Capítulo 3: Reconciliación con Brandy y el Padre de Chilli
A la mañana siguiente, Charlie despertó con una expresión tranquila y una ligera sonrisa, todavía sintiendo la calidez del momento compartido la noche anterior. Se giró para ver a Beiley, quien, todavía medio dormida, lo observaba con los ojos entrecerrados.
"¿Por qué esa sonrisa tan temprano?" murmuró Beiley, en un tono que mezclaba curiosidad y cansancio.
Charlie, mientras se levantaba y comenzaba a vestirse, respondió en un susurro juguetón: "¿Acaso no debería sonreír después de una noche tan agradable contigo?"
Beiley rodó los ojos, pero no pudo evitar que sus labios formaran una leve sonrisa antes de cubrirse la cara con la sábana. "Termina de vestirte... y no me hagas sonrojar tan temprano," dijo, intentando mantener un tono serio.
"Como usted diga, mi dulce esposa," bromeó Charlie, disfrutando del ligero rubor que apareció en las mejillas de Beiley.
"Solo apresúrate," replicó Beiley, volteándose hacia la pared para ocultar su rostro. Aunque su tono era seco, había un destello de complicidad en sus palabras.
Mientras Charlie terminaba de prepararse, ambos compartieron un silencio cómodo, una tranquilidad que se sentía como un eco del momento íntimo que habían compartido, marcando un nuevo día con una conexión más fuerte entre ellos.
Justo en ese momento, Bluey pasó por el pasillo y vio a sus padres conversando en voz baja. Con una sonrisa pícara y un tono juguetón, comentó: "Vaya, ustedes sí que tienen buen ánimo desde temprano."
Su comentario, aunque inocente, provocó una pequeña risa en Charlie, quien respondió con suavidad: "Bluey, ve a terminar de vestirte. Hoy tienes escuela, ¿recuerdas?"
Bluey rodó los ojos con un gesto exagerado, pero obedeció y se retiró para prepararse. Mientras la pequeña desaparecía por el pasillo, Beiley observó a Charlie con una expresión más seria y le recordó: "No olvides que hoy es tu primer día de trabajo... con este cuerpo."
Charlie suspiró, dejando entrever la preocupación que le generaba la situación. "Sí, lo sé. Tendremos que adaptarnos lo mejor posible." Su tono reflejaba una mezcla de resignación y determinación, mientras miraba a Beiley con una leve sonrisa, buscando apoyo en la complicidad que habían fortalecido.
de la familia Heeler. Al bajar las escaleras, encontraron a Bingo esperándolos en la cocina, saltando de emoción.
"¿Podemos practicar magia?" preguntó con los ojos brillantes de entusiasmo.
Charlie y Beiley intercambiaron miradas, una mezcla de diversión y resignación cruzó sus rostros. Sin pensarlo demasiado, respondieron al unísono: "Sí, esta noche practicaremos."
Con esa promesa, la familia Heeler comenzó su día. El desayuno fue rápido, con Bluey y Bingo charlando sobre sus planes escolares mientras los padres revisaban mentalmente sus propios compromisos. Una vez todos listos, salieron de casa, enfrentando el mundo con la normalidad que intentaban mantener en medio de sus nuevas circunstancias.
Durante el día, Charlie enfrentó algunos desafíos en su trabajo debido al cambio de cuerpo. Aunque su torpeza inicial llamó la atención, su sorprendente eficiencia pronto eclipsó cualquier duda. Las compañeras que antes solían quejarse con ella acerca de otros colegas que no cumplían con su trabajo, ahora la buscaban para pedirle orientación y seguir sus indicaciones. Mientras revisaba informes y organizaba tareas, Charlie no pudo evitar pensar: "Voy a extrañar esto cuando todo vuelva a la normalidad."
Por su parte, Beiley manejó su día con la misma destreza de siempre, pero con un nuevo objetivo en mente. Durante el almuerzo, aprovechó para hablar con el compañero que le había recomendado la tienda donde todo había comenzado.
"¿Estás seguro de que solo la encontraste por casualidad?" preguntó Beiley, fingiendo un tono casual, pero con los sentidos alerta.
El compañero río, rascándose la nuca. "Sí, la vi un día caminando por el centro. Parecía interesante, y tú siempre buscas cosas fuera de lo común, así que pensé en recomendártela. ¿Por qué preguntas?"
Beiley negó con la cabeza, sonriendo para disimular su sospecha. "Nada importante. Solo curiosidad."
Aunque la respuesta parecía genuina, no descartó la posibilidad de que pudiera haber algo más detrás. Hizo una nota mental para informar a Shin en caso de que descubriera algo sospechoso más adelante.
Así transcurrió el día para la familia Heeler, con cada miembro sumergido en sus actividades. Pero, en el fondo, todos sabían que, al caer la noche, la práctica de sus nuevas habilidades los reuniría nuevamente, recordándoles lo extraño —y mágico— que se había vuelto su día a día.
Cuando todos regresaron a casa, durante la cena, Charlie y Beiley les preguntaron a las niñas cómo les había ido en la escuela. Bluey respondió alegremente: "¡Bien!" Sin embargo, Bingo tardó un poco más en contestar, con un tono que despertó sospechas: "Bien..."
Tanto sus padres como Bluey se inclinaron hacia ella, mirándola con curiosidad. Bluey, con una sonrisa traviesa, comentó: "Bingo, no eres buena ocultando cosas. Mejor dilo ya, antes de que se te escape por accidente."
Bingo, algo nerviosa, decidió confesar. "Bueno... hoy, mientras estaba jugando en la escuela, mis amigos me dejaron sola un buen rato." Su tono hizo que todos pensaran que estaba a punto de contar algo triste. Beiley y Charlie ya estaban preparándose para consolarla, pero Bingo continuó rápidamente: "¡Entonces hablé con Chronoa!"
De inmediato, las expresiones de preocupación se transformaron en asombro. "¿Qué hiciste?" preguntaron sus padres casi al unísono, alarmados.
"¡Nada malo!" respondió Bingo, moviendo las manos como para calmar el ambiente. "Solo quería que me enseñara un poco más de magia."
Beiley y Charlie suspiraron aliviados, aunque Charlie aprovechó para reprenderla con suavidad: "Bingo, no puedes usar tus habilidades en público sin que otros lo entiendan. Tus amigos podrían asustarse o pensar mal de ti."
Bingo asintió con una expresión seria. "Lo sé... por eso intenté aprender algo que no llamara demasiado la atención."
"¿Y qué aprendiste?" preguntaron todos al mismo tiempo, intrigados.
Bingo sonrió y señaló una pequeña planta en una maceta cercana. "¡Magia de planta, crecimiento!"
Antes de que pudieran reaccionar, la planta comenzó a crecer rápidamente, extendiendo sus hojas y ramas más allá de la maceta. Los ojos de todos se abrieron de par en par mientras veían cómo las ramas casi alcanzaban el techo.
"¿Qué hiciste exactamente?" preguntó Beiley, claramente impactada.
Bingo, con su típica inocencia, respondió mientras seguía comiendo: "Creo que aumenté la cantidad de comida que puede absorber y su resistencia para que no se dañara mientras crecía."
La familia se quedó en silencio por un momento, mirando la planta que ahora parecía un arbusto en miniatura. Finalmente, Charlie suspiró. "Por lo menos es ecológico…" comentó con resignación, lo que provocó una risa contenida de Bluey.
Los demás, aún asombrados por el inesperado crecimiento de la planta, decidieron retomar la cena en silencio. La curiosidad y el asombro seguían flotando en el ambiente, pero todos sabían que aún quedaba mucho por aprender.
Después de cenar, la familia Heeler se reunió para practicar el control de su ki, siguiendo las instrucciones que Shin y Chronoa les habían dado. No eran los únicos: otros miembros de la familia también habían dedicado la noche a entrenar en sus respectivas casas.
En esta sesión, Charlie logró manifestar su energía por primera vez, generando un suave brillo alrededor de sus manos, lo que provocó un aplauso espontáneo de Bingo. Sin embargo, Beiley y Bluey no tuvieron tanto éxito, frustrándose un poco por no poder generar ni una chispa.
En la casa de los abuelos, Bob y Nana se sorprendieron al sentir un leve flujo de energía mientras entrenaban, algo que nunca habrían imaginado lograr. "Creo que todavía tenemos algunos trucos bajo la manga," comentó Bob con una sonrisa orgullosa.
Mientras tanto, Frisky y Rad estuvieron a punto de conseguirlo, aunque la energía se les escapó en el último momento, lo que llevó a Frisky a exclamar: "¡Esto es más difícil de lo que parece!" Por otro lado, Trixie y Muffin lograron generar pequeñas chispas de energía, lo que llenó de emoción a la pequeña.
Cuando el entrenamiento terminó, una voz familiar resonó en sus mentes. Chronoa les habló con un tono sereno pero alentador: "Están avanzando bien. Aquellos que ya lograron liberar su ki, intenten rastrearme y enfocarse en comunicarse conmigo. Pero por hoy, detengan el entrenamiento y descansen."
Mientras las niñas subían a sus habitaciones para prepararse para dormir, Charlie y Beiley permanecieron un momento en la sala, intercambiando una mirada de complicidad. Aunque el día había sido agotador, sabían que estaban avanzando juntos, enfrentando los desafíos uno a uno.
Justo en ese instante, Bluey bajó nuevamente las escaleras con una expresión decidida. "¡Creo que si practico un poco más, podré controlar mi ki!" anunció, ignorando el cansancio evidente en su rostro.
