Especial de otros personajes
Sesshomaru
- De acuerdo. - corté la llamada luego de que acordáramos el lugar de reunión y mis ojos viajaron nuevamente a aquella jovencita.
Su mirada estaba perdida entre los papeles en su mano, en un vano intento por no poner su atención en mi. Algo en aquella acción me gustaba, ya que reflejaba a la perfección lo resistente que estaba a volver a ceder ante mis intentos y eso, por alguna razón, eso se sentía como un desafío, uno que estaba dispuesto a ganar.
- ¿Va a quedarse ahí mirándome todo el día? - y esas respuestas desafiantes sólo hacían que mi deseo se acrecentara, queriendo doblegar su voluntad, haciendo que se tragara sus palabras.
O que pronunciara mi nombre, recordando todo estos momentos en los que se resistía a someterse a mi piel.
- Rin. - sentí su aroma modificarse levemente y no había hecho nada más que nombrarla. - No comiences una guerra que perderás. - regresé sobre mis pasos, quedando frente a ella del otro lado del escritorio. - Si yo lo deseara, podría hacerte cambiar de opinión en sólo unos instantes.
- Vaya, que altanero. - arqueó sus cejas, desviando su mirada, la cual no podía sostenerme. - Lamento decepcionarlo, señor Sesshomaru, pero creo que usted tiene demasiada confianza en si mismo.
- O tal vez ya estuve dentro de ti y temes recordarlo. - sus mejillas ardieron al instante y me sentí victorioso al descubrir una nueva forma de provocar sus reacciones. - ¿Qué sucede, Rin? ¿Por qué ese color?.
- ¡Cállese! - gritó, mirándome al fin. - ¡¿Puede concentrarse aquí de una buena vez?!
- Sabes perfectamente que puedo hacerlo. - mi expresión se mantuvo todo el tiempo inmutable. - Sólo estoy esperando a que cedas de una vez.
- ¿De que habla? ¡No pienso ceder en nada!
Jugué mi última carta y volví a rodear el escritorio, tomándola de la cintura y colocándola sobre este. Nuestros rostros quedaron a escasos centímetros, sin embargo ella no se movió en ningún momento.
- ¿Estas segura? - murmuré, fijando mi vista en sus labios, los cuales se habían separado ligeramente.
- ¿Qué... está haciendo? - susurró.
- Te deseo, ¿no te has dado cuenta? - mis manos se clavaron en su cintura.
El silencio se hizo presente y fue lo suficientemente profundo para dejarme escuchar su respiración, la cual era suave e intensa a la vez. Lentamente comenzó a abrir sus piernas, lo que me dio el permiso necesario para pegar mi cuerpo al suyo. Mis manos ascendieron a su rostro, el cual tomé con la intención de besar sus labios.
- ¡Rin! - dos golpes en la puerta fueron suficientes para que ella me lanzara lejos y descendiera. Corrió hacía la entrada, quizás para que pareciera que no se encontraba en una situación comprometedora, y la abrió.
- ¡Sango! - esbozó una sonrisa que incluso estuvo a punto de convencerme a mi. - ¿Qué sucede?.
Esta mujer seguía sumando motivos que me hacían detestarla cada vez un poco más. Insolente e inoportuna.
- Hable con las personas del hospital. - su mirada era simplemente repugnante. - Dicen que su presupuesto no es el suficiente para estos gastos.
- Diles que, si no pueden pagarlo, es mejor que no lo hagan. - intervine seriamente.
- Si vine hasta aquí, es porque no puedo decirles eso sin consul...
- Te estoy dando la respuesta, Saoto.
- Oye, a mi me hablas con un tono menos o...
- Ya. - Rin intervino. - ¿Estas segura que no hay manera de negociarlo?.
- Pues dile que él lo haga. - me señaló despectivamente. - Su mal carácter es justo lo que necesitamos.
- Bien. - pase por el lado de ambas.
- ¿A donde va? - preguntó Rin, asomándose por la puerta mientras yo me alejaba.
