Buenas lectores, les agradezco mucho su apoyo. De verdad me hace feliz que aun haya personitas leyendome.

Pues espero que este capitulo sea de su agrado, estamos a dos capitulos mas de finalizar esta historia.

Sin mas que decir, que la disfruten


Maki no atina a comprender que hace un sobre con el nombre de Eli en la mesa de noche de Nico. Simplemente lo observa un par de segundos antes de poder reaccionar de alguna forma.

Miles de preguntas se forman en su cabeza, y sin más, por fuerza involuntaria de su cuerpo, se incorpora en la cama hasta quedar sentada.

Vacila un momento en si tomar o no aquel sobre, después de todo está en la casa de Nico, en el cuarto de Nico, en la cama de Nico... Respetar las cosas de la mayor debería ser su punto más alto, pero no es así, Maki siente más incertidumbre que cualquier otra cosa, por la que simplemente se deja de rodeos y toma de forma torpe el sobre, tirando algunos de los objetos que Nici tenía ahí guardados junto a los estudios de Eli.

No espera respuesta de Nico, quien ante el estrepitoso ruido de sus pertenencias cayendo, por fin despierta, desorientada y ajena a lo que Maki estaba haciendo.

La abogada no esperó ni un solo momento más para abrir aquel sobre y sacar lo que había en el interior de este.

Nico un poco mas alerta, escuchó el rápido tiraje de las radiografías salir del sobre, por lo que rápidamente reaccionó y se dió la vuelta, todo para mirar horrorizada lo que Maki hacía.

Su mente trabajo tan rápido en ese momento, Maki tenía los estudios que decían el diagnóstico de Eli, Maki había abierto el sobre, y ahora estaba por mirar lo que ahí estaba. No podía permitirlo.

Involuntariamente, Nico trato de quitarle a Maki las radiografías que ya estaba observando; pero Maji fue más rápida, quitandolas de su alcance.

-¡Espera Maki! No debes mirar eso- salió de sus labios tan torpemente que enseguida se arrepintió de dejarlo salir así.

-¿Por qué no? ¿Por qué tienes un sobre con el nombre de Eli?- cuestionó con molestia, y después, prosiguió a volver a mirar las radiografías.

Nico intento inventar alguna excusa, pero nada salió de sus labios, solo abría y cerraba la boca, como si boqueara en un último suspiro.

Y sucedió, Maki no perdió más el tiempo, mirando las radiografías; las manchas blanquiscas en cada pulmón, cómo ramificaciones subiendo por las vías respiratorias, después, los estudios de laboratorio; lamentables números podía ver, y al final, las palabras que desgarraron su corazón de una forma que no imaginó nunca.

Leucemia mieloide adenocarcinoma pulmonar etapa 4.

Por un momento, ella siente que se ha quedado sin aliento, si no supiera que su su corazón se detiene morira, Maki podría jurar que este se detuvo.

Por su parte Nico se quedó totalmente congelada en su sitio, olvidando casi el como respirar.

Ahora Maki es quien parece boquear, tratando de encontrar su voz, pero esta simplemente pareció haberse roto junto a su corazón. Pero, armandose con el valor que podía juntar en ese momento, por fin decidió hablar.

-¿Que significa esto, Nico?- la voz de Maki apenas y es audible, a pesar de eso, Nico escuchó claramente, siendo consciente por fin de la rigidez en su cuerpo.- No te quedes callada... ¡Dime de una vez que mierda está pasando!- y como pocas veces, la voz de Maki se volvió sonora, como una exigencia en un casi grito hacia la pelinegra, quien mira en shock a su amante.

Pareciera que no es real, Nici podría jurar que está en medio de una pesadilla, pero no es así, las gotas de sudor la hacen despertar de su ensoñación ficticia.

Aquello de verdad estaba sucediendo, Maki las había descubierto.

-¡Yazawa Nico!- y el severo y furioso grito de Maki llamándola, la hace temblar y estar aún más nerviosa de lo que ya estaba. Obligandose a sí misma a responder, antes de que la pelirroja perdiera los estribos.

