Capítulo 13: La segunda vez

El sol de la mañana acababa de empezar a salir sobre la ciudad, indicando un nuevo día, uno en el que Bandit Heeler tenía la intención de aprovecharlo al máximo. La casa se llenaba con rayos de un extraño resplandor rosado cuando el patriarca y sus hijas se preparaban para salir.

—"De acuerdo, niñas, ¿Están listas?", preguntó él con mucho entusiasmo.

A las cachorritas les costaba un poco de asimilar lo que tenían en frente. Podrían jurar que nunca habían visto a su progenitor tan vivaz y enérgico a muy temprana mañana. Llegaron a pensar incluso que podría tratarse de un efecto secundario del resfriado que contrajo hace dos días.

—"Papá, ¿Estás bien?", preguntó Bluey algo extrañada.

—"¡Claro, hija! ¿Por qué no habría de estarlo?", respondió mientras hacía estiramientos.

—"Papá, ¿Por qué nos levantamos tan temprano?", preguntó Bingo algo somnolienta.

—"Bingo, lo dijimos ayer…", respondió mientras terminaba un estiramiento, "Iremos a caminar junto a Wendy y Judo"

—"Sí, pero ¿Tan temprano?", volvió a preguntar, llevándose un bostezo.

—"Entre más temprano mejor se puede aprovechar el día", respondió alegremente.

—"¿Por eso estás tan contento? ¿Por caminar?", sondeó Bluey.

—"Así es", asintió Bandit. "Tengo que hacer que este cuerpo se mueva".

El Heeler azul hizo un movimiento gracioso que provocó las risas de sus hijas.

—"Pero ¿Solo iremos a caminar?", interrogó Bluey.

—"No", negó con la cabeza, "También iremos a desayunar, a pasear por varios lugares e incluso al parque"

Ambas se miraron entre sí. "¿El parque?", preguntaron al mismo tiempo mientras miraban a su padre.

Bandit asintió.

—"¿Qué parque?", volvió a interrogar Bluey.

—"Eso no lo sé", frunció los hombros, "Wendy será la que decidirá eso"

—"¿Podemos tomar un helado después?", pidió Bluey.

—"¡Sí! ¡Por favor!", se unió Bingo.

—"Ya veremos…", respondió al aire.

Era bien sabido que las pequeñas no comían helado muy a menudo, y Bandit tenía una regla respecto a no consumir demasiada azúcar. Sin embargo, ya sabía que eventualmente se rendiría. La mayor parte del tiempo no podía decirle que no a sus hijas, y después de todo, quería que este fuera un día tan agradable que todos pudieran tomar aire fresco tanto como fuera posible.

Antes de salir, el Heeler azul se colocó las muñequeras de color verde claro, acompañado de la diadema que iba a juego.

—"¿De dónde sacaste eso?", preguntó Bluey algo curiosa.

—"Wendy me las obsequió", respondió con una sonrisa.

—"¿Wendy te obsequia cosas?", volvió a preguntar Bluey.

—"Bueno… se podría decir que sí", fue su contundente respuesta.

—"¿Qué más cosas te obsequió?", sondeó, cruzándose de brazos.

Bandit arqueó las cejas. "Bueno… no lo sé. Tendría que hacer un recuento", contestó medio en broma.

—"Entonces ¿Te ha obsequiado muchas cosas?", manifestó ceñuda.

Bandit se rió entre dientes. "No, tanto así no", negó con la cabeza.

—"¿Estás seguro?", cuestionó.

Él asintió. "Por supuesto"

—"Hmm…", se puso pensativa por un momento, "Pero… si no te obsequia muchas cosas, entonces ¿Puedes saber cuántas cosas te obsequió?"

—"Cielos, Bluey, ¿Por qué te interesa tanto?", preguntó, sin perder su buen humor.

La cachorrita azul hizo un gesto al aire con las manos. "Bingo y yo solo queremos saber"

—"Sí, así es", asintió Bingo.

Él arqueó una ceja mientras ponía una mirada pícara. "¿No lo sabían todo?"

—"Claro que sí", asintió Bluey, "Solo queríamos preguntar para estar seguras".

—"Sí, así es", volvió a asentir Bingo.

Él rodó sus ojos mientras sonreía. "Venga, nos deben estar esperando"

Los tres salieron de la casa y pudieron ver en la acera a Wendy y Judo, con un par de mochilas en el suelo.

—"¡Finalmente vienes!", dijo Wendy emocionada.

—"¡Perdón por esperar!", se disculpó Bandit mientras se acercaba con sus hijas a ella.

—"¿Hm? ¿Alguien se siente un poco incómodo?", preguntó la dulce y empalagosa voz de la chow-chow a modo de broma.

—"Solo un poco…", respondió el Heeler azul, siguiéndole la broma.

Ambos se miraron sin decirse nada luego. Parecía que no se habían visto en mucho tiempo, a pesar de que ambos adultos y sus respectivas hijas estuvieron pasando demasiado tiempo juntos en la misma casa desde hacía 3 días. Únicamente Wendy había decidido abandonar el hogar anoche con Judo una vez que Bandit se había recuperado. Sin embargo, parecía que siempre encontraban la manera de reunirse, ya sea por algo planeado o por casualidad.

—"¡Ejem!", Buley tosió fuertemente, atrayendo inmediatamente la atención de ambos adultos. "Tengo preguntas", dijo en voz alta, "Has empacado mucho para comer, ¿Verdad?", preguntó mirando a Wendy.

La chow-chow sonrió mientras asentía. "Hay mucho para todos", prometió, mostrando su mochila.

—"Y ¿Si hay alguna emergencia?", preguntó la cachorrita azul luego.

—"Ya tengo el kit para eso", afirmaba mientras iba enumerando, "Repelente de insectos, protector solar, curitas, suministros básicos de primeros auxilios…"

—"¿Es verdad que iremos a un parque?", volvió a preguntar.

Wendy asintió.

—"Y ¿A qué parque iremos?"

—"Es una sorpresa", le guiñó el ojo.

—"Eso es lo divertido de caminar con mamá", se metió Judo en la conversación, "A veces elige ciertos lugares para pasar el rato, pero nunca puedes saberlo porque debe sorprenderte", afirmó.

—"Ohh…", soltó la cachorrita azul.

—"¡Eso es genial!", exclamó Bingo.

—"Por cierto…", Judo se agachó para tomar una de las mochilas, "Tal vez quieran llevarla", indicó mientras se las entregaba.

—"¿Nosotras?", preguntaron Bluey y Bingo al mismo tiempo al recibir la mochila.

Judo asintió. "Empacamos muchas cosas que no entraban en dos mochilas, así que tuvimos que traer más", explicó, "Pensé que podrían ayudarnos… Claro, si no les molesta".

—"¡Claro que no!", exclamó Bluey, "De hecho, podemos usarla para jugar a los exploradores mientras caminamos".

—"¡Pido llevarla primero!", exclamó Bingo.

Bandit soltó una sonrisa ante aquella escena.

—"Wendy, ¿Necesitas que cargue tu mochila?", preguntó con cierta preocupación, mirando la mochila de gran tamaño que yacía a sus pies.