No respondí, pero verdaderamente ya estaba harto de toda esta situación y el seguir fingiendo demencia, ocupando mi tiempo en un trabajo que no tenía sentido ni finalidad.
Además de la frustración por no haber podido avanzar con ella.
Inu No Taisho
Definitivamente el cielo se ve diferente aquí.
Pensé, observando el firmamento, el cual estaba notablemente menos imponente que en la época feudal. Había citado a Sesshomaru en una zona lo suficientemente lejana para poder ganar tiempo, ya que estaba seguro de que, más pronto que tarde, el clan Sakana iba a percibir mi aroma.
- Es un placer volver a verte, hijo. - pronuncié sin voltear.
- No puedo decirte lo mismo, padre.
- ¿Así es como piensas recibirme? - bromeé.
- ¿Esperabas menos luego de todo el desastre que nos dejaste?.
- Sólo intenté mantenerlos al margen de lo más peligroso.
- Pues... te aviso que no ha funcionado.
- Siguen con vida, eso es buena señal.
- Dime de una vez porqué me hiciste venir hasta aquí.
- Ya te dije que encontré a Zero.
- ¿Dónde está?.
Sólo hasta ese momento volteé y me encontré con su seria mirada. Sonreí ya que verdaderamente me alegraba que mis hijos se encontraran bien y que, a pesar de todo lo que estaba sucediendo desde que esa mujer había desaparecido, tenía la sensación de que estaba a un paso de poder terminar con todo.
- Quizás te suene increíble, pero de no haber sido por un viejo amigo, no podría haberla encontrado.
Inicio del flashback.
- Este lugar sigue tal y como lo recuerdo. - pronuncié mientras me acercaba a la orilla del pantano.
- Bienvenido, Toga. - pronunció aquella voz mientras emergía del agua.
- Mimisenri. - sonreí, observando al yokai de largas orejas, quién se mantenía con sus ojos cerrados, como siempre, y sus manos apoyadas en su bastón.
- Sabía que no estaba equivocado. - respondió. - No podía escuchar tu voz en dos líneas de tiempo diferentes y pretender que no te encontraras aquí.
- Supongo que con Urasue te sucede lo mismo, eso me dice que vine al lugar correcto.
- Tienes suerte, Taisho, ya que sólo los demonios pueden acceder a mi pantano. Cualquier humano corriente moriría en un segundo al respirar mi veneno.
- Eso lo se perfectamente. Ahora dime, ¿Tienes idea de donde esta Zero?
- ¿Cuál de las dos? ¿La de esta época o la que está en la misma línea temporal que tú?
Sonreí, ya que aquellas palabras me brindaban la respuesta que necesitaba.
- La de mi línea temporal... es evidente que fue traída aquí en contra de su voluntad.
- Oh si, aún recuerdo ese día.
- Soy todo oídos, amigo. - bromeé.
Fin del flashback.
- El gran oyente es un demonio muy útil si sabes mantener las formalidades con él.
- Escúpelo de una vez. - Sesshomaru, tan directo como siempre. - ¿Dónde está Zero?.
- Ella está en el límite de este mundo con el otro. - mi semblante se ensombreció al pronunciar aquella frase. - Fue llevada hasta allá por Magatsuhi.
Sesshomaru.
Magatsuhi, ¿Por qué al final del día no me sorprendía que él estuviese involucrado en todo esto?
- Hm...
- Veo que no estas sorprendido.
- Nada que venga de ese clan puede sorprenderme.
- Bueno, déjame decirte que a mi si me sorprendió. - volvió a mirar al frente. - Los Sakana pueden ser un poco difíciles de comprender, pero siempre mantuvieron la lealtad entre los suyos. Lo que ha hecho Magatsuhi es una traición sin precedentes.
- ¿Qué quieres decir?
- Kirinmaru podría asesinarlo por esto.
- Sigue siendo su hermano. Los dos sabemos que ese inservible sería incapaz de lastimarlo a pesar de todo.
- Hijo, tú no lo conoces. - entrecerré mis ojos ante su respuesta, ya que me dio muy mala espina. - Sin embargo, no es sólo eso lo que me preocupa. - no respondí. - Si no que hay alguien más en aquel lugar junto con Zero.