"Bluey, Chronoa dijo que ya era suficiente por hoy," comentó Charlie con una mezcla de firmeza y ternura.
Pero Bluey, determinada, insistió: "¡Solo un intento más!" Antes de que pudieran detenerla, intentó concentrarse y canalizar su energía, pero apenas lo hizo, sus piernas flaquearon y terminó desplomada en el suelo.
"¿Qué me pasó? ¿Por qué me caí?" preguntó, sorprendida y claramente frustrada.
Bingo, que había regresado a la sala curiosa por el alboroto, respondió como si fuera obvio: "Es porque cada vez que intentas expulsar tu ki, es como si corrieras por toda la casa sin parar."
Beiley, aun recuperándose del esfuerzo del entrenamiento, arqueó una ceja y preguntó con curiosidad: "¿Y cómo sabes eso, Bingo?"
La pequeña sonrió con naturalidad. "Le pregunté a Chronoa en la escuela. fallé haciendo un hechizo y me sentí súper cansada. Le pregunté por qué, y me explicó que usar ki es como hacer ejercicio, pero por dentro."
Charlie asintió, reflexionando en voz alta: "Tiene sentido. Es como si estuviéramos entrenando músculos que ni siquiera sabíamos que teníamos."
Bluey, aún sentada en el suelo, suspiró con dramatismo. "Genial... además de ir a la escuela, ahora tengo que entrenar mis 'músculos invisibles'."
El comentario arrancó una risa ligera de los demás. Beiley se levantó y extendió una mano para ayudarla a ponerse de pie. "Tranquila, Bluey. Nadie se convierte en experta en un día."
Bingo, con un aire de satisfacción, agregó mientras bostezaba: "Yo lo aprendí rápido... Tal vez quieran que les enseñe."
La familia compartió una última risa antes de dar por terminado el día. Aunque el camino era largo, momentos como ese les recordaban que siempre podían contar unos con otros para seguir adelante.
Charlie se quedó pensativo por un momento antes de comentar: "Bueno, yo no me siento tan cansado."
De repente, la voz de Chronoa resonó en sus mentes, interrumpiendo la conversación: "Si usan bien su ki, no se agotarán tanto. El truco está en el control."
"Ah, con razón," murmuró Charlie. Luego, con una sonrisa traviesa, se giró hacia Beiley y bromeó: "Bueno, parece que te debo un masaje especial para relajarte."
Beiley se sonrojó de inmediato, su mente imaginando cosas completamente distintas. Evitó la mirada de Charlie, intentando mantener la compostura mientras fingía arreglarse el cabello.
Bluey, agotada después del entrenamiento, intentó protestar ante la conversación de sus padres, pero estaba tan exhausta que apenas podía formular palabras.
Charlie se acercó con una sonrisa comprensiva y, levantándola con cuidado, comentó: "Estás forzándote mucho, Bluey. Es hora de ir a dormir."
Ambos padres llevaron a las niñas a sus habitaciones. Bluey apenas se dejó caer en la cama cuando ya estaba profundamente dormida, mientras que Bingo, fiel a su estilo, comenzó a soñar antes de que su cabeza tocara la almohada.
Finalmente, Chilli y Bandit se dirigieron a su habitación, cerrando la puerta detrás de ellos. Chilli, con una sonrisa traviesa, se acercó a Bandit y le susurró: "Ahora que estamos solos, creo que podemos disfrutar de un poco de tiempo para nosotros."
Bandit, aún sonrojada, pero intentando mantener la compostura, desvió la mirada mientras una pequeña sonrisa se asomaba en sus labios. "Solo... no hagas mucho ruido, o despertarás a las niñas," respondió, aunque su tono delataba que estaba medio en broma, medio en serio.
La noche transcurrió con momentos de complicidad y cercanía, marcando el final de otro día lleno de nuevos desafíos, pero también de pequeños momentos que fortalecían su relación.
Al día siguiente...
Bandit fue la primera en despertarse, aunque esta vez no lo hizo con el mejor de los ánimos. Mientras se sentaba en la cama, notó que Chilli todavía dormía profundamente, con una expresión de total satisfacción.
Suspirando, Bandit se llevó una mano a la frente. Las dos últimas noches habían estado llenas de "afecto" por parte de Chilli, quien parecía haber descubierto una renovada energía. Aunque disfrutaba de la atención, comenzaba a sentirse ligeramente abrumada por la intensidad.
"Si esto sigue así, necesitaré más que un día libre para recuperarme," murmuró para sí misma, mirando a Chilli con una mezcla de cariño y resignación.
Se levantó con cuidado para no despertarla, pensando que tal vez un café extra fuerte sería suficiente para enfrentar el nuevo día... y cualquier nueva travesura que Chilli pudiera tener en mente esa noche.
Unos minutos después, Chilli apareció en la cocina, ya vestido y con una sonrisa mañanera que Bandit no estaba lista para enfrentar. "Buenos días, mi amada esposa," dijo en tono travieso, claramente intentando bromear.
Bandit, aún con su primera taza de café en la mano, lo miró de reojo y respondió con tono seco: "Buenos días. Dormí... lo cual ya es un milagro, considerando lo mucho que hablas en sueños."
La sonrisa de Chilli se transformó en una pequeña risa. "¿De verdad? ¿Y qué dije esta vez?" preguntó con curiosidad.
Bandit suspiró, tomando un sorbo de café. "Algo sobre entrenar músculos invisibles y ser el mejor en lanzar ki... no lo entendí mucho, pero tenías una actitud bastante entusiasta."
Chilli rió un poco más fuerte, pero al notar la mirada cansada de Bandit, decidió suavizar su tono. "Bueno, tal vez esta noche deberíamos descansar un poco más... por tu bien," añadió con un guiño.
Bandit negó con la cabeza, pero una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. "Más te vale cumplir esa promesa," respondió antes de dejar la taza en el fregadero.
Más tarde, durante su rutina diaria…
El día avanzó con un ritmo familiar. Chilli, aun adaptándose a su nuevo cuerpo, se desenvolvía con más seguridad en su trabajo, sorprendiendo incluso a sus compañeras con su eficiencia. Mientras tanto, Bandit continuaba con su rutina, aunque seguía pensando en la conversación con su compañero sobre la tienda misteriosa.
Al final del día, ambos se encontraron en casa nuevamente, listos para una cena tranquila y para compartir los eventos del día, mientras las niñas llenaban el ambiente con sus risas y anécdotas.
Después de la cena…
Las niñas estaban entrenando su ki junto con Bandit y Chilli cuando el teléfono de Chilli sonó, interrumpiendo el momento. Al mirar la pantalla, Chilli suspiró con una mezcla de anticipación y resignación: era Frisky. Como siempre, su tono desenfadado no tardó en llenar la línea.
"Charlie," comenzó Frisky con una sonrisa traviesa que se podía sentir a través del teléfono, "¿cómo va todo? Me han contado que tienes a Bailey un poco agotada... ¿Han estado 'ocupados' por las noches?"
Chilli se sonrojó al instante y, sonriendo con vergüenza, negó rápidamente. "¡No es lo que piensas!"
Frisky rió al otro lado de la línea. "Charlie, no lo niegues tanto. Trixie y yo le dimos algunos consejos a Bailey para que te quitara esa cara de pocos amigos. Si esos consejos funcionaron demasiado bien, no es mi culpa."
Chilli, riendo también, finalmente entendió por qué Bandit había estado tan roja y esquiva la otra noche. "Bueno, digamos que me estoy adaptando al nuevo 'ritmo', pero creo que Bailey ya está un poco molesta conmigo. He sido... un poco intenso."
Frisky soltó una carcajada. "¡Eso me lo imagino! Pero cuidado, Charlie, que como sigas así, Bailey te mandará a dormir al sofá. Un poco de equilibrio no te haría mal."
Ambos rieron durante unos momentos, disfrutando de la complicidad de la conversación. Después de que las risas se calmaron, Chilli aprovechó para tocar un tema que llevaba tiempo rondándole la cabeza.
"Por cierto, Frisky," dijo con un tono más serio, pero aún relajado, "he estado pensando en Brandy. Quiero contactarla, pero no sé cómo. Desde que todo cambió, no he tenido suerte."
Frisky, adoptando un tono más serio, pero sin perder la serenidad característica de su voz, respondió: "Brandy... bueno, ya sabes cómo es. Se encierra en su mundo cuando algo no le gusta. Es complicado hablar con ella sobre ciertos temas, pero no te preocupes, Charlie. La he contactado un par de veces. Quizás solo necesite un pequeño empujón para volver a hablar contigo."
"¿En serio has hablado con ella?" preguntó Chilli, sorprendido.
Frisky asintió. "Sí, pero, curiosamente, no ha mencionado nada sobre ti. Lo cual, admito, es un poco extraño, ¿no crees?" Frisky hizo una pausa antes de añadir con una leve risa: "Tal vez tengamos que ser un poco menos sutiles con ella. La sutileza nunca ha sido su fuerte."
Chilli sonrió con un dejo de gratitud en su rostro. "Gracias, Frisky. Sabía que podía contar contigo."
"Por supuesto, Charlie. Haré lo que sea por ti. Ahora, a ver si logramos que esa hermana tuya deje de ser tan terca y te dé una oportunidad para hablar."
