Mi mujer

- ¿Qué? - murmuré, quedándome completamente en shock al escuchar su nombre. Si, ya sabía que ella estaba aquí, sin embargo no me esperaba para nada su llamado, mucho menos en este momento. - ¿Qué quieres? - fue lo primero que se me vino a la mente.

- Te dije que necesito hablar contigo, urgente.

- ¿Te refieres a ahora?.

- Efectivamente.

Maldición.

- ¿No puede ser mañana? - miré a Kagome, quien mantenía una expresión de confusión en su rostro.

- Es urgente, Inuyasha.

Por alguna razón tenía un muy mal presentimiento, por lo que terminé accediendo a su petición.

- ¿Dónde estas?

Me proporcionó una dirección y le aseguré que estaría ahí en poco tiempo. Corté la llamada y miré a Kagome.

- ¿Qué sucedió? - preguntó en un tono de cierta desilusión.

- ¿Tienes tiempo?.

- ¿He?

- Tengo que ir a ver a alguien a un sitio no muy alejado de aquí. Si tienes tiempo, puedes venir conmigo.

Se quedó en silencio, quizás procesando mi pregunta, pero terminó por aceptar. Tomó un abrigo ligero y ambos salimos en dirección de mi auto.

- ¿Puedes decirme a quien vamos a ver y lo que sucede? - preguntó, al mismo tiempo en que encendía el auto.

- Es una larga historia. - respondí, tomando la calle principal.

- Bien, te escucho.

Sonreí, ya que su curiosidad era una de las cosas que más me gustaban y me permitían poder comunicarme muy fácilmente con ella, porque siempre estaba dispuesta a escuchar sin juzgar o mirarme como un loco.

- De acuerdo. - suspiré. - Estamos yendo a ver a una mujer llamada Midoriko.

- ¿Midoriko?

- Ella... es la creadora de la Perla de Shikon. - no podía quitar la mirada del camino, pero estaba seguro de que su expresión era de pura sorpresa. - Era una sacerdotisa en la época feudal y... fue quién le dejó a cargo a Kahori la responsabilidad de proteger esa porquería de joya. - verdaderamente me enfermaba al recordar aquello. - Seguro que te preguntas, ¿Qué está haciendo aquí? Bueno, es lo que vamos a averiguar.

- No se que decir. - respondió, fijando sus ojos en la ventanilla del auto. - Por momentos siento que estoy viviendo en una película.

- Créeme que me sucede lo mismo.

- Eres un yokai. - arqueó sus cejas. - Debes estar bromeando.

- Aunque te parezca una locura, hasta hace un tiempo mi vida era... medianamente normal.

Luego Zero desapareció... y al parecer, todo se fue por la borda.

- ¿Hasta que me conociste?

Solté una pequeña risa ante su comentario, ya que comprendí de inmediato a lo que se refería.

- ¿Intentas decirme que pusiste mi mundo de cabeza?.

- Eres un idiota.

- ¿Por qué? - no pude contener la risa.

- Cállate. - blanqueó sus ojos.

- La respuesta es si. - la miré, sonriendo levemente, deleitándome con la expresión de su rostro. - Pusiste mi mundo de cabeza, bonita. - murmuré, volviendo mis ojos al camino.

Ella no me respondió, pero sabía que había recibido bien mis palabras. Nos mantuvimos en silencio por el resto del viaje. Momentos después, llegamos al destino indicado y la vi parada frente a la puerta del edificio, seguramente esperándome. Era idéntica a como las leyendas la describían. Si bien yo nunca la había visto en la época feudal, pude reconocerla con facilidad.

- ¿Es ella? - murmuró.

- Si. - respondí en el mismo tono. - Kagome, ¿me esperas en el auto?. - pregunté al mismo tiempo en que estacionaba.

Sólo hasta ese momento fui consciente de la situación a la que la había expuesto. Había venido ciegamente ante una llamada de una persona que, a pesar de que si era quien decía ser, tranquilamente podría haber sido todo una mentira, una simple trampa. Casi que podía escuchar los regaños de Sesshomaru en mi mente por se tan impulsivo.

- Yo... quiero ir contigo, ¿puede ser? - preguntó tímidamente.

- ¿Estas segura?

- No quiero más Secretos. - asentí, comprendiendo completamente lo que me decía.

- Bien, sólo te pediré una cosa... - ahora fue ella quién asintió. - No te apartes de mi lado por nada en el mundo.

Ambos descendimos y nos acercamos a Midoriko, quien inmediatamente fijó su mirada en nuestras manos entrelazadas.

Porque si, lo primero que hice fue tomar su mano para asegurarme de que no se alejara ni un centímetro de mi. Después de todo, aún no debía confiarme de nada.

- Asique tu eres la famosa sacerdotisa. - pronuncié en tun tono que intentaba sonar neutro, pero más bien pareció más desafiante de lo que pretendía.

- No pensé que vendrías acompañado. - posó sus ojos en Kagome, sin embargo no lograba descifrar si su mirada era de simple seriedad o de molestia. - ¿Quién eres, jovencita?.