La sonrisa de Wendy se ensanchó, aunque inconscientemente.

—"En realidad, no me importaría aligerar mi carga, estoy segura de que tus músculos fuertes podrían soportar un poco de peso extra", aseveró para luego reírse.

—"Estoy seguro de que podré…", él se sonrojó levemente mientras recogía parte del equipo de su vecina y lo cargaba en su espalda. "¿Lo ves? Te dije que podría"

La chow-chow sonrió mientras arqueaba una ceja. "No lo dude por un segundo", soltó una risita. "Gracias por tu caballerosidad"

Él se limitó a encogerse de hombros. "Oye, es un día de diversión. Solo hago mi parte".

—"¡Esto va a ser muy divertido! ¡Estoy tan emocionada!", afirmó Bluey con entusiasmo.

—"¡Y yo también!", exclamó Bingo.

—"Entonces vamos. No hay tiempo que perder", declaró Wendy.

Las calles estaban oscuras y tan silenciosas como nunca las habían visto. No había mucha gente que se atreviera a salir tan temprano. Los cinco simplemente se dedicaban a observar la vida en la ciudad en las primeras horas. El estruendo de los taxis de la madrugada al pasar junto a ellos, las conversaciones telefónicas murmuradas de alguna que otra persona pasaba corriendo todavía vestida con su ropa de la noche anterior, el choque de los contenedores y los sonidos de la panadería local que comenzaba a abrir. Para muchos, esos sonidos mundanos de la vida en la ciudad eran más bien un estorbo, pero para ellos era un interesante contraste con lo que se encontrarían a medida que avanzaban con su caminata.

El amanecer llegaba como un lento bostezo contra los árboles y las colinas. Las pequeñas declaran nunca haber visto nada algo tan deslumbrante. Es todo amarillos y naranjas perezosos que empujan e inundan la tierra con su luz y calidez. Caminan lentamente por un sendero, sus dedos rozando los árboles y arbustos a su paso, sus brazos ligeramente abiertos para absorber tantas sensaciones como pudiera de una sola vez.

Tras varios minutos de interesante caminata, decidieron sentarse a descansar. Esto en realidad fue sugerido por Wendy como recomendación para la recuperación de Bandit. A pesar de que se había curado del resfrío, aún debía cuidarse y no sobreexigirse demasiado. Sus músculos no parecían querer cooperar plenamente, así que mantuvieron un ritmo lento y constante. Primero caminar, después sentarse, continuar caminando, luego sentarse durante un período prolongado y finalmente caminar.

—"¿Por qué nos detenemos otra vez?", se quejó Bluey que estaba de pie, a diferencia del resto.

—"Es necesario", respondió Wendy.

—"Pero si seguimos así perderemos mucho tiempo", volvió a quejarse.

—"Tranquilo, Bluey", rió Wendy. "Démosle a los demás la oportunidad de descansar un poco. Además, todavía tenemos mucho tiempo y nos queda mucho camino por recorrer".

Bluey resopló. "Está bien…"

—"Oye papá, ¿Puedes llevarme?", pregunta Bingo.

—"¿Por qué?", pregunta Bandit.

—"Yo, eh... Simplemente no puedo caminar, ¿De acuerdo? Mi pierna está rota", declaraba mientras hacía una pose como si sintiera dolor.

El Heeler azul le da un rápido vistazo y se ríe entre dientes.

—"Tu pierna no está rota", afirmó él.

—"Amm… es que esa no era la pierna que me rompí", intentaba explicarse, "Era la otra", señaló.

Él volvió a reírse entre dientes. "Bingo, si realmente te rompieras una pierna estarías gritando de dolor".

—"Oh…"

Bingo hace un grito de dolor fingido que no solo provoca la risa de su padre, sino también del resto del grupo que escuchaban aquella conversación.

—"Muy bien, vamos a ver. Estás cansada y quieres que te cargue ¿Verdad?", preguntó y su hija asiente en respuesta, sin romper el contacto visual. "Oh, vamos, puedes hacerlo. Caminar tanto no es tan malo"

—"Pero… ¡Casi me desmayo...!", intentó excusarse.

—"Has caminado mucho en varios lugares a los que fuimos. ¿Por qué no puedes ahora?"

—"Yo... Uh, yo...", no supo que decir.

Bandit sonrió y le puso la mano en el hombro.

—"Bingo, eres la que mejor camina de todos nosotros", empezó diciendo con seguridad, "No sé cómo lo haces, pero siempre pareces tener mucha más energía que todos nosotros", dijo con convicción.

—"¿En serio?", preguntó Bingo con una mirada de asombro ante aquellas palabras.

Bandit asintió. "Es más, estoy seguro de que podrías correr una maratón y ganarías", dijo medio en broma, lo que le valió una pequeña risa de su hija.

El Heeler azul tomó la mano de su hija y la ayudó a ponerse de pie. Inmediatamente se puso a correr y los demás le gritaban que se detuviera. La verdad era que ella no necesitaba ayuda. Bandit era consciente de que Bingo ahora era lo suficientemente fuerte como para hacerlo por su cuenta, aunque disfrutaba de la atención.

Los siguientes minutos de caminata transcurrieron de manera similar a la primera. Caminaron, se sentaron, y luego caminaron un poco más. Descansaban, o al menos lo intentaban, el calor no ayudaba mucho, aunque al menos se sentían un poco más frescos en las sombras, sin que el sol les incidiera directamente.

Continuando con su trote, Bandit empezó a tararear una canción que le gustaba cuando era pequeño. Ni siquiera recuerda de dónde era. Al sentir que su teléfono vibró, lo sacó con cuidado. Se detiene a un lado, dejando que las demás avancen un poco, luego mira hacia arriba. El cielo, pintado de naranjas, rojos y morados, con nubes esponjosas en un tono naranja pastel. Finalmente leyó el mensaje, sin saber muy bien si debía responder. Anoche había logrado comunicarse con su esposa. No hicieron videollamada, por petición de ella, pero sí intercambiaron mensajes. Ella en principio no dijo mucho sobre su ausencia, solo mencionó una fuerte ventisca, algo que convenció a su esposo. Él finalmente le pudo decir sobre la desagradable situación que sufrió debido al resfriado que contrajo, pero le aseguraba que no tenía nada de qué preocuparse, ya que le mencionó que Wendy se había encargado tanto de él como de las niñas. Además de eso, le avisó que habían hecho planes para salir a caminar al día siguiente, por lo que podría aprovechar el día si necesitaba descansar. Ella solo respondió con un "entendido", una respuesta que para él le resultaba algo vacía. Le preguntó luego si algo le pasaba y ella alegaba que todo estaba bien. No hablaron después de eso. Ahora, había recibido un nuevo mensaje. Su esposa le pedía que le avisara ni bien regresaran de la caminata, ya que quería hablar con las niñas. No sabía cómo reaccionar. ¿Debería sonreír? Se guarda el teléfono, fingiendo que ni siquiera lo ha leído. Probablemente inventará una excusa mientras camina. Quizás eso le dé tiempo para pensar.