Antes de que Chilli pudiera responder, un grito de emoción resonó en ambos extremos de la llamada. En la casa de Frisky, Rad exclamaba eufórico: "¡Lo hice, Frisky! ¡Finalmente lo hice!"
Al mismo tiempo, en casa de Chilli, se escuchaban los gritos emocionados de Bluey y Bailey. Bluey corrió hacia Chilli con una sonrisa radiante y dijo: "¡Mira, papá! ¡Podemos hacerlo!"
Ambas casas estallaron en alegría simultáneamente. Frisky no pudo contener la risa al escuchar a Rad celebrando como si hubiera ganado un campeonato. "¡Rad, por favor, bájale un poco! Vas a hacer que los vecinos llamen a la policía," bromeó, aunque su sonrisa era evidente.
Desde su casa, Chilli no pudo evitar reír también al notar la sincronía entre los dos lugares. "Bueno, parece que todos estamos logrando algo hoy," comentó mientras miraba a Bluey y Bailey, quienes seguían mostrando orgullosamente su recién descubierto ki.
Frisky, sorprendida, se despidió rápidamente de Chilli, diciendo: "Los Heeler no me pueden ganar en esto. ¡Adiós, Charlie! Luego te llamo por lo de tu hermana."
Esa misma noche, mientras los miembros de la familia Heeler dominaban finalmente el control de su ki, en otra parte del mundo, las sombras comenzaban a moverse. Los hechiceros, envueltos en una oscuridad densa y maliciosa, ejecutaban sus planes con precisión escalofriante.
Shin, escondido en la penumbra, seguía cada uno de sus movimientos, manteniéndose a una distancia prudente pero lo suficientemente cerca para acecharlos. Su ki estaba reducido al mínimo, su respiración controlada al punto de ser casi inexistente. La tensión en el aire era palpable.
De repente, la voz de Chronoa resonó en su mente, cargada de preocupación: "Shin, ten mucho cuidado. Te estás arriesgando demasiado acercándote solo a la boca del lobo."
Shin cerró los ojos por un momento, como si buscara calmarse a través de su propio silencio. "Lo tengo todo bajo control," respondió con una confianza que no logró disipar las dudas de Chronoa. "Por el momento, no voy a atacar."
Pero Chronoa no estaba convencida. Su voz se volvió más urgente: "Los Heeler ya pueden controlar el ki. Deberías priorizar su entrenamiento. Si no pueden defenderse, estarán indefensos. Al menos dales una de las Piedras del Origen para protegerse."
El silencio de Shin fue su única respuesta. Sabía que Chronoa tenía razón, pero involucrar más a los Heeler en este conflicto era una línea que no quería cruzar... todavía. Mientras reflexionaba, algo captó su atención. Sus ojos se fijaron en un objeto brillante, una de las esferas del dragón.
El descubrimiento hizo que su cuerpo se tensara. Esto lo complica todo, pensó. Los hechiceros no solo estaban activos, sino que también poseían una esfera del dragón.
Con determinación renovada, Shin decidió actuar. No podía dejar esa esfera en sus manos. Usando cada técnica de sigilo que conocía, se deslizó por la base de los hechiceros como una sombra, evitando trampas y barreras mágicas que parecían oler el peligro. Cada paso era medido, su respiración era apenas un susurro, y su ki permanecía invisible.
Cuando finalmente estuvo a pocos pasos de la esfera, su plan enfrentó un problema. Los hechiceros estaban en alerta, sus ojos escaneando cada rincón. No podría tomarla sin ser visto.
Sin dudar, Shin cerró los ojos y murmuró un hechizo en un tono casi imperceptible. Una densa niebla comenzó a formarse, cubriendo toda el área en una bruma inquietante que distorsionaba la percepción. Voces confusas llenaron el aire, y los hechiceros, desorientados, empezaron a buscar a tientas en la oscuridad.
Aprovechando el caos, Shin se deslizó hacia el altar. Con movimientos rápidos y precisos, tomó la esfera y la guardó en una caja especial diseñada para bloquear cualquier rastro de energía. Se aseguró de que, por el momento, los hechiceros no pudieran percibir su ausencia.
No había tiempo que perder. Con la esfera asegurada, Shin uso su écnica de teletransportación. Un destello silencioso lo sacó del lugar justo cuando los hechiceros comenzaban a reorganizarse.
A salvo, Shin dejó escapar un largo suspiro. Había salido ileso, pero sabía que esto era solo el comienzo. La furia de los hechiceros sería inmediata, y sus acciones se volverían más agresivas. Mientras miraba la caja que contenía la esfera, un pensamiento cruzó su mente: La verdadera batalla aún no ha comenzado.
Antes de desvanecerse por completo, la voz de Chronoa volvió a resonar en su mente, esta vez más firme y cargada de preocupación. "Shin, no puedes seguir arriesgándote así. Tu imprudencia puede costarnos mucho. Debes entregar las Piedras del Origen a los Heeler antes de que sea demasiado tarde."
Shin, todavía reacio a involucrar más a la familia Heeler, respondió con calma: "Lo haré, pero cuando sea necesario. Por ahora, la situación está bajo control."
Sin embargo, mientras pronunciaba esas palabras, una punzada de duda cruzó su mente. Sus ojos se fijaron en la caja que contenía la esfera del dragón. Se sentía aliviado de haber logrado recuperarla sin complicaciones aparentes, pero algo le inquietaba.
En su prisa por actuar, Shin no se percató de un detalle crucial: el hechizo de niebla que había utilizado para distraer a los hechiceros había dejado un leve rastro de su energía. Era casi imperceptible, un residuo apenas detectable, pero para hechiceros experimentados, sería más que suficiente para seguirle el rastro.
De regreso en la base, los hechiceros comenzaron a reagruparse tras el caos que había dejado la incursión de Shin. Uno de ellos, un Majin de piel grisácea y ojos brillantes, extendió su mano hacia donde tenía la esfera. Al murmurar un conjuro, su energía fluyó hacia el aire como una serpiente invisible, rastreando la huella que Shin había dejado atrás.
"Lo tengo," dijo con una voz fría, mientras un brillo malévolo cruzaba su rostro. "Este insolente Kaioshin no solo nos ha robado, sino que también ha subestimado mis habilidades."
Con un movimiento de su mano, dispersó los restos de energía, dejando claro que su enfoque estaba ahora en encontrar a Shin y recuperar lo perdido.
Mientras tanto, en la casa de Bandit y Chilli…
Bluey no podía contener su emoción después de haber logrado usar su ki por primera vez. "¡Lo hice, mamá! ¡Por fin lo hice!" exclamó con una sonrisa radiante, pero su entusiasmo contrastaba con el evidente agotamiento en su rostro.
Aunque había logrado dominarlo, el proceso le había demandado más energía de la que había imaginado. Bluey había fallado una y otra vez antes de encontrar el equilibrio necesario, y aunque Bingo parecía manejar la técnica con naturalidad, Bluey aún luchaba por acostumbrarse.
Bandit, por su parte, estaba feliz de haber logrado usar el ki también. Sin embargo, una idea traviesa cruzó por su mente. Sonrió para sí misma, pensando en la forma perfecta de sorprender a Chilli más tarde.
Chilli entró en la habitación y vio a Bluey casi desmoronándose por el cansancio del día. Con su último esfuerzo, Bluey levantó la mano, generando una pequeña esfera de energía, antes de caer rendida al suelo. Chilli corrió hacia ella, algo asustado, pero justo en ese momento, Chronoa le habló en su mente.
"Tranquilo, Charlie. Tu hija está bien, solo está agotada por todo el entrenamiento. Necesita descansar."
Chilli suspiró aliviado y cargó a Bluey en brazos, llevándola a su cama con cuidado. Después de asegurarse de que las niñas estaban a salvo y durmiendo, decidió relajarse en la sala por un momento, pero poco sabía lo que Bandit tenía preparado.
Más tarde esa noche, mientras Chilli se preparaba para acostarse, seguía dándole vueltas a los logros del día. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no escuchó a Bandit entrar en la habitación.
Con una mirada traviesa, Bandit se acercó silenciosamente por detrás y, sin previo aviso, lo atrapó en un abrazo repentino.
"¿Qué...?" Chilli giró la cabeza, sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo más, Bandit lo empujó suavemente hacia la cama, sonriendo de manera juguetona.
"Hoy celebramos, cariño, y esta vez yo mando," dijo con un tono que mezclaba determinación y picardía.
Chilli, ahora con una mezcla de sorpresa y diversión, no pudo evitar sonreír. "¿Así que este es tu plan para celebrar?", preguntó con una ceja levantada y una sonrisa cómplice.
Bandit se inclinó hacia él, sus ojos brillando con picardía. "Digamos que es mi manera de darte las gracias por ser tan... intenso estos días."
Chilli dejó escapar una risa suave, relajándose mientras se entregaba al momento. "Bueno, supongo que no puedo decir que no a una celebración así."
Bandit aprovechó su rendición con una sonrisa triunfante. "Exactamente, cariño. Esta vez, solo déjame a mí el control."
Sin necesidad de más palabras, Chilli asintió con una sonrisa tranquila, dejando que Bandit tomara las riendas como lo había planeado. En el fondo, sabía que estas pequeñas sorpresas eran parte de lo que hacía su relación tan especial.
