Capítulo 7: el Hombre hecho a sí mismo

UNA SEMANA ATRÁS

Va en coche, viste traje y corbata como para acudir a una boda y tras él, por la ventanilla, desfilan hasta desaparecer los rascacielos de Australia.

—"Te lo digo, es una compulsión", admite en un cálido día de diciembre. "Tendré que hablar personalmente con él", agregó.

Aquel chow-chow macho hablaba a través del mano libres de su coche, mientras conducía por una carretera vacía.

—"Debería viajar a Aruba", informa.

—"¿Trabajo o placer?", pregunta la voz de la llamada.

—"Los dos, ¿Por qué no mezclarlos?", se ríe "Tengo la suerte de disfrutar mucho de mi trabajo, así que puedo llamarlo placer".

Tras varios kilómetros, doblando la última esquina, aquel macho decide despedirse justo cuando llegaba a la entrada de una residencia.

Esto sería algo completamente común y corriente en la vida de cualquier persona, excepto por algunas cosas. Uno, se trataba de Richard, un exitoso hombre de negocios cuya vida era la que muchos anhelaban. En segundo lugar, su auto, un firebird-trans-am modificado, era la envidia que despertaba todo a su paso y el capricho que a muchos les gustaría darse. En tercer lugar, estaba en uno de los mejores barrios de Perth, rodeado de océanos y estrellas. Había una ruta panorámica que pasaba por la playa y que le brindaba una excelente vista del agua y las olas, o un desvío a una calle del mercado del centro. Ocasionalmente los conductores lo utilizaban como atajos cuando el tráfico era denso, dándoles la oportunidad de ver una variedad de tiendas, con diseños indistinguibles y sencillos.

El viento silbaba suavemente en la cálida tarde mientras los residentes se ocupaban de sus asuntos diarios. Algunos de ellos levantaron la vista de su trabajo para saludar con la mano cuando vieron a aquel hombre exitoso de negocios bajándose del auto y avanzando por el camino, con el cabello rebotando mientras caminaba.

Más parloteo que salió de la boca de los vecinos acompañó a Richard hasta el último tramo de su caminata hacia su casa. Él hizo lo mejor que pudo para devolver los saludos al pasar, aunque su mente estaba en otra parte. Tenía asuntos serios que discutir y que debía intervenir inmediatamente.

La casa de Richard resaltaba por el uso de un rústico tabique rojo, colocado en las orgánicas escalinatas de acceso y el basamento del primer nivel; además era la única del vecindario que se diferencia del resto de las hileras de casas alineadas muy cerca una de la otra, apenas conteniendo suficiente espacio para respirar donde terminaba una y otra comenzaba, y cuyo diseño de exterior estaba bastante alejado de lo común.

Su casa era sin duda un palacio modernista, comparado con el resto del vecindario. Tenía 4.000 pies cuadrados y cinco habitaciones, tres baños, una cancha de tenis y una piscina. A pocos pasos se encuentra la cancha de pickleball que construyó recientemente en la propiedad para su nuevo pasatiempo. Un par de ventanales de piso a techo permiten intuir un interior a doble altura, garantizando espacios iluminados y hermosas vistas de un jardín lleno de vegetación, perfectas para una tarde de lectura.

La entrada dejaba un gran espacio para el camino de acceso a la puerta principal. Un par de puertas de madera intrincadamente talladas y pulidas hasta brillar lo reciben. Sobre la entrada, una gran ventana en forma de arco adornada con vidrieras representaba escenas de esperanza. La luz del sol fluía a través de los colores vibrantes, proyectando un caleidoscopio de tonos sobre el piso de mármol pulido debajo. Tiene una sensación hogareña.

Más allá de la entrada hay dos estatuas de piedra, meticulosamente elaboradas y colocadas como si fueran guardianes del hogar. Una estatua es la de una figura materna, con los brazos extendidos en un abrazo. El otro representaba a un niño pequeño con ojos llenos de asombro y una mano extendida hacia el cielo.

Por dentro los colores son gris acero y azul pálido, con blanco para acentuar y, muy ocasionalmente, negro para contrastar. Los cuadros que hay por todas las paredes son piezas minimalistas y modernas, ya sean paisajes o abstractos. El resto de la casa mantiene acabados de madera cálida y clara, con la intención de conservar un diálogo tonal entre los materiales al natural. La paleta de colores es complementada con la cubierta de tejas grisáceas, aportando el toque de contraste necesario para una fachada supuestamente en armonía.

Tiene una sala de estar que parece como si hubiera hecho muy poco de estar, un comedor que parece como si hubiera hecho muy poco de comedor y un baño de visitas que está perfectamente esterilizado.

La cocina es un poco más personalizada, aunque sólo sea porque se le da algún uso. Richard no se siente como el cocinero más hábil, pero puede seguir instrucciones y, aunque a veces opta por pedir a domicilio, prefiere la comida fresca. Él prepara algo de té y se dirige al lugar más importante.

Richard está parado en medio de su oficina, sintiéndose abarrotado, desgastado y cansado por las batallas que tuvo que lidiar en su trabajo. Éste es un lamentable intento de reorganización, si es que alguna vez hubo uno. Cada objeto personal le recuerda lo que podría haber sido pero que simplemente no es. Sobre su escritorio hay una pequeña caja de madera en la que una placa de latón grabada con su nombre descansa sobre un sofá de terciopelo negro. Richard la puso allí hace más de un día y aún no la ha cerrado.

Él mira su propia silla. Sus búhos tallados lo miran con reproche. Mellizos. El retrato de unos parientes está apoyado contra la pared. Ni siquiera es tan antiguo. Richard aún no ha decidido si eliminarlo por completo de la exhibición. Se suponía que esta era su oficina, su espacio donde podía pensar a gusto, pero salió terriblemente mal. Se han necesitado semanas de lucha y cambios para que su lugar de trabajo recupere una sensación de equilibrio. Sacar las cosas de su exesposa de la oficina es uno de los últimos trabajos que quedan. Debería ser fácil. Es curioso cómo después de manejarse bastante bien con las complejidades de las consecuencias de sus decisiones, esta es la tarea que le hace dudar.

Alguien llama a la puerta y Richard se sobresalta. "Adelante", avisa, ajustándose la corbata, y entra rígidamente una hembra, mezcla de Shih Tzu y caniche, de traje azul oscuro con falda y unos ojos color avellana brillantes que eran opacados por sus grandes gafas.

La perra hace una pausa unos pasos más adelante, reprimiendo una risita nerviosa. "Buen día, señor".

—"Buenos días, Samantha", responde, con el ceño fruncido.

Samantha lo pilló en un momento extraño y el tumulto la marea un poco.

—"Me doy cuenta de que tu oficina está un poco desordenada".

Eso es quedarse corto, como afirman los ojos errantes de Samantha. La oficina parece un auténtico caos. Periódicos a medio leer tirados por el suelo. Libros se tambalean en las estanterías. El vidrio de las figurillas que Richard accidentalmente destrozó se mezclan con plantas y otros objetos sospechosos, además de una acumulación de objetos desaparecidos apresuradamente ahora expuestos.

—"Pensé en hacer una limpieza de verano, ahora que se supone que empiezan las vacaciones", dice Richard, tratando de animarse.

Samantha asiente, todavía gravemente como una estatua.

Aunque Richard tenía empleada doméstica, su oficina era el único lugar de la casa que no se le tenía permitido tocar. De hecho, Richard había pensado pasar una o dos horas limpiándola, pero no ha logrado hacer mucho más que recordar el pasado y preocuparse. Probablemente no sea la actuación más impresionante para su meticuloso adjunto.

—"Siéntate", dice, apartando los papeles para darle a Samantha un camino hacia los sillones.

Con un gesto diminuto, Samantha se acomoda en el sofá, mientras que Richard se sienta en el borde de su silla sólo después de que ella se sienta. Confía en ella para mantener la calma después de todo lo que ha pasado.

—"Espero que esté todo bien. ¿Ningún desastre?", pregunta Samantha, sabiendo que habrá al menos uno.

Richard guarda silencio. "Pequeños desastres" Ninguna respuesta luego. Richard le sirve un té. A medida que el silencio se prolonga.

—"¿Alguna llamada?", pregunta después de un rato.

Samantha revisa su portapapeles. "El secretario del juez Rolling necesita tus datos".

—"Dile que están en el correo".

—"Bien…", saca su bolígrafo y lo anota, "Lo harás la próxima semana". Lee lo siguiente, "El señor Mckiney habló para confirmar la junta del lunes".

Richard se pone de pie mientras piensa. "Ah... garganta irritada. ¡No! Espera… Algún tipo de virus. ¿Qué está de moda?"

—"Coronavirus".

—"Perfecto".

Samantha anota mientras lee lo siguiente. "Y llamó tu mamá".

—"Estoy de vacaciones", dice secamente.

—"Ya es la quinta semana", le cuestiona.

—"No hay teléfono", vuelve a responder secamente.

—"Bien…", lo anota, "Entonces es todo".

—"¿Recordaste llevar mis camisas a la tintorería?"

Samantha asiente. "Por supuesto".

—"¿Recordaste enviar el manuscrito que te encargué?"

Samantha vuelve a asentir. "Por supuesto".

—"Y… supongo que también recordaste hablar con los japoneses para convencerlos de que se reúnan con nosotros a pesar de su poca convicción, ¿Verdad?"

Samantha asiente nuevamente. "Por supuesto"

—"¡Estupendo!", la felicitó, "¿Qué haría yo sin ti?"

Samantha se sonrojó un poco. "Solo hago mi trabajo".

—"¿Sabes qué? Creo que te mereces una recompensa"

—"¿En serio?", una sonrisa comenzó a formarse en su rostro mientras se ponía de pie.

—"Así es. Espera…", caminó hasta su escritorio y revisó varios cajones. "¡Aquí está!", regresó con un pequeño papel. "Creo que esto te gustará".

Samantha recibió el papel que su jefe le entregó y puso una cara de confusión. Resultaba ser un descuento para un spa.

—"Me llegó entre las facturas del correo", explicó. "Yo iría, pero honestamente no me agrada para nada ese lugar. Prefiero uno de más categoría, y sobre todo que tengan más variedad para satisfacción"

—"Entiendo…", dijo con un tono algo apagado.

—"¿Qué pasa? ¿No te gusta?", preguntó al notar el tono en su voz.

—"¡Sí! ¡Sí me gusta!", respondió con una sonrisa algo forzada mientras se guardaba el papel inmediatamente.

—"Puedes aprovecharlo, expirará en unos meses".

—"Entiendo…".

—"Bien…", se gira y comienza a caminar, "Eso es todo por hoy", se detiene en su ventana. "Puedes retirarte".

Samantha suspiró y se dirigió a la puerta, pero su jefe le detuvo en la entrada.

—"Ah, Samantha…"

—"¿Sí?", se giró inmediatamente, con una sonrisa.

—"Hazme un último favor. Llama al restaurante de 'La Langosta Púrpura' y pídeles lo que siempre encargo. Y por favor que no se olviden de la ensalada de espárragos", pidió, sin despegar la vista de su ventana.

—"Entendido…"

Samantha se disponía a marcharse, pero se detuvo y tomó aire antes de hablar.

—"Ah… ¿Richard?"

—"¿Sí?"

—"¿Tienes planes para esta noche?"

Richard volteó. "¿Por qué la pregunta?"

—"Bueno…", se puso algo nerviosa, "Nunca me habías enviado a casa tan temprano y… creo que por la orden del restaurante… pues… me da la sensación de que… tienes pensado invitar a alguien"

El chow-chow de traje no respondió. Caminó cautelosamente hasta su secretaria, a quien le dedicó una mirada neutral. La mantuvo todo el tiempo. Samantha sintió algo de miedo por su reacción y posible respuesta. La tensión era ciertamente inquietante. Cuando se detuvo frente a ella, Richard se rió entre dientes, lo cual la hizo calmar un poco.

—"Brillante observación…", siguió caminando cautelosamente, esta vez alrededor de ella. "Me gusta que seas curiosa. Eso es bueno. Siempre es bueno cuestionarse todo para hallar todo tipo de respuestas".

—"Bueno… lo aprendí del mejor", sonrió.

—"Gracias…", se detuvo para ajustarse la corbata. "Para responder a tu pregunta: sí, esta noche voy a cenar con una personita muy especial para mí"

—"¿Especial?", preguntó en voz baja.

—"Así es…", se acercó a ella. "Mi hija"

Samantha frunció el ceño. "¿Qué no te tocaba verla en unos días?"

—"Sí, pero quería verla antes, así que contacté con su madre y acordamos en que me la traiga en unas horas".

—"¿Ella estuvo de acuerdo?", preguntó extrañada.

—"Lo estuvo", asintió. "Bueno… No al principio, pero la convencí".

—"No… la amenazaste… ¿O sí?", sondeó.

Richard no respondió, le volvió a dedicar una mirada neutral y nuevamente caminó cautelosamente hasta su ventana.

—"Samantha…", comenzó, "Aprovecha que estoy siendo demasiado generoso contigo", dijo en tono frío. "Y, por cierto, no es necesario que vengas mañana aquí. Puedes tomarte el día libre si quieres, siempre y cuando me traigas los documentos que necesito para el lunes".

—"Entiendo…", suspira.

Samantha se despidió de su jefe y abandonó la casa. Richard siguió contemplando la vista en su ventana. Se rió para sí mismo mientras recordaba algún evento que involucraba a su expareja. Abrió su escritorio y sacó un habano. Lo olfateó un buen rato antes de desistirse a consumirlo.

MAS TARDE

Un coche azul con una placa de matrícula personalizada que dice "W3ND73" se detiene en la entrada de la casa de Richard, del mismo se bajan dos chow-chows: una adulta y una cachorra. La pequeña corre entusiasmada hacia Richard, quien las esperaba parado en el portal de la entrada.

—"¡Papá!", gritó la pequeña mientras lo abrazaba.

—"¡Hola, preciosa!", le devolvió el abrazo y se agachó para verla más de cerca. "¿Cómo has estado? ¿Te divertiste mucho?"

La pequeña asintió. "Hicimos muchas cosas con mamá. Tengo mucho que contarte".

—"Estupendo…"

Richard miró un momento a la madre de la pequeña. Estaba parada un poco lejos, notablemente cohibida.

—"Judo, cariño, ¿Qué tal si vas adentro un momento? Tengo que hablar con tu madre".

Judo asintió. "Está bien"

Mientras Judo ingresaba a la casa, su madre se acercó poco a poco. Él la miró todo el tiempo con una sonrisa descarada.

—"Hiciste bien en hacerme caso"

La madre de su hija no responde, solo se encoge de hombros mientras asiente, cabizbaja.

—"Sé que no te gustó como te traté por teléfono, pero tampoco tenías por qué negarte. Solo debías traérmela desde un inicio y te habrías ahorrado todo ese mal augurio".

Está enojado tal vez incluso frustrado. Richard siempre logra sorprender a su expareja, sacando lo peor y lo mejor de ella. Pese a la separación, han estado viéndose durante unos años y él todavía encuentra formas de decir las cosas más impredecibles.

Ella se siente incómoda. Odia estar aquí. No está segura de por qué se molestó en intentar hablar con él, pero espera poder volver a casa pronto.

Ella no levanta la vista. A Richard no le gustó el silencio. "Dime algo."

Ella lo observa por un momento.

—"¿Tienes planes para esta noche?"

La declaración toma a su expareja con la guardia baja. Es tan repentino que está segura de que Richard estaba por hacerle alguna propuesta. Estuvo a punto responder, pero él la interrumpió.

—"¡Pero claro!", se llevó las manos a la cabeza. "Seguro debes de tener cita con alguno de tus noviecitos, ¿Verdad?"

Ella se congela, con los ojos muy abiertos.

—"O… Espera, ¿Acaso ya terminaste con uno nuevo?", siseó

Ella parpadea. Traga saliva mientras su ritmo cardiaco se empieza a acelerar.

—"En realidad no debería de sorprenderme. Es decir, ¿Quién estaría con una pobre solterona como tú?", no puede evitarlo, echa la cabeza hacia atrás y se ríe, es un sonido malicioso y oscuro.

Ella siente una oleada de emociones y hace todo lo posible para mantenerse firme.

En cualquier otra situación, responderle habría provocado una respuesta física, pero él sabía que ella no sería capaz de enfrentarlo, aunque lo deseara.

El Richard que ella conocía era bueno y amable, pero la imagen que él proyectaba últimamente era todo lo contrario. Era testarudo y desagradable, incluso su risa burlona se asemejaba como la de una hiena.

—"Hagamos todo esto sin banalidades estúpidas", dice, mirándola seriamente. "Al menos ten un poco decencia. Por favor ten un poco de vergüenza y vete"

Ella aprieta la mandíbula y mira hacia otro lado mientras asiente. Sin mediar una sola palabra, comienza a caminar hasta su auto.

"Y la próxima vez, cuando te pida algo, lo cumples", escupió antes de que ella se subiera a su auto y abandonara el lugar.

ESA MISMA NOCHE

La noche era oscura. Era tarde, tal vez alrededor de las dos de la mañana. Judo estaba enterrada entre diferentes mantas y almohadas con su tigre de peluche acurrucado a su lado. Una pequeña luz de noche proyectaba una suave sombra sobre ellos mientras los protegía de lo que yace en la oscuridad.

Los suaves sonidos eran una señal de que había entrado en un sueño tranquilo. No roncaba, precisamente, pero su respiración tenía una marcada diferencia entre inhalar y exhalar, un ritmo entrecortado en el ritmo del aire que salía de sus fosas nasales, que luego se doblaba sobre sí misma a medida que inhalaba aire más suavemente.

De vez en cuando se podía ver que su mano derecha se contraía, abriéndose y cerrándose espasmódicamente. Una vez que la respiración de Judo se establecía en un patrón más uniforme y sus brazos se relajaban, por lo general se producían algunos movimientos erráticos de sus piernas, con alguna que otra patada de conejo hacia atrás, antes de dejarse llevar por completo por el sueño. Estaba dando vueltas y chillando en sueños.

Aproximadamente unos minutos después, la respiración de Judo cambió. Se volvió más frenética y desesperada. Junto con el aumento de la respiración estaba el suave quejido que salió de su garganta y sus puños se apretaron con fuerza mientras todo su cuerpo temblaba. Abrió los ojos rápidamente. Una pesadilla se apoderó de ella. No recordaba exactamente de qué se trataba, pero ahora no podía dormir.

Miró a su alrededor mientras se calmaba. Su cuarto era bastante grande y espacioso, a diferencia del simple que había en casa de su madre. Del techo cuelgan adornos rosas y azules. Cada uno brilla, incluso en la tenue luz. Hadas, unicornios, animales... entre todos ellos había estrellas de plástico, vidriadas con un brillo pálido, iridiscentes y adorablemente encantadoras.

Tenía cama nueva con cabecera con librero doble, sábanas nuevas, almohadas nuevas. Una mesa de noche para cada lado. Una nueva lámpara de lectura doble para colocar encima de la cama, con interruptores a cada lado al alcance de la mano de forma fácil e independiente. Leer en voz alta se convirtió casi en su ritual nocturno, aunque en ese momento no tenía muchas ganas de leer. Tomó a su tigre de peluche y salió de su cuarto.

Mientras la pequeña bajaba las escaleras, no podía evitar pensar que la casa daba un poco de miedo de noche y a oscuras. Solo tardó un momento para llegar a su destino: la oficina de su padre.

Pese a muy tarde que era, Richard se encontraba trabajando mientras hablaba por teléfono. Por extraño que parezca, solo se había quitado el traje y corbata, pero aún llevaba la camisa y pantalones.

—"Tengo una idea. Eliminaremos 'Pacific Courier'", tecleó algo en su computadora "No. Estoy mirando las especificaciones y no me gusta lo que veo. Primero..."

Richard notó a su hija de pie en la entrada de su oficina. Le tomó solo unos segundos para reaccionar.

—"Dame un momento…", apartó el teléfono, "Judo, ¿Qué haces aquí? Es tarde. Vuelve a acostarte".

—"Prometiste que me leerías un cuento".

—"¿Qué?"

—"La última vez dijiste que me leerías un cuento la próxima vez que no pudiera dormir".

—"No recuerdo haber dicho eso. Y aunque lo hubiera dicho, no tengo nada en este momento. Espera…", atendió el teléfono brevemente. "Cómo sea. Judo, por favor acuéstate".

—"Quiero dormir aquí", señaló el sofá de la oficina.

—"No. Tienes cuarto propio. Ve a dormir a tu cama", le señaló arriba.

Judo negó con la cabeza. "No quiero dormir allá".

Richard se lleva las manos a la cara y suelta un exasperante suspiro.

—"Si te dejo dormir ahí, ¿Te duermes?"

Judo asiente.

—"¿Lo prometes?"

Judo vuelve a asentir.

—"De acuerdo. Te vas a acostar, pero en silencio, porque estoy trabajando. Tengo cosas que hacer".

Judo sonríe y se recuesta en el sofá de la oficina mientras abraza a su peluche y se cubre con la tela. Richard regresa a la llamada

—"Aquí estoy. ¿Qué te decía? ¡Ah, cierto! Esto es lo que haremos. Le quitaremos el cliente a ese tipo y propondremos lo obvio: comprar 'The Global Inquirer', pero propondremos 'Globo-Digi-Dyne'. Esa es la inversión".

Judo empieza a tararear por lo bajo una canción, detalle que a Richard le molesta.

—"Espera un momento…", deja el teléfono y dirige su mirada a su hija "Judo"

Ella se quita la tela con la que se cubría. "¿Qué?"

Richard no responde, solo la mira fijamente y ella vuelve a cubrirse con la tela. Él regresa a la llamada.

—"Sí. Cómo te decía. En este momento esa es la mejor opción…"

Judo vuelve a tararear y Richard se frustra.

—"Te llamaré mañana", corta la llamada. "Muy bien, se acabó", golpea el teléfono contra el escritorio con todas sus fuerzas que Judo se asusta ante el estruendo. "Te dije que, en silencio, pero no haces caso".

—"Sí lo hice".

—"¡No! No lo hiciste", responde airado mientras se levanta. "Solo te la pasas murmurando y no sabes escuchar. Así que vete ahora mismo a tu cuarto".

Ambos se miran desafiantes.

—"Vamos, solo te estoy pidiendo que te acuestes. Hazme ese favor".

Judo se levanta y camina, pero se detiene en la entrada y mira a su padre juzgadoramente.

—"¿Ahora qué? ¿Qué pasa?", se cruza de brazos.

Judo no responde.

—"Mira, te dije que te leeré un cuento otro día. Papá tiene mucho trabajo, ¿Comprendes? Entonces..."

Judo sigue sin responder. Solo se le queda mirando.

—"¿Qué?", exclama enajenado.

—"Yo sí escucho…", soltó en un tono apagado para luego darse vuelta y seguir su camino.

Richard soltó un largo suspiro, le dolían los ojos por mirar su computadora toda la noche. Sintiendo gotas de sudor en su frente, se pasó el dorso de la mano por ella. Se sentía incómodamente acalorado. No sabía si por el trabajo o por la tensa escena reciente.