El grupo finalmente se detuvo en una pequeña cafetería familiar. Parecía ser un lugar escondido en un rinconcito de la ciudad. No era demasiado famoso, tampoco era demasiado vistoso. Sin embargo, según las propias palabras de Wendy, era uno de los lugares favoritos de muchos transeúntes y tenía uno de los mejores cafés que ha probado en su vida, detallando la cantidad justa de acidez para despertarte por la mañana, suficiente leche y azúcar para levantarte por la tarde e incluso por la noche. Además de eso, también mencionó las variedades de tartas que ofrecían.

La cafetería bullía de vida cuando el grupo entró para darle un rápido vistazo. El olor de los productos horneados y el café recién hecho picaba el aire, haciendo que el lugar pareciera hogareño y acogedor. Desde los pisos de madera pulida hasta los colores cálidos y oscuros, todo en ese lugar tenía una actitud relajada.

Deciden sentarse afuera. Pronto son recibidos por una agradable camarera. Bandit decide hacerle caso a Wendy y ordenar un café con leche, mientras que ella prefiere un té helado de limón. Para acompañarlo eligen unas tostadas con frutas. Por su parte, las niñas quieren tomar algún jugo de naranja, y deciden los waffles especiales del día.

—"Será mejor que se aseguren de lo que están pidiendo", les había advertido el Heeler azul. "No terminaré los waffles por ustedes", decía en broma.

Eventualmente, la camarera vino a entregar el pedido, incluyendo los waffles recién hechos que se veían demasiado apetitosos, cubiertos con una generosa cantidad de jarabe de arce viscoso, almíbar y otra sorpresa. Bandit levantaba la vista y observaba como los ojos de sus hijas se abren de par en par al ver su comida, de la forma en que lo hacen cuando se emocionan. Las niñas inhalaban el aroma de los waffles y se sentían como si estuviera en el cielo.

—"¡Oh, vaya!", dice Bluey con asombro mientras toma su tenedor.

—"Tiene buena pinta, ¿Verdad?", manifestó Judo.

—"¡¿Es esto una bola de helado de vainilla?!", exclama Bingo con emoción.

Las niñas empezaron a cortar una gran porción de los waffles y comienzan a comer. Parecían devorarse ansiosamente su esponjosa comida. Bandit y Wendy sonríen ante la cálida sensación que tienen y dejan escapar una risita.

—"Ten cuidado, no te vayas a quemar", trató de advertir el heeler azul a su hija menor.

Bingo agitaba su mano con desdén, murmurando un "Sí, sí".

A diferencia de las niñas, ambos adultos se tomaron su parsimonia para comer, prolongando su estadía en cafetería para poder pasar más tiempo. Wendy bebió casualmente su té, mientras su nariz absorbía el fuerte aroma. Por su parte, Bandit pellizcó el mango de la cuchara fría e inconscientemente agitó el líquido marrón en la taza de porcelana blanca, dejando solo un poco de espuma arremolinándose en la superficie. Sorbe la primera taza mientras está francamente demasiado caliente, y bebe la segunda taza, saboreando la acción más que el sabor. La taza es cálida en sus manos y es relajante de una manera que no puede expresar con palabras.

—"Y ¿Bien?", pregunta Wendy curiosa.

—"Tienes razón", asiente, "Es realmente delicioso"

—"Te lo dije"

—"Tienes razón. Debería empezar a hacerte caso desde ahora", suelta en broma y ambos se ríen.

En un momento dado, Wendy desvió su mirada a su derecha y hubo algo que le llamó la atención.

—"¿Qué pasa?", pregunta Bandit al notar su reacción.

—"Puede sonar extraño, pero…", murmuró por lo bajo mientras regresaba su mirada a él, "¿Ves el auto color café que está estacionado allá?"

Bandit echó un rápido vistazo apenas girando su cabeza. "Sí, ¿Por qué?"

—"Podría jurar que ya lo había visto antes, pero no recuerdo dónde…", dijo con cierta seriedad mientras intentaba recordar. "¿No recuerdas haberlo visto mientras caminábamos?"

Bandit frunció los hombros y levantó los brazos. "He visto algún que otro auto, pero no sabría decirte con exactitud si vi ese auto en específico"

—"Y… ¿No te parece un poco raro que sea el único estacionado ahí?", intentó cuestionar.

—"Bueno… Quizás sea de alguien de la cafetería o de algún cliente".

La chow-chow miró alrededor de la cafetería. No estaba llena, apenas había 2 clientes que parecían ocuparse de sus asuntos. La estuvo pasando tan bien que ni siquiera se había fijado cuando llegó la clientela.

—"Sí, puede que tengas razón, pero… Sigo pensando que es muy extraño…", soltó mientras hacía una mueca.

—"Oye, no pienses en eso", manifestó, "Estamos aquí pasándola bien. Disfruta el momento".

Wendy da un sorbo a su té y asiente. "Tienes razón… ¿Qué te pareció el amanecer de hoy?", preguntó, cambiando rápidamente de tema.

—"Si te soy sincero… Creo que nunca he visto algo tan hermoso", afirma, sonriendo tímidamente.

Wendy sonríe. "Ver el amanecer es algo hermoso, sobre todo si lo compartes con alguien"

—"No recuerdo la última vez que logré ver el amanecer sin quedarme dormido", dice medio en broma.

Wendy suelta una risita. "Bueno, si haces esto más a menudo tendrás ese privilegio"

—"No me importaría, siempre y cuando pueda tener un desayuno como este", alega con una sonrisa.

Hubo un momento de silencio donde todos simplemente disfrutaban su comida. Bandit terminó su café y en vez de revisar su teléfono, prefiere mirar los viejos carteles en la pared y distraerse. Esboza algunos estudios rápidos de los objetos alrededor de la cafetería, matando el tiempo mientras las demás terminaban. Algo llamó su atención. Sentada al otro lado, en una pequeña mesa redonda, había una poodle color chocolate consumiendo una malteada. La hembra parecía que no le quitaba los ojos de encima, y tenía una mirada un tanto curiosa. Mordía la pajita y chupaba su bebida de vez en cuando, sosteniendo su barbilla con su mano izquierda y manteniendo sus ojos fijos en aquel macho azul.

El Heeler azul hurgó en los restos de su comida, tratando de ignorar a aquella hembra. Sin embargo, aún sin verla, estaba seguro de que ella no dejaba de mirarlo. En efecto, su mirada se intensificó. Él trataba por todos los medios de no entrar en su rango de visión. Estaba seguro de que parecía que iban a matarse entre sí al hacer contacto visual.

Wendy tomó otro sorbo de su té, pero para su insatisfacción, se lo había acabado. Bandit se ofreció a traerle otro, algo que ella aceptó con gustó. Él se levantó de su asiento y se dirigió hacia el mostrador. En unos pocos minutos la barista se lo preparó y le dio las gracias. Sin embargo, no llegó muy lejos, ya que el destino parecía obligarlo a sufrir una situación ingobernable.