Después de su pequeño momento de celebración, Bandit se recostó en la cama con una sonrisa satisfecha, mientras Chilli se acomodaba a su lado, todavía sintiendo las secuelas de los días anteriores. La tranquilidad de la habitación duró poco, porque Bandit, con una mirada cómplice, rompió el silencio:
"Bueno, Chilli, debo decir que cuando volvamos a la normalidad... creo que voy a pedirte un 'retorno' de todo este afecto que te he dado últimamente."
Chilli se quedó paralizado por un instante, y en ese momento, su mente entró en un torbellino de pensamientos.
La voz masculina en su cabeza comenzó a hablar con urgencia:
"¡Oh no! Si aceptas esto, nos vamos a arrepentir. Ya nos conocemos."
Antes de que pudiera procesar del todo, la voz femenina intervino rápidamente, cargada de alarma:
"¡Ni lo pienses! Esto sería un desastre. Lo mejor es decir que no ahora y cortar esto antes de que se complique."
Sin embargo, mientras esta batalla interna se desataba, Chilli, distraído, asintió automáticamente y dijo en voz alta: "Sí, claro, cuando quieras."
Un segundo de silencio total inundó su mente antes de que la parte femenina explotara en pura indignación:
"¿Qué estás diciendo, idiota? ¡Dije que no!"
La voz masculina, tratando de justificarse, respondió con una mezcla de calma y confusión:
"No lo sé… pareció una buena idea en el momento."
Afuera, Bandit sonrió con satisfacción, cruzándose de brazos mientras lo miraba triunfante. "Así me gusta, Chilli. Sabía que aceptarías. Te voy a hacer pagar por todos estos días."
Dentro de la cabeza de Chilli, el caos continuaba:
Voz femenina: "¡¿Estás hundiéndonos?! ¿Por qué aceptaste?"
Voz masculina: "¡Ay, relájate! ¿Cuántas veces tenemos esta oportunidad? Aprovechemos."
Voz femenina: "¡Aprovechemos para qué?! Esto va a terminar en desastre, ya lo verás."
Mientras tanto, en el exterior, Chilli intentaba mantener una expresión serena, aunque sus ojos traicionaban el torbellino de pensamientos que lo consumía.
"Estoy seguro de que esto no va a acabar bien…" murmuró Chilli para sí mismo, intentando procesar la situación. Bandit, sin notar su nerviosismo, ya se había acomodado en la cama con una sonrisa satisfecha, claramente disfrutando del "control" que ahora tenía sobre la situación.
Mientras tanto, dentro de la cabeza de Chilli, la pelea interna continuaba.
Voz femenina: "¡¿Ves lo que has hecho?! Ahora tenemos que lidiar con esto mañana también."
Voz masculina: "Oh, vamos, ¿realmente es tan malo? Quizás esto termine siendo divertido."
Voz femenina: "¿Divertido? ¿Estás loco? Esto es un desastre esperando a suceder."
Chilli, confundido por el caos en su mente, abrió la boca para intentar decir algo, pero al mirar a Bandit, ya estaba cómodamente acomodada, cerrando los ojos como si nada hubiera pasado.
Suspirando resignado, Chilli se recostó junto a ella, aún atrapado en su batalla mental. "¿Por qué siempre termino así?" pensó, mientras sus voces internas continuaban discutiendo hasta que, finalmente, el cansancio lo venció.
Al día siguiente, Chilli se levantó con una sensación extraña que no lograba sacudirse. Mientras se vestía, los recuerdos de la noche anterior seguían rondando su mente, y no podía evitar pensar en cómo su cuerpo había traicionado por completo a su cerebro.
Antes de que pudiera centrarse, Bandit, siempre un paso adelante, entró en la habitación con una sonrisa juguetona. "Recuerda, Chilli, cuando todo vuelva a la normalidad, te voy a cobrar bien esas 'recompensas'," dijo con un tono que mezclaba humor y determinación.
Chilli intentó sonreír, pero su mente volvió a dividirse en una discusión interna.
Voz masculina: "Te lo dije, será divertido."
Voz femenina: "¡Nos vamos a arrepentir... lo sé!"
Sin darse cuenta, Chilli respondió en voz alta: "Sí, sí... lo que digas."
Voz femenina: "¡No otra vez! ¡¿Qué estás diciendo?!"
Mientras se miraba en el espejo, Chilli suspiró y murmuró para sí mismo: "No lo sé, creo que... simplemente me gustó la idea."
Bandit, ajena al conflicto interno que lo atormentaba, se acercó con una sonrisa tierna y le dio un beso en la mejilla. "Venga, es hora de comenzar el día. Tenemos mucho por hacer," dijo mientras salía de la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos.
Chilli la observó irse, suspiró otra vez y pensó: Definitivamente, esto va a ser más complicado de lo que esperaba.
Chilli y Bandit terminaron de alistarse para el trabajo y preparar a las niñas para la escuela. Después de un desayuno rápido, estaban listos para salir cuando, de repente, un resplandor de luz los envolvió.
Antes de que pudieran reaccionar, vieron a Rad y Frisky, junto a Trixie y Stripe con sus hijas, además de Bob y Nana, apareciendo frente a ellos, sorprendidos por la situación. En medio de todos, una figura canina femenina, un poco más baja que Shin pero con ropa similar, emergió del resplandor.
"Hola, soy Chronoa, la Kaioshin del Tiempo", dijo con una sonrisa tranquila pero firme. "Ya han dominado lo básico del ki, pero ahora es momento de llevar su entrenamiento al siguiente nivel."
Chilli intercambió una mirada confundida con Bandit, mientras las niñas observaban a Chronoa con emoción, listas para aprender más sobre su poder mágico. Los adultos, por su parte, estaban algo inquietos, intercambiando miradas nerviosas.
Chronoa continuó: "El siguiente paso es aprender a cubrir todo su cuerpo con ki, pero sin ser detectados. Este entrenamiento es crucial para fortalecer tanto la resistencia física como la mental."
Shin apareció detrás de Chronoa con su habitual calma y serenidad. "Esto les ayudará a soportar ataques y a protegerse de energías más fuertes," explicó. "Pero necesitarán mantener una concentración constante para que funcione."
Frisky, siempre rápida con sus bromas, sonrió traviesa y comentó: "Vaya, parece que ahora los chicos van a aprender cómo mantener el aguante, ¿no es así, Charlie?"
Chilli, entrando en el juego, respondió con una sonrisa confiada: "Si he sobrevivido a todo lo que ha pasado estos días, esto será pan comido."
Pero su comentario fue rápidamente interrumpido por una mirada fulminante de Bandit, que lo dejó helado. Chilli sonrió incómodamente, rascándose la nuca mientras decía: "Digo... siempre hay espacio para mejorar, ¿verdad?"
Frisky no pudo evitar soltar una carcajada, mientras Shin observaba la escena en silencio, con una ligera sonrisa que delataba que, aunque no decía nada, encontraba la situación bastante entretenida.
Chronoa, ignorando la pequeña interacción, añadió: "Este lugar está fuera del tiempo. Pueden entrenar aquí sin que pase un solo minuto en su realidad. Cuando terminen, los devolveré exactamente al momento en que los saqué."
Mientras todos se concentraban en el entrenamiento, Frisky se acercó a Chilli con una sonrisa menos traviesa, pero aún relajada. "Charlie, acerca de lo que hablamos sobre Brandy... No creo que ella dé el primer paso. Tal vez deberías darle ese empujón que mencionamos."
Chilli, algo incómodo pero agradecido, respondió: "Lo he estado pensando, pero no sé cómo abordarla. Quizás algo menos directo sería mejor."
Frisky asintió con una sonrisa. "Déjamelo a mí. Conociendo a tu hermana, la sutileza no es lo mejor. A veces un pequeño empujón es todo lo que necesitamos."
En ese momento, Shin se acercó a Bandit con una expresión seria. "Bailey", dijo, llamando a Bandit por su nombre en su nueva identidad. "Voy a entregarte una piedra de protección. Si alguna vez te encuentras ante una amenaza que no puedas manejar, esta piedra invocará ayuda de otra línea temporal. Pero solo úsala en una emergencia extrema."
Bandit tomó la piedra, consciente de su importancia. "Entendido. Solo la usaré si es absolutamente necesario."
Aquí tienes una versión ajustada que introduce la tensión sobre la enfermedad de Mort, manteniendo la idea de contaminación en el trasfondo sin mencionarla explícitamente todavía:
Después de lo que pareció un largo y exhaustivo entrenamiento, Chronoa los devolvió a su realidad en un abrir y cerrar de ojos. Era como si no hubiera pasado tiempo alguno. Continuaron con su día normalmente, y por la noche, mientras Bandit revisaba el buzón, una carta inesperada lo dejó helado.
Al abrirla, su rostro palideció. "Es del hospital..." murmuró para sí mismo, sintiendo un peso inmediato en el pecho.
Chilli, que había notado el cambio en su expresión, se acercó preocupado. "¿Qué es?" preguntó, mirando la carta con curiosidad.
Bandit, sin querer alarmar a Chilli sobre la salud de Mort, rápidamente improvisó con una sonrisa tensa: "Oh, nada importante, solo algunas facturas. Ya sabes, cosas de rutina."
Aunque Chilli frunció el ceño, decidió no insistir. "Ah, vale. Me asustaste por un momento," respondió, aliviado, antes de regresar a la casa.
Bandit, sin embargo, permaneció de pie en el porche por un momento, con la carta apretada en sus manos. Finalmente, se retiró a su estudio, donde, con manos temblorosas, volvió a leerla en voz baja:
"Es sobre Mort..." murmuró Bandit en voz baja mientras releía la carta.