"Tengo que hablar seriamente con esa niña…", se dijo a sí mismo, alejando el pequeño pensamiento en el fondo de su mente. Acto seguido, continuó escribiendo en su computadora, ignorando la pequeña mirada que le dirigió su hija.

Al regresar a su cuarto, Judo se dejó caer sobre el gran montón de almohadas que adornaban la parte superior de la cama. Dejando escapar un suspiro, subió un poco más las mantas mientras trataba de volver a caer en algún sueño. Sintió que sus propios ojos se llenaban, brevemente. Con un sollozo ahogado, envolvió sus manos en el tigre de peluche y se aferró a él como si fuera el último fragmento de esperanza que tenía. En el momento en que sus brazos rodearon a aquel peluche, se hundió contra él y soltó unas lágrimas.

AL DIA SIGUIENTE

Era poco más de las diez de la mañana. Richard caminó hasta la cocina para prepararse algo de café. Bostezó un poco. Encendió la máquina de café, colocando posos de café en el recipiente. Hacía todo ese proceso mientras atendía una llamada.

"Entonces le dije 'Se tiene que trabajar los días sábados. También los domingos. Entonces, si no cumplimos con el plan de venta, la cabeza de la oficina enloquecerá y es mejor no hablar de esto'. ¿Te lo puedes creer? Una vez despidieron a alguien que excedió el plan de ventas. También lo hacía seguido. Incluso terminó despedido".

Procedió a dirigirse al baño. Al encender la luz, jadeó al verse a mí mismo. El espejo mostró el desastre en el que estaba. Definitivamente no tenía un buen aspecto tras trabajar en la computadora hasta tarde. Se estremeció un poco de emoción, pero el tentador olor a cafeína interrumpió su línea de pensamiento. Regresó a la cocina, aun estando en llamada.

"¡No-no-no! A él no le importa nada de esto. Ningún mérito vale la pena. Somos trabajadores, no somos unos tontos. Ellos ganan muchos millones y nosotros simples trabajadores no importamos nada, pero yo no voy a conformarme con esto. Un abogado ha querido incitar a que me mude ¿Puedes creerlo?"

Cogió una taza de la despensa y con cuidado se sirvió el líquido marrón. Tomando un pequeño sorbo, suspiró aliviado.

"Y entonces me doy cuenta de que todo está en la comunicación de marketing. Yo solo lo adiviné, pero considero que mi mayor logro son las reformas que hice en la oficina de uno de nuestros clientes. El cliente quería mantener el nivel de servicio y adivina que pasó… ¡Exactamente! Lo logramos. Lo hicimos funcionar"

La expresión pacífica de Richard inmediatamente se afloja ante el rostro inerte de su hija. Judo estaba sentada sola en la mesa del comedor, sacando cucharadas de cereal directamente de la caja y bebiendo cada pocos bocados con un trago de leche.

"Te llamo luego…", cortó la llamada y se dirigió al comedor, sentándose en la punta de la mesa. "¿A qué hora te levantaste?"

Judo no responde. La mirada que le lanzó fue de desaprobación condescendiente, pero se volvió de sorpresa cuando vio una variación más exasperada de la misma devolviéndole la mirada.

—"Judo, cariño, sé que estás enojada por lo de anoche, pero tienes que comprender que tu padre tiene mucho trabajo…"

—"Siempre tienes mucho trabajo…", murmuró molesta.

—"Justamente, ¿Acaso crees que es algo fácil? ¿No entiendes que me esfuerzo por ti?"

—"¿En serio? No lo veo".

—"¡Sí, me esfuerzo!", respondió, levantando el tono. "Yo quiero que seas una gran mujer", se puso firme. "Quiero que te pongas metas y las cumplas ¿Acaso no tienes la menor idea de lo difícil que es conseguir dinero? ¡Es muy difícil! ¿Entiendes eso?"

Judo suspira, cabizbaja. "… Sí, papá".

—"Déjame decirte algo: si un hombre logra pensar las cosas muy bien, no es el mayor inconveniente, pero si una mujer es bastante quejosa… entonces se va a quedar sola", aseveró, "Tienes que pensar en quien quieres convertirte y como te verás".

—"Pero papá, aún falta tiempo para eso"

—"Lo sé, pero es mejor que empieces a pensar en tu futuro desde ahora, y yo por supuesto que me encargaré de ayudarte en todo, ¿Entendido?"

Judo asintió.

—"Esa es mi niña. Ahora, ¿Hay algo en especial que te gustaría desayunar?"

Judo pensó brevemente.

—"¿Podemos cocinar hot cakes?"

Richard hizo una mueca.

—"Creo que eso estará algo complicado", respondió, mirando a otro lado. "No sé si tengo los ingredientes, materiales y la habilidad requerida…"

—"Yo puedo ayudarte…"

—"¡Ya sé!", interrumpió, "Tengo una mejor idea. Le diré a Theressa que los prepare para mañana, y guardaremos en el refrigerador los que sobran para que puedas comerlos en la merienda. ¿Qué te parece?"

Judo no se mostró convencida.

—"Papá, la comida casera es mejor que la recalentada", manifestó. "Además, yo quiero prepararlos por mi cuenta"

—"Eso no será posible"

Judo se frustró.

—"¿Por qué no me dejas cocinar?", cuestionó.

—"Hija, para eso tenemos a Theressa", respondió, haciendo un gesto con la mano, "Solo que hoy no trabajará para nosotros debido a que le di el día libre", tomó un sorbo de su café. "Además, deberías enfocarte en otras cosas que no sean la cocina".

—"¡Pero es divertido!", replicó.

—"¿Divertido?", frunció el ceño, "¿Crees que es divertido embadurnarse con todo tipo de materiales, dañando tus manos y cabello en el proceso, y dejando un desbarajuste en la cocina?", comenzó a agitar el dedo índice. "Yo no quiero eso para ti"

Judo suelta un bufido.

—"Tomarás esas decisiones cuando seas adulta, mientras tanto debes obedecerme", bebió otro sorbo de café. "Aclarado eso, dime, ayer no me terminaste de contar tal te fue con tu madre estos días"

—"Bien… supongo", intentó sonar neutral. "Ayer fuimos al parque e hicimos mucho ejercicio"

—"Ejercicio, ¿Eh?"

—"Oh sí", asintió, "Y antes pude probar algunos juegos ahí, y también… ¡Oh!", se emocionó al recordar algo. "Papá, conocí a una chica, se llama Mia"

—"¿Ah sí?"

—"Sí. Es un poco más grande que yo, pero es simpática y agradable. ¿Puedo invitarla a casa?"

Richard negó con la cabeza. "No va a ser posible"

—"¿Por qué no?", protestó.

—"Hija, te he dicho que no me gusta que te relaciones con gente de dudosa procedencia. ¿Acaso sabes a lo que se dedica ella o su familia?"

—"Pues… no"

—"Ahí lo tienes", volvió a beber café. "Piensa en esto también: escoge mejor a quienes serán tus amigas"

Judo tomó otro sorbo de leche y observó por un momento su taza. Una sonrisa se esbozó en sus labios al contemplarla. Era su favorita. Tenía un gran valor sentimental: había un dibujo que la representaba a ella, a sus padres, y venía acompañado de un texto que rezaba 'Family 4 Ever'.

—"Papá, ¿Te acuerdas?", dijo, estirando los brazos para hacerle ver la taza.

—"Oh sí, lo recuerdo", se rió entre dientes. "Eras muy pequeña cuando la hiciste en la escuela"

—"Lo sé…", sonrió y volvió a mirar la taza. Su sonrisa decayó rápidamente. "Tú y mamá volverán a estar juntos, ¿Verdad?"

Richard hizo una mueca. "Hija, eso es… complicado"

—"¿Por qué?"

—"Bueno… Digamos que yo estoy haciendo todo lo posible, pero… ya sabes cómo es tu madre", soltó, medio mintiendo. "Ella no parece tener intenciones de regresar conmigo"

—"¡Claro que sí!", replicó, "Yo sé que sí. Mamá solo te ama a ti, de lo contrario ya se hubiera casado con cualquiera de esos hombres con los que sale"

—"¿Por casualidad sabes si está saliendo con alguien nuevo?", preguntó con curiosidad.

Judo negó con la cabeza.

—"¿Estás segura?"

—"Muy segura"

—"Eso es bueno. Debes informarme sobre eso. Recuerda: yo te di todo en esta vida, así que debes devolverme algo"

—"Lo sé, papá…", suspiró. "Ojalá mamá fuera como tú", lo miró con melancolía, "Tú no has salido con nadie".

Richard se acercó a ella mientras sonreía descaradamente. "Por supuesto, preciosa", le acarició un poco el pelo. "¿Te digo algo? Trabajaré desde casa por estos días",

Judo se emocionó. "¿En serio?"

—"Por supuesto. Tal vez podamos ir a alguna cafetería o al parque... pero no hoy. Mañana tampoco. Debo terminar un trabajo urgente"

Judo se decepcionó. "Papá. ¿Olvidas que es domingo? Las personas normales pasan tiempo en casa".

—"Y los hombres de negocio como yo tenemos trabajos que la gente normal no tiene".

—"¡Papá!", se quejó, "¿Por qué nunca quieres estar conmigo? Ya olvidé la última vez que hicimos algo juntos".

—"Hija, mira, solo te digo que tal vez…"

La charla se interrumpió cuando escucharon la puerta abrirse y alguien entró a la casa. Tanto Richard como Judo levantaron la vista y se sorprendieron cuando vieron que era Samantha, quien pareció congelarse momentáneamente al llegar a la entrada del comedor.

Se quedaron mirándose el uno al otro con una extraña tensión incómoda instalándose entre ellos, antes de que Samantha tosiera y dijera: "¡Buenos días!", con una cálida y amigable sonrisa. Se sintió aliviada de que su voz no se quebrara en absoluto cuando habló.

El saludo pareció romper las tensiones entre padre e hija, aunque ninguno de los le devolvió la sonrisa a Samantha.

—"¿Interrumpo algo?", preguntó preocupada.

—"No realmente…", negó moviendo un poco la cabeza. "¿A qué se debe tu visita repentina?"

—"¡Oh sí! Yo…", buscó en su bolso hasta sacar unos papeles. "Quería entregarte esto".

Samantha se acercó tímidamente hasta su jefe. Él agarró los papeles de mala gana y los ojeó brevemente para luego resoplar.

—"Samantha, te dije que me podías entregar esto el lunes"

—"Lo sé, pero… Los terminé antes y quise entregártelos. Ya sabes lo que dicen: 'Nunca dejes para mañana lo que puedes hacer hoy'"

Hubo un silencio incómodo por toda la casa.

—"Entiendo…", dijo Richard después de unos segundos. "Asumo que eso es todo, ¿Verdad?"

—"Bueno…", se rascó la nuca, "Supongo que sí".

—"¿Hay algo más que necesito saber?", sondeó.

Samantha negó tímidamente con la cabeza. "No… No realmente"

—"De acuerdo", levantó el brazo para señalar, "Ya conoces la salida".

Samantha se giró y se dispuso a marcharse, pero, al igual que ayer, se detuvo en la entrada y tomó aire antes de hablar. Inmediatamente volteó para verlo.

—"¡Richard! ¡Espera!"

—"¿Ocurre algo?", preguntó sin verla y sin ánimos en su voz.

—"Sí, verás…", caminó lentamente hasta su jefe. "He estado pensando… ¿Por qué no aprovechas el día?"

—"¿Cómo dices?", enarcó una ceja.

—"Bueno… es un día agradable, podrías aprovechar para salir y pasarla bien"

—"¡Es lo que yo estoy diciendo!", se metió Judo.

Richard dio un resoplido. "Samantha, ¿Acaso no entiendes que tengo cosas por termi…?"

—"¡Yo puedo encargarme de eso!", interrumpió abruptamente.

Richard se sorprendió por la manera en que le respondió.

—"¿Encargarte?", se rió entre dientes. "¿Es una broma?"

—"Vamos, Richard…", se acercó un poco hacia él. "¿Cuándo fue la última vez que dejaste tus obligaciones de lado para divertirte?"

—"Las obligaciones son las primeras cosas en las que uno debe de ocuparse"

—"Yo soy tu obligación", objetó Judo.

—"Primero va el trabajo, luego la diversión", refutó, apuntándole con el dedo, lo que le valió una mirada juzgadora de su hija.

—"Richard…", Samantha puso las manos en la cadera. "Tomarte un día libre no perjudicará tus asuntos. Yo puedo encargarme de lo que sea. Tú sabes bien lo eficiente que soy"

—"Lo sé perfectamente, pero yo soy el jefe aquí y mi última palabra es 'NO'", dijo tajantemente.

Judo se cruzó de brazos y miró hacia otro lado. Por su parte, Samantha hizo una mueca ante ese comentario.

—"Richard…", intentó acercarse un poco más hacia él. "Date una oportunidad de pasar, aunque sea unas horas libres", insistió, "Si no te gusta luego, no tendrás por qué repetirlo, pero al menos ya habrás vivido la experiencia".

Richard no respondió, solo la miró. Aquella mirada era tan gélida que podría ser capaz de cortar la tensión en el ambiente. Su empleada se inclinó un poco.

—"No lo hagas por ti…", murmuró por lo bajo, "Hazlo por ella…", se hizo a un lado.

Richard pudo ver el rostro decepcionante de su hija. Era agradable saber que muy pocas de las expresiones de Judo eran sinceras. Durante años había logrado que sus protestas fueran fáciles de ignorar, sin importar cuán convincentes pudieran parecer sus ojos de cachorro para cualquier otra persona. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, su reacción le hizo estar demasiado conmocionado para pensar conscientemente.

El chow-chow macho se quedó en silencio por un momento, tratando de reflexionar sobre lo que debería hacer, hasta que finalmente se resignó.

—"Está bien…", refunfuñó con una extraña mezcla de irritación e incomodidad. "Me tomaré el día libre…"

El rostro de Judo se iluminó. "¿Lo dices en serio?"

Richard asintió con frustración.

—"¡Síííííí!", festejó con emoción, lo cual fue alegría para Samantha. "Iré a preparar mis cosas, solo dame un momento", dijo mientras se retiraba para limpiar su taza.

Samantha sonreía con júbilo al ver la felicidad en el rostro de la pequeña, pero pronto una nueva preocupación anuló su momento. Richard la observaba escrutadoramente. Se lo veía... no del todo disgustado, pero sí ciertamente irritado. Ella mantuvo sus ojos en él mientras tragaba saliva.

—"¿Qué crees que estás haciendo?", preguntó, algo molesto.

—"Ah… ¿Nada?", respondió ella tímidamente.

—"¡Silencio!", ordenó, con voz cansada y baja pero autoritaria.

Samantha tragó con más fuerza.

—"Asumo que lo estás haciendo a propósito", acusó.

—"¿Qué cosa?"

Richard se inclinó un poco mientras fruncía el ceño. "Tú sabes muy bien"

—"No, no lo sé…", agarró la silla más cercana y se sentó frente a él, con los ojos a la misma altura. Apoyó la barbilla en la mano y lo observó. "Explícame"

Richard parecía tan sorprendido que pensó que probablemente su secretaria le estaba jugando una broma. No se apartó de ella en ningún momento. Tampoco le dijo nada. Ambos tuvieron un duelo de miradas. Pero cuando el chow-chow macho se percató de lo cerca que estaba de ella, inmediatamente retrocedió.

—"Me sorprende esta clase de actitud viniendo de ti"

—"Hay muchas más cosas sobre mí con las que puedo sorprenderte", espera que su tono sea lo suficientemente bromista como para cubrir cualquier cosa que normalmente diría. Además, agregó una risita divertida.

—"No estoy para bromas", dijo secamente.

—"¿Acaso no sabes divertirte?", su voz se suaviza un poco.

—"Sí, lo sé…", responde, con su voz cambiando de su tono duro a normal. "Es solo que a mi edad la diversión es bastante desemejante, y lo que antes me llenaba ahora me es ajeno, por lo que tengo que buscar otras cosas que me deleiten".

—"Sin ofender", dijo, "pero realmente preferiría no saber qué tipo de diversión es la que buscas".

—"No, claro, lo entiendo", se reclinó, con las cejas levantadas mientras miraba a su secretaria. "Y tú…. ¿Cómo te diviertes?"

—"¿Yo?", reaccionó perpleja.

—"Sí", asintió. "Digo, asumo que debes de divertirte, ya que eres muy joven y seguro te la pasas de juerga toda la noche, ¿Verdad?"

Samantha suspiró. "Richard, en primer lugar, soy solo 5 años menor que tú", aclaró. "En segundo lugar, no me la paso de 'juerga' toda la noche", hizo un movimiento con sus dedos. "En tercer lugar…", se acercó nuevamente a él, "Te estás olvidando de lo más importante aquí"

—"¿Qué cosa?", preguntó, enarcando las cejas.

Samantha vuelve a suspirar. "Tu hija, Richard"

Hay un momento de silencio sorprendiendo, aunque en retrospectiva Samantha siente que su jefe debería haber sabido la respuesta.

Una expresión de frustración apareció en el rostro de Richard. "Oye…", le apuntó con el dedo, "Mis problemas personales son asunto mío"

Samantha volvió a tragar con fuerza. Le temblaba el cuerpo. Su respiración empezaba a hacerse constante y su ritmo cardíaco parecía ir en aumento. Hizo todo lo posible para no perder la compostura.

—"Richard…", comenzó, tranquilizadoramente. "Yo sé que no debería…", intentó ignorar la mirada juzgadora de su jefe, "Yo… solo estoy… tratando de hacer algo bueno para ti"

—"¿Es una broma?", se rió entre dientes para luego protestar. "Yo te pago para que te encargues de mis asuntos laborales, no para meterte en mi vida personal"

Samantha se pregunta cuál es la mejor manera de expresar la siguiente frase, pero se da cuenta de que no hay forma de preguntar que no resulte incómodo.

—"Samantha, dime que estás bromeando con esto…"

Le encantaría poder decir que sí, pero eso no le llevaría a ninguna parte, excepto a un intento de realizar una ronda sutil de veinte preguntas y una confusión continua.

—"Richard, respóndeme algo…", intentó parecer firme, "¿Tú querías tener hijos?"

—"¡Claro que sí!", contesta efusivamente. "¡Lo quería! Claro que lo quería…"

Hay una pausa donde Richard desvía su mirada hacia cualquier lado.

—"¿Pero…?", inquirió ella, tratando de animarlo a continuar.

El chow-chow da un largo suspiro. "Pero no sabía que no podría hacerlo…"

La sorpresa es inmediata e inmensa. No es la respuesta que Samantha esperaba, pero al menos conserva la sensación de que había hecho algo correcto para poder demostrar un punto. Era un riesgo, especialmente considerando el temperamento de su jefe. Por eso, cuando no vio una reacción negativa por parte de él, sentía haber escapado de una experiencia cercana a la muerte.

—"Richard…", le puso una mano suavemente en el hombro. "Eres un tipo realmente inteligente. Haces grandes transacciones todos los días. Pero no puedes con una tarea importante".

Él dirigió su mirada hacia ella. Manteniéndose neutral.

—"Tienes dos trabajos, y uno de esos es ser un padre. Ella necesita saber que ese trabajo te importa tanto como el otro"

—"Y ¿Crees que no me preocupo por ella?", espetó. "Le brindo la mejor educación que podría tener, le consigo las cosas que necesita y hasta me aseguro de que no se acerque a indeseables que puedan llegar a perjudicarla", aseguró, enumerando. "Tú no tienes hijos, pero si los tuvieras entenderías perfectamente mi situación".

Nuevamente, no era la respuesta que Samantha esperaba. Por alguna razón aquella última frase le había provocado un disgusto.

—"Escucha bien este consejo para el día que decidas tener hijos: Debes ser estricto, de lo contrario, pueden ignorar tu autoridad"

—"Richard…", su tono era apagado, intentaba volver mantener la compostura. "A veces es bueno dar algún tipo de recompensa. Tú mismo me lo enseñaste"

Una sensación de comprensión pasó entre ellos mientras compartían una mirada.

—"Supongo que tienes razón…", él hizo una mueca.

—"Bueno, ustedes dos juntos…", suspiró mientras se ponía de pie y miraba nerviosamente hacia la puerta de entrada. "Supongo que yo estoy sobrando…".

Samantha se despidió y comenzó a caminar hasta la salida. Ella vendió el tono de despedida lo suficiente como para provocar un suspiro de su jefe, quien le indicó que se detuviera.

—"Espera…", dijo sin mirarla.

—"¿Sí?", se giró inmediatamente.

Richard levantó la mirada mientras exhalaba. "¿Por qué no nos acompañas?"

Samantha lo miró con leve sorpresa. Su rostro se iluminó como si escuchara la pregunta por primera vez.

—"¡Oh, sí!", sonrió. "¡Me enca…!", tosió torpemente mientras intentaba parecer indiferente. "Digo, sí… Supongo que estaría bien, pero… ¿A qué se debe tu invitación?".

—"Bueno, ya que me metiste en esto, lo mínimo puedes hacer es ayudarme", manifestó.

—"¿Ayudarte?", preguntó con una expresión confusa en su rostro.

—"Así es", asintió levemente. "Hace mucho que no hago actividades compartidas con Judo, así que necesito a alguien que me pueda barajar opciones o recomendaciones… De preferencia, una mujer".

—"Oh, bueno… Supongo que tienes razón", respondió ella, con el brillo volviendo a estar presente en sus ojos. "A Judo le vendría bien un poco de ayuda. Pero… ¿No crees que hay que preguntarle si quiere que los acompañe?", cuestionó.

—"No va a decir que no", respondió secamente.

—"¿Cómo estás tan seguro?", volvió a cuestionar.

—"Porque soy su padre y lo tendrá que aceptar si quiere aprovechar el día conmigo", aseveró.

—"Richard, lo que estás haciendo… ¿No es un poco…?"

—"¿Severo?", la interrumpió mientras se levantaba de golpe y la miraba fijamente. "Sí, tal vez…".

Él comenzó a caminar cautelosamente alrededor de ella, lo que la hizo temblar un poco.

—"Pero entiende que así funcionan las cosas", dijo en tono frío. "Ella irá bajo mis condiciones y tú nos acompañaras, como una manera alternativa de trabajo, así mato dos pájaros de un tiro", declaró. "Y, por cierto, para cuando vuelvas a tu casa te encargarás de mi trabajo, lo cual será el doble de tarea".

Samantha volvió a tragar saliva. Cerró sus ojos con fuerza brevemente.

—"Esto no es… ¿Alguna clase de castigo?"

Richard se tomó unos segundos para responder.

—"Llámalo como quieras", dijo, con aires de suficiencia. "Recuerda quien es el jefe aquí"

Samantha asintió significativamente hacia la mitad inferior de su jefe. Aunque sus palabras fueron pasajeramente benignas, su tono tenía cierto veneno que le pinchó los oídos. Por su parte, Richard quería asegurarse de hacerle saber que esta no fue una decisión tomada por generosidad.

—"Por cierto, ¿Desayunaste?", cuestionó con curiosidad.

