etéreo. De inmediato, todo a su alrededor pareció ralentizarse, como si el mismo tiempo hubiera decidido concederle un instante más.
La violenta velocidad de la caída comenzó a disminuir gradualmente. El rugido del viento perdió fuerza. La presión en su pecho se desvaneció. Cuando finalmente estuvo lo suficientemente cerca del suelo, el joven castaño flexionó las piernas y aterrizó con una elegancia que desafiaba lo imposible. Primero los pies, luego una mano tocando la tierra para estabilizarse, en una postura firme y perfecta.
Se quedó así por un segundo, sintiendo la vibración del impacto extenderse por su cuerpo. Después, lentamente, se incorporó.
El brillo de Onyx se disipó, y el silencio de la noche volvió a envolverlo. "¿Cómo se siente, Portador?". Preguntó Onyx con su voz serena, aún flotando a su lado.
Tatsumi dejó escapar una pequeña risa y se pasó una mano por el cabello despeinado por el viento. "Sinceramente…". Dijo, con una sonrisa de pura adrenalina. "Quiero hacerlo otra vez".
Onyx permaneció en silencio por un instante, antes de soltar una suave vibración que, de alguna manera, sonó divertida. "Sabía que diría eso".
Tatsumi se estiró, sintiendo cómo su pulso aún latía con fuerza. Esa caída había sido una locura. Pero sin duda alguna… Había sido la mejor locura de su vida.
El castaño terminó de estirarse y dejó escapar un suspiro, sintiendo cómo la adrenalina del salto todavía vibraba en su cuerpo. Se pasó una mano por la nuca y miró a su alrededor.
"Bueno, dejando eso de lado…". Dijo, observando el paisaje que se extendía ante él. "¿Qué haremos ahora?".
Sus ojos recorrieron el terreno. Un extenso campo verde se desplegaba frente a él, interrumpido por algunos árboles dispersos y arbustos que se mecían suavemente con la brisa nocturna. A unos metros de distancia, un pequeño estanque de agua reflejaba el brillo de la luna, su superficie ondulándose apenas con la brisa. Piedras de distintos tamaños salpicaban el suelo cubierto de hierba, la cual aún estaba húmeda, probablemente por la cercanía del agua.
"Antes de responder a esa pregunta, Portador…". La voz de Onyx resonó en su mente con un tono tranquilo, pero firme. "¿Podría clavarme en el suelo?".
Tatsumi frunció el ceño, arqueando una ceja con incredulidad. "¿Clavarte en el suelo?". Repitió, cruzándose de brazos. "¿Y por qué querrías que haga eso?".
Onyx guardó silencio por un instante antes de responder con una enigmática calma. "Ya lo verá".
Tatsumi soltó un suspiro. No le gustaban esas respuestas tan vagas, pero después de todo el tiempo que había pasado con Onyx, sabía que cuando su Teigu hablaba de esa manera, tenía un propósito claro en mente. Resignado, pero también curioso, desenfundó la espada. "Mejor hago ésto de una vez". Murmuró antes de alzar la hoja con ambas manos y clavarla en la tierra.
Se aseguró de hundirla lo suficiente, hasta que la mitad de la hoja quedó firmemente enterrada en el suelo húmedo. "Listo". Dijo, aún con dudas. "¿Ahora qué sigue?".
El tono de Onyx cambió de inmediato, volviéndose más serio. "Ahora…". Pausó un segundo, como si quisiera aumentar la expectativa. "Es hora de preparar el terreno".
Tatsumi parpadeó, sin entender. "¿Preparar el terreno?". Dijo confundido por escuchar éso.
Pero antes de que pudiera decir algo más, la hoja de Onyx comenzó a brillar. Una luz intensa brotó desde su núcleo y, de repente, el suelo tembló bajo sus pies.
No fue un temblor violento, pero sí lo suficientemente fuerte como para hacer vibrar las piedras cercanas y estremecer los arbustos. Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando, justo delante de él, la tierra comenzó a fracturarse y elevarse.
Enormes columnas de roca emergieron lentamente desde el suelo, rompiendo la superficie con un estruendo sordo. Algunas eran delgadas y puntiagudas, otras gruesas y macizas. Pedazos de hierba y raíces colgaban de ellas, mostrando que habían sido arrancadas de las profundidades de la tierra. Tatsumi observó con asombro cómo diez estructuras de piedra se alzaban ante él, como si fueran los restos de una antigua fortaleza enterrada bajo el suelo. La vibración del temblor disminuyó poco a poco, hasta que finalmente todo quedó en un inquietante silencio.
"Y listo". Anunció Onyx con un tono satisfecho.
Tatsumi seguía sin apartar la mirada de las colosales estructuras frente a él. "¿Pero qué significa todo esto…?". Pensó para sí mismo.
Finalmente, giró la cabeza hacia su Teigu, con el ceño fruncido por la confusión. "Onyx… ¿Por qué hiciste esto?".
Onyx pareció percibir la incertidumbre en su voz y respondió con calma. "Bueno…". Su tono sonaba casi despreocupado, pero había un matiz de seriedad en sus palabras. "Lo hice para que podamos medir nuestra "fuerza"".
Tatsumi ladeó la cabeza, aún más confundido. "¿Medir nuestra fuerza?".
"Exacto". Confirmó Onyx. "Vera, la razón por la que le pedí que vinieramos hasta aquí, no fue solo para admirar el paisaje. Aunque…". El hizo una breve pausa. "Debo admitir que me ha ayudado a calmarme un poco". Susurró en voz baja.
Pero Tatsumi lo escucho y levantó una ceja. "¿Calmarte?".
"No importa, Portador". Onyx dándose cuenta de que el castaño lo escucho, rápidamente ignoró su comentario y continuó. "Como decía… la verdadera razón por la que quería venir aquí era porque necesito probar mis habilidades y poderes".
Tatsumi abrió un poco más los ojos, el empezó a captar la idea ante todo ésto. "¿Quieres decir que…?".
"Sí". Onyx afirmó con firmeza. "Quiero entrenar".
Un breve silencio se instaló entre ambos. Entonces, Tatsumi soltó un resoplido de incredulidad antes de soltar una pequeña risa. "Así que ese era tu plan desde el principio…". Dijo entre risas.
"Correcto".
El castaño observó las imponentes columnas de piedra y dejó escapar un largo suspiro. Ahora ya más relajado, al saber el verdadero motivo por el cual estaban aquí, se empezó a alistarse.
"Bueno…". Dijo, mientras observaba la imponente columna de roca frente a él. "Si vamos a entrenar… más vale hacerlo ahora".