-Maki, te diré que es lo que está pasando ¿Si? Pero primero debes prometerme que vas a respirar y calmarte... Te doy mi palabra. Todo está bien, confía en mi- Nico por fin dijo, notando cómo las radiografías en las manos de Maki se arrugan un poco, tal parece que la chica está enojandose cada vez más.

-¿Todo está bien? ¡¿Todo está bien?! Aquí dice que Eli tiene cáncer terminal, y tú lo sabías- la abogada suelta tan crudas y reales palabras, una verdad que le dolió a ambas. -¿Por qué no me lo dijiste? No tiene ningún maldito sentido... ¿Que tienes que ver en todo esto? ¿Que está pasando?- reclamaba rápidamente, sin dar espacios para que la mayor pudiera responder aunque sea una pregunta.

Jamás había visto a Maki tan conmocionada y alterada, ni el la tarde de graduación, incluso en aquella noche del insistente de Jung.

Pero pese a todo, Nico confiaba en que su Maki la escucharía. Tenía la esperanza de que así fuera, solo debía tomar el valor.

-Esto es... El destino Maki- dijo con cierta inseguridad, pero decidió proseguir en su intento. -El destino hizo que Eli y yo nos conociéramos, para que tú y yo nos volviéramos a encontrar- decía, esperando que Maki tratara de calmarse.

-¿De que diablos hablas?- y la abogada dejó claro que no estaba entendiendo nada.

-"Tienes que prometer que serás valiente con mamá Maki..." -

-"Es mi último deseo, Nico... Y podré irme en paz"-

Nico recordó entonces la promesa que le hizo a Día y también a Eli. Sería valiente y protegería con todo el deseo de la joven artista.

-Eli y yo nos encontramos un día. Ella llegó desesperada, buscando un servicio en BiBi y me eligió a mí. No sabíamos nada la una de la otra, fue tan natural. Ella me pidió conocer a su esposa e hija debido a su enfermedad, ella buscaba alguien que cumpliera un último deseo; alguien que cuidara lo que más amaba...- comenzó diciendo, notando cómo Maki bajaba la mirada. -Y cuando todo ocurrió... Por azares del destino, se trataba de ti. Tu eras la esposa por la que me contrataron para conocer. El último deseo de Eli se convirtió también en mi más grande anhelo al saber que se trataba de ti, Maki chan...- se sincero, esperando la reacción de la pelirroja.

Y tan pronto como terminó de hablar, un profundo silencio las rodeó. Nico impaciente, esperando la reacción y respuesta de Maki, y la está última, inmóvil y con la mirada baja, sin dar señales de la expresión en su rostro en ese justo momento.

Y la acción siguiente, Nico ni siquiera la esperó, pues Maki simplemente botó las radiografías a un lado y tiró de las cobijas que aún cubrían parte de su desnudes, retirándolas totalmente y sin más, comenzó a buscar su ropa en el suelo, comenzando a vestirse apresurada, frente a los ojos nerviosos de Nico.

-Maki, espera- Nico la llamó, pero la japonesa simplemente la ignoró y continuo vistiendose.

Era evidente que Maki quería irse, por lo que Nico también comenzó a buscar su ropa para vestirse, siendo un poco torpe debido a las incontables emociones de miedo y preocupación que se mezclaban en su cabeza y pecho.

Y sin más, cuando Maki terminó de abotonar a la mitad su camisa blanca, tomó su chaqueta y su teléfono celular rápidamente y salió de la habitación, dirigiéndose a la salida del departamento con la misma velocidad.

Nici al ver esto, simplemente termino de abrochar sus pantalones, para tomar su camisa y finalmente, seguir a Maki, mientras se ponía aquella camisa en el proceso.

-¡Maki, por favor espera! Puedo explicarlo mejor. Déjame decírtelo, por favor- Nico se apresuraba, logrando alcanzar a Maki en la salida del departamento y sujetándola del brazo, haciéndola detenerse.

-¿Explicarme que? ¿Que Eli y tú me vieron la cara?- Maki se giro con brusquedad, echando en cara lo que sentía.

-No es así, no me estás entendiendo...- Nico estaba a nada de soltar lágrimas, sentía que si soltaba a Maki y la dejaba marchar, la habría perdido para siempre.