- Es mi mujer. - intervine antes de que ella pudiese responder y noté de inmediato como el agarre sobre mi mano se tensó. - Y ella no es el tema de discusión por el que estamos aquí, lo sabes.

- Tu mujer. - sentí que buscó mi reconfirmación, por lo que asentí, dejando en claro mi postura. - De acuerdo, entonces supongo que ya estas enterada de todo.

- Eso creo. - respondió en un tono bajo.

- Bien, pueden seguirme.

Volteó, ingresando al edificio mientras nosotros caminábamos detrás de ella.

Kagome

No podía mentir y decir que esa mujer no me incomodaba, sobre todo luego de que me mirara fijamente y me preguntara, con toda la seriedad del mundo, quien era. Sin embargo, el hecho de que él me presentara como su mujer hizo que el pecho se me encogiera en el buen sentido, ya que no me lo esperé para nada.

Midoriko ingresó al edificio y la seguimos. Pensé que iríamos hacía un elevador y, de allí, hacía alguno de los pisos que se encontraban más arriba, pero no sucedió, por el contrario, nos dirigimos por un pasillo hacía una de las habitaciones que se encontraban en la planta baja.

Al entrar, el ambiente contrastaba notablemente con la energía que ella emanaba, ya que era increíblemente cálido y sobrio, con colores claros y muebles bastante modernos si tenía en cuenta que estaba frente a alguien que había perecido en la época feudal. El tono amarillo de la luz cálida transmitía una cierta calma, una que necesitaba bastante.

- Pueden tomar asiento. - miré a Inuyasha y él asintió, por lo que nos sentamos en aquellos sillones que se encontraban en el medio de la sala. - ¿Puedo preguntarte tu nombre, jovencita?.

- Kagome. - respondí, tratando de mantener mi tono serio. - Kagome Higurashi.

- Kagome, ¿estas segura de que quieres estar presente en la charla que mantendremos con Inuyasha?.

- Midoriko. - intervino él. - No vinimos aquí para un interrogatorio, asique será mejor que te dediques a hablar de una vez.

Arqueó sus cejas ante aquellas palabras, más decidió omitirlas al responder.

- Se, que ya sabes, que Magatsuhi está tramando algo.

- Eso es demasiado evidente, ¿Qué es lo que tú sabes?.

- Eso es lo que quiero preguntarte a ti. - creo que la sorpresa se reflejó en nuestros rostros ante aquella frase. - ¿Qué es lo que está tramando?.

- ¿Y por qué crees que yo debería saberlo?.

- Estuviste hablando con él en la fiesta, ¿no es así? - y nuevamente fijó mis ojos en mi. - Al igual que tú.

¿Qué? ¿Entonces ya sabía de mi existencia?.

- ¡¿Y por qué hiciste tantas preguntas si ya sabías que estábamos juntos?!

- Verte hablando con él y una joven no es prueba de nada, Inuyasha. - la seriedad en su tono era algo que ciertamente lograba desesperarme. - De igual manera, no es eso lo que acabo de preguntarte. Dime, ¿Qué es lo que sabes sobre Magatsuhi?.

- Él... ideó un plan para atraernos a nosotros... - me miró. - A ella y sus amigas, quienes tienen una empresa independiente de arquitectura, al hospital y tenernos vigilados.

- ¿Sabes para que?.

- ¿Crees que estaría tan tranquilo si supiera todo?.

- De acuerdo. - se puso de pie y comenzó a caminar de un lado hacía otro. - ¿Y tú padre? He intentado contactarlo pero no lo he encontrado por ninguna parte.

Noté como se quedó en silencio y sus manos se apretaron sobre sus rodillas. Por un momento pensé que no respondería, sin embargo, lo hizo a regañadientes.

- No se donde está.

¿He?

- Está desaparecido entonces.

- Midoriko, aún hay cosas que ella no sabe y no necesito que me obligues a decirlas ahora.

Entonces es verdad, si hay más Secretos.

- Como tu mujer, debería estar enterada de todo.

- ¡¿A que demonios estás jugando?! - gritó, poniéndose de pie. - ¡Y no me digas que sólo me hiciste venir para esto!

- Ella tiene razón. - intervine, comenzando a molestarme con la situación. - Si soy tu pareja entonces debo saber todo lo que sucede.

- Kagome...

- ¿Dónde está tu padre?.

- ¡Acabo de decir que no lo se! - volvió a lanzarle una mirada fatal a Midoriko. - ¿Ahora también vas a decirme que no sabías que Zero está desaparecida?.

¿Zero? Perfecto, un nuevo nombre a la ecuación.

- Si, lo sabía, pero no soy tonta. - por primera vez sonrió. - Conozco lo suficiente a ese ser repugnante como para saber que eso no le interesa en lo más mínimo.

- ¿Qué es lo que estas tratando de decirme?.

- Que la desaparición de su hermana le sirve como mera distracción para poder hacer lo que sea que está haciendo tranquilamente.

- ¿Estas insinuando que él está involucrado?.

- ¿Te sorprendería lo contrario? - Inuyasha se quedó en silencio. - Magatsuhi es capaz de traicionar a cualquiera sólo para lograr su objetivo.