Cerró los ojos, dejando escapar un largo suspiro. Aunque las palabras eran formales, el mensaje era claro: algo extraño estaba afectando la salud de Mort, y necesitaba atención urgente. Bandit no podía evitar preocuparse, pero desde su ciudad, no había mucho que pudiera hacer por el momento.
Mientras tanto, en el la casa de Mort...
Mort caminaba lentamente por los senderos familiares que rodeaban su hogar, con una mueca de disgusto mientras sostenía un pañuelo contra su nariz. "Esto no es normal," murmuró, deteniéndose cerca del pequeño río que atravesaba la propiedad. El aire estaba impregnado de un olor extraño, como si algo estuviera pudriéndose río arriba.
Se inclinó hacia el agua, notando cómo el color cristalino que solía tener había cambiado a un tono turbio y opaco. Cerca de la orilla, la vegetación parecía estar marchitándose, y pequeños peces flotaban sin vida en la superficie. Mort frunció el ceño y siguió el rastro río arriba, decidido a encontrar la fuente de la contaminación.
A medida que avanzaba, el olor se intensificaba, hasta que llegó a un claro donde algo parecía fuera de lugar. Entre la vegetación ennegrecida y el suelo cubierto de una fina capa de cenizas, descansaba la esfera de 2 estrellas. Emitía un leve brillo rojizo, casi imperceptible bajo la luz de la luna.
Mort se acercó cautelosamente, sintiendo cómo el ambiente a su alrededor se volvía más pesado. Sin comprender del todo lo que veía, murmuró: "¿Qué demonios está pasando aquí?"
Aunque el cansancio ya lo afectaba, Mort decidió regresar a casa. "Lo revisaré con más calma en otro momento," murmuró mientras se alejaba del claro.
De vuelta en su hogar, Mort sintió un ligero mareo y tuvo que apoyarse en la pared por un momento. "Debe ser el cansancio," murmuró para sí mismo, sin darse cuenta de que algo más estaba afectándolo. La influencia de la esfera comenzaba a debilitarlo, pero él no tenía forma de saberlo.
Mientras tanto, en casa de Bandit y Chilli, Bandit revisaba nuevamente la carta del hospital. Aunque no quería preocupar a Chilli todavía, sabía que no podía ignorar la situación de Mort. "Chilli necesita enfocarse en hablar con Brandy," pensó Bandit con determinación. "Yo me encargaré de ver a Mort y asegurarme de que todo esté bajo control."
Con esa decisión tomada, Bandit comenzó a preparar el viaje. Aunque no sabía exactamente qué esperaba encontrar, algo en su interior le decía que la situación era más seria de lo que parecía.
Los pensamientos de Bandit eran tan intensos que Chronoa, desde su plano, los detectó rápidamente. No tardó en contactarlo telepáticamente. "Bailey, ¿qué ocurre?", preguntó con calma, percibiendo la preocupación en su mente.
Bandit, sin dudar, explicó la situación: "Es sobre Mort, mi suegro. El hospital envió una carta diciendo que su estado de salud está empeorando y necesitan hacerle estudios. No sé qué lo está afectando exactamente, pero no quiero alarmar a Charlie todavía."
Chronoa se tomó un momento antes de responder: "Señora Bailey, su suegro ya no está en el hospital. Decidió irse a su casa, ignorando las recomendaciones médicas. Según entiendo, no es la primera vez que toma decisiones por su cuenta."
Bandit, dejando escapar un suspiro de frustración, exclamó: "¡Por favor, necesito que me ayudes a rastrearlo!"
Chronoa, manteniendo su tono sereno, respondió: "Este es un asunto que debes manejar tú, Bailey. Ya tienes las habilidades para rastrearlo fácilmente usando tu ki. Confía en tu entrenamiento."
Animado por las palabras de Chronoa, Bandit respiró hondo y respondió con determinación: "Tienes razón. Puedo hacerlo."
Mientras tanto, en otro lugar, Frisky llamaba a Chilli. "Oye, Charlie, ya está todo listo. He conseguido que Brandy acepte encontrarse con nosotros en el parque. ¿Te parece bien?"
Chilli, aliviado y algo emocionado, respondió: "Ok, estaré allí. Gracias, Frisky."
Simultáneamente, los hechiceros usaron su habilidad para localizar las esferas del dragón y detectaron dos presencias importantes: una esfera cerca de un pequeño bosque cercano a la casa de Mort y la energía de Shin, quien aún se mantenía oculto. Furiosos por haber perdido el control de la situación, comenzaron a trazar un plan. Dividirían sus fuerzas: un grupo iría tras quien les robo la esfera del dragón y otro se encargaría de recuperar la esfera antes de que sus planes se vieran comprometidos.
Después de la cena y de terminar con el entrenamiento de ki, Chilli y Bandit acostaron a las niñas, quienes cayeron dormidas rápidamente tras un día agotador. La casa finalmente quedó en silencio, una paz que ambos agradecieron después del caos del día.
Mientras caminaban hacia su cuarto, Bandit se detuvo en el pasillo y llamó a Chilli con un tono que lo hizo girarse al instante. Al principio, no pudo evitar mostrar una sonrisa, pensando que Bandit tenía algo ligero o divertido que decir. Pero esa emoción pronto se desvaneció al ver la expresión seria en su rostro.
Bandit lo miraba con una mezcla de incredulidad y leve molestia, dejando claro que tenía algo importante que decir.
"¿En serio, Chilli? ¿Qué estás pensando?", dijo Bandit, cruzando los brazos y con una ceja levantada, claramente leyendo los pensamientos de su esposo.
Chilli, nervioso, trató de disimular. "¿Yo? ¡Nada!", respondió rápidamente, pero su sonrisa y la manera en que sus ojos evitaban la mirada de Bandit lo delataron.
Bandit suspiró, con una ligera sonrisa de resignación. "Parece que tus instintos de hombre no se van a detener tan fácilmente, ¿verdad?", comentó con un tono divertido, aunque claramente estaba cansada. "Solo espero que cuando volvamos a la normalidad, tú me pagues por todo este 'afecto' acumulado."
Esa última frase lo hizo ponerse aún más nervioso. Chilli tragó saliva, consciente de que, aunque su lado masculino estaba disfrutando de la situación, sabía que probablemente se arrepentiría si no era más cuidadoso. "Sí, claro... no sé qué estaba pensando...", murmuró, intentando calmar la situación.
"¿No sabes? Pues más te vale averiguarlo rápido", respondió Bandit, ya entrando al cuarto y cerrando la puerta con una mirada firme, aunque no pudo evitar reír un poco por lo ridículo que Chilli se veía en su nerviosismo.
El ambiente cambió a uno más relajado después del pequeño intercambio, pero el nerviosismo de Chilli seguía presente, mientras Bandit sonreía satisfecha.
Acostados en la cama, Chilli miró a Bandit, rompiendo el silencio. "Pasado mañana voy a ver a mi hermana."
Bandit, sorprendido, se giró hacia él. "¿Frisky logró agendar una cita con ella?" preguntó, visiblemente intrigada.
Chilli asintió, algo aliviado. "Sí, al parecer Brandy aceptó. Aunque, para ser honesto, todavía no sé cómo me siento al respecto."
Bandit, pensativo, lo observó por un momento antes de responder: "Mañana tendré que hacer un pequeño viaje. Tal vez me tarde unos dos o tres días en regresar."
Chilli lo miró, confundido. Bandit rara vez hacía planes de un día para otro sin haberlo mencionado antes. "¿Un viaje? ¿A dónde?" comenzó a preguntar, pero Bandit lo interrumpió suavemente.
"Chilli, escucha. Mientras estés con Frisky, solo concéntrate en arreglar las cosas con tu hermana. Sugiero que le pidas ayuda a Rad para cuidar a las niñas. No quiero que se queden solas, y él puede manejarlo bien."
Chilli frunció el ceño, claramente preocupado. "Sí, claro, pero Bandit..."
Antes de que pudiera terminar, Bandit le dio una sonrisa cansada y lo interrumpió de nuevo: "Chilli, discúlpame por no haberte dicho esto antes. Te prometo que cuando vuelva, hablaré contigo de todo y te daré otro regalo, ¿ok? Pero ahora estoy agotada y tengo que salir temprano mañana. Por favor, entiende."
Chilli, aunque aún desconcertado, notó que había algo más en el tono de Bandit, algo que ella no estaba lista para compartir. Finalmente, asintió. "Está bien, Bandit. Descansa."
Bandit se recostó, cerrando los ojos, mientras Chilli permanecía mirando el techo, sumido en sus pensamientos. Había algo en ese "viaje" que no encajaba, pero decidió dejarlo pasar por ahora. Lo resolvería cuando Bandit estuviera lista para hablar.
A la mañana siguiente, Bandit se levantó temprano y preparó el desayuno para toda la familia. Mientras servía los platos, miró a Chilli y le volvió a pedir disculpas: "Chilli, discúlpame de nuevo por no habértelo contado antes. Pero por favor, quiero que te enfoques en lo de tu hermana. Y perdóname por dejarte solo con las niñas estos días."
Chilli, aunque preocupado, entendía que Bandit tenía algo importante entre manos. Le sonrió y respondió: "No te preocupes. Me las arreglaré. Tal vez cuando vuelvas, mi hermana venga de visita."
Bandit sonrió ante la idea y respondió: "Eso me gustaría."