La abogada no dejó terminar a Nici, pues simplemente se soltó de un brusco tirón de aquel agarre, y miró una última vez a Nico a los ojos.

-¿Que no estoy entendiendo? Por dios, más claro no puede ser... ¡¿Quien diablos se creen Eli y tú para mentirme así y decidir a quién puedo amar?!- reclamó Maki.

Aquellas palabras golpearon con fuerza el interior de Nici; jamás vio aquello de esa forma, y sin poder reaccionar ante lo dicho por Maki, simplemente se quedó estática, mirando los enojados y llorosos ojos de la pelirroja.

-Si, ahora no sabes que decir, pero no importa ya- dicho esto, Maki le dió la espalda a Nico y comenzó a dirigirse a su auto. -Ire ahora mismo a buscar a Eli y que me explique en que mierda estaba pensando cuando decidió que ocultarme todo era lo mejor- y sin más, Maki cerro la puerta de su auto, lo encendió y comenzó a moverse, saliendo en un limpio movimiento del estacionamiento y emprendiendo un presuroso viaje al hospital de dónde provenían aquellas radiografías, pues era la aseguradora de Eli y sin duda estaría ahí.

Por un momento, Nici se queda ahí, totalmente estática, mirando a la pelirroja desaparecer de su vista en aquel elegante auto negro.

Su corazón parece haber dejado de latir, y las palabras de Maki no paran de sonar en su cabeza, atormentando la con fuerza. ¿Quien se creían ella y Eli para decidir algo tan importante por Maki? Todo estába mal, muy mal.

Pero no podía quedarse ahí, dejando que el amor de su vida se marchara para siempre, por lo que ingresa corriendo a su departamento, para terminar de ponerse la ropa, tomar su bolso y dirigirse tras Maki.

No la volvería a dejar ir.

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El día lucía bien a su parecer, perfecto para ya no amanecer uno más, al menos eso es lo que pensaba Eli, quien estaba sentada sobre una silla de ruedas, conectada a ese horrible aparato que sonaba cada que su corazón llegaba a los 130 latidos o se desaturaba. Y por supuesto, no podía faltar la mascarilla en la toma de oxígeno, resecando cada día más su garganta.

Deseaba con todas sus fuerzas desconectar aquel monitor y dejar que un paro cardiorespiratorio se la llevara de una buena vez. Pero para su desgracia, cómo ya lo había intentado anteriormente, el personal de enfermería la vigilaba constantemente.

Bajó la mirada un momento, mirando el peluche de su amada hija Dia sobre sus piernas; sonrió débilmente cuando lo tocó con sus dedos, si no fuera por aquella mascarilla, podría percibir el dulce aroma de Día en el. Sonrió débilmente, esos últimos días al lado de su amada hija habían sido tan maravillosos. Quizá tanto como para que valiera la pena despertar un día más.

Aunque, si a Eli se lo preguntaran, si tan solo tuviera el poder de pedir una última cosa:

-Dios, si de verdad existes, si de verdad estás ahí escuchándome, solo tengo un último deseo, pequeño y caprichoso; que este sea el último día, por favor...- susurro mientras tomaba un gran bocado de aire en su mascarilla. -Demuéstrame dios, que no me odias y me dejarás ir ya- y recargando su cabeza contra el respaldo de la silla, dió un dificultoso suspiro.

Permaneció en calma un breve momento, antes de comenzar a escuchar estruendo; uno progresivo que tras cada paso, se escuchaba más cercano, esto al punto de escucharlo fuera de su habitación.

-¿Que es eso?- se preguntó a sí misma, mientras miraba cuidadosamente hacia la puerta y trataba de agudizar sus oídos y poder entender algo del estruendo de afuera.

Antes de tomar la iniciativa de ir y acercarse a la puerta en su silla de ruedas, la puerta se abrió de forma estrepitosa, haciéndola sobresaltar.

-¡Eli!- y sintió su cuerpo ponerse tenso ante aquel llamado.

Por un momento pensó que estaba imaginando lo que estaba sucediendo frente a su puerta, justo en la entrada, sin embargo, era real, tan real como el hecho de que iba a morir.