Por un momento todos nos quedamos en silencio y el ambiente se mantuvo tenso. Sin embargo, había un destello de ¿decepción? en los ojos de Midoriko luego de pronunciar aquellas palabras.

- Aún así, tienes razón. - soltó de la nada. - No te llamé sólo para eso.

- Lo sabía. - suspiró. - Anda, escúpelo.

- Es sobre Kahori y Kirinmaru.

Me tensé inmediatamente al escuchar el nombre de ella, pero nada se comparó a la expresión que él profesó al oír aquello.

Inuyasha

¿Kahori y Kirinmaru? ¿De que demonios estaba hablando?.

- Kagome. - la miré, quizás de una manera más seria de la que hubiese pretendido. - ¿Puedes esperarme en el auto?

- ¿Qué?.

No quería que escuchara nada de lo que Midoriko iba a decirme, ya que no tenía intenciones de hacerla sentir mal con mis reacciones, y es que estaba seguro de que no me iba a hacer muy feliz saber que ese bastardo pudo haberse acercado a ella.

Y no necesito que el inicio de mi relación esté más manchado de lo que ya lo esta.

- Por favor, regresa a mi auto, prometo que volveré lo más rápido posible.

- No quieres que escuche nada que tenga que ver con Kahori, ¿verdad?. - no respondí, sólo desvié mis ojos. - Bien, como quieras.

Sabía que estaba a punto de decir algo más, pero logró contenerse, recibió las llaves del auto y salió del departamento.

- Vaya, al parecer Kahori causa algunos problemas entre ustedes.

- Por la forma en la que te expresas, pareciera que eres tú quien quiere causarme problemas con Kagome.

- Yo no le pedí que se fuera, Inuyasha.

- ¿Vas a hablar o que?

- Más que hablar... - tomó su móvil y, luego de unos milisegundos, me lo entregó. - Míralo con tus propios ojos y dime, ¿Qué piensas?.

Mis labios se separaron ligeramente al observar esa foto. Kahori y Kirinmaru se encontraban en una especie de café, mirándose fijamente y sonriendo.

Casi como si se conocieran desde siempre.

- ¿De donde sacaste esto? ¿Cuándo pasó?.

- El mismo día en el que tú almorzaste con ella.

- ¿Qué?.

- No tengo idea de como se encontraron, pero estoy segura de que él se acercó a ella. - tomó el móvil. - Pero hay otra cosa que me intriga un poco más.

- ¿Qué cosa? - murmuré, tratando de procesar toda aquella información.

- Su mirada. - acercó la imagen a los ojos de Kirinmaru. - Es como si estuviera... enamorado.

Un punzada golpeó mi pecho al escuchar aquella palabra. ¿Enamorado? ¿Kirinmaru enamorado de Kahori? ¿Qué clase de broma de mal gusto era esta?

- ¡¿De que demonios estás hablando?! - grité. - ¡¿Cómo puedes decir una tontería como esa?!

- Los ojos no mienten, Inuyasha. - respondió con firmeza. - No siento que este hombre se haya acercado a ella con intensiones de dañarla.

- ¡Ni se te ocurra confiarte en eso! - elevé mi dedo, deteniendo sus palabras.

- Tú no eres el único que puede enamorarse de Kahori. - me quedé en silencio. - ¿Por qué no podría enamorarse él también? Inclusive un humano ordinario podría haberlo hecho en todos estos años.

- ¡Ya no digas más nada!

- No entiendo que es lo que te afecta tanto, si tú ya hiciste tu vida con alguien más.

- Kagome no tiene nada que ver en esto, Midoriko. - suspiré, notablemente frustrado. - Espero que no pienses confiarte en ese ser repugnante sólo porque ves amor en su mirada. - pronuncié aquellas palabras con ironía. - Que nunca se te olvide del clan del que proviene.

- Ambos sabemos que Kirinmaru siempre fue diferente a sus hermanos. Su conciencia y pseudo humanidad siempre prevaleció por sobre la de Zero y Magatsuhi... tal vez por eso fue el menos favorito de su padre.

- No me interesa su historia y lo sabes.

Mucho menos ahora que no se cuales son sus intenciones con Kahori.

- Aún viéndolo de la manera en la que tú lo haces, podemos aprovecharnos de su cercanía con Kahori y tratar de llegar al verdadero objetivo.

- ¡¿Estas consciente de lo que dices?! - verdaderamente a veces me sorprendía todo lo que podía salir de su boca. - ¡¿Quieres condenar a Kahori de nuevo!?

- ¡Por supuesto que no! - ahora fue ella quién se alteró. - Ella no correrá peligro porque sabrá defenderse.

- ¡¿Como?! ¡No tiene ni la menor idea de quien es o que hacia en la otra vida!.

- Y de eso me encargaré yo. - su semblante se ensombreció. - Le devolveré su memoria.

- ¿Qué? - el tiempo se detuvo en ese instante para mi.

- Así es, Inuyasha, ya no verás a Himari volverás a ver a la misma Kahori que conociste en la época feudal.