En ese momento, Bluey, que había estado escuchando, intervino emocionada: "¡¿La hermana de papá vendrá?!"
Chilli, mientras tomaba su café, asintió. "Espero que sí, Bluey."
Antes de irse, Bandit se acercó a Chilli y le dio un beso. Las niñas, que estaban observando, hicieron un sonido de burla: "¡Uuu! ¡El beso del verdadero amor!"
Chilli, entre risas, respondió con orgullo: "Sí, el verdadero amor."
Bandit, con una sonrisa, miró a Chilli y le dijo en voz baja: "Cuando vuelva, espero poder traerte un regalo."
Chilli le sonrió, asintiendo, mientras Bandit se despedía de todos y salía de la casa.
Chilli, después de despedirse de Bandit, se apresuró a terminar de arreglarse. Llevó rápidamente a las niñas a la escuela, tratando de mantener su rutina diaria lo más normal posible, a pesar de los pensamientos que rondaban su mente sobre su hermana y lo que podría venir en los próximos días.
Mientras tanto, en otro lugar, Shin enfrentaba una situación cada vez más complicada. Los hechiceros, enfurecidos por la pérdida de una de las esferas del dragón, lo perseguían con una persistencia inquebrantable. Aunque Shin había intentado evitar el enfrentamiento directo, pronto se dio cuenta de que ellos no se detendrían hasta atraparlo.
Durante todo el día, Shin usó su vasto conocimiento de técnicas de sigilo y velocidad para mantenerse fuera de su alcance, pero la situación no hacía más que empeorar. Cada vez que lograba ganar algo de ventaja, los hechiceros parecían anticipar sus movimientos, acortando la distancia entre ellos.
Intentó utilizar su teletransportación para escapar, pero cada vez que intentaba concentrarse, los hechiceros parecían interferir con su energía, obligándolo a mantenerse en constante movimiento. "¿Qué demonios? ¿Cómo me están encontrando tan rápido?" pensó, mientras esquivaba otro ataque que rozó peligrosamente su costado.
La persecución se había convertido en un juego del gato y el ratón. Shin evitaba trampas y ataques constantes, manteniendo su concentración para no ser detectado por completo. Sabía que enfrentarlos directamente era un riesgo que no podía permitirse, pero cada segundo que pasaba en esa situación hacía que su margen de maniobra se redujera aún más.
A medida que avanzaba el día, Shin buscó desesperadamente una forma de perderlos por completo, ocultándose en los bosques, generando distracciones y usando su conocimiento del terreno. Sin embargo, los hechiceros eran implacables, y aunque no lograron atraparlo, Shin sabía que no podía seguir huyendo indefinidamente.
Con la noche cayendo, Shin finalmente encontró un lugar donde refugiarse por un momento. Su cuerpo estaba cansado, pero su mente seguía alerta. Sabía que no podía rendirse, así que, mientras recuperaba el aliento, empezó a trazar un plan para despistar a los hechiceros y ganar algo de tiempo. Aunque la persecución había sido intensa, confiaba en que su conocimiento y experiencia lo mantendrían un paso adelante, al menos por ahora.
Mientras tanto, lejos de la tensión de la persecución, la casa de los Heeler despertaba con la luz del amanecer. Frisky y Rad llegaron temprano para ayudar con las niñas, mientras Chilli y Frisky se preparaban para encontrarse con Brandy. Chilli, con un gesto de disculpa, se dirigió a Rad: "Disculpa por hacerte trabajar en tu día libre."
Rad, con su actitud relajada de siempre, sonrió y le respondió: "Tranquilo, hermanito. Ocúpate de lo importante y arregla las cosas con tu hermana. Aquí me encargo de todo."
Chilli sonrió, agradecido por las palabras de su cuñado. Frisky también le lanzó una sonrisa traviesa, lista para el encuentro con Brandy. "Vamos, Charlie, es ahora o nunca."
Mientras Chilli y Frisky se preparaban para salir, las niñas corrieron hacia la puerta para despedirse.
"¡Ánimo, papá! ¡Y dile a la tía Brandy que venga pronto! ¡Queremos jugar con ella!" gritó Bluey con entusiasmo, agitando la mano con energía. Bingo, siempre más tranquila, asintió con una sonrisa, mostrando su apoyo de manera silenciosa pero sincera.
Chilli se agachó para darles un abrazo rápido, respondiendo con una sonrisa cálida. "Se los diré, prometo hacer mi mejor esfuerzo." Luego, les lanzó un beso al aire mientras subía al auto, con Frisky ya acomodándose en el asiento del copiloto.
A medida que se alejaban, Chilli no pudo evitar sentir el peso de la reunión con Brandy. Pero el amor y el ánimo de sus hijas parecían aliviar esa carga, dándole la fuerza que necesitaba para enfrentar lo que estaba por venir.
Al mismo tiempo, Bandit llegó al antiguo hogar de su esposo, preparada para enfrentar la situación con Mort. Al acercarse por el camino de tierra, algo llamó su atención de inmediato: Mort, a pesar de su frágil estado de salud según el hospital, estaba haciendo trabajo físico pesado cerca del pequeño río que cruzaba la propiedad.
Bandit frunció el ceño y aceleró el paso, preocupada por el evidente riesgo que estaba corriendo. Sin embargo, al llegar más cerca, notó algo extraño en el ambiente: el aire era denso, y una sensación casi imperceptible de incomodidad parecía emanar del área.
"Mort, ¿qué estás haciendo? ¡No deberías estar trabajando así!" exclamó Bandit, deteniéndose a unos pasos de él.
Mort se giró lentamente hacia ella, limpiándose las manos con un trapo sucio y mirándola con su habitual desdén. "¿Y quién eres tú para decirme qué puedo o no puedo hacer?" replicó, con un tono frío. Sus ojos, siempre calculadores, parecían aún más oscuros, como si la simple presencia de Bandit lo irritara profundamente.
Bandit, conteniendo su frustración, respondió: "Estoy aquí porque me preocupas, aunque tú pienses lo contrario. El hospital envió una carta diciendo que tu salud está empeorando, y aun así te encuentro haciendo esto. ¿Qué esperas lograr?"
Mort dejó escapar una risa seca, claramente incómodo con su presencia. "No necesito que vengas aquí a darme sermones, muchacha. Si Charlei no quiso venir, mejor que sigas su ejemplo."
Bandit apretó los puños, notando que este encuentro sería más complicado de lo que esperaba. Sin saberlo, ambos estaban bajo la influencia de la esfera del dragón, que parecía intensificar las tensiones latentes entre ellos, aunque ninguno era consciente de ello todavía.
"Mort, ¿qué estás haciendo?" preguntó Bailey, tratando de sonar calmada, aunque la preocupación era evidente en su tono.
Mort, ignorando por completo la pregunta, respondió con frialdad: "¿Qué haces aquí?"
Bailey respiró hondo, esforzándose por mantener la compostura. "He venido a ayudarte. Chil... bueno, Charlie está preocupado por ti," corrigió rápidamente, intentando no darle más razones para ser hostil.
Mort dejó escapar una risa seca, mirándola de reojo con desdén. "¿Preocupado por mí? Pues parece que envió a la persona equivocada para demostrarlo."
Bailey, tratando de mantener la calma, abrió la boca para replicar, pero Mort no le dio oportunidad. Soltó una risa amarga y continuó con su trabajo, sin siquiera mirarla. "No necesito la ayuda de nadie. Y menos de ti. Mi hijo se merece a alguien mejor. Alguien que realmente lo cuide."
Las palabras de Mort cayeron como un golpe, pero Bailey se obligó a mantenerse firme. Sabía que discutir con él no serviría de nada, pero tampoco podía quedarse callada. "Mort, no estoy aquí para discutir contigo. Estoy aquí porque me importas, aunque no lo creas," dijo con seriedad, intentando encontrar un punto de conexión que parecía inalcanzable.
Mort finalmente se detuvo. Bajó la herramienta con lentitud y la miró directamente a los ojos, su expresión llena de dureza. "Charlie es fuerte, brillante. Siempre lo ha sido. Pero tú… tú nunca has sido suficiente para él. Eres solo una carga."
El comentario dolió, pero Bailey no se intimidó. "Charlie es fuerte, sí, pero también necesita apoyo. No soy una carga, Mort. He trabajado duro para estar a su lado y cuidar de nuestra familia. Si no puedes ver eso, tal vez no te estés dando cuenta de lo que realmente importa."
Mort no respondió de inmediato, pero soltó un suspiro y dejó caer la herramienta al suelo. "Tal vez... he sido demasiado duro contigo. Para mí, Charlie siempre ha sido especial, y todo lo que quiero es que esté bien."
Bailey, notando un pequeño avance, dio un paso adelante. "Charlie está bien conmigo. Y si lo que te preocupa es que no soy suficiente para él... puedo demostrarte que soy una buena compañera."
"Es extraño pensar en mí como 'su esposa' ahora, pero las circunstancias lo exigen," reflexionó, esforzándose por mantener su postura firme.
"Mort, no estoy aquí para reemplazarte, sino para apoyarlo, al igual que tú lo has hecho siempre," continuó Bailey, dejando entrever tanto su determinación como su sinceridad.
Mort suspiró nuevamente, mirando al suelo. "Quizás he estado juzgándote mal, Bailey," admitió, aunque su tono seguía siendo rígido.