Con un movimiento firme, extrajo a Onyx del suelo, levantándola con ambas manos. La hoja reflejaba la tenue luz de la luna mientras él avanzaba con paso seguro hacia una de las enormes columnas. Se posicionó, adoptando una postura lista para el ataque.
Pero justo cuando estaba a punto de lanzar su primer corte, la voz de Onyx resonó con urgencia en su mente. "¡Espera, Portador!".
Tatsumi se detuvo en seco, su hoja apenas a centímetros de tocar la superficie rocosa. "¿Pasa algo?". Preguntó sorprendido mientras se volteaba a la espada, sin apartar la mirada del filo de está.
"Sí". Onyx hizo una breve pausa, como si estuviera reuniendo sus pensamientos. "Quiero entrenar… pero también quiero hacerlo en una forma diferente".
El castaño arqueó una ceja. "¿Diferente?". Repitió, sin entender del todo.
"Sí, quiero entrenar mientras… me transformo en otra Teigu".
Los ojos de Tatsumi se abrieron con sorpresa. "¿Transformarte?". Su tono reflejaba incredulidad.
Onyx notó su reacción y su voz adquirió un matiz de preocupación. "Portador… ¿Sucede algo?". Preguntó con cautela. "¿Acaso no quiere que me transforme?".
Tatsumi parpadeó y rápidamente sacudió la cabeza. "No, no es eso". Respondió, rascándose la mejilla con cierta incomodidad. "Solo que… no esperaba que quisieras hacerlo. Quiero decir, en tu forma normal ya eres lo suficientemente fuerte como para entrenar".
Onyx guardó silencio por un momento. "Yo también pensé eso". Susurró, como si lo estuviera admitiendo más para sí mismo que para su usuario. "Pero créame… quiero hacer esto". El tono de su voz cambió, cargado de una determinación inquebrantable. "Quiero entrenar, sí… pero también quiero demostrarle lo que realmente puedo hacer". La voz de Onyx, firme y llena de orgullo, resonó en la mente de Tatsumi con una fuerza que lo dejó sin palabras por un instante. "Quiero que vea con sus propios ojos, de lo que soy capaz".
Tatsumi permaneció en silencio, procesando esas palabras. La convicción en la voz de Onyx lo sorprendió… y al mismo tiempo, lo inspiró. Poco a poco, una sonrisa genuina se formó en su rostro. "Lo entiendo, amigo". Alzó la espada frente a él con confianza, como si estuviera presentando a un guerrero antes de la batalla. "Entonces… ¡Hazlo, Onyx!". Exclamó con voz firme y llena de orgullo. "¡Muéstrame tu verdadero poder!".
Onyx sintió la emoción de su portador y respondió con la misma intensidad. "De inmediato, Portador".
De repente, la hoja de la espada comenzó a vibrar. Un destello de energía recorrió su superficie, creciendo en intensidad hasta convertirse en un resplandor cegador. "Prepárese… porque lo que verá a continuación lo dejará sin aliento".
Y con esas palabras, la transformación comenzó.
Una luz intensa envolvió por completo la espada, su brillo reflejándose en los ojos asombrados de Tatsumi.
La espada Onyx comenzó a cambiar. Un resplandor intenso la envolvió, pulsando con energía pura mientras su forma se distorsionaba y alargaba. Tatsumi sintió cómo el peso en sus manos se ajustaba sutilmente, transformándose en algo nuevo, más elegante, más letal.
El brillo creció en intensidad hasta que fue casi cegador, iluminando el área alrededor como si la luz de la luna se concentrara en un solo punto. Y entonces, de repente, la luz se disipó, revelando la nueva forma de la espada.
Tatsumi abrió los ojos con asombro.
Frente a él, descansando en sus manos, estaba una hoja majestuosa. La espada tenía una hoja larga y curvada, similar a un shamshir persa, pero con un resplandor plateado iridiscente que parecía capturar y reflejar la luz de la luna. Su filo era tan preciso que daba la sensación de poder cortar el aire mismo, dividir la misma luz en fragmentos afilados.
El mango estaba hecho de un metal oscuro similar a un oricalco oscuro, adornado con grabados plateados que representaban patrones celestiales, evocando las fases de la luna. Su empuñadura curva estaba diseñada para un agarre flexible y dinámico, perfecta para cortes rápidos y letales. La guarda tenía la forma de una media luna, con puntas finas que parecían extenderse en un ciclo perpetuo de cambio. Y en su centro, incrustada en la empuñadura, brillaba una piedra luminosa, parecida a una perla lunar, irradiando un resplandor etéreo.
Tatsumi observó la nueva espada con fascinación, moviéndola lentamente en el aire, sintiendo el perfecto equilibrio en su estructura.
"Wow…". Susurró, completamente cautivado. "¿Qué espada es esta?"
Onyx respondió con un tono solemne, pero cargado de orgullo. "Portador… esta es, "La Espada de la Luz Lunar: Shamshir"".
Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar el nombre.
"Shamshir…". Repitió, maravillado.
"Esta espada tiene la capacidad de generar cortes aéreos, filamentos de energía afilada capaces de atravesar incluso el acero más resistente con precisión absoluta".
Tatsumi sonrió, girando la espada en su mano con fluidez. "Increíble…".
Pero antes de que pudiera seguir hablando, Onyx agregó algo más, su voz ahora cargada de una emoción distinta, casi ansiosa. "Y hay algo más…"
Tatsumi arqueó una ceja. "¿Algo más?".
"Sí, esta Teigu, se hace más poderosa bajo la luz de la luna llena". Agregó Onyx.
El castaño parpadeó, sorprendido, y levantó la vista hacia el cielo nocturno. Efectivamente, la luna llena brillaba con intensidad, tan grande y hermosa que parecía observarlos desde las alturas. Y entonces, sucedió.
Los rayos lunares tocaron la hoja de Shamshir, y en ese instante, la espada respondió. Un destello plateado recorrió su filo, vibrando con un poder nuevo. Tatsumi lo sintió de inmediato. Un calor distinto se expandió en sus manos, no abrasador, sino cálido, envolvente. La espada estaba absorbiendo la energía de la luna, fortaleciéndose, volviéndose más letal.
"Esto es… increíble". Habló, observando la forma en que la hoja brillaba, como si estuviera viva.
"Lo se…". Dijo Onyx, y en su voz había algo más que emoción. Había euforia en su voz.
"¿También lo sientes?". Preguntó Tatsumi, sin dejar de mirar la espada.
"Sí. Puedo sentir el poder fluyendo a través de mí… el poder de la luna".
"¿Y cómo se siente?". Preguntó él.