—"Ah… Comí una manzana antes de venir", respondió.

—"Entonces lo tomaré como un no".

En ese momento, Judo regresó al comedor con una pequeña mochila.

—"¡Ya estoy lista!", ella sonrió brillantemente como una niña orgullosa.

Richard analiza la expresión de su hija por un momento.

—"Hija, antes debo decirte algo…"

—"¡No me digas!", le interrumpió, cruzándose de brazos. "Vas a cancelar, ¿Verdad?"

Él negó con la cabeza. "Todo lo contrario. Solo voy a ponerte una condición"

—"¿Condición?", arqueó una ceja.

Él asintió. "Samantha nos acompañará, ya que fue su idea", expuso, señalándola. "Asumo que eso no supone un problema para ti, ¿Verdad?"

Judo miró momentáneamente a la empleada de su padre, quien no pudo disimular su mirada nerviosa.

—"Por mí está bien", respondió Judo, frunciendo los hombros y levantando los brazos.

Samantha asintió en señal de agradecimiento.

—"Bueno, entonces ya está decidido", espeta Richard.

Los tres salen de casa y se ponen de acuerdo para subirse al flamante auto de Richard. Lógicamente, él se sentó en el asiento del conductor, mientras que Samantha en el del pasajero, y Judo se acomodó en la parte de atrás.

—"Hija, ¿Te has abrochado el cinturón?", sus ojos se encontraron con los de Judo en el espejo retrovisor y ella respondió con un 'sí' ahogado. "¿Y bien?", dirigió su mirada a su empleada, "¿Qué opinas de la remodelación?", preguntó, con las manos alrededor de la parte superior del volante.

Samantha tenía que admitir que el auto de su jefe era bastante extraordinario por dentro y por fuera. Realmente Richard se había esmerado en hacerlo lucir perfectamente.

—"Es bastante genial", dijo con sinceridad.

—"¿Sabes? Me extraña que aún no tengas coche propio", cuestionó. "Con lo que te pago al año puedes perfectamente costearte uno"

—"Ese no es el problema", intentó replicar para luego suspirar. "Es solo que aún no he aprendido a conducir"

—"¿Sabes que hay escuelas para eso?", manifestó él. "Además, aprender a conducir es como… cocinar"

—"Oh… Está bien, está bien", dijo ella, "ya lo tengo; Suena tan fácil como preparar un pastel".

—"¿Alguna vez has hecho un pastel?", volvió a cuestionarle.

—"Bueno… no"

—"Intenta hacer un pastel desde cero", dijo Richard, "Estoy seguro de que entonces cambiarías de opinión"

Ella puso los ojos en blanco ante este comentario.

—"Gracias, pero no pienso hacer un pastel... ni nada más".

—"No, claro que no", dijo él, "Solo vas a aprender a conducir, así que buena suerte con eso... la necesitarás".

Samantha resopla y se acomoda en el asiento. "Está bien, solo salgamos de aquí", ella exhala. "Estoy lista"

—"Samantha, ni siquiera llevas puesto el cinturón de seguridad"

—"Oh…"

Se abrocha rápidamente el cinturón de seguridad.

—"Ahora estoy lista"

Richard comienza a conducir sin pensar a dónde ir, siguiendo sus planes de simplemente conducir y decidir más tarde. Pasan por restaurantes, gasolineras, tiendas, centros comerciales y diferentes tipos de edificios, pero aún no se detienen.

El chow-chow de traje observó a ambas hembras: una por el rabillo del ojo, y la otra por el espejo retrovisor, asegurándose de mantener la mitad de su atención en el camino que tenía delante y la otra mitad en ellas. La ventanilla del lado de Samantha estaba bajada y sus coletas ondeaban con el viento. Tenía una cierta sensación de nerviosismo, la cual Richard dejó pasar. Inmediatamente notó que su hija tenía una expresión de aburrimiento bailando en sus rasgos. Podía ver sus dedos tamborileando sobre sus piernas a un ritmo lento. Centraba su atención en las cosas que pasaban mientras avanzaban. Aunque el interés de Judo por el paisaje no duró mucho.

—"¿Te estás divirtiendo?", preguntó él en un tono divertido, ya sabiendo su respuesta.

Judo giró la cabeza para mirarlo, frunciendo el ceño. "¿Qué?", gritó por encima del viento que golpeaba el coche desde la ventanilla mientras avanzaban.

—"Dije, ¿Te estás divirtiendo?" Richard se repitió, pero un poco más fuerte esa vez.

Judo le dio una mirada inexpresiva. "¿Parece que me estoy divirtiendo? ¡Esto es aburrido! ¡Hemos estado aquí mucho rato y me siento apretada en este auto!"

—"¡Te quejas demasiado!", él la miró, pero rápidamente volvió a poner los ojos en la carretera, sosteniendo el volante con una mano.

Samantha puso los ojos en blanco ante ese comentario, y luego sus ojos escanearon la radio en el auto. Si no iban a tener ningún otro tipo de entretenimiento, entonces podría escuchar algo de música. Encendió la radio y una especie de música heavy metal sonó a todo volumen a través de los altavoces, haciendo que el rostro de ambas se transformara en desdén, lo que valió la risa de Richard.

—"¿Cómo es que ya no hay buena música?", preguntó Samantha, hojeando un montón de extrañas emisoras de rock y noticias.

—"Eso es porque todo el mundo quiere escuchar lo que está pasando en las noticias", explicó él. "Por ejemplo, si hay un choque de tres autos o si hay alguien robando un auto, ya sabes, las cosas buenas".

—"¿Dices que un choque de tres coches es bueno?", preguntó Samantha mientras giraba la cabeza para mirarlo.

—"Sí. Las cosas buenas", respondió él.

Samantha estaba a punto de apagar la radio, hasta que sintonizó una que estaba pasando una canción, 'Every Breath You Take'. Richard la detuvo, agarrando su mano entre la suya.

—"Déjala…", ordenó.

—"¿Qué?", preguntó perpleja.

—"¡Que la dejes!", vociferó sin mirarla mientras ella retiraba su mano rápidamente.

Ambas hembras quedaron algo atónitas ante su repentina actitud. Samantha podía notar su rostro de piedra. Él no hizo comentario alguno hasta que la canción finalizó.

—"Te… ¿Te encuentras bien?", preguntó Samantha con nerviosismo.

Richard se percató que había estado agarrando el volante con demasiada fuerza, por lo que se tranquilizó.

—"Sí, es que…", pronunció apenas. "Como soy el conductor, yo elijo la música", espetó.

A ninguna de las dos les convenció ese comentario, aunque de todos modos tampoco podían estar seguras de cual era verdadera razón detrás de esa repentina actitud.

—"Creo que estás cansado", cuestionó Samantha

—"Tal vez…", dijo él.

Judo hurgó en la mochila que había traído. Sacó con cuidado una bolsa de barritas y bebidas.

—"¿Quieren agua?", les ofreció una botella que Samantha recibió.

—"Gracias", agradeció ella mientras la destapaba y tomaba un poco, luego le entregó otra a su jefe mientras Judo le daba un mordisco a una barrita de cereales. "Probablemente vamos a tener que parar en algún lugar pronto", dijo, notando el nivel de gasolina mientras ponía su botella de agua en el portavaso.

—"...Cierto", Richard no parecía demasiado entusiasmado con esa idea, pero tampoco podía negarse. Aunque el auto le hacía sentir seguro, sabía que no podían quedarse ahí el resto del día.

—"¿No podemos ir a algún lugar?", manifestó Judo.

—"Estoy de acuerdo", asintió Samantha para luego sacar algo de su bolsillo. "Vamos, Richard, tienen esta exhibición llamada 'Tentáculos: ¡Las asombrosas vidas de pulpos, calamares y sepias'!"

Richard se giró un poco para notar que su empleada estaba leyendo una guía.

—"¿De dónde sacaste eso?"

—"¿Qué?", frunció los hombros, "¿Acaso alguien no puede llevar una guía consigo?"

—"Eso se oye interesante", Judo apoyó la idea. "¿Podemos ir, papá?"

—"Ah… no lo sé", no se mostraba convencido.

—"¿Qué pasa?", cuestionó Judo. "¿Le tienes miedo a los pulpos?", dijo con una voz cantarina que hizo que su padre se indignara un poco y Samantha se llevara las manos a la boca, intentando reprimir desesperadamente un ataque de risa.

—"¿Qué? ¡Claro que no!"

—"¿Estás seguro? A mí me parece que sí", soltó en un tono zumbón.

—"¡Te estoy diciendo que no!", exclamó efusivamente.

—"Sí, lo que tú digas", parloteó sin ánimos.

Richard frunció el ceño. "¡Te lo demostraré! ¡Iremos!", sentenció, pisando el acelerador, mientras su hija y su empleada festejaban en silencio.

Van al Acuario. Samantha insiste en pagar. Richard se niega. Ella pone los ojos en blanco. Durante la exhibición no hablan de trabajo, ni de familias, ni de problemas, simplemente se dejan llevar por lo que ven. Pasan ahí varias horas que les resultan agradables. Hubo algún que otro momento donde el comportamiento de Richard fue muy particular: con su personalidad extrovertida y sus maneras sofisticadas, quería demostrar que sabía mucho más que el encargado de la exhibición. Tenía una gran facilidad de palabra, iba muy bien vestido, tenía una gran elocuencia con las palabras y hablaba con mucha corrección, demostrando un gran dominio del lenguaje. No pasó mucho tiempo para que acaparara toda la atención.

Judo sonrió brillantemente como una niña orgullosa de su progenitor. Samantha adoraba a Richard, no tenía que explicar por qué, solo piensa que es agradable. Siempre admiró su capacidad para hablar y conseguir todo lo que quiere, incluido aquello que le es ajeno.

Luego de la exhibición, Richard pensaba que ya era tarde y debían regresar a casa. Sin embargo, la llegada del verano significaba que el sol aún no se había puesto y que tendrían buena luz para comer durante algún tiempo, mientras disfrutaban del aire más fresco del final del día.

Judo insiste en comer en un lugar cercano. Se la veía casi alegre por los excéntricos nombres de los platos que promocionaban en la entrada, o la zona de juegos que había en la parte de atrás, junto al estacionamiento. Richard gruñe, echando una mirada mientras buscaba por el lugar algo que le llame la atención. Cuando no encontró nada, se limitó a mirarla. Esta vez le resultó difícil negársele. Haciendo caso omiso de cualquier incomodidad, se dirigen juntos jovialmente al comedor. Después de todo, una comida es una comida.

Al entrar, son recibidos por una amable camarera que los guía hasta una mesa, les entrega los menús y dice que volverá en un minuto. Richard pide un vaso de agua, el cual va a retirar hasta la barra y se acomoda en la mesa. Los tres examinaron detenidamente el menú, sin estar seguros de que está elegir.

—"¿Qué van a pedir? Recuerden que invito yo, así que pidan lo que quieran", dijo Richard sin mirarlas.

Samantha gimió, jugueteando con su tenedor mientras leía el menú por lo que debió ser la duodécima vez.

—"¿Has hecho tu elección?", preguntó a la hija de su jefe.

Judo asiente: "Sí, la hamburguesa gourmet tiene buena pinta".

—"Tienes razón…"

La camarera se acercó a la mesa.

—"¿Están listos para ordenar?"

Samantha se tambaleó por un momento, mirando de la camarera a Judo, Richard y viceversa.

—"Sí, la hamburguesa gourmet con papas fritas rizadas", respondió Judo. "Y un slush de cereza"

—"Pediré lo mismo", dijo Samantha, dedicándole una sonrisa a la camarera. "¡Oh! Solo que la mía sea de pescado... y me gustaría un refresco de lima-limón", agregó tímidamente.

La camarera anotó las órdenes.

—"Y… ¿Usted?"

Miró a Richard, pero éste no le estaba prestando atención.

—"Señor"

—"¿Hmm? ¿Dijo algo?", Richard finalmente recuperó la concentración y miró hacia arriba.

La camarera suspiró. Consideró que no le pagaban lo suficiente para lidiar con esa clase de gente.

—"¿Desea ordenar algo?", ella repitió alegremente obligándose a sonreír. Richard más bien deseaba que no lo hiciera. Su falsa felicidad parecía antinatural, casi como si la estuviera lastimando.

—"Oh, claro, urm...", rápidamente miró el menú. Había estado demasiado en sus pensamientos como para siquiera considerar su orden.

—"¿Quiere alguna recomendación?", preguntó la camarera con preocupada curiosidad.

—"Sí… ¿Tiene algo que sea ligero, bajo en grasas, sodio, libre de azúcar y gluten?"

La camarera arqueó las cejas. "¿Disculpe?"

—"Es que tengo una... prueba de salud y seguridad en el trabajo", mintió, evitando el contacto visual. "Nunca se sabe lo que puede ocasionar una comida. Es mejor estar preparado para todo", mostró una mirada neutral y esperó que ella no lo cuestionara más. Para su alivio, ella no lo hizo. "Tengo una mejor idea ¿Puede traerme una canasta de pan integral?" sonrió, devolviéndole suavemente el menú.

—"No" ella sacudió la cabeza y empujó el menú hacia atrás antes de que pudiera salir de su mano.

—"¿No?" Él se rió entre dientes, sin estar muy seguro de qué hacer con la situación. Había esperado la menor interacción humanamente posible.

—"Lo siento señor, pero no puedo simplemente traerle una canasta de pan gratis. Si quiere comer, tendrá que pagar por algo"

—"Acabo de pagar como un dólar y veintidós centavos por un vaso de agua", replicó, un poco molesto, "Eso es más de lo que cualquier cantidad de agua debería costar jamás".

La camarera bufó un poco. "Yo no hago las reglas, señor".

—"Lo sé, lo sé", refunfuñó. Tomó el menú y volvió a hojearlo detenidamente.

Tanto Judo como Samantha estaban algo incómodas ante el comportamiento de Richard. Todo esto era más exasperante de lo que pensaban.

—"¿Tiene frittata?"

La camarera se mostró confundida. "¿Perdone?"

—"Frittata", volvió a decir, mirándola fijamente. "¿Quiere que se lo deletree?"

Ella guardó silencio por un momento, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

—"Disculpe, señor, pero no tengo idea de que es eso"

—"No, ya me di cuenta…", regresó a leer el menú. "¿Tiene café grano fino o en cápsulas?"

La camarera negó con la cabeza. "Solo expreso en máquina"

—"Ya veo… y ¿Descafeinado?"

La camarera asintió. "Sí, por supuesto".

—"Entonces paso…", respondió secamente para ver la otra parte del menú. "¿Qué tal es el pastel de nueces?"

La camarera inhaló y exhaló antes de responder. "Es realmente delicioso. Si quiere puedo traerle una pequeña muestra para…"

Richard interrumpió. "¿El cheesecake es casero?"

—"Oh… ah… Por supuesto"

—"¿Con mermelada de frambuesa o salsa de frambuesa?"

—"Salsa"

—"Entonces también paso…"

La camarera dio un largo resoplido. "Señor, ¿Me está tomando el pelo?"

—"Oiga, no se le paga para cuestionar al cliente, sino…"

—"¡OH! ¡Discúlpelo!", Samantha se metió, interrumpiendo. "Tráigale una ensalada César… Por favor", sonrió tímidamente mientras le devolvía los menús.

La camarera accedió, agradeciendo de ser salvada de más interrogatorios, y se retiró inmediatamente. Richard se giró bruscamente para mirar seriamente a Samantha.

—"¿Qué fue eso?"

—"¿Qué fue que?", se encogió internamente.

—"Lo que acabaste de hacer", replicó.

—"Es que yo…", respondió nerviosa, tratando de poner las palabras en orden.

—"Papá, no lo tomes a mal…", se metió Judo, "Pero si no fuera por ella, todavía tendría que esperar a que te decidieras que comer".

Richard reaccionó un poco sorprendido. "Oye, para tu información, cuando alguien va a comer a algún establecimiento debe elegir sabia y cuidadosamente lo que va a consumir… y lo mínimo que se espera es que el servicio coopere"

—"Papá, no estamos en un restaurante de 5 estrellas", protestó, "¿Podrías por favor no hacer eso cada vez que elijo un lugar para comer?"

Richard resopló. "Bien…"

Hubo un largo silencio en esa mesa, acompañado del sonido de fondo del resto de personas en las mesas cercanas. Judo echó un vistazo rápido a la pared del mostrador, junto a la barra, donde había varias marcas de bebidas y comestibles, una de ellas le llamó la atención.

—"Papá, ¿Recuerdas esa vez que fuimos a una heladería?"

Richard hizo memoria. "Oh sí, ¿Cómo olvidarlo?… Nos refugiamos de una tormenta"

—"Ordenamos helados de esa marca", señaló a la pared.

Richard volteó para mirar. "Sí… Es cierto"

—"¿Recuerdas que sabores?"

—"Hmm… espera…"

Richard intentó buscar algo en el teléfono, pero Judo no se lo permite.

—"no-oh", dice juguetonamente. "Sin trampas"

—"Está bien", suspiró, "Yo pedí de fresa y… tú de… espera… espera… Era… Chocolate… ¡Chocolate blanco!"

Judo asintió. "¿Y…?"

—"Y… También… ¡Frambuesa!".

—"¡Sí!"

Ambos festejaron entre risas.

—"También me gusta el helado de esa marca… con sabor a mango y banana", dijo Samantha, sonriendo nerviosamente.

Ambos la observaron con incredulidad y volvieron a reír juntos.

—"¿Qué?", preguntó confundida.

—"Nada", respondió Judo. "¿Comes mucho helado?"

—"Ah… no tanto", respondió, frotándose la nuca. "Pero el helado siempre me anima cuando estoy triste"

—"Si quieres podemos ordenarlos", sugirió Richard.

El tiempo pasa y juntos disfrutan de una deliciosa comida mientras charlan un buen rato. Luego de terminar, Judo quiso ir a los juegos. Richard accedió, con la condición de no alejarse tanto y quedarse en una parte donde pudieran controlarla todo el rato.

Samantha no quiere admitirlo, pero está disfrutando de la comida con su jefe. No sabía por qué, pero su compañía era bienvenida. Lo único que le molestaba era el silencio. Quiere entablar una conversación con él, pero le fallan las palabras. Reflexiona para sí misma, preguntándose si él no habrá comido lo suficiente. Tiene que haber alguna razón que explique por qué no tiene tantas ganas de comer.

—"¿Pasa algo?", preguntó ella, tomando con cuidado una servilleta.

—"No, nada malo, no te preocupes. Es solo que...", frunció los labios y miró los paquetes de patatas fritas que ella acababa de vaciar. "Aún no me puedo sacar de la cabeza que me hayas interrumpido cuando estaba hablando seriamente con esa trabajadora".

Samantha miró al suelo. "Lo siento..."

—"No tienes que disculparte por eso", negó con la cabeza. "Me he dado cuenta de que estás avanzando favorablemente en tu actitud mucho más de lo que pensaba".

Samantha ensarta un bocado mientras dice: "Bueno… Tengo al mejor de los maestros"

—"Oh, lo sé, lo sé", Richard suspiró. "También he estado pensando que hace mucho que trabajas para mí y compartimos prácticamente todo entre nosotros, así que se siente raro no decirte nada, ¿sabes?"

—"¡Así es!", retrocede un poco para alcanzar su propia comida. "Siempre te he dicho que puedes confiar en mí, a pesar de que no te gusta mucho contar tus problemas personales", dijo después de comer un bocado de su hamburguesa.

—"Sí. Es cierto", tomó un sorbo de agua. "Aunque ya debes saber de sobra lo que pienso de eso".

—"¡S-sí!", tragó la comida que había estado masticando. "Mantén tus cosas personales fuera del trabajo. Nunca mezcles el trabajo con lo personal", recitó.

—"Exactamente" El asintió. "Eres de las pocas personas de mi vida laboral que sabe acerca de mis desvaríos o mi vida privada, por lo que me parece lógico que yo conozca algo de ti", apuñala un trozo de pollo de la ensalada con el tenedor y se lo come.

Ella lo mira mientras come. Levanta las cejas, confundida. Él continúa comiendo.

—"¿Disculpa?"

Richard se quita un bocado de la boca y mueve el tenedor cuando habla. "Sólo digo. Sabes mucho de mí y yo sé poco y nada de ti. Así que… ¿Por qué no me cuentas algo?".

—"Oh bueno…", respondió, nerviosa. "No hay mucho que contar. La verdad es que… mi vida es bastante aburrida", dijo medio mintiendo.

—"Entiendo…"

Se quedaron sin hablar durante unos minutos después de eso, simplemente comiendo y disfrutando del cómodo silencio, hasta que Richard habló de nuevo. "Entonces, um... Me enteré que en la oficina planean viajar pronto a una isla privada ¿Estás emocionada?"

—"No realmente...", hizo una pausa para limpiarse la boca. "Aunque me resulta muy interesante el viaje, no me agrada la idea".

—"¿Por qué no?", preguntó curioso.

—"No me malinterpretes…", agarró una fritura y la sumergió en ketchup antes de comérsela, "estoy interesada en ver otros mundos y viajar. Creo que será bueno para mis escritos, y son interesantes en sí mismos. Pero también me gusta estar en casa. Me gusta la tranquilidad. Y…", suspiró. "Si voy a viajar a lugares lejanos, me gustaría que fuera con gente que le tuviera confianza"

—"Digamos… ¿Tu pareja?", sondeó.

Samantha asintió. "Así es".

—"¿Cómo es que en estos años nunca conseguiste una pareja?"

—"¡Richard! ¡Por favor!", reaccionó algo molesta. "¿Es que acaso no me viste?", se señaló a sí misma. "Parezco un ratón rubio"

—"La mujer luce como quiere lucir", replicó. "Si te sientes como una reina, te tratarán como una reina, y si crees que eres un ratón rubio…", agitó su cabeza, "Ni siquiera quiero imaginarlo"

Samantha se volvió hacia él con un ligero sonrojo en su rostro, pero rápidamente recuperó la compostura.

—"Es que yo…"

—"Espera un segundo…", sus palabras la detuvieron en seco justo antes de que tuviera la oportunidad de continuar. "¿Nunca tuviste novio?".

Samantha se sobresaltó un poco, con los ojos muy abiertos y el pecho agitado.

—"Bueno… No es como si fuera una chica muy desconfiada", dijo con un resoplido de risa incrédula y un giro de ojos a juego. "Simplemente nunca tuve… ya sabes… un novio estable... o una cita real en realidad", consideró, aparentemente no particularmente molesta por el hecho, pero simplemente lo dijo porque era verdad.

Richard asintió significativamente. "Ya veo…"

—"¡Ay no!", miró su regazo y se sacudió algunas migajas de su traje.

—"No te preocupes por eso. Déjame ayudarte", él sacó una servilleta y se inclinó hacia ella.