¿Alguien más?
- Una mujer... ¿tienes idea de quién puede ser? - nuestras miradas volvieron a encontrarse. - Mimisenri no fue capaz de decírmelo.
La realidad era que no tenía idea de quien podía tratarse, pero por alguna razón la imagen de Inuyasha pasó por mi mente y supe que tenía que hablar con él de inmediato.
- No le digas a Inuyasha que estoy aquí. - pronunció, casi como si me leyera la mente. - Quiero darle una sorpresa.
Kahori
Suspiré, removiéndome en mi cama. No podía dormir y eso me frustraba, por lo que terminé levantándome y me dirigí a la sala. Por suerte para mi, tanto mis padres como mi hermana estaban durmiendo, por lo que al menos no iba a enfrentarme a tener que forzar una charla con nadie.
Antes de sentarme en el sofá, me fui a la cocina y me preparé un té de hierbas, el cuál tenía por finalidad el relajarme un poco. Fijé mis ojos en la luz que se colaba por la pequeña ventana que se encontraba sobre la puerta de entrada y me fue imposible no recordar el color de sus ojos.
- Inuyasha. - murmuré, recordando nuestra cita, la cual había tenido lugar ya dos días atrás y aún seguía dando vueltas en mi mente, provocando que mi corazón se acelerara.
¿Qué hubiese sucedido si esa mujer no llegaba? ¿Realmente nos hubiésemos besado?.
Meneé la cabeza, intentando alejar aquellos tontos pensamientos, después de todo me había dicho a mi misma que alguien en su situación (ya se, ya se que no se bien cuál es la situación con esa mujer) no me convenía.
- Pero aún así, es hermoso. - sonreí como una idiota y miré mi celular.
Dubitativamente lo tomé y, al encenderlo, otro nombre apareció en pantalla.
Kirinmaru.
Mi sonrisa se amplió al recordarlo, ya que verdaderamente la había pasado muy bien con ese joven. Nuestra pequeña reunión se había sentido bastante cómoda y para nada incómoda.
Buenas noches, Himari. Espero que tenga dulces sueños.
Había enviado esto horas atrás, pero la realidad era que yo no era una persona adicta a este aparato, por lo que su mensaje pasó desapercibido.
¿Seré muy grosera de responder a esta hora?
- Pero... peor sería que pensara que lo estoy ignorando.
No lo pensé más y teclee mi respuesta:
Buenas noches, señor Kirinmaru. Lamento no haber respondido en su momento. Mi noche no está siendo la más agradable, sin embargo espero que usted se encuentre durmiendo bien.
Lo envié sin esperar respuestas y volví a mis pensamientos, sólo que esta vez él era el protagonista. Si debía ser cien por ciento honesta, el joven Kirinmaru era un hombre bastante apuesto y amable, realmente me había hecho sentir cómoda y fue bastante gracioso por momentos.
De hecho... no me molestaría volver a verlo.
Para mi sorpresa, el celular sonó, sobresaltándome un poco. Lo tomé y me encontré con su respuesta.
- Esta despierto.
Por favor, señor es mi padre, sólo dime Kirinmaru. ¿Qué sucede, bonita? ¿Puedo ayudarte en algo?.
Mordí mis labios ante esa respuesta, ya que me pareció demasiado tierna.
De acuerdo, joven Kirinmaru (lo siento, es una broma). No puedo dormir, al parecer tengo insomnio.
Estaba a punto de bloquear la pantalla cuando noté que lo leyó de inmediato.
- Jaja pequeña bromista. Estoy igual que tú, no puedo dormir, pero creo que ya se cual puede ser la mejor solución.
- ¿Cuál?.
- Qué me hagas compañía toda la noche.
Unas cosquillas se apoderaron de mi estómago y mi corazón se aceleró de repente. Antes de darme cuenta, estaba sonriéndole a la pantalla como una adolescente.
- Bueno... al parecer la noche no será mala después de todo. - murmuré, tecleando mi respuesta.