Al voltear, aquella poodle de antes estaba parada frente a él. Era bastante alta y tenía un cuerpo esbelto. Su mirada, su curiosa mirada se hacía nuevamente presente. No estaba seguro de cómo reaccionar y mentiría si dijera que no se sentía para nada cómodo.

—"Aquí tienes…", dijo aquella poodle mientras le entregaba una bebida de guaraná, "Esto es tuyo".

Bandit recibió la botella, pero levantó una ceja. "Lo siento, pero no creo haber ordenado esto".

—"Oh, lo sé", hizo un gesto con la mano. "Esta va por mi cuenta", le guiñó el ojo.

Bandit tragó saliva. "Bueno… Gracias", fue lo único que alcanzó a decir mientras intentaba retirarse.

—"Espera…", le cortó el paso, "Aún no nos hemos presentado", aseguró, con una mirada pícara.

Los hombros del Heeler azul se crisparon con un encogimiento.

—"Me llamó Zezé", dijo presentándose, "¿Vienes mucho por aquí?"

Él trató de responder, pero los nervios ante la incómoda situación le jugaban en contra.

—"Mmmh… Pareces un tipo muy tranquilo y silencioso, ¿Sabes lo que necesitas? Un poco de café con caramelo para endulzar tus nervios"

Él se había sorprendido un poco por la confianza de la poodle al acercársele y examinarlo tan de cerca. Parecía ser una mujer muy atrevida.

—"Tus ojos parecen los de un adolescente despreocupado no un adulto", declaró con cierta picardía. "Intuyo que eres de vivir la vida todos días como si fuera el último de tus días, ¿Verdad?"

Él se vio incapaz de articular palabras, por lo que únicamente se limitó a asentir con la cabeza y a esbozar una débil sonrisa.

—"¡Lo sabía! Soy muy buena adivinando", dijo con orgullo. "¿Sabes lo que intuyo ahora?"

Él negó con la cabeza y ella se inclinó poco a poco a él.

—"Intuyo que tú y yo tomaremos algo… juntos", declaró suavemente, colocando sus manos con las de él mientras hacía énfasis en esa última palabra.

Bandit retiró sus manos, le devolvió la botella e inmediatamente dio un paso hacia atrás.

—"Mira, un gusto conocerte, pero… debo volver…"

—"¿A dónde?", interrumpió, "¿A esa mesa?", señaló. "Por favor, tú eres un hombre con mucho potencial y no deberías desperdiciarlo todo ahí".

Bandit frunció el ceño, "¿Qué? Ni siquiera me conoces a mí o…"

—"Bueno, si me das la oportunidad, puedo conocerte a fondo", volvió a interrumpir, esta vez con un tono un poco más salvaje coloreando su voz.

Los ojos de Bandit se abrieron como platos ante aquella declaración e inmediatamente sacudió su cabeza.

—"¡No-no-no-no-no!", agitó su mano libre salvajemente, "No estoy interesado en nada eso", dijo rotundamente.

El Heeler azul nuevamente intentó retirarse, pero la poodle volvió a detenerle colocándose en su camino.

—"Eres muy terco… y eso me gusta", declaró con lujuria.

Si antes estaba incómodo, ahora no sabía cómo sentirse. Aquella hembra parecía hacer todo lo posible por cumplir su objetivo, sea cual fuera. El Heeler azul trataba de quitársela de encima, pero al mismo tiempo intentaba no hacer una escena, a pesar de no haber casi nadie dentro y los únicos presentes no parecían prestarles atención.

—"Y aquí estás... ", se escuchó de una voz cercana que sacó a ambos de sus pensamientos y alzaron la vista para ver una chow-chow hembra de pie a unos metros frente a ellos. "¿Por qué tardaste tanto?"

—"Yo…", intentó explicarse, pero fue interrumpido por la poodle.

—"Está ocupado", dijo con una cierta molestia en su tono.

La chow-chow disintió lentamente. "No lo creo", aseguró mientras se acercaba. "Si no tienes nada que hacer entonces te pediría que te retires ahora mismo"

—"¿Quién te crees que eres?", preguntó desafiante.

—"Soy Whitney", declaró como si se presentara realmente, "Soy su esposa".

Aquella respuesta sorprendió de sobremanera al Heeler azul. La poodle en cambio miró a "Whitney" con bastante desdén.

—"¿Ah sí?", arqueó las cejas como si no se creyera lo que acababa de escuchar.

—"Así es", asintió la chow-chow, "Así que te lo repetiré otra vez. Por favor, retírate"

La poodle se rió descaradamente. "¿O qué? ¿Qué vas a hacerme? ¿No te das cuenta de que yo…?"

Aquella hembra no alcanzó a terminar su oración, ya que al intentar tocar a la chow-chow ésta tomó rápidamente su mano y la apretó con todas sus fuerzas. El Heeler azul observó aquella escena, perplejo. La poodle fue poco a poco reduciéndose al suelo, mientras soltaba leves chillidos de dolor.

—"Vas a disculparte por lo que hiciste y te retirarás, ¿De acuerdo?", dijo seriamente y la poodle asintió repetidas veces, casi con lágrimas a punto de salir.

Una vez que la chow-chow soltó a la poodle, ésta se sujetó la mano por instinto, se disculpó con el Heeler azul y abandonó la cafetería.

—"Lamento eso…", dijo ella con cierta pena.

—"La verdad… aunque no fue la mejor manera…", él trató de encontrar las palabras mientras inhalaba y exhalaba, "Nunca estuve más agradecido", dijo finalmente con una sonrisa.

Ella hizo una sonrisa que se ensanchó y soltó una leve risita mientras respondía.

—"Al menos fui educada y dije 'por favor'", alegó para luego reírse con él.

—"Solo tengo una duda, ¿Por qué le dijiste que eras mi esposa?"

Ella frunció los hombros y levantó los brazos. "Creí que así te dejaría en paz, pero cuando eso no funcionó me vi obligada usar la fuerza".

—"Oh…"

—"Venga, las niñas nos están esperando"

Bandit asintió. "Por cierto, aquí está tu té", dijo entregándoselo y ella lo aceptó con mucho gusto.

Ambos regresaron a la mesa con sus hijas y entablaron una conversación. Había pasado más de una hora cuando finalmente terminaron de comer, sintiéndose a gusto, y se decidieron en continuar su caminata.

Las hojas crujieron bajo sus pies. El sudor goteaba por sus cuerpos mientras avanzaban entre los árboles. La brisa ocasional pasaba junto al grupo, moviendo ligeramente las ramas sobre ellos antes de dejarlos una vez más sin nada más que un calor seco e incómodo.

—"Wendy, ¿No dijiste que esto iba a ser divertido?", preguntó Bluey con un poco de molestia en su tono.

—"Es divertido", se rió la chow-chow. "Estamos explorando un lugar que normalmente no vemos. La naturaleza es realmente hermosa por aquí. Estamos pasando tiempo juntos como equipo. Y estamos haciendo un buen entrenamiento", aseguró mientras iba enumerando.

—"Pero siento que hemos caminado mucho", soltó, nuevamente con un poco de molestia.

—"No te quejabas tanto hace unas horas", se metió Bandit en la conversación.