"Se siente…". Hubo un leve silencio antes de que Onyx respondiera con firmeza. "Se siente como si pudiera cortar el mismísimo cielo".
Tatsumi sonrió. "Eso es increíble". Pero entonces, su mirada se desvió hacia una de las grandes columnas de roca frente a él. Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo. Sólida, imponente… resistente. Y ahora tenía en sus manos una espada diseñada para cortar a través de lo imposible.
Un pensamiento cruzó su mente. "¿Qué tan fuerte será?".
Onyx percibió sus intenciones y su voz sonó con entusiasmo. "Hágalo, Portador".
Tatsumi lo escucho y no necesitó más. Se colocó en posición de combate, ajustando su agarre en la empuñadura de Shamshir. La brisa nocturna acarició su rostro mientras fijaba su mirada en la columna de piedra. Entonces, con un movimiento fluido, Tatsumi saltó hacia adelante.
En el aire, giró su cuerpo con precisión y desató una ráfaga de cortes con Shamshir. Cada tajo fue acompañado por un destello de luz plateada, y al instante, ondas afiladas de energía fueron lanzadas contra la columna. Las cuchillas de luz impactaron con precisión quirúrgica. Y en cuestión de segundos, la gigantesca formación rocosa se partió.
Tatsumi aterrizó con ligereza sobre el suelo, manteniendo su postura de combate mientras la columna, ahora dividida en múltiples fragmentos, comenzaba a desmoronarse. Las enormes secciones de piedra cayeron una tras otra, golpeando el suelo con un estruendo sordo.
El polvo se elevó en el aire, pero incluso a través de la neblina, la luna llena iluminó la escena… y en el centro de todo, estaba Tatsumi, con Shamshir, en sus manos, brillando con el poder de la noche.
Él observó el resultado de su ataque y exhaló lentamente. "Vaya…. Esto… sí que es un buen corte". Dijo en tono de broma.
Onyx rió suavemente. "Y esto es solo el comienzo. Pruebe con otra columna".
"Claro". Tatsumi giró la vista hacia otra columna cercana, su entusiasmo por probar Shamshir aún vibrante en su interior. Sin perder tiempo, adoptó una postura firme y, con un movimiento ágil, volvió a saltar hacia su nuevo objetivo.
Esta vez, en pleno aire, movió la espada con precisión quirúrgica, trazando dos cortes en rápida sucesión. Al instante, dos ondas afiladas de energía lunar surgieron de la hoja, entrecruzándose en el aire como una X radiante. El impacto fue devastador.
La columna de piedra recibió el ataque y, sin siquiera emitir un crujido previo, estalló en pedazos aún más pequeños que los de su ataque anterior. Fragmentos diminutos de roca se dispersaron en todas direcciones antes de caer al suelo como una lluvia de escombros.
Tatsumi aterrizó con ligereza y contempló su obra con una amplia sonrisa. "Ese ataque fue aún más poderoso que el otro". Dijo, aún sorprendido por la eficiencia del corte.
"Lo vi perfectamente". Respondió Onyx, su voz vibrando con la emoción del momento. "Vamos, escoge otro".
Tatsumi no lo pensó demasiado. Su mirada recorrió el campo de entrenamiento hasta encontrar otra columna, su próximo blanco. Pero esta vez, algo en él cambió. Inspiró profundamente, sus dedos apretaron la empuñadura de Shamshir con más determinación, y su postura se volvió más rígida, más calculada. "De acuerdo, probemos algo diferente". Se dijo para sí mismo.
Con un movimiento explosivo, Tatsumi se impulsó hacia la columna, pero esta vez, en vez de lanzar cortes aéreos normales, comenzó a girar en el aire con una velocidad vertiginosa.
Shamshir respondió al instante.
Las ondas cortantes que generaba no eran solo ataques dispersos, sino un torbellino de filos aéreos que lo rodeaban completamente, una esfera de energía afilada en continuo movimiento. Desde fuera, parecía que Tatsumi se había convertido en una estrella fugaz, girando con la gracia de un cometa, dejando tras de sí un rastro de luz plateada.
El resultado fue inmediato.
La columna recibió los múltiples tajos simultáneamente. No hubo grandes fragmentos cayendo al suelo, ni grietas prolongadas. En su lugar, la estructura simplemente… Desapareció. Los cortes fueron tan rápidos, tan minuciosos, que la piedra se redujo a escombros microscópicos antes siquiera de tocar el suelo. Tatsumi aterrizó con una leve inclinación de rodillas, recuperando el equilibrio tras su ataque. Se quedó observando la polvareda que flotaba en el aire, evidencia del último vestigio de la columna. Parpadeó, sorprendido.
"Vaya… creo que tal vez me pasé". Dijo, más para sí mismo que para su compañero.
"¿Pasarse?". Onyx sonaba divertido. "No lo creo". Pero su tono revelaba algo más que un simple deseo de entrenar. Había emoción, un fervor creciente que casi parecía… euforia. "Vamos, destruye otra". Insistió, su voz vibrando con un entusiasmo casi incontrolable.
Tatsumi estuvo a punto de hacerlo, ya tenía el próximo objetivo en mente. Pero algo dentro de él lo hizo detenerse. Sus ojos recorrieron el campo de entrenamiento. Las otras columnas derrumbadas, las grietas en el suelo, el polvo flotando en el aire... aunque todo esto era parte del entrenamiento, no podía ignorar la sensación de que estaba causando demasiado impacto en aquel lugar tranquilo.
Bajó la espada lentamente. "¿Sabes, Onyx?. Creo que es suficiente por ahora". Dijo el joven.
La respuesta de Onyx ante ése comentario fue inmediata. "¿Qué?. Pero aún hay más por probar. Apenas hemos comenzado". Onyx habló intentando persuadirlo. "Si seguimos, podríamos...".
Pero entonces, el Teigu sintió algo. Percibió los pensamientos de su usuario, su sensación de moderación, su deseo de preservar el entorno en el que estaban. Y al hacerlo, su propia euforia comenzó a disiparse. Por primera vez desde que se transformó en Shamshir, Onyx se calmó.
"...Tiene razón, Portador". Dijo con un tono mucho más sereno. "Ya hemos visto de lo que esta Teigu es capaz".
Tatsumi asintió, satisfecho con la respuesta. "Me alegra escucharlo".
Sin embargo, su curiosidad aún no estaba saciada. Levantó la vista hacia las otras columnas que todavía estaban intactas, y luego volvió la mirada a la espada en sus manos. "Dime Onyx, ¿Hay alguna otra Teigu en la que quieras transformarte?". Preguntó a su Teigu.