Tan pronto como se encontraron cara a cara, él esbozó su habitual sonrisa engreída. Es difícil no mirarlo a los ojos. No, no es ninguna tontería como si él pudiera mirar fijamente tu alma o lo que sea. Es sólo la mirada de un tipo lleno de sí mismo. Samantha había perdido la cuenta de cuántas veces su corazón ha palpitado o ha sido sorprendida mirándolo, ya sea completamente cautivada por sus hermosos ojos oscuros y profundos o por las palabras que salen de su boca, tan suaves como un río. Sólo pudo culparlo por sus acciones, no tenía por qué ser tan jodidamente guapo y agradable.

Samantha sintió que su corazón latía con fuerza contra su caja torácica, sus rápidos latidos ahogaban sus oídos. Tenía las manos húmedas y sus rodillas parecían no poder dejar de rebotar. Tiene que evitar morderse el labio para no lastimarse. Ella nunca antes había estado tan nerviosa. Era sólo una salida con su jefe, ¿Por qué estaba nerviosa? Tiene que parpadear un par de veces para salir del trance.

—"Yo... um... ¡Creo que necesito usar el baño de mujeres!", soltó Samantha, levantándose de la mesa y caminando tan rápido como se atrevió hacia los baños, ignorando las miradas que la gente le lanzaba en el camino.

Cerró un cubículo detrás de ella, respirando con dificultad por un momento mientras procesaba lo que acababa de suceder. De su bolsillo sacó un inhalador y lo aplicó correspondientemente. Con un profundo suspiro, Samantha sacudió la cabeza para librarse del pánico y salió al fregadero, donde se pasó agua tibia por las manos por un momento para calmarse. Comprobó su reflejo rápidamente, para asegurarse de que no hubiera nada vergonzoso en su rostro. Un ligero sonrojo, pero eso solía suceder. Con suerte, desaparecería en poco tiempo.

Cuando se calmó y pudo salir. Samantha desvió la mirada para notar a su jefe hablando con la camarera de antes, mientras un par de otras camareras agrupadas en la barra sonreían y reían mientras miraban furtivamente su mesa.

Richard era un imán para las mujeres, eso era obvio. A pesar de su actitud, el hombre era tan astutamente atractivo y tenía sus encantos que lo hacía tan difícil de resistir. Diablos, incluso podía jurar que las mujeres gravitaban hacia él como polillas al fuego. Dicho esto, regresó a la mesa y se acomodó en su silla algo erguida.

—"Entonces, Richard…", comenzó la camarera, mirándolo. "¿Tienes planes para esta noche?"

Richard le sonrió. "Solamente terminar de pasar el rato agradable con mi chica", sentenció, mirando a su secretaria.

El sonrojo empeoró. Maldición. El tono burlón le molesta, pero no lo suficiente como para comenzar a discutir.

—"Oh… ya veo…", se retiró de la mesa.

Samantha miró a su jefe, un tanto seria. "¿Por qué dijiste eso?", preguntó, jugueteando con su servilleta.

—"Bueno, no serás mi chica, pero definitivamente estoy pasando un rato agradable contigo", dijo rápidamente, frunciendo el ceño, pero luego sonriendo cuando ella levantó la vista.

Samantha sintió que se sonrojaba nuevamente y casi se excusó para ir al baño nuevamente, pero la camarera apareció entonces, ofreciéndose a volver a llenar el agua de Richard, y suspiró, entregándole el vaso.

—"Entonces, ¿Están disfrutando de su momento aquí?", la camarera sonrió, mirando fijamente a Samantha, quien parpadeó y rápidamente asintió.

—"¡Por supuesto!"

—"¡Bien!", la camarera chirrió, regresando con las demás para comprobar algo.

Richard se rió entre dientes. "Tan entrometida como todas…".

—"¡E-Ella no es entrometida!", Samantha la defendió rápidamente. "Solo… Está siendo sociable"

Richard arqueó una ceja. "¿Sociable?"

—"Manteniendo una conversación educada e interesándose en nuestra salida", respondió ella, frunciendo un poco el ceño.

—"¿Así es como lo llamas?", preguntó él, sonriendo en un tono zumbón. "Yo lo llamaría 'escape de las obligaciones de fin de semana'".

—"Supongo que tendremos que estar de acuerdo en no estar de acuerdo".

—"Supongo que lo haremos", Richard volvió a sonreír.

Esa sonrisa la desarmó un poco, y Samantha se preguntó por un momento si alguna vez antes había quedado hipnotizada por una sonrisa. Definitivamente tenía la respuesta.

—"Tierra a Samantha", llamó Richard, agitando una mano y ella parpadeó.

Había estado soñando despierta otra vez. Ups.

—"¿Disculpa, que dijiste?", preguntó, maldiciendo el rubor que le recorría las mejillas.

—"Te pregunté qué haces normalmente para divertirte", respondió Richard lentamente, mirándola con atención. Había curiosidad en sus ojos, pero también algo cauteloso, y Samantha tuvo que pensar un minuto antes de responder.

—"Pues… depende. Tengo una amiga y a veces vamos a ver una película y otras veces hay musicales u otras cosas en el teatro que ambas queremos ver".

Samantha observó a Richard pensar en eso, inclinando la cabeza.

—"¿Ya tienen planes juntas?", preguntó entonces, tomando un sorbo de su agua mientras la miraba.

—"Oh, um… Habíamos planeado ir a ver el musical que se presenta en el teatro esta semana…" respondió ella lentamente, frunciendo el ceño. "Pero desafortunadamente aún no ha conseguido las entradas..."

Miró su servilleta, y Richard resopló, tamborileando distraídamente con los dedos sobre la mesa.

Se detuvo abruptamente cuando la camarera regresó, con dos pequeñas cajas, frunciendo un poco el ceño mientras chirriaba: "¡Aquí tiene! ¿Hay algo más que pueda conseguirte?"

—"No, puedes retirarte", Richard le devolvió la sonrisa, mirándola a los ojos por sólo un segundo.

Samantha la vio regresar con el resto de las camareras, luego observó las pequeñas cajas: resultó que tenían trozos de pastel.

—"¿Qué es esto?", preguntó algo confundida.

—"El pastel de nueces parecía demasiado bueno para dejarlo pasar, así que nos compré dos piezas como postre".

Samantha sonrió un poco. "Suena buena idea…". Le dio un bocado y se deleitó. "¡Esto está delicioso!"

—"Je. ¿Qué puedo decir?", puso las manos detrás de su cabeza, bien relajado. "Soy un gran comensal"

—"Sí, no lo dudo", asintió ella con una extraña sonrisa.

—"De acuerdo, entonces a disfrutar"

Samantha hizo una pausa por un momento, enviando un agradecimiento silencioso por la comida frente a ella, y luego comenzó a comer. Se detenía periódicamente para contar una historia divertida de cómo creció con un grupo de primos, para responder otras preguntas sobre ella misma que su jefe le hacía o para controlar a Judo.

Richard se enteró de que, aunque ella tenía una familia numerosa (muchos adoptados) y que solían ser un grupo ruidoso, su propia familia era pequeña: solo ella y su madre. A pesar de las convivencias, Samantha reconocía que le parecía divertido tener una familia tan grande.

Por su parte, ella terminó descubriendo cosas que desconocía de él, como que le gustaban las películas de cine bélico o que era bastante humilde acerca de sus logros en pickleball o cricket. Aunque esto último no debería haber sido una sorpresa, pero aún así ayudó a explicar su físico.

Las personas entran y salen, pero su conversación no terminó. Antes de que se den cuenta, la charla de la gente se extingue. Apenas queda nadie en el comedor. A pesar del disfrute de la conversación, una vez que Samantha se da cuenta del comedor vacío, interrumpe la conversación y sugiere retirarse. Richard está de acuerdo.

Al ir a buscar a Judo, la pequeña les pide como último favor que se tomen fotos en una cabina cercana. Ambos se miran, dudando un poco al principio, pero finalmente acceden.

Los tres regresan a casa cuando ya había comenzado a caer la noche. Judo fue la primera que entró rápidamente, con una sonrisa en su rostro.

—"¡Me alegra mucho que hayas aceptado esto!", dijo Judo, saltando de alegría.

Richard sonrió un poco al verla. Podría jurar que no había visto a su hija así en mucho tiempo.

—"¡Papá! ¿Mañana podemos ir a la playa?", pidió, juntando sus manos.

—"Bueno hija…", miró por un momento a Samantha, quien con su mirada le hizo un gesto para que aceptara. "Claro".

—"¡Sí!", volvió a saltar de alegría.

—"Ahora sé una buena niña y ve a ducharte", ordenó.

—"Está bien".

Judo subió las escaleras tan rápido como pudo, dejando a ambos adultos solos. Richard se acercó un poco a su secretaria.

—"Supongo que debo darte las gracias", fue lo que pronunció.

Samantha sonrió mientras agitaba la cabeza. "No tienes por qué, fue agradable…"

—"No tan rápido", interrumpió bruscamente. "No olvides que ahora tendrás el doble de trabajo"

Samantha asintió. "Lo sé"

—"Y… ¿También sabes sobre lo que tienes que ir a recoger mañana a primera hora?"

—"Por supuesto".

Richard intentó sonar severo, pero era increíblemente difícil. Su secretaria no parecía estar preocupada.

—"Ah… bueno… eso es todo. Retírate", le ordenó para luego girar hacia el comedor.

—"La pasé muy bien hoy", dijo Samantha antes de retirarse.

El comentario no pasó desapercibido para Richard, quien se detuvo a medio camino y vio de reojo como Samantha cerraba la puerta al salir. Hizo una mueca y luego siguió caminando hasta la cocina. Bebió un poco de agua y suspiró, mirando las fotos que se sacaron en la cabina, pensando en el día interesante que tuvo.

AL DIA SIGUIENTE

Lo primero que Judo escuchó cuando despertó fue un suave tarareo proveniente de la cocina. Segundos después, el glorioso olor a comida casera invadió la habitación, haciendo que su estómago gruñera y se le hiciera la boca agua. Mientras caminaba hacia la cocina, un olor celestial invade nuevamente su nariz, lo que hace que su estómago gruñera con más fuerza de deleite.

La pequeña chow-chow se asomó apenas en la entrada de la cocina, ahí pudo contemplar a una cimarrón uruguaya, rechoncha y robusta, vistiendo un delantal. Aquella hembra de gran tamaño estaba de pie frente a la cocina, preparando el desayuno, mientras cantaba en voz baja una canción que sonaba en la radio. Por momentos se movía felizmente por la cocina para buscar algún utensilio o ingrediente, tarareando aquella melodía alegre. Judo sonrió suavemente ante la escena antes de que la cimarrón la notara parada en la entrada.

—"¡Linda!", reaccionó alegremente, agitando la espátula hacia la pequeña a modo de saludo con una sonrisa adornando su rostro.

—"¡Tessa!", Judo corrió a abrazarla.

—"Buen día, cariño. ¿Cómo estás?, ¿Dormiste bien?", preguntó Tessa correspondiendo el abrazo.

Judo asintió. "Con el día que tuve ayer pude dormir sin problemas"

—"Me alegro, cariño", le acarició el pelo cariñosamente.

—"No vas a creer lo que pasó", pronunció, mientras se alejaba un poco.

Judo contó con lujo de detalles sobre el estupendo día que pasó, mientras la cimarrón no hizo más que escucharla y sorprenderse por una que otra cosa.

—"¡Vaya!", dijo con asombro, "Se nota que la pasaste bien"

Judo asintió. "Papá. . . Realmente necesita más días así…", se queja lastimosamente mirándola.

—"Calma-calma, cariño", dijo algo preocupada por su reacción para luego colocar un vaso de jugo de naranja frente a ella. "Bebe un poco. Necesitas empezar el día con buenos ánimos".

—"Tienes razón"

Judo movió un taburete hasta la encimera de la cocina para alcanzar el vaso. Hubo un breve momento de silencio mientras observaba a la empleada de su padre cocinar.

—"Tessa…", pronunció apenas.

—"Dime, cariño"

—"¿Te gusta tu trabajo?", preguntó con curiosidad.

Tessa asintió. "Claro, cariño, ¿Por qué no habría de gustarme?"

—"Solo. . . pensaba que no disfrutabas de tu trabajo".

—"Nah", hizo un gesto con la mano. "Cuando tengas dieciocho, hablaremos de un trabajo que tuve en el Consejo de Subterráneos de Nueva York. Hasta entonces, te quedarás con la duda de cuál fue el peor trabajo que tuve", soltó a modo de broma.

—"¿No puede ser hasta los quince?"

Tessa negó con la cabeza.

—"¿Por qué no?"

—"Porque para esa edad tendrás que preocuparte de muchas cosas, como los vestidos que usarás, y yo quiero ayudarte en eso", le guiñó el ojo mientras la pequeña chow-chow sonreía.

—"Y… ¿Es verdad que empezaste a trabajar cuando tenías esa edad?", preguntó, nuevamente con curiosidad.

—"En realidad tenía casi tu misma edad cuando me permitieron conseguir mi primer trabajo", informa alegremente.

—"¿En serio?", reaccionó algo sorprendida.

Tessa asintió. "Así es. He tenido muchos trabajos. . . Y créeme que muchos aún se acuerdan de mí", soltó una risa que fue contagiosa.

—"Cuéntame más sobre tus trabajos", Judo suplica con entusiasmo.

—"Pues…", pensó por un momento. "El trabajo más loco que he tenido fue el de coiffeuse en una pequeña y encantadora boutique francesa. . .", dijo felizmente recordando; Judo siempre parecía emocionada de escuchar cualquier cosa sobre las aventuras de Tessa.

—"¿Qué es coiffeuse?", pregunta la pequeña chow-chow.

—"Peluquera. . . es la palabra francesa para lo que se conoce como peluquera", explica con cariño.

—"¿París es un buen lugar?".

—"Si lo fuera no estaría viviendo aquí". Ambas se rieron.

Judo tarareaba contemplativamente, observando atentamente cómo aquella hembra de gran tamaño revolvía varios ingredientes con una espátula de madera. Estuvo a un momento de hacer una pregunta antes de que Tessa hablara de nuevo.

—"Muy bien, cariño. Dime, ¿Qué te gustaría que te prepare para el desayuno?"

—"¡Me gustan los hot cakes!", respondió de inmediato.

—"¿Qué tipo de hot cakes te apetecen hoy?", preguntó

Judo pensó por un momento. "¡Con chips de chocolate!"

—"Buena elección".

—"¿Puedo ayudarte?"

La pregunta de Judo hizo que la cimarrón se detuviera en seco por un momento.

—"No es necesario", hizo un gesto con la mano. "Puedo encargarme de eso yo misma".

—"¡Pero yo quiero ayudar!", clamó.

Tan pronto como las palabras salieron de su boca, Tessa se dio cuenta de que eran inútiles. La pequeña chow-chow estaba sonriendo de emoción ante la perspectiva de poder ayudar en la cocina. Claramente, todo no parecía ser algo nuevo para ella, pero le costaba mucho resistirse ante la suplicaba de esa cachorrita. Y ¿Qué tan terrible sería para ella privarla de la experiencia?

—"Bueno… ¿Qué tal si me ayudas a preparar los mejores hot cakes del mundo?"

—"¡Síiiiiiii!"

Con la ayuda del taburete, Judo fue arrastrándose hacia la despensa para agarrar la mezcla para hot cakes y la bolsa con las chispas de chocolate. Corrió hacia la despensa tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitieron, pero se detuvo frustrada cuando no pudo levantar la pesada bolsa de mezcla.

—"Cariño, déjame ayudarte", sugirió Tessa, acercándose, pero Judo se negó.

—"¡No! ¡Yo puedo hacerlo!", se quejó.

—"Está bien, está bien", dijo, retrocediendo y confiando en su palabra.

—"¡Mira, lo estoy haciendo!", dijo con una gran sonrisa mientras sujetaba la bolsa con fuerza, olvidando instantáneamente su irritación anterior. "Te dije que podía hacerlo"

—"Tenías razón", dijo Tessa con una sonrisa mientras sacaba un tazón para mezclar y una taza medidora. Judo colocó la mezcla y la leche en el recipiente antes de batirlos. Tessa no pudo evitar esbozar una sonrisa gigantesca cuando la pequeña mostró con orgullo su arduo trabajo.

—"Tessa… tengo las manos raras", declaró de la nada mientras la ayudaba a verter un poco de masa con chispas de chocolate en una sartén.

—"¿Qué quieres decir cariño?" preguntó con curiosidad y cierta preocupación.

—"Siento como… una especie de hormigueo", dijo con el ceño fruncido antes de sacudir la cabeza y concentrarse en servir de nuevo con una sonrisa.

Tessa se rió un poco. "Eso es por tu fuerza", expresó. "Ya eres una niña grande y estás empezando a desarrollar tu propia fuerza", le aseguró.

Mientras los hot cakes se cocinaban en la estufa, Tessa aprovechó para buscar unos ingredientes especiales. Cuando terminaron, Tessa dobló con cuidado cada hot cake en dos platos y dispuso fresas, arándanos y crema batida encima para terminar.

—"¡Aquí tienes! ¡Es un especial de la casa!", dijo la cimarrón mientras colocaba el plato frente a Judo.

La pequeña chow-chow dio un mordisco a la comida recién hecha y su mirada de sorpresa regresó.

—"Parece que alguien lo está disfrutando mucho", dijo Tessa enarcando una ceja.

Judo no respondió, solo se limitaba a comer.

—"¿A qué sabe, cariño?", preguntó mientras ella lo masticaba bien antes de tragar el contenido.

—"¡Sabroso y delicioso!", la elogió mientras la cimarrón sonreía al escucharla.

Tessa decidió agarrar uno de los hot cakes en el plato y estaba a punto de darle un mordisco.

—"¿Sabes a qué más sabe?", soltó Judo.

Se detuvo con el hot cake a centímetros de su boca mientras se giraba para mirarla, solo para inclinarse y responderle.

—"A amor, por supuesto", Judo se rió de su comentario mientras Tessa también se reía con ella.

Los dos se detuvieron y se giraron para mirar a Richard, que estaba observando toda la escena. Tessa se quedó de piedra, caso contrario a Judo, que solo se sorprendió un poco mientras volvía a masticar otro hot cake. El patriarca estaba parado en la puerta con las manos en las caderas. Por su expresión era evidente que algo no le agradaba.

—"Buenos días, ¿Qué tenemos aquí?", preguntó acercándose.

—"¡Papá!" dijo felizmente mientras corría hacia su padre.

—"Hola cariño", la abrazó, "¿Qué estás haciendo?"

—"Sólo estamos preparando el desayuno", dijo Judo. "Hicimos los mejores hot cakes con chispas de chocolate del mundo, y Tessa me dejó cargar los ingredientes".

Richard le lanzó una mirada seria a su empleada, quien reaccionó un poco nerviosa.

—"Ya veo…"

—"Creo que ya soy una niña fuerte", hizo una pose levantando los brazos, "¿No lo crees?"

—"Sí-sí, lo creo…", respondió, sin prestarle atención. "Ahora hazme un favor y ve a desayunar", ordenó, "Necesito hablar con Theressa".

Judo obedeció y se retiró llevándose los hot cakes. Tessa se giró inmediatamente y se puso a cocinar. Richard caminó lentamente hacia ella. Sus rostros estaban separados por sólo unos centímetros cuando el chow-chow se le acercó lo suficiente. La cimarrón hizo todo para no mirarle la cara, generalmente esperaba que sus ojos rojos penetrantes estuvieran llenos de ira, aunque él los mantenía entrecerrados.

—"¿Qué es esto?", preguntó mientras la mujer no se inmutaba y continuaba cocinando con normalidad.

Tessa traga saliva, deslizando unos huevos en un plato antes de responder, colocándolos uno encima del otro suavemente, salpicados con la cantidad justa de sal, pimienta y orégano.

—"…Desayuno", responde más tranquila de lo que él esperaba.

Richard se volvió hacia Tessa, con el rostro ahora cubierto de disgusto.

—"Me refiero a que significa lo que estaba pasando", se cruzó de brazos.

—"Nada, solo… una ayudita", sonrió nerviosamente.

—"¿Ayudita?", enarcó una ceja.

—"La pequeña quería ayudarme y yo…"

—"¡Basta!", ordenó, interrumpiendo bruscamente. "Creo que fui lo bastante claro contigo la última vez"

La conversación no parecía nueva, incluso daba la impresión que ocurría todas las mañanas como un reloj.

—"Señor, créame que intenté…"

—"No-no-no…", vuelve a interrumpir, "De 'intentar' no intentaste nada", replicó.

Tessa reaccionó cabizbaja. "Tiene razón…"

—"Por supuesto que la tengo", interrumpió nuevamente.

—"Es que… me era muy difícil decirle que 'no' a esa adorable carita", intentó explicar, poniendo una sonrisa.

Richard resopló, pellizcándose el puente de la nariz.

—"Dime que al menos me preparaste algo para beber"

Tessa asintió. "El café ya está en la maquina con un poco de crema y azúcar, el resto del desayuno debería estar listo pronto".

Hubo una breve pausa mientras Richard retiraba el café y se bebía un sorbo.

—"Tienes suerte de que esté delicioso"

—"Señor, sé que cometí un error…"

—"Otra vez", prorrumpió.

—"Pero por favor no sea dura con su hija", pidió. "A ella realmente le gusta la cocina"

—"¡Oh! ¡Pero claro! Apuesto a que a Judo realmente le encantaría dedicarse a eso", murmura sarcásticamente tomando otro sorbo de café.

—"¡Es cierto!", exclamó, "Se está convirtiendo en una niña grande y fuerte. Además, debería verla, tiene un talento para…".

Richard enarcó una ceja mientras volvió a interrumpirle tajantemente.

—"Esta es la última vez…", amenazó, apuntándole con el dedo, "La última, ¿Entendido?".

Tessa asintió significativamente.

—"Aclarado eso, ¿Qué estás cocinando ahí?"

—"Su favorito", respondió mientras volteaba un huevo cocido y la carne con la espátula.

—"Muy bien. Es bueno saber que al menos no te olvidas de hacer algo bien", dice de mala gana.

El chow-chow se dirigió al comedor mientras el sonido del pan tostado que surgía de la tostadora siguió a su partida. La cimarrón uruguaya resopló mientras se giraba para terminar con la cocina.

Minutos después

Había prácticamente todo lo que uno desearía en un desayuno en una ciudad de ritmo acelerado como ésta: croquetas de patata, tocino, huevos, cebollas verdes salteadas y puerros.

Tessa terminaba de apilar los huevos encima de las tostadas y disponiéndolos simétricamente alrededor de la mesa. Judo le agradeció por la comida, al igual que Richard, aunque este último luego le ordenó retirarse.

El chow-chow esperaba disfrutar del desayuno junto a su hija, completamente solos en su acogedor comedor. Decide encender el televisor de pantalla plana de la pared de enfrente.

"Mientras crece la preocupación por el crecimiento económico internacional, y la confusión geopolítica domina los promedios generales, las materias primas continúan con su histórico aumento de precios. Solo hay que observar el dramático movimiento de precios del cobre. Este mercado tranquilo se ha vuelto un volcán de actividad. Los precios del cobre se fueron por las nubes debido al excesivo consumo para la fabricación de diversos productos de gran demanda mundial. Por otro lado, crece el miedo en mayores nacionalizaciones, especialmente en Rusia, donde parecen ahuyentar a los inversores internacionales. Una oleada de noticias apuntan firmemente a una economía cada vez más caldeada", decía un reporte de noticias del canal ABC, que fue el primero que sintonizó el televisor. Richard hizo una mueca de disgusto y lo cambio abruptamente a otro canal donde estaban trasmitiendo una serie de abogados, y luego su mano alcanza la base de una salsa marrón justo cuando su voz interrumpe su ritmo.