Y ahí la vio, su amada Maki estaba parada en la entrada de su habitación, llamándola, mientras un par de enfermeras trataban de retenerla e impedirle el paso.

-Señorita, el área es restringida, no puede pasar- decía una de ellas.

-La hora de visita ya pasó, no puede ingresar- aclaró la otra en un forcejeo.

-¿Por qué Eli? ¿Porque no me dijiste que estabas muriendo?- la voz de Maki sonaba furiosa, dolida, desesperada por qué la dejarán pasar y reclamarle a Eli por todo lo sucedido.

Pero no hubo respuesta, Eli seguía en shock, mirando como aquellas mujeres de blanco jalaban con toda su fuerza a Maki, quien se negaba a ceder y, por el contrario, se aferraba al marco de la puerta con una mano, y con la otra señalaba a la rubia.

-¿Por qué tú y Nico me hicieron esto? ¿Por qué?- un nuevo reclamo salió de la japonesa.

Eli por su parte, sentía como su cuerpo comenzaba a temblar. Quería ponerse de pie y correr hasta Maki y abrazarla, pedirle perdón por todo... Pero simplemente le era imposible siquiera mover un dedo.

Solo podía mirar completamente sorprendida a Maki, quien seguía furiosa intentando entrar.

-Llama a seguridad para que la saquen- una de las mujeres de blanco pidió a una de sus compañeras que había sido atraída por el escándalo junto a otros curiosos.

No pasó mucho para que de inmediato un guardia varón llegará hasta ellas y sujetara uno de los brazos de Maki con rudeza, para sacarla del nosocomio, ver cómo aquel hombre estaba lastimando a Mqki para lograr someterla y sacarla del lugar le dolió en el corazón, razón por la cuál comenzó a reunir fuerzas para levantarse de la silla y detener todo ese alboroto.

-¿Por qué me traicionaron así? Son las personas que más a amado mi corazón... ¿Por qué me hicieron esto? ¡Es injusto!- volvió a reclamar, mientras era arrastrada lejos de la habitación.

El corazón de Eli latía con fuerza, está vez no era por su dificultosa respiración, sino por las emociones que estaba experimentando.

Maki se había enterado de todo, y ahora estaba ahí, gritando que la había traicionado, dolida y furiosa. No podía permitir que todo quedara así.

-Largo de aquí, desquiciada- el guardia le ordenó a Maki, una vez que la logró alejar de la entrada y la arrastró un poco más allá del área.

Al mismo tiempo, una de las enfermeras entraba a la habitación, tratando de asegurarse de que Eli estuviera bien.

-¡No me toques!- advirtió la abogada cuando el hombre la empujó de nuevo, y sin más, tomando al hombre con la guardia baja, lo golpeó en el rostro, haciéndolo tambalear un poco y que en consecuencia, cubriera su rostro adolorido.

Y tras la agresión, otro guardia de seguridad se unió, obligando a Mali a detenerse nuevamente y por supuesto, el alboroto se hizo aún mayor.

Eli no permitiría que siguieran maltratando a Maki por su culpa, por lo que finalmente se puso de pie y dió lentos y temblorosos pasos, uno tras otro lentamente.

-Ma-Maki...- con su débil voz, llamaba a la abogada.

Nadie fuera de la habitación había notado que Eli se había puesto de pie y había comenzado a avanzar en busca de detener todo el alboroto. No fue hasta que tras los pequeños pasos que dió y a causa de la falta de movilidad y fatiga, Eli no pudo sostenerse más tiempo y cayó al suelo, ocasionando que los electrodos en su cuerpo se desconectarán y el monitor comenzará a sonar estrepitosamente.

Sin saberlo o ser consciente, había detenido el alboroto, pues las enfermeras corrieron en su auxilio, si como Maki se safo de los guardias y corrió detrás de las profesionales.

-¡Eli!- grito el nombre de la rubia desfallecida en el suelo.

Maki había corrido tan rápido para llegar hasta la rusa, que en un parpadear ya estaba hincada a la par de la joven y la sostenía entre sus brazos, mientras las enfermeras ponían manos a la obra inmediatamente.