Onyx guardó silencio por un momento. A pesar de seguir sintiendo el influjo del poder de la luna llena corriendo por todo su ser, hizo un esfuerzo consciente por no dejar que esa energía nublara su juicio. Reflexionó… y finalmente llegó a una decisión. "De hecho, sí".
La respuesta hizo que Tatsumi sonriera con renovada expectativa. "¿Sí?. ¿Cuál?".
"Pues". El Onyx comenzó a hablar. "Hay una Teigu que… quizás sea la más adecuada para lo que sigue".
El castaño levantó la espada con ambas manos, preparándose para el siguiente espectáculo. "Está bien, entonces muéstramela".
Y con esas palabras, la transformación comenzó nuevamente.
Onyx comenzó a brillar intensamente. La luz envolvió a Shamshir, y su forma comenzó a cambiar, disipando la hoja de la espada en destellos de energía blanca. El resplandor se concentró alrededor de las manos de Tatsumi, moldeándose en algo nuevo, algo completamente diferente.
Cuando la luz se desvaneció, en lugar de la espada, ahora llevaba puestos un par de guantes de combate de cuero negro reforzado. Eran ajustados y funcionales, con detalles de metal dorado en los nudillos y finos grabados en espiral recorriendo su superficie. Lo más llamativo eran las gemas marrones incrustadas en el dorso de cada guante. En su interior, pequeños fragmentos de roca parecían moverse como si estuvieran vivos, girando lentamente, como si albergaran el poder del mismo suelo.
Tatsumi miró con sorpresa sus manos, flexionando los dedos dentro de los guantes. "¿Qué…?". Susurró, sintiendo la firmeza del cuero en su piel. Aunque al principio parecían un poco ajustados, se amoldaron rápidamente a sus manos, como si estuvieran hechos a medida.
Curioso y un poco desconcertado, levantó la vista. "Onyx… ¿Qué son estos guantes?".
"Estos, Portador, son "Las Manos del Titán de Tierra: Colosos"". Anunció Onyx con orgullo. "Es un Teigu capaz de aumentar la fuerza de su usuario hasta el límite que su potencial le permita alcanzar".
Tatsumi arqueó una ceja, cerrando y abriendo las manos mientras observaba el diseño de los guantes. "¿En serio?". Preguntó con escepticismo. "Porque, la verdad… que los tengo puestos, no me siento más fuerte".
"Puede probarlo si quiere". Respondió Onyx con un tono divertido, incitándolo a descubrir el poder de Colosos por sí mismo.
El joven sonrió de lado y chasqueó los nudillos. "Bueno, veamos de qué son capaces estos chicos malos". Dijo en tono de broma, mientras se dirigía a otra de las columnas intactas.
Se detuvo frente a ella y tomó posición, flexionando los brazos y ajustando los pies en el suelo. Inhaló profundamente, fijando la vista en la roca frente a él. Y entonces, golpeó. El impacto que se escuchó, resonó con un sonido seco y contundente.
Tatsumi, sin embargo, no sintió nada diferente. Ni una descarga de poder, ni una sensación abrumadora de fuerza, nada como lo que había experimentado al blandir a Shamshir. Durante un instante, incluso temió haber cometido un error y que el golpe no hubiera sido lo suficientemente fuerte. Pero en ese momento, lo escuchó. Un crujido. Pero no de su mano, sino de la columna. El castaño parpadeó y bajó la vista. Para su sorpresa, su puño había atravesado la roca como si fuera barro. Sus nudillos estaban metidos completamente dentro de la estructura sólida, sin ningún esfuerzo aparente.
"¿Qué…?". Habló, con los ojos muy abiertos.
Pero eso no era todo. La columna entera tembló y comenzó a inclinarse lentamente de un lado a otro, como si hubiera perdido su equilibrio. Tatsumi levantó la mirada justo a tiempo para ver cómo la parte superior se tambaleaba peligrosamente sobre él.
Entonces, el crujido se intensificó. Alrededor de su puño incrustado en la roca, se expandieron múltiples grietas, extendiéndose en todas direcciones como una telaraña. En cuestión de segundos, las grietas envolvieron toda la estructura, debilitándola al punto de colapso.
Tatsumi sintió cómo su estómago se encogía al ver la columna caer directamente sobre él. "¡Maldición!". Exclamó, instintivamente dando un paso atrás, pero antes de que pudiera reaccionar completamente, Onyx intervino.
"¡No se mueva, Portador!. ¡Levante las manos!".
El joven no tuvo tiempo de dudar. Confiando en su Teigu y amigo, alzó ambos brazos justo cuando la enorme columna descendía sobre él. Cerró los ojos con fuerza, preparándose para el impacto… Pero este nunca llegó. En lugar de ser aplastado, sintió un peso inmenso en sus manos, pero no era insoportable. Abrió los ojos con incredulidad y lo que vio lo dejó sin aliento.
Estaba sosteniendo la columna entera sobre su cabeza. "¡No puede ser!". Exclamó, completamente asombrado.
La roca maciza, que debía pesar cientos de kilos, se mantenía en el aire, elevada únicamente por la fuerza de sus brazos. Y lo más impresionante… ni siquiera sentía dificultad al hacerlo.
"¿Ahora lo ve, Portador?". Dijo Onyx, su tono lleno de satisfacción. "Le dije que estos guantes aumentaban la fuerza de su usuario".
Tatsumi permaneció en silencio por un momento, aún procesando lo que acababa de hacer. "Sí… ahora veo tenías razón". Dijo finalmente, con una sonrisa de pura emoción en el rostro.
Observó a su alrededor, buscando un lugar adecuado, y luego, como si estuviera moviendo un simple mueble, bajó la columna con cuidado y la dejó reposar suavemente sobre el suelo.
El joven miró sus manos cubiertas por los guantes negros y dejó escapar una leve risa incrédula. "Así que… incrementan la fuerza, ¿Eh?".
"Sí, aunque el nivel de aumento depende del potencial de quien los use". Explicó Onyx.
Tatsumi asintió, intrigado. Pero entonces, una idea surgió en su mente. Levantó la vista hacia las otras columnas restantes y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.
"Bueno, veamos hasta dónde llega mi "Fuerza Aumentada"". Dijo con entusiasmo.
Se alejó unos pasos de las columnas, adoptando una postura firme. Luego, extendió los brazos a los lados, con las palmas abiertas, como si imitara la forma de una cruz.
Onyx notó su intención. "¿Qué está haciendo, Portador?".
Tatsumi respondió sonriendo. "Algo nuevo".