—"Papá…"

—"¿Sí?"

—"Por favor, no culpes a Tessa", pidió, con cierta angustia, "Yo fui quien le pidió que me dejara ayudarla".

Richard la miró con cierta indignación.

—"¿Estuviste escuchando todo?", siseó.

—"¿Acaso tú no hiciste lo mismo?", objetó

Hubo un breve silencio incómodo.

—"Aunque tú le hayas insistido, eso no quita que ella desobedeció mis órdenes", alegó.

—"¡Pero no es justo que la culpes por algo que es mi culpa!", exclamó.

—"Bueno, de alguna manera tienes que aprender que las acciones tienen consecuencias", dijo fríamente para luego beber otro sorbo de café.

Hubo otro breve silencio incómodo.

—"Además, ya te dije que no quiero eso de la cocina para tu futuro", agregó. "¿Qué pretendes? ¿Terminar vendiendo comida rápida en un food track?"

Judo niega agresivamente con la cabeza.

—"Papá, lo que yo quiero es hacer música".

—"Ay no…", suspiró. "Hija, no tendremos esta conversación de nuevo. Ya te dije que eso es un gran hobby. Para mí componer música es algo trascendental…"

—"Pero yo quiero ser cantante", dijo con entusiasmo. "Ese es mi sueño".

—"Ya veo, y te entiendo…"

Agarrando los utensilios, cortó un trozo de tocino y un trozo de huevo con un cuchillo antes de juntar los dos trozos con un tenedor y se los llevó a la boca mientras los masticaba.

—"Ahora escúchame, eres pequeña y debes entender que no todos los sueños se realizan en esta vida", expuso tranquilamente. "Yo quise buscar oro en mi juventud en el río y luego te tuve, y tuve que olvidarme de mi sueño, porque hay un deber antes con la familia y antes con los negocios".

—"Sí, pero…"

—"¿En dónde crees que estarás con la música?", interrumpió, "¿Cantando en bodas? ¿En cumpleaños? O peor aún...", se llevó las manos a la cabeza. "No quiero ni imaginarlo".

Judo se decepcionó. "No crees en mí, ¿Cierto?"

—"Al contrario. Creo en ti. Creo que eres más inteligente, más educada y que puedes hacerte cargo de una gran compañía", aseguró, comiendo otro bocado. "Pruébate a ti misma. No tienes idea de lo importante que es estar al frente de un gran equipo".

—"Pero papá…"

Richard volvió a interrumpir. "Cuando crezcas y seas adulta, lo comprenderás. A tu edad yo tampoco le hacía caso a mi padre, pero a su tiempo lo entendí"

Judo se frustró ante la negatividad de su padre y su necedad por escucharla.

El timbre sonó, Tessa fue a atender y dejó pasar al individuo que había llegado. Al comedor entra un macho Aussiepoo, de lentes, camisa floreada, pantalones cortos y chanclas amarillas. Llevaba consigo una carpeta con papeles.

—"¿Qué onda, escamondas?", dijo con todos los ánimos, "¿Qué tal se la están pasando?"

—"Buenos días, Dolon", Richard lo recibió. "La verdad es que te esperaba un poco más tarde".

—"Oye-oye-oye", se cruzó de brazos, con una mirada traviesa. "¿Acaso me he quedado dormido alguna vez?", hizo una señal de detenerse "¡No hace falta que me respondas!"

—"Tampoco pretendía hacerlo…", dijo Richard. Había algo ligero en su voz, como si fuera consciente de las ocurrencias del recién llegado.

Dolon miró el gran banquete que había en la mesa e intentó cubrirse la cara.

—"¡Ah! Debería cerrar los ojos para no ver tus riquezas".

—"¡Oye!", le apuntó con el dedo. "No digas eso, mi billetera cuesta más que toda esta comida".

—"Y… ¿Cuánto cuesta la billetera?", sonrió desafiante. "Si se puede saber, claro".

—"Seis mil dólares"

—"¡Oh! Ahora puedo calcular el monto de tu salario semanal", dijo con sarcasmo.

—"Mi salario por media hora de trabajo", aclaró. "A veces te falta ser más disciplinado"

Dolon puso los ojos en blanco, mientras se reía entre dientes. "No discutiré con un experto". Miró a su izquierda y se acercó a Judo.

—"¿Cómo está la pequeña Ju-ju?", le preguntó, acariciándole un poco el pelo, pero ella no respondió. "¿Llegué en un mal momento?"

—"Una charla familiar sin importancia", soltó, lo que causó que Judo se frustrará un poco más. "¿Qué tienes para mí?", preguntó, pasando a otro tema.

—"¡Oh sí! ¡Claro!", se acercó a él para entregarle la carpeta con papeles. "Estuve averiguando y revisé a los nuevos inversores, tal y como me lo pediste".

—"¿Y bien?", preguntó, echando una hojeada rápida a los papeles.

—"Ah… no son ángeles, por supuesto, pero tampoco son bandoleros"

—"Eso es bueno. Los ángeles, como dicen, no pasan por nuestro barrio".

—"Imprimiré los currículums de los inversores japoneses y los italianos para que los mires luego".

Richard asintió. "Eso me parece bien…"

—"También repasé lo que hablamos la otra anoche, y todo está perfecto".

—"Excelente, porque estoy seguro de que ese sujeto recomendará 'Pacific Courier'".

Dolon asintió. "Por supuesto"

—"Y tenemos una mejor opción: 'Conglom-O'"

—"¡Buen record!"

El teléfono de Richard comenzó a sonar y lo atendió de inmediato.

—"¿Diga?"

—"Richard, soy yo, Samantha. Te necesitan en la empresa", dijo por lo bajo, sentada detrás de un escritorio, estando en un lugar que parecía ser una gran oficina.

—"Creí que les habías dicho que pedí la semana para trabajar desde casa".

—"Lo sé, pero ha habido una… situación de emergencia", murmuró nerviosa.

—"¿Situación de emergencia?"

—"Sí, verás, hay una reunión en la que se hace necesaria tu presencia".

—"No entiendo para qué. Ya tienen el estimado y el contrato, ¿Cuál es el problema?"

—"Hay un estimado, pero los ejecutivos tienen bastantes preguntas y dudas sobre el paquete que quieren promocionar", informó. "Tu presencia significaría acelerar o mejorar el proceso para la entrega"

—"¿Qué dice Poe al respecto?"

—"Él no está presente", dijo, mientras se asomaba desde su escritorio para mirar a gente discutiendo. "No ha podido venir debido a unos arreglos que está haciendo con otros inversores, pero él confía en ti. Quiere que hagas acto de presencia y que resuelvas los problemas"

—"Ese Poe…", murmuró por lo bajo, quejándose.

—"Se confirmó la reunión para las diez".

Richard miró su reloj. "¿A las 10?"

—"Sí"

—"Genial. Te llamaré luego", cortó la llamada y suspiro. "De acuerdo, cambio de planes".

—"¿Invertirás en otra cosa?", preguntó Dolon.

—"Nada de eso, debo ir a la empresa"

—"Pero, ¡Se suponía que iríamos a la playa!", protestó Judo.

—"Sí, exacto, se suponía, pero como dije, cambio de planes. Esto es importante y no puedo cancelarlo", espetó Richard. "Además, tómalo como un castigo por desobedecerme"

—"¡Ah! ¡No es justo!", se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño.

—"La vida no es justa, hija…", dijo con aires de suficiencia, "Pero, como te dije, tienes que entender que las acciones tienen consecuencias"

—"¡Uh! ¡Eso es cierto!", se metió Dolon. "Recuerdo que cuando tenía tu edad fui a una excursión con mis padres a un monte y quise robarme unas tunas", dijo con una sonrisa para luego cambiar a una expresión extraña. "No tuve mejor idea que guardarlas en mi bolsillo…"

Ambos lo miraron extrañamente.

—"Pero lo importante es que aprendí varias cosas ese día", agregó luego, volviendo a poner una sonrisa.

—"¿Qué se supone que haré ahora?", manifestó Judo, ignorando lo que dijo Dolon.

—"Puedes acompañarme a la empresa", respondió Richard, levantándose de la silla. "Nos halagarías con tu presencia. Aunque no te garantizo que te diviertas".

—"y ¿Qué haría yo entre todos esos ancianos?", protestó nuevamente.

—"¡Oye!", le apuntó con el dedo, "En primera, son mis amigos, y en segundo, gracias, solo tengo 39"

—"Yo tengo menos", se volvió a meter Dolon y ambos lo miraron de mala gana. "Mejor me callo…"

—"Ahora que lo pienso, es una buena oportunidad para ti", se volvió hacia su hija. "Aprenderás algo que te sea de gran utilidad".

—"Pero…"

—"No hay peros", interrumpió, "Irás y es mi última palabra"

Judo resopló. "Está bien…"

—"Ve a prepararte, saldremos en cinco minutos".

—"Solo déjame lavar mi taza", pidió algo angustiada.

—"Está bien, pero date prisa. No quiero llegar tarde por tu culpa".

Judo se retiró inmediatamente, sosteniendo su taza.

—"¿Qué no tenías lavaplatos?", preguntó Dolon.

—"Esa taza requiere un cuidado especial", informó Richard. "Judo se encarga de lavarla cuidadosamente para que no se le borre nada de lo que hay ahí. A ella no le agrada la idea de dejarla en el lavaplatos por temor a perder todo"

—"Entiendo…", pasó a otro tema, "Oye, hablando de borrarse, si no necesitas nada más entonces yo…", comenzó a caminar.

—"No tan rápido", le detuvo. "Tú también vendrás conmigo a la empresa"

—"¿Qué? Y ¿Yo por qué?"

—"Necesito que revises unos libros de contabilidad", precisó. "Todas las cifras deben estar en tu cabeza. ¿Entendido?".

Dolon hizo un saludo militar. "¡A la orden, borden!"

Minutos después

Judo se subió al auto. Richard estuvo a punto de hacer lo mismo, antes de dedicarle unas palabras a su amigo.

—"Dolon, no es que me queje de tu vestimenta ostensiblemente desagradable a la vista… pero deberías reconsiderar mi idea de conseguirte un traje"

—"¿Qué tiene de malo mi ropa?", cuestionó incrédulo.

Richard lo miró de arriba a abajo. "Solo súbete".

Ambos machos se subieron al auto. Tras prepararse, Richard prendió el motor y salieron a toda velocidad.

—"¿Por qué tan rápido?", preguntó Dolon, aferrándose a su asiento.

—"Debemos correr como hámster"

—"Ah… no entiendo", afirmó Dolon

—"Un hámster en una rueda", intentó explicar, haciendo gestos con la mano. "Para ganar un sueldo decente y no terminar comiendo en un refugio, tienes que dar vueltas y vueltas como hámster… y si es posible, vestirte decentemente", aseguró, ajustándose la corbata. "La gente no juzga tu cerebro, sino tu apariencia. Tú no debes conformarte con un mísero sueldo".

Richard se detuvo en una floristería.

—"¿Qué hacemos aquí?", preguntó extrañado.

—"Debo recoger algo…", fue lo único que alcanzó a decir mientras abría la puerta. "Hija, acompáñame".

Judo se bajó del auto y acompañó a su padre sin mediar una palabra. Al entrar al negocio fueron recibidos por una agradable mujer.

—"¡Hola! Buenos días", dijo con una sonrisa. "¿En qué puedo ayudarlos?"

—"Muy buenos días", dijo con elocuencia. "Me gustaría llevar unos Ranunculus asiaticus, las quiero rojas. Como ornamento me gustarían unas cuantas Dianthus caryophyllus… solo algunas. Y para el centro unas Bellis perennis servirán" , ordenó, "Tendremos un ramo modesto y adecuado para la situación".

La encargada asintió. "Enseguida se lo preparo, señor".

En menos de cinco minutos el pedido fue hecho y se retiraron del negocio.

—"Papá, ¿Por qué dijiste todos esos nombres?", preguntó extrañada por lo que pidió.

—"Porque así es como se llamaban"

—"Pero así no es como todos las llaman"

Richard se rió entre dientes. "Hija, no entiendes cómo funcionan las cosas"

—"¿Qué tiene que ver con eso con las flores?"

—"Entiende la diferencia: Usan nombres clásicos. Como en un buen restaurante donde no sirven carne con salsa y papas, sino escalopas con salsa bechamel"

Judo pensó por un momento. "¿No es lo mismo?"

—"Así es, por eso cuando dices 'ranúnculos' es un precio. Un ranúnculo es un precio y ya", indicó. "Pero cuando lo llamas Ranunculus asiaticus es otro precio. Es para un público diferente"

—"Y… ¿Cómo haces para recordar tantos nombres?"

—"He estudiado algo de filología, y me siento orgulloso de mis habilidades lingüísticas", dijo con una sonrisa. "De hecho, creo que te vendría bien estudiar un poco. Le diré a Samantha que te consiga un libro".

Judo hizo una mueca e intentó pasar a otro tema. "¿Crees que es buena idea llevar flores al trabajo?"

—"Yo creo que las flores siempre son bien recibidas", respondió con seguridad.

La ciudad existía en un estado intermedio donde la gente trabajadora, la contaminación del aire y los altos rascacielos con sombras opresivas trabajaban juntos para desterrar el orden natural del mundo. El rocío no cubría las briznas de hierba por la mañana, no cantaban cigarras, no había cardenales ni búhos volando con los vientos. Los sonidos de las sirenas y los borrachos hablando plagaban la ciudad a todas horas, el olor a gasolina se aferraba a sus callejones sin importar la hora. El aire del verano envolvía tu piel como un pesado abrigo de piel, sin importar si era de día o de noche.

Richard había llegado a su destino luego de un breve rato, y sus dos acompañantes le seguían. En el camino hacia la entrada, Judo se detuvo por un momento y miró hacia arriba y hacia abajo. El rascacielos de ocho lados se alzaba a 1.600 pies sobre Melbourne, con la metrópolis del distrito comercial extendida debajo de él.

Al entrar, fueron recibidos por el portero del edificio, quien saludó a Richard con entusiasmo y éste le devolvió el saludo.

—"¿Cómo te fue este mes, Tony?", preguntó Richard con una sonrisa.

—"Me dieron 4000 y una botella de whisky. Voy a invertir como usted lo sugirió", informó.

—"Bien. Hasta que el marco alemán vuelva a subir".

—"¡Gracias, Richard!"

"Esta estúpida torre tiene demasiados pisos", pensaba Judo para sí misma y, por desgracia, su progenitor la está llevando directamente a su oficina en la parte superior. Solo han logrado subir los primeros quince pisos, y Dolon quiere estrangular a quien diseñó esta torre por no idear un sistema de ascensor que sea más eficiente que detenerse en cada maldito piso.

Al llegar a su destino, el Aussiepoo se disculpó un momento para ir rápidamente al baño. Para Richard no era ningún secreto que su amigo le temía a las alturas, y hacía poco por disimularlo.

En su camino a la oficina, tanto hombres como mujeres saludaban alegremente a aquel chow-chow de traje. Judo no parecía desconcertada con respecto a que le lanzaran miradas tan sorprendidas, lo que más le llamaba la atención era la cantidad de mujeres que halagaban a su padre.

—"¿Por qué todas las chicas te hablan así?", preguntó mirándolo.

—"¿Así cómo?"

Judo hace una imitación. "Hoooolaa Richard"

El eco de unos tacones altos golpeando el piso de mármol hizo que los sentidos de aquel chow-chow macho se agudizaran. Todos conocían el sonido de esos pasos... y aunque para muchos rara vez eran el preludio de algo totalmente agradable, para Richard significaba todo lo contrario.

Se acercó una Border Collie rojo mirlo tricolor, de ojos azules, con un cuerpo esbelto, distinguible pese a su ropa formal. Aquella hembra miraba a Richard de una manera un tanto peculiar.

—"Hola Richard", dijo dócilmente.

—"Hola Celia"

—"¿Lo ves, papá? ¿Ya ves cómo lo dijo?", expuso Judo.

Él se rió en respuesta a sus palabras. "¿Preocupado por mi bienestar?"

—"No sabía que habías traído a tu hija", se agachó para verla más de cerca. "Es muy bonita"

Judo puso una mirada juzgadora y Celia se volvió hacia el chow-chow de traje.

—"Richard, estoy escribiendo una historia de hombres como tú", le hizo saber, mostrándole unos papeles.

—"Y ¿Cuál es el gancho?", preguntó con curiosidad.

—"Es una expresión que usaba mi madre: 'Ama a tu elegido como a un niño y será un hombre'"

Richard hizo una sonrisa. "Eso me agrada"

—"Cuando termines con la reunión tal vez quieras que te entreviste, ¿Verdad?", sugirió.

Richard asintió significativamente. "Me parece una buena idea".

—"Genial. Te veré más tarde", le guiñó el ojo y se retiró.

—"¿Quién era esa mujer?", preguntó Judo con una expresión algo disgustada.

Richard no respondió. Parecía algo embobado mientras miraba a aquella alejarse.

—"¡Papá!", gritó Judo y su padre se sobresaltó un poco.

—"¿Qué?"

—"Te pregunté quién era esa mujer".

—"Oh, solo es Celia. Una de nuestras mejores empleadas"

—"¿Y por qué la mirabas tanto raro?", le cuestionó.

—"Bueno… Ella es bonita, ¿No?", fue su exuberante respuesta.

—"¿Acaso te gusta?", preguntó, cruzándose de brazos.

Richard se rió entre dientes. "Hija, pero ¿Qué cosas dices?", la tomó del brazo. "Venga, no hay tiempo que perder".

La oficina de Richard era bastante espaciosa. Además de su escritorio y el mueble que contenía las carpetas de archivos, había un juego de sillones, una mesita de café y un Smart tv en la pared. Aunque quizás su mayor atractivo eran los ventanales que le proporcionaban la mejor vista a la ciudad.

Al abrir la puerta, ambos se encuentran a Samantha con los trajes de Richard colgados en la pared, asegurándose de limpiarlos adecuadamente en lugar de adoptar la actitud de "hacer campaña las 24 horas del día sobre a quién le importa si mi traje está arrugado", que sabe que lo volvería loco.

—"¡Richard!", volteó a verlo. "Llegaste antes"

Richard miró la hora. "20 minutos antes"

—"Bien puntual como siempre"

Samantha inmediatamente notó a Judo, cosa que le llamó poderosamente la atención. Por la expresión de la niña, sabía que algo no andaba bien.

—"¿Qué hace ella aquí?"

—"Digamos que aprenderá unas cosas"

Samantha se mostró confundida. "¿Cómo?"

—"Así como lo oyes. Aprenderá obediencia, disciplina, consecuencias, lenguaje y un poco de finanzas", respondió enumerando cada una. "Y tú te encargarás de eso", le apuntó con el dedo.

Samantha se señaló a sí misma. "¿Yo?"

—"¿Quién más?"

—"Pero… ¿Qué…? ¿Qué se supone que le enseñaré?", preguntó, con un leve tartamudeo.

—"Algo de filología estará bien…", respondió, acercándose a ella. "O quizás algo básico sobre economía sería bueno para empezar".

Samantha no se mostró convencida.

—"Richard, ¿Cómo pretendes que le enseñe? Yo jamás hice algo como eso"

—"Bueno, siempre hay una primera vez para todo", respondió con seguridad.

El chow-chow dejó una carpeta en el mueble de los archivos, luego tomó uno de los trajes colgados y lo analizó detenidamente.

—"Están impecables. Buen trabajo"

—"Gracias"

—"¿Tienes los documentos?"

Samantha señaló el escritorio. "Están justo ahí"

—"Perfecto… ¿Tendrás alguna menta?"

Samantha sacó de su bolsillo una cajita de pastillas. Richard se la quitó y rápidamente se tomó varias.

—"Mucho mejor…", dijo, sintiendo una frescura en su boca. "Ya sabes lo que dicen: aliento fresco, mente fresca, cuerpo fresco"

—"Ah… tu aliento no estaba tan mal", soltó Samantha.

—"Tú no comiste cebolla en el desayuno", replicó.

Richard se cambió de traje, tomó los documentos de su escritorio y se dirigió a la puerta.

—"Estaré un par de horas, con suerte dos", informó mientras abría la puerta. "Asegúrate de hacer lo que te dije", dijo mirando a su secretaria. "Y tú, asegúrate de obedecer", dijo a su hija, quien le dedicó una mirada algo frustrada.

Richard casi abandonó su oficina, pero regresó al instante al recordar algo.

—"Ah, por cierto, Dolon está aquí", avisó, ante la mirada algo estupefacta de su secretaria. "Cuando salga del baño vendrá aquí a verificar unas cosas. Así que traten de comportarse", fue su respuesta final.

Samantha suspiró. "Este será un día complicado", murmuró para sí misma.

Richard se encontraba en una gran sala, reunido con otras 7 personas. Todos observaban con detenimiento una serie de anuncios que se proyectaban. Una vez finalizados, el chow-chow de traje se puso de pie y procedió a dar su discurso.

—"Como dijo una vez Winston Churchill: 'mis gustos son sencillos, yo solo me conformo con lo mejor'", dijo con elocuencia mientras caminaba lentamente. "Ese mismo principio es el que guía a esta empresa. Nosotros no ponemos en juego la calidad de nuestros productos, garantizamos a nuestros clientes el mejor resultado posible"

Richard tomó un control y fue pasando varias imágenes.

—"Su primera opción, aunque el 45% de la gente encontró confiable a su anunciante, no es buena", sacudió lentamente la cabeza. "Su segunda opción, desafortunadamente el grupo lo consideró odioso, abrasivo, y un molesto 72% lo consideró espeluznante".

—"El anunció saldrá en 4 días, debemos tenerlo listo", protestó uno.

—"El producto será embarcado, ¿Qué rayos esperan que hagamos?", protestó otro.

—"¿Tendremos que hacer otra sesión mañana?", preguntó otro.

—"¿A qué hora sirven el café?", preguntó otro.

La sala se convirtió en una discusión, la cual fue detenida abruptamente cuando Richard golpeó la mesa.

—"Ya le pedí a mi asistente que pida la respuesta a nivel nacional para poder decidir entonces", dijo, mostrándose indiferente. "Durante la segunda mitad del año se planea aumentar las ganancias en un 15%, así que revisen estos materiales"

El chow-chow le entregó carpetas a cada uno de los miembros presentes.