—"Lo sé, es que solo hemos caminado mucho y no hemos visto nada interesante", intentó justificarse.

La chow-chow nota la mirada cansada y desesperada de la cachorrita azul. Sonrió levemente mientras se detenía para entregarle una botella de agua, lo que provocó que Bandit hiciera lo mismo con las otras dos pequeñas.

—"¡Vamos! No estamos lejos de un buen lugar de descanso", intentó animar Wendy.

—"Has estado diciendo que estamos cerca desde hace rato…", protestó Bluey luego de tomar agua.

Wendy asintió. "Es cierto. Hemos estado cerca todo este tiempo, pero ahora estamos más cerca que nunca. ¡Creo que incluso puedo verlo!", se alejó un poco para mirar hacia el camino. Después de un momento, señaló. "¿Ves eso? Allí arriba. Casi estamos cerca." Agitó el brazo para indicarle tanto a Bluey como los demás que la siguieran y luego continuó por el camino.

—"¡Vamos, Bluey! ¡Hay que hacer una carrera!", exclamó Bingo mientras comenzaba a correr.

—"¡Oye! ¡Espérame!", gritó Bluey mientras la seguía.

La chow-chow señaló el camino. Estaban en un lugar empinado. Con cuidado, el grupo siguió a su guía, teniendo cuidado de evitar raíces y rocas por igual. Tardaron un buen rato en llegar a punto en específico: un claro en un bosque que dominaba el resto de un parque. Una bahía era visible en la distancia, con mesas colocadas cerca del borde para la vista. El resto del bosque crecía por debajo del claro, y sobresalían algunas rocas donde los visitantes ansiosos podían posicionarse para obtener mejores fotografías. El claro comenzaba a atraer un cierto número de gente cuando el sol alcanzó su punto medio en el cielo, y algunos de los miembros del grupo dejaron sus mochilas en una mesa vacía. Decidieron descansar ahí.

Mientras se acomodaban y volvían a rehidratarse, algunos ya estaban planeando sobre lo que podrían hacer en ese lugar. Todavía era temprano, no había necesidad de apresurarse.

—"¿Podemos ir a jugar allá?", preguntó Bluey a su padre, señalando los juegos del parque cercano.

—"Pues…", intentó responder Bandit, pero fue interrumpido.

—"¡Por supuesto!", se interpuso Wendy. "Solo procuren estar cerca para que podamos verlas", avisó y las niñas aceptaron.

—"¿Luego jugarán con nosotras?", volvió a preguntar Bluey, mirando a su padre.

—"De hecho…", Bandit intentó responder, pero nuevamente fue interrumpido.

—"Claro, cariño", respondió Wendy en su lugar, "Pero primero deben darnos unos minutos para descansar, ¿De acuerdo?", enunció y la cachorrita azul asintió en respuesta.

—"¿Comeremos luego?", preguntó Bingo.

Esta vez el Heeler azul no alcanzó a articular una palabra, ya que apenas abrió la boca su vecina fue la que respondió.

—"Así es", asintió Wendy, "Justamente tu padre me ayudará a preparar la comida mientras ustedes juegan", declaró ante la mirada confusa de su vecino.

Las pequeñas corrieron hacia los juegos. La chow-chow empezó a desempacar la comida que trajo hasta que notó como la miraba el Heeler azul.

—"¿Por qué hiciste eso?", él siseó.

—"¿Qué cosa?", levantó una ceja confundida.

—"Me estaban preguntando a mí"

—"Sí, ¿Y?"

—"Son mis hijas. Se supone que yo doy las órdenes"

—"Es cierto, pero te recuerdo que durante las caminatas yo soy la guía y todos deben de hacerme caso, incluso tú", dijo rotundamente.

—"Wendy, por supuesto que te haré caso en esto, pero cuando se trata de mis hijas te agradecería mucho si me dejaras a mí darles las órdenes", dijo seriamente. "A veces pueden ser un poco… incontrolables".

—"Bueno, créeme que estos días no me fue nada mal dándoles órdenes", destacó.

—"Y ¿Ya por eso crees saber cómo controlarlas?", cuestionó, cruzándose de brazos.

—"¿Qué pasa?", enarcó una ceja y lo miró burlonamente, "¿Acaso temes admitir que yo soy mejor que tú poniendo orden?"

Él rodó los ojos. "Wendy, por favor no te ofendas, pero está claro que yo podría ganarte hasta en eso"

—"Muy bien, si estás tan seguro…"

La chow-chow se levantó, se alejó un poco y se detuvo, poniéndose firme y con los brazos extendidos.

—"Derríbame", ordenó.

—"¿Qué?", él se extrañó ante esa inesperada actitud.

—"Ya me oíste. Derríbame", volvió a repetir.

Él frunció los hombros y levantó los brazos. "Está bien…", se puso de pie y fue acercándose poco a poco hacia ella, "pero luego no te quejes…"

Apenas Bandit la tocó, Wendy rápidamente lo tacleó y tiró al suelo, quedando encima de él mientras le sujetaba los brazos y le apretaba las piernas. Él se quejó mientras ella soltó una risita.

—"¿Fue suficiente?", preguntó ella mirándolo pícaramente.

Él la miró con asombro y luego agitó su cabeza. "¡Espera! ¡Eso no se vale! No estaba preparado", alegó con enfado.

—"Oh…", se apartó para permitirle ponerse de pie. "¿Ya lo estás?"

—"Por supuesto…", aseguraba mientras se sacudía el polvo.

Sin darle tiempo a continuar, la chow-chow repitió el proceso para taclear y tirar al suelo a su vecino. Hubo un total de 5 veces en las que el Heeler azul trató en vano de derribar su vecina. Finalmente, se quedó en el suelo, jadeando de dolor y cansancio. Ella le acercó una botella de agua que él casi se bebió por completo.

—"Cuando logres derribarme, entonces podrás tomar las decisiones que quieras", declaró mientras le guiñaba un ojo.

Él le sacó la lengua mientras se levantaba. "Algún día lo lograré…"

—"Pero hoy no es ese día", remarcó con una sonrisa, tocándole la nariz. "Ahora ven a ayudarme".

Mientras preparaban la comida, Wendy alzó la vista un momento y se expresión cambió.

—"¿Pasa algo?", preguntó Bandit al notar su mirada seria.

—"Ese sujeto…", pronunció, sin perder su campo de visión, "Juraría que lo había visto antes…"

Bandit volteó y, entre la poca gente que había, notó a un schnauzer que estaba sentado en un banco, leyendo un periódico. Suponía que ese era el individuo al que se refería su vecina. Curiosamente, a él también le sonaba de haberlo visto en algún lado, pero tampoco estaba tan seguro.

"¡Papá! ¡Wendy!", se escuchaba de un fuerte grito que se aproximaba a ellos, interrumpiendo lo que estaban haciendo. Bingo llegó corriendo, jadeando un poco, mientras daba aviso. "¡Judo está atrapada!", señaló. Ambos adultos alzaron la vista para notar a la chow-chow cachorrita encima del juego de las barras. Parecía que había logrado escalar y ahora tenía miedo de bajar.