Y entonces, chocó ambas manos con todas sus fuerzas. Dando un fuerte, pero poderoso aplauso. El sonido del impacto fue ensordecedor, como un trueno cayendo sobre el suelo. La vibración viajó a través del aire en forma de una onda de choque grisácea, expandiéndose a toda velocidad hacia las columnas.
El efecto fue inmediato. Dos de las columnas se agrietaron al instante, resquebrajándose en su base antes de colapsar sobre sí mismas. Las otras dos, incapaces de soportar la fuerza del impacto, fueron lanzadas hacia atrás y cayeron al suelo como árboles talados.
Un fuerte temblor sacudió el suelo cuando las estructuras impactaron contra la tierra. El polvo se elevó en el aire, formando una densa nube alrededor del campo de entrenamiento.
Tatsumi bajó los brazos lentamente y observó la escena con los ojos brillando de asombro.
"Vaya…". Susurró. "Esto es increíble".
"Lo sé". Afirmó Onyx, con un tono de satisfacción absoluta.
El joven observó sus guantes una vez más, una gran sonrisa surgiendo en su rostro. "Creo que estos chicos malos van a ser muy útiles".
Tatsumi fijó su mirada en las dos últimas columnas que quedaban en pie. Su entrenamiento estaba a punto de concluir, apenas destruía las últimas dos columnas. Pero en lugar de preparar sus puños para derribarlas, simplemente caminó con calma hasta ellas. Extendió una mano y apoyó suavemente la palma contra una de las estructuras. No aplicó fuerza ni intentó empujarla, solo la tocó mientras su mirada se iluminaba con una chispa de reflexión.
"Sabes, Onyx, tal vez podríamos hacer algo más antes de terminar con esto". Comentó Tatsumi con tono pensativo.
Onyx, aún en su forma de guantes, pareció desconcertado. "¿A qué te refieres, Portador?". Preguntó con genuina curiosidad.
"Bueno, ya sabes...". Tatsumi se recargó contra la columna, cruzando los brazos. "Quizás podríamos intentar algo diferente, algo que no sea solo golpear y cortar".
"¿Algo diferente?". Repitió Onyx, aún sin entender del todo.
"No lo sé con exactitud". Admitió el joven. "Pero, ¿No te gustaría probar algo que no involucre golpear o romper cosas?". Su voz se tornó razonable, casi persuasiva. "Digo, después de esto, tendremos que volver a la base. Pero antes de irnos, podríamos experimentar un poco más".
Onyx permaneció en silencio por unos instantes. La propuesta de Tatsumi le tomó por sorpresa. Desde que habían llegado a este lugar, su único objetivo había sido canalizar su energía a través del combate. Para el Teigu, este entrenamiento no era solo una demostración de poder, sino una forma de liberar algo mucho más profundo dentro de él.
Desde aquella reunión con Night Raid, cuando Najenda preguntó por su pasado y los mil años en los que había estado ausente, Onyx había sentido una carga pesada en su ser. Pero no era solo el desconcierto de haber desaparecido por tanto tiempo, sino también, el dolor de lo que había visto que pasó en ése tiempo. A través de su onda expansiva, el Teigu fue testigo de la historia que se desplegó en esos mil años. El imperio había cambiado, los horrores que se habían desatado durante su ausencia lo perseguían en cada recuerdo. Y lo peor de todo, lo que le pasó a las personas que estaban ahí en el imperio.
Cada vez que alguien mencionaba el pasado, un torbellino de emociones lo consumía. Miedo, Angustia, Furia, Arrepentimiento… etc. Un cúmulo de sentimientos que lo hacían reaccionar de forma brusca, incluso con Tatsumi. Y lo odiaba. Odiaba perder el control, odiaba no poder bloquear esas emociones por completo. Lo había intentado en los días posteriores cuando vió lo que paso, pero cada vez que lo hacía, se sentía vacío, como una máquina sin voluntad.
Por eso, entrenar ahora mismo con Tatsumi no era solo un ejercicio físico, sino que, era una forma de exorcizar su propia tormenta interna. Cambiar de forma, transformarse en diferentes Teigus, sentir los golpes y movimientos de Tatsumi… todo eso le brindaba un extraño sentimiento de consuelo. Con cada impacto, con cada destrozo, sentía que dejaba salir parte de su carga emocional. Era su manera de gritar sin palabras, de expresar lo que no podía decir. Y aunque Tatsumi no lo supiera realmente, en cada golpe que lanzaba, Onyx también descargaba los suyos en secreto.
Pero ahora, su portador le proponía algo distinto. Algo nuevo. Y eso lo hizo detenerse por un momento.
Si ya había logrado calmar la tormenta en su interior, si ya no sentía aquella presión sofocante en su ser… Entonces, ¿Qué más podría hacer?. La pregunta lo intrigó, y por primera vez en mucho tiempo, una sensación distinta floreció en su interior. Una idea. Una posibilidad que lo hizo sentir algo similar a una sonrisa, aunque, en su forma de guantes, no pudiera expresarlo del todo.
"Portador". La voz de Onyx resonó en la mente de Tatsumi con un tono inusualmente sereno, pero con un matiz de emoción contenida. Parecía como si su Teigu estuviera a punto de hacer algo especial, algo que había estado esperando con ansias. "Creo saber qué podemos hacer ahora".
Tatsumi, que aún descansaba apoyado en la columna, levantó la vista con curiosidad. "¿En serio?. ¿Y qué es lo que tienes en mente?". Preguntó con un brillo expectante en sus ojos.
Pero en lugar de recibir una respuesta inmediata, sintió un cambio. Onyx comenzó a brillar, pero esta vez, la transformación fue diferente. No sintió la luz concentrarse en sus manos, como antes con los guantes. En cambio, el resplandor ascendió, deslizándose por su cuello y envolviendo su espalda. Tatsumi sintió un cosquilleo recorrer su piel mientras el resplandor se expandía y se moldeaba en algo nuevo.
Instintivamente, permaneció quieto. Confiaba en Onyx. Sabía que su Teigu nunca lo pondría en peligro. Nunca lo haría. Poco a poco, el resplandor comenzó a disiparse, revelando su nueva forma.
Era una capa, bastante larga y con una capucha. Pero no una cualquiera, sino una prenda de un blanco puro, con un tono perlado que reflejaba la luz de la luna. Estaba adornada con delicados patrones de plumas plateadas que recorrían los hombros y el borde inferior, dándole una apariencia etérea. En la espalda, justo en la parte superior, una gema azul resplandeciente estaba incrustada en un diseño metálico que evocaba la imagen de unas alas extendidas. La textura de la tela era suave y fluida, pero al mismo tiempo, se sentía increíblemente resistente, como si estuviera reforzada con una fuerza superior a la de cualquier material ordinario.