Antes de que Bailey pudiera responder, Mort se llevó una mano a la frente, como si un mareo lo golpeara. "Ese maldito olor otra vez..." murmuró, frunciendo el ceño mientras miraba hacia el lugar donde había estado trabajando.
Bailey notó cómo el aire parecía más denso a medida que ambos se acercaban al área. Mort señaló hacia un rincón donde la vegetación estaba completamente marchita, el suelo ennegrecido. Allí, descansaba un objeto que brillaba débilmente.
"Eso..." murmuró Mort, mientras se agachaba con cuidado. Su mano temblorosa recogió la esfera del dragón de dos estrellas, cubierta de un residuo oscuro que desprendía un aura extraña. "Este objeto... esto es lo que ha estado dañando el bosque... y a mí."
Bailey, al observar detenidamente la esfera, la reconoció de inmediato. Su expresión cambió a una mezcla de alarma y urgencia mientras exclamaba: "¡Mort, suelta eso inmediatamente!"
Mort, sorprendido por el tono, obedeció y dejó caer la esfera al suelo, pero no antes de que su contacto con ella dejara un rastro de influencia. Apenas la soltó, llevó una mano a su cabeza, tambaleándose ligeramente. "¿Qué demonios...?" murmuró, mientras una sensación extraña comenzaba a recorrer su cuerpo.
Bailey lo sujetó rápidamente para evitar que cayera. "Mort, ¿estás bien?" preguntó con preocupación, aunque sabía que algo estaba mal.
Antes de que Mort pudiera reaccionar, una risa fría resonó desde las sombras del bosque. Ambos se giraron rápidamente, sus ojos buscando el origen de aquel sonido siniestro.
Una figura emergió de entre los árboles, envuelta en una bruma oscura que parecía moverse con vida propia. Su presencia llenó el aire de una pesadez que hacía difícil respirar. "Qué curioso," dijo el hombre, con una voz fria. "Después de todo este tiempo, alguien finalmente encuentra mi tesoro."
Sus ojos brillaban con malicia mientras observaba a Mort y Bailey. "Soy Venefic, y esa esfera es mía," declaró con un tono que no dejaba lugar a dudas. Su aura parecía envenenar todo a su alrededor, mientras daba un paso hacia ellos, cada movimiento cargado de una amenaza latente.
"¿Tienes idea de quién es ese tipo?" preguntó Mort, su voz cargada de escepticismo y un cansancio palpable que no lograba disimular.
Bailey negó rápidamente, su mente trabajando a toda velocidad. De repente recordó la piedra de protección que Shin le había entregado y la sacó de su bolsillo, lista para usarla si la situación se descontrolaba. A pesar de la creciente tensión, Mort, todavía afectado por la influencia de la esfera pero manteniendo su determinación, dio un paso al frente, colocándose entre Bailey y el hechicero.
Bailey lo miró con sorpresa y preocupación. "Mort, no... no hagas esto," comenzó a decir, pero su suegro levantó una mano para detenerla.
"Escucha," dijo Mort, su voz firme pero cargada de un cansancio palpable. "Puede que no tenga la mejor opinión de ti, pero no voy a permitir que nadie ponga en peligro a mi familia... ni a la esposa de mi hijo."
El hechicero, envuelto en su aura maligna, comenzó a moverse con lentitud, pero cada paso que daba dejaba claro que sus intenciones no eran pacíficas. Bailey apretó con fuerza la piedra en su mano, sabiendo que no había tiempo para dudar. Si querían salir de allí con vida, tendría que actuar rápido.
Mientras tanto Charlie y Frisky caminaban por el parque, cada paso los acercaba más al lugar donde se encontrarían con Brandy. Charlie intentaba mantener la compostura, pero su nerviosismo era evidente. Después de tanto tiempo sin hablar con su hermana, no sabía cómo se desarrollaría la conversación.
Frisky, percibiendo la tensión en su amigo, le dio un suave golpe en el hombro, intentando aliviar el ambiente. "Vamos, Charlie, relájate. Brandy no te va a comer vivo," dijo con una sonrisa.
Charlie esbozó una sonrisa débil, pero el peso de la preocupación seguía reflejado en su rostro. "Lo sé, pero… hace tanto que no hablamos como antes. No entiendo por qué se distanció tanto de mí."
Frisky suspiró, dejando que sus pensamientos viajaran al pasado, a los días en que los hermanos Cattle eran inseparables. "Ustedes dos eran como uña y carne cuando eran niños. Pero algo cambió, y no fue solo por tu matrimonio o por formar una familia. Hay algo más, algo que ni tú ni yo hemos logrado entender."
Charlie asintió, mirando el suelo mientras sus pasos seguían adelante. "Solo quiero saber qué hice mal. ¿Por qué ya no puede ni mirarme?"
Frisky lo observó por un momento y, con un tono más suave, añadió: "Tal vez no se trata de lo que hiciste, Charlie. A veces las personas se alejan por cosas que ni siquiera saben cómo expresar."
Justo en ese momento, Charlie vio a Brandy sentada en una banca. Estaba sola, observando el horizonte con una expresión vacía, casi como si quisiera estar en cualquier otro lugar. Charlie se detuvo en seco, su respiración quedándose atrapada por un instante.
"La última vez que la vi, estaba embarazada... sonriente... llena de ilusión," pensó Charlie, mientras una sensación de desconcierto lo invadía. "¿Qué le pasó? ¿Por qué parece tan... diferente?"
Frisky, notando el cambio en Charlie, lo miró con preocupación. "¿Estás bien, Charlie?" preguntó en voz baja.
Charlie negó lentamente, todavía procesando lo que estaba viendo. "En el día de tu boda... Ella... no está embarazada. ¿Lo estaba verdad?" preguntó a Frisky, con una mezcla de incredulidad y tristeza en su voz.
Frisky lo miró con el ceño fruncido, como intentando recordar algo que no cuadraba. "No, Charlie. Ella no estaba embarazada en mi boda," respondió con firmeza, aunque su tono también reflejaba cierta inquietud.
El corazón de Charlie se encogió. "¿La esfera del dragón... también la afectó?" pensó para sí mismo, mientras una nueva ola de preocupación lo invadía. Este encuentro ya no se trataba solo de resolver las cosas con su hermana; ahora sentía que debía descubrir cuánto había cambiado en su vida y en la de Brandy debido a la influencia de las esferas.
"Vamos, Charlie. Es tu momento," animó Frisky con una sonrisa de apoyo, su tono lleno de confianza.
Charlie tragó saliva, intentando calmar su mente. "Es mi momento," pensó, pero el peso de lo que acababa de descubrir seguía rondando en su cabeza. "Ella no estaba embarazada… ¿Qué más ha cambiado sin que lo supiera? ¿Cuánto de esto es realmente por la esfera?"
Mientras caminaba hacia su hermana, trató de ignorar las dudas que lo asaltaban. "Sea lo que sea, no puedo seguir evitando esto. Es mi hermana. Tengo que encontrar la forma de llegar a ella."
Charlie caminó lentamente hacia su hermana, su mente luchando por calmarse mientras la realidad del encuentro lo golpeaba. Frisky se mantuvo a su lado, como un pilar silencioso, lista para intervenir si era necesario.
Brandy notó la presencia de ambos al acercarse, pero su expresión no cambió. No mostró alegría ni sorpresa, y mucho menos una bienvenida. En cambio, desvió la mirada hacia otro lado, como si no quisiera estar allí.
"Hola, Brandy," dijo Charlie con cautela, sentándose a su lado. "Gracias por venir."
Brandy soltó un suspiro pesado, evitando mirarlo. "No sé por qué lo hice," respondió en tono seco. "Quizás fue un error."
Frisky, siempre directa, intervino sin perder tiempo. "Brandy, ustedes dos eran inseparables. ¿Qué pasó? ¿Por qué te alejaste de Charlie como si ya no fuera parte de tu vida?"
Brandy frunció el ceño, visiblemente incómoda. "No es tan simple, Frisky. A veces la vida cambia, y uno necesita distancia."
Charlie la miró, su expresión marcada por el dolor. "¿Distancia? ¿De qué? Siempre hemos sido cercanos… ¿Qué hice mal? ¿Por qué ya no puedes verme ni en pintura?"
Brandy, claramente molesta, se levantó de golpe. "No debí haber venido," dijo con la voz temblorosa. "Esto solo empeora las cosas."
Charlie sintió que su mundo se desmoronaba. La pérdida de su madre seguía siendo una herida abierta, su relación con su padre se había vuelto tensa debido a la maldición de las esferas, y ahora la posibilidad de perder a su hermana lo golpeaba con fuerza. Inspiró profundamente, tratando de mantener la compostura mientras las emociones lo consumían.
"Brandy, por favor... ¿Qué hice para que te alejaras de esta forma?" preguntó con un tono grave, su voz quebrándose ligeramente.
Brandy, visiblemente molesta pero incapaz de ignorar el dolor en los ojos de Charlie, se detuvo. Sus manos temblaron mientras intentaba contener la marea de emociones que se agitaban dentro de ella. Finalmente, exhaló con fuerza, como si soltar esas palabras fuera un alivio y una tortura a la vez.
"No es tu culpa, Charlie," dijo con un susurro tembloroso. "Es mía. Te he estado evitando porque... verte feliz con tu familia, con Bailey, solo me recuerda lo que no puedo tener."
Charlie permaneció en silencio, dejando que sus palabras se asentaran. Su mirada reflejaba una mezcla de tristeza y desconcierto, pero no la interrumpió.