—"Bandit, ve a ayudarla", ordenó Wendy.

—"Pero…", intentó objetar en vano, ya que su vecina le puso la mano en el hombro.

—"Solo ve. Lo harás bien", aseguró, con una mirada comprensible.

El Heeler azul finalmente asintió y corrió a ayudar a Judo. Parecía que su vecina confiaba tanto en él como para dejarle ese tipo de asistencia para con su hija.

Llegó al juego de las barras. Bluey se encontraba mirando a su amiga, ella estaba de rodillas en la cima, cerrando sus ojos con fuerza.

—"¡Judo! ¿Te encuentras bien?", preguntó Bandit.

La chow-chow cachorrita disintió con fuerza y los ojos aún cerrados. "¡No puedo bajarme!"

—"Intenta bajar por donde viniste", trató de recomendarle.

La chow-chow cachorrita volvió a disentir con fuerza. "¡Es demasiado alto!".

Sabiendo que no aceptaría, Bandit se colocó en una dirección cercana, frente a Judo, y extendió los brazos hacia ella.

—"¡Está bien! ¡Mira! ¡Salta hacia mí!", le indicó.

La chow-chow cachorrita abrió lentamente uno de sus ojos y vio al padre de su mejor amiga con los brazos levantados. Su mirada le daba confianza, pero al notar nuevamente la altura, volvió a cerrar el ojo.

—"¡No puedo hacerlo!", gritó con miedo.

—"¡Claro que puedes!", intentó animarla, "Yo te atraparé. No te pasará nada"

Judo consideró sus palabras y esta vez abrió ambos ojos. "¿Lo prometes?"

Bandit asintió. "Sí, lo prometo".

Con un poco de esfuerzo, la chow-chow cachorrita se paró sobre las barras. Su cuerpo temblaba. Pensaba que en cualquier momento resbalaría, se golpearía y caería. Trataba de mantener su mente en blanco y concentrarse en las palabras del Heeler azul. Se inclina un poco, inhala y salta. Afortunadamente, el Heeler azul la atrapa en el aire. Ella había cerrado sus ojos con fuerza en el proceso, pero al caer en cuenta de que nada malo le había pasado, volvió a abrirlos y pudo notar al padre de su mejor amiga, mirándola con una sonrisa comprensible.

—"¿Lo ves? Te dije que podías hacerlo", declaró, sin perder el contacto visual.

La chow-chow cachorrita no hizo comentario alguno, simplemente lo abrazó. Él se sorprendió un poco, aunque de todas maneras también podía entenderla.

—"¡Buena atrapada, papá!", exclamó Bingo.

—"¿Qué le pasa a Judo?", pregunta Bluey.

—"Solo… está algo asustada…", intentó explicar él.

—"¡No es cierto!", exclamó Judo, soltándose del abrazo.

—"Judo…", Bandit la depositó en el suelo.

Al ver la mirada seria que le lanzaba el Heeler azul, la chow-chow cachorrita resopló.

—"Está bien… sí estaba algo asustada", admitió, cabizbaja.

—"¿Por eso te subiste hasta allá? ¿Querías demostrar que no tenías miedo?", él sondeó y ella asintió, nuevamente cabizbaja. Se agachó para estar a su altura. "Judo, no tienes que hacer esas cosas para probar algo", alegó.

—"¿Por qué no?", se metió Bluey en la conversación.

Bandit volteó para ver a su hija. "Porque a veces, sin saberlo, podría pasarles algo grave".

—"Y ¿A ustedes los adultos no les pasa nada grave?", cuestionó la cachorrita azul.

—"A veces…", respondió, frunciendo un poco los hombros. "Pero no por eso significa que tenemos que hacer cosas peligrosas con tal de probar algo".

—"Pero ustedes los adultos no le temen a nada", volvió a cuestionar la cachorrita azul.

—"Claro que sí", dijo él rotundamente.

—"¿En serio?", preguntó Bingo con asombro, "¿Los adultos también tienen miedo?"

Bandit asintió. "Por supuesto".

—"¿A que le temes tú, papá?", preguntó Bluey.

—"Bueno… a muchas cosas".

—"¿Cómo que cosas?", interrogó Bingo.

—"Bueno… uno de mis mayores temores es despertar un día y saber que no están en casa", dijo con sinceridad, sonando un poco melancólico.

—"¿De veras?", preguntó Bingo y tanto ella como su hermana miraban a su padre bastante impactadas.

El Heeler azul asintió. Ambas cachorritas, conmovidas por sus palabras, lo abrazaron. Él correspondió dicho abrazo, pero al notar a la chow-chow cachorrita observando la escena y sintiéndose apartada, la invitó a formar parte, cosa que aceptó con gusto.

—"Nosotras siempre estaremos para ti, papá", declaró Bluey aún en el abrazo.

—"Lo sé, hija, lo sé…", contestó él, dejándose llevar por el abrazo.

—"Oh-oh…", soltó Bingo y los demás la miraron.

—"¿Qué pasa, Bingo?", preguntó su hermana.

—"¡Ataque de cosquillas!", exclamó.

—"Ay no…", soltó Bandit, fingiendo preocupación.

Ambas cachorritas Heeler comenzaron a llenar de cosquillas a su padre. Él se tiró al suelo, haciendo creer que intentaba resistirse. Judo pronto se unió al juego y la estaba pasando bien, al igual que sus amigas.

—"Judo, ¿También juegas a estos juegos con tu padre?", preguntó Bluey, provocando que tanto su amiga como su padre se pusieran algo tensos.

Fueron salvados por la campana. Wendy los llamó para avisarles que la comida ya estaba lista. Tenía bollos de brioche caseros, un frasco de mantequilla de maní, otro de mermelada, papas fritas de camote y barras de granolas; además llevaba tres sándwiches en preparación y había mezclado yogur, fruta y muesli con un poco de miel en algunos vasos.

Bandit se sentó con las piernas cruzadas y Wendy se sentó muy cerca de él. Las pequeñas se sentaron a ambos lados, con un poco más de espacio entre ellos, pero aún lo suficientemente cerca para conversar. Comen, lentamente, saboreando el rico sabor. Bluey abre uno de los bollos de brioche humeantes, agrega mantequilla y mermelada y procede a comer en silencio. Hace una nota casi ausente de que la mermelada es un poco demasiado dulce, pero el pan es impecable.

El grupo pasa otro buen rato comiendo y hablando. Hablaron de nada y de todo. Cuando terminaron su comida, charlaron sobre los lugares que visitarían en un camino cercano. Recogieron sus cosas y continuaron su recorrido. Llegaron a una bifurcación más arriba en la cima, donde Wendy se detuvo por un momento. Decidió llevarlos por un sendero más tranquilo, aunque más empinado, con las secuoyas alineadas a los lados y el sol brillando a través de los desmontes ocasionales en la espesura de árboles.

—"¿Aguantas bien?", preguntó Wendy a su vecino mientras aminoraba el paso para caminar a su lado.

—"Mejor con este paquete más ligero", respondió Bandit. "Y ayuda que las demás comieran tanto".