Tatsumi observó la capa con asombro, palpando el material con sus manos. Se sentía ligera, casi como si no pesara nada.
"Vaya... Esto es nuevo". Su voz reflejaba una mezcla de emoción y desconcierto. No podía evitar sonreír, aunque no tenía idea de qué era capaz de hacer esta nueva forma de Onyx.
"Me preguntó, ¿Qué clase de poder tiene esté...?". Se preguntó para sí mismo.
Pero para buena, o mala suerte del castaño, no tuvo que esperar mucho para descubrirlo.
De repente, sintió una extraña ligereza en su cuerpo. Era como si algo invisible tirara de él suavemente hacia arriba. Al principio, apenas lo notó, pero en cuestión de segundos, sus pies comenzaron a despegarse del suelo.
Su expresión cambió de curiosidad a sorpresa y luego a alarma. "¡Espera... ¿Qué demonios está pasando?!". Exclamó, agitando los brazos en un intento de estabilizarse. Pero no sirvió de nada.
Su cuerpo seguía elevándose, lentamente al principio, pero luego con más rapidez. Miró hacia abajo y sintió un vuelco en el estómago al ver cómo el suelo comenzaba a alejarse de él.
"¡Onyx, espera un segundo!. ¡¿Estoy volando?!". Le pregunto el jóven preocupado a su Teigu, pero no respondió.
La capa ondeaba tras él, respondiendo a las corrientes de aire como si fuera parte de su propio ser. La gema azul centelleaba con intensidad, indicando que el poder de la Teigu estaba en plena activación.
Tatsumi giró sobre sí mismo en el aire, intentando comprender cómo detenerse o al menos controlar la altura. Pero no tenía la menor idea de cómo hacerlo.
"¡Onyx!. ¡Dime que hay una forma de controlar esto antes de que termine flotando hasta la luna!". Dijo el joven sin saber realmente si podía terminar ahí, pero debido al miedo que estaba teniendo, no le permitía pensar con claridad.
Y en ése momento, la risa del Teigu resonó en su mente, divertida por la reacción de su portador. "Tranquilo, Portador. Es solo la activación inicial. Relájese y concéntrese en su cuerpo. Y la capa responde a sus instintos".
"¿A mis instintos?. ¡¿Eso qué se supone que signifique?!". Tatsumi gritó agitando los brazos con más fuerza, pero solo logró girar sin control.
La brisa nocturna lo empujó suavemente, elevándolo hasta sobrepasar la altura de la columna que tenía a su lado. Ver el suelo tan lejos le provocó un escalofrío. Su instinto de supervivencia se activó de golpe.
Si seguía ascendiendo sin control y de repente dejaba de volar, la caída sería fatal.
El pánico lo hizo reaccionar de inmediato. En un intento desesperado, se lanzó hacia la columna con brazos y piernas extendidos. De manera cómica pero efectiva, logró sujetarse del borde con ambas manos, luego afianzó los pies y, con un respiro entrecortado, se quedó allí, aferrado como si su vida dependiera de ello. Tatsumi al ya sujetarse de la columna, trató de ver en como parar ésto. Cerró los ojos y se concentró, luego de unos segundos, por fin, la capa dejará de levitar.
Cuando el castaño sintió que la capa, ya no lo estaba haciéndolo volar, soltó una risa nerviosa. "Bueno... eso estuvo cerca".
"Creó que exageró un poco". Respondió Onyx con un tono divertido.
Tatsumi soltó un resoplido y sacudió la cabeza, aún procesando lo que acababa de suceder. Se puso de pie sobre la columna, la brisa nocturna jugando con la capa que ahora vestía, haciéndola ondear con ligereza. Miró hacia el horizonte iluminado por la luna y sonrió con una mezcla de incredulidad y emoción.
"Así que… puedo volar, ¿Eh?". Dijo en voz alta, intentando sonar optimista, aunque en el fondo aún estaba asimilando la idea.
Onyx guardó silencio por un momento antes de responder con un tono sereno pero cargado de significado. "Sí, Portador. Esta es la Teigu, Michael: Manto Angelical Celestial. Una Teigu diseñada para otorgar a su usuario la habilidad de surcar los cielos. Su poder permite volar a grandes velocidades o levitar por largos períodos. Sus movimientos son ágiles y precisos, permitiéndole maniobras aéreas rápidas y evasivas".
Tatsumi cruzó los brazos y habló algo molestó. "Bueno, eso hubiera sido útil saberlo, antes de que casi flotara hasta perderme en el cielo".
Onyx dejó escapar un sonido que parecía una risa ligera. "Lo lamento, Portador. Pero pensé que aprender por experiencia es la mejor manera de comprender un poder".
El castaño soltó un suspiro y luego miró la capa con renovado interés. "Está bien… ¿Y cómo la uso?". Dijo moviendo la capa un poco. "Porque, sinceramente, no tengo ni idea de cómo logré siquiera flotar".
"Es más sencillo de lo que cree". Explicó Onyx con calma. "No es cuestión de fuerza o resistencia, sino de voluntad. La capa responde a sus pensamientos y emociones. Para controlarla, debe visualizar el viento… sentirlo como si fuera parte de usted".
Tatsumi inclinó la cabeza, procesando las palabras de su Teigu. "¿El viento, eh...?. Bueno, no perdemos nada con intentarlo".
Adoptando una postura recta, respiró hondo y cerró los ojos. Bloqueó cualquier distracción, cualquier pensamiento innecesario. Su mente quedó en blanco, dejando solo una única imagen. El viento.
Al principio, no sintió nada, pero entonces... algo cambió.
Un leve cosquilleo recorrió su cuerpo, como una caricia invisible deslizándose sobre su piel. Y antes de que pudiera siquiera dudar, sintió cómo sus pies comenzaban a despegarse del suelo nuevamente. Pero esta vez, no había pánico. No había confusión ni miedo.
Sino… Naturalidad... y Control.
Abrió los ojos y vio el mundo desde arriba, flotando con total control. Sonrió. "Funciona". Dijo en voz baja con una emoción contenida.
Onyx, desde su interior, percibió el progreso de su portador y sintió orgullo. Tatsumi había comprendido rápidamente la esencia de su nuevo poder. "Ahora, Portador, para descender… haga lo contrario".
"¿Lo contrario?". Tatsumi arqueó una ceja.
"Así es. Si el viento lo sostiene, debe pensar en algo que lo mantenga firme en el suelo. Piense en la tierra, en la solidez de una montaña. Dirija su voluntad hacia la gravedad, y su cuerpo y el Teigu responderán".