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Tan rápido como el taxi se había estacionado, Nico pagó y se bajó de inmediato, completamente nerviosa y ansiosa ante lo que podría suceder cuando enfrentase a Maki y Eli.

Arreglándose el cabello, llegó rápidamente al área de recepción, llamando a la primer mujer que vio.

-Buenas tardes, disculpe, necesito ingresar a la habitación no. 29 de la señorita Ayase Eli- Nico daba su petición, la mujer se acercó para atenderla.

-Permitame un momento- contestó ella y comenzó a mirar la pantalla de su computadora. -Aquí, habitación no. 29... ¿Cuál es su parentesco con la paciente?- la mujer preguntó a lo que Nici simplemente suspiró.

-Soy su amiga, vengo casi diario junto a la hija de Eli- dijo primeramente. -Soy Yazawa Nico- daba su nombre.

La mujer miró la pantalla y después se dirigió a una tabla de madera con algunos papeles y los miró brevemente; mientras hacia aquello, daba pequeñas miradas a la castaña nerviosa.

Finalmente, se dirigió de vuelta a Nico y por fin habló.

-Lo siento mucho, pero, usted ya no puede ingresar a la habitación de Ayase Eli- informaba aquello.

Nico no lo podía creer.

-Pero... ¿Por qué? Yo soy quien trae a la hija de Eli cinco días a la semana, soy una visita constante, soy su amiga ¿Por qué no puedo pasar?- dejaba a flote su preocupación y desconcierto.

La recepcionista simplemente suspiró y volvió a hojear un par de papeles en su tabla.

-Lo siento mucho señorita Yazawa, pero al parecer, es una orden de la señorita Nishikino, esposa de la paciente- daba la razón de aquel impedimento y Nico sólo sintió su corazón acelerar. -ya que ella es familiar directa, no podemos permitirle el paso a usted- explicó.

Y la pelinegra no podía creer lo que Maki había hecho. Así sin más, decidió que no podría ver más a Eli.

-Comprendo, gracias- agradeció y se retiró al área de espera, sentándose un breve momento.

Por supuesto, el enojo la inundó, pero no se sentía con el derecho de reclamar nada a Maki, después de todo, hasta cierto punto, Maki tenía razón y deliberadamente, Nico y Eli decidieron que Maki solo podía amar a una de las dos.

Paso su mano por su rostro con frustración y estrés. Posteriormente, con la esperanza a todo lo que daba, decidió sacar su teléfono celular de su bolsillo y llamar a Maki.

Intentaría con todas sus fuerzas que la abogada le contestara y accedieras a qué las tres pudieran hablar claramente, lo necesitaban.

Pero comenzó a marcar y esperó por Maki. Una llamada, dos, cuatro, nueve... Y la abogada no tomó ninguna.

Nico finalmente, después de alrededor de una hora intentando llamar a Maki, simplemente desiste, recargando con frustración su teléfono contra su frente y rezando a todos los dioses porque Maki no se fuera, por qué Maki la perdonara.

Si Nico perdía a Maki... Su mundo volvería a derrumbarse.

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Aquella tarde,era uno de sus más preciados recuerdos, Eli miraba por la ventana de una colorida oficina. Nerviosa de lo que pudiera suceder.

Maki sujetaba su mano, con completo nerviosismo y apoyo. Aquel sería un día sumamente importante, pues la mujer al otro lado del escritorio, revisaba un par de papeles frente a ellas.

Si su corazón pudiera salir de su pecho debido al nerviosismo, ya lo habría hecho por lo fuerte que Eli lo sentía latir.

-De acuerdo, aquí están los estudios de la última visita de la trabajadora social- y la mujer hablando, hizo que Eli apretara la mano de Maki, recibiendo el mismo gesto por parte de la japonesa. -El informe da buenos comentarios hacia su casa, sus estudios psicológicos y económicos. También hay una muy buena respuesta por parte de Dia- explicaba primeramente.

Estaba sumamente ansiosa, no podía esperar más.

-E-entonces... ¿Cuál es la respuesta final?- Maki se atrevió a hablar primero.

Por un segundo, Eli creyó cerrar los ojos con fuerza y evitar a toda costa mirar a la trabajadora social.