—"Es por eso que empaqué tanta comida", dijo Wendy con una sonrisa. "Es mejor sufrir medio día que sufrir el resto del tiempo quejarse de tener hambre".

Vagar por el bosque era muy diferente a caminar por la ciudad. No estaban restringidos por las carreteras, las aceras, el tráfico, los peatones o cualquier otra cosa. Claro que no había ningún camino real a seguir, pero ¿eso realmente importaba? La planificación ocurre sobre la marcha. Ese era el verdadero consuelo, el verdadero progreso. Caminar simplemente con la intención de pasar un buen rato, no se requiere itinerario.

Las niñas recogían palos y hojas muertas del suelo solo para llevarlos y romperlos entre sus dedos y dejar caer los pedazos rotos en el suelo ociosamente mientras avanzaban. Charlaban mientras caminaban, hablando de héroes profesionales, sus compañeros de clase, memes, videojuegos y cualquier otra cosa que se les ocurriera.

Mientras suben la colina. La espesa vegetación del bosque por el que caminan parece alentar a un montón de insectos a salir. Todos se quedaron maravillados ante tal presencia. Estaban seguros de que en sus vidas habían logrado ver esa variedad de insectos de todos los tipos de tamaños y colores.

—"¡Papá! ¿Podemos quedarnos a ver los insectos?", preguntó Bluey más como un pedido.

—"¡Sí! ¡Por favor!", pidió Bingo.

—"¿Podemos, mamá?", Judo se mostraba igual de interesada que sus amigas.

Ni el Heeler azul ni la chow-chow se opusieron, así que aceptaron y ellas festejaron. Ambos adultos se dispusieron a caminar por ahí, simplemente observando y analizando la belleza del lugar, sin perder de vista a sus respectivas hijas, por supuesto. Todas tenían suaves sonrisas en sus rostros y se reían ligeramente cuando otra hacía una travesura. No había sonidos además del viento soplando y los insectos de fondo, aparte de eso, era una tarde bastante tranquila.

Ni Bandit ni Wendy sabían cómo sucedió, pero en un momento estaban caminando uno al lado del otro y al siguiente estaban tomados de la mano. Caminaron por el vasto bosque con los dedos entrelazados, sin decirse absolutamente nada, solo contemplando la fascinante naturaleza. No importaba cuántas veces vieran todos esos colores, nunca dejaban de asombrarlos. El dulce perfume del pino llenó sus fosas nasales en el camino hacia arriba y, una vez que se despejaron los árboles, se dirigieron a un curioso lugar apartado. Parecía ser una especie de jardín, con varios árboles y plantas extrañas, además de algún que otro mueble hecho a mano. Allí se toparon con dos perros: uno era una Dobermann, el otro era un Bulldog. Ambos estaban cavando un pozo y alzaron sus miradas cuando los notaron.

—"¡Hola!", dijo la Dobermann, saludándolos dulcemente. "¿Es la primera vez que vienen acá?"

Ambos adultos no respondieron, simplemente asintieron. Aún estaban tratando de procesar tanto el lugar como a aquellos dos individuos.

—"Vinieron al lugar correcto", empezó diciendo con mucha emoción. "Acá se tiene una vista perfecta de la puesta de sol... Sobre todo, cuando es en pareja".

La declaración los dejó un poco en shock. Fue en ese momento cuando se percataron de lo muy juntos que estaban. Retiraron sus manos inmediatamente y, antes de que trataran de explicarse, la Dobermann los interrumpió.

—"Oh, perdonen, no nos presentamos. Yo soy Martina, soy de Argentina, y él es Jerome, es de Francia", dijo señalando y el Bulldog saludó. "Somos mochileros y este es un lugar que cuidamos mucho", comenzó explicando, "Acá es donde muchas parejas vienen a plantar árboles juntos. Ustedes han venido para eso, ¿No es cierto?"

—"De hecho…", intentó hablar Bandit, pero Wendy le tapó la boca.

—"¡Por supuesto! Soy Whitney y él es mi novio Barry", dijo presentándose y dejando sorprendido a su vecino.

—"¡Es un gusto conocerlos!", exclamó contenta, "Lamentablemente, ya no nos quedan árboles para plantar", avisó, "Hoy vinieron muchas parejas… Esperen".

La Dobermann fue detrás de un arbusto y sacó varias cajas de madera. Había macetas vacías y otras con plantas marchitadas. Entre ellas logró hallar una que afortunadamente se encontraba en buen estado.

—"Miren, este es un cerezo japonés", explicó mientras se los mostraba. "¿Les gustaría plantarlo?"

—"¿Tú qué opinas… Barry?", le preguntó Wendy a su vecino, con una sonrisa traviesa.

—"Me parece una buena idea… Whitney", respondió él, siguiéndole el juego.

Al principio les fue muy bien con la tarea. Bandit y Wendy hicieron un hoyo y lograron meter el árbol en el suelo sin demasiadas complicaciones. Martina incluso comentó lo fácil que era plantarlo, teniendo en cuenta lo desalentadora que había parecido la tarea en su día. Luego de eso, ambas parejas tuvieron una interesante charla. Martina y Jerome les mencionaban que habían logrado construir un banco para poner en ese pequeño espacio. Además de eso, también crearon varias pajareras y, por supuesto, habían logrado que pájaros visitantes tuvieran su baño.

Ni el Heeler azul ni la Chow-Chow se habían percatado del tiempo que pasó. El sol estaba por empezar a ocultarse, por lo que tenían que apresurarse para marcharse antes de la noche. Se despidieron de la pareja y se lamentaron por no haber visto la puesta del sol con ellos. Regresaron con sus respectivas hijas, que por fortuna estaban cerca.

—"¿Se divirtieron mucho?", preguntó Bandit.

Bluey asintió. "Papá, no vas a creer todos los insectos que vimos".

—"¡Eran muchos!", exclamó Bingo.

—"Puedo imaginármelo…", alegó, "Debemos volver a casa".

Durante el trayecto de regreso, Judo se acercó tímidamente a su madre y le habló por lo bajo.

—"Mamá…"

—"¿Sí, cariño?"

—"Lo estuve pensando y… tal vez sí quiero una fiesta", declaró con nerviosismo.

—"¿En serio?", preguntó sorprendida.

Judo asintió cabizbaja.

—"¡Cariño! ¡Eso es genial!", dijo casi gritando de la emoción, luego bajó el tono. "¿Qué te hizo cambiar de opinión?"

—"Bueno… Bluey y Bingo me dijeron como son las fiestas que han tenido… y las fiestas a las que han ido y…", le costaba expresarse correctamente, "Realmente… me gustó la idea. ¿Crees que podamos hacer algo parecido?"

—"Por supuesto, cariño", afirmó, mientras le acariciaba el pelo.

—"Pero… Mañana es mi cumpleaños, ¿Crees que estemos a tiempo?", cuestionó.

—"Siempre hay tiempo para ti, cariño", aseguró mientras le guiñaba el ojo y su hija sonrió.