Tatsumi asintió y cambió su enfoque mental. En su mente, la imagen del viento fue reemplazada por la del suelo firme bajo sus pies. Y, tal como dijo Onyx, comenzó a descender lentamente hasta que sus botas tocaron nuevamente la piedra de la columna.
Miró hacia abajo, observando la capa blanca ondear suavemente alrededor de su cuerpo. Un sentimiento de euforia lo invadió, y no pudo evitar sonreír con auténtica alegría.
"Esto es increíble". Admitió, riendo ligeramente.
Onyx compartió su entusiasmo y habló nuevamente. "Portador, ¿Qué le parece si ponemos a prueba su velocidad?".
Tatsumi parpadeó. La idea lo tomó por sorpresa. No estaba seguro de si debía hacerlo… pero algo en su interior, una chispa de emoción, le decía que valía la pena intentarlo.
Se quedó en silencio por un momento, evaluando sus opciones. Luego, tras un respiro profundo, tomó una decisión.
"Está bien, Onyx. Hagámoslo".
Dentro de la gema, Onyx pareció vibrar de emoción.
Tatsumi se agachó levemente, flexionando las piernas como un felino antes de saltar. Cerró los ojos por un instante, y en su mente, una pregunta emergió. "Si algo sale mal… me ayudarás, ¿Verdad?". Preguntó con un tono que mezclaba broma y seriedad.
Onyx respondió con confianza. "Siempre, Portador. Pero créame, esto va a ser muy divertido".
Tatsumi sonrió. "Eso espero, amigo". Y entonces, saltó.
El instante en que sus pies dejaron la superficie, la capa reaccionó. En un destello de luz, un impulso de energía lo envolvió, disparándolo hacia el cielo como una flecha lanzada por un dios. El viento rugió a su alrededor, la presión de la velocidad haciéndole entrecerrar los ojos. Pero no había miedo. Solo pura adrenalina. La columna sobre la que había estado parado tembló por el impacto del despegue, pequeñas grietas formándose en su superficie. Pero Tatsumi ya no estaba allí para verlo.
Ahora estaba volando. De verdad, estaba volando. No flotando, ni cayendo… sino Volando. Volando... y avanzando... con velocidad y libertad.
El bosque debajo de él se convirtió en un mar de sombras verdes, los ríos serpenteando como cintas de plata reflejando la luna. Las hojas de los árboles temblaban con su paso, los animales nocturnos se ocultaban ante la repentina ráfaga de viento que lo acompañaba.
La emoción en el pecho del castaño creció hasta desbordarse, y antes de darse cuenta, soltó un grito. "¡¡WOOOOOHOOOOO!!"
Su risa resonó en la noche, mezclándose con el silbido del viento.
No tenía miedo. No tenía dudas.
Por primera vez, en mucho tiempo… se sentía completamente libre. Al igual, lo sentía el mismo Onyx. El también sintió lo mismo que su Usuario. Y para el Teigu, esta era la mejor manera de expresar y sentir, lo que sentía ahora mismo.
La luna en el cielo oscuro comenzaba a moverse de lado, marcando el paso del tiempo. Horas habían transcurrido, horas en las que Tatsumi y Onyx surcaron los cielos, explorando la inmensidad del bosque con una libertad que nunca antes habían sentido. Tatsumi, con cada ráfaga de viento que rozaba su rostro, comprendió lo que significaba estar en las nubes. Y fue una sensación nueva, casi indescriptible... y le encantó. Pero no era el único.
Onyx, quien ya había sentido ésto antes, ahora había experimentado algo aún más valioso. Una nueva sensación que pudo compartir con su portador. Para el Teigu, este vuelo no era solo un ejercicio de habilidad o una simple travesía nocturna, sino una expresión del vínculo que estaba formando con Tatsumi. Un lazo tan fuerte y resistente como la tela y el metal del que estaba hecho. En ese momento, ambos sabían que esta noche quedaría grabada en su memoria como una de las mejores experiencias de sus vidas. No había arrepentimiento, solo una profunda satisfacción.
Después de un largo vuelo, decidieron hacer una pausa. Encontraron una montaña imponente, su cima salpicada de rocas y tierra, y aterrizaron suavemente en ella. Desde allí, el mundo se extendía ante ellos en toda su magnificencia. El bosque parecía un océano de sombras verdes, las montañas lejanas se alzaban como gigantes dormidos, y el cielo nocturno, salpicado de estrellas, les ofrecía un espectáculo celestial.
Tatsumi respiró hondo y dejó que sus ojos esmeralda recorrieran el paisaje. "Esta vista es maravillosa, ¿No crees, amigo?". Preguntó con una sonrisa.
Onyx respondió con voz serena. "Sí, Portador. Es... relajante. Aquí, todo se siente en paz".
El castaño asintió, disfrutando del momento de tranquilidad antes de volver a hablar. "Sabes, cuando me pediste que viniera hasta aquí en medio de la noche, pensé que no sería una buena idea".
"¿En serio?". Preguntó Onyx, con un matiz de curiosidad en su tono.
Tatsumi rió levemente y asintió. "Sí, pero después de todo esto, creo que me apresuré a sacar conclusiones." Levantó la vista al cielo, observando la luna llena y las estrellas titilantes. "Esta noche, he experimentado el poder de otras Teigus, pero ahora... después de lo que hicimos. El volar contigo, el sentir el viento y la velocidad, en cada uno de nuestros cuerpos... Dioses, no sé cómo describirlo. Pero puedo decir con certeza, que este ha sido sin duda, uno de los momentos más increíbles que he vivido. Y eso... me hace increíblemente feliz".
Con un gesto casi instintivo, Tatsumi llevó una mano a la capa que lo envolvía, sintiendo su suavidad y la calidez que transmitía. "Gracias, amigo, por haberme pedido hacer esto".
Onyx no respondió de inmediato. En su forma de capa, se movió sutilmente, rodeando con delicadeza a su portador, en un abrazo tangible y protector. Tatsumi lo sintió y sonrió, correspondiendo el gesto con gratitud. Siempre habían compartido un vínculo, pero esta vez, se sintió más real que nunca.
"De nada, Portador". Respondió Onyx, su voz reflejando una emoción sincera.
Permanecieron en silencio por un momento, simplemente disfrutando de la calma de la noche. Y fue Onyx quien rompió la quietud primero hablando. "Portador..."
"¿Dime, Onyx?". Tatsumi bajó ligeramente el rostro, captando el tono serio en la voz de su compañero.