—"Quiero que presten atención sobre el conjunto de medidas con el fin de minimizar los riesgos crediticios y financieros", dijo seriamente. "Por lo mismo, nuestra institución financiera fue muy felicitada por nuestro jefe del departamento anti crisis y fue muy importante para nosotros, y la presentaron ante la evaluación de una comisión especial que también la avaló y la aprecia mucho", mostró una sonrisa confiable. "Quiero que tengan en cuenta los esfuerzos conjuntos que hemos hecho varios departamentos para lograrlo, también casi se presenta un producto bancario completamente nuevo, diseñado no solo para fortalecer nuestro banco y enriquecer nuestra base de clientes, sino para atraer un nuevo prospecto de negocio en la cual quiero que ustedes lean y analicen cuidadosamente"

Hubo una breve pausa mientras los miembros presentes leían las carpetas entregadas.

—"Tengan en cuenta que si las acciones, de 'The Global Inquirer' caen a menos de 43...", hizo una mueca, "habrá problemas con la evaluación de acciones. Así que sean discretos con sus clientes institucionales. Aún nos queda un día de actividad bursátil, y no quiero problemas".

Richard nota que uno de los presentes le estaba prestando más atención a su celular.

—"¿En qué estás pensando, Adam?", le interrogó, acercándose a él.

Adam no responde.

—"¡Adam!", subió un poco el tono.

—"¿Eh? ¿Qué?", se sobresaltó un poco y notó como todos lo miraban. "Oh, lo siento. Estaba pensando en mi esposa y los niños. Es que… en unas semanas es navidad y les prometí que pasaría las fiestas con ellos y… la verdad no quiero trabajar durante noche buena"

Todos se ríen brevemente.

—"¿Crees que acaso yo disfruto estar aquí en nochebuena, Adam?", le interrogó, acercándose a él.

Adam se pone nervioso ante la mirada intimidante de aquel macho.

—"Bueno... Ah… No. ¿Tal vez?"

Todos vuelven a reírse brevemente.

—"Bien, de acuerdo…", se alejó un poco y se ajustó la corbata. "Quizás estoy un poco obsesionado con el trabajo. Pero en dos días anunciaremos una de las fusiones corporativas más grandes en la historia del país", dijo con orgullo. "Ante un negocio así se requiere de todo nuestro compromiso. No se toman vacaciones".

Richard hizo una pausa mientras volvía a caminar lentamente.

—"La navidad consiste en dar, y yo voy a dar todo a este negocio. Así que soy más navideño que cualquiera", se detuvo, mostrando una sonrisa. "Después de navidad, todos los días aquí serán como navidad cada día. Aunque… si quieren celebrar ese día por su cuenta, todos tienen mi aprobación".

Adam asintió nerviosamente "De acuerdo, lo siento"

—"¡No quiero que lo sientas!", clamó, apuntándole con el dedo. "Quiero que te animes. Quiero que mi regalo para ustedes sea el primero, ¿Saben por qué? Porque mi regalo viene con diez ceros".

Adam se tranquilizó un poco. "Tienes razón. Cuenta conmigo"

—"Muy bien. Ahora pasen a la página N23 del reporte…"

Mientras tanto

Dolon se encontraba inspeccionando la computadora de Richard mientras comía algo. Por su parte, Samantha estaba sentada en los sillones junto a Judo. Le estaba explicando algo de un libro que sostenía, pero la pequeña chow-chow apenas la escuchaba. Prefería observar las luces iluminando su vaso de agua.

—"…Entonces, el concepto no se limita a realizar simplemente comentarios, sino que va más allá, buscando la esencia de una lengua y su cultura a través de diversas fuentes y documentos, lo cual nos sirve para poder conocer nuestro pasado y nuestra verdad", concluyó después de tan larga lectura. "¿Entiendes?"

Samantha notó como Judo tenía la mano apoyada en la barbilla y mostraba una expresión desinteresada.

—"Judo, ¿Pasa algo?"

—"¡Esto es aburrido!", exclamó.

—"No, no lo es…", dijo, tratando de convencerla.

—"Sí, sí lo es", Dolon se metió en la conversación. "¿Para que aprender tanto sobre alternativas a ciertas palabras?", le dio un bocado a su comida, "¿Por qué simplemente no se usan las palabras exactas y ya? ¿Qué es eso de usar palabras raras para parecer más Stradivarius?"

Samantha entrecerró los ojos ante aquel comentario.

—"¿Stradivarius? ¿Qué es eso?", preguntó, alzando una ceja.

Dolon frunció los hombros y levantó los brazos. "No lo sé, pero suena bonito".

Samantha suspiró. "Dolon, ¿Podrías tratar de no comer tu taco en el escritorio de Richard?"

—"¡Oye!", tragó, "En primera, no es un taco, es un burrito del 'Taco Wapo', y es una especialidad del día: ¡Pollo con pimientos picantes!", aclaró, dando otro bocado. "En segundo lugar, Richard confía tanto en mí que no tiene problema en que coma mientras me encargo de sus tareas".

Samantha resopló.

—"Si lo ensucias, yo no pienso hacerme responsable de nada"

—"¡Oh, vamos!", puso una sonrisa juguetona, "¿Cuándo fue la última vez que eché a perder algo mientras comía?"

—"¿Quieres que te recuerde de hace…?"

Dolon interrumpió. "¡Mejor no digas nada!"

—"Sería mejor que tú también hicieras lo mismo", manifestó.

—"Dolon tiene razón", afirmó Judo.

—"¡Gracias!", gritó él.

—"Bueno… si te parece aburrido, podríamos ver otra cosa, ¿Qué te gustaría?"

Judo alzó la mirada hacia los grandes ventanales y estuvo inmersa en sus pensamientos por un momento. Aún tenía la idea de viajar a cierto lugar que de algún modo le traía tanta calma como nostalgia.

—"Quiero ir a la playa…", declaró.

Samantha notó su expresión desencantada. Sabía que la pequeña no la estaba pasando bien, pero no estaba realmente segura de que hacer para animarla.

—"Entiendo, Judo, pero… Tienes que entender que tu padre me dio una orden y debo cuidarte"

—"Y ¿Por qué no vamos juntas a la playa?", intentó proponer con una sonrisa.

Samantha negó con la cabeza. "No podemos"

—"¿Por qué no?"

—"Eso nos metería en problemas a ambas"

—"Yo te llevaría, pero no traje mi bañador", Dolon se volvió a meter en la conversación.

—"¿Por qué siempre haces lo que papá dice?", le cuestionó.

—"Porque trabajo para él"

—"Y ¿No puedes no hacerle caso por esta vez?"

—"¿Quién? ¿Samantha?", Dolon se rió a carcajadas mientras ella se quedó de inmóvil. "Por favor, ella es tan leal que estoy seguro de que sería capaz de dar la vuelta al mundo con tal de conseguirle a Richard algo que quiere a toda costa, aunque fuera una tontería"

Samantha se avergonzó un poco.

—"Y ¿No puedes convencerlo como ayer?"

—"¿Convenciste a Richard?", preguntó vertiginosamente.

Samantha volteó para verlo y asintió lentamente.

—"¡Gazpachos!", exclamó asombrado, "¿Cómo lo lograste?"

—"Solo le dije que se tomara el día libre…", respondió para luego hacer una pausa, "… Y que yo me ocuparía de sus tareas si lo hacía".

—"Vaya… ¿Quién lo diría?"

Judo le agarró el brazo a Samantha con cariño.

—"¡Por favor! ¡Inténtalo de nuevo!", pidió, casi suplicando.

—"Judo, yo no puedo…"

La pequeña chow-chow estaba tratando de parecer enojada, pero no pudo evitar hacer un pucherito, lo que lo hizo aún más adorable para Samantha.

—"Está bien…", suspiró, "Hablaré con él en cuanto terminé y se lo diré"

—"¡Síiiiii!", celebró contenta.

—"Pero tienes que prestarme atención con esto que te estoy enseñando"

—"¡Aburridoooo!", se quejó, cruzándose de brazos.

—"Por favor, Judo…", le tomó la mano, sonriéndole. "Solo haz un poco de esfuerzo".

—"Estoy cansada de lo que papá quiere que aprenda", manifestó, adusta.

—"Entiendo, pero… él solo… solo quiere lo mejor para ti", trató de responder, arrastrando las palabras.

—"¡Sí! Eres muy importante para él", dijo Dolon, dándole la razón a Samantha, luego señaló una foto que se encontraba en el mueble de los archivos. "De lo contrario no te hubiera puesto ahí para recordarte"

Judo miró esa foto de cuando era niña y hubo algo que le llamó la atención.

—"¿Dónde está la otra foto?"

—"¿Cuál otra foto?", preguntó Samantha.

—"Papá tenía otra foto donde estaba con mamá".

Dolon y Samantha se miraron algo nerviosos ante esa declaración.

—"Bueno… ya sabes cómo es tu padre…", intentó explicar Samantha.

—"Quizás se deshizo de ella cuando limpió la oficina", agregó Dolon.

—"No", Judo negó con la cabeza. "Estoy segura de que papá jamás dejaría algo como eso"

Rápidamente, Judo se dirigió hasta el escritorio y comenzó a abrir los cajones.

—"¡Oye-oye! ¿Qué haces?", manifestó Dolon, tratando de detenerla en vano.

Luego de hurgar entre varios papales, folios y otros objetos, la pequeña chow-chow encontró lo que estaba buscando.

—"¡Aquí está!", vociferó con orgullo mientras mostraba lo que había obtenido: se trataba de un marco que contenía una fotografía, en donde se podía ver a sus padres en una versión joven, posando con lo que parecía ser una feria de fondo.

La boca de Samantha se abrió. Estaba segura de que sus cuerdas vocales la estaban matando. Ella no podía creerlo.

—"¿Lo ven? Les dije que papá jamás dejaría algo como esto", dijo con aires de suficiencia.

—"Vaya…", Dolon tomó la foto para verla más de cerca. "Nunca me cansaré de decirlo, pero tu madre es una tremenda mi…", se detuvo al notar la mirada de juzgadora Samantha. "Mi… ¡Millonada! ¡Sí! ¡Eso!", dijo abruptamente. "Solo debe haber una entre un millón como ellas".

Judo asintió. "Papá la ama mucho. Por algo aún conserva esa foto".

Las palabras de la chow-chow cachorrita provocaron una sonrisa amarga en Samantha quien, ajena a su casi visible incomodidad, se levantó para acercarse a la hija de su jefe.

—"Judo, tengo una idea, ¿Qué te parece si mejor nos tomamos un pequeño recreo y vamos a comer algo?", propuso, en un intento de distraerse de una extraña y desagradable sensación.

—"¡Síiiiii!", celebró contenta.

—"Si quieren mi consejo, no coman el puré de papas", parloteó Dolon. "No sé con qué lo cocinan, pero por ese precio no vale la pena".

Samantha ignoró aquel comentario. "Dolon, ¿Podrías quedarte aquí hasta que volvamos?"

—"Obvio, microbio", respondió con júbilo.

—"Por lo que más quieras, no te vayas de aquí", ordenó mientras salía de la oficina con Judo.

Dolon bufó. "Ha! ¿Qué acaso no me cree responsable?", dijo para sí mismo. "Mujeres…"

Solo pasaron unos segundos para que Dolon empezara a tener una sensación desagradable. "Ay no…", dijo con molestia mientras se agarraba el estómago. "Creo que ese pollo con pimientos picantes está comenzando a hacer efecto…", dijo al unísono. El malestar en su cuerpo no hacía más que aumentar. "Será rápido…", exclamó vertiginosamente mientras abandonaba la oficina para ir con urgencia al baño.

Cerca de ahí, había un individuo que estuvo observando todo. Cuando vio que la oficina estaba vacía, aprovechó la oportunidad y entró. Revisó algunas carpetas en el mueble y ojeó un par de papeles. La foto en el escritorio le llamó bastante la atención y fue lo que le detuvo para verla con detenimiento. Sus pensamientos adquirieron un giro oscuro cuando la entrada de cierto chow-chow macho de traje le devolvió a la causa de su situación actual.

—"Hola Celia", dijo Richard reconociendo a aquel individuo, "¿Necesitas algo?"

—"Yo…", pronunció apenas.

La Border Collie rojo tricolor se sentía algo aturdida porque Richard la haya pillado en un momento que no esperaba encontrarlo.

—"¿Qué tienes ahí?", preguntó acercándose y notando el objeto en sus manos. Cuando se dio cuenta que era, se quedó de piedra. "¿Dónde encontraste esto?"

—"Estaba aquí mismo en tu escritorio", señaló.

—"¿Estás segura?", cuestionó.

—"¿Me estás llamando mentirosa?", manifestó, cruzándose de brazos.

Richard se rió entre dientes. "¡No! Claro que no. No es mi intención…", miró a su alrededor y recién se pudo percatar de la ausencia de su hija, su secretaria y su amigo, cosa que decidió ignorar de momento. "Pero, respóndeme, ¿Qué haces aquí?"

—"Yo… estaba buscándote", respondió, mirándolo fijamente.

—"¿Para la entrevista?"

Celia asintió. "Exacto. Me dijeron que tu reunión ya había terminado y supuse que estarías aquí. Entré cuando nadie me respondió y me sorprendió ver tu oficina vacía", dijo sin convicción.

—"Es extraño…", consideró, "Se suponía que alguien estaría cuidando aquí"

—"Bueno…", se frunció de hombros y alzó los brazos al aire. "Ahí no sé qué decirte"

Ambos se rieron brevemente.

—"No quise ser curiosa, pero… accidentalmente vi esta foto", reconoció, algo cabizbaja. "Estaba a la vista de cualquiera y… bueno… Es tu ex, ¿Verdad?"

Richard asintió mientras resoplaba. "Esa foto es algo que por alguna extraña razón aún no sé qué hacer con ella"

—"Ya sabes lo que dicen: 'las ex son como los papeles, después de 3 años en el archivo hay que tirarlos'".

El silencio llenó la habitación después de que esa declaración. Richard ni siquiera respondió. Extraño, pero tal vez solo estaba tratando de analizarla, aunque al menos podría haber respondido para ser amable. Afortunadamente, tenía algunas cosas que ordenar, así que podía ignorar ese asunto por ahora.

—"Ignorando eso, ¿Te apetece tomar algo?", preguntó, pasando a otro tema. "Tengo una botella con daiquiri de fresas, por si gustas".

Celia asintió. "Me parece bien"

Richard caminó hasta el mueble y abrió la parte de abajo que estaba cerrada con llave. Ahí sacó la botella y dos vasos pequeños. Sirvió el contenido en dichos vasos y uno se lo entregó a Celia, quien se lo bebió casi al instante.

—"Está bastante bueno", dijo, mirando su vaso.

—"No suelo beber en el trabajo", parloteó, "Pero lo de hoy amerita una pequeña celebración".

—"Hiciste un buen trabajo, supongo"

Richard se ajustó la corbata. "Ya me conoces"

—"Por eso todos te tienen en muy alta estima", elogió.

—"Sí, lo sé, pero… ¿Qué te parece si mejor dejamos de hablar de mí por un momento?", propuso. "Háblame de ti. ¿Cómo te fue hoy?", preguntó, sonriendo suavemente

—"Uf, no quieres saberlo", replicó: "Hoy apestaba. Apestaba mucho más de lo que te puedes imaginar".

El chow-chow macho se acercó a ella, preocupado. "Oh, Dios mío, ¿Qué pasó?"

La Border Collie rojo tricolor solo suspiró y miró a aquel macho. Sus ojos aguamarina brillaban intensamente bajo la luz del sol que entraba por la ventana a su lado.

—"Bueno, como sabes, tengo que tomar el transporte público debido a que dejé mi auto en el taller y… ¡Me tocó sentarme en el autobús junto a un sujeto desagradable!" Su voz se hacía más fuerte y enojada cuanto más avanzaba.

—"Dios mío", fue todo lo que dijo Richard.

—"No fue el primero y lamentablemente no será el único ¡Un día de estos voy a detener para siempre a cualquiera de esos!", gritó, golpeando el escritorio con el puño, haciendo que algunos objetos cayeran al suelo. "Alguien tiene que hacer algo para expulsar a esa clase de gente de la ciudad!"

—"Oh, Dios mío, lo has pasado bastante mal últimamente", dijo Richard mientras le pasaba una mano reconfortante por la cabeza.

—"¿Tú crees?", soltó, sonando con un poco de lástima. "Por algún milagro, todavía no he perdido la cabeza, pero estuve muy cerca. Creo que deberían agradecer que un milagro evitó que los masticara en pedazos y los escupiera". Terminó oscuramente, moviendo la cola de un lado a otro.

—"No estás sola...", suspiró, entrecerrando los ojos. "Incluso yo a veces me ha tocado encontrarme con esa clase de gente".

Celia esbozó una pequeña sonrisa al oír eso. "Richard... En verdad he querido decirte algo".

—"¿Qué cosa?", preguntó con curiosidad.

—"He notado que... hace tiempo no sales con nadie".

Richard asintió. "Cierto"

—"Yo sé que eres sensible, pero vigoroso. Yo soy gentil, pero brutal. Piénsalo…", Sus dedos hicieron un movimiento lento pero firme, como de medusa. "Piensa en mí".

—"Lo haré…", murmuró.

La Border Collie rojo tricolor se acercó y abrazó al chow-chow. Ella soltó un leve "Oh, Dios mío" cuando aquel macho le devolvió el abrazo en respuesta al acto de afecto, agarrándola de la cintura y levantándola para sentarla en el escritorio.

—"Richard…", dijo ella mientras lo miraba directamente a los ojos.

El chow-chow de traje se inclinó, acortando la distancia entre ellos, acercándose más y viendo la mirada curiosa en su rostro antes de que cerrara los ojos y la besara.

No le preocupaban las personas en lo absoluto. Nadie podía entrar en la oficina de Richard sin permiso, a no ser que se tratara de algún familiar o alguien de más poder. De todas maneras, querían aprovechar ese momento a solas antes de que alguien pudiera aparecer.

Mientras Richard presionaba sus labios contra los de ella, tu lengua rozó sus labios. Su propio sabor llenó su boca haciendo que su cuerpo se estremeciera. Un suave chillido salió de sus labios cuando presionó su lengua contra la de ella. Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo por completo, se alejó. Tenía una expresión confusa y aturdida, contrario a Celia, quien mostraba una sonrisa triunfante en tu rostro.

—"¿Te gusta la menta?", preguntó ella y Richard se percató de que ahora tenía su menta medio disuelta en su boca.

La atmósfera cambió casi de inmediato. Mientras la observaba con una sonrisa tranquila, se podía escuchar su respiración cada vez más pesada. Un calor se iluminó en su interior, sintiéndose más caliente que antes, no necesariamente por el aire de verano.

—"¿Qué haré contigo?", murmuró en voz baja, conteniendo la respiración con anticipación.

Richard parecía casi hipnotizado. Casi se sentía como si los ojos de Celia brillaran. El azul de sus ojos era más prominente. Él sintió su mano presionar contra su mejilla mientras inclinaba su cuerpo para acercarse a él.

—"¿Esto es lo que querías? ¿No es así?", preguntó, seductivamente.

Sus labios estaban contra los de él, sin darle un segundo para procesar sus palabras. Aunque de todos modos él no pensaba en responder, creyendo que eran obvias sus intenciones. Un grito ahogado salió de la boca de ella mientras un suave zumbido salía de la suya. "Ambos sabemos la respuesta", dijo, dejando un beso en su oreja antes de reírse suavemente, "Sólo quiero oírte decirlo".

—"Sí...", dijo ella, sin perder el ritmo. Y como recompensa, sus labios estaban presionando los de él nuevamente.

Richard se rió suavemente. "No suelo jugar con la comida antes de comerla, pero contigo haré una excepción", dijo para besarla nuevamente y dejar que los dientes de ella jugaran con su labio inferior.

Mientras tanto

Samantha y Judo se encontraban en la cafetería del edificio. La secretaria le había dejado a la pequeña elegir lo que quisiera, y luego se sentaron en una mesa vacía, apartadas del resto de gente. Judo no paraba de comentarle anécdotas tanto curiosas como graciosas y ella no hizo más que escucharla. Tenía una debilidad por aquella pequeña cachorrita, bien por ser hija de su jefe o quizás algo personal.

—"¿Cuánto crees que tarde papa?", preguntó Judo algo ansiosa.

Samantha miró su reloj. "Creo que unos minutos más"

—"¡Entonces debemos ir a verlo!", vociferó.

—"Primero termínate ese postre", ordenó, sin sonar severa.

—"Está bien…", accedió Judo.

Mientras Judo comía, Samantha revisó su teléfono. Le había enviado varios mensajes a su jefe para preguntarle si ya había salido de la reunión, pero como nunca fueron respondidos, supuso que aún seguía en la misma. Para su sorpresa, tenía una llamada entrante, así que atendió de inmediato.

—"¿Diga?"

—"¡Samantha!", dijo Richard en un tono algo alto y jadeando un poco. "Soy yo. Escucha…. Ha surgido… un inconveniente", dijo luego con su tono cambiando constantemente.

—"¿Inconveniente?", se tapó una oreja, "¿Dónde estás? Se te escucha algo raro".

—"Luego te explico… Judo está contigo, ¿Verdad?"

—"Así es"

—"¿Puedes llevarla hasta mi casa? Ya pedí un Uber así que no tienes de que preocuparte".

Samantha miró a la hija de su jefe por un momento. "¿Quieres que la cuide?", murmuró por lo bajo.

—"No es necesario. Theressa se encargará de eso", respondió, haciendo una pausa. "Solo asegúrate de dejarla en casa y luego retírate"

Samantha resopló. "Entendido…"

—"Muchas gracias, sabía que podía contar contigo…", hubo otra breve pausa. "Te llamaré cuando me desocupe"

Richard cortó la llamada y Samantha suspiró con una expresión extraña mientras miraba su celular.

—"¿Qué sucede?", preguntó Judo al notar la cara de Samantha.

—"Judo, no sé cómo decirte esto, pero…", inhaló y exhaló, "Lamentablemente no podrás ir a la playa"

—"¿¡Qué!?", se sobresaltó, "¿Por qué no?"

—"Tu padre me llamó y ha tenido un problema…", informó.

—"¿Qué le pasó?"

Samantha frunció los hombros. "No lo sé, pero me ha pedido que te lleve a casa"

—"Oh…", miró a otro lado. "Entiendo…"

Samantha notó el rostro angustiante de la pequeña.

—"No te preocupes, me dijo que Theressa cuidará de ti", le hizo saber, en un intento por animarla.

Judo suspiró. "Es genial… supongo".

—"Venga…", se levantó de su asiento. "Te acompañaré"

Luego de que abandonaran la cafetería, se dirigieron hasta la entrada del edificio, donde estaba el coche esperándoles. Durante el trayecto hubo un extraño e incómodo silencio que la pequeña chow-chow cortó de inmediato.

—"Samantha…"

La mezcla de Shih Tzu y caniche alzó la mirada rápidamente. "¿Sí, Judo?"

—"¿No crees que papá está trabajando demasiado?"

Samantha buscó las palabras necesarias correctas, que fueran sinceras pero que al mismo tiempo no llegaran a lastimar a la pequeña.

—"Sí, pero... ¿Sabes por qué?"

Judo negó con la cabeza.