Brandy continuó, su voz ahora quebrándose bajo el peso de su confesión. "No puedo tener hijos, Charlie. Y cada vez que te veo con tus hijas, con esa vida que has construido, me recuerda lo que nunca tendré. No quería odiarte por algo que no es tu culpa, pero... no puedo evitar sentir envidia. Y no quería que eso me destruyera a mí, ni a ti."
El peso de sus palabras cayó sobre Charlie como un golpe, dejando un vacío en su pecho. En ese momento, recordó la influencia de la esfera.
Con determinación, Charlie dio un paso hacia ella y, sin decir nada, la abrazó con fuerza. Brandy se quedó inmóvil por un instante, sorprendida, pero pronto sintió cómo su coraza comenzaba a quebrarse. Las lágrimas que había estado conteniendo finalmente brotaron, mientras apoyaba su frente en el hombro de su hermano.
Frisky, quien había estado observando la interacción en silencio, decidió intervenir en el momento justo, como solía hacerlo en situaciones críticas. "Brandy, todos tenemos nuestras propias luchas, pero lo importante es que aún tienes a Charlie. Él siempre ha estado ahí para ti, y lo estará, pase lo que pase." Luego, con su toque de humor característico, añadió: "Además, no puedes dejar a tu hermanito solo… sabes que es un desastre sin ti."
Charlie, con lágrimas rodando por sus mejillas, asintió rápidamente. "No quiero perderte, Brandy. Ya perdimos a mamá, y no creo que pueda soportar perderte a ti también."
Brandy, conmovida por la sinceridad de su hermano y el apoyo incondicional de Frisky, dejó escapar una pequeña sonrisa, aunque sus ojos seguían llenos de tristeza. "Siempre tan directa, Frisky… igual que cuando éramos niños. Creo que por eso papá solía bromear diciendo que tú serías la esposa perfecta para Charlie," comentó con un intento de broma, aligerando un poco el ambiente.
Charlie, a pesar del nudo en su garganta, soltó una risa suave. Frisky, sonriendo, respondió con un guiño: "¡Por suerte para Charlie, eso no pasó! Me habría vuelto loca con él," dijo, riendo mientras miraba a Charlie con un toque de picardía.
El ambiente se volvió un poco más ligero, pero no dejó de estar impregnado de la profundidad de sus emociones. Para los tres, este momento era un paso importante para sanar heridas y fortalecer la conexión que casi se había perdido.
Brandy, aunque aún cargada de emociones, dejó que su guardia bajara un poco más. "Sabes, Charlie… aunque he estado distante, siempre me he preguntado cómo estarías. Verte feliz con tu familia me da algo de paz, aunque… también duele."
Charlie, conmovido por sus palabras, se acercó y tomó suavemente la mano de Brandy, entrelazando sus dedos con cuidado. "No tienes que sentirte así, Brandy. Siempre serás parte de mi vida, con hijos o sin ellos. Eres mi hermana, y no importa lo que pase, te necesito."
Frisky, notando que el ambiente comenzaba a relajarse, no pudo resistirse a intervenir con su habitual humor. "Además, si te quedas más tiempo, podrías enseñarle a Charlie cómo ser un adulto funcional. Vamos, todos sabemos que lo necesita."
Charlie, aunque aún emocionado, no pudo evitar reírse ligeramente. "¡Oye!" protestó con una sonrisa.
Brandy, contagiada por el intento de Frisky de aligerar el momento, esbozó una pequeña sonrisa. "Tú nunca cambias, Frisky," comentó con un toque de calidez en su voz.
"Bueno, Charlie siempre fue un desastre, pero tal vez todavía tiene arreglo," añadió Brandy, bromeando, pero con una suavidad que reflejaba un genuino cariño.
La broma final de Frisky sirvió para relajar las tensiones, creando un ambiente más ligero entre los hermanos. Aunque sabían que aún quedaban heridas por sanar, Charlie y Brandy sentían que, por primera vez en mucho tiempo, estaban dispuestos a enfrentar ese camino juntos. La reconciliación no sería fácil, pero al menos habían dado el primer paso hacia la curación.
El resto de la tarde transcurrió entre bromas y conversaciones ligeras. Frisky y Brandy recordaban viejos tiempos, burlándose suavemente de Charlie, quien, aunque a veces se avergonzaba, disfrutaba de la compañía de su hermana como en los viejos días.
El ambiente relajado parecía prometer un cierre tranquilo a su reunión. Sin embargo, justo cuando el sol comenzaba a ocultarse y la despedida estaba cerca, tanto Frisky como Charlie sintieron algo extraño. Una presencia familiar, pero débil, comenzaba a acercarse.
De entre los árboles del parque, vieron a Shin tambalearse, con heridas visibles y una expresión de dolor que no podía ocultar.
"¡Shin!" exclamó Charlie, poniéndose de pie rápidamente, con el corazón acelerado.
Brandy, al ver la escena, se alarmó de inmediato. "¿Qué le pasó? ¡Alguien tiene que llamar a una ambulancia!" dijo con una mezcla de pánico y confusión.
"No, no podemos," respondió Charlie, más rápido de lo que Brandy esperaba. Sin pensarlo, corrió hacia Shin. "No podemos explicar de dónde vienen estas heridas. ¡No funcionaría!"
Frisky, con los ojos entrecerrados, también se acercó a Shin, preparándose para lo que fuera que hubiera causado esa situación. Brandy, confundida y preocupada, permaneció detrás, observando cómo se desarrollaba todo, con una creciente sensación de que algo más grande estaba ocurriendo.
Brandy no entendía del todo lo que estaba ocurriendo, pero la urgencia en los movimientos de Charlie y Frisky le dejaban claro que esto era mucho más serio de lo que parecía. Mientras Charlie corría para ayudar a Shin, este último, apenas capaz de mantenerse en pie, jadeó con desesperación: "¡Piensen en un lugar seguro, rápido!"
La mente de Charlie se aceleró, y lo primero que cruzó por su cabeza fue su hogar, donde las niñas estaban a salvo. Antes de que pudiera procesar del todo lo que ocurría, Shin, usando las últimas fuerzas que le quedaban, activó su poder. En un parpadeo, todos se encontraron frente a la casa de los Heeler.
"¡¿Qué... qué pasó?!" exclamó Rad, quien había estado cuidando a las niñas y ahora miraba con sorpresa a todos los recién llegados. Bluey y Bingo, al escuchar el ruido, salieron corriendo al patio, con rostros llenos de emoción.
"¡Papá, aprendiste una nueva magia!" gritó Bluey, emocionada al ver a su padre y a los demás aparecer de la nada.
Pero su alegría se desvaneció rápidamente cuando vieron a Shin desplomarse en el suelo, herido y apenas consciente.
"¡Shin!" exclamó Frisky, corriendo hacia él.
Al caer, dos piedras brillantes rodaron de la pequeña bolsa que Shin llevaba consigo, deteniéndose justo a los pies de Bluey y Bingo. Intrigadas, las niñas las recogieron, observándolas con curiosidad.
"¿Qué son estas cosas?" preguntó Bluey, mientras Bingo inclinaba la cabeza, tratando de descifrar su propósito.
"¿Qué son esas cosas?" preguntó Brandy, quien hasta ahora había permanecido en silencio, observando todo con una mezcla de incredulidad y preocupación.
Rad, por su parte, no podía ocultar su desconcierto. "¿qué está pasando aquí?" exclamó, señalando a Shin, que seguía inconsciente.
Charlie, con el corazón latiendo a mil por hora, levantó la vista hacia Frisky, buscando una respuesta. Pero el rostro de su amiga reflejaba la misma confusión.
Shin, jadeando por el dolor, apenas pudo susurrar: "Vienen... los hechiceros... están cerca".
Antes de que Shin pudiera terminar su advertencia, tres figuras sombrías emergieron de entre las sombras, rodeando a los Heeler y sus amigos. La atmósfera se tornó opresiva, cargada de una energía maligna que parecía oscurecer incluso el aire a su alrededor.
Charlie y Rad sintieron inmediatamente el peligro. Esa energía oscura no dejaba lugar a dudas: no venían en son de paz. Frisky e Brandy intercambiaron miradas de desconcierto y alarma, mientras las figuras avanzaban con pasos lentos pero amenazantes.
Las niñas, que hasta ese momento habían estado observando con curiosidad, retrocedieron instintivamente. Bluey tomó la mano de Bingo, ambas sintiendo un miedo que no podían expresar con palabras, pero también con una pequeña chispa de resolución que comenzaba a formarse en su interior.
Charlie y Rad se colocaron frente a ellas, tensos y en guardia. Charlie apretó los puños, concentrándose en su ki, mientras Rad, con la mandíbula apretada, se preparaba para lo que fuera a suceder.
Una de las figuras habló, su voz resonando con un eco frío y burlón. "Así que aquí están... los que interfieren donde no deberían. Entreguen al herido, y tal vez les dejemos irse con vida."
Charlie intercambió una mirada rápida con Frisky, quien asintió levemente, lista para actuar si era necesario. Pero Brandy, aún confundida por lo que estaba sucediendo, dio un paso adelante. "¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de nosotros?"
La figura central soltó una risa siniestra. "De ustedes, nada. del Kaioshin, todo."
Charlie se adelantó, su ki comenzando a rodearlo. "No van a llevarse nada. Si quieren algo, tendrán que pasar por nosotros."
La batalla estaba a punto de comenzar, y todos sabían que nada volvería a ser igual.