Siguieron caminando a casa una vez que el sol comenzó a desaparecer. Las niñas divagaban sobre su día, y Bandit y Wendy escuchaban atentamente a pesar de que muchas de las cosas de las que les hablaban ya las habían oído. Sin embargo, no les importó volver a escucharlas, especialmente porque ya estaban acostumbrados.

Después de un recorrido que se había sentido mucho más largo que los anteriores, finalmente habían llegado a su destino mientras el sol desaparecía lentamente entre los edificios de las ciudades, dejando una luz dorada en las calles, para luego desvanecerse en un extraño violeta cuando los últimos rayos se esfumaron por completo.

Tuvieron que admitir que la caminata fue una experiencia bastante agradable; El Heeler azul no podía recordar la última vez que se había sentido tan ligero. Esto llenó su corazón con una alegría apenas contenida, y decidió devolver el favor con extravagancia y prisa. Se acercó para hablar un momento con su vecina, aprovechando que las niñas estaban conversando entre ellas en la entrada.

—"Gracias…", dijo él mirándola con una sonrisa.

—"Cuando quieras", le devolvió la sonrisa. "Por cierto… ¿Estarás ocupado mañana?"

Bandit negó con la cabeza. "No realmente, ¿Por qué?"

—"Verás… mañana es el cumpleaños de Judo"

—"¿¡Qué!?", soltó sorprendido.

Wendy asintió. "Tal como lo escuchaste. Ella al principio no quería celebrarlo, pero le pedí que se lo pensara mejor y parece ser que ahora cambió de opinión", explicó. "Sé que es algo repentino, pero… ¿Crees que puedas ayudarme a organizar todo?", preguntó más como un pedido.

—"¿Yo? ¿Ayudarte a ti con una fiesta? No me lo perdería por nada del mundo", declaró medio en broma y la sonrisa de ella se extendió. "Por cierto…"

Bandit intentó abalanzarse sobre ella, pero Wendy rápidamente lo tacleó y tiró al suelo. Las niñas se rieron un poco al presenciar aquella escena.

—"Muy lento…", dijo ella, burlándose un poco.

Él rodó los ojos. "Ya te venceré…", aseguraba mientras se levantaba.

La Chow-Chow y su hija se retiraron a su casa. El Heeler azul les ordenó a sus hijas que fueran al baño a limpiarse y él se encargaría de la comida, ellas hicieron caso. A medida que él se acerca a la casa, silencia sus pasos. No está muy seguro de por qué. Resopla y busca su teléfono. Lo observa, sabiendo que no había nada de la persona que le interesaba. Solo se estaba demorando, no porque tuviera la intención de hacerlo, solo quería tener tiempo para sí mismo.

MIENTRAS TANTO

Un Pontiac ventura color café estaba estacionado afuera de la casa de Richard. Dentro, un schnauzer con gabardina le entrega al chow-chow de traje unas fotografías que había sacado, las cuales ojeó brevemente: eran de su exesposa, junto a su hija, su vecino y las hijas de éste.

—"Entonces… ¿Qué me dices? ¿Son amantes?", preguntó Richard mirando a aquel sujeto de gabardina.

—"Bueno… yo no diría eso, precisamente", respondió el schanuzer.

—"¿Cómo dices?"

—"Es uno de los casos de infidelidad más extraños que he investigado", declaró haciendo una pausa. "Los he estado observando por horas, incluso en los momentos donde se encontraban sin sus hijas, y… no parecen tener el típico comportamiento de una pareja de amantes"

Richard frunció el ceño. "¿Qué estás tratando de decir?"

—"Yo creo que… deben de tener algún tipo de relación especial", fue su ambigua respuesta.

El chow-chow de traje hizo caso omiso ante aquellos comentarios y volvió a revisar las fotografías.

—"Dime una cosa, ¿Es posible que pueda utilizar estas fotografías como prueba tangible de una infidelidad?", preguntó sin verlo.

—"Pues… yo no soy abogado. Te recomendaría que te pusieras en contacto con tu abogado de confianza más cercano y le platiques tus dudas"

—"Reformularé la pregunta", acomodó las fotografías y esta vez lo miró fijamente. "¿Es posible que pueda utilizar estas fotografías en un juicio por la custodia de mi hija como evidencia de una aventura de mi exesposa con un sujeto casado?"

El schnauzer de gabardina reflexionó por un momento. "Pues… supongo…"

—"Perfecto, eso quería oír", dijo, sin darle tiempo siquiera a terminar. "Muchas gracias por tu ayuda, Mark. Te enviaré el resto del dinero por transferencia"

—"No hay problema, pero… si no es mucha molestia… ¿Es posible que puedas regalarme uno de tus auténticos?"

—"Claro…"

El chow-chow de trajó hurgó entre los cajones hasta sacar un habano, el cual entregó a Mark y este lo recibió encantado.

—"Parece que no cambias tus hábitos", declaró el chow-chow de traje mientras le alcanzaba un encendedor.

—"¿Qué puedo decir? Empecé cuando estaba en la policía y no puedo dejarlo", respondió encendiendo el habano y dándose un momento de silencio mientras lo disfrutaba. "Debo admitir que… A pesar de todo, pareces un sujeto realmente estable. Tienes todo lo que uno desearía"

Richard arqueó una ceja y mostró media sonrisa. "Me tienes envidia, ¿No?"

—"Trato de no compararme", frunció los hombros, "Ni siquiera me he recuperado de la crisis de la mediana edad"

—"Estás en los 41 y ¿En serio eso es lo único de lo que no te recuperas?", cuestionó, "¿Ni el divorcio? ¿Abogados? ¿División de bienes? ¿Pensión alimenticia?"

—"Sí, ¿Y? Tú algún día estarás en una crisis similar…"

—"Creo que no hay tal cosa como una crisis de la mediana edad", interrumpió tajante. "Eso es basura"

—"¿Cómo estás tan seguro?", cuestionó.

—"Mira, una persona puede con todo si tiene prioridades. Lo principal es no mentirse a uno mismo", explicó.

—"Que inteligente. Tu cabeza está en llamas. Quizás ahí pueda encender mi puro", dijo en broma, riéndose mientras Richard lo miraba de mala gana. "Será mejor que me vaya. Gracias de nuevo por este regalo".

El schanuzer se retiró, dejando al chow-chow de traje completamente solo. Volvió a mirar las fotografías. No le quitaba los ojos de encima a las que incluían únicamente a su exesposa y el vecino de ésta. Sus sospechas, sumado a las recientes declaraciones de la persona que contrató, no hicieron más que acrecentar esa extraña molestia que se presentaba en su cuerpo. Tomó una fotografía en la que solo se veía al Heeler azul. Lo miró con tanto rechazo y desagrado.

—"No vas a salirte con la tuya…", decía fríamente mientras alcanzaba el encendedor. "Te juro que no vas a salirte con la tuya…"

Richard acercó el encendedor y poco a poco fue quemando esa fotografía.

—"Lárgate, maldito…", dijo con un tono de voz más sombrío mientras veía como la foto iba ardiendo completamente. "Lárgate a los apretados infiernos… Y nunca regreses".