—"Es que su negocio es excelente y tu padre es un gran líder", explicó. "Si no es firme, todo falla. Él... siempre acepta las soluciones correctas, tarde o temprano, porque... se preocupa que las cosas salgan bien", dijo, tratando de sonar convincente. "Él siempre se toma en serio lo que realmente quiere...", agregó luego.

—"¿Qué significa eso?", frunció el ceño.

—"Que él siempre consigue lo que quiere", respondió con una sonrisa.

Judo asintió significativamente y luego cambió de tema.

—"¿Tú has ido alguna vez a la playa?"

Samantha negó con la cabeza.

—"¿Nunca?", Judo se sorprendió.

—"Es que… no me llevo bien con ese ambiente"

—"Deberías intentarlo", expresó Judo. "Le diré a papá que te invite cuando vayamos juntos"

Los ojos de Samantha se abrieron como platos ante esa declaración

—"Tú… ¿Quieres que yo vaya?"

—"Sí, ¿Por qué no?", dijo con una sonrisa.

En otra parte

Richard y Celia habían salido de la oficina y decidieron ir a comer juntos a algún lugar. La repentina cita transcurrió bien. Pidieron bistec y vino tinto. Los dos coquetearon y comentaron lo bien que se veían. Ambos embelesados por el otro, obsesionados con beber de todo lo que su opuesto tenía para ofrecer. La cena era sólo secundaria de lo que el uno respecto del otro.

Después de terminar la cena, los dos dieron un pequeño paseo a la luz de la luna hasta llegar a un hotel. Richard besó suavemente los labios de Celia y tomó su rostro mientras ella hablaba efusivamente de él y de su talento. Eso llenó su corazón de alegría y ella lo tomó suavemente entre sus manos, abrazándolo con ternura mientras le devolvía el beso. Él la abrazó más cerca, el beso se calentó rápidamente mientras los dos se dejaban caer en la lujuria el uno por el otro.

AL DIA SIGUIENTE

Una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Richard mientras se despertaba y estiraba sus extremidades, gimiendo y bostezando. La habitación a su alrededor brillaba, iluminando la ropa desechada apresuradamente esparcida por el suelo, evidencia de su cita de la noche anterior. Él miró a su izquierda y sonrió al ver a aquella hembra durmiendo plácidamente.

Richard se levantó y caminó tranquilamente hacia la barandilla que bordeaba la terraza, observando a través de la bruma el horizonte de la ciudad y cómo el cálido sol de la tarde reflejaba los rascacielos cercanos. Mientras contemplaba el paisaje por un momento, buscó su teléfono y llamó a su empleada.

—"Theressa, Judo está contigo, ¿Verdad?", su empleada le confirmó la pregunta. "De acuerdo, ¿Podrías llevar a Judo a pasear o dar una vuelta?", la empleada le hizo algunas preguntas que él trató de responder. "No lo sé, eso decídelo tú, pero quiero que esté fuera de casa unas… dos horas, más o menos. Yo trataré de ir en ese lapso. ¡Ah! Y no tienes de qué preocuparte por dejar las cosas, luego me encargaré yo mismo. Solo haz lo que te dije", cortó la llamada.

Enseguida Richard notó la risa de la mujer detrás suyo, quien se unió a él en la barandilla.

—"¿Con quién hablabas?", preguntó curiosa.

—"Estaba haciendo algunos planes", fue su exuberante respuesta.

—"¿Planes?", arqueó una ceja.

—"Asumí que podíamos terminar esto en un lugar más personal, como… mi casa"

Celia sonrió. "Eso me agrada"

Mientras tanto

Samantha se encontraba en la empresa, tecleando y a la vez organizando varios informes. Intentaba mantenerse seria, pero varios pensamientos rondaban por su cabeza, entre ellos la ausencia de su jefe o la decepción por su hija de éste el día anterior, que por alguna razón cada vez calaba más en ella. Una llamada interrumpió su línea de pensamiento. Creyó que era Richard, pero se llevó un disgusto al ver de quien se trataba.

—"Dolon…", respondió la llamada sin muchos ánimos.

—"Hola, Samantha, ¿Richard está en la empresa?"

—"No, ¿Por qué?"

—"He intentado contactarlo, pero no contesta mis llamadas", le hizo saber.

—"Que extraño…", reconoció.

—"Si lo ves, dile que me llame inmediatamente", pidió él.

—"¿Ha ocurrido algo?", preguntó con preocupación.

—"Ah… no sé si debería contarte esto…", respondió con nerviosismo.

—"¿Por qué no?", cuestionó.

—"No sé si Richard estará de acuerdo…", manifestó.

—"Dolon, soy la persona más fiel y leal a Richard", declaró. "Cualquier cosa que pase, puedes confiar en mí".

Dolon suspiró. "Encontré registros extraños en los libros"

—"¿Qué clase de registros?"

—"No estoy seguro, pero de lo que sí estoy seguro es que algo anda mal"

—"¿Es algo grave?"

—"Te enviaré una copia para que lo veas por ti misma".

Al rato

Samantha se dirigió inmediatamente a la casa de su jefe. Debido a que nadie le atendió, entró por su cuenta. Tenía tanta confianza con Richard que éste le había dado una copia de sus llaves. Al entrar lo llamó un par de veces, pero no respondió. No lo encontró en su oficina, tampoco en ningún lugar del piso principal. Fue al segundo piso. La puerta de su habitación estaba entreabierta. Al ingresar, encontró a su jefe recostado en su cama. Ella tosió un par de veces, elevando su tono, para hacer notar su presencia. Finalmente, él se giró para verla.

—"¿Qué haces aquí?", preguntó un poco asombrado y un poco molesto.

—"No podía contactarte y necesito…"

Se detuvo abruptamente cuando una hembra salió del baño de la habitación. Samantha pegó un chillido y se cubrió la cara, mirando hacia el suelo y notando la ropa desparramada.

—"¿Qué hace ella aquí?", preguntó Celia mirándola juzgadoramente.

—"Celia, ¿Por qué mejor no vas a la cocina y te preparas algo?", sugirió él, en un intento por ignorar lo que estaba pasando y tranquilizar las cosas.

Celia accedió. "Está bien. ¿Quieres que te prepare algo?"

—"Estoy bien, gracias".

Celia se retiró, menando un poco su cuerpo.

Samantha volvió a mirar a su jefe y frunció el ceño un poco. "Volvió a suceder…". Ni siquiera se molestó en formularlo como una pregunta. Parecía que sucedía con demasiada frecuencia como para que lo formule como una pregunta.

—"¿Me vas a decir que haces aquí?", preguntó brevemente mientras se levantaba de la cama.

—"Tenemos que hablar…", fue su tajante respuesta.

Richard se había colocado una bata de seda negra y fue junto a su secretaria a su oficina. Samantha le mostró algunos documentos que imprimió recientemente.

—"No puedo conciliar esto"

—"¿Conciliar qué?"

—"Estos fondos", señaló.

—"Estos negocios están en libros especiales. No están auditados aquí en el mismo balance", intentó aclarar.

—"Sí, pero mira esta planilla", señaló otra parte. "Hay un agujero de 400 millones de dólares. No puede estar bien", manifestó su preocupación. "Realmente no tengo idea de que está pasando, pero lo que dice en esta planilla es que falta la mitad de los activos"

—"Eso es ridículo…", soltó al unísono.

Samantha frunció el ceño. "¿Pensaste que no te descubriría?"

—"No lo pensé", respondió inexpresivamente.

—"¿Por qué no me lo dijiste?"

—"Porque pensaba que no"

—"Richard, por favor, dime que pasa"

Él suspiró mientras se preparaba un trago. "Hice una mala apuesta…"

—"No cometiste fraude… ¿Verdad?"

Él la miró juzgadoramente. "Esa es una palabra peligrosa"

—"¿Cómo sucedió?"

—"¿Recuerdas a Badir?"

—"¿El ruso que te trajo pan borodinsky?"

Richard asintió. "Él vino a verme un día el año pasado. Me dijo que había una gran oportunidad. Me habló de una mina de cobre en Rusia que estaba sub explotada, que había millones bajo la tierra y que para sacarlos necesitaban 200 millones".

—"Y tú…"

—"Yo solo puse 100, él pondría los otros 100 y los triplicaría en 3 meses", informó. "Yo por supuesto era escéptico, así que lo revisé. El estudio geológico estaba bien, un gobierno amigable, y para asegurarlo lo compensas ¿Verdad?". Hizo una pausa para tomar un trago y proseguir. "Vendimos el cobre por adelantado, un intercambio de bienes… Todo funcionaba bien, estábamos ganando una fortuna…"

—"¿Pero…?"

Richard inhaló y exhaló. "Pero hubo algo que no tuve en cuenta: una variación en el margen, y el amigable gobierno ruso ya no era tan amigable", dijo con exasperación. "Bloquearon las exportaciones de cobre. Tuve que poner dinero. Tuve que poner efectivo para cubrir la diferencia, pero no me preocupé porque aún daba muchas ganancias", su tono se fue elevando cada vez más. "Había tanto dinero saliendo de esto que no podrías creerlo, ¡No puedes detenerlo! Y sí, lo sé, yo he construido cosas. He cubierto riesgos crediticios, ¡Lo he hecho todo! Y sí, lo sé, está fuera de nuestra cartera, ¡Pero es dinero! ¡Es una licencia para imprimir dinero!".

—"¿Hasta…?"

Richard suspiró. "Hasta que no lo ves", tomó otro trago. "El dinero está atrapado. No puedo sacarlo. Tal vez nunca pueda. Es como un accidente de avión. Estas cosas pasan"

—"No…", negaba con la cabeza lentamente. "No pasan tan fácil"

Richard se rió entre dientes. "Oh, Samantha, a veces eres tan ingenua para entender las cosas"

—"¡Richard! Eres tú el que no entiende", clamó. "Podrían arrestarte por esto".

—"No arrestarán a nadie", dijo con seguridad. "Pedí dinero prestado, tapé el agujero, ellos verán que los libros están bien, transferiremos la compañía, le pagaré a todos los inversores con intereses y me quedaré con el resto"

—"¿Todos ganan?", inquirió

Richard asintió. "Así es"

—"Si venden la compañía", cuestionó.

—"Se venderá"

—"Si yo miento…"

—"No tienes que mentir", interrumpió, apuntándole con el dedo. "Tú no sabías nada. Por eso no te lo dije"

—"Soy tu asistente. ¿Qué dirán en la declaración? ¿Qué no lo sabía?", volvió a cuestionar.

—"¿Qué querías que hiciera?", reprochó "¿Querías que los inversores quebraran? ¿Eh? ¿Eso querías? ¿Querías que le hiciera daño a esta gente? ¡Vamos!", bramó.

—"Pero yo…"

Richard volvió a interrumpirla. "¡Tú no eres mi asistente! ¡Tú trabajas para mí!"

Un silencio incómodo inundó la oficina. Samantha se niega a dejar ver cuánto le duelen las palabras de su jefe. Se niega a dejar ver lo mucho que le preocupa que algo malo le pase. No le importaba ella misma, le importaba él. Él no hace el mínimo esfuerzo por escucharla, solo reflexiona un poco al ver su rostro angustiante.

—"Samantha, escucha con atención…", dice después de un rato, con calma. "Decidas lo que decidas, no te juzgaré. Yo sigo mi propio camino. Depende de ti acompañarme o irte, pero soy el líder y ese es mi rol, debo asumirlo", sentenció.

Samantha se aferra a la idea del nebuloso vínculo entre ellos cada momento que puede, disfrutando de la sensación de afecto y satisfacción reflejados. Richard nunca ha sido capaz de sentirlo, sin manejar del todo el truco de percepción que se había visto obligado a enseñarle hace tiempo, pero proyectaba tanta adoración como podía.

Ella sabe que nunca más tendrá la oportunidad de expresar tan claramente las profundidades de su admiración por él, y aprovechará cualquier oportunidad para borrar las sombras de dolor que han estado en los ojos de su jefe desde hace mucho.

Acercándose lentamente, apoyó su mano con la de él.

—"Estoy contigo", dijo mientras daba un falso resoplido de molestia.

Richard sonrió, encontrando confianza en aquellos ojos bondadosos color avellana.

—"¿Interrumpo algo?", dijo Celia parada en la entrada de la oficina, con las manos en la cadera.

—"¡Celia!", exclamó al percatarse de su presencia y retirando su mano bruscamente. "¿Necesitas que te lleve a casa?"

Los ojos de Samantha se abrieron como platos.

—"No gracias", respondió, sacudiendo la cabeza con desaprobación. "No estoy tan lejos de mi destino"

—"De acuerdo, ah… ¿Te apetece hacer algo…?"

—"No lo creo", responde con una negativa inmediata pero educada. "Tengo que terminar algunas cosas así que estaré bastante ocupada". Sonaba como si tuviera prisa.

Celia estaba a punto de marcharse, pero recordó algo.

—"Por cierto, me tomé la molestia de limpiar el chiquero que había en tu cocina"

—"¡Estupendo! Muchas gracias", le agradeció y la vio retirarse.

—"¿Confías en esa mujer?", preguntó Samantha.

—"¿Por qué esa curiosidad?", arqueó una ceja.

—"Solo… no me inspira mucha confianza", afirmó.

Richard soltó un bufido. "Puras elucubraciones tuyas. Y, por cierto, ya que ella se fue, asumo que tú también tienes que irte de todos modos, ¿No?", pregunta, inclinando la cabeza.

—"Bueno, yo…"

—"¡Estupendo!", la interrumpió mientras la empujaba hacia la salida. "Vuelve a la oficina. Yo iré en un rato para retirar algunas cosas. Prepárame todo. Nos vemos", fue lo último que dijo para luego cerrarle la puerta.

Samantha suspiró. "No sé por qué no me sorprende…", murmuró para sí misma.

Más tarde

Richard había terminado de cambiarse y estaba a punto de salir de casa, pero fue sorprendido por su hija y su empleada que recién había llegado.

—"¡Papá!", corrió a abrazarlo.

—"Hola, preciosa…", le correspondió el abrazo.

—"¿Dónde estabas?", preguntó soltándose un poco del abrazo.

—"Yo… Tuve mucho trabajo anoche", intentó excusarse.

—"¿Por eso no viniste a dormir?", inquirió.

Richard reaccionó algo perplejo, pero aun así trató de disimular. "Me quedé en casa de Dolon"

—"¿En serio?"

Richard asintió. "Es solo que no pude avisarte debido a que me quedé sin batería y luego me dormí del cansancio"

—"Oh… Bueno, ahora que estás aquí, podemos pasar el día juntos", propuso con una sonrisa.

—"Ah… bueno…", intentó excusarse nuevamente.

—"¡Genial!", interrumpió. "Solo espérame un momento", dijo mientras se dirigía a la cocina.

Richard dirigió su mirada a Tessa y decidió hablar con ella aprovechando que estaban a solas.

—"Creí haberte pedido que la dejaras fuera un par de horas", le recordó, cruzándose de brazos.

—"Eso hice, señor", respondió. "Estuvimos fuera más de dos horas, pero la pequeña ya estaba cansada y quería regresar a casa", afirmó. "¿Qué esperaba que hiciera?"

Richard resopló. "Supongo que tienes razón…", pensó por un momento. "Mira, hagamos esto. Entretenla hasta que…"

—"¡Papá!", Judo interrumpió.

—"¿Qué pasa?", gritó desde la entrada.

—"¿Dónde está mi taza?", preguntó algo preocupada.

—"¿Cómo voy a saberlo?", manifestó en un tono algo frustrado.

—"¡La dejé aquí en la cocina!", elevó su tono.

—"Pues debe estar ahí en…"

Richard se detuvo al recordar la orden que le había dado a Tessa y lo que Celia le había dicho. "No puede ser…", dijo alarmado mientras corría a la cocina.

Al llegar a la cocina, Richard se encontró con su hija, desesperada buscando su taza por todo el lugar.

—"¡Papá! ¡Dime que hiciste!", insistió ella, mirándolo.

—"Ah… creo que…", dijo, arrastrando sus palabras.

Un sonido se escuchó de repente. Era el lavaplatos. Ambos se preocuparon. Judo fue inmediatamente al aparato y, al abrirlo, se llevó la sorpresa que no quería ver: el fuerte lavado había ocasionado que se borrara parte del dibujo y letras de la taza, haciéndolo apenas visible. La pequeña chow-chow chilló, mostrando su indignación y llevándose las manos a la cara. Su padre se acercó para tratar de calmarla.

—"Hija, escucha…", comenzó, tratando de encontrar las palabras adecuadas. "Fue mi error. Yo llegué a casa y quise limpiar todo, pero… pasé por alto tu taza", mintió, pero consideraba mejor eso que explicar lo que realmente había sucedido.

La pequeña chow-chow ni siquiera lo dirigió la mirada. Solo miraba con desconsuelo como había quedado el que consideraba su objeto más preciado.

Ante el silencio, Richard pensó por un momento y tuvo una idea.

—"Escucha, Tú dijiste que querías que pasáramos el día juntos, ¿Verdad?", no hubo respuesta por parte de su hija, pero aun así continuó, "¿Te parece si vamos a la playa?"

Judo se giró lentamente para verlo, pero sin dejar la misma mirada.

—"Incluso… Si te parece bien, podríamos ir a algún lugar donde te hagan tu propia taza personalizada, con el diseño que quieras", propuso mientras se agachaba para verla más de cerca. "¿Qué dices?"

Judo miró a su padre escrutadoramente y pensó por un momento antes de asentir lentamente con la cabeza.

—"¡Esa es mi hija!", le acarició el pelo. "Ahora ve a prepararte"

Más tarde

Richard y Judo habían ido a la empresa por petición del primero, con la promesa de que se irían luego de terminar unos asuntos. Allí fueron recibidos Samantha.

—"¡Richard!", notó a Judo, "¿Qué…?"

Richard interrumpió. "Solo vine a buscar unos papeles y luego nos iremos"

—"¿En serio?"

Judo asintió. "Iremos a la playa"

—"Vaya, que bueno…"

—"Papá, ¿Ella puede acompañarnos?"

Richard miró brevemente a Samantha, quien frunció los hombros y puso una sonrisa nerviosa.

—"Bueno, si para ella no supone un problema…"

—"¡Me encantaría!", interrumpió rápidamente antes de percatarse de cómo había reaccionado. "Digo… Sí, supongo que estaría bien, pero… ha surgido un inconveniente"

Richard arqueó la ceja. "¿Inconveniente?"

—"Poe quiere hablar contigo en la oficina", le señaló.

—"¿Por qué no me avisaste?", murmuró entre dientes.

—"Porque me lo acaba de pedir", respondió tímidamente. "Estaba a punto de llamarte".

Richard resopló y dirigió su mirada a Judo.

—"Hija, ¿Quieres acompañarme?"

Judo asintió. "Está bien, papá"

Ambos entraron a la gran oficina principal. Ahí, detrás del escritorio, se encontraba sentado un mastiff de gran tamaño, rechoncho y robusto, vistiendo un traje. Por su mirada, no se mostraba para nada contento.

—"¡Hola, Poe! Veo que ya volviste de tus negocios. No creerás la mañana que tuve. ¿Qué sucede? Te ves irritado. ¿Volviste a hacer dieta?", dijo pareciendo muy entusiasta, pero aquel mastiff no le respondió, por lo que se dirigió a su hija. "Judo, ¿Recuerdas al señor Poe? ¡Ve a saludarlo!"

Judo hizo caso y se dirigió hacia él. "Hola, señor Poe"

—"Hola, pequeña", sonrió al verla. "No nos veíamos en mucho tiempo", le acarició la cabeza y luego se dirigió hacia su empleado "Estoy muy irritado, Richard, y mi desayuno de hoy fue muy bueno", bebió un sorbo de agua antes de proseguir. "Tenemos un problema con tus peticiones…", dijo seriamente antes de volver a mirar a Judo. "Linda, quédate aquí un momento mientras tu padre y yo hablamos. Mientras tanto…", sacó unas hojas y varios bolígrafos, "Puedes dibujar lo que quieras".

—"¡SíiiiiI!", festejó Judo.

Poe hizo un gran esfuerzo para levantarse de su silla y caminar hacia Richard.

—"¿No te da gusto que siempre sea el primero?", bromeó ligeramente.

—"Solo cuando aciertas", respondió seriamente.

—"¿Acerté?"

Poe suspiró. "¿Recuerdas a Monroe?"

—"¿El de 'Pacific Courier'?"

Poe asintió. "El mismo"

—"Ese sujeto es un incompetente, arrogante, imbécil, sin humor..."

Poe interrumpió. "Que acertó"

—"¿Qué?", reaccionó algo absorto.

—"Él propuso 'Globo-Digi-Dyne' y 'Conglom-O', y luego compró 'The Global Inquirer'".

Richard no daba crédito a lo que estaba escuchando.

—"¿Sabes algo? No pienso perder ante ese desgraciado", manifestó con frustración

—"¡Papá!", Judo quiso mostrarle un dibujo que hizo.

—"Ahora no, hija", le apuntó con el dedo para dirigirse a Poe. "No tienes ni idea de lo que tuve que hacer para convencer al dueño de 'Conglom-O'".

—"¡Papá!", intentó mostrarle nuevamente el dibujo.

—"Un segundo", volvió a ignorarla. "Jugué bridge con su madre, llevé a su sobrina a un restaurante fino..."

—"¡Papá!", trató nuevamente.

—"Solo un segundo, cariño", la ignoró nuevamente. "¡Tuve que escucharlo cantar Honky tonk en un Canta Bar! ¡Escuchar su canto!"

Judo finalmente se molestó y se retiró de la oficina.

—"No tengo ni idea de cómo se me adelantaron…", reconoció Richard, pensativo.

—"Las malas noticias no terminan ahí", dijo Poe, pasando a otro tema. "Adivina que no está".

Richard suspiró. "Estoy trabajando en eso"

—"Mientras lo haces, te diré que no está funcionando", empezó, seriamente. "Lo que no está funcionando son mis 420 millones en tus cuentas para que apruebes tus auditorías", lanzó, cruzándose de brazos, "Los 420 millones que necesitabas por dos semanas, según dijiste y que han estado languideciendo por 32 días cuando podía invertirlos en otra cosa y obtener ganancias en lugar de sostener esta mentira absurda que estás tejiendo"

Richard frunció los hombros y levantó los brazos. "¿Qué quieres que te diga?"

—"Que conseguirás la firma de Floyd y que mi dinero secuestrado y mis honorarios se me enviarán rápido", exigió. "Digamos… ¿Mañana?"

Richard ignoró aquel último comentario. "Resolveré el problema. Conseguiré tu dinero, y tus honorarios los tendrás muy pronto"

—"¿Cuándo?"

—"¡Apenas firmen el maldito contrato!", respondió entre dientes, tratando de no gritar.

—"¿Sabes una cosa? No es mi responsabilidad. Yo solo te hice un préstamo. Estás buscándote prisión con esta venta fraudulenta…"

—"¡Basta!", se exasperó. "¡No tienes que hablarme en ese tono!"

—"¡Yo no te metí en esto!", elevó su tono. "¿Recuerdas cuando me preguntaste si era buena idea invertir tus activos circulantes en una mina de cobre? ¿Qué te dije yo?"