-La última visita de Día a su hogar nos hizo decidir finalmente...- y continuo el suspenso.

-No nos haga esperar más, siento que voy a desmayarme en cualquier momento...- dijo Eli manteniendo sus ojos cerrados, en respuesta solo escuchó una breve risa.

-Señorita Nishikino, señorita Ayase, felicidades... La adopción ha sido aprobada. Día es oficialmente su hija...-

Día era su hija oficialmente, aquel día, acababa de formar una familia con la persona que más amaba en el mundo.

Ambas chicas saltaron de su asiento y mirándose por un par de segundos, finalmente se abrazaron, conteniendo las lágrimas.

Más tarde cuando terminaron todo el papeleo, se dirigieron al jardín, dónde los niños del orfanato jugaban. Y ahí estaba la pequeña Día, sonriendo mientras columpiaba a alguien. Cuando sus ojos se cruzaron con los de Eli y Maki se volvieron más luminosos y brillantes, llenos de anhelo y alegría.

Sin más, Dia corrió hacia donde estaban ambas adultas, feliz de verlas y de la siguiente salida con ellas.

-¿Cómo están? ¿Van a llevarme a algún lado hoy?- preguntó Día primeramente.

Maki y Eli se voltearon a ver sonrientes, a lo que finalmente Eli se agachó a la altura de la pelinegra y acaricio su cabeza.

-Es la última vez que vendremos aquí, Dia- dijo, notando cómo la sonrisa en el rostro de la menor iba disminuyendo.

-¿De que hablas?- preguntó tan pronto la rusa le sonrió.

-Si, es la última vez que vendremos aquí, Maki y yo lo logramos- Eli decía, haciendo que el rostro de Día se quedará sorprendido.

-Ustedes... Quieres decir que...- y la impresión de la pequeña era evidente.

-Así es... Hoy por fin nos vamos a casa- Maki completó.

Y sin más, Dia corrió a los brazos de ambas, aferrándose a las dos adultas como nunca se había aferrado a alguien. Ocultando su rostro contra ellas, y por supuesto, las lágrimas no se hicieron esperar.

-No puedo creerlo, gracias, gracias... Tendré una familia de nuevo... Voy a ser amada de nuevo- era lo que Dia decía entre sus sollozos de felicidad, haciendo que el nudo en la garganta de la pareja comenzara a formarse.

-Así es, hoy oficialmente, somos una familia...-

Si se lo preguntaban a Eli, tenía dos días especiales, los más hermosos de toda su vida. Aquellos que siempre, sin importar nada atesoraba en su memoria y corazón.

El primero, el día en que Maki acepto casarse con ella.

Y el segundo, el día en que Dia completo el circulo; el día en que pudo llamarla hija.

Cuando juntas festejaron el primer cumpleaños de Dia, recuerda como tomó un poco de crema en el pastel y la embarró contra la mejilla de Diq, y después el como ella y Maki besaron cada una la mejilla de la menor, deseándole un feliz cumpleaños.

Y finalmente, en la noche cuando Eli y Maki arroparon a Dia y volvieron a su habitación para descansar, simplemente no pudo evitar abrazar por la espalda a Maki.

-¿Y ese abrazo tan repentino?- preguntó la abogada.

-Solo quería hacerlo, estuve pensando todo este día en lo hermoso y emocionante que es festejar el primer cumpleaños de Día cómo nuestra hija y... Jamás me hubiera imaginado en esta situación cuando era adolescente- comenzaba a hablar, sin apartarse de Maki.

-Eras una niña rebelde e independiente... Si cuando éramos amigas me lo hubieran preguntado, les diría que siempre serías una soltera y rebelde que hace lo que le da la gana- Maki contesto riendo un poco.

-Fuiste tú quien me dió el deseo de tener una familia. No me arrepiento absolutamente de nada... Yo solo quiero darte las gracias- la artista no podía dejar de abrazar a su amada.