"Quisiera hacerte otra petición. Si usted esta deacuerdo, ¿Por supuesto?".
Tatsumi parpadeó, sorprendido. "Claro, amigo. Dime, ¿qué es?"
Onyx tardó unos segundos antes de responder. "Quisiera tener otra reunión."
El joven frunció el ceño con confusión. "¿Otra reunión?. ¿Con quién?".
"Con Night Raid". Onyx finalmente le dijo. "Quiero hablar con ellos otra vez".
Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda. "¿Estás seguro?". Su mente viajó de inmediato a la última reunión que tuvieron con el grupo y como terminó. No fue precisamente fácil, ni buena el resultado que tuvieron. "¿De verdad quieres hacer eso?".
"Sí". La voz del Teigu sonó firme. "Quiero responder algunas de sus preguntas. Siento que les debo algunas respuestas... Debo ser honesto con ellos. Debo ser honesto...". Ésa última palabra lo dijo en un susurró.
El joven permaneció en silencio, procesando las palabras de su compañero. Algo en su tono le pareció diferente, como si estuviera buscando probar algo más allá de lo evidente. Pero, por más que lo pensó, no pudo descifrar exactamente qué era. Aun así, después de un momento de reflexión, asintió.
"Está bien, amigo. Lo haré."
Onyx sonrió internamente. "Gracias, Portador".
"De nada". Tatsumi dejó escapar un suspiro y volvió a fijar la vista en el paisaje. "Bueno, creo que ya es hora de volver".
"Sí, yo también creo que es momento de regresar". El Teigu agregó.
El joven se preparó para despegar cuando, de repente, Onyx habló de nuevo. "Portador".
Tatsumi se detuvo y miró hacia la capa. "¿Pasa algo, Onyx?".
El Teigu pareció dudar por un instante antes de responder. "¿Podría... permitirme hacer esto?".
El castaño se sorprendió por la petición, pero sonrió con confianza. "Por supuesto, amigo".
Al recibir la confirmación de su portador, Onyx vibró con emoción y tomó el control. La capa se ajustó alrededor de Tatsumi y, con un fuerte impulso, ambos salieron disparados hacia el cielo. Tatsumi dejó que su compañero lo guiara, su confianza en él era inquebrantable. No solo porque Onyx era su Teigu, sino porque lo consideraba su compañero, su amigo... su igual.
Mientras ascendían al cielo y salía disparados hacia su objetivo, pasaron por el mismo lugar donde habían entrenado horas antes. Sin embargo, en la emoción del vuelo, la conversación, y el deseo de regresar. Los dos olvidaron un detalle muy... crucial.
Entre las sombras del bosque, una figura se mantenía oculta entre los árboles. Sus ojos observaban las ruinas de su entrenamiento. Dos enormes columnas de piedra aún en pie, evidencia innegable de que alguien con un poder extraordinario había estado allí.
La persona entre los árboles sonrió levemente, con un brillo peligroso en la mirada.
"Interesante...". Murmuró.
Y entonces, desapareció entre la oscuridad del bosque.
Tatsumi y Onyx, ajenos a esta presencia, continuaron su regreso a la base de Night Raid, sin saber que su pequeña omisión podría traer consecuencias inesperadas... en futuro próximo.
El regreso a la base de Night Raid fue sorprendentemente rápido y emocionante. Tatsumi y Onyx llegaron en cuestión de segundos, sin necesidad de caminar o correr, gracias a la increíble velocidad de vuelo que la Teigu Michael les proporcionaba. Sin embargo, al acercarse a la base, Onyx decidió regresar a su forma de espada. Era una medida de precaución. Aún no era momento de revelar su habilidad para transformarse en otras Teigus, y si algún miembro de Night Raid los veía llegar volando, las preguntas no tardarían en surgir. Tatsumi comprendió la razón detrás de esta decisión y la aceptó sin objeción. Pero pronto, todos lo sabrían, y Onyx estaba seguro de ello.
¡Hola a todos!. Aquí les traigo otro capítulo emocionante de esta historia. Como les prometí, en este capítulo se revelan algunas de las transformaciones de Onyx. Quizá algunos de ustedes esperaban ver más habilidades en acción, pero les aseguro que cada transformación mostrada aquí tiene un profundo significado, tanto físico como psicológico, emocional y hasta sentimental, tanto para Onyx como para Tatsumi.
Pero esto es solo el comienzo. Habrán más transformaciones y cada una tendrá un impacto crucial en las batallas que se avecinan. No solo serán habilidades impresionantes, sino que representarán partes de la esencia de Onyx, revelando su pasado y su forma de percibir el mundo.
Hablando de su pasado, en este capítulo también se ha mostrado un atisbo del trauma que Onyx parece tener con respecto al Imperio. Es evidente que ha sido testigo de la guerra, de la brutalidad y de las incontables muertes causadas por la lucha de poder. Y eso nos hace preguntarnos. ¿Ese miedo y dolor volverán a manifestarse en el futuro?. ¿O será que este capítulo marca el inicio de su sanación?.
Esas preguntas las dejo para que ustedes las respondan en los comentarios. Me encantaría conocer sus opiniones y teorías al respecto.
Por otro lado, quiero hablarles de un punto muy interesante. La persona misteriosa que estuvo observando a Tatsumi y Onyx entrenar en el bosque. Este personaje jugará un papel muy importante en los próximos capítulos. ¿Quién es?. ¿Es un aliado o un enemigo?. Y lo más intrigante de todo. ¿Conocé la verdadera naturaleza y existencia de Onyx?.
Hay muchas preguntas en el aire, y les aseguro que todas tendrán su respuesta en el momento adecuado.
Por último, quiero adelantarles un poco sobre el próximo capítulo. En él, Onyx revelará sus habilidades y poderes a los miembros de Night Raid. Y si hasta ahora quedaron sorprendidos por el hecho de que un Teigu pueda hablar y flotar a voluntad, lo que están por descubrir los dejará aún más asombrados... y, en algunos casos, incluso con un poco de miedo. Especialmente, Mine.
Antes de despedirme, quiero agradecerles por su apoyo constante. Si les ha gustado este capítulo, no olviden dejar su favorito, comentar qué les pareció y compartirlo con sus amigos. Sus comentarios y opiniones son una fuente inagotable de inspiración para seguir mejorando y brindándoles una historia cada vez más emocionante.
Si aún no siguen esta historia, los invito a hacerlo para que no se pierdan nada de lo que viene. Hay muchas sorpresas en camino, así que prepárense.
Sin más por ahora, me despido. Cuídense mucho y recuerden: sus opiniones son el motor que impulsa esta historia.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
