Prólogo – Cartas en la Oscuridad

1 de agosto de 1995

Querido Harry,

No sé si quieres recibir cartas ahora mismo, pero pensé que te gustaría saber que hay una familia de Nargles anidando en mi ventana. No los he visto, claro, pero las hadas del jardín parecen inquietas, lo que suele ser una señal.

Supongo que Hogwarts se siente lejano ahora. Para mí también lo está. Mi padre y yo hemos estado viajando por el país, buscando rastros del Snorkack de cuernos arrugados. No hemos encontrado ninguno aún, pero eso no significa que no estén ahí.

A veces, la verdad se esconde justo fuera de nuestra vista.

Espero que estés bien.

Luna.


Harry leyó la carta tres veces antes de doblarla con cuidado.

No mencionaba a Voldemort. No mencionaba el Ministerio, la Orden del Fénix o el hecho de que el mundo mágico entero lo consideraba un lunático.

Era la única carta que no intentaba decirle cómo sentirse.

Se pasó una mano por el cabello y suspiró.

Dudó antes de tomar un trozo de pergamino y una pluma.


3 de agosto de 1995

Luna,

Gracias por escribirme. La verdad, no me esperaba recibir una carta tuya, pero me alegra.

No sé qué decir sobre los Nargles. Supongo que no hay forma de saber si realmente están ahí, pero eso no significa que no lo estén, ¿verdad?

Hogwarts se siente lejano, sí. No sé cómo será volver. No sé si quiero volver.

Supongo que espero que el tiempo pase rápido.

Harry.


Las cartas continuaron. No con frecuencia, ni con palabras demasiado profundas. Pero Luna seguía escribiendo.

Y Harry seguía respondiendo.


20 de agosto de 1995

Querido Harry,

Hoy vi la luna reflejada en el agua y pensé en ti.

Luna.


21 de agosto de 1995

Luna,

Gracias.

Harry.


La última carta quedó sobre su mesa, junto con las demás.

Eran solo palabras. Solo tinta sobre pergamino.

Pero cada una de ellas lo había hecho sentir menos solo.

Y por primera vez en mucho tiempo, eso significaba algo.