-¿Por qué?-

-Gracias por todo tu amor, por tu entusiasmo para vivir que me contagia cada día con más fuerza... Gracias por ser quien eres-

-Eres tan dulce Eli chan... Pero dime ¿Quien soy?-

Y con eso último, Eli hizo que Maki se diera la vuelta, para mirarse frente a frente, y en un suave y tierno contacto, juntó sus labios con los de la japonesa, para finalmente separarse y mirar aquellos hermosos ojos violeta.

-Mi alma gemela...-

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Los ojos de Eli se abrían lentamente, desacostumbrados a la tenue luz en la habitación. El mareo viene después del pequeño dolor de sus ojos. Quiere llevar su mano hasta su adolorida cabeza, pero no tiene la fuerza para hacerlo aún.

Poco a poco va reaccionando y comienza a escuchar ese inconfundible sonido que hace el monitor de signos vitales.

Maldice por dentro, maldice el hecho de haber despertado otra vez.

"-¿Por qué? Porque no puedo morirme de una buena vez?"-

Se pregunta mientras da un dificultoso respiro.

Repentinamente, Eli siente una caricia en su mano, dirige sus ojos hacia ese lugar, notando una pálida mano tomando la suya, reconoce el toque, reconoce el calor y cuando dirige su mano hacia la persona que está sentada a su lado derecho, puede ver ahí a una preocupada chica, que le sonríe como si estuviera a punto de llorar.

-Me diste un buen susto, Eli chan- dice su acompañante, mientras da una caricia más en su mano.

-Ho-Honoka...- susurra el nombre de su mejor amiga, quien está ahí para ella, justo como lo ha estado cada día desde que supo que moriría.

La artista, pálida y débil, se percata de como la mirada de Honoka se dirige a lado contrario, curiosa mira hacia esa dirección, topandose con algo que sus ojos anhelaban ver desde hace tiempo.

No fue un sueño, era real, su cabello rojo, su bello rostro y aquellos ojos que siempre la enternecian.

Maki estaba sentada al otro lado de su camilla, mirándola. Era incierto, Maki parecía triste, melancólica, molesta y al mismo tiempo, feliz de verla.

-Las dejaré un momento a solas, pero estaré pendiente por si me necesitas, Eli chan - aquellas palabras salieron de Honoka, quien se levantaba y salía de la habitación, dejándola a solas con Maki.

El silencio prevalece después de que Honoka abandona la habitación. Eli no sabe que es lo que Maki quiere después de descubrir su plan, su enfermedad y su pronta partida.

La abogada se acerca más a la camilla, y con cuidado, toma entre sus manos la de Eli, logrando que la chica la mire directamente.

-¿Por qué Eli? ¿Por qué no me dijiste que estabas muriendo?- fue la primer pregunta que salió de los labios de Maki y tan pronto como terminó de hablar, estos comenzaron a temblar. -¿Por qué hiciste que me reencontrara con Nici?- soltó con dificultad, pues evidentemente, aquello le dolía.

Sus ojos dolían con fuerza, picaban de una forma que hace tiempo no experimentaba. Eli deseaba llorar, y sin retener más su deseo, las lágrimas comenzaron a caer, mirando a su amada esposa a los ojos.

-Lo hice porque te amo... Y porque quiero que, cuando muera, estés con alguien que te ame con la misma fuerza que yo- dijo, tratando de retener el quiebre de su voz. -Que pudieras amar otra vez... Es mi último deseo-

Maki la observa detenidamente, Eli espera cualquier reacción, reclamos, enojo, indignación... Pero a cambio, simplemente recibe una caricia de Maki, desde su mejilla hasta su cabello, dónde le da un par de caricias más, antes de sonreírle y también dejar escapar sus lágrimas.

-Tonta... - fue lo único que dijo Maki, mientras en un deseoso impulso, se acerca a Eli lo más que puede y la envuelve entre sus brazos, permitiendo que la rusa inunde su nariz del fresco aroma a lavanda de Maki, sintiendo el calor de su amor y cariño, y siendo calmada por los latidos de su corazón.

Eli no puede más, la máscara finalmente se cae y abrumada por todas aquellas emociones, por fin permite que se desborden, aferrándose con la poca fuerza que le queda al abrazo de Maki, llorando desconsolada, jadeando entre el llanto.

-Lo siento, Maki... Lo siento tanto-

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