Hubo un largo silencio incómodo.

—"Me vas a causar una úlcera. De hecho, ya la siento aquí como ácido de batería", dijo Poe agarrándose el estómago y acercándose a tomar otro vaso de agua. "Richard, te quiero como a un hijo y te di un buen puesto, pero ya no puedo cubrirte. Para antes del lunes quiero mi dinero de vuelta"

Richard se rió entre dientes. "No hablas en serio…"

—"Claro que hablo en serio", le dejó en claro. "El dinero está en un fideicomiso…"

—"¡Debes dejar el dinero ahí hasta que firmen!", exclamó. "Si vuelven a revisar, ¿Qué se supone que haga?"

—"No es mi problema", respondió secamente.

Richard resopló. "No, no lo es…"

—"Mira, lamento que…"

—"No te disculpes...", interrumpió, haciendo un gesto con la mano. "Yo jamás lo hago".

Richard se retiró encolerizado de la oficina, sacó su teléfono e inmediatamente llamó a alguien.

—"Dolon, soy yo. Escucha con atención. Quiero que ubiques a Floyd", ordenó para luego escuchar las preguntas de su amigo. "Sí, ese mismo. Su firma es importante para la empresa. Y otra cosa, pásame las grabaciones de la cámara secreta que me instalaste en la oficina. Necesito sacarme una duda. Nos reuniremos en mi casa en 20 minutos", cortó la llamada.

Aún molesto por lo ocurrido, y con varias cosas rondando por su cabeza, se dirigió hasta el escritorio de su secretaria, quien estaba cuidando a Judo.

—"¿Está todo bien?", preguntó Samantha al notar su rostro.

—"Hay que ir a casa", dijo con indiferencia.

—"¡Pero papá!", se quejó Judo.

—"¡Sin peros!", replicó. "Ha surgido algo que tengo que solucionar, así que estate callada y haz lo que te digo".

Sin decir una palabra, Richard se retiró. Tanto Samantha como Judo se miraron bastante confusas con su repentino cambio de actitud.

Mientras tanto

La Border Collie roja tricolor se encontraba tomando algo en un bar cercano cuando recibió una llamada de un número desconocido. Dudó por unos momentos antes de finalmente atender.

—"¿Diga?"

—"Eres una desalmada, ¿Lo sabías?"

Aquella voz que se escuchaba provenía de alguien que se notaba bastante irritado. Celia se sorprendió un poco, pero no se mostraba asustada o preocupada en lo absoluto.

—"Dime algo que no sepa", respondió burlonamente, reconociendo al individuo del otro lado.

—"Así que trabajas para la competencia", expuso él.

Celia sonrió. "No lo tomes personal, Richard. Son solo negocios. No voy a negar que la pasé muy bien contigo. Eres bueno cuando se trata de la cama o los negocios, pero eres muy débil con tus deseos", se rió entre dientes.

—"¿Hace cuánto que trabajas para ellos?", interrogó, tratando de ignorar los últimos comentarios.

—"Hablaron conmigo hace poco", respondió, tomando un trago. "Me ofrecieron un buen puesto a cambio de una buena información que podría ayudarles"

—"¡Desgraciada!", vociferó, "¡Me aseguraré de que te despidan!"

—"No es necesario. Ya renuncié por mi cuenta. Espero no volver a verte"

Celia cortó la llamada. Richard se enfadó tanto que aventó su celular. Dolon, quien se encontraba sentado en el escritorio de la oficina de su casa, reaccionó levantando los brazos.

—"¡Oye-oye! ¡Tranquilo!", le hizo seña para que se calmara. "Si sigues así tendrás que conseguirte uno nuevo y estabas a punto de superar tu record de celular intacto"

—"Dime que conseguiste algo", dijo Richard, mirándolo seriamente e ignorando el otro asunto.

—"¡Oh sí!", le mostró la notebook. "Hasta donde he podido averiguar, Floyd se encuentra en Nueva York"

—"¿Nueva York?"

Dolon asintió.

—"¿Qué demonios hace allá? Y ¿Por qué sigue mandando gente a la empresa en lugar de venir él mismo?"

—"Quizás está conociendo el ambiente"

Richard asintió. "Puede que tengas razón…"

—"Entonces… ¿Qué es lo que harás?"

—"Lo lógico: iré a verlo"

—"¿Viajaras a Nueva York?", se sorprendió un poco.

—"¿A dónde más?"

Richard se retiró de la oficina y fue hasta el comedor, donde Samantha estaba charlando tranquilamente con Judo y Tessa.

—"Samantha, consígueme un vuelo para Nueva York", ordenó.

—"Ah… claro", dijo algo extrañada mientras dejaba la taza de té que estaba tomando. "¿Para cuándo?"

—"Mañana mismo".

—"¿¡Qué!?", gritó tanto ella como Judo.

—"Papá, no puedes irte", se quejó, "Ni siquiera aprovechamos el día".

—"Puedo y lo haré", dijo seriamente.

—"¡No es justo!", protestó. "¡Siempre es lo mismo!"

Judo salió corriendo del comedor y subió a su cuarto. Richard reaccionó indiferente ante ese evento.

—"Theressa, te encargo a Judo por estos días…"

—"Lo lamento, señor", interrumpió, "Pero no se va a poder"

—"¿Cómo qué no?", alzó una ceja.

—"¿No se acuerda?", se cruzó de brazos. "Acordamos que trabajaría hasta mitad de semana, ya que este finde es la fiesta de los XV de mi sobrina, y tengo que ayudar con los preparativos y otras cosas".

—"¿No puedes posponerlo?"

Tessa negó con la cabeza. "No todos los días cumples quince"

—"Yo podría cuidarla…", Samantha intentó ofrecerse.

—"¡Nada de eso!", replicó, "Tú viajarás conmigo. Además, te pago para que me ayudes con mis negocios, no para ser niñera"

—"¿Entonces qué es lo que harás?", cuestionó Samantha.

—"¡No lo sé!", clamó, "Estoy tratando de pensar"

Hubo un breve silencio que fue cortado por Samantha, acercándose a su jefe.

—"Según como yo lo veo, tienes dos opciones: buscar una niñera o renunciar al trabajo y criar a tu hija por tu cuenta", expuso. "Aunque hay una tercera opción: dejarla con su madre".

Aquel último comentario hizo que Richard mirara a Samantha con desaprobación. No sabía que le molestaba más, lo que había dicho o el hecho de que tenía razón.

Richard dio un largo resoplido. "Está bien, lo haré…"

—"Pero antes deberías encargarte de algo…", sugirió, señalando arriba.

—"¿De qué debería encargarme exactamente?", preguntó, como si no encontrara problema alguno. "Ella lo entenderá perfectamente".

—"Richard…", puso una mirada preocupante.

Richard hizo una mueca. "Iré, pero te garantizo que todo está bien".

Richard subió hasta el segundo piso. La puerta de la habitación de su hija estaba entreabierta. Se asomó un poco antes y pudo verla sentada al pie de su cama, sosteniendo su tigre de peluche mientras permanecía inmóvil, con los ojos obstinadamente fijos hacia abajo.

—"¿Puedo pasar?", preguntó, abriendo la puerta e ingresando aún sin recibir respuesta. "Hija, mira… todo esto es repentino..."

—"¡Siempre es repentino para ti!", exclamó, enajenada. "¡Siempre dices que haremos algo y luego cambias de parecer!"

—"Y ¿¡Qué quieres que haga!?", replicó, acercándose a ella. "¡Así es mi trabajo! ¡Yo no puedo cambiarlo, aunque quisiera! ¡Me esfuerzo para que tengas una mejor vida a futuro!", espetó, punzante "¿¡Acaso crees que disfruto lo que hago!? ¿Eh? ¿¡Eso crees!? ¿¡Quieres te recuerde todo lo que hago por ti!?"

El rostro de Judo decayó. Ella supo cuando su padre habló en ese tono que estaba a punto de comenzar una discusión que probablemente arruinaría el poco humor que le quedaba. Hasta ahora, estaba luchando por aferrarse a su estado neutral, pero el último comentario fue demasiado.

—"¿Qué te sucede?", preguntó cuándo no hubo respuesta por parte de ella.

Richard inmediatamente notó los ojos vidriosos de su hija.

—"¿Estás llorando?", preguntó en un tono molesto.

La garganta de Judo se apretó. No habló. Quería hablar, pero el solo hecho de hacerlo y no ser escuchada le estaba empezando a doler y ni siquiera había llegado a la peor parte.

—"Yo te crie para que seas una mujer fuerte", manifestó, cruzándose de brazos, "No para andar llorando por tonterías".

La mandíbula de Judo se apretó más mientras miraba al suelo, obligándose a no llorar. Richard suspiró para luego sentarse a su lado.

—"Escucha…", comenzó, con calma. "Sé que no pudimos hacer lo que querías, pero lo intentaremos la próxima vez"

—"Pero no lo harás", alegó. "Lo mismo dijiste la última vez"

—"Sí, lo sé. Pero esta vez realmente puedo intentarlo. Lo prometo", dijo sin convicción.

Judo apartó la mirada de él. Richard la miró fijamente durante un largo momento antes de poder acariciar su cabeza.

—"Solo te pido que me esperes unos días", pidió intentando sonreír. "Cuando vuelva te prometo que iremos a donde tú quieras y te compraré lo que quieras".

Judo miró momentáneamente a su padre. Su sonrisa denotaba cierta confianza que ella estaba a dispuesta a creer, aun sabiendo que había probabilidades de que le mintiera. Por una vez quería creer en sus palabras.

La pequeña chow-chow dio un pequeño resoplido antes de poner una sonrisa sincera y temblorosa, y decir "... Está bien".

—"Estupendo…", sonrió para luego cambiar su rostro antes de recordar algo. "Por cierto, estarás con tu madre por estos días debido a que Theressa no podrá…"

—"Está bien, de verdad", dijo, interrumpiendo, y aun sintiéndose un poco triste porque la manera en que le habló con anterioridad. "No te sientas mal por dejarme con ella. Estaré bien", añadió, y se limitó a negar con la cabeza, algo molesta por lo terco que estaba siendo.

—"De acuerdo, pero si hace algo indebido, llámame inmediatamente", sostuvo.

Tratando de no decepcionarse, la pequeña chow-chow asintió mientras sonreía tímidamente

Judo reflexionó que, a pesar de la falta de sustancia y la abundante incomodidad, fue... agradable estar con su padre, aunque sea por un breve lapso de tiempo.

AL DIA SIGUIENTE

El cielo estaba nublado, sobrante de ayer. El clima abrasador se ve amortiguado por las gotas que caen constantemente. La atmósfera bochornosa no parecía querer deteriorarse.

El chow-chow de traje observaba el agobiante clima desde la ventana de su casa. Había escuchado la noticia del clima, pero estaba seguro de que la lluvia sería algo pasajero. Para su mal augurio, no fue así. Odiaba equivocarse, y mucho.

—"Ya empaqué lo necesario", dijo Samantha asomándose en la entrada de su oficina.

—"Estupendo…", respondió él sin mirarla.

—"¿Cuántos días nos quedaremos?"

—"Los que sean necesarios", respondió secamente.

—"Y… ¿Es necesario que Dolon nos acompañe?", preguntó, algo incómoda.

Richard suspiró. "Lo necesito", fue su tajante respuesta.

—"Entiendo…"

Samantha miró expectante a su jefe. Sabía que algo no andaba bien con él. Llevaba un buen rato parado mirando a la nada. Quizás era debido a todos los problemas que estaba tratando de afrontar, o quizás algo más.

Un auto se detuvo en la entrada de la casa de Richard, del mismo bajó una chow-chow con paraguas, tocó timbre y esperó. Al abrir la puerta, fue recibida por aquel macho de traje, cuya presencia no le agradaba mucho.

—"Puntual…", fue lo primero que le dijo. "Judo bajará en un momento", avisó.

Ninguno de los dos se dirigió la palabra. El único sonido era el de la lluvia que no parecía cesar.

—"Tuviste suerte de que me surgiera este viaje y no tuviera con quien dejar a Judo…", reconoció, "Pero no te alegres mucho, porque en cuanto vuelva ella regresará conmigo y estará en buenas manos", dijo sonando despectivo.

Ella frunció el ceño. "Ella estará bien conmigo", dijo con confianza.

—"¿Disculpa?", preguntó, un poco sorprendido.

—"Dije… que… Ella estará bien conmigo", repitió, elevando su tono.

Por alguna razón, Richard simplemente se quedó congelado al escuchar a su exesposa responderle de esa manera. Parecía ser bastante inusual.

—"Wendy, ¿Estás bien?"

—"Claro que sí", respondió mientras levantaba una ceja, "¿Por qué no habría de estarlo?"

—"Es que tú… tú…", intenta encontrar las palabras y falla.

—"¿Te comieron la lengua los ratones?", soltó una risita.

Richard reaccionó molesto. "¿Es ese el vocabulario que le enseñas a tu hija? ¡Por eso no me gusta dejarla contigo!"

—"¡Oye!", le apuntó con el dedo, sorprendiéndolo. "Yo educo correctamente a mi hija y ella disfruta mucho estar conmigo"

Richard se quedó paralizado por un momento antes de responder.

—"Si bueno…", se ajustó la corbata, tratando de disimular. "Lo dudo bastante"

—"¿Quieres apostar?", puso una mirada desafiante.

—"¿Qué rayos te pasa?", preguntó, estupefacto. "Tú no eres así"

—"Claro que lo soy…", aseguró, agarrándose el pecho. "Solo que no me gustó como me trataste", exclamó.

Richard miró a ambos lados. "Bájale a tu tono…"

—"¿Por qué? ¿Qué tienes miedo?", cuestionó. "Y te diré algo más: No se te ocurra volver a faltarme el respeto o yo misma tomaré represalias".

—"¡Silencio!", la tomó por el brazo, frenando en seco cualquier intento de respuesta. Miró a todos lados para asegurarse de que nadie los hubiera visto. "Escúchame con atención…", pronunció por lo bajo, mirándola fijamente. "Voy a pretender que nada de esto pasó, pero no vuelvas a hablarme de esa manera o te juro que la próxima vez lo lamentarás".

Wendy no respondió. Estaba algo asustada. Su corazón latía fuerte. Sin embargo, no cambió su expresión seria con la que lo miraba.

—"¡Mamá!", dijo Judo, apareciendo en ese momento y corriendo hacia Wendy. Richard soltó rápidamente el brazo de su exesposa.

—"¡Judo! ¡Cariño!", abrazó a su hija. "¿Cómo estás?"

—"Estoy bien, mamá", respondió ella con una sonrisa.

—"Judo...", pronunció Richard y su hija volteó para verlo. "Cuando crezcas y seas increíblemente bella, inteligente y... poseas cierta dulzura que sea una distante promesa para los valientes y justos... ¿Querrías no brutalizar a cualquier estúpido miserable que te topes solo porque quieres?", se agachó para mirarla más de cerca, mientras que le lanzaba ciertas miradas a su exesposa. "Por favor, no lo hagas"

Judo asintió, algo extrañada. "Lo haré, papá"

—"Bueno… ¿Nos vamos?", pidió Wendy, extendiendo su mano y su hija tomándola.

Mientras caminaban hacia el auto, Richard dirigió unas últimas palabras a su hija.

—"Recuerda llamarme si algo malo pasa"

Judo asintió y se subió al auto.

Tanto Richard como Wendy tuvieron una última cruzada de miradas mientras esta última arrancaba su coche y abandonaba el lugar.

Durante el trayecto a su casa, Wendy notaba que algo le pasaba a su hija. Casi no había hablado desde que se fueron.

—"Hija, ¿Está todo bien?", preguntó preocupada.

—"Sí, mamá…", respondió sin mirarla.

Wendy pudo ver brevemente que su hija llevaba su taza favorita en sus manos, pero estaba algo diferente.

—"¿Qué le sucedió a tu taza?"

Judo no respondió. Le lanzó una mirada un poco melancólica. Wendy supo por su silencio y por su reacción que prefería no hablar de eso.

—"¡Está bien! Descuida, hablemos de otra cosa", propuso, tratando de animarla. Aunque no tenía idea de que hablar, lo que hizo el momento aún más incómodo.

—"Papá irá a mi cumpleaños?", preguntó la pequeña después de un rato.

—"Bueno… lo intentará", fue lo único que se le ocurrió decir. "¿Recuerdas cuando te expliqué que tu padre tiene un horario diferente al de los otros padres? Pues... Es posible que no vaya".

—"Pero él lo intentará", dijo con convicción.

—"Sí... Lo intentará", asintió Wendy con desconsuelo. "Te quiero mucho, hija", dijo después.

—"Y… ¿Quieres a papá?"

Wendy no respondió. Aquella pregunta la pilló con la guardia baja. Parecía que se la estuvo planteando últimamente, pero no tenía las respuestas correctas.

—"¿Mamá?", preguntó cuándo ella no respondió por un breve rato.

—"Yo…", suspiró. "Yo siempre voy a querer a tu padre, porque de él vienes tú", responde, sonando forzada y genuina al mismo tiempo. Es una combinación extraña, porque cree en las palabras que dice, pero simplemente no está segura de si son las correctas para decir. De todos modos, fue suficiente para que convencer a su hija. "¿Te digo algo? ¿Qué te parece si vamos a visitar a Bluey y su hermanita?", sugirió, "¿Te gustaría?"

—"¡Síiiii!", sonrió. "Pero… y ¿Tú que harás?"

—"No te preocupes", hizo un gesto con la mano, "Me quedaré a charlar con el padre de ellas"

—"Yo creí que no te caía bien"

—"Nah", respondió con una sonrisa. "Al principio puede que no me haya agradado mucho, pero una vez que lo conoces créeme que es bastante simpático".

Judo puso una mirada extraña mientras notaba el rostro sonriente de su madre.

—"Mamá, ¿Estás bien?"

—"Sí, ¿Por qué?"

—"Te noto algo rara"

—"Es solo tu imaginación, cariño", dijo, manteniendo su sonrisa. "Estoy realmente bien".

Judo no hizo comentarios luego de eso.

ACTUALMENTE

A Richard no le gustaba el estado en el que se encontraban el cielo y el tiempo. La noche le era algo fría, turbia y lúgubre. El viento solo abundaba, soplando hacia la nada. No irradiaba la esencia optimista y vibrante que anhelaba. La sensación del aire húmedo y amargo haciendo contacto sobre su delicada piel y su cabello cuidado le parecía sucio, casi repugnante.

Definitivamente no era su clima ideal de verano. Aborrecía la humedad del aire. Odiaba la sensación del aire de la noche haciéndole cosquillas en la piel, haciendo contacto. El macho de traje deseó que todo se detuviera y se desvaneciera. Él sólo esperaba sentir algún tipo de emoción cuando fuera a recoger a su hija, pero lo duda mucho.

Estaba aquí. Luego de un tedioso viaje que duró días, finalmente había regresado a su país. Sin embargo, su intención de llegar con los mejores ánimos se vio arruinada cuando su exesposa no respondía sus llamadas, así como tampoco contestaba sus mensajes. Así que aquí estaba, llegando al barrio donde vivía la madre de su hija.

Su vehículo se acercaba hasta el frente de la casa. Poco a poco, pero poco a poco, deteniéndose. Abrió la puerta del coche y salió muy malhumorado. Mientras se baja, maldice el amargo viento que penetra fácilmente su ligero traje. Alguien también se baja del coche, siguiéndolo.

Al lado de la casa de su exesposa, Richard presiente que hay fiesta al sentir la música retumbando en sus huesos. Maldice también a aquellos que se la pasan de jolgorio hasta altas horas. Richard toca el timbre, pero nadie le atiende. Está así unos minutos de espera en completo silencio, hasta que su paciencia se agota.

—"¡Wendy!", golpeó la puerta con brusquedad. "¡Ábreme!"

—"¿¡Qué estás haciendo!?", Samantha intentó detenerlo.

—"¡Esa desgraciada va a escucharme!", vociferó con furia para seguir golpeando la puerta.

Un basset hound que pasaba por ahí vio lo que ocurría y se acercó preocupado.

—"Señor, si continua así va romper la puerta"

—"¡Oiga! ¡Métase en sus asuntos!", gritó, apuntándole con el dedo.

—"¿Qué?", se sobresaltó.

—"¡Discúlpelo!", Samantha intervino. "Está un poco alterado. Ha intentado comunicarse con la dueña de esta casa, pero no contesta y tampoco responde a las llamadas"

—"Ohh, ¿Por qué no lo dijeron antes?", puso una sonrisa. "No tienen de que preocuparse, Wendy está en la casa de al lado"

Richard se sorprendió. "¿En esa casa?", señaló

—"Así es", asintió.

—"¿Cómo sabe eso?"

—"Me la encontré de pasada justo cuando estaba entrando. ¡Diablos! No sé cómo pueden soportar esa música"

—"¿Sabe si había alguna niña con ella?", preguntó Richard con curiosidad.

—"¿Se refiere a la pequeña Judo?"

Richard asintió.

—"¡Oh sí! También está con ella"

—"Gracias por su ayuda, señor…", agradecía Samantha mientras le hacía señas para que dijera su nombre.

—"Rocko"

Richard no dijo una palabra. Se dirigió inmediatamente a la casa de al lado. Samantha corrió tras él y en todo momento trató de hablar para hacerlo entrar en razón.

—"¡Espera!"

—"¡No me detengas!"

—"¿Qué es lo que planeas hacer?"

—"¡Voy a sacarla de ahí inmediatamente!"

—"¿Planeas entrar por la fuerza?"

—"¡Si es necesario lo haré!"

—"Richard, por favor piensa muy bien lo que vas a hacer", pidió. "No hagas un escándalo. Solo terminarías muy perjudicado"

Richard pensó por un momento. "Sí, lo sé, pero ¿Cómo pretendes que me tome las cosas cuando me entero de todo esto?"

—"Escucha…", suspiró, "Lo que sea que quieras decirle a ella yo no me entrometeré, pero solo te pido que lo hagas en otro lugar donde no haya gente".

Richard asintió. "Supongo que tienes razón…"

—"Estaré allí en el auto por si pasa algo", señaló para luego retirarse.

Richard volteó. Dio un largo resoplido y trato de calmarse mientras tocaba el timbre. Nadie le atendió. Volvió a tocar y esta vez golpeó la puerta varias veces hasta que sintió que alguien se acercaba. Para su sorpresa, su exesposa abrió la puerta. Parecía sorprendida, como si no esperaba topárselo en ese lugar y a esas horas. Él se cruzó de brazos.

—"¿Ri… Richard?", preguntó temerosa mientras él la miraba furiosamente.

Richard notó a un Heeler azul de gran tamaño asomándose un poco. "¿Quién es él?"

Judo se acercó y tuvo casi la misma reacción que su madre. "¿Papá?"

—"Tenemos que hablar…", dijo Richard, mirándola fijamente para luego asomarse y ver momentáneamente al resto de gente en la casa. "Y que sea a solas", fue lo último que le dijo a su exesposa mientras se retiraba.

Wendy tragó saliva, creyendo que no le esperaba algo